INGENIERIA EN DESARROLLO AGROINDUSTRIAL
CUATRIMESTRE 7.
BIOETICA
UNIDAD I. Historia y evolución de la Bioética.
ACTIVIDAD: Principios de la Bioética inspirados en las grandes religiones del
mundo.
PRESENTA:
ASESOR: Erika Abrica Sánchez
27 de noviembre de 2019.
Introducción
En esta actividad vamos a realizar un ensayo sobre Principios de la bioética inspirados en
las grandes religiones del mundo.
El principalísimo defiende que existen algunos principios generales descubiertos en el
ámbito de la ética biomédica y que deben ser respetados cuando se plantean conflictos
éticos en la investigación o en la práctica clínica.
la historia de estos principios desde la antigüedad clásica hasta la actualidad. Aquí no
nos centraremos tanto en cuestiones históricas cuanto en cuestiones conceptuales. Con
ello pretendemos indagar cuáles son los elementos relevantes que puede ofrecer el
enfoque principialista para fundamentar una bioética intercultural.
Principios de la bioética inspirados en las grandes religiones del mundo
En este tiempo en que la ciencia parece no tener límites, la bioética no se postula como
un freno a la investigación; antes bien, se pondera como un valor supremo que debe
amalgamar la conciencia imaginativa y creativa del científico, con el deseo de
supervivencia y progreso a que tiene derecho la humanidad.
Todo el campo teórico expuesto se expresa de múltiples formas en el campo de la
bioética actual. Cada uno tiene un fundamento sólido, con ideología, discurso y
paradigmas bien estructurados, que los hacen diferentes entre sí. Esto explica por qué en
las discusiones de los comités de bioética hospitalarios, podemos contemplar diversas
miradas en torno a un mismo hecho concreto, cuando las personas que analizan ese
hecho asumen diferentes posturas filosóficas de acuerdo a sus creencias o principios
doctrinales.
Los principios católicos
El deber de respetar la vida humana se expresa en el Quinto Mandamiento de la Ley de
Dios: no matarás. Este mandamiento contiene las matizaciones indicadas en el Éxodo: no
hagas morir al inocente y al justo. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la vida
humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y
permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es
Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia,
puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente. La ley
moral prohíbe también negar la asistencia a una persona en peligro, y así, considera una
falta grave que se acepte la existencia del hambre en el mundo sin esforzarse por
contribuir a remediarla.
En la encíclica Evangelium vitae, Juan Pablo II ha tratado la cuestión del final de la vida.
Allí rechaza la tendencia de las sociedades desarrolladas contemporáneas a considerar el
sufrimiento como algo insoportable de lo que hay que liberarse a toda costa. No obstante,
recogiendo ideas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirma que cuando la
muerte se anuncia inminente e inevitable se puede en conciencia renunciar a tratamientos
que solamente lograrían una prolongación precaria y penosa de la vida. Para ello es
necesario valorar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente
proporcionados respecto a las perspectivas de mejora.
Los principios anglicanos
Esta iglesia se compone de 27 provincias autónomas que cubren muchos países del
mundo, sobre todo los países que pertenecen o han pertenecido a la Commonwealth y los
Estados Unidos. Debido a esta estructura abierta, sus miembros a menudo expresan
posiciones divergentes, aunque existe un núcleo común.
La iglesia anglicana apela a la guía de la escritura, la tradición y la razón. La escritura es
el testigo definitivo de los acontecimientos que yacen en el corazón de la fe cristiana,
la tradición es la sabiduría acumulada de la iglesia en la interpretación y la respuesta a
esos acontecimientos, y la razón consiste en la reflexión sobre la escritura y la tradición a
la luz del conocimiento disponible actualmente. El énfasis en la razón comporta la
disposición para entrar en diálogo con la ética secular y para encontrar ideas comunes
con otras religiones o tradiciones éticas no religiosas.
1) El amor propio frío (cool self-love) o autointerés ilustrado, como suele llamarse hoy,
permite a los seres humanos mirar más allá de sus impulsos inmediatos y planear
metas a largo plazo con el propósito de maximizar la felicidad.
2) La benevolencia controla las afecciones y aversiones hacia otros. Es propio de los
seres humanos cuidar de los otros. Este principio no se contradice con el anterior. De
hecho, la práctica de la benevolencia puede conducir a una mayor felicidad como
resultado a largo plazo.
3) La consciencia es la capacidad de la reflexión moral. De algún modo representa el
bien de la vida humana. En cualquier jerarquía de principios la consciencia debe estar
en primer lugar.
Los principios judíos
El modelo judío de toma de decisiones en medicina está compuesto de una tríada:
el médico, que tiene la obligación de tratar al paciente y de darle el mejor consejo médico,
el rabino cualificado, que es requerido para resolver cualquier problema ético o legal que
pueden encontrar el paciente o el médico, y el paciente, que tiene la obligación de buscar
ayuda médica, y tiene autonomía para escoger al médico o al rabino que le deben
aconsejar, y decidir en aspectos que no implican ser experto en medicina, o que afectan a
la valoración de la calidad de vida.
1) El judaísmo plantea responsabilidades, obligaciones, deberes y mandatos, más bien
que derechos o el puro hedonismo.
2) Favorece la aproximación casuista, más bien que la adhesión a principios generales.
3) Se opone a la absolutización de cualquier precepto singular, que tenga preferencia
sobre cualquier otro principio.
4) El estudio de la ética no se queda en un ejercicio académico, sino que hay que actuar
en consecuencia.
5) La relación médico-paciente se considera una alianza en la que el médico tiene
siempre la obligación de ayudar a los necesitados.
6) Considera que la búsqueda de atención médica por parte del paciente es un
imperativo moral. Nadie tiene el derecho de rechazar un tratamiento considerado
necesario y efectivo por una opinión competente.
7) La vida humana es sagrada y de valor supremo. Constituye uno de los principios más
importantes del judaísmo. Cada vida humana es igualmente valiosa, por lo tanto,
matar a un paciente decrépito que se aproxima a la muerte constituye exactamente el
mismo crimen de asesinato que matar a una persona joven y saludable.
Los principios islámicos
La Sharía —la ley islámica— se elabora entre los siglos x y xn d.C. y desde entonces sus
principios se consideran eternos e inmutables. Las fuentes de la Sharía son cuatro:
1) El Corán, que contiene la palabra directa de Dios revelada al profeta Mahoma,
2) la Sunna, colección de dichos de Mahoma,
3) el consenso de los doctores de la ley sobre determinados temas.
4) el razonamiento por analogía. Las tres primeras fuentes son de origen divino, la última
es establecida por los hombres.
El razonamiento por analogía es un instrumento lógico que consiste en deducir nuevas
reglas de comportamiento para afrontar situaciones inéditas a partir de casos análogos
reconocidos en las fuentes precedentes de la Sharía. Es el tipo de razonamiento
empleado para diseñar los principios de la ética biomédica islámica.
Los principios de la bioética islámica son los siguientes:
1) El carácter sacro de la persona humana. La vida es un don divino que debe ser
protegido desde su inicio. Vero la vida, aunque es un valor supremo, no es un valor
absoluto o un derecho inalienable. En la visión islámica el hombre no es portador de
derechos inalienables conectados a su propia naturaleza, pues el hombre es una
criatura de Dios y sólo el Creador tiene verdaderos derechos.
2) El principio de necesidad. Este principio se basa en varios pasajes del Corán, ha
necesidad hace excepciones a la regla y convierte en lícito ¿o que a otras personas
estaría prohibido. El valor principal que se protege con ello es la vida.
3) El principio del «mal menor». El médico tiene la obligación de no dañar al paciente.
Cuando sea inevitable intervenir debe escoger el menor de los males. Así, por
ejemplo, podrá amputar una pierna encangrenada para salvar la vida del individuo.
4) El principio del «beneficio público». Mediante este principio, que recoge la idea del
altruismo presente en el Corán, se antepone el interés de la comunidad sobre el
interés del individuo.
No se percibe una valoración de la autonomía del paciente en estos principios. Quizá no
esté de más recordar que la palabra islam significa sumisión, o paz sumisa.
Los principios budistas
El budismo es una tradición tremendamente diversa, con más de 2500 años de desarrollo
en Asia. R. E. Florida, nos dice que hay dos escuelas principales: 1) La vieja tradición,
llamada Theraváda, «el camino de los ancianos», centrada ahora en Sri Lanka, Tailandia,
Burma, e Indochina, más conservadora, y 2) la joven tradición, llamada Mahayana, «el
vehículo amplio», que predomina en China, Corea, Japón y los Himalayas.
Los Mahayana son menos literales en sus interpretaciones y un poco más liberales en sus
prácticas, pero ambas comparten una tradición de tolerancia.
Sólo recientemente han empezado los budistas a diseñar una ética biomédica
sistemática. Dos autores destacan en esta tarea: Pinit Ratnakul y Shoyu Taniguch. Los
principios fundamentales se derivan de la experiencia ilustrada de Buda, el fundador de la
fe. Una de las ideas fundamentales es que, si algo conduce al alivio del sufrimiento,
entonces es adecuado hacerlo. La ética budista es esencialmente global, así el primer
principio del budismo consiste en considerar que todos los fenómenos están
interrelacionados. Otra idea importante consiste en afirmar que el lugar que una persona
ocupa en el mundo, el destino de uno, e incluso el carácter, están predeterminados por
los actos previos de uno o karma. Los actos torpes conducen a estados desafortunados y
los actos hábiles tienen el efecto contrario. Pero el budismo no es un sistema determinista
fatalista, pues cada persona tiene considerable oportunidad para mejorar su propio
destino, viviendo de acuerdo con el dharma, es decir, la ley o las enseñanzas de Buda—.
Sobre los principios de la ética biomédica podemos decir lo siguiente:
Ratnakul describe la autonomía como la capacidad de un individuo de ordenar, planificar
y escoger, entre diversas potencialidades humanas, el patrón de su propia vida, mientras
respete las pretensiones correctas de los otros sobre él, y el cumplimiento de sus
responsabilidades como agente moral. R. E. Florida escribe: «En la ética budista
tradicional, la autonomía no es considerada como una categoría principal. No obstante, el
énfasis budista en la responsabilidad de cada persona por su propio karma o carácter
moral implica autonomía». Pero la noción moderna de autonomía ligada al individualismo
va en contra del principio fundamental del budismo que insiste en la codependencia de
todos los seres. Michael Barnes describe los rasgos esenciales de la ética biomédica
budista, especialmente aquellos principios que tienen relación con el final de la vida.
Extrayendo las ideas fundamentales que recoge este autor podemos distinguirlos
siguientes principios:
1) El respeto por la vida humana. Es el principio fundamental de la ética budista, y
solicita no quitar la vida. Esto no significa que la vida tenga que ser mantenida a toda
costa. Es similar al principio de la «santidad de la vida» en la tradición cristiana.
2) La autonomía. Otro de los principios es la autonomía del sujeto moral, pues la
persona acepta voluntariamente seguir a Buda. Algunos especialistas afirman que, en
la ética budista, «el valor de la vida humana se encuentra en la capacidad para la
elección consciente», es decir, en su autonomía.
3) La intención. La intención juega un papel central para determinar la altura moral de
un acto. Una acción es inmoral si surge de estados mentales dominados por la
avaricia, el odio o el engaño, mientras que la acción es moral cuando surge de
estados caracterizados por cualidades opuestas. La calidad moral de un acto se
determina por el estado interior del individuo. En el budismo es muy importante
prepararse cuidadosamente para el momento de la muerte, pues esto determina la
próxima reencarnación. El ideal es morir de modo consciente.
4) Sabiduría y compasión. El valor de la compasión se sitúa junto al conocimiento. El
budismo es una religión de la compasión preocupada por aliviar el sufrimiento de
todos los seres sentientes. ha sabiduría consiste en comprender que el sufrimiento es
universal, j que nada existe con independencia de las demás cosas. Todos los seres
sentientes viven dependiendo unos de otros. El sufrimiento de un ser humano no
puede ser separado del sufrimiento de otro. El nivel de sabiduría de un ser humano
está relacionado con la compasión que siente hacia los otros, ha compasión se
expresa mediante actos que tienen por finalidad hacer el bien a otros. Estos actos
han de adaptarse a las necesidades individuales y a las circunstancias.
Según estos autores, la eutanasia activa viola el primer principio budista que prohíbe
matar, pero podría justificarse la eutanasia pasiva, pues los médicos no han de prolongar
indefinidamente el uso de las medidas de soporte vital. Se ha de tener en cuenta el coste
médico para la familia, la escasez de los recursos médicos, la incerteza médica y la
calidad de vida del paciente. Además, en la actualidad se hace especial énfasis en la
autonomía del paciente con el derecho a escoger o a rechazar el tratamiento. El respeto a
la autonomía del paciente se vuelve problemática cuando el paciente es incapaz. En ese
caso es relevante la agonía de la persona y la futilidad del tratamiento para tomar
decisiones.
Conclusiones
Las personas de diferentes culturas los interpretan de manera diferente, los armonizan,
aplican o priorizan de modo diferente, pero constituyen un marco para analizar los
problemas éticos en las ciencias biomédicas, son los elementos de un lenguaje moral
común. Pero los principios de la bioética tienen otro potencial muy importante para ser la
base de una bioética intercultural, y es su relación directa con los derechos humanos,
defendidos con carácter universal.
Dos valores son centrales en la declaración universal de los derechos humanos: la
libertad y la igualdad. Estos valores son los que deben orientar las decisiones en los
conflictos de bioética. La dignidad humana, junto al concepto de persona, posee un
carácter central para articular los criterios a utilizar en el ámbito de la bioética. La especial
dignidad del ser humano es el centro de la concepción ética y jurídica en que se basa la
cultura occidental, y lo que hace al hombre especialmente digno frente a los otros seres
es su libertad y las consecuencias derivadas del uso de la misma.
El pluralismo razonable exige argumentar sobre una base compartida, y esa base es la
ética cívica, que contiene valores como la autonomía, la igualdad, la solidaridad, el
respeto activo y la actitud de diálogo sobre esta ética cívica, que contiene los valores
fundamentales que inspiran los derechos humanos, y partiendo de los principios de la
bioética, que a su vez traducen al lenguaje de la bioética dichos valores y derechos
fundamentales, vemos surgir lo que podríamos llamar una bioética intercultural, capaz de
articular un lenguaje común entre las culturas, para afrontar los nuevos desafíos éticos
que plantean las ciencias relacionadas con la salud y con la vida.
Bibliografía.
D. GRACIA: Fundamentos de bioética. Eudema, Madrid 1989.
T. L. BEAUCHAMP y J. F. CHILDRESS: Principles of Biomedical Ethics. Fourth Edition, Oxford
University Press, Nueva York/Oxford 1994 (trad. cast. Principios de ética
biomédica. Masson, Barcelona 1999).
M. VELASCO-SUÁREZ: "Bioética y derechos humanos", Journal International de
Bioéthique / International Journal of Bioethics, vol. 6, n° 4 (1995), 281.
A. CORTINA: "Problemas éticos de la información disponible, desde la ética del discurso",
en L. Feito Grande (ed.), Estudios de bioética, Universidad Carlos III de Madrid, Instituto de
Derechos Humanos "Bartolomé de las Casas", Dykinson, Madrid 1997, 54.