Allá, donde la esperanza renació
Los primeros rayos de sol entraban por la ventana y el cantar de las aves anunciaban mi despertar;
un agradable olor a café preparado por mi mamá, me anunciaba que debía ponerme en pie para ir
a ordeñar la vaca y llevar la leche al pueblo antes de ir a la escuela, ahhh como no sentir ese olor y
sabor de la leche recién sacada.
Aquella mañana, al dirigirme a la escuela, había una extraña sensación en el ambiente. Yo me
despedí de mi madre y padre y recorrí el camino de costumbre con la cantina de leche, al caminar
observaba en el suelo las piedras redondas y a los lados las flores multicolores. Era un camino no
muy largo, pero la espesura del bosque impedía ver a la distancia mi escuela.
Pase por la casa de doña Tere, dejando la leche, pero al llamarla no contesto, simplemente la deje
en su puerta y continúe con mi camino rumbo a mi estudio. Al llegar encuentro algo muy extraño,
mi escuela estaba cerrada y mis compañeros no estaban. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no está
nadie?, no termine la pregunta y escuche a lo lejos un fuerte ruido, parecían disparos o bombas…
Sí, era el ruido de la guerra.
Salí a correr para regresar lo más pronto a casa y sentirme seguro cerca de mi familia, corría lo más
rápido que puede, pero sentía que era un largo camino que no tenía fin, y creía que el fuego me
alcanzaba. Pero por fin logre llegar a lo que parecía ser mi casa, no es la misma que deje hace
alguno minutos, grite desesperadamente llamando a mi mamá y mi papá, pero no estaban, y solo
veía que el hermoso verde era ahora un rojo carmesí.
Sentí un dolor en el pecho y de mis ojos empezó a brotar lágrimas de susto y miedo, pero en ese
instante escuché a mi madre gritar ¡hijo corramos, vamos!, yo seguía llorando y en un momento
pregunte por mi padre, ella no contesto, solo seguía el paso apresurada como todos los demás
vecinos. Me sentía triste por qué no están las personas, animales y cosas que amo, me preguntaba
dónde están mis compañeros, mi profe, mi perro, mi todo. Mi vida tranquila y confortable parecía
que en un momento se había ido, ¿o se la habían llevado?
Llegamos tan lejos que ya desconozco estos paisajes, son tan diferentes a lo que acostumbro a ver.
Las personas que solía ver no son las mismas, el verde ya no está y el aire puro que respiraba
todos los días se ha convertido en algo espeso. Siento muchas miradas, todas las personas nos ven
como si nos juzgaran, como si nosotros hubiéramos hecho algo malo. ¿Qué error cometimos?
Le pregunto a mi madre si podemos volver a casa pero ella con lágrimas en sus ojos y con un – no,
rotundo me dice que continuemos en busca de un lugar donde descansar. Pero ya estoy muy
cansado y sé que ella también aunque no lo demuestre, porque ella siempre ha sido muy fuerte y
una mujer ejemplar, así que debo seguir adelante con ella.
Hola Rosaura, continúo con el cuento.
Le ayude a mi madre a marcar el número y le pase la bocina para que ella hablara, hasta el
momento que escuche lo último que faltaba, para salir de dudas, mi mamá empezó a gritar
Martha Martha…. Con quien hablo dijo ella mi madre con voz de desconsuelo le respondió habla
con Bertha y sin dejarla hablar, mi madre le dijo con gritos de desesperación se nos metieron al
pueblo, y lo único que dijo en medio de lágrimas y gritos ¡fue ¡me mataron a mi Juan me mataron
a mi Juan. En ese momento sentí como parte de mi vida se partía en mil pedazos y solo pude
recordar los bellos momentos que compartimos en familia mi Pá, mi Má y Yo, recuerdo mucho
cuando mi Papá me decía en medio de conversaciones mientras arábamos el campo …… Mijito
como me gustaría que usted sea todo un dotor y yo solo le respondía si papá un doctor para
ayudar al pueblo.
La tía Martha decido irnos a buscar la gente aún nos miraba, yo aún llevaba el bolso en el que
guardaba mis cuadernos y mi madre con su ropa tiznada, parecíamos unos extraños la
gente murmuraban, pero yo en lo único que quería pensar era en que en algún momento mi
padre llegaría ahí donde esperábamos a la tía, el hambre hacia que me doliera el estómago sentía
frio, hasta que la mire a lo lejos una señora grande… (Porque grande si era la tía Martha).., yo
dude que era ella pero a medida que se acerba mi corazón sintió un poco de paz, ella nos saludó
de una forma muy fría yo espera de ella un abrazo una palabra de aliento, pero en el momento
recordé que el mismo dolor que en ese momento sentíamos, ella lo había sentido por partida
doble.
Es así como buscamos en medio de todo surge una esperanza para empezar a salir adelante saber
que en medio de la dificultades hay sueños, ilusiones Yo no pensaba en la tristeza sino en luchar
por la supervivencia, En esas me encontré con un señor que le cuidaba un caballo de carreras a mi
papá y me dijo que lo había vendido por 300.000 pesos y con eso me fui a buscar alimentos le dije
a mi mamá que las esperanzas no se terminaban que los sueños era cuando empezaban a surgir,
no debíamos desanimarnos ni mucho menos dejar de perseguir nuestros sueños en memoria a los
que habían fallecido debíamos salir adelante con amor, Fe y esperanza. Desde un primer instante
con mi mamá debíamos asumir que toda la tragedia se quedaba allá y que íbamos a hacer una vida
normal. Aunque el primer diciembre fue en condiciones infrahumanas al año siguiente nos
prometíamos que habría regalos de navidad y que a pesar de todo empezaríamos una vida normal.
Un año les dije a mi Mamá se acabó la lloradera. Los muertos están bien donde están y la vida es
corta y no vamos a pasarla tristes. Cada noche recordaba las palabras de mi Pa”, donde me decía
que debía ser un gran Doctor, era mi motivación para empezar construir sueños. Mi mamá
consiguió trabajo de aseadora yo continué con mi escuela cada día repetía a mi papá que si estaba
cumpliendo estudiar y que un día no muy lejano volveríamos al lugar donde el tapete verde era
nuestra Paz, el olor a café era nuestro despertar.
Y con esas, las ilusiones que cada día me animaban a luchar junto a mi madre, de mi mente nunca
salían cada vez más claros los recuerdos de mi hermosa tierra que aunque teñida de rojo por los
estragos de la guerra dejaba ver su hermosura en mis sueños de estar nuevamente allí, allí donde
corría con mi amigos, Juan y Pipe; quienes saltaron muchas veces a mi mente por la incertidumbre
de saber que había sido de ellos, sus vidas igual que la mía ¿cambiarían tanto? Anhelaba estar un
solo dia junto a ellos y correr detrás de los animales en el campo, en ese donde nací y crecí tan
feliz hasta esos negros días que nunca debieron llegar, la gente que ahora conocía en mi nueva
escuela no era igual a mis amigos, ellos eran fríos, distantes, y me miraban como un bicho raro,
nunca supe porque, quizás el haber nacido en el campo no me hacía digno de su amistad, si tan
solo supieran que haber nacido en un lugar tan hermoso solo puede hacerte sentir feliz, el campo
¡mi vida!, el campo ¡mi libertad!, allí donde cada día puedes despertar y tomar de la tierra lo que
ella te da, donde puedes correr libremente y jugar pero sobre todo soñar.