C. R. Moraes, Geografía.
Pequeña historia crítica 6
MORAES, A (1983) “Geografía. Pequeña historia crítica”.
GEOUNTREFEDUNTREF: Buenos Aires. Selección Cap1 . pp. 6-8
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El objeto de la Geografía
La pregunta que introduce este libro –¿qué es la Geografía?– aparentemente es
bastante simple. Sin embargo se refiere a un campo del conocimiento científico, donde reina
una enorme polémica. A pesar de la antigüedad del uso del rótulo Geografía, que fue también
incorporado al vocabulario cotidiano (cualquier persona podría dar una explicación de su
significado), en términos científicos existe una intensa controversia sobre la materia tratada por
esta disciplina. Esto se manifiesta en la indefinición del objeto de esta ciencia, o mejor dicho, en
las múltiples definiciones que le son atribuidas.
Algunos autores definen a la Geografía como el estudio de la superficie terrestre. Esta
concepción es la más usual, y simultáneamente la de mayor vaguedad. Debido a que la
superficie de la Tierra es el teatro privilegiado (durante mucho tiempo el único) de toda reflexión
científica, es lo que desautoriza la asignación de su estudio como especificidad de una sola
disciplina. Esta definición del objeto se apoya en el propio significado etimológico del término
Geografía – descripción de la Tierra. Así, cabría al estudio geográfico describir todos los
fenómenos manifestados en la superficie del planeta, siendo una especie de síntesis de todas
las ciencias. Esta concepción se origina en las formulaciones de Kant. Para este autor, habría
dos clases de ciencias, las especulativas, apoyadas en la razón y las empíricas apoyadas en la
observación y en las sensaciones. A nivel de las segundas, habría dos disciplinas de síntesis,
la Antropología, síntesis de los conocimientos relativos al hombre, y la Geografía, síntesis de
los conocimientos sobre la naturaleza. De esta forma, la tradición kantiana coloca a la
Geografía como una ciencia sintética (que trabaja con datos de todas las demás ciencias),
descriptiva (que enumera los fenómenos abarcados) y que trata de abordar una visión de
conjunto del planeta. Las mayores polémicas provocadas por esta perspectiva, denominada
corológica (visión espacial, en oposición a la cronológica o enfoque temporal), hablan respecto
del significado preciso de la superficie terrestre. Algunos autores van a referirse a la biosfera
(esfera del planeta que presenta formas vivientes); otros, a ña costa terrestre (capa inferior de
la atmósfera más la capa superior de la litósfera), encubriendo, con la discusión terminológica
la vaguedad de esta definición del objeto. En fin, la idea de descripción de la superficie de la
Tierra alimenta la corriente mayoritaria del pensamiento geográfico.
Otros autores van a definir a la geografía como el estudio del paisaje. Para estos, el
análisis geográfico estaría restringido a los aspectos visibles de lo real. El paisaje, presentado
como objeto específico de la Geografía, es visto como una asociación de múltiples fenómenos,
lo que mantiene la concepción de ciencia de síntesis, que trabaja con datos de todas las demás
ciencias. Esta perspectiva presenta dos variantes, para la aprehensión del paisaje: una,
manteniendo la tónica descriptiva, se detendría en la enumeración de los elementos presentes
y en la discusión de las formas –de aquí su denominación de morfológica. La otra se
preocuparía más por la relación entre los elementos y la dinámica de estos apuntando hacia un
estudio de , fisiología, esto es, al funcionamiento del paisaje. La perspectiva de la morfología
presenta, en su génesis, fundamentos oriundos de la Estética: el capítulo inicial de la obra de
Humboldt Cosmos se titula “Los grados de placer que la contemplación de la naturaleza puede
ofrecer” y uno de los autores más citados allí no es un filósofo o científico, sino el literato
Goethe. Cabría observar el horizonte abarcado por la visión del investigador, y de esta visión
sobrevendría la explicación. De aquí la gran valorización de la intuición en los procesos de
análisis propuestos por esta perspectiva, surgiendo así de aquí una considerable carga
irracional en el pensamiento geográfico. La perspectiva de la fisiología del paisaje se va a
fundamentar en la Biología, particularmente en la idea de organismo, con funciones vitales y
con elementos que interactúan. A la Geografía le correspondería buscar estas interrelaciones
entre fenómenos de distintas características que cohabitan en una determinada porción del
espacio terrestre. Esta perspectiva introdujo a la Ecología en el dominio geográfico.
Otra propuesta hallada, en realidad una variación sutil de la anterior, es la de aquellos
autores que proponen a la Geografía como el estudio de la individualidad de los lugares. Para
ellos, el estudio geográfico debería abarcar todos los fenómenos que están presentes en un
área dada, teniendo como meta comprender el carácter singular de cada porción del planeta.
Algunos geógrafos van a buscar cumplir con esta meta a través de la descripción exhaustiva de
los elementos, otros por medio de la visión ecológica, encontrando en la propia interrelación, un
elemento de singularización. En ambas propuestas, es la individualidad local lo que importa.
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Esta perspectiva tendría sus raíces en autores de la Antigüedad clásica como Heródoto o
Estrabón, que realizaron estudios mostrando los rasgos naturales y sociales de las tierras, por
donde anduvieron. Modernamente, tal perspectiva tiene su expresión más desarrollada en la
llamada Geografía Regional. Esta propone, como objeto de estudio, una unidad espacial, la
región – una determinada porción del espacio terrestre (de dimensión variable), posible de ser
individualizada, en función de un carácter propio.
La definición de la Geografía, como el estudio de la diferenciación de áreas, es otra
propuesta existente. Tal perspectiva propone una visión comparativa para el universo del
análisis geográfico. Busca individualizar las áreas, teniendo en vista compararlas con otras; de
ahí el acento en los datos que diferencian a cada una. De esta manera, la explicación es
buscada por encima (si bien que por intermedio) de los casos singulares. De las definiciones
vistas, esta es la primera en proponer más generalizadora y explicativa. Son buscadas las
regularidades de la distribución y de las interrelaciones de los fenómenos. Tal concepción es la
más restrictiva, en términos abarcativos, del pensamiento geográfico.
Existen también autores que buscan definir la Geografía como el estudio del espacio.
Para estos, el espacio sería plausible de un abordaje específico, el cual justificaría el análisis
geográfico. Tal concepción, en verdad minoritaria y poco desarrollada por los geógrafos, es
bastante vaga y encierra aspectos problemáticos. El principal de ellos tiene que ver con la
necesidad que se entiende por espacio – cuestión polémica, a nivel de la propia Filosofía. Sin
querer entrar en la polémica, se pueden enumerar las tres posibilidades más usuales en el
tratamiento de la cuestión: el espacio puede ser considerado como una categoría del
entendimiento, esto es, toda forma de conocimiento se efectiviza a través de categorías como
tiempo, grado, género, espacio, etc. En esta concepción, el espacio, además de ser destituido
de su existencia empírica, sería un dato de toda forma de conocimiento, no pudiéndose
calificarlo de específico de la Geografía. El espacio también puede ser concebido como un
atributo de los seres, en el sentido en que nada existiría sin ocupar un determinado espacio. En
esta concepción, el estudio del atributo espacial de cualquier fenómeno se daría en el análisis
sistemático de este. Así, no sería posible proponerlo como un estudio particular, luego como
objeto de la Geografía. Finalmente, el espacio puede ser concebido como un ser específico de
lo real, con características y dinámica propias. Aquí cabría una posibilidad de pensarlo como
objeto de la Geografía, sin embargo, sólo después de demostrar la afirmación efectuada. Esta
perspectiva de la Geografía, como estudio del espacio, enfatiza la búsqueda de la lógica de la
distribución y localización de los fenómenos, lo cual sería la esencia de la dimensión espacial.
Sin embargo, esta Geografía que propone la deducción, sólo consiguió efectivizarse a costa de
artificios estadísticos y de la cuantificación. Es un campo actual de discusión geográfica.
Finalmente, algunos autores definen a la Geografía como el estudio de las relaciones
entre el hombre y el medio, dicho de otra manera, entre sociedad y naturaleza. Así, la
especificidad estaría en el hecho de la búsqueda por parte de esta disciplina de explicar o
relacionar los dos dominios de la realidad. Sería, por excelencia, una disciplina de contacto
entre las ciencias naturales y las humanas, o sociales. Dentro de esta concepción aparecen,
por lo menos, tres visiones distintas del objeto. Algunos autores van a aprehenderlo como las
influencias de la naturaleza sobre el desarrollo de la humanidad. Estos toman la acción del
medio sobre los hombres y las sociedades, como una verdad incuestionable, y le
correspondería a la Geografía explicar las formas y mecanismos por los cuales esta acción se
manifiesta. De esta forma, el hombre es puesto como un elemento pasivo, cuya historia es
determinada por las condiciones naturales que lo envuelven. El peso de la explicación residiría
totalmente en el dominio de la naturaleza. Tal perspectiva puede aparecer en formulaciones de
un radicalismo gradual, sin embargo el límite de la acción humana estaría siempre en el
máximo de adaptación al medio. Los fenómenos humanos serían siempre efectos de causas
naturales; esto sería una imposición de la propia definición del objeto, identificado con aquellas
influencias. Otros autores, manteniendo la idea de la Geografía, como estudio de la relación
entre el hombre y la naturaleza, van a definir su objeto como la acción del hombre en la
transformación de este medio. Así, se invierte totalmente la concepción anterior, colocando el
peso de la explicación en los fenómenos humanos. Cabría estudiar como el hombre se apropia
de los recursos ofrecidos por la naturaleza y los transforma, como resultado de su acción.
Existen aún aquellos autores que conciben el objeto como la relación en sí, dando el mismo
peso a los datos humanos y a los naturales. Para estos, el estudio buscaría comprender el
establecimiento, el mantenimiento y la ruptura del equilibrio entre el hombre y la naturaleza. La
concepción ecológica informaría directamente de esta visión. La discusión, entre estas tres
visiones del objeto, expresa el más intenso debate del pensamiento geográfico. Sin embargo,
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en cualquiera de ellas se encuentra la idea de que la Geografía trabaja íntimamente con los
fenómenos naturales y humanos.
Esta breve presentación de definiciones de Geografía, que no pretende de modo
alguno ser exhaustiva, justifican la afirmación inicial en lo referente a las dificultades
contenidas en la propuesta de esta obra. El mosaico de definiciones presentado se restringe a
formulaciones genéricas, no se corresponde con formulaciones específicas ni con autores
particulares, lo que multiplicaría enormemente el número de posibilidades de definición. Sin
embargo, en las propuestas singulares muchas veces se encontrarán tentativas de relacionar
dos o más definiciones presentadas. Además de esto, cada autor le da un ropaje propio
(aunque a veces sólo a nivel terminológico) a su concepción del objeto geográfico. Así, la
presentación se restringe a los grandes modelos “puros” de definición, y sólo a los de mayor
repercusión.
También, debe tenerse en cuenta que la presentación abarcó solamente a las
perspectivas de la Geografía Tradicional, esto es, no fueron abordadas las propuestas
actuales, originadas en el movimiento de renovación, que domina el conjunto del pensamiento
geográfico contemporáneo.
Esto muestra cuanto más complejo es el problema de la definición de la Geografía. Se
tuvo en cuenta sólo la Geografía Tradicional, pues es en ella en que la cuestión del objeto
aparece de modo más contundente. La Geografía Renovada no se queda en una visión tan
estancada de división de las ciencias, no coloca barreras tan rígidas entre las disciplinas, luego,
no posee una necesidad tan apremiante de formular una definición formal del objeto. Muy
diferente es la situación de la Geografía Tradicional, apoyada en su totalidad en fundamentos
positivistas, los cuales piden, para legitimar la autoridad de una ciencia, una definición precisa
del objeto. La Geografía Renovada busca su legitimidad en la operacionalidad (para el
planeamiento), o en la relevancia social de sus estudios. Estas cuestiones serán retomadas.
Aquí, cabe apenas enfatizar que la presentación realizada se limita a las perspectivas del
pensamiento geográfico tradicional.
De lo que se dijo, se desprende que no existe consenso, mismo en el plano formal, al
respecto de la materia tratada por la Geografía. Las varias definiciones formales del objeto de
la Geografía testifican la controversia reinante. Debido a este hecho, muchas personas podrían
preguntar de donde viene o si existe, la unidad del pensamiento geográfico. Para tratar de
encaminar esta indagación, la misma se concentrará en el plano estricto de la Geografía
Tradicional.
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