Hispania, LXIII/2, num.
214 (2003)
LAS LOGIAS MASÓNICAS.
UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL
por
Luis P. MARTÍN
Université Biaise Pascal. Clermont-Ferrand II
RESUMEN: La Masonería, como prototipo de sociabilidad organizada por excelencia, se creó en
tomo a un espacio y no al revés; esta característica hace que la logia masónica sea la
sede per natura de la sociabilidad de los masones. En este estudio, intentaremos explicar
las diversidades que, desde el punto de vista de la sociabilidad, presenta una logia. Si
bien estamosfrentea una sociabilidad pluriformal, no debemos olvidar que también po-
see un marco normativo potente y estructurante que acompaña a la socialización. Si la
logia es un espacio organizado, también tiene una funcionalidad múltiple (educativa,
espiritual, cultural o política), pero también es un lugar en donde el simbolismo elabora
una apropiación del espacio y al que sólo se accede por medio de una serie de rituales
fundamentalemente iniciáticos. La logia masónica tiene unos antecedentes culturales
que predefinen un espacio social, y a su vez, estructura un tipo de sociabilidad múltiple
en sus contenidos y plural en sus formas. En este trabajo vamos a abordar las sedes ma-
sónicas esencialmente bajo dos aspectos: su objeto y función y su utilización.
PALABRAS CLAVE: España. Logias. Masonería. Siglos XIX y XX. Socia-
bilidad.
ABSTRACT: Freemasonry, as the prototype of organized sociability par excellence, was created
around a space, and not the reverse, so that the lodge was by nature the ultimate
seat of masonic sociability. In this study, we shall attempt to explain the diverse
forms of the lodge, from the point of view of sociability. While we are examining a
multifarious society, we should not forget that it also has a powerful normative
standard in regard to socialization. The lodge is an organized space, with multiple
functions (educational, spiritual, cultural, political), but it is also aplace in which
symbolism appropriates that space, which can be entered only by means of a series of
initiation rites. The masonic lodge has cultural antecedents that predefine a social
space and structure a kind of multiple sociability. In this article we will address the
object, function and use of the masonic lodge.
KEY WORDS: Spain. Lodges. Freemasonry. Nineteenth century. Twen-
tieth century. Sociability.
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Cualquier modelo de sociabilidad configura un espacio que delimita sus ac-
tividades y es determinante en las sociabilidades formales y organizadas1. Sin
embargo, en aquéllas que son espontáneas el espacio establece una relación
más expresiva ya que se le recarga de una representación que compensa su falta
de materialización física. Las sociabilidades sin espacio formalizador lo reducen
en su funcionalidad y articulación, dispersan sus actividades y generan contra-
dicciones en las relaciones. La Masonería, como prototipo de sociabilidad orga-
nizada, se creó en torno a un espacio y no al revés; esta característica hace que
la logia masónica sea la sede natural de la sociabilidad de los masones.
Por otra parte, pocos espacios sociales han suscitado tanta polémica como
las logias masónicas. El hecho de ser un espacio privado y reservado a sus
miembros que prohiben el acceso a aquéllos que no son masones (o que no son
invitados por la logia), ha motivado que se levantaran todo tipo de conjeturas,
sospechas y rumores en torno a sus actividades. Si se le añadimos el famoso
secreto masónico, tanto la Iglesia como algunas monarquías europeas del siglo
XVIII no necesitaban otros argumentos para perseguir a la Masonería2. El se-
creto masónico tiene dos vertientes: la primera, que obliga a todo masón a no
desvelar el contenido de las discusiones de la logia, manteniendo su privacidad;
y la segunda, que lo considera como «un acto intransmisible» resultado de la
suma de experiencias, saberes y conocimientos acumulados por un masón y que
sólo le son útiles a él, luego «secretos». En este sentido, la Masonería es una
sociedad que tiene secretos, pero no es una sociedad secreta.
Las primeras condenas a los masones recogían una gran variedad de acusa-
ciones: complotar contra la Iglesia y los Estados, preparar acciones a nivel in-
ternacional dictadas por una tenebrosa e inexistente internacional masónica, ser
lugares de lujuria, prostitución y de magia negra, etc. Todas contribuyeron a
crear una imagen de las logias que alimentaron el antimasonismo católico y
antiliberal. La conocida tesis contubernista, que el franquismo plasmó en la Ley
de Represión de la Masonería y del Comunismo de 1940, representa la culmi-
nación jurídica de unas reacciones irracionales e ideológicamente orientadas. En
este caso, las logias eran donde se «construía la anti-España», el sancta-
sanctórum de lo antiespañol y de la antipatria. Los preliminares de esta ley se
encuentran en el expediente judicial de la logia «Helmántica» de Salamanca, y
los realizó, en 1938, el catedrático de derecho penal de la Universidad de Sa-
lamanca, I. Tejerina3.
1
Ver MAURICE, Jacques: «Propuestas para una historia de la sociabilidad en la España con-
temporánea», Estudios de Historia Social, Madrid, n° 50-51, 1989, p- 138.
2
FERRER BENIMELI, José Antonio: La Masonería española en el siglo XVIII, Madrid, Siglo XXI
Ed., 1986.
3
Ver MARTÍN, Luis P.: »La otra cara de la guerra civil: la represión de la Masonería salmanti-
na», Salamanca, Revista de Estudios, Salamanca, n° 40, 1997, pp. 431-445, y para la cuestión contu-
bernista, FERRER BENIMELI, José Antonio: El contubernio judeo-masónico comunista, Del satanismo al
escándalo de la P-2, Madrid, Itsmo, 1982.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 525
En este estudio, intentaremos explicar las diversidades que, desde la socia-
bilidad, presenta una logia. Si consideramos que la logia es una sociabilidad
pluriformal es porque la logia es un espacio que posee un marco normativo
potente y estructurante que acompaña a la socialización, que tiene una funcio-
nalidad múltiple (es educativa, es espiritual, es cultural o política), pero que
también es un lugar en donde el simbolismo elabora una apropiación del espa-
cio y al que sólo se accede por medio de unos rituales. Por último, se debe te-
ner presente que en la logia se practica una fraternización entre sus miembros
que solidifica psicológicamente la pertenencia a esta sociabilidad. Es decir que
la logia es ante todo una sociedad humana en donde, más allá de su función
propia, se crean lazos, se fomentan amistades y se llevan a cabo actividades más
lúdicas —como los ágapes— después de cada «tenida» (nombre que designa
las reuniones de una logia.
La logia masónica tiene unos antecedentes culturales que predefinen un es-
pacio social y, a su vez, estructuran un tipo de sociabilidad múltiple en sus con-
tenidos y plural en sus formas. En este trabajo vamos a abordar las sedes masó-
nicas bajo dos aspectos: su objeto y función y su utilización.
LA LOGIA MASÓNICA Y SU CONSTITUCIÓN (HISTORIA Y FUNCIÓN)
La Masonería es una sociedad que adoptó unos modelos de convivenvia so-
cial establecidos por los gremios de los canteros desde tiempos remotos. Estas
reglas sociales se aplican tanto en las actividades como en los espacios de rela-
ción, confraternización y aprendizaje. Por esta razón, la logia masónica procede
de una historia, de una tradición a la que se le otorgó un simbolismo y una
función espiritual adoptada a los tiempos modernos.
El término «logia» es de origen anglosajón y designa un cuarto, una caba-
na, un pequeño edificio. En los Old Charges o Antiguos Deberes de los masones
operativos se menciona la palabra logia en no menos de 130 ocasiones desde la
Edad Media. Este término se fue extendiendo en el mundo occidental y, en
1429, en los archivos de priorato de Canterbury se cita a «16 masones de la
logia» que, según sus costumbres profesionales, administraban libremente sus
asuntos propios. Fueron los primeros reglamentos del oficio y definidos poste-
riormente en las primeras versiones de las Old Charges4.
En este espacio, los canteros trabajaban, comían y descansaban; era un es-
pacio exclusivo y estaba regido por los maestros-canteros. Cuando los masones
empezaron a utilizar este espacio en el siglo XVII, lo hicieron trazando simbó-
licamente en el suelo un rectángulo o posando una alfombra que representraba
la logia. La apropiación de las logias fue progresiva a partir de esta época. Fue
4
DELON, Francis: voz «Loge», en SAUNIER, Éric (Ed.): Encyclopédie de la Franc-Maçonnerie, Pa-
ris, Le Livre de Poche, 2000, pp. 507-508.
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un proceso lento. Comenzó cuando ciertos notables fueron invitados a las reu-
niones de las logias operativas al inicio de la decadencia del gremio de los can-
teros a mediados del siglo XVII.
En este contexto, se empezó a elaborar la primera transformación de un es-
pacio «operativo» en un espacio «especulativo», que sólo fue posible por la in-
troducción de una simbología que recogió fundamentalmente objetos, utensi-
lios, metales y materiales de los canteros. No obstante, no se trataba aún de
logias especulativas; más bien serían «asambleas fraternales» entre operativos y
no-operativos5. En todo caso, esta evolución se produjo en pleno cambio cultu-
ral y sociológico en la Inglaterra post-revolucionaria y, sobre todo, a la llegada
de los Hannover al trono. Las nuevas inquietudes socio-culturales de la aristo-
cracia y de la nueva burguesía introdujeron nuevos modelos de sociabilidad
cultural: los anticuarios de la Royal Society, auténticos historiadores y arqueólo-
gos aficionados, recopilaron tratados de arquitectura antigua y medieval, colec-
ciones sobre el hermetismo y la alquimia, estudios sobre el simbolismo, etc.,
que sirvieron para establecer el puente entre la Masonería operativa y la Maso-
nería especulativa.
El carácter especulativo de la Masonería moderna al introducir los símbolos
en su normativa hace de ellos una de sus ontologías más potentes: la de esta-
blecer su función social en base a una espiritualidad que emana de un conjunto
de símbolos y que dan un «sentido» a su sociabilidad a la vez que «interpreta»
una cosmogonía. Por lo tanto, los aspectos funcionales de las logias modernas
se establecieron partiendo de los esquemas sociales originales de las «logias de
los canteros», reelaborados por un grupo social que buscaba una sociabilidad
«escogida y elevada» en la que el ocio no fuera únicamente una reunión de
hombres en un club.
Ahora bien, la eclosión de logias en el siglo XVIII europeo se explica perfec-
tamente por la existencia de un factor determinante: la utilización y ocupación
de un nuevo espacio público, que es «comunicativo»; es decir, un espacio que
genera las primeras manifestaciones de la opinión pública. Al mismo tiempo que
las logias inician sus actividades por todo el continente europeo y americano,
surgen todo tipo de sociedades: literarias, academias, clubs, salones, etc. Este
ambiente favorece la fundación de logias; el desarrollo del comercio europeo y la
progresiva hegemonía británica ayudaron a que la Masonería se exportara. Como
vemos, la historia de la logia está íntimamente ligada a la evolución de mode-
los de sociabilidad aparecidos en Europa entre los siglos XVII y XX 6 .
Aunque existen distintas definiciones del término «logia», desde el siglo
XVIII todas apuntan hacia un mismo aspecto: la logia «es el local donde los
5
BEAUREPAIRE, Pierre-Yves: La République universelle des francs-maçons. De Newton à Metternich,
Rennes, Editions Ouest-France, 1999, pp. 49-51.
6
Ver HABERMAS, Jiirgen: Vespace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de
la société bourgeoise, Paris, Payot, 1993 [ I a éd., 1962].
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 527
francmasones celebran sus asambleas o trabajos» 7 . En las constituciones de An-
derson de 1723 se añade que también es aquel lugar en donde se realizan todas
las asambleas masónicas. La logia es entonces el lugar por excelencia de la Ma-
sonería. En este espacio ya se delimitan varias funciones: no sólo es un lugar de
reunión y de discusión, también es un lugar de «trabajo».
En efecto, el objetivo fundamental de la Masonería es «formar a los hom-
bres», dentro de un método para el ser (es decir, para el hombre) y para estar en
el mundo (es decir, para servir a la humanidad): una praxis que exige un trabajo
interior e individual dentro de un grupo, pero que también es un trabajo colec-
tivo. En este sentido se debe entender cuando se dice que la logia es un lugar
de trabajo, y por esta razón se la reconoce como un «taller» en un perfecto con-
tinuum con las logias operativas. Así que cuando Muller analiza la función de la
logia, revela este carácter laboral que aleja la Masonería de las sociabilidades de
recreo:
«La logia es un instituto práctico destinado no sólo a los amigos fíeles que vi-
ven en sociedad, de conformidad con las reglas más perfectas de la vida social, si-
no que está especialmente dedicada a la educación de sus miembros, y a formar-
los para el mundo y la humanidad. Las logias, son pues, en realidad verdaderos
talleres en los cuales se trabaja para restituir al hombre al tipo primitivo alterado
por circunstancias défavorables y por las tendencias separatistas de la sociedad»8.
Templo, taller, escuela... son denominaciones que explicitan y sintetizan la
definición y la función de una logia. Por taller, se interpreta la renovación del
hombre; por escuela, el aprendizaje; por templo masónico, la configuración
simbólica y ritual que envuelve todo. Este es un concepto global de la logia
que la proyecta como lugar de origen de la Masonería, y todo lo que resulta de
la vida masónica es consecuencia de la logia. Tal posición espacial dentro de la
sociabilidad masónica nos muestra claramente que la logia es algo más que un s ,
lugar de reunión; es, como indican los principios de la Franc-Masonería, un
lugar de unión que conduce a la universalidad de la Orden. Cualesquieran que
sean las situaciones, una logia particular respresenta una logia universal, en
otras palabras, el mundo. Los masones lo explican manifestando su dedicación
a la obra de la humanidad, de manera que «el universo no forma más que una
sola y única logia y los masones reunidos en su templo no son más que fraccio-
nes de la Logia Universal» 9 .
La intensidad del término, su impacto, sus referencias y su naturaleza mis-
ma, hacen que la Masonería no sepa desligar la logia de otras sedes masónicas
que se reconocen en filiación directa con ella. Así, cuando a una logia se le aña-
7
FRAU ABRINES, Lorenzo y ARÚS ARDERÍUS, Rosendo: Diccionario Enciclopédico de la Masonería,
México, 1976, p. 719-
8
Ibid., p. 720.
9 Ibid, p. 719.
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de un «capítulo» (taller masónico en donde se trabajan los grados superiores al
tercero y que sirven de preparación para los grados filosóficos), la logia se de-
nomina logia-capitular. Cuando a una logia se le adjunta un taller femenino, se
llama logia de adopción (las primeras iniciaciones de mujeres se llevaron a cabo
en España, en 1872, en las logias barcelonesas Silencio y Moralidad, auspiciadas
al Gran Oriente de España. Esta obediencia intentó integrar la presencia feme-
nina siguiendo una iniciativa de la logia Hijos del Trabajo de Madrid, que creó
una logia femenina denominada Hijas del Sol)10; cuando una logia genera otra
logia, o la primera logia de un país o de un masón, se dice logia-madre; cuando
una logia trabaja irregularmente, se le demonima logia irregular o salvaje; y por
último, cuando se crea una estructura superior, el término que se emplea es el
de Gran Logia. Se denomina Gran Logia a una federación de logias que aunan
sus objetivos y finalidades. Este organismo superior coordina las actividades de
todas las logias, estableciendo unas normativas propias, tanto reglamentarias
como legislativas. También se puede llamar Gran Oriente. A las dos apelacio-
nes se les dice obediencia.
Aunque en la función de la logia se insista en el carácter formativo, éste no
es el único. La logia contiene un sistema de interpretación simbólica y ritual (la
logia también es una sociabilidad cultural), de interpretación ideológica (socia-
bilidad política), de convivialidad {sociabilidad recreativa), etc. La logia reúne
estas realidades diferenciadas. Su poliformismo es, a la vez, una de sus origina-
lidades y uno de los obstáculos para su comprensión, pero también uno de sus
mayores atractivos. De aquí que la logia se la pueda considerar como un club
de reflexión político, un centro filosófico, un laboratorio de ideas, una escuela o
incluso un diners club.
ESPACIOS Y SÍMBOLOS
Una logia tiene varios espacios que corresponden a un concepto preciso de su
función y de los objetivos de la Masonería. El núcleo central es el templo, donde se
celebran las tenidas. Tiene acceso por un pasillo o un vestíbulo denominado la
sala de los pasos perdidos. En una zona apartada hay un gabinete de reflexión, donde
el profano reflexiona y redacta su testamento masónico antes de su iniciación. La
iniciación es un rito fundamental en la Masonería. El acto está repleto de toda la
gravedad, intensidad, ceremonial y protocolo de un evento excepcional: el mo-
mento en que un profano se convierte en franc-masón, es decir que «abandona el
mundo tenebroso y accede a la luz». Por lo tanto, la iniciación es un re-nacer,
en el sentido de iniciar una nueva vida. En este sentido, la Masonería está más
10
Ver RANDOUYER, Françoise, «Presencia femenina precoz en las logias españolas (1868-
1898)», en FERRER BENIMELI, José Antonio (Ed.), La Masonería española en el 2000. Una revisión
histórica, Zaragoza., CEHME/Gobierno de Aragón, 2001, t. 2, p. 626.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL
529
próxima de las sociedades iniciáticas antiguas y orientales que de la sociabilidad
burguesa contemporánea. Según la importancia de la logia, puede haber otras
salas dedicadas a la biblioteca o a la secretaría.
El templo masónico tiene una configuración en donde ningún detalle es ar-
bitrario. Su apelación indica el carácter sacralizador que se le otorga: es un
templo presidido por el Gran Arquitecto del Universo, pero no es un lugar de
culto. Los masones han elevado un templo en el seno de la logia porque reco-
gen el ideal espiritual y comunitario del Templo de Salomón, eje central de la
simbología masónica que hace referencia directa a los primeros constructores y,
sobre todo, al arquitecto del templo de Jerusalén, Hiram. Los masones van a
continuar el trabajo interrumpido por éste, dentro de una dimensión filosófica
y ética, en el secreto y en el aislamiento del templo, trabajando «al resguardo
de las intemperies», es decir, lejos de la curiosidad exterior de los profanos.
Todo templo masónico tiene forma rectangular, con una orientación
«Oriente-Occidente». Por el Oriente penetra la luz que irradia el templo, don-
de se combate la ignorancia y la oscuridad; y por el Occidente se encuentra la
puerta del templo que marca la frontera con el mundo profano, el mundo de
las tinieblas. El masón, al penetrar en el templo, realiza un auténtico rito de
transición al encaminarse de la oscuridad hacia la luz. Ya en su interior, se
hallan dos columnas coronadas con dos granadas entreabiertas y cada una con
la letra J y B: Jakin y Boaz; son las dos columnas de bronze del templo de Je-
rusalén que simbolizan el misterio de la generación, sostienen el templo y unen
lo superior con lo inferior, lo celeste con lo terrenal.
En el centro del templo, siempre iluminado artificialmente, hay un pavimen-
to formado por losas rectangulares negras y blancas como en un damero; es un
espacio sagrado por donde no se puede caminar durante los trabajos. Este pavi-
miento simboliza la síntesis de los principios antagonistas pero complementarios;
es decir, la coexistencia. Sobre él, se extiende el «cuadro de la logia» al inicio de
las tenidas. Se trata de una alfombra que condensa los símbolos de un «grado»
determinado, que deben servir al masón para reflexionar sobre los símbolos. La
Masonería divide las diferentes etapas de acceso al conocimiento en grados.
Los tres primeros grados, simbólicos (la masonería azul), son los auténticos
y son adoptados por todos los ritos; proceden de la masonería operativa: apren-
diz (I o ), compañero (2o) y maestro (3o). En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado,
los grados se distribuyen así: del 4 o al 18°, capitulares (la masonería roja), del
19° al 30,filosóficos(masonería negra) y del 31° al 33°, sublimes (masonería
blanca). La proliferación de grados que se dio a partir de finales del siglo XVIII
hasta mediados del XIX tenía connotaciones herméticas, cabalísticas o caballe-
rescas. A título de ejemplo, el Rito de Memphis, creado en 1839, tiene 92 gra-
dos y el Rito de Misraim (con el que se fusionó) 90 grados.
En torno al pavimento, hay tres candelabros situados en sus esquinas (excep-
to en la inferior izquierda) que simbolizan la Salud, la Belleza y la Sabiduría, que
se encienden al comienzo de las tenidas y se apagan al finalizar éstas. En la parte
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superior de la alfombra, están posadas dos piedras, una bruta, simbolizando el es-
tado simbólico del profano, y otra tallada, que es el fruto del trabajo —adquisición
de la luz, del conocimiento...— que realiza cada masón en la logia. Las paredes
están decoradas con objetos simbólicos y a menudo se cuelga una cuerda de doce
nudos que rodea el templo simbolizando a la vez los lazos entre el cielo y la tierra,
los doce signos del zodíaco o la «cadena de unión» (círculo que forman los miem-
bros de la logia alrededor del pavimento, cogiéndose por el antebrazo —el derecho
con el izquierdo—, con los brazos cruzados, símbolo de la fraternidad y de la cohe-
sión de la logia); en cualquier caso, su función es la de mantener los distintos ele-
mentos contenidos en el templo, formando un todo homogéneo y armónico.
El techo del templo evoca la bóveda celeste, estrellada con numerosas cons-
telaciones, símbolo del carácter cósmico y universal de la Masonería. En la pa-
red del Oriente, la preside un triángulo equilátero, un delta luminoso, con un
ojo en su interior —el ojo divino— que ve todo y simboliza la perfección del
triángulo, símbolo de la unión de los contrastes y del número 3: los tres pilares
que sostienen una logia (Fuerza, Belleza, Sabiduría).
Por último, entre la alfombra y la sede del venerable se encuentra el «altar»
donde se depositan las «tres grandes luces» y donde se presta juramento ante la
escuadra, el compás y el libro de la ley sagrada. La escuadra simboliza la regulari-
dad y la perfección de los trabajos; el compás simboliza la búsqueda de la verdad,
la prudencia, la justicia y la templanza; los libros sagrados: la Biblia, el Corán, un
libro blanco, las Constituciones de la Masonería, una declaración de principios,
etc. Esto demuestra la necesidad de establecer la tolerancia religiosa en la Maso-
nería como un eje básico para la realización de la fraternidad. No obstante, la
concordia fraternal no implica un franco desarrollo de la igualdad11.
La disposición de los masones en el templo obedece también a unas reglas
precisas. El venerable maestro, que preside la logia y sus reuniones, se sitúa tras el
altar, en el Oriente del templo; sobre su mesa dispone de un mallete (símbolo
de la inteligencia), de un cincel y de una espada flamígera, que representa la
llama interior de los masones, instrumento de transmisión con el que se inicia
—a la manera de los ritos de caballería— a los masones. A su izquierda se en-
cuentra el orador de la logia, que abre y cierra los trabajos, siendo el intérprete
de la tradición masónica y haciendo respetar los reglamentos; y a la derecha del
venerable, el secretario, que redacta las actas y lleva al día el «cuadro lógico»
(conjunto de miembros que forman una logia) y la correspondencia. Los dos
vigilantes, se sientan cerca de las columnas y de cara al Oriente. El vigilante
primero se ocupa de la columna de los compañeros (a los que instruye) que se
sientan en los asientos de la columna del Mediodía, y el vigilante segundo hace
lo mismo con los aprendices que se sientan en la columna de Norte. Los maes-
tros se instalan donde lo desean.
11
Ver BEAUREPAIRE, Pierre-Yves: Franc-Maçonnerie et cosmopolitisme au Siècle des Lumières, Paris,
Edimaf, 1998, pp. 58-90.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 531
El espacio masónico está delimitado por una geometría y por unos símbo-
los, por una posición cósmica y una distribución humana, lo que produce una
sociabilidad, no sólo formal y organizada, sino también diferenciada y original:
a la vez espiritual, iniciática y ritual. Si este espacio se limitara a servir de esce-
nografía, sólo sería la recreación de una sociabilidad paseísta y de ocio. Muy al
contrario, este espacio tiene un sentido que viene dado por unas normativas
sociales coherentes, que junto al uso de los rituales, construye una sociabilidad
dinámica y plural 12 .
O R I G E N , F U N D A C I Ó N E I N S T A L A C I Ó N D E LA L O G I A
Una logia masónica nace por la voluntad de unos hombres, que ya son ma-
sones, y que desean levantar un taller propio. Es un acto colectivo que auna
intereses y objetivos comunes en torno a una actividad social precisa que saben
está sometido a unas reglas de convivencia estrictas. La fundación de una logia
suele estar razonada y, dentro del contexto español, suelen tener más impor-
tancia las razones ideológicas generales que una inquietud espiritual no decla-
rada pero existente. La logia Reforma de Granada indica que su creación le vino
inspirada por:
«los ideales de justicia, orden, moralidad, administración, democracia, refor-
ma y progreso [...} por ser los que en breve tiempo han de regenerar la antigua y
viciada masonería española, dándole el brillo, gloria y honor que le pertenece, y
que le han de sacar victoriosa de las acechanzas que sus enemigos fraguan sin ce-
sar en la sombra, valiéndose para ello de cuantos medios rastreros y solapados se
pueden imaginar, con tal de destruirla y edificar en sus ruinas templos consagra-
dos al error, tiranías, fanatismos, superesticiones y crímenes de toda especie»13.
Vasto programa de regeneración moral, social y anticlerical que se resume
en lo que otras tantas logias españolas declaran como «la guerra al oscurantis-
mo». Ahora bien, las actividades de una logia se explican a través de sus reglas,
de su vida interna, de sus relaciones exteriores y de sus manifestaciones. Esta
potente socialización viene enmarcada por unas estructuras sociales sólidas y
por unos rituales, que también son un aspecto normativo que proyecta a toda
la sociabilidad masónica un anclaje psicológico.
El proceso de constitución de una logia masónica se inicia con una primera
tenida entre masones, en ejercicio o «durmientes» (todo masón que haya aban-
12
Ver BlAGGl, Vladimir: voz «Temple», en SAUNIER, Eric (Ed.): Encyclopédie de la Franc-
Maçonnerie, op. cit., pp. 821-852, y sobre la decoración del templo y su simbología, NEFONTAINE,
Luc: Symboles et symbolismes dans la Franc-Maçonnerie, Bruxelles, Université Libre de Bruxelles, 1997,
vol. 2, pp. 105-115.
13
Cit. por LÓPEZ CASIMIRO, Francisco: Masones en Granada (último tercio del siglo XIX), Grana-
da, Comares, 2000, p. 126.
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532 LUIS P. MARTIN
donado sus actividades masónicas, pero que ha cumplido los requisitos regla-
mentarios de su antigua logia; es decir, «estar a cubierto con el tesoro» o estar
al día con las cotizaciones, o que no haya sido expulsado o «irradiado»), en la
que cada uno presenta su diploma masónico o patente, una «plancha de quite»
(certificado de baja de un masón en su logia de origen) con la que certifican
estar en regla con su logia anterior. En esta reunión, se constituyen como «lo-
gia provisional» hasta obtener de una obediencia el reconocimiento, y se eligen
los cargos y un presidente. En ocasiones, es el delegado de una obediencia el
que oficia como presidente cuando en la localidad no hay un masón con sufi-
ciente antigüedad, como fue el caso en la logia Iris de Burgos en 188214.
En una segunda reunión, los fundadores redactan un cuadro-lógico y hacen
un borrador de su futuro reglamento. Una de las cuestiones debatidas en esta
reunión es la elección del título de la logia. Los títulos son variados tanto de-
ntro del simbolismo como en otros apartados. Su importancia es capital porque
viene a ser la imagen del espírtu que sus fundadores quieren dar y representa
una ideal común. Sobre este aspecto, las obediencias españolas adoptaron pos-
turas diferentes. La mayoría establecieron una libre elección; sin embargo el
Gran Oriente Nacional de España obligaba a sus logias a elegir un título origi-
nal y distinto de logias ya fundadas15, lo cual no impide que nos encontremos
con títulos idénticos en toda la geografía española.
En el estudio que realizamos para Castilla y León a finales del siglo XIX,
relevamos ciertas particularidades. Un título bastante corriente era el de Igual-
dad (en Avila y Salamanca), el cual junto a otros como Fraternidad (Miranda de
Ebro) y Libertad (Palencia) nos ofrece la triada republicana que inspiraba ideo-
lógicamente la mayoría de los masones. Otros títulos reflejan el racionalismo y
el positivismo: Razón, Libertad, Deber (Salamanca), Progreso o Reforma (Vallado-
lid), Aurora del Progreso (La Fuente de San Esteban, Salamanca) y Razón Libre
(León) que conjugan inquietudes comunes a la gran familia de las heterodoxias
españolas. Otros ejemplos son más explícitos, como el tratamiento que se da a
la luz como elemento simbólico del trabajo masónico. Acoplar a la ciudad de la
logia: Luz de León, Luz de Medina (Medina del Campo), Luz Bejarana; pero
cuando ya se concibe como elemento del progFeso humano, la logia se llama
Electricidad (logia ambulante en la provincia de León en 1888).
En todo caso, excepto algunos títulos inspirados del mundo antiguo: Serapis
(Salamanca), Legionense Apio Herdonio (León) y Minerva (Almazán), la mayoría
hace referencia a la filiación directa con un personaje {Hijo y Hermanos de García
Vao, Valladolid), con un símbolo (Hijos de la Luz, Alba de Tormes), de un todo
(Hijos de la Humanidad, Salamanca) o de una virtud (Hijos de la Constancia, Astor-
ga). Las virtudes son valores intrínsecos a la Masonería, pero también de una
14
Archivo General de la Guerra Civil Española, sección Masonería [en adelante AGGCE-
Mas], leg. n° 450 A, exp. n° 3.
15
Constituciones de la Franc-Masonería española y Leyes de la Institución, Madrid, 1893, p. 64.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 533
moral laica que reinserta su contenido en la sociedad y en oposición a la inter-
pretación conservadora y católica: Entereza (Avila), Concordia (Burgos), Fortaleza
(Valladolid), Tolerancia (Puebla de Sanabria —Zamora—), etc.16.
Por último, en una tercera reunión se procedía a la instalación de los cargos
electos, se leía las actas de las tenidas precedentes y se enviaba una plancha (una
carta) a la obediencia pidiendo oficialmente una carta constitutiva (carta-patente
que certifica la regularidad de una logia auspiciada a una obediencia); a estos
documentos, se añadían las cuotas que debían pagar los miembros de la logia a
la obediencia17.
Como vemos, la fundación de una logia es un largo proceso, pero que no
siempre aparece como estricto. Todos estos detalles muestran un carácter ad-
ministrativo en la fundación de una logia que esconde una realidad menos bu-
rocrática, aunque en las planchas se leen en demasía términos de conveniencia
y de fidelidad. Suelen ser por las actas de las tenidas en donde podemos palpar
la voluntad de creación de la logia y sus motivos, como nos recordaba la logia
granadina ya citada. Sin embargo, el medio geográfico también tiene una in-
fluencia decisiva en la fundación. La logia ambulante Electricidad de León de-
clara que su objetivo es «reunir a varios hermanos que por sus trabajos en el
mundo profano no pueden asistir a las tenidas masónicas»18. La originalidad
extrema de este ejemplo revela cómo la masonería también es una sociabilidad
que sabe adaptarse a los contextos más difíciles para realizar sus objetivos.
Una vez obtenida la patente, la logia puede preparar su instalación. Esta es
una ceremonia que marca el nacimiento de una nueva vida en la que se des-
arrollará la sociabilidad masónica. Pero antes de alcanzar esta meta, los funda-
dores tienen que franquear otras barreras más materiales, como encontrar un
local para instalarse. Este asunto fue uno de los problemas más serios a los que
tuvo que enfrentarse la Masonería española. Disponer de un local, ya fuera en
propiedad, en usufructo o en alquiler, condiciona toda instalación y determina
la vida de la logia.
Sólo las logias socialmente más acomodadas podían tener una sede sin pro-
blemas de tesorería; el hecho de que la mayor parte vivieran en una debilidad
económica crónica, hizo que el problema del local fuera endémico. Ahora bien,
hubo otros aspectos interesantes, como la negativa de los propietarios de los
inmuebles a alquilarlos para que «se hospede» una logia. Este rechazo obligaba
a algunas de ellas a deambular entre las viviendas de sus miembros, cambiando
de dirección e incomodidando las actividades, como fue el caso de la logia La
Mirobrigense de Ciudad Rodrigo que cambió tres veces de sede en menos de tres
años o la logia Miram de Barco de Avila, confinada en un cuarto de la casa del
16
MARTÍN, Luis P.: La Masonería en Castilla y León en el siglo XIX, Salamanca, Diputación Pro-
vincial de Salamanca, 1996, pp. 55-56.
17
Constituciones de la Franc-Masoneria, op. cit., 1893, p. 64.
18
Reglamento Interior de la logia Electricidad, art. 1 (AGGCE-Mas, leg. n° 360 A, exp. n° 18).
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534 LUIS P. MARTIN
venerable, porque de esta manera se protegían del chismorreo y de la hostilidad
local. Otros casos fueron más graves. Un miembro de la logia Fraternidad de
Miranda de Ebro que cedía su piso, perdió su empleo obligando a la logia a pedir
ayuda a la solidaridad masónica nacional para evitar la disolución. Otros casos
muestran el detestable ambiente masónico local: en Valladolid, la logia Reforma,
propietaria de un templo no lo cedió a la logia Fortaleza, taller que se separó de
la primera y que trabajaba en otra obediencia; sin embargo, no opuso ninguna
obstrucción a la logia Progreso, que pertenecía a su misma obediencia.
En suma, el local es fundamental en el desarrollo de la sociabilidad masóni-
ca y disponer de una sede provisional puede neutralizar sus actividades. Pero
también una gran número de miembros puede colapsarla. ¿Cómo llevar a cabo
tenidas en un templo cuando la logia tiene más de setenta miembros? Esto le
pasó a la logia Hijos de la Humanidad de Salamanca, y era muy corriente en
logias importantes. Sin hablar de la discreción. Imaginarse cincuenta o setenta
masones encaminándose hacia una logia en una ciudad, de apenas veinte mil
almas como Salamanca, que además era un auténtico nido de clérigos... ilustra
perfectamente las dificultades que impone.el medio social y urbano a finales
del siglo XIX español. Los masones se debatían con elementos que, cotidiana-
mente, les impedían ejercer su sociabilidad; ésto es algo que no se suele tener
en consideración cuando también es un elemento clave en los análisis de toda
sociabilidad19.
Resuelta la cuestión del local, se puede proceder a la instalación de la logia.
En la reunión están presentes todos los fundadores y una comisión instaladora
(un venerable y dos vigilantes) enviada por la obediencia, que preside el acto. A
este evento se suelen invitar a otros masones para darle un mayor realce al ac-
to. El ritual de instalación sirve como normativa general y todas las logias de-
ben respetarlo: los masones son recibidos por la comisión y el presidente orde-
na al maestro de ceremonias que la presente. A continuación, las dignidades de la
logia se dirigen a la puerta del templo e invitan a la comisión a penetrar en él,
siendo recibida con todos los honores, entregándole a su presidente el mallete.
Acto seguido, se procede a la apertura de los trabajos para la instalación que
consiste en la lectura de las patentes de la nueva logia y en el juramento de sus
oficiales. El presidente hace lo mismo con los otros miembros utilizando la
misma fórmula. Después de un elogio a la obediencia, se hace una alocución
sobre los principios y fines de la Orden masónica y se declara, dando tres gol-
pes de mallete, que va a instalar la logia, y, con otros tres golpes, la logia que-
da instalada. Después de formalizar los cargos, el presidente toma la palabra y
lee un «trozo de arquitectura» (comunicación o ponencia de un miembro de la
logia redactada por un miembro de la logia). Para concluir, se pasa «el tronco
de la viuda» (caja donde los masones depositan sus donativos para la beneficen-
cia) y finaliza la ceremonia. La solemnidad que se da al acto hace olvidar el
19
MARTIN, Luis P.: La Masonería en Castilla y León, op. cit., pp. 58-59-
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 535
carácter festivo de la instalación. Para distender este ambiente, la nueva logia
invita a la comisión e invitados a un banquete que libera la tensión y en donde
se fraterniza con más comodidad20.
Otra ceremonia, pero que tiene un carácter más simbólico, es la inaugura-
ción de un templo masónico; que lógicamente es la continuación de la instala-
ción de la logia. En este acto, igualmente breve, se resalta la función laboriosa
del templo: «bienvenidos sean los que vienen al Templo para dar a la obra la
última mano», dice el Ceremonial y concluye el venerable resumiendo la finali-
dad de esta fundación: «que de igual modo que esos perfumes volatilizados por
el fuego material se elevan y embalsaman, el aire que nos rodea, logren las ex-
celencias de los dignos miembros de la Orden, que a este Templo concurran,
llevar en alas de la virtud y el progreso la Verdad y la Ciencia por todo el
mundo conocido»21.
La Masonería afirma su diferencia con otros modelos de sociabilidad en la
elección de sus fines y en los medios que se da para «construir el Templo». Si
esta comunidad establece unas reglas es porque necesita que reine entre sus
miembros la armonía y la concordia, único modo de «trabajar». La jerarquía y
la estricta estructura y organización racionalizan al máximo las relaciones socia-
les; pero a su vez, estas normas facilitan el acceso de todos los miembros de la
logia a participar en los objetivos de la Masonería, dentro de una libertad indi-
vidual y colectiva. Los reglamentos de cada logia se basan en las Constituciones
de Anderson, en los landmarks (serie de principios masónicos, adoptados en el
siglo XVIII por la Gran Logia Unida de Inglaterra) y en las constituciones de
su obediencia. Si las dos primeras recogen aspectos fundacionales, las segundas
se adaptan a los tiempos que caracteriza la plasticidad social de la Masonería.
Así, los reglamentos fueron abriendo cauces de participación y de expresión
interna. Por esta razón, y en una misma época, podemos encontrar en los re-
glamentos detalles diferentes; lo cual revela las distintas sensibilidades masóni-
cas existentes en España.
El reglamento establece las normas de la logia, pero además la representa
en el mundo profano y a las autoridades civiles. En este aspecto, toda la legisla-
ción sobre el derecho de reunión tuvo una incidencia mayor en la sociabilidad
masónica. Prácticamente hasta el Sexenio, las logias fueron ilegales. Desde
1868 hasta 1875, la Masonería entró en la legalidad; pero la Restauración im-
puso una legislación ambigua que se tradujo por una gran arbitrariedad. De
hecho, hasta 1887 la Masonería fue tolerada pero no reconocida. La Ley de
asociaciones de 1887 cubrió este vacío legal y las logias pudieron presentar sus
20
Acta de Instalación de la logia Aurora del Progreso, al Or. de La Fuente de San Esteban. 20 de julio
de 1889 (AGGCE-Mas, leg. n° 732 A, exp. n° 8).
21
Ver «Ceremonial para la Instalación de una logia», en CABALLERO DE PUGA, Eduardo: Ri-
tual Escocés del Maestro franc-masón, seguido de la Historia de la Francmasonería y segunda parte de la Juris-
prudencia Masónica, Madrid, Tip. Dionisio de los Ríos, 1888.
\
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536 LUIS P. MARTIN
estatutos en los gobiernos civiles22. Para llevar a cabo esta gestión, las obedien-
cias dictaron algunas disposiciones con elfinde evitar conflictos, imponiendo a
las logias su aprobación del reglamento. Otras veces, algunos gobernadores
civiles, en un exceso de celo, bloquearon la autorización obligando a las logias a
pedir a las obediencias que resolvieran su caso en Madrid. Fue un asunto co-
rriente y no deja de resultar extraña la actitud de estos gobernadores porque
los reglamentos no contenían ningún aspecto político o religioso chocante. No
obstante, el Gran Oriente Español en 1889 redactó un reglamento-tipo que
impuso a sus logias, para eludir este espinoso asunto con los gobernadores civi-
les. El resto de las obediencias masónicas daba libertad a las logias para redac-
tar su reglemento interno, que, por lo general, era copiado de otra logia, modi-
ficando solamente pequeños detalles.
Todos los reglamentos tienen una estructura uniforme que se presenta sin
variaciones en la exposición de los capítulos, artículos y párrafos. Las logias
permutan rara vez el orden y todos los objetivos de la sociedad masónica están
claramente expuestos. Los reglamentos se abren con una declaración de princi-
pios que mencionan el título de la logia, la obediencia en la que se auspician y
el rito que se practicará. Sigue todo un articulado que regula la vida de la lo-
gia: derechos y deberes de los miembros, cantidad y calidad de sus dirigentes,
así como modo de su elección.
Un apartado importante es el que aborda las reglas de comportamiento co-
lectivo e individual durante los trabajos, así como la gestión financiera o conta-
ble. Este articulado se completa con asuntos específicos como la beneficencia o
los visitadores. Algunas logias añaden disposiciones sobre las condiciones para
ser iniciado, la promoción de grados, las afiliaciones, los deberes hacia los her-
manos enfermos o fallecidos. En la parte final de los reglamentos, se abordan
aspectos administrativos: comisiones, secciones, ley penal y de justicia, y dispo-
siciones generales o transitorias que solventarán asuntos puntuales o imprevis-
tos. En general, los textos son minuciosos resaltando el carácter normativo y
funcional; subrayan tanto la socialización inherente a la logia como una orde-
nada administración. No obstante, cada logia es libre de plasmar aspectos que
otra sólo evoca de pasada. Así, la logia Reforma de Valladolid confeccionó un
reglamento corto: nueve capítulos más uno provisional; sin embargo, la logia
Luz de León, con un texto similar le añade un apéndice de cuatro artículos su-
plementarios. Al revés, la logia Hijos de la Humanidad de Salamanca, en quince
breves capítulos aborda todos los aspectos reglamentarios.
22
HIDALGO NIETO, Ma Victoria: «Masonería y libertad de asociación», en FERRER BENIMELI,
José Antonio (Ed.): La Masonería en la España del siglo XIX, Valladolid, Junta de Castilla y León,
1987, vol. 2, pp. 409-409-
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL
537
LA VIDA INTERNA DE UNA LOGIA
La sociedad masónica genera una sociabilidad organizada y reglamentada,
y las actividades que se llevan en su seno comportan distintas manifestaciones.
En el interior del templo, la logia funciona de la manera que sus rituales y sus
reglamentos le imponen, sin olvidar el carácter fraternal existente. La convivia-
lidad y armonía también resultan de estas condiciones; de hecho, son un inten-
to de encontrar un equilibrio social potente que facilite los trabajos masónicos.
Una tenida es una reunión de trabajo en una logia. Es cuando los masones
debaten, reflexionan, hacen propuestas, eliguen sus cargos, votan, etc. Todo esto
se concentra en una tenida y por lo tanto no pueden ser espontáneas y son con-
vocadas. Existen diversos tipos de tenida: la ordinaria, la extraordinaria, blanca
abierta (con invitados profanos pero el conferenciante es masón), blanca cerrada (el
conferenciante es invitado y profano), tenida de duelo o negra, en honor de un
hermano fallecido. Además, existen las tenidas de instrucción para cada grado en
donde se estudia y reflexiona sobre los rituales y los contenidos de los mismos.
Esta «unión fraternal» es a la vez una normativa y una voluntad común.
Cada logia establece la periodicidad de sus tenidas, pero sus miembros es-
tán siempre obligados a asistir. La ausencia debe ser siempre justificada, y las
ausencias repetidas sin justificación son susceptibles de la irradiación. En regla
general, y dependiendo del tamaño de las logias, las tenidas se llevan a cabo
dos veces al mes. La mayoría de las logias de las capitales de provincia se esta-
blecen una vez por semana: la logia Hijos de la Humanidad de Salamanca se
reunía todos los viernes, la logia Luz de León, los sábados; los masones de Bur-
gos se reunían un día a la semana sin especificar y la logia Reforma de Vallado-
lid celebraba sus tenidas todos los lunes.
El desarrollo de una tenida conoce varias fases. El venerable maestro lee la
orden del día y las actas de la tenida anterior, por si cabe alguna discusión pre-
via. A continuación se abren las discusiones, en las que hay un riguroso orden
de turno de palabra. El exponente debe hacerlo sobre «el fondo del asunto»: el
venerable puede, si hay divagaciones, retirarle la palabra. Si en los debates hay
infracciones al reglamento, faltas a la conveniencia social o disgresiones, el ve-
nerable puede presentar una queja ante la comisión de justicia. Por lo tanto, los
masones aprenden un comportamiento que exige el respeto y las buenas mane-
ras: está prohibido contradecir o interrumpir al exponente; de esta manera, el
derecho a la palabra está garantizado, aunque no de manera general: los
aprendices no tienen durante el primer año derecho a la palabra, ya que están
en periodo de aprendizaje, y tan sólo escuchan.
El papel del venerable es fundamental porque regula la fluidez de la discu-
sión, la coordinación de los debates, así como vela por su ajuste legislativo. Al
vigilar la armonía social, imprime una orientación al debate que lo «democrati-
za» por medio del uso del tiempo de palabra; de forma que los debates tienen
un principio y un fin. Es de regla admitida que para un mismo asunto se pueda
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538 LUIS P. MARTIN
hacer dos exposiciones y la última para rectificar, si hay lugar. Toda discusión
finaliza con una votación del tema tratado, sin justificación del voto, salvo si
hay ofensa o perjuicio para un miembro de la logia. En definitiva, la utilización
de la palabra entra dentro de un convenio social que el reglamento de la logia
Progreso de Valladolid expone con sencillez:
«Todo obrero [masón] tiene el derecho de emitir libremente su pensamiento;
pero siempre debe hacerlo con moderación, respetando las opiniones de los de-
más, acatando las decisiones de la mayoría y guardando las formas propias de un
buen masón»23.
Una vez concluidos los asuntos del orden de la tenida, administrativos o
instructivos, los masones pueden depositar en el saco de proposiciones todo
tipo de demandas que serán estudiadas en las tenidas siguientes. Estas deman-
das pueden concernir la propuesta de iniciación de un profano, la lectura de un
trabajo, la organización de un ciclo de conferencias o la denuncia de un asunto
interno. A continuación, el hermano limosnero hace circular el saco de la benefi-
cencia, en el que cada masón debe depositar una cantidad de dinero que se
destinará a estos fines; este depósito es obligatorio, incluso para aquél que no
está presente en la tenida. En este caso debe hacerlo llegar por el conducto que
estime oportuno.
La tenida concluye con la formación de la cadena de unión y los golpes de
mallete del venerable, tradicionalmente a medianoche. Acto seguido, los ma-
sones pasan a compartir un ágape, en donde la fraternización es más espontá-
nea y libre y que muestra el carácter plural de la sociabilidad masónica.
La elección de cargos es un apartado importante si consideramos a la Maso-
nería como «una escuela de formación del ciudadano». La práctica del voto su-
pone debatir e implica a cada masón en el devenir de la logia. Se utilizan tanto el
voto secreto como el voto a mano alzada, o declamando. Para cierto tipo de
asuntos como las propuestas para iniciar a un profano, se vota con bolas: las bo-
las blancas, son aprobatorias y las negras son reprobatorias. El voto, siendo per-
manente, estimula el uso de la opinión, el contraste de pareceres y, en suma,
desarrolla entre los masones un hábito de participación en la res-publica que nece-
sariamente conduce a que en la Masonería española se desarrolle el hábito a de-
batir en público. Es inevitable que los debates en las logias y el constante recurso
al voto crean un «espíritu democrático»; pero más allá de este dato, el ejercicio
de la palabra, la lectura de conferencias y los debates, son ejercicios de forma-
ción para aquellos masones que se dediquen a la política24.
23
Reglamento Interior de la Resp. Logia Progreso, 1888, art. 25 (AGGCE, Mas., leg. n° 730 A).
24
MARTÍN, Luis P.: «La logia y la tribuna. Los políticos masones de Castilla y León (1868-
1900)», en FERRER BENIMELI José Antonio (Ed.): Masonería, revolución y reacción, Alicante, Instituto
de Cultura Juan Gil-Albert, 1990,1.1, pp. 157-167.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL
539
Las elecciones se llevan a cabo, aunque caben excepciones, el mes de di-
ciembre para desempeñar las funciones el año siguiente, y siempre antes del
solsticio de invierno. Se suelen convocar con cuarenta y ocho horas de antela-
ción y se realizan «en familia», es decir, con sólo los miembros de la logia. El
voto es uninominal y secreto, llevándose un riguroso orden de votación. El
primer vigilante pasa lista, por columna; los componentes de ésta se dirigen a
la mesa del venerable y depositan el voto en una urna. Pasan a continuación los
ocupantes de la otra columna. Por cada elector, el venerable declama: «el her-
mano X ha votado», y una vez finalizado el voto y clausuradas las elecciones
para cada cargo se procede al escrutinio.
Cada obediencia tiene su concepto en cuanto a los votos exigidos para ob-
tener el cargo. Para el Gran Oriente Nacional de España (de Pantoja), el candi-
dato debe tener la mayoría absoluta; para las demás obediencias, les bastaba con
la mayoría simple. Cuando no hay mayoría, se procede a una segunda votación,
y a una tercera entre los candidatos con mayor número de votos. Para el escruti-
nio del cargo de venerable se dan algunas diferencias. El citado Gran Oriente
Nacional de España obligaba que todo candidato fuera maestro-masón o grado
superior, y de estos se proponía una lista cerrada de cinco miembros-candidatos
al resto de la logia. Para este cargo, esta obediencia exigía la mayoría absoluta;
en otras obediencias, los dos tercios. Cuando había litigio por igualdad de votos,
y en caso de que llegue a un tercer escrutinio, se elegía venerable al masón con
más grado y con mayor antigüedad en la Masonería. Al final del escrutinio, se
leían los resultados, dando una batería (aplauso) a cada uno de los nuevos cargos
y tres baterías al venerable, que tomaban posesión de ellos en la tenida siguiente.
La actitud de esta obediencia venía justificada por las «circunstancias de cada
país»; es decir, por una cultura política española poco acostumbrada a estos
ejercicios democráticos según Eduardo Caballero de Puga25.
Las logias practicaban en las tenidas diversos trabajos. Los administrativos (fi-
nanzas del taller, correspondencia, secretaría) ocupaban un lugar importante dada
la intensa burocracia masónica española. Por la secretaría de una logia pasaba de
todo porque, desde las actas que redactaba el secretario en cada tenida hasta la
carta que se enviaba a un miembro recalcitrante que no pagaba su cuota desde
hacía meses, la secretaría era fundamental. Y las tareas de la secretaría llevaban a
algunas logias a eximir el pago de la cuota mensual al secretario y en algún caso
se preveía una pequeña remuneración, aunque era una función benévola.
También cabe referirse a los trabajos relativos al personal, en donde se de-
batía sobre los candidatos que deseaban ingresar en la logia, bien sea para ser
25
CABALLERO de PUGA, Eduardo: Ritual Escocés de las Grados Capitulares del cuarto al décimo oc-
tavo, o sea del Maestro Secreto al Príncipe Rosa Cruz, Madrid, Tip. Dionisio de los Ríos Díaz, 1889, pp.
259-260. Sobre las elecciones, ver Constituciones de la Masonería española del Serenísimo Gran Oriente
Español y Ley de Tributación, Madrid, Imp. Moreno y Rojas, 1889, y GRAN ORIENTE NACIONAL DE
ESPAÑA: Constitución de la Franc-Masonería española, Madrid, Imp. del Gran Oriente Nacional de
España, 1884.
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540 LUIS P. MARTÍN
iniciados en la Masonería o afiliados; también se resolvíanlo se trataban, nu-
merosos litigios que en ocasiones terminaban en la comisión de justicia que
dirimía sobre el caso.
La propaganda masónica era uno de los trabajos más debatidos. La necesi-
dad de aumentar la influencia masónica en la sociedad circundante para contra-
rrestar la propaganda de la Iglesia fue una preocupación constante de las logias;
de aquí su interés por tener un órgano de prensa o colaborar con la prensa local.
Aunque crear una revista resultaba muy difícil, la propaganda era transmitida
por otros canales, personales o sociales, que paliaban la inexistencia de una pren-
sa masónica local. A lo largo del siglo XIX, la publicística masónica fue impor-
tante en cantidad, pero débil en intensidad; siempre debido a escasas finanzas,
pero también a que el público interesado por las revistas masónicas era muy re-
ducido. La prensa masónica española tuvo un fuerte impulso en Cataluña, en el
Levante y en Andalucía, debido a la importante implantación de la Masonería.
Ahora bien, la presencia de masones en ateneos, casinos, centros de instrucción ¡
laicos, etc., suplió con creces la débil propaganda de la orden.
Los trabajos fundamentales de las logias giraban en torno a la instrucción y
a la adquisición de conocimientos. Las tenidas de instrucción, irregularmente
llevadas a cabo en casi todas las logias españolas, tenían por objetivo en pro-
fundizar la filosofía y el simbolismo de los rituales del grado. En el grado de
aprendiz, se realza la necesidad de la duda en el hombre, primer paso para la
autonomía de la conciencia, como inicio del camino de la búsqueda de la ver-
dad, estableciendo una comunicación con Dios, con la naturaleza y la sociedad
y con su propia conciencia. En el grado de compañero, se busca la emancipación
del hombre por el conocimiento, que será puesta en beneficio de la sociedad y
que lo resume la máxima «Nada de lo que interesa a la Humanidad debe ser
indiferente al hombre y por consiguiente al Francmasón». Para el grado de
maestro, por el estudio de la filosofía y la teología, pero también de las ciencias,
se aborda la transformación del cuerpo y la inmortalidad del alma.
Es decir, que en esta etapa el masón va adquiriendo todos los elementos
formativos necesarios, entre ellos la moral, para comprender «racionalmente»
la inmortalidad del alma, lo que significa «vencer la muerte». Los trabajos del
grado de maestro son muy importantes en la vida de un masón, y más aún en
la vida de un masón español26. El contexto ideológico y político incitaba cons-
tantemente a hacer una serie de interpretaciones que venían a explicar las di-
versas posturas de la Masonería; así, el materialismo de la Gran Logia Regional
Catalana traducía una poderosa influencia del cientifismo o, en otras obedien-
cias, el panteísmo se plasmaba por un mimetismo krausista o armoniscista27.
26
Sobre los rituales, ver ALVAREZ LÁZARO, Pedro: La masonería, escuela deformación del ciudada-
no. La educación interna de los masones españoles en el último tercio del siglo XIX, 2 a éd., Madrid, Univer-
sidad Pontificia de Comillas, 1998, pp. 240-255.
27
UREÑA, Enrique M.: «Krause y su ideal masónico: hacia la educación de la humanidad»,
Historia de la Educación, Salamanca, n°4, 1985, pp. 73-95.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 541
Estas posturas se declinaban en un sinfín de tendencias: anticlericalismo rabio-
so28, republicanismo radical29, materialismo social avanzado30, moderantismo
reformista burgués...
Los grados superiores también tenían sus tenidas de instrucción en donde
se trabajaban aspectos sociales que se traducían por la función del masón en la
sociedad; lo que vendría a resultar una «formación del ciudadano» y un servi-
dor de «la construcción de una sociedad democrática». Por otra parte, las logias
organizaban conferencias, que en términos masónicos se denominan piezas de
arquitectura, dadas libremente por algún miembro de la logia o invitado (profa-
no o masón). Estas conferencias versaban tanto sobre aspectos simbólicos como
esotéricos; pero eran los temas sociales, religiosos, culturales o políticos los que
dominaban. Las obediencias solían establecer unos temas de reflexión que se
tratarían en las logias con el fin de hacer una síntesis y tener conocimiento de
la sensibilización o actitud de los masones sobre el o los temas propuestos. En
1894, el Gran Oriente Español lanzó una encuesta sobre las órdenes religiosas
en España que dio lugar a un gran debate en las logias y a la exposición de
estudios y conferencias sobre la cuestión, que fueron abordados desde distintas
perspectivas (religiosas, culturales, históricas, sociales o políticas).
Las logias tenían, por su parte, toda la libertad de desarrollar estos u otros
trabajos. Al final de las tenidas, los masones podían depositar en el saco de pro-
posiciones el tema de UÜA pieza de arquitectura que se leería, si fuese aprobado por
la asamblea, en una tenida. Este sistema de trabajo completaba las tenidas de
instrucción que eran las más corrientes, lo que provocaba una escasez de estas
piezas de arquitectura, convirtiendo las logias en meros «centros de instrucción»
masónicos, limitando los debates y haciendo de las logias un espacio de adoc-
trinamiento, muy lejos de la función original de la Masonería. No obstante,
teniendo en cuenta el ambiente ideológico en la España de la Restauración, las
logias podían darle a sus trabajos una orientación que no obligatoriamente se-
ría doctrinal.
La gran cantidad de aspectos reglamentarios que protegían las logias con el
fin de alcanzar sus fines producía una serie de conflictos que, sin duda, solían
perturbar seriamente la sociabilidad masónica. Podríamos señalar varios tipos
de problemas internos haciendo una distinción neta entre los problemas indivi-
duales de los colectivos. De los individuales, el más corriente era el absentismo,
primer signo de una defección que casi nunca declaraba el escaso interés o frus-
tración que sintieron algunos masones de lo que se hacía en las logias. Este
abandono se manifestaba por una morosidad en las cuotas mensuales y nos
28
ALVAREZ LÁZARO, Pedro: «Las Cámaras Giordano Bruno: un paradigma de anticlericalismo
masónico decimonónico», en Masonería, política y sociedad, op. cit., t. 2, pp. 791-808.
29
LÁZARO LORENTE, Luis: «Blasco Ibáñez, masonería, librepensamiento, republicanismo y educa-
ción», en FERRERBENIMELI, José Antonio (Ed.): Masonería, revolución y reacción, op. cit., t. 1, pp. 213-226.
30 SÁNCHEZ i FERRÉ, Père: La Maconeria a Catalunya, 1868-1936, Barcelona, Edicions 62,
1990, pp. 261-277.
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542 LUIS P. MARTIN
encontramos con el caso tipificado de «irradiado por falta de asistencia y pago».
Los pocos masones que evitaron in extremis esta expulsión justificaron su estado
personal o profesional que les impedía ejercer como «buenos masones», pese a
que siempre existían maneras de comunicar la ausencia prolongada, como fue
el caso de algunos militares. En nuestros estudios, nos hemos topado con casos
de expulsión dolorosos: como la de un masón vallisoletano que por golpear a su
esposa fue declarado indigno de ser masón y expulsado de su logia, como suce-
dió en la logia Hijos de García Vao, en 188831. Una buena conducta social y una
reputación sin tacha eran exigidas por todos los reglamentos de las obediencias
y de los talleres. La mínima falta cometida por un masón se consideraba como
un atentado a la misma Masonería: los diarios neo-católicos y anti-masónicos
no se privaban de darles publicidad, ridiculizando, de paso, la probidad moral
de la Masonería.
Los conflictos colectivos se generaban por razones diversas. La más común
fue la oposición entre dos grupos que se acusaban mutuamente de algún error o
falta. Muchos de estos mostraban una disconformidad con la dirección de la lo-
gia; ya fuera porque al equipo dirigente se le acusaba de actuar de forma autori-
taria, ya fuera porque se enfrentaban dos interpretaciones distintas de lo que era
la Masonería. Estos conflictos fueron graves, bastante corrientes e hicieron un
mal incorregible a la expansión de la sociedad masónica. Un primer ejemplo su-
cedió en Valladolid con la logia Reforma, produciéndose una escisión con la for-
mación de dos logias. En el segundo caso, la unión del Gran Oriente Nacional de
España dirigido por el vizconde de Ros y de un grupo del Gran Oriente de Es-
paña, dirigidos por Miguel Morayta en 1888, produjo un sinfín de escisiones,
separaciones de logias y creaciones de nuevas, en toda España.
Este hecho manifiesta claramente que se trataba de conflictos producidos
porque no existía una idea única de lo que era la Masonería y muestra la plura-
lidad masónica que siempre hubo en España. Al margen de estos casos, hubo
otros conflictos que provocaban gravísimas situaciones: la desaparición de fon-
dos del tesoro de la logia, la falsificación de actas y hasta peleas, que traían
como corolario la clausura de la logia, a no ser que la obediencia tutelar impu-
siera el orden y expulsara a los culpables de tales faltas. Este caso tuvo lugar en
la logia francisco Arouet de Voltaire de Ferrol en septiembre de 1893, y ha sido
de calificado de «escándalo tabernario y ópera bufa»32.
Tanto unos conflictos como otros nos muestran la dificultad con que se lo-
graba la armonía en las logias. La Masonería obligaba a sus miembros a inser-
tarse en una socialización potente, acatando una autoridad presidencial (el ve-
nerable maestro) con un real poder de control, aceptando la regulación de los
debates y de la organización estricta de las logias. De esta forma comprende-
3i AGGCE-Mas., leg. n°730 A, exp. n° 7.
32
VALÍN FERNÁNDEZ, Alberto: Galicia y la Masonería en el siglo XIX, A Co ruña, Ediciós do
Castro, 1990, pp. 264-265.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 543
mos porqué el código de justicia del Gran Oriente Nacional de España de 1890
(rama de Eduardo Caballero de Puga y José Pantoja) tenía «sólo» 141 artículos
y la ley de enjuiciamiento, 328 artículos.
LAS RELACIONES EXTERIORES
No se puede entender lo qué es la Masonería sin penetrar en el complejo
entramado de sus relaciones. Al adjetivarlas de exteriores debemos puntualizar
que son exteriores a la vida interna de la logia, porque en nada son extrañas a
la vida de una logia. La Masonería, al estructurarse en obediencias, establece
una serie de relaciones que consolidan las logias. Esta asociación extendida a un
territorio (local, regional o nacional) establece vínculos de interés común que
son fraternales y burocráticos. La organización piramidal de las obediencias
también favorece un desarrollo de las relaciones exteriores así como el mante-
nimiento de una correspondencia y una circulación de los boletines u otras re-
vistas masónicas. Todo este andamiaje bien puede denominarse «redes» y como
tales se puede entender la Masonería. En definitiva, la sociabilidad masónica
también es visible por las redes que construye; lo que le da otra característica
propia y diferente de otros modelos de sociabilidad33.
Las relaciones «exteriores» comienzan con la demanda de creación de una
logia, que se hace por el conducto de una obediencia; luego, la célula masónica
resulta de un reconocimiento «exterior» a la sociabilidad que se desea crear. La
obediencia actúa por medio de otras logias locales o regionales que son las que
van a instalar la nueva logia; luego, le dan visos de normalidad institucional y
carta social de actividad. A partir de la segunda mitad de la década de los años
80 del siglo XIX, se produjo en toda España una expansión sin precedentes de
la Masonería que multiplicó las actividades exteriores de las logias. Así, la logia
Hijos de la Humanidad de Salamanca ejerció de «instaladora de logias» de la
provincia entre 1887 y 1891: las logias de Béjar, Ciudad Rodrigo y Alba de
Tormes fueron «hijas» de la logia capitalina34.
A continuación, la nueva logia establece contactos con otras intercambian-
do garantes de amistad (miembro de la logia, escogido por una logia de otra
localidad, que le representa en su nombre); se acogen hermanos visitadores y se
participa a la vida masónica local con otras logias; se forman capítulos u otros
organismos masónicos superiores. La Masonería tiene otras sedes que la logia
en donde se trabajan los grados superiores a los simbólicos. El capítulo (del 4°
grado al 18°), el Aerópago del Kadosch (del grado 19° al 30°), el Tribunal de
33
Sobre la funcionalidad de las redes sociales, ver DiANl, Mario: «Las redes de los movimien-
tos: una perspectiva de análisis», en IBARRA, P. y TEJERINA, B. (Eds.): Los movimientos sociales. Trans-
formaciones políticas y cambio cultural, Madrid, Trotta, 1998, pp. 243-270.
34
MARTÍN, Luis P.: La Masonería en Castilla y León, op. cit.
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544 LUIS P. MARTIN
Grandes Jueces Comendadores (el 31°), el Consistorio (el 32°) y el Supremo Consejo de
Inspectores del grado 33 (el 33°). Todos ellos dentro del Rito Escocés Antiguo y
Aceptado, el más utilizado en España. A través de todas estas actividades, una
logia no es un espacio cerrado, sigue siendo discreto, pero está abierto a su
mundo sin el cual apenas puede vivir, aunque una logia es siempre libre.
Estas relaciones en ocasiones eran la consecuencia forzada de factores ajenos
a la logia. La excesiva cantidad de masones pertenecientes a la logia Reforma de
Valladolid fue sin duda otra de las razones que la llevaron a dividirse. Esta esci-
sión no supuso una merma de relaciones entre las logias; de igual manera
cuando se practicaban fusiones de logias, solían servir a consolidar una sociabi-
lidad masónica moribunda.
1887 logia Hnos. de Garáa-Vao <—• logia Reforma
1888 log. Progreso log. Reforma log. Hijos de García-Vao log. Fortaleza log. Comuneros log. Estrella
1890 log. Fraternidad log. Reforma
1891 log. Viriato log. Fortaleza log. Porvenir log. Silencio
Si observamos los movimientos (desplazamientos, fusiones y desapariciones)
de las logias de Valladolid en la brevedad de cuatro años, la red masónica local
respondía a los factores señalados, pero también al nuevo mapa masónico español
que se instaló a partir de 1887 y hasta 1891. La Masonería española tuvo dos
grandes obediencias (excepto el Gran Oriente Lusitano Unido, al que pertenecie-
ron un importante número de logias españolas): el Gran Oriente Nacional de
España (GONE) y el Gran Oriente de España (GODE). En 1887, un grupo del
GONE, dirigido por el Vizconde de Ros, se separó manteniendo el mismo título.
Por su parte, un sector del GODE, dirigido por Miguel Moray ta, procedió a un
intento de unión masónica nacional y, junto con el GONE de Ros, crearon en
1888 una obediencia bicefálica que se escindió en 1889. Los seguidores de Ros
conservaron el nombre de GONE hasta 1893 que pasó a llamarse Gran Oriente
Ibérico (GOIco). En cuanto al sector de Morayta, se denominó Gran Oriente Es-
pañol (GOE), que fue la obediencia española más importante hasta la guerra civil.
El GONE y el GODE originales continuaron su vida hasta 1896. Hubo otra
obediencia importante, fundada en 1887: el Gran Consejo General Ibérico35.
35
Ver ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro: «Pluralismo masónico en España en el siglo XIX», en FERRER
BENIMELI, José Antonio (Ed.): La Masonería en la España del siglo XIX, op. cit., c. 1, pp. 19-55.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 545
Las relaciones entre las logias, en estos casos, eran malas y se produjeron ren-
cillas y enemistades que nada tenían que ver con el ambiente local. En algunos
casos, los desplazamientos de masones de una logia a otra responden a la bús-
queda de una sociabilidad más adaptada a sus gustos (como en las logias Fortale-
za e Hijos de García-Vaó). Lo curioso es que, en algunos casos, y al cabo de algu-
nos años (caso de la logia Viriató), encontramos masones que transitaron por tres
logias locales. En cuanto a las fusiones forzadas por las obediencias, solían traer
malas sorpresas, como sucedió entre la logia Reforma y Fortaleza en 1895.
La influencia del contexto masónico nacional era evidente. Durante la dic-
tadura de Primo de Rivera, se produjo una reorganización de las relaciones ma-
sónicas en Madrid, Levante Cataluña y Andalucía, con la finalidad de cerrar
filas frente al régimen militar. Las redes masónicas pusieron en evidencia la
flexibilidad de sus capacidades y, con el concurso de numerosos oponentes al
régimen, se crearon nuevas logias sobre la base de las antiguas. Si en este mar-
co lo que se denota es el carácter político de la sociabilidad masónica, en otras
ocasiones la empatia partidista también facilitaba las relaciones entre logias,
aunque no era una condición fundamental, menos evidente a finales del siglo
XIX que en la segunda década del XX. Sobre la ocupación del espacio social y
político, el ejemplo de Sevilla es desde luego aleccionador36.
El vínculo directísimo que une las logias a su obediencia es otro de los
componentes más llamativos de las relaciones exteriores masónicas. Las obe-
diencias se comportan no sólo como lazo estructurador, también vigilan la re-
gularidad de las logias, orientan y definen políticas de expansión y propaganda,
facilitan contactos con personas o personalidades locales, etc. Por su parte, las
logias consultan su obediencia, contribuyen financieramente, hacen ruegos de
todo tipo (desde una ayuda material, «enchufes» o hasta un destino para un
militar para evitar un destino en Cuba, etc.).
Estos continuos contactos se saldaban por una correspondencia exagerada
que limitaba el axioma «logia libre, masón libre», mostrándonos que las rela-
ciones podían ser amistosas, respetuosas, distantes o conflictivas. El GONE era
bastante paternalista y exigente, el GOE era dirigista y centralizador, el GOIco
era más liberal y el GCGI era la obediencia más ecléctica. A la sazón, las rela-
ciones eran consecuentes. Las logias, en general, se plegaban a estas caracterís-
ticas; pero en los momentos importantes eran ellas las que marcaban la direc-
ción de toda la Masonería, como sucedió con la fracasada unión nacional de
1888. Algo similar sucedió en 1923, cuando el GOE creó una estructura fede-
rativa que modificó los hábitos relaciónales entre las logias y las obediencias.
En suma, la sociedad masónica como reflejo propio de su concepto de sociabili-
dad, genera unas relaciones complejas y pluriformales que tienen una fuerte
36
ÁLVAREZ REY, Leandro: Aproximación a un mito. Masonería y política en la Sevilla del siglo XX,
Sevilla, Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1996, pp. 33 y ss.
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546 LUIS P. MARTIN
incidencia en la evolución misma de su sociabilidad, lo cual añade elementos
cualitativos a su desarrollo o a su estancamiento.
Las logias masónicas practicaban la beneficencia como gesto supremo de
una fraternización con todos los hombres del universo. Este principio está tan
arraigado que es consustancial a la Masonería; por ello, algunas obediencias se
inscribieron en el registro de asociaciones en 1887 como «sociedades de benefi-
cencia». Así lo hizo el GONE del vizconde de Ros, declarándose una asociación
humanitaria en «el ejercicio de la beneficencia pública y privada»37. Las moda-
lidades de practicar la beneficencia están definidas en los reglamentos de las
logias y, cuando no es una ayuda entre masones, la beneficencia masónica des-
cubre al mundo profano un aspecto de la Masonería desconocido y da una
imagen de sociedad humanitaria que redunda en su reputación.
Las desgracias naturales, las epidemias, las deficencias en la protección so-
cial y sanitaria de la España de finales del XIX hicieron que la beneficencia
fuera una necesidad para gran parte de la sociedad española; la Masonería con-
tribuyó siempre con sus pobres recursos materiales y humanos para ayudar al
prójimo, cercano o lejano; y los archivos nos han dejado constancia de esta la-
bor que nunca cesó. Si estos gestos son la exteriorización masónica por excelen-
cia, el dar unos ejemplos nos ayudan a entender bajo otro prisma esta singular
sociabilidad. Todas las logias de todas las regiones españolas reservaron fondos
exclusivos (y que no formaban parte del tesoro propio de la logia), que se obte-
nían por medio del saco para la beneficencia (o Tronco de la Viuda) y donativos.
Un masón, el limosnero, llevaba las cuentas de este fondo que se utilizaba úni-
camente para los casos que decidía el taller.
Los casos que avanzamos tuvieron lugar en Castilla y León a finales del si-
glo XIX38, pero son similares al resto de España. Las ayudas a otros masones
(enfermedad, destierro, hospitalidad, etc.) son obligatorias y la solidaridad ma-
sónica fue constante. La beneficencia profana fue más variada: auxilios y ayudas
a familias [logias Iris de Burgos (1873) y Luz de Medina (1888)], ayuda masónica
nacional para las víctimas del temporal de León (1888). La logia Hijos de García
Vao de Valladolid mandó una pequeña cantidad a los socorros contra la epide-
mia de gripe de 1890. Otro tanto hicieron las logias Reforma y Luz de León
para las víctimas de las inundaciones en Andalucía en 1891, etc. No obstante,
las logias contaban con pocos recursos y para obtener una ayuda suficiente solían
abrir suscripciones con un éxito aleatorio. La concatenación de miserias y des-
gracias sociales movilizó a los masones que nunca explotaron su actitud; aun-
que en estas formas de beneficencia también podemos considerar una labor
de secularización frente al monopolio de las órdenes religiosas. Vistas así las
37
FERRER BENIMELI, José Antonio: La masonería española contemporánea. Desde 1868 hasta nues-
tros días, Madrid, Siglo XXI éd., 1980, vol. 2, pp. 11-12.
38
MARTIN, Luis P.: La Masonería en Castilla y León, op. cit., pp. 124-128. Para Madrid, ver
RANDOUYER, Françoise: «Beneficencia masónica: teoría y práctica», en FERRER BENIMELI, José
Antonio (Ed.): Masonería, política y sociedad, op. cit., t. 2, pp. 501-507.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 547
cosas, la beneficencia era una manera de acercar la masonería a los españoles,
mostrándoles su concepto de fraternidad, de justicia social y sensibilidad frente
a la desgracia ajena.
Las logias no sólo viven de cara al templo y aunque las manifestaciones
puntuales sean limitadas, realizan una exteriorización muy distinta que el uso
de la prensa y de la edición. En cualquiera de los casos y dependiendo del ca-
rácter de la logia, la exteriorización será más o menos discreta. No olvidemos
que la masonería era una sociedad condenada y constantemente atacada por la
Iglesia que la presentaba como demoníaca. Estas condiciones influyeron en las
manifestaciones públicas o semi-públicas de los masones. Tampoco hay una
gran variedad de manifestaciones, pudiendo limitarlas a dos: los banquetes
masónicos y los entierros.
Las logias organizaban dos banquetes anuales que coinciden con los solsti-
cios de invierno y de verano. También se organizaban banquetes con ocasión
de un acontecimiento que marcaba, por ejemplo, la instalación. Estos banque-
tes tienen un ordenamiento ritual y su organización demanda un local discreto
que acepte las condiciones de reserva, y además que no levante sospechas.
En algunas ocasiones, se intentaba que el propietario de la fonda o restau-
rante fuera masón. En el banquete que celebró la logia Aurora del Progreso de La
Fuente de San Esteban (Salamanca) para celebrar su fundación en 1889, el
dueño de la casa de comidas no era masón y el ritual se redujo a lo indispensa-
ble39. Para estos menesteres, la logia tiene un cargo de título explícito: maestro
de banquetes. Existe una disposición de los comensales y sin excesivo protocolo,
pero es un banquete normal y siempre entre masones. Sólo al final, los discur-
sos toman un carácter masónico o político, si se trata de rememorar el aniversa-
rio de la I a República (el 11 de febrero) u otras conmemoraciones. Se entonan
canciones masónicas y se baten baterías (palmas) en honor de los oradores y de
la orden, etc. El banquete reviste en suma distintas dimensiones. Social y cul-
tural, pero igualmente festiva. Barómetro de la cualidad burguesa de la socia-
bilidad masónica y en la España de entresiglos, el banquete tuvo una dimen-
sión de reafirmación de los valores masónicos y políticos (identificación
republicana, laicista...). En último término, todo banquete es una fiesta que
refuerza la pertenencia en una sociedad por medio de una fraternización menos
rígida que las tenidas.
En cuanto a los entierros, eran la manifestación pública más llamativa. Por
un lado, los escasos cementerios civiles obligaban a los masones a realizarlos en
el cementerio local, levantando la ira de la Iglesia y de sus feligreses. Por otro
lado, daban lugar a una afirmación política de amplio alcance local. Los entie-
rros fueron uno de las exteriorizaciones más importantes para la masonería
española, sobre todo en el siglo XIX, porque también era una movilización
contra la Iglesia.
39
Ver MARTÍN, Luis P.: La Masonería en Castilla y León, op. cit., p. 60.
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548 LUIS P. MARTIN
De hecho, los masones estaban condenados a vivir en este régimen y obli-
gados a compartir el «espacio de los muertos» con todo el significado que tiene
esta forzosa cohabitación. De aquí, las constantes peticiones de las logias para
que las autoridades abran cementerios civiles, símbolo de una secularización en
ciernes. Como esto no era corriente, los entierros masónicos se convertían en
ocasiones en una lucha por parte de los clericales que defendían su monopolio
mortuorio. Los testimonios que poseemos de los entierros son numerosos. Des-
de aquellos anónimos, como el entierro de un masón de la logia Fortaleza de
Valladolid, hasta el entierro de un célebre krausista salamantino que se convir-
tió en un encuentro institucionista-masónico-republicano. En muy escasas oca-
siones, las logias salieron a manifestarse en la calle, con los estandartes de la
logia y los masones con sus insignias, bandas, etc.40. En otras regiones de Espa-
ña, los entierros masónicos producían idénticos sentimientos: la religión civil
que era la Masonería no toleraba la intolerancia de la Iglesia en el último adiós
de los hermanos de la logia a aquél que pasaba al oriente eterno. Dentro de este
concepto podemos interpretar el interés que los masones daban al entierro, que
precedía a una tenida fúnebre en honor del fallecido.
La historia ha retenido una serie de entierros públicos en los que participó
la Masonería y que aparecieron en la prensa de la época. En el entierro del bri-
gadier Escalante, héroe de «La Gloriosa», en agosto de 1869, hubo una mani-
festación pública del Gran Oriente de España. Otro entierro fue el del infante
don Enrique de Borbón, muerto en duelo por el duque de Montpensier el 12
de marzo de 1870. El cuerpo del infante, liberal conocido y masón de la logia
madrileña Los Puritanos, fue conducido por cuatro miembros del taller y con las
insignias de Soberano Inspector del grado 33; pero el entierro no despertó una
atención particular41. Los funerales del general Prim fueron de otro alcance. No
sólo por la importancia del militar y también masón, sino por las incidencias
que se produjeron en la basílica de Atocha y sobre todo por la polémica poste-
rior, que relató con detalles el diario La República Ibérica^1.
Estos entierros no fueron masónicos, sino que los masones se integraron en
él provocando al clero que invocaba la profanación del templo cristiano. Los
tres casos muestran la tolerancia gubernativa y la voluntad masónica de exte-
riorizarse; lo que se puede interpretar como una utilización del espacio público
en acto de identificación colectiva que supera una identificación pública con la
Masonería. Es un rasgo ideológico y militante de la sociabilidad masónica es-
pañola y pone de relieve, por otro lado, la escasa penetración del masonismo en
40
ESTEBAN DE VEGA, Mariano: «Católicos contra liberales: notas sobre el ambiente ideológico sal-
mantino en la Restauración», Studia Histórica (Historia contemporánea), Salamanca, vol. IV, 1986, p. 62.
41
RANDOUYER, Françoise: Les manifestations publiques et externes de la Franc-Maçonnerie vues par
la presse espagnole (1868-1871), tesis de doctorado inédita, Universidad de Paris IV, 1981, pp. 116 y
127-128.
42
Acontecimiento relatado por PÉREZ GALDÓS, Benito: Episodios nacionales [tomo III: Amadeo],
en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1970, pp. 1011-1012.
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LAS LOGIAS MASÓNICAS. UNA SOCIABILIDAD PLURIFORMAL 549
la sociedad, muy limitado a unos ambientes y círculos de sociabilidad que en
ocasiones se superponían: logias masónicas/círculos republicanos/centros libre
pensadores, etc.
La sociabilidad masónica, concentrada en una logia, es un paradigma de un
modo de «estar en sociedad». La estructura social se acompaña de una comple-
ja estructura cultural, filosófica y espiritual, a lo que hay que añadir una serie
de «producciones» culturales y políticas que sirven de referente y de identifica-
ción. La logia masónica es un espacio social en el que confluyen varias formas
de sociabilidad y esta pluralidad hace que su comprensión no sea fácil en com-
paración con otros modelos de sociabilidad. Es más, podemos preguntarnos si
esta característica hace que no se le considere como un tipo de sociabilidad 43,
cuando a todas luces es una de las formas más genuinas que tuvo la España
contemporánea.
No cabe duda que esta pluriformalidad produce dificultades de clasifica-
ción. ¿Se trata de una sociabilidad cultural o de beneficencia? ¿Es un sucedáneo
de un partido político, etc.? Una de las causas de esta falta de clarificación vie-
ne de la Masonería misma que no siempre supo definirse, pero tampoco supo
situarse en el espacio de las sociabilidades. Pero su originalidad es sólo aparen-
te, como muestra su constitución, sus normativas, su desarrollo, su implanta-
ción social y geográfica, y su identifiación con los sectores de progreso. Sin en-
trar en estas consideraciones, la logia sufre de un déficit de análisis dentro de la
necesaria visión transversal de las sociabilidades.
En estas páginas, la logia se ha visto estudiada bajo sus múltiples facetas y al
considerarla como un modelo de sociabilidad no podemos olvidar que su cultura
le imprime una personalidad aparte y hace, por esta razón, que sea pluriformal.
43
Con perplejidad, hemos constatado que en el estudio del Grupo de Estudios de Asociacio-
nismo y Sociabilidad: España en sociedad. Las asociaciones a finales del siglo XIX, Cuenca, Ediciones de
la Universidad de Castilla-La Mancha, 1998, no figura la voz «logia» en los conceptos de sociabili-
dad y ninguna referencia se hace de la sociabilidad masónica.
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