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CONCEPCIONES DE LA LÓGICA 1

Carlos E. Alchourrón

1. INTRODUCCIÓN

50 long as rhe sciences are imperfecr, rhe definirions musr partake of rheir
imperfecrion; and if rhe former are progressive, rhe larter ought ro be so too
(John 5ruarr Mili).

Los textos tradicionales de lógica usualmente comenzaban con una carac­


terización de la lógica, seguida de una detallada comparación de su con­
tenido y enfoque con los de otras disciplinas estrechamente vinculadas
a ella. Esta costumbre en gran medida se ha perdido. En los textos con­
temporáneos es frecuente encontrar sólo unas breves consideraciones refe­
ridas a la definición de la lógica y muy pocas comparaciones, en muchos
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casos totalmente ausentes, con la temática de otras disciplinas afines. Esta


evolución en cuanto a la disminución de la extensión dedicada a la defi­
nición de la disciplina y su comparación con otras es un rasgo que acom­
paña al enriquecimiento intrínseco de toda ciencia. Cuanto más abun­
dante es el material a exponer en una ciencia menos es el espacio que
se reserva a la definición de su área temática y al deslinde con otras cien­
cias. Estos últimos objetivos pasan a integrar, entonces, los temas de
la filosofía de la ciencia en cuestión. La relativa autonomía que en cada
ciencia se produce respecto de su correspondiente filosofía como conse­
cuencia de su propio desarrollo puede interpretarse como un síntoma de
madurez, en la medida que por un lado permite al científico con­
tinuar con su tarea sin verse embarcado en complicadas cuestiones

1. Para una presentación diferente de la idea central de esre ensayo ver C.E. Alchourrón y A.
A. Marrino, «Lógica sin verdad»; Theoria, 3 (1987/88) 459-464, San Sebasrián.
Quiero agradecer las importantes sugerencias y comentarios de David Makinson y Thomas Moro
Simpson que permitieron mejorar considerablemente el contenido y la estructura de este escrito.

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CARLOS ALCHOURRÓN

filosóficas, y por otro, permite al filósofo profundizar sus problemas espe­


cíficos apoyándose en los resultados de la ciencia. Sin embargo, no son
pocos los momentos en que el desarrollo mismo de una ciencia depende
de una adecuada reflexión filosófica sobre el área temática de la disci­
plina. Tal es el caso de la lógica en su último siglo de vida. Caracteriza­
ciones aceptadas durante siglos fueron desplazadas por otras como resul­
tado del desarrollo mismo de la lógica. Sin embargo, este cambio ocurrió
sin abandonar el núcleo central que define el área temática de la disciplina.
El propósito de este ensayo, ubicado al comienzo del volumen sobre
lógica en una enciclopedia general de filosofía, es tomar en cuenta, aun­
que sea brevemente, alguno de los tópicos filosóficos vinculados al des­
linde de la lógica.
No es tarea fácil la de dar una definición del área temática de una
disciplina, cualquiera que ella sea. Esto corrientemente se debe a que por
un lado el origen histórico de las distintas disciplinas es fijado, más o
menos arbitrariamente por los historiadores, destacando los trabajos de
alguno o algunos autores representativos como las obras iniciales de la
disciplina, pero con clara consciencia de que ellos fueron precedidos por
observaciones y descubrimientos en el área cuyos autores se desconocen
o tienen menos importancia. Además, es frecuente que el desarrollo his­
tórico del cuerpo teórico de cada disciplina haya sido gradual y acumu­
lativo, tal como ha ocurrido, por ejemplo, con el contenido teórico de
ciencias como la astronomía, la física o la matemática que son el resul­
tado de adiciones y rectificaciones acumuladas a lo largo de siglos por
un sinnúmero de autores, de importancia diversa, y que ha llevado, en
muchos casos, a ampliaciones y cambios más o menos significativos de
la temática históricamente inicial.
La historia de la lógica es, en la dirección apuntada, radicalmente
distinta. Su origen histórico tiene fecha cierta. La lógica es una teoría
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que se inicia en los libros del Organon de Aristóteles. La teoría del Silo­
gismo Categórico, contenida sustancialmente en los Primeros Analíticos,
es y sigue siendo el paradigma para identificar la temática de la lógica,
aunque no, por cierto, su contenido teórico, que se ha incrementado enor­
memente y se ha modificado en rasgos importantes. Además, la historia
de la lógica está signada por discontinuidades tan marcadas que se hace
difícil hallar paralelos en la historia de otras ciencias. Esta curiosidad
en la historia de la lógica está enfatizada, aunque errónea y exagerada­
mente, por Kant en el prólogo a la segunda edición de su Crítica de la
Razón Pura cuando presenta a la lógica como una ciencia que nació per­
fecta y completa en manos de su creador: Aristóteles. Aunque Kant se
equivocó en esta apreciación histórica, ya que desde Aristóteles hasta los
días de Kant la teoría lógica fue objeto de múltiples, y en algunos casos,
sustanciales modificaciones, hay mucho de cierto en la imagen kantiana
de la historia de la lógica, ya que, sin exagerar demasiado, puede afir­
marse que el cuerpo central de la teoría lógica contemporánea surgió en
las postrimerías del siglo diecinueve en las obras de Frege, sin que pueda

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

señalarse en ellas influencia alguna ni continuidad con el enfoque teó­


rico aristotélico, y en cierto sentido, oponiéndose a éste. Sin embargo,
es dable señalar un tema central que, fijado en la obra de Aristóteles,
permanece idéntico hasta nuestros días de modo que hace factible una
definición general del área temática de la lógica.

11. EL ENFOQUE PSICOLÓGICO

En una primera aproximación la lógica deductiva (ya que ése es nuestro


tema) puede describirse como la teoría de los razonamientos (deducti­
vos). Esta caracterización, además de excesivamente imprecisa, tiene un
inadecuado cariz psicológico que ha tenido, y que en ciertos enfoques
de la lógica (el que recibe contemporáneamente en muchos trabajos de
inteligencia artificial) continúa teniendo una persistente influencia que
entorpece la identificación de la lógica.
Una definición muy corriente en las obras escritas antes de nuestro
siglo identificaba la lógica con la ciencia y / o el arte del pensamiento.
Tal es el caso de la muy influyente obra de Antoine Arnauld y Pierre
Nicole (1662) La Logique ou I'Art de penser conocida como La Lógica
de Port Royal. En este sentido es también significativo el título An Inves­
tigation 01 the Laws 01 Thought on which are lounded the Mathematical
Theories 01 Logic and Probabilities (Laws 01 Thought) con que George
Boole designó, en 1854, a uno de los libros más influyentes en la lógica
contemporánea.
De este modo, la vinculación de la lógica con la psicología fue, desde
la perspectiva de muchos y muy representativos autores, tan estrecha que
identificaban a la lógica como describiendo, y a veces prescribiendo, cier­
tos procesos psicológicos (razonamientos, argumentaciones) en que esta­
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ban involucrados estados psicológicos de los individuos (juicios, creen­


cias, conocimientos).
Es realmente asombroso que una caracterización, en cierto modo,
tan errada como la que ofrece la definición psicologista de la lógica tuviera
un consenso tan amplio y duradero, que fuera necesario para descartarla
la enorme tarea y dedicación que a fines del siglo pasado y principios
del actual pusieron Frege y Husserl en la lucha antipsicologista en cuanto
a la definición de la lógica. En el caso de Frege sus argumentos antipsi­
cologistas estuvieron en gran medida focalizados en la definición psico­
logista de la matemática, y más en particular de la aritmética, pero no
hay que olvidar que para Frege la matemática no es más que el capítulo
más avanzado de la lógica.
Sería realmente insensato intentar justificar las leyes de cualquier teoría
lógica apoyándose en las propiedades que pudieran descubrirse obser­
vando los procesos psicológicos efectivos de argumentación que los hom­
bres realizan a diario. El resultado de tal investigación, de naturaleza cla­
ramente empírica y contingente, que seguramente exhibiría características

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muy distintas frente a individuos de grupos humanos heterogéneos, sería


impotente para dar cuenta del carácter necesario y a priori de las leyes
lógicas, quizás sólo seriamente cuestionado por John Stuart Mill. Sin
embargo, la larga tradición psicologista en la definición de la lógica ha
tenido una enorme influencia, si no en el desarrollo de la teoría lógica,
en el vocabulario usado en la formulación de las teorías lógicas. En efecto,
verbos como inferir, argumentar, deducir, etc., designan indudablemente
procesos psicológicos que los hombres realizan con frecuencia. A su vez,
los sustantivos correspondientes: inferencia, argumento, deducción, etc.,
y a pesar de su clara ambigüedad proceso-producto, conservan en su desig­
nación la connotación psicológica de los verbos asociados. Es más, si
bien en lógica se ha acuñado la expresión «premisa(s»> para indicar los
puntos de partida de una inferencia, se sigue usando la expresión «con­
clusión», con su clara connotación de punto final de un proceso (en este
caso psicológico), para referirse a lo que se pretende estar justificado por
las premisas en un esquema inferencial.
Si bien, en principio, carece de justificación la definición de la lógica
como ciencia teórico-descriptiva del pensamiento, es en cambio más plau­
sible aquella definición (vinculada a la idea de «arte del pensar») que carac­
teriza a la lógica como una disciplina normativa destinada a prescribir
cómo se debe pensar (argumentar, inferir) para hacerlo correctamente.
Desde esta perspectiva el objeto de la lógica sería, no ya describir cómo
los hombres efectivamente argumentan, sino efectuar una suerte de con­
trol de calidad con relación al producto de la actividad argumentativa,
codificando los 'esquemas argumentativos que logran, distinguiéndolos
de los que no logran, la finalidad implícita en la actividad argumenta­
tiva. Este enfoque presupone que se explicite la o las finalidades que la
lógica toma en cuenta en su control de calidad de los procesos argumen­
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tativos, ya que, como toda actividad, los procesos de argumentar pue­


den llevarse a cabo guiados por las finalidades más diversas. Así, una
argumentación realizada con el propósito de persuadir a alguien, será
buena o mala si de hecho se logra con ella convencer a la persona a la
que está dirigida. Esta finalidad persuasiva que puede ser importante para
juzgar sobre el valor retórico de una argumentación no es por cierto la
finalidad contemplada en la lógica. En el enfoque que estamos conside­
rando se asume que la finalidad (por lo menos la finalidad que la lógica
tomará en cuenta) de una argumentación será preservar en la conclusión
la verdad de las premisas. El objetivo de la lógica sería entonces encon­
trar criterios que aseguren la verdad de la conclusión para el caso en que
las premisas sean verdaderas.

I1I, EL ENFOQUE SEMÁNTICO

Siguiendo el camino anterior, que transita por las huellas de la tradición


del «arte de pensar», puede llegarse a una de las caracterizaciones más

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

representativas de la visión actual frente a la cuestión de la identificación


temática de la lógica: el enfoque semántico de la noción de consecuen­
cia. Por una inferencia se entenderá desde ahora un conjunto de enun­
ciados, de un lenguaje previamente especificado, en el que la verdad de
uno de ellos (la conclusión de la inferencia) se pretende justificar en la
verdad de los otros (las premisas de la inferencia). La inferencia será buena
(válida) cuando la conclusión sea consecuencia necesaria de las premi­
sas, o lo que es lo mismo, cuando las premisas impliquen lógicamente
la conclusión. Esta idea puede resumirse en cualquiera de las siguientes
dos definiciones intuitivas que servirán como punto de partida para lograr
otras técnicamente más precisas.
(Def. 1.0) Un enunciado C es consecuencia del conjunto de premisas
P , ... Pn si y sólo si es imposible que las premisas P J Pn sean todas ver­
• • •

daderas y la conclusión C no lo sea, o equivalentemente:


(Def. 1.1) Un enunciado C es consecuencia del conjunto de premisas
P, ... Pn si y sólo si es necesario que si todas las premisas son verdaderas
la conclusión también lo sea.
Es claro que cuando se cumple la condición expuesta, la verdad de
las premisas justifica la verdad de la conclusión, es decir, se cumple con
la finalidad, considerada por la lógica en todo proceso (psicológico) argu­
mentativo, de preservar en la conclusión la verdad de las premisas.
En la noción de consecuencia que estamos comentando hay dos tipos
de expresiones que requieren especiales aclaraciones: por un lado están
las nociones modales de necesidad e imposibilidad, y por otro las de ver­
dad y falsedad. En este momento nuestro propósito es presentar esque­
máticamente el enfoque de la lógica que deriva de los trabajos de A. Tarski
sobre el concepto de verdad (Tarski, 1935) y el concepto de consecuen­
cia lógica (Tarski, 1936).
Comencemos con las nociones de verdad y falsedad. En el enfoque
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tarskiano verdad y falsedad son calificaciones hechas en el metalenguaje


que versa acerca de las expresiones de un lenguaje (objeto) L a los enun­
ciados L. En este enfoque los «portadores de la verdad» son expresiones
lingüísticas (los enunciados del lenguaje objeto IL). No son estados psi­
cológicos ni el significado (proposiciones) de tales expresiones lingüísti­
cas. Sin embargo, para que pueda atribuirse un valor de verdad (verdad
o falsedad) a un enunciado éste tiene que ser un enunciado significativo
y esto supone que el lenguaje tiene que estar interpretado a través de
alguna correlación (explicitada en la parte semántica del metalenguaje)
de algunas de sus expresiones con las entidades de la realidad acerca de
las cuales versa el lenguaje objeto L.
Por razones que por ahora no vamos a analizar, Tarski considera que
por sus peculiares características ninguno de los lenguajes naturales (espa­
ñol, inglés, portugués, alemán, etc.) admite una noción de interpreta­
ción con el grado de precisión que se requiere para dar una explicación
coherente y satisfactoria de la noción de verdad (y de falsedad). Por esta
razón, su construcción está referida siempre a un lenguaje artificialmente

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CARLOS ALCHOURRON

creado, en donde no existen las imprecisiones sintácticas y semánticas


de los lenguajes naturales. En ésto la obra de Tarski está signada por
uno de los rasgos distintivos de la tarea lógica en la última centuria: crear
y estudiar lenguajes artificiales con el propósito de reconstruir en ellos
algunas propiedades (no todas) de las expresiones de los lenguajes natu­
rales. Además, en ésto la lógica no hace más que seguir el camino de las
ciencias más avanzadas, en efecto, cuando ellas tienen que dar cuenta
de una realidad compleja comienzan por construir un modelo simplifi­
cado en el que sólo se representan los aspectos que interesan, dejando
fuera todo lo demás.
Supongamos un lenguaje artificial lL con la siguiente super simple
estructura sintáctica. El vocabulario de lL está integrado por los signos
de las siguientes cuatro categorías sintácticas:
Nombres: a, ...an • • •

Predicados (monádicos): P, ...Pn


Signos lógicos:
---, (Negación)
/\ (Conjunción)
v (Disyunción incluyente)
:l (Condicional material)
Signos de puntuación: «(»y«)" (paréntesis izquierdo y derecho).
Los enunciados de lL serán las secuencias de signos de lL (expresiones
de lL) que satisfacen alguna de las siguientes cláusulas (reglas de forma­
ción [de enunciados] de lL):
1. Enunciados atómicos: si P es un predicado de lL y a es un nombre
de lL, entonces Pa (P seguido de a) es un enunciado (atómico) de lL.
2. Enunciados moleculares: si A y B son enunciados de lL, entonces
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---, A, (A /\ B), (A v B) y (A :l B) son enunciados (moleculares de lL).


Las reglas anteriores 1 y 2, que pertenecen al metalenguaje sintáctico
de lL, especifican cuáles de las expresiones de lL son sus enunciados, pero
nada dicen acerca del significado (en el sentido de referencia a la reali­
dad) de ninguna de las expresiones de nuestro lenguaje objeto. Para este
último propósito su ongamos que contamos en nuestro metalenguaje con
r
funciones del tipo 1; 2 (funciones de interpretación) cada una de las
cuales correlaciona cada uno de los nombres del lenguaje con un objeto
y sólo uno de la realidad y cada uno de los predicados de lL con una clase
de objetos de la realidad y sólo una. Si a es un nombre, 1 a 1; es el objeto
nombrado por a en la interpretación 1 1;; si P es un predicado, 1 PI;

2. Lo indicado en el texto es instrumental suficiente para la semántica de una lógica proposicio­


nal. Cuando se trata de una lógica (como la de la cuantificación) en la que figuran los cuantificadores
estándar es necesario asociar a cada función de interpretación ¡ 1, un conjunto no vacío de objetos
D; (llamado dominio de la interpretación I L) que fija el ámbito de las entidades tomadas en cuenta
por los cuantificadores.

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

es el conjunto de los objetos denotados por el predicado (la extensión


de P) en la interpretación 1 1 ¡. Con estos elementos estamos en condi­
ciones de especificar las condiciones en que son verdaderos los enuncia­
dos atómicos en cada una de las interpretaciones de IL (con relación a
cada una de las funciones interpretativas 1 1 ¡ del metalenguaje de IL).
La cláusula que cumple con tal tarea es:
(i) Un enunciado atómico Pa es verdadero en la interpretación
1 1 ¡ si y sólo si 1 a 1 ¡E 1 P 1 ¡ (el objeto asignado al nombre «a» en la inter­
pretación 1 1 ¡ es uno de los elementos de la clase asignada al predicado
«P» por esa misma interpretación).
Si además suponemos que cada una de las funciones de interpreta­
ción cumple las siguientes cláusulas definitorias de las condiciones de ver­
dad (definición contextual del significado de los signos lógicos de IL) de
los enunciados moleculares, entonces habremos especificado las condi­
ciones en que son verdaderos o falsos todos y cada uno de los enuncia­
dos de IL en cada una de sus interpretaciones.
(ii) ----, A es verdad en 1 1 ¡ si y sólo si A no es verdad en 1 1 ¡.
(iii) (A /\ B) es verdad en 1 1 ¡ si y sólo si tanto A como B son ver-
dad en 1 I¡.
(iv) (A v B) es verdad en 1 I¡ si y sólo si A, B o ambas son verdad
en 1 I¡·
(v) (A ::J B) es verdad en 1 I¡ si y sólo si A no es verdad en 1 I¡
o B es verdad en 1 I¡.
o
Lo anterior será todo lo que diremos por el momento en cuanto a
la noción de verdad requerida para explicar la caracterización anterior
de consecuencia lógica en la tradición semántica tarskiana. Sin embargo,
quedan por aclarar las nociones modales que figuran en las anteriores
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definiciones. Tanto la noción de necesidad como la de imposibilidad


son reconstruidas, en este enfoque, como generalizciones a partir de
las funciones de interpretación 1 1 ¡ admisibles para lL, es decir, las
que cumplen las condiciones estipuladas en las cláusulas anteriores de
(i) hasta (v) .
De este modo se dirá:
(Def. 2.0) Un enunciado A de IL es consecuencia (semántica) del con­
junto de enunciados ex de IL (premisas), que abreviaremos: ex 1= A, si y
sólo si no hay una interpretación 1 1 ¡ admisible de IL (imposibilidad)
en la que todos los enunciados de ex son verdaderos y en la que A no lo es.
0, lo que es equivalente:
(Def. 2.1) Un enunciado A de IL es consecuencia (semántica) del con­
junto de enunciados ex de IL (premisas), ex 1= A, si y sólo si A es verdadera
en toda interpretación admisible 1 1 ¡ de IL (necesidad) en la que son ver­
daderos todos los enunciados de ex.

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En resumen, la transición de las definiciones (Def. 1.0) y (Def. 1.1)


a las definiciones (Def. 2.0) y (Def. 2.1) está signada por varias caracte­
rísticas destinadas a obtener resultados más precisos:
(A) En las últimas definiciones la noción de consecuencia está refe­
rida a un lenguaje artificial IL, (en el que se aspira a reflejar importantes
rasgos de los lenguajes corrientes), que cuenta con una estructura sintác­
tica mucho más perfilada y simple que la de los lenguajes naturales.
(B) La noción de interpretación (las funciones I 1; referidas a IL,)
de las expresiones de IL, carece de las ambigüedades y vaguedades que
adolecen las expresiones correlativas de los lenguajes corrientes (con este
alcance suele decirse que las definiciones (Def. 2.0) y (Def. 2.1) son
«reconstrucciones racionales» de (Def. 1.0) y (Def. 1.1)).
(C) La noción de verdad (y falsedad) usada en las últimas definicio­
nes depende: 1) de las funciones de interpretación I 1; (en el sentido
en que un mismo enunciado A de IL, puede ser verdadero en una interpre­
tación I 1; y falso en otra I I ¡ ) y 2) de las cláusulas que la gobiernan
(en nuestro ejemplo, las cláusulas que van de (i) a (v)).
(D) Además, la noción de verdad de Tarski pretende reconstruir, fun­
damentalmente a través de la satisfacción de la condition (i), la noción
filosófica de origen aristotélico, de «verdad como correspondencia».
(E) Las nociones modales intuitivas de necesidad e imposibilidad
lógica son reconstruidas por medio de cuantificaciones universales sobre
la totalidad de funciones de interpretación I 1; admisibles para el len­
guaje IL,o La referencia a la imposibilidad (lógica) de (Def. 1.0) es reem­
plazada en (Def. 2.0) por «no hay interpretación I 1; admisible» y la
referencia a la necesidad (lógica) de (Def. 1.1) es reemplazada en (Def.
2.1) por «para toda interpretación I 1; admisible».
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La presente relación 1= de consecuencia semántica cumple con las


siguientes propiedades (de fácil verificación a partir de las definiciones
anteriores):
(1= 1) Reflexividad generalizada: o: 1= A si AEo:.
(1= 2) Corte: si o: 1= B y o:U[B] 1= A entonces o: 1= A.
( 1= 3) Monotonía: si o: 1= A entonces o:Uj3 1= A.
Ninguna de estas propiedades depende de las específicas cláusulas que
van de (i) a (v) a que se encuentra sujeta en el ejemplo anterior la noción
de verdad. Cada una de esas propiedades puede probarse recurriendo sólo
a (Def. 2.0) o a su equivalente (Def. 2.1).
La noción de «verdad lógica» queda como el caso límite de la rela­
ción de consecuencia semántica en el que el conjunto de premisas es vacío.
Un enunciado A expresa una verdad lógica: 1= A (abreviatura de 0 1=
A) si y sólo si A es verdadero en todas las interpretaciones I 1; admi­
sibles de !Lo A su vez, si el lenguaje cuenta con el signo::) de implicación
material que satisface la cláusula (v), la noción de consecuencia semán-

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

tica es caracterizable a partir de la noción de verdad lógica. En efecto,


es fácil verificar el siguiente enunciado metalingüístico de correlación entre
las nociones de consecuencia semántica y de verdad lógica, para el caso
en que el conjunto de premisas IX no sea vacío (que es el caso diferencial
entre ambas nociones) y la relación � sea compacta 3:

(P-5) IX � A si y sólo si hay en IX un conjunto finito de enunciados


Al ...An tal que � ((Al J (A2 J ...(An J A) .. ). .

Con estos elementos se constituye el, actualmente más dominante,


enfoque en cuanto a la identificación temática de la lógica. Esta propuesta
podría llamarse el paradigma Tarski-Carnap, ya que si bien se debe a
Tarski tanto la definición semántica de verdad, como la caracterización
de la noción semántica de consecuencia e, indirectamente, la noción de
verdad lógica, fue Carnap quien enfatizó la identificación de la lógica
como la teorización de esa noción de consecuencia semántica y de ver­
dad lógica. De hecho Carnap, siguiendo ideas fundamentalmente origi­
nadas en el formalismo de Hilbert, había sostenido, hasta el momento
de la publicación de trabajos de Tarski, en su obra Sintaxis Lógica del
Lenguaje (Carnap, 1937) la identificación de la lógica como la teoriza­
ción de una noción puramente sintáctica de consecuencia.
Es más, generalizando esta tesis acerca de la naturaleza sintáctica de
la lógica, Carnap (1937) sostuvo que la filosofía no es más que la sinta­
xis lógica del lenguaje de la ciencia. Luego de las publicaciones de Tarski
cambió su paradigma adoptando, en primer término, la tripartición de
la metateoría de todo lenguaje en: sintaxis (parte de la metateoría que
considera solamente las propiedades y relaciones de los signos de un len­
guaje JL, con independencia de toda interpretación del lenguaje), semán­
tica (parte de la metateoría en la que se consideran las propiedades y rela­
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ciones entre los signos de un lenguaje JL, que dependen de las correlaciones
entre las expresiones del lenguaje y la realidad establecidas por las fun­
ciones de interpretación I 1;) y pragmática (parte de la metateoría en
la que se consideran las reglas de uso de los signos lingüísticos adopta­
dos por un hablante o una comunidad de hablantes del lenguaje). Semió­
tica (teoría general de los signos) es el nombre genérico que cubre a la
sintaxis, la semántica y la pragmática.
Desde la perspectiva anterior Carnap (1942) reformuló sus tesis de la si­
guiente manera: la filosofía no es más que la semiótica del lenguaje de la cien­
cia y la lógica es, como en la caracterización tarskiana, la teoría de la re­
lación de consecuencia semántica y de la noción semántica de verdad lógica.
La influencia de las obras de Tarski fue enorme, y si bien ahora nos
estamos refiriendo principalmente a la incidencia que tuvieron en la meta-

3. Una relación de consecuencia 1= se dice que es compacta si y sólo si cuando un enunciado


A es consecuencia de un conjunto a (a 1= A) entonces A es consecuencia de un subconjunto finito {3
de IX ({3 '" A).

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CARLOS ALCHOURRÓN

teoría de la lógica, su repercusión se hizo sentir en muchas otras áreas


centrales de la filosofía. Así, por ejemplo, Popper tras haberse resis­
tido a toda mención de la noción de verdad, por considerarla incon­
trolable y metafísica, luego de los trabajos de Tarski efectuó un giro
semejante al realizado por Carnap, dando a la noción semántica de ver­
dad un lugar central en su filosofía de la ciencia. El gran impacto de
la semántica de T arski se debe en gran medida a que en ella se muestra
una esclarecedora vinculación entre los signos lógicos (conectivos y cuan­
tificadores) y la noción de verdad. En efecto, Tarski mostró cómo las
mismas reglas que lógicos anteriores (como Post, Wittgenstein, Skolem
y Godel), presuponiendo la noción de verdad, habían usado para expli­
car el significado de los signos lógicos, podían también ser usadas para
clarificar la noción de verdad (con una precomprensión de los signos
lógicos).

IV. EL ENFOQUE SINTÁCTICO

Para comprender mejor el sentido de esta evolución carnapiana conviene


presentar con cierto detalle su enfoque anterior de la noción sintáctica
de consecuencia y las razones que lo llevaron a abandonarla como noción
a tomar en cuenta para definir el área temática de la lógica.
La siguiente es posiblemente la definición más simple de la noción
sintáctica (metalingüística) de consecuencia (que Carnap llamó relación
de derivabilidad).
(Def. 3) Un enunciado A del lenguaje [, es una consecuencia sintác­
tica del conjunto a de enunciados de [" que abreviaremos por a 1-- A,
si y sólo si hay en [, una secuencia finita Al' ..An de enunciados de ["
tal que An A y cada uno de los A¡ de la secuencia es o bien un axioma
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de [, o es un elemento de a o bien se sigue de enunciados que le prece­


den en la secuencia en función de las reglas primitivas de inferencia de
[, (de la secuencia AI ...An se dice que es una derivación de la conclu­
sión A).
En la definición anterior se entiende por axioma a todo enunciado
del lenguaje [" que por expresar lo que intuitivamente sería una verdad
lógica (como lo es en la lógica clásica el enunciado (condicional) de [,
que expresa la ley del modus ponens: «(((A :J B) 1\ A) :J B))», que puede
introducirse en cualquiera de las secuencias que constituyen una deriva­
ción. Por regla (primitiva) de inferencia se entiende a toda cláusula con­
dicional del metalenguaje de [, que permite introducir en una deriva­
ción el enunciado de [, que es la conclusión de la regla si en la parte
precedente de la derivación se encuentran el o los enunciados (de [,) que
figuran como premisas de la regla. Así, por ejemplo, la regla del modus
ponens: «De (A :J B) y A se sigue B», que no es, como la anterior ley
del modus ponens, un enunciado (condicional) del lenguaje [, sino un
enunciado condicional de metalenguaje de [, que permite introducir la

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

conclusión B en toda derivación en la que figuren previamente tanto el


enunciado (A :J B) como el enunciado A 4.
A partir de la definición anterior puede fácilmente probarse que la
relación sintáctica de consecuencia 1- cumple las siguientes tres propie­
dades, análogas a las indicadas en (�1), (�2) Y (�3) para la relación
semántica de consecuencia �:
( 1- 1) Reflexividad generalizada: ex 1- A si AEex.
( 1- 2) Corte: si ex 1- B Y ex U [B] 1- A entonces ex 1- A.
(1- 3) Monotonía: si ex 1- A entonces exU{J 1- A.
Conviene destacar que todas estas propiedades las cumple toda noción
de consecuencia sintáctica cualquiera sea el conjunto de axiomas y el con­
junto de reglas primitivas de inferencia seleccionados para identificarla
(y aunque tales conjuntos sean vacíos).
Así como el caso límite en que el conjunto ex de premisas es vacío
da lugar a la noción de verdad lógica con referencia a la relación semán­
tica de consecuencia, el mismo caso límite para la noción sintáctica de
consecuencia, da lugar a la noción de tesis (teorema) de un sistema lógico
axiomático. Un enunciado A es un teorema 1- A (abreviatura de (i) 1-
A) si y sólo si hay una secuencia como la anterior cuyos elementos son
sólo axiomas o enunciados que se siguen de los precedentes en la secuen­
cia en función de las reglas primitivas de inferencia.
Así como la noción de consecuencia semántica y la de verdad lógica
dependen (en su caracterización) de las nociones de interpretación y de
verdad (en particular de la satisfacción de condiciones como (i)...(v) que
especifiquen las condiciones de verdad de los distintos tipos de enuncia­
dos del lenguaje), la noción sintáctica de consecuencia depende de las
nociones de axioma y regla primitiva de inferencia, ya que la verdad de
una afirmación sintáctica de consecuencia ex 1- A depende de cuáles sean
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los enunciados elegidos como axiomas y cuáles sean las reglas primitivas
de inferencia seleccionadas al caracterizar el sistema axiomático.
En muchos casos (cuando el lenguaje incluye un signo de condicio­
nal, como':J', que satisface el llamado metateorema de la deducción:
(MD) Si (ex U [A]) 1- B entonces ex 1- (A :J B)),
Y su conversa (que depende de la presencia de la regla del modus ponens)
puede darse una definición alternativa de la lógica (que aquí es tanto como
la relación sintáctica de consecuencia 1- ) en cuestión, identificándola con

4. Si bien no está excluida la posibilidad de que en una regla primitiva de inferencia figure un
número infinito de premisas (todas las cuales tendrían que figurar en una derivación para poder intro·
ducir en ella la conclusión de la regla), la presencia de tales reglas es vacua, ya que por el carácter finito
que (Def. 3) impone a cada derivación, nunca se dará la condición para usarlas. Por el contrario, debe
considerarse que a los efectos de (Def. 3) están excluidas las reglas con condiciones negativas (del tipo
«Si en la derivación figura A pero no B, puede introducirse e en la derivación»), características de las
lógicas (no deductivas) no monótonas, cuya presencia impediría probar la monotonía de la relación
de consecuencia sintáctica (f--.3).

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el conjunto de los teoremas (el conjunto de los enunciados A para los


que se cumple: f- A), ya que en las condiciones indicadas la relación sin­
táctica de consecuencia es definible a partir de la noción de teorema.

V. LA CUESTIÓN DE LA PRIMACÍA: SEMÁNTICA VERSUS SINTAXIS

Así como la definición semántica (Def. 2.0) (al igual que su equivalente
(Def. 2. 1)) pretende ser una reconstrucción precisa de la noción intuitiva
de consecuencia (definitoria de la lógica) contenida en (Def. 1.0) (o su
equivalente intuitivo (Def. 1. 1)), lo mismo sucedió con la definición (Def.
3). En efecto, la definición de consecuencia sintáctica fue presentada por
Carnap en sus primeros trabajos como la reconstrucción racional pre­
cisa de la noción intuitiva de consecuencia. Sin embargo, la existencia
de dos nociones precisas (la sintáctica y la semántica), en principio com­
pletamente diferentes, ya que en cada una de ellas figuran esencialmente
pares de conceptos muy distintos (funciones de interpretación y verdad
en la definición semántica, y axiomas y reglas de inferencia primitivas
en la definición sintáctica) de una misma relación intuitiva plantea varios
interrogantes técnicos y filosóficos: ¿a través de cuál de las relaciones,
la semántica o la sintáctica, debe llevarse adelante la tarea específica de
la lógica en su empeño en reconstruir con precisión la noción intuitiva
de consecuencia?, ¿debe hacerlo buscando identificar axiomas y reglas
de inferencia primitivas o por el contrario debe hacerlo especificando
nociones de interpretación y de verdad?
En la tarea lógica actual los dos enfoques son, en cierto modo, objeto
de igual interés teórico. Si bien en la presentación original de muchas
lógicas se sigue el enfoque semántico y en otras el enfoque sintáctico,
hay una suerte de acuerdo tácito que considera que la tarea del lógico
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no se encuentra concluida hasta que para una misma lógica no se ha con­


seguido una presentación coincidente desde ambos enfoques. Esto signi­
fica lo siguiente. Supongamos que una específica relación de consecuen­
cia sintáctica f- es caracterizada a partir de la enumeración de un conjunto
Ax de axiomas y de un conjunto lR de reglas de inferencia primitivas y
que una específica relación de consecuencia semántica 1= es caracteri­
zada a partir de un conjunto II de funciones de interpretación y un con­
junto '1,7 de cláusulas para la noción de verdad de los enunciados, enton­
ces ambos enfoques son coincidentes (caracterizan de manera diferente
una misma lógica) cuando puede probarse en el metalenguaje el siguiente
enunciado de correlación:

(Corr. 1) Para todo conjunto a de enunciados de lL y para todo enun­


ciado A de lL: a f- A si y sólo si a 1= A,

que para el caso particular en que se tienen en mira las nociones de teo­
rema y verdad lógica más que las relaciones de consecuencia el enunciado
anterior se convierte en:

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(Corr. 2) Para todo enunciado A de IL: f- A si y sólo si � A.

Ambas afirmaciones significan (si bien (Corr. 1) es más general que


(Corr. 2)) que los dos enfoques producen el mismo resultado: un enun­
ciado es una conclusión axiomática-sintáctica exactamente cuando es una
consecuencia semántica, lo que implica que los enunciados sintácticamente
demostrables (teoremas) son exactamente las verdades lógicas. La afir­
mación de correlación (Corr.) es frecuentemente identificada como un
«metateorema de representación» ya que cuando el punto de partida es
una presentación sintáctica este último suministra la representación
semántica adecuada; y a la inversa, cuando el origen es una presentación
semántica, indica una representación sintáctica equivalente.
Sin embargo, el nombre más corriente para el enunciado de correla­
ción es el de «metateorema» de completitud ( - consistencia) semántica».
Este nombre enfatiza la idea de que la calidad conceptual de un sistema
sintáctico-axiomático se juzga desde la perspectiva semántica, ya que tal
denominación indica que lo que se ha estado buscando es la representa­
ción sintáctico-axiomática de un sistema de lógica semánticamente iden­
tificado. Giros terminológicos como el indicado, muestran cómo, cons­
ciente o inconscientemente, los lógicos contemporáneos han internalizado
una posición filosófica (en cuanto a la naturaleza de la lógica) que, en
cierto modo, es la posición característica de Carnap en su período semán­
tico (el posterior a los escritos semánticos de Tarski). Podemos llamar
a esta posición la de la «Primacía de la Semántica sobre la Sintaxis» (en
la caracterización de la lógica). Según ella son las nociones de consecuencia
semántica y de verdad lógica las que identifican a cada lógica. En este
sentido identificar una lógica lL, es tanto como especificar la relación de
consecuencia semántica correspondiente: � , . Si además se cuenta con
una relación sintáctica correspondiente f- " esto es, para la que se cum­
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ple la condición de correlación (Corr. 1), entonces se está en posesión


de una presentación axiomática (sintáctica) de la lógica IL, en cuestión.
Desde la perspectiva de la primacía de la semántica la identificación
de cada lógica IL, es la que se logra semánticamente. La presentación
axiomática es sólo una representación sintáctica de ella, obtenida pres­
cindiendo de la significatividad del lenguaje en que la lógica es formu­
lada, pero no la identificación de la misma. La tarea del lógico es esen­
cialmente semántica.
Por cierto, la tesis de la primacía de la semántica no pretende restar
importancia a la axiomatización de una lógica, ya que el enfoque sintác­
tico tiene virtudes independientes que lo justifican ampliamente. Recor­
demos que una afirmación de consecuencia sintáctica ex f- A es una aser­
ción (metalingüística) existencial comprometida con la existencia de una
secuencia finita de enunciados del lenguaje entre cuyos puntos de par­
tida están los enunciados de ex y cuyo último enunciado es precisamente
A. Como la forma más natural de representar un proceso es por medio
de una secuencia (en la que se ubican, siguiendo el orden temporal, los

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CARLOS ALCHOURRÓN

distintos estados momentáneos que constituyen el proceso), la caracteri­


zación sintáctica es así una fiel representación de un posible proceso psi­
cológico de inferencia que comienza con las premisas a y que se va desa­
rrollando según las reglas de inferencia de la lógica en cuestión hasta
alcanzar como punto final la conclusión buscada. Esto es, la noción sin­
táctica de consecuencia conserva los rasgos estructurales de la noción psi­
cológica de inferencia.
Muy por el contrario, las afirmaciones de consecuencia semántica a
1= A, que suponen una aserción (metalingüística) universal (y no exis­
tencial como la sintáctica) 5, sólo establecen una vinculación entre las
premisas y la conclusión sin ninguna referencia a secuencia alguna que
pueda reproducir algún tipo de proceso (psicológico) inferencia!. Tales
aserciones son vistas, desde la perspectiva de la primacía de la semán­
tica, como el control de calidad que la lógica realiza al comparar el ori­
gen (premisas) y el punto final de la secuencia en que se constituye la
derivación sintáctica, que en definitiva es la reconstrucción lingüística
de un posible proceso psicológico inferencia!.
Además, la inteligibilidad que se logra a través de una presentación
sintáctico-axiomática de una lógica amplía y complementa a la suminis­
trada mediante el enfoque semántico. En este sentido, el lograr una pre­
sentación axiomática significa un adelanto en la comprensión psico­
lógica del contenido conceptual de una lógica. Lo mismo sucede habi­
tualmente con las distintas presentaciones sintácticas de una misma lógica.
Por cierto, otro tanto ocurre a la inversa. Una presentación semántica
aumenta y complementa usualmente el nivel de inteligibilidad que se con­
sigue a través de las presentaciones sintácticas.
Sin embargo, y a pesar de las virtudes señaladas del enfoque sintác­
tico, que son pacíficamente aceptadas, hay algunas razones muy convin­
centes que apoyan la tesis de la primacía de la semántica.
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Un argumento en esa dirección es el siguiente. En el enfoque sintác­


tico se prescinde completamente del significado (en el sentido de correla­
ción entre el lenguaje y la realidad) de las expresiones del lenguaje JL, al
que está referido. Los signos y expresiones del lenguaje son, desde la pers­
pectiva sintáctica, entidades asignificativas y sus enunciados carecen de
valor de verdad (porque carecen de significado). Por este motivo la elec­
ción de los principios (axiomas y reglas de inferencia primitivas) de una
lógica no tiene limitación alguna. En el enfoque sintáctico somos total­
mente libres de erigir en axiomas lógicos a cualquier conjunto de enun­
ciados del lenguaje, y lo mismo sucede con la elección de las reglas de

5. El carácter existencial de la noción sintáctica de consecuencia facilita la prueba de que un


enunciado es consecuencia de un cierto conjunto de premisas, ya que basta con mostrar la existencia
de una derivación para lograr lo buscado. A la inversa, el carácter universal de la noción semántica
de consecuencia facilita la prueba de que un enunciado 110 es consecuencia de un conjunto de premisas,
ya que para ello basta con mostrar la existencia de una interpretación admisible en la que las premisas
son verdaderas y la conclusión no lo es.

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inferencia: cualquier relación sintáctica-formal entre enunciados es sus­


ceptible de ser elegida para identificar las reglas primitivas de una lógica.
Resulta así que una lógica se presenta como el resultado puramente con­
vencional de elecciones arbitrarias adoptadas sin limitación alguna. Desde
este ángulo la creación e identificación de una lógica se muestra como
una empresa tan libre, arbitraria y convencional como el de la creación
e identificación de un juego. Un cambio de las reglas que identifican a
un juego sólo produce la identificación de otro juego tan legítimo (en
tanto que juego) como el anterior.
Sin embargo, así como tenemos criterios para elegir en cada oportu­
nidad entre los distintos juegos posibles cuál o cuáles son los más aptos
para alcanzar una finalidad determinada, que puede ser muy distinta en
cada contexto y circunstancia diferente (no son las mismas las finalida­
des que han prestigiado juegos tan distintos como la lotería, el ajedrez,
el bridge, el polo, etc.). Lo mismo sucede frente a los distintos cálculos
posibles que resultan de selecciones de principios diferentes. La finali­
dad que guía la elección entre los diversos cálculos sintáctico-axiomáticos
para identificar una lógica es una finalidad muy específica y bien delimi­
tada: se trata de que los axiomas y teoremas del sistema sean verdades
lógicas y de que las reglas de inferencia (primitivas y derivadas) transmi­
tan a la conclusión la verdad de sus premisas. Un sistema sintáctico­
axiomático que no cumpla con esta condición no identifica un sistema
lógico, y cualquier otra virtud que pueda tener es ajena a la lógica.
Mirando las cosas de esta sensata manera, y considerando que la condi­
ción impuesta (en función de la finalidad por antonomasia de la lógica)
es la que caracteriza al enfoque semántico, es como se configura uno de
los caminos por los que se justifica la tesis de la primacía de la semántica.
Hay otras razones que conducen al mismo resultado. Cuando se
indaga por la razón por la que ciertos enunciados expresan verdades lógi­
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cas y por la que las reglas de inferencia que preservan la verdad de su


conclusión cuando sus premisas son verdaderas son identificadas como
reglas lógicas de inferencia (que es tanto como indagar por la diferencia
entre la lógica y otras disciplinas científicas), una respuesta muy antigua
y sensata señala que un enunciado expresa una verdad lógica cuando su
verdad puede determinarse recurriendo exclusivamente al significado de
los signos lógicos que figuran en el enunciado en cuestión (o en los enun­
ciados que figuran en la regla de inferencia, según sea el caso). Se entiende
aquí que los signos lógicos, que los medievales llamaban «sincategore­
máticos», son aquellos que no denotan entidad alguna de la realidad
(aquellos que están fuera del ámbito de las funciones de interpretación
I I i antes mencionadas). Esta indicación, puramente negativa, no nos
dice, sin embargo, cómo se logra la especificación del significado de los
signos lógicos.
La respuesta positiva deriva de una de las tesis centrales de la filoso­
fía de la lógica de Frege, aquélla según la cual la especificación del signi­
ficado de un enunciado se obtiene mediante la explicitación de las condi-

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ciones en que el enunciado es verdadero (el significado de un enunciado


son sus condiciones de verdad). Desde este enfoque el significado de un
signo lógico se identifica cuando se explicita cómo este último contri­
buye al significado de los enunciados de los que forma parte. Indicando
las condiciones de verdad de los enunciados en los que interviene un signo
lógico y cómo incide su presencia en las condiciones de verdad de los
enunciados en los que figura se identifica (indirectamente) su significado.
La definición de un signo lógico es siempre una definición de las que B.
Russell llamó «definiciones en uso» (aquéllas en las que el significado de
un signo se logra indicando su uso en el contexto de un enunciado). Nótese
que las anteriores cláusulas (ii) hasta (v) de la caracterización de la noción
de verdad para nuestro lenguaje IL, tienen como función precisamente
exponer, en la forma indicada (como definición en uso), el significado
de los signos lógicos de negación «--, », de conjunción «1\», de disyun­
ción «v» y de condicional (material) «:J» del lenguaje modelo IL. Estas
cláusulas suelen presentarse en los textos de lógica, para los conectivos
proposicionales, en la forma tabular de las llamadas «tablas de verdad».
Resumiendo la argumentación anterior resulta que: a) la delimita­
ción de las leyes (verdades) y reglas de inferencia de la lógica se hace en
base al significado de los signos lógicos, b) el significado de los signos
lógicos se especifica en las cláusulas que definen la noción de verdad de
un lenguaje. Pero como tanto la noción de verdad como las cláusulas
que la caracterizan son los rasgos esenciales del enfoque semántico, se
concluye naturalmente la primacía del enfoque semántico sobre el enfo­
que sintáctico en la identificación del área específica de la lógica.

VI. LOS ENFOQUES SINTÁCTICOS y SEMÁNTICOS EN LA HISTORIA


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Sin perjuicio de la validez de lo anterior, es dable reconocer que el enfo­


que sintáctico fue la forma históricamente primera usada en la presenta­
ción de los sistemas de lógica. Ella fue la única vigente hasta bastante
entrado el presente siglo. Indudablemente, sus creadores hicieron usual­
mente comentarios de naturaleza semántica, pero la presentación oficial
siguió siempre los carriles del enfoque sintáctico.
El enfoque sintáctico fue el usado por Aristóteles en la presentación
de sus sistemas lógicos (la lógica del Silogismo Categórico y la lógica del
Silogismo Modal). Así, es correcto interpretar la tarea llevada a cabo por
Aristóteles al presentar la lógica del silogismo categórico como la especi­
ficación de un conjunto de reglas primitivas de inferencia. Las reglas para
la lógica del silogismo categórico requieren, en primer término, reglas
con una única premisa, conocidas en la lógica escolástica como «Infe­
rencias Inmediatas», y luego reglas con dos premisas llamadas «Inferen­
cias Mediatas» que comprenden los distintos esquemas inferenciales típi­
cos de la silogística (los silogismos indicados en los versos medievales:
Barbara, Celarent, Darii, Ferio, etc.). Aristóteles mostró cómo podían

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reducirse las reglas primitivas de inferencia tomando sólo como reglas


mediatas los silogismos de la primera figura. Naturalmente Aristóteles
admitió que una inferencia puede partir de un conjunto de premisas con
más de dos enunciados, son sólo sus reglas primitivas las que no tienen
nunca más de dos premisas. De este modo sus reglas de inferencia identi­
fican una noción sintáctica de consecuencia f-, (donde el subíndice «s»
figura para recordar que se trata de la noción de consecuencia que iden­
tifica la lógica del silogismo categórico) 6.
La presentación de la lógica del silogismo categórico por medio de
una relación sintáctica de consecuencia f-, definida según la definición
(Def. 3) a partir de un conjunto de reglas primitivas de inferencia, en
pleno acuerdo con la forma usada en la escolástica, muestra algunos ras­
gos que importa señalar. En ella no hay axiomas (el conjunto de los axio­
mas con que se define f- es vacío), además no hay en ella reglas que,
s

como el metateorema de la deducción (MD), permitan disminuir el


número de las premisas de una inferencia hasta alcanzar el conjunto vacío
de premisas. Por estas dos razones no hay teoremas en la lógica del silo­
gismo categórico (el conjunto de los A para los que se cumple f- A es s

vacío). Este fenómeno es el reflejo sintáctico de la observación de van


Wright de que la noción de verdad lógica fue desconocida para Aristóteles:

It seems to me [ ... ] that the notion of logical truth is un known to Aristotle. This
is not necessarily to blame Aristotle of ignorance. Ir is an interesting question, to
what extent logic can be developed independently of the ideal of logical truth (van
Wright, 1957, 21).

Lo anterior no significa que Aristóteles no identificó ningún enun­


ciado como lógicamente verdadero, ya que es ampliamente conocida su
discusión y defensa, en la Metafísica, de los principios lógicos de no con­
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tradicción y del tercero excluido. Es más, su famosa definición de la


noción de verdad como correspondencia con la realidad figura precisa­
mente en las páginas en las que discute los principios indicados. Con este
alcance debiera decirse que Aristóteles llegó a su noción de verdad por
haber detectado dos verdades lógicas. Creo que la importancia de la obser­
vación de van Wright deriva de la independencia teórica y conceptual
entre la lógica de Aristóteles y las dos verdades lógicas por él detectadas
y discutidas. Por un lado está su lógica, caracterizada sintácticamente,
y por otro, sin conexión intrasistemática, dos verdades lógicas aisladas.
Si Aristóteles hubiera tenido una noción general de la noción de verdad
lógica habría seguramente detectado que ellas no son sólo dos y se habría

6. En la presentación del texto se sigue la presentación tradicional, no obstante la diferente opi­


nión de Lukasiewicz, para quien cada silogismo no es una regla de inferencia con tres enunciados (dos
premisas y la conclusión) sino un único enunciado condicional en el que el antecedente es la conjunción
de las premisas y el consecuente es la conclusión del silogismo. Se adopta el enfoque clásico por estar
convencido de la legitimidad de las críticas de C. H. van Wright al enfoque de Lukasiewicz (ver van
Wright, 1957, 20).

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percatado que aún con las únicas cuatro formas de enunciados temati­
zadas en la teoría del silogismo categórico (los enunciados de la forma
A [universales afirmativos 1 del tipo «Todo A es B», E [universales
negativos 1 del tipo «Ningún A es B", 1 [particulares afirmativos] del
tipo «Algún A es B» y O [particulares negativos] del tipo «Algún A no
es B») hay enunciados que expresan verdades lógicas, como es el caso
de los enunciados de la forma: Todo A es A. Una consecuencia de este
hecho es que si se intenta una presentación semántica de la lógica del
silogismo categórico por medio de una relación de consecuencia semán­
tica 1= seguramente se muestra que la relación sintáctica 1- es dema­
s s

siado estrecha ya que no se podrá probar la tesis de correlación (Corr.


1), por cuanto tendremos 1= Todo A es A, pero no 1- Todo A es A.
s s

También Frege usó el enfoque sintáctico en la presentación de su


lógica (la hoy llamada lógica de la cuantificación de nivel superior). Frege
expuso su lógica indicando un conjunto (no vacío) de axiomas y un con­
junto (también no vacío) de reglas primitivas de inferencia. Si bien en
la obra de Frege se encuentran las ideas semánticas más importantes con
las que en el futuro se construiría la noción semántica de consecuencia
correspondiente a la noción sintáctica usada por Frege, el instrumental
técnico que supone la identificación semántica no existía aún en los tiem­
pos de Frege. Recién K. Gódel en 1930 probó el teorema de correlación
entre la relación sintáctica de consecuencia 1- Q para la porción de la
lógica de Frege conocida actualmente como lógica de la cuantificación
(cálculo funcional de primer orden) y la relación semántica de conse­
cuencia 1= Q que fue caracterizada por Gódel con elementos que deri­
van básicamente de Post y Wittgenstein (como cainventores independien­
tes de las tablas de verdad) y de T. Skolem en obras suyas de los años
1919 y 1920.
Posiblemente las primeras lógicas presentadas originariamente desde
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la perspectiva semántica sean las lógicas polivalentes, iniciadas a princi­


pio de la década del treinta, ya que en ellas el significado de los signos
lógicos es identificado por un método de matrices tabulares análogas
a las tablas de verdad y su noción de consecuencia es caracterizada por
una definición generalizada del tipo de (Def. 2.0). Por esta razón una
de las tareas más absorbentes, con relación a las lógicas polivalentes,
fue la de encontrar presentaciones sintáctico-axiomáticas con las que se
satisfagan las condiciones de correlación (Corr. 1) Y Corr. 2).
Tanto la lógica intuicionista de Heyting (1930) como las lógicas
modales de c.l. Lewis, con las que se inicia el período moderno de la
lógica modal, fueron concebidas usando el enfoque axiomático-sintáctico.
Aun cuando las pioneras y fundamentales indagaciones en lógica modal
de G.H. van Wright fueron realizadas desde una perspectiva semántica,
lo cierto es que la semántica estándar de la lógica modal debió esperar
hasta los trabajos de S. Kripke, S. Kanger y J. Hintikka que en la década
del sesenta consolidan el aparato teórico para la presentación semántica
de estas lógicas. Las lógicas modales de Lewis y los modelos semántico

28
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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

modales de Kripke tienen una gran incidencia en el tema que nos ocupa:
la caracterización del área temática de la lógica. Por este motivo dedica­
remos a ellas los próximos párrafos.

VII. REFINAMIENTO DEL ENFOQUE SEMÁNTICO

Lewis consideraba que la tarea fundamental de la lógica era la de recons­


truir con precisión la noción intuitiva de consecuencia lógica (Def. 1.0)
y entendió que esto debía hacerse incorporando al lenguaje objeto un signo
que representara la noción de consecuencia (cosa que no sucede en el len­
guaje de Frege ni en el de ninguno de los que continuaron con su estilo).
Es así como Lewis enriquece el lenguaje objeto, que ahora llamaremos
lL!DJll (lenguaje modal), con el signo para lo que llamó «implicación estricta»
(para el que aquí usaremos «=»» de manera tal que una expresión del
tipo «(A=>B)>>, leído «A implica estrictamente a B», sea verdad cuando
B es una consecuencia lógica de A 7.
Al llevar al lenguaje objeto, mediante la implicación estricta, la repre­
sentación de la noción de consecuencia, que en este escrito (siguiendo
el hábito actual) fue hasta ahora una noción metalingüística (tanto en
el caso de 1- como en el de 1=), suceden varias transformaciones que
sutilmente introducen rasgos importantes en el análisis de la noción de
consecuencia lógica.
En primer lugar, la noción de consecuencia sufre una limitación. En
efecto, tanto en el caso de la relación sintáctica 1- como en el de la rela­
ción semántica 1= de consecuencia lo que figura a la izquierda es la refe­
rencia a (el nombre de) un conjunto Q' de premisas. Ese conjunto puede
ser tan grande como se quiera: puede ser un conjunto infinito de enun­
ciados. Muy por el contrario en una implicación estricta lo que figura
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a la izquierda de => es un único enunciado, de modo que lo que las impli­


caciones estrictas pueden reconstruir no es la idea de cuándo un enun­
ciado es consecuencia lógica de un conjunto de enunciados (premisas),
sino sólo cuándo un enunciado es consecuencia lógica de otro (o mejor,
cuándo la proposición expresada por un enunciado es consecuencia lógica
de la proposición expresada por otro enunciado). Naturalmente cuando
el conjunto Q' de premisas es finito entonces habrá un enunciado del len­
guaje que pueda ocupar su lugar, sin pérdida de alcance conceptual, como
antecedente en una implicación estricta, pero cuando Q' no es de ese tipo
la implicación estricta es inhábil para dar cuenta de la noción de conse­
cuencia. Por esta razón el recurso de Lewis supone una restricción fini­
tista de la noción de consecuencia de la que la noción de consecuencia

7. En rigor de verdad => no fue el signo primitivo con que Lewis enriqueció el lenguaje iL para
aleanzar el lenguaje modal [.U1. SU lenguaje modal estaba caracterizado por la introducción de un rombo
para representar la noción modal de posibilidad, y definir luego la implicación estricta (A => B ) (al
estilo de (Def. 1.1)) cuando se da el caso que no es posible A en conjunción con la negación de B.

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CARLOS AlCHOURRÓN

semántica � carece. La noción de consecuencia sintáctica es también fini­


tista, si como lo hemos hecho en (Def. 3), siguiendo la tradición más
estable, una afirmación del tipo Ct' 1- A requiere la existencia de una
secuencia finita de enunciados (lo anterior significa que la noción de con­
secuencia sintáctica introducida en (Def. 3) es compacta). Sin embargo,
la finitud de la noción de consecuencia sintáctica 1- es de muy distinta
naturaleza que la finitud que la implicación estricta => conlleva, ya que
ella no impide indagar por las consecuencias de un conjunto infinito (ni
para la significatividad de Ct' 1- A ni para su verdad se requiere que Ct'
sea un conjunto finito).
En segundo lugar, dado que una implicación estricta (A => B) es un
enunciado del lenguaje a la par de los que figuran como su antecedente
A y su consecuente B, resulta que en el enfoque de Lewis son expresables
implicaciones estrictas anidadas, esto es, implicaciones estrictas del tipo
((A => B) => C) o del tipo (C => (A => B)) en donde una implicación estricta
figura en el ámbito (como parte del antecedente o del consecuente) de
otra implicación estricta. Este rasgo de la implicación estricta es el reflejo
de uno de los problemas filosóficos e intuitivos más oscuros de la lógica
modal: la cuestión de las modalidades reiteradas. En las nociones meta­
lingüísticas de consecuencia (sintáctica y semántica) este rasgo perturba­
dor de la implicación estricta no existe. En los enunciados del tipo «Ct'
1- A», o del tipo «Ct' � A», «Ct'» es el nombre de un conjunto de enuncia­
dos del lenguaje objeto y «A» el nombre de un enunciado del lenguaje
objeto, pero como tanto «Ct' 1- A» como «Ct' � A» no son enunciados
del lenguaje objeto sino de su metalenguaje ni tampoco son nombres de
nada, su función no es nombrar cosa alguna, sino afirmar la relación
de consecuencia entre el conjunto de enunciados nombrado por «Ct'» y
el enunciado nombrado por «A». Por esta razón carecen de sentido las
expresiones en donde a la izquierda o a la derecha de alguno de los sig­
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nos de consecuencia «1-» o «�» aparezca una expresión que contenga


alguno de tales signos. De este modo las oscuras cuestiones a que ha dado
lugar el anidamiento de los condicionales estrictos carecen de sentido y
no pueden plantearse para las nociones metalingüísticas de consecuencia.
Hasta ahora hemos señalado dos rasgos en que la implicación estricta
está en desventaja en la comparación con las nociones metalingüísticas
comentadas como reconstrucción de la noción intuitiva de consecuen­
cia. Sin embargo, hay un aspecto en el que el balance puede sede favora­
ble: en el enfoque de Lewis se tematiza directamente la noción de necesi­
dad involucrada en el concepto intuitivo de consecuencia lógica. Las
consecuencias y la relevancia filosófica de esta característica se ponen más
claramente de manifiesto dirigiendo nuestra atención a los instrumentos
semánticos que Kripke usó para dar cuenta semántica de las lógicas
modales.
El instrumental usado hasta ahora para dar explicación semántica
de la noción intuitiva de consecuencia estaba integrado or elementos f
de dos tipos: un conjunto de funciones de interpretación I ¡ que fijan

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

la referencia (significado extensional) a los nombres (términos singula­


res) y a los predicados del lenguaje objeto, y un conjunto de cláusulas
en las que se indican las condiciones para la verdad de los distintos tipos
de enunciados. La forma de estas últimas cláusulas: «un enunciado X
es verdadero en I 1; si y sólo si ...» (en las que la verdad de un enun­
ciado es relativa a la interpretación que se esté considerando), explican
la razón por la que un enunciado puede cambiar su valor de verdad (pasar
de ser verdadero a ser falso o a la inversa) al cambiar la interpretación
a través de la cual se juzga el valor de verdad del enunciado. También
señalamos que con la noción semántica de verdad Tarski pretendió recons­
truir para un lenguaje artificial (como lL) la noción aristotélica de verdad
como correspondencia con la realidad (para obtener este resultado son
esenciales las cláusulas del tipo de (i), esto es, las cláusulas para los enun­
ciados atómicos, ya que por medio de ellos se inicia la «correspondencia
con la realidad»). Esta última aspiración de correspondencia significa que
si la realidad considerada se transforma (cambia en alguno de sus aspec­
tos), entonces el valor de verdad de un enunciado que a ella se refiere
puede cambiar reflejando los cambios ocurridos en el mundo. En otras
palabras, de una noción de verdad por correspondencia referida a enti­
dades lingüísticas (enunciados) esperamos que el valor de verdad de un
enunciado pueda cambiar por dos razones distintas e independientes: a)
por un cambio en la interpretación con que son entendidas las expresio­
nes que figuran en el enunciado, o b) por un cambio en la realidad consi­
derada. En las cláusulas al estilo de Tarski (las consideradas hasta ahora)
la relatividad de la verdad con relación a la interpretación del lenguaje
es explícita pero, muy por el contrario, en ellas no se prevé la relatividad
a la realidad considerada, cuyos cambios también pueden incidir en el
valor de verdad 8.
Al elaborar el instrumental para dar cuenta de la semántica de las
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lógicas modales Kripke colmó el vacío indicado, dejado por Tarski, en


las cláusulas de su definición semántica de verdad. En efecto, las cláusu­
las usadas por Kripke responden a la siguiente forma estructural: «Un
enunciado X (del lenguaje lL) es verdadero en la interpretación I , 1;
frente a la realidad (mundo) Mi si y sólo si ...».
La realidad extralingüística a la que está referida un lenguaje lL, que
en Kripke se llama «Estructura de Modelo», es una estructura (G inte­
grada por dos elementos: 1) un conjunto lMl de mundos posibles (en un
ejemplo intuitivo dinámico-temporal como el anterior referido a cam­
bios temporales de la realidad, los elementos de lMl pueden ser interpreta­
dos como los distintos estados totales de la realidad en los diferentes
momentos temporales; naturalmente esa interpretación intuitiva es ina­
decuada cuando se pretende representar la posibilidad lógica) y 2) un ele-

8. Quizás una posible conjetura histórica para explicar esta omisión de Tarski sea que en los
ejemplos que elaboró con detalle sólo figuran teorías matemáticas y lógicas, y es claramente insensato
pensar en el cambio de una realidad del tipo de la que tratan esas disciplinas.

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CARLOS ALCHOURRÓN

mento destacado � de NI destinado a representar el mundo (la realidad)


actual frente a los mundos meramente posibles (los restantes elementos
de NI) 9. La referencia al lenguaje lL aparece en lo que Kripke llama un
modelo 'ME (para una estructura de modelo 1\;\) que se consigue acoplando
a la estructura de modelo � una función de interpretación I�,NIJ de dos
argumentos que adjudica: 1) a cada nombre � (cuando � es un nombre
de 1L) frente a cada mundo NIj de NI un único objeto (de NI;), y 2) a cada
predicado � (cuando � es un predicado monádico de 1L) un único con­
junto de objetos (de NIJ Con estos elementos las cláusulas que definen
la noción de verdad para todo modelo 'ME son ahora (en lugar de las
anteriores) :

(i') Un enunciado atómico Pa es verdadero en la interpretación


1 , 1; frente al mundo NIj si y sólo si la,NIjl;Elp,NIjl; (el objeto asignado
al nombre «a» por la interpretación 1 , 1; para el mundo NIj es uno de
los elementos de la clase asignada al predicado « P » por esa misma inter­
pretación y para ese mismo mundo).
(ii') --, A es verdad en 1 , 1; frente a NIj si y sólo si A no es verdad
en 1 , 1; frente a NIj•
(iii') (A 1\ B) es verdad en 1 , 1; frente a NIj si y sólo si tanto A como
B son verdad en 1 , 1; frente a NIj•
(iv') (A v B) es verdad en 1 , 1; frente a NIj si y sólo si A, B o ambas
son verdad en 1 , 1; frente a NIj•
(v') (A::J B) es verdad en 1 , 1; frente a NI si y sólo si A no es ver-
1
dad en 1 , 1; frente a NIj o B es verdad en 1 , 1 ; frente a NIj.
(vi) (A => B) es verdad en 1 ,1; frente a NIj si y sólo si B es verdad
en 1 , 1; frente a NIk para todo NIk de NI en el que A es verdad en 1 , 1;
frente a NIk•
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(vii) DA es verdad en 1 , 1; frente a NIj si y sólo si A es verdad en


1 , 1; frente a NIk para todo NIk de NI.

En la cláusula (vii) hemos usado « DA » para el enunciado que repre­


senta la afirmación de la necesidad lógica de A. Esa cláusula reproduce
la idea leibniziana según la cual son lógicamente necesarios aquellos enun­
ciados que son verdaderos en todo mundo posible. Las condiciones que
(vi) fija para la verdad de una implicación estricta (A => B) (que en la
interpretación de Lewis afirma que B es consecuencia lógica de A) son
las mismas que por (vii) y (v') resultan para D (A::J B) (la necesidad lógica
de la implicación material).

9. Una estructura de modelo como la indicada en el texto con sólo dos elementos es instrumen­
tal suficiente para dar cuenta de la semántica del sistema modal SS (que fue el objetivo de Kripke cuando
escribió su primer artículo sobre el tema). Para dar cuenta de otros sistemas modales Kripke creó las
«estructuras de modelos relacionales» en las que aparece como tercer elemento una relación IT� (relación
de accesibilidad) que vincula elementos de )'1]. Sin embargo, la estructura más simple del texto es sufi­
ciente para nuestros fines.

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INTRODUCCION, CONCEPCIONES DE LA LOGICA

En las cláusulas anteriores la noción de verdad es relativa (como se


espera en una teoría de verdad por correspondencia) a la interpretación
considerada de las expresiones lingüísticas y a la realidad (mundo) a que
se refiere el enunciado. Para explicar el alcance de la noción de verdad
cuando la usamos (como es frecuente en la vida diaria) sin relativización
alguna, Kripke introduce lo que llama la verdad de A en un modelo 'Y'rtE ,

que se da cuando A es verdadero en el mundo destacado (actual) ¡¡:;: del


modelo 'Y'rtE Se recoge así la idea intuitiva que refiere al mundo actual
.

a los enunciados para los que no explicitamos una referencia distinta.


Con estos elementos podemos dar los siguientes refinamientos de las
definiciones (Def. 2.0) y (Def. 2.1) de la relación de consecuencia semán­
tica �.

(Def. 2.2) Un enunciado A de lL es consecuencia (semántica) del con­


junto de enunciados ex de lL (premisas), ex � A, si y sólo si no hay ningún
modelo 'Y'rtE de lL en el que todos los enunciados de ex son verdaderos
y en el que A no lo es.
(Def. 2.3) Un enunciado A de lL es consecuencia (semántica) del con­
junto de enunciados ex de lL (premisas), ex � A, si y sólo si A es verdadera
en todo modelo 'Y'rtE de lL en el que son verdaderos todos los enunciados
de ex.

El refinamiento introducido en la noción de consecuencia semántica


� en las últimas definiciones deriva básicamente de que en ellas se ha
tomado explícitamente en cuenta, además de la relativización de la noción
de verdad a la interpretación adoptada de las expresiones lingüísticas,
la relativización con relación a la realidad considerada, dando así expre­
sión más acabada al requerimiento de correspondencia incluido en la
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noción intuitiva de verdad. También ha cambiado la explicación de las


nociones modales (de necesidad e imposibilidad), asociadas a las nocio­
nes intuitivas de consecuencia y verdad lógica. En (Def. 2.0) y (Def. 2.1)
la explicación reposaba en una cuantificación universal sobre las funcio­
nes de interpretación admisibles. Por el contrario, en las nuevas defini­
ciones, tales nociones, dependen de un enfoque más leibniziano que
requiere una cuantificación sobre mundos posibles.
Finalmente, lo anterior significa una transformación sustancial que
afecta a las nociones mismas de consecuencia semántica y verdad lógica.
Esto es así por cuanto, en las últimas definiciones, para que un enun­
ciado A sea consecuencia semántica de un conjunto ex de premisas, ex �
A (al igual que para que A sea una verdad lógica: � A), se requiere una
doble cuantificación metalingüística: una sobre todas las interpretacio­
nes admisibles y otra sobre todos los mundos posibles (esta doble cuan­
tificación está involucrada en la explícita cuantificación contenida en las
últimas definiciones sobre todos los modelos). Un efecto, señalado con
poca frecuencia, de esta doble cuantificación es que ella evita la posibili­
dad (que en principio dejan abiertas las definiciones (Def. 2.0) y (Def. 2.1))

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CARLOS AlCHOURRÓN

de la existencia de verdades lógicas no lógicamente necesarias y de ver­


dades lógicamente necesarias que no son identificadas como verdades lógi­
cas. La necesidad de tomar en cuenta esta doble cuantificación en la expli­
cación de las nociones centrales de la lógica, con frecuencia no es
advertida, porque en muchas oportunidades hay una correspondencia biu­
nívoca entre lo que es un mundo posible y lo que es una interpretación
admisible. Así por ejemplo, las cuatro alternativas de una tabla de ver­
dad estándar para dos enunciados:

A B
V V
F V
V F
F F

admite una doble lectura: 1) como las cuatro interpretaciones distintas


que dos enunciados pueden recibir, o 2) como los cuatro tipos de mun­
dos posibles que pueden fijar el valor de verdad de un par de enuncia­
dos. Si bien el tema de la correlación entre mundos posibles y valuacio­
nes admisibles es de gran importancia técnica y filosófica, no diremos
nada más sobre él, por cuanto es más propio de un ensayo sobre lógica
modal que de uno sobre la lógica en general.

VIII. UNA DIFICULTAD A LA PRIMACÍA DE LA SEMÁNTICA

Con las nuevas interpretaciones (Def. 2.2) y (Def. 2.3) de la relación


semántica de consecuencia 1= podemos retornar al análisis de la tesis de
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la prioridad de la semántica. La circunstancia de que el enfoque sintác­


tico sea el que más se aproxima a la noción psicológica intuitiva de infe­
rencia, y de que ese enfoque reconstruya con gran precisión lo que se
ha hecho durante siglos de trabajo en el área de la lógica no invalida la
pretensión de la tesis de la primacía de la semántica. En efecto, lo que
tal tesis pretende es suministrar una explicación precisa de los criterios
utilizados para evaluar el trabajo de los lógicos: es en la preservación
de la noción semántica de verdad en el paso de las premisas de una regla
sintáctica de inferencia a su conclusión como se aprecia la calidad de la
regla. Por esta razón y no por consideraciones históricas es que se justi­
fica erigir la noción semántica de consecuencia en el criterio definitorio
de la lógica. Sin embargo, la siguiente es una argumentación que inva­
lida la tesis de la primacía de la semántica en la definición general de
la lógica.
Hay enunciados respecto de los cuares es lugar corriente reconocer
que carecen completamente de valores de verdad. Paradigma de ellos son
los enunciados usados por el legislador para prescribir normativamente

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

la conducta de los súbditos de un país, como, por ejemplo, los enuncia­


dos que usa un legislador para exigir a los súbditos el pago de un impuesto
o para autorizar la importación de cierto tipo de mercancías. Sus enun­
ciados no están destinados a describir algo que ocurre en el mundo, su
función es prescribir una forma de comportamiento como debida (o inde­
bida) o autorizar (permitir) ciertos modos de actuar. De los dichos del
legislador puede afirmarse que son justos o injustos, convenientes o incon­
venientes, etc., pero carece de sentido predicarles verdad o falsedad. Sólo
de los enunciados descriptivos tiene sentido la predicación de valores de
verdad, ya que afirmar que un enunciado es verdadero significa que en
el mundo acaece lo que el enunciado describe, y afirmar que es falso
supone que en el mundo no sucede lo que el enunciado describe; de modo
que en ambos casos (para tener un valor de verdad) el enunciado tiene
que ser descriptivo, tiene que describir el acontecer de un hecho (que puede
o no darse). Nada de esto sucede con las normas del derecho positivo
(el derecho creado por los hombres) pues ellas prescriben comportamien­
tos sin describir el acontecer de ningún hecho.
El hecho de la existencia de enunciados significativos carentes de valo­
res de verdad plantea una de las dificultades filosóficas más serias de la
lógica deóntica (interpretada como lógica de normas). Esta dificultad se
la conoce como el dilema de Jorgensen cuyo alcance conceptual es el
siguiente: si las nociones de la lógica sólo pueden definirse en función
de valores de verdad entonces no es posible una lógica de normas, y a
la inversa: si tal lógica es posible las nociones de la lógica no dependen
de los valores de verdad de los enunciados, luego o no es posible una
lógica de normas, o las nociones de la lógica son independientes de los
valores semánticos de verdad y falsedad.
La importancia de esta dificultad deriva de las siguientes dos obser­
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vacIOnes:

1. Del hecho que los signos lógicos (conjunción, disyunción, nega­


ción, etc.) se usan significativamente en los enunciados que expresan nor­
mas sin diferencia detectable con relación al modo en que se los usa en
los enunciados descriptivos, se sigue que el significado semántico (el que
deriva de las condiciones de verdad de los enunciados en los que los sig­
nos lógicos figuran) no es el único relevante para la significatividad de
los signos lógicos y hace posible la hipótesis de que sea otro tipo de sig­
nificatividad la que unifica el significado de los signos lógicos en los enun­
ciados descriptivos y en los prescriptivos.
2. La forma en que a diario entendemos las expresiones normativas
indica que confiamos que entre ellas hay relaciones lógicas. Nuestra inte­
lección del lenguaje normativo indica que algunas normas son consecuen­
cia deductiva de otras. En efecto, si de un enunciado normativo cuantifi­
cado universalmente (como lo son las leyes generales promulgadas por
el legislador) no se pudiera concluir deductivamente la totalidad de los
enunciados normativos que refieren el contenido normativo de la ley gene-

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CARLOS ALCHOURRÓN

ral a cada uno de los súbditos (es decir si la regla de ejemplificación uni­
versal no fuera aplicable a las normas), entonces ningún súbdito tendría
su conducta regulada por las leyes generales y éstas se convertirían en
meros juguetes vistosos sin la significatividad normativa con que incues­
tionablemente son entendidas en la vida social.

La dificultad indicada de la lógica deóntica expuesta en el dilema de


Jórgensen cuyo primer cuerno (no es posible una lógica deóntica de nor­
mas) se muestra como incuestionablemente falso por las razones expues­
tas es un desafío sólo para la tesis de la primacía de la semántica. A la
inversa constituye una virtud de los otros enfoques (el sintáctico y el abs­
tracto, que presentaremos a continuación) la circunstancia de que en ellos
los enunciados descriptivos y los prescriptivos admiten sin dificultad un
tratamiento en paridad de condiciones.

IX. EL ENFOQUE GENERAL ABSTRACTO

El hecho de que tanto las nociones sintácticas como las nociones semán­
ticas de consecuencia sean importantes candidatos para la reconstruc­
ción de la noción intuitiva y de que ambas son en definitiva nociones
de consecuencia deductiva, a pesar de las enormes diferencias que las sepa­
ran, hace pensar en la existencia de rasgos comunes que ambos tipos de
nociones comparten, y que, quizás, ellos suministren la pista para la carac­
terización de una noción general de consecuencia de la cual tanto el enfo­
que sintáctico como el semántico no sean más que especificaciones dife­
rentes. A responder a este interrogante y lograr así una noción general
abstracta de consecuencia están destinados algunos trabajos de Tarski
de la década del treinta, los primeros de los cuales (Tarski, 1930a y 1930b)
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preceden al artículo en donde Tarski presenta su definición semántica


(Tarski, 1936). Un rasgo fundamental del enfoque abstracto es que en
él no se intenta, como en los otros enfoques (el sintáctico y el semán­
tico), caracterizar la noción de consecuencia por medio de esquemas de
definición (como los expuestos anteriormente), sino señalando las pro­
piedades generales que identifican a toda noción de consecuencia (deduc­
tiva). Esto significa que la noción de consecuencia se toma como un tér­
mino primitivo (no definido) sujeto a varios axiomas que identifican sus
propiedades esenciales.
Para axiomatizar la noción de consecuencia Tarski usó una función
de consecuencia «Cn» que pertenece al metalenguaje de un lenguaje ["
esto es, una función que aplicada a un conjunto de enunciados a de un
lenguaje [, identifica otro conjunto de enunciados Cn(a) de [, como el
conjunto de la totalidad de las consecuencias de a. El que no se repre­
sente la noción de consecuencia como una relación (como se hizo en el
enfoque sintáctico y en el semántico) es sólo una diferencia técnica sin
importancia conceptual, ya que el siguiente esquema permite pasar tanto

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

de una función de consecuencia a la correspondiente relación de conse­


cuencia como a la inversa:

AECn(a) si y sólo si a 1- A (o a � A en su caso).

Los siguientes cuatro axiomas exponen las propiedades esenciales


(comunes) a toda noción de consecuencia desde la perspectiva de los pri­
meros trabajos de Tarski:

(Cn.l) a � Cn(a) (Inclusión)


(Cn.2) Cn(a) = Cn(Cn(a)) (Idempotencia)
(Cn.3) Si a � (3 entonces Cn(a) � Cn((3) (Monotonía)
(Cn.4) Si AECn(a) entonces hay un (3 � a finito
tal que AECn((3) (Compacidad)

Los dos primeros axiomas exponen propiedades muy intuitivas: que


todo enunciado de un conjunto está entre las consecuencias de ese con­
junto (Inclusión) y que las consecuencias de las consecuencias de un con­
junto de enunciados son consecuencias del conjunto de partida (Idempo­
tencia). El tercero de los axiomas (Monotonía) indica que si algún
enunciado es consecuencia de un conjunto de premisas a, él seguirá siendo
consecuencia de cualquier ampliación (3 del conjunto de premisas; en otras
palabras, que al agregar enunciados a un conjunto de premisas no se
pierde ninguna de sus consecuencias. Este axioma responde a la idea de
que las premisas de una inferencia deductiva son condición de garantía
suficiente de sus consecuencias, de modo que cuando ellas están presen­
tes, aunque estén acompañadas por otros enunciados, sus consecuencias
no se pierden por la presencia de tales premisas adicionales. Esta es una
propiedad esencial de toda noción de consecuencia deductiva (que es la
que estamos tematizando en este ensayo), es decir, que la monotonía es
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esencial para la idea de deducción más que para la de consecuencia en


general. Si estuviéramos indagando una noción de consecuencia proba­
ble seguramente no esperaríamos que ella sea monótona. Uno de los focos
de investigación actual en el área de la llamada Inteligencia Artificial está
centrada en la indagación de nociones de consecuencia no monótonas,
y por lo tanto, no deductivas. Pero como nuestro interés en este ensayo
está circunscripto a la lógica deductiva, el postulado de monotonía ten­
drá que ser satisfecho por toda noción de consecuencia cuya caracteriza­
ción perseguimos.
El cuarto axioma (Compacidad) impone a la noción de consecuencia
una restricción finitista que, como señalamos anteriormente, tiene su ori­
gen en una sólida tradición vinculada a la noción sintáctica de conse­
cuencia, pero que es ajena al enfoque semántico. En este sentido él no
expresa una propiedad que pueda atribuirse a toda noción de consecuencia
deductiva por más deseable y atractiva que resulte su exigencia. Quizás
por esta razón, y a pesar de su postulación por Tarski, ella no figura
entre las condiciones actualmente exigidas en la caracterización general

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CARLOS AlCHOURRÓN

abstracta de la noción de consecuencia deductiva. Por ello los axiomas


con que se caracteriza tal noción son sólo los tres primeros.
Una de las investigaciones más importantes y representativas de la
lógica de este siglo, la memoria de G. Gentzen (Gentzen 1934) sobre la
deducción lógica, está estructurada desde la perspectiva del enfoque abs­
tracto. Es más, el reconocimiento actual de la importancia de este enfo­
que deriva en mucha mayor medida de la repercusión de la obra de Gent­
zen que de la de Tarski sobre el tema.
Gentzen, como Tarski, adoptó como primitiva la noción de conse­
cuencia deductiva y la caracterizó por el método axiomático (axiomas
y reglas primitivas de inferencia). No obstante, su formulación difiere
de la de Tarski en algunos aspectos que conviene señalar, no sin advertir
que el contenido conceptual de la obra de ambos autores es sustancial­
mente el mismo.
Gentzen caracterizó una relación de consecuencia lógica, y no como
Tarski una función de consecuencia. Ésta, como ya indicamos, es una
diferencia totalmente accidental (para representarla usó la flecha «->>» .
La segunda diferencia es sustancial; Gentzen generaliza la estructura de
las relaciones de consecuencia sintáctica 1- y semántica � permitiendo
la presencia de conjuntos de enunciados tanto a la izquierda como a la
derecha de la flecha, de modo que los enunciados básicos (que llama
secuentes) son del tipo «a -> (3)> (llamando «prosecuente» al que está a
la izquierda de la flecha y «postsecuente» al de la derecha) JO. En reali­
dad esta diferencia hace que lo que la flecha representa no sea la relación
de consecuencia sino una relación más general que Carnap (1943) llamó
<<lógical involution» I J. Intuitivamente se espera tener a -> (3 si por lo
menos uno de los elementos de (3 es verdadero cuando todos los elemen­
tos de a lo son. La relación de consecuencia lógica esta representada por
el caso especial de los secuentes en que el postsecuente es un conjunto
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unitario (donde figura un y sólo un enunciado).


Otra diferencia es que la flecha «-»> no es un signo del metalenguaje
(del lenguaje donde figuran los signos lógicos) como lo es el signo de fun­
ción de consecuencia «Cn» de Tarski, sino un signo incorporado al mismo
lenguaje objeto en el que se encuentran los signos lógicos. Sin embargo,
los únicos enunciados que son axiomatizados en su cálculo de secuentes
son los secuentes y sólo indirectamente los enunciados corrientes de una
lógica estándar. Es decir, los únicos enunciados axiomatizados son los

10. En el texto los elementos O/ y {3 que integran un secuente ex --+ {3 son conjuntos de enunciados.
En la obra de Gentzen son secuencias (conjuntos ordenados) de enunciados. Esta diferencia. que pro·
bablemente sea un resabio de las secuencias que intervienen en la caracterización de la noción sintáctica
de consecuencia, la hemos cancelado por cuanto en su presentación Gentzen introduce las postulacio­
nes que hacen irrelevante el orden de los elementos de las secuencias, las que en definitiva se comportan
como simples conjuntos.
11. Aparentemente Carnap descubrió, independientemente de Gentzen, las propiedades y la
importancia de la generalización que representa la relación de «Iogical involuriol1» con respecto a la
de consecuencia lógica.

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

enunciados del tipo «a ---> (3)> donde los elementos tanto de a como de
(3 son enunciados de un lenguaje lógico estándar (en el caso de Gentzen
son los enunciados del lenguaje de cuantificación). Nunca la flecha «---»>
figura en el prosecuente a ni en el postsecuente (3.
En este aspecto Gentzen sigue el camino de Lewis, ya que sus secuentes
son, como las implicaciones estrictas de Lewis, enunciados del lenguaje
objeto (destinados en ambos casos a dar cuenta de la relación de conse­
cuencia deductiva). Sin embargo, hay por lo menos tres muy importan­
tes diferencias con el encuadre de Lewis: 1) Los secuentes no forman
parte, como las implicaciones estrictas, de un lenguaje modal, 2) Los
secuentes permiten dar cuenta de la situación en que hay una pluralidad
de premisas ya que lo que figura a la izquierda de la flecha es un con­
junto de enunciados y no un único enunciado como requiere la implica­
ción estricta de Lewis, y 3) la diferencia más sustancial con Lewis es
que no se plantea el problema de las implicaciones estrictas anidadas ya
que lo que tiene que figurar tanto como prosecuente como postsecuente
son conjuntos de enunciados de un lenguaje de lógica estándar pero los
secuentes mismos no son enunciados de ese tipo.
No vamos a entrar en los detalles de la exposición de Gentzen; no
obstante conviene señalar que su axiomatización de los secuentes es
sustancialmente 12 coincidente con la de Tarski para su función de con­
secuencia. Los axiomas de Gentzen para la relación de consecuencia (no
para la relación de <'¡ogical involution») son los tres: (Reflexividad Gene­
ralizada), (Corte) y (Monotonía) que se indicaron anteriormente para las
relaciones sintácticas f- y semánticas � de consecuencia. Esto es, ellos
son:
(---> 1 ) a ---> [A] si
. Aw (Reflexividad Generalizada)
( ---> .2) Si a ---> [B] y aU[B] ---> [A]
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entonces a ---> [A] (Corte)


(---> .3) Si a ---> [A] entonces aU(3 ---> [A] (Monotonía)
De este modo tanto en el caso de Tarski como en el de Gentzen la
lógica (cada lógica) está caracterizada por cada función (relación) abs­
tracta de conjuntos de enunciados de un lenguaje lL a conjuntos de enun­
ciados del mismo lenguaje que satisfaga las condiciones incluidas en las
axiomatizaciones indicadas.
Para conseguir cada lógica en particular sólo hay que agregar a los
axiomas generales de la noción de consecuencia: (Inclusión), (Idempo­
tencia) y (Monotonía), otros que indiquen el comportamiento de los sig­
nos lógicos en el contexto de una función (relación) de consecuencia.

12. En el texto se habla de una «sustancial» equivalencia entre los tres primeros axiomas de Tarski
y las tres postulaciones de Gentzen. Sin embargo, para interderivar mutuamente los postulados de Tarski
con los de Gentzen es necesario, como lo ha observado David Makinson, generalizar la regla de corte
( � 2 ) de la siguiente manera: si a � [B) para todos los BE¡3 y aU¡3 � [A) entonces a � [A) (en donde
.

lo que se «corta» no es un enunciado B sino un conjunto (3 de enunciados).

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CARLOS AlCHOURRÓN

Así, para conseguir, por ejemplo, la lógica proposicional clásica (para


los signos lógicos usados en los ejemplos anteriores), basta con agregar
(en una presentación que no sigue la forma de la lógica de secuentes de
Gentzen, sino que representa más bien una versión que reproduce los
esquemas de «deducción natural» creados también por el propio Gent­
zen en el trabajo comentado) los siguientes axiomas (a continuación un
conjunto [Al) ...,AnJ se escribirá simplemente A¡,...,An; se usará, ade­
más la constante de falsedad (lógica) « .1 » con el axioma que se indica):

(A. .l) .1 ---> A


De Introducción De Eliminación

(1.1\) A,B ---> (AI\B) (E.I\.l) (AI\B) ---> A


(E.I\.2) (AI\B) ---> B
(1.v.l) A---> (AvB) (E.v) aU (A v B) ---> C si
(1.v.2) B ---> (AvB) aUA ---> C y aUB ---> C
(1.:J) a ---> (A:JB) si (E.:J.) A,(A:JB) ---> B
aUA ---> B
(1. ----, ) a ---> ----, A si (E. ----, ) a ---> A si
aUA ---> .1 aU ----, A ---> .1

Claramente cada uno de estos postulados puede reformularse con fun­


ciones de consecuencia al estilo de Tarski.
Igual procedimiento puede seguirse para las distintas lógicas: las lógi­
cas modales, las de los llamados condicionales contrafácticos, las de los
condicionales derrotables (defeasible), los condicionales relevantes, las
conjunciones asimétricas (temporales), la lógica intuicionista, etc., ya que
se trata de un procedimiento general no circunscripto a ningún signo
lógico ni sistema lógico en particular.
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En la presentación de los axiomas anteriores se ha seguido una impor­


tante idea de Gentzen: la de dividir los principios que caracterizan cada
signo lógico en dos categorías: los de Introducción y los de Eliminación.
Los primeros regulan la figuración del signo en la conclusión de una infe­
rencia (indican cómo introducir el signo en la conclusión en una deriva­
ción deductiva). Las segundas regulan la figuración del signo entre las
premisas (indican cómo eliminar el signo al pasar de una premisa en que
figura el signo a una conclusión).
Esta idea de Gentzen responde a una concepción acerca del signifi­
cado de los signos lingüísticos característica del segundo período de la
filosofía de Wittgenstein, según la cual el significado de un signo está
determinado por las reglas que fijan su uso en cada contexto. La rela­
ción de consecuencia configura el contexto en el que la lógica se desarro­
lla, luego, el significado de un signo lógico se determina indicando cómo
usarlo en las premisas y en la conclusión de la relación de consecuencia
(los dos únicos lugares de esa relación). Esto es lo que se consigue al espe­
cificar las reglas de introducción y de eliminación.

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE lA lÓGICA

El significado que el procedimiento anterior determina para un signo


lógico, no es, por cierto, el significado semántico (del enfoque semán­
tico), ya que él no depende de las correlaciones referenciales entre len­
guaje y realidad efectuadas, en un enfoque semántico, por las funciones
de interpretación, ni de la noción semántica de verdad. Tal significado
se configura por medio de reglas sintácticas de inferencia, ya que esto
es lo que en definitiva representan los axiomas anteriores de introduc­
ción y eliminación. De modo que es apropiado decir que en un enfoque
abstracto los axiomas referidos a los signos lógicos determinan su signi­
ficado sintáctico J3.
Así, en lo que hace a la especificación del significado de los signos
lógicos e indirectamente a la identificación de cada lógica en particular,
el enfoque abstracto comparte rasgos típicos del enfoque sintáctico.
Con frecuencia se piensa que para un enfoque sintáctico los signos
del lenguaje objeto carecen por completo de significación. En rigor esto
no es así, ya que los signos lógicos tienen un significado (sintáctico) que
reciben de las reglas que fijan su uso en los contextos de consecuencia,
si bien es cierto que los demás signos (los que no son lógicos) carecen
totalmente de (o por lo menos no se considera, en un enfoque sintáctico
o abstracto, su) significación. Por el contrario en un enfoque semántico
todos los signos del lenguaje tienen (en cada modelo) significación. Los
signos lógicos reciben su significación (semántica) a través de las cláusu­
las que determinan las condiciones de verdad de los enunciados en que
ellos figuran (cláusulas que son comunes a todos los modelos de cada
lógica). En este sentido, la pretensión (vinculada a veces a la tesis de la
primacía de la semántica) de que sólo en un enfoque semántico los sig­
nos lógicos tienen signifido es un exceso equivocado.
Desde esta nueva perspectiva sólo el enfoque abstracto logra dar una
caracterización general de la lógica, ya que sólo desde ese ángulo es posible
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explicar la razón por la cual lo que se define, tanto desde el enfoque


semántico como desde el enfoque sintáctico, son efectivamente relacio­
nes de consecuencia. La noción central de la lógica es, en este sentido,
conceptualmente independiente de las características del método axio­
mático al que está anclado el enfoque sintáctico. La circunstancia de que
la lógica sea un instrumento indispensable en la organización conceptual
interna de cualquier disciplina a través de su organización deductiva (que
justifica la peripatética concepción de la lógica como organon de todo
conocimiento) y de que la lógica misma sea susceptible de una estructu­
ración axiomática no significa que sólo a través de ese método ella tenga
que ser identificada.
Lo anterior también implica que la lógica es de igual modo concep­
tualmente independiente de las nociones semánticas, y en particular de
la noción de verdad. Nada de esto, por cierto, desmerece el valor de la

13. Para una defensa del enfoque abstracto como el expuesto en el texto, ver Belnap (1962) escrito
en respuesta a la tesis de la primacía de la semántica sostenida por Prior (1960).

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CARLOS ALCHOURR6N

utilización del método axiomático en la lógica ni la importancia de las


nociones semánticas en la apreciación de las calidades de cada lógica en
particular.
Con frecuencia a lo largo de este artículo, siguiendo la forma más
corriente de referirse al tema, hemos hablado de la lógica como si fuera
una disciplina única. Sin embargo, para ser fieles al desarrollo histó­
rico y a la situación actual, debe decirse que la expresión "Lógica» es
un término genérico que se aplica a una pluralidad de disciplinas con
características y aspiraciones diversas. Puede haber, y de hecho hay,
muchas lógicas diferentes 14. Cada lógica (cada uno de los ejemplos de
la expresión genérica Lógica) es identificada extensionalmente (como
también lo hemos hecho en este artículo) con una única relación de con­
secuencia. También hemos visto que cada lógica (cada relación de con­
secuencia) puede ser intensionalmente identificada básicamente a tra­
vés de dos procedimientos diferentes que requieren la satisfacción de
propiedades distintas de cada relación de consecuencia. Así, en un enfo­
que sintáctico en el que, por ejemplo, se use el esquema de definición
(Def. 3) tienen que satisfacerse las propiedades sintácticas que esta defi­
nición requiere respecto de un conjunto de enunciados de !L, identifica­
dos como axiomas y respecto de un conjunto precisamente identificado
como reglas de inferencia primitivas. Por el contrario, en un enfoque
semántico en el que, por ejemplo, se use el esquema de definición (Def.
2.2), no son las anteriores las propiedades que la relación de consecuen­
cia tiene que satisfacer sino que debe satisfacer las que (Def. 2.2) exige
respecto de los modelos semánticos correspondientes. Sin embargo, lo
que siempre tiene que satisfacer cada relación para ser una relación de
consecuencia lógica deductiva son las tres propiedades postuladas en
el enfoque abstracto. En este sentido el enfoque abstracto y sólo él, per­
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mite una definición del término genérico Lógica, ya que en él se con­


templan las propiedades que cada uno de los individuos del género (cada
una de las relaciones de consecuencia deductiva) tiene que poseer para
pertenecer al género Lógica. Una relación de consecuencia es una lógica
deductiva si y sólo si es reflexiva, monótona y valida el principio de
«corte».
El permitir una definición general de la lógica es la virtud principal
del enfoque abstracto. Sin embargo, no debemos olvidar que, comple­
tado con el sentido sintáctico de los signos lógicos anteriormente men­
cionado, el enfoque abstracto da respuesta al dilema de ]órgensen al
explicar cómo son posibles lógicas referidas a enunciados que carecen
de valor de verdad, superando así la dificultad indicada en VIII a la tesis
de la primacía de la semántica.

J 4. Sobre el importante tema de si las diferentes lógicas son rivales entre si o si son comple­
mentarias y pueden ser integradas en única lógica omnicomprensiva, sólo se harán algunos breves
comentarios en el apartado x.

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

x. LA JUSTIFICACIÓN INTUITIVA

En ciertos casos las reglas que determinan el significado sintáctico de los


signos lógicos tienen, desde el punto de vista intuitivo, exactamente el
mismo contenido conceptual que las cláusulas para la noción semántica
de verdad que fijan el significado semántico de tales signos. Tal es clara­
mente el caso cuando se comparan las reglas contenidas en los axiomas
de introducción y de eliminación para la forma de conjunción conside­
rada «/\» con la cláusula (iii) por la que se determina el significado semán­
tico de dicha conjunción. En efecto, tanto unas como otras intuitivamente
indican la identidad conceptual de una conjunción con el par de sus con­
yuntos.
Lo anterior no sucede (ni se pretende que suceda) con todas las mane­
ras usadas para fijar el significado sintáctico y semántico de los diferen­
tes signos lógicos que interese tematizar. Es un lugar común a todos los
enfoques de la lógica que la apreciación intuitiva requiere considerar la
totalidad de los principios que cada lógica convalida para cada uno de
los signos lógicos en ella incluidos.
Así, por ejemplo, las llamadas «paradojas de la implicación material»:

(P.�.l) A� (B�A)
(P.�.2) �A � (A�B)

(que la implicación material comparte con la implicación intuicionista)


muestran un desacuerdo conceptual entre, por un lado, los significados
semánticos y sintácticos de las nociones de implicación de la lógica clá­
sica y de la intuicionista, y por otro, los significados paradigmáticos de
las construcciones condicionales de los lenguajes corrientes en uso.
La no satisfacción de la segunda (P.� .2) es la motivación principal
que ha llevado a la construcción de las lógicas de los condicionales con­
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trafácticos. Un condicional contrafáctico es aquél cuyo antecedente es


de hecho falso. Aceptar (P.�.2) para los condicionales contrafácticos
implica comprometerse a aceptar que todo condicional contrafáctico es
siempre verdadero. Podemos creer que si Aristóteles hubiera conocido
la lógica clásica contemporánea la habría aceptado, o podemos creer que
si Aristóteles hubiera conocido tal lógica no la habría aceptado, lo que
sí resulta completamente desquiciado es creer que hay alguna razón con­
ceptual (vinculada a la noción corriente de condicionalidad) para tener
que aceptar los dos condicionales anteriores por el sólo hecho de que Aris­
tóteles, dada la época en que le tocó vivir, nunca conoció la lógica con­
temporánea.
Dar la satisfacción a estos desacuerdos intuitivos entre las lógicas
conocidas y nuestra manera corriente de conceptualizar la realidad a través
de los lenguajes que a diario usamos es la motivación explícita que sub­
yace a la creación de las distintas lógicas para los condicionales contra­
fácticos. Además, es el tipo de motivación que justifica la creación de
una gran mayoría del enorme espectro de lógicas que pueblan la lógica

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CARLOS AlCHOURRÓN

contemporánea. Sin embargo, es dable reconocer que muchas lógicas han


surgido motivadas sólo por consideraciones formales, como las de inda­
gar qué sucede si se generaliza, se restringe o de alguna forma se modi­
fica alguno o algunos principios de una lógica ya conocida.
A esta altura se plantean varios interrogantes filosóficamente rele­
vantes:

1) ¿Por qué no hay una única lógica, por lo menos para cada uno
de los términos sincategoremáticos del lenguaje?
2) Las fallas denunciadas como paradojas intuitivas ¿no son un sín­
toma de que se ha deslizado algo falso en las lógicas que las padecen?
3) La buscada correlación entre las lógicas desarrolladas con rela­
ción a lenguajes artificiales y el alcance conceptual de sus pretendidos
correlatos de los lenguajes corrientes en uso, que por cierto es el instru­
mento con que pensamos a diario ¿no muestran lo justificado de la pre­
tensión descriptiva de la antigua concepción de la lógica como la ciencia
de nuestro modo de pensar (de las leyes del pensamiento)?
Es innegable que los lenguajes artificiales con relación a los cuales
se identifican cada una de las distintas lógicas surgieron con el propósito
de suministrar reconstrucciones racionales de conceptos que encuentran
su expresión natural en los lenguajes corrientemente usados. También
es verdad que no hay lógica que no esté afectada por alguna disonancia
intuitiva. Tales discrepancias pueden detectarse tanto en sus presenta­
ciones sintácticas como en sus presentaciones semánticas. Este aspecto
es importante, porque muestra que tanto el significado sintáctico como
el significado semántico de los signos de un lenguaje artificial son perfec­
tamente inteligibles en sí mismos, ya que en caso contrario no podrían
compararse con la significación del lenguaje natural y no existirían las
paradojas intuitivas.
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Lo anterior, sin embargo, no implica que la existencia de discrepan­


cias intuitivas signifique que se haya deslizado alguna falsedad en la lógica
en que ellas se producen. Así la conjunción clásica «/1», considerada usual­
mente como el signo lógico de máxima semejanza con sus correlatos del
lenguaje corriente, tiene discrepancias intuitivas, ya que, tanto por su sig­
nificado sintáctico como por el semántico, resulta que es una operación
conmutativa, en el sentido de que el orden de los conyuntos es irrele­
vante: (A /1 B) significa lo mismo que (B /1 A). No obstante hay típicas
construcciones conjuntivas del lenguaje corriente que carecen de esta pro­
piedad: no es equivalente «se casaron y tuvieron un hijo» a «tuvieron
un hijo y se casaron».
De ello no debe inferirse que haya algún error en las leyes y reglas
de la conjunción clásica, ya que ellas están plenamente justificadas por
el significado (sintáctico y semántico) atribuido a esa forma de conjun­
ción. Lo que la discrepancia intuitiva muestra es que la conjunción clá­
sica no reconstruye todas las construcciones conjuntivas corrientes. La
discrepancia sólo muestra la necesidad de restringir el ámbito de aplica-

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INTRODUCCION, CONCEPCIONES DE LA LOGICA

bilidad (con relación a las construcciones corrientes) de esa forma de con­


junción. El propósito reconstructivo se vería frustrado sólo cuando tal
ámbito fuera vacío. Pero aun en ese caso no significa la inclusión de fal­
sedad alguna en la lógica clásica de la conjunción, ya que es sólo su valor
práctico de utilidad el que se encontraría cuestionado, valor que podría
reivindicarse con razones diferentes.
Desde la anterior perspectiva la coexistencia de una pluralidad de lógi­
cas, cada una de ellas plenamente justificadas en sí mismas, no debe ser
motivo de extrañeza. Es más, los principios de cada lógica pueden ser
vistos como analíticos en el sentido en que ellos se justifican apoyándose
únicamente en el significado (sintáctico o semántico según cuál sea la natu­
raleza del enfoque con que se identifica la significatividad de los signos
lógicos) de sus expresiones constituyentes. La tesis expuesta corresponde
sustancialmente a la de Quine (Quine, 1970) frente a la cuestión de las
lógicas alternativas y rivales que él sintetiza en el dictum: cambio de lógica
implica cambio de tema. No hay ni puede haber rivalidad entre dos lógi­
cas diferentes porque un cambio en los principios supone un cambio en
el significado de los signos lógicos que en ellos figuran.
Así, por ejemplo, la lógica de la implicación intuicionista está carac­
terizada por la adopción de los dos axiomas (I. �) y (E. �) como criterio
para el significado (sintáctico) del signo de implicación. La implicación
material se constituye cuando además de los anteriores se postula el
siguiente axioma de eliminación 15:

(E. � .1) ((A � B) � A) -> A (Principio de Peirce)

Naturalmente una caracterización semántica de la implicación intui­


cionista requiere una estructura semántica 16 distinta de la ofrecida ante­
riormente para el condicional clásico y condiciones de verdad distintas
a las incluidas en la cláusula (v).
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Las dos lógicas son diferentes porque sus principios no son los mismos
(en la intuicionista el principio de Peirce no vale), pero esto implica que el
signo de implicación tiene en cada una de ellas un significado diferente.
Con este alcance dos lógicas diferentes no pueden ser rivales. Natu­
ralmente, esto no excluye una necesaria rivalidad en el ámbito de su apli­
cación. Pero con ello nos vamos del área de la significatividad sintáctica
y semántica para entrar en el de la justificación intuitiva en la compara­
ción con las construcciones correspondientes del lenguaje corriente. Es
sensato pensar que es precisamente en este área donde hay que buscar
una de las fuentes, no por cierto la única, de justificación de toda lógica.
La justificación pragmática de una lógica por el ámbito del lenguaje
corriente que logra reconstruir es quizás el grano de verdad contenido

15. La circunstancia de que en la presentación precedente de la lógica clásica no se incluyó al


principio de Peirce es porque en presencia de (1. --, ) y (E. --,), (E. :::J. 1) se deriva de (1. :::J) Y (E. :::J).
16. La semántica estándar para la lógica intuicionista, al igual que la semántica de las lógicas
modales, recurre a la noción de «mundo posible».

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CARLOS ALCHOURRÓN

en la concepción tradicional de la lógica como versando acerca de las


<<leyes del pensamiento».
Lo anterior no descalifica la pretensión de buscar reemplazar la plu­
ralidad de lógicas por una única lógica general. La idea sería la siguiente:
incorporar en un único sistema de lógica todos los signos lógicos que ten­
gan un ámbito de aplicación no vacío, precisando además cuál es el ámbito
de aplicación de cada uno de los signos lógicos con significado (semán­
tico y sintáctico) diferente.
Si tal proyecto es o no, en definitiva, realizable, no podemos respon­
der. El hecho es que hasta ahora no es mucho lo que se ha hecho en esa
dirección. No obstante, hay que tomar en cuenta la siguiente adverten­
cia limitativa.
No es sensato esperar entre la lógica reconstruida en un lenguaje
artificial y la «lógica del lenguaje natural» una suerte de correlación como
la requerida en (Corr. 1) entre los enfoques sintáctico y semánticos, por­
que en un sentido importante no hay una lógica coherente en el len­
guaje natural. El lenguaje corriente no sólo está plagado de ambigüe­
dades, vaguedades y toda suerte de imprecisiones significativas que
justifican apartarse de él en los procesos de reconstrucción racional, sino
que acumula en su seno intuiciones incompatibles que no pueden supe­
rarse más que reformándolo, abandonando intuiciones que pueden ser
muy sólidas.
La siguiente situación es un ejemplo de la dificultad anterior.
Pocas cosas son más intuitivas que la necesidad de rechazar el princi­
pio de la lógica clásica (compartido con casi todas las lógicas salvo las
lógicas relevantes y las paraconsistentes) de que de dos enunciados con­
tradictorios (y de todo conjunto inconsistente) todo enunciado es conse­
cuencia deductiva. Lo que se rechaza es el principio de Duns Escoto:
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(DE) A, ----, A ..... B

Igualmente es muy difícil no admitir la enorme intuitividad de la regla


de Introducción de la Disyunción (Lv.1), el principio de monotonía ( ...... 3),
el principio del Silogismo Disyuntivo:

(SD) ----, A,(AvB) ..... B


y de la suerte de transitividad de la noción de consecuencia representada
por la regla de Corte ( ...... 2).
Lamentablemente todas estas fortísimas intuiciones no pueden con­
vivir coherentemente ya que la aceptación de los cuatro últimos princi­
pios compromete a la aceptación del principio de Duns Escoto. La
siguiente es una derivación de (DE) a partir de los otros cuatro princi­
pios indicados:

(1) A, ----, A ..... (AvB) (De (Lv.1) por ( ...... 3))


(2) A, ----, A, (AvB) ..... B (De (SD) por ( ...... 3))
(3) A,----,A ..... B (De (1) y (2) por ( ...... 2))

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INTRODUCCiÓN, CONCEPCIONES DE LA LÓGICA

La más leve aspiración de coherencia nos competen a rechazar alguna


de estas sólidas intuiciones, pero por otro lado no hay base intuitiva para
el sacrificio de ninguna.
La conclusión de esta paradoja intuitiva es que cualquiera que sea
la lógica que terminemos privilegiando, ella tendrá que apartarse de las
intuiciones básicas incorporadas al esquema de conceptos de los lengua­
jes corrientes. Esto implica abandonar una idea reconstructivista con pre­
tensiones de resultados unívocos.
Mantener a toda costa el rechazo del principio de Duns Escoto es
la motivación subyacente a la construcción de las llamadas Lógicas Rele­
vantes, y es también una de las motivaciones más importantes de las Lógi­
cas Paraconsistentes. En verdad en ellas se reconstruyen intuiciones fun­
damentales, pero queda abierta la pregunta pragmática de si no es más
conveniente dejar tales intuiciones a un lado ya que, en definitiva, no
se puede dar satisfacción a todas las intuiciones corrientes.
Estas últimas reflexiones quizás recojan el grano de verdad contenido
en la vieja concepción normativa de la lógica como disciplina acerca de
como se debe pensar.

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