Pucara
Este término puede referirse a:
Pucará (Fortificación), nombre de algunas edificaciones que servían como defensa en
la guerra.
Torito de Pucará, pieza de cerámica típica del los andes surperuanos.
IA 58 Pucará, avión de combate de diseño y manufactura argentina.
Cultura Pucará, una cultura precolombina peruana. Se ubicaba en el altiplano del
actual departamento de Puno.
El Cacique Pucara, personaje de una leyenda precolombina sobre la creación de
la Laguna de la Cocha ubicada en el altiplano andino del departamento de Nariño,
Colombia, cerca de la frontera con Ecuador.
Club Pucará, club deportivo de Argentina.
Sinónimo del género botánico Stenomesson perteneciente a la Familia
Amaryllidaceae.
El pucará, pucara o pukará
En la región comprendida por el actual noroeste argentino, norte de Chile y sur de
Bolivia tuvo lugar a fines del siglo XII una serie de trasnformaciones relacionadas con
la desaparición de diversas culturas locales –como la de Aguada-, el aumento de la
densidad poblacional y la caída de la organización estatal de Tiwanaku.
A raíz de estos cambios, muy complejos ciertamente, aunque aquí se hallen muy
simplificados, aparece con fuerza la tendencia de la concentración demográfica, la
complejización de las sociedades nacientes y una suerte de militarización de algunos
espacios. Así, proliferan las instalaciones de carácter defensivo, estratégico o
directamente militar conocidas como Pucará o Pucara (fortaleza en quechua).
En este contexto, el siglo XIII fue testigo de la aparición –como dijimos- de sociedades
más extensas y complejas que las anteriores, cuyo centro de poder se encontraba en
el Pucará. Estas fortalezas estaban rodeadas de murallas, y se ubicaban en cerros
estratégicos, en lugares desde los cuales se podía vigilar grandes espacios.
“El carácter de la guerra de la época –ejércitos reducidos con armas de poca precisión
y corto alcance- daba gran valor a los sitios con ventajas para el establecimiento de
asentamientos tipo Pucará, cuya función principal residía, sobre todo, en brindar
protección a sus habitantes (…)” indica Raúl Mandrini.
El término “Pucará” significaba asimismo otras cosas: era el lugar de residencia de las
autoridades, quienes además de la defensa se ocupaban de cuestiones relacionadas
con la agricultura, la economía, etc., y eran responsables de los ritos y cultos que
debía cumplirse, sobre todo a la Pachamama (la Madre Tierra) para asegurar el éxito
en todas las empresas.
Más allá del Pucará estaban las “chacras”, ámbito rural donde se desarrollaban las
actividades económicas básicas: agricultura y cría de llamas y alpacas. Allí también
vivían los hombres y mujeres cuyo trabajo servía al sostenimiento y reproducción
material de la sociedad.
Para Martínez Sarasola, los “Pukará” (sic) son la muestra de que los diaguitas (nombre
genérico dado a las sociedades de esta región) fueron grandes guerreros, cualidad que
se vieron obligados a desplegar primero frente al avance de los incas, más tarde frente
a los conquistadores españoles.
Imagen obtenida de Wikipedia.
Fuentes: La Argentina aborigen, de Raúl Mandrini; Los hijos de la tierra, de Carlos
Martínez Sarasola.
LOS PUCARAS: HUELLAS DEL PODER INCAICO
Por Dr. Antonio Fresco
Pucara en Tilcara, en el norte de la Argentina
Los pucaras son construcciones militares, defensivas, que nacieron desde la estirpe
conquistadora e imperial de los incas. Los vestigios de estos prodigios de arquitectura
militar se propagan por toda la extensión montañosa y andina del antiguo imperio inca,
desde el Ecuador hasta el norte argentino.
El artículo del Dr. Alfredo Fresco que presentamos a continuación se concentra en los
pucaras del Ecuador; pero su estudio sobre el origen y finalidad de los pucaras puede
ser extendida a otras regiones.
También es oportuno recordar que al pucara inca le debe su nombre un famoso avión
militar argentino. Este pájaro bélico tuvo una destacada actuación en la guerra de las
Malvinas, en 1982. Entonces, los pucaras volaban al ras de agua. Burlaban así los
radares de los navíos de la flota británica y atacaban de manera sorpresiva. Su eficacia
de ataque es aún recordada.
El término quichua pukara tenía para los incas el significado de "fortaleza" o
"castillo". Esta denominación se ha aplicado de manera tradicional a ruinas de
construcciones antiguas, que adoptan la forma de círculos concéntricos de muros y
fosos. Están situadas en la parte superior de lomas y cerros, y constituyen un rasgo
muy repetido en el paisaje andino, desde el norte del Ecuador hasta el centro de Chile
y del occidente argentino.
Además del término quichua Pucara o "Pucará" (más castellanizado este último), en
Ecuador se aplican a estos elementos del paisaje a otras palabras de carácter más
formalmente descriptivo como "Churo" (en quichua, churu = "caracol menudo para
comer"), "Churoloma" (= "loma en forma de caracol", compuesto quichua-castellano),
"Muyurco" (compuesto quichua, muyu = círculo, redondez, cosa redonda, circular y
urqu = cerro), Torneado (= cerro dado forma como con torno), "Ingaloma"
(compuesto quichua-castellano= loma de los incas) y otros menos comunes. Como se
puede apreciar, la imaginación popular identifica a los vestigios de Pucaras con objetos
de forma espiral terminados en punta. En unos pocos casos, el topónimo (Ingaloma)
nos indica que la tradición popular atribuye su construcción a los incas; en otros, la
identificación es completa respecto a su función original (Pucara). El perfil de estas
lomas o cerros recuerda a una pirámide escalonada con gradas o andenes poco
pronunciados, pues sus terrazas (con paramento de piedra) y fosos defensivos,
paralelos y horizontales, cortan la pendiente de la ladera en sentido transversal.
En muchos casos, la erosión y la acción humana (trabajos agrícolas,
aprovechamiento de las piedras para construcciones, "huaqueo" o búsqueda de
tesoros, etc.) han devuelto a la ladera su pendiente natural (o casi), pero en muchos
casos una huella borrosa de las terrazas originales aún puede llegar a apreciarse en la
vegetación, como una sucesión de líneas paralelas horizontales.
Hasta el año 1984, aparte de un inventario preliminar de las fortalezas situadas al
norte de la línea equinoccial en las provincias de Pichincha e Imbabura, las
excavaciones muy limitadas debidas a la Universidad de Bonn en Quitoloma, y los
trabajos arqueológicos que se venía realizando desde mediados de la década de los 70,
por el Museo del Banco Central del Ecuador en el Pucará de Rumicucho, situado cerca
de la población de San Antonio de Pichincha, no se había llevado a cabo en el Ecuador
un estudio de conjunto de estas construcciones militares prehispánicas.
Sobre la base de las noticias poco precisas que se pueden extraer de los cronistas y
otros documentos coloniales, así como datos muy limitados de carácter arqueológico,
se ha venido especulando entre algunos historiadores y otros estudiosos, alrededor de
dos hipótesis principales respecto a sus constructores y a su función:
a) Fueron construidas por los incas para apoyar el esfuerzo bélico de sus ejércitos de
conquista.
b) Fueron construidas por las etnias locales para defenderse de la amenaza inca.
Unos pocos autores aceptan la hipótesis del origen local, pero atribuyéndole una
función diferente a la militar, o sea, básicamente ceremonial. Aunque esta opinión
tiene su apoyo en ciertos datos de carácter etnográfico e histórico, la evidencia
fundamental señala que su función básica y original fue la militar. Existe una tendencia
generalizada entre los historiadores ecuatorianos de la escuela tradicionalista a preferir
la hipótesis "b)", por lo general, sin aducir razones de peso. El arqueólogo Plaza
Schuller la acepta, aunque con dudas; sin embargo, la información por él reunida no es
suficientemente inequívoca como para confirmar una u otra hipótesis. El
etnohistoriador Frank Salomon, en base a un estudio exhaustivo de la documentación
colonial temprana, llegó a la conclusión de que la primera hipótesis es la válida . La
evidencia aportada por las investigaciones arqueológicas realizadas en Rumicucho y
Quitoloma, confirma con bastante claridad una ocupación, y probable construcción,
incaica.
A partir del año 1984, y bajo la dirección del autor de este texto, el Museo del Banco
Central ha llevado a cabo un estudio sistemático de los pucaráes del área quiteña. Sus
resultados nos permiten afirmar ya, de una forma categórica, que, aparte de un
pequeño número de fortalezas caranquis (de las cuales existen referencias históricas
imprecisas en cronistas del siglo XVI, pero que no han podido ser localizadas hasta
ahora con seguridad), la inmensa mayoría de las referencias históricas y todos los
datos arqueológicos seguros señalan inequívocamente que la gran mayoría los
vestigios de los pucaráes reconocibles en la zona corresponden a fortalezas militares
construidas y ocupadas por los incas.
El único conjunto arquitectónico conocido, cuyas características constructivas parecen
de carácter militar, pero que difieren totalmente de las de los anteriores, es el situado
sobre la colina Atallaro o Araque, a orillas de la laguna de San Pablo. En este caso,
podría tratarse de la única que ha llegado hasta hoy de las fortalezas caranquis citadas
por los cronistas. Desgraciadamente, no existe ningún estudio arqueológico de este
monumento que nos permita confirmar o negar esta suposición.
En los casos en que tenemos información procedente de excavaciones arqueológicas
(Rumicucho, Azuajatu, Guayllabamba, El Salitre, Quitoloma), se puede comprobar que
las fortalezas presentan un sólo momento de utilización, corto e intenso. Éste se
caracteriza por un material cerámico que corresponde a dos tradiciones diferentes:
inca y caranqui; con una bajísima proporción de fragmentos de otros orígenes,
panzaleos y cbímú principalmente. En el caso de la primera, presente y abundante en
todos los casos, se trata de cerámica inca propiamente dicha, y no de copias realizadas
por ceramistas de etnias locales, como las que se pueden ver en otros sitios de la
región: Cochasquí, Cayambe, etc.
Todo indica que los soldados de guarnición (barqaq sayapayaq), acantonados en dichas
fortalezas fueron puestos allí por el Estado inca, y actuaban bajo supervisión directa de
autoridades militares del imperio cuzqueño; un ejemplo de esto podemos verlo en la
Visita a Huánuco de 1562:
"...el Inga puso a estos indios por mitimaes en las fortalezas de Colpas y de Cacapaiza
y de Angar, ... no estaban allí para otra cosa más de para guarda de estas fortalezas...
Venía un ynga gobernador cada año, que los visitaba; ... a los que estaban para
guarda de las fortalezas no les pedía más cuenta sino si tenían municiones de guerra,
que eran hondas o chulpas de piedras y lanzas y rodelas y chucos para la cabeza...
Estos traían leña para velar las fortalezas de noche... En cada una (de las fortalezas)...
veinte indios de guardia... Esta orden se tenía con todas las guardas de las fortalezas
en otras partes..."
Excepto la posible fortaleza caranqui de Atallaro, todos los pucaráes, tanto los que han
sido excavados como los que no, presentan unas características arquitectónicas
uniformes y, en todos los casos en que se ha podido observar, la cerámica asociada a
ellos es la misma. Las pequeñas diferencias en detalles constructivos parecen deberse
solamente a las características topográficas particulares de su lugar de implantación, al
material de construcción accesible en las cercanías, a su mayor o menor jerarquía
dentro del sistema de guarniciones fortificadas, y su particular función estratégica.
Todos los pucaráes conocidos en territorio ecuatoriano se hallan sobre elevaciones que
dominan lugares estratégicos de ambas cordilleras andinas, de sus estribaciones
exteriores o del callejón interandino. Típicamente, las fortalezas de las cordilleras se
encuentran aisladas o formando grupos más o menos numerosos. En el interior del
callejón interandino generalmente forman alineaciones transversales, ya sea de
pucaráes individuales o de agrupaciones más o menos grandes. Estas alineaciones se
desarrollan de Este a Oeste, desde una cordillera hasta la otra. Existen, además, otros
pucarás aislados, pequeños grupos o largas alineaciones Norte-Sur, que se distribuyen
a lo largo de la vertiente o cordilleras secundarias en el lado exterior de la cordillera
occidental (Cordillera de Sigchos, Angamarca, por ejemplo).
De las alineaciones transversales, las más evidentes se encuentran en el norte de la
provincia de imbabura y en Pichincha a la altura de Guayllabamba. Existe otra probable
en el sur de la de Chimborazo. Servirían como líneas de contención de tropas
enemigas que tratasen de invadir el territorio ya en poder de los incas, o podrían
señalar los límites alcanzados en las diferentes fases de las campañas de conquista
incaicas.
Los pucaráes distribuidos a lo largo de las cordilleras o sus estribaciones controlarían
los pasos accesibles a través de éstas, que podrían convertirse en rutas de ejércitos
invasores procedentes de las tierras bajas costeras o de la Amazonia. Las agrupaciones
más importantes señalan, al parecer, las rutas más transitadas y cómodas. En el
noroccidente de Pichincha, una línea de pucaráes corre a lo largo de las cumbres que
dominan un camino incaico conocido por documentos coloniales tempranos: Quito-
Nono-Cachillacta-Chacapata.
La fila de fortalezas que cruza transversalmente el callejón interandino al norte de la
provincia de Pichincha, marca la principal línea de defensa en las cercanías del más
importante centro de poder del extremo norte del imperio inca: Quito. Estos pucaráes
se sitúan directamente al sur de una importante barrera natural Este-Oeste: el
imponente cañón de los ríos Guayllabamba y Pisque. Esta alineación está constituida
por tres importantes grupos de fortalezas (Lulumbamba, Guayllabamba y
Pambamarca). Existen, además, varias fortalezas aisladas, situadas en puntos
intermedios entre dichas agrupaciones, y que las conectan visualmente. Cada uno de
estos conjuntos de fortalezas se sitúa en las cercanías de uno de los principales puntos
de cruce (puentes o cbapa.kuna y vados cbinpana.kuna) a través de la barrera natural
(cañón o gran quebrada), por los que pasaban las más importantes rutas de
comunicación de la región en época prehispánica.
Al norte de imbabura el callejón interandino está cruzado por otra línea de fortalezas
desde la de Aloburo, al norte de la laguna de Yaguarcocha, al Este, hasta varias
situadas sobre el páramo bajo entre los cerros Yanaurco y Cotacachi, en la cordillera
occidental. Aquí no existen verdaderas agrupaciones y los pucaráes son de menor
tamaño que en la línea citada anteriormente. El centro inca secundario que dominaba
la zona de imbabura, Caranqui, se encuentra ligeramente al sur de esta línea.
Ambas alienaciones conectan con otras que se extienden Norte-Sur a lo largo de
ambas cordilleras. En ambas existen algunas agrupaciones en los pasos de montaña
más importantes que conectan con el exterior de la zona andina; por ejemplo, entre
los volcanes Cotopaxi y Sincholagua (pucará El Salitre y otros), entre los cerros
Cotacachi y Yanaurco, sobre la población de Sigchos (pucaráes Pujín, Amanta y
Gualaya entre otros).
La fortaleza más importante de todas y, probablemente, el centro de mando de todo el
sistema fortificado fue Quitoloma. Se trata de un gran conjunto de murallas de defensa
y fosos que contienen en su interior un buen número de edificaciones de carácter
administrativo, habitacional, de almacenaje y ceremonial. Está situado sobre una
extensa loma alargada en sentido Norte-Sur que domina un paso entre los cerros
Pambamarca y Puntas, por el que cruzaban importantes rutas de comunicación
prehispánicas. inmediatamente al norte, sobre el cerro Pambamarca, existe la
agrupación más numerosa de fortalezas de la zona: jambimacbi, Pambamarca, Paccha
o Celdas, Campana, Censo u Oljan, Tablarumi, Acbupallas, Guachalá, Bravo, entre
otras.
Todas las fortalezas prehispánicas indicadas presentan unos rasgos arquitectónicos y
de ubicación homogéneos, que nos muestran que su construcción fue planeada y
llevada a cabo siguiendo las instrucciones emanadas de una autoridad central y única,
para un propósito común y una acción coordinada. De acuerdo con la evidencia
combinada que proporcionan los datos históricos y arqueológicos, esta autoridad
central sólo pudo ser la del gobierno imperial cuzqueño o la de sus representantes
locales. Cada pucará está compuesto por un número variable de terrazas (patapata)
concéntricas sucesivas que van ascendiendo hacia la cumbre de la prominencia sobre
la que se asienta la fortaleza.
El frente de las terrazas presenta un paramento o muralla defensiva (muyuypirka o
tumaypirka), generalmente de piedras sin labrar, de 3 ó 4 metros de alto que se
elevaba sobre el borde de la terraza para formar un repecho para protección de los
defensores. Bordeando el muro por su parte alta e interior existía una franja no
aplanado para facilitar el rápido desplazamiento de os soldados. En el resto de la
ladera, entre una terraza y otra, la pendiente solía quedar sin modificar. Al pie de las
murallas había usualmente un foso defensivo excavado en la tierra, de unos 3 metros
de profundidad y 4 de ancho en la superficie. Cuando la fortaleza no se construía sobre
una cumbre, sino en un saliente de la ladera, un foso transversal se excavaba a lo
ancho de la ensillada que lo conectaba con la ladera Superior extendiéndose por ambos
lados hasta alcanzar un punto en que la pendiente fuese lo bastante escarpada como
para hacer muy difícil el paso a los enemigos.
En fortalezas que ocupan una cumbre rodeada de pendientes no muy escarpadas y que
contienen promontorios que dificultan una buena visibilidad de los alrededores, a
menudo se construyó un gran foso exterior separado por algunos cientos de metros de
la primera muralla del pucará.
El acceso al interior de la fortaleza y a cada uno de los recintos que la componen, se
lograba a través de aberturas hechas en las murallas de las terrazas (alrededor de 2
metros de ancho). Un corredor con paredes de piedra, generalmente en ángulo o en
zig-zag, para dificultar la entrada violenta del enemigo. Muchas veces, al otro lado de
las paredes laterales del corredor existen construcciones tipo torre, o el terreno está
sobreelevado, para permitirles una posición ventajosa a los defensores de los
atacantes que pudiesen llegar hasta la puerta.
Por el interior de todas las agrupaciones localizadas, se distribuyen las habitaciones de
los soldados y sus jefes, edificios administrativos, talleres, depósitos de armas,
alimentos y vituallas, y construcciones ceremoniales. Las de mayor jerarquía o
importancia logística, se ubican al interior y en lugares más fuertemente defendidos.
En el caso del gran pucará de Quitoloma existe un amplio recinto interior, protegido
con murallas propias y fosos, donde se agrupan más de cien construcciones entre
viviendas, depósitos y edificios administrativos.
En la centro nuclear de muchas fortalezas (Quitoloma, Paccha, Campana, Achupaflas,
GuayUabamba, San Luis, Santa Eulalia, Amanta y muchas otras) existe una
construcción ceremonial en forma de plataforma o pequeña pirámide, de planta
cuadrada o rectangular, de núcleo de tierra revestido de piedra. Una rampa escalonada
de piedra permite el acceso a la plataforma superior. Esta rampa suele estar situada
en el lado sur del Monumento.
Esta presentación sintética de la variedad y eficiencia del armamento y
arquitectura militar empleados por las sociedades indígenas del Ecuador, se debe
considerar como una muestra inicial del gran potencial que tiene el estudio de un
aspecto tan importante de la vida de estos pueblos.(*)
Ruinas de un pucará
(*) Fuente: Dr. Antonio Fresco, "Pucaracuna, la arquitectura militar", editado en
www.fuerzasarmadasecuador.org