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Algunas Paradojas

Este documento presenta varias paradojas matemáticas sorprendentes de la teoría de la medida. Comienza discutiendo las paradojas del lenguaje y los conjuntos infinitos, como la paradoja del mentiroso y la paradoja de Russell. Luego introduce paradojas propias de la teoría de la medida, como regiones del plano sin área o duplicar esferas sólidas. Finalmente, explica cómo la paradoja de Russell planteó un grave problema a los cimientos de las matemáticas, que se resolvió mediante la ax

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Algunas Paradojas

Este documento presenta varias paradojas matemáticas sorprendentes de la teoría de la medida. Comienza discutiendo las paradojas del lenguaje y los conjuntos infinitos, como la paradoja del mentiroso y la paradoja de Russell. Luego introduce paradojas propias de la teoría de la medida, como regiones del plano sin área o duplicar esferas sólidas. Finalmente, explica cómo la paradoja de Russell planteó un grave problema a los cimientos de las matemáticas, que se resolvió mediante la ax

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Paradojas de la Teorı́a de la Medida

Francisco José Freniche Ibáñez

16 de noviembre de 2004

En este trabajo1 se muestran algunos teoremas doxan, lo que va en contra de la opinión públi-
matemáticos sorprendentes, muy próximos a la ca. Aquı́ nos interesan dos acepciones de la pala-
fundamentación de las matemáticas, llamados bra paradoja. La primera es que una paradoja es
paradojas. Aparecen en una rama del análisis una idea o hecho extraño y opuesto a la común
matemático, la teorı́a de la medida. En esta opinión y al sentir de las personas, inesperado o
teorı́a se formaliza la noción de medida de magni- aparentemente contradictorio. Una paradoja de
tudes, como longitudes, áreas, volúmenes, masas, este tipo es la siguiente: un incremento en el pre-
cargas eléctricas, ..., y en ella se estudia la inte- cio de las patatas podrı́a hacer que aumentase su
gración, herramienta básica en la ciencia, tanto consumo por parte de la población más pobre. El
pura como aplicada. motivo es que, a pesar de la subida del precio,
El guión que seguimos es el siguiente: empe- este alimento continuarı́a siendo el que está más
zaremos hablando de las paradojas del lenguaje a su alcance, y su mayor coste harı́a que esta po-
ordinario y del matemático; las paradojas que blación dispusiese de menos dinero para comprar
provienen de la existencia de conjuntos infinitos otros alimentos más caros.
se discutirán a continuación, para terminar con Otro significado de la palabra paradoja, que es
las paradojas ya propias de la teorı́a de la medi- el que nos interesa más en esta primera parte, es
da, como la existencia de regiones del plano sin el de ser una frase o expresión que al menos apa-
área y la posibilidad de duplicar esferas sólidas rentemente envuelve contradicción. A esta cate-
en tres dimensiones. gorı́a pertenecen las frases El avaro, en su rique-
Comenzamos por decir qué se entiende por pa- za, pobre, y la más conocida de Sócrates, Sólo
radoja. sé que no sé nada.
Dentro de este grupo está también la parado-
1. Paradojas del lenguaje ja del mentiroso. Fue en la antigua Grecia donde
surgieron las primeras formas de esta famosa pa-
La palabra paradoja proviene del latı́n para- radoja. El filósofo Epiménides de Cnosós (siglo
doxus y éste del griego paradoxos (παραδoχoζ). VI aC) formuló la siguiente: Todos los cretenses
Etimológicamente, paradoxos es lo que parà ten son mentirosos, uno de sus poetas lo ha dicho.
1
Conferencia impartida en la Facultad de Matemáticas
En realidad, esta no es una verdadera parado-
de la Universidad de Sevilla el 16 de noviembre de 2004, ja, la contradicción es sólo aparente, pues podrı́a
con motivo de la festividad de San Alberto Magno. ser que el poeta conociera al menos a un cretense

1
que fuera sincero, por lo que estarı́a mintiendo. miento de sus alumnos.
No hay contradicción, simplemente el poeta no
dijo la verdad. Hay que decir que Epiménides no
pretendı́a otra cosa que criticar a sus compatrio-
tas, pues él era el poeta cretense.
La siguiente frase fue construida por Eubuli-
des de Mileto (siglo IV aC): Una persona dice que
está mintiendo, ¿es verdadero o falso lo que di-
ce? Ahora sı́ que hay contradicción. Si está min-
tiendo, dice la verdad; pero si dice la verdad,
está mintiendo. ¡No se puede decidir si es verda-
dera o falsa! Es una frase que se puede construir
completamente de acuerdo con las reglas grama-
ticales y semánticas, pero que no puede recibir
de forma coherente un valor de verdad.
Otra paradoja menos conocida es la del exa-
men sorpresa, también llamada de la ejecución
anunciada, aunque no nos gusta el paralelismo Figura 1: ¿El barbero de Sevilla?
que se establece entre el uno y la otra. Puede
enunciarse ası́: Un profesor anunció a sus alum-
nos que un dı́a de la semana siguiente les harı́a La paradoja del barbero, debida a Russell, da-
un examen, pero que el examen serı́a una sor- ta de comienzos del siglo XX y puede formular-
presa, no sabrı́an con antelación el dı́a en que se ası́: El barbero de Sevilla afeita a todos los
se harı́a. Los alumnos razonaron que el examen hombres que no se afeitan a sı́ mismos y sólo a
no podrı́a ser el viernes, pues lo sabrı́an con se- ellos. ¿Se afeita él a sı́ mismo? Si lo hace, no de-
guridad el jueves; ni el jueves, pues lo sabrı́an berı́a porque no debe afeitar a los hombres que
el miércoles ya que el viernes no podı́a ser; ... se afeitan a sı́ mismos; pero, si no lo hace, no
y tampoco podrı́a ser el lunes pues lo sabrı́an el cumple con su obligación de afeitar a todos los
domingo. Llegaron a la conclusión de que no los hombres que no se afeitan a sı́ mismos. Se dice
podrı́a examinar ningún dı́a, y claro está, no es- que el barbero decidió no afeitarse, como podrı́a
tudiaron. ¡Pero el profesor los examinó por sor- corroborar la foto que vemos en la figura 1, en
presa el miércoles! (un dı́a cualquiera en reali- la que aparece un señor con larguı́sima barba del
dad) A pesar de que uno instintivamente, o cor- que hay quien cree que pudiera ser el mismı́simo
porativamente, tiende a pensar que el fallo debe barbero de Sevilla.
de estar en el razonamiento de los estudiantes, se La formulación de esta paradoja en términos
han publicado cerca de cien artı́culos sobre esta de la teorı́a intuitiva de conjuntos, también debi-
paradoja sin que haya aún consenso acerca de da a Russell, supuso un grave problema y tamba-
su resolución. Dependiendo de cuál sea la forma- leó los cimientos de las matemáticas2 . Ası́ pues,
lización escogida, aparece una contradicción en
las palabras del profesor o un fallo en el razona- 2
La paradoja de Russell no es la primera de la teorı́a

2
cosas que no son cuadros impresionistas. Russell
considera el conjunto C de los conjuntos que no
son miembros de sı́ mismos, C = {x : x ∈ / x}.
Entonces C ∈ C es equivalente a C ∈ / C. Es una
contradicción. Y a partir de una contradicción
se puede demostrar cualquier cosa, con razona-
mientos sencillos de lógica: si se cumplen P y no
P , entonces para toda propiedad Q, se cumple
P o se cumple Q; pero como se cumple no P ,
entonces ha de cumplirse Q. Esto destruye com-
pletamente la fiabilidad de la teorı́a.
La solución que se le ha dado a este proble-
ma consiste en restringir el tipo de propiedades
que pueden definir conjuntos. El propio Russell
Figura 2: Bertrand Russell.
propuso la complicada teorı́a de tipos, en las que
las propiedades se ordenan según una jerarquı́a,
pero la que se acepta actualmente por la gene-
Russell señaló que el mismo tipo de problemas ralidad de matemáticos es la axiomatización de
del lenguaje ordinario se podı́a encontrar en el la teorı́a de conjuntos de Zermelo-Fraenkel. Es
lenguaje formal de las matemáticas. el resultado del trabajo de Skolem en 1922, ba-
sado en trabajos previos de Zermelo y Fraenkel,
y consta de los siguientes diez axiomas:
2. Paradojas matemáticas
De extensionalidad Del conjunto vacı́o
En efecto, en la teorı́a intuitiva de conjuntos De la pareja. De la unión
de Cantor, cualquier propiedad coherente P (x) Del infinito De separación
puede definir un conjunto, el de aquellos elemen- De reemplazamiento Del conjunto de partes
tos que la cumplen, en sı́mbolos, {x : P (x)}. Por De regularidad De elección
ejemplo, el conjunto de los números naturales
Estos axiomas son las reglas fundamentales
que son primos o, menos técnicamente, el conjun-
por las que se rigen los conjuntos. Por ejemplo,
to de todos los cuadros impresionistas o el de to-
el de extensionalidad precisa que dos conjuntos
das las personas que están en una sala. Algunos
son iguales cuando tienen los mismos elementos;
de estos conjuntos no son miembros de sı́ mis-
el del conjunto vacı́o afirma la existencia de un
mos, como el conjunto de los cuadros impresio-
conjunto sin elementos; el del conjunto de las
nistas, y otros sı́ que lo son, como el de todas las
partes permite construir a partir de un conjun-
de conjuntos, pues la paradoja de Burali-Forti sobre el to, uno nuevo cuyos elementos son precisamente
“conjunto” de todos los ordinales es anterior. Sin embar- los subconjuntos de aquél.
go, ésta no se reconoció como paradoja hasta los trabajos
de Russell, pues se creyó que habı́a errores en las prue-
El axioma de elección no se considera a veces
bas. Además, no está situada en un lugar tan básico de incluido en la axiomática y recibe un tratamiento
la teorı́a como la antinomia de Russell. especial. Los resultados paradójicos de los que

3
es decir, que no se puede obtener ninguna con-
tradicción a partir de ellos con las reglas de la
lógica. Pero eso no se ha demostrado, y de he-
cho, hay graves dificultades para hacerlo, como
mostró Gödel en 1931 con sus teoremas de in-
completitud.
El primer teorema de incompletitud de Gödel
afirma3 que en cualquier formalización consisten-
te de las matemáticas que sea lo suficientemente
fuerte como para definir el concepto de número
Figura 3: Ernst Zermelo y Abraham Fraenkel. natural, se puede construir una afirmación pa-
ra la que no se pueden demostrar ni ella si su
negación dentro de ese sistema. La hipótesis del
continuo4 es un ejemplo de ello en la teorı́a de
hablamos más adelante se basan en este axioma
conjuntos.
y en el del infinito.
En su segundo teorema, Gödel demuestra que
Ni el axioma de reemplazamiento ni el de se- si de un sistema axiomático, como antes, sufi-
paración son en realidad un sólo axioma, sino cientemente fuerte, puede probarse su consisten-
familias infinitas de axiomas. De hecho se ha de- cia desde él mismo, entonces es inconsistente. La
mostrado que la teorı́a de conjuntos de Zermelo- teorı́a de conjuntos de Zermelo-Fraenkel por tan-
Fraenkel no es finitamente axiomatizable. La to no puede probar su propia consistencia a me-
teorı́a de clases de von Neumann-Bernays-Gö- nos que sea inconsistente. Existen otras teorı́as
del tiene un número finito de axiomas y es una que demuestran la consistencia de la de conjun-
extensión de la teorı́a de conjuntos de Zermelo. tos, pero éstas pueden tener sus propias incon-
Hay clases que son conjuntos y clases que no. sistencias, por lo que no hay seguridad.
Por ejemplo, la clase de todos los conjuntos no Es llamativo que la demostración del pri-
es un conjunto. Ambas teorı́as son equivalente, mer teorema de Gödel consista en esencia en
es decir, cualquier propiedad relativa a conjun- construir una proposición P dentro del sistema
tos se puede demostrar en la teorı́a de Zermelo- axiomático que, en lenguaje ordinario externo al
Fraenkel si y sólo si se puede en la de clases. sistema, se puede interpretar como
¿Cómo se resuelve la paradoja de Russell? En
P = esta afirmación no puede demostrarse
la nueva teorı́a de conjuntos, el axioma de se-
paración permite construir conjuntos a partir de que es, vista desde fuera, similar a una forma
una propiedad P (x) pero sólo dentro de un con- de la paradoja del mentiroso Esta afirmación es
junto ya dado A, el conjunto {x ∈ A : P (x)} de 3
Estas versiones, algo más fuertes que las de Gödel, se
los x ∈ A que cumplen P (x). Por tanto el caso deben a Rosser en 1936.
4
{x : x ∈/ x} está excluido, serı́a una clase, no un La hipótesis del continuo afirma que no hay otros infi-
conjunto. nitos entre el de los números naturales y el de los números
reales. Puede aceptarse tanto ella como su negación ¡no a
La mayor parte de los lógico-matemáticos la vez! sin que se añada contradicción a la axiomática de
creen que estos axiomas son it consistentes, Zermelo-Fraenkel.

4
l=2Π

R=1, r=12 L=2Π Figura 5: Curvas descritas en la paradoja de


Aristóteles.
Figura 4: Paradoja de Aristóteles.

el mismo número de elementos, pero eso no basta


falsa. La prueba del segundo teorema se hace a para que ambas curvas tengan la misma longitud
partir de la afirmación P utilizada en el primero, pues la correspondencia no conserva las distan-
llegando a la contradicción, expresada de nuevo cias. La rueda interior no rueda de forma natural,
en lenguaje ordinario, de que P puede demos- como se observa en las diferentes curvas que re-
trarse y a la vez no puede demostrarse. corren los puntos de cada circunferencia. En la
Las paradojas del lenguaje parecen por tanto figura 5 hemos representado las curvas obteni-
superadas con la teorı́a axiomática de conjuntos. das al dar dos vueltas. La curva del punto de la
Vamos a discutir a continuación algunos resulta- circunferencia exterior presenta picos, mientras
dos inesperados y sorprendentes, correspondien- que la del punto interior es suave.
tes a la primera acepción de la palabra paradoja. La existencia de conjuntos infinitos proviene
No son fallos de la teorı́a, sino hechos contrarios del axioma del infinito. Éste afirma que exis-
a nuestra intuición. te un conjunto infinito, concretamente afirma la
existencia del de los números naturales, N =
{1, 2, 3, . . . }. A partir de él, utilizando los demás
3. Paradojas del infinito axiomas se pueden construir muchos otros con-
juntos infinitos, como el de los números reales.
La primera paradoja que mostramos se atribu- Mucho antes de la axiomatización de la teorı́a
ye sin mucha seguridad a Aristóteles y se men- de conjuntos, se habı́a observado que la acepta-
ciona en el libro Mecánica (siglo IV aC). Ilustra ción de la existencia de conjuntos infinitos pro-
el comportamiento paradójico de los conjuntos ducı́a resultados sorprendentes, como la parado-
infinitos: Consideremos una rueda formada con ja de Galileo expuesta en 1632: Aunque la ma-
dos circunferencias concéntricas de diferente ra- yorı́a de los números no son cuadrados perfectos,
dio. Si da una vuelta completa, la longitud del hay tantos números como cuadrados perfectos.
segmento donde se apoya la circunferencia ex-
terior es igual a su longitud. ¡La circunferencia 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, . . .
interior también ha dado una vuelta completa y 1, 4, 9, 16, 25, 36, 49, 64, 91, 100, . . .
el segmento donde se apoya es de la misma lon-
gitud que el anterior! Galileo llega a la conclusión de que los conceptos
En cada instante, cada circunferencia se apoya de igualdad, mayor y menor no son aplicables a
sobre un sólo punto; se establece ası́ una corres- los conjuntos infinitos.
pondencia uno a uno entre los puntos de ambas Abundando en el comportamiento singular de
circunferencias. Desde ese punto de vista tienen los conjuntos infinitos, Cantor a finales del siglo

5
XIX demostró la existencia de conjuntos infini-
tos con distinto número de elementos, es decir, c2 = a2 + b2 E
de distintos infinitos: probó que hay más núme-
ros reales que números naturales, es decir, los B A D
números reales no pueden escribirse como una C
D
sucesión o lista x1 , x2 , x3 , . . . , pues en cualquier
B
lista faltarı́a algún número real (la mayorı́a). E C c
La consideración de conjuntos infinitos sus-
b
citó grandes controversias, con la oposición enca-
bezada por Kronecker, quien afirmó Dios creó los A
números naturales; todo lo demás es obra del
hombre. Hay una corriente de las matemáticas, el a
constructivismo, adoptada por matemáticos tan
importantes como Poincaré, Brouwer o Weyl, Figura 6: El teorema de Pitágoras.
que rechaza en mayor o menor grado, no la exis-
tencia de infinitos números naturales, sino la for-
mación de un conjunto que los contenga a todos
drado inferior A al centro del cuadrado de la
y que se pueda operar con este conjunto. Recor-
hipotenusa y al prolongar sus lados, se obtie-
demos en este punto la frase de Gauss: El uso de
nen cuatro triángulos B, C, D, E que traslada-
una cantidad infinita como algo completado no
dos convenientemente componen el cuadrado iz-
se debe permitir nunca en matemáticas. No obs-
quierdo.
tante, mayoritariamente se conviene hoy en dı́a
Abstrayendo, llamaremos rompecabezas R a
en que Cantor tenı́a razón.
un conjunto finito de regiones planas A1 , . . . , An ,
que llamaremos piezas. Diremos que un con-
4. Rompecabezas y la cuadra- junto A se puede formar o componer con las
piezas de R cuando existan unos movimientos
tura del cı́rculo
del plano (giros y traslaciones) g1 , . . . , gn tales
La idea de dividir una figura en trozos y dis- que A = g1 (A1 ) ∪ · · · ∪ gn (An ) y los conjuntos
poner éstos en otra posición, componiendo otra g1 (A1 ), . . . gn (An ) no se solapen, no tengan ele-
figura, fue utilizada por los geómetras griegos mentos comunes.
para calcular áreas. Este método se basa en la Diremos que dos figuras son congruentes a tro-
observación de que ambas figuras deben tener zos si se pueden componer a partir del mismo
el mismo área. Como ilustración, recordemos la rompecabezas. Cuando una figura es congruente
siguiente demostración del teorema de Pitágo- a trozos con un cuadrado, diremos que se puede
ras: este teorema equivale a que, en un triángulo cuadrar. La demostración anterior del teorema
rectángulo, el área del cuadrado de la hipotenusa de Pitágoras nos permite afirmar que la figura
es igual a la suma de las de los cuadrados de los formada por dos cuadrados se puede cuadrar.
catetos. En sı́mbolos, c2 = a2 + b2 . Otro ejemplo es el siguiente: con un rompeca-
En la figura 6 vemos cómo al trasladar el cua- bezas de cuatro piezas poligonales podemos com-

6
cia a trozos, que hace que sea suficiente con de-
D
mostrar que se puede cuadrar un polı́gono dado.
r C p Como hemos dicho, cuadrar una figura es des-
A B
C componerla en un número finito de trozos y dis-
A D B ponerlos de forma que se obtenga un cuadrado.
q s Para cuadrar un polı́gono se siguen los siguientes
pasos:
Figura 7: Cuadratura de un triángulo equilátero.

poner un triángulo equilátero y un cuadrado (ver


la figura 7). Las piezas se obtienen trazando pri-
mero el segmento que une un punto medio p de
un lado con un punto cuarto q de la base; a con-
tinuación se trazan segmentos perpendiculares a
aquél que pasan por el punto medio r del tercer
lado y con el otro cuarto s de la base. Giran-
do 180 grados los dos trapezoides A y B, por sus
vértices r y p respectivamente, y trasladando ha-
cia arriba el triángulo D se compone el cuadrado.
En la primera mitad del siglo XIX, Bolyai y
Gerwien, de manera independiente, demostraron Figura 8: Cuadratura de un polı́gono (1).
el recı́proco de lo que conocı́an los antiguos grie-
gos: Dos polı́gonos son congruentes a trozos po-
ligonales si y sólo si tienen igual área. La de-
1. Se descompone el polı́gono en triángulos que
mostración es muy bonita y podemos seguirla
no se corten en su interior (figura 8).
gráficamente, obviando el problema nada trivial
de los lados que se tocan. 2. Se prueba que cada triángulo es congruente
La parte fácil es que, como sabı́an los geóme- a trozos con un rectángulo, el que tiene la
tras griegos, si A se forma a partir del rompeca- misma base y altura mitad (figura 9).
bezas R = {A1 , . . . , An }, como el área es inva-
riante por movimientos, se cumple que 3. Se prueba que cada rectángulo es con-
gruente a trozos con un rectángulo bien
área(A) = área(g1 (A1 )) + · · · + área(gn (An )) proporcionado, con más precisión, con un
= área(A1 ) + · · · + área(An ), rectángulo tal que la razón entre sus lados
no excede de 4 (figura 10).
cantidad independiente de la posición en que se
dispongan las piezas. 4. Se prueba que cada rectángulo bien propor-
La demostración de la implicación difı́cil se ba- cionado es congruente a trozos con un cua-
sa en la transitividad de la relación de congruen- drado (figura 11).

7
!!!!!!
ab

!!!!!! B
1 ab
área = €€€€ ab A a
2

C
B A b

a
A a
B €€€€ !!!!!!
2 ab

C B
b
!!!!!!
ab
Figura 9: Cuadratura de un polı́gono (2). A a

Figura 11: Cuadratura de un polı́gono (y 4).

Hasta aquı́ hemos probado que un polı́gono es


congruente a trozos con un número finito de cua-
drados. Recordando la demostración del teorema
de Pitágoras, cada pareja de cuadrados puede
cuadrarse. Utilizando este hecho varias veces ter-
minamos la demostración del teorema de Bolyai-
Gerwien.
En este contexto, Tarski planteó el siguiente
problema en 1925: ¿Puede cuadrarse el cı́rculo?
Figura 10: Cuadratura de un polı́gono (3). No debemos confundirnos con la clásica cuadra-
tura del cı́rculo que es el problema de construir
con regla y compás un cuadrado de área π, cuya
imposibilidad fue demostrada por Lindemann en
1882, al obtener la trascendencia del número π.
El problema de Tarski es ver si existe un rom-
pecabezas con cuyas piezas se pueda componer

8
mente para hacer un cuadrado y un cı́rculo. No
sólo porque las piezas no son construibles, sino
que además el número de ellas que se necesita,
del orden de 1050 , harı́a impracticable el rompe-
cabezas.
Si se consideran rompecabezas con infinitas
piezas, la situación es muy diferente: Dos sub-
conjuntos del plano con interior no vacı́o son
congruentes mediante infinitos trozos, ¡aunque
no tengan el mismo área! Este resultado condu-
ce rápidamente a la existencia de conjuntos sin
área.

5. Conjuntos sin área


Figura 12: Alfred Tarski. Uno espera poder medir todos los conjuntos
del plano, asignándoles su área. Lo mismo debe
de ocurrir con el volumen en el espacio de tres
un cuadrado y un cı́rculo. Las piezas no tienen dimensiones y con la longitud en la recta. Pero
que ser polı́gonos, puede utilizarse cualquier tipo esto no es posible. Vamos a indicar un ejemplo
de conjuntos. De hecho, Dubins, Hirch y Karush de Vitali, presentado en 1905.
demostraron en 1963, que el rompecabezas no Precisemos primero qué dice el axioma de elec-
puede estar formado por piezas sencillas, diga- ción: este axioma afirma que si C es un conjun-
mos que recortables con tijeras5 . to cuyos elementos B son conjuntos no vacı́os
Pues bien, en 1990, Laczkovich demostró que y no tienen elementos comunes, se puede cons-
hay un rompecabezas para el cı́rculo y el cua- truir un nuevo conjunto A que tiene uno y sólo
drado, y que además, sólo necesita trasladar las un elemento de cada B ∈ C. Si pensamos que
piezas6 . Lo que ocurre es que su demostración no los conjuntos B son cajas que contienen bolas,
es constructiva, se apoya en el axioma de elec- es intuitivamente cierto que se puede coger una
ción. bola de cada caja y formar una nueva caja A
Aunque la cuadratura del cı́rculo en el sentido con esas bolas. El problema estriba en que, si C
de teorı́a de conjuntos que aquı́ hemos explicado es infinito, puede no haber una regla sistemática
es posible, no podemos esperar encontrar en el que permita elegir los elementos de A; de hecho,
mercado un rompecabezas que sirva simultánea- si la hubiera, el axioma de elección no serı́a ne-
cesario para construir A, como no lo es si C es
5
Con más precisión, las piezas utilizadas no pueden ser finito.
dominios de Jordan.
6
En el mismo artı́culo demuestra que los polı́gonos
Siguiendo a Vitali, consideramos la circunfe-
pueden cuadrarse sólo con traslaciones, pero las piezas rencia unidad C en el plano y el grupo de rota-
que utiliza no pueden construirse. ciones.

9
las impares, sin moverlas. Formalmente,
[ [
A= M2k y B = M2k−1 .
k k

Los conjuntos A y B no tienen elementos comu-


nes.
Si disponemos las piezas pares, rotando cada
una de ellas de manera adecuada (M2 va a M1 ,
M4 va sobre M2 , . . . ), obtenemos toda la circun-
ferencia. Y también es fácil obtener B a partir
de las piezas de A.
Es decir, las piezas pares constituyen un rom-
pecabezas infinito que nos permite componer a
la vez C y cada uno de sus mitades A y B. Es
Figura 13: Giusseppe Vitali. lo que se llama una descomposición paradójica
infinita de C respecto del grupo de rotaciones.
Esta descomposición impide que haya una me-
dida (numerablemente aditiva) no trivial en la
Clasificamos los puntos de la circunferencia di- circunferencia que sea invariante por rotaciones:
ciendo que x e y son de la misma clase cuan- En efecto, si m fuera esa medida, tendrı́amos
do y se obtiene de x mediante un giro racional, m(C) = m(A) = m(B) ¡Pero también m(C) =
es decir, un giro de ángulo múltiplo racional de m(A) + m(B)! En particular, al conjunto M no
2π. Utilizamos el axioma de elección para for- puede asignársele de forma razonable una longi-
mar un conjunto M que tiene un elemento y tud.
sólo uno de cada clase. Como los números ra- Ejemplos similares al de Vitali pueden cons-
cionales y los naturales tienen el mismo número truirse en la recta, en el plano y en el espacio de
de elementos, podemos escribir los transforma- n dimensiones. Concentrémonos en el plano. Una
dos de M mediante giros racionales en sucesión consecuencia de esta construcción es que no es
M1 , M2 , M3 , . . . . posible asignar de manera numerablemente adi-
Observamos que Mk y Mj no tienen elementos tiva y coherente el área a todos los conjuntos del
comunes a menos que sean iguales ya que se ha plano, sino sólo a una parte de ellos, los con-
escogido uno sólo de cada clase. Podemos con- juntos medibles en el sentido de Lebesgue. Afor-
siderar por tanto los conjuntos M1 , M2 , M3 , . . . tunadamente, esta familia de conjuntos es muy
como piezas de un rompecabezas infinito. Sin amplia, sirve para todas las aplicaciones prácti-
mover estas piezas, sin más que unirlas, se ob- cas. Se puede afirmar con cierta base7 que uno
tiene toda la circunferencia C pues M contiene 7
Estas construcciones dependen directamente del axio-
un elemento de cada clase. ma de elección. Existe otro desarrollo matemático, consis-
tente con la teorı́a de Zermelo-Fraenkel menos el axioma
Consideremos los conjuntos A y B formados de elección, el análisis de Solovay, en el que todos los sub-
uniendo por un lado las piezas pares y por otro conjuntos de los espacios de dimensión n son medibles.

10
no se encontrará nunca un conjunto no medible
Lebesgue, a menos que lo vaya buscando, y aún
ası́ ...

6. Duplicación de esferas
En esta última parte vamos a hablar de des-
composiciones paradójicas como las obtenidas
anteriormente en la circunferencia, ¡pero con
rompecabezas finitos! lo que es aún más sorpren-
dente.
La primera de ellas no usa el axioma de elec-
ción y sólo tiene una pieza.
Figura 14: Félix Hausdorff.
Se trata de la paradoja de Sierpinski-
Mazurkiewicz: se considera un ángulo θ de forma
que el número complejo eiθ sea trascendente8 ,
y se define C como el conjunto de puntos del con el rompecabezas que consta de la única pieza
plano complejo obtenidos al evaluar en eiθ los C. ¡Es una pieza que según como la situemos en
polinomios con coeficiente enteros no negativos. el plano sale el doble o la mitad, o incluso la otra
Se puede visualizar C como una nube de puntos. mitad!
Sin embargo, como el área de A, B y C es
C = {a0 + a1 eiθ + a2 ei2θ + · · · + an einθ cero, la paradoja de Sierspinski-Mazurkiewicz no
: n, ak enteros ≥ 0} choca tanto con nuestra intuición como la que
sigue.
que es un subconjunto no acotado del plano. Necesitamos introducir la siguiente definición.
Sean A = eiθ C, el conjunto obtenido girando C Si sobre el conjunto X actúa un grupo de trans-
en torno al origen un ángulo θ; y sea B = C + 1, formaciones G, diremos que un conjunto C es
el conjunto obtenido trasladando C según el vec- paradójico respecto de G si se puede descompo-
tor (complejo) 1. Tenemos que ner en dos trozos A y B sin elementos comunes
A = {a1 eiθ +a2 ei2θ + · · · + an einθ de modo que C, A y B son congruentes a trozos
usando las transformaciones de G. Es decir, C
: n, ak enteros ≥ 0}
se puede romper en dos mitades A y B de forma
que tanto C como A y B se componen con las
B = {a0 + a1 eiθ + a2 ei2θ + · · · + an einθ piezas del mismo rompecabezas finito.
: n, ak enteros ≥ 0, a0 ≥ 1} Las descomposiciones paradójicas son incom-
patibles con la existencia de medidas invariantes
Se cumple que A y B son subconjuntos de C sin no triviales, pues si µ es una medida invariante,
elementos comunes, formado cada uno de los dos como ocurrı́a en el ejemplo de Vitali,
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Valdrı́a θ = 1 por el teorema de trascendencia de
Hermite-Lindemann. µ(C) = µ(A) + µ(B) = µ(C) + µ(C) = 2µ(C).

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Aún más, Tarski demostró que un conjunto es
paradójico si y sólo si existe una medida inva-
riante para la que ese conjunto mide 1.
Precisamente, para demostrar la imposibilidad
de la existencia de cierta medida, Hausdorff fue
capaz de demostrar en 1914 que la superficie de
una esfera en el espacio ordinario de tres dimen-
siones (salvo un conjunto numerable) es un con-
junto paradójico respecto del grupo de las rota-
ciones. Hausdorff parte de dos rotaciones inde-
pendientes, es decir, dos rotaciones ρ y φ tales
que la identidad no puede expresarse como pro-
ducto finito de ellas y sus inversas, salvo triviali-
dades del tipo ρρ−1 . En particular el grupo gene-
rado por estas dos rotaciones es un grupo libre no Figura 15: Stefan Banach.
conmutativo pues si ρφ = φρ, entonces la iden-
tidad se expresarı́a como ρφ(φρ)−1 = ρφρ−1 φ−1 .
Para la construcción del conjunto paradójico uti- rompecabezas de cinco piezas.
liza el axioma de elección. Cabe preguntar si puede hacerse la dupli-
Basándose en el resultado de Hausdorff, Ba- cación en el plano o en la recta. Banach de-
nach y Tarski demostraron en 1924 el siguiente mostró en 1923 que tanto en la recta como en
resultado: Dados dos conjuntos acotados cuales- el plano existen medidas finitamente aditivas e
quiera del espacio de tres dimensiones, con inte- invariantes, definidas en todos los conjuntos, que
rior no vacı́o, existe un rompecabezas finito que extienden a la longitud y al área de las figu-
permite componer a ambos. Estos conjuntos pue- ras elementales. Como consecuencia de ello, las
den tener diferente tamaño. descomposiciones paradójicas del tipo Banach-
Una consecuencia del teorema de Banach- Tarski sólo pueden hacerse en dimensión supe-
Tarski es que si se considera una esfera sólida, rior o igual a tres. La razón de este diferente
podemos trocearla en un número finito de par- comportamiento radica en la distinta estructura
tes, y con el rompecabezas obtenido componer de los grupos de isometrı́as. En la recta y en el
dos esferas sólidas, cada una del mismo tamaño plano estos grupos son resolubles y por ello no
que la inicial. Esto es, ¡podemos duplicar la es- se pueden encontrar transformaciones como las
fera inicial! que utilizó Hausdorff.
Naturalmente, esta descomposición no se pue-
de llevar a la práctica, pues la materia no es
infinitamente divisible. Realmente es una pena 7. Conclusión
que la demostración de la existencia de las pie-
zas no sea constructiva, pues el número de pie- Hemos visto que las matemáticas actuales se
zas es pequeño: para obtener una descomposi- basan en la teorı́a axiomática de conjuntos de
ción paradójica de la esfera sólida basta con un Zermelo-Fraenkel. Aunque se creen superados los

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fallos de lenguaje, se desconoce si se puede llegar 8. Bibliografı́a
a una contradicción. Si tuviera fallos, ¿qué ocu-
rrirı́a? Se puede prever que, como ocurrió con 1. Wagon, S., The Banach-Tarski Paradox,
la antinomia de Russell, los cimientos se modi- Cambridge Univ. Press, 1985.
ficarı́an de forma que eso no afectara al cuerpo
2. Chow, T. Y. The Surprise Examination or
principal, pero serı́a posible que las teorı́as ma-
Unexpected Hanging Paradox. Amer. Math.
temáticas que utilizan de forma muy directa al-
Monthly 105, 41-51, 1998.
gunos de los axiomas debieran modificarse.
3. French, R. M. The Banach-Tarski theorem.
The Math. Intelligencer 10, 21-28, 1988.
La existencia de la paradoja de Banach-Tarski, 4. Lazckovich, M., Equidecomposability and
aunque no es una contradicción, ha sido un mo- discrepancy; a solution of Tarski’s circle-
tivo de reflexión sobre el uso del axioma de elec- squaring problem, J. reine angew. Math.
ción. Además de reacciones indolentes del tipo 404, 77-117, 1990.
¡Qué bueno es el axioma de elección! ¿Cómo
podı́amos si no obtener resultados tan bonitos y 5. Dubins, L., Hirch, M., Karush, J., Scissor
tan poco intuitivos?, se ha demostrado que es- congruence, Israel J. Math. 1, 239-247, 1963.
te axioma puede añadirse al resto de axiomas de
Zermelo-Fraenkel sin que exista el riesgo de crear 6. R. Dougherty, M. Foreman, Banach-Tarski
contradicciones: si los demás no llevan a contra- Decompositions Using Sets with the Pro-
dicción, tampoco con el axioma de elección se perty of Baire, J. of the Amer. Math. Soc.
llegará a contradicción. Hay que mencionar tam- 7, 75-124, 1994.
bién que paradojas sin usar este axioma también
existen. Por ejemplo, un teorema de Dougherty
y Foreman en 1994, que no utiliza el axioma de
elección, dice que hay un rompecabezas finito en
el plano con el que se pueden componer a vez un
subconjunto del cı́rculo unidad y un subconjunto
denso del cı́rculo de radio 1000.

Terminamos planteando una pregunta. ¿Tenı́a


razón Kronecker cuando afirmaba que sólo los
números naturales son obra de Dios? No se puede
negar que la construcción de Banach-Tarski tiene
mucho de obra divina según la tradición cristia-
na, a pesar de que utiliza precisamente aquella
parte de la teorı́a de conjuntos que Kronecker
atribuı́a al hombre.

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