Tales de Mileto
El agua es el principio de todas las cosas. El elemento primero. Todo es agua. Esa era la base de
las teorías de Tales de Mileto, considerado como el primer filósofo de la Historia, puesto que
introdujo la investigación racional sobre el origen del universo y la naturaleza que hasta
entonces los griegos explicaban en un conjunto de mitos y leyendas.
Fue el primero en plantear la naturaleza última del mundo, concebida sobre la base de un
primer y último elemento: el agua. Para Tales de Mileto el agua era el elemento primero de
todas las cosas que existen, lo que dio comienzo al universo, una idea que los griegos llamaban
arjé (del griego ἀρχή, fuente, principio u origen). Creando así, quizá, la primera teoría
occidental sobre el mundo físico.
Tales sostenía que la tierra sobre la que pisamos es una especie de isla que «flota» sobre el
agua de forma parecida a un leño y por ello la tierra a veces tiembla. Al no estar sostenida
sobre unas bases fijas si no que, como está flotando sobre el agua, ésta la hace tambalearse.
Anaximandro de Mileto
Ápeiron significa en griego algo ilimitado, infinito o indeterminado, es decir, Anaximandro
descarta la opinión de su maestro Tales de que el agua es principio de todas las cosas. Dicho
principio para el filósofo presocrático nace de lo ilimitado.
¿Cómo podemos entender esto? para Anaximandro el principio se formó de algo
indeterminado (pues el infinito es lo indeterminado) sempiterno sin cualidad de ninguna
especie. Para llegar a esta conclusión, Anaximandro nos dice que la materia elemental siempre
se modifica y pasa de una cosa a otra. El principio de todas las cosas no puede provenir de
cosas que cambien constantemente; al contrario, el principio debe ser algo inmutable e
inmóvil; por lo tanto, dicha materia debe ser indeterminada. Además, como es ilimitado no
tiene ningún principio que lo origine y en conclusión, lo ilimitado es el principio mismo.
Además afirmó que lo caliente envolvió a la tierra y de allí surgieron las estrellas , el sol y
planetas de lo frío ,de la separación de lo líquido y solido se forma la tierra firme ,también
postulo que del barro caliente que se secó surgió la vida , primero inicio como un pez hasta
que luego llego a la madurez t subió a la tierra
Anaxímenes de Mileto
Lo que hizo Anaxímenes fue combinar las dos teorías de principios que eran de Tales y
Anaximandro. Anaxímenes nos dice que el principio de todas las cosas es el aire, pero no
solamente el aire como materia determinada, sino que un tipo de aire indeterminado.
Finalmente, Anaxímenes dirá ''Todo procede del aire'' porque todo surge del proceso de
rarefacción (menor densidad) y condensación (más densidad). Así, el agua y la tierra provienen
más bien del aire que de otro elemento.
Esto puede ser claro, pues cuando el aire pasa por la rarefacción se convierte en fuego y
cuando se condensa se hace agua y tierra (hielo). Lamentablemente, como sólo nos quedan
fragmentos de los trabajos de Anaxímenes, no podemos saber en detalle cómo se formaban
todas las cosas exclusivamente por medio de la rarefacción y la condensación. Quizás sería
mucho decir que sólamente era por estas dos cosas y Anaxímenes se refería a más cosas, pero
eso nunca lo sabremos.
Pitágoras de Samos
Son pocas las referencias a su obra entre los antiguos, incluidas las de Platón y Aristóteles,
pero abundantes a partir de ellos (lo que genera muchas dudas sobre su autenticidad) y en las
que se mezcla, además, la leyenda y la realidad, o lo que podría ser tomado como una
referencia real a Pitágoras o a los pitagóricos (hoy sabemos, por ejemplo, que la atribución a
Pitágoras del descubrimiento del teorema que lleva su nombre no es defendible). Es difícil fijar
también qué doctrinas pertenecen a Pitágoras y cuáles pudieron ser desarrolladas por sus
discípulos posteriores: Alcmeón o Filolao, por ejemplo.
La filosofía de Pitágoras se desarrolla en una doble vertiente: una místico-religiosa y otra
matemático-científica.
a) Por lo que respecta a la primera, el eje central está representado por la teoría de la
trasmigración de las almas y la consecuente afirmación del parentesco entre todos los seres
vivos. Según ella, las almas son entidades inmortales que se ven obligadas a permanecer en
cuerpos reencarnándose sucesivamente pasando de unos a otros durante un periodo de
tiempo indeterminado, hasta superar el proceso de reencarnaciones gracias a la purificación
(catarsis), que culmina en el regreso del alma a su lugar de origen. Para ello, era necesario
observar numerosas reglas de purificación, por ejemplo, la abstinencia de la carne, así como
diversas normas rituales y morales. Esta teoría será adaptada posteriormente por Platón,
constituyendo un elemento importante de su filosofía.
b) Respecto a la vertiente matemático-científica, Pitágoras afirmaba que los números eran el
principio (arjé) de todas las cosas.
b.1 No sabemos si se concebían los números como entidades físicas o si, por el contrario, se
afirmaba que el principio de la realidad era algo de carácter formal, es decir, no material (una
relación, una estructura...). Aristóteles pensaba que la doctrina pitagórica del número se
basaba en descubrimientos empíricos; por ejemplo, el hecho de que los intervalos musicales
puedan expresarse numéricamente. (De hecho, los pitagóricos concedieron una gran
importancia al estudio de la música, vista su relación con las matemáticas. Esta relación la
pudieron ir ampliando al resto de objetos que constituyen la realidad, descubriendo en el
número la razón de todo lo real, lo que llevaría a convertirlo en el "arjé" de los milesios.)
Parece, además, que los pitagóricos concibieron los números espacialmente, identificando el
punto geométrico con la unidad aritmética. Las unidades tendrían, pues, extensión espacial y
podrían ser consideradas, como dice Aristóteles, como el elemento material de las cosas.
Heráclito de Éfeso
Uno de los ejemplos más prácticos de Heráclito era el relacionado con el río: ''Nadie puede
bañarse dos veces en el mismo río'', pues en efecto, las aguas ya no serán las mismas con las
que me bañé la primera vez.
¿Esto significa que Heráclito confiaba en los sentidos? No, para Heráclito los sentidos no eran
suficientes para probar que lo que existe alrededor es verdadero; confiaba sí en el logos. El
devenir no es algo irracional, ya que todos los seres en toda la vida tienen contrarios (no sólo
en el plano psicológico, sino que también en la naturaleza). El filósofo nos dice que la
existencia de los contrarios es totalmente natural, y que ésta es trascendente a todos los seres.
Por ejemplo, por la enfermedad existe la salud, por el fuego el agua, por el viejo el joven, por
el vivo el muerto, etc.
El fuego está siempre en constante cambio, nunca está quieto y es por eso que Heráclito nos
dice que este es el principio de todas las cosas. No sólo eso, el filósofo diría tal como lo dijo
Plotino alguna vez, que ''Todo es uno y del uno procede todo''; el todo o el Uno que habla
Heráclito es precisamente el fuego. De hecho, el fuego es la autoridad en la naturaleza porque
todo lo transforma conforme a su propia naturaleza.
Jenófanes
Con respecto a la teología Jenófanes comienza por realizar una crítica a los dioses homéricos
de la tradición griega. Estos dioses, afirma Jenófanes, no son más que una invención humana,
creada a imagen y semejanza del ser humano. Dotados no solamente de cuerpos, brazos y
piernas similares a las del hombre, los dioses tienen además todos los vicios imaginables. Son
corruptos, mienten, engañan, traicionan, etc. por lo que en ningún momento deberían ser
usados con fines educativos. En este aspecto Jenófanes es claramente un moralista
preocupado por las posibles influencias que las creencias tradicionales podían tener en los
modelos de conducta de la juventud. No olvidemos que los textos de Homero eran parte
fundamental de la educación, no sólo de los jóvenes, sino de todo el pueblo. La crítica al
antropomorfismo es uno de los frutos de los viajes realizados por Jenófanes y del espíritu
crítico adquirido en ellos, pues no se limita a señalar una mera semejanza general entre dioses
y humanos, sino que en cada región del mundo los dioses tienen las características de los
habitantes de la zona
Frente a estas divinidades Jenófanes propone la existencia de un único Dios que no guardaría
ningún parecido con los seres humanos. Este Dios es un precursor del Ser de Parménides,
aunque, de nuevo, a la hora de precisar las características del Dios de Jenófanes las
interpretaciones difieren. Hay común acuerdo en atribuirle la inmovilidad, probablemente
debido a que todo cambio, ya sea espacial o de otro tipo, es visto como una imperfección,
mientras que el Dios de Jenófanes se nos presenta como un ser supremo y perfecto
Parménides
En su obra también trata el problema del conocimiento. Parménides nos plantea dos opciones
para llegar al conocimiento. Una es la vía de la verdad y la otra es la vía de opinión. La primera
vía se basa en la razón, y es el único camino verdadero para llegar al conocimiento. La segunda
vía, la de la opinión, se basa en los sentidos que crean la ilusión de cambio y multiplicidad, por
lo que son engañosos. La vía de la opinión implica la aceptación de la existencia del no-ser, por
lo que nunca nos podrá conducir al conocimiento de la verdad. Es trabajo del hombre elegir un
camino u otro.
El Ser:
Una de las aportaciones principales de la filosofía de Parménides es precisamente su definición
del Ser, al que le atribuye una serie de características.
Unidad. El ser no puede ser más que “uno”, si fuera otra cosa distinta al “uno” sería el no-ser.
Indivisible. En relación con la unidad, el ser es indivisible y compacto. El vacío sería el no-ser, y
el no-ser no existe.
Finito. El ser es finito y esférico. Estas ideas probablemente las tomó de los pitagóricos, que
relacionaban dichas características con lo determinado.
Inmutable. El Ser no puede cambiar. Si el Ser cambia o se mueve deja de Ser.
Indestructible. El Ser es, si deja de ser ya no puede ser el Ser.
Ingénito. El Ser no ha podido ser engendrado, ya que entonces habría sido creado por el No-
ser, y el No-ser no existe.
Zenón de Elea
Todo lo que existe ocupa un espacio. Si el espacio existe entonces ocupa otro espacio y así
sucesivamente, de modo ilimitado. Esto es absurdo, luego el espacio no existe.
El argumento dice: Aquiles, el de los pies ligeros, corre para alcanzar a una tortuga que se halla
a cierta distancia. Aquiles nunca la alcanza, porque cuando llega a donde estaba
originariamente la tortuga ésta ha avanzado un trecho y cuando Aquiles corre ese trecho la
tortuga ha avanzado otro trecho y así sucesivamente, de modo ilimitado.
Esta aporía es semejante a la del estadio, con la diferencia de que ahora se trata de la relación
entre dos objetos móviles. Zenón está poniendo de relieve una contradicción que resulta de
pensar el espacio como si fuera una magnitud ilimitadamente divisible. Notemos que en
ambas aporías la divisibilidad ilimitada del espacio en relación a un movimiento entraña
también la divisibilidad ilimitada del tiempo, algo con lo que Zenón tampoco estaba de
acuerdo.
Las aporías del estadio y de la tortuga atacaban a los matemáticos que creían que el espacio
era ilimitadamente divisible, lo que conducía a considerar cualquier magnitud espacial como
un conjunto ilimitado de puntos geométricos sin dimensión. Eso llevaba, a la vez, a pensar el
tiempo como ilimitadamente divisible, lo que significaba considerar el tiempo como un
conjunto ilimitado de instantes sin duración.
Meliso de Samos
Meliso, como buen seguidor de la escuela eleática, fue en contra de los pluralistas (sobre todo
Empédocles y Anaxágoras), defendiendo la tesis de la unidad de lo existente. No careció
Meliso, pese a su adscripción eleática, de un punto de vista propio. Así, aunque dio por buena
la noción de que el ser es uno e indivisible, eterno, inmóvil, sin cambio y únicamente accesible
por medio de la razón, lo dotó de un carácter ilimitado e infinito (espacial y temporalmente),
algo parecido al ápeiron de Anaximandro. Parménides, por el contrario, solía compararlo con
una esfera, que aunque ilimitada, no es infinita
También se opuso a los atomistas, que afirmaban la existencia del vacío; Meliso rechazó su
posibilidad, pues ¿qué era el vacío sino la nada, el no-ser? Esta inexistencia del vacío, decía
Meliso, se manifiesta en la inmovilidad del Ser, pues al ser todo un plenum no existe
movimiento.
Como Parménides, Meliso afirmó que los sentidos solamente brindan mera opinión (doxa) y
que, por consiguiente, están lejos de poder proporcionarnos la verdad de las cosas (alétheia).
Empédocles de Agrigento
Se le atribuye la escritura de dos obras: una que contiene su interpretación de la naturaleza y a
la que se le ha dado el nombre de "Sobre la naturaleza"; y otra, las "Purificaciones", que
contiene un conjunto de instrucciones para el cuidado del hombre, en relación con sus
creencias en la transmigración de las almas, en relación con sus tendencias religiosas
relacionadas, al parecer, con el pitagorismo.
Por lo que respecta a la naturaleza Empédocles aceptó el postulado parmenídeo de la
permanencia del ser; pero tratará de dar una explicación del cambio, negándose a aceptar el
carácter ilusorio la realidad sensible. Para solucionar las aporías en las que habían caído los
anteriores filósofos Empédocles postula la existencia de cuatro elementos (fuego, tierra, aire,
agua) cada uno de ellos con las características de permanencia e inmutabilidad del ser, y la
existencia de dos fuerzas cósmicas (Amor, Odio) que actuarán como causa de la combinación o
disociación de los elementos. De este modo, para Empédocles la realidad es el resultado de la
combinación de esos cuatro elementos originarios: la realidad que nosotros captamos es el
resultado de la mezcla de dichos elementos. Propiamente hablando no hay generación; lo que
llamamos "generación" es propiamente "agregación", "mezcla" de elementos. Y lo que
llamamos corrupción no supone la destrucción del ser, sino solamente su "separación",
"disgregación". Esa mezcla y separación de los elementos originarios tiene lugar por las fuerzas
del Amor y del Odio. En la realidad está sometida a un ciclo en el que predominan
alternativamente cada una de esas dos fuerzas, de tal modo que el predominio de una supone
la disminución de la otra y viceversa. Dichas fuerzas son concebidas por Empédocles, por
supuesto, como fuerzas físicas y materiales. Por efecto del Amor se reúnen las partículas de los
cuatro elementos, y por efecto del Odio se separan las partículas provocando la extinción de
los objetos.
El mundo tal como nosotros lo conocemos está a medio camino entre la realidad primitiva,
fase en la que predomina el Amor, a y la fase de total separación de los elementos en la que
predomina el Odio.
Anaxágoras de Clazomene
Anaxágoras se enfrentará al problema de explicar el cambio admitiendo la permanencia del ser, tal
como se desprende de los postulados parmenídeos. El ser no puede generarse ni corromperse; no
puede haber propiamente hablando nacimiento ni destrucción, sino simplemente mezcla o separación
de las cosas que existen. La solución de Anaxágoras será también una solución pluralista, al estilo de la
de Empédocles. Pero, a diferencia de éste, en lugar de cuatro elementos afirmará la existencia de un
número infinito de ellos, cada uno poseyendo las características del ser parmenídeo, es decir, la
eternidad, la inmutabilidad. Estos elementos originarios o "semillas" como le llama Anaxágoras se
distinguen unas de otras cualitativamente. La mezcla de estas semillas es lo que constituye los objetos
de la experiencia; cuando en un objeto predomina un tipo determinado de semillas le atribuimos al
objeto la propiedad de las partículas predominantes, ya que, en los objetos de la experiencia, hay
partículas de todas las cosas. Eso explicaría la transformación de unas cosas en otras: si los vegetales
que nosotros ingerimos se convierten en carne es preciso que haya carne (partículas o semillas de carne)
en dichos vegetales. En ese sentido debería entenderse la afirmación de que hay porciones de todo en
todas las cosas. Así, en un trozo de oro hay partículas de todas las demás cosas, pero predominan las
partículas de oro, por lo que le llamamos simplemente oro.
¿Cómo se produce esa agregación y esa separación de las semillas? Aquí hace intervenir Anaxágoras un
elemento novedoso en la especulación filosófica: el Nous o inteligencia. El movimiento de las partículas
o semillas estaría sometido a la inteligencia; sin embargo, el papel de la inteligencia queda reducido al
de causa inicial del movimiento que, una vez producido, sigue actuando por sí mismo sometido a causas
exclusivamente mecánicas. Las partículas son sometidas por el Nous a un movimiento de torbellino que
será la causa de la constitución de todas las cosas tal como nosotros los conocemos.
Este Nous, Mente o inteligencia, es concebido por Anaxágoras como algo infinito y autónomo, y
separado de la semilla y de todas las demás cosas que existen, llamándole la más fina y pura de todas las
cosas, poseedor de todo el saber sobre cualquier asunto y del mayor poder. También le concibe como
ocupando un espacio, por lo que parece que Anaxágoras mantiene una concepción material del Nous o
Mente, formado de la materia más pura y sutil, pero lejos todavía de una concepción inmaterial o
incorpórea del ser. No obstante, se le considera como el primero que introduce el recurso a un principio
espiritual o intelectual, aunque, según las quejas expresadas por Aristóteles en la "Metafísica", haya
recurrido a él sólo cuando la explicación por causas materiales le resultaba imposible.
Demócrito de Abdera
Respecto a su pensamiento parece que fue un hombre dedicado enteramente al estudio y que
tuvo una producción abundante. Al igual que Empédocles y Anaxágoras la filosofía de
Demócrito estará inspirada por la necesidad de conjugar la permanencia del ser con la
explicación del cambio, adoptando una solución estructuralmente idéntica: lo que llamamos
generación y corrupción no es más que mezcla y separación de los elementos originarios, que
poseen las características de inmutabilidad y eternidad del ser parmenídeo. Estos elementos
originarios serán concebidos como entidades materiales, infinitamente pequeñas y, por lo
tanto, imperceptibles para los sentidos, y de carácter estrictamente cuantitativo, a los que
Demócrito llamará átomos (término griego que significa "indivisibles") por su cualidad de ser
partículas indivisibles.
Estos átomos existen desde siempre en el vacío, sometidos a un movimiento que les es
consustancial. Por lo tanto, todo lo que existe son los átomos y el vacío. La introducción de la
existencia del vacío es una novedad con respecto a Empédocles y Anaxágoras y que choca
frontalmente con la negación del vacío (no ser) que exigía Parménides. Ahora bien, sin la
existencia del vacío, dice Demócrito, resulta imposible explicar el movimiento, por lo que
necesariamente al existir el movimiento el vacío tiene que existir. Los átomos se mueven en
ese vacío en línea recta en un principio, pero, por causas estrictamente mecánicas, algunos de
ellos salen de su trayectoria y chocan con otros, a los que desvían, chocando el conjunto
contra otros átomos, provocando la agregación en conjuntos de átomos cada vez mayores,
que darán lugar a la constitución de los objetos tal como nosotros los conocemos.
Protágoras
Protágoras defendía el relativismo y el convencionalismo de las normas, costumbres y
creencias del hombre. Es su tesis más conocida y que queda reflejada en la frase El hombre es
la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto
que no son, uno de los fragmentos que conservamos de su obra. Respecto al relativismo de
Protágoras cabe interpretarlo de dos modos:
a) Si concebimos que el hombre al que se refiere Protágoras es el hombre particular y
concreto, el individuo, Protágoras estaría afirmando un relativismo radical, de modo que cada
hombre tendría "su verdad". Platón en el Teeteto así lo interpreta: lo que a mí me parece frío
es frío, aunque no le parezca así a otro.
b) Pero podemos interpretar que Protágoras entiende "hombre" como "ser humano", y
tendríamos que hablar entonces de un relativismo social, en el sentido de que aceptamos
como verdadero lo que en nuestra sociedad es aceptado como verdadero.
También se ha discutido si Protágoras aceptaba el relativismo ético o moral. Si Protágoras
afirma que el hombre es la medida de todas las cosas parece que el relativismo se hacía
extensivo a los valores éticos, (aunque Platón en su diálogo "Protágoras" mantenga que el
relativismo no se extendía a los valores éticos). De tal modo, lo bueno será lo bueno "para mí",
si adoptamos la perspectiva del relativismo individual, o lo bueno "para la sociedad", si
adoptamos la perspectiva del relativismo social o cultural.
En relación con la tesis del relativismo se desarrollará la contraposición "nómos / physis", entre
las leyes sociales y las naturales, oponiendo así la sociedad a la naturaleza. Las leyes sociales
son el resultado del pacto o de la convención entre los individuos, es decir no tienen carácter
natural; el determinante de la ley social no es ni el individuo, ni la naturaleza, sino el conjunto
de los hombres que viven en esa sociedad. De ese modo se explica el carácter modificable de
la ley, y las diferencias entre las leyes imperantes en distintos pueblos y culturas, o dentro de
la misma cultura entre distintas ciudades, o en distintas épocas.
Gorgias
si algo, cualquier cosa, fuese, existiera, debería ser eterno, o bien no serlo. Algo eterno carece
de principio; sin principio, algo es infinito y, por ello no está en ningún lugar concreto, de lo
que se deduce que no existe. Así, algo eterno y existente es contradictorio. Pero, por otra
parte, si algo no es eterno, debe haber empezado a ser; sin embargo, para hacerlo, antes debe
no ser, no existir, lo cual es imposible dado que el no-ser no es nada. Según esto, no puede ser
eterno ni tampoco tiene origen alguno, con lo que no es. La conclusión es que el ser no existe.
Gorgias sostiene que la relación entre lo pensado y lo real resulta inadecuada. Parménides
decía que no era posible pensar el no-ser. Es decir, lo no existente resulta imposible ser
pensado. Pero si lo que no es no puede ser pensado, si sólo pensamos lo que de verdad es, no
habría error, no nos equivocaríamos nunca al pensar, dado que siempre pensaríamos lo
existente. Como es obvio que el error existe, significa pues que podemos pensar el no-ser. Esto
nos lleva a afirmar que podemos pensar en ciertas cosas que no existen, y que hay cosas no
existentes que pueden ser pensadas (es el caso, por ejemplo, de los seres míticos). Lo que
Gorgias establece aquí es una separación radical, una escisión completa entre la existencia y el
pensamiento; el ser es distinto al pensar. No obstante, si el ser es diferente al pensar, también
es incognoscible, dado que implicaría que el pensar es, en realidad, un no-ser, resultando
imposible descubrir el ser partiendo del no-ser. La conclusión es, pues, que si lo pensado no es
existente, lo existente no puede ser pensado.
Hipias
Su defensa altruista de la naturaleza, frente al nómos, dio origen a la idea de la unidad de la
especie humana: por naturaleza somos iguales. Son los nómos, las convenciones sociales, los
causantes de las distinciones por raza, riqueza, nacimiento o estatus social. Las leyes positivas
causan desigualdad entre los hombres.
Las leyes son convenciones hechas por los hombres para otorgar lo que debe hacerse y lo que
no. Al ser su origen un contrato social, no pueden pretender su universalidad, pudiendo ser
continuamente modificadas.
Hipias aceptó también la existencia de leyes divinas, que sí tienen carácter de universalidad.
Estas leyes son aquellas que son aceptadas por todos los hombres de todos los países y, por lo
tanto, han de tener un origen divino. Entre estas leyes encontramos el venerar a los dioses.
Pródico
En los planteamientos sobre el origen de los dioses, Pródico mencionaba que estos eran
creados en base a la veneración que las personas sentían por los elementos y los objetos que
les eran útiles, como el Sol, la Luna, los ríos, las plantas, el fuego, entre otros; lo cual se veía
reflejado en la relación que tenían los egipcios con el río Nilo.
SOCRATES
Es imprescindible definir con precisión los conceptos (justicia, etc.), a fin de hacer posible el
acuerdo sobre temas morales y políticos, y es que sólo sabiendo qué es la justicia, se puede ser
justo. Ello le lleva a un nuevo concepto, en el que identifica la virtud como conocimiento y el
vicio como consecuencia de la ignorancia: el intelectualismo socrático. Nadie peca
voluntariamente, sino que quien hace el mal, lo hace por ignorancia del bien. Al identificar la
virtud con el saber, combate el relativismo sofista.
Postulará los fundamentos tradicionales de la democracia ateniense, la virtud moral, la
igualdad ante la ley e igualdad para expresar las opiniones. En última instancia, sitúa la virtud
como un fin en sí misma, y no como medio para conseguir un premio exterior. Respecto a la
felicidad, afirma que no puede venir de las cosas externas, sino solo del alma, y ésta es feliz
cuando posee un orden espiritual y una armonía interior; es decir, cuando es virtuosa.
El saber del que habla Sócrates no es un saber teórico sino un saber práctico acerca de lo
mejor y más útil en cada caso. Este saber-virtud puede ser enseñado y aprendido: no bastan,
pues, las disposiciones naturales para ser bueno y virtuoso.
Platón
Alma: Platón interpreta el alma principalmente en dos sentidos: el alma como aquello que
permite a los seres vivos realizar actividades vitales, y, en el caso del alma humana, como el
principio divino e inmortal que nos faculta para el conocimiento y la vida [Link] igual que
todos los griegos, Platón, consideró que el alma es el principio que anima los cuerpos de los
seres vivos, que les da vida y movimiento. Pero lo peculiar de su concepción se muestra en su
visión del alma como principio de racionalidad y dotada de carácter divino. Para este autor el
alma es la parte más excelente del hombre, gracias a ella podemos alcanzar la ciencia y realizar
acciones buenas; el alma ―al menos la parte más excelente― nos vincula con el mundo divino
y está dotada de un destino inmortal.
Alma Racional: Parte superior del alma humana, inmortal y divina. Gracias a ella alcanzamos el
conocimiento y la vida buena. El "mito del carro alado" representa el alma racional con la
metáfora del auriga. Es la parte más excelente del alma, se identifica con la razón y nos faculta
para el conocimiento y la realización del bien y la justicia. Es un principio divino y dotado de
inmortalidad. La sitúa en la cabeza (el cerebro).
Alma Irascible: Parte del alma humana en donde se sitúan la voluntad y el valor. El "mito del
carro alado" representa el alma irascible con la metáfora del caballo bueno y dócil a las
instrucciones del auriga. Gracias a esta parte el auriga puede seguir a los dioses hacia el mundo
de las Ideas y la contemplación de la Idea de Bien. En el alma irascible se encuentra la
voluntad, el valor y la fortaleza. Platón no defiende con claridad ni su mortalidad ni su
inmortalidad. La sitúa en el pecho (el corazón).
Alma Concupiscible
Parte mortal del alma humana responsable de las pasiones, placeres y deseos sensibles.
En el "mito del carro alado", Platón representa el alma concupiscible con la metáfora del
caballo malo, poco dócil y que dirige al carro hacia el mundo sensible. Es la parte del alma
humana más relacionada con el cuerpo y en ella se encuentran los placeres sensibles y los
apetitos o deseos sensibles (deseos sexuales, apetitos por la comida, la fama, la riqueza...). Por
estar tan íntimamente ligada al cuerpo se destruye cuando éste muere. La sitúa en el abdomen
(hígado).
Aristóteles
El hilemorfismo (del griego ὕλη ‘materia’, μορφή ‘forma’, e -ismo) es la teoría filosófica ideada por
Aristóteles y seguida por la mayoría de los escolásticos, según la cual todo cuerpo se halla constituido
por dos principios esenciales, que son la materia y la forma. Como cualquier objeto material tiene una
forma, la materia prima es el sustrato básico de toda la realidad. En el mundo material, la materia no
puede darse sin forma y la forma no puede darse sin materia. Mientras que la materia pura no tiene más
que una existencia teórica, la forma pura existe realmente: es la divinidad, el primer motor inmóvil.
A la hora de definir la virtud, Aristóteles procede a determinar el género de cosas al que pertenece la
virtud. Se dice de la virtud que es una «afección del alma»; es decir, que se incluye en esa clase de cosas
que ocurren en el alma. Ahora bien, en el alma encontramos al menos las tres clases de afecciones
siguientes: facultades, pasiones y hábitos:1) Sería inadecuado considerar la virtud como una facultad,
puesto que a nadie se le llama bueno o malo (en sentido ético) por tener una facultad o carecer de ella.
2) Igualmente, sería erróneo considerarla una pasión, pues nadie es virtuoso ni vicioso por sentir tales o
cuales pasiones (si no, en todo caso, por lo que hace como consecuencia de tales sentimientos).
3) Por tanto, la virtud solo puede ser un hábito, lo cual es de la mayor importancia, porque vuelve a
recordarnos lo que dijimos antes sobre el modo de «ser en el tiempo» de los mortales, de su conducta y
de su lenguaje. A diferencia de los dioses, los hombres no pueden ser buenos «de una vez por todas» o
«de una vez para siempre», sino que en ellos la
bondad, como la maldad, tiene que darse «una vez tras otra» y, por tanto, solo puede entrar en su
carácter convirtiéndose en un hábito.
En concreto, la virtud es para Aristóteles el hábito de elegir (en las pasiones y facultades que inclinan a
la acción) el «término medio» de acuerdo con la razón (es decir, con el logos): no es bueno quien se en-
fada ni quien no se enfada, sino quien se enfada en la medida en que ha de hacerlo, con quien debe
enfadarse y cuando procede, y así con respecto a todas las demás afecciones.
Naturalmente, al lector moderno le deja insatisfecho esta fórmula, pues inmediatamente se pregunta:
¿cómo elegir el término medio según la razón? Pero ello no constituye un problema en el contexto
aristotélico, que no es el de una subjetividad atormentada en liza consigo misma, sino el de la plaza
pública, el espacio político de la deliberación racional mediada por el lenguaje y sometida al veredicto
del logos.