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Zambrano y Torres - Hidrogeologia de La Rioja

El documento describe los recursos hídricos subterráneos de la provincia de La Rioja en Argentina. Explica las diferentes unidades geológicas y sus características hidrogeológicas, e incluye mapas de las cuencas de agua subterránea. También estima el volumen de reservas de agua almacenadas y económicamente explotables en cada cuenca.

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Zambrano y Torres - Hidrogeologia de La Rioja

El documento describe los recursos hídricos subterráneos de la provincia de La Rioja en Argentina. Explica las diferentes unidades geológicas y sus características hidrogeológicas, e incluye mapas de las cuencas de agua subterránea. También estima el volumen de reservas de agua almacenadas y económicamente explotables en cada cuenca.

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CATALOGO
DE RECURSOS HUMANOS E INFORMACION
RELACIONADA CON LA TEMATICA AMBIENTAL
EN LA REGION ANDINA ARGENTINA
[ INICIO ] [ CARACT. GENERAL ] [ INFOS P/PCIA ] [ AUTORES ] [ NOTAS ] [ EXP./INTERNET ]

- CARACTERIZACION GENERAL Y ESTUDIOS TEMATICOS POR PROVINCIA -

INDICE

PROLOGO
 

CAP. 1 LA REGION ANDINA ARGENTINA


 

CAP. 2 RECURSOS Y PROBLEMAS AMBIENTALES DE LA  


PROVINCIA DE MENDOZA
  MAPA POLITICO - ADMINISTRATIVO (en pantalla nueva)

CAP. 3 MAPA CLIMATICO DE MENDOZA


 
  MAPA CLIMATOLOGICO (en pantalla nueva)

CAP. 4 GEOMORFOLOGIA DE LA PROVINCIA DE MENDOZA


 
MAPA GEOMORFOLOGICO  SECTOR NORTE   SECTOR SUR   REFERENCIAS  (en pantalla
  nueva)

CAP. 5 HIDROGEOLOGIA DE LA PROVINCIA DE MENDOZA


 
MAPA HIDROGEOLOGICO CON REFERENCIA A LAS CUENCAS DE AGUAS
  SUBTERRANEAS (en pantalla nueva)

CAP. 6 SUELOS DE MENDOZA


 
  CLASIFICACION TAXONOMICA DE SUELOS (en pantalla nueva)

CAP. 7 VEGETACION DE LA PROVINCIA DE MENDOZA


 
  MAPA DE VEGETACION REFERENCIAS (en pantalla nueva)

CAP. 8 COBERTURA VEGETAL DE MENDOZA


 
  MAPA DE COBERTURA VEGETAL (en pantalla nueva)

CAP. 9 PROVINCIA DE SAN JUAN


 
  MAPA POLITICO - ADMINISTRATIVO (en pantalla nueva)

CAP. 10 CLIMA DE LA PROVINCIA DE SAN JUAN


 
  MAPA CLIMATICO (en pantalla nueva)

CAP. 11 GEOMORFOLOGIA DE LA PROVINCIA DE SAN JUAN


 
  MAPA GEOMORFOLOGICO (en pantalla nueva)

CAP. 12 HIDROGEOLOGIA DE SAN JUAN


 
MAPA HIDROGEOLOGICO CON REFERENCIA A LAS CUENCAS DE AGUAS
  SUBTERRANEAS (en pantalla nueva)
 
CAP. 13 SUELOS DE SAN JUAN
  CLASIFICACION TAXONOMICA DE SUELOS (en pantalla nueva)

CAP. 14 COBERTURA VEGETAL DE SAN JUAN


 
  MAPA DE COBERTURA VEGETAL (en pantalla nueva)

CAP. 15 PROVINCIA DE LA RIOJA


 
  MAPA POLITICO (en pantalla nueva)

CAP. 16 EL CLIMA DE LA RIOJA


 

CAP. 17 GEOMORFOLOGIA DE LA RIOJA


 
  MAPA GEOMORFOLOGICO (en pantalla nueva)

CAP. 18 HIDROGEOLOGIA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA


 
MAPA HIDROGEOLOGICO CON REFERENCIA A LAS CUENCAS DE AGUAS
  SUBTERRANEAS (en pantalla nueva)

CAP. 19 SUELOS DE LA RIOJA


 
  CLASIFICACION TAXONOMICA DE SUELOS (en pantalla nueva)

CAP. 20 VEGETACION DE LA RIOJA


 

CAP. 21 COBERTURA VEGETAL DE LA RIOJA


 
  MAPA DE COBERTURA VEGETAL (en pantalla nueva)

HIDROGEOLOGIA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA

Dr. Juvenal Zambrano1 e Ing. Eduardo Torres2

GENERALIDADES

Se ha utilizado, como base geológica para preparar el presente mapa de


cuencas de agua subterránea de la provincia de La Rioja, el mapa geológico, a
escala 1:500.000 publicado por la Secretaría de Minería de la Nación.

La red de drenaje se preparó mediante la observación e interpretación de


imágenes satelitarias Landsat falso color, a la misma escala que se utilizó para
preparar el mapa: 1:500.000.
En este último se representa, además de la red de drenaje, lo siguiente:

1. La ubicación y límites de las cuencas de agua subterránea ubicadas total o


parcialmente en territorio riojano.

2. Los afloramientos de las unidades estratigráficas, agrupadas según sus


características hidrogeológicas.

Además se han efectuado estimaciones del volumen de las reservas de agua


almacenadas en cada cuenca, así como de las reservas económicamente
explotables, es decir, de las que pueden extraerse sin dañar al acuífero.

Las estimaciones, en algunos casos, han sido publicadas en trabajos anteriores.


En los restantes, cuando se desconoce el espesor de los terrenos acuíferos, se
han hecho estimaciones mínimas de este parámetro, así como de los
coeficientes de almacenamiento. Se ha tratado así de no sobrestimar las
reservas, tanto las almacenadas como las económicamente explotables.

Al describir las principales características hidrogeológicas de cada cuenca, se


explica brevemente la elección de los parámetros utilizados para las
estimaciones.

El resto de la presente memoria se dedica a describir brevemente las unidades


hidrogeológicas aflorantes en el territorio provincial y, a continuación, efectuar
una descripción de cada cuenca de agua subterránea.

A - UNIDADES HIDROGEOLOGICAS

A-1 PRECUATERNARIAS

1. Basamento resistivo (BR).


Esta unidad comprende rocas compactas, impermeables excepto donde
presentan fisuras u otros espacios porales secundarios o, en el caso de las rocas
sedimentarias carboníferas, pérmicas, mesozoicas o algunas terciarias, donde
los procesos de compactación o cementación no han obliterado totalmente los
espacios porales intergranulares primarios.

Integran el basamento resistivo: Las rocas metamórficas del basamento de las


Sierras Pampeanas, de edad precámbrica o paleozoica inferior. Las rocas
intrusivas presentes en dicho basamento. Rocas volcánicas paleozoicas,
mesozoicas o del Terciario inferior. Las rocas sedimentarias mencionadas más
arriba, que localmente conservan remanentes de espacios con permeabilidad en
intervalos areniscosos. Esta unidad es generalmente no acuífera. Cuando estas
rocas están fisuradas, las fracturas generalmente se cierran algunos metros bajo
la superficie. En estas zonas, así como en las sedimentitas que conservan algo
de su permeabilidad primaria, se puede acumular agua subterránea, que da
origen a acuíferos pobres, casi siempre con agua muy mineralizada.

2. Base conductiva (TS).


Esta unidad está compuesta por sedimentitas continentales clásticas miocenas
o pliocenas, generalmente con variables proporciones de material piroclástico.
En algunas localidades, esta unidad, sobre todo cuando predominan en ella las
texturas finas, contiene material evaporítico, especialmente yeso.

La unidad TS consiste, por lo tanto, en alternancias de areniscas,


conglomerados finos y sedimentitas limoarcillosas. En la mayor parte de las
localidades donde se encuentra, esta unidad tiende a ser grano y estrato
creciente. En algunos lugares, como el valle de Antinaco-Los Colorados, en su
parte superior pasa gradualmente a una sucesión de areniscas y conglomerados
en general permeables. Donde esto ocurre, se ha diferenciado otra unidad
hidrogeológica (TQ) que se tratará más adelante.

Los intervalos permeables de la unidad TS por lo general contienen agua


mineralizada que, según datos de perforaciones, es inapta para todo uso.
Solamente en algunas zonas se han perforado acuíferos utilizables en estos
terrenos. Por esta razón, la unidad TS, salvo esta última excepción, se reconoce
en los sondeos geoeléctricos por su alta conductividad.

3. Basaltos y andesitas de la Puna (TQV).


Integran esta unidad hidrogeológica rocas volcánicas, principalmente
andesitas, basaltos y dacitas, con intercalaciones de tobas de diversa
granometría y, en menor proporción, de algunas rocas sedimentarias tobáceas.
La edad de estos materiales volcánicos, que afloran en la parte noroeste de la
provincia, es terciaria superior y cuaternaria. Esta zona, por lo tanto, constituye
la parte más austral de la Puna, que llega al límite entre La Rioja y San Juan.

La unidad TQV, al estar constituida por rocas mayormente compactas,


normalmente no es acuífera. Sin embargo, estas rocas frecuentemente están
fisuradas. Además algunos mantos presentan espacios porales vesiculares,
frecuentemente conectados por dichas fisuras. Por otra parte, las
intercalaciones piroclásticas y sedimentarias pueden tener intervalos con
porosidad intergranular. Finalmente, estas rocas volcánicas pueden cubrir rocas
sedimentarias permeables, a diferencia del basamento resistivo.

Estas circunstancias motivan que la unidad TQV localmente pueda contener


acuíferos, generalmente pobres, pero con mineralizaciones muy diferentes.
Pueden así contener agua inapta o utilizable. Además, las fisuras permiten la
conducción de agua, en muchos casos a intervalos permeables en rocas
sedimentarias subyacentes.

4. Areniscas y conglomerados plio-pleistocenos (TQ).


Afloran en el valle de Antinaco-Los Colorados, y entre las sierras de Paimán y
Famatina. Estos depósitos frecuentemente están cementados en mayor o menor
grado, pero, en general, conservan su permeabilidad primaria. Por tal motivo
contienen acuíferos explotables, si bien más pobres que los contenidos en los
sedimentos permeables cuaternarios.

A-2 CUATERNARIAS

5. Limos y arcillas cuaternarios.


Las áreas donde afloran estos depósitos se han indicado en el mapa con líneas
de trazos horizontales. Esta unidad consiste en limos y arcillas, frecuentemente
salinos, acumulados en barreales y zonas de descarga de agua subterránea. Las
mayores extensiones cubiertas por estos limos se encuentran en la cuenca de
Paganzo.

Estos sedimentos no son acuíferos por su baja permeabilidad. Solamente


contienen agua si presentan intercalaciones arenosas, en cuyo caso puede tener
acuíferos pobres y, casi siempre mineralizados, debido al contenido salino que
casi siempre existe en estos depósitos.

6. Depósitos glaciales (QG).


Estos depósitos aparecen en zonas aisladas de la Cordillera Frontal y de la
sierra de Famatina, pero, salvo una o dos excepciones, cubren áreas muy
pequeñas como para representarlas en el mapa. Su importancia hidrogeológica
es escasa, debido a su desarrollo reducido en la provincia. Al contener
intervalos permeables, sirven para conducir agua pero, por su posición
topográfica elevada, no se acumula este recurso en ellos.

7. Depósitos cuaternarios fluvioglaciales (QFG).


Los sedimentos integrantes de esta unidad son antiguos depósitos glaciales
retransportados por ríos y arroyos. Se encuentran en valles cordilleranos y
ocupan extensiones mayores que la unidad anterior. En el situado al este del
macizo del Potro (ubicado en el extremo norte de la provincia de San Juan) la
mayor parte de su superficie está ocupada por sedimentos fluvioglaciales.

Consisten estos en gravas de granometría variada, gravillas y arenas. Los


materiales limosos son escasos, por haber sido transportados fuera de los valles
por acción fluvial. Por lo tanto, estos depósitos son muy permeables y tienen
porosidades también elevadas.

Se desconoce el espesor de estos sedimentos, pero, en la cuenca aquí


denominada del Macizo del Potro, pueden contener acuíferos de buena calidad,
recargados por agua proveniente del derretimiento del hielo y la nieve
acumulados en la alta cordillera. Además en esta cuenca, estos depósitos se
encuentran en posición topográfica relativa adecuada para almacenar agua.

8. Sedimentos cuaternarios pedemontanos, aluviales y eólicos (QS).


Comprende todos los depósitos cuaternarios no incluidos en las unidades
anteriores: gravas, gravillas y arenas de bajadas pedemontanas; gravillas,
arenas y limos, a veces tobáceos, de las llanuras aluviales y de inundación;
arenas y arenas limosas eólicas. Casi todos los acuíferos explotados o
explotables en la provincia se encuentran en arenas, gravillas y gravas de esta
unidad.

Al oeste del valle de Antinaco-Los Colorados, las depresiones intermontanas


son de menor extensión y, en general, rodeadas de cadenas montañosas más
elevadas; en ellas predominan los depósitos de bajadas pedemontanas,
mientras que los de llanuras aluviales y fluviales ocupan menores extensiones.

Del mencionado valle al este, las depresiones son más extensas y, en general
predominan texturas más finas, entre ellas depósitos de barreales y eólicos. Las
fajas pedemontanas son más angostas.

En las bajadas de pie de monte, al predominar sedimentos gruesos, si el


espesor de estos es suficiente, se encuentran acuíferos libres. En las partes
centrales de las depresiones, especialmente en las del centro y este de la
provincia, al ser más frecuentes las intercalaciones de limos y arcillas, como lo
han revelado distintas perforaciones, se encuentran condiciones de
semiconfinamiento y confinamiento de los acuíferos.

B - CUENCAS DE AGUA SUBTERRÁNEA

En la provincia de La Rioja el agua subterránea se encuentra casi totalmente en


los valles y depresiones intermontanos. Si bien los situados al este de la
provincia son más extensos, en ninguno de ellos, con la información hasta el
momento disponible, se conocen condiciones hidrogeológicas similares a las
de las grandes llanuras.

Se reseñan a continuación las principales características de las cuencas de agua


subterránea existentes total o parcialmente en el territorio provincial.

1. Cuenca de las Salinas Grandes

Esta extensa depresión parcialmente limitada por cadenas montañosas abarca


unos 35.000 km2, de los cuales aproximadamente 5.000 se encuentran en
territorio riojano. Está limitada al oeste por las sierras Brava y de los Llanos, al
noroeste por la sierra de Ancasti, que se encuentra en la provincia de
Catamarca, y su extremo sur está a pocos kilómetros del límite con La Rioja.
Al sur no existe un límite superficial definido con la subcuenca de Chancaní-
Ulapes, si bien en el subsuelo existen elevaciones del basamento resistivo que
originan una separación parcial. Esta zona se manifiesta en superficie como un
alineamiento observable en imágenes satelitarias. Al este, la cuenca de las
Salinas Grandes está limitada por las sierras de Córdoba, mientras que al
noroeste pasa transicionalmente a la llanura pampeana, en territorio de las
provincias de Santiago del Estero y Córdoba.
La cubierta cuaternaria, en territorio riojano, consiste en arenas finas, en parte
de origen eólico, y limos o arcillas, frecuentemente salinos, acumulados en
barreales y depresiones someras sin desagüe. En el extremo noreste de la
provincia, se encuentran depósitos evaporíticos de las Salinas Grandes.

Por algunos datos de perforaciones, en los pocos lugares donde estas se han
efectuado, puede estimarse que el relleno sedimentario cuaternario llega a ser
de unos 150 metros, pero generalmente es menor que esta cifra.

En la mayor parte de esta cuenca el agua subterránea puede estar mineralizada,


si se extrapolan al subsuelo las observaciones hidrogeológicas de superficie, y
los datos de las pocas perforaciones que se conocen. De confirmarse esto, las
posibilidades de encontrar aguas aptas para su aprovechamiento se
restringirían a las zonas próximas a las sierras que limitan esta cuenca.

Puede esperarse así, que de los 5.000 km2 que la cuenca de las Salinas
Grandes ocupan en territorio provincial, solamente en un 10% puede hallarse
agua de mineralización lo suficientemente baja como para utilizarla. La
granometría de los depósitos cuaternarios en general es mediana a fina, por
cuya razón se puede suponer un coeficiente de almacenamiento de 0,05. En
cuanto al espesor saturado, probablemente no supera los 50 metros; se sabe por
perforaciones que los terrenos permeables precuaternarios tienen agua muy
mineralizada y, por ende totalmente inapta.

Con estos parámetros, las reservas de agua subterránea utilizable que podrían
esperar en el sector riojano de la cuenca no pasarían de unos 1.250 hm3, de los
que unos 100 constituirían las reservas económicamente explotables.

2. Subcuenca de Chancaní-Ulapes

La extensión total de esta subcuenca es de unos 11.500 km2, de los cuales


4.900 se encuentran en territorio riojano. Al norte, ya se indicaron las
características de su límite con la cuenca de las Salinas Grandes. Al oeste, le
sirven de borde de cuenca las sierras de Córdoba. Al sur, esta subcuenca
continua en territorio de la provincia de San Luis y su borde está en la sierra
Grande de San Luis. Al suroeste, una serie de afloramientos discontinuos de
terrenos terciarios sirve de límite entre esta subcuenca y las cuencas de agua
subterránea de Valle Fértil-Mascasín y Chepes.

En esta subcuenca los acuíferos se encuentran en terrenos cuaternarios, que


tienen poco espesor, generalmente algunas decenas de metros. Por debajo se
encuentran depósitos terciarios, casi siempre portadores de aguas
mineralizadas, y por lo tanto inaptas, en sus intervalos permeables.

Los depósitos cuaternarios son generalmente arenas y limos eólicos y algunas


arenas, gravas y limos depositados por ríos efímeros. Las fajas pedemontanas
de los bordes de cuenca tienen muy poco desarrollo y consisten en arenas,
gravillas y pocas gravas.
En el interior de esta subcuenca existe un bloque del basamento resistivo
tectónicamente elevado, pero no aflorante, alargado de norte a sur. Sus
restantes características no se conocen en lo que respecta a su influencia sobre
el agua subterránea.

La porción sanluiseña de esta subcuenca (Llanura Norte; Ceci y Cruz


Coronado, 1981) contiene agua subterránea utilizable. De la porción riojana
existen pocos datos de subsuelo, pero es probable que, dado el poco espesor
del relleno cuaternario (frecuentemente menor que 50 metros) y la existencia
de la base conductiva terciaria con agua mineralizada, en una considerable
parte de su extensión, los acuíferos sean pobres y con agua de mala calidad.

Por lo tanto, y para hacer una estimación conservadora de los recursos de agua
apta contenidos en esta subcuenca, se puede suponer que sólo unos 500 km2 de
la misma contienen aguas aptas en territorio riojano. Se puede suponer que el
espesor de los depósitos cuaternarios saturados tiene un valor medio de 25
metros. Por otra parte, como una importante proporción de estos sedimentos
consiste en limos arcillosos poco o nada permeables, se puede suponer un
coeficiente de almacenamiento de 0,05.

Sobre esta base, las reservas en el sector riojano de esta subcuenca no pasarían
de unos 600 a 650 hm3, y las económicamente explotables, podrían estimarse
en alrededor de 50 hm3.

3. Cuenca de Paganzo

Está situada entre las sierras de Velasco y Ambato al oeste; la sierra de Ancasti
al este; las sierras de Malanzán, de Los Llanos y Brava al sureste y una serie de
afloramientos de depósitos terciarios al sur oeste. Entre las sierras Brava y de
Ancasti, está unida a la cuenca de las Salinas Grandes por la angosta zona
cubierta por depósitos cuaternarios.

La extensión de esta cuenca de agua subterránea es de unos 15.700 km2, de los


cuales 13.200 se encuentran en territorio riojano y el resto en la provincia de
Catamarca.

Los sedimentos cuaternarios que la cubren, y que contienen casi toda el agua
subterránea explotable existente en la cuenca de Paganzo, son arenas
generalmente finas, y limos, en gran parte salinos, acumulados estos últimos en
barreales, si bien algunos son de origen eólico.

Al pie oriental de las sierras de Ambato y Velasco se encuentran arenas,


gravillas y gravas depositadas en bajadas pedemontanas. Estas últimas forman
una faja de 4 a 6 km. de ancho. Una faja pedemontana más angosta se
encuentra al pie oriental de la sierra de Ancasti, en la provincia de Catamarca.

En la parte central de la cuenca se han acumulado limos y arcillas, en parte


salinos, en los abanicos de explayamiento denominados «desagües del río
Salado (al norte) y desagües de Los Colorados (al sur).

Se han publicado pocos datos del subsuelo de esta cuenca de agua subterránea
en territorio riojano. El espesor del relleno cuaternario parece ser similar al
estimado en la cuenca de las Salinas Grandes, es decir, inferior a los 150
metros en la mayor parte de la cuenca de Paganzo. En la porción catamarqueña
de éste, sin embargo, algunas perforaciones realizadas en la zona de
Chumbicha han atravesado más de 200 metros de depósitos cuaternarios. Otros
pozos van revelando que, donde se encuentran limos salinos, el agua del
subsuelo está mineralizada y, por lo tanto, es inapta para todo uso.

En el estado actual de los conocimientos se considera que solamente en la zona


periférica de la cuenca en territorio riojano posee agua de baja mineralización
en cantidades suficientes para su aprovechamiento. Sin embargo, no debe
descartarse que en las partes de la cuenca de Paganzo no cubierta por limos
salinos siempre dentro de la provincia de La Rioja podría hallarse agua apta.

Para estimar el recurso almacenado, se supone que el agua aprovechable se


encuentra principalmente en la faja pedemontana de las sierras de Velasco y
Ambato, en una extensión de 500 km2. Si se estima que el espesor saturado es
de 50 metros y el coeficiente de almacenamiento es del 10% (valor común para
las cuencas intermontanas del centro y oeste argentino) la reserva de esta
cuenca sería de 2.500 hm3 y las económicamente explotables podrían
estimarse en unos 200 hm3.

4. Subcuenca de Chepes

Abarca unos 1.500 km2 y está limitada, al norte, por las sierras de Chepes; al
este, por la sierra de Las Minas; al oeste, por una serie de afloramientos
discontinuos de sedimentitas terciarias. Al sur, por debajo de la Pampa de Las
Salinas, se prolongan los depósitos cuaternarios que la rellenan, en los de la
cuenca de agua subterránea Valle Fértil-Mascasín.

Los acuíferos, en la subcuenca de Chepes, se encuentran en los sedimentos


cuaternarios que la cubren. Consisten éstos, en su mayor parte, en arenas
fluviales y eólicas, además, y en menor proporción, existen gravillas, pocas
gravas y algún material limoarcilloso. Al sureste, predominan limos y arecillas
salinos, así como material evaporítico del Campo de las Salinas.

Por debajo del material cuaternario, cuyo espesor no sobrepasa algunas de las
decenas de metros en la mayor parte de la subcuenca, se encuentran
sedimentitas de la base conductiva terciaria. Estas últimas, así como los limos
y arcillas del campo de Las Salinas, contienen agua mineralizada, inapta para
cualquier uso. Por lo tanto, la posibilidad de encontrar acuíferos aptos se
restringe a la parte norte y oeste de la subcuenca.

Para no sobreestimar las reservas de agua subterránea apta en esta subcuenca,


se supondrá que en 800 km2 de la misma pueden encontrarse acuíferos
explotables, con un espesor saturado medio de 10 metros y un coeficiente de
almacenamiento de 0,05 (este valor tiene en cuenta la granometría más fina del
relleno cuaternario). Sobre esta base las reservas almacenadas en la misma
serán 400 hm3, de las que tal vez un 10% correspondería a las reservas
económicamente explotables.

5. Subcuenca de Ñoqueve

Se encuentra limitada: al este, por la sierra de Argañaraz; al norte y al oeste,


por una serie de afloramientos de depósitos terciarios integrantes de la base
conductiva. Al sur y sur oeste, se prolonga en la cuenca de agua subterránea de
Valle Fértil-Mascasín, de la que la subcuenca de Ñoqueve constituye un
engolfamiento separado por una falla, o posible zona de fallas.

Los sedimentos cuaternario que rellenan esta subcuenca son muy similares en
litología y espesor a los de la subcuenca de Chepes, salvo la ausencia de una
extensa cubierta de limos y arcillas salinos en la primera. Por debajo, la base
terciaria contiene algunos intervalos permeables con agua inapta por su
elevada mineralización.

La extensión de esta subcuenca es de unos 400 km2, a los que se pueden


aplicar los mismos parámetros que a la de Chepes. Sobre esta base, las reservas
de agua subterránea utilizable ascenderían a 200 hm3, un 10% de los cuales
constituiría las reservas económicamente explotables.

6. Cuenca de Valle Fértil-Mascasín

La extensión de esta cuenca de agua subterránea es de unos 11.000 km2, de los


cuales 2.100 se extienden en territorio riojano. Sus límites son: al este y al
norte, una zona de afloramientos de depósitos terciarios que la separan de las
cuencas de Paganzo y del valle de Antinaco-Los Colorados, respectivamente:
al oeste se extiende hasta las sierras de Valle Fértil, de La Huerta, Guayaguás y
Catantal, dentro de la provincia de San Juan. Al sur, esta cuenca continúa en la
provincia de San Luis, donde su borde consiste en una sucesión de
afloramientos terciarios al sur de la Pampa de Las Salinas.

Como en las restantes cuencas de la provincia, la casi totalidad de los acuíferos


en la de Valle Fértil-Mascasín se encuentra en el relleno cuaternario. En
territorio riojano, éste consiste en arenas y algunas gravillas y gravas aluviales,
además de algunas acumulaciones de arenas eólicas. Hacia el sur se encuentran
además sedimentos limoarcillosos, en parte loessoides que, en las salinas de
Mascasín y Pampa de Las Salinas, se tornan salinos y constituyen la mayor
parte de los depósitos cuaternarios superficiales.

El espesor de los sedimentos cuaternarios varía entre 150 a más de 200 metros,
de los cuales 50 a 100 están saturados. La mineralización del agua aumenta
hacia el este y el sur, no sólo por la influencia de los limos salinos
cuaternarios, sino también debido a que la base terciaria, aquí próxima a la
superficie, contiene, casi siempre, acuíferos fuertemente mineralizados en sus
intervalos permeables.
Para estimar las probables reservas de agua en la porción riojana de la cuenca,
se tomarán los siguientes valores, a fin de evitar sobrestimaciones: superficie
con acuíferos explotables, 1.500 km2; espesor del Cuaternario saturado, 60
metros; coeficiente de almacenamiento, 0,05. De estos valores, la reserva
almacenada en esta parte de la cuenca sería de 4.500 hm3, de los cuales un 6%
constituiría las reservas económicamente explotables: 270 hm3.

7. Bolsón de Huaco

Se trata de una depresión parcialmente cerrada situada en el interior de la sierra


de Velasco, al N.O. de la ciudad de La Rioja. Está rellena por arenas, gravillas
y gravas cuaternarias de origen fluvial y pedemontano, y, por ello, con buena
permeabilidad.

Por debajo se encuentran sedimentitas del Carbonífero, que afloran en el borde


suroriental de esta depresión, y el basamento precámbrico de la sierra de
Velasco.

La extensión cubierta por los depósitos cuaternarios es de alrededor de 50


km2. Si se supone un espesor saturado de 100 metros y un coeficiente de
almacenamiento de 0,2 teniendo en cuenta la elevada porosidad eficaz y
permeabilidad de los depósitos cuaternarios en esta zona la reserva de agua
subterránea podría llegar a 1.000 hm3. Se han perforado en la misma algunos
pozos con caudales superiores a los 100 m3 por hora.

Por lo tanto, es factible que las reservas económicamente explotables puedan


llegar a 50 hm3.

8. Cuenca de Pipanaco

La extensión de esta cuenca de agua subterránea es de unos 9.000 km2, la


mayor parte de ellos en la provincia de Catamarca: solamente 1.100 km2 se
encuentran en territorio riojano. Los límites de la cuenca son los siguientes: al
este, sureste y sur, la sierra de Mazán; al oeste una zona de fallas y
afloramientos terciarios, que la separan del pie de monte nororiental de la
sierra de Velasco. Los bordes noreste y norte son cordones montañosos de las
Sierras Pampeanas en territorio catamarqueño.

El agua subterránea utilizable en esta cuenca se encuentra en depósitos


cuaternarios y, en menor proporción, en sedimentitas terciarias. En el sector
riojano, el relleno cuaternario está compuesto principalmente por arenas,
gravillas y gravas pedemontanas y aluviales, y en las vecindades del límite con
Catamarca, por arenas y gravillas depositadas en la llanura de inundación del
río Salado. En la parte sur de la cuenca existen barreales de poca extensión
(algunos km2) donde se acumularon limos arcillosos salinos.

El espesor del relleno cuaternario generalmente es menor que 100 metros, si


bien en algunos pozos se determinaron 160 metros.
Los acuíferos terciarios son arenas y areniscas: se han comprobado acuíferos
aptos hasta 100 metros por debajo del techo de estos terrenos, si bien en varias
localidades este espesor de sedimentitas terciarias saturadas se reduce a 50
metros.

Para efectuar una estimación del volumen de agua almacenado en la parte


riojana de la cuenca, se ha supuesto un espesor saturado de 50 metros con
acuíferos libres y un coeficiente de almacenamiento de 0,05, suponiendo que
parte de los espesores corresponden a acuíferos semiconfinados o confinados.
Con estos valores, la reserva de agua subterránea sería de 2.700 hm3, y las
económicamente explotables podrían evaluarse en un 5 o 6% de ese valor.

9. Cuenca de Pituil

Esta cuenca de agua subterránea tiene unos 900 km2 de extensión, 650 de ellos
en territorio riojano. Ubicada al norte del valle de Antinaco Los Colorados, su
límite oriental es la sierra de Velasco. Al oeste la limita la sierra de
Copacabana y al norte, en territorio de Catamarca, la sierra de Zapata. Al sur
no hay un límite definido con el valle de Antinaco-Los Colorados y el límite se
ha fijado, algo arbitrariamente, en una divisoria poco marcada del drenaje,
aproximadamente a la latitud del extremo norte de la sierra de Paimán. Es
probable que esta divisoria sea la expresión superficial de una elevación del
basamento resistivo en el subsuelo.

Los depósitos cuaternarios de la cuenca provienen, en su gran mayoría, de las


cadenas montañosas que la rodean; en su parte norte, está atravesada por el río
Salado, que corre de oeste a este y que, en su llanura de inundación, ha
depositado arenas y gravas fluviales.

En la cuenca de Pituil deben esperarse acuíferos libres en la mayor parte de su


extensión, salvo en el subsuelo de su parte central, donde pueden existir
condiciones de confinamiento.

No se dispone de información publicada sobre espesores del Cuaternario en


esta cuenca, ni de si en el sustrato terciario existen intervalos permeables con
acuíferos aptos. Pero, por sus características morfológicas, similares a las del
valle de Antinaco-Los Colorados, se puede suponer un espesor medio de unos
100 metros del relleno cuaternario y unos 50 metros de intervalos saturados. El
coeficiente de almacenamiento puede estimarse en 0,1. Sobre estas
suposiciones, el recurso almacenado en el sector riojano de la cuenca
ascendería a unos 3.200 hm3 y unos 160 hm3 constituirían las reservas
económicamente explotables.

10. Valle de Antinaco-Los Colorados

Ubicada totalmente en territorio riojano, la extensión de esta cuenca de agua


subterránea puede estimarse en 2.700 km2. Sus límites son: al este, la sierra de
Velasco, al oeste, las sierras de Paimán, Famatina, Señogasta y Paganzo; al
sur, una sucesión de afloramientos de terrenos terciarios. Ya se mencionó el
límite norte, con la cuenca de Pituil.

Se incluye en esta cuenca al valle de Guanchín, con una extensión de alrededor


de 100 km2, ubicado al suroeste de Chilecito, entre las sierras de Paimán, al
este, y la de Famatina, al oeste.

Entre los sedimentos cuaternarios que cubren esta cuenca, se tienen gravas y
arenas depositadas en el pie occidental de la sierra de Velasco, que forma una
faja de 3 a 5 km de ancho. Similar anchura tienen los depósitos pedemontanos
del pie oriental de la sierra de Paimán. Más extenso es el pie de monte de las
sierras de Famatina, donde se encuentran los importantes abanicos aluviales de
Capayán y de Los Sarmientos, cuyas extensiones son 150 y 80 km2,
respectivamente. En el centro del valle, a lo largo de su eje, se encuentran
depósitos de llanura aluvial: arenas y algunas gravillas, con un importante
aporte de arenas eólicas y, en el sur, arenas y limos, en parte loessoides.

La reserva de agua subterránea de esta cuenca ha sido estimada por Sosic


(1971) en 22.700 hm3. Es probable que un 6 o 7% de este volumen
corresponda a las reservas económicamente explotables, no estimadas por
dicho autor.

11. Cuenca de Talampaya

Su extensión puede estimarse en 1.000 km2. Por el este limita con las sierras
de Famatina y de Los Tarjados, y por el oeste con afloramientos aislados del
basamento resistivo de los cerros de Villa Unión. Al sur y al oeste limita con la
sierra Morada, que separa esta cuenca de la hoyada de Ischigualasto.

La cubierta cuaternaria de esta cuenca tiene poco espesor, salvo quizás en el


norte, donde se encuentran depósitos pedemontanos gravas, gravillas y arenas
de las sierras de Famatina y Señogasta. En el resto de la cuenca, el espesor del
relleno cuaternario no pasa de 30 metros de limos, arenas y gravillas, casi
todos provenientes de las bajadas de la sierra de Los Tarjados.

Por debajo se encuentran depósitos terciarios o triásicos, que, donde contienen


intervalos permeables con agua, esta está, casi siempre, fuertemente
mineralizada. En el relleno cuaternario, los pozos hasta ahora excavados han
encontrado agua apta los primeros 10 a 12 metros, con escaso caudal. Esto, por
otra parte, es de esperar, dada la gran aridez de la zona donde se ubica la
cuenca y las montañas que la rodean. Puede estimarse que el espesor saturado
no pasa, en casi toda la cuenca, de unos tres o cuatro metros. Es poco probable
que el coeficiente de almacenamiento sea aquí superior a 0,05. Las reservas de
agua almacenadas, por lo tanto no deben sobrepasar los 150 o 200 hm3 y las
económicamente explotables, pocos hm3.

12. Cuenca de Vinchina

Se extiende unos 900 km2 entre las sierras de Famatina, al este, y las del Toro
Negro y Los Colorados al oeste. Por el norte las dos primeras sierras se
aproximan entre sí, y dejan entre ambas un valle estrecho (valle Hermoso). Al
sur, una serie de afloramientos del basamento resistivo separan esta cuenca de
la de Villa Unión.

El relleno cuaternario de la cuenca de Vinchina consiste en gravas, gravillas y


arenas de las bajadas pedemontanas que bajan de las sierras que la limitan. El
resto consiste en gravas y arenas fluviales de la llanura de inundación del río
Vinchina.

Además de los estratos permeables cuaternarios, puede encontrarse agua


utilizable en intervalos conglomerádicos del Terciario superior (Formación
Toro Negro). Debe esperarse que, como en el resto de los valles intermontanos
del Centro Oeste Argentino que tienen en su subsuelo conglomerados
terciarios similares a los arriba nombrados, los acuíferos terciarios sean más
pobres que los cuaternarios.

Hasta el momento no se tiene conocimiento de estudios de subsuelo en este


valle que permitan estimar el espesor de los terrenos acuíferos. Por las
características morfoestructurales de la cuenca, puede estimarse un mínimo de
100 metros saturados como promedio. Si se supone un coeficiente de
almacenamiento de 0,1, común en este tipo de sedimentos, la reserva de agua
almacenada en la cuenca de Vinchina sería de 9.000 hm3, y las
económicamente explotables podrían ascender a 500 hm3.

13. Cuenca de Villa Unión

Situada en el mismo valle del río Vinchina, que a esta latitud toma el nombre
de Bermejo, la extensión de esta cuenca se estima en 600 km2. Al este limita
con afloramientos dispersos del basamento resistivo ubicados al oeste de la
sierra de Famatina. Al norte, está separada de la cuenca de Vinchina por otro
grupo de afloramientos del basamento; al oeste limita con las sierras
Pampeanas del Filo del Espinal y de Maz; al sur, le sirven de borde
afloramientos del basamento resistivo situados al este de esta última sierra.

La mayor parte de los sedimentos cuaternarios aflorantes en esta cuenca está


constituida por gravas, gravillas y arenas de las bajadas pedemontanas que
descienden de las sierras que la limitan. En su parte central se encuentran
arenas, gravillas y gravas de la llanura de inundación del río Bermejo, que
atraviesa esta cuenca de norte a sur.

No se conocen datos publicados del espesor de los terrenos acuíferos ni acerca


de la existencia de condiciones de confinamiento o semiconfinamiento en el
subsuelo de la cuenca, o de algunos sectores de la misma.

Para estimar las reservas de agua subterránea, se pueden utilizar los mismos
parámetros que los empleados en al cuenca de Vinchina, con la que esta
cuenca de Villa Unión presenta notorias semejanzas morfoestructurales. Por lo
tanto, pueden estimarse esas reservas en 6.000 hm3, de los que por lo menos
300 constituirían las reservas económicamente explotables.

14. Cuenca del Bermejo Norte

Esta cuenca de agua subterránea, de unos 6.000 km2 de extensión, se


encuentra casi totalmente en la provincia de San Juan: solamente unos 350
km2 están en territorio riojano. Está limitada al este y norte por la sierra de
Maz y el cerro Bola, situado al sureste de dicha sierra, y al oeste por cordones
precordilleranos.

La mayor parte de la porción riojana de esta cuenca consiste en gravas,


gravillas y arenas al pie de monte precordillerano, que cubre la mayor parte de
la extensión de la misma. El resto está cubierto por depósitos de las llanuras de
inundación de los ríos Guandacol y Bermejo: arenas y gravas muy permeables.

El espesor del relleno cuaternario puede estimarse en alrededor de 350 metros,


por extrapolación de datos del resto de la cuenca, de los que unos 250 metros
estarían saturados. Es probable que la mayor parte del agua esté en acuíferos
libres, sobre todo si en el subsuelo las texturas fueran similares a las
observadas en la superficie.

Si al valor arriba indicado se le aplica un coeficiente de almacenamiento de


0,1, que parece un valor bajo para el tipo de sedimentos aflorantes, la porción
riojana de la cuenca contaría con una reserva de 8.700 hm3 de agua utilizable.
De ellos, alrededor de 400 hm3 serían las reservas económicamente
explotables.

15. Cuencas de Jagüé

Ocupa unos 1.200 km2 y está ubicada entre las sierras del Toro Negro y Los
Colorados, que la limitan al este, y cordones precordilleranos y de la Puna, que
constituyen sus límites suroccidental, norte y noroccidental.

El relleno cuaternario de esta cuenca está formado por gravas, gravillas y


arenas, en su gran mayoría depositados por las bajadas pedemontanas de la
Precordillera, al oeste, y de la Puna al noroeste y norte. Solamente al noreste
existen depósitos de la bajada pedemontana de la sierra del Toro Negro, mucho
menos extensos. En la parte oriental de la cuenca, existen algunos depósitos
aluviales, ubicados en la quebrada de La Troya.

Por debajo del relleno cuaternario existe una espesa sucesión terciaria
granocreciente, cuyos términos más altos Formación Toro Negro está integrada
en gran parte por conglomerados, algunos de ellos permeables, y que pueden
ser acuíferos en el subsuelo.

No se dispone de datos publicados sobre el espesor del relleno cuaternario, que


en su mayor parte es permeable. Dadas las características morfoestructurales
de esta cuenca de agua subterránea, es probable un valor promedio igual o
superior a los 150 metros, de los cuales no menos de 50 deben estar saturados.
Tampoco se sabe si en las partes centrales de la cuenca existen condiciones de
confinamiento o semiconfinamiento del agua. En la estimación de reservas se
adoptará un coeficiente de almacenamiento de 0,1, pero no se tendrán en
cuenta los eventuales acuíferos de la Formación Toro Negro, por desconocer
totalmente sus permeabilidades, espesores, etc., en el subsuelo.

De acuerdo con los parámetros estimados, en la cuenca de Jagüé deben haber


reservas de agua subterránea no menores a los 6.000 hm3, de los que alrededor
de 350 constituirían las reservas económicamente explotables.

16. Cuenca del Río Blanco Norte

Esta cuenca de agua subterránea, de unos 200 km2 de extensión, está situada
entre la sierra de La Punilla, al este, y cordones de la Cordillera Frontal al
norte, sur y oeste. Su mitad oriental está cubierta por depósitos del pie de
monte de la mencionada sierra: gravas, gravillas y arenas. La parte occidental
presenta depósitos fluviales de la llanura de inundación del río Blanco.

No se tienen datos del subsuelo de esta cuenca, de manera que se desconoce el


espesor del relleno cuaternario. Puede estimarse un valor promedio no menor
que 100 metros, atendiendo a los rasgos morfoestructurales de la misma. El
espesor saturado probablemente es igual o mayor que 50 metros. Si se aplica a
estos valores un coeficiente de almacenamiento de 0,1, las reservas de agua
subterránea pueden estimarse en 1.000 hm3, de los que unos 50 o 60
constituirían las reservas económicamente explotables.

17. Cuenca del Macizo del Potro

Esta cuenca de agua subterránea, situada dentro de la Cordillera Frontal, ocupa


una extensión de alrededor de 500 km2, de los cuales unos 300 están en
territorio riojano.

Los depósitos cuaternarios que rellenan esta depresión intermontana son


fluvioglaciales en la mayor parte de su extensión, y, en su parte oriental, son
sedimentos fluviales de la llanura de inundación del río Blanco. Se trata, por lo
tanto, de sedimentos muy permeables.

Se carece de datos sobre el espesor de los depósitos cuaternarios, así como de


la posibilidad de existencia de condiciones de confinamiento o
semiconfinamiento en el subsuelo.

Teniendo en cuenta las características morfoestructurales de esta cuenca, es


muy probable que el espesor promedio de los depósitos cuaternarios supere los
100 metros, no menos de 50 saturados. Si se adopta un coeficiente de
almacenamiento de 0,1, valor probablemente menor que el real por tratarse de
sedimentos muy porosos y permeables si se tiene en cuenta el ambiente de su
acumulación, las reservas de agua subterránea de esta cuenca ascenderán a
unos 1.500 hm3 en el sector riojano. De este volumen, probablemente unos
100 hm3 serían las reservas económicamente explotables.

ESTIMACIÓN DE LAS RESERVAS TOTALES Y LAS


ECONOMICAMENTE EXPLOTABLES

CUENCA Extensión (km2) Espesor Coeficiente Reservas (Hm3)


  Total Provincia saturado almacenam Totales Económic
Salinas
35.000 5.000 50 0,05 1.250 100
Grandes
Chancaní-
11.500 4.900 25 0,05 650 50
Ulapes
Paganzo 15.700 13.200 50 0,1 2.500 200
Chepes 1.500 1.500 10 0,05 400 40
Ñoqueve 400 400 10 0,05 200 20
Valle
Fertil- 11.000 2.100 60 0,05 4.500 270
Mascasín
Huaco * 50 * 50 100 0,2 1.000 50
Pipanaco 9.000 1.100 50 0,05 2.700 162
Pituil 900 650 50 0,1 3.200 160
Antinaco-
Los 2.700 2.700 84 0,1 22.700 1.589
Colorados
Talampaya 1.000 1.000 4 0,05 200 20
Vinchina 900 900 100 0,1 9.000 500
Villa
600 600 100 0,1 6.000 300
Unión
Bermejo
6.000 350 250 0,1 8.700 400
Norte
Jagüé 1.200 1.200 50 0,1 6.000 350
Río Blanco
200 200 50 0,1 1.000 60
Norte
Macizo del
500 300 50 0,1 1.500 100
Potro
Totales   36.150     71.500 4.371

* Superficie cubierta por depósitos cuaternarios

 
 

CONCLUSIONES

La superficie de la provincia de La Rioja es de 89.680 km2 y las cuencas de


agua subterránea ocupan el 40,31 % de su territorio, vale decir 36.150 km2. El
resto está ocupado por cerrilladas, salinas y tierras malas.

Las áreas cultivadas se desarrollan en los valles intermontanos o en las zonas


de llanura, en coincidencia con las cuencas de agua subterránea.

La superficie cultivada es de 17.380 ha, que corresponde al 0,19 % de la


superficie total de la provincia.

Según el Censo de 1.994 la provincia de La Rioja tiene una población de


220.729 habitantes, que se encuentra asentada principalmente en el área
cultivada, en una relación del 98,5 %, respecto al área de secano. Esta
distribución responde principalmente a la disponibilidad de agua, tanto
superficial como subterránea.

El volumen total de agua subterránea almacenado en el subsuelo es de


aproximadamente 71.500 hm3 y pone de manifiesto la importancia que tiene
este recurso como reserva de agua dulce.

El valor indicado de 4.371 hm3 corresponde al recurso económicamente


explotable, entendiéndose como tal al que puede accederse a través de sencillas
obras de explotación.

La importancia del recurso hídrico subterráneo es evidente al considerar el


clima de la provincia, que es árido, y al tener en cuenta que no existen cursos
de agua que conduzcan grandes caudales que permitan satisfacer las crecientes
demandas de agua potable, uso industrial y agricultura.

RECOMENDACIONES

Debido a la importancia que tiene el recurso hídrico subterráneo, como fuente


capaz de proveer agua en los periodos de déficit, es aconsejable extremar las
medidas de control de las obras que permiten su explotación.

Principalmente se deben completar los relevamientos de este recurso, a través


de exploraciones geofísicas y ensayos de producción de pozos, para ajustar los
parámetros de los acuíferos existentes y obtener de esta forma un cálculo mas
exacto de los volúmenes de agua subterránea almacenados en el subsuelo.

Se debe programar, por cuenca, la explotación del recurso hídrico subterráneo,


en conjunto con los recursos hídricos superficiales, para lograr su
complementación.

Así mismo se deben definir las zonas óptimas para la construcción de los
pozos productores, atendiendo a la litología de los materiales del subsuelo y a
los parámetros hidráulicos definidos en las etapas de exploración y
explotación.

Es conveniente que el número de pozos productores sea el mínimo posible,


compatible con el uso programado del agua, a fin de minimizar la alteración
del subsuelo en las zonas de extracción y para obtener un rápido retorno de las
inversiones.

Los estudios hidrogeológicos permitirán conocer las áreas ocupadas por


acuíferos libres y por acuíferos confinados, definiendo las direcciones de flujo
de las aguas subterráneas.

Estos conocimientos y los relativos a la ubicación de industrias, áreas urbanas


y zonas cultivadas, permitirán conocer la vulnerabilidad de los recursos
hídricos subterráneos y por lo tanto diseñar planes para su preservación.

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NOTAS:

1
Universidad Nacional de San Juan, San Juan, Argentina
2
Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CRICYT), Mendoza,
Argentina

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The Cuenca of Paganzo is characterized by quaternary sediments that cover most of the exploitable groundwater resources, which include primarily fine sands and saline limos gathered in barriers, with some eolic origins. The lesser mineralization found in peripheral segments signifies the presence of partially usable groundwater in these areas. However, the existence of limos salinos in substantial parts of the cuenca means that much of the subsurface water is mineralized and thus unfit for general use. In territories of La Rioja, water of low mineral content is found primarily on cuenca edges, emphasizing the critical influence of sediment types on water usability. The basin's geographic spread and sediment variation indicate that only specific areas, like pedemontana fajas along the Velasco and Ambato ranges, house exploitable water reserves .

In the Andean region, primary water-bearing materials include quaternary deposits such as limos, eolian sands, gravas, and gravillas. These materials differ significantly in their hydrogeological properties. Sands and well-sorted gravas typically exhibit higher permeability and lower water retention due to larger pore spaces, facilitating rapid water movement. In contrast, limos and finer-grained deposits have higher retention but lower permeability due to smaller interstitial spaces. This variance affects aquifer recharge rates and water availability—with the permeability of coarse materials generally supporting more viable groundwater extraction strategies compared to the retention-centric role of finer sediments .

The geomorphological features of the Andean region, including the interplay of mountain ranges and valley systems, heavily influence the distribution of groundwater aquifers. For instance, the steep inclines of the Andean ranges contribute to rapid surface runoff and localized infiltration in valley deposits. Substantial quaternary deposits in basins such as the valleys of Paganzo and Pipanaco, characterized by alluvial and eolian sediments, serve as primary aquifer materials. These geomorphological settings dictate the thickness and continuity of groundwater-bearing formations—with the extent of mountains influencing groundwater flow patterns and storage capacities, often isolating water-rich regions within intermontane depressions .

The political geography of Mendoza, marked by its delineation within the Andean province, influences hydrogeological characteristics and subsequently shapes water resource strategies. Mendoza's governance structure prioritizes efficient management of its diverse aquifer systems formed by clastic quaternary deposits, essential for urban, agricultural, and industrial needs. Balancing the political boundaries with geological realities, local authorities must consider inter-jurisdictional cooperation across hydrographic basins, especially given complex systems like the 5 Mendoza-San Juan aquifers. Strategic alliances and agreements are essential to ensuring coherent aquifer management—integrating policy frameworks with geological insights to ensure equitable and sustainable water allocation .

The geohydrological features of Riojan subcuencas present several challenges for sustainable water management mainly due to the variability in aquifer characteristics and the presence of mineralized waters. The quaternary sediments, often shallow and heterogeneously distributed, vary significantly in their capacity to store and transmit water. For instance, while the subcuenca of Chepes has limited exploitable water due to its predominant saline and mineral-rich materials, the Bolsón de Huaco is noted for its high porosity and permeability, allowing more effective water extraction. Consequently, these variations require tailored management strategies, careful monitoring, and strategic water sharing to avoid depletion and ensure equitable distribution across regions .

Expert recommendations highlight developing a synergistic approach to water extraction and use that combines subterranean and surface water resources to mitigate scarcity. This includes improved subterranean mapping and analysis to accurately gauge underground water reserves and strategically guide explorations. Recommending the conjunctive use of these hydrological resources involves promoting infrastructure adjustments that enhance surface water capture and recharge zones for aquifers. It also advises integrating water management policies that prioritize comprehensive groundwater use while ensuring balanced extraction rates to maintain ecological stability, thereby elaborating a complementary, sustainable approach to addressing Andean water scarcity .

The Bolsón de Huaco presents significant potential for meeting industrial water demands primarily because of its high permeability and substantial water-bearing capacity. Characterized by a depression filled with high-permeability quaternary sands, gravillas, and gravas, the Bolsón offers around 1,000 hm³ of water reserves, a subset of which is economically exploitable (estimated at 50 hm³). This potential is compounded by the probable yields from wells, some exceeding 100 m³/hour, making it feasible for large-scale industrial usage. However, any extensive extraction must consider regional water laws, possible subsidence implications, and sustainable usage protocols to prevent detrimental aquifer depletion .

Climate variation in San Juan critically influences its hydrogeological systems and water availability. The province's arid climate leads to low precipitation, impacting aquifer recharge rates and increasing dependence on both surface and groundwater reserves. Variations in climate patterns, such as droughts or periods of intense rainfall, further affect the equilibrium in aquifer levels, potentially causing periods of scarcity or conditions leading to aquifer depletion due to over-extraction. As such, climate plays a decisive role in dictating water management approaches, necessitating adaptive strategies in both conservation and infrastructure developments responsive to these fluctuations .

The aquifers in the Llano Norte subcuenca primarily exist in quaternary terrains with a relatively thin layer of a few dozen meters. Below these, there are tertiary deposits which often contain mineralized waters, rendering them unsuitable for many usages. The quaternary deposits mainly consist of eolian sands, limos, and alluvial materials. The notable limitation here is the mineralization in the tertiary deposits and the relatively poor quality and volume of water from the quaternary aquifers, which primarily lie in thin deposits. Only about 500 km² of this subcuenca, consisting of suitable quaternary deposits, provides usable water within the Riojan territory. It is estimated that the saturated quaternary deposit thickness is an average of 25 meters with a storage coefficient of 0.05, resulting in an economically viable reserve of about 50 hm³ .

The recommended hydrogeological strategy involves comprehensive geophysical surveys and production tests to ascertain aquifer parameters accurately. It emphasizes the synchronization of subterranean water extraction with surface water use to optimize overall resource availability. Strategic planning should identify optimal aquifer sites for construction of productive wells, guided by subsurface lithological data and hydraulic parameter assessments. Minimizing the number of production wells is advised to limit subsurface disturbance and ensure cost-effective water retrieval operations. Protecting the areas with vulnerable aquifers and defining groundwater flow directions are critical for safeguarding these water resources from contamination, particularly considering their importance in arid climates .

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