Historia de EE.UU. en la Posguerra
Historia de EE.UU. en la Posguerra
Capítulo 12:
Estados Unidos en la posguerra
Día de mudanza en una comunidad suburbana recién inaugurada en 1953. (J.R Eyerman/Time Life Pictures/Getty Images)
Estados Unidos dominó los asuntos internacionales en los primeros años después de la Segunda Guerra
Mundial. Tras la victoria en la gran contienda y al ver que su patria se había librado de la devastación de la
guerra, los estadounidenses se sentían confiados de su misión, tanto en el ámbito nacional como en el
exterior. Los líderes del país deseaban preservar la estructura democrática que habían defendido a tan
enorme costo y querían compartir los beneficios de la prosperidad lo más ampliamente posible. Para ellos,
igual que para el editor de la revista Time, Henry Luce, aquel era "el siglo de Estados Unidos".
Durante 20 años, la mayoría de los estadounidenses se sintieron seguros de ese enfoque basado en la
confianza; aceptaron la necesidad de asumir una posición fuerte contra la Unión Soviética en la Guerra
Fría que se desenvolvió a partir de 1945. Apoyaron el crecimiento de la autoridad del gobierno y aceptaron
las líneas generales del rudimentario estado benefactor formuladas por vez primera en el Nuevo Trato.
Disfrutaban una prosperidad de posguerra que creó nuevos niveles de riqueza.
Sin embargo, poco a poco algunos empezaron a cuestionar los supuestos predominantes. Las
impugnaciones surgidas en diversos frentes destruyeron el consenso. En la década de 1950, los
afroestadounidenses iniciaron una cruzada, a la que más tarde se unirían otros grupos minoritarios y las
mujeres, para gozar de una porción mayor del sueño estadounidense. En los años 60, los estudiantes
políticamente activos protestaron por el papel del país en el exterior, sobre todo en la corrosiva guerra de
Vietnam. Surgió una contracultura juvenil que impugnó el statu quo. Los más diversos sectores de la
población deseaban crear un nuevo equilibrio social y político en Estados Unidos.
La Guerra Fría fue la cuestión política y diplomática más importante en los primeros años de la posguerra.
Surgió de los viejos desacuerdos entre la Unión Soviética y Estados Unidos que se desarrollaron después
de la Revolución Rusa de 1917. El Partido Comunista soviético bajo el mando de V. I. Lenin se vio a sí
mismo como la punta de lanza de un movimiento internacional que habría de sustituir a las clases de
orden político vigentes en Occidente y, de hecho, en todo el mundo. En 1918, tropas estadounidenses
participaron en la intervención de los Aliados en Rusia a favor de las fuerzas antibolcheviques. Estados
Unidos no concedió reconocimiento diplomático al régimen bolchevique sino hasta 1933 y aun entonces
persistía la suspicacia. Sin embargo los dos países lucharon como aliados en la Segunda Guerra Mundial
y pasaron por alto sus diferencias para encarar el peligro nazi.
Cuando la guerra terminó, el antagonismo volvió a aflorar. Estados Unidos esperaba compartir con otras
naciones sus ideas de libertad, igualdad y democracia. También trató de aprender de los errores
percibidos en la era posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando se creyó que el alejamiento político y el
proteccionismo económico de Estados Unidos contribuyeron a la irrupción de dictaduras en Europa y otros
lugares. Al encarar de nuevo un mundo de posguerra con guerras civiles e imperios que se desintegraban,
este país esperaba aportar la estabilidad necesaria para hacer posible la reconstrucción pacífica.
Recordando el espectro de la Gran Depresión (1929-1940), Estados Unidos defendía ahora el libre
comercio por dos razones: crear mercados para sus productos agrícolas e industriales y garantizar la
capacidad de las naciones del oeste europeo para exportar como un medio para reconstruir sus
economías. Los estadounidenses forjadores de políticas creían que la reducción de las barreras al
comercio fomentaría el crecimiento económico interno y en el exterior y fortalecería a los amigos y aliados
de su país.
La Unión Soviética tenía su propia agenda. La tradición histórica rusa de gobiernos centralizados y
autocráticos contrastaba con el énfasis estadounidense en la democracia. La ideología marxistaleninista
se moderó durante la guerra, pero seguía guiando la política soviética. Devastada por una lucha en la que
murieron 20 millones de sus ciudadanos, la Unión Soviética estaba decidida a reconstruirse y protegerse
de otro conflicto igualmente terrible. A los soviéticos les inquietaba sobre todo la perspectiva de que su
territorio fuera invadido otra vez desde el oeste. Habiendo repelido los embates de Hitler, estaban
decididos a evitar otro ataque de esa índole. Exigían fronteras "defendibles" y gobiernos "amistosos" en el
este de Europa y al parecer asociaron ambas cosas con la propagación del comunismo, a despecho de los
deseos de las poblaciones nativas. En cambio Estados Unidos había declarado que el restablecimiento de
la independencia y el autogobierno en Polonia, Checoslovaquia y los demás países del centro y el este de
Europa era uno de sus objetivos en la guerra.
Harry S. Truman fue el sucesor de Franklin D. Roosevelt en la presidencia antes que terminara la guerra.
Siendo un hombre sin pretensiones que primero fue senador demócrata por Missouri y después
vicepresidente, no se sintió al principio bien preparado para gobernar. Como Roosevelt no comentaba con
él las complejas cuestiones de la posguerra, Truman tenía poca experiencia en asuntos internacionales.
"No soy lo bastante grande para este trabajo", le dijo una vez a un ex colega.
A pesar de todo, Truman respondió sin dilación a los nuevos retos. Impulsivo a veces en asuntos menores,
demostró estar dispuesto a tomar decisiones difíciles y bien meditadas sobre asuntos de mayor
importancia. En su escritorio de la Casa Blanca tenía un pequeño letrero que decía: "Aquí es donde para la
pelota". Sus juicios sobre el modo de responder a la Unión Soviética determinaron a fin de cuentas la
situación en los albores de la Guerra Fría.
La Guerra Fría se desarrolló cuando las diferencias de opinion sobre cómo debía ser el mundo de
posguerra dieron lugar a suspicacias y desconfianza entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El primero
y el más difícil de los casos de prueba fue Polonia, cuya mitad oriental había sido invadida y ocupada por
la URSS en 1939. Moscú exigía un gobierno sometido a su influencia y Washington quería instaurar allí un
gobierno más independiente y representativo, de acuerdo con el modelo occidental. En febrero de 1945, la
Conferencia de Yalta había producido un acuerdo de amplio alcance acerca de Europa oriental que se
prestaba a distintas interpretaciones. En él se incluía la promesa de realizar elecciones "libres y sin
restricciones" en Polonia.
Menos de tres semanas después de haber asumido la presidencia, en una reunión con el ministro
soviético de asuntos externos Vyacheslav Molotov, Truman se mantuvo firme en defensa de la
autodeterminación de Polonia, y sermoneó al diplomático soviético sobre la necesidad de poner en vigor
los acuerdos de Yalta. Cuando Molotov replicó: "Nunca en mi vida me habían hablado así", Truman le
respondió: "Cumpla usted sus acuerdos y nadie le hablará en esta forma". Las relaciones se deterioraron a
partir de ese momento.
En los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, fuerzas militares de la URSS ocuparon todo el centro
y el este de Europa. Moscú usó su poder militar para apoyar los esfuerzos de los partidos comunistas de
Europa oriental y aplastar a los partidos democráticos. Los comunistas se apoderaron de uno a uno de los
países. El proceso culminó con un golpe de estado perpetrado en Checoslovaquia en 1948.
"Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático", dijo Churchill, "una cortina de hierro ha
descendido a través del continente". Gran Bretaña y Estados Unidos, declaró, tendrían que trabajar juntos
para contener la amenaza soviética.
LA CONTENCIÓN
La política estadounidense en los años de posguerra consistió en contener a la Unión Soviética. George
Kennan, un alto funcionario de la embajada de Estados Unidos en Moscú, definió ese nuevo enfoque en
un largo telegrama que envió al Departamento de Estado en 1946. Él mismo amplió su análisis en un
artículo publicado con la firma "X" en el prestigioso periódico Foreign Affairs. En una alusión al tradicional
sentimiento de inseguridad de Rusia, Kennan dijo que la Unión Soviética no suavizaría su posición por
ningún concepto. Escribió que Moscú estaba "comprometido en forma fanática con la idea de que no era
posible tener un modus vivendi permanente con [Link]. y que era deseable y necesario perturbar la
armonía interna de nuestra sociedad". La presión de Moscú para expandir su poder tendría que ser
neutralizada con una "labor firme y vigilante para contener la tendencia expansionista de Rusia...".
La doctrina de la contención se aplicó por vez primera de modo significativo en el Oriente Medio y en el
este del Mediterráneo. A principios de 1946, Estados Unidos exigió y obtuvo el retiro total de los soviéticos
de Irán, cuya mitad septentrional había sido ocupada por ellos durante la guerra. En ese verano, [Link].
tuvo el acierto de apoyar a Turquía contra las demandas soviéticas de controlar los estrechos turcos entre
el Mar Negro y el Mediterráneo. A principios de 1947, la política estadounidense cristalizó cuando los
británicos informaron que ya no podrían seguir apoyando al gobierno de Grecia contra una insurgencia
comunista poderosa.
En un enérgico discurso en el Congreso, Truman dijo: "Creo que la política de Estados Unidos debe
consistir en apoyar a los pueblos libres que se resisten a ser subyugados por minorías armadas o por
presiones del exterior". Los periodistas no tardaron en llamar a esa declaración la Doctrina Truman. El
presidente solicitó al Congreso 400 millones de dólares en ayuda económica y militar, sobre todo para
Grecia, pero también para Turquía. Después de un emotivo debate que hizo recordar al de los
intervencionistas y los aislacionistas antes de la Segunda Guerra Mundial, esa suma le fue concedida.
Los detractores de izquierdas acusaron después a Truman de haber exagerado la amenaza soviética para
Estados Unidos con tal de lograr que sus compatriotas apoyaran la política de contención. A su vez, esta
declaración provocó una oleada de histeria anticomunista en todo el país. Tal vez así fue. Sin embargo
otros rebatirían este argumento diciendo que en él se pasa por alto la reacción que probablemente se
habría producido si Grecia, Turquía y otros países hubieran caído en la órbita soviética sin oposición
alguna de Estados Unidos.
La contención requirió también una copiosa ayuda económica para ayudar a la recuperación del oeste de
Europa devastado por la guerra. Ante la inestabilidad económica y política que privaba en muchos de los
países de la región, Estados Unidos temía que los partidos comunistas locales, dirigidos por Moscú,
capitalizaran su prestigio por la resistencia que opusieron a los nazis en la guerra y accedieran al poder. El
secretario de Estado, George C. Marshall, declaró: "El paciente se consume mientras los médicos
deliberan". A mediados de 1947, Marshall invitó a los atribulados países de Europa a elaborar un programa
"que no iría dirigido contra ningún país o doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el
caos".
Los soviéticos participaron en la primera reunión de planificación, pero después se retiraron para no
compartir sus datos económicos ni someter al control de Occidente los egresos destinados a la ayuda. Los
16 países restantes elaboraron una petición de fondos que arrojó la cifra final de 17.000 millones de
dólares para un periodo de cuatro años. A principios de 1948 el Congreso aprobó por votación que se
financiara el "Plan Marshall" para ayudar a la recuperación económica de Europa occidental, lo cual se
considera en general como una de las iniciativas de política exterior más exitosas en la historia de Estados
Unidos.
La Alemania de posguerra era un problema especial. Fue dividida en zonas de ocupación estadounidense,
soviética, británica y francesa, y la propia ex capital del país, Berlín (dividida a su vez en cuatro zonas),
quedó cerca del centro de la zona soviética. Cuando las potencias de Occidente anunciaron su intención
de crear un estado federal consolidado a partir de sus respectivas zonas, Stalin reaccionó. El 24 de junio
de 1948, fuerzas soviéticas bloquearon Berlín, interrumpiendo todas las vías de acceso, por carretera y
ferrocarril, desde Occidente.
Los líderes estadounidenses temían que la pérdida de Berlín fuera el preludio de la pérdida de Alemania y,
más tarde, de toda Europa. Por lo tanto, en una exitosa demostración de la firmeza de Occidente que se
llegó a conocer como "El Puente Aéreo de Berlín", la aviación de los Aliados alzó el vuelo para llevar
provisiones a esa ciudad. Aviones de [Link]., Francia y Gran Bretaña transportaron casi 2.250.000
toneladas de productos, entre ellos alimentos y carbón. Stalin levantó el bloqueo al cabo de 231 días y de
277.264 vuelos.
Para entonces, la dominación soviética en Europa oriental y sobre todo el golpe de estado en
Checoslovaquia alarmó a los europeos occidentales. El resultado, propuesto por los europeos, fue una
alianza militar como complemento de las medidas económicas de contención. El historiador noruego Geir
Lundestad ha llamado a esto "el imperio por invitación". En 1949 [Link]. y otros 11 países fundaron la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Un ataque a cualquiera de sus miembros se
interpretaría como una agresión contra todos y se le haría frente con la fuerza adecuada. La OTAN fue la
primera "alianza vinculatoria" en tiempo de paz con potencias fuera del hemisferio occidental en la historia
de Estados Unidos.
Al año siguiente este país definió con claridad sus objetivos de defensa. El Consejo Nacional de Seguridad
(CNS) — el foro donde el presidente, los funcionarios del gabinete y otros miembros de la rama ejecutiva
estudian los problemas de seguridad nacional y de asuntos exteriores — emprendió una revisión a fondo
de la política exterior y de defensa del país. El documento resultante, conocido como el NSC-68, marcó un
nuevo rumbo en la política de seguridad estadounidense. A partir del supuesto de que "la Unión Soviética
estaba empeñada en un esfuerzo fanático por controlar a todos los gobiernos siempre que fuera posible",
el document comprometió a [Link]. a ayudar a los países aliados que parecieran estar amenazados por la
agresión soviética en cualquier lugar del mundo. Después del inicio de la Guerra de Corea, Truman aprobó
el documento con renuencia. Estados Unidos se aprestó a incrementar sus gastos de defensa en forma
notable.
Al tiempo que trataba de impedir que la ideología comunista ganara más adeptos en Europa, Estados
Unidos respondió también a desafíos en otros lugares. En China, a los estadounidenses les preocupaban
los progresos de Mao Zedong y su Partido Comunista. En la Segunda Guerra Mundial, el gobierno
nacionalista de Chiang Kai-shek se enfrascó en una guerra civil contra las fuerzas comunistas y, a la vez,
combatía a los japoneses. "Chiang había sido un aliado durante la guerra, pero su gobierno no tenia
esperanza por ineficiente y corrupto. Los creadores de políticas estadounidenses tenían pocas esperanzas
de salvar ese régimen y consideraron que Europa era mucho más importante." Mientras la mayor parte de
la ayuda estadounidense iba al otro lado del Atlántico, las fuerzas de Mao tomaron el poder en 1949. El
gobierno de Chiang huyó a la isla de Taiwán. Cuando el nuevo gobernante de China anunció que apoyaría
a la Unión Soviética contra el "imperialista" Estados Unidos, eso pareció indicar que el comunismo se
estaba propagando sin el menor control, al menos en Asia.
La Guerra de Corea trajo conflictos armados entre Estados Unidos y China. Los Estados Unidos y la Unión
Soviética habían dividido Corea a lo largo del paralelo 38 después de haberlo liberado de Japón al final de
la Segunda Guerra Mundial. Originalmente una cuestión de conveniencia militar, la línea divisoria se hizo
más rígida ya que ambas grandes potencias establecieron gobiernos en sus respectivas zonas de
ocupación y continuaron apoyandolos aún después de haber partido.
En junio de 1950, después de consultarlo con la Unión Soviética y obtener su aprobación, el dirigente de
Corea del Norte Kim Il-sung envió a su ejército pertrechado por los soviéticos a través del paralelo 38 y
atacó al sur, neutralizando a Seúl. Al darse cuenta de que los norcoreanos eran peones de la URSS en la
lucha por el mundo, Truman envió a Corea a las fuerzas armadas de [Link]., comandadas por el héroe de
la Segunda Guerra Mundial, general Douglas MacArthur. Entre tanto, Washington logró que la ONU
expidiera una resolución en la que se señalaba a Corea del Norte como el agresor. (La Unión Soviética,
que habría podido vetar la decisión si hubiera ocupado su escaño en el Consejo de Seguridad, se había
retirado para boicotear a las Naciones Unidas en protesta porque ésta no admitió en sus filas al nuevo
régimen de Mao en China.)
La guerra fue un continuo vaivén. Las fuerzas estadounidenses y coreanas fueron repelidas al principio
hasta un enclave muy al sur, en torno de la ciudad de Pusan. Un audaz desembarco anfibio en Inchon, el
puerto para la ciudad de Seúl, obligó a los norcoreanos a retroceder y amenazó con ocupar toda la
península. En noviembre, China se incorporó a la guerra y envió enormes masas de combatientes a través
del río Yalu. Las fuerzas de la ONU, en gran parte estadounidenses, retrocedieron una vez más en la
cruenta lucha. Bajo el mando del general Matthew B. Ridgway, contuvieron la excesiva expansión de los
chinos y poco a poco se abrieron paso de nuevo hasta el paralelo 38.
Lo que estaba en juego en la Guerra Fría era valioso. Consciente de la prioridad europea, el gobierno de
Estados Unidos decidió no enviar más tropas a Corea y se dispuso a concertar un acuerdo para restituir el
statu quo anterior a la guerra. El resultado fue la frustración de muchos estadounidenses que no acertaban
a entender la necesidad de tanta moderación. La popularidad de Truman se desplomó a un índice de
aprobación de sólo 24%, el más bajo obtenido hasta entonces por un presidente desde que se empezaron
a hacer encuestas para calcular la popularidad del mismo. Las conversaciones para concertar la tregua
empezaron en julio de 1951. Los dos bandos llegaron por fin a un acuerdo en julio de 1953, en el primer
periodo presidencial de Dwight Eisenhower, el sucesor de Truman.
La lucha de la Guerra Fría se produjo también en el Medio Oriente. La importancia estratégica de la región
como proveedora de petróleo, había aportado gran parte del impulso para expulsar de Irán a los soviéticos
en 1946. Pero al cabo de dos años, 15 minutos después de que Israel fue proclamado como nuevo estado,
Estados Unidos lo reconoció oficialmente (esa decisión de Truman fue recibida con mucha resistencia por
Marshall y por el Departamento de Estado). El resultado de esto fue un prolongado dilema: cómo mantener
nexos con Israel y conservar buenas relaciones con los estados árabes, enconadamente contrarios a
Israel (y ricos en petróleo).
En 1953, Dwight D. Eisenhower se convirtió en el primer presidente republicano en 20 años. Más un héroe
de la guerra que un político de carrera, él tenía un dejo de naturalidad y sencillez que lo hizo muy popular.
"I Like Ike" ("Me gusta Ike") fue la consigna de su campaña en ese tiempo. Después de haber sido
comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa occidental en la Segunda Guerra Mundial,
Eisenhower fue jefe del estado mayor del ejército, rector de la Universidad Columbia y jefe militar de la
OTAN antes de aspirar a la candidatura presidencial por el Partido Republicano. Con su habilidad para
lograr que la gente trabajara en equipo, actuó como un vigoroso portavoz del público y como un director
ejecutivo un tanto distante de los detalles propios de la creación de política.
A pesar de algunos desacuerdos en cuanto a detalles, él tenía en esencia la misma opinión que Truman
sobre la política exterior del país. También él veía al comunismo como una fuerza monolítica que pugnaba
por la supremacía mundial.
El nuevo presidente y su secretario de Estado, John Foster Dulles, afirmaron que la contención no bastaba
para frenar la expansion soviética. A su juicio, se requería una política de liberación más agresiva a favor
de los que estaban sojuzgados por el comunismo. Sin embargo, cuando estalló una rebelión democrática
en Hungría en 1956, Estados Unidos se mantuvo retraído mientras las fuerzas soviéticas la sofocaban.
Eisenhower seguía firme en su compromiso básico de contener al comunismo, para lo cual dio mayor
importancia a un escudo nuclear para proteger al país. Estados Unidos creó las primeras bombas
atómicas. En 1950 Truman autorizó el desarrollo de la nueva y más potente bomba de hidrógeno.
Eisenhower, temiendo que los gastos de defensa se salieran de control, revirtió la política NSC-68 de
Truman basada en una gran acumulación militar de tipo convencional. Tomando como base lo que Dulles
llamó "represalias masivas", el gobierno manifestó que estaría dispuesto a usar armas atómicas si la
nación o sus intereses vitales fueran atacados.
Sin embargo, en la práctica, la opción nuclear sólo podía usarse ante un ataque extremadamente crítico.
Las amenazas comunistas reales fueron periféricas en general. Eisenhower se opuso al uso de armas
nucleares en Indochina cuando los franceses fueron expulsados por las fuerzas comunistas vietnamitas en
1954. Fuerzas británicas y franceses atacaron Egipto en 1956, cuando ese país nacionalizó el Canal de
Suez e Israel invadió el Sinaí egipcio. El presidente ejerció una intensa presión sobre los tres países para
que se retiraran. Sin embargo, es posible que la China comunista haya tomado en serio la amenaza
nuclear ya que no sólo se abstuvo de atacar Taiwán, sino también de ocupar algunas islas pequeñas que
estaban en manos de los chinos nacionalistas muy cerca del continente. Es posible que eso haya
disuadido a los soviéticos de ocupar Berlín, tema que volvió a surgir como un problema lacerante en los
dos últimos años de Eisenhower en el cargo.
La Guerra Fría no sólo configuró la política exterior de Estados Unidos, sino también tuvo un profundo
efecto en los asuntos internos. Por largo tiempo los estadounidenses habían temido una subversión
radical. A veces esos temores fueron quizá exagerados y se usaron como pretexto para justificar
restricciones políticas que en otras condiciones habrían sido inaceptables, pero también es cierto que
algunos individuos sometidos a la disciplina del Partido Comunista y muchos de sus parásitos
simpatizantes no entregaron su lealtad política a Estados Unidos sino al movimiento comunista
internacional o, en términos prácticos, a Moscú. En la época del "espantajo rojo" de 1919 y 1920, el
gobierno trató de suprimir las amenazas que la sociedad del país percibía a ese respecto. Después de la
Segunda Guerra Mundial redobló sus esfuerzos contra el comunismo en Estados Unidos. Los eventos del
exterior, los escándalos en torno al espionaje y la política crearon una histeria anticomunista.
Cuando los republicanos triunfaron en las elecciones de medio periodo para el Congreso en 1946 y se
mostraron dispuestos a investigar las actividades subversivas, el presidente Truman instituyó un Programa
de Lealtad de los Empleados Federales. Eso produjo poco impacto en la vida de la mayoría de los
funcionarios civiles, pero varios cientos de ellos fueron destituidos, algunos en forma injusta.
En 1948, Alger Hiss, que había sido subsecretario de Estado y consejero de Roosevelt en Yalta, fue
acusado públicamente de ser un espía comunista por el ex agente soviético Whittaker Chambers. Hiss
negó la acusación, pero en 1950 fue condenado por perjurio. Más tarde surgieron pruebas de que sí era
culpable.
En 1949 la Unión Soviética estremeció a los estadounidenses con el ensayo de su propia bomba atómica.
En 1950, el gobierno descubrió una red de espionaje británico-estadounidense que transfería a la Unión
Soviética materiales sobre el desarrollo de la bomba atómica. Dos de sus operativos, Julius Rosenberg y
su esposa Ethel, fueron sentenciados a muerte. El ministro de justicia J. Howard McGrath declaró que
había muchos comunistas estadounidenses y que cada uno de ellos portaba "el germen de la muerte para
la sociedad".
El luchador más denodado contra el comunismo fue el senador Joseph R. McCarthy, un republicano de
Wisconsin. Él atrajo la atención del país en 1950 cuando dijo que tenía una lista de 205 comunistas
conocidos que trabajaban en el Departamento de Estado. Aunque más tarde modificó la cifra en varias
ocasiones y no pudo comprobar ninguna de sus acusaciones, tocó una cuerda sensible del público.
McCarthy adquirió poder en 1952, cuando el Partido Republicano obtuvo el control del Senado. Como
presidente de un comité tuvo al fin un foro para su propia cruzada. Por medio de una amplia cobertura de
prensa y televisión siguió buscando casos de traición entre los funcionarios de segundo nivel en el
gobierno de Eisenhower. Disfrutando su papel de hombre duro que realizaba el trabajo sucio, pero
indispensable, McCarthy persiguió a los supuestos comunistas con gran vigor.
McCarthy se extralimitó al desafiar al Ejército de [Link]. cuando uno de sus ayudantes fue reclutado. La
televisión llevó las audiencias a millones de hogares. Entonces muchos estadounidenses vieron por
primera vez las tácticas salvajes de McCarthy y el apoyo del público se empezó a esfumar. El Partido
Republicano, que había considerado útil a McCarthy para impugnar a un gobierno demócrata cuando
Truman fue presidente, empezó a verlo ahora como motivo de vergüenza. Al final, el Senado lo condenó
por su conducta.
En muchos aspectos, McCarthy encarnó los peores excesos de la Guerra Fría en el país. Cuando los
estadounidenses lo rechazaron, a muchos les pareció natural suponer que la amenaza comunista en el
país y en el exterior había sido burdamente exagerada. Cuando el país se acercaba a la década de 1960,
el anticomunismo llegó a ser cada día más sospechoso, sobre todo entre los intelectuales y los forjadores
de opinión.
En los tres lustros posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos logró un crecimiento
económico asombroso y consolidó su posición como la nación más rica del mundo. El producto nacional
bruto (PNB), una medida del total de bienes y servicios producidos en un país, aumentó en el país de unos
200.000 millones de dólares en 1940 a 300.000 millones en 1950 y a más de 500.000 millones en 1960.
Cada día era mayor el número de estadounidenses que se consideraban parte de la clase media.
El crecimiento tuvo distintas fuentes: el estímulo económico debido a los gastos públicos en gran escala
para la Segunda Guerra Mundial ayudó a ponerlo en marcha y dos necesidades básicas de la clase media
ayudaron mucho a mantenerlo en movimiento. El número de automóviles fabricados al año se cuadruplicó
entre 1946 y 1955. El auge de la construcción de viviendas, alentado en parte por las facilidades
concedidas a los ex combatientes para la obtención de hipotecas, fomentó la expansión. El aumento de los
gastos de defensa hizo también su aportación a este respect cuando la Guerra Fría se recrudeció.
A partir de 1945, las mayores corporaciones de Estados Unidos crecieron aún más. Ya había habido
oleadas de fusiones en las décadas de 1890 y 1920, y se produjo una oleada más en la de 1950. Las
operaciones a base de franquicias, como los restaurantes McDonald's de comida rápida, permitieron que
los pequeños emprendedores se convirtieran en parte integral de empresas grandes y eficientes. También
las grandes corporaciones del país abrieron plantas en el extranjero, donde a menudo la fuerza de trabajo
era más barata.
Los bienes se producían con menos mano de obra y aumentaba el número de trabajadores en el sector
servicios. Ya en 1956 la mayoría de los empleados realizaban tareas de cuello blanco, ya sea como
gerentes, maestros, vendedores o empleados de oficina. Algunas firmas garantizaban un salario anual,
contratos de empleo a largo plazo y otras prestaciones. Con esos cambios, la militancia sindical se debilitó
y algunas diferencias de clase se empezaron a desvanecer.
Los granjeros — por lo menos los que tenían operaciones pequeñas — vivían una época difícil. El
aumento de productividad dio lugar a la consolidación agrícola y la agricultura se convirtió en una gran
empresa. Un creciente número de familias de agricultores abandonó la tierra.
También otros estadounidenses mudaron de residencia. Las regiones del oeste y el suroeste crecieron
cada vez más de prisa y esa tendencia continuó hasta el final del siglo. Las ciudades de la Franja del Sol,
como Houston, Texas; Miami, Florida; Albuquerque, Nuevo México; y Phoenix, Arizona, se expandieron de
prisa. Los Ángeles, California le ganó la delantera a Filadelfia, Pennsylvania, como la tercera ciudad más
grande de [Link]. y luego sobrepasó a Chicago, la metrópoli del medio oeste. El censo de 1970 demostró
que California había desplazado a Nueva York como el estado más grande de la nación. En el 2000,
Texas ya se había adelantado a Nueva York y ocupaba el segundo lugar.
Un movimiento demográfico aún más importante hizo que los estadounidenses emigraran del centro de las
ciudades a nuevos suburbios donde las familias más numerosas, surgidas en la posguerra a raíz del auge
de nacimientos, esperaban hallar vivienda a precio accesible. Urbanistas como William J. Levitt
construyeron nuevas comunidades — donde todas las casas tenían el mismo aspecto — con las técnicas
de la producción en masa. Las casas de Levitt eran prefabricadas — parte del montaje se hacía en la
fábrica y no en su ubicación definitiva — y modestas, pero los métodos de Levitt abatieron los costos y
permitieron que nuevos propietarios se adueñaran de una parte del sueño norteamericano.
Cuando los suburbios crecieron, las empresas se mudaron a las nuevas áreas. Grandes centros
comerciales que reunían una gran variedad de tiendas cambiaron los hábitos de consumo y su número
aumentó, de ocho al final de la Segunda Guerra Mundial a 3.840 en 1960. Con cómodos estacionamientos
y horarios vespertinos accesibles, esas instalaciones permitían que sus clientes nunca tuvieran que ir de
compras al centro de la ciudad. Una consecuencia infortunada de esto fue el "abandono" del centro de las
ciudades donde antes había tanta actividad.
Nuevas autopistas brindaron mejor acceso a los suburbios y sus tiendas. La Ley de Carreteras de 1956
dispuso la asignación de 26.000 millones de dólares, la más cuantiosa destinada al rubro de obras
públicas en la historia de [Link]., para construir más de 64.000 kilómetros de carreteras interestatales de
acceso limitado y comunicar entre sí a todas las regiones del país.
La televisión tuvo también un impacto poderoso sobre las pautas sociales y económicas. En 1960, tres
cuartas partes de las familias del país tenían por lo menos un televisor. A mediados de la década, la
familia promedio dedicaba cuatro o cinco horas al día a mirar la televisión. Dos programas populares para
niños fueron Howdy Doody Time y The Mickey Mouse Club; los espectadores de más edad preferían
comedias de situaciones como I Love Lucy (Yo quiero a Lucy) y Father Knows Best (Papá lo sabe todo).
Los estadounidenses de todas las edades quedaron expuestos a una publicidad cada día más sofisticada,
la cual les mostraba productos que, según se les decía, eran necesarios para la buena vida.
EL TRATO JUSTO
El programa nacional de Harry Truman recibió el nombre de "El Trato Justo". Abundando en la idea del
Nuevo Trato de Roosevelt, Truman consideró que el gobierno federal debía garantizar las oportunidades
económicas y la estabilidad social, y luchó para alcanzar esos fines contra la feroz oposición política de
legisladores conservadores que estaban decididos a reducir el papel del gobierno.
La primera prioridad de Truman en el periodo inicial de la posguerra consistió en lograr la transición a una
economía de tiempo de paz. Los soldados tenían prisa por volver a su hogar, pero en cuanto lo hacían se
enfrentaban a la competencia por la vivienda y el empleo. La Ley de Conscriptos, aprobada antes del final
de la guerra, ayudó a facilitar la reintegración de éstos a la vida civil, pues les brindó diversos beneficios,
como préstamos con garantía para la compra de viviendas y ayuda financiera para su capacitación
industrial y educación universitaria.
El descontento laboral era más inquietante. Cuando cesó la producción para la guerra, muchos
trabajadores perdieron su empleo y otros exigieron aumentos de salario que, a su juicio, se les debían
desde mucho tiempo atrás. En 1946 se declararon en huelga 4,6 millones de trabajadores, más que nunca
antes en la historia de Estados Unidos. Ellos desafiaron a las industrias del automóvil, el acero y la
electricidad. Cuando se lanzaron contra los ferrocarriles y las minas de carbón bituminoso, Truman
intervino para poner coto a los excesos sindicales, pero con eso se distanció de muchos trabajadores.
Al atender los problemas inmediatos apremiantes, Truman propuso también una agenda de acción más
amplia. Menos de una semana después del final de la guerra, presentó al Congreso un programa de 21
puntos que impartía protección contra las prácticas injustas en materia de empleos, un salario mínimo más
alto, mayores pagos por desempleo y asistencia para la vivienda. En los meses siguientes agregó
propuestas para un seguro de salud y legislación sobre la energía atómica. Sin embargo, ese enfoque tan
disperse hizo que las prioridades de Truman parecieran a menudo poco claras.
Los republicanos se apresuraron a atacar; en las elecciones del Congreso en 1946, preguntaron: "¿Creen
que ya fue suficiente?" y los votantes respondieron que sí. Al contar con mayoría en ambas cámaras del
Congreso por primera vez desde 1928, los republicanos estaban decididos a invertir el rumbo liberal de los
años de Roosevelt.
Truman luchó contra el Congreso cuando éste redujo los gastos y los impuestos. En 1948 aspiró a la
reelección, aun cuando las encuestas mostraban que tenía pocas posibilidades. Después de una vigorosa
campaña, Truman dio una de las sorpresas más grandes en la política de este país al vencer al candidato
republicano, Thomas Dewey, el gobernador de Nueva York. Truman revivió la antigua coalición del Nuevo
Trato y ganó el apoyo de los votantes obreros, agricultores y afroestadounidenses.
Cuando Truman dejó por fin el cargo en 1953, su programa del Trato Justo tenía un éxito ambiguo. En julio
de 1948 prohibió la discriminación racial en la contratación de empleados del gobierno federal y ordenó
que se pusiera fin a la segregación en las fuerzas militares. El salario mínimo se elevó y los planes de
seguridad social se ampliaron. Un programa de vivienda tuvo algunos aciertos, pero no logró satisfacer
muchas necesidades. Las medidas para un seguro nacional de salud y el plan de ayuda a la educación no
fueron aprobadas por el Congreso. La preocupación del presidente por la Guerra Fría, que a fin de cuentas
era su objetivo más importante, hizo que le fuera especialmente difícil obtener apoyo para la reforma social
frente a una intensa oposición.
EL ENFOQUE DE EISENHOWER
Cuando Dwight Eisenhower sucedió a Truman como presidente, aceptó el marco básico de
responsabilidad del gobierno establecido en el Nuevo Trato, pero trató de poner límites a los programas y
los gastos. Él describió su enfoque como "conservadurismo dinámico" o "republicanismo moderno" y
explicó que eso significaba ser "conservador en lo que toca al dinero, pero liberal cuando se trata de seres
humanos". Según la crítica de un opositor, Eisenhower parecía decir que "recomendaba con entusiasmo la
construcción de muchas más escuelas... pero no proveía dinero para hacerlo".
La mayor prioridad de Eisenhower consistió en equilibrar el presupuesto después de varios años de déficit.
Se proponía recortar los gastos y los impuestos, y mantener el valor del dólar. Los republicanos estaban
dispuestos a exponerse al desempleo con tal de mantener a raya la inflación. Renuentes a estimular
demasiado la economía, fueron testigos de tres periodos de recesión en el país en los ocho años de la
presidencia de Eisenhower, aunque ninguno de ellos fue muy grave.
Comparado con Truman, Eisenhower tuvo un programa nacional modesto. Si promovía en forma activa un
proyecto de ley, es probable que éste fuera para recortar un poco el legado del Nuevo Trato; por ejemplo,
reduciendo los subsidios al agro o imponiendo ligeras restricciones a los sindicatos. Su escasa inclinación
a presionar por un cambio fundamental en cualquier dirección encajó muy bien con el espíritu de
prosperidad general de los años 50. Él fue uno de los pocos presidentes que mantuvieron el mismo nivel
de popularidad desde el principio hasta el final.
En los años 50, muchos comentaristas culturales argumentaron que prevalecía un sentimiento de
uniformidad en toda la sociedad de Estados Unidos. Ellos decían que el conformismo era increíblemente
común. A pesar de que durante la Segunda Guerra Mundial se les impusieron nuevas pautas de empleo a
los hombres y las mujeres, sus papeles tradicionales se reafirmaron en cuanto terminó el conflicto. Se
esperaba que el hombre ganara el sustento para la familia y que la mujer asumiera su papel de ama de
casa aunque también tuviera un empleo. En su notable libro The Lonely Crowd (La multitud solitaria), el
sociólogo David Riesman dijo que la nueva sociedad estaba "dirigida por los demás" y se caracterizaba
por el conformismo, pero también por la estabilidad. La televisión todavía muy limitada en cuanto a las
opciones que ofrecía a los espectadores, reforzó la tendencia a favor de una cultura homogénea,
brindando a jóvenes y viejos una experiencia compartida que reflejaba las pautas sociales aceptadas.
Sin embargo, debajo de esta superficie aparentemente tranquila bullía la rebelión en importantes sectores
de la sociedad estadounidense. Un buen número de escritores, conocidos colectivamente como la
"generación beat", se esforzaron al máximo por impugnar las normas de la respetabilidad y escandalizar al
resto de la cultura. Con énfasis en lo espontáneo y lo espiritual, preferían la intuición por encima de la
razón y el misticismo oriental antes que la religión institucionalizada de Occidente.
La obra literaria de los beats exhibió su sentimiento de alienación y la búsqueda de autorrealización. Jack
Kerouac mecanografió su best seller, la novela On the Road (En el camino), en un rollo de papel de 75
metros. En ese libro se exaltaron las posibilidades de la vida libre, prescindiendo de la puntuación y la
estructura tradicional en párrafos. El poeta Allen Ginsberg ganó el mismo tipo de celebridad con su poema
"Aullido", una crítica implacable a la mecanizada civilización moderna. Cuando la policía juzgó que la obra
era obscena e incautó la versión publicada, Ginsberg impugnó con éxito el veredicto en los tribunales.
También los músicos y los artistas plásticos se rebelaron. El cantante de Tennessee, Elvis Presley, fue el
que tuvo más éxito entre los intérpretes blancos que popularizaron un estilo de música afro-
estadounidense sensual y vibrante que la gente empezó a llamar "rock and roll". Al principio escandalizó a
los estadounidenses de clase media con su peinado de cola de pato y su cadera ondulante. Pero en unos
cuantos años su actuación parecería relativamente moderada junto a las extravagancias de otros
intérpretes posteriores como el grupo británico de los Rolling Stones. Así mismo, fue en la década de 1950
cuando algunos pintores, como Jackson Pollock, desecharon el caballete, colocaron lienzos gigantescos
sobre el piso y aplicaron pintura, arena y otros materiales en salvajes salpicaduras de color. Todos esos
artistas y escritores, cualquiera que fuera el medio, fueron modelos para la revolución social más vasta y
profundamente sentida de la década de 1960.
En los años de posguerra, los afro-estadounidenses se tornaron cada vez más contestatarios. Durante la
guerra impugnaron la discriminación en el servicio militar y en la fuerza de trabajo y lograron modestas
conquistas. Millones de afro-estadounidenses dejaron las granjas del sur para ir a las ciudades del norte,
donde esperaban hallar mejores empleos. Lo que encontraron en lugar de eso fueron barrios urbanos
pobres y congestionados. Ahora los soldados afro-estadounidenses volvían a su hogar, muchos de ellos
decididos a rechazar que los consideraran ciudadanos de segunda. Jackie Robinson puso de relieve la
cuestión racial en 1947, cuando rompió la frontera del color en el béisbol y empezó a jugar en las grandes
ligas. Como miembro de los Dodgers de Brooklyn, a menudo tuvo dificultades tanto con sus compañeros
de equipo como con sus contendientes. Sin embargo, su extraordinario desempeño en la primera
temporada que jugó le ganó la aceptación general y allanó el camino para otros jugadores negros que
desde entonces pudieron salir por fin de las ligas para negros donde los habían confinado.
Funcionarios del gobierno y muchos otros estadounidenses descubrieron el nexo entre los problemas
raciales y la política de la Guerra Fría. Como líder del mundo libre, Estados Unidos buscó apoyo en África
y Asia, pero la discriminación en su suelo malogró sus intentos de ganar amigos en otras partes del
mundo.
Harry Truman apoyó el movimiento de los derechos civiles. Al hacer la evaluación de una racha de
linchamientos y violencia contra los afro-estadounidenses en el sur en 1946, designó un comité de
derechos civiles para investigar la discriminación. En su informe To Secure These Rights (Para garantizar
estos derechos) expedido al año siguiente, documentó la situación de los afroestadounidenses como
ciudadanos de segunda en la vida del país y recomendó muchas medidas federales para proteger las
garantías individuales de todos los ciudadanos.
las fuerzas armadas y designó un comité cuya misión era poner fin a la segregación militar, la cual se
acabó en gran parte durante la Guerra de Corea.
En el sur, los afro-estadounidenses tenían todavía pocos derechos civiles y políticos, a veces ninguno. En
general, no podían votar. Los que intentaban registrarse como votante se arriesgaban a ser golpeados, a
perder el empleo, a que se cancelaran sus créditos o a ser desalojados de sus tierras. Aún se perpetraban
linchamientos ocasionales y las leyes discriminatorias imponían la segregación racial en tranvías,
ferrocarriles, hoteles, restaurantes, hospitales, centros de recreo y empleos.
LA INTEGRACIÓN
La Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (ANPGC) encabezó los esfuerzos para
anular la doctrina judicial establecida por la Corte Suprema en el caso Plessy v. Ferguson en 1896, por la
cual la segregación de los estudiantes afroestadounidenses y blancos en las escuelas era constitucional si
las instalaciones para ambos eran "separadas pero iguales". Ese decreto se usó durante varias décadas
para justificar una rígida segregación en todos los aspectos de la vida en el sur, aun cuando allí las
instalaciones rara vez o nunca eran iguales.
Los afro-estadounidenses lograron su meta de anular el precedente de Plessy en 1954, cuando la Corte
Suprema — presidida por un magistrado designado por Eisenhower, el presidente del tribunal Earl Warren
— dictó su veredicto en el caso Brown v. Junta de Educación. La corte declaró por unanimidad que "las
instalaciones separadas son desiguales por naturaleza" y dictaminó que la doctrina de "separados pero
iguales" ya no podía seguirse aplicando en las escuelas públicas. Al cabo de un año, la Corte Suprema
exigió que las juntas escolares locales implementaran esa decisión "con la más deliberada celeridad".
Aunque simpatizaba con las necesidades de los sureños, que enfrentaban una transición crucial,
Eisenhower actuó para que la ley fuera acatada frente a una resistencia masiva en gran parte del sur. Él
encaró una crisis importante en Little Rock, Arkansas en 1957, cuando el gobernador Orval Faubus trató
de impedir un plan de integración en el que se exigía la admisión de nueve alumnus afro-estadounidenses
en la Central High School de la ciudad que antes era exclusiva para blancos. Al cabo de inútiles intentos
de negociación, el presidente envió soldados federales a Little Rock para imponer el cumplimiento del
plan.
La respuesta del gobernador Faubus consistió en ordenar el cierre de las escuelas preparatorias de Little
Rock en el periodo lectivo 1958-59. Sin embargo, un tribunal federal ordenó que volvieran a abrirse al año
siguiente. La reapertura se realizó en una atmósfera de tensión, con un número insignificante de
estudiantes afroestadounidenses. De esta manera, la integración en las escuelas avanzó a un ritmo lento e
incierto en gran parte del sur del país.
Otro hito en el movimiento de los derechos civiles tuvo lugar en Montgomery, Alabama, en 1955. Rosa
Parks, una costurera afroestadounidense de 42 años que también era secretaria en la oficina de la
ANPGC en el estado, se sentó en la sección del frente en un autobús que según la ley y la costumbre
estaba reservada para los blancos. Cuando se le ordenó que pasara a la parte posterior, ella se negó.
Llegó la policía y la arrestó por infringir los estatutos de segregación. Los líderes afro-estadounidenses,
que sólo esperaban un caso así para empezar a actuar, organizaron un boicot contra el sistema de
autobuses.
Martin Luther King Jr., un joven ministro del templo bautista donde los afro-estadounidenses se reunían, se
convirtió en el vocero de la protesta. "Llega el momento", dijo, "en que la gente se cansa... de sufrir los
brutales puntapiés de la opresión". King fue arrestado, como lo sería muchas otras veces; una bomba
dañó la fachada de su casa. Pero los afro-estadounidenses de Montgomery no cejaron en el boicot. Casi
un año después, la Corte Suprema dictaminó que la segregación en los autobuses, igual que en la
escuelas, era inconstitucional. El boicot terminó. El movimiento de los derechos civiles obtuvo una
importante victoria y halló a su líder más vigoroso, reflexivo y elocuente en Martin Luther King Jr.
Los afro-estadounidenses se esforzaron también por conquistar sus derechos como votantes. Auque la
15ª Enmienda a la Constitución de [Link]. les garantizaba el derecho de voto, muchos estados habían
encontrado la forma de neutralizar la ley, ya sea por medio de un impuesto (de capitación) sobre el
sufragio o con exámenes de lectoescritura — que solía calificarse en forma mucho más estricta para los
afro-estadounidenses — a fin de impedir que votaran los miembros menos instruídos de esa etnia.
Eisenhower, con la colaboración del líder de la mayoría en el Senado, Lyndon B. Johnson, dio su apoyo a
un esfuerzo del Congreso para garantizar el voto. La Ley de Derechos Civiles de 1957, la primera en su
tipo en 82 años, fue un paso adelante pues en ella se autorizó la intervención federal en los casos en que
a los afro-estadounidenses se les negara la oportunidad de votar. A pesar de todo, la ley seguía teniendo
lagunas; por eso los activistas presionaron con éxito por la aprobación de la Ley de derechos Civiles de
1960, que dispuso sanciones más severas para quien impidiera el voto, aunque no llegó a autorizar a los
funcionarios federales para que registraran a los afroestadounidenses como votantes.
Gracias a los esfuerzos de los mismos afro-estadounidenses, el movimiento de derechos civiles cobró
ímpetu en los años de posguerra. Mediante sus gestiones en la Corte Suprema y en el Congreso, los
partidarios de los derechos civiles habían creado las bases para una "revolución" dramática, aunque
pacífica, en las relaciones raciales estadounidenses en la década de 1960.