Celebración Familiar del Triduo Pascual
Celebración Familiar del Triduo Pascual
Subsidio litúrgico
para celebrar en familia
LA SEMANA SANTA
Ciclo A
INTRODUCCIÓN
CODIPAL
San Juan de los Lagos
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
ÍNDICE
Tiempo Pascual
Vigilia Pascual (Catequesis) 22
Celebración de la Vigilia Pascual 23
Domingo de Pascua 33
Celebración del día 34
___________
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Unos momentos antes de iniciar, mientras se reúne la familia, es conveniente que quien va a guiar las
celebraciones, se prepare espiritual e interiormente para la celebración.
Oración de preparación
Gracias, mi Dios y Señor,
porque me amas y me llevas a la intimidad de tu amor.
Amén.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
JUEVES SANTO
DE LA CENA DEL SEÑOR
- CATEQUESIS -
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Ritos iniciales
En la hora más oportuna, de preferencia por la tarde, reunida la familia en el lugar más acorde que hayan dispuesto
para la celebración (hay que prever un pequeño altar: con un crucifijo, un par de velas encendidas, y un signo que
recuerde el tiempo de cuaresma) y en un ambiente de silencio y recogimiento interior y exterior, tiene lugar la
siguiente celebración que podrá ser guiada por quien haga cabeza en la familia.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Lector: Al iniciar este tiempo glorioso de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, nos reúne el
Señor como familia, nos llama para hacernos sentir sus amigos, experimentar su amor, y para
enviarnos a vivir su mandamiento con los nuestros.
Súplica de perdón
A continuación, el guía, invita a todos a pedir perdón, conscientes que quien necesite celebrar el sacramento de la
Penitencia lo ha de buscar al paso de la contingencia sanitaria.
Todos responden:
Porque hemos pecado contra ti.
El guía prosigue:
Muéstranos, Señor tu misericordia.
Todos responden:
Y danos tu salvación.
Todos responden:
Amén.
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LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del día, opcionales:
1 lectura Éxodo 12,1-8.11-14
2 lectura 1 Corintios 11,23-36
Evangelio Juan 13,1-15
Lector: Escuchemos este breve pasaje del Evangelio en el que Jesucristo nos manda
amarnos como Él nos ama y con signo de ello, lava los pies a sus discípulos invitándonos
a demostrar el amor a los hermanos por medio del servicio.
ste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene
É mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen o que
les mando. Ya no los llamo siervos, pues el siervo no sane qué hace su señor; yo los
he llamado amigos porque les he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi padre. No
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me eligieron ustedes a mí, sino yo a ustedes; y los designé para que vallan y den fruto y su fruto
permanezca, a fin de que todo lo que pidan al padre en mi nombre se les conceda. Esto les mando:
ámense unos a otros.
Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti Señor, Jesús.
Reflexión
Con el jueves santo y una entrega total de amor alrededor de sus amigos,
comenzamos el Triduo Pascual.
Jesús celebra la Eucaristía donde con un mismo pan y un mismo cáliz
nos deja un memorial de amor. Un amor que encierra toda una vida de
servicio.
En el gesto del lavatorio de los pies hay un profundo significado de
humildad: El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos, dice
Jesús. En ese gesto, pongamos toda nuestra vida. Reconozcamos nuestras
miserias y pecados y pidamos a Jesús que sepamos abrirnos a horizontes de
amor, donde muchas veces tenemos que arrodillarnos para poder limpiar los
pies de otros. Con dos palabras: Humildad y disponibilidad al prójimo.
Jesús sirve y se hace el primero porque se hace alimento para todos. Él
no busca el primer puesto, ni reverencias. Él reina sirviendo. Él, busca el
primer puesto para los últimos, dobla la rondilla para servir y limpiar nuestra
suciedad… Sus manos serán clavadas en un madero por dar, y entregar todo
su ser por AMOR.
Celebremos con gozo este día. Día del amor de Jesús, del amor a la
Eucaristía, que, aunque no podremos participar en plenitud, le reviremos
espiritualmente, y del amor fraterno. El amor, piedra angular de la institución
de la Eucaristía y del sacerdocio.
Que podamos celebrar este día sintiéndonos amados por el verdadero
amor que se pone a servir con gratuidad y sin límites.
El amor, con amor se apaga. Y si de verdad amamos que sea de corazón
y cojamos como maestro a Jesús.
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Preces
Luego el guía continúa, con las preces.
1. Oremos por la iglesia para que siempre ofrezca a sus hijos el pan de la vida y la copa
de la salvación. R.
2. Oremos por todos los gobernantes de las naciones para que nunca falte el pan y el
alimento a los hombres, los hijos de Dios. R.
3. Oremos por la paz en nuestro mundo atemorizado por la pandemia. Que la sangre de
Cristo derramada para vencer el mal sea signo de esperanza y redención para todos. R.
4. Oremos por todos nosotros, los aquí reunidos, para que, a ejemplo de Cristo, seamos
servidores del único ministerio, el del servicio y la generosidad. R.
Después el guía, inicia la oración del Padre nuestro con estas palabras.
Guía: El amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos
ha dado; por eso llenos de fe y esperanza juntos digamos:
Padre nuestro…
Luego el guía invita a los presentes a desear la paz entre ellos. Evitando el saludo de manos, pueden realizar un
signo externo para manifestar este deseo.
Guía: En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, deseemos la paz a nuestros hermanos.
Comunión espiritual
Una vez expresado el deseo de la paz, tiene lugar la Comunión espiritual. Entonces el guía dice:
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C
reo, Jesús mío,
que estás verdaderamente
en el Santísimo Sacramento del altar;
te amo sobre todas las cosas
y deseo recibirte en mi interior.
Pero ya que ahora
no puedo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya hubiera comulgado,
te abrazo y me uno todo a Ti.
Señor, no permitas que me separe de ti.
J esús, ya te extraño;
aunque deseo comulgar en este momento,
tengo que esperar
hasta que pueda participar en la Eucaristía,
por eso te pido que vengas ahora
espiritualmente a mi corazón”.
El ministro dice:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, así como somos alimentados en esta vida con la Cena
pascual de tu Hijo, así también merezcamos ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Despedida
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
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VIERNES SANTO
- CATEQUESIS -
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Monición: Esta celebración que vivimos en familia comprende tres momentos: La Liturgia de la Palabra,
la adoración de la Cruz y la Comunión espiritual. La iniciamos poniéndonos de rodilla y agradeciendo a
Jesús por amarnos de manera incondicional. Hoy Cristo muere en la cruz por amor a nosotros, dejemos
un momento en silencio para darle gracias a Dios por su gran amor y al mismo tiempo pedir perdón de
nuestros pecados que lo llevaron a muerte tan dolorosa.
Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia, y santifica a tus siervos con tu constante protección,
ya que, por ellos, Cristo, tu Hijo, derramando su sangre, instituyó el misterio pascual. Él que vive
y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del día, opcionales.
Para la proclamación de Pasión pude ser leída por dos personas, tratando de hacer cambio de lector en donde
aparece el título de la parte.
E n aquel tiempo: Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había
un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio,
porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.
Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos
y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder,
se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?”. Le contestaron: “A Jesús, el nazareno”. Les dijo
Jesús: “Yo soy”. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron
y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar: “¿A quién buscan?”. Ellos dijeron: “A Jesús, el
nazareno”. Jesús contestó: “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se
vayan”. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y
le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: “Mete la
espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”.
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo
sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera,
junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e
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hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos
de ese hombre?”. Él dijo: “No lo soy”. Los criados y los guardias habían encendido un brasero,
porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
“Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el
templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me
interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que
he dicho”. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole: “¿Así
contestas al sumo sacerdote?”. Jesús le respondió: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he
faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”. Entonces Anás lo envió atado a
Caifás, el sumo sacerdote.
Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: “¿De qué acusan a este hombre?”. Le
contestaron: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”. Pilato les dijo: “Pues
llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos le respondieron: “No estamos autorizados para
dar muerte a nadie”. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a
morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”. Pilato le respondió:
“¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que
has hecho?”. Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo,
mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no
es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?”. Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey.
Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi
voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?”.
Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “No encuentro en él ninguna
culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les
suelte al rey de los judíos?”. Pero todos ellos gritaron: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”. (El tal
Barrabás era un bandido).
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
¡Salve!, rey de los judíos
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas,
se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le
decían: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le daban de bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él
ninguna culpa”. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato
les dijo: “Aquí está el hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:
“¡Crucifícalo, crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no
encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley
tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.
Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a
Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces: “¿A mí no me
hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”. Jesús le
contestó: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso,
el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.
Se repartieron mi ropa
Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para
cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba
abajo. Por eso se dijeron: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”. Así
se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso
hicieron los soldados.
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Ahí está tu hijo.-Ahí está tu madre
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
“Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde aquella hora el
discípulo se la llevó a vivir con él.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para
que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le
quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
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Reflexión
Preces
Guía: Al celebrar hoy el sufrimiento de Cristo, le acompañamos en el acto definitivo de su vida,
en el límite de su existencia humana, en el umbral del misterio. Estamos viviendo un momento
de desamparo, de abandono y de dolor. Con nuestra oración expresamos el desgarro que produce
en nosotros el dolor del mundo entero.
1. Oremos, hermanos, por la Iglesia extendida por toda la tierra, por los que la
representan y por quienes la rechazan. R.
2. Oremos, hermanos, por todos los miembros de la Iglesia, desde el Papa hasta los
catecúmenos que se preparan para el bautismo. R.
3. Oremos, hermanos, por la unidad de los cristianos, para que el mundo vea que
somos uno, como el Padre y Cristo son uno. R.
4. Oremos por nuestros hermanos islámicos y judíos, creyentes, como nosotros, en
un solo Dios. R.
5. Oremos por los que no creen en Dios, por quienes no aceptan a Cristo, por todos
los agnósticos e indiferentes. R.
6. Oremos por los gobernantes de todos los pueblos y naciones, para que Dios les
guíe en sus justas decisiones hacia la prosperidad, la libertad y la paz. R.
7. Oremos por los enfermos, los pobres, los marginados y los que sufren. R.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Adoración de la cruz
Monición: Cristo murió sobre la cruz para vencer la muerte. Por eso la cruz
es señal de victoria, victoria del amor sobre el pecado del hombre.
Vamos a responder a este gesto de amor con una respuesta de amor.
Realizaremos el gesto de la adoración de la cruz, del madero en el cual
estuvo colgado nuestro redentor, Cristo, el salvador del mundo.
Cada uno pasa al centro donde está colocado el Crucifijo, hace la genuflexión o una reverencia, y lo adora.
Guía: Cruz amable y redentora, árbol noble, espléndido. Ningún árbol fue tan rico, ni
en sus frutos ni en su flor.
Guía: Cruz amable y redentora, árbol noble, espléndido. Ningún árbol fue tan rico, ni
en sus frutos ni en su flor.
Momento de silencio.
Ministro: Unidos en el amor tan grande que nuestro Padre Dios nos ofrece al darnos a su
Hijo Jesucristo, oremos juntos con la oración que Cristo nos enseñó: Padre Nuestro.
Comunión espiritual
Guía: Recordemos que la “la más perfecta participación en la celebración en este día es la es
la Comunión sacramental recibida dentro de los oficios propios” y que, la Comunión espiritual
que “es una práctica de devoción eucarística y que consiste en el deseo ardiente de decirle a
Jesucristo cuánto queremos recibirle en nuestro interior”, a diferencia de la comunión
sacramental, ésta viene a ser un acto de deseo, que requiere nuestra disposición interna que debe
contribuir eficazmente en nosotros para aumentar la sed de Dios y disponernos para que pronto
lo recibamos sacramentalmente.
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C
reo, Jesús mío,
que estás verdaderamente
en el Santísimo Sacramento del altar;
te amo sobre todas las cosas
y deseo recibirte en mi interior.
Pero ya que ahora
no puedo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya hubiera comulgado,
te abrazo y me uno todo a Ti.
Señor, no permitas que me separe de ti.
J
esús, ya te extraño;
aunque deseo comulgar en este momento,
tengo que esperar
hasta que pueda participar en la Eucaristía,
por eso te pido que vengas ahora
espiritualmente a mi corazón”.
El guía dice:
Dios todopoderoso y eterno, que nos has
redimido con la gloriosa muerte y
resurrección de Jesucristo, por medio de
nuestra participación en este sacramento
prosigue en nosotros la obra de tu
misericordia y ayúdanos a vivir entregados
siempre a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.
Inmediatamente la celebración termina en
silencio, es conveniente que todos queden así por
un momento, meditando lo que se ha celebrado.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
SÁBADO SANTO
No se puede decir hoy día que se respete el significado litúrgico del Sábado
Santo, pues se ha hecho del mismo día un día de grandes preparativos
externos de la celebración pascual, o lo que es peor, día de diversión
(sábado de gloria, como erróneamente se le llama). Es necesario no romper
el silencio del Sábado Santo; es pausa de tiempo que hay que llenar con la
meditación y la oración.
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DOMINGO DE PASCUA
“DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR”.
Hoy día, la Vigilia Pascual posee una estructura litúrgica articulada a partir
de cuatro ritos de un hondo carácter simbólico: lucernario o liturgia de la
luz, liturgia de la Palabra, liturgia bautismal y liturgia eucarística.
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Ritos iniciales
En la hora más oportuna, por la tarde-noche, reunida la familia en el lugar más acorde que hayan dispuesto para la
celebración y en un ambiente de silencio y recogimiento interior y exterior, tiene lugar la siguiente celebración que
podrá ser guiada por quien haga cabeza en la familia.
En el espacio se crea un círculo donde esté ubicado al centro el cirio pascual, sin encender, si es posible se apagan
las luces. Los miembros de la familia permanecen de pié al inicio.
Lector: (Muy lentamente) Oscuridad. Tinieblas. Noche. Ausencia de luz. No se sabe por dónde
caminar. Incerteza. Sospechas. Sustos. Temor. Impotencia. Angustia. Vacío, denso de tinieblas.
Todo es igual: sin color, sin contornos. Hay frío. Es el caos. Navegamos en la oscuridad.
Oscuridad que bloquea.
En esta noche queremos experimentar las tinieblas del mundo y las de cada uno, pues
nosotros hemos fabricado las tinieblas: hemos originado oscuridad, confusión, incerteza,
sospechas, sustos, temores, impotencia, angustia, vacío, caos, en torno nuestro.
Guía: Ahora vamos a encender el fuego, para tener luz. La chispa sale del golpe de la piedra. Lo
hemos olvidado, porque hemos tecnificado su producción. Dominar el fuego es un arte. Teniendo
fuego, tenemos luz, calor, claridad, seguridad, entusiasmo, testimonio y esperanza. Las líneas se
definen, los colores aparecen, se revela la realidad. Se avive en nosotros la esperanza en Cristo
que disipa nuestras tinieblas.
El guía, o un lector, con voz clara y en un clima festivo, proclama el pregón pascual.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Pregón pascual
«Hermanas y hermanos, familia:
¡Que en esta noche santa brinquen de júbilo los ángeles,
hagan coro los arcángeles del cielo
y no cesen los músicos de tocar timbales,
trompetas y platillos por la victoria de nuestro Rey y Señor!»
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
(Casiano Floristán)
Todos: Amén.
Se pueden sentar.
LITURGIA DE LA PALABRA
Del libro del Génesis
1, 1. 26-31a
E n el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra
imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales
domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su
imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla;
dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra,
y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las
fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que
respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había
hecho y lo encontró muy bueno.
Palabra de Dios.
Todos: Te alabamos Señor.
Responsorio:
Guía: Feliz la nación cuyo Dios, es el Señor. Dicho el pueblo que escogió por suyo.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
E n aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los
israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y
divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el
corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de
todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón,
de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor”.
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna
de nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de
los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para
otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte
viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los israelitas entraron en el mar y no se
mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios
se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras
ellos en el mar.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios
y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino
pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su
favor contra Egipto”.
Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas
sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes”. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al
amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que, al huir, los egipcios se encontraron con
ellas, y el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los
jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni
uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a
derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los
egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el
pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos
de Israel cantaron este cántico al Señor:
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Cantemos al Señor,
sublime es su victoria:
caballos y jinetes arrojó en el mar.
Mi fortaleza y mi canto es el Señor,
Él es mi salvación; Él es mi Dios, y yo lo alabaré,
es el Dios de mis padres, y yo le cantaré. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es el Señor.
Precipitó en el mar
los carros del faraón y a sus guerreros;
ahogó en el mar Rojo
a sus mejores capitanes. R.
Tú llevas a tu pueblo
para plantarlo en el monte
que le diste en herencia,
en el lugar que convertiste en tu morada,
en el santuario que construyeron tus manos.
Tú, Señor, reinarás para siempre. R.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO
Del Salmo 117
R. ALELUYA, ALELUYA.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Para la proclamación del Evangelio, se encienden las luces de la casa y hasta el final del Evangelio se apagan las
velas.
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la
noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le
acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan
a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.
Palabra del Señor.
Sentados.
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Reflexión
Liturgia Bautismal
Monitor: Este momento tiene 3 aspectos, la renuncia al pecado y al mal, el compromiso de vida
cristiana y el propósito para ser testigo del resucitado. Todos nos ponemos en pie.
Renuncias
Guía: En esta noche santa queremos renovar nuestra condición de cristianos
creyentes y comprometidos.
Guía: ¿Renunciamos a todo lo que va contra la justicia y nos impide hacer efectivo
el reino de Dios?
Todos: Sí renunciamos.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Compromisos
Guía: ¿Nos comprometemos a tratar de remediar, en lo que de nosotros dependa,
los graves problemas de nuestra sociedad: egoísmo, delincuencia juvenil,
drogadicción, etc., y a colaborar para ello en la parroquia, en nuestro barrio, ¿en
nuestro municipio y en nuestra familia?
Todos: Sí, nos comprometemos.
Promesas
Guía: Por todo lo anterior, los invito a que respondan con toda libertad y decisión
al enunciado de estos compromisos y promesas:
Guía: Si es así, que Dios nos lo premie; y si mentimos, que Dios nos lo demande.
Todos: Amén.
Monitor: Para hacer recuerdo de nuestro propio bautismo todos nos signamos en
la frente con el agua bendita, o natural.
Padre nuestro…
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Comunión espiritual
Todos:
J esús, ya te extraño;
aunque deseo comulgar en este momento,
tengo que esperar
hasta que pueda participar en la Eucaristía,
por eso te pido que vengas ahora
espiritualmente a mi corazón”.
Guía: Infúndenos, Señor, el espíritu de caridad, para que, saciados con los sacramentos
pascuales, vivamos siempre unidos en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Todos: Amén
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Rito de conclusión
Guía: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
Se despide a la familia diciendo: ¡Hoy Jesús resucitó! Vivamos todos la alegría del Señor
resucitado. Permanezcamos en su paz, aleluya, aleluya.
El Señor resucitó,
Cantemos con alegría.
Demos gracias al Señor,
aleluya. (2)
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- SOLEMNIDAD -
- CATEQUESIS –
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Ritos iniciales
En la hora más oportuna, reunida la familia en el lugar más acorde que hayan dispuesto para la celebración (hay
que prever un pequeño altar: con un crucifijo, un par de velas encendidas, si se tiene un cirio, y si es posible un
letrero que diga “Resucitó el Señor, Aleluya” signo que recuerde el tiempo de pascua) y en un ambiente de silencio
y recogimiento interior y exterior, tiene lugar la siguiente celebración que podrá ser guiada por quien haga cabeza
en la familia.
Alrededor de tu mesa,
venimos a recordar. (2)
que tu palabra es camino,
tu cuerpo fraternidad. (2)
Saludo
Luego el guía dice:
Bendigamos a Dios Padre,
que nos reúne en nombre de Cristo
para que unidos con toda la Iglesia
estemos en comunión los unos con los otros
por la fuerza de su Espíritu Santo.
Todos responden:
Bendito seas por siempre Señor.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Al iniciar este tiempo glorioso de la resurrección de Cristo, nos reúne el Señor como familia, nos
llama para experimentar la gran alegría de la Iglesia por su Señor resucitado, por eso ahora llenos
de gozo y de fe entonamos el himno del ¡Aleluya!, el grito de júbilo por la resurrección de Cristo
Súplica de perdón
A continuación, el guía, invita a todos a pedir perdón, conscientes que quien necesite celebrar el sacramento de la
Penitencia lo ha de buscar al paso de la contingencia sanitaria.
Todos:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Luego prosigue:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes hermanos
que interceden por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Todos responden:
Amén.
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
Lector: Durante la cuaresma, este bello himno dejo de resonar, ahora al iniciar el tiempo de la
pascua, proclamemos con alegría el himno del Gloria.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del día, opcionales:
1 lectura Hechos de los Apóstoles 10, 34.37-43
2 lectura 1 Corintios 3,1-4
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
E l primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro
y vi removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón
Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al
Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el
otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los
lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los
lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con
los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el
que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido
las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Reflexión
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Camino de las familias con Cristo en su misterio pascual PASCUA 2020
corazón les impedía ver. Sin embargo, al ser alcanzados por el hecho de la
Resurrección pueden realmente ver y creer. Ese hecho misterioso de la piedra
quitada permitiendo la entrada de luz en una tumba, el lugar oscuro por
antonomasia y símbolo de la muerte, provoca en los discípulos un mirar renovado
de la realidad: ahora sí comprenden las Escrituras, es decir, ahora pueden, de
alguna manera, ver a Dios en su acción redentora y esa visión los transforma, les
da una vida nueva. Como consecuencia de esta experiencia los discípulos salen a
iluminar el mundo con la luz de la Buena Noticia, la muerte ha sido vencida.
Esa luz que brota de la Resurrección del Señor mantiene encendida la llama
de la esperanza y nosotros la hemos recibido en el bautismo. Pidamos, pues, la
gracia de hacer brillar esa luz de esperanza en medio de un mundo que no siempre
parece apostar por la vida, para que cada vez sean más los que dejen atrás la
oscuridad y que puedan cantar con alegría profunda “¡Resucitó de veras mi amor
y mi esperanza!”.
Silencio reflexivo
Enseguida, juntos hacen la profesión de fe, que en el contexto del tiempo de Cuaresma puede ser con el llamado
“de los apóstoles”.
Guía: El Señor nos da su luz para redescubrirlo. Iluminados por esa luz, y como signo de
comunión con nuestros hermanos en la fe, digamos juntos:
Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y
renovado nuestro espíritu, como familia, supliquemos con insistencia al Señor.
R. Rey vencedor, escúchanos
4. A Cristo que ha colmado de alegría a los pueblos y ha hecho vibrar de gozo nuestros
corazones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran. R.
5. A Cristo que ha alegrado al mundo entero, pidámosle que renueve nuestro espíritu
y nos conceda la esperanza de compartir su triunfo y de resucitar con Él a una vida
nueva. R.
Guía: Fieles a la recomendación del Salvador resucitado, y siguiendo su divina enseñanza, nos
atrevemos a decir:
Y todos juntos prosiguen:
Padre nuestro…
Luego el guía invita a los presentes a desear la paz entre ellos. Evitando el saludo de manos, pueden realizar un
signo externo para manifestar este deseo.
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Comunión espiritual
Una vez expresado el deseo de la paz, tiene lugar la Comunión espiritual. Entonces el guía dice:
C
reo, Jesús mío,
que estás verdaderamente
en el Santísimo Sacramento del altar;
te amo sobre todas las cosas
y deseo recibirte en mi interior.
Pero ya que ahora
no puedo hacerlo sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya hubiera comulgado,
te abrazo y me uno todo a Ti.
Señor, no permitas que me separe de ti.
J
esús, ya te extraño;
aunque deseo comulgar en este momento,
tengo que esperar
hasta que pueda participar en la Eucaristía,
por eso te pido que vengas ahora
espiritualmente a mi corazón”.
Guía: Dios de bondad, protege paternamente con amor incansable a tu Iglesia, para que,
renovada por los misterios pascuales, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Todos aclaman:
Amén.
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Rito de conclusión
Luego el guía invoca la bendición de Dios, y al mismo tiempo que él se santigua, los demás también lo hacen,
diciendo:
Terminada la celebración y si se cree oportuno puede tenerse una pequeña convivencia. Un momento
que haga expresivo también el momento de la fiesta de Pascua que se celebra.
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«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde
hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto
nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo
de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se
palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos
asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una
tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca,
todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos
llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca,
estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia
dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir
cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.
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abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.
La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que
nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes
rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de
nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la
adversidad.
Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos
nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez
más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos;
esa pertenencia de hermanos.
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela
se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado
rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos
hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido
ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no
hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo.
Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un
mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos:
“Despierta, Señor”.
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una
llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En
esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo
corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de
elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir
entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de
lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia
los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues,
ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu
derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz
de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por
personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de
diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a
dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia:
médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los
supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad,
voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que
nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de
nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que
todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde
esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres,
madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños
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y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando
miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el
bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que
necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos
al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de
nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los
discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la
fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él
trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.
El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a
activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas
horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar
nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un
timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos
sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En
medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los
encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el
anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde
su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a
potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama
humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.
Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente,
abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle
espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar
espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de
hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para
hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas
y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para
abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde
este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al
Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar
tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre
vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo,
da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor.
Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced
de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto
con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7)
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¡ALELUYA!
¡EL SEÑOR RESUCITÓ!
- FELIZ PASCUA
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
(De la secuencia de la liturgia del Domingo de Pascua)
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