Algunas Paradojas
Algunas Paradojas
16 de noviembre de 2004
En este trabajo1 se muestran algunos teoremas doxan, lo que va en contra de la opinión públi-
matemáticos sorprendentes, muy próximos a la ca. Aquı́ nos interesan dos acepciones de la pala-
fundamentación de las matemáticas, llamados bra paradoja. La primera es que una paradoja es
paradojas. Aparecen en una rama del análisis una idea o hecho extraño y opuesto a la común
matemático, la teorı́a de la medida. En esta opinión y al sentir de las personas, inesperado o
teorı́a se formaliza la noción de medida de magni- aparentemente contradictorio. Una paradoja de
tudes, como longitudes, áreas, volúmenes, masas, este tipo es la siguiente: un incremento en el pre-
cargas eléctricas, ..., y en ella se estudia la inte- cio de las patatas podrı́a hacer que aumentase su
gración, herramienta básica en la ciencia, tanto consumo por parte de la población más pobre. El
pura como aplicada. motivo es que, a pesar de la subida del precio,
El guión que seguimos es el siguiente: empe- este alimento continuarı́a siendo el que está más
zaremos hablando de las paradojas del lenguaje a su alcance, y su mayor coste harı́a que esta po-
ordinario y del matemático; las paradojas que blación dispusiese de menos dinero para comprar
provienen de la existencia de conjuntos infinitos otros alimentos más caros.
se discutirán a continuación, para terminar con Otro significado de la palabra paradoja, que es
las paradojas ya propias de la teorı́a de la medi- el que nos interesa más en esta primera parte, es
da, como la existencia de regiones del plano sin el de ser una frase o expresión que al menos apa-
área y la posibilidad de duplicar esferas sólidas rentemente envuelve contradicción. A esta cate-
en tres dimensiones. gorı́a pertenecen las frases El avaro, en su rique-
Comenzamos por decir qué se entiende por pa- za, pobre, y la más conocida de Sócrates, Sólo
radoja. sé que no sé nada.
Dentro de este grupo está también la parado-
1. Paradojas del lenguaje ja del mentiroso. Fue en la antigua Grecia donde
surgieron las primeras formas de esta famosa pa-
La palabra paradoja proviene del latı́n para- radoja. El filósofo Epiménides de Cnosós (siglo
doxus y éste del griego paradoxos (παραδoχoζ). VI aC) formuló la siguiente: Todos los cretenses
Etimológicamente, paradoxos es lo que parà ten son mentirosos, uno de sus poetas lo ha dicho.
1
Conferencia impartida en la Facultad de Matemáticas
En realidad, esta no es una verdadera parado-
de la Universidad de Sevilla el 16 de noviembre de 2004, ja, la contradicción es sólo aparente, pues podrı́a
con motivo de la festividad de San Alberto Magno. ser que el poeta conociera al menos a un cretense
1
que fuera sincero, por lo que estarı́a mintiendo. miento de sus alumnos.
No hay contradicción, simplemente el poeta no
dijo la verdad. Hay que decir que Epiménides no
pretendı́a otra cosa que criticar a sus compatrio-
tas, pues él era el poeta cretense.
La siguiente frase fue construida por Eubuli-
des de Mileto (siglo IV aC): Una persona dice que
está mintiendo, ¿es verdadero o falso lo que di-
ce? Ahora sı́ que hay contradicción. Si está min-
tiendo, dice la verdad; pero si dice la verdad,
está mintiendo. ¡No se puede decidir si es verda-
dera o falsa! Es una frase que se puede construir
completamente de acuerdo con las reglas grama-
ticales y semánticas, pero que no puede recibir
de forma coherente un valor de verdad.
Otra paradoja menos conocida es la del exa-
men sorpresa, también llamada de la ejecución
anunciada, aunque no nos gusta el paralelismo Figura 1: ¿El barbero de Sevilla?
que se establece entre el uno y la otra. Puede
enunciarse ası́: Un profesor anunció a sus alum-
nos que un dı́a de la semana siguiente les harı́a La paradoja del barbero, debida a Russell, da-
un examen, pero que el examen serı́a una sor- ta de comienzos del siglo XX y puede formular-
presa, no sabrı́an con antelación el dı́a en que se ası́: El barbero de Sevilla afeita a todos los
se harı́a. Los alumnos razonaron que el examen hombres que no se afeitan a sı́ mismos y sólo a
no podrı́a ser el viernes, pues lo sabrı́an con se- ellos. ¿Se afeita él a sı́ mismo? Si lo hace, no de-
guridad el jueves; ni el jueves, pues lo sabrı́an berı́a porque no debe afeitar a los hombres que
el miércoles ya que el viernes no podı́a ser; ... se afeitan a sı́ mismos; pero, si no lo hace, no
y tampoco podrı́a ser el lunes pues lo sabrı́an el cumple con su obligación de afeitar a todos los
domingo. Llegaron a la conclusión de que no los hombres que no se afeitan a sı́ mismos. Se dice
podrı́a examinar ningún dı́a, y claro está, no es- que el barbero decidió no afeitarse, como podrı́a
tudiaron. ¡Pero el profesor los examinó por sor- corroborar la foto que vemos en la figura 1, en
presa el miércoles! (un dı́a cualquiera en reali- la que aparece un señor con larguı́sima barba del
dad) A pesar de que uno instintivamente, o cor- que hay quien cree que pudiera ser el mismı́simo
porativamente, tiende a pensar que el fallo debe barbero de Sevilla.
de estar en el razonamiento de los estudiantes, se La formulación de esta paradoja en términos
han publicado cerca de cien artı́culos sobre esta de la teorı́a intuitiva de conjuntos, también debi-
paradoja sin que haya aún consenso acerca de da a Russell, supuso un grave problema y tamba-
su resolución. Dependiendo de cuál sea la forma- leó los cimientos de las matemáticas2 . Ası́ pues,
lización escogida, aparece una contradicción en
las palabras del profesor o un fallo en el razona- 2
La paradoja de Russell no es la primera de la teorı́a
2
cosas que no son cuadros impresionistas. Russell
considera el conjunto C de los conjuntos que no
son miembros de sı́ mismos, C = {x : x ∈ / x}.
Entonces C ∈ C es equivalente a C ∈ / C. Es una
contradicción. Y a partir de una contradicción
se puede demostrar cualquier cosa, con razona-
mientos sencillos de lógica: si se cumplen P y no
P , entonces para toda propiedad Q, se cumple
P o se cumple Q; pero como se cumple no P ,
entonces ha de cumplirse Q. Esto destruye com-
pletamente la fiabilidad de la teorı́a.
La solución que se le ha dado a este proble-
ma consiste en restringir el tipo de propiedades
que pueden definir conjuntos. El propio Russell
Figura 2: Bertrand Russell.
propuso la complicada teorı́a de tipos, en las que
las propiedades se ordenan según una jerarquı́a,
pero la que se acepta actualmente por la gene-
Russell señaló que el mismo tipo de problemas ralidad de matemáticos es la axiomatización de
del lenguaje ordinario se podı́a encontrar en el la teorı́a de conjuntos de Zermelo-Fraenkel. Es
lenguaje formal de las matemáticas. el resultado del trabajo de Skolem en 1922, ba-
sado en trabajos previos de Zermelo y Fraenkel,
y consta de los siguientes diez axiomas:
2. Paradojas matemáticas
De extensionalidad Del conjunto vacı́o
En efecto, en la teorı́a intuitiva de conjuntos De la pareja. De la unión
de Cantor, cualquier propiedad coherente P (x) Del infinito De separación
puede definir un conjunto, el de aquellos elemen- De reemplazamiento Del conjunto de partes
tos que la cumplen, en sı́mbolos, {x : P (x)}. Por De regularidad De elección
ejemplo, el conjunto de los números naturales
Estos axiomas son las reglas fundamentales
que son primos o, menos técnicamente, el conjun-
por las que se rigen los conjuntos. Por ejemplo,
to de todos los cuadros impresionistas o el de to-
el de extensionalidad precisa que dos conjuntos
das las personas que están en una sala. Algunos
son iguales cuando tienen los mismos elementos;
de estos conjuntos no son miembros de sı́ mis-
el del conjunto vacı́o afirma la existencia de un
mos, como el conjunto de los cuadros impresio-
conjunto sin elementos; el del conjunto de las
nistas, y otros sı́ que lo son, como el de todas las
partes permite construir a partir de un conjun-
de conjuntos, pues la paradoja de Burali-Forti sobre el to, uno nuevo cuyos elementos son precisamente
“conjunto” de todos los ordinales es anterior. Sin embar- los subconjuntos de aquél.
go, ésta no se reconoció como paradoja hasta los trabajos
de Russell, pues se creyó que habı́a errores en las prue-
El axioma de elección no se considera a veces
bas. Además, no está situada en un lugar tan básico de incluido en la axiomática y recibe un tratamiento
la teorı́a como la antinomia de Russell. especial. Los resultados paradójicos de los que
3
es decir, que no se puede obtener ninguna con-
tradicción a partir de ellos con las reglas de la
lógica. Pero eso no se ha demostrado, y de he-
cho, hay graves dificultades para hacerlo, como
mostró Gödel en 1931 con sus teoremas de in-
completitud.
El primer teorema de incompletitud de Gödel
afirma3 que en cualquier formalización consisten-
te de las matemáticas que sea lo suficientemente
fuerte como para definir el concepto de número
Figura 3: Ernst Zermelo y Abraham Fraenkel. natural, se puede construir una afirmación pa-
ra la que no se pueden demostrar ni ella si su
negación dentro de ese sistema. La hipótesis del
continuo4 es un ejemplo de ello en la teorı́a de
hablamos más adelante se basan en este axioma
conjuntos.
y en el del infinito.
En su segundo teorema, Gödel demuestra que
Ni el axioma de reemplazamiento ni el de se- si de un sistema axiomático, como antes, sufi-
paración son en realidad un sólo axioma, sino cientemente fuerte, puede probarse su consisten-
familias infinitas de axiomas. De hecho se ha de- cia desde él mismo, entonces es inconsistente. La
mostrado que la teorı́a de conjuntos de Zermelo- teorı́a de conjuntos de Zermelo-Fraenkel por tan-
Fraenkel no es finitamente axiomatizable. La to no puede probar su propia consistencia a me-
teorı́a de clases de von Neumann-Bernays-Gö- nos que sea inconsistente. Existen otras teorı́as
del tiene un número finito de axiomas y es una que demuestran la consistencia de la de conjun-
extensión de la teorı́a de conjuntos de Zermelo. tos, pero éstas pueden tener sus propias incon-
Hay clases que son conjuntos y clases que no. sistencias, por lo que no hay seguridad.
Por ejemplo, la clase de todos los conjuntos no Es llamativo que la demostración del pri-
es un conjunto. Ambas teorı́as son equivalente, mer teorema de Gödel consista en esencia en
es decir, cualquier propiedad relativa a conjun- construir una proposición P dentro del sistema
tos se puede demostrar en la teorı́a de Zermelo- axiomático que, en lenguaje ordinario externo al
Fraenkel si y sólo si se puede en la de clases. sistema, se puede interpretar como
¿Cómo se resuelve la paradoja de Russell? En
P = esta afirmación no puede demostrarse
la nueva teorı́a de conjuntos, el axioma de se-
paración permite construir conjuntos a partir de que es, vista desde fuera, similar a una forma
una propiedad P (x) pero sólo dentro de un con- de la paradoja del mentiroso Esta afirmación es
junto ya dado A, el conjunto {x ∈ A : P (x)} de 3
Estas versiones, algo más fuertes que las de Gödel, se
los x ∈ A que cumplen P (x). Por tanto el caso deben a Rosser en 1936.
4
{x : x ∈/ x} está excluido, serı́a una clase, no un La hipótesis del continuo afirma que no hay otros infi-
conjunto. nitos entre el de los números naturales y el de los números
reales. Puede aceptarse tanto ella como su negación ¡no a
La mayor parte de los lógico-matemáticos la vez! sin que se añada contradicción a la axiomática de
creen que estos axiomas son it consistentes, Zermelo-Fraenkel.
4
l=2Π
5
XIX demostró la existencia de conjuntos infini-
tos con distinto número de elementos, es decir, c2 = a2 + b2 E
de distintos infinitos: probó que hay más núme-
ros reales que números naturales, es decir, los B A D
números reales no pueden escribirse como una C
D
sucesión o lista x1 , x2 , x3 , . . . , pues en cualquier
B
lista faltarı́a algún número real (la mayorı́a). E C c
La consideración de conjuntos infinitos sus-
b
citó grandes controversias, con la oposición enca-
bezada por Kronecker, quien afirmó Dios creó los A
números naturales; todo lo demás es obra del
hombre. Hay una corriente de las matemáticas, el a
constructivismo, adoptada por matemáticos tan
importantes como Poincaré, Brouwer o Weyl, Figura 6: El teorema de Pitágoras.
que rechaza en mayor o menor grado, no la exis-
tencia de infinitos números naturales, sino la for-
mación de un conjunto que los contenga a todos
drado inferior A al centro del cuadrado de la
y que se pueda operar con este conjunto. Recor-
hipotenusa y al prolongar sus lados, se obtie-
demos en este punto la frase de Gauss: El uso de
nen cuatro triángulos B, C, D, E que traslada-
una cantidad infinita como algo completado no
dos convenientemente componen el cuadrado iz-
se debe permitir nunca en matemáticas. No obs-
quierdo.
tante, mayoritariamente se conviene hoy en dı́a
Abstrayendo, llamaremos rompecabezas R a
en que Cantor tenı́a razón.
un conjunto finito de regiones planas A1 , . . . , An ,
que llamaremos piezas. Diremos que un con-
4. Rompecabezas y la cuadra- junto A se puede formar o componer con las
piezas de R cuando existan unos movimientos
tura del cı́rculo
del plano (giros y traslaciones) g1 , . . . , gn tales
La idea de dividir una figura en trozos y dis- que A = g1 (A1 ) ∪ · · · ∪ gn (An ) y los conjuntos
poner éstos en otra posición, componiendo otra g1 (A1 ), . . . gn (An ) no se solapen, no tengan ele-
figura, fue utilizada por los geómetras griegos mentos comunes.
para calcular áreas. Este método se basa en la Diremos que dos figuras son congruentes a tro-
observación de que ambas figuras deben tener zos si se pueden componer a partir del mismo
el mismo área. Como ilustración, recordemos la rompecabezas. Cuando una figura es congruente
siguiente demostración del teorema de Pitágo- a trozos con un cuadrado, diremos que se puede
ras: este teorema equivale a que, en un triángulo cuadrar. La demostración anterior del teorema
rectángulo, el área del cuadrado de la hipotenusa de Pitágoras nos permite afirmar que la figura
es igual a la suma de las de los cuadrados de los formada por dos cuadrados se puede cuadrar.
catetos. En sı́mbolos, c2 = a2 + b2 . Otro ejemplo es el siguiente: con un rompeca-
En la figura 6 vemos cómo al trasladar el cua- bezas de cuatro piezas poligonales podemos com-
6
cia a trozos, que hace que sea suficiente con de-
D
mostrar que se puede cuadrar un polı́gono dado.
r C p Como hemos dicho, cuadrar una figura es des-
A B
C componerla en un número finito de trozos y dis-
A D B ponerlos de forma que se obtenga un cuadrado.
q s Para cuadrar un polı́gono se siguen los siguientes
pasos:
Figura 7: Cuadratura de un triángulo equilátero.
7
!!!!!!
ab
!!!!!! B
1 ab
área = ab A a
2
C
B A b
a
A a
B !!!!!!
2 ab
C B
b
!!!!!!
ab
Figura 9: Cuadratura de un polı́gono (2). A a
8
mente para hacer un cuadrado y un cı́rculo. No
sólo porque las piezas no son construibles, sino
que además el número de ellas que se necesita,
del orden de 1050 , harı́a impracticable el rompe-
cabezas.
Si se consideran rompecabezas con infinitas
piezas, la situación es muy diferente: Dos sub-
conjuntos del plano con interior no vacı́o son
congruentes mediante infinitos trozos, ¡aunque
no tengan el mismo área! Este resultado condu-
ce rápidamente a la existencia de conjuntos sin
área.
9
las impares, sin moverlas. Formalmente,
[ [
A= M2k y B = M2k−1 .
k k
10
no se encontrará nunca un conjunto no medible
Lebesgue, a menos que lo vaya buscando, y aún
ası́ ...
6. Duplicación de esferas
En esta última parte vamos a hablar de des-
composiciones paradójicas como las obtenidas
anteriormente en la circunferencia, ¡pero con
rompecabezas finitos! lo que es aún más sorpren-
dente.
La primera de ellas no usa el axioma de elec-
ción y sólo tiene una pieza.
Figura 14: Félix Hausdorff.
Se trata de la paradoja de Sierpinski-
Mazurkiewicz: se considera un ángulo θ de forma
que el número complejo eiθ sea trascendente8 ,
y se define C como el conjunto de puntos del con el rompecabezas que consta de la única pieza
plano complejo obtenidos al evaluar en eiθ los C. ¡Es una pieza que según como la situemos en
polinomios con coeficiente enteros no negativos. el plano sale el doble o la mitad, o incluso la otra
Se puede visualizar C como una nube de puntos. mitad!
Sin embargo, como el área de A, B y C es
C = {a0 + a1 eiθ + a2 ei2θ + · · · + an einθ cero, la paradoja de Sierspinski-Mazurkiewicz no
: n, ak enteros ≥ 0} choca tanto con nuestra intuición como la que
sigue.
que es un subconjunto no acotado del plano. Necesitamos introducir la siguiente definición.
Sean A = eiθ C, el conjunto obtenido girando C Si sobre el conjunto X actúa un grupo de trans-
en torno al origen un ángulo θ; y sea B = C + 1, formaciones G, diremos que un conjunto C es
el conjunto obtenido trasladando C según el vec- paradójico respecto de G si se puede descompo-
tor (complejo) 1. Tenemos que ner en dos trozos A y B sin elementos comunes
A = {a1 eiθ +a2 ei2θ + · · · + an einθ de modo que C, A y B son congruentes a trozos
usando las transformaciones de G. Es decir, C
: n, ak enteros ≥ 0}
se puede romper en dos mitades A y B de forma
que tanto C como A y B se componen con las
B = {a0 + a1 eiθ + a2 ei2θ + · · · + an einθ piezas del mismo rompecabezas finito.
: n, ak enteros ≥ 0, a0 ≥ 1} Las descomposiciones paradójicas son incom-
patibles con la existencia de medidas invariantes
Se cumple que A y B son subconjuntos de C sin no triviales, pues si µ es una medida invariante,
elementos comunes, formado cada uno de los dos como ocurrı́a en el ejemplo de Vitali,
8
Valdrı́a θ = 1 por el teorema de trascendencia de
Hermite-Lindemann. µ(C) = µ(A) + µ(B) = µ(C) + µ(C) = 2µ(C).
11
Aún más, Tarski demostró que un conjunto es
paradójico si y sólo si existe una medida inva-
riante para la que ese conjunto mide 1.
Precisamente, para demostrar la imposibilidad
de la existencia de cierta medida, Hausdorff fue
capaz de demostrar en 1914 que la superficie de
una esfera en el espacio ordinario de tres dimen-
siones (salvo un conjunto numerable) es un con-
junto paradójico respecto del grupo de las rota-
ciones. Hausdorff parte de dos rotaciones inde-
pendientes, es decir, dos rotaciones ρ y φ tales
que la identidad no puede expresarse como pro-
ducto finito de ellas y sus inversas, salvo triviali-
dades del tipo ρρ−1 . En particular el grupo gene-
rado por estas dos rotaciones es un grupo libre no Figura 15: Stefan Banach.
conmutativo pues si ρφ = φρ, entonces la iden-
tidad se expresarı́a como ρφ(φρ)−1 = ρφρ−1 φ−1 .
Para la construcción del conjunto paradójico uti- rompecabezas de cinco piezas.
liza el axioma de elección. Cabe preguntar si puede hacerse la dupli-
Basándose en el resultado de Hausdorff, Ba- cación en el plano o en la recta. Banach de-
nach y Tarski demostraron en 1924 el siguiente mostró en 1923 que tanto en la recta como en
resultado: Dados dos conjuntos acotados cuales- el plano existen medidas finitamente aditivas e
quiera del espacio de tres dimensiones, con inte- invariantes, definidas en todos los conjuntos, que
rior no vacı́o, existe un rompecabezas finito que extienden a la longitud y al área de las figu-
permite componer a ambos. Estos conjuntos pue- ras elementales. Como consecuencia de ello, las
den tener diferente tamaño. descomposiciones paradójicas del tipo Banach-
Una consecuencia del teorema de Banach- Tarski sólo pueden hacerse en dimensión supe-
Tarski es que si se considera una esfera sólida, rior o igual a tres. La razón de este diferente
podemos trocearla en un número finito de par- comportamiento radica en la distinta estructura
tes, y con el rompecabezas obtenido componer de los grupos de isometrı́as. En la recta y en el
dos esferas sólidas, cada una del mismo tamaño plano estos grupos son resolubles y por ello no
que la inicial. Esto es, ¡podemos duplicar la es- se pueden encontrar transformaciones como las
fera inicial! que utilizó Hausdorff.
Naturalmente, esta descomposición no se pue-
de llevar a la práctica, pues la materia no es
infinitamente divisible. Realmente es una pena 7. Conclusión
que la demostración de la existencia de las pie-
zas no sea constructiva, pues el número de pie- Hemos visto que las matemáticas actuales se
zas es pequeño: para obtener una descomposi- basan en la teorı́a axiomática de conjuntos de
ción paradójica de la esfera sólida basta con un Zermelo-Fraenkel. Aunque se creen superados los
12
fallos de lenguaje, se desconoce si se puede llegar 8. Bibliografı́a
a una contradicción. Si tuviera fallos, ¿qué ocu-
rrirı́a? Se puede prever que, como ocurrió con 1. Wagon, S., The Banach-Tarski Paradox,
la antinomia de Russell, los cimientos se modi- Cambridge Univ. Press, 1985.
ficarı́an de forma que eso no afectara al cuerpo
2. Chow, T. Y. The Surprise Examination or
principal, pero serı́a posible que las teorı́as ma-
Unexpected Hanging Paradox. Amer. Math.
temáticas que utilizan de forma muy directa al-
Monthly 105, 41-51, 1998.
gunos de los axiomas debieran modificarse.
3. French, R. M. The Banach-Tarski theorem.
The Math. Intelligencer 10, 21-28, 1988.
La existencia de la paradoja de Banach-Tarski, 4. Lazckovich, M., Equidecomposability and
aunque no es una contradicción, ha sido un mo- discrepancy; a solution of Tarski’s circle-
tivo de reflexión sobre el uso del axioma de elec- squaring problem, J. reine angew. Math.
ción. Además de reacciones indolentes del tipo 404, 77-117, 1990.
¡Qué bueno es el axioma de elección! ¿Cómo
podı́amos si no obtener resultados tan bonitos y 5. Dubins, L., Hirch, M., Karush, J., Scissor
tan poco intuitivos?, se ha demostrado que es- congruence, Israel J. Math. 1, 239-247, 1963.
te axioma puede añadirse al resto de axiomas de
Zermelo-Fraenkel sin que exista el riesgo de crear 6. R. Dougherty, M. Foreman, Banach-Tarski
contradicciones: si los demás no llevan a contra- Decompositions Using Sets with the Pro-
dicción, tampoco con el axioma de elección se perty of Baire, J. of the Amer. Math. Soc.
llegará a contradicción. Hay que mencionar tam- 7, 75-124, 1994.
bién que paradojas sin usar este axioma también
existen. Por ejemplo, un teorema de Dougherty
y Foreman en 1994, que no utiliza el axioma de
elección, dice que hay un rompecabezas finito en
el plano con el que se pueden componer a vez un
subconjunto del cı́rculo unidad y un subconjunto
denso del cı́rculo de radio 1000.
13