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Es Cristiana La Navidad

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¿Es Cristiana

La Navidad?
Iglesia del Dios Viviente

Todos los años vemos la misma escena: árboles


adornados, coronas de hojas perennes y
lucecitas multicolor. En un rincón a veces hay un
pesebre con un niño recién nacido recibiendo
lujosos regalos. Actualmente quienes dan
regalos son mayormente los padres de familia,
quizás endeudados, pero empeñados en dar a
sus hijos, familiares y amigos la última moda en
juguetes, ropa o electrónicos.

¿Es esto lo que tenía en mente Jesucristo para


sus seguidores? ¿Y qué tienen que ver estas
tradiciones con el nacimiento de Jesucristo?
Muchos se lamentan de que la navidad “ya
no celebra a Cristo, como antes”. Pero ¿acaso
alguna vez realmente lo celebró? ¿De dónde
vienen nuestras costumbres navideñas? ¡La
respuesta es sorprendente!
XC-S Edición 1.0 | December 2019
Reservados todos los derechos
Copyright © 2019 Living Church of God ®

Colaboradores: LCG redacción,


Roderick C. Meredith, Dexter B. Wakefield

Título original en inglés:


Is Christmas Christian
Traducción: Margarita Cárdenas

Este folleto no es para la venta


Es un servicio educativo gratuito que se ofrece en beneficio del público.

Salvo indicación contraria, los pasajes bíblicos que se citan en esta publicación
han sido tomados de la versión Reina Valera, revisión de 1960.

Impreso en Canadá
Indice
Introducción: ¿Qué motiva la temporada? vii

Capítulo 1: ¿Por qué el 25 de diciembre? 1

Capítulo 2: ¿Cuándo nació Jesús? 5

Capítulo 3: El espíritu comercial navideño 9

Capítulo 4: ¿Quién es Santa Claus? 13

Capítulo 5: El árbol y otras tradiciones navideñas 19

Capítulo 6: ¿Puede la navidad “santificar lo pagano”? 23

Capítulo 7: Dios ofrece un camino mejor 29

Capítulo 8: Muchos abandonan la navidad 33


Introducción
¿Qué motiva la temporada?

L
a navidad es sin duda el día festivo más esperado en muchos
países, así como el eje central de la mayor tradición religiosa
en el mundo.
¿Qué es lo que están celebrando en realidad? Millones se endeu-
dan comprando regalos para celebrar a Jesús, quien, sin embargo, nos
recordó que no podemos servir a Dios y a las riquezas. Se honra, según
parecen creer, al Salvador que nos advirtió contra la codicia, con el
frenesí del consumismo que culmina cada año alrededor del árbol de
navidad. Cada año en diciembre millones de enfiestados se exceden
en comidas pesadas, beben más de lo debido y dan lugar al desen-
freno; todo ello para celebrar al Salvador cuyo sermón en el monte de
los Olivos fue un elogio a la mansedumbre y la humildad.
¿Y qué de las iglesias? Casi cualquier pastor o sacerdote puede
hablar de los “cristianos bianuales”, que se aparecen en la Iglesia sola-
mente en la navidad y el domingo de resurrección.
Por otro lado, la navidad también es una época cuando los cre-
yentes piadosos arman un pesebre y reflexionan sobre las leyendas
que rodean el nacimiento de Cristo. En vez de llenarse la mente con
la última moda para consumidores, o los últimos descuentos en las
tiendas, prefieren pensar en el Niño Jesús en su pesebre, recibiendo
la visita de los reyes magos con sus presentes. Siendo buenas sus in-
tenciones, quizá les sorprendería saber que esta escena navideña, tan
común, no figura en ninguna parte de la Biblia, la cual revela una his-
toria muy diferente de la que ellos han aprendido.
La navidad se ha vuelto importante para miles de millones de
personas por varias razones. Es divertida. Es rentable. Es una ocasión
para evocar tradiciones y buenos recuerdos. No obstante, hay una
pregunta fundamental que suele pasar sin responderse: ¿Es la navi-
dad una fiesta cristiana?
Si usted continúa leyendo, la información en este folleto le abrirá
los ojos, cambiará su perspectiva y quizás hasta sea motivo para que
busque una relación más profunda y llena de sentido con el verdadero
Jesucristo. ¡Más allá de todas las leyendas y tradiciones navideñas!

vii
Capítulo 1
¿Por qué el 25 de diciembre?

¿
Cuándo se originó la navidad? Mucho antes de nacer Jesús, ¡la tem-
porada festiva en torno al 25 diciembre ya era la celebración de un
natalicio! ¡El origen de la navidad es anterior al cristianismo!
En esa época ocurría un suceso anual que era muy importante para
las antiguas sociedades agrarias. Se llama el solsticio de invierno, y ocurre
cuando los días dejan de acortarse y empiezan a alargarse. El arco del Sol
empieza a elevarse en el cielo cada día, lo que anuncia el próximo regreso
de la primavera, y con ella un renacer de la vida en una Tierra invernal
que parecía muerta. Los antropólogos culturales señalan: “Desde hace
incontables milenios, la gente en todo el mundo ha participado en un rito
religioso en el solsticio de invierno, cuando el Sol detiene su curso des-
cendente y parece regresar a la Tierra. Este cambio de estado en medio
del oscuro invierno del año se vivía como el renacer del Sol, y se conmemo-
raba como el natalicio del dios Sol, luminoso niño divino” (The Myth of the
Goddess [El mito de la diosa], Baring and Cashford, pág. 561).
Cuando el Sol declinaba en el cielo y los días se acortaban, marcaba
la iniciación del invierno y la pérdida de productividad en la Tierra. El día
más corto del año es el punto más bajo en el arco que traza el Sol en el cielo.
Ese día se llama el solsticio de invierno. Después de ese momento, el arco
del Sol en el cielo empieza a aumentar cada día, lo que permite prever la
llegada de la primavera y un rejuvenecimiento de la Tierra. El festival del
solsticio a mediados del invierno era un acontecimiento de importancia
en todas las sociedades donde se rendía culto al Sol, y en torno a él se for-
maron muchos mitos. Además, se acompañaba con grandes celebraciones.
El origen pagano de la navidad no es un tema muy controvertido,
como lo confirma cualquier enciclopedia popular. Veamos lo que al
respecto dice la Enciclopedia Británica:

1
¿Es Cristiana La Navidad?

“Su observancia como natalicio de el Salvador va acompañada


de costumbres seculares tomadas de fuentes paganas; la navidad, así
como la epifanía que cae 12 días más tarde, el 6 de enero; son celebra-
ciones paganas del solsticio de invierno transformadas, y el nexo es tan
estrecho que no se puede hablar de las fiestas sin hablar de su origen.
El 25 de diciembre era la fecha de una festividad pagana en Roma,
escogida en el año 274 DC por el emperador Aureliano como el natali-
cio del Sol invicto (natalis invicti solis), que en el solsticio de invierno
comienza a mostrar de nuevo su luz creciente. En algún momento an-
tes del año 336 DC, la Iglesia en Roma estableció la conmemoración
del natalicio de Cristo, Sol de justicia, en esa misma fecha.
Las costumbres tradicionales relacionadas con la navidad se han
atribuido a diversas fuentes como resultado de la coincidencia de la
fiesta del nacimiento de Cristo con las fiestas paganas, y las observan-
cias solares a mediados del invierno. En el mundo romano las saturna-
les, del 17 al 24 de diciembre, eran un período de festividades e inter-
cambio de regalos… Estas costumbres influyeron indirectamente en las
festividades navideñas. El hecho de celebrarse la navidad en el día del
natalicio del Sol invicto le dio a la temporada un contexto solar, relacio-
nado con las calendas de enero: 1 de enero, fecha del año nuevo romano,
en la cual se adornaban las casas con ramas verdes y luces y se entrega-
ban regalos a los niños y a los pobres. A estas observancias solsticiales
se sumaron los ritos del yule germano celta cuando las tribus teutóni-
cas penetraron en Inglaterra y la Europa celta. Las fiestas del yule apor-
taron su tradición festiva y sus costumbres mortuorias, que se combi-
narían con los ritos romanos solsticiales y de año nuevo… Las ramas de
hojas perennes, siempre verdes, como símbolo de supervivencia, tienen
una larga asociación con las fiestas navideñas, remontándose probable-
mente al siglo octavo cuando san Bonifacio completó la cristianización
de Alemania y dedicó el pino al Santo Niño en reemplazo del roble sa-
grado de Odín” (“Navidad”, pág. 704, Vol. 5, ed. 1970).
Otra edición de la Enciclopedia Británica agrega: “El origen preciso
de la designación del 25 de diciembre como fecha del natalicio de Cristo
no es claro. Al respecto, el Nuevo Testamento no da ningún indicio.
Sexto Julio Africano fue el primero que, ya en el año 221, identificó el
25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús; fecha que más tarde
recibió aceptación general. Una explicación muy difundida del origen
de esa fecha, es que el 25 de diciembre fue una cristianización del día

2
¿Por qué el 25 de diciembre?

del natalicio del Sol invicto (natalis invicti solis), festividad popular en
el Imperio Romano que celebraba el solsticio de invierno como símbolo
del resurgimiento del Sol, la salida del invierno y el anuncio del renacer
de la primavera y el verano. Cierto es que, una vez el 25 de diciembre lo-
gró amplia aceptación como fecha del nacimiento de Jesús, los autores
cristianos señalaban con frecuencia la conexión entre el renacimiento
del Sol y el nacimiento del Hijo. Esta es una de las dificultades con tal
concepto, y sugiere que la Iglesia cristiana estaría descuidadamente
dispuesta a apropiarse un festival pagano, cuando la Iglesia primitiva se
mostraba tan decidida a distinguirse categóricamente de las creencias y
prácticas paganas” (Enciclopedia Británica: “Navidad”).
La Enciclopedia Británica prosigue: “La Navidad no se contaba
entre las primeras fiestas de la Iglesia… Las costumbres navideñas
evolucionaron a partir de épocas muy anteriores al período cristiano,
descendientes de prácticas paganas religiosas y nacionales sumidas
en la leyenda y la tradición” (1959, Vol. 5: “Navidad”, pág. 642).
“En el Sur de Europa, en Egipto y en Persia, se rendía culto a los
dioses solares con ceremonias vistosas en la temporada del solsticio
de invierno, como momento apropiado para rendir tributo al dios be-
nigno de la abundancia, mientras que en Roma reinaban las saturnales
durante una semana. En las tierras del Norte, el período a mediados de
diciembre era crítico, ya que los días se acortaban más y más y el Sol se
mostraba débil y lejano. Esos pueblos antiguos celebraban fiestas en
el mismo período en que hoy se guarda la navidad… es así como la idea
central del solsticio de invierno, el regreso de la luz, se convirtió en la
esperanza del mundo por el nacimiento de Cristo, la Luz del mundo…
Cuando los padres de la Iglesia en el año 440 acordaron una fecha para
celebrar el acontecimiento del nacimiento de Cristo, eligieron sabia-
mente la fecha del solsticio de invierno, que estaba firmemente grabada
en la mente del pueblo y que era su festividad más importante. A raíz de
cambios en los calendarios hechos por hombres, el día del solsticio y la
fecha de la navidad discrepan en algunos días” (íbidem, pág. 643).
¿Nos damos cuenta? En el año 440 DC, las autoridades de la cris-
tiandad tradicional simplemente transfirieron una antigua práctica
pagana hacia el culto a Jesucristo, ¡pensando que con esto podían “cris-
tianizar” algo que los paganos ya hacían! Pero, ¿estaban “cristiani-
zando” unas prácticas paganas o “paganizando” el cristianismo?

3
Capítulo 2
¿Cuándo nació Jesús?

¿
En qué época del año nació Jesús? Muchos se sorprenderán al
saber ¡que no pudo ser a finales de diciembre! Lucas 2:8 deja esta
constancia respecto de la época en que Jesús nació: “Había pasto-
res en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche
sobre su rebaño”. Esta escena no pudo ocurrir en el invierno, ya que los
pastores traían sus manadas de vuelta del campo a principios del otoño
para que pasaran el invierno en lugares más protegidos. El invierno en la
región es frío y húmedo y a veces los pastizales marchitos se cubren de
nieve. Ni los pastores ni las ovejas resistirían todo el invierno la exposi-
ción a los elementos. Leamos las claras afirmaciones en el Comentario
de Adam Clarke: “Era costumbre entre los judíos sacar sus ovejas a los
desiertos alrededor de la Pascua y traerlas de regreso cuando empe-
zaban las primeras lluvias; en el tiempo que permanecían fuera, los
pastores las velaban noche y día. Como la Pascua caía en la primavera
y las primeras lluvias comenzaban a principios del mes de marjeshván,
que corresponde a partes de octubre y noviembre, encontramos que las
ovejas se mantenían en campo abierto durante todo el verano. Como los
pastores aún no habían traído sus manadas de vuelta, se argumenta que
no había empezado el mes de octubre y que, por lo tanto, nuestro Señor
no nació el 25 de diciembre, cuando no había manadas en el campo; ni
pudo haber nacido después de septiembre, ya que las manadas perma-
necían en el campo toda la noche. Por estas mismas razones es preciso
renunciar a la natividad en diciembre” (Artículo: Lucas 2:8).
Si el nacimiento de Jesús no pudo ser en diciembre, ¿habrá algún
indicio de cuándo fue? Las Escrituras no señalan la fecha exacta, pero
si hay fuertes indicios de que tuvo que ocurrir a comienzos del otoño,
alrededor del mes de septiembre.

5
¿Es Cristiana La Navidad?

Notemos que Jesús comenzó su ministerio más o menos cuando


cumplía 30 años: “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como
de treinta años” (Lucas 3:23). Y los Evangelios muestran que lo ter-
minó tres años y medio después, cuando lo crucificaron en la Pascua,
que cae en la primavera del año hacia finales de marzo o abril. Esto
sitúa su nacimiento medio año después de la Pascua, en el otoño alre-
dedor de finales de septiembre o comienzos de octubre.
El nacimiento de Juan el Bautista confirma igualmente que el na-
cimiento de Jesús fue en el otoño.
Lucas 1 narra un suceso importante que culminó con la concep-
ción y nacimiento de Jesús. Prestaba servicio en el templo un sacer-
dote de nombre Zacarías, que atendía conforme a su grupo asignado,
que era el de Abías (v. 5). Su esposa Elisabet era prima hermana de
María, madre de Jesús. Zacarías y Elisabet “eran ya de edad avan-
zada” (v. 7) y no tenían hijos. Cuando Zacarías cumplía su turno en el
sacerdocio, se le apareció el ángel Gabriel, diciéndole que su esposa
quedaría encinta. Más tarde nos enteramos de que ese hijo fue Juan el
Bautista (Juan 1:13-17).
Siglos antes, el rey David había organizado el sacerdocio, y su
servicio en el templo en turnos de rotación de 24 grupos (1 Crónicas
24:1-19). El grupo de Zacarías era el octavo de los 24 y correspondía a
cierto momento del año, hacia el final de mayo en el calendario nues-
tro. El día santo de Pentecostés caía la semana después del servicio de
Zacarías y él debía continuar su servicio durante ese tiempo, como era
la norma para todos los sacerdotes. “Y cumplidos los días de su mi-
nisterio, se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su mujer
Elisabet” (Lucas 1:23-25).
El mismo ángel Gabriel fue enviado a la prima de Elisabet, la virgen
María, seis meses más tarde para decirle que por el poder del Espíritu
Santo ella quedaría encinta con el Mesías: “Respondiendo el ángel, le
dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será lla-
mado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha con-
cebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban
estéril; porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:35-37).
Si Juan el Bautista fue concebido poco después del regreso de
Zacarías a su casa a mediados de junio, y si Jesús fue concebido seis
meses después, esto sitúa el nacimiento de Jesús entre mediados y fi-

6
¿Cuándo nació Jesús?

nes de septiembre. En esa época del año las manadas estarían todavía
en el campo, tal como se afirma en Lucas 2:8: “Había pastores en la
misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre
su rebaño”. El nacimiento de Cristo no ocurrió a finales de diciembre en
el solsticio de invierno.
En diciembre a menudo se oye la queja: “En navidad ya Cristo no
está presente”. La gente siente la ausencia de Cristo y clama: “Que
vuelva a estar Cristo en la navidad”. Pero la realidad es que nunca es-
tuvo presente en la navidad, ¡ni lo está ahora!

7
Capítulo 3
El espíritu comercial navideño

M
uchos observadores lamentan la comercialización de la
navidad. Es evidente en el mundo del comercio que la
temporada de ventas navideñas cada año parece comenzar
más temprano. Recordamos cuando los adornos navideños no apare-
cían en los escaparates de las tiendas antes de diciembre. Después, la
temporada de ventas empezó a adelantarse a finales de noviembre, y
con ella, la música navideña en las tiendas. De alguna manera, se ade-
lantó a mediados de noviembre y ahora no es raro ver adornos y oír
música de la temporada navideña incluso en octubre.
En cuanto a la promoción comercial de las fiestas de fin de año, el
motivo es obvio: ¡Poderoso caballero es don Dinero!
Viernes negro, es el nombre dado por los comerciantes detallistas
al día después del día de Acción de gracias en los Estados Unidos y el
Reino Unido. En Francia se llama Vendredi Noir. La fecha cae hacia
finales de noviembre y se refiere al momento cuando las tiendas tradi-
cionalmente consideran que su flujo de caja pasa de un saldo negativo,
como está la mayor parte del año, a uno positivo; cuando pueden decir
que pasa de números rojos a números negros. Esto significa que la ma-
yor parte de las ganancias se obtienen de las ventas en la temporada
de fiestas ¡Sin navidad no hay ganancias!
Las fiestas de fin de año son de importancia crítica para la eco-
nomía detallista. Es natural que el comercio desee extender la tem-
porada todo lo posible. Durante ese período es grande el incentivo
financiero para maximizar las ventas al consumidor.
La navidad puede ser un período determinante para los comer-
ciantes detallistas. Cada año tienen que buscar la forma de mantener
o aumentar el volumen de ventas durante la temporada de fiestas. Los

9
¿Es Cristiana La Navidad?

comerciantes creativos encuentran maneras para alargar la temporada


de ventas, porque con esto recibirán más dinero, fruto del duro trabajo
de los consumidores para comprar sus productos en el mercado. Si los
clientes no han ahorrado todo el año para sus compras navideñas, lo
que ocurre con la mayoría, probablemente tendrán que emplear todo
su salario o endeudarse con las tarjetas de crédito. De esta forma una
temporada de ventas de tres o cuatro meses produce más ventas que
una temporada limitada al mes de diciembre. De ahí que veamos ese
adelantamiento constante de la temporada de fiestas hasta noviembre,
octubre e incluso antes, si los comerciantes logran hacerlo.
Una de las tácticas mercantiles más importantes es crear el espíritu
navideño en las tiendas y centros comerciales. Primero, los adornos na-
videños recuerdan la temporada al público, y provocan un sentimiento
de participar en ella. Pronto hay música de la temporada, que a menudo
es de tipo secular para no ofender al público no religioso, que es un
elemento muy importante para convencer a los compradores de que
compren más y más. Los cantantes, algunos de ellos fallecidos hace mu-
cho tiempo, cantan sus versiones llamativas de: Noche de paz o Blanca
navidad. Terminado el período de ventas en enero, las mayorías sienten
alivio al escapar de esa constante comercialización musical.
Muchas empresas dan bonificaciones al final del año, entonces
los comerciantes buscan captar todo lo que puedan de ese dinero.
Momento para ofrecer grandes liquidaciones y salir de la mercancía
rezagada ¡capturando el dinero de las bonificaciones!
¡La culpabilidad vende! Hacen sentir a los padres que no son bue-
nos si sus hijos no disfrutan de una grandiosa navidad. Se oye con fre-
cuencia la pregunta: “¿Tuvieron ustedes una gran navidad este año?”
La presencia de grandes cúmulos de regalos cada navidad se convierte
en algo sentimental, si bien los compradores sacrificaron sus finanzas
para conseguirlos, el principal beneficiario de tal sentimiento puede
ser el comerciante que vendió los regalos, ¡no quienes los reciben!
Excederse en los gastos por motivos sentimentales en la época
navideña resulta ser un problema frecuente… como bien lo saben las
firmas proveedoras de tarjetas de crédito.

Pesadilla navideña: El monto adeudado en la tarjeta.


¿En qué desemboca todo esto? ¡En deudas navideñas! El endeudamiento
con tarjetas de crédito alcanza el clímax durante las fiestas, y es preciso

10
El espíritu comercial navideño

amortizar el resto del año a tipos de interés muy altos. Los especialistas
en finanzas personales se refieren a esta acumulación de deudas como
la resaca del endeudamiento navideño; ¡y a las firmas proveedoras de tar-
jetas de crédito les encanta! “Las oficinas asesoras de deudores ven un
aumento del 25 por ciento en el número de personas que buscan ayuda
en enero y febrero, y la mayor parte de ese movimiento llega a sus puertas
impulsado por las cuentas de fin de año que persiguen a los consumi-
dores como pesadillas de la navidad reciente… ‘Muchos se las arreglan
pagando el mínimo en sus tarjetas de crédito’, dice Durant Abernethy,
presidente de la Federación nacional de asesores de crédito. ‘Al sumar
las cuentas navideñas, a menudo esos mínimos son más altos de lo que se
puede pagar’” (Eileen Alt Powell: ABCNews.go.com. 7 de marzo del 2014).
A los proveedores de tarjetas de crédito les encanta la temporada de
fiestas, así como la resaca del endeudamiento navideño que esta produce.
Les resulta sumamente lucrativa… y sumamente costosa para los com-
pradores incautos. Abundan los consejos sanos sobre cómo manejar los
problemas que generan las fiestas de fin de año. Deborah Fowles aconseja
en about.com: “Cómo evitar la resaca del endeudamiento navideño: ¿Le es
familiar la situación? Usa usted tarjetas de crédito para hacer sus compras
navideñas, prometiéndose que pagará la deuda en dos o tres meses. Seis u
ocho meses más tarde, o aún más, todavía está pagando, y los artículos que
parecían tan baratos terminan costándole entre10 y 20 por ciento más de
lo que pensaba; por los intereses cobrados en las tarjetas. Para muchos,
este patrón de endeudamiento se repite año tras años. Los especialistas en
finanzas personales lo llaman la resaca navideña. Hay motivos por los que
tiene sentido incurrir en una deuda con tarjeta de crédito, pero comprar
regalos para las fiestas no es uno de esos motivos. Las tarjetas de crédito a
menudo nos llevan a comprar por impulso, a gastar demasiado y a endeu-
darnos más” (Evite las deudas con tarjeta de crédito durante las fiestas).
Si la venta de regalos en la temporada de fiestas representa un
auge económico para los comerciantes y las compañías de tarjetas de
crédito, los meses que siguen a las fiestas se convierten en una verda-
dera mina de oro para esas compañías.
El hecho de adelantar constantemente la temporada hace sentir
que las ventas navideñas comienzan más temprano cada año, pero en
realidad, la temporada de fiestas comenzó mucho antes de lo que suele
creerse. ¡Es un hecho histórico que la observancia del 25 de diciem-
bre comenzó como el natalicio, no del Hijo de Dios, sino del dios Sol!

11
Capítulo 4
¿Quién es Santa Claus?

M
uchos niños han preguntado a sus padres: ¿Qué tiene que
ver papá Noel o santa Claus, también conocido como san
Nicolás, con el nacimiento de Jesús?” O bien: “¿Es verdad
lo que dicen mis amiguitos que santa Claus no existe?” ¿Y cuántos pa-
dres les han dado una respuesta honesta?
A los niños se les enseña a creer en el mito de santa Claus, pero
en algún momento descubren que todo es cuento. Se enteran de que
no existe el gordito inmortal de barba blanca y vestido de rojo, no hay
renos ni hay taller en el polo Norte, con enanitos dedicados a hacer
juguetes. Lo que les queda de este descubrimiento inevitable es la
idea de que sus creencias religiosas llevan mitos asociados. Al final de
cuentas, se supone que la navidad es una fiesta religiosa. El mito de
santa Claus, o san Nicolás, se presenta a las mentes inocentes como
un hecho… luego el niño descubre que nunca fue un hecho. A veces los
padres dejan huellas falsas de la visita de santa Claus, como un vaso
de leche o un refresco a medio tomar. Cuando el niño se entera de la
verdad, fácilmente surge la idea de que las historias de lo sobrenatural
probablemente son falsas. Inevitablemente aprenden que el tal papá
Noel es un invento, una mentira e incluso una serie de mentiras. Y la
mayoría de los niños lo aprenden a muy temprana edad.
David Kyle Johnson, profesor asociado de filosofía en King’s
College, Pensilvania, escribió en el sitio en la red de Psychology Today
que todo niño que cree en un santa Claus real vive un “momento de
perturbación” cuando se da cuenta de que sencillamente no es ver-
dad. Informa que “hay anécdotas horrendas sobre ese ‘momento de
perturbación’, casos que muestran que el descubrimiento de la verdad
sobre santa Claus no siempre carece de consecuencias, y que estas

13
¿Es Cristiana La Navidad?

van desde la pérdida de autoridad y de confianza en los padres, hasta


la conversión del niño al ateísmo. Por ejemplo, cierto niño defendía
la existencia de santa Claus delante de toda la clase, argumentando
que ‘se madre no le mentiría’… pero luego de leer el artículo sobre
santa Claus en la enciclopedia delante de todos, descubrió simultá-
neamente que ella sí le mentía. Cuando una niñita supo que la razón
por la cual no siempre recibía lo que le pedía a papá Noel, era que no
existía, supuso que la mejor explicación de por qué sus oraciones no
recibían respuesta era que Dios tampoco existía. No digo que esto
ocurra a todos los niños, sino que es una posibilidad. Si usted es una
persona religiosa, dudo que voluntariamente quisiera permitir esa
posibilidad. Pero si usted es ateo, quizá quiera conocer este resultado
de la mentira del santa Claus” (“Say Goodbye to the Santa Claus Lie”
diciembre del 2012).
Es claro que no todos los niños reaccionan mal al momento del
desengaño, y que muchos, si no la mayoría, se sobreponen. Sin em-
bargo, las dudas y el escepticismo adquiridos en la niñez pueden per-
sistir por el resto de su vida.

No, Virginia…
El 21 de septiembre de 1897, ocurrió un incidente que se ha conver-
tido en parte de la historia navideña en los Estados Unidos. Una niña
de ocho años, de nombre Virginia O’Hanlon, le escribió al diario The
New York Sun diciendo:
“Estimado director: Tengo 8 años. Algunos de mis amiguitos dicen
que santa Claus no existe. Mi papá dice: ‘Si lo ves en el diario The Sun,
es verdad’. Por favor, dígame la verdad, ¿existe santa Claus?”
Recibió una respuesta que se hizo famosa y que decía en parte:
“Virginia, tus amiguitos se equivocan… Sí, Virginia, santa Claus
existe… ¡Qué triste sería el mundo si no hubiera un santa Claus!... ¡No
creer en santa Claus, sería como no creer en las hadas!”.
¿Hadas?
Sin duda, los padres de Virginia le habían enseñado que debía
decir la verdad, y ella le había rogado al director: “Por favor, dígame
la verdad”. Le estaba preguntando si realmente existía santa Claus.
¿Cree usted que la respuesta que recibió era la verdad? No, Virginia,
¡no era la verdad! Un día Virginia tuvo que descubrir la verdad acerca
santa Claus… y también de las hadas.

14
¿Quién es Santa Claus?

Un niño se pregunta: “¿Qué creer acerca del nacimiento mila-


groso de Jesús, si un papá Noel mágico es algo ficticio de las fiestas na-
videñas? Entonces, ¿realmente anunciaron los ángeles el nacimiento
milagroso de Jesús? ¿Realmente llegaron los magos de Oriente?
¿Apareció realmente una estrella sobre Belén? ¿Es Jesús realmente un
Rey?” ¿Se preguntará el niño si todos los hechos milagrosos relatados
en la Biblia son mitos? Cuando descubren la verdad sobre papá Noel,
los niños entienden que los milagros religiosos pueden ser míticos.
Una característica lamentable del mito de santa Claus es que se les
dice a los niños que lo crean “por fe”. Cuando pierden esa fe, como su-
cede invariablemente, ello puede generar escepticismo respecto de la
fe en materia religiosa.
El hecho es que santa Claus no viene a traer juguetes, y más vale
fundar la fe religiosa infantil sobre lo verdadero. Jesús dijo: “Tu pala-
bra es verdad” (Juan 17:17).

Mitos antiguos
¿De dónde proviene el mito de santa Claus? Según los historiadores,
se desarrolló a partir de varias fuentes y durante varios siglos. En el
siglo cuarto DC, existió un obispo griego de nombre Nicolás, que vivía
en Myra, actual Turquía; y fue declarado santo por la Iglesia Católica.
El día que se dedicó en su honor como día de san Nicolás, fue el 6 de
diciembre; y poco a poco se fue entretejiendo con las costumbres de la
navidad, celebrada más tarde el mismo mes.
Antes de unirse a la Iglesia Católica, los pueblos germanos lle-
vaban muchos siglos observando una festividad llamada Yule a me-
diados del invierno. Como consecuencia, muchas tradiciones de esa
fiesta se asimilaron en la navidad. Para Roma era conveniente cris-
tianizar muchas de las antiguas costumbres de los paganos, para que
estuvieran más dispuestos a aceptar la evangelización. El significado
del día cambió superficialmente, pero la práctica y la fecha en el ca-
lendario solar permanecieron.
Algunas imágenes que asociamos con santa Claus probablemente
tuvieron su origen en el dios germano Odín, de quien se dice que te-
nía barba blanca, traía regalos y cabalgaba por el cielo. “La aparición
de santa Claus o papá Noel, cuyo día se festeja el 25 de diciembre, se
debe mucho a Odín, el anciano de barba blanca que, vestido con ca-
peruza azul y capa, llegaba del Norte por el cielo invernal, montado

15
¿Es Cristiana La Navidad?

en Sleipnir, su corcel de ocho patas, cargando regalos para su gente…


Odín, transformado en papá Noel y después santa Claus, prosperó
como san Nicolás y, junto con el Niño Dios, se convirtió en importante
protagonista del escenario navideño” (Margaret Baker, Discovering
Christmas Customs and Folklore, pág. 62). Con el paso de los siglos,
otras influencias generaron las muchas variantes en la mitología de
santa Claus.
La Enciclopedia Americana observa: “La víspera de su fiesta… san
Nicolás hace su ronda, visitando palacio y cabaña… Cuando se va, los
niños ponen receptáculos para los regalos que se espera dejará caer
por la chimenea” (Día de san Nicolás, Volumen 20). La versión holan-
desa del nombre era Sinterklaas, que en América se convirtió en santa
Claus. La versión inglesa es Father Christmas, nombre que tiene ver-
siones en muchos idiomas, como papá Noel en español y Le père Noël
en francés. Hasta los turcos tienen su versión del nombre: Noel baba.
Pero siendo en su mayoría musulmanes, lo tienen trayendo regalos
el día de año nuevo. Los turcos que siguen el cristianismo consideran
que viene en la navidad. El personaje de papá Noel aparece en muchas
culturas y con su nombre traducido a muchos idiomas.

El nuevo Santa
En general es bien conocido el origen del nombre de santa Claus, pero
la popular imagen del Santa Claus actual es muy diferente de las imá-
genes del dios germano Odín y del san Nicolás del siglo cuarto. ¿De
dónde vino la imagen de ese duende rechoncho vestido de rojo? Su
origen es triple.
“Una visita de san Nicolás”, es un poema escrito por Clement
Clark Moore, publicado por primera vez el 23 de diciembre de 1823
en el diario New York Sentinel. El poema estableció la imagen del
risueño duende barbudo que entrega regalos a los niños, y viaja por
el cielo en un trineo tirado por renos. Esta imagen tiene cierta seme-
janza con el dios germano Odín, que daba regalos a los niños alrede-
dor del solsticio de invierno, y que a veces cabalgaba por el cielo en un
fabuloso corcel de ocho patas. El poema alcanzó gran popularidad en
los Estados Unidos, y desde entonces se ha traducido a varios idiomas
y exportado a muchos países por todo el mundo.
Las palabras del poema quedaron plasmadas en forma gráfica
cuando el caricaturista Thomas Nast dibujó una versión de san

16
¿Quién es Santa Claus?

Nicolás en 1881. La famosa caricatura mostraba a un hombre regor-


dete y sonriente, de barba blanca, cargado de juguetes para los niños.
El público quedó cautivado.
La imagen evolucionó todavía más mediante los esfuerzos de co-
mercialización de la compañía Coca Cola, que en todas partes fijaba
afiches de un alegre hombre barbudo, vestido de un traje rojo Coca
Cola, y que mostraba feliz el producto de la empresa. Esa imagen
comercializada, con sus variantes, la utilizan los comerciantes y fabri-
cantes de tarjetas de navidad durante toda la temporada de ventas, y
es la imagen de santa Claus más arraigada en la mente del público.
¿Vendrá santa Claus a su ciudad? Podría argumentarse que, en
cierto sentido mítico, puede que venga como el santo patrón de los
comerciantes. Mas para el niño o niña que ruega: “Por favor, dígame
la verdad”, como lo hizo Virginia O’Hanlon, la respuesta es: “No, no
vendrá, y nunca ha venido”.

17
Capítulo 5
El árbol y otras tradiciones navideñas

E
l empleo de árboles de hoja perenne alrededor del solsti-
cio de invierno aparece en muchas culturas paganas, entre
ellas las de los egipcios, romanos, druidas y vikingos. Suelen
asociarse con el culto a un dios Sol, especialmente alrededor de las
fiestas invernales, que en muchas sociedades ocurren en el solsticio
de invierno, momento cuando el Sol se encuentra en su punto más
meridional en el cielo.
¿Sabía usted que la decoración de árboles con plata y oro en re-
lación con un suceso celestial es un hecho mencionado en la Biblia?
Pero la referencia no es nada favorable.
El profeta Jeremías vivió por muchos años bajo el dominio de
Babilonia, y allí observó las costumbres de ese imperio. ¿Reconoce
usted la práctica a la que se refiere? Quizás usted y su familia hayan
hecho en su casa, año tras año, casi lo mismo que Jeremías describe:
“Oíd la palabra que el Eterno ha hablado sobre vosotros, oh casa de
Israel. Así dijo el Eterno: No aprendáis el camino de las naciones, ni
de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman.
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del
bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro
lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva.
Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no
pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal,
ni para hacer bien tienen poder” (Jeremías 10:1-5).
En el mundo Occidental, la tradición de adornar árboles de hoja
perenne, normalmente abetos, cipreses y pinos; era propia de los ger-
manos en la temporada de navidad y la llevaron al mundo anglosajón.
Todo historiador serio de ese período confirmará que, el uso del pino

19
¿Es Cristiana La Navidad?

y el abeto en relación con las festividades del solsticio de invierno, ya


existía como tradición mucho antes del nacimiento de Jesucristo.
Los árboles de hoja perenne han sido, desde hace milenios, un
símbolo de la vida que renace luego de los fríos meses del invierno,
cuando parece que todas las plantas mueren o están en estado de in-
actividad. A diferencia de muchas plantas, el abeto de hoja perenne y
arbustos como el acebo permanecen verdes durante el invierno. No es
extraño, pues, que se recurra a estas plantas resistentes para celebrar
el solsticio de invierno y las fiestas que con él se relacionan, porque
servían para simbolizar la vida que permanece en la naturaleza aun
en lo más profundo del invierno. Mientras todo follaje a su alrededor
parece morir, las plantas perennes parecían representar la promesa
de que la vida regresaría de nuevo en la primavera.
El hecho anterior es bien conocido desde hace mucho tiempo.
La Enciclopedia Británica informa: “En el mundo romano las satur-
nales, del 17 al 24 de diciembre, era una temporada de festividades e
intercambio de regalos… Las fogatas y luces, símbolos de calor y vida
perdurable, siempre se han asociado con el festival del invierno, tanto
pagano como cristiano… Las plantas de hoja perenne, como símbolos
de supervivencia, han tenido una larga asociación con las festividades
navideñas” (Navidad, pág. 704, vol. 5, edic. 1970).
¿Por qué regalos?
La costumbre de intercambiar regalos durante las fiestas de invierno
se remonta a la época anterior al Imperio Romano. Cierta enciclopedia
popular explica: “Las celebraciones de las saturnales en Roma incluían
la confección e intercambio de pequeños presentes (latín: saturnalia et
sigillaricia). Esta fiesta se observaba durante varios días a partir del 17 de
diciembre, natalicio de Saturno, y hasta el 25 de diciembre, natalicio del
Sol Invicto. Las fiestas combinadas dieron origen a una prolongada tem-
porada festiva en el invierno… La fiesta del Sol Invicto el 25 de diciembre
era un día sagrado en la religión del mitraísmo, que estaba muy extendida
en el Imperio Romano. Su dios Mitra era una deidad solar de origen
persa, identificada con el Sol. Manifestaba su condición inconquistable
en forma del Sol Invicto cuando comenzaba a elevarse en el cielo después
del solsticio de invierno. De allí que se celebrara el 25 de diciembre como
el natalicio del Sol. En el año 274 DC, el emperador Aureliano designó el
25 de diciembre oficialmente como el día del Sol Invicto” (Navidad, New
World Encyclopaedia).

20
El árbol y otras tradiciones navideñas

La observancia del 25 de diciembre tuvo su comienzo mucho an-


tes del nacimiento de Jesús, y se introdujo en la cristiandad como una
fiesta pagana rebautizada. Los primeros padres del catolicismo busca-
ban suavizar la entrada de los conversos paganos a la fe católica, y con
frecuencia atribuían significados “cristianos” a las prácticas paganas ya
existentes. Históricamente, algunas de esas prácticas paganas eran los
regalos, las fiestas, la decoración de árboles verdes, el acebo, el muér-
dago y la representación del nacimiento o renacimiento de un dios.

21
Capítulo 6
¿Puede la navidad “santificar lo pagano”?

L
os historiadores saben que la navidad tuvo su origen en la an-
tigüedad pagana, pero los teólogos siempre han razonado que
es posible “santificar lo pagano”. Desde este punto de vista,
una cultura puede conservar sus formas precristianas, mientras que
los símbolos y mitos paganos pueden convertirse en cristianos en su
significado y propósito.
El cardenal John Henry Newman, influyente prelado de la Iglesia
Católica escribió: “De varias maneras nos dice el antiguo historiador
eclesiástico Eusebio, que Constantino, a fin de proponer la nueva reli-
gión a los paganos, le transfirió los adornos externos a los cuales esta-
ban acostumbrados en la suya… El uso de templos dedicados a ciertos
santos en particular… días y temporadas de fiesta… volverse hacia el
Oriente, el culto a las imágenes… todo de origen pagano y santificado
mediante su adopción por la Iglesia” (An Essay on the Development of
Christian Doctrine, capítulo 8:6).
El teólogo Christopher Dawson fue aún más allá cuando escribió:
“La santificación completa de lo pagano es el resultado final de la cris-
tianización del mundo” (The Leavening Process in Christian Culture,
7 de agosto de 1955). Según este parecer, la conversión del mundo al
cristianismo necesariamente incluye aceptar las prácticas paganas.
Pero ¿cuál adoptaría a cuál? ¿Es el paganismo el que adoptaría al
cristianismo, o el cristianismo el que adoptaría al paganismo? Entre
los historiadores seculares y religiosos es bien sabido que muchos de
los símbolos de la navidad, y el tiempo en que se celebra, provienen de
prácticas paganas. Lo cuestionable es la doctrina de “santificar lo pa-
gano”, que sirve para justificar muchas de esas prácticas en el mundo
de la cristiandad.

23
¿Es Cristiana La Navidad?

Aunque el argumento resulte atractivo para teólogos y tradicio-


nalistas, el hecho es que la Biblia lo condena. ¿Qué opina Dios de la
“santificación de lo pagano”? ¿Qué ha dicho? La verdad será una sor-
presa para millones que suponen que pueden combinar sus preciadas
tradiciones paganas con el culto al Dios verdadero, quien le dijo a su
pueblo: “Cuando el Eterno tu Dios haya destruido delante de ti las na-
ciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tie-
rra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean
destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo:
De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también
les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abomi-
nable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a
sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de
hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás”
(Deuteronomio 12:29-32).
¿Cómo se atreve alguien a contrariar esta clara enseñanza en la
Palabra inspirada de Dios? Si a usted le parece que cierta práctica pa-
gana es “agradable” y nada “abominable”, ¿sería aceptable entonces
observarla en el culto a Dios? Muchos que desean guardar la versión
moderna de las fiestas paganas, sostienen que en el pasaje citado Dios
prohibió solamente que Israel observara las peores “abominaciones”
de los paganos, como el sacrificio infantil; y lo demás sería aceptable.
Pero eso no es lo que dijo Dios, sino que prohibió todas las prácticas
paganas y reafirmó las suyas propias. Por muy “agradable” que nos
parezca, nuestro Creador dijo que no lo hagamos. Dios dijo: “Cuidarás
de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás”.
Habrá quienes argumentarán teológicamente que Dios puede
limpiar y santificar lo que quiera, pero el punto es que dijo en térmi-
nos nada ambiguos que no quiere hacerlo. Y nos ordena observar lo
que indica con respecto a sus instrucciones: “no añadirás a ello, ni de
ello quitarás”.
¿Acaso Jesús observó alguna práctica pagana? Algunos señalan
que guardó la fiesta de la Dedicación (Juan 10:22), el 25 del mes de kis-
lev en el calendario hebreo, fecha que correspondería generalmente
a mediados de diciembre en nuestro calendario actual. Esa fiesta
tradicional la instituyó un gran héroe del judaísmo, Judas Macabeo,
para conmemorar un suceso importante en la historia judía: la rede-
dicación del templo luego de su profanación por el gobernante griego

24
¿Puede la navidad “santificar lo pagano”?

Antíoco Epífanes. Esta fiesta tradicional judía se guarda conforme al


calendario lunisolar hebreo, no al calendario solar romano, y no es
una práctica pagana adoptada. Es una conmemoración de un hecho
histórico importante, así como el día de Acción de Gracias o el día de
la Independencia en muchos países americanos. Igualmente, Purim
es una fiesta judía que ocurre hacia finales del invierno o comienzos
de la primavera, y conmemora la protección dada por Dios al pueblo
judío en tiempos de Ester. Tanto la fiesta de la Dedicación como la
fiesta del Purim aparecen en el calendario hebreo, y ninguna se tomó
del paganismo. Como judío piadoso, Jesús guardaba muchas tradicio-
nes legítimas de su pueblo, pero jamás observó una práctica pagana.
Muchos equivocadamente suponen que, por el hecho de que
usemos cosas de origen pagano en la vida cotidiana, también debe
ser aceptable usarlas en nuestras actividades religiosas. Señalan que
los nombres de los días de la semana se derivan de palabras paganas.
Por ejemplo, el miércoles toma su nombre del dios romano Mercurio.
Jueves se deriva de otro dios romano, Júpiter, y viernes debe su nom-
bre a la diosa Venus. Por otra parte, conviene recordar que la mayoría
de las naciones no usan el calendario lunisolar bíblico, sino el calen-
dario solar gregoriano.
Por otra parte, hasta el calendario de los israelitas incluía meses
con nombres babilonios. Por todo lo anterior, es importante hacer
una distinción: El hecho de que la sociedad tenga numerosas prácti-
cas de influencia pagana, no significa que podamos desatender una
clara instrucción bíblica. Dios no dice que un mes no puede llevar un
nombre babilonio, pero sí manda que la adoración a Él no puede to-
marse de prácticas paganas, sean babilonias o cualquier otra.
¿Quién adoptó a quién?
El emperador romano Constantino permitió el ejercicio abierto
del cristianismo en el Imperio Romano a partir del año 318 DC, y más
tarde, en el año en 380, se declaró religión oficial del Imperio. Los
historiadores siempre han reconocido que cuando el mundo romano
comenzó a profesar el cristianismo, muchos dirigentes religiosos ha-
llaron conveniente adoptar costumbres paganas acomodándolas a la
nueva fe. Cuanto menos había que cambiar de las antiguas prácticas,
mejor… ¡pensaban!
El conocido historiador Will Durant escribió una obra en once
volúmenes titulada: La historia de la civilización. En el volumen III,

25
¿Es Cristiana La Navidad?

titulado: César y Cristo, comentó con mucha franqueza sobre el


efecto del paganismo en el desarrollo posterior del cristianismo: “El
cristianismo no destruyó al paganismo, sino que lo adoptó. La men-
talidad griega agonizante se perpetuó en la teología y liturgia de la
Iglesia… El idioma griego, habiendo reinado sobre la filosofía durante
siglos, vino a ser el vehículo para la literatura y el ritual cristianos; los
misterios griegos pasaron al impresionante misterio de la misa. Otras
culturas paganas hicieron su aporte al resultado sincrético. De Egipto
llegaron los conceptos de una trinidad divina, el juicio final y una in-
mortalidad personal de premios y castigos; de Egipto, la adoración de
la madre y el niño… De Frigia llegó la adoración de la gran madre; de
Siria, el drama de la resurrección de Adonis… El ritual mitraico era
tan parecido al sacrificio eucarístico de la misa, que los padres cristia-
nos acusaron al diablo de inventar dichas semejanzas para engañar a
las mentes débiles. El cristianismo fue la última gran creación del anti-
guo mundo pagano” (pág. 595).
Algunos razonan que no importa emplear prácticas paganas en su
adoración, siempre y cuando se haga para honrar a Dios. Lo que de-
ben preguntar es si Dios ha cambiado de parecer sobre este asunto, ya
que nos dijo: “Yo el Eterno no cambio” (Malaquías 3:6), y “Jesucristo
es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Jesús citó al
profeta Isaías cuando dijo: “Este pueblo de labios me honra; mas su
corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como
doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:8-9). Dios no ha
cambiado de parecer sobre la manera como debemos adorarlo.
Dios rechaza las prácticas paganas y nos ordena que nos las incor-
poremos en el culto. Nos dice qué días debemos guardar, cómo guar-
darlos y por qué. Ni Jesucristo ni los apóstoles dejaron instrucciones
de celebrar una conmemoración anual del nacimiento de Jesús, ni
de imitar a los paganos en sus fiestas. Muy al contrario: era prohibido
adorar a Dios con prácticas que imitaban de los paganos.
¡Santificado por la verdad!
La verdad de Dios distingue a sus hijos que ha engendrado. Jesús
dijo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me en-
viaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santi-
fico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”
(Juan 17:17-19). La historia nos muestra que las creencias y prácticas
del cristianismo, a partir del segundo siglo de nuestra era, fueron muy

26
¿Puede la navidad “santificar lo pagano”?

diferentes de la fe que predicaron Jesús y sus apóstoles. Observando los


cambios que ya comenzaban a ocurrir en su época, Judas el apóstol se
dirigió a los fieles de la Iglesia en estos términos: “Amados, por la gran
solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación,
me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardien-
temente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos
hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían
sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convier-
ten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único
soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (vs. 3-4).
No debemos aceptar el deseo generalizado de convertir el men-
saje de Jesucristo en una afrenta paganizada a sus propias enseñan-
zas. La verdad de Dios nos señala el camino, y desviarse de “la fe que
ha sido una vez dada” equivale a desviarse del camino que nos ha
preparado: el camino estrecho. Muchos han abandonado la senda
estrecha en los recientes decenios, lo mismo que en los tiempos an-
tiguos. Una lección que debemos recordar siempre es que la Iglesia
verdadera es una “manada pequeña” (Lucas 12:32).
¡Lo pagano no se puede “santificar”!

27
Capítulo 7
Dios ofrece un camino mejor

¿
Guardaba la Iglesia original algún tipo de fiesta navideña?
¡Desde luego que no! En la Biblia no hay absolutamente ninguna
mención, ni en la historia secular, de que la Iglesia en el primer
siglo celebrara la navidad ni fiesta semejante en la temporada del sols-
ticio de invierno. Como señalamos antes, la historia muestra que la
navidad se convirtió en práctica general solo después de que el Imperio
Romano adoptó el catolicismo como religión oficial. Es fácil compren-
der al cambiar la religión oficial del Estado, que millones de paganos en
todo el Imperio no tuvieran una experiencia de conversión repentina,
sino que básicamente conservaran sus costumbres y tradiciones, las
cuales recibieron un nuevo significado dado por la Iglesia en Roma.
Hay constancias históricas de la celebración del supuesto nata-
licio de Cristo el 25 de diciembre, antes de la supuesta “conversión”
de Constantino en el año 336, pero antes de eso no era una práctica
institucionalizada, ¡ni siquiera en la Iglesia Católica! En cuanto a la
Iglesia del primer siglo, los primeros creyentes instruidos por los
propios apóstoles de Jesucristo, ¡jamás llevaron a cabo semejante
observancia! La Iglesia primitiva empleaba el calendario lunisolar he-
breo, como se demuestra en el Nuevo Testamento, y evitaba las fiestas
religiosas asociadas con el calendario solar romano, calendario que se
utiliza actualmente en el mundo.

¿Cuál conmemoración ordenó Jesucristo?


¿Cuáles fiestas religiosas guardaba la Iglesia primitiva según consta
en la Biblia y la historia secular? ¿Cuál era “la fe que ha sido una vez
dada a los santos” (Judas 3), por la cual debían contender y cuáles
eran las fiestas anuales de la Iglesia que los apóstoles enseñaron? En

29
¿Es Cristiana La Navidad?

claro contraste con la idea de que se conmemore el nacimiento de


Jesús, el propio Jesucristo enseñó a sus seguidores que conmemo-
raran su muerte, y los apóstoles transmitieron esta instrucción a las
iglesias que organizaban.
¿Hace la Biblia mención de la navidad y el domingo de resurrec-
ción? ¡No! Pero las traducciones de la Biblia al español, a diferencia del
inglés, incluyen la palabra “Pascua” en Hechos 12:4. La antigua versión
del Rey Jacobo, en inglés, emplea “Easter” para la palabra griega Pascha
(Πάσχα) que se traduce “Pascua”. El error se corrige en la nueva versión
del Rey Jacobo y otras traducciones modernas utilizando la palabra
Passover, pero en el habla corriente ha quedado el nombre “Easter”,
vocablo anglosajón con el cual se designaba el festival de primavera en
honor de la diosa teutona “Eastra” u “Ostara”. Cuando los anglosajones
se convirtieron al catolicismo, llevaron consigo el nombre de la fiesta
junto con algunas de sus costumbres, y es así como los católicos la lleva-
ron gradualmente a las culturas de otros países.
¿Cómo pide Jesucristo que lo recordemos? El apóstol Pablo ins-
truyó así a los hermanos de Corinto, Grecia, que formaban una con-
gregación compuesta por creyentes gentiles: “Yo recibí del Señor lo
que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue en-
tregado [el 14 de nisán celebración de la Pascua] tomó pan; y habiendo
dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que
por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó
también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el
nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis,
en memoria de mí [cada Pascua]” (1 Corintios 11:23-25). La Iglesia
primitiva guardaba una conmemoración de la muerte de Jesucristo tal
como Jesús y los apóstoles habían enseñado. La muerte en sacrificio
de Jesucristo, como Cordero de Dios, reviste una importancia muy
grande para todo el mundo. ¡Jesús no nos ordenó ninguna conmemora-
ción de su nacimiento!
Jesús preguntó: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo
que yo digo?” (Lucas 6:46). También dijo: “Este pueblo de labios me
honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). La gente dice
que su deseo es honrar a Jesucristo, pero instituye sus propias ma-
neras de hacerlo contradiciendo sus instrucciones. Jesús prosiguió:
“mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando
como doctrinas, mandamientos de hombres” (v. 9). Si deseamos honrar

30
Dios ofrece un camino mejor

a Jesucristo y nuestro corazón está cerca de Él, haremos lo que nos


dijo que hiciéramos, y no lo que nos mandó evitar. Tenemos una clara
opción entre las prácticas que Dios autorizó, y las tradiciones que la
humanidad ha creado para sí.

31
Capítulo 8
Muchos abandonan la navidad

¿
Debe usted celebrar la navidad como fiesta religiosa? Los orí-
genes de la navidad son bien conocidos y al respecto no hay
gran polémica. Es una fiesta tradicional que se originó en el
paganismo, y se incorporó a la cristiandad entre los siglos cuarto y
quinto de nuestra era. No es una fiesta bíblica y jamás fue celebrada
en la Iglesia del primer siglo. Jesucristo no la autorizó como con-
memoración de su nacimiento, sino que enseñó a sus fieles segui-
dores a conmemorar su muerte (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:23-26).
Esto es importante porque la Biblia prohíbe que el pueblo de Dios
adopte costumbres paganas para adorar al Dios verdadero, el Dios de
Abraham, Isaac y Jacob. Jesús dijo que acudir a las prácticas tradicio-
nales de los hombres en el culto a Él no es algo que le honre (Mateo
15:9). Por lo tanto, ¡la navidad no es una fiesta religiosa apropiada para
quien dice obedecer a Jesucristo!
Además de lo anterior, los aspectos mundanos de las fiestas
navideñas: los costos y el ajetreo que predominan en esa época, son
dificultades que muchos preferirían evitar. En las fiestas de fin de año
no es raro que se beba en exceso, y aumenta notoriamente. el número
de accidentes de tránsito. En esa temporada debemos tener especial
cuidado en las carreteras, especialmente por la noche.
Los días y semanas previos a esa fiesta están dominados por una
comercialización excesiva y omnipresente. Las compras pueden
causar más tensión emocional que placer, ya que las tiendas están
repletas de compradores, angustiados por terminar sus compras para
una larga lista de personas. También es motivo de estrés el endeuda-
miento que se acumula en esa temporada, y que a menudo acompaña
a los compradores gran parte del resto del año. Por estas razones, cada

33
¿Es Cristiana La Navidad?

vez más personas deciden abandonar esas fiestas … ¡Quienes lo haces


experimentan un gran alivio!
Como fiesta religiosa, la navidad no es bíblica. Más aún: la Biblia
nos dice que no acudamos a prácticas paganas en nuestra adoración al
Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Y no debemos enseñar a nuestros hi-
jos que las mentiras y mitos, como los de santa Claus, son verdaderos.
Vista como una simple costumbre secular, la navidad generalmente
resulta ser un período costoso y estresante, del que muchos preferi-
rían prescindir.
¿Es la navidad algo que honra a Jesucristo? ¿Qué dice la Biblia?
Esta demuestra, como hecho histórico, que la Iglesia de Dios en el pri-
mer siglo guardaba la Pascua cristiana, como una de las siete fiestas
anuales ordenadas en Levítico 23. La Iglesia no procedía así en un
intento judaizante, sino por obedecer a Dios. En la Biblia no figura
ninguna observancia del nacimiento de Jesús. Lo honramos obede-
ciéndole y guardando las fiestas que representan el plan de salvación
divina.
La Pascua representa la eliminación de nuestros pecados me-
diante el sacrificio del Cordero de Dios, ya que “nuestra Pascua, que
es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7). Los días
de Panes Sin Levadura representan a la Iglesia que se deshace de la
“levadura” del pecado. Pentecostés simboliza la fundación y santifi-
cación de la Iglesia de Dios, mediante la recepción del Espíritu Santo.
La Fiesta de las Trompetas refleja el regreso de Jesucristo con poder
y gloria, y con voz como de una gran trompeta: ¡la voz de un arcán-
gel! El ayuno que se guarda en el día de la Expiación simboliza cómo
Satanás es atado y el mundo queda libre de su imperio. La gran Fiesta
de los Tabernáculos representa el gobierno de Jesucristo como Rey
de reyes con sus santos en la Tierra durante 1000 años. El octavo día
o Último Gran Día de la Fiesta, representa el juicio delante del gran
trono blanco, que será la esperanza de todo aquel que haya vivido sin
conocer o aceptar a Jesucristo. Los días santos anuales son tiempo
santo, y no debemos profanarlos con nuestro trabajo regular. Son de
gran significado para los cristianos, y ofrecen el gran panorama del
plan divino de salvación para toda la humanidad.
Al ordenar Dios que guardemos estas fiestas, nos permite gustar
por anticipado el cumplimiento de ese maravilloso plan para que
siempre lo recordemos. El apóstol Judas exhortó a la Iglesia en el pri-

34
Muchos abandonan la navidad

mer siglo y a nosotros en la actualidad: “Amados, por la gran solicitud


que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido
necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por
la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3). Estas palabras
se dirigían a los miembros de la Iglesia tanto gentiles como judíos.
Tanto bíblica como históricamente, “la fe que ha sido una vez
dada” incluía las fiestas bíblicas anuales. Tenemos una verdadera
opción que cumplir: las instrucciones de Jesucristo y sus apóstoles,
tal como constan en la Biblia, o por el contrario, persistir en las tradi-
ciones humanas que son transgresiones de todo lo que Dios ordena.
La instrucción precisa de Jesucristo a su Iglesia es, ¡que guarde una
conmemoración de su muerte, no de su natalicio! (1 Corintios 11:23-26;
Lucas 22:19).
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¿Es Cristiana  
La Navidad?
I g l e s i a  d e l  D i o s  V i v i e n t e
Todos los años vemos la misma escena: árboles 
ado
XC-S Edición 1.0 | December  2019 
Reservados todos los derechos
Copyright © 2019 Living Church of God ®
Colaboradores: LCG
Indice
Introducción: ¿Qué motiva la temporada?	
vii
Capítulo 1: ¿Por qué el 25 de diciembre?	
1
Capítulo 2: ¿Cuándo nació Jes
vii
L
a navidad es sin duda el día festivo más esperado en muchos 
países, así como el eje central de la mayor tradición reli
1
Capítulo 1
¿Por qué el 25 de diciembre?
¿
Cuándo se originó la navidad? Mucho antes de nacer Jesús, ¡la tem-
porada festiva
¿Es Cristiana La Navidad?
2
“Su observancia como natalicio de el Salvador va acompañada 
de costumbres seculares tomadas de f

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