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Orar y Escuchar con el Oído

Este documento ofrece instrucciones para una oración centrada en escuchar a Dios a través de los oídos. Propone cantos, lecturas bíblicas, oración personal y comunitaria para crear un ambiente de silencio y escucha. El objetivo es que los participantes aprendan a escuchar la voz de Dios más allá de los ruidos externos y a poner en práctica su palabra en la vida diaria.
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Orar y Escuchar con el Oído

Este documento ofrece instrucciones para una oración centrada en escuchar a Dios a través de los oídos. Propone cantos, lecturas bíblicas, oración personal y comunitaria para crear un ambiente de silencio y escucha. El objetivo es que los participantes aprendan a escuchar la voz de Dios más allá de los ruidos externos y a poner en práctica su palabra en la vida diaria.
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ORAR CON LOS OÍDOS

AMBIENTACIÓN
Buenos días…
Hoy vamos a ver cómo, a través de nuestros oídos, podemos hacer oración. Con el oído escuchamos,
oímos. Pero escuchar es una cosa y oír es otra. La escucha supone prestar atención a lo que se oye. Para
escuchar hay que saber callar y hacer silencio. Por eso, en este momento de oración y de silencio,
escucharemos la voz de Dios, que siempre nos habla. Comenzamos cantando.
CANTO DE ENTRADA:
DIOS ESTA AQUÍ, (o bien otro canto conocido)

ORACIÓN
Concédenos, Dios y Padre nuestro, abrir nuestros oídos y escucharte.
Danos valorar el don de tu Palabra, hacerle un sitio en nuestro corazón, y guardarla con amor hasta que
fructifique.
Enséñanos a escucharte a ti y a nuestros hermanos, a acogerte a ti y a todas las personas con corazón
sencillo y espíritu abierto.
Que sepamos callar y, desde nuestro silencio, escuchar el susurro de lo alto y los gritos de la tierra.
A ti, Señor, te lo pedimos, que siempre escuchas a tus hijos, que habitas y hablas en el silencio, y que vives y
reinas por los siglos de los siglos. AMEN.

PRESENTACIÓN DEL SÍMBOLO

Se utiliza un despertador; Si es posible, se pide silencio para poder escuchar su “tic-tac”, y se mueven las
manecillas para oír el sonido del despertador.
Ya hemos dicho al principio que no es lo mismo oír que escuchar. Muchas veces estás en la cocina, o
estudiando, o en el trabajo, y está la radio encendida. La oímos, pero no la escuchamos, porque estamos en
nuestras cosas.
Otras veces pasa que nos acostumbramos a los ruidos y ya ni siquiera nos molestan: vehículos, el
viento, charla de la gente..., la lluvia, el tic-tac del despertador o reloj. Hay muchos sonidos que oímos “como
quien oye llover”.
Otras veces, sin embargo, cuando nuestro espíritu está preparado, escuchamos el silencio. Un día en
lo alto de una montaña, un rato de oración ante el Sagrario, un rato de amor con una persona querida.
Hay momentos, por tanto, en los que no escuchamos los ruidos, y, otros, en los que somos capaces de
escuchar el silencio. Todo depende de nuestra actitud, de saber prestar atención, de tener el corazón abierto...
Ahora, con una actitud atenta, vamos a escuchar lo que Dios mismo nos quiere decir esta mañana.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS


1
***Pedir que tres participantes lean los siguientes textos bíblicos.
“Según iban de camino, Jesús entró en una aldea, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.
Tenía Marta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.” (Lc 10, 38-
39)
Jesús dijo: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, es como aquel hombre sensato
que edificó su casa sobre roca.” (‘Mt 7, 24)
Vino el Señor, se acercó y lo llamó como las otras veces: ¡Samuel! ¡Samuel! Samuel respondió: “Habla,
que tu siervo escucha.” (1 Sam 3, 11)

CANTO RESPUESTA El Señor nos llama también a cada uno por nuestro nombre, y hemos de estar a la
escucha de su voluntad. Vamos a cantar, suavemente, que sentimos su llamada y confiamos en El.

Pescador de hombres.

ORACIÓN PERSONAL
Y ahora, una vez más nos preparamos para este rato de paz y de intimidad con el Señor, a través del
silencio y la oración personal. Nos colocamos lo más cómodos posible…
Postura, relajación, concentración.
En silencio recuerda a Jesús repitiéndote con sus labios la Palabra o trozo del Evangelio que más te
gusta, aquel que tanto te ilumina en el camino de tu vida y que parece estar dicho para ti.
Silencio
Agradece al Señor:
La capacidad que te dio para escucharle: dentro del corazón, a través de su Palabra... La capacidad
que te otorgó para escuchar a los otros, la música, los sonidos de la naturaleza y de la técnica. Y, por
último, la posibilidad de responder a lo escuchado, a lo recibido.
Silencio
Pide perdón.
Por no haber escuchado. Por cerrar el oído y endurecer el corazón al Señor y a su Palabra. Por cerrar
el oído a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos: a quienes no comprendes porque en el fondo no les
escuchas…
Por haber escuchado los ruidos y los deseos del tener, del poder, del saber y del placer. Por no
escuchar a los demás y mantener por encima de todo tu juicio, tus ideas, tus prejuicios.
Por la falta de humildad, disponibilidad y apertura necesarias para la escucha.
Silencio

Pide al Señor:

2
Que te abra tus sordos oídos para escucharle a Él y a los hermanos. Que puedas, cada día, sentarte
como Marta a escuchar su Palabra: “Sólo Tú tienes Palabras de vida eterna”. Que edifique tu vida
sobre roca, la roca firme de su Palabra escuchada y hecha vida.
Que no te contentes con oír y olvidar su Palabra. Como María, consérvala en el corazón, medítala y
ponla por obra.
Silencio
Ofrece al Señor:
Tu oído para escuchar su Palabra: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Que ella sea tu alimento,
puesto que no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca del Señor.
Tu oído, para buscar el silencio y evitar los “otros ruidos”.
Tu tiempo: para escucharte a ti mismo, para escuchar a los otros, para escuchar a Dios: “Que aprenda,
Señor, el arte de perder tiempo escuchándote para poder orar”.
Silencio

ORACIÓN COMUNITARIA
Se puede introducir la oración comunitaria con la expresión:
► AYÚDAME, SEÑOR, A ESCUCHAR…
Todos unidos, después de haber escuchado la voz del Señor, le rezamos al Padre la oración que Cristo mismo
nos enseñó:
PADRE NUESTRO

CANTO FINAL:
YO SIENTO, SEÑOR, QUE TÚ ME AMAS… (u otro parecido y conocido)

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