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Liberalismo: Ideología y Economía del Siglo XIX

El liberalismo surgió en el siglo XIX como ideología de la burguesía para promover la libertad individual y los derechos ciudadanos, así como para limitar el poder del Estado y asegurar la participación de la burguesía en el gobierno. El liberalismo económico defendía el libre mercado, la libre empresa y la no intervención del Estado en la economía, de acuerdo con las teorías clásicas de Adam Smith.
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Liberalismo: Ideología y Economía del Siglo XIX

El liberalismo surgió en el siglo XIX como ideología de la burguesía para promover la libertad individual y los derechos ciudadanos, así como para limitar el poder del Estado y asegurar la participación de la burguesía en el gobierno. El liberalismo económico defendía el libre mercado, la libre empresa y la no intervención del Estado en la economía, de acuerdo con las teorías clásicas de Adam Smith.
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El liberalismo es una de las corrientes ideológicas típicas del siglo XIX, especialmente de su primera

mitad. Confiando sobre todo en el poder de la razón humana, quiso resolver los problemas políticos y

sociales de una manera lógica y conforme a los derechos del ciudadano.

Es un producto de la Ilustración y de la Revolución Francesa en sus inicios, cuando la burguesía la

dirigió; y es por lo tanto la bandera política de la burguesía francesa y europea en su doble oposición

a la monarquía absoluta y a la democracia jacobina. […] Para eludir ambos peligros —el de la

monarquía absoluta y el del gobierno democrático— y para asegurarse el papel político predominante

que aspiró a desempeñar basándose en su hegemonía económica sobre la nación, la burguesía

liberal vio como régimen político ideal la monarquía constitucional basada en el sufragio censitario

[aquel basado en la riqueza, sólo aquellos que por poseer determinada cantidad de bienes pagan

ciertos impuestos, pueden votar y participar en la vida política de la nación, y por lo tanto excluyen a

la masa del pueblo de los beneficios políticos]. Adam Smith

Como lo expresaba uno de sus típicos representantes en la época, Casimiro Périer: "Si no hay monarquía,
el régimen deriva

hacia la democracia, y entonces la burguesía no es más la dueña. Sin embargo, es necesario que ella lo
sea, por razones de

principio, y porque ella es la más capaz".

Esta ideología liberal, que puso su acento en las ideas de la libertad y de los derechos naturales, es
aplicada a los más variados

campos de la actividad humana. Hay, así, un liberalismo político, un liberalismo económico, social,
religioso, etc. Los dos primeros

fueron los que alcanzaron mayor desarrollo doctrinario y los que más influyeron en las corrientes de
ideas del siglo XIX.

[...] Uno de los principales objetivos de los liberales era el de salvaguardar los derechos individuales;
reclamaban el respeto de la

autoridad para la libertad de palabra, la libertad de expresión, la de prensa, de reunión y de asociación,


es decir,

fundamentalmente, los derechos políticos del hombre. Para conseguir esto, no había otro camino que
limitar la autoridad del
soberano y del Estado. Y para obtener ambas cosas, la vigencia de los derechos ciudadanos y la
limitación del poder estatal, era

indispensable una Constitución. Ella, según los liberales, sería la garantía de la aplicación de aquellos
derechos y de la limitación

de este poder.

El otro objetivo fundamental a que apuntaban era la participación de la burguesía en la administración


del Estado y en la redacción

de las leyes a través de asambleas legislativas. Este objetivo derivaba del convencimiento de que debía
corresponderle a la

burguesía un rol principal en la vida política del país, acorde con su papel predominante en la vida
económica. No podemos olvidar

que el siglo XIX es el siglo del ascenso de la burguesía, y que el liberalismo es su ideología. Así, pues, los
dos puntos principales

de su programa, obtención de las libertades políticas y participación en la dirección del Estado,


obtendrían satisfacción de lograrse

la aprobación de una Constitución liberal. [...]

Liberalismo Económico

El liberalismo económico es uno de los aspectos más importantes de la doctrina liberal,

a tal punto que casi se constituyó en una teoría independiente, especialmente volcada al

estudio de los fenómenos económicos. Reconoce sus antecedentes principales en la

obra del economista escocés Adam Smith y de la escuela fisiocrática francesa, ambas del

siglo XVIII. La fisiocracia sostenía que el fenómeno económico era un fenómeno "natural"

y por lo tanto las leyes "naturales" de la economía debían desenvolverse libremente, sin la

mínima intervención del Estado. Acuñó la famosa frase "laissez taire, laissez passer",

apostando a la más amplia iniciativa individual en el campo económico, sin trabas

impositivas o legales que estorbaran la actividad en ese terreno.

Coincidiendo con esas premisas y ampliándolas, Adam Smith postulaba la libre iniciativa individual
impulsada por el afán de

lucro, la libre competencia, que regularía la producción y los precios, y el libre juego del mercado, que se
desarrollaría plenamente

siempre que se respetaran esas leyes económicas naturales Smith, junto con Malthus y Ricardo, son
considerados como los

creadores de la escuela clásica de la economía, de la que derivaría sus postulados el liberalismo


económico.

Nótese que ambas escuelas, la fisiocrática y la clásica, ponen un acento especial en la libertad de la
actividad económica del

individuo y de la economía en general. Esto coincidía perfectamente con los dogmas del liberalismo
político y no por casualidad, ya

que la burguesía políticamente liberal sería la clase más beneficiada con la libertad de la economía,
desde que ella poseía los

controles de la vida económica. Por eso, y especialmente en Inglaterra, madre de la Revolución


Industrial, liberalismo político y

liberalismo económico son dos caras de una misma doctrina.

Los economistas liberales sostenían que una sociedad económica estaba integrada por productores
individuales que aportaban

sus productos y los intercambiaban con otros productores, compraban lo más barato posible y vendían al
mejor precio que

pudieran obtener. Era la teoría del intercambio de bienes en un mercado libremente competitivo en
donde los precios se fijaban por

la propia situación del mercado, sin ninguna intervención exterior. Cuando había demanda de un
artículo, y por lo tanto, los precios

eran altos, la producción aumentaba porque, guiados por su afán de lucro, los productores
aprovechaban ese momento de auge.

Esto llevaba a un exceso de producción, o sea de oferta, lo que hacía descender el precio del artículo
ante su abundancia; los

productores, entonces, disminuían su fabricación hasta que su relativa escasez obligaba a los
consumidores a pagar más para

conseguirlo. Nuevo aumento de los precios, y nuevo incremento de la producción. Esas serían las "leyes
naturales" de un

mecanismo perfecto que avanzaba, se frenaba y regulaba solo, automáticamente, "naturalmente". Para
estos pensadores,

entonces, la completa libertad de la economía producía espontáneamente una "armonía natural de


intereses" de los distintos

sectores sociales. Si el Estado interviniera alteraría esa armonía y destruiría el flujo natural de las leyes
económicas. Por ello el

Estado debía limitarse a mantener el orden interno y la seguridad exterior, creando así las condiciones
para un correcto desarrollo

de las fuerzas económicas en plena libertad. Es el concepto típico del liberalismo económico del Estado
como "juez y gendarme":

mantener las leyes internas, castigar a quien las viole, proteger las fronteras, pero no intervenir en
absoluto en la vida privada de

los ciudadanos, uno de cuyos aspectos es la actividad económica.

Ficha 2. Economía – Procesos Económicos Contemporáneos Prof. Silvana Pera 3

En el curso del siglo XIX estos conceptos se fueron precisando y ampliando hasta conformar totalmente
la doctrina del liberalismo

económico basada en estos principios:

• Ley natural. El liberalismo entiende que la economía está regida por leyes naturales, y en la medida en
que esa economía se

desarrolle libremente, sin trabas, será una economía sana, natural, creadora de riquezas para todos los
ciudadanos.

• "Laissez faire, laissez passer". Retoman la divisa de la fisiocracia, propugnando la abolición de


impuestos, reglamentaciones,

monopolios y todo otro obstáculo jurídico o fiscal que entorpezca aquel libre desarrollo.

• Anti-intervencionismo. De lo anterior se deduce claramente que son enemigos de la intervención del


Estado en la economía,

asignándole solamente el papel de guardián del orden.

• Libre comercio. Aplicando estas ideas al comercio exterior, reclaman la abolición de las aduanas y la
entrada y salida libre de

trabas de todas las mercaderías.

• Libre empresa. Son partidarios de la más completa libertad individual en el campo económico,
creyendo que cada productor es

el que mejor sabe cuánto le conviene producir y a qué precio le conviene vender. Su afán de lucro, su
deseo de ganar en los

negocios, lo llevarían a la prosperidad, y junto con él se enriquecería toda la sociedad, porque el


progreso colectivo está hecho de

los progresos individuales.

• Libre contrato. Tanto el patrono como el obrero debían ponerse de acuerdo libremente sobre el
contrato de trabajo y el salario.

Partiendo del concepto de que todos los hombres son iguales, los liberales consideraban que nadie más
que esas dos personas

debía intervenir en esa transacción, y menos que nadie el Estado. Pero si bien es cierto que obrero y
patrono eran dos hombres

libres, no eran dos hombres iguales. El patrono tenía como respaldo su capital (dinero, fábricas,
máquinas), mientras que lo único

que tenía el obrero para vivir era la cesión de su fuerza de trabajo mediante un salario. Salario que el
patrón ofrecía y que él no

podía negarse a aceptar, porque detrás suyo había cientos de hombres en situaciones similares de
miseria, necesitados de

trabajar y esperando una oportunidad para hacerlo. No olvidemos que en la época existía abundancia de
mano de obra como

consecuencia del éxodo rural.

• Libre asociación. Los liberales exigían una completa libertad para que los comerciantes, industriales y
empresarios pudieran

asociarse en entidades defensoras de sus intereses económicos. En cambio se negaban a aceptar


cualquier tipo de asociación

obrera aduciendo que entorpecería la continuidad de la producción, y podría dar lugar a conflictos
sociales y huelgas. En este

punto, abandonando su clásico anti-intervencionismo, llegaron a pedir la acción del Estado para prohibir
su existencia.

En resumen, el liberalismo económico fue una teoría acorde con los intereses sociales y económicos de
la burguesía. Su
aplicación le aseguraba una clara hegemonía económica, como el liberalismo político se la
proporcionaba en el plano del poder

público.

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