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Proyecto Atman RESUMEN

El documento describe la evolución de la conciencia humana desde el estado indiferenciado del recién nacido hasta la madurez, dividida en dos arcos. El Arco Externo va desde lo subconsciente hasta la autoconciencia y representa el desarrollo del ego. El Arco Interno va de la autoconciencia a la supraconciencia y representa la autorrealización a través de la trascendencia del ego. El documento analiza las primeras etapas de la conciencia del recién nacido como pleromática e indiferenciada, seguid

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Proyecto Atman RESUMEN

El documento describe la evolución de la conciencia humana desde el estado indiferenciado del recién nacido hasta la madurez, dividida en dos arcos. El Arco Externo va desde lo subconsciente hasta la autoconciencia y representa el desarrollo del ego. El Arco Interno va de la autoconciencia a la supraconciencia y representa la autorrealización a través de la trascendencia del ego. El documento analiza las primeras etapas de la conciencia del recién nacido como pleromática e indiferenciada, seguid

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Proyecto Atman

El tema de esta obra es básicamente simple: el desarrollo es evolución y la evolución es trascendencia


(…) y el objetivo final de la trascendencia es Atinan, la Conciencia de Unidad esencial en sólo Dios.
Todos los impulsos sirven a este Impulso, todos los deseos dependen de este Deseo y todas las fuerzas
están supeditadas a esta Fuerza. Y es a este movimiento, en su conjunto, al que denominamos proyecto
Atma (…). Pero se trata, no obstante, de un impulso que se origina en el psiquismo humano y cuyos
resultados van desde lo extático hasta lo catastrófico. (…) Si bien los seres humanos proceden
originalmente de las amebas y deben arribar finalmente a Dios, se hallan entretanto bajo el influjo de esa
morada provisional que conocemos con el nombre de proyecto Atman. Y todo este proceso volutivo
discurre de unidad en unidad hasta que sólo exista la Unidad y el proyecto Atinan termine finalmente
disolviéndose ante Atman.

El estado de fusión infantil es, efectivamente, una especie de «paraíso», pero este paraíso no es el paraíso
del despertar transpersonal sino el paraíso de la ignorancia prepersonal. En el psiquismo humano, la
evolución holística de la naturaleza -que produce por doquier totalidades cada vez más inclusivas- se
manifiesta como desarrollo o crecimiento. De este modo, el mismo impulso que dio lugar a los seres
humanos a partir de las amebas es el que termina convirtiendo al niño en adulto. Es decir, el crecimiento o
el desarrollo psicológico de una persona desde la infancia hasta la madurez es simplementeuna versión en
miniatura de la evolución cósmica o, dicho de otro modo, un reflejo microscópico del desarrollo global
del universo y que apunta hacia su mismo objetivo, el despliegue de unidades e integraciones de orden
superior. Y ésta es una de las razones principales por las que el psiquismo está, en realidad,estratificado.
Del mismo modo que ocurre con las formaciones geológicas, el desarrollo psicológico avanza estrato a
estrato, nivel a nivel, estadio a estadio, y el nuevo nivel se superpone sobre el anterior hasta llegar a
incluirlo y trascenderlo.

A lo largo del desarrollo psicológico, la totalidad de un nivel determinado se convierte en una mera parte
de la totalidad propia del siguiente nivel que, a su vez, no es más que una parte del próximo, siguiendo de
este modo la evolución de la conciencia.

El Arco Externo y el Arco Interno


Si ensamblamos ahora todas las etapas y niveles de la evolución de la conciencia, obtenemos algo semejante a un
ciclo global de la vida. (…) Dicho ciclo va desde lo subconsciente (instintivo, impulsivo e ídico) a la autoconciencia
(egoica, conceptual y sintáctica) y, desde ahí, hasta la supraconciencia (trascendente, transpersonal y transtemporal).
Además, podemos dividir dicho ciclo en dos mitades: el Arco Externo (que va desde el subconsciente a la
autoconciencia) y el Arco Interno (que va de la autoconciencia a la supraconciencia).

“Cabe considerar a la vida o vidas del ser humano como una curva, como el arco de experiencia-tiempo tendido por
la duración de la Voluntad de Vivir del Individuo. El movimiento externo de esta curva -el Camino de la Búsqueda
(Pravritti Marga)- se caracteriza por la autoafirmación, mientras que el movimiento interno -el Camino de Retorno
(Nivritti Marga)- se caracteriza por la autorrealización creciente. La religión de los hombres que se hallan en el
camino externo es la Religión del Tiempo, mientras que la religión de quienes regresan es la Religión de la
Eternidad." - Ananda Coomaraswamy
La historia del Arco Externo es la historia del Héroe, la historia de la terrible batalla necesaria para emanciparse del
sueño subconsciente y de la inmersión en la matriz prediferenciada primordial. La historia del Arco Externo es
también la historia del ego -ya que el ego es el Héroe-, la historia de su emergencia del inconsciente, de sus
conflictos, de sus avances, de sus terrores, de sus recompensas y de sus aflicciones. Y todos estos acontecimientos
tienen lugar en el contexto de la diferenciación, la separación -y también la posible alienación-, el crecimiento, la
individualización y la emergencia.
Pero el Arco Externo -el camino que conduce desde el subconsciente hasta la autoconciencia- sólo
representa la mitad de la historia de la evolución de la conciencia; una mitad indiscutiblemente necesaria,
pero mitad a pesar de todo. Según los místicos y los sabios, más allá del ego autoconsciente se encuentra
el camino de regreso y la psicología de la eternidad: el Arco Interno. Nuestro propósito, por tanto, es el de
explorar la historia completa de la evolución de la conciencia, una historia que no sólo abarca el tramo
externo que conduce de la subconsciencia a la autoconciencia, sino que también incluye el camino
interno que lleva desde la autoconciencia hasta la supraconciencia. Descubriremos así que el
subconsciente es una especie de unidad prepersonal y que la supraconciencia es una unidad transpersonal.
El enfoque
La evolución psicológica de los seres humanos desde la infancia hasta la edad adulta ha sido, en
Occidente, el objeto general de la investigación que cae bajo el amplio epígrafe de la «psicología
evolutiva». Históricamente, dicho campo ha abarcado elementos tan distintos como el desarrollo
cognitivo, la maduración moral, la teoría del aprendizaje, los estadios del desarrollo psicosexual,
motivacional, afectivo, intelectual y la adecuación de rol pero, en cualquiera de los casos, se ha visto
limitado, de manera más o menos exclusiva, al Arco Externo.
En la actualidad, el estudio del Arco Externo es tan amplio y abarca tal cantidad de enfoques técnicos y
metodológicos que sólo es posible extraer conclusiones globales y generales. (…) Me limitaré a presentar
un esquema operativo de algunos de los estadios generalmente aceptados del desarrollo de la sensación de
identidad, extraídos libremente -de un modo que, en ocasiones, podrá incluso parecer indiscriminado- de
las principales escuelas del desarrollo.
Tampoco pienso hacer distinciones entre las diferentes líneas de desarrollo -cognitivo, moral, afectivo,
conativo, motivacional, emocional e intelectual-, ya que todavía no es posible determinar si éstas son
equivalentes, si discurren de manera paralela e independiente o si proceden de una o varias fuentes.
Y, cuando nos dediquemos al estudio del Arco Interno, mi actitud será esencialmente idéntica porque
adoptaré el mismo tipo de enfoque general y apelaré, según el caso, a las escuelas místicas tanto
orientales como occidentales.

LAS RAÍCES PRIMORDIALES DE LA CONCIENCIA


El yo pleromático
Según todos los puntos de vista, parece que ni el feto ni el recién nacido poseen una sensación de
identidad claramente definida. Para el neonato no existe la menor separación real entre el interior y el
exterior, entre el sujeto y el objeto, entre el cuerpo y el entorno que le rodea. Con ello, sin embargo, no
estamos diciendo que el niño se halle inmerso en un mundo de objetos materiales que es incapaz de
reconocer porque lo cierto es que -ante sus ojos- todavía no existe literalmente objeto alguno. Existen
eventos, pero no existen eventos objetivos. Es decir, el niño es realmente consciente de ciertos eventos
pero no se trata de eventos «objetivos» que existan independientemente de él. El recién nacido es incapaz
de establecer diferencia alguna entre el mundo objetivo y la conciencia subjetiva, incapaz de discernir
entre el mundo material y sus acciones sobre ese mundo. Bien podemos afirmar, por tanto que, en un
sentido muy especial, su yo y el entorno físico que le rodea son una y la misma cosa.
Su yo es «pleromático», lo cual significa esencialmente que el yo y el cosmos material están
indiferenciados. Piaget coincide con este punto cuando afirma que «durante los primeros estadios, el
mundo y el yo son uno; un término es indistinguible del otro... el yo es material, por así decirlo.
(…)
Pero este estadio, que se caracteriza por ser absolutamente adual, oceánico y autístico, también es
preespacial y pretemporal. Para el recién nacido, el espacio real no existe, en el sentido de que no existe
brecha, distancia ni separación alguna entre su yo pleromático y el medio ambiente. Y, al no existir
espacio, tampoco existe el tiempo porque es incapaz de reconocer cualquier sucesión de objetos en el
espacio. La conciencia del recién nacido es aespacial, atemporal y aobjetiva (lo cual no significa,
insistimos, que no sea consciente de la existencia de sucesos).
(…) Al no existir la menor noción real de espacio, de tiempo y de objeto, tampoco se percibe limitación
alguna. Ésta es, pues, la omnipotencia de la ignorancia. En palabras del investigador junguiano Neumann,
éste es «el estadio pleromático de perfección paradisíaca del nonato, el estadio embriónico del ego, un
estadio completamente diferente al del sufrimiento del ego no autónomo en el mundo».
El uroboros alimentario
Una de las primeras tareas que debe afrontar el niño es la de construir algún tipo de mundo objetivo
independiente de sí mismo, una tarea que simultáneamente termina estructurando también su sensación de
identidad subjetiva. Pero esta tarea no es llevada a cabo de inmediato y, entre el estadio de adualismo
completo y el estadio de una rudimentaria sensación de identidad focalizada en el cuerpo, la conciencia
del niño flota en lo que Neumann denomina «reino urobórico extrapersonal». Este dominio, según las
propias palabras de Neumann, constituye «un estrato del campo arquetípico "extrapersonal" que se
encuentra "más allá" de los opuestos que la conciencia determina entre lo psíquico y lo físico». Sin
embargo, yo prefiero utilizar el término «prepersonal» porque conlleva la acepción de una
indiferenciación entre lo psíquico y lo físico. En cualquiera de los casos, sin embargo, lo importante es
que «en los inicios del proceso de desarrollo del individuo predominan los factores [urobóricos,
prepersonales o extrapersonales] y el reino-personal sólo aparece y alcanza la independencia más
adelante». El uroboros es colectivo, arcaico y fundamentalmente oceánico. (…)
«El estadio inicial simbolizado por el uroboros -dice Neumann- corresponde al estadio preegoico, el
estadio de la temprana infancia en el que recién empieza a aparecer un rudimentario germen de ego (…)»
Según Neumann, existe una gran diferencia entre el yo pleromático y el yo urobórico porque, si bien el yo
pleromático es completamente adual y carece de cualquier tipo de frontera, el yo urobórico, en cambio,
posee ya algún tipo de barrera que comienza a fracturar el antiguo estado oceánico en dos grandes
fragmentos -ambos prepersonales-: el yo urobórico, por una parte, y una especie de «otro urobórico» o de
«ambiente urobórico» por la otra.
A partir de este punto, el yo infantil deja de ser caótico y material y comienza a reconocer algo externo a
sí mismo, algo diferente a su propio yo, y este entorno global, indiferenciado y prepersonal, es lo que
denominamos otro urobórico. Así pues, este estadio no se caracteriza tanto por un adualismo absoluto
-como ocurría en el estadio anterior- como por un adualismo omnipenetrante. Pero esto significa que,
aunque en menor grado que lo que ocurría en el estadio pleromático, en la conciencia del niño «sólo
existen estados momentáneos, sin distinción de tiempo ni de lugar», un estadio de la experiencia, al que
Sullivan denomina «modalidad prototáxica», en el que el niño sólo sabe de «estados momentáneos y de
experiencias "cósmicas" (en el sentido que son experiencias indefinidas e ilimitadas)».
Este estadio ocurre al comienzo de la dilatada fase oral infantil, una etapa en la cual los principales
contactos que el niño establece con el mundo tienen lugar a través del vínculo oral. Es por ello que
Neumann denomina el yo propio de este nivel con el nombre de «uroboros alimentario», lo cual, en cierto
modo, se corresponde con el estadio oral preambivalente (prepersonal) del psicoanálisis. Se le llama
«alimentario» porque, en él, la totalidad del uroboros está dominada por la «psicología visceral», por la
naturaleza inconsciente, por la fisiología, por los instintos, por la percepción reptiliana y por las descargas
emocionales más rudimentarias. Según Neumann, en el estadio urobórico el organismo todavía «flota
entre los instintos como un animal. Desplegado y parido por la gran Madre Naturaleza, mecido entre sus
brazos, sometido por completo a ella, para bien o para mal. Él no es nada y el mundo lo es todo [el yo
todavía es más o menos material y pleromático]. El mundo le protege y le nutre sin que su voluntad y sus
acciones intervengan casi para nada. No hacer nada, yacer inerte en el inconsciente, limitarse a existir en
un mundo de perpetuas tinieblas, tener todas las necesidades satisfechas por la gran nutridora sin
necesidad de realizar esfuerzo alguno. Así es el primitivo estado beatífico». Y es beatífico por el hecho de
ser prepersonal -casi diríamos preexistente- y, al apenas existir, el yo apenas sufre. (…)
Éste es, según el psicoanálisis, el estadio de la «omnipotencia mágica alucinatoria », un estadio
«inmediatamente posterior al nacimiento en el que el niño siente que lo único que debe hacer para que
algo ocurra es desearlo».
Por muy beatíficamente ignorante que, sea este estadio, no debemos olvidar que, en él, se asientan
también las raíces primordiales del miedo. (…) El yo urobórico del niño comienza a experimentar la
sensación opresiva y fundamental del miedo por la simple razón de que ahora reconoce a otro, el otro
urobórico. Cabe mencionar que los junguianos, los freudianos y los kleinianos coinciden en que este
miedo primordial es interpretado como un miedo oral, el miedo a ser tragado, engullido y aniquilado por el
otro urobórico (a menudo en forma de «mal pecho»). Dado que el uroboros puede «tragarse» al otro teme,
a su vez, sufrir el mismo destino. A este conjunto de circunstancias, a este miedo primordial a ser
aniquilado por el otro urobórico, es a lo que Neumann denomina castración urobórica.
En este nivel, el desarrollo cognitivo del organismo se halla en los primeros estadios del reino
sensoriomotriz (estadios 1, 2 y 3, a los que denominaremos grupalmente, siguiendo a Piaget, «esquemas»
urobóricos o «formas» urobóricas). Según se dice, este estadio es completamente acausal y está
gobernado por los reflejos y por las elaboraciones reflejas y todavía exhibe una orientación pretemporal.

El uroboros alimentario propiamente dicho es estrictamente prepersonal, colectivo, arcaico y reptiliano.


Se trata, sin lugar a dudas, de una de las estructuras más primitivas del psiquismo humano, una estructura
que, junto al pleroma, puede que se remonte más allá de todas las formas de vida inferiores hasta el
mismísimo origen del cosmos.

EL YO TIFÓNICO
Cuando la sensación de identidad infantil comienza a trasladarse desde el uroboros prepersonal hasta el
organismo individual asistimos a la emergencia y consolidación del yo orgánico, del ego corporal. Este yo
orgánico o corporal constituye, en cierto modo, un estadio de transición entre el estadio urobórico
serpentino y el estadio auténticamente humano del ego mental, y es por ello por lo que solemos referimos
a la totalidad de este dominio (a todos sus estadios y subestadios) como el dominio del «tifón».
Recordemos que en el tifón es una figura mitológica medio humana y medio serpiente.
Dividiré a esta fase del desarrollo tifónico en tres subestadios principales: el cuerpo axial, el cuerpo
pránico y el cuerpo imagen, reconociendo, en todo momento, que la diferencia entre esas subfases no es
nítida y que, en numerosas ocasiones, se solapan entre sí.

El cuerpo axial y el cuerpo pránico


El «cuerpo axial» es un término que se refiere esencialmente al hecho de experimentar el cuerpo físico
como algo distinto del entorno físico. (…) El término «imagen axial» es, por tanto, un término genérico que
se refiere a las primeras imágenes estables que contribuyen a que el sujeto perceptor se diferencie del
objeto percibido o experimentado. Las imágenes axiales participan de las sensaciones y percepciones
presentes. Todos los objetos que se hallen presentes ahora mismo en su campo de conciencia (tanto los
objetos que están «fuera de aquí» como las sensaciones que tienen lugar «aquí dentro») son objetos axiales
o imágenes axiales. Por consiguiente, las imágenes axiales reconocen la existencia de objetos (aspectos, de
algún modo diferentes al yo), pero sólo de objetos presentes. Las imágenes axiales dominan los estadios
tercero, cuarto y quinto de la inteligencia sensoriomotriz.
Y con la emergencia de un yo orgánico definido comienzan a emerger también las emociones propias de ese
yo. A este componente emocional fundamental (que es notablemente diferente de los instintos y de los
reflejos rudimentarios propios del uroboros) le denominamos (siguiendo la terminología hinduista o budista)
nivel pránico o cuerpo pránico. Pero, en este estadio, las emociones siguen siendo primitivas y elementales.
(…) Las emociones básicas presentes en este estadio son más bien emociones elementales o «proto-
emociones» (como la ira, el temor, la tensión, el apetito y la satisfacción o el placer, por ejemplo).
Emociones «breves» o «cortocircuitadas» puesto que la imagen axial sólo puede elicitar y sostener
emociones «cortocircuitadas» en el presente breve o inmediato.
Según el psicoanálisis la más importante de todas las imágenes axiales es la imagen del pecho, «la madre
considerada como un objeto parcial». Esta imagen del pecho surge de la «identificación proyectiva» original,
de la totalidad indiferenciada entre la madre, el yo y el pecho. El miedo correspondiente a este estadio es,
por tanto, el miedo a «la pérdida del pecho», un miedo que, según se dice, conduce a la división de la
imagen del pecho en un «buen pecho» -promesa de vida (Eros)- y un «mal pecho» -auténtica amenaza de
muerte (Thanatos).
La imagen axial y la brevedad de la modalidad temporal
propias de este estadio (un estadio en el que englobo, por pura conveniencia, a los niveles axial y pránico)
están también íntimamente relacionadas con los dos aspectos motivacionales característicos de este nivel,
el principio del placer-displacer y el instinto de supervivencia inmediata.

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