Trabajo: Ensayo: ¿cuál es el problema jurídico presentado en la sentencia y como
lo resuelve la Sala de Casación Penal?
La Sentencia SP19224-2017 desarrolla cinco (5) cargos presentados en las
demandas de casación contra la sentencia de segunda instancia del Tribunal
Superior de Ibagué, en la primer demanda de casación interpuesta por el togado
de ARMANDO CARVAJAL CÓRDOBA y ABEL SIERRA MONTAÑÉZ, La Corte
unió dos cargos en uno, por tal motivo, solo se hace estudio de 2 cargos en dicha
demanda; por su parte, el togado de RUSBEN SISA ANGARITA formula solo dos
cargos; la Corte estudia un total de cuatro cargos en las dos demandas de
casación. Para poder desarrollar el ensayo, planteare dos problemas jurídicos
(uno por los dos cargos de la primera demanda y uno para los dos cargos de la
segunda demanda).
Catalina Mantilla
¿El Tribunal Superior de Ibagué viola el derecho al debido proceso, por no
tramitar recurso de apelación a la segunda instancia, y, por incurrir en
errores de hecho en la apreciación probatoria por falsos juicios de identidad
y raciocinio del testimonio?
La Corte Suprema de Justicia Sala de Casación Penal, hace alusión al primer
cargo propuesto por el abogado de ARMANDO CARVAJAL CÓRDOBA y ABEL
SIERRA MONTAÑÉZ, en el que manifiesta que fue violado el derecho
fundamental al debido proceso a sus prohijados, ya que no se les concedió y
tramito el recurso de apelación formulado contra la Sentencia condenatoria
(primera vez dentro del proceso penal que les condenan) en segunda Instancia
por el Tribunal Superior de Ibagué, por ende, que no se dio alcance a lo previsto
en la Sentencia C-792 de 2014, la cual, prevé el derecho a la doble conformidad
judicial, esto es, que las personas que son condenadas por primera vez en
segunda instancia, tengo el derecho a una “segunda instancia”, sino todo lo
contrario, se procedió dar trámite al recurso extraordinario de Casación.
La Corte determina que el Tribunal Superior del Distrito de Ibagué, actuó
correctamente, esto es, no tramito el recurso de apelación (recurso ordinario), sino
que dio trámite del recurso de Casación (recurso extraordinario). Discierne la
Corte que, a pesar de que la Corte Constitucional mediante Sentencia C-792 de
2014 haya declarado Inexequible con efecto diferido normatividad del Código de
Procedimiento Penal, en dicha sentencia también se exhorto al Congreso de la
República, para que en el término de un año contado a partir de la notificación por
edicto de esta sentencia, regule integralmente el derecho a impugnar todas las
sentencias condenatorias (…), lo anterior indica que el Congreso de la República a
través de ley, regulara dicho tema. Sumado a lo anterior, recalca la Corte, que
mediante la Sentencia SU-215 de 2016, la Corte Constitucional, delimito los
efectos y alcances de la Sentencia C-792 de 2014. Ergo, fue necesario para la
Corte acudir a jurisprudencia en la cual afirmaba que el recurso procedente contra
la sentencia de Segunda Instancia es el recurso extraordinario de Casación, entre
dicha jurisprudencia se encuentra la siguiente CSJ AP1467–2017, 8 mar. 2017,
rad. 49826, en la que la Corte manifiesta lo siguiente: La Sala Plena de Corte
Suprema de Justicia, en sesión de 28 de abril de 2016, aprobó el comunicado
08/2016 en el que señaló que la pretensión de la Corte Constitucional, plasmada
en la sentencia C–792 de 2014, resultaba irrealizable porque ni esta Colegiatura,
ni autoridad judicial alguna, cuenta con facultades para introducir reformas o
definir reglas que permitiesen poner en práctica esa prerrogativa.
Por tal motivo, reiteró, hasta que no se expida una ley que regule
completamente el tema, el recurso que procede contra la sentencia condenatoria
de segunda Instancia, es el recurso extraordinario de Casación, lo que indica,
como se señaló anteriormente, el Tribunal Superior de Ibagué procedió bien, no
violó el derecho al debido proceso, por ende, No procede el cargo. También
señalo, que no hay violación a dicho derecho constitucional, toda vez que con el
Recurso Extraordinario de Casación, se busca proteger el derecho al debido
proceso del condenado en segunda Instancia, aunado a ello, la Sentencia C-792
de 2014, para la fecha del fallo de segunda Instancia todavía no había producido
efectos jurídicos, argumento de peso, para que procediera el recurso de Casación.
Ahora bien, la Corte, frente al argumento planteado en el segundo cargo por
el togado de los procesados, esto es, el de que el Tribunal Superior de Ibagué
incurrió en errores de hecho en la apreciación probatoria por falsos juicios de
identidad y raciocinio del testimonio, adujo lo siguiente: cuando se habla de error
de hecho en la apreciación probatoria por falso juicio de identidad, el casacionista
tiene la carga procesal de argumentar, en que medio procesal, como valoro dicho
medio probatorio, como le cercenó, tergiversó o adicionó y, la definitiva
repercusión del desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte
resolutiva del fallo, por cuanto, en el falso juicio de identidad, el o la juzgadora al
fijar su contenido la distorsiona, cercena o adiciona en su expresión fáctica,
haciéndole producir efectos que objetivamente no se establecen de ella o,
derivando conclusiones que no corresponden a su dimensión material. Por su
parte el casacionista, cuando alega falso juicio de raciocinio, tiene la carga
procesal de argumentar que postulados de la lógica, ley científica o máxima de la
experiencia, persuadió el juzgador, ya que, dicho error, el juzgador persuade los
postulados de la lógica, leyes científicas, y, máximas de la experiencia.
Los anteriores errores los formula en los cargos dos y tres de la demanda
de casación el abogado, los cuales la Corte los resume en un solo cargo, por la
declaración rendida del único sobreviviente de las cuatro personas (dos menores
de edad) que se encontraban en el cafetal el día de los hechos, ya que, en la
primera declaración dijo una cosa y en la segunda declaración (tres años después)
agrego cosas que el abogado considero importantes, y agrego otras cosas, por
esto, el abogado argumenta que hay error probatorio por falso juicio de identidad y
raciocinio.
Los argumentos de la Corte, conducen a determinar que el Tribunal
Superior de Ibagué, no incurrió en los errores probatorios de falso juicio de
identidad y raciocinio, frente a las declaraciones rendidas por el señor Reynel
Valero Bedoya, ya que en la valoración hecho por el a quod, no se distorsionó de
la realidad, no cercenaron hechos declarados ni mucho menos se persuadieron
los postulados de la sana critica, esto es, postulados de la lógica, leyes científicas
y máxima de las experiencia. Lo anterior, ya que, como argumento el togado de
los procesados, el declarante en la segunda declaración agrego y omitió hechos,
pero, conforme a lo establecido por el Tribunal, los mismos no sopesaron la
horizontalidad de la declaración, ni mucho menos, se incurrió en faltar a la
realidad, ya que, el Tribunal no solo sopeso la decisión de condenar a los
procesados conforme a dicha declaración, sino, que valoro otros medios de
prueba practicados, que condujeron a dar mayor peso a dicha declaración. El
tribunal afirmo lo siguiente en dicha sentencia, respecto de las agregaciones y
omisiones de las declaraciones: «ello en manera alguna incide notablemente en lo
sustancial de su narración y mucho menos enerva la eficacia demostrativa de sus
asertos».
Congruente a lo anterior, señala la Corte que, el abogado se ciñó en
argumentar que existió falso juicio de identidad y raciocinio, pero, no confronto
debidamente la valoración hecha del Tribunal, ni mucho menos, específico
correctamente cuales eran las distorsiones, ni dijo que postulados de la sana
critica fueron disuadidos. Uno de los argumentos propuesto por el togado, por
falso juicio de raciocinio fue el principio de no contradicción (hace referencia al
abogado a las “disparidades” de la declaración), respecto a ello, la Corte señalo:
Lo que destruye el valor y la credibilidad de los testimonios vistos en su unidad o
en relación con otros es la verdadera contradicción sobre aspectos esenciales
relevantes y esa depreciación será mayor cuando sea menos explicable la
contradicción. Por lo anterior, dichos cargos no prosperaron.
¿El Tribunal Superior de Ibagué, viola indirectamente la ley sustancial, al
omitir pruebas aportadas por el procesado, y, viola directamente los
numerales 10 (por no aplicación) y 11 (por aplicación indebida) del artículo
32 del Código Penal?
Al respecto la Corte señala que el a quod (Tribunal Superior de Ibagué), omitió las
pruebas aportadas por el procesado, esto es, los testimonios del capitán, coronel,
23 soldados, el presidente de la Junta de Acción Comunal de Maracaibo, una
reinsertada de las FARC, un mayor, un civil, un coronel, y, el acta de
desmovilización de un guerrillero., y, una prueba documental aportada por un
Coronel (Se omiten los nombres para no ampliar más de lo debido el ensayo).
Aduce el abogado del soldado, que con dichas pruebas, se corrobora que en los
procesados no faltaron a la verdad, pues en la zona si había presencia de guerrilla
el día de los hechos, que los soldados eran asediados seguidamente por la
guerrilla en esa zona y que los pobladores apoyaban a la guerrilla y veían como
enemigo a los soldados, que la muerte de los civiles fue causada por guerrilleros
pero que los mismos amenazaron a los civiles de la zona para que declaran
falsamente, y, que los soldados actuaron en legítima defensa. Por lo anterior, el
Tribunal cometió aplicación indebida del numeral 11 del artículo 32, argumento el
abogado.
Al hacer el estudio de los argumentos tomados por el Tribunal para omitir
dichas pruebas, la Corte determina que era correcto hacerlo, ya que, como lo
manifestó el Tribunal, con los medios probatorios cognitivos analizados y
valorados en la sentencia, fue suficiente para determinar que los soldados fueron
los que causaron la muerte a 3 civiles (dos menores de edad) y a otros dos
soldados, ya que, esto se desprende de los testimonios del sobreviviente de los
hechos, vecinos de la finca donde sucedieron los hechos, dueño de la finca donde
sucedieron los hechos y la cual los soldados tomaron su casa para atrincherarse,
pruebas documentales aportadas por el CTI en el que se indicaba que es correcto
afirmar que esa es una zona donde hay presencia de guerrilla, pero, que ese día
no había presencia de guerrilla en la zona donde ocurrieron los hechos.
La corte valora lo dicho por REYNEL VALERO BEDOYA, SANTIAGO
HERNÁNDEZ OSPINA, SAULO CASTRO, H.H.V. (menor de edad), LUIS
ANTONIO MENDOZA, y otras pruebas, aduciendo lo siguiente: 1. En dicho día,
había gran presencia de uniformados del ejército, 2. Los soldados se apostaron en
dos zonas geográficas disimiles (parte alta de una montaña/cerro y parte baja),
esto fue corroborado con lo declarado por el cabo Abel Sierra Montañez, 3. El
informe de balística del experto FABIO ALBERTO AGUIRRE BEDOYA,
provinieron de la parte baja de la montaña, 4. Informe del CTI en el que detallaron
versiones de guerrilleros, aducen que ese día los guerrilleros no atacaron al
Ejército. Por lo anterior, le basto y sobró al a quod no valor más pruebas, pues ya
había valorado material suficiente para corroborar la responsabilidad penal de los
condenados en segunda Instancia.
Respecto de la no aplicación del numeral 10 del artículo 32 del CP, el
togado señala que el Tribunal debió aplicar dicha preceptiva norma, toda vez que
su prohijado y demás soldados, pensaron que se estaban enfrentado contra la
guerrilla, y, para salvaguardar su vida, lo lógico era proceder a defenderse, por
ende, su prohijado y demás soldados creyeron que estaban actuando en legítima
defensa (defensa putativa o presunta). Frente a esto, la Corte señala que para que
se dé la figura jurídica de la defensa putativa, debe existir invencibilidad de
conocimiento de la ilicitud del comportamiento realizado, verbigracia y en conjunto
con los hechos: que los soldados no tuviesen conocimiento alguno de que a quien
atacaban eran entre ellos mismos, y, que en la mitad del enfrentamiento habían
era campesinos. Sumado a lo anterior, la Corte conceptualiza el término de
defensa putativa de la siguiente manera: Conforme con la jurisprudencia de la
Corte, cuando el agente actúa bajo el supuesto referido [pensar que se procede
en legítima defensa], su comportamiento está soportado en el error de prohibición
denominado defensa putativa o presunta, porque quien así procede lo hace bajo
el errado convencimiento de que es objeto de un indebido ataque, cuando en
realidad no existe una embestida real o apremiante, por lo que la acción está
determinada por una deformación de la verdad que da lugar a excusarlo de
responsabilidad, siempre y cuando el error sea invencible, pues si fuere “vencible
la conducta será punible cuando la ley la hubiere previsto como culposa”, según
precisa el artículo 32–10 del Código Penal. De esa manera, la demostración del
error eximente de responsabilidad debe centrarse en verificar la existencia de la
circunstancia concreta que lo genera, es decir, el factor que le hace suponer al
agente que es objeto de una injusta agresión, actual o inminente, la cual le impone
reaccionar en defensa de un derecho propio o ajeno. (Sentencias del 14–07–08
Rad. 29809 y del 05–05–10 Rad. 27109).
Partiendo de lo anterior, la Corte determina que tiene razón el Tribunal, al
determinar que existió vencibilida, ya que, al valorar las pruebas, se aduce que los
soldados que disparaban contra el cafetal tenían conocimiento de que allí no
habían guerrilleros, sino campesinos, esto por cuanto el dueño de la casa donde
estaban atrincherados les decía que no dispararan más, que allá estaba su familia
y un muchacho, pero, a pesar de ello, los soldados lo mandaron para dentro de la
casa y siguieron disparando. Sumado a lo anterior, un sargento del ejército al
verificar que se estaban atacando era los mismos soldados, ordeno cesar el fuego.
Los anteriores, valga la redundancia se extraen de las pruebas valoradas. Por
ende, la figura jurídica de la defensa putativa, esto es, creer que se actúa en
defensa propia, se rompe, desde el momento en que se les dice a los soldados
que no estaban atacando a guerrilleros sino a civiles, y, que el ataque era de los
mismos soldados, por tales motivos, no se puede dar aplicación al numeral 10 del
artículo 32 del Código Penal, lo que aduce desde luego, que no se casan dichos
cargos.
Referencia bibliográfica
Sentencia SP19224-2017 (2017). Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación
Penal. MP. Eyder Patiño Cabrera. Bogotá D.C. Colombia. Radicación n.°
47716 Acta 377. Casación n.º 47716.