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Camacho Cap2

Este documento presenta los objetivos y la introducción de un capítulo sobre la clasificación de conceptos en categorías gramaticales. Los objetivos incluyen ilustrar el razonamiento sintáctico, presentar la estructura del lexicón mental y las entradas léxicas, y distinguir los tipos de información en las entradas. La introducción explica que el lexicón contiene unidades léxicas con significados y otra información, y que estas unidades se combinan para formar unidades más complejas mediante la sintaxis.

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Camacho Cap2

Este documento presenta los objetivos y la introducción de un capítulo sobre la clasificación de conceptos en categorías gramaticales. Los objetivos incluyen ilustrar el razonamiento sintáctico, presentar la estructura del lexicón mental y las entradas léxicas, y distinguir los tipos de información en las entradas. La introducción explica que el lexicón contiene unidades léxicas con significados y otra información, y que estas unidades se combinan para formar unidades más complejas mediante la sintaxis.

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Capítulo 2.

La clasificación de los conceptos en categorías gramaticales

Objetivos del capítulo

-Ilustrar la aplicación del razonamiento sintáctico


-Presentar la estructura del lexicón mental
-Distinguir los distintos tipos de información presente en una entrada léxica
-Presentar la estructura argumental de los predicados
-Presentar la información no gramatical de una entrada léxica
-Sugerir mecanismos de evolución del léxico

Introducción

La capacidad cognitiva para producir y entender una lengua tiene que tener por lo menos dos
partes: por un lado, tenemos una red mental, llamada lexicón, que incluye el conjunto de
unidades (con significados y otra información gramatical importante) que cambia de lengua a
lengua, y por otro lado, un mecanismo que nos permite combinar esas unidades para formar
unidades más complejas (la sintaxis). El lexicón contiene información similar a la de un
diccionario, pero mucho más sofisticado y con una estructura más complicada (definitivamente
no está organizada alfabéticamente). En este capítulo exploramos las propiedades de las unidades
léxicas, y en una de sus propiedades especiales: la división de las palabras en categorías
gramaticales. Con esta exploración, ilustramos también cómo se construyen y se refinan las
hipótesis sintácticas.

1. Las entradas léxicas

Cuando un hablante adquiere una lengua, tiene que aprender mucha información lingüística
sobre las palabras que no puede obtener por generalizaciones o abstracciones. Por ejemplo, un
hablante de español tiene que aprender que el animal doméstico de cuatro patas que maúlla, se
llama gato en español y el hablante de inglés, que ese mismo animal se llama cat. Este tipo de
información específica la tiene que aprender el hablante de español y de inglés, y se almacena en
el lexicón.
El lexicón es una estructura mental en la que se incluye información sobre unidades léxicas
(entradas léxicas), relevante para la gramática y también conexiones con otros aspectos del
conocimiento. No sabemos exactamente qué forma tiene una entrada léxica, ni cómo se
organizan mentalmente estas unidades, el principio general que usamos para determinar si algún
rasgo está en la entrada léxica, es si es deducible o no a partir de generalizaciones: si es
deducible, no se incluye, si no lo es, sí. Por ejemplo, que la palabra gato se pronuncie así, es
totalmente arbitrario, por lo tanto debe estar incluido en la entrada léxica, pero que los nombres
femeninos acaben en a en una gran proporción es una tendencia estadística bastante general (y
por lo tanto, no incluida).
Con ese criterio, la entrada léxica debe incluir, entre otras cosas: 1) qué sonidos forman la
palabra (el lexema), 2) el significado de la palabra (nivel conceptual), 3) información gramatical
(el lema):

(1) /gat/

Nombre, género

La flecha horizontal de esta entrada indica la relación entre el lexema de la palabra (/gat/) y su
significado conceptual, que representamos con el dibujo del gato. La forma oral de la palabra gat
consiste de una secuencia de sonidos (/gat/). Como ya mencionamos en el capítulo pasado, la
combinación de formas de un símbolo y significados es arbitraria. Por eso, el mismo significado
animal de cuatro patas que maulla muy distintos en cada lengua:
/gato/ en español, /kat/ en inglés. No hay nada de natural en esta asociación entre sonidos y
significados. Esta arbitrariedad de los signos lingüísticos se ve incluso entre dialectos de una
misma lengua: algunos hablantes de español llaman aguacate al mismo fruto que otros llaman
palta.
En la entrada léxica de (1), /gat/ aparece sin la vocal final, por dos razones. Por un lado, la
palabra varía entre masculino y femenino (gato, gata), por otro lado, como parte de la

género gramatical. Cualquier hablante de español que sepa que una palabra es un nombre con
género, sabe que las terminaciones más frecuentes son o y a, es decir, esta información es
relativamente predecible.
Además de esta información gramatical (que está muy simplificada), las palabras tienen
conexiones con otras palabras. Cuando un hablante oye o produce la palabra gata, también activa
en su mente una red de palabras similares en la forma o similares en el significado:

(2) /gat/ /dat/ (dato, data)

Nombre, género

/per/ /rat/ (rato, rata)

En la parte conceptual, el animal doméstico de cuatro patas activa otros animales cercanos
(perro, rata, etc.), como lo representan las flechas que comunican las imágenes correspondientes
en (2). En la parte formal, /gat/, activa palabras similares (/dat/, /rat/, etc.). Rata, por lo tanto, se
activa por vías: la conceptual y la formal. Cada una de estas palabras tiene también una red que
las conecta con información gramatical (no representada aquí para dat, solo para rat), y otras
conexiones con otros conceptos (dato ~ número, computadora, etc.).
Desde el punto de vista gramatical o sintáctico, el parecido formal y el parecido conceptual
no son relevantes, sino la información gramatical, como vemos a continuación.
En resumen, un hablante que aprende español (como niño o como adulto) tiene que aprender
la correspondencia entre la forma de un símbolo lingüístico y el significado. Este proceso es
complejo, pero podemos especular un poco sobre cómo sucede. Por ejemplo, una niña pequeña
que está adquiriendo el español, es de cuatro patas que
maúllan
principio los llame miamiau, o alguna variación del maullido de un gato, pero eventualmente va
a asociar el objeto que maúlla con los símbolos que forman la palabra gato. Esta asociación se
vuelve más o menos permanente, y probablemente pasa a almacenarse en la memoria de largo
plazo. En este sentido, decimos que la correspondencia entre símbolos y significados se aprende
en contacto con el entorno, y que se refleja de manera directa en las entradas del lexicón.

1.1. Variaciones en la entrada léxica

El lexema de la palabra puede variar según la modalidad del lenguaje. Por ejemplo, el verbo
caminar se representaría parcialmente de la siguiente manera en español:

(3) /kaminar/

V(erbo)
1ª conjugación

representación de los sonidos, y la información gramatical. En cambio, en inglés, la forma del


verbo cambia, y también la información sobre conjugación, que no existe en inglés (aunque sí se
agrupan los verbos de manera distinta según si son regulares o irregulares):

(4) /w k/

V(erbo)

El inglés y el español comparten que la forma del signo lingüístico es oral, es decir está formada
por sonidos producidos con la boca. En otras lenguas, la forma del signo es gestual. Por ejemplo,
el verbo correspondiente a caminar en la lengua de señas mexicana (LSM), se representa de
manera muy distinta:

(5) en LSM (tomado de (Aldrete, 2009)

V(erbo)
En LSM, el gesto para caminar es un movimiento de los dedos alejándose del cuerpo. Como
vemos, la forma de la palabra es totalmente distinta, pero el concepto con el que se asocia es el
mismo, y la información gramatical no incluye conjugaciones.
Además, también puede haber variación en los rasgos gramaticales de la entrada léxica. El
español indica género y número para los nombres, como vemos a continuación:

(6) /per/
[Gen]
[Num]

(7) /arbol/
[Masc]
[Num]

En otras lenguas, en cambio, hay sistemas de clasificación que funcionan con el mismo principio
del género, pero que incluyen muchas más categorías. Por ejemplo, las lenguas bantúes son
famosas por clasificar a los nombres en varios grupos que tienen diferentes prefijos que
corresponden a patrones de concordancia distintos con adjetivos, artículos, etc. De la misma
manera que el género co-varía entre un nombre, un adjetivo y un artículo en español, en las
lenguas bantúes lo hacen según la clase de palabra a la que pertenece el nombre. En el ejemplo
de (8) del sesotho, vemos dos clases distintas con distintos prefijos: el prefijo ba- que identifica a
la clase 2 y el prefijo dí- y tse- que identifica a la clase 10 (v. (Demuth, 2000), p. 273).

(8) Ba-shányana bá-ne bá-fúmáné dí-perekisi tsé-monáte


2-niños 2-DEM 2SM-encontraron 10-durazonos 10-buenos

Históricamente las clasificaciones correspondían a criterios semánticos, por ejemplo en proto-


bantú, las clases 1 y 2 correspondían a humanos y otros seres animados, las clases 3/4 a árboles,
plantas, partes del cuerpo no pareadas y a otros seres inanimados, y las clases 5/6 a frutas, partes
del cuerpo pareadas y fenómenos naturales. Sin embargo, como vemos en (8), en las lenguas
bantúes modernas, la base semántica de la clasificación ya no opera, y en sesotho una fruta
pertenece a la clase 10.
En resumen, vemos dos rasgos morfogramaticales que se representan en las entradas léxicas:
para el español (pero no para el inglés ni el sesotho) el género masculino o femenino. Para el
sesotho y otras lenguas bantúes, la clase a la que pertenece el nombre.
Expansión. ¿Para qué sirve el género y los clasificadores?

Podemos pensar en los clasificadores y el género como dos mecanismos que nos ayudan a
organizar mentalmente las palabras. Desde un punto de vista gramatical, esto permite
aplicarle la misma regla gramatical a todas las palabras del mismo grupo (en este caso los
nombres femeninos o masculinos). Desde el punto de vista cognitivo, permite facilitar el
acceso a las palabras y su procesamiento. Del mismo modo que es más fácil encontrar una
prenda de ropa si está ordenada por cajones (medias, camisas, pantalones) que si está
mezclada en un gran montón, es más fácil acceder a una palabra si limito la búsqueda al
grupo de nombres femeninos (o masculinos) y no a todas las posibles palabras que almaceno
en la mente.

Lo mismo se puede decir de las conjugaciones verbales: tienen la función de clasificar y


subidvidir grupos grandes de palabras en grupos más pequeños y accesibles cognitivamente.
El costo de esta operación es que el sistema de morfemas es más complejo que si solo hubiera
un gran grupo.

1.2. La connotación e información enciclopédica

El significado conceptual de una palabra no es fácil de definir, específicamente qué aspectos del
referente son relevantes en la definición de un concepto. Por ejemplo, un chihuahua y un mastín
se denominan con la misma palabra perro a pesar de la gran diferencia de tamaño y de forma.

Cuando un hablante oye o produce la palabra perro no solo entiende que se refiere al
Hay más información asociada
con ese concepto mental. Por una parte, los significados de las palabras se asocian con conceptos
similares, por ejemplo, perro evoca y active cerebralmente el concepto de gato, pero no el de
aguja. Incluso se ha mostrado recientemente que los conceptos semánticamente similares se
agrupan en regiones cerebrales cercanas. En un estudio reciente (v. (Huth, Heer, Griffiths,
Theunissen, & Gallant, 2016)) se hizo un modelo de la activación cerebral de varios participantes
mientras oían historias orales, y el mapa del cerebro muestra que palabras como surface, amount,
weight, inches, heavy, tops, heavier, lighter, pounds, que indican dimensiones físicas activan
regiones similares en el cerebro. Curiosamente, esa misma región se activa con water, deck,
debris, freezing, damp, upwards que no parecen relacionados con las dimensiones físicas.
Además de esta conexión de parecido semántico o conceptual, hay otros tipos de
asociaciones entre los significados de las palabras, llamadas connotación. Por ejemplo, si de
niño tuve un perro llamado Berta, es posible que la palabra perro evoque a ese perro concreto, o
que me recuerde la felicidad que me producía. En cambio, si los perros me producen alergias, es
posible que asocie la palabra y el concepto de perro con estornudos, ojos llorosos, etc. Es posible
que perro también evoque el concepto peludo, o ladrido.
Aunque esa información puede estar asociada con el concepto perro, no tiene relevancia en
la gramática. Por eso no hay reglas gramaticales que se le apliquen a la palabra perro solo si el
referente es peludo. Tampoco hay reglas gramaticales que asocien las palabras perro, peludo y
ladrar, aunque en la representación mental puedan estar conectadas de alguna manera. Para la
gramática, lo que importa no es si perro se asocia con peludo, sino si perro pertenece a una clase
gramatical de palabra, en este caso, importa que la palabra perro es un nombre, y como nombre,
entra en el mismo grupo de palabras como alegría, niebla o ciudad, aunque conceptualmente no
tiene mucho en común con ellas. Por ejemplo, la gramática tiene una regla que obliga a que los
nombres concuerden en número con los adjetivos, como vemos en (9)a, pero esa regla no se le
aplica a ladrar porque no es un nombre, como vemos en (9)b.

(9) a. Los perros grandes, las nieblas continuas, las alegrías inmensas
b. *Ladrar fuertes

Otro aspecto de la información que es parte del concepto tampoco es gramaticalmente relevante,
es lo que se llama información enciclopédica. Por ejemplo, la palabra teniente se refiere a un
rango militar, y gramaticalmente es un nombre. Hasta hace unos 30 años, solo los hombres eran
tenientes, pero eso es parte del conocimiento del mundo de los hablantes, que cambia y que no es
relevante para la gramática. En el caso de teniente, seguramente hace 50 años no era frecuente
hablar de la teniente, porque no había muchas mujeres que lo fueran, pero si alguien hubiera
producido esa forma, habría seguido las reglas gramaticales del español (la teniente, o quizás la
tenienta), independientemente de si en ese momento existían mujeres con ese grado militar.

2. Información gramatical de las entradas léxicas

En esta sección exploramos dos aspectos importantes de las entradas léxicas: la especificación de
categoría gramatical, y la de algunos rasgos relevantes en español, como género, número y
persona. En otros capítulos añadiremos más especificaciones relevantes, cuando se vayan
presentando los conceptos.
Una parte muy importante de las reglas gramaticales se refieren al concepto de categoría
gramatical o clase de palabra. Esta información clasifica a las palabras en un número limitado
de grupos (categorías), como nombre, verbo, preposición, adjetivo o adverbio. Como
veremos más adelante, a cada uno de estos grupos se les aplican distintas reglas gramaticales, y
en cierto sentido son la base sobre la que se construye la sintaxis. Estos conceptos son muy
antiguos, y de hecho la gente los usa con bastante frecuencia tanto en el lenguaje diario, como
por ejemplo en las clases de lengua de la escuela o de la universidad. ¿Qué es un nombre o un
verbo? A continuación, vamos a explorar criterios sistemáticos para definirlos.

2.1. La forma de las palabras

Cada categoría tiene una forma un poco distinta. De la misma manera que podemos clasificar a
un ser humano por su forma (que lo distingue de un perro, pero también de un gorila), los
distintos tipos de palabras tienen propiedades formales distintas. No nos referimos a las
diferencias de sonido que hay entre luna y café, que solo comparten en común el sonido /a/, sino
a una diferencia más compleja que se refleja en la estructura morfológica. Las palabras
frecuentemente se pueden dividir en partes más pequeñas, y cada una de esas partes, que se llama
morfema, tiene un significado propio más o menos claro. Por ejemplo, la palabra
excelentemente del ejemplo (10)a puede dividirse en dos partes, como vemos en (10)b.
Intuitivamente, la parte excelente mente también:
excelentemente es

(10) a. excelentemente
b. excelentemorfema1 + mentemorfema1

Cada una de las unidades que forman excelentemente se puede observar en otros contextos con
un significado parecido: en (11)a vemos que excelente aparece en el plural, o con otro morfema
ísimo, y en (11)b se puede ver que mente también aparece con otros morfemas como torpe,
horrible y franca.

(11) a. excelente-s, excelent-ísimo


b. torpe-mente, horrible-mente, franca-mente

Para saber si una parte de una palabra es un morfema o no, esa parte debe tener significado
propio, y además, el significado debe verse en combinaciones con otras secuencias.

Morfema: Unidad lingüística mínima con significado propio

Hay distintos tipos de morfemas, por un lado, algunos expresan la parte central del significado
conceptual de la palabra, y se llaman raíces. Por ejemplo, la palabra perro está formada por dos
morfemas: perr- y o, pero la raíz es perr-, porque es la que contiene el significado conceptual.
El morfema o, en cambio, se llama un morfema flexivo, suele tener información gramatical,
como veremos.

(12) a. casRaíz- + -aFlex


b. llamRaíz + -éFlex
c. amarill Raíz + -oFlex + -sFlex

En otros casos, el morfema no es ni raíz ni flexión, sin un morfema derivativo. En este caso, el
morfema cambia parte del significado de la raíz (y también de su categoría gramatical):

(13) a. mentRaíz + e
b. mentRaíz -alDer

La raíz de las dos palabras es la misma: ment, que describe la capacidad cognitiva de los seres
humanos, pero en el segundo ejemplo, el morfema al distingue a las dos raíces: mientras que
mente es un nombre, mental es un adjetivo que se refiere a una característica. En los dos casos, la
raíz es ment-, y en el segundo caso, al es un morfema derivativo. Es importante notar que la e
de mente no es parte de la raíz (por eso no está en mental), sino una vocal que evita que la
palabra acabe en consonante t, que no es posible en español.
Los morfemas flexivos y derivativos van a ser esenciales para definir las categorías
gramaticales, porque, como vamos a ver, son muy selectivos: no aparecen con cualquier tipo de
palabra. Por ejemplo, en muchas variedades de español, el prefijo re- solo aparece en palabras
verbales: re-nacer, re-componer, re-pensar. En el español mexicano, en cambio, además de
aparecer en verbos, también aparece en adjetivos: re-bueno, re-barato. Eso quiere decir que si
miramos a la lista de palabras con las que aparece un determinado morfema flexivo o derivativo,
esa lista frecuentemente tiene una (o más) categorías comunes, y por lo tanto podemos usar esos
morfemas como diagnóstico de esas categorías. En ese sentido, los morfemas pueden ser como
las banderas o los uniformes de los equipos olímpicos: si el deportista tiene el uniforme de Costa
Rica, es del equipo costarricense, pero si aparece desfilando bajo la bandera panameña, será del
equipo panameño. En este ejemplo, los uniformes y las banderas coinciden, como veremos, la
categoría gramatical también puede ser definida por varias características morfológicas o
sintácticas.
Los morfemas flexivos, como el género y el número, son muy útiles s
categorías gramaticales, porque solo aparece con ciertos tipos de palabra, como vemos en (14):

(14) a. niñ-a, prim-o, perr-a, cas-a, montañ-a, edifici-o


b. *por-a, *canto-a, *francamente-o

Las combinaciones de (14)a son posibles, pero las de (14)b no, como si los atletas ecuatorianos o
bolivianos trataran de desfilar con la bandera brasileña en las olimpiadas. En los ejemplos de
(14)a, o y a indican masculino y femenino respectivamente. Cuando combinamos esos mismos
morfemas de género dentro de palabras de otras categorías, el resultado no es aceptable, como
vemos en (14)b. ¿Qué sugiere esto? Que los morfemas de género son sensibles a la categoría de
la palabra: pueden aparecer con nombres (en (14)a), pero no pueden aparecer una preposición
(por), un verbo (canto) o adverbio (francamente) (como se ve en (14)b).
Ahora veamos qué pasa con el morfema de número s, en este caso es posible con los
mismos ejemplos que aceptaban el morfema de género, e imposible con los que no:

(15) a. niñ-a-s, prim-o-s, perr-a-s, cas-a-s, montañ-a-s, edifici-o-s


b. *por-(e)s, *canto-s, *francamente-s

Los dos tipos de morfemas (género y número) son posibles con la misma clase de palabra: los
nombres. Además, como podemos ver a continuación, también son compatibles con adjetivos y
artículos:

(16) a. cansad-a-s, estupend-o-s, dormid-a-s, divertid-o-s, alt-o-s


b. l-o-s, un-o-s
Esto quiere decir, que si una palabra tiene morfemas de género y número, pertenece a las clases
de los nombres o de los adjetivos, pero no a la de las preposiciones, los verbos, los adverbios,
etc. Nuestra hipótesis inicial es la siguiente:

Hipótesis inicial: Los nombres y los adjetivos se distinguen por tener morfemas de género y
número

Sin embargo, en este punto me encuentro con varias posibles objeciones: ¿qué pasa con las
siguientes palabras?

(17) puente, mente, pendiente, verdad, estrechez, actor, consecuente, valiente

Estas palabras no terminan en o ni en a, ¿quiere decir que no son nombres o adjetivos? No


exactamente, por dos razones: la primera es que sí tienen morfemas de número s, como vemos:

(18) puente-s, mente-s, pendiente-s, verdade-s, estrecheces, actore-s, consecuente-s,


valiente-s

Recordemos que la e de verdade-s no es un verdadero morfema, sino una vocal que evita que
aparezcan dos consonantes seguidas no aceptables en español (*verdads). El hecho de que el
morfema de plural sugiere que estas palabras tienen la misma categoría que niño, casa o alto.
Pero, además, aunque no terminan en o o a, estas palabras sí tienen género, como vemos
cuando les añadimos un artículo a los nombres:

(19) el puente (*la puente), la mente (*el mente), la pendiente (*el pendiente), la verdad (*el
verdad), la estrechez (*el estrechez), el actor (*la actor)

En este caso, su verdadero género gramatical aparece claramente: unas son masculinas, otras son
femeninas. ¿Tenemos que modificar la hipótesis inicial? Mente y puente parecen ser ejemplos en
los que el género no va asociado con un morfema explícito. Tenemos dos posibilidades: una,
decir que e es el morfema de género y a veces es masculino y otras femenino, y dos, que en
realidad hay un morfema nulo en esos casos.
La primera opción es difícil de sostener, porque la vocal e aparece también en
verdad/verdades, si fuera un morfema de género variable, debería aparecer también en el
singular (*verdade).
La segunda opción es que el género se puede expresar por un morfema nulo: Masc o
Fem. Aunque el concepto de morfema nulo puede sonar un poco extraño, es una manera de
formalizar un contenido que no tiene expresión explícita, pero que se manifiesta de alguna
manera (en este caso, en la concordancia con el adjetivo).
Hay una tercera opción, y es que en realidad el género es un rasgo gramatical abstracto, que
a veces aparece como o/ a, otras como ez (estrechez, femenino), or (actor, masculino), -dad
(verdad, femenino), o sin ningún morfema (puente, mente), que es la idea que vamos a adoptar:
(20) Rasgo gramatical Morfema(s) Ejemplos
Género
Masculino o, or, on suelo, error, dolor, alerón, matón
Femenino a, dad, -ción mesa, maldad, unidad, operación, canción
Número
Singular cárcel, silla, machones, rito
Plural s cárceles, sillas, manchón, ritos

Un rasgo gramatical abstracto es una propiedad gramatical asociada con una palabra. A partir
de ahora, distinguimos entre los rasgos gramaticales y los morfemas que codifican esos rasgos.
Un rasgo puede codificarse en distintos morfemas, como vemos en (13), o no tener un morfema
específico (el del morfema singular).
La hipótesis final es la siguiente:

Hipótesis final: Los nombres y los adjetivos se distinguen por tener rasgos de género y
número.

¿Puedo concluir que todas las palabras que indican sexo son nombres o adjetivos? Claramente
no, porque este diagnóstico se basa en rasgos gramaticales de género y número (que se codifican
en los morfemas de género y de número), no al sexo del referente. Es decir, la palabra
melocotonero es un nombre masculino porque termina en el morfema o, no porque los árboles
tengan características masculinas. El género gramatical solo se correlaciona con el sexo del
referente cuando el referente es un ser animado (niño~niña, perro~perra), pero no cuando el
referente es inanimado (casa, techo).
Otros morfemas solo aparecen con nombres o adjetivos, pero son menos generales que los
de género y número. Por ejemplo, los morfemas aumentativos y diminutivos en algunas
variedades del español se limitan a los nombres y adjetivos:

(21) a. carr-it-o, carr-az-o, cas-ot-a, abuel-it-a, arbol-ic-o


b. chiqu-it-it-a, chiqu-it-ic-a, bon-ic-o, mal-it-o, azul-it-a

Como vemos en los ejemplos de arriba, hay distintos tipos de diminutivos y aumentativos, que
varían mucho según la región. Posiblemente el más frecuente es it. En algunas variedades
americanas, estos morfemas también se aplican a los adverbios: aquí-cit-o, después-it-o.
Veamos ahora otros tipos de morfema flexivo que también se limita a una sola categoría:
persona y tiempo. Cuando hablamos de persona gramatical, nos referimos a la marca
gramatical que refleja los participantes de un intercambio lingüístico: siempre hay un hablante
(la primera persona gramatical), a veces, un oyente (la segunda persona gramatical), y, otras
veces, personas que no son ni el hablante ni el oyente (la tercera persona gramatical):

(22) Estoy pensando que puedes venir a la casa para que Luisa nos recoja

En este ejemplo, el hablante corresponde está representado por estoy (primera persona), el
oyente por puedes (segunda persona) y Luisa por recoja (tercera persona):
(23) Participantes y personas gramaticales
Participante en el Rasgo gramatical
Ejemplo
discurso de persona
Hablante 1ª persona estoy
Oyente 2ª persona puedes
Otros 3ª persona recoja

Los rasgos gramaticales de persona frecuentemente se expresan en morfemas, como vemos en


los ejemplos de (24). En español, estos morfemas también indican el número (singular o plural)
y el tiempo (presente, pasado) de la forma verbal. En el primer ejemplo, el morfema -mos indica
primera pers , en el segundo ejemplo, el morfema í indica
tercera persona singular del pasado, y (ie)ron, tercera persona plural del pasado.

(24) a. come-mos, come-n


b. com-í, com-ieron

Estos morfemas son más complejos que los de género en el nombre y al adjetivo, porque la
misma terminación indica más de un significado. Es decir, varios rasgos gramaticales coinciden
en un solo morfema, el morfema no se puede segmentar en unidades más pequeñas que
correspondan a los distintos rasgos. Cada combinación resulta en un morfema distinto:

(25) Rasgo Morfema Rasgo Morfema Rasgo Morfema


Tiempo Pres Pas Imp
ban (i-ban)
Persona 1ª o (and-o) 2ª ste (fui-ste) 3ª
an (rei-an)
Número Sing Pl Pl

El morfema de número es la excepción: se puede separar, pero solo en la tercera persona: canta ~
canta-n. También es interesante notar que aunque el rasgo de número aparece tanto con nombres
como con verbos (casa-s, limpia-n), nunca es el mismo morfema: con los nombres siempre es s,
con los verbos varía (canta-n, canta-mos).
Lo interesante de estos morfemas es que solo aparecen con formas verbales. Si tratamos de
combinar un morfema de tiempo, número y persona con un nombre, un adjetivo o una
preposición, el resultado es agramatical.

(26) a. *comid-amos (de comida+mos), *cas-í (de casa+í)


b. *azul-en (de azul+-en a , *grande-mos (de grande+mos

c. *entre-ieron, *entr-ieron, *entreron (de entre+ieron

De nuevo, la generalización que sugiere la diferencia entre (24) y (26) es que las palabras de (24)
forman un grupo separado de las de (26), lo que llamamos categoría, en este caso, la categoría
verbo.

Los verbos se distinguen por tener rasgos de persona, tiempo, y número


Como en el caso del género y número de los nombres, con los verbos también parece haber
excepciones, ejemplos en los que nos aparece explícitamente la terminación de tiempo, persona o
número:

(27) a. comer
b. andando

Sin embargo, igual que el género aparece cuando un nombre se combina con un determinante, el
tiempo y la persona de los infinitivos y los gerundios aparece en combinación con otros verbos:

(28) a. Puedo comer


b. Seguían andando

En el primer ejemplo, el sujeto de comer es el hablante (primera persona), y el evento es


simultáneo o posterior al presente indicado por puedo. En el segundo ejemplo, el sujeto de
andando es una tercera persona, y el tiempo es pasado (el que indica seguían).
Por ejemplo, si digo me prometió comer, comer se refiere a un momento de tiempo simultáneo o
posterior a la promesa, y en ese sentido indica una referencia temporal, pero que depende del
tiempo de otro verbo.
Otros morfemas aparecen solo con verbos, pero con un subrupo:

(29) color-ear, fantas-ear, horn-ear, golp-ear

En realidad, -ear está formado por tres morfemas distintos: -e-a-r, -e es un morfema derivativo
que se aplica a raíces nominales (color, fantas, horn, golp) y forma verbos de la primera
conjugación (indicada por a). El tercer morfema, -r, es el morfema de infinitivo. Esto quiere
decir que una palabra que termina en ear es de categoría verbal.
También es importante notar que, las propiedades que venimos describiendo no
necesariamente funcionan en otras lenguas. Hemos visto que en español los nombres tienen
morfemas de género y número, pero en inglés ese no es el caso: solo tienen morfemas de
número, como vemos en (30), donde el morfema s indica plural, pero no hay morfema que
indique masculino o femenino.

(30) a. the book


b. the books

En el caso del verbo, el inglés distingue el tiempo, como vemos en (31)a (sing~sang), pero no el
número, como vemos en (31)b (sing~sing) y solo distingue la tercera persona singular en el
presente, como vemos en (31)c (run~runs frente a ran). Es decir, en inglés podríamos identificar
los verbos usando el morfema de tiempo, y el de tercera persona en el presente singular.

(31) a. You sing well, but you sang really well yesterday
b. We sing OK, but you sing really well.
c. I run a mile in 2 minutes, he runs it in 2.5 minutes, but she ran it in 2.2.
Si observamos otra lengua como el shipibo, que se habla en la región del amazonas peruano,
vemos en (32) que la morfología del verbo tampoco cambia según la persona: en el primer
ejemplo, el sujeto de tercera persona aparece con el verbo joke (32)a y la primera
persona aparece con el misma forma en (32)b).

(32) a. Jara joke


él/ella ha venido
b. Eara joke
yo he venido

Los nombres en Shipibo tampoco tienen terminaciones morfológicas de género, pero sí de


número, igual que en inglés, como vemos en (33).

(33) a. joni
b. joni-bo

¿Quiere esto decir que las categorías gramaticales varían de lengua a lengua? No exactamente,
lo que definitivamente varían son las pruebas para determinar qué palabra pertenece a cada
categoría cambian de lengua a lengua, como acabamos de ver.

2.2. Resumen: las categorías según la forma de las palabras

En la sección anterior hemos visto cómo se puede usar el criterio de los rasgos
morfogramaticales y los morfemas asociados con ellos para definir algunas categorías
gramaticales. Concretamente, los rasgos de género y número, y en menor medida los
diminutivos y aumentativos, son rasgos de nombres y adjetivos. Los rasgos de tiempo, persona y
número, por otro lado, son rasgos de verbos. No hay un rasgo general para los adverbios, y no
hay ningún morfema (o rasgo) para las preposiciones. Por ejemplo, los adverbios no comparten
una única propiedad morfológica común. Los que indican modo o actitud suelen terminar en
mente (abiertamente, francamente, etc.), pero hay adverbios de otro tipo que no tienen
morfología específica, como ayer, así, ahí, etc.
En el caso de las preposiciones, no hay ningún morfema que nos sirva para identificarlas.
Todas son palabras de una (a, en, de) o dos sílabas (desde, entre, para), y por lo tanto no hay
mucho lugar para que tengan varios morfemas.
El resultado de esta clasificación se resume a continuación:

(34) Categorías gramaticales según la morfología


Preposi-
Nombres Adjetivos Verbos Adverbios
ciones
Rasgos Género y Género y Tiempo, Manera*
morfoló- número, número, persona,
gicos diminutivos diminutivos número
Morfemas o, a, or, o, a, or, -mos, -é, -mente*
típicos dad, it it -
oso, tabla, malo, roja, vamos, buenamente, por, de,
Ejemplos verdad, revelador, íbamos, francamente, para,
actor, casita chiquita llegué rápidamente desde
*Solo se aplica a adverbios de manera, no a otros adverbios, por lo tanto, no es general

Por lo tanto, la clasificación de las categorías tiene que afinarse con otros criterios, además de la
morfología. Por un lado, necesitamos criterios para distinguir entre los nombres y los adjetivos,
y por otro, diagnósticos para las categorías que no tienen morfemas típicos (adverbios y
preposiciones).
La estrategia general para determinar las categorías gramaticales consiste en encontrar
suficientes criterios de distinto tipo que nos den resultados parecidos y a partir de ahí podemos
clasificar las palabras de manera más deductiva: si la categoría X tienen las propiedades a, b y c,
y una palabra muestra la propiedad a (pero no b y c), entonces seguramente pertenece a la
categoría X. Volviendo a nuestro ejemplo olímpico, si una atleta tiene un uniforme del mismo
color que los atletas cubanos, entonces puedo concluir que es parte de la delegación cubana,
aunque no siempre esté junto a la bandera de la delegación cubana.

Expansión. ¿Son universales todas las categorías?

Hemos visto que en inglés y en español hay categorías parecidas: nombre, verbo, adjetivo,
preposición, adverbio, pero se ha dicho que algunas lenguas no tienen esas mismas
categorías. Por ejemplo, el quechua tiene muy pocos adverbios y no los usa productivamente,
y muchos lingüistas sugieren que el Mohawk no tiene adjetivos. ¿Son entonces universales
las categorías?

Hay dos posibles respuestas a esta pregunta: la primera es que no, las lenguas varían de
manera arbitraria e inexplicable, igual que a algunas personas les gusta el helado de chocolate
y a otras el de fresa, las lenguas varían de manera más o menos aleatoria. Sin embargo, este
punto de vista no explica ciertas observaciones generales, por ejemplo, el número de
categorías es bastante limitado; las lenguas que no tienen adjetivos, expresan la misma idea
usando verbos, etc. Por eso, otros lingüistas tratan de dar una explicación más general que
derive estas diferencias de manera más sistemática. Ver las lecturas adicionales al final del
capítulo, especialmente (Baker, 2003).

2.3. El criterio de la distribución sintáctica

En las secciones anteriores discutimos el criterio de la forma de la palabra para determinar la


categoría: qué rasgos y qué morfemas se asocian exclusivamente con ciertas categorías. En esta
sección, vamos a ver un segundo criterio que nos permite identificar la categoría gramatical de
una palabra es por su distribución sintáctica. Para entender a qué nos referimos, imagínese que
usted tiene una amiga Natalie con costumbres muy fijas: desayuna siempre en una pastelería de
donuts a las 9:00, asiste a clase de cálculo a las 11:30 los lunes y jueves, juega al tenis los
miércoles a las 3:00 y se va a su casa en el tren a las 4:30 todos los días. Alguien que no conozca
a Natalie, pero que oiga todas esas características podría reconocer: la persona que esté en la
pastelería, en clase de cálculo, jugando tenis y en el tren a esas horas, probablemente sea Natalie.
En este ejemplo, hemos identificado a Natalie por sus costumbres (por los lugares en los que está
a ciertas horas), no por su aspecto físico.
Con las palabras pasa algo parecido: podemos determinar de qué categoría son según los
contextos sintácticos en los que aparecen. La diferencia con nuestro ejemplo es que la
distribución sintáctica no depende de los distintos momentos del día o de la semana, sino de la
posición de la palabra respecto a otras palabras. Por ejemplo, imagínese que le pidieran que
rellenara el cuadrado que aparece en (35), con una sola palabra que complete el significado de la
oración:

(35) Compramos la en la tienda

En (36) se presentan algunas de palas palabras que pueden aparecer en ese espacio (además de
muchas otras). En cambio, las palabras de (37) no pueden aparecer en el espacio en blanco de
(35). Es decir, ese contexto de (35) define un entorno sintáctico que solo es apropiado para cierto
tipo de palabras, en este caso los nombres.

(36) Compramos la comida en la tienda


ropa
manzana
pizza

(37) Compramos la *comer en la tienda


*francamente
*para
*recibí

El contexto sintáctico de (35) permite que aparezcan nombres (y adjetivos, pero los dejamos de
lado por ahora), pero no otras categorías. Por supuesto, tenemos que describir o definir
exactamente cuál es el contexto sintáctico del que estamos hablando, o puesto de otra manera,
¿qué tiene (35) que restringe ese contexto solo a nombres? En este caso concreto, es la presencia
de un artículo (la). Es decir, los nombres aparecen típicamente después del artículo.
Es importante notar que este diagnóstico distribucional de la categoría nombre nos da
resultados bastante parecidos a la prueba de morfología que veíamos en la sección anterior: el
criterio morfológico indicaba que comida, ropa, manzana y pizza son nombres porque tienen un
rasgo de género que se ve en el morfema a (y potencialmente de número: comidas, ropas,
manzanas, pizzas). Ahora vemos que la prueba de distribución sintáctica confirma esa idea: las
palabras que aparecen en el contexto de (36) son nombres.
Los ejemplos de (35)-(36) muestran cómo los nombres tienen una distribución sintáctica
común, después de un artículo. Podemos extender este tipo de prueba de distribución sintáctica a
otras categorías para mostrar que también forman una clase común, como vemos en (38), donde
las palabras que aparecen en ese contexto sintáctico son verbos. Nuevamente, si tratamos de
colocar palabras como de, balón, grande, derrotas el resultado es una secuencia agramatical,
como vemos en (39)a-d respectivamente. La razón es que en ese contexto sintáctico no puede
aparecer sino un verbo, y de, balón, grande no lo son.
(38) a. El jugador de Alemania a su contrincante
b. acorraló, superó, derrotó, avergonzó, asombró, desilusionó, ayudó...

(39) a. *El jugador de Alemania de a su contrincante


b. *El jugador de Alemania balón a su contrincante
c. *El jugador de Alemania grande a su contrincante
d. *El jugador de Alemania derrotas a su contrincante

Es importante observar que la razón por la que las palabras pueden o no aparecer en el contexto
sintáctico de (38) no tiene que ver estrictamente con su significado, sino por su categoría
gramatical: las palabras derrotó y derrotas se parecen bastante en cuanto al significado, pero
derrotó puede aparecer en el contexto de (38), mientras que derrotas no puede, como vemos en
(39)d. Esto muestra que la diferencia importante es la categoría gramatical, no el significado:
derrotar es un verbo y derrotas es un nombre.
El contexto sintáctico de (38)a fuerza a que solo pueda haber verbos. Es decir, la
distribución sintáctica de los verbos incluye el contexto de (38)a, entre un sujeto (el jugador de
Alemania) y un objeto directo (a su contrincante).
Las preposiciones normalmente aparecen a continuación de un nombre y seguidas por un
artículo, como podemos ver en (40). Nuevamente, otras categorías gramaticales no pueden
aparecer en estos contextos, como vemos en (41).

(40) a. El plato la mesa


b. de, para, en, con

(41) a. *El plato azul la mesa


b. *El plato cuchara la mesa

En este caso, entre un nombre (plato) y un grupo nominal (la mesa), podemos poner una
preposición (también podría ser un verbo como rompió).
La distribución sintáctica también nos permite diagnosticar la categoría gramatical adjetivo,
como vemos en (42)a. En este contexto, pueden aparecer palabras como simpática, extranjera, y
las otras que vemos en (42)b, pero en cambio no pueden aparecer verbos como corrió, o
preposiciones como en, como vemos en (43).

(42) a. Una persona no sabía cómo llegar al museo


b. simpática, extranjera, despistada, desconocida, efusiva, asustada, etc.

(43) a. *Una persona corrió no sabía cómo llegar al museo.


b. *Una persona en no sabía cómo llegar al museo.

Finalmente, en los ejemplos de (44) se ilustra el contexto sintáctico que diagnostica un adverbio,
y en (45) observamos otras categorías (un verbo comió, una preposición por) que no pueden
aparecer.

(44) a. Marta almuerza a las 4.


b. frecuentemente, nunca, siempre, no, raramente.
(45) a. *Marta comió almuerza a las 4.
b. *Marta en almuerza a las 4.

Estas pruebas nos han servido para diagnosticar 5 categorías gramaticales básicas: nombres,
verbos, adjetivos, preposiciones y adverbios. Para cada una de estas categorías hay un
conjunto de contextos sintácticos (parte de su distribución sintáctica) en el que solo aparece esa
categoría. Aquí hemos proporcionado solo un contexto sintáctico por categoría, hay más, pero lo
que nos interesa es generalizar esa distribución sintáctica de casos individuales a propiedades de
toda la clase, y explicar por qué existen esas distribuciones.

Expansión. ¿Por qué funciona la prueba de distribución sintáctica?

La prueba de distribución sintáctica parece un poco mágica: unas palabras pueden aparecer en
un contexto y otras no, pero esa prueba en realidad refleja el funcionamiento de las reglas
sintácticas, y una de las más importantes es la idea de selección: algunas palabras seleccionan
a otras. Por ejemplo, los verbos seleccionan a un nombre como complemento (si son
transitivos). En ese sentido, la distribución sintáctica nos indica la compatibilidad sintáctica
entre una palabra y las que están a su alrededor. Como veremos más adelante, la situación es
un poco más compleja, pero la idea de selección es un mecanismo gramatical esencial.

2.4. Resumen del criterio distribucional

En esta sección hemos visto que los distintos grupos de palabras que habíamos identificado
según los rasgos gramaticales son sensibles al contexto sintáctico en el que aparece: detrás de un
artículo, aparece típicamente un nombre o un adjetivo; entre dos nombres (o grupos nominales),
aparece típicamente un verbo o una preposición, etc. Este criterio nos permite confirmar la
identificación de las distintas categorías. Además, hemos definido la distribución sintáctica como
el conjunto de contextos sintácticos que caracterizan a una palabra o categoría. Volviendo a
nuestro ejemplo de Natalia, es como si pudiéramos identificarla por todos los lugares y
momentos en los que solo participa ella, y al mismo tiempo, definir su vida por los lugares y
momentos de su rutina diaria. Probablemente algo no muy positivo en el caso de la gente, pero sí
muy útil en el caso de las palabras.

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