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Dos Conceptos de Libertad de Isaiah Berl PDF

El documento resume el ensayo "Dos conceptos de libertad" de Isaiah Berlin. Berlin distingue entre libertad negativa y positiva. La libertad negativa se refiere a la ausencia de coerción externa, mientras que la libertad positiva se refiere a la capacidad de autogobierno y autodeterminación. Estas dos concepciones de la libertad continúan siendo un punto central en los debates sobre el significado y valor de la libertad política.

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Dos Conceptos de Libertad de Isaiah Berl PDF

El documento resume el ensayo "Dos conceptos de libertad" de Isaiah Berlin. Berlin distingue entre libertad negativa y positiva. La libertad negativa se refiere a la ausencia de coerción externa, mientras que la libertad positiva se refiere a la capacidad de autogobierno y autodeterminación. Estas dos concepciones de la libertad continúan siendo un punto central en los debates sobre el significado y valor de la libertad política.

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‘Dos conceptos de libertad’, de Isaiah Berlin

Leonardo García Jaramillo


Departamento de Gobierno y Ciencias Políticas, Universidad EAFIT-Medellín

“Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones, o el largo tiempo

han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como

el cosmos y capaz de interpretaciones sin término (...) libros que prometen una larga inmortalidad (...)
Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos,

es un libro que las generaciones de los hombres urgidas por diversas razones leen

con previo fervor y con una misteriosa lealtad”.

Jorge Luis Borges


Isaiah Berlin (1909-1997) fue un profesor y ensayista que nació en Letonia y se nacionalizó en
Inglaterra. Se ocupó de la teoría política y social, pero se le reconoce, sobre todo, como historiador de
las ideas. Sus tempranos intereses en una aproximación histórica a estos campos se reflejan en su
primer gran trabajo: una biografía intelectual de Karl Marx, publicada en 1939.
Trabajó en el Servicio Británico de Información, con sede en Nueva York, durante la Segunda Guerra
Mundial (1940-1942) y, luego, en la Embajada de Inglaterra en Washington, donde debía redactar
informes semanales sobre política interna y asuntos estadounidenses. Los informes llegaron a manos
del Primer Ministro Churchill, quien le expresó su satisfacción por la calidad del trabajo realizado. Fue
nombrado caballero (Sir) en 1957, presidente fundador del Wolfson College de Oxford y presidente de
la Academia Británica (1947-1978). Henry Hardy, un antiguo estudiante de este college, lleva tres

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décadas compilando y editando la correspondencia y los textos (artículos, conferencias y capítulos de
libros) de Berlin, muchos de los cuales eran inéditos o estaban perdidos en revistas o libros de
homenaje. Hasta ahora se han publicado 17 volúmenes con los escritos de Berlin.
Si bien no escribió sobre temas estrictamente jurídicos, sus posiciones teórico-políticas contribuyeron a
orientar la interpretación de disposiciones constitucionales como la igualdad, libertad, autonomía y
dignidad, así como a fundamentar su construcción dogmática como derechos.
La libertad como valor político
Los liberales concuerdan de dos formas con la importancia de esta cuestión. La primera se expresa en
la concepción según la cual los seres humanos estamos naturalmente en un estado de libertad perfecta
para ordenar nuestras acciones como consideremos que está bien, sin depender de la voluntad de
ningún otro (Locke). La carga de la prueba está entonces sobre quienes se oponen al ejercicio de la
libertad al defender alguna restricción o prohibición (Mill). En este sentido, la segunda forma señala
que toda restricción a la libertad tiene que estar justificada. La tarea básica de cualquier gobierno es
proteger la igual libertad de sus ciudadanos (como estableció Rawls en su primer principio de justicia).
En la actualidad, difícilmente alguien controvertiría la defensa de la libertad o su importancia como
valor político. Las discusiones se suscitan respecto de sus distintas concepciones. En su contribución
mejor conocida a la teoría política, Berlin precisamente añadiría una nueva y más sofisticada
conceptualización. Explica la diferencia entre dos formas distintas como se ha concebido a la libertad
política en el pensamiento moderno y las cuales consideraba centrales en las discusiones ideológicas de
su tiempo.
Libertad negativa y libertad positiva
Estos son los “dos conceptos de libertad” que defendió Berlin en su influyente ensayo de 1958, el cual
escribió originalmente como conferencia cuando fue nombrado profesor de Teoría Social y Política en
la Universidad de Oxford. A pesar de la inseguridad inicial que sintió – le escribió a su amigo Richard
Wolheim que creía estar a punto de decir una serie de sonoras perogrulladas (citado por Ignatieff en
Isaiah Berlin: A Life) –, se trata de la conferencia más importante que impartiría en su vida.
La libertad negativa radica básicamente en la ausencia de coerción por otros. Debemos actuar como
mejor nos parezca y con total autonomía. La libertad política consiste en contar con un espacio donde
se tenga la potestad de elegir cómo administrar la vida sin obstrucción u obstaculización por parte de
otros (individuos u organismos estatales). Como los límites a la libertad de acción en sentido negativo
están en el ámbito de la vida privada, la función del Estado frente a la protección de la libertad consiste
en asegurar que los ciudadanos no ejerzan coerción entre ellos sin una sólida justificación. Un Estado
que reivindica la política liberal solo puede tratar de persuadir al individuo con cuyas posiciones
discrepa (no prohíbe los cigarrillos, el alcohol o la pornografía, sino que procura disuadir su consumo
con imágenes de enfermedades a las que conlleva su consumo, encarece su venta con impuestos o la
restringe a menores de edad).
El concepto de libertad negativa parte de la idea de que vivimos en un mundo donde realizar un fin
implica necesariamente el sacrificio de otros fines (el “costo de oportunidad”), por lo cual “los hombres
otorgan tanta importancia a la libertad de elegir”. En su defensa de este concepto, Berlin arguyó que los
valores o fines son plurales, por lo que no pueden jerarquizarse justificadamente de forma
interpersonal.
De otra parte, la concepción positiva de la libertad señala que toda persona debe tener la capacidad de
ser dueño de su voluntad y de determinar sus propias acciones, su destino. Sustenta la posibilidad de
actuar de tal forma que se pueda tomar el control de su propia vida y realizar los propósitos

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fundamentales que se establezcan, es decir, la libertad de tomar decisiones. El sentido positivo de la
libertad deriva del deseo por parte de cada individuo de ser su propio amo.
Conforme al primer concepto de libertad, el negativo, la libertad significa no interferencia. Denota la
ausencia de obstáculos, restricciones o interferencias. El concepto positivo de libertad significa
autonomía y posibilidad de autorrealización. Se concibe entonces como libertad en tanto la capacidad
de perseguir y alcanzar fines. Expresa la presencia de control, autodeterminación y autorrealización
personales. El Derecho establece normas que, sobre todo, restringen la libertad negativa para que sea
posible preservar sus libertades positivas o las libertades negativas de otros.
De manera usual, la libertad negativa se atribuye a las personas individualmente consideradas, mientras
que en su forma positiva se atribuye a colectividades o a los individuos considerados como miembros
de tales colectividades. Por esta razón, las discusiones políticas sobre la libertad en su dimensión
positiva se suelen relacionar necesariamente con principios como la autodeterminación individual y la
autonomía. El pluralismo valorativo que defendiera Berlin es fundamental, porque perseguir un solo
objetivo como sociedad, como pretenden regímenes totalitarios, elimina la libertad individual para
elegir por sí mismo. Las personas deben ser libres para que se les permita reconocer y perseguir todos
los valores humanos genuinos. “La libertad es la libertad, no la igualdad, la justicia, la cultura, la
felicidad humana o una consciencia tranquila. Si mi libertad o la de mi clase o nación dependen de la
miseria de otros seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral”. Aquí se expresa su
defensa del liberalismo y sus críticas al fanatismo intelectual y al extremismo político (representados
por el comunismo). Sobre la ideal del pluralismo, se destaca su trabajo El erizo y el zorro.
Estos dos tipos de libertad continúan siendo un punto neurálgico en las discusiones sobre el significado
y el valor de la libertad política. Berlin reconocería la dificultad de determinar hasta dónde llega la
libertad privada y dónde comienza la pública, es decir, dónde pueden empezarse a imponer
restricciones. En un Estado donde se reivindica el pluralismo en las cosmovisiones del mundo y las
perspectivas razonables del buen vivir, no podemos ser absolutamente libres y tenemos que ceder algo
de nuestra libertar para preservar el resto. “Dónde tenga que trazarse esa frontera, es cuestión a
debatir”. Las libertades positiva y negativa, que consideraba valores genuinos, no son simplemente dos
tipos distintos de libertad, sino que, en tanto interpretaciones rivales e incompatibles de un único ideal
político, pueden colisionar en algunos casos.
A pesar de su énfasis en la primordial importancia que tiene políticamente el hecho de conservar un
mínimo de libertad individual, su liberalismo, como lo representa su concepción de los dos tipos de
libertades, no está basado en la superioridad de la libertad negativa sobre la positiva, sino en la defensa
del individualismo y el pluralismo en contra del holismo, la metafísica racionalista y el monismo. Su
liberalismo incluye una consideración pragmática sobre la importancia de mantener un balance entre
diferentes valores y una consideración democrática sobre la necesidad de restringir la libertad en
algunos casos para amparar y promover la igualdad y la justicia de los débiles.
La configuración jurisprudencial de la libertad
Además de haber sido citado expresamente en algunas sentencias de la Corte Constitucional, las ideas
de Berlin nos dan buenas razones para defender un amplio concepto de libertad negativa y reivindicar
la necesidad de proteger y promover una idea robusta de libertad positiva.
En la sentencia que despenalizó el aborto en tres casos (Sent. C-355/06), se encuentra la más prístina
adopción de este principio como fundamento en la construcción dogmática del derecho al libre
desarrollo de la personalidad. Dice Berlin: “Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí
mismo y no de fuerzas exteriores. Quiero ser el instrumento de mis propios actos voluntarios y no de
los de otros hombres. Quiero ser sujeto y no objeto. Quiero persuadirme por razones, por propósitos
conscientes míos, y no por causas que me afecten desde afuera. Quiero ser alguien, no nadie; quiero

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actuar, decidir, no que decidan por mí; dirigirme a mí mismo y no ser accionado por una naturaleza
externa o por otros hombres como si fuera una cosa, un animal o un esclavo incapaz de juzgar mi papel
como humano, esto es, concebir y realizar fines y conductas propias (...) soy libre si puedo hacer lo que
quiera, y quizá, elegir entre dos maneras de obrar que se me presentan cuál es la que voy a adoptar”.
Esta misma idea se cita en sustento de la posición de la Corte en una sentencia donde se enfrentan los
derechos a la libertad de cultos y a la salud” (Sent. T-052/10).
En este sentido, si bien la sentencia que despenalizó la dosis personal de droga (Sent. C-221/94) no cita
a Berlin, se fundamenta en la concepción que defendió. “La primera consecuencia que se deriva de la
autonomía, consiste en que es la propia persona (y no nadie por ella) quien debe darle sentido a su
existencia y, en armonía con él, un rumbo. Si a la persona se le reconoce esa autonomía, no puede
limitársela sino en la medida en que entra en conflicto con la autonomía ajena. El considerar a la
persona como autónoma tiene sus consecuencias inevitables e inexorables, y la primera y más
importante de todas consiste en que los asuntos que sólo a la persona atañen, sólo por ella deben ser
decididos. Decidir por ella es arrebatarle brutalmente su condición ética, reducirla a la condición de
objeto, cosificarla, convertirla en medio para los fines que por fuera de ella se eligen”.
La definición de la libertad desde los dos conceptos planteados por Berlin se utilizó en el fallo que
estudió la ley estatutaria sobre el derecho fundamental a la salud (Sent. C-313/14). Se sostuvo también
que en los referendos la libertad es más que ausencia de coacción y se entiende como la posibilidad de
conocer y comprender con suficiencia la realidad política y lo que se decide (Sent. C-784/14). “El
conocimiento libera al eliminar automáticamente los miedos y deseos irracionales y al ampliar nuestras
posibilidades de elección, pero también al ahorrarnos la frustración de intentar lo imposible”.
En América Latina, que presenta los niveles más aberrantes de desigualdad en el ingreso del mundo, la
concepción positiva de la libertad contribuye a sustentar la fundamentalidad de los derechos sociales.
Una persona en situación de pobreza para actuar autónomamente no solo requiere el amparo de la
libertad negativa, es decir que no se le restrinjan sus libertades de movimiento y expresión, sino que,
sobre todo, necesita que se le garanticen los derechos que le permitan superar su situación existencial
deficitaria. La función de las autoridades públicas respecto del goce efectivo de los derechos no solo
consiste en la garantía de esferas libres de interferencia ajena, sino también en asegurar condiciones
materiales mínimas de existencia, de lo cual emana la realización estatal progresiva de los derechos
sociales (Sent. C-251/97). Si solo existiera la libertad negativa, todos serían igualmente libres, pero no
todos tendrían igual poder. Los derechos sociales sitúan a las personas en condición de tener el poder
de hacer aquello que son libres de hacer (Bobbio). “La libertad solo es libertad si se disfruta de ella con
algún grado de igualdad social” (Ignatieff).
Fuentes:
- Berlin, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Madrid, Alianza, 1993.
- Cherniss, Joshua – Hardy, Henry, “Isaiah Berlin”, en: The Stanford Encyclopedia of Philosophy,
2014. Edward N. Zalta (ed.) http://plato.stanford.edu/archives/fall2014/entries/berlin/.
- Dworkin, Ronald – Lilla, Mark – Silvers, Robert B. (eds.), The Legacy of Isaiah Berlin. New York:
New York Review Books, 2001.
- Gaus, Gerald – Courtland, Shane D. – Schmidtz, David, “Liberalism”, en: The Stanford Encyclopedia
of Philosophy, 2015. Edward N. Zalta (ed.)
http://plato.stanford.edu/archives/spr2015/entries/liberalism/.
- Ignatieff, Michael. Isaiah Berlin: A Life. London: Vintage, 2000.

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