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CUENTO LA MULA Fernando Silva

Este documento analiza a la generación literaria nicaragüense de los años 1950, conocida como la Generación del 50. Incluye poetas como Fernando Silva Espinosa y destaca la aparición de voces femeninas importantes como María Teresa Sánchez y María Sansón Arguello. También presenta un cuento de Fernando Silva titulado "La Mula" que trata sobre un encuentro confuso entre varios personajes que involucra a una mula.

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CUENTO LA MULA Fernando Silva

Este documento analiza a la generación literaria nicaragüense de los años 1950, conocida como la Generación del 50. Incluye poetas como Fernando Silva Espinosa y destaca la aparición de voces femeninas importantes como María Teresa Sánchez y María Sansón Arguello. También presenta un cuento de Fernando Silva titulado "La Mula" que trata sobre un encuentro confuso entre varios personajes que involucra a una mula.

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ANALISIS DE LA GENERACION DEL 50

La década de los cincuenta: Se ha llamado generación del 50 a los poetas surgidos alrededor de
1950, antes y después de este año. Esta generación no apareció en forma de grupo, ni maduró
con uniformidad cronológica y estilística presto que cada uno de sus integrantes impuso su
creación independiente de los otros, y en épocas distintas. –
Dentro de sus integrantes tenemos a uno de nuestros escritores de nuestra edad
contemporánea: Fernando Silva espinosa: Poeta, escritor nicaragüense de quien hablaremos
más ampliamente en su biografía. Esta conformada por nombres importantes Fernando Silva
Espinosa, se caracteriza por lo vernáculo, lo novedoso, autenticidad en lengua y sobre todo su
jugosidad es casi permanente en su obra; Ernesto Gutiérrez, Raúl Elvin, Guillermo Rothschuh
Tablada, Mario Cajina Vega, Eduardo Zepeda.
VOCES FEMENINAS
Voces femeninas: El acontecimiento más importante en nuestra literatura es la eclosión de un
grupo de poetisas de profundo sentido femenino y de riquísima originalidad creadora.
Fenómeno más interesante de estos últimos años es la consolidación de un grupo de voces
femeninas que tuvo precursora a dos poetisas famosas: María Teresa Sánchez y María Sansón
Arguello.
CUENTO: LA MULA
-Juan Bayo no durmió anoche en su casa.
- ¿Y adonde se quedaría? –Eso no importa.
-En la casa de la Calero amaneció Ruiz.
¿Y eso que?
-Ahí, que fue a advertirle a la Calero.
-Vaya, pues, y ¿qué tiene que ver la Calero?
-Ha de ser que era por Ramos, por lo que llegó don Ruiz; talvez era por eso.
Las dos mujeres, la Santos y la Dora estaban hablando afuera.
La Santos era la de la pulpería y la Dora la que atendía la venta.
La Calero es la mamá de Juan Bayo y el viejo Ruiz el padre de Ramos.
-Toda esta carajada – decía la Calero – a mí me importa.
-Me va decir que usted no sabe lo de mula que dicen, pues.
-Qué tengo que ver yo con lo que dicen.
-Es para evitar, más que todo.
-Para evitar ¿qué? – dijo la Calero – No me venga a mí con esas chochadas.
El asunto era así como lo sabía la Santos, que se lo contó a la Dora.
Porque a la vista estaba la Chola le quemaba los caites a Ramos con Bayo, ¿quién carajo no
sabía eso? – decía la Santos – y que, además, las más de las veces se los veía a ellos tres
juntos, como si nada.
-Pero ve lo que dice la Calero – le dijo la Nora-. Cuando yo le pregunté. Es que – empezó
la Calero –que no me vengan a mí con las cosas de Bayo. ¡Ahí, que a su padre salió! Y que
si la Chiva su mujer lo deja. ¿Quién carajo tiene que decir nada, pues? Eso me dijo – le
dijo la Nora.
-Entonces ve lo que la Calero me dijo a mí “¿Vos qué supiste? – me preguntó ella primero;
y en seguida dijo – lo que dicen las habladas; lo que dicen las habladas, uno ni sabe qu´es”.
En eso estaba cuando entra Ramos, primero.
-Pero – dice la Santos – entonces todos llegan adonde la Calero y ¿qués eso?
-Yo no sé – dijo la Nora.
-Seguí, pues.
-Pues, el tal Ramos todo baboso contándole a la Calero.
-“Yo, claro que yo sabía, entonces y me vengo cerca y me quedo como buscando. No era
nada.
lado y los esperé un tantito, a
los dos ellos en esa caballeriza vieja; pero tal vez ni me va creer, doña Calero, que lo que
vi. allí me una mula que me viene ella en seguida la anímala y me levanta las patas la
jodida, que ni sé cómo se agaché y me Safo la patada que me voló la mula esa que le dijo y
salgo, pues, en seguida, espérate perro entre, el polvazal.
-¿Y no me decís que era a la Chola a la que espiabas, vos?
-Sí, pues, y allí estaba la Chola, a un lado, riéndose. Allí la vi yo, créamelo.
-¿Y no me decís que era una mula laque hallaste?
-Pero qué iba saber yo entonces. Reculé y ahí nomás me volví, entrando adentro pegado a un
¡Eché, chocho! –me dije- y ¿eso que? Ya la anímala que me tocaba por todo el cuerpo,
que yo no sabía qué era ni cómo era, que en eso la mula recula y se encabrita la jodida y
pone la cola arrizada para arriba y se me voltea encorvada encogiendo las patas traseras,
enseñando el fundillo para arriba y que agachándose, como si fuera una perra, la mula
viene y para el chorro orinándome encima, que yo que hice me pegar la carrera para fuera
con la ropa toda meada, empapada de orín de la chanca mula, mientras la anímala andaba
cómo me vine hasta para aquí y lo primero que vi fue a mi mama que estaba levantada
lavando allá en el patio y le grito. ¡Mama, mama!
- ¿Y la mula? ¡La mula! –le grito.
La Calero sólo cabeceaba; pero don Ruiz lo que hizo fue irse en seguida todo arruinado y
cogió para ahí, por el lado del parque.
-Bueno – dijo la Nora, pero ¿vos no le preguntaste después nada más a la Calero?
-Pues, claro – dijo la Santos – pero en eso se apareció allí nomás la Chola, toda desgreñada,
lucía y desalojada, con tucos de zacates enredados entre el pelo.
-Ajá, ¿pero ¿qué le dijiste vos entonces a la Calero?
-Ahí, pues –le dije yo señalándole a la Chola. ¿Y no sería tal vez esa la mula, doña
Calero? –le dije, señalándole allí por donde venía la Chola.
-La mula, ¿qué mula? –me dijo la Calero, alzando los brazos. ¡Esa es la mula de la
guariada que se metieron estos picados sinvergüenzas.
Autor Fernando SILVA
lucía y desalojada, con tucos de zacates enredados entre el pelo.
-Ajá, ¿pero ¿qué le dijiste vos entonces a la Calero?
-Ahí, pues –le dije yo señalándole a la Chola. ¿Y no sería tal vez esa la mula, doña
Calero? –le dije, señalándole allí por donde venía la Chola.
-La mula, ¿qué mula? –me dijo la Calero, alzando los brazos. ¡Esa es la mula de la
guariada que se metieron estos picados sinvergüenzas.

Fernando Silva

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