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La Doble Vida de Nuria - Nanda Gaef

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Título: LA DOBLE VIDA DE NURIA - PARTE 1


noviembre 2019, ©Nanda Gaef
De la maquetación: 2019, Rachel
Del diseño de la cubierta: 2019, Alexia Jorques
Fotografías de cubierta: ©Fotolia
Corrección: noviembre 2019, Barbará Antón

Todos los derechos reservados. No se permite la


reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a
un sistema informático ni su transmisión en cualquier forma o
por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por
fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso
previo y por escrito del autor. La infracción de los derechos
mencionados puede ser constitutiva de delito contra la
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en el ámbito de las ideas y el conocimiento, promueve la libre
expresión y favorece una cultura viva. Gracias por comprar
una edición autorizada de este libro y por respetar las leyes del
copyright al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte
de esta obra por ningún medio sin permiso.

Esta historia es pura ficción. Sus personajes y las


situaciones vividas son producto de mi imaginación. Cualquier
parecido con la realidad es pura coincidencia. Las marcas y
nombres pertenecen a sus respectivos dueños, son nombrados
sin ánimo de infringir ningún derecho sobre la propiedad de
ellos.
Índice
ÍNDICE
SINOPSIS
CAPÍTULO 1
CAPÍTULO 2
CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 4
CAPÍTULO 5
CAPÍTULO 6
CAPÍTULO 7
CAPÍTULO 8
CAPÍTULO 9
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 11
CAPÍTULO 12
CAPÍTULO 13
CAPÍTULO 14
CAPÍTULO 15
CAPÍTULO 16
CAPÍTULO 17
CAPÍTULO 18
CAPÍTULO 19
CAPÍTULO 20
CAPÍTULO 21
CAPÍTULO 22
CAPÍTULO 23
CAPÍTULO 24
CAPÍTULO 25
CAPÍTULO 26
CAPÍTULO 27
CAPÍTULO 28
AVANCE PARTE 2
TU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE.
SOBRE LA AUTORA
AGRADECIMIENTOS
MIS OTROS TÍTULOS
Sinopsis

Nuria, ¿quién es esta mujer?


Pues bien, Nuria es libre, libre de preconceptos, de
prejuicios y de cánones. Le importa bien poco lo que digan o
piensen de ella. Su filosofía de vida es vivir el aquí y ahora.
Odia las ataduras, las imposiciones y huye del compromiso.
No siempre fue así, hubo un tiempo en que tenía toda su
vida planeada de principio a fin, soñaba con un futuro
prometedor que le fue arrebatado cuando un repentino cambio
de ciudad y una dolorosa traición le hicieron borrar a la joven
soñadora y transformarse en la persona que es hoy.
En su vida solo hay dos prioridades: su adorada sobrina y
su trabajo.
No permite que le ordenen, mucho menos que den las
cosas por hecho en su nombre. Lo que tenía todo para ser una
noche más de disfrute para Nuria y el que ella había
considerado un buen candidato, se transformó en un juego
peligroso del gato y el ratón. El misterioso moreno que, en un
principio, tenía todo para pasar una de sus mejores noches de
pasión, dio las cosas por hecho sin imaginarse que la
independiente y liberal Nuria jamás permite que un hombre
decida por ella, su actitud autoritaria despertó en ella su lado
rebelde, que la llevo a rechazarlo. El caprichoso hombre se
dedicó a hacer lo indecible por tenerla, en su afán cometió una
serie de errores, la prejuzgó por su profesión y desenfadada
apariencia, llevándola cada vez más lejos de él.
¿Podrá derribar las barreras de la guerrera Nuria?
AVISO: Lee bajo tu responsabilidad.
Si buscas una historia llena de romanticismo, NO LA
LEAS.
Si no te gustan las escenas de un hombre arrollador y
una mujer de fuerte carácter, NO LA LEAS.
Esta es una novela de pura ficción que contiene escenas,
lenguaje y sucesos que para algunos puede ser
consideradas fuertes. Ambos personajes se dicen y hacen
cosas que puede no gustar a todos. Por lo tanto,
consideraos advertidas y a las personas que les gusten este
tipo de historia que la disfruten.
Para cualquier duda, contactad conmigo a través de mis
redes sociales, estaré encantada de atenderos.
Capítulo 1

Hoy es la inauguración de una discoteca supermegapija, me


ha recomendado un empresario buen amigo mío, con su ayuda
he cerrado un jugoso contrato donde soy la responsable del
cuerpo de baile de dicha discoteca. Soy gogó, pero tengo una
empresa donde ofrezco trabajo como tal, y me da mucha rabia
cuando confunden mi trabajo con la prostitución, son cosas
muy distintas. Sé que algunas chicas cuando acaban de bailar
se dedican a eso, pero una vez hayan acabado su horario
conmigo pueden hacer lo que quieran con sus vidas, no es cosa
mía, cada cual que se haga responsable de sus decisiones.
Llego a la discoteca y ya tengo a todo mi equipo en la
puerta esperándome. Son un total de tres chicas y tres chicos.
¡Bueno…! Lo de tres chicos es porque viene en la partida de
nacimiento, a estos les gusta más un pene que a mí, que ya es
mucho decir. Saludo y entramos en la discoteca.
El despliegue de lujo es tal que nos quedamos con la boca
abierta; es una verdadera pasada. Mi amigo tenía razón cuando
me dijo que sería el nuevo lugar de moda de Barcelona, aquí
no hay espacio para la clase obrera, basta con mirar alrededor
y ver que aquí es todo de primera, menos mal que estoy
invitada y no tengo que pagar nada, porque seguro que me
pedirían por una botella de agua un riñón y parte del otro,
antes de pagar eso, voy al baño y bebo agua caliente del grifo.
Aprovechamos que estamos solos, sacamos nuestros móviles y
empezamos a hacernos selfis entre risas y posturas divertidas
para subir a nuestro Instagram. Me tiro encima de Nimay, él
hace como que se está morreando conmigo. La encargada
aparece y nos pilla in fraganti, como puedo, intento dar la
impresión de persona seria y responsable, pero después de
verme haciendo el ganso como lo ha hecho, no creo que me
sirva de mucho, así que seré yo misma. La mujer me mira de
arriba abajo como si yo fuera un gusano, se fija en mi pantalón
de cintura alta, dos tallas mayor de la que uso, con un cinturón
sujetándolo y marcando mi cintura, combinando con un top
rosa a juego con mi pelo, chaqueta vaquera y unas Converse
del mismo color que el top. Yo hago lo mismo, la repaso
torciendo la cara a su vestimenta, no voy a negar que es una
mujer despampanante, pero su vestido no es nada cómodo para
estar toda la noche caminando de un lado a otro dentro de este
enorme local, y no digo nada de sus altísimos e incómodos
zapatos. Al ver que no me achanto, se presenta.
—Buenas noches, soy Ana, la responsable de la sala.
No se puede negar la belleza de esta mujer pero que a mí no
me intimida para nada, que no me busque, que me encuentra.
Yo y mi animadversión al sexo femenino, somos totalmente
incompatibles, y no por capricho, tengo mis motivos. Es muy
duro cuando todas tus amigas de la noche a la mañana te dan
la espalda sin conocer la otra versión de la historia. Eso fue lo
que me ocurrió, y por eso dejé de confiar en todo ser que tenga
raja entre las piernas.
La tal Ana de mala gana nos enseña toda la discoteca. Con
cada sala que conozco intento hacerme una idea de lo podrido
de dinero que está su dueño. El local está distribuido en tres
niveles: uno de tecno, que es donde estaré con mi equipo, la
otra es solo de copas y la última planta es una zona chill out
con techo de cristal abatible hoy aunque hace frio, estamos
bajo las estrellas. Me encanta, una lástima que vaya a acabar
de este sitio hasta las narices, tengo un contrato de dos años,
vamos, que voy a pasar por aquí más veces de las que me
gustaría, lo bueno es que como soy la jefa, cuando me canse
de estar aquí, haré lo de siempre, mandaré a alguna de mis
chicas en mi lugar. Sin embargo, vendré todas las noches hasta
conocer al tipo de clientela y todo ese rollo, tengo que saber
qué estereotipo de chica mandar, suena fatal, ¡pero es así, qué
le vamos a hacer! Todas las que trabajamos en esto sabemos
que podemos llegar a no tener trabajo si al dueño no le gusta lo
que ve, nos manda de vuelta a casa sin miramientos. Por eso,
antes de mandar a mi gente a los locales los analizo bien, para
que no pierdan tiempo y dinero. La noche es muy dura.
Me dirijo a los camerinos con mi equipo. Entro con ellos y
una vez más nos deslumbramos con el lujo del lugar. No
estamos acostumbrados a que nuestros camerinos tengan lujos
y amenites y aquí no faltan ninguno de los dos. Una vez Ana
se calla, ignorando su presencia, poso mi bolso sobre el
tocador, Nimay pone música y bailando empezamos a sacar
nuestras cosas para prepararnos. La encargada, de malas
maneras, interrumpe nuestra fiesta particular.
—Por favor, señorita Nuria, recoja sus cosas y sígame —
dice con voz estreñida. Arqueando las cejas la miro.
—¿Por qué? —pregunto al estilo Nuria.
—Hay un camerino solo para la señorita. —Me entra la risa
al escuchar a esta mujer tratarme con este formalismo, no es
que no sea una dama lo que pasa es que a ella le está costando
la mismísima vida hacerlo. Mi sorpresa es mayúscula al ser
consciente de sus palabras, ¡¿tengo un camerino proprio?!
Todo mi equipo me mira alucinando, me encojo de hombros
como diciéndoles «¡ni idea!», vuelvo a meter mis trapitos en el
bolso y la sigo, no voy a ser yo quien me queje, no tengo la
menor idea de quién es el dueño, seguro que con la cantidad
desorbitada de pasta que se ha gastado aquí es un viejo baboso
con espíritu de bad boy. Desde luego me cae muy bien, llevo
bailando profesionalmente desde los diecinueve años —de eso
hace ya doce— y nunca he tenido un camerino propio. Si con
el general ya flipé, con el mío me quedo sin habla, es digno de
las estrellas de Hollywood, no falta detalle, tengo hasta una
cama. ¡¿Con qué idea la han puesto?! No lo sé, yo sí tengo una
y no es precisamente para dormir.
Me cambio de ropa, me pongo un top de tiras y unas bragas
de cintura alta que realza mi figura y que con las luces de la
sala se vuelve de neón, me arreglo la peluca, me pongo el
antifaz, exigencia de la casa, quiere que todos los bailarines
los llevemos, me miro en el espejo, me guiño un ojo y salgo
para hacer una de las cosas que más amo en este mundo:
bailar. Al entrar en la sala me sorprendo al ver a los asistentes,
ya sabía que esto sería de pijos, sin embargo, los aquí
presentes están todos vestidos de gala, esto parece más una
boda de alto standing que una discoteca. Cojo aire y sigo mi
camino como si fuera invisible, cada uno va a lo suyo, se me
hace raro pasar entre la gente y que nadie me diga nada o me
toque. ¡Ojo…, que lo agradezco! Es muy desagradable que te
hagan eso, aunque cuando llevas tantos años como yo, deja de
quitarte el sueño. Subo a la tarima, hago una panorámica
buscando a alguien con quien pasarlo bien cuando termine la
noche, desgraciadamente son todos algo pasados de edad para
mi gusto. El DJ, que es conocido mío, pincha una selección de
música a mi medida y mi primera hora de baile pasa volando.
La verdad es que el público es muy animado y respetuoso, ya
he trabajado en diversos locales de lujo, pero nada como esto,
al final de mi hora ya había más de uno sin la chaqueta del
traje y con la corbata desabrochada por encima del cuello, sin
los excesos a los que estoy acostumbrada.
Como hacemos siempre, en mi segundo pase cambio de
tarima con Nimay, mi gran amigo hindú. Le doy un pico
cuando él se baja y yo ocupo su lugar.
Un grupo de chicos se para delante de mi tarima y me
comen con la mirada, sin embargo, no tienen nada que hacer,
¡son demasiado jóvenes para mi gusto!, creo que el mayor
debe de tener veinticinco años como mucho, así que están
totalmente descartados, los únicos pañales que cambio son los
de mis sobrinos. Aquí no hay términos medios, son muy
mayores o muy pequeños.
Estoy tan concentrada sintiendo la música que no soy
consciente de la llegada de un atractivo moreno de unos treinta
o treinta y cinco años como mucho. El tío es espectacular, me
encantaría poder verlo de cerca, desde la distancia me es
imposible describirlo, pero parece que está muy bueno. Ya está
fichado, será mi ligue de esta noche.
Termino mi tercer y último pase y bajo a buscarlo. No lo
veo por ningún lado. Desilusionada, voy hasta el bar a pedir
algo para beber, por el camino me quito a algún que otro tío de
encima, el alcohol ya les ha hecho efecto y han dejado de lado
sus impecables modales, pero como digo, esto no es lo peor
del mundo, ya tengo varios másteres en esto. Con mi agua en
la mano me dirijo a mi camerino, estoy cambiándome y siento
que la puerta se abre, creyendo que es Nimay, digo:
—Hoy no te daré sexo, ya tengo a otro fichado. —Doy un
tremendo salto cuando escucho detrás de mí una atronadora y
desconocida voz. Al girarme por un segundo me quedo sin
habla. Es el moreno que he visto desde mi tarima. El hombre
es un verdadero dios griego, tiene una apariencia y un porte
muy imponente. Es muy alto, me saca casi una cabeza, es más
bien delgado, de hombros anchos, tiene los ojos verdes, pelo
castaño despeinado, que desentona con su impoluto traje, una
boquita rosada muy apetecible. Mi radar nunca falla.
—Si no es conmigo, puedes descartar a quienquiera que
tengas fichado.
—¿Quién diablos eres? —pregunto enfadada, cómo se
atreve a hablarme de esta manera—. ¿Y por qué estás en mi
camerino?
—El que te dará placer, a las cinco te recojo en la salida —
dice esto y sale.
Este tío está loco si cree que voy a esperarlo. Encima que
invade mi camerino, da por sentado que voy a acostarme con
él porque el guaperas así lo decide, y me deja con la palabra en
la boca. Lo que tiene de guapo lo tiene de gilipollas. Ese no
me conoce. ¡Nuria escoge los tíos con los que se acuesta, los
tíos no escogen a Nuria! «Guaperas, te vas a enterar de quién
soy yo»
Capítulo 2

Después de contar a mi fiel amigo lo ocurrido y,


arrancándole una risa, ya que me conoce bien y sabe que dicho
hombre no tiene nada que hacer conmigo, me ayuda a
ponerme una de las pelucas que llevo para mis actuaciones.
Escojo una morena hasta la cintura y con flequillo, todo lo
contrario a mí, que he tenido el pelo de todos los colores
excepto moreno. Nimay me ayuda a salir del local pasando por
delante del engreído este sin que me reconozca.
Me meto en el coche, me quito el disfraz, me arreglo el
pelo, ya que pienso tomar algo antes de meterme en la cama y
arranco a mi niño. Voy a salir del aparcamiento cuando se
cruza un coche de alta gama delante de mi precioso Mini,
obligándome a pisar el freno bruscamente.
Pasado el susto inicial, y al darme cuenta de lo ocurrido,
me transformo, pobre del que le haga un rasguño a mi coche,
un Mini Seven edición limitada del año 2016, del que solo
fabricaron 150 unidades. Una niña de papá se cansó de él y lo
puso a la venta al año de haberlo estrenado. Lo mío con mi
coche fue amor a primera vista, la única persona que está por
delante de él en mi vida es mi sobrina. Di un riñón y una parte
del hígado, empeñé hasta el pelo que no tenía y este malnacido
se atreve a poner en riesgo la integridad de mi bebé. Ah…, no.
Bajo la ventanilla y empiezo a insultar al que está en medio de
la calle. El muy capullo, al escuchar mis gritos, sube el
volumen de la radio. Esto hace que mi sangre hierva todavía
más, juro que si llevase el coche de la fundación lo embestía
contra este malnacido. Pero como estoy con mi bebé, paso la
mano por el panel haciéndole caricias. A lo que iba, como
estoy con mi bebé, me quedaré aquí hasta que a este imbécil
que tengo delante le dé la gana de marcharse.
Los minutos pasan y nada. Le pito y nada. Llega un
momento en el que ya no puedo más, me bajo y voy en
dirección a mi provocador con toda mi mala leche en el nivel
siete de la escala de Richter. Me planto delante de la puerta del
piloto, la golpeo para que me la abra y nada, miro hacia
dentro, pero no puedo ver nada, los cristales son tintados. Doy
la vuelta, me planto delante del capó y lo golpeo con las dos
manos abiertas exigiendo a gritos que se quite de mi camino.
Al ser ignorada, mi tono de voz va subiendo porque
quienquiera que esté dentro de este maldito coche lo está
haciendo aposta. Doy manotazos en el capó como si estuviera
tocando una batucada; el cabrón sube todavía más el volumen
de la música. Mi rabia va aumentando por segundos al ver
cómo me ignora, me descontrolo, vuelvo a la puerta y empiezo
a dar patadas, la pateo con toda mi rabia, preguntándome
quién es el desgraciado que osa reírse así de una mujer que
pasa toda la noche encima de unos puñeteros tacones que la
estaban matando —¡bueno, lo del tacón es por capricho, pero
sin ellos me siento desnuda, aunque hay quien diga que soy
poco femenina, encima de ellos me siento poderosa, y lo que
digan o piensen los demás de mí me la suda. Mis niños buenos
y caros son caprichos que me autorregalo de vez en cuando,
soy una fanática de los zapatos, aunque los buenos los dejo
para ocasiones especiales—, una peluca que le picaba la
cabeza y un calentón que mejor me callo. Ya casi son las seis
de la mañana, ya no quiero salir, deseo irme a mi casa, ya no
quiero ni follar.
Sin saber qué más puedo hacer para que me deje marchar,
me llevo las manos a la cabeza y empiezo a gritar a todo
pulmón.
—Mueva el puto coche o llamo a la Policía. —La persona
abre un poco la ventanilla, saca la mano y me tira una tarjeta,
no doy crédito a lo que acaban de ver mis ojos, cojo la tarjeta,
la rompo en mil pedazos y los lanzo encima del coche, lejos de
ofenderse, apaga el motor.
—No, no, no…, arranca el puto coche —grito desesperada
caminando de un lado a otro por el aparcamiento.
Con todo el escándalo que estoy montando tengo un gran
número de espectadores de lujo mirándome, pero me importa
bien poco, ninguno de estos desgraciados se digna a ayudarme,
entonces que les den. Lo único que deseo es irme a mi casa.
Se acerca un señor al coche y la ventanilla se baja, como
estoy lejos, no puedo ver de quién se trata, desesperada para
poner cara a la persona que me ha escogido para hacerse el
gracioso, salgo corriendo en su dirección para ajustar cuentas
con quienquiera que sea, me da igual su tamaño o sexo, lo voy
a matar, cuando estoy a tan solo unos pasos la ventanilla se
cierra. Ya no puedo más…
Me dirijo al bonito y perfecto jardín que tengo al lado, que
también obstaculiza mi salida, cojo una piedra de grandes
dimensiones y la lanzo al capó del coche, me giro para coger
otra y unos fuertes brazos me agarran por detrás llamándome
loca. Le doy un cabezazo en toda la nariz y un codazo en la
barriga, el hombre me suelta y me giro con la intención de
patearle los huevos, pero dos armarios del Ikea me sujetan y
me llevan hasta mi coche a arrastras. Con el jaleo me pierdo el
momento en el que la persona que me cortaba el camino sale
de su coche, cuando lo veo ya entra en otro y el chófer cierra
la puerta. El que me impide el paso se quita permitiéndome
pasar, pero su bromita de mal gusto ya ha jodido mi noche,
tengo ganas de muchas cosas, pero opto por marcharme, al
pasar al lado del idiota que me ha sujetado por detrás, le
enseño el dedo corazón y le digo:
—Si crees que porque soy mujer no sé defenderme, ya has
visto que no es así. —Sus compañeros se ríen de él—. Tienes
suerte de que tus amigos me han parado, si no, ahora tendrías
los huevos en la garganta.
Me voy sin mirar atrás.
Nada más entrar en casa, me meto en la bañera. Después
de un considerable tiempo a remojo, consigo relajarme un
poco, ¡vaya mierda de noche! Vale, todo muy bonito, pero…,
empiezo a rememorar todo lo que ha ocurrido y me cabreo
muchísimo. ¿Por qué alguien ha querido jugar conmigo de esa
manera? Yo no me meto con nadie, si hubiera sido alguna
mujer, hasta podría comprenderlo, igual le había levantado
algún tío en el que estuviera interesada, pero un hombre, ¿qué
pretendía cuando me ha dado su número? Qué rabia no haberle
visto la cara. En un primer momento, he pensado en el imbécil
del moreno al que he dejado plantado, pero él no era, el muy
cabrón se lo estaba pasando en grande riéndose de mí en la
puerta de la discoteca.
Empiezo a reíme sola, analizándolo bien ha tenido su
gracia mi arranque de ira, aquel gilipollas no querrá volver a
hacerse el graciosillo conmigo. Creo que le ha quedado muy
claro que con Nuria Valdez no se juega.

¡Debo de estar soñando!, no es posible que alguien esté


llamando a mi puerta a estas horas de la mañana. Juro que
como sean los testigos de Jehová los mato, el mes pasado me
despertaron nada menos que tres veces, ya empiezo a creer que
el chico lo que quiere es verme medio desnuda en lugar de
convertirme. Cada vez que abro la puerta, su acompañante
pone mala cara, y él está rojo como un tomate y no hace más
que tartamudear, mirarme de arriba abajo y cada vez que
nuestras miradas se encuentran mira al suelo.
Sea quien sea que esté en la puerta tiene mucha prisa, no
quita el dedo del timbre. ¡Qué molesto! Pego un supergrito
avisando de que ya voy. Cuando abro la puerta y veo quién es
me tapo la cara con la mano, siendo muy consciente del día
que me espera. Mi cansancio es tal que me había olvidado por
completo de que había cambiado el fin de semana de mi
sobrina. Y la razón de mi vida no me va a perdonar por ello,
nuestros fines de semana son sagrados.
—¿Cómo has podido hacerme esto? —Ya empezamos…,
es toda una actriz.
—Nerea, te lo puedo explicar.
—No…, ahórratelo —dice levantando la mano y
agachando la cabeza con una tristeza y un dolor que solo una
hamburguesa sería capaz de curar—. Ya sé que no te apetece
estar conmigo.
—No seas teatrera —digo para pararle los pies, porque si
no, su melodrama no tiene fin.
—Dime qué hay tan importante para que te olvides de mí.
Mejor ignorarla. Esta es Nerea, mi preciosa sobrina, dicen
que ella es mi miniyo, aunque os aseguro que no soy así de
dramática, tiene ocho años y cada quince días pasamos un fin
de semana juntas haciendo cosas de chicas; este, como es
largo, la tendré tres días en vez de solo dos, como es
costumbre. Ella es la mayor de tres hermanos. Su padre es mi
hermano Nicolás, el segundo mejor hombre que hay en el
mundo, lo adoro al igual que a sus hijos, pero Nerea es mi
vida, nada más verla en aquella cuna supe que lo nuestro era
una conexión especial.
—Nicolás….
—Hermanita… —contesta con burla.
—Te he mandado un mensaje.
—Ya lo sé, pero tu sobrina dice que cuando se queda con
alguien se tiene que cumplir —dice burlándose.
—¿Y por qué no le dijiste a mi sobrina que si he dicho que
no, es por algo?
—Tita, tú siempre me dices que debemos ser responsables,
y tú no lo estás siendo, me dejas tirada para dormir.
—La tita se encuentra algo indispuesta. —Es lo único que
se me ocurre.
—Te prometo que me portaré bien, pero no me hagas estar
en casa, papá y mamá son unos aburridos. —Rápidamente
miro a mi hermano riéndome.
—¿Cómo que somos aburridos? —pregunta Nicolás
visiblemente disgustado con la sinceridad aplastante de su hija.
—Papi, no te ofendas, pero sois unos ñoños. —Ya no
puedo más y suelto una carcajada en la cara de mi hermano,
que se va de la habitación dando un portazo.
Mi sobrina ni se inmuta con la partida de su padre. Yo, en
un intento desesperado de poder relajarme, la cojo de la mano,
la llevo hasta el salón, la siento en el sillón, enciendo la
televisión, vuelvo a mi habitación y me tapo. No obstante, no
está en los planes de mi sobrina dejarme descansar unos
minutos más. Con una sonrisa diabólica, me deja marchar, a
los pocos minutos la tengo en mi habitación, arranca la colcha,
se sube encima y empieza a saltar y a hablar sin parar, la
adoro, pero ahora mismo la ahogaría con tal de que se callara.
Nerea es tenaz como yo, así que sé que no me sirve de nada
intentar que se calle y me deje descansar un poco, ahora el que
se ríe es mi hermano, el muy brujo ha regresado y está
apoyado, mirándonos. Tenemos una especie de custodia
compartida.
Estamos sentadas en el McDonald´s devorando un enorme
Big Mac cuando mi querida sobrina me dice:
—Tita, aquel hombre no deja de mirarte. —Me giro y allí
esta él.
Me saluda con una sonrisa derritebragas, pero como yo soy
mucha Nuria, no se la devuelvo, no hago ningún gesto, solo
me dedico a comer. La cotorra de mi sobrina sigue con su
interrogatorio.
—¿De dónde conoces ese hombre tan guapo y apuesto? —
Casi me atraganto con su manera de hablar, tengo que revisar
con quién va esta niña, porque cada día me sorprende más con
su manera de expresarse; ella no me da tregua y sigue con su
interrogatorio—. ¿Conoces a la mujer que le está sujetando la
mano como si su vida dependiera de ello? —No puedo
contener la risa, es la niña más espabilada y ocurrente que
conozco.
—No, no los conozco —contesto quitando importancia y
cambio de asunto. Pero me resulta imposible desconectar del
tema, ya que en todo momento tengo al engreído vigilándonos.
En un par de ocasiones miro disimuladamente a ver qué
está haciendo y, para mi mala suerte, siempre me encuentro de
frente con su mirada. Sí…, lo confieso, soy una cotilla, en el
buen sentido, claro. No soy de las que va por ahí contando los
trapos sucios de los demás. Creo que me define mejor la
palabra curiosa, pero mi hermano no me describe así. Puedo
decir al dedillo qué están comiendo y la verdad es que no sé a
qué viene esta gente a un restaurante de comida rápida si no
comen las cosas ricas y calóricas que hay, ¡porque estaréis de
acuerdo conmigo que sentarse en el McDonald´s y pedir una
triste e insulsa ensalada que venden aquí manda narices! Yo
me pido el menú grande con un buen McFlurry de M&MS
para el postre y a punto he estado de meter el dedo para coger
el sirope de caramelo que queda al fondo. Me contengo y no lo
hago para no avergonzar a mi pequeña precoz, que
últimamente nos riñe diciendo que la estamos abochornando.
Abandonamos el restaurante y nos vamos caminando hasta
Paseo de Gracia, mi sobrina adora mirar los escaparates de las
tiendas de lujo. Nosotras siempre jugamos a que somos ricas y
que vamos a comprar un bonito vestido para la fiesta de gala o
evento que se nos ocurra, este es uno de nuestros miles de
juegos. Estamos tan entretenidas delante del escaparate de
Armani disfrutando de nuestro juego que no notamos que se
nos acerca alguien, solo somos conscientes cuando me
susurran al oído.
—Una sola noche conmigo y te regalo toda la tienda.
Mi sobrina, que no sé si lo oye o no, le da una patada en
toda la espinilla. Él mira hacia abajo sin dar crédito a lo que le
acaba de ocurrir. Una enana le acaba de golpear.
—¿Por qué me pegas? —pregunta enfadado.
—Porque no te conocemos y nos estás acosando —le
contesta mi pequeña con altanería.
—Pues tu mamá sí que me conoce.
—Ella no…
—Nerea, vamos, cariño, tú ya sabes que no hablamos con
desconocidos.
—¡¿No has dicho que no lo conocías?!
—Calla y vámonos —digo entre dientes.
Cojo a mi sobrina de la mano y me marcho de allí muy
enfadada, ¿quién se cree que es este imbécil? No estoy a la
venta, no me puedo comprar un vestido como este al mes, pero
puedo darme algún que otro capricho de vez en cuando.
Gracias a los cielos, mi preciosa sobrina mantiene su
boquita cerrada y no me hace preguntas, porque madre mía
con las preguntas de la niña.
El final de la tarde es tranquilo, a las siete, como siempre
hago, la dejo en su casa y me voy a la mía a prepararme para
una noche más de trabajo.
En el último momento decido hacer un cambio, mando a
Marta en mi lugar y yo voy donde ella debe actuar.
La noche es horrible, odio bailar en aquella discoteca, allí
los hombres creen que porque bailamos pueden hacer de todo
y esto me ofende muchísimo, he optado por dejarla muchas
veces, pero las chicas no me dejan, es una de las que pagan
bien en invierno, temporada en la que el trabajo es más flojo.
A la hora de la salida me cruzo con el barman, que no está
nada mal, y las veces que nos vemos nos comemos con los
ojos, le doy un repaso para asegurarme de que efectivamente
está bueno, una vez conferido el material, lo invito a una copa,
él acepta rápidamente. Espero a que termine su jornada y sin
nada más que añadir, le digo que me siga y salgo caminando
como si nada. Me acerco a mi bebé, abro la puerta, veo que él
lleva moto, como no soy mujer de andar con rodeos voy hasta
él, le doy un beso, vuelvo a mi coche, abro la puerta y, antes
de entrar, le miro y le digo que me siga. Alguien cierra la
puerta de golpe, me giro hecha una fiera.
¿Ya he dicho que nadie trata mal a mi coche? Me quedo
sin palabras al encontrarme a aquel idiota delante de mí todo
imponente con aires de dios y un olor a hombre que te deja
con las bragas en el suelo. Pero que con Nuria no funciona.
¿Qué hace este hombre aquí? ¿Será que va por todas las
discotecas de la ciudad?
—Que sea la primera y última vez que te acercas a mi
coche.
—¿Qué haces aquí?
—No es de tu incumbencia.
—¿Pasa algo, preciosa? —me pregunta el chico de la
moto.
—No, nada, dame dos minutos y nos vamos.
—¿Vas a follar con él?
—No es de tu incumbencia.
—¿Y por qué conmigo no? Soy mejor que él. —Lo miro
de arriba abajo.
—Pues para mí no —le contesto con cara de fastidio.
Me giro, entro en mi coche y lo dejo allí plantado con cara
de tonto.
Necesito desfogarme. No entiendo nada. ¿Cómo narices
me han encontrado este hombre?

El barman tiene un señor polvo, lo pasamos bien, no ha


hecho preguntas, yo a él mucho menos, tuvimos lo que uno
quería del otro, ambos disfrutamos y todos felices. Después de
unas maravillosas horas de placer, me quedo dormida y,
cuando me despierto, estoy sola en la habitación. Al contrario
de muchas chicas, no me siento mal, muy al contrario, para mí
es un alivio no tener que fingir que estoy disfrutando de la
compañía de una persona a la que no conozco de nada.
¿Queréis juzgarme? ¡Hacedlo! Me voy a la ducha y me baño
tranquilamente. Al volver a la habitación me encuentro con el
desayuno en la mesa, y lo mejor de todo es que no viene con
ninguna nota con frases cursis ni teléfonos a los que jamás
llamaré.
Llego a la recepción para pagar el hotel y la cuenta ya está
saldada, ahí sí me enfado, como poco deberíamos pagar a
medias, no soy su novia ni su puta para que me pague nada.
Voy directa a por mi sobrina, son las nueve de la mañana y
a estas horas ella ya debería estar conmigo, así que me toca
aguantar bronca. Noto vibrar el móvil, no me hace falta mirar
para saber que es Nicolás, me doy prisa para llegar antes que
ellos. Para mejorar la situación, mi amada sobrina ha traído a
su novio. Estos dos son inseparables y están todo el tiempo
como el perro y el gato, son novios desde los cinco años. Me
hace recordar mi infancia. Yo también me eché un novio a los
seis años, éramos inseparables, estuvimos juntos hasta el día
en el que me fui de Madrid y no volví a saber nada más de él.
Víctor era mi mejor amigo, mi mayor admirador y apoyo. Al
final, en mitad de la mañana he tenido que llamar a la madre
de su novio para que viniera a por él, ya que mi querida
sobrina dijo que lo dejaba porque ella es mucha niña para él.
«Juro por Snoopy que nunca he dicho nada parecido delante
de ella». Cuando llamé a mi hermano para contárselo, casi le
da una apoplejía, pero ella es así. El día es tranquilo, después
de irme al cine, ver un tostón de película, que para mi salud
mental ya la he borrado de mi mente y, por lo que veo, a mi
pequeña tampoco le hizo gracia, nos metemos en uno de sus
sitios favoritos, creo que es uno de los pocos momentos en los
que veo a la niña de ocho años, nos divertimos como enanas
en los recreativos del centro comercial, ella está empeñada en
conseguir puntos para llevarse un premio. Si hubiéramos ido
directamente a la tienda a comprarlo habría ahorrado unos
cuantos euros. Sin embargo, su ilusión con cada punto que
consigue merece la pena.
Ya estamos en el coche cuando veo que tengo los ojos de
este misterioso hombre sobre nosotras, me alejo rápidamente
preguntándome por qué me está siguiendo, pero no le voy a
dar el gusto de ir detrás a pedirle explicaciones, seguro que es
uno de esos hombres al que nunca le dicen que no, y está
obsesionado con que yo no sea la primera.
¡Pobre…! No sabe con quién ha ido a dar.
Capítulo 3

Mi pequeña y yo estamos de paseo y, como siempre, me


está contando sus divertidas aventuras al lado de su adorado
novio. Suena mi móvil, mi primera reacción es negarme a
cogerlo, mis días con ella son sagrados, pero al mirar la
pantalla sé que es de trabajo, porque para que uno de mis
trabajadores, que encima tienen curro todo el fin de semana
me llamen, es porque ha pasado algo.
—¿Quién? —pregunto de mala gana.
—Soy Marta. —Un frío recorre mi columna. Marta es la
gogó con la que cambié mi turno, y su voz no augura nada
bueno.
—Dime, ¿qué pasa para que me llames a estas horas de la
mañana?
¡Maldita la hora en que contesté la llamada!
—Estaba descansando cuando un hombre moreno alto y
muy guapo entró hecho una furia preguntando por ti. —En
cuanto describe al hombre sé quién es, pero no la interrumpo,
que me sorprenda, si es que eso es posible viniendo de aquel
troglodita—. Me negué a contestar y dio un fuerte golpe sobre
la mesa donde se quedan el agua y nuestros bocadillos,
tirándolos al suelo. Perdóname, me asusté, empecé a llorar, él
no se ablandó, ¡todo lo contrario!, gritó más fuerte exigiendo
que le dijera dónde estabas.
—¿Por qué no me llamaste en ese momento? —pregunto
fuera de mí.
—Tuve miedo y le dije dónde encontrarte.
—No pasa nada, te prometo que no volverá a ocurrir —
hablo con ella durante unos minutos hasta que se tranquiliza y
después cuelgo. Olvidando la presencia de mi sobrina lo llamo
por lo que es: un gilipollas. Todo esto porque no me quise
acostar con él.
Mañana mismo voy a la oficina de la gente que me ha
contratado y pondré una queja, es la segunda vez que este
hombre irrumpe en un área privada, la discoteca es
responsable de nuestra seguridad y tenemos derecho a nuestra
privacidad.
Ahora tengo la respuesta. ¡Fue así como me encontró!, la
pregunta es: ¿por qué este hombre está tan obsesionado
conmigo? No he hecho nada para seducirlo y me encuentro
con él allí donde voy, menos mal que hoy no me toca en
aquella discoteca, porque no tengo la mínima gana de verle la
cara, todo el atractivo que le vi en un principio se ha ido al
garete. Por prepotente y engreído.
Esta noche me toca bailar en un verdadero bar de mala
muerte, no lo dejo porque fue allí donde empecé hace doce
años y le debo mucho al señor José. Y sé que el día en el que
verdaderamente gana dinero son los domingos que bailo en su
local. Él y su mujer son un encanto conmigo, dos de mis
domingos de invierno son para ellos, soy como una hija para
esta pareja y jamás les dejaré tirados, me dieron una
oportunidad cuando más la necesitaba, me acogieron en mi
época de vida loca, me dieron los consejos que negué a mis
padres la oportunidad de darme. Al ocultar lo dolida que
estaba por haber cambiado mi vida de la forma en que lo
hicieron, hoy ya no los culpo, pero en un mismo día perdí todo
lo que consideraba más importante en aquel momento.
Con la madurez comprendí que era lo que tenían que
hacer, no les quedaba otra alternativa, no tanto para una cría de
dieciséis años, aquello era el fin del mundo, descubrir que en
una semana se iba de la ciudad que la vio nacer, perder a sus
mejores amigos de una manera cruel, el pueblo que la
veneraba le dio la espalda y la tildó de zorra. Cuando pasó mi
adolescencia entendí la postura de mis padres, ellos no tenían
otra alternativa que venirse a Barcelona con un cargo mejor,
seguir creciendo en la empresa que les dio todo o quedarse en
Madrid, pero en el paro. La empresa lo dijo así de tajante. No
obstante, mi corta edad y mis revolucionadas hormonas no me
dejaron ver más allá de mi pérdida personal y les di la espalda.
Mi madre se volcó en mi hermana, que no perdió la
oportunidad de hacerse pasar por la hija perfecta, mi hermano
seguía con su relación a distancia y yo me quedé sola, perdida,
allí murió la chica dulce, cariñosa, sociable, y soñadora.
Transformándome en una rebelde sin causa. Esta pareja me
acogió, y de cierto modo, ejercieron de padres, me dieron
trabajo en su cafetería y en el pub por la noche, me reñían
cuando me pasaba, aunque nunca se lo pedí, me aconsejaban
cuando me veían desorientada, me permitieron bailar allí
cuando descubrieron que lo que de verdad me apasionaba era
el baile, no la carrera que estaba estudiando. Podría seguir
hablando maravillas de este matrimonio toda la vida sin parar.
Son muy buena gente y por eso y muchas cosas más siempre
miraré por ellos.

Mi semana está siendo relativamente tranquila, paso las


mañanas haciendo las gestiones de mi pequeño «negocio» y
por las tardes me dedico a mi verdadera pasión: el baile. Cada
vez que entro por la puerta de la fundación de la que soy
«dueña» mi corazón parece que va a explotar. Allí ayudamos a
niños menos favorecidos y madres solteras o en situación de
desamparo. Con la colaboración de profesionales que trabajan
como voluntarios impartiendo diversas clases, talleres y
actividades físicas, logramos que aquellos niños durante
algunas horas al día puedan olvidar sus duras realidades. A sus
madres les damos ayuda psicológica para superar sus diversos
problemas: divorcios, fallecimientos, desempleos,
enfermedades y maltratos. Ver en los ojos de esas niñas la
ilusión por el baile, la admiración que sienten hacia mí, me
llena, me hace recordar mi infancia en Madrid, en aquel
pequeño pueblo donde casi todos me admiraban, donde yo
siempre estaba bailando. Lo tenía a él, Victor, mi mejor amigo,
mi primer amor, a veces cierro los ojos y en contra de mi
voluntad lo veo, al principio, con su pelo rubio de punta, sus
gafas de pasta y pose de chico malo que tenía a todas las niñas
suspirando por él. La última vez que lo vi fue el día de su
decimoctavo cumpleaños, y fue el peor de mi vida. Ese día
destrozó mi corazón, inutilizándolo para cualquier otro
hombre, jamás confiaré en ninguno. Nunca pensé que Victor,
el chico que repitió dos cursos solo para poder estar a mi lado,
con el que hice planes de futuro, el que dejaba de estar con sus
amigos para estar conmigo, al que no le importaba en dejar su
pose de chico malo para bailar conmigo fuera a traicionarme
de aquella manera.
¿Sabes cuando intentas esconderte detrás de una máscara
de indiferencia, queriendo enseñar a la gente que todo te da
igual pero en realidad la herida sigue ahí, abierta, doliendo y
sangrando como el primer día? Pues bien, esa soy yo, pero si
alguien dice que he dicho esto, lo desmiento y me quedo más
ancha que pancha.
Creo que nunca podré perdonar a los que me rompieron de
esa manera. ¿Llegará el día en el que ya no me acuerde de
aquella escabrosa imagen? Aunque el que se ocupa de
hacernos olvidar las cosas se lo está tomando con calma.

Hoy me toca tomar un café con mi padre, es una rutina que


tenemos, es la manera que encontramos de intentar recuperar
el tiempo que estuvimos alejados. Llevo años ocultándole mi
verdadera profesión, la que paga mis facturas y me da el
sustento, no me avergüenzo de mi trabajo. Ellos ni se
imaginan que soy gogó, tengo la certeza de que no serían
capaces de ver las cosas como son, y por más que pase el
tiempo no soportaría ver en sus caras otra desilusión por mi
culpa. Después del disgusto de saber que no estudiaría la
carrera que ellos soñaban para mí y enterarse de que me había
apuntado a estudiar baile, se quedaron en shock, pero luego me
apoyaron como los que más, mi madre, pasado el disgusto
inicial, se alegró al saber que estaba estudiando lo que
realmente me gustaba. Sin embargo, una vez formada, las
cosas no salieron como lo había imaginado, todas las que
queremos dedicarnos a este mundo sabemos que no es fácil, y
peor aún si empiezas tarde, como fue mi caso. Aunque
siempre hubiera actuado en certámenes y acudido a clases en
una buena academia de Madrid, cuando nos marchamos lo
dejé durante cuatro años que me pasaron factura; el sueño de
formar parte de una gran compañía de baile cada vez se veía
más lejos.
En cada audición a la que me presentaba, me veía rodeada
de niñas de corta edad y con unas figuras impresionantes, yo
siempre me marchaba con una negativa o con la promesa de
que me llamarían, llamadas que me tuvieron durante mucho
tiempo sentada al lado del teléfono, esperando a que sonara y
que nunca pasó.
Las excusas eran de lo más variadas: cuando no era porque
estaba muy delgada, era por exceso de peso, o porque el brazo
no tenía la longitud deseada, porque eres demasiado alta; o
eres demasiado pequeña y mil y una cosa más, la que más me
dolía era cuando me decían que era muy buena, pero no era lo
que buscaban en ese momento. «Pero si soy tan buena como
dicen, ¿por qué no me cogen?», me preguntaba una y otra vez.
Y así pase años de mi vida, yendo de audición en audición.
Seguía bailando en el pub del señor José y buscando mi
oportunidad hasta que un día me propusieron lo de gogó y aquí
estoy. La primera noche antes de presentarme lloré de tristeza,
me recriminaba diciendo que de qué me valió esforzarme tanto
para tener el título y ser una de las primeras de mi clase para
acabar bailando encima de una tarima, aquello me estaba
matando, las lágrimas caían a borbotones, pero apareció el que
hoy es mi mejor amigo y me infundió el valor necesario para
salir y darlo todo. Nunca olvidaré sus palabras:

«Todos llegamos a este mundo con un propósito, y no está


en nuestras manos cambiar el destino, creemos tener el control
de nuestras vidas, pero no es así, tu historia ya está escrita
cuando naces, y tú naciste para ser la mejor gogó de España,
Así que sal ahí fuera y da lo mejor de ti».

Y así lo hice, una vez sentí la vibración de la música en mi


piel y empecé a bailar le di la razón, había nacido para hacer lo
que hago hoy. Ya no he sido capaz de dejarlo, no me imagino
encerrada en un teatro para hacer siempre las mismas
actuaciones y bajo el mando de alguien. Nimay es lo mejor
que me ha pasado desde que salí de Madrid, a través de él fui
conociendo a más gente de este mundillo y hoy en día, tal y
como él vaticinó, soy una de las gogós más disputadas de
España, a mis treinta y un años puedo decir que soy una mujer
realizada profesionalmente, bailo por la noche, doy clases a
niñas que tienen el mismo sueño, las mismas ilusiones que yo
tenía a su edad, pero a las que la vida, desgraciadamente, no
les sonríe como me sonreía a mí, en la fundación son todos
niños sin recursos y de familias desestructuradas. Llevo años
trabajando con ellos y nunca voy a acostumbrarme a ver el
dolor, la tristeza y la desilusión en sus ojitos, para mí es como
ganar la lotería cuando con nuestras clases, talleres y juegos
somos capaces de hacerlos sonreír, aunque sea solo por un
instante. Hay un caso que para mí es muy chocante, nunca
olvidaré la primera vez que la vi. Nerea y yo estábamos
haciendo el payaso cuando vimos entrar a una niña con
visibles problemas de autoestima, tenía la cabeza gacha, los
hombros caídos, arrastraba los pies e intentaba seguir el ritmo
del hombre que la acompañaba sin mucho cuidado. Nosotras,
que estábamos bailando, paramos rápidamente y nos
acercamos a invitarla a hacerlo con nosotras y los demás
niños. Al principio nos costó ganarnos su confianza, y es en
estos momentos en los que con orgullo digo que mi sobrina es
mi miniyo, la niña era de algún país del este, tenía la ropa
raída, una coleta hecha de cualquier manera, pero nada de esto
le importó a Nerea, que la cogió de la mano animándola y,
gracias a sus esfuerzos, al fin conseguimos que jugara con
nosotras y a lo largo de la tarde con los demás niños, que
conocen bien la dinámica de acogida de los recién llegados.
Cada uno de ellos pasa su proceso y tienen el mismo trato, en
nuestras charlas fomentamos la ayuda mutua, el
compañerismo y la empatía. Los pequeños seguían a Nerea,
que la arrastra de un lado a otro y sin que fuésemos
conscientes la teníamos delante, bailando con nosotras,
llegando a un punto en el que ella se olvidó de todo a su
alrededor y se adueñó de la sala, todo fue tan mágico que hoy
en día cuando lo recuerdo sigo emocionándome. Poco a poco,
todos fuimos parando de bailar hechizados por los fluidos y
ligeros movimientos de aquella pequeña. Le hicimos un
círculo alrededor, los otros profesores se acercaron a verla,
casi toda la fundación se aproximó a ver a aquella delgaducha
flotando. Cuando vi el talento de la niña me quedé con la boca
abierta, ya quisieran muchas tener la técnica y el talento
natural de aquella pequeña.
Mi mayor alegría es cada vez que miro mis paredes y sé
que de allí, de aquel humilde lugar ya han salido varios
talentos. A diario doy gracias por el apoyo y colaboración de
los voluntarios y donantes que permiten que pueda llevar mi
sueño adelante. ¡Sí, voluntarios! Todos son hombres en mi
fundación, digamos que no tengo muy buena relación con
mujeres, después de lo ocurrido en mi juventud dejé de confiar
en ellas y si me gusta un tío me lo tiro y punto. Por tener esta
actitud he cosechado unas cuantas enemigas y alguna que otra
discusión sin importancia. ¡Ahora dime una cosa!, ¿por qué
tenemos que ser tan retrógradas?, un tío se folla a media
España y es un machoman, yo hago lo mismo y soy una zorra.
Cuando conozco un tío, si no lleva alianza, se interesa por
mí y yo por él, no me dedico a preguntar si tiene novia o
esposa, quien tiene que tener conciencia de ello es él no yo,
«Nuria es soltera y sin ataduras», no voy detrás de hombres
comprometidos, pero si ellos vienen a mí sin nada que me
haga saber su estado civil y me gustan, me los tiro y punto, un
polvo y se acabó el calentón.

Tengo que hacer el cuadrante de las chicas y no sé cómo lo


voy a hacer, el dueño de la nueva discoteca me quiere los
viernes y sábados, le dije que no puedo estar todos los fines de
semana en su local, que tengo otros contratos que requieren mi
presencia, pero el capullo sabe negociar, me pregunta cuánto
gano en los otros locales, cuando se lo digo, él no tarda ni dos
segundo en decir que triplica mi caché, pero que me quiere en
su local durante los dos primeros meses de apertura y sin más
rodeos me dice que me daba cinco minutos para pensar, se
despide y cuelga, ¡así, tal cual!, me quedo con cara de tonta
mirando el teléfono. El hombre no me da ni tiempo de asimilar
la oferta que me hace, mi caché no es nada bajo, aun en
inverno, que el trabajo baja considerablemente, el tío me dice
que lo triplica como si nada, ¡claro que lo acepto! Pasados los
cinco minutos vuelve a llamarme, pero esta vez la que está al
otro lado de la línea es su secretaria, la mujer es igual de
directa que su jefe. Le confirmo que acepto la oferta. Y que
estaré allí los viernes y sábados.
Ya es viernes, y no tengo ninguna ilusión por ir a trabajar,
solo de pensar que voy a estar rodeada de hombres poderosos
de la edad de mi padre que llevan un palo metido por el culo,
me quita toda la ilusión. «Anda, Nuria, déjate de mentiras tú lo
que no quieres es encontrarte con aquel hombre y mojar las
bragas». Quién te ha preguntado nada, eres mi conciencia y de
ti no quiero saber nada, vivo el momento. «Sí…, y de tanto
vivir el momento, hay momentos en los que no podías ni
sentarte». ¿Y a ti qué más te da? «A mí nada, quien se queda
escocida eres tú, no yo». Pues bien, si soy yo y ves que estoy
de mala leche déjame en paz. Hace algunas semanas que no
encuentro a nadie digno de dejarme así. «Ah, no, no y no, que
ya nos conocemos, sé perfectamente cómo terminamos cuando
te pones así, ¡por Dios, que hoy encuentres a alguien que te
deje sin poder caminar!, pero lo otro no». Ojalá alguien
atienda tu súplica, porque si no, ya sabes, así que calla, por
hoy ya me has tocado bastante las narices.
Tengo que buscar ayuda profesional, esto de hablar con mi
conciencia cada vez va a más y me está empezando a
preocupar. En la universidad veía que las chicas tenían esas
conversaciones entre ellas, se aconsejaban, intercambiaban
secretos que a los pocos minutos dejaban de serlo. En un
principio, por consejo del señor José y su esposa intenté
integrarme, pero no fui capaz, porque siempre las veía seguir
el mismo patrón: estaban delante las unas de las otras, eran las
mejores amigas del mundo, pero a la primera que se iba la
ponían a parir y así una tras otra. Por lo que yo prefería a los
chicos y hablar con mi loca conciencia.
Capítulo 4

Con un desánimo que no me caracteriza, llego a la


discoteca y voy directa a mi camerino; sigo sin acostumbrarme
a esto de tener uno propio cuando en todos los locales
comparto el espacio con desconocidas y mi gente. Con las
chicas que trabajan para mí no me relaciono fuera del trabajo,
muchas de ellas entran en esto para pagarse la carrera, y
algunas, como es mi caso, la familia no lo sabe. He puesto una
barrera tan grande para relacionarme con las de mi mismo
sexo, que hasta con las que me dan el pan de cada día se me
hace imposible. Me llevo genial con todos los chicos pero con
ellas no puedo.
Salgo para mi primera actuación, lo primero que veo
delante es a él, el muy cabrón se ha puesto de manera que para
salir tenga que pedirle paso, ¡él no sabe con quién está
tratando! Enfoco mi vista al frente, ignorando su presencia, y
al pasar a su lado le doy con todas mis fuerzas en el hombro
obligándolo a ponerse de lado, paso sin mirarlo y sigo mi
camino, cuando ya creo haber me librado él, me coge por el
brazo y me arrastra hacia atrás, inevitablemente mi cuerpo
choca con el suyo. Se acerca a mi oído y dice:
—Te deseo así de fiera debajo de mí. —Intento soltarme
de su agarre, pero es en vano.
—Eres un grosero.
—Te quiero en mi cama.
Doy otro tirón, consigo escaparme y salgo caminando,
intentando hacerle ver que sus palabras no me afectan. Pero en
realidad me deja como una moto, ¡ahora quién coño va a
domar a la bestia que ha despertado en mí!, porque una cosa
tengo clara, por más excitada que este hombre me haya puesto,
él a mí no me toca.
Bailo toda la noche bajo la atenta mirada de aquel
psicópata, que no se mueve de debajo de mi tarima, pero que
gracias a la queja que he puesto no se puede acercar, ya que el
caprichoso dueño me puso un guardia de seguridad, no es que
esto sea nuevo para mí, pues en verano en muchas de las
discotecas en las que actúo es una de mis exigencias, pero
estamos en temporada baja y el público de aquí es distinguido,
no hay razón para estas medidas tan drásticas de seguridad. Sé
que me estoy contradiciendo, pero lo que quiero es que no
permitan que este hombre irrumpa en mi camerino siempre
que le venga en gana, no que me ponga seguridad personal,
pero en fin…, que termine de una vez la noche, yo pueda
encontrar un amante y listo. Y creo que hoy las cosas van a ser
más fáciles para echar un polvo, los papis hoy se han quedado
en casa y han mandado sus hijos guapos a la discoteca, el
público de hoy no tiene nada que ver con el de la semana
pasada, que eran todos mayores. Y el sábado todos muy niños.
A pesar de trabajar toda la noche bajo la atenta mirada de
este hombre, puedo decir que es bastante tranquila gracias a
tener al guardaespaldas a mi lado, pues este no permite a nadie
acercarse a mí. Y la verdad es que este hombre empieza a
darme miedo, me desconcierta tanta fijación, agradezco que
hasta en mi descanso, cuando estaba encerrada en mi
camerino, el armario de Ikea estuviera allí esperando en la
puerta, no conozco en persona a mi jefe, lo único que he
podido averiguar de él es que es un hombre muy poderoso,
que nunca está presente en sus salas nocturnas, que tiene
negocios en casi todo el mundo y que estos van de la
hostelería a ingeniería naval. ¡Ahora dime!, a santo de qué le
ponen un guardaespaldas a una gogó a quien ni siquiera
conoce en persona, seguramente no sabe ni cómo soy. Solo
hablamos en dos ocasiones por teléfono y nunca más de cinco
minutos, él es directo y conciso, ni una palabra de más o de
menos, directo al grano y fuera.
Mirándolo bien, mi guardaespaldas no está nada mal,
quizás a la hora de la salida, si no encuentro nada más
interesante, lo invito a una «copa».
Salgo de mi camerino vestida con mi ropa normal voy
hasta la barra a tomarme algo, y de paso ver si encuentro algún
fin de fiesta interesante.
Todavía no he llegado a la barra y ya tengo fichado a mi
ligue de hoy, un moreno, alto que parece tener muy buen
cuerpo, no puedo dar mayores descripciones porque no tengo
superpoderes, mi visión de largo alcance la perdí al nacer.
Me asomo a la barra y pido al barman un Cosmopolitan, el
pobre hombre se acerca a mí todo sonriente y me doy cuenta
de que es el mismo chico de la otra discoteca, rápidamente me
apresuro en marcar las distancias. «Querido, Nuria no repite,
para que esto ocurra tiene que ser un polvazo de la leche», no
es que él no esté bien, pero no vi el paraíso en sus brazos. Lo
saludo con la cabeza, me tomo mi bebida y me acerco al grupo
de amigos, en el que se encuentra mi objetivo de esta noche y
me presento, así directa, para qué perder tiempo con ligoteos,
ya son las cinco de la mañana y no estoy de ánimos para el
arte de la seducción. El que se lanza sobre mí no me interesa,
así que no le doy confianza y voy hacia el moreno que me
llama la atención, ¡mira…, si me apura mucho, igual me
conformo con uno rapidito en el baño! Nos presentamos,
descubro su nombre que es Nathan y que está en Barcelona
pocos días, que vive en Madrid, pero que en realidad sus
padres son americanos. Demasiada información, de mi boca
solo sale mi nombre y que estoy interesada en él, directa al
grano, empezamos a besarnos ahí mismo, nada más decir lo
que quiero. Le digo que me siga y me dirijo al baño, sin
embargo, el que me sigue no es Nathan.
—¿Te gusta uno cada noche? —Pongo los ojos en blanco.
—No, hay noches que me gustan dos. —Toma por idiota.
Quién se cree que es para poder juzgarme.
—¿Por qué me rechazas?
—No eres mi tipo.
—¿No? —me pregunta indignado.
— No… Y ahora que te he dicho lo que hay, adiós.
—Hoy solo te marchas de aquí si es conmigo.
—¡Sigue soñando! —Le guiño el ojo y me marcho.
Este no sabe con la roca que ha ido a dar, su soberbia y
exceso de confianza en sí mismo me llevan muy lejos de su
cama, y si cree que puede conmigo, lo lleva claro. Con él
mirándome, me bajo los pantalones y hago pis, con aires de
superioridad paso por su lado y voy a lavarme las manos.
Enfadado, se marcha dando un portazo. El que sigue en la
puerta es el guardaespaldas. Vuelvo hacia donde se encuentra
Nathan, que ya está solo, lo cojo de la mano sin preguntarle el
porqué de no haberme seguido y vamos hacia la salida.
Cuando vamos a cruzar la puerta de salida, él recibe una
llamada, tiene una discusión telefónica, cuelga de malas
maneras y viene hacia mí, que le he dado espacio, me da un
beso y dice que se tiene que ir con urgencia. Me pide mi
número de teléfono, cosa que, por supuesto, no le doy.
Frustrada, camino en dirección a mi coche, ya no quiero ligar
hoy, es la segunda vez que intento tirarme a alguien y me sale
mal, la rabia es tal que no doy cuenta de que mi atractivo
guardaespaldas me sigue. Solo soy consciente de su presencia
cuando llego hasta mi bebé y veo las cuatro ruedas
deshinchadas. Mi pánico es total.
—¿Quién puede haber hecho algo así? —empiezo a
blasfemar como a un camionero.
—¿La señorita tiene como ir a casa? —pregunta mi
guardaespaldas.
Me giro hacia él con todo mi descaro y le contesto.
—Puedes llevarme donde quieras, con tal de que me
saques de aquí —¿Para qué abro la boca?, el hombre ya no
tiene la expresión amigable, pone cara de haberse comido una
caja de limones.
—Señorita, yo no mezclo trabajo y placer. —La vergüenza
que siento es tanta que no sé dónde meterme, pero toda digna
intento arreglarlo.
—Hombre…, has malinterpretado mi comentario. —El
grandullón no se aguanta con mi cinismo y pone una mueca de
risa.
—Ya veo que trabajar con usted va a ser de todo menos
aburrido —dice negando con la cabeza.
Recojo toda mi vergüenza del suelo y le pido que llame a
un taxi. Mientras espero a que llegue, miro las ruedas de mi
coche con tristeza, ¿quién fue el desalmado que me hizo esto?,
seguro fue algún niñato de estos a los que he dado calabazas
que me ha visto aquí y se ha vengado con mi adorado Mini.
Me giro para volver a la entrada de la discoteca a esperar
el taxi y lo veo, el mismo coche que me cortó el paso el otro
día, corro para meterme en el local. Pero el que conduce es
más ágil al volante y me corta el paso, miro hacia los lados
buscando otra piedra, y esta vez que sea bien grande, hoy sí
que no tengo humor para aguantar tonterías, y va a volar
directa al parabrisas, cuando vuelvo a mirar hacia delante veo
aparecer el taxi, rodeo el coche, corro hasta él y me tiro dentro.
—Por favor, arranca —digo primero y después le doy mi
dirección. Recuesto mi cabeza en el asiento deseando llegar a
mi casa, qué ganas de que se acabe esta maldita madrugada de
mierda. Cierro los ojos y me froto la frente, estoy agotada.
Unos minutos después, abro los ojos para mirar por dónde voy
y descubro que sigo en el mismo lugar, no nos hemos movido
ni un solo milímetro, me incorporo, apoyo mi cuerpo entre el
asiento del conductor y el copiloto y le pregunto:
—¿Por qué seguimos aquí parados?
El taxista, sin mostrar ningún tipo de preocupación, ya que
el taxímetro está saltando más que un canguro en plena
persecución, me indica con la cabeza el motivo por el cual no
podemos movernos. No doy crédito a lo que veo, aquel
maldito coche está delante del taxi impidiendo su marcha.
Impulso mi cuerpo hacia delante ocupando el espacio vital del
conductor, pero ya nada me importa, empiezo a pitar para que
el asqueroso coche salga de nuestro camino. El pobre
conductor intenta por todos los medios sacarme de encima y
apartar mis tetas de su cara, pero ya estoy encendida, con una
mano pito y con la otra le pego para que deje de intentar
impedírmelo. Nuestra pelea es interrumpida por un hombre
que golpea el cristal del conductor y le pide que baje un
momento la ventanilla, el taxista, sin entender nada y, para qué
vamos a engañarnos, deseoso de librarse de mí, se baja, pero
en su huida deja la puerta abierta.
—Te doy una buena suma de dinero para que no lleves a
esta señorita.
—¡Cómo…! —grito desde el taxi.
El muy cabrón, ignora mi pregunta y le enseña el billete
amarillo. ¡Vamos que le da doscientos pavos!
—Baje —me ordena el cabrón del taxista.
Si las miradas matasen, este señor no seguiría con vida, me
olvido de que nos cortan el paso, me tiro en el asiento trasero y
me agarro al delantero. No me sacarán de dentro de este coche
ni con una grúa.
—Voy a llamar a la Policía —le digo, grito bien alto que
no me bajo. El hombre que le ha ofrecido el soborno, con una
sonrisa en la cara le enseña dos billetes más—. Hijo de puta —
le grito a todo pulmón.
El taxista, sin inmutarse, recoge los billetes y los mete en
la cartera. Al ver aquello, el demonio que vive en mí toma el
control de mi ser, espero a que entre en el coche, que se siente
y se ponga cómodo en el asiento como si no hubiera pasado
nada, cuando él se despista, intento coger su cartera.
—Socorro… —empieza a gritar el muy desgraciado—.
Esta mujer está intentando robarme.
Pero a mí me da igual…, vale que no me llevara a mi casa,
pero con el dinero no se queda. La puerta del coche se abre y
mi guardaespaldas viene para cogerme, le doy una patada en
los huevos y le grito:
—Fuera de mi vista. —Que se vaya a tomar viento, cuando
me hace falta nunca está, así que se vaya a cascársela por ahí.
Él armario de Ikea con un gran dolor reflejado en la cara,
recula unos cuantos pasos. El taxista, al ver el golpe que le
doy, se despista mirando preocupado por su virilidad. Yo
aprovecho la ocasión para quitarle la cartera, le cojo los
billetes y los hago en mil pedazos. ¡Ay…, madre, para qué he
hecho eso! Cuando el hombre ve lo que hago, se gira hacia mí
como un demonio, confieso que al verle la cara me entra el
cague, empiezo a apartarme queriendo volver al asiento trasero
para huir. La palanca de cambios se clava en mi culo hasta el
fondo, doy un brinco por el dolor, ¡madre de Dios! un poco
más de precisión y esa palanca se queda clavada en lo más
profundo de mi ano. Con el contratiempo, el taxista tiene la
oportunidad de atraparme y no la pierde, me agarra por los
pelos, que mira que los tengo cortos, no obstante, el muy
desgraciado coge un buen mechón, de manera que me duele
horrores. La puerta del copiloto, que es donde me encuentro
arrinconada, se abre y Nuria se va al suelo sin posibilidad de
hacer nada para evitarlo. El culazo es tal que grito… Una voz
grave le grita.
—Vuelves a ponerle la mano encima y eres hombre
muerto.
—Esta puta me ha roto la ganancia de la noche —empieza
a gritar.
Ya recuperada del susto, me levanto muy cabreada. ¡Yo no
necesito que venga ningún príncipe azul a defenderme! Me
acerco con toda la intención de volver a pegar al taxista, que
furioso conmigo me llama puta, loca, desquiciada y muchas
cosas más, ya estoy preparada para darle la hostia, no obstante,
son más rápidos que yo, solo me da tiempo a ver su gran
cabeza volando hacia atrás, culpa del puñetazo que le propina
mi defensor. Cuando veo el percal, me tiro al suelo y gateando
salgo corriendo a ocultarme, doy la vuelta al coche y me
escondo detrás, no me pueden detener, tengo muchos gastos
que cubrir. Hay casi un centenar de niños que solo son felices
cuando están en mi fundación y se olvidan de sus duras
vidas.
Asomo la cabeza por la esquinita del coche y descubro que
el taxista sigue en el suelo con la mano en la nariz, mi
guardaespaldas con las manos en los genitales y mi defensor al
teléfono. Me preocupa el estado del taxista, la rabia inicial ya
ha pasado. Seguro que su familia lo espera en casa.
¡Mierda…! Gateo hasta el regordete hombre, tomo su cabeza y
la apoyo en mis piernas para ayudarlo.
—No he sido yo quien te ha pegado en la nariz. —Me
apresuro en aclarárselo. Tengo que dejárselo muy claro. No
quiero dar con mis huesos en la cárcel por agresión. Los
pequeños arañazos que le di son delitos menores—. Yo lo
único que quería era que usted me llevara a casa. Pero si no
me involucra en todo esto, yo le pago la carrera.
No puedo seguir mi razonamiento con el taxista, ya que
alguien me coge por la cintura elevándome por los aires,
parezco una muñeca de trapo con las piernas y los brazos
bambaleando de un lado a otro, y me grita que no voy a ayudar
al cabrón que me ha agredido. Miro al apaleado hombre justo
en el momento que da nuevamente con la cabeza contra la
acera y se lleva la mano al nuevo golpe. Pero la sensación de
esos fuertes brazos rodeándome me hacen olvidarme del
taxista. La persona que me tiene sujeta huele de maravilla, me
giro a mirar al dueño de esos brazos fuertes y un olor
embriagador y, me encuentro de cara con él.
—Tú.
—Sí…, yo. ¿Por qué?
—Quita tus sucias manos de mí.
—Te vienes conmigo.
—¿Te has drogado? No voy contigo a ningún sitio.
¡Y vuelve a empezar una nueva discusión!, Ahora es entre
él y yo. Cuando miro a mi alrededor, me quedo alucinada con
la cantidad de móviles grabando todo este circo, ya puedo ir
buscando una buena excusa para mis padres, porque voy a
YouTube de cabeza. Dejo que me arrastre dentro de la
discoteca, ¡total no me va a servir de nada hacer fuerza! Me
tiene cogida de manera que no puedo atentar contra su
integridad física. Él me sienta en la barra, toma mi rostro con
su gran mano, me obliga a mirarlo y me dice, clavando sus
ojos en mí.
—Sé buena y no te muevas de aquí. Ahora vengo. —Tal
como se gira, me levanto, está por nacer el hombre que me
mande, los únicos que tienen este derecho son mi padre y
hermano, y sobra decir que el noventa por ciento de las veces
no les hago caso.
Lo miro apartarse con su porte elegante. Dejo de mirarle el
culo al darme cuenta de que está manteniendo una acalorada
discusión al teléfono, aprovecho su despiste y me marcho
corriendo, por suerte, al llegar a la entrada aparece un taxi, que
seguro viene a recoger a algún trabajador, pero el conductor no
tiene modo de saber de quién se trata, así que salgo corriendo,
me meto dentro y le digo que arranque.
Llego a mi casa agotada física y psicológicamente. ¿Me
puede explicar alguien qué ha pasado? Recapitulando: alguien
pincha las cuatro ruedas de mi coche, el mismo coche de la
semana pasada se atraviesa en mi camino y hace lo mismo,
alguien soborna al taxista para que no me traiga a casa, no sé
en qué momento el maldito coche culpable de toda la
confusión que se formó esta noche desaparece, el hombre
insoportable, autoritario, prepotente, engreído e increíblemente
guapo aparece de la nada y esta vez en modo príncipe azul.
¡No llego a ninguna conclusión!
Lo primero que hago nada más salir de la cama es llamar a
mi querido Nimay para que me acompañe hoy al trabajo, lo
siento por él y su intragable novio, pero lo necesito, no sé
quién es la persona de aquel coche, quizás sea el mismo que
sobornó al taxista, pero al parecer le gusta jugar conmigo y las
dos veces que se ha cruzado en mi camino yo he terminado
más quemada que la pipa de un indio y hoy no estoy de humor
para una noche más como la de ayer.
Mi amigo, nada más recibir mi llamada, se presenta en mi
casa, cuando lo veo en la puerta, lo abrazo fuerte, sé que juntos
solucionaremos el problema de mi coche y todos los que se
presenten, él siempre está en las duras y en las maduras.
Pedimos pizza y por la tarde dormimos abrazados para
reponer energías. Mi hermano, la primera vez que nos pilló
durmiendo juntos, se puso muy contento, ya que nunca me
había visto de esta manera con un hombre, se creyó que era mi
novio. Había que ver la cara de Nicolás cuando descubrió que
mi amigo era gay.
—Abre los ojitos, bella durmiente. —Así me despierta
Nimay.
—De eso nada. Dejame dormir y despiértame en 2030 —
digo con voz cansada.
—Arriba este tieso culo y empieza a prepararte. —Me da
un último beso seguido de una nalgada y se va.
Sin más opciones, me levanto, y sin nada de ilusión voy a
seleccionar los trajes que utilizaré esta noche. No tengo ganas
de nada, así que esta noche el color va de acuerdo con mi
estado de ánimo, negro.
Voy en el coche de mi amigo, la grúa ha recogido el mío,
pero al ser fin de semana estaré sin él hasta el lunes por la
tarde.
La noche comienza bien, ya en la entrada empieza el
mambo; el de seguridad no quiere dejar a mi amigo pasar,
diciendo que este acceso es solo para trabajadores.
—¡Bueno…, bueno…, ya empezamos la noche! —digo de
mala leche.
Miro al de seguridad de arriba abajo, bueno lo de arriba
abajo es para dar algo de interés al asunto, porque ni subida
encima de dos tacones llego al tamaño de este armario de seis
puertas. Volviendo a lo nuestro, lo miro y le digo muy seria.
—Si mi novio no puede entrar, yo tampoco, así que tú
decides.
El hombre nos echa una mirada nada amistosa, llama por
teléfono a no sé quién que autoriza la entrada de mi amigo.
—Oye, bruja, ¿Qué asunto es ese de que soy tu novio?
—¡Tú calla y sígueme el juego! ¡Como si fuera la primera
vez que lo hacemos! —afirmo como si nada.
—Ay, madre, ya me veo teniendo que comerte la boca de
nuevo. —No puedo hacer otra cosa que reírme, pobre, ya está
más que acostumbrado a pasar por esto, el día que decida
cobrarme estoy perdida.
Vamos directos a mi camerino, cuando llegamos al pasillo,
a lo lejos veo a mi guardaespaldas, me acerco sonriente.
—Hoy no hace falta que estés aquí —bromeando le indico
a Nimay.
Él me mira serio.
—No me moveré de aquí, y a partir de ahora seré vuestra
sombra. —Nimay le echa una mirada riéndose y haciendo que
no con la cabeza, él sabe perfectamente que no voy a soportar
esto mucho tiempo. Abro la puerta para entrar a cambiarme y
llega la sorpresa, mi querido guardaespaldas no le permite el
paso a mi amigo, que al ver mi cara rápidamente me da un
beso callándome la boca.
—Te estaré mirando desde la barra. —Se acerca a mi oído
y cuchicheando me dice—: Charlando con un camarero que es
de mi mismo gremio, ya nos conocemos.
Me guiña un ojo y se va. Ojalá fuera verdad y se enrollara
con otro tío, pero tanto él como yo sabemos que eso no va a
ocurrir, él esta locamente enamorado de su horripilante novio.
A las once y media salgo para mi primer pase acompañada
del armario de Ikea, Nimay me esperaba en el pasillo y justo a
su lado está aquel odioso hombre. Paso de largo, sé que esta
cabreado por mi fuga de ayer, su cara lo dice todo. Lo ignoro,
agarro a mi amigo por el codo, le regalo una maquiavélica
sonrisa que él conoce perfectamente y sabe qué viene a
continuación. Le guiño el ojo y le planto un beso de película.
Mi amigo me gira sabiendo que el hombre que está a su lado
es a quien quiero provocar. Empieza a sobarme el culo y a
jadear como un actor porno, el moreno no nos quita el ojo de
encima; cuando nos separamos, yo hago como que me limpio
la barra de labios, le doy otro besito y, como si nada, paso al
lado de mi acosador sin ni siquiera mirarlo a la cara, subo a la
tarima y empiezo a dar mi show. Justo debajo de donde estoy
actuando hay un grupo de amigos muy animados con el
espectáculo que les estoy ofreciendo. Les tiro besos y sigo
disfrutando de mi trabajo.
Al bajar para el descanso, cojo a uno de los chiquillos, lo
digo así porque es lo que son unos chiquillos, el mayor debe
de tener veinte pocos años. Cojo a uno de ellos sin mirarle la
cara y lo beso, mi gorila particular nos separa riñendo al pobre,
que todo animado quiere venir detrás de mí. Entro en mi
camerino y a los dos segundos escucho la puerta abrirse, estoy
desnuda, estoy cambiándome para mi próxima actuación, al
mirar y ver quién es corro a alcanzar mi albornoz, pero él es
más rápido y me lo quita de las manos.
—¿El cornudo ha visto eso?
—¿De qué hablas?
—No te hagas la tonta. El moreno, ¿es tu novio?
—Sí.
—¿Él te ha visto besando a aquel niñato?
—¿A ti qué te importa?
—Yo también quiero.
—Siéntate y espera, tú a mí no me tocas ni con un palo.
—Ya veremos —dice el muy cabrón y empieza a
acorralarme.
—Fuera —él dice que no con la cabeza—. Voy a gritar. —
Me regala una de estas sonrisas de lado y me contesta.
—Grita nadie te puede oír. No intentes taparte, conozco
cada curva de tu cuerpo. ¿De verdad crees que lo que llevas
para actuar es ropa? Se te ve todo.
—Eres un grosero.
—No eres la primera que lo dice.
—Fuera.
—No sin antes recibir un beso. —Nada más decir esto, se
tira encima de mí, me toma por el cuello y presiona sus labios
contra los míos, yo cierro mi boca con todas mis fuerzas, pero
su otra mano libre empieza a pasearse por mi cuerpo, con una
de las piernas intenta abrir las mías, que cierro impidiendo la
acción. Su mano toca mi pecho y atrapa entre sus dedos mi
pezón, arrancándome un involuntario jadeo, cosa que él
aprovecha para invadir mi boca con la lengua. Estoy
empezando a perder la batalla, llevo muchos días sin sexo, y
esto me está pasando factura, este juego no está en igualdad de
condiciones, yo estoy totalmente desnuda, acorralada contra la
pared y él está vestido y tiene el mando de la situación. Mi
sexo empieza a contraerse. En un acto de fuerza de voluntad y
amor propio hago acopio de todo mi autocontrol y le muerdo
la lengua, la mordedura es tan fuerte que siento el sabor
metálico de la sangre en mis labios. Él se aparta de mí, y me
mira serio, me quedo estática, este hombre me saca dos
cabezas, ¿dónde cojones está el que se supone que debe
protegerme?, porque es por culpa de este hombre que lo han
contratado.
—Si crees que con esto me quitaste las ganas de follarte
estas engañada.
—¿Por qué no me dejas en paz?
—Porque te quiero en mi cama. Así de simple —dice
encogiéndose de hombros.
—Sigue soñando.
—Lo hago, todas las noches.
—Pues disfruta de tus sueños, es lo único que tendrás.
—Ya veremos.
Y una vez más, sale dejándome con la palabra en la boca.
Es increíble, el tío entra en mi camerino, me ve desnuda,
me come la boca, casi me folla y nada, ni un hasta luego. No
es que me interese nada de él.
Sin importarme mi desnudez abro la puerta en busca de mi
guardaespaldas, este me va a oír, ¿qué mierda le pasa? Lo
único que hace es ahuyentar a los hombres que a mí sí me
interesan, y a este desagradable no. ¡Y cuál es mi sorpresa! No
hay nadie. Furiosa, vuelvo dentro, me visto y salgo a mi
segundo pase, este local me quita las energías. El resto de la
noche es tranquila, lo único que altera un poco el orden es
cuando llamo a uno de los chicos a bailar arriba conmigo y mi
guardaespaldas, que resuelve a aparecer, lo saca de mi lado
arrastras. Ese hombre me mira toda la noche hasta que
desaparezco por la puerta con mi amigo, que me deja en casa
sin hacer preguntas, como siempre.
El domingo en el bar del señor José es el peor de toda mi
vida, estaba lleno de borrachos, no tenía nada que ver con el
público distinguido de Sinsayth, tengo que darles patadas a
unos cuantos, el pobre señor José se apiada de mí y me manda
a casa antes de tiempo.
Capítulo 5

Mis siguientes semanas son horribles, nada me sale bien,


no tengo paciencia para nada, la única persona capaz de
hacerme reír es mi sobrina, que no me deja sola ni a sol ni a
sombra. Ella no se cansa de preguntarme qué me pasa, pero es
que ni yo misma sé el porqué de este mal humor, solo estuve
así cuando todo en lo que creía cambió. Parezco un robot,
hago todo mecanizado, mi querido amigo me llama para ir de
juerga y rechazo, no me apetece, y eso es raro en mí.
Estamos a jueves y mi humor no cambia, este fin de
semana me toca con mi sobrina y ella quiere hacer mil cosas,
lleva toda la semana haciéndome mil proposiciones y yo no
soy capaz de decirle que sí a ninguna de ellas, porque ninguna
me ilusiona, y conociéndola como la conozco, me va a dar
guerra. Nuria, ¿qué te está pasando? Me pregunto delante del
espejo. «Te está pasando que te gustó que aquel hombre te
acorralara contra la pared, y te jode que no te haya empotrado
hasta el fondo». Ah, no…, lo último que necesito es a ti
tocándome las narices. «Anda que, si fuera él y te estuviera
tocando otra cosa no te quejarías». Déjame en paz, por favor.
«Deja de hacerte la difícil que eso no te pega, sabes que follar
contigo es más fácil que coger castañas en el bosque en
otoño». ¿Estás diciendo que soy una mujer fácil? «No…, qué
va, mujer, jamás diría esto, tú no eres fácil, solo eres
asequible». Vete al infierno, conciencia, cuando te necesito
nunca estás y ahora que no te quiero, vienes a tocarme las
narices. «Anda, mujer, tú y yo sabemos hasta que él no te lleve
a la cama tu carácter no va a mejorar». Antes me hago monja,
no voy a acostarme con él. «Lo que tú digas, pero acuérdate de
lo que has dicho, porque cuando estés “ohh…, sí, va, mas, más
fuerte, tómame, ahhhh, así”». Desaparece o doy con la cabeza
contra la pared. «Vale…, vale…, tú ganas no te golpees la
cabeza, tú ya no la tienes muy bien amueblada y si encima la
dañas más, estoy perdida». Definitivamente necesito ayuda,
hablo con mi conciencia que, para colmo, me está llamando
zorra.
Pero bueno, tiene razón, yo no me hago de rogar si el tío
me gusta no miro físico ni cara, disfruto y ya está, y juro por
Snoopy que no estoy interesada en aquel hombre, cómo voy a
estarlo en un hombre que se quiere a sí mismo de esa manera,
es un engreído.
Hoy me voy a dar un homenaje. Mierda…, llevo tanto
tiempo sin disfrutar de una buena compañía masculina que
tengo que llamar nuevamente a mi centro de estética. Con la
melopea que arrastro he olvidado de que tenía sesión hace dos
días. Nadie vio la preciosa obra de arte que tenía más arriba de
mi cueva del placer. Pediré la cita para hoy mismo, no me
puedo rasurar; mis planes hoy son: encaje e hilo dental y para
lucir ese atuendo como se debe, hay que tener la piel lisita.
Voy a la peluquería, pido que me corten el pelo, me tiñan y
me lo pongan azul, me hago la manicura, todo mimo para mi
cuerpo es poco, he planeado mi noche hasta el mínimo detalle,
después de esta noche estaré relajada durante una temporada.
Llego a casa, pongo algo de jazz, ¡ahora es cuando todos se
sorprenden, sí…! una gogó girl que le guste el jazz, pues que
sepáis que me encanta, deliro cuando escucho el maravilloso
saxofón de Charlie Parker me quedo con la piel de gallina, la
ronca voz de Louis Armstrong me vuelve loca, me relaja, me
recuerda mi niñez al lado de mi padre, que es un amante del
jazz y el blues.
Selecciono un vestido de tubo de color verde de un solo
tirante, no es que sea una ropa con la que me sienta cómoda,
pero el sitio al que voy exige que vaya presentable, me hago
un suave maquillaje ocultando las horribles ojeras que arrastro,
tomo mis maravillosos Walter Steiger, otro de mis caprichos
de los cuales tuve que vender un órgano vital para pagarlo,
merecen la pena, no soy de andar tirando el dinero en cosas de
marca, pero cuando me doy un homenaje, me lo doy de
verdad.
Llego al local de mis placeres y me recibe el jefe de sala,
le pido una mesa para cenar, ¿y cuál es mi sorpresa?, el
restaurante está cerrado para un evento privado, la desazón
que siento es tanta que tengo ganas de gritar. Pregunto si
puedo pasar al drink bar para tomar algo, me dice que
tampoco. Me mira con cara de pena y dice que todo el local
está cerrado para el evento, todo mi buen humor se esfuma,
llevo todo el día programando esto para nada, me giro y me
voy por donde he venido, otra tentativa de desfogarme
frustrada. Me da a mí que una nube negra se ha posado sobre
mi cabeza. ¡Qué le vamos a hacer! Ya estoy saliendo de los
dominios del local cuando siento una mano en mi hombro, me
giro y me encuentro con el chico que me dejó plantada en la
discoteca al recibir la llamada.
—Hola, ¿estás invitada a la fiesta?
—No —le contesto cabizbaja.
Hago un esfuerzo para intentar recordar su nombre, pero es
en vano.
—Estás muy guapa para volver a casa, eres mi invitada.
—Muchísimas gracias, pero no puedo aceptarlo.
—¿Por qué no?
—Salta a la vista que nos movemos en círculos sociales
diferentes.
—¡Creo que aquí esto es lo que menos importa!
Sonrío, este hombre me inspira. Es fresco, liviano, no
obstante, no acepto la invitación.
—Me siento halagada, pero será en otra ocasión.
—Solo aceptaré tu negativa si me das un buen motivo. —
Este hombre es tenaz.
—Pues… Déjame ver—digo apoyando el dedo en la
mejilla—. No conozco a nadie.
—Problema resuelto. Hola, encantado, me llamo Nathan
—se presenta con una preciosa sonrisa en la cara.
—Hola, Nathan, yo soy Nuria.
—Ahora ya me conoces, anda, hazme el honor. —Pone
unos graciosos morritos que me hacen reír—. Mira a nuestro
alrededor, están todos acompañados menos yo, apiádate de mí,
por favor —dice juntando sus manos en forma de súplica.
—Vale…, me has convencido —le digo riéndome. Él,
galante, me ofrece su brazo y caminamos en dirección a la
recepción. Cuando pasamos al lado del metre, este me sonríe.
Nathan me conduce a una mesa donde hay tres parejas,
pero para mi mala suerte, conozco a uno de los presentes, con
quien tuve un buen revolcón hace menos de tres meses. Y hoy
lleva una alianza del tamaño de un Hula-hoop, el muy capullo
está acompañado de su mujer, que encima esta
embarazadísima. Él, nada más verme, se pone incómodo y no
es para menos, su mujer debe de tener como mucho veintiséis
años, es guapísima y está embarazada, y él teniendo
revolcones en los baños de las discotecas, por eso digo
siempre: «Antes de que ellos se rían de mí, me río yo de
ellos», la pobre mujer me mira y me sonríe, «si ella supiera lo
que su marido y yo hicimos en un baño no me sonreiría».
Nathan me presenta a todos los presentes, empieza a desfilar
conmigo por todo el salón y presentarme a todos que se nos
cruzan con nosotros, ya empiezo a sentirme incómoda, no
porque yo sea una persona tímida, pero mi falta de interés en
relacionarme con las de mi mismo sexo hace que no encaje, no
me siento cómoda, hay demasiadas miradas puestas sobre mi
persona. Me excuso con Nathan y voy al aseo, mala idea, al
llegar allí hay un grupo de unas cinco mujeres, todas de
revista, cómo no, tres de ellas llevan unos diamantes más
grandes que mi ojo, vale…, exagero un poquito, a tanto no
llega el tamaño de estas piedras. Entro en la primera cabina
libre que veo, hago tiempo para ver si salen y no hay manera,
me veo obligada a salir y meterme en medio de ellas para
lavarme las manos. En todo el tiempo que llevo aquí, en
compañía de estas mujeres, de lo único que hablan es de un tal
Damián, que si Damián todavía no ha llegado, que hoy no
salía de allí sin acostarse con Damián, Damián, Damián y más
Damián, oigo tanto este nombre en tan poco tiempo que en
cuanto salga de aquí preguntaré a mi anfitrión quién es el
famoso Damián, aunque mi acompañante no está nada mal,
pero tal como hablan estas mujeres de él, debe de ser todo un
semental.
Salgo del baño y voy en busca de Nathan, al que no veo
por ninguna parte. Pregunto a la gente que me acaba de
presentar y nadie lo ha visto, voy hasta nuestra «mesa»,
pregunto por él y la embarazada con cara de pena me entrega
una nota:

«Por segunda vez,


por motivos ajenos a mi voluntad,
me veo obligado a marcharme. Lo siento.
Mi chófer te llevará a casa».
Nathan.

Mi vergüenza es tal que me excuso con la gente, me


despido de los presentes y voy en dirección a la salida para
coger un taxi e irme a mi casa. Eso sí, no sin antes escuchar
comentarios maliciosos, del tipo, «pobrecita, ha estado tan
cerca de tener una noche de princesa, pero se le rompió el
zapatito de cristal», los presentes se ríen. Me veo en una de
estas pocas veces en las que me siento diminuta y enfadada a
la vez. No soy de caer en estas trampas, ando tan agilipollada
que yo solita me metí en la cueva del lobo. Unas cuantas
mujeres más se burlan de mí, diciendo que esta vez no he
conseguido cazar a un hombre rico. Pero para mi suerte una de
ellas está de la mano de uno que conozco bien, y es la que va a
pagar por las burlas de todas.
—No me hace falta pescar un hombre rico, querida, pero
cuidado con el tuyo, porque él cayó en mis bragas sin pensar
en ti ni un solo segundo. —Me giro para marcharme, pero me
paro a mitad de camino, me doy la vuelta y sigo—. Me
encanta el lunar que tu marido tiene en el culo. —La mujer
pierde el color.
Ahora puedo marcharme contenta, si ellas son arpías, yo
también puedo serlo. Por el rabillo del ojo veo como todas se
ponen las manos en la boca por la sorpresa.
Tengo una acalorada discusión con el chófer encargado de
llevarme a casa, se niega a dejarme marchar sola.
Llego a mi casa con peor humor del que había amanecido.
Mañana tengo que presentarme en aquella odiosa discoteca,
yo, que siempre disfruto de mi trabajo, por primera vez bailo
en un local que para mí está siendo un suplicio. Dios…, que
llegue el verano para que desaparezca en el mundo y pueda
olvidarme de Barcelona por tres largos meses.

Después de dar mil vueltas, por fin escojo qué hacer con
mi sobrina el fin de semana, vamos de paseo en bicicleta por
una ruta que, según ella, está cerca, en el mismo Prat de
Llobregat, que es muy bonita y que nos llevará hasta el
mirador de Bunyola del Prat y seguiremos hasta llegar a La
Carsena de los Carabineros del Prat. Ella investigo todo y lo
tiene muy bien programado, prefiero no preguntar de cuántos
kilómetros estamos hablando, pero sé que no son pocos. No sé
cómo terminara esto, según ella iremos sábado y domingo;
después vamos al cine, ella siempre se ilusiona con nuestros
programas, pero esta vez está pletórica, tanto es así que deja de
lado varios de nuestros programas de siempre, y dice que el
domingo por la tarde veremos la película de una cerdita que
baila; la loca de mi sobrina dice que la cerdita baila como yo.
La verdad, no sé cómo tomarme este comentario. Tengo que
ver la película…, me da miedo.
El fin de semana es como toda mi semana, horrible. Por
primera vez en años Nerea no disfruta de mi compañía y me
pide que la lleve de vuelta a su casa después del almuerzo, no
llegamos a ir al cine y, mucho menos ver la película que sigue
en mi casa con su sello; mi estado de ánimo, lejos de mejorar,
solo empeora, y creo haberlo pagado con mi mayor amor,
nuestro sábado de ruta ha consistido en un trayecto de treinta
minutos en bicicleta, pero no os creáis que han sido treinta
minutos de ida y treinta de vuelta, no, no, de eso nada. Este ha
sido el tiempo que tardamos en ir y volver, en mitad del
camino, mi sobrina saca su genio.
—Para… —Al estilo Nerea—. ¿Quién eres tú? ¿Qué has
hecho con mi tía?
—Cariño, ¡no me pasa nada!
—De eso nada, yo a ti no te conozco, mi tía no es aburrida
ni refunfuñona, mucho menos está pendiente del móvil. —Yo
simplemente no sé qué contestar, y menos dónde meterme.
Después de tartamudear mil veces, intento explicarme.
—Nere, estoy pasando por un mal momento, pero soy la
de siempre.
—No te esfuerces, ya has estropeado el plan. —Me mira
con cara de desilusión, gira su bicicleta y empieza a hacer el
camino de vuelta, por más que yo intento hablarle no hay
manera, juro por Snoopy que si yo no fuera como ella, la
habría cogido por los pelos allí mismo, vaya con el carácter de
la niña. Llegamos a mi apartamento en silencio.
—¿Qué quieres comer? —No me contesta, en un intento
de reconciliarme con ella pido pizza hawaiana, yo odio esta
mezcla, no sé quién fue el iluminado que puso piña en la
pizza, pero todo vale con tal de no ver en los ojos de mi
pequeña la tristeza que estoy viendo. Cuando abre la comida
esboza una sonrisa, pero al verme reír, pone morros y come sin
decir nada. Estoy poniendo los cubiertos en el lavavajillas y
oigo las llaves en la puerta, me asusto y voy corriendo a mirar,
es mi hermano, que viene a buscarla. Lo ha llamado sin que yo
me entere, Nicolás me da un beso, no obstante, ella no nos da
tiempo a que hablemos de nada, lo coge de la mano me mira y
pregunta:
—¿Mañana serás mi tía de siempre o seguirás poseída?
Porque si es así prefiero quedarme con los aburridos de mis
padres. —me río por su comentario, aun enfadada conmigo es
capaz de hacerme reír.
—Vaya, qué lujo, mi primogénita nos ve a su madre y a mí
como dos aburridos.
—¡No te hagas el sorprendido!, ya os lo he dicho en otras
ocasiones. Mira si sois aburridos que ni vosotros mismos os
dais cuenta. —Yo ya no puedo más, me abalanzo sobre ella y
empiezo a comérmela a besos. Pero no entra en sus planes
recibir mis mimos. Con sus pequeñas manitas me aparta de
ella.
—No me vengas con mimos, pasaré una tarde aburrida por
tu culpa.
Ahora es cuando mi hermano se ríe de mí. Él se marcha de
mi casa preguntándome por WhatsApp qué he hecho con su
hija. Y así concluye mi día con mi princesa.
La noche no es mucho mejor, como viene ocurriendo los
fines de semana anteriores, el armario de Ikea no me deja ni a
sol ni a sombra, no permite que nadie se acerque a mí, me
siento frustrada por no tener libertad para hacer lo que me dé
la gana, este hombre es peor que mi sombra, no hay manera de
librarme de él. Mi acosador no aparece, el coche que me acosa
sí, pero creo que ve que no estoy de humor para chorradas y se
marcha justo cuando llego para recoger el mío. Vamos, que de
la noche a la mañana hasta mis acosadores me han dejado en
paz, ¡vale…, ya sé qué debería de estar contenta, pero no está
siendo así!; y para empeorar mi estado de ánimo, me llaman
cancelando la audición de Eva, ella es especial vengo
preparándola para esa oportunidad a meses, me puse en
contacto con una importante academia que forma verdaderos
profesionales, ellos siempre van detrás de nuevos talentos y
Eva lo tiene, y esta niña se lo merece todo, su padre está en la
cárcel y su madre desapareció. Se fue sin dejar rastro. A raíz
de toda esta desgracia familiar, Eva vive con sus tíos, que
tienen cuatro hijos y se ocupan de ella, su hermana y su
hermano, todos ellos van a la fundación, son niños muy
especiales, cada uno destaca en algo, pero lo de Eva es
impresionante, nada más verla supe su potencial, me dediqué a
ella en cuerpo y alma, y cuando creí que ya estaba preparada,
me puse en contacto con esta gente. Y ahora envían un triste e-
mail cancelándolo y pidiendo que la grabe en sus
entrenamientos y lo envíe a diario, yo tiemblo de la
impotencia, ¿cómo pueden hacer esto? Se trata de una niña de
tan solo siete años que tiene todas sus esperanzas en esto,
cómo se lo explico, estoy casi segura de que su puesto lo
ocupa alguna niña de papá. Pero ellos tienen el poder así que,
todos los días haré lo que me piden, les enviaré los vídeos de
la niña, eso es lo que ellos quieren, pues eso haré hasta la
saciedad, aunque miraré otras opciones, ellos son los mejores,
pero los hay muy buenos en Barcelona, y cuando se den
cuenta de lo que están perdiendo y vengan a por ella, tendré el
placer de decirles en la cara que ya es tarde.
Las semanas pasan sin más sobresaltos, se puede decir que
aburridas, por primera vez tengo problema en la fundación,
pero nada que no pueda solucionar. Mi coche acosador estaba
allí todos los viernes y sábados, siempre me tocaba un poco las
narices, pero no dejaba llegar la sangre al río, lo veía
marcharse como si nada, pasaba a mi lado bien despacio,
como si estuviese desafiándome, pero ya no volvió a cortarme
el paso, no me ha sido posible descubrir quién lo conduce, el
moreno tampoco volvió a aparecer, creo que al haberlo
mordido, lo he ahuyentado definitivamente.
Poco a poco, mi vida va volviendo a la normalidad, como
siempre me ocurre. He sobrevivido a la discoteca Sinsayth.
Parece mentira que ya hayan pasado cuatro meses desde
aquellos locos inicios, es un hervidero de gente rica, no veo la
hora de alejarme y he decidido que hoy es mi último fin de
semana. Desde que el dueño me ofreció aquella desorbitada
cantidad, no he sabido nada mas de él, y quiero que siga así,
no creo poder aguantar un mes más aquí. Les enviaré a los
mejores, haré un cuadrante fijo de bailarines, mi equipo
seguirá trabajando aquí, pero bien sabe Dios que yo aquí no
vuelvo a pisar.
Llego a la discoteca con la hora justa para mi actuación,
me cambio rápido y salgo con una mezcla de sentimientos que
ni yo misma sé describir, si me preguntan lo niego como una
bellaca, pero busco a aquel hombre por todos los lados. Hace
más de dos meses que no lo veo, después de hoy no
volveremos a vernos nunca más, solo me gustaría mirarle a la
cara una última vez. ¡Yo no he dicho eso! Pero la verdad es
que mis noches aquí han perdido la gracia, no hay hombre que
se acerque a mí, mi armario de Ikea en estos meses que hemos
trabajado juntos no ha habido manera de que soltara una
sonrisa.
Hoy no me apetece estar sola en este lujoso camerino, así
que nada más entrar salgo a quedarme lo que me queda de
descanso en la puerta con él. Los primeros minutos son un
horror, solamente se escucha el sonido de la estridente música,
y el ir y venir de gente en los pasillos, pero el muy…, ni
pestañea. Hasta que me harto y le toco en el brazo captando
así su atención.
—¿Oye…, tú follas? —Me mira con cara de o te callas, o
te callo yo, pero cuando empiezo, no tengo freno. Vuelvo a la
carga—. Mujer no creo que tengas.
—Señorita, ¿puede callarse?
—Pues no… ¿Alguna vez has tenido un orgasmo? No me
refiero a correrse, me refiero a un orgasmo, este que el placer
es tan fuerte que te entran ganas de llorar.
El hombre me mira muy serio y contesta:
—No…, soy virgen. —Nos miramos a la vez y
empezamos a reírnos a carcajada limpia.
—Señorita Nuria, nunca nadie se ha atrevido a hablarme
de esta manera.
—Claro, quién se atreve, con esta cara de estreñido que
tienes. —Otra vez nos reímos.
—La echaré de menos.
—Pues yo a ti no. —Sin que lo espere, me pongo de
puntillas y le doy un beso en la mejilla.
Pero el colegueo fue solo en ese momento, entro a
cambiarme y cuando vuelvo ya había vuelto a ser el armario
de Ikea herméticamente cerrado.
Termino mi noche cabizbaja, pero ahora me tomaré unas
minivacaciones, haré el calendario de mis bailarines y solo me
presentaré en el garito del señor José, estaré en aquel sitio
hasta que ellos se jubilen o pongan el cartel de cerrado. Como
sé que no va a ocurrir, estoy más que mentalizada para
aguantar a aquellos borrachos indeseables. Aquellos dos
ancianos se lo merecen.
Me río sola sacudiendo la cabeza, y me digo a mí misma,
«tendrás tu despedida», ahí está el supercoche, pero esta vez
está aparcado al lado del mío y, como siempre, con la
ventanilla subida y la música alta, ahora tiene otra diversión de
la que solo me di cuenta el sábado pasado, seguirme hasta mi
casa, pero esta noche se va a joder, porque no pienso irme a
casa.
Entro en mi bebé y conduzco en dirección a casa de un
colega que ha montado un sarao, y los saraos allí tiran para
largo, podemos dar rienda suelta a la juerga, ya que no hay
vecinos cerca. Conduzco hasta las afueras de Barcelona capital
con ese coche detrás, cuando él ve que pongo el intermitente
para entrar en la finca, que desde fuera se pueden ver las luces,
y hasta con las ventanillas cerradas se puede oír la música,
sorpresa…, es una entrada privada. El muy capullo tira su
coche delante del mío, piso el freno como si no hubiera un
mañana, cómo puede ser tan cabrón y atentar contra mi coche
de esta manera. No me lo pienso dos veces, bajo del coche,
lleno mis manos de la gravilla que hay en la entrada y empiezo
a tirarlas sobre su coche, las tiro me agacho cojo más y vuelvo
a tirar, repito la acción hasta que se da cuenta de que no voy a
parar y da marcha atrás y se marcha dejándome en paz.
—¿Qué diablos quieres de mí? —grito frustrada.
Capítulo 6

Por primera vez desde que abrí la fundación estoy pasando


apuros, las cosas se están complicando por minutos, las
donaciones han bajado muchísimo, por no decir que han
desaparecido, lo que me ha quitado la soga del cuello es que
un par de benefactores nos han enviado algo de donación, pero
no es suficiente para cubrir ni la mitad de los gastos. Estamos
pasándolo mal, y lo que más me carcome es que hay niños que
dependen de mí para comer, pero ya no sé qué más hacer para
recaudar fondos, cada vez que entro allí y veo la alegría de
aquellas personas soy una mujer realizada, y me estoy
quedando sin recursos. A toda puerta que llamo siempre hay
una excusa, cuando empecé con una pequeña sala, jamás pensé
que llegaría donde estoy hoy, y sin pedir, llamaron a mi puerta
y me dieron dinero y más dinero para invertir y ayudar a más
gente y ahora estas mismas personas me están dando la
espalda. Necesito una salida urgente.

Estoy de vacaciones indefinidas, solo voy los domingos,


que me toca a mí garito de mala muerte y fuera, de ahí ya no
muevo el culo, y es literal, también estoy de retiro sexual.
¡Quién me ha visto y quién me ve! Pues sí, señores, Nuria
lleva más de dos meses sin tener sexo.
Llego al pub del señor José y allí está mi fiel público de los
domingos, paso por ellos como hago siempre, sin mirarlos a la
cara, voy al cuartucho que medio acondicionamos para
cambiarme.
—Ya va siendo hora de que nos dejes, hija —dice con
pesar el anciano.
—Otra vez con esta historia, ya he dicho que no me iré de
aquí salvo que me prohíbas la entrada —enseño mis perfectos
y blancos dientes, resultado de muchos años de ortodoncia.
—Tú no tienes arreglo.
—¡Ahora te das cuenta! —me acerco, lo abrazo, le doy un
beso en su arrugado rostro y lo echo para cambiarme.
Subo a la barra, como yo misma soy mi DJ, llevo un
minimando a distancia estratégicamente oculto en mi ropa, lo
de enseñar al señor José a pinchar lo doy por imposible, el que
antes lo hacía era su hijo, pero desapareció por arte de magia,
dejando a los ancianos con el corazón roto.
Empiezo a bailar con los comentarios de siempre, los
presentes saben que no me deben tocar, pero siempre los hay
que se hacen los despistados, y hoy me siento peor que de
costumbre, los hombres que tengo delante me tratan como si
fuera una cualquiera, y con el estado de ánimo que tengo
últimamente me está afectando. Como siempre hago cuando
alguno se pasa, le doy un par de patadas y lo esquivo, a uno
que se está excediendo demasiado le advierto que si vuelve a
tocarme le partiré la nariz, el hombre se sube en una silla, me
agarra e intenta meterme un billete entre los pechos, cojo el
billete de su mano, lo rompo y se lo tiro a la cara. El muy
desgraciado lo vuelve a hacer, el señor José está desesperado,
yo ya no bailo y me peleo con este maldito borracho. No sé dé
dónde sale el armario de Ikea, solo sé que lo agarra como si
fuera un muñeco de trapo y lo tira en medio de la calle, la
acción es tan rápida y el hombre está tan sumamente borracho
que el pobre desgraciado intenta entrar nuevamente, y de
manera poco amigable le impide el paso mi amigo el armario,
lo tengo que llamar así porque no sé su nombre, intenta
sacarme de encima de la barra y le arreo una patada.
—Ni si te ocurra tocarme —le digo seria y apuntándole
con el dedo.
El menea la cabeza y respira hondo, lo intenta un par de
veces más, pero al final desiste. Saca su móvil del bolsillo,
hace una llamada y se pone delante de la barra como hacía en
la discoteca, yo dejo de preocuparme por él y me centro en lo
mío, bailo como si no hubiera pasado nada. No sé cuánto
tiempo después lo veo entrar por la puerta hecho una furia,
empuja al armario como si no fuera nadie, se para delante de
mí, me toma por las piernas y me tira en su hombro como si
fuera un saco de patatas dejándome de cabeza abajo. Veo al
señor José con cara de asustado, pero no me da tiempo de
decirle nada, mi raptor se gira en dirección al anciano, yo me
mareo con el rápido movimiento.
—Traeme las cosas de esta inconsciente.
—Suéltame, troglodita. —El muy descarado me da una
nalgada.
—Cállate si no quieres empeorar las cosas.
¿Quién se cree este hombre que es para tratarme de esta
manera? El traidor del señor José le entrega mis cosas y este se
marcha conmigo en hombros. Llegamos a la puerta, otro
guardaespaldas se quita la chaqueta y me la tira encima para
protegerme del frío. Pero el loco que me está secuestrando me
la quita de encima y la tira de vuelta a su dueño.
—Apártate de ella —gruñe.
Yo no hago más que gritar que me suelte, pero por más que
le pego y le grito que me deje en el suelo no me hace caso,
sigue su camino como si nada, me mete dentro de un coche de
grandes dimensiones y su conductor arranca como si no
hubiera mañana, empiezo a gritar que estoy siendo raptada,
pido auxilio, doy patadas en la puerta sin éxito, no aparece
nadie a ayudarme.
Él se gira con cara de pocos amigos.
—Deja de hacer el ridículo, el coche es blindado, por más
que grites nadie te escucha.
—Desgraciado arrogante, suéltame…
Él se gira como si nada y me ignora lo que queda de viaje.
Por los cristales veo que el coche entra en un garaje
subterráneo, donde solo hay coches de lujo, miro a todos lados
intentando descubrir dónde estoy y a santo de qué este hombre
me ha traído hasta aquí. Que él es un niño mimado de papá ya
lo sabía, pero lo que no entiendo es este espectáculo en plan
hombre de las cavernas, sacándome de esa manera del bar del
pobre señor José, seguro que la Policía ya debe de estar detrás
de mí, el señor José me conoce hace muchos años, y no va a
ser capaz de ver la manera en la que me saca de su
establecimiento y no dar la voz de alarma.
La puerta del coche se abre y el dios griego desgraciado se
baja.
—Sal —ordena con rabia, yo miro hace otro lado
haciéndome la sueca, como si él no estuviera presente. Él no
se mueve, yo tampoco, me acuesto en el confortable asiento y
me pongo cómoda. Por mí podemos pasar aquí toda…, la
noche—. He dicho que bajes —no le contesto—. Que te bajes.
—Le enseño el dedo corazón y me recuesto poniéndome
cómoda.
—Llevame a mi coche.
—No…, tenemos que hablar —gruñe, se gira y manda a
uno de sus lacayos sacarme del coche.
Cuando lo oigo dar esa orden, como si estuviera ordenando
sacar a su perrito, me vuelvo loca, miro muy seria al armario
que tengo delante y le digo:
—Ni se te ocurra acercarte a mí, sé que eres más grande
que yo. Pero te dejaré unos buenos arañazos y los huevos en la
garganta.
—Señorita, por favor, no me ponga las cosas difíciles.
—Llévame a mi casa. —El maldito hombre dice que no
con la cabeza, se lanza a por mí tan rápido que cuando me doy
cuenta ya estoy fuera del vehículo totalmente inmovilizada.
—Señorita, ¿va a caminar por sus propios pies o tendré
que llevarla a rastras?
—Sabes que esto es secuestro, ¿verdad?
Sé que no tengo nada que hacer, así que este maldito se va
a joder, tendrá que llevarme a rastras mientras yo lo dejo lleno
de marcas.
Como me imaginaba, el muy cabrón sigue en su línea,
como soy una mujer inteligente y sé cuándo pierdo una batalla,
me rindo. Aunque es solo una estrategia para salirme con la
mía.
—Toda tuya —digo cruzándome de brazos y mirando a
otro lado.
—La madre que la trajo —farfulla el grandullón riéndose.
Esta es la primera vez que le veo todos los dientes, pero a mí
no me hace gracia.
En un abrir y cerrar de ojos, estoy sobre su hombro.
—Me caes bien, pero ahora sabrás de lo que soy capaz.
Acto seguido levanto su camisa, le doy unos buenos
mordiscos y lo araño de arriba abajo.
—Por favor, señorita, pare, solo estoy cumpliendo órdenes.
Si no llego arriba con usted, tendré problemas.
A mí me da exactamente igual, nadie le manda meterse
conmigo. Que se jodan las órdenes, ahora no quiero saber
nada, le dejo la espalda hecha un cromo. Si tiene novia o
esposa que se lo explique a ella después.
Él me lleva en dirección a los ascensores, al parar delante
me doy cuenta de que es un ascensor privado, el hombre mete
una llave junto con un código y la puerta se abre, me mete y
me ordena no intentar nada estúpido, ya que el ascensor va
directo a mi destino, le enseño el dedo corazón y el muy
capullo se ríe. ¿Qué le hace tanta gracia? Me siento
desprotegida, vestida solo con un short vaquero y un top, esta
es una de esas pocas veces en las que me da vergüenza estar
vestida así, pero ¿cómo no lo voy a estar?, si algún vecino para
el ascensor se creerá que soy una puta de poca monta yendo a
visitar a su cliente. Estoy tan sumida en mis pensamientos que
no me doy cuenta de que ya he llegado y que él esta delante de
mí con los brazos cruzados, mirándome. Pero yo no me muevo
ni un milímetro, no es que no quiera hacerlo es que mis
extremidades no me responden.
—¿Vas a salir sola o tendré que sacarte de ahí también?
Creo que es la primera vez que lo oigo con claridad, sin
una música de fondo o una enana en medio dándole patadas y
haciendo preguntas. Ahora puedo asegurar que tiene una voz
espectacular, hago una cosa que nunca hice en mi vida me
tapo, no…, intento taparme con mis manos. El muy cabrón, al
ver mi actitud, con una sonrisa lobuna dice:
—¡Anda…! ¿A qué viene esto ahora? Si yo ya te he visto
completamente desnuda. —Yo, que pierdo el pelo, pero no la
chulería, me recompongo y le contesto:
—¡Tienes razón…!, me viste desnuda porque invadiste mi
camerino como el acosador que eres. Seguro que después te la
cascaste recordando mi cuerpo.
—Yo solo fui a hacerte una invitación, pero he de
reconocer que me la pusiste dura.
Esta conversación es surrealista, ¡este hombre debe vivir
en una realidad paralela!, ¿desde cuando aquello fue una
invitación?
—Me voy, tengo que volver a mi trabajo —afirmo con
chulería.
—¿A dónde? ¿A aquel tugurio del que te he sacado?
—¡No me acuerdo de haberte pedido que me sacaras de
ningún lado!
—Tienes toda la razón…, pero no me gusta aquel sitio.
—¿Cómo sabes que trabajo allí? —pregunto más calmada
e ignorando su opinión.
—Pasaba por delante te vi y…
—Claro, estaba en tu ruta —digo burlándome.
—¿Por qué vas a aquel sitio? La gente que lo frecuenta no
tiene clase. Tú puedes aspirar a más. Si el problema es dinero,
dilo y te pago lo que me pidas.
Yo, que estaba bajando la guardia me estiro, aprieto mi
puño con fuerza a causa de la rabia y lo encaro.
—¡Qué me estás contando!, ¿crees de verdad que voy a
aceptar que me regales tu preciado dinero…?
—No…, por supuesto que no, yo no voy por ahí regalando
dinero. Lo que yo quiero, lo compro y lo que quiero es tenerte
en mi cama y, mientras seas mía, que ningún otro hombre te
toque.
—¿Es cosa mía o acabas de decir que me quieres comprar?
—Comprar no, contratar.
— Estás loco si crees que voy a acostarme contigo.
—Prefieres aceptar el dinero de aquellos borrachos antes
que el mío —dice furioso.
—Eres un idiota.
—Ya te he dicho que no eres la primera que me lo dice.
—¿Qué cojones quieres de mí?
—¿Qué quieres, Nuria? —me pregunta con las dos manos
sobre la cabeza, y por primera vez aparenta algo de
«cansancio, derrota» o yo que sé… Este hombre es muy raro.
—¡No entiendo qué quieres decir con «qué quiero»!
—Simple…, dime si quieres un piso, un coche, dinero, un
viaje, lo que quieras dime qué quieres y te lo daré, pero eso sí,
nada de bailar por ahí, en cuanto estés follando conmigo, serás
solo mía, ningún hombre te pondrá la mano encima.
¡Es impresión mía o este hombre está queriendo
contratarme como su puta particular! Qué he hecho para que él
piense eso de mí.
—Estás loco, definitivamente, estás loco.
—¡Qué me dices?
—No soy mujer de un solo hombre. Uno solo no es capaz
de saciar mi apetito sexual.
—Te aseguro que en cuanto seas mía tendrás apetito de
cualquier cosa menos de sexo.
—¡No creo…!, y no sé si estarás dispuesto a pagar mi
precio.
—Dime y te digo si lo vales.
—Este ático y el coche en el que me has traído. —Se
asoma la sombra de una sonrisa burlona en su cara, pero
cuando iba a abrir la boca para decir algo lo corto—. No digas
nada, no he terminado—de manera sensual camino hasta el,
abro su americana cojo el bolígrafo del bolsillo de dentro,
agarro su mano y escribo una gran suma.
Él, al ver el valor que apunto, se echa a reír en mi cara, lo
dejo, aunque la situación es de lo más humillante, no le daré el
gusto de verme hundida, no diré absolutamente nada, ya se
cansará de reírse solo. Ignorando su presencia, empiezo a
mirarme las uñas como si nada.
Él coge mis cosas, que no sé cómo, pero ya están aquí
arriba, y me las tira encima.
—Vete, no vales tanto.
—Adiós.
Con la sangre hirviendo, me giro y me pongo de frente al
ascensor que sigue en el mismo sitio y, para mi suerte, con la
puerta abierta.
—Espera, espera, te hago una contraoferta.
Está claro, es un niño de papá que está acostumbrado a
tenerlo todo y yo soy el juguete que se le resiste en la vitrina.
—Dime…
—El coche y la mitad de lo que pediste. —Enarco una
ceja, lo miró fijamente, empiezo a caminar en su dirección con
una sonrisa en los labios, paro a unos centímetros de su cara y
le digo:
—Por ese dinero no te acompaño ni a una cafetería, y con
estas cosas no admito regateo, ¿puedo irme a mi casa ya?
—No. —El niño de papá esta desconcertado.
—¿Cómo qué no? Tu no tienes el capital para pagarme y
yo no voy a estar aquí perdiendo mi tiempo.
—El coche y la cantidad que pides.
—El coche, el piso y la cantidad que pido.
—El coche y el piso y te tendré el tiempo que se me
antoje.
—En el hipotético caso de que yo aceptase tu contraoferta,
por ese valor solo paso un mes en tu cama, después me voy a
otra.
—Eres cara.
—Soy buena en lo que hago —le guiño un ojo—, ya me he
cansado de regatear, no estoy en el zoco de marruecos
regateando una tela, es de mi cuerpo de lo que estamos
hablando y como no me vas a dar lo que quiero, me voy.
—¿No te das cuenta de que de aquí solo sales si yo así lo
deseo?
—Por supuesto, pero una cosa es un niño mimado
queriendo contratar el servicio de una puta y otra bien
diferente es tenerla secuestrada.
—Tú no sabes una mierda de mi vida, sí, tengo mucha
pasta, pero no soy un niño mimado como dices.
—Me importa una mierda quién seas, tu propuesta ya no
me interesa, me voy.
Con la sangre hirviendo por todo lo que acabo de oír, me
desnudo completamente y sin una gota de pudor me cambio de
ropa delante de él, que no me quita el ojo de encima.
—¿Puedes abrirme, por favor? —digo delante de la puerta
que no sé en qué momento se ha cerrado. Él camina hasta el
panel de mando, introduce la llave, pone el código y la puerta
del ascensor se abre, me meto dentro con el corazón apretado,
tomo aire, me giro y lo miro a la cara, cuando la puerta del
ascensor se está cerrando, mete la mano impidiendo el cierre.
—Tú ganas, te pago lo que me pides.
Ahora es cuando yo disfruto de lo lindo.
—Ahora ya es tarde, me he cansado con tanto regateo.
Búscate a otra, mi listón está muy alto para rebajarme
acostándome contigo. —Lo empujo para que la puerta del
ascensor se cierre.
Una vez sola dentro, respiro para tranquilizarme, no me
puedo creer que haya pasado por tanta humillación, mira que
ya confundieron mi profesión muchas veces, pero nunca nadie
fue tan lejos como este hombre. No me derrumbo, pero esta
mierda todavía no ha terminado, sus empleados aún tienen que
llevarme hasta mi coche.
Capítulo 7

La única alegría de levantarme hoy es que veré a Eva y


juntas vamos a entrenar duro. He conseguido una oportunidad
para que se presente en un gran estudio de baile, ella va en
representación de la fundación, pero no es fácil conseguir una
plaza para este evento, allí hay mucha gente de este mundillo
en busca de diamantes en bruto y todas las grandes academias
se disputan una plaza para sus pupilos. No obstante, sé que no
tienen nada que hacer, mi niña es una gema especial, de las
pocas que hay en el mundo y tengo la certeza de que va a
conseguir grandes cosas. Llego al estudio y nada más entrar
por la puerta se me hace raro no ver a los niños corriendo de
un lado a otro, voy hasta mi oficina a dejar mis cosas y
cambiarme, pero al abrir la puerta me encuentro con los tíos de
Eva sentados llorando. Me quedo parada en la puerta, me da
pánico entrar y preguntarles que está pasando y dónde está la
niña.
—Señorita Nuria, necesitamos su ayuda —dice la tía de
Eva, que percibe mi presencia.
Me quedo en shock. Para mi suerte, Nimay, que está en la
fundación, al ver mi cara, por lo que todo indica sabe de qué
va la cosa, viene rápidamente a mi encuentro y me dice que
Eva está bien, que está en la sala de baile. Sus palabras son
como un bálsamo para mis oídos, entro en mi pequeño
despacho, pero no me voy a mi silla, me agacho delante de las
dos personas que tengo enfrente, pongo mis manos sobre sus
rodillas y los acaricio infundiéndoles fuerzas. No tengo la
menor idea de qué les pasa, lo único que puedo afirmar es que
los tiene muy preocupados. Al ver que ya están un poco
calmados, los animo a que hablen.
—¿Qué os pasa? —Maldita la hora en que hice esa
pregunta!
—Clara… —Los tíos de Eva empiezan a hipar. Mi corazón
parece querer salirse del pecho, Clara es la hermana mayor de
Eva, a la que está más apegada—. La tuvimos que llevar al
médico de urgencia y está ingresada.
—No os preocupéis, ya veréis como todo va a salir bien.
—digo intentando tranquilizarlos.
—Es la cuarta vez que ocurre en menos de dos meses y los
médicos no saben qué tiene.
—¡¿Cómo no he sabido nada hasta ahora?! —digo
subiendo un poco el tono de voz, pero en realidad me estoy
recriminando porque por culpa de mis chorradas no he echado
de menos a la niña.
—No queríamos preocuparte. —No me puedo creer que
me vengan con estas—. —Creímos que no era nada, pero cada
vez que volvíamos con ella, los médicos repetían siempre lo
mismo. Al principio lo achacaban a un virus, le recetaban
algunos medicamentos y de vuelta a casa. Pero cuando
volvimos con la niña por tercera vez sin ningún tipo de
mejoría le hicieron análisis y nos dijeron que no sabían qué le
pasaba.
—¿Y por qué no me habéis dicho nada…? —digo
enfadada.
—Ella estuvo un par de días ingresada, pero como mejoró
le dieron el alta para que aguardara en casa la fecha de los
análisis. Y hace una semana tuvimos que volver con ella, solo
que esta vez no presenta mejoría, al contrario, cada día que
pasa empeora. —Me enfado muchísimo al enterarme de que
no han llevado a la niña al hospital ni ayer ni hoy y por lo que
veo su estado es de gravedad.
—¿Por qué no me habéis avisado antes? Hubiera ido a
visitarla, o intentado contactar con algún conocido para pedir
ayuda.
—No nos dicen nada claro, están haciendo estudios. Nos
recomendaron unos análisis muy específicos.
—Muy bien, ¿cuándo se los hacen? —pregunto viendo la
luz al final del túnel.
—Aquí en España aún no los realizan.
Me dejo caer de culo en el suelo, no es que la Seguridad
Social no cubra el estudio, simplemente no los hacen. Creo
conocer la respuesta, pero aun así hago la pregunta.
—¿Y dónde realizan esos análisis?
—En Estados Unidos.
Rápidamente, mi cabeza empieza a atar cabos sobre el
significado de estas palabras.
Mi mundo se viene abajo, ¿por qué las malas noticias
nunca vienen de una en una? Justo ahora que la fundación está
pasando su peor momento me viene esto, cuando empezó la
crisis, las donaciones disminuyeron y cada vez iban a menos,
sin embargo, de unos meses aquí simplemente han
desaparecido. Algunos voluntarios se han marchado, pues la
gente está migrando a otros países en busca de oportunidades,
ya que aquí no encuentran trabajo en su área; y ahora esto. Soy
la única esperanza de esta gente y me siento responsable de
estos niños, la ropa que lleva Eva es de mi pequeña Nerea,
ellos reciben comida de bancos de alimentos que tenemos, y
cuando no tienen nada acuden a mí. No puedo decirles que no
los ayudaré, esta familia se volverá loca, ellos tienen cuatro
hijos y se ocupan de tres sobrinos, ella está en el paro y él
trabaja de repartidor en la pequeña empresa familiar de uno de
mis voluntarios. El sueldo es bajo, pero como le dije en
multitud de ocasiones, es lo que hay ahora mismo.
Me mantengo firme, no puedo demostrar debilidad, ellos
me necesitan. Pero no les voy a dar falsas esperanzas, no les
voy a decir que soy su salvadora y les voy a pagar el
tratamiento. No es que no quiera, es que no tengo, aunque
usara todos mis ahorros no llegaría para costear el tratamiento
de la niña. Con todo el dolor de mi corazón, seré sincera con
ellos y les diré la verdad; que no puedo pagarles el tratamiento
por no disponer de fondos, pero que moveré cielo y tierra, que
trabajaré día y noche si hace falta para ayudarlos y que
mientras pueda no dejaré que les pase nada a los pequeños.
Después de cuarenta minutos de mucho llanto, la pareja sale
de mi despacho algo más animada, ahora la que está hecha una
mierda soy yo. ¿En qué estaba pensando para darle esperanza
a esta familia diciéndoles que puedo conseguir el dinero? No
estamos hablando de una factura de luz, un alquiler sin pagar,
estamos hablando de un viaje con estancia, ingreso y análisis.
En la vida tendré el dinero para eso, ni vendiendo mi piso, mi
coche y vaciando mi cuenta de ahorros llegaría. Ay… «Nuria,
¿qué vas a hacer ahora?». No lo sé. «Tengo una salida», ¡no
quiero saberlo! Respiro hondo, callando a mi maldita
conciencia. Hice justo lo que dije que no haría, pero mi
corazón no me permitió ver tanto dolor en los ojos de aquella
gente y no hacer nada para mitigar su sufrimiento.
Entro en la sala de baile y el panorama que me encuentro
me parte el corazón, Eva está sentada en una esquina con la
cabeza entre las piernas y rodeada por todas sus amiguitas,
todas en silencio. Me veo obligada a retroceder unos pasos
para reponerme, ¡creo que esto me va a superar! Tengo que dar
marcha atrás meterme en el baño y tomarme unos minutos
para tranquilizarme, la psicóloga que viene dos veces al mes a
darnos charlas y atender algunos casos, siempre nos dice que
es fundamental para nosotros, los voluntarios, poder llevar
esto bien, y mantener nuestros sentimientos a raya. El
problema es que esta niña es especial para mí en todos los
sentidos, ya que la conozco desde los cinco años, la vi superar
los problemas de sus padres, fui la responsable de que volviera
a sonreír, de que se esforzara en el colegio, que permitiera que
otros niños se acercaran a ella. Y verla con este dolor, de
nuevo con esa tristeza me mata, y no lo puedo evitar. ¿Por qué
la vida es tan injusta? Adoro a todos mis niños, aunque no me
caracterizo por ser una persona especialmente niñera. Pero su
bienestar es mi prioridad, y Eva, junto con Nerea, son todo
para mí. No debería de haberme encariñado con ella de esta
manera, pero ocurrió.
Tomo aire, me doy unos golpes en la cara para reactivarme
y entro en la sala. Doy dos palmas llamando la atención de los
niños, sin embargo, la pequeña sigue en la esquina sin decir
nada.
—Eva, te estamos esperando para bailar —digo intentando
parecer lo más normal posible.
—Ya no quiero bailar. Odio el baile.
Mi corazón se encoge al escucharla decir esas palabras, el
baile es su vida, pero ella esta tan dolida con el mundo que no
quiere hacer nada. Mando a los demás a calentar, me siento a
su lado y empiezo a acariciarle la cabecita.
—¿Por qué odias el baile? —pregunto apenada.
—Mi hermana se muere. —Sus palabras están cargadas de
dolor.
—Clara se va a poner bien. —Una vez más meto la pata,
desesperada por hacerla feliz le digo algo que no sé si es
verdad.
—¿Me lo prometes?
—Te prometo que sacaré a tu hermana del hospital. —«¡Sí,
ya lo sé! Soy estúpida al prometerle esto, pero no puedo verla
así y no hacer nada para animarla».
—Nuri…, ¿me lo prometes?
—Prometido. —Ella me regala una preciosa sonrisa y sale
corriendo a ponerse a calentar junto a los demás niños, pero mi
cabeza ya hace mucho que no está en el baile. Acabo de
meterme de lleno en un gran problema. Pero bueno, ya he
salido de otras, y esta vez no será diferente.

Los dias van pasando, y la niña, lejos de mejorar, solo


empeora, ahora mismo su estado de salud es crítico. He
conseguido tocar la fibra sensible de algunos y pude recaudar
algo de dinero para el viaje de la familia, pero ahora queda
conseguir para lo más caro, el tratamiento y la estancia. Se me
agotan las ideas, ya hice un bingo solidario, conseguí recaudar
algunos objetos de algún amigo famoso e hicimos una subasta
benéfica, intenté organizar una cena solidaria, pero los peces
gordos no confirmaron su asistencia, y los que confirmaron
tienen menos que yo y viven de las apariencias, no sé qué más
hacer. Estas Navidades han sido de las más tristes que he
pasado, no pude dejar de pensar en estos niños, me hubiera
encantado poder colmarlos de regalos, pero infelizmente no
pude, tengo que conseguir el dinero para esta familia. En
verano lo gano muy bien, pero no sé si la pequeña aguantará.
Eva ha vuelto a perder el brillo en sus ojitos, la única vez que
la he visto realmente feliz en este tiempo es cuando se
presentó al certamen, ganó en su categoría y la seleccionaron
de una academia para hacer una prueba, ahora solo estamos
esperando a que se pongan en contacto con nosotros para que
ella se presente, pero pasado el momento de euforia, vuelve a
ser la niña triste y callada que viene siendo.
Para completar, los pocos euros que gano bailando en el
bar del señor José no puedo contar con ellos, justo ahora que
cualquier céntimo cuenta. ¡¿Que está ocurriendo en mi vida?!
Yo antes era una persona que reía y bromeaba a todas horas y
ahora soy la antítesis de todo lo que era, ahora estoy todo el
día seria y preocupada.
Este fin de semana me toca pasarlo con mi sobrina, como
no estoy bailando, voy a por Nerea hoy viernes, y pasaremos
todo el fin de semana juntas si ella lo desea.
—Hola, Nico, ¿está mi Brave?
—No quiere verte.
—¿Por qué? —le pregunto dolida.
—Cuando lo descubras, dímelo, ya no sé qué más hacer
con mi hija, desde hace un par de meses, ya no sonríe y, por lo
que veo, tú tampoco. ¿Qué está pasando?
—Nico, un sermón ahora no, ¿vale?
—¿Sermón, cómo me dices eso? Es de mi hija de la que
estamos hablando, si tú tienes esta mierda de doble vida es
cosa tuya, pero no la metas en medio, cómete tus mierdas sola,
pero no salpiques a los que no tenemos nada que ver, ella solo
tiene ocho años, Nuria, ocho años… Y su único sueño es ser
como su tía, pero todo lo que ella conoce de su tía es mentira.
Y desde hace dos meses tú no eres la misma, al contrario de
todo lo que piensas, la persona que más te conoce es Nerea, tu
dolor está siendo el de ella, y no quiero eso para mi hija.
—Bueno, ya veo que Nerea no está y que contigo no
puedo hablar así, que, ¡adiós!
Con estas me voy de casa de mi hermano. Salgo a la calle
y empiezo a llorar, sí…, nuevamente llorando, desde los
veintitrés años no lo hacía, la última vez que lloré fue el día en
el que nació mi sobrina, y hoy lloro por saber que he roto su
corazoncito, ¿cómo he podido estar tan ciega, y haber dejado
pasar tanto tiempo sin sentarme con ella y solucionar las
diferencias que tenemos? No fui sincera con ella, no le conté
por qué no podemos ir de compras de Navidad como lo
hacíamos. Y en la cena de Nochebuena se enfadó mucho
conmigo por estar ausente. ¡Volveré más tarde, cuando esté
más tranquila para hablar con ella! Nicolás me ha dicho cosas
muy duras, él nunca me había hablado de esa manera, pero lo
que ha dicho es verdad, mi sobrina está sufriendo por mi culpa
y eso no puede ser.
Por más que intento no dar importancia a lo que mi
hermano me ha dicho, me es imposible; si hubiera venido de
otra persona quizás no me hubiera dolido tanto, pero estoy
muy afectada, necesito ver a Nerea y arreglar definitivamente
las cosas con ella.
Después de dar mil vueltas sin que el reloj se mueva tan
solo unas horas después de haberme marchado llorando, aquí
estoy yo nuevamente delante de la puerta de la casa de
Nicolás. Llevo aquí parada no sé cuántos minutos, tengo
miedo a lo que pueda encontrarme tras esa puerta. Ojalá
pudiera parar el tiempo o volverlo atrás, si eso fuera posible, al
retroceder, muchas de las cosas que hice no las volvería a
hacer.
Cierro los ojos, respiro hondo, armándome de coraje para
llamar, para mi suerte quien abre la puerta es mi cuñada.
—¿Está Nerea? —pregunto después de darle dos besos en
las mejillas.
—Está en su habitación bailando.
—¿Puedo pasar?
—¿Desde cuándo tienes que pedir permiso para entrar en
mi casa? Y mucho menos para ir a la habitación de tu sobrina.
—Me tiro sobre ella, le doy un fuerte abrazo y salgo corriendo
para ver a mi miniyo.
Entro sin llamar a la puerta y la escena que me encuentro
es de lo más tierna, mi sobrina esta con una camiseta mía,
descalza, haciendo los movimientos tal y como los hago yo.
Ella no se percata de mi presencia, aprovecho mi anonimato
para apreciar el maravilloso espectáculo. Nerea tiene talento,
no es que destaque de las demás, pero es buena. Cuando va a
hacer un cambré se percata de mi presencia y se para.
—Sigue…, hace mucho que no te veo bailar y me hace
ilusión.
—¿Sabes por qué no me ves bailar? Porque ahora siempre
estas con Eva.
Madre del amor hermoso, no me lo puedo creer, yo que
pensaba que su enfado era porque no le compré todos los
regalos que me pidió y la realidad es que está celosa de Eva,
¡pero si ellas siempre se han llevado bien!
—Brave, «mi princesa rebelde». ¿Qué estás diciendo? Yo
solamente veo a Eva tres veces a la semana.
—Me estás mintiendo, yo te vi con ella y su hermano de
paseo.
Ah no, no, no y no.
—Nerea, cuando me viste con ellos, volvíamos de un sitio
muy triste.
—La verdad es que Eva no sonreía como hacemos siempre
que estamos contigo.
Cojo a mi sobrina de las manos, me siento en su cama, la
pongo sobre mis piernas, y le explico superficialmente la
situación de su amiguita y el porqué de estar con ella y su
hermano aquel día, «ojalá aquel día no hubiera existido», yo la
acompañé a ver a Clara por primera vez y fue una situación
muy dolorosa, esos niños se desesperaron al ver a su hermana
a través de un cristal, totalmente inerte y conectada a varias
máquinas, por supuesto esto no se lo cuento a mi sobrina.
Después de casi una hora, las cosas entre nosotras están
arregladas. Volvemos a ser lo que éramos antes, ella quiere
recuperar todos los fines de semanas perdidos, así que
aprovechamos que es viernes y vamos a cenar al centro
comercial, paseamos viendo tiendas, ella me cuenta sus
discusiones con su novio, eso sí…, siempre afirmando que lo
quiere mucho. Que llegó una niña nueva que está queriendo
hacerse amiga de él, pero que ella no va a dejarle que le robe
el novio y un sinfín de batallas más. Quise comprarle una
blusa y me dijo que no, que guardara el dinero para la hermana
de Eva, siento ganas de comerme a mi sobrina a besos, ¿cómo
puede con ocho años ser tan madura?
El sábado saltamos de la cama y nos vamos a nuestras
compras ficticias, lo que iba a ser nuestro desayuno de
chocolate con churros se transformó en nuestra merienda,
visitamos nuestros escaparates, de los que ahora más que
nunca debo pasar muy lejos. Nos lleva toda la mañana hacer
nuestro recorrido, los escaparates están repletos de artículos
que no conocemos y la mañana pasa sin que nos demos
cuenta. A las tres de la tarde nos sentamos en el Burger King.
Ya de vuelta a las andadas y con los pies molidos, pero
feliz, me he reído hoy todo lo que no me había reído en los
últimos días. Estoy intentando convencer a mi sobrina de irnos
a tomar un refresco cuando siento un olor algo familiar detrás
de mí, no le doy la satisfacción de verme girar para mirarlo,
pongo toda la atención en mi sobrina que me pregunta si algún
día cumpliré la promesa que le hice de regalarle un bolso
Gucci igual al que llevo, empiezo a toser, esta niña no se
olvida de una, esa fue una promesa que hice hace mucho
tiempo creyendo que no tenía importancia. No obstante, ella
no se olvida, le explico que en este momento no puedo
regalarle el bolso porque primero tenemos que solucionar el
tema de Clara, ella, con lo lista y comprensiva que es, se
acuerda de todo lo que le dije y lo acepta sin protestar. EL
porte imponente de este hombre le llama la atención haciendo
que ella mire hacia arriba y encontrarse con una linda sonrisa.
—¿Tú no eres el que nos seguía y yo te di una patada?
Él se ríe y asiente afirmando el comentario de mi pizpireta
sobrina.
—Porque siempre la sigues? ¿Estás enamorado de ella?
Ella es la mejor bailarina del mundo, y ayuda a mucha gente.
¡Tierra trágame, por favor!
—Nerea, vamos a tomar algo cariño, necesito descansar
mis pies.
—¿Puedo ir con vosotras?
—No.
—Sí. —Madre, qué hago con ella, le está sonriendo
amigablemente y esto no augura nada bueno.
Cojo a mi sobrina de la mano y salgo en busca de algún
sitio para sentarme, noto que la muy pilla está caminando muy
despacio llamándolo con la manita, intento hacer que camine
más rápido, pero no hay manera, de repente, ella da un tirón de
mi mano y sale corriendo en sentido contrario, yo me asusto y
voy detrás de ella, pero me paro en seco cuando la veo de la
mano del hombre en cuestión y, tirando de él hacia mi, y todo
esto con una linda sonrisa en la cara, yo, que la conozco bien,
sé que está tramando algo, solo me resta descubrir el qué,
cuando ya está a mi altura la muy granuja va y me suelta:
—Mami, él también tiene cara de estar cansado, por eso
fui a por él, para que venga con nosotras a tomar algo y
descansar.
El muy cabrón tiene una sonrisa de triunfo que no le cabe
en la cara, porque este asalto sabe que ha ganado, viene detrás
de nosotras ignorando mi desprecio hacia él. Nos sentamos en
una cafetería y Nerea va a mirar qué desea, todo no pasa de
una estrategia para dejarnos a solas en la mesa. Pero lo último
que yo necesito ahora mismo es a este hombre cerca de mí, ya
tengo demasiados problemas para aguantar al niñito de papá.
—¿No vas a decir nada?
—No tengo nada que decirte.
—¿Por qué siempre estás a la defensiva conmigo?
—Bébete el café y desaparece de una vez.
—¿Pensaste en mi propuesta?
—Ya te he dicho que no.
—Te doblo el valor en efectivo, pero…
Gracias a Dios mi sobrina llega interrumpiendo su
monólogo, qué ganas tengo de gritarle a la cara qué puta es su
señora madre, pero ahora mismo tengo que hacer como si
nada.
—Oye, eres un poco maleducado, no me has dicho tu
nombre. —El trago de café que había acabado de meter en la
boca sale esparcido por todos lados manchando su perfecto
traje. Mi sobrina es lo más, ella ni corta ni perezosa lo dice
mirando con cara de «de que vas, tío».
—Hola, Nerea, tienes un nombre muy bonito.
—Vale, es muy bonito, pero sigo sin saber el tuyo —lo
dice con las manos en la cintura.
Me muerdo la lengua muy fuerte para no reíme en su cara.
—Damián, mi nombre es Damián, señorita linda.
Madre mía, ya tiene a mi sobrina en el bolsillo.
La muy cabrona se desmonta en halagos hacia él, ya estoy
temblando. Vete a saber qué está maquinando esa cabecita.
Vaya, vaya, lo que acabo de descubrir…, este es el
todopoderoso Damián que tiene a las mujeres locas y más
dinero que vergüenza.
—Bonito nombre, Damián, pero solo con un nombre
bonito no es suficiente para ser novio de mi mamá. —La mato.
—Nerea…, ¡qué estás diciendo!
—La verdad, mamá. ¿Sabes, Damián?, por lo que veo
tienes mucho dinero, y ahora mismo mi madre Nuri necesita
no solo de un novio que la quiera, necesita uno que la ayude
también.
—Se acabó, nos vamos. —Me pongo de pie y la agarro de
la mano intentando sacarla de allí.
—No…, yo no he merendado.
—En casa te doy lo que quieras.
—No, en casa no tienes muffin de chocolate con arándanos
y nata. Y va a tardar en salir unos veinticinco minutos, voy a
jugar en los recreativos —me dice todo esto de carrerilla y sale
corriendo, dejándome plantada con semejante marrón encima,
¡como salgo de esta encerrona que me preparo mi propria
sobrina.
—Ni si te ocurra abrir la boca —digo apuntándolo con el
dedo. Por supuesto, él no me hace caso.
—Mujer, estás en un apuro y no quieres aceptar mi
propuesta.
—Métete tu dinero por el culo.
—Te meteré otra cosa por ahí. —Encima el cabrón
siempre tiene respuesta para todo. Pasa de caballero a vulgar
en una milésima de segundo. Tiene ese punto macarra que nos
gusta a casi todas.
—¿Por qué este empeño en tenerme?
—Te deseo y te quiero en mi cama, a mi merced.
—No estás bien de la cabeza.
—Hoy tengo una reunión muy importante y necesito ir
acompañado, la persona que venía conmigo me ha llamado por
la mañana avisándome de que tenía una urgencia y está fuera
del país, ¿aceptas acompañarme? Te pagaré muy bien, solo por
acompañarme.
Suelta todo eso como si estuviera hablando del tiempo e
ignorando olímpicamente mi comentario.
—En el hipotético caso de que aceptara. ¿Qué tengo que
hacer?
—Nada, sonreír, estar a mi lado, ser la perfecta
acompañante y contestar a lo que se te pregunte.
—Solo eso. ¿Dónde está la trampa?
—A ver, cómo te explico, digamos que la reunión no es
convencional.
—Tú lo que quieres es contratarme como tu puta
particular, no andemos ahora con formalismos.
—Si aceptas, lo descubrirás. ¿Qué me dices?
Este dinero extra me vendría de perlas.
—Vale, pero nada de sexo, cuando termine la cena yo me
voy a mi casa y tú a la tuya.
—Trato hecho, a las ocho paso a recogerte.
—Estaré lista, ahora cambiemos de tema que ahí viene la
niña.
Capítulo 8

¿Dónde tenía la cabeza cuando acepté su propuesta?


No tengo la menor idea de lo que me espera en esta cena,
lo único que sé de este hombre es que se llama Damián, que es
un niño de papá encaprichado conmigo y que es un
oportunista, no dejo pasar la ayuda de mi querida y traidora
sobrina, que ahora la tiene en su terreno. «Eva, mi amor, esto
lo hago por ti».
Las siguientes horas estoy dando vueltas a que voy a
ponerme para la cena, aquel maldito no me dijo nada sobre la
vestimenta, solamente que pasaría a recogerme a las ocho.
Ahora llevo más de media hora delante de mi vestidor mirando
como si por arte de magia fuera salir la ropa perfecta.
Después de dar muchas vueltas y probarme todo lo que
tenía, me decido por la apuesta segura: un vestido negro
ajustado en escote de barco, de complemento unos Jimmy
Choo rojos y un maquillaje suave, domestico mi pelo con la
plancha y cantidades indecentes de laca, quedando con cara de
niña pija, no me pongo más complementos que unos pequeños
pendientes de diamante, regalo de un gran amigo, soy
partidaria del menos es más, y por encima de todo la
comodidad. Una barra labial color rojo mate, como último
detalle, un abrigo negro a la altura del vestido y listo. Estoy
acabando de abrocharme el ultimo botón de mi abrigo cuando
suena el timbre, ni voy a molestarme en averiguar cómo este
hombre tiene mi dirección y el número de mi piso, ¡total, por
lo que veo él sabe dónde estoy en todo momento! ¿Cómo no
va a saber dónde vivo? Compruebo el resultado en el espejo,
me doy el visto bueno y bajo al encuentro de lo que muy
seguramente será la noche de mi ruina, desde el primer
momento que este hombre invadió mi camerino con su
chulería, supe que me daría más de un dolor de cabeza, hui
todo lo que pude, pero las circunstancias me trajeron hasta este
momento, y lo afrontare con dignidad. «Allá voy, que sea lo
que tenga de ser».
No estaba preparada para encontrarme con Damián vestido
de esta manera, nada más verlo supe que acerté en mi elección,
lleva un traje de tres piezas hecho a medida en color gris
grafito con una camisa blanca y la corbata de color gris claro
con pequeñas rayas, su pelo perfectamente peinado, parece
recién salido de un anuncio de Hugo Boss, cuando nuestras
miradas se encuentran, hago una media parada y lo miro, en
sus labios nace la sombra de una sonrisa, creo que a él también
le gusta lo que ve, pero como Nuria es mucha Nuria no se lo
digo ni bajo tortura que está para quitar el hipo.
—Estás preciosa.
—Gracias. —Siento mis mejillas sonrojarse. Abro la boca
para contestarle, pero su comentario me hace cerrarla
inmediatamente.
—Quien te ve así vestida no se imagina que eres una dama
de compañía, y de las caras, dígase de pasada.
—Vete al infierno. Ahí te quedas. —Le doy la espalda y
camino de vuelta a mi casa, paso de aguantar sus comentarios
infundados. Aunque pensándolo bien, hoy sí soy su dama de
compañía, sin sexo, pero aun así dama de compañía. Estoy
introduciendo la llave en la puerta de mi piso y siento sus
grandes manos en mi hombro, no le hago caso y sigo. Retira
mi mano de la cerradura, me gira hacia a él y se me queda
mirando. Creo que pensó que se encontraría con una damisela
llorando por su honor mancillado, por eso se sorprende cuando
me ve más fresca que una lechuga.
—Perdóname, cuando estoy a tu lado sufro incontinencia
verbal. No sé qué me pasa, pero todo lo que me viene a la
mente son palabras o frases para atacarte.
—Por eso es mejor que me quede en mi casa.
—No, por favor, no puedo llegar solo a esta reunión, es
una norma del local, te pago el doble.
—El triple y no se hable más. —Haga lo que haga siempre
me va a ver como a una dama de compañía y mi situación es
desesperada, así que aprovechemos las circunstancias.
—Vale…, pero que sepas que me vas a llevar a la ruina.
—No soy yo quien va detrás de ti —digo con cara de
indiferencia.
Damián hace ademán de cogerme del brazo, yo lo paro
enseguida.
—¡Tengo asumido que allá donde vamos pasaré por tu
polvo de esta noche!, pero aquí no hace falta que finjamos que
nos caemos bien porque no es así.
—¿Por qué me tratas tan mal?
Me hace gracia oírlo decir en tono de queja que yo lo trato
muy mal. Cuando el que me está tratando como a una fulana
es él.
—¡Es lo que hay! si no te gusta, déjame aquí mismo y no
pasa nada.
Digo esto para no perder la chulería, porque claro que
pasa, con este dinero puedo cubrir unos meses de gastos de la
familia de Eva mientras Clara esté en tratamiento y sus
hermanos puedan seguir con sus vidas con algo de normalidad.
En una de mis visitas al hospital, los tíos de Eva me pidieron
no dejarlos solos cuando pasaran a darles el parte, pude oír
directamente de la boca del médico la recomendación de hacer
los análisis a los hermanos, así que ahora mismo cualquier
céntimo cuenta. Y quince de los grandes no los gano en una
noche ni de coña.
Después de mi comentario parece que por fin este hombre
se da por aludido y deja de hacer sus comentarios fuera de
lugar.
El viaje está siendo tranquilo, ninguno de los dos abre la
boca, y la verdad lo prefiero así. Aunque me encantaría poder
preguntarle sobre su vida, Damián es toda una incógnita para
mí, él aparece y desaparece como por arte de magia. En
internet apenas hay información sobre él, lo único que
encontré es que es: soltero, un joven emprendedor
asquerosamente rico y nada más. Las únicas fotos que
encontré de él son robadas y no se le veía bien, y acompañado
hay solo una, y en las mismas condiciones; así que, estoy en el
coche con un hombre totalmente desconocido; y de camino a
un sitio de igual procedencia. Ya hace más de veinte minutos
que pasamos Montgat, y estamos en una carretera desierta, no
tengo la menor idea de a dónde vamos. Menos mal que por lo
menos tengo el móvil a tope de batería por si este loco decide
abandonarme aquí y tengo que pedir ayuda.
—Tranquila, ya estamos llegando.
—No he dicho nada.
—No hace falta que lo digas, tu comportamiento desde
hace más de veinte minutos es agitado.
—No te voy a mentir, no estoy cómoda sin saber dónde
voy, no te conozco, y llevo metida en un coche contigo casi
una hora.
—Tranquila, aunque me muera de ganas de enterrarme en
ti no lo haría nunca a la fuerza, ahora, si tú me lo pides es otra
cosa.
—Sueña con ello, querido, hazte a la idea, no me voy a
acostar contigo.
—Ya lo veremos, todos tenemos un precio, y yo lograré
dar con el tuyo.
—Vete al infierno.
Cómo me ofende que este hombre me vea como a una
prostituta, pero no puedo hacer absolutamente nada para
sacarlo de su error. «No te avergüences de nada, tú estás aquí
por una buena causa». Mal momento para que hagas acto de
presencia, aunque me sorprende y mucho que me des la razón
en algo. «Esto es porque por una vez en tu vida la tienes».
¿Qué me estás contando?
—Despierta, ya llegamos —dice chasqueando el dedo
delante de mis ojos.
Miro a mi alrededor asustada, estaba tan metida en una de
mis locas discusiones con mi conciencia que no me doy cuenta
de que el coche se había parado.
¡Que empiece la función!
Damián me ofrece el brazo como un verdadero caballero,
quien lo vea no se imagina la cantidad de barbaridades que me
dice, pero ahora me toca ser la acompañante perfecta si quiero
cobrar.
Empiezo a mirar a mi alrededor y me quedo impresionada
con lo que veo. Es un palacete enorme y muy bien conservado,
todos están vestidos de gala, ahora mismo ya no estoy tan
segura de mi atuendo, todas las mujeres llevan vestido largo y
soy la única con vestido de coctel, no es que le dé importancia
a la opinión de estas mujeres; porque seguro que si paramos a
hablar un minuto, al segundo siguiente nos odiaremos, las
pocas veces que intenté entablar una mínima relación, no sé
cómo, pero siempre descubría que ya había compartido cama
con sus parejas, novios o amigos especiales, y no sentía
remordimientos, ¡llamame zorra, me da igual tu opinión!
Como ya he dicho, yo no hago una entrevista a mis ligues
antes de bajarme las bragas, para mí cuanto menos hablemos,
mejor. Queréis llamarme zorra…, adelante. Por eso prefiero
mantenerme lejos de las mujeres, somos muy complicadas, los
hombres son más simples. Ellos ven a una mujer que está
buena y su primera reacción es ponerse duro e intentar
llevársela a la cama, si lo consigue y le gusta, la vuelve a
follar, si no, pasa de ella y a por otra sin traumas. Y si una
mujer se le resiste y consigue su amistad muy probablemente
la tendrá para toda la vida, esto, claro, si no se junta con una
celosa empedernida y lo aparta de ti.
—Si voy a tener que estar despertándote cada dos
segundos lo descontaré de tu paga.
—Vete al infierno.
—Ahí ya me mandaste, cariño, sé más original.
¡Dios este hombre es desquiciante!, pero ahora tengo que
darle la razón, estoy divagando todo el tiempo. «Nuria,
céntrate».
—¿Te gusta lo que ves?
—No está nada mal —digo con desdén, recibiendo una de
sus maravillosas sonrisas.
—¿Qué voy a hacer contigo? Eres incorregible.
¡Claro que me gusta! Este sitio es impresionante, pero no
se lo digo ni de coña.
Nada más entrar somos recibidos por un señor muy
elegante que viene a recoger nuestros abrigos. Yo me pongo de
frente a Damián y de espaldas al mayordomo, que baja mi
abrigo muy despacio, yo con coquetería giro la cabeza y le
regalo una sonrisa de lo más descarada, él, al percatarse, toca
mi piel sutilmente, de repente el hombre para en seco, me hago
la despistada, Damián no nos quita ojo, seguro se está
preguntando el porqué de mi sonrisa al mayordomo que se
encuentra sonrojado, y azorado. Finjo dar un traspiés y doy
dos pasos hacia atrás apoyando mi cuerpo en el del hombre,
que me ayuda y que con toda la buena intención del mundo,
me sujeta por la cintura presionando mi cuerpo al suyo para
que no me caiga.
—Nuria, ¿podemos seguir? —Giro la cabeza, se lo
agradezco al mayordomo y me dirijo al encuentro de mi
acompañante.
—¡Por Dios, mujer! ¿Qué pretendes?
—¿Qué he hecho? —pregunto con fingida inocencia.
—Ten por seguro que cuando te pille me las pagarás. Eres
una descarada, ese pobre hombre se pajeará pensando en ti.
—Si me encuentro con él en los baños, lo ayudo.
Sin que lo vea venir, Damián me agarra por el codo, me
atrae a su cuerpo y dice muy cerca de mis labios.
—El único que te follará en el baño como a una perra seré
yo —Levanto mi mano para plantarle un tortazo, pero nos
interrumpen, y él rápidamente da otro rumbo a la conversación
—. Este vestido es impresionante, te queda perfecto. Vuelvo a
subir la oferta si me permites romperlo sobre tu cuerpo. —Esto
último me lo dice a al oído.
—No te doy una buena hostia ahora mismo porque no sé
dónde estoy y quiero llegar a mi casa de una pieza.
Decido cortar esta discusión tonta porque como siempre no
vamos a llegar a nada. Como si nada lo cojo del brazo y
adentramos en el salón.
Me siento metida en una de estas novelas de época, solo
me falta el vestido de varias enaguas, porque el local es
idéntico. En la entrada del enorme salón nos reciben dos
enormes estatuas de mármol del siglo XVI, a tamaño real, en
el suelo hay una réplica de una alfombra de época, la original
adorna la pared en un bello marco que seguro vale más que mi
piso. En la esquina derecha, una enorme vitrina con botellas de
licores de la época, al fondo, una mesa de nogal tallada a mano
que en las patas tiene tallado el escudo de lo que me imagino
será la familia a la cual pertenece el palacete, unas cortinas de
terciopelo en un color rojo precioso. No sé a dónde mirar.
Damián se excusa conmigo y se va con una rubia que no
me mira con muy buena cara, pero este tipo de miradas a mí
no me causan ni frío ni calor. Él, antes de marcharse, me da un
beso y me dice que me sienta libre para moverme por donde
quiera. Con disimulo, toco la tela de la cortina, no quiero
parecer una paleta delante de toda esta gente podrida de
dinero, pero es que me atrae como la luz a las polillas. Su tacto
es tan suave, me encanta. Miro de un lado a otro y me doy
cuenta de que si un tercio de esta gente se rascara el bolsillo
para ayudarme en la fundación, saldría de mi apuro en
segundos. Debemos de ser unas cien, ciento veinte personas y
creo que los únicos pobres aquí somos el personal del servicio
y yo, claro…
—¿Te gusta la textura? ¿Te imaginas tumbada en una cama
forrada con algo así de suave? —La persona que me está
diciendo esto, esta tan pegada a mí que no me permite mirar, y
sé que no es Damián por la voz y el olor, dicha persona pasa
sus manos por mi barriga, no se qué hacer, no puedo montar
un escándalo aquí, pero tampoco estoy dispuesta a que me
sobe a su antojo.
—Este vestido, desde luego, es el más bonito de todos los
aquí presentes. Y no por el modelo, sin por la modelo que lo
lleva.
—¿Quién eres? ¿Por qué tomas tantas confianzas
conmigo?
—Qué rápido olvidas.
Acerca más su boca a mi oído y me llama de una manera
que pocas personas conocen. Al escuchar ese nombre, se me
pone la piel de gallina, hace tanto tiempo…, que apenas tengo
recuerdo de aquella época en que mi vida era tranquila y yo
vivía noches enteras de disfrute y placer, me remuevo un poco
para girarme, pero quienquiera que esté detrás de mí, está
disfrutando de su anonimato, y de estar rozando su erección en
mi culo
—Por favor, déjame girar.
No estoy nerviosa, sé que es alguien a quien conozco bien,
solamente me conoce por este apodo gente de confianza. Me
giro y me encuentro con uno de los hombres con quien más he
disfrutado del sexo en mi vida. Estuvimos saliendo durante un
año y medio, no era nada serio, pero surgió, y nos veíamos
siempre que nos apetecía, él fue el único hombre con quien
tuve encuentros sexuales en mi casa o yo me iba a la suya.
Salíamos a nuestras fiestas siempre juntos, esto fue lo más
parecido a una relación que tuve y el chico con quien más
tiempo estuve después de irme de Madrid. Pero un día
simplemente dejamos de buscarnos y se acabó, nos
encontramos meses más tarde, él estaba acompañado de una
bella mujer que me presentó como su novia. No le tuve celos,
muy al contrario me alegré por él, nosotros siempre supimos
que lo nuestro era solo sexo, que no teníamos futuro, y mira
por dónde, ahora, después de dos años sin saber nada de él, lo
reencuentro en una cena en la cual no debería estar.
—¡Veo que sigues igual!
—¿De qué hablas, Antoni?
—La misma Nuri de siempre que empieza a divagar y se
desconecta. Ahora quiero saber si Pass…
—¿Se puede saber de qué habláis tan animadamente?
—Déjame que os presente. —Damián eleva las manos
apartándolo de mí, no entiendo el porqué de su actitud.
—¿Damián, ¿qué pasa?
—¡Qué me pasa…! Me giro un momento y ya estás
haciendo negocios a mis espaldas.
—¿Sabes qué te digo? Que me voy. Y para tu información,
Antoni es un cliente antiguo y paga muy bien. Y en la cama es
de dejarme sin poder caminar.
Me voy al guardarropa para coger mi abrigo y marcharme,
¡mierda! ¿Cómo me marcho de aquí? No tengo la menor idea
de dónde estoy, solo sé que estamos a kilómetros de la
civilización. Oigo voces detrás de mí y me giro a ver quiénes
son las personas que están discutiendo y me encuentro con
Damián y Antoni enzarzados en una acalorada discusión, me
acerco hasta ellos, y les pido que dejen ya de portarse como
niños. Cojo a Antoni por el brazo.
—¿Puedes acercame a una parada de taxi?
—Claro que sí, vamos.
No somos capaces de dar ni dos pasos.
—No os vais a ir a ningún sitio. Antoni, yo que tú iba a
atender a tu prometida, y tú, Nuria, si de verdad quieres irte yo
te llevo, pero tendrás que pagarme tú a mí.
—¿Cómo…? ¿Qué estás diciendo? —Mi examante, al
escuchar lo de pagar, me mira desconcertado. Creo que antes
estaba tan impactado con la actitud de Damián que no se dio
cuenta de todas las perlas que nos dijimos.
—Mujer, ¡que manía más fea tienes de hacer una pregunta
encima de otra! Ya te lo he dicho y si no prestas atención es
cosa tuya.
Es lo que me faltaba, claro que me quedo, tengo que ganar
dinero, no contraer más deudas.
—Tú ganas, me quedo.
—Te doblo el valor estipulado si pasas el día de mañana
conmigo.
—Olvidaste pronunciar un par de palabras antes como, por
ejemplo: «te apetece, quieres, qué te parece». Algo por el
estilo.
—Es que no te lo estoy proponiendo, te lo estoy
afirmando.
¡No me lo puedo creer!
El muy cabrón me coge la mano como si nada y tira de mí
hacia dentro nuevamente, no se qué hacer ni qué pensar,
¿cómo me he metido en esto? Dios mío este hombre está loco,
está obsesionado conmigo.
Nada más cruzar la puerta, encuentro a mi examante
acompañado de una bella morena que nada más verme tuerce
la cara, ¡sí…, este es el efecto que les causo a las féminas! La
bella mujer es la misma que lo acompañaba la última vez que
nos vimos, la saludo por no hacerle el feo a Antoni y sigo con
Damián hasta un grupo de hombres que para mi tranquilidad
mental y social están solos. Tomamos el cóctel que nos sirven
antes de la cena, dejo atrás todo el mal rollo que hay entre este
loco y yo, y voy a intentar disfrutar de la velada, al parecer
Damián también tiene el mismo plan que yo.
Pasamos al salón principal donde sirven la cena, mi
sorpresa es ver que la mesa está presidida por mi
acompañante. Me siento a su derecha, el muy capullo coge mi
mano y la besa, siento las miradas de envidia sobre mí, es
inevitable, pues yo en el lugar de ellas, si no supiera el
soberano hijo de puta que es Damián también tendría envidia.
Porque el tío esta para mojar pan y chuparse los dedos.
Terminamos la cena y Damián me llama aparte.
—Te prohíbo hablar con cualquier hombre aquí presente.
—Me notifica que se va a reunir, me da un beso en la mejilla y
me dice que intentará no tardar mucho, que lo que tiene que
comunicarles es rápido. Me da la espalda y se va dejándome
plantada como lo hace siempre.
Deambulo de un lado a otro sola y aburrida, a los hombres
que se acercan les digo que me apetece estar sola y se marchan
sin más problemas, ojalá todos se comportasen así.
Ya hace más de una hora que Damián se encerró con varios
hombres y no salen, solo veo entrar a algún que otro camarero,
y nada más. Me estoy aburriendo como una ostra. Cansada de
deambular de un lado a otro, me siento en uno de los bancos
de piedra que hay en el jardín y admiro el bello paisaje, pero
pasados los minutos, todo vuelve a ser aburrido y más de lo
mismo. Cojo mi bolso tomo mi móvil, llamo a mi hermano
con la intención de hablar con mi sobrina, pero no está, se ha
ido a dormir a casa de su mejor amiga, así que nada, no tengo
a quién llamar, Nimay hoy está trabajando y los demás chicos
también y, como carezco de amigas, tendré que quedarme
mirando las flores, que desde hace unos minutos ya no me
parecen tan bellas. Cojo el móvil me pongo los auriculares y
empiezo a escuchar jazz y me desconecto del mundo.
Involuntariamente, mis pensamientos vuelven a Madrid; donde
era una niña feliz hasta el día que todo cambió y me vine a
Barcelona para no volver, salvo por trabajo y asegurándome de
pasar bien lejos de donde vivía.
—¿Interrumpo algo? ¿Con quién hablas?
—Hombre, una pregunta cada vez, pareces una
ametralladora. Y no, no interrumpes, no hablo con nadie.
—No lo parece, se te ve muy entretenida y sonriente, ¿con
quién estás hablando?
—Tú mismo lo dijiste, estaba, porque me has cortado el
rollo. Y no hablaba con nadie, solo estaba recordando
momentos felices.
—Anda, vamos dentro, que voy solo a dar una charla y nos
vamos.
—Gracias a Dios, me voy a mi casa.
—¿Que dices? Ya te he dicho que pasarás el día conmigo.
—Damián, en serio no puedo, mañana me toca quedarme
con Nerea.
—Quedaremos los tres.
—¿Estás loco?
—No, y no se habla más. Vámonos.
Este hombre es exasperante, él nunca pide, siempre ordena
y, mierda, ahora mismo no puedo decir todo lo que a mí me
gustaría, pues necesito la pasta, pero una vez mi pequeña este
bien, ahorraré hasta el último céntimo, se lo tiraré en la cara y
no me guardaré ni una coma.
Llegamos dentro y hay un clima diferente, están todos más
comunicativos entre sí, las mujeres se mueven con más
soltura, al igual que los hombres. Antoni se acerca a mí y me
pregunta si yo me quedo en la fiesta, pero no me da tiempo ni
a procesar la pregunta, porque Damián contesta rápidamente
que no y le ordena que se quede bien lejos de mí, por supuesto
yo no entiendo nada. Pero en fin, lo que me interesa ahora
mismo es largarme de aquí.
Damián sube al estrado, suelta un discurso demasiado
largo para mi gusto, avisa de que esta vez no se queda y que la
fiesta esta oficialmente inaugurada. Baja como un rayo me
coge de la mano y me saca de allí a rastras, por más que yo
intento soltarme de su agarre para despedirme de mi amigo, no
lo logro. Cuando llegamos al guardarropa le digo que quiero
despedirme de Antoni, él simplemente me dice que no y
vuelve a arrastrarme, pero esta vez en dirección al
aparcacoches.
En todo el trayecto no le dirijo la palabra, este hombre me
está tratando como a una cualquiera y no sé el porqué, si yo no
le he hecho nada, maldita la hora en la que entré en aquella
discoteca, Damián solo me va a traer problemas.
El viaje de regreso es más rápido, entramos en aquel garaje
subterráneo, del que ahora sé que todas las plazas con el
nombre «Damián» pertenecen al capullo que tengo a mi lado.
—Ya hemos llegado, mujer, qué facilidad tienes para
desconectar.
—Llévame a mi casa. Mejor…, cojo un taxi y me voy sola.
—Vale, si quieres ir te dejo —me indica con la mano la
dirección de la salida—. Puedes irte, pero que sepas que no te
pagaré.
No me puedo creer que me esté diciendo esto después de
pasar toda la noche aguantando estar rodeada de gente que no
me aportaba absolutamente nada, ahora no me quiere pagar.
¡Nuria, tranquilízate!
—¿A qué cojones estás jugando? No tienes palabra. —Lo
llamo de todo, lo insulto hasta la extenuación, sin pensar en las
consecuencias digo que lo voy a denunciar y el muy
desgraciado empieza a reírse.
—¿Qué alegarás a la hora de poner la denuncia?
—Eres despreciable.
—¿Más tranquila? ¿Se te ha pasado el sofoco? Solo quiero
pasar más tiempo contigo. ¿Te quedas?
Tengo todas las de perder, él tiene razón, ¿con qué
fundamento lo denunciaría? «Señor comisario, este hombre
me ha contratado como su acompañante y ahora no me quiere
pagar». Solo de pensarlo me dan escalofríos. No hay nada que
hacer ¡Vamos, Nuria, tú puedes!
—Tú ganas, pero no te acerques a mí.
—Primero las damas —Me hace una reverencia dándome
paso, yo bajo del coche paso a su lado evitando tener cualquier
tipo de contacto con él, en el ascensor ambos miramos a la
nada. Cuando entramos en su piso, le pregunto dónde voy a
dormir, el muy cabrón me dice muy serio que desnuda y en su
cama, yo lo miro con cara de espanto, cuando ya iba a
empezar a despotricar él empieza a reírse y me lleva hasta una
habitación de invitados, sale y al rato vuelve con una camisa
blanca y un boxer sin estrenar, le arranco la ropa de la mano y
lo empujo fuera de la habitación.
Capítulo 9

Me despierto sintiendo un delicioso olor a café. Me siento


en la cama, asustada, no reconozco dónde estoy, miro mi
cuerpo y descubro la ropa de Damián, me paso la mano por la
cara al darme cuenta de que por segunda vez en menos de
veinticuatro horas él logra salirse con la suya. No sé qué hora
es, pues he tardado muchísimo en dormirme dando vueltas en
la cama intentando entender todo lo que me está ocurriendo
este fin de semana. Es surrealista, ya he perdido la cuenta de lo
que este hombre me tiene que pagar por estar a su lado
intercambiando insultos. Porque eso es lo que hacemos.
Me desperezo buscando una buena excusa, ¡seguro que se
me ha pasado la hora de ir a buscar a Nerea, que me va a
montar un buen pollo!
Salgo de la cama, voy en dirección a las escaleras y estoy
en mitad del camino cuando empiezo a oír voces, no sé qué
hacer; no sé si seguir o volver a la habitación y quedarme allí
hasta que él venga a buscarme. No, desde luego no me
ocultaré, yo siempre enfrento las cosas, y si está con alguno de
sus ligues o lo que sea, que se aguante, yo quería irme a casa y
el señorito quiso traerme a la suya. Sigo bajando, es lo que
hay, ¡que se joda! Conforme me voy acercando a las voces, mi
cuerpo se va poniendo tenso, ¡no es posible! Seguro que estoy
imaginando cosas, no estoy escuchando estas dos voces tan
conocidas para mí aquí, en esta casa. No me da tiempo a
asimilarlo. Mi sobrina viene corriendo hacia mí y se tira en
mis brazos, y empieza a hablar atropelladamente.
—Mami, la casa del tito Damián es muy chula. —La
aparto un poco de mí y la miro a la cara.
—¿Desde cuándo él es tu tío? —La muy pilla me mira con
una sonrisa que me da escalofríos y acto seguido pone carita
de buena.
—Yo le pregunté si podía llamarlo así y él me dijo que
estaría encantado de tenerme como sobrina.
—Nerea, esto no está bien. —Pero dos voces me
interrumpen, levanto la cabeza y me encuentro con la mirada
burlona de mi hermano y la sonrisa de satisfacción de Damián.
—Nicolás, ¿qué haces aquí?
—Buenos días, hermanita, he venido a traerte a tu «hija».
—Puedo notar en la voz de mi hermano el sarcasmo, pero
ahora mismo no puedo aclarárselo, aunque no es nada nuevo
para él que Nerea y yo nos hagamos pasar por madre e hija.
—Mami, tito Damián dijo que vamos a pasar un día muy
chulo.
—Yo creo que lo pasaríamos mejor tú y yo solas, como
hacemos siempre.
—No…, no me seas aburrida, nosotras haríamos lo de
siempre, podríamos recoger a… —Rápidamente interrumpo a
mi sobrina, este hombre ya sabe demasiado de mi vida como
para encima meter a Eva también en esto. De eso nada.
—No, ni hablar, y si insistes en esto recogemos nuestras
cosas ahora mismo y nos vamos. —Mi hermano me echa una
mirada asesina, y me avisa de que me estoy pasando.
Lo ignoro y me centro en mi sobrina, que está como un
elefante en una cacharrería. Corre de un lado a otro, en su
euforia tira un marco de fotos a lo cual Damián corre a por él,
en sus ojos veo algo de alivio al ver que la foto no se ha roto,
se va y cuando vuelve ya no la tiene en las manos. Nicolás riñe
a mi sobrina, se dirige a Damián y le pregunta si se ha roto, él,
quitando importancia, dice que no se preocupe.
Yo, que ilusamente creí que iba recogerla el viernes y estar
sola con ella todo el fin de semana ahora estoy retenida al lado
de este hombre todo el dichoso sábado maldita la hora en que
acepté su propuesta.

Digo sin nada de ilusión que tengo que acercarme a mi


casa para recoger algo de ropa, ya que aquí solo tengo el
vestido. Y zas… ¡Hala, otra sorpresa más! El señor tengo todo
controlado, va y me avisa de que en la habitación en la que he
dormido tiene ropa para mí, mi hermano me regala otra risita y
se despide, la muy pilla de mi sobrina se despide de su padre
llamándolo tío. Ahora la que sonríe soy yo, la cara de Nico no
tiene precio, le guiño un ojo y voy a cambiarme, cuanto antes
empecemos antes terminaremos.
Damián nos pide que le sigamos, sin más remedio vamos
detrás de él. En la puerta del edificio veo aparcada un
superSUV, él coge la mano de mi sobrina y como un niño
corre con ella en dirección al coche. Me paro, me cruzo de
brazos y espero a que se dé cuenta de que no los sigo. Pasan
varios minutos y ninguno de los dos me echa de menos. Los
nervios me pueden y empiezo a dar con el pie en el suelo,
tengo unas ganas locas de echarle una buena bronca. Este
inconsciente no se da cuenta de que mi sobrina solo tiene ocho
años y no puede ir sin sujeción especial. La que se percata de
que la sangre está a punto de llegar al río es Nerea, que asoma
la cabecita desde dentro del coche y con una sonrisa de lo más
zalamera me grita. Damián, al ver la manera en que me mira
mi sobrina, corre hasta mí y me arrastra junto a la pequeña
traidora que no deja de sonreír. Al llegar al coche, me tengo
que tragar todo lo que tenía en mente para decirle ya que ella
está sentada en una supersillita nueva y reluciente de su color
favorito. El muy engreído, sabía que iba a protestar por la
seguridad de Nerea me mira regalándome una sonrisa.
—¿Qué te parece la sillita de tu hija?
Doy dos pasos hacia atrás saliendo de la línea de visión de
mi sobrina y le enseño el dedo corazón. Enfadada porque
desde que me he despertado no tengo el control de nada me
dirijo al asiento del copiloto, me siento y no les digo nada, ni
bajo tortura lo dejaré saber que me complace ver la felicidad
de mi sobrina, que no calla ni bajo el agua, y ver lo bien que la
está tratando. Por el camino, Nerea se adueña de todo: la
conversación, la radio, del coche, de todo a su alrededor,
Damián simplemente se dedica a consentirla. No le dice que
no a nada, y ella por supuesto está encantada.
Después de no sé cuánto tiempo en la carretera, porque la
verdad es que no me preocupo de ello; y aunque no me guste
admitirlo, estoy disfrutando del paseo. Llegamos a lo que
parece ser una finca, pero no estoy muy segura. Nos abren un
portón y delante de nosotras aparece una entrada rústica.
Nerea, después de darnos un viaje de lo más dicharachero se
queda muda cuando delante de nosotras aparece una
impresionante finca que confirma mis sospechas.
—¿Qué sitio es este? Esto no es divertido.
La madre que la trajo, qué niña. Pasa de ocho a ochenta en
nanosegundos. No me da tiempo a decir nada, Damián se
apresura en contestarle.
—Sobrinita, no hagas juicios precipitados. —Ella tuerce la
nariz en señal de aburrimiento, se recuesta en su sillita y se
queda callada. Yo no pierdo detalle de su actitud, ahora mismo
ya no es la niña pizpireta que venía en el coche, ahora tiene
unos morros enormes, me muero de ganas de reírme, pero sé
que si lo hago solo la voy a enfadar más, así que me callo.
Damián aparca el coche y sale corriendo a abrirle la puerta
a mi sobrina, yo me quedo embobada viéndolo, ella ahora lo
ignora, que paciencia tiene, toda la que le falta conmigo la
tiene con Nerea. Lo que estoy disfrutando, no me da una gota
de pena. Quien le manda meterse en donde nadie lo llama.
—¡Quiero volver a la ciudad ahora mismo!
—Ya estamos aquí, así que vamos a disfrutar del día —
digo palmeando para animar a mi pequeña.
—Te aseguro que no te aburrirás, si te aburres, tu madre
me puede dar una patada. —Mi sobrina lo mira arqueando su
pequeña ceja.
—¿La patada puede ser donde yo diga? —me sonríe,
Damián pone cara de dolor e instintivamente se lleva las
manos a sus órganos genitales. Mi sobrina se ríe.
—Tito, ¿cómo supiste que iba a decir ahí? —interroga y
apunta con su dedito con inocencia.
—Porque eres igual que tu madre.
Todos estamos riéndonos cuando aparece una pareja de
avanzada edad a saludarnos. Damián los abraza da un beso a la
señora, y al señor le da un apretado abrazo.
—Has tardado mucho en venir, llevo más de seis meses sin
verte.
—Tengo mucho trabajo, abuela.
—Hijo, tengo que tratar unas cosas contigo.
—Abuelo, ya hablaremos, déjame enseñarle a esta preciosa
niña que aquí se lo puede pasar muy bien.
—¿Pero tiene dudas de ello? —preguntó el amable
anciano.
Nerea no sabe dónde meterse, sus mofletes se ponen rojos
de la vergüenza. La señora al ver el azoramiento de mi
sobrina, con la agilidad que le permite su avanzada edad se
agacha a su altura.
—Te aseguro que aquí podrás cansarte, ojalá no ocurra,
pero puedes hacerte daño al caer jugando, pero aburrite seguro
que no. —De la nada empiezan aparecer niños y más niños
que nos rodean disputando ver quién saluda primero a
Damián.
—Hola, me llamo Beatriz. ¿Quieres ver a los corderitos?
—pregunta una niña a Nerea con voz dulce. Los ojitos de mi
pequeña brillan de la alegría, ella es una niña de ciudad, nunca
ha visto un corderito sin que hubiera una gran valla
separándolos. Siempre que le apetece la llevo al zoológico,
pero creo que lo que va a ver aquí le va a marcar para siempre,
la espontaneidad con que se acercó Beatriz y los demás niños,
y la garantía que le dieron la pareja de ancianos me da a mí
que mi niña no olvidará este día.
—¿Puedo ir con ella? —pregunta a Damián. ¡Sí, a Damián
y no a mí!
—Por supuesto que sí, dentro de unos minutos estoy con
vosotras.
Soy una mera espectadora de cómo planean y comentan
cosas, no obstante, no me molesta. Mi corazón está algo tonto,
lo siento ablandarse al ver el cariño con el que trata a mi
sobrina, como saluda a los demás niños, ¡no puede ser el
mismo capullo que yo conozco!, creo que en medio de la
noche los extraterrestres lo abdujeron.
Los hombres se apartaron para hablar de trabajo
dejándome a solas con la señora, no sé qué hacer; el
maleducado no me la ha presentado. No pasa desapercibido el
pronunciado acento americano que tienen los señores. Y ahora
me encuentro aquí, delante de una persona que no sé ni cómo
se llama. Damián es de lo que no hay, ¿cómo me hace esto?
Creo que la señora lee mis pensamientos, porque se acerca a
mí y se presenta.
—Hola, soy Carmen, la abuela de Damián —me dice con
amabilidad y acto seguido empieza a hablar de lo maravilloso
que es su nieto, que es muy trabajador, buena persona y una
serie de cualidades a las que yo desconozco, lo único de él que
conozco es su hostilidad, grosería y prepotencia. Pero claro,
esto no se lo digo. La señora me cuenta que vive en España
desde hace dieciocho años. Me iba contar algo más, pero
cambió de idea y siguió alabando a su querido nieto, que la
tiene muy engañada.
Camino junto a ella hasta la enorme cocina, donde hay dos
mujeres más trabajando a todo dar. La señora amablemente me
invita a tomar un café, que acepto con gusto, la cafeína es mi
debilidad, en el fogón hay unas potas gigantes que
alimentarían a un regimiento, inevitablemente me acuerdo de
mi fundación, mi sueño era poder abrir un comedor social,
pero las cosas están difíciles para todo el mundo y una
infraestructura como la que sueño es mucha pasta.
No me da mucho tiempo de charlar con Carmen, pues
Damián me llama para conocer la finca e ir al encuentro de
Nerea. Lo de pasear con él por ahí no me hace gracia, pero
cuando nombra a mi pequeño bicho inevitablemente una
sonrisa brota en mi rostro. Nos adentramos en medio de una
plantación de trigo.
—Todo lo que consumimos en la finca lo producimos
nosotros mismos: queso, carne, huevos. Todo, todo lo que se
necesita para que funcione una casa aquí lo tienen.
—¿También produces para consumo externo? —«Qué
pregunta, con lo grande que es todo esto por supuesto que sí.
Nuri este hombre te está dejando atontada del todo». Vuelve
por donde has venido. Lo último que necesito hoy es discutir
con mi conciencia delante de este hombre y que él descubra lo
loca que estoy.
—Si, pero poca cosa. Creé todo esto más que nada para la
ocupación y entretenimiento de mis abuelos, ellos creen tener
el mando, pero no es así, hay todo un equipo especializado
cuidándolo para que todo salga bien. Ellos ya han cumplido
buscando y cuidando de mis hermanos y después de mí.
Su cara se desfigura y se calla repentinamente, como por
arte de magia se recompone y cambia de asunto, no dice nada
más. Me veo tentada de preguntarle por qué el cambio. Me
parece todo muy raro, su abuela tuvo la misma actitud. Ahora
las dudas rondan por mi cabeza. ¿Cuántos hermanos tiene?
¿Por qué sus abuelos los han estado buscando? Muchas
preguntas, pero no me atrevo a hacerlas.
Llegamos donde estaban las niñas y me encanta lo que
encuentro: Nerea está sentada con un corderito en brazos y lo
está acariciando, cojo rápidamente el móvil le hago una foto y
se la envío a mi hermano, que automáticamente me pregunta
dónde estamos, seguido de un corazón. Le contesto que
después le cuento y sigo tomando fotos de mi sobrina, que no
se percata de nuestra presencia hasta que el pobre corderito se
cansa de recibir sus mimos y se va.
—Nerea, ¿qué tal lo estás pasando?
—Genial, este sitio es el mejor lugar del mundo.
Me da la espalda y se va a por el cerdito, el perro, el
pollito, está como loca, no sabe a qué animal acariciar. Pero lo
que la volvió definitivamente loca fue cuando vio a Damián
traer un potrillo, lo acaricia, abraza, lo beso, no sabe qué hacer
de tantas ganas que tiene de mimar al animal, esta maravillada.
Después de comer, cosa que es otra super aventura ya que
se reunieron en el gran salón más de quince niños que se
tragaron sus comidas mientras entre cucharada y cucharada
hacen planes, imagino que serán los hijos de los trabajadores.
Un par de veces regaño a Nerea para que mastique y ella
rápidamente me contesta que si mastica mucho perdía tiempo
y sus amigos se van sin ella, por lo que la he dejado libre, de
vuelta a la ciudad ya le explicaré cómo deben hacerse las
cosas, hoy que disfrute. En menos de diez minutos ya no hay
ni un solo niño en la mesa. Desde la puerta, uno de los niños
nos grita que se van de excursión por la finca, no permitiendo
que los adultos los sigan, dijeron que nosotros no sabemos
jugar y siempre les estropeamos el juego.
Damián me coge de la mano y me conduce hasta un banco
de hierro forjado que hay debajo de un precioso olivo, nos
sentamos y estamos en silencio hasta que el decide hablar.
—Nuria, ¿por qué me rechazas?
—¡Hoy no…, por favor! Es agotador, yo nunca he vivido
una situación así.
—¡¿Así como?! —me pregunta exasperado.
—¡Así, Damián! A que alguien me presione a algo que no
quiero hacer.
—Vale, mírame a los ojos y dime que no quieres, te juro
que si veo verdad en tus palabras nunca más volverás a verme.
Trago, vuelvo a tragar, y me pregunto a mí misma si de
verdad no quiero volver a verlo, o si es solo un pulso lo que
estoy teniendo con él hoy, ahora lo último que quiero es
apartarme de su lado, ahora mismo me siento bien estando
aquí con él. «No te compliques la vida, este hombre solo te va
a traer problemas, ¿no ves que él no es hombre para ti?». Esta
es una de estas ocasiones en que mi conciencia tiene razón.
—Damián, no nos compliquemos la vida.
—Joder, Nuria…, no te estoy pidiendo matrimonio, solo
quiero follarte, ¿tan difícil es de entender? Desde que te vi allí
arriba bailando, no dejo de imaginarme entre tus piernas.
—No puede ser, lo siento.
—¿Mi dinero vale menos que el de los demás? Dime, yo
ya he accedido a darte lo que me pides, pero no quieres.
¿Qué…, más quieres? Dime, yo te lo doy.
—Acabas de estropear un bonito día, quiero irme a mi
casa, ya…
—Nerea no va a querer marcharse.
—Ella no tiene que querer, yo soy la que manda.
Me levanto del banco salgo gritando el nombre de mi
sobrina por la finca como una histérica, pregunto a los
empleados que encuentro por el camino si la han visto, y les
digo que si la ven que la manden a la casa.
Siento un tirón en mi brazo, pero no me giro, no le doy la
satisfacción.
—Mirame, mírame, mírame, joder… —sigo mirando al
frente—. Nuria, mírame, te estoy hablando, vale, tú lo has
querido, si te marchas no te pago.
—¿Sabes qué? Métete tu dinero por donde te quepa, no te
voy a decir que no lo necesito, porque este dinero me vendría
muy bien, pero ahora la que no quiere soy yo, ya encontraré
otra manera de ganármelo sin tener que estar cerca de ti. Eres
un desgraciado.
—¿Por qué siempre tienes que ponerte así? No te voy a
llevar, nos marcharemos después de la cena, mi abuela está
cocinando para nosotros.
—Me importa una mierda que esté cocinando, quiero
irme… —No me dio tiempo a terminar la frase, pues Damián
me agarra la cara se pone a pocos milímetros y entre dientes
me dice:
—No te atrevas a insultar a mi abuela, que sepas que
siempre consigo aquello que quiero y te tendré en mi cama
haciendo todo lo que yo quiera.
No se de dónde sale, pero mi sobrina aparece y empieza a
pegarle patadas, darle puñetazos y gritar que me suelte, que ya
no es su tío, Damián me suelta corriendo, se agacha a la altura
de ella para hablarle, pero ella hace algo inesperado, con su
pequeña manita le da en toda la cara, y le dice que nunca más
se acercara a ella ni a mí. Yo, al ver aquella escena, solo puedo
llevarme las manos a la boca. Mi sobrina sale corriendo en
dirección al coche, yo estoy en shock, no soy capaz de
moverme, Damián se gira a hacia mí y me pregunta
—¿De verdad que una niña de ocho años acaba de
pegarme una torta en toda la cara?
No me molesto en contestarle, le dejo allí solo y me voy
detrás de ella, mi orgullo ya no puede más, ningún hombre me
va a ningunear, se acabó.
Capítulo 10

El camino de vuelta a casa lo hacemos en el más completo


silencio, ya no hay ni música ni la alegre voz de mi sobrina
parloteando y preguntando por todo. Me da mucha pena por la
pobre señora, que por más que lo ha intentado disfrazar, se ha
quedado muy dolida por nuestra marcha. Delante de ella he
seguido comportándome como si nada hubiera pasado, pero
con Nerea ha sido otro cantar. La señora le ha preguntado el
porqué de querer marcharse y ella, a todo pulmón, le ha dicho
que porque su nieto ya no le caía bien, que no era bueno para
mí, todos nos quedamos sin saber qué decir. Yo apenas he
mirado a la pobre mujer, le he dicho un tímido adiós con la
mano y me he metido en el coche. Su nieto se quedó con ella,
no sé qué le ha dicho, solo he visto por el espejo que ella
negaba con la cabeza, que él la sujetaba con cariño y le secaba
las lágrimas. Decido no darle más vueltas, ya nada de lo que
ocurría allí me interesaba, mi único deseo era alejarme.
Damián para el coche delante de mi edificio, se baja y va a
abrir la puerta a mi sobrina en un intento de hablarle, pero
cuando él piensa en abrir la boca, ella salta al asiento delantero
y se baja por la puerta del copiloto.
—No me hables, tú para mí has muerto —le grita desde la
acera y asegurándose de estar bien lejos de él. He de confesar
que me está dando pena, se ve que le están doliendo las
palabras de mi sobrina, pero no puedo hacer nada por él, los
hechos son los hechos, así que dejemos que su mente infantil
olvide.
—Nerea, sube. Dejame hablar un momento con Damián a
solas.
Aunque contrariada, se aleja, sé que no va a subir y
dejarme a solas, es igual que yo en todo, somos
superprotectoras y en su cabecita inocente estoy en peligro y
por ello no nos quitara el ojo de encima.
—Nuria, te pido perdón por cogerte de aquella manera,
ellos son mi vida, así que no concibo que nadie les falte al
respeto.
—No recuerdo haberle faltado el respeto a Carmen. Y me
hace gracia que no concibas que se les falte el respeto a los
tuyos y a mí me lo faltes continuamente. Así que, adiós.
—¿Crees que Nerea me perdonará?
—No te preocupes por ella, no os vais a volver a ver, así
que tú tranquilo —le guiño un ojo y me giro para ir a por mi
pequeña.
—Mi oferta sigue en pie y sé que vendrás a mi cama sola.
—Vete al infierno.
—Ya vivo en el, y cuando te tenga, saldré.
—Paso de esta discusión tonta —digo de espaldas a él.
Ahora es definitivo, me alejaré de este hombre, si se acerca a
mí de la manera que viene haciéndolo lo denunciaré, no creo
que quiera una denuncia por acoso. Eso haría mucho daño a su
imagen, tengo demasiadas cosas en la cabeza para estar
gastando mis energías con quien solo me ve como un trozo de
carne.
—Déjame solucionar tus problemas.
—Que no, joder… ¿No comprendes que no te quiero cerca
de mí ni de mi gente? Vete y déjame en paz. No te quiero
volver a ver, vete… —grito desquiciada sin darme cuenta de
que mi sobrina está llorando sin quitarnos ojo.
Cuando oigo sus sollozos, corro hasta ella, me agacho a su
altura y la estrecho entre mis brazos.
—No te pongas triste —le seco las lágrimas—, esto no es
nada, los mayores discutimos. Te voy a revelar un secreto.
Damián está muy triste por verte llorar.
La contestación de mi sobrina me sorprende y me duele a
la vez.
—Tita, yo creía que él era un buen pretendiente, escuché a
mis padres hablando de que no tienes suerte con los hombres,
y yo quiero que encuentres a un buen hombre que te quiera
como mi padre quiere a mi madre y seas feliz.
«Mierda, ¿qué le contesto a esto ahora?».
—Mi amor, la tita no quiere encontrar a nadie, soy muy
feliz como estoy.
—Mentira, tú te pones triste cuando no lo ves, ¿piensas
que no te veo?, crees que solo porque soy una niña no me doy
cuenta de las cosas, ¡yo no soy tonta!
—Yo no he dicho eso, ni se me pasa por la cabeza, y como
acabo de ver que ya eres toda una mujercita te voy a contar un
secreto. —Cuando pronuncio estas palabras, sus ojitos brillan
de alegría, y esto me da la vida, necesito verla feliz, como
estaba tan solo hace unas horas. Con su impaciencia de niña
me insta a que le cuente cuál es el secreto. —¿Sabes?, la tita
está interesada en una persona, pero él no lo sabe.
A partir de este momento empiezo a recibir un aluvión de
consejos de una enana de ocho años, le doy un beso en la
mejilla la tomo de la mano y nos dirigimos al portal, cuando
me giro para cerrar la puerta, me encuentro con la mirada de
Damián clavada en nosotras, yo simplemente cierro la puerta y
me voy.

Ya han pasado tres meses desde aquel horrible fin de


semana, y no sé si para mi alegría o tristeza, no sé nada de
Damián. Me marché para Ibiza dos días después y busqué
borrarlo de mi mente. Él me hizo llegar el dinero mediante su
guardaespaldas. Me hubiera encantado poder devolvérselo,
pero no puedo. No estoy en posición de hacer eso.
Este es el primer verano que no disfruto de mi estancia en
Ibiza, ahorré todo lo que pude para pagar el tratamiento de
Clara, por supuesto, salí con mis amigos, fui a mi fiesta
exclusiva, no me la perdería por nada en el mundo, pero estuve
todo el tiempo pendiente del teléfono. Lo único «bueno» por
así decirlo es que este año no tuve que aguantar las
recriminaciones de mi sobrina, que desea ver a Clara bien,
jugando junto a los demás niños en la fundación, por ello, ella
me apoyó. Y aún ahorrando todo lo que pude más lo que me
pagó Damián no fui capaz de juntar ni la mitad del dinero para
el tratamiento de la pequeña, la sanidad americana es carísima,
empiezo a creer que jamás podré juntar este dinero. Pero no
me rendiré, seguiré intentándolo.

Estoy en la fundación dando clases y entra la tía de Eva


llorando, interrumpo la actividad, dejo a los niños jugando un
rato y voy a su encuentro. La noticia que me da me destroza.
Desgraciadamente la hermana de Eva no ha podido resistir la
enfermedad y acaba de fallecer, el golpe final llega cuando ella
me pide que sea yo la encargada de dar la noticia a la niña, ¡yo
no puedo, no sé cómo hacerlo. ¿Cómo le voy a decir a una
niña de siete años que ya ha vivido varias desgracias que ha
perdido a su hermana? La mujer ve en mi cara lo que estoy
pensando y me da la estocada final, diciendo que ella ya no
puede más y que va a dar a los niños en adopción. Esta noticia
me parte el corazón, no les puede hacer eso. Qué poco corazón
tiene la gente. Pero las malas noticias no paran ahí, me notifica
que ya tiene una familia de acogida para el niño, y que no
quisieron a Eva. Furiosa, la echo de mi fundación y le prohíbo
que vuelva, me siento en mi silla intentando entender por qué
los tíos de Eva están actuando así, sé que viven con lo justo,
pero reciben nuestra ayuda y yo jamás dejaría que les faltará lo
de comer y ahora, que es cuando los niños más los necesitan,
se deshacen de ellos como si nada. Reúno a los pequeños y les
notifico que otra profesora se encargará de la clase, me acerco
a la niña, la cojo en brazos y me voy con ella a mi despacho,
no me queda otra que encargarme de contarle sobre el
fallecimiento de su hermana. La siento en mis piernas, ella ve
mis ojos vidriosos y acaricia mi rostro.
—No llores, Clara está feliz, está jugando en el cielo. —
Me quedo helada, ¿cómo es posible que una niña de siete años
me esté consolando a mí, en vez de yo a ella?
—Cariño… —joder, qué duro es esto—, ¿cómo has sabido
que Clara ya no está?
—Por la noche le pedí a Dios que se la llevara con él para
que no sufriera más.
Lo único que puedo hacer es darle un beso en su rubia
cabecita y estrecharla entre mis brazos.
La fundación se encarga de todos los trámites para el
velatorio y entierro. No obstante, no permito que sus tíos se
acerquen a mí, desde que se marcharon de la fundación no
había vuelto a saber nada de ellos, y prefiero que siga así. Los
trámites para el sepelio se retrasaron prolongando los días de
dolor y angustia de todos.
El hermano de Eva ya está viviendo con su nueva familia.
No les tembló la voz al afirmar delante de todos los presentes
que era lo mejor para él, quizás sí, quizás no, pero se
desprendieron del niño como si tratara de una pieza de ropa
vieja. No soy capaz de abordar el tema con Eva, sé que bajo
esta capa de entereza que me está enseñando hay una niña
destrozada que acaba de perder a sus hermanos. Ella no deja
de sorprenderme, está presente en el velatorio de su hermana y
no hay manera de sacarla de aquí, eso sí, yo tampoco puedo
moverme, lo único que me ha pedido es que no la deje sola.
Una vez termina todo, viene el mayor palo de mi vida. No soy
llorona, pero ahora mismo no sé si voy a ser capaz de retener
las lágrimas, ¿cómo el ser humano puede ser tan cruel?
Acabamos de despedir a una niña de tan solo diez años y dan a
su hermano en adopción. Sin la menor consideración, delante
de todos, se lo llevan de la mano sin permitir que se despida de
su hermana como se merecen. Los padres adoptivos alegan
que es para no prolongar su sufrimiento, no obstante, son
niños y siempre estuvieron juntos, ¡él solo tiene cinco años!
¡Por Dios…, cómo pueden ser tan desalmados! Miro
impotente cómo se lo llevan, pero no puedo hacer nada para
impedirlo.
—Nuri…, por favor, no dejes que se lo lleven —me grita
Eva desesperada. La niña consigue librarse de mi agarre y se
abalanza sobre su hermano y lo retiene, me grita mirándome
como si yo fuera su bote salvavidas.
—Por favor, no dejes que me lleven —grita el pequeño.
—Vamos a llevárnosla ya, creo que ya no es bueno que se
quede aquí. —Oigo que alguien dice a mi lado, pero no me
fijo en quién. Me giro en busca del que hizo tal comentario
para buscar respuestas, y el grito desesperado de Eva capta mi
atención, al girarme hacia ella la veo en brazos de un hombre
al que nunca había visto. Corro desesperada hasta ella y la
arranco tan rápido del cuello del hombre que este da un salto
por el susto. Todo se transforma en un caos, todos hablan al
mismo tiempo. Eva llora, yo la consuelo afirmándole que la
voy a cuidar. De repente, siento mis brazos vacíos, un agente
aparece de la nada y me la quita de los brazos. Con
impotencia, veo como meten a su hermano, que no deja de
llorar, en el coche de su nueva familia; el agente que tiene a
Eva en sus brazos mantiene el tipo, pero no es capaz de
mirarme a los ojos, los únicos que son indiferentes a todo lo
que está ocurriendo aquí y no están tristes con el dolor de estos
dos hermanos son sus tíos.
—Dejadme con mi hermano —grita entre hipidos.
—Eva, es lo mejor para él, es una familia de bien —se
atrevió decirle su tía.
—Sois unos desalmados —grito fuera de mí, ciega por la
rabia vuelo en dirección a su tía y sin pensarlo ni un solo
segundo le pego, nadie de los presentes hace nada por
retenerme, le grito, insulto y doy varios empujones. Nimay
sujeta a su marido, que viene a por mí, el guardia de seguridad
de la misma manera que vino se fue. Cierro los puños, pongo
todo el peso de mi cuerpo en mis brazos y los deposito en la
cara de esta desgraciada, que se cae al suelo, me siento encima
de ella, le inmovilizo los brazos con mis piernas y desahogo
toda mi rabia y dolor en su cara, le propino un golpe tras otro
gritándole que ella no es digna de ser madre, que es un
monstruo.
—¿Cómo eres capaz de separar de esta manera a dos niños
que acaban de perder a su hermana?, ¡Por tu culpa estas
criaturas estarán marcadas de por vida!
Siento dos fuertes manos tirando de mi hacia atrás, me
resisto, pero mi amigo me grita sacándome de mi estado de
enajenación. Quería matarla a golpes, pero gracias a que
Nimay y mi hermano me quitaron de encima de ella, me doy
cuenta de que está desmayada, me aparto sin sentir el menor
remordimiento, su marido se acerca corriendo a prestarle
ayuda, cuando ve el estado en que dejo la cara de su mujer me
mira y empieza a gritar:
—Pagarás por esto.
Me amenaza una y otra vez diciendo que me va a
denunciar. «Que haga lo que le dé la gana» la satisfacción de
haberle dado una buena tunda no me la quita nadie, para mi
asombro, toda mi familia me apoya, y no juzga mi acto.
Después de años sin dirigirnos palabras amables, mi hermana
se acerca a mí y afirma que ella en mi situación hubiera hecho
lo mismo, se lo agradezco y me tiro en brazos de mi padre, mi
hermano me abraza por la espalda, y al sentirme en medio de
los dos hombres de mi vida me derrumbo. Mi familia hace de
todo para sacarme de allí, pero no soy capaz de caminar, estoy
en shock, Nicolás me toma en brazos y me lleva a su coche, mi
padre ordena que me lleve a su casa, intento negarme, pero mi
madre se planta delante de nosotros, y sin dejar lugar a réplica,
dice que no permitirá que me quede sola.
Entro en casa de mis padres, voy directa a la que fue mi
habitación y me meto en la cama. No puedo dejar de pensar en
todo lo que ha pasado en estas últimas semanas, mi fundación
es una entidad sin ánimo de lucro, yo nunca tuve y no deseo
tener ningún tipo de ingreso de allí, pero ahora mismo tengo
deudas estratosféricas, no puedo dejar a la gente que lo
frecuenta en la calle, lo que pasa es que me veo sin fuerzas ni
ganas de sacarlo adelante.
Se han llevado a Eva de mi lado sin darme ni si quiera la
oportunidad de despedirme de ella, no se dónde la han llevado,
los servicios sociales no facilitan esos datos. Estoy destrozada,
En tan pocos meses mi perfecta vida se ha ido y vivo en un
caos.
Capítulo 11

Llevo cinco días encerrada en casa de mis padres, mi


madre vuelve a ser la madre cariñosa y atenta de hace quince
años, no me deja sola ni a sol ni a sombra, me obliga a comer,
me quita el móvil. Si, es para reírse… Que a mis treinta y dos
años mi madre me quite el móvil al ver que estaba trabajando,
llevo cinco días sin saber cómo van las cosas por la fundación,
confío en que Nimay se haya encargado de hacer el reparto de
los gogós. Ya no aguanto más, hoy tendré una conversación
con mis padres, espero convencerlos de que puedo volver a mi
vida, los quiero, pero ya estoy acostumbrada a mi espacio y
aquí, por más que ellos me lo digan, hace años dejó de ser mi
casa. Y para completar, mi hermana tiene que volver a su
hogar, ella estuvo presente los dos primeros días, pero al
tercero ya volvimos a nuestra tónica de indirectas y
acusaciones, por lo que desapareció sin dejar rastro. Nerea
cada vez que hablamos me pregunta si puede venir a quedarse
conmigo, y aunque está preocupada por mi estado de ánimo,
no deja de recordarme que este fin de semana me toca su
«custodia» y la última vez que hablamos ella sacó el tema y
desgraciadamente tuve que decirle que no, porque si consigo
salir de aquí tengo planes, necesito desconectar.
Después de una larga charla con mis padres logro
demostrarles que estoy bien y me permiten irme a mi casa,
¡claro, bajo la promesa de que pasaré a comer todos los días y
a coger el teléfono siempre que me llamen. Acepto todas sus
imposiciones con tal de que me dejen marchar.
Entro en casa corriendo, voy directa a mi habitación,
preparo una pequeña maleta, hago la llamada que llevo días
deseando hacer, desde mi reencuentro con Antoni deseo estar
allí y aviso de que estaré todo el fin de semana. Como era de
esperar, se sorprenden por tenerme por allí tanto tiempo, por
mi trabajo siempre volvía al día siguiente, en contadas
ocasiones pernocte de viernes a sábado pero nunca pase más
de dos noches. Ignoro los intentos de saber qué me lleva a esa
decisión y aviso de que llegaré dentro de una hora, me ducho,
me pongo ropa cómoda y me maquillo un poco para ocultar
mis ojeras. No veo la hora de llegar. Antes de irme, llamo a mi
amigo para interesarme por cómo ha ido todo en los días en
que no estuve y, como me imaginaba, Nimay lo llevo de
maravilla, lo único que no me gusta es saber que Damián
volvió a aparecer en la discoteca y preguntó por mí. Y como la
chica no le quiso decir nada se enfadó. Aunque enfadada por
la insistencia de ese hombre, no permitiré que él frustre mi fin
de semana, le pido que no siga contándome. Mi amigo,
haciendo caso omiso a mi advertencia, me dice que Damián
amenazó a la chica con no dejarla bailar en ninguna discoteca
de España y algunas del extranjero. Y cuando ella terminó su
turno fue informada de que no debía volver al día siguiente ni
nunca más. La afirmación: «No permitiré que Damián estropee
mi fin de semana», se fue a la mierda. Enfadada cuelgo a mi
amigo y echando humo por las orejas llamo al gerente de la
discoteca.
—Soy la responsable del cuerpo de baile, quiero rescindir
mi contrato —digo sin molestarme en saludar.
—Solo soy un mandado —apunta la persona que coge el
teléfono y sin pararse a respirar se justifica diciendo que él
solo cumplía órdenes, pero que no me preocupara, que podía
reubicar a la chica en otro local.
—No te preocupes por la chica, ella no se quedará sin
trabajo. Quiero rescindir el contrato y desaparecer de Sinsayth,
desde que puse mis pies ahí solo tengo problemas. —Y cuelgo
sin darle tiempo a replicarme. No tengo paciencia ni tiempo
para esta gente, si Damián quería demostrarme su poder no
hacía falta perjudicar a una chica que solo hacia su trabajo, él
ya me había dejado muy claro en la cena que iba a por mí y su
gran poder, pero esto ya está yendo demasiado lejos. Mi paseo
ya se ha ido a la mierda, no tengo ganas de divertirme. Iré a la
fundación y desde allí llamaré diciendo que no voy.
Llego a la fundación y me encuentro con el repartidor
habitual esperando a que alguien le atienda.
—¿Buscás a alguien en concreto? —le pregunta una de
mis colaboradoras.
—A la señorita Nuria Valdez Echavarría —me llama la
atención el formalismo con el que pregunta por mí.
—Estoy aquí —digo detrás de él, haciéndole dar un salto
por el susto. Es completamente involuntario. Todo es tan raro,
no es normal en él este comportamiento. En su cara no está la
habitual sonrisa de siempre.
—Le traigo una citación y me temo que no es algo bueno.
Firme aquí, por favor —me dice el amable hombre con pesar.
Me extiende el acuse de recibo. Con las manos trémulas, firmo
y la recojo.
—¿Desea algo más? —pregunto intentando demostrar una
tranquilidad que no siento.
—No.
Temblando de pies a cabeza entro en la fundación, pero mi
mal día no termina aquí. Miro en la sala de pilates y allí esta
ella, la que, apuesto mi coche, es la responsable de que me
hayan citado judicialmente. No doy crédito a lo que están
viendo mis ojos. La descarada mujer está haciendo ejercicio en
una máquina apartada de todas las madres; no sé si con la
intención de no ser vista o qué. Pero me de igual, entro como
un vendaval , la cojo por los pelos y la arrastro fuera, Eso sí…,
no sin antes enseñarle el cartel donde está escrito que tengo
reservado el derecho de admisión, la muy desgraciada no
contenta con todos sus logros intenta chantajearme diciendo
que si la dejo a ella y a sus hijos seguir frecuentando la
fundación retira la denuncia, en este momento empiezo ver
todo rojo, será hija de puta, ahora no quiero aquí ni a sus hijos,
sé que los niños no tienen la culpa, pero esta mujer es mala
persona, y si sigo teniendo a sus hijos aquí en cierta forma ella
seguirá vinculada a este lugar así que no, quiero poder
olvidarme de ellos para siempre. La violencia no es el camino,
pero los ayudé en más de lo que debía, nunca deje que les
faltara de nada, y ella se deshizo de los pequeños sin
remordimientos así que no quiero saber nada de ella ni de los
suyos.
—Adelante con la denuncia, seguro que tendré que hacer
algún que otro trabajo comunitario —omito que seguramente
tendré que pagarle una indemnización—. Y estaré libre
viviendo mi maravillosa vida.
Vuelvo a entrar y me dirijo directa hacia mi despacho
evitando encontrarme con los niños, pues les tengo cariño, los
conozco desde hace cuatro años, y prefiero evitar la despedida.

El día de la citación me presento en comisaría acompañada


de mi abogado, que me notificó que intentaría llegar a un
acuerdo financiero con ellos, no es que esté muy de acuerdo,
pero necesito tachar un problema de mi larga lista y según el
abogado esta es la vía más rápida para solucionar esto. Una
oficial me conduce hasta una sala a tomarme declaración.
Relato los hechos desde el principio sin omitir ningún
detalle, reconozco haber agredido a la denunciante y niego
haberla amenazado de muerte. Una vez fuera de comisaria mi
abogado me dice que no diga ni haga nada salvo que él me lo
ordene, que ahora lo deje en sus manos ¡Como si yo en algún
momento tuviera la intención de ocuparme de esta mierda! No
sé cuánto tendré que desembolsar solo sé que no me
arrepentiré de pagarlo me quedé muy a gusto una vez
descargue mi ira en contra de esa desgraciada.

Muy en contra de mi voluntad este fin de semana actuaré


en Sinsayth, Dios, cómo desearía no tener que volver a ese
sitio. Pero a la chica que le toca ir allí está mala y ninguna otra
quiere cubrirla, no las culpo, cada fin de semana en aquel lugar
es un drama, no sé qué me espera, no sé si es de los jovencitos
o de los mayores, cada día tienen un tipo de público, ¡no
entiendo nada, la verdad!, y desde que pedí rescindir el
contrato no supe nada de aquella gente, les llamé tres días
después y la secretaria me dijo que por una urgencia el jefe
estaría fuera unas semanas y nada más regresara y tuviera un
hueco en su agenda contactaría conmigo y de eso solo pasaron
unos dias. Así que…, allá voy. Tengo que negociar esta
recisión de contrato por las buenas, ya que no puedo pagar ni
un euro por ella.
Nada más pasar por la guarida de seguridad me entran
escalofríos en la barriga, la discoteca tiene parking privado,
aparco mi coche, cojo mi mochila y me dirijo a la zona de
empleados, nada más cruzar la puerta me doy de bruces con el
armario de Ikea, que para mi sorpresa me saluda con una
sonrisa. Voy en dirección al camerino comunitario pero mi
«amigo» no me lo permite.
—Señorita, mis días sin usted aquí definitivamente son
más aburridos. Anda, vamos a tu camerino.
—¡Ay, qué coñazo…!
No deseo estar sola, quiero rodearme de la alegría de mis
chicos para ver si así puedo contagiarme y disfrutar de la
noche.
—A mí no me mires, solo cumplo órdenes —me dice, lo
miro con cara de espanto y le pregunto:
—¿Qué te has fumado? —El hombre suelta una carcajada.
—Señorita, por favor, no se vaya.
—No te hagas ilusiones grandullón, mañana no vuelvo. Y
dentro de unas semanas espero no tener que volver nunca más.
Entro en «mi camerino» me cambio y salgo a hacer mi
trabajo. Hoy la noche es de los jóvenes que rondan de los
diecinueve a los treinta, treinta y cinco años, pero como tengo
a mi amigo vigilándome nadie se me acerca. Después del
recibimiento que tuve por su parte me portaré bien y no haré
nada para provocarlo, hasta estoy disfrutando de la noche.
En el intervalo, un chico muy guapo se acerca a invitarme
a una copa, pero no me da tiempo a contestarle, ya que mi
«guardaespaldas» lo empuja lejos de mí, pero el astuto chico,
antes, me entrega su número de teléfono. Y el armario de Ikea,
en un movimiento rápido e inesperado, me quita la tarjeta de
las manos y se la rompe, ¡ya está! Es suficiente para que mi
noche, que había empezado bien, se vaya a la mierda. ¿quién
es él para hacer esto?
—Señorita, no se enfade conmigo, solo cumplo órdenes.
—No me interesa, ¿con qué derecho haces esto? —
Definitivamente en este sitio todos están locos, si me da la
gana follar con toda la sala ni él ni nadie me lo va a impedir.
Vuelvo para el segundo pase con un humor de perros,
porque por más que pienso no logro entender qué coño pasa
aquí. Este es el sitio más raro en el que he bailado en mi vida y
para mi desgracia, de momento, tengo un contrato de dos años
con ellos.
Estoy haciendo mi actuación y lo veo entrar, mi corazón se
dispara, es tan guapo e imponente y al mismo tiempo tan
insoportable. Bailo sensual sin mirarlo, pero no negaré que
bailo para él. Llevo demasiados días sin verlo y ya no siento
rabia, aunque mi postura en cuanto a él sigue siendo la misma.
Le doy la espalda y me contoneo de manera sexi, aprovecho el
cambio de luces y me giro para encontrarme de frente con su
preciosa sonrisa, mi corazón se pone tonto, por unos segundos
dejo de bailar y me quedo mirándolo embobada hasta que me
doy cuenta de que está acompañado por una mujer, no la lleva
de la mano, pero se nota claramente que están juntos. Llegan
donde se aglomera la multitud, él posa la mano en su espalda y
la conduce hasta un sitio más tranquilo, «joder, Nuria, deja de
hacer el idiota», vuelvo a mi trabajo, pero no soy capaz de
quitarle ojo, sin embargo él, por el contrario, todavía no me ha
visto, porque no mira hacia aquí en ningún momento. La
sonrisa que yo tontamente creí que era para mí en realidad es
para la mujer que lo acompaña. La chica está rozando el
ridículo por llamar su atención y Damián no está nada
pendiente de ella, sé que es de mala persona, pero me alegra
ver que no es un capullo solo conmigo. Gracias a Dios este es
mi último pase, así que nada más acabe aquí saldré de este
sitio escopeteada. Estoy contenta por saber que mis minutos
aquí llegan a su fin, antes de que empiecen los últimos acordes
de mi última canción beneficiándome del anonimato que me
da el juego de luces y el antifaz lo miro y veo justo el
momento en que la coge por el cuello y le come toda la boca,
no me gusta lo que he sentido, me dio un escalofrío en la
barriga y algo de tristeza.
Acabo de bailar y bajo corriendo, no espero por mi
guardaespaldas ni por nadie. Entro en el camerino y me
cambio a toda prisa, me quito el maldito antifaz, maquillaje y
peluca tomo mis cosas para salir de allí lo más rápido que
pueda, pero cuando abro la puerta mi sorpresa es mayúscula al
verlo allí parado, alto e imponente con su yo que se, metro
ochenta y cinco, metro noventa, esos ojos verdes que parecen
mirarme el alma, su boca rosada, este precioso y despeinado
pelo moreno, trago en seco, lo empujo a un lado e intento
pasar pero no está en sus planes dejarme ir sin más, Damián
me gira y me hace volver al camerino.
—¿Qué haces?
—Necesitamos hablar.
—No tenemos nada de qué hablar.
—Solucionemos esto de una vez, yo te deseo y tú me
deseas. ¿Cuál es el problema? —Joder, pues sí, ¿cuál es el
problema? No lo hay, es solo mi cabezonería, pero esto no se
lo digo ni borracha.
—El problema es que no quiero acostarme contigo.
—Sabes que mientes, me deseas tanto como yo a ti.
—Sueñas.
Esto es lo único que puedo decir, Damián me toma por los
hombros me empotra contra la pared y empieza a besarme,
besarme no, devorarme la boca, frota su evidente erección en
mi cuerpo, al sentirlo de esta manera empiezo a calentarme,
mete su mano dentro de mi pantalón y empieza a tocarme por
encima del tanga, siento su mano caliente apartando mi
diminuta ropa interior a un lado y sus dedos acercarse a mi
botón del placer y acariciarlo con maestría. Sin que me lo
espere, introduce su dedo en mi sexo, creo que voy a
desfallecer, muevo mi pelvis buscando más, Damián jadea.
—¿Vamos a mi casa?
Dice esto y empieza a follarme con el dedo, no sé cómo
está consiguiendo mover su gran mano dentro de mi vaquero,
estoy casi, Damián no deja de comerme la boca
imposibilitando que pueda raciocinar, soy toda sensaciones.
—Vamos a mi casa.
—Damián… —digo su nombre entre jadeo y jadeo.
No me da tiempo a contestarle, la puerta se abre
abruptamente, y la mujer que estaba con el fuera entra y le
planta una hostia en toda la cara cortándome el calentón y
dejándome con la boca abierta.
—¡Estás jugando conmigo! ¿Quién es esta?
—¡Fuera de aquí! Vete a tu casa, luego te lo explico.
—¡No, explícamelo ahora! —grita la mujer.
—Vale, te lo voy a contestar, pero una vez que te lo diga
me vas a esperar en tu casa. Ella no es nadie, solo es una a la
que quiero llevarme a la cama y me está poniendo las cosas
difíciles.
Al escucharlo, lo miro con toda mi ira, me giro y me
marcho, no soy mujer de montar escenas y mucho menos por
desconocidos. La morena riéndose sale detrás de mí, Damián
me sigue, cuando voy a cruzar la puerta me alcanza e impide
que me marche.
—Perdona, No quería decir lo que he dicho, pero ella no
me hubiera dejado en paz si hubiera dicho otra cosa…
—Os merecéis, y tus palabras son verdad. Yo no soy nada
para ti, de la misma manera que tú no eres nada para mí, así
que hazme el favor de no dirigirme la palabra.
—Te doy el valor que quieras. Un cheque en blanco.
—No hay dinero en el mundo capaz de llevarme a tu cama,
prefiero follar a miles de vagabundos a diez euros la hora que
follar contigo. ¡Adiós!
Pero una vez más el impide mi marcha.
—Escucha lo que te voy a decir, no fue mi intención
ofenderte, pero eres de lo que no hay, tú vendrás a mí y serás
mía, te follaré de todas las maneras posibles y cuando me
canse de ti iré a por otra.
Al terminar de decir estas horribles palabras me empuja
fuera de la discoteca. Siento el gusto amargo de la
humillación, tengo ganas de gritarle de rabia y de impotencia,
por la manera en la que este hombre me trata siempre, y no
soy capaz de hacer que me deje en paz. Bueno, según sus
palabras, ahora sí me dejará.
Capítulo 12

Mi día empieza con la llamada de mi abogado dándome


malas noticias y destrozándome un poco más: la
indemnización que están pidiendo los tíos de Eva es
estratosférica, y por el parte de lesiones que le hicieron, parece
que estuve pegándole durante tres días seguidos sin parar. No
dispongo de esa cantidad de dinero, y la estocada final llega
cuando el abogado me aclara que ellos están dispuestos a
llevarme a juicio si no acepto el acuerdo y que en el juicio
pedirán el triple, aun corriendo el riesgo de perder, ellos saben
que me tienen agarrada y están decididos a joderme, ¡bueno,
esto último no lo dice mi abogado, lo digo yo! Cuelgo sin
saber qué hacer, me siento, apoyo los codos en las piernas
sujeto mi cabeza entre mis manos ocultando mi rostro con la
esperanza de que pueda borrar de un plumazo toda la mierda
que me rodea. No es posible que mi mundo se venga abajo de
esta manera y encima me lleve conmigo a un montón de gente.
Y por no hablar de Eva, a la que no veo desde hace más de
un mes. No sé nada de ella, al no ser familia nadie me da
información ni de ella ni de su hermano, estoy a punto de
volverme loca. A la semana de volver a mi vida intento tener
noticias de ellos, pero mi abogado me lo prohíbe, dice que
sería perjudicial para mí y para la niña.
Me voy unos días, me vendrá bien alejarme de la ciudad.
Preparo mis cosas y llamo avisando de que estoy de camino
para pasar tres noches. Necesito aquello más que nada en el
mundo. Cuando atravieso aquellas puertas, la Nuria que todos
conocen se queda fuera, olvidando todos los problemas y
obligaciones, allí solo está permitido divertirse a placer, de
cierta forma tengo que agradecerle a Damián porque gracias a
él me he reencontrado con una de las cosas que más me
satisface en la vida. Reencontrarme con Antoni me hizo
acordarme de los buenos momentos que pasé en aquel sitio.
Después de un más que espléndido fin de semana, estoy de
vuelta a mi vida en la ciudad, y todo lo que conlleva vivir aquí,
con lo bien que estaría siendo una hippie naturista.
Nada más entrar por la puerta de mi piso, las malas
noticias me dan la bienvenida. El contestador está hasta arriba
de mensajes, pero la que tiene relevancia es la de mi abogado,
diciendo que los tíos de Eva subieron el valor de la
indemnización, así que vamos a juicio. «Ahora la has cagado
bien, mucho tendrás que mover este culo flácido para reunir
todo este dinero». No recuerdo haber pedido tu opinión, mala
conciencia. «Vamos, ahora la mala soy yo cuando la que zurró
a la mujer fuiste tú».
Voy para la fundación con mi dichosa conciencia dándome
la tabarra, estoy por colgarme en la frente el cartel de «llamar
a los de la camisa de fuerza», ya que voy a empezar a discutir
con mi conciencia. Pero el rollo se me corta de inmediato
cuando Nimay aparece delante de mí acompañado del
indeseable de su novio que, al verme, pone cara de asco. Yo no
sé ni qué cara pongo porque para que él esté aquí junto a mi
precioso hindú es porque vienen malas, muy malas noticias. Y
la cara de mi amigo me lo confirma, su bonito moreno
desaparece y da paso a una piel pálida como la cera y su novio
esta rojo como un tomate. Así que mejor me preparo porque
sea lo que sea que me va a decir no me va a gustar.
—¿Podéis decirme de una vez qué pasa?
—Necesitamos que estés tranquila.
—De momento lo estoy, pero si no abres la boca de una
vez me pondré histérica.
—Siéntate.
—¡Que no, joder! Dilo de una vez.
—Eva está ingresada.
Me arrepiento de no haberle hecho caso, las piernas me
fallan. Y, contra todo pronóstico, el que me sujeta es el
indeseable del novio de mi amigo.
Me quedo sin reacción no sé qué hacer, mi cuerpo no
responde, mi cerebro me da una secuencia de preguntas para
hacer: cómo, cuándo, dónde, por qué, pero de mi boca no sale
ni una sola palabra. Mi amigo, al ver que estoy en shock, me
zarandea para que reaccione, pero no respondo a sus
estímulos, su novio da un paso al frente y me planta un
manotazo en toda la cara trayéndome de vuelta a la dura
realidad, lo único que sale de mi boca es:
—¿Dónde está?
Mi amigo me toma de las manos y me lleva al despacho,
mientras su novio va a la sala de baile a hablar con los niños,
soy una autómata, no siento ni padezco, Nimay puede hacer de
mi lo que quiera. Mis voluntarios al enterarse de la situación
se hacen cargo de todo en la fundación y yo salgo arrastrada
por Nimay. No sé cuánto tardamos en llegar al Hospital
Universitario de Bellvitge, solo sé que a mí me parece una
eternidad. Llegamos a la recepción y preguntamos por mi niña,
la enfermera no quiere darme noticias por no ser familiar, me
pongo histérica y empiezo a gritar, aparece una mujer rubia
alta, muy guapa y pija, nada más verme viene hasta mi:
—Tú debes de ser Nuria —asiento sin dejar de mirarla.
—Eva no deja de preguntar por ti.
—¿Tú eres…?
No entiendo nada, la última vez que la vi, se la llevaban
los de servicios sociales. Y ahora tengo a esta mujer que tiene
pinta de tener mucha pasta delante de mí, hablándome como si
me conociera.
—Soy su madre adoptiva.
La verdad es que ahora mismo quien es no me importa lo
más mínimo, lo único importante aquí es la pequeña.
—¿Cómo está?
—Está en cuidados intensivos. —Su contestación destroza
mi corazón, ¿por qué aquella pobre criatura tiene que pasar por
todas estas cosas?
—¿Qué dicen los médicos?
—Ellos alegan no saber qué le pasa. —Por primera vez
veo algo de humanidad en esta mujer, ella, al ver mi
desesperación, en un intento de tranquilizarme, acaricia mi
espalda y afirma que Eva se pondrá bien. Deseo con todas mis
fuerzas que así sea. No obstante, las palabras que según ella
dijeron los médicos me hace acordarme de su hermana, eso
mismo decían de Clara y al final nos dejó. No la quiero
perder… Si es que existe un Dios ahí arriba, por favor,
demuéstrame tu benevolencia y cura a mi niña, ella se merece
tener una vida plena. Sin ser consciente, me encuentro rezando
en mitad del pasillo, me olvido de la mujer y de todos los que
me rodean. MI única preocupación es que se mejore.
Eva lleva cinco días ingresada y las noticias son siempre
más de lo mismo, nadie sabe qué es lo que le pasa, al final
descubro por el marido de la mujer su nombre, se llama
Andrea y es hija de una familia bien posicionada de Barcelona,
la verdad es que ellos están presentes en todo momento, los
padres del hombre, que se llama Raúl, vienen todos los días
visitar a la niña, lloran viéndola por el cristal, le piden que sea
fuerte y que vuelva con ellos. También se pasaron varios
amigos de la pareja, a los que nunca he visto por aquí son a los
padres de ella. No pregunto, sin embargo, es evidente que su
familia es distante, tampoco veo que nadie pregunte por ellos.
Yo solo me muevo de aquí para dar mis clases, bañarme y
vuelvo, no tengo vida. Mi sobrina me llama varias veces al día
para saber cómo está su amiguita, y yo nunca sé qué decirle,
no presenta mejorías, todo lo contrario, cada vez se complica
más la cosa, avisan a sus tíos, aunque no aparecen por el
hospital, ¡pero eso sí…! Me enviaron un burofax
notificándome que dentro de tres semanas se celebrará el
juicio en el caso de que no acepte el acuerdo y, si es necesario,
me llevaran al Supremo, y que eso no me convendría, ya que
tendría que depositar en el juzgado la cuantía reclamada así
que estaría en las mismas. «¡Cómo me he dejado engañar por
esa familia!» nunca imaginé que ellos fueran así, nunca los he
visto maltratar a los niños, los admiraba por criar a sus cuatro
hijos y hacerse cargo de sus tres sobrinos, pero una vez
destapado el pastel descubro que no había buena fe en sus
actos, lo que sí había era el afán de hacer caja, ya que
cobraban una buena ayuda del Gobierno por ser familia
numerosa y los tutores legales de tres huérfanos, pero algo
pasó, les suspendieron el pago y están siendo investigados, y
al no tener el dinero de los críos, que sigue siendo pagado pero
lo ingresan en una cuenta a nombre de los pequeños, estos
dejaron de tener utilidad. Una vez ya no tenían ingresos y la
pequeña enfermó, decidieron regalarlos. Todo esto me lo contó
su mejor «amiga» y vecina que ahora frecuenta la maltrecha
fundación. Ella es madre soltera y trabaja en la noche para
sacar adelante a su hija.
Los días se transforman en semanas y las visitas van a
menos. Andrea apenas viene al hospital, Raúl tiene que
retomar sus quehaceres, pero todos los días al terminar la
jornada laboral viene visitar a la niña, sus padres tenían un
crucero alrededor del mundo pagado, y no sé nada mas de
ellos, resumiendo la única persona que esta con Eva soy yo,
pero estoy perdiendo las fuerzas. Los médicos nunca me dicen
nada en concreto, no saben lo que le pasa, mis cosas están
abandonadas, no tengo la cabeza para nada, estoy viviendo en
el hospital, mis padres y mi hermano siempre que pueden
vienen a verme, me obligan a comer, a dar un paseo por los
alrededores y tomar un poco de aire. Claro que solo accedo
con la condición de que se quede uno de ellos con la niña,
están muy preocupados por mi estado de salud.
Las visitas de Raúl también menguan; Eva lleva casi un
mes ingresada, y ahora mismo la única presente soy yo. Estoy
esperando a que el médico venga de la ronda, sé que va a decir
lo de siempre, que su cuadro no mejora ni empeora, que ella
sigue igual, en estado vegetativo. Estoy tan sumida en mis
pensamientos que no soy consciente de cuando la pareja entra
en la que ha sido mi casa todo este tiempo, «la sala de espera».
—Nuria —me llama Raúl posando su mano en mi hombro
—. ¿Podemos hablar contigo un momento? —me levanto para
saludarlos y entra el médico que se está ocupando de Eva
acompañado de dos médicos más.
—¿Pueden acompañarme un momento? —Me giro hacia él
sin entusiasmo, sé perfectamente lo que me va a decir, será lo
mismo que vengo escuchando desde hace exactamente treinta
y ocho días. Una vez más se me va la atención y no proceso
que nos ha pedido que lo siguiéramos. Raúl es quien al
caminar pone su mano en mi espalda y me obliga a seguirlos.
—Señores, Eva esta despierta y pide ver a la señorita
Nuria.
Empiezo a temblar como una hoja, ¡mi niña esta despierta,
y quiere verme!
—Doctor, ¿ella sabe que estoy aquí?
—Creo que sí, fue lo primero que dijo cuando le quitamos
la intubación.
De la alegría que siento corro hacia el doctor y lo abrazo,
él me corresponde el abrazo que tarda algo más de lo que
debería, pero yo estaba necesitada de este calor humano, que
aunque su gesto no me pasa desapercibido, me da igual.
Me conduce hasta la UCI, hacemos todo el camino con su
mano en mi espalda. Me visto con la bata el gorro que me
entregan y paso a la habitación. Al ver a mi pequeña se me
escapan un par de lágrimas de alegría por verla despierta, está
muy delgada, sus ojos no brillan.
—N… —Intenta hablar, pero su voz no sale.
—No hables —le digo, me acerco a ella y deposito un beso
sobre su cabecita.
—No podrás estar mucho tiempo, no es conveniente que la
paciente se canse —dicho esto sale dejándonos a solas. Eva
empieza a llorar, sigue esforzándose para hablar, pero no le
salen las palabras. le acaricio su precioso y rubio pelo, que
ahora mismo está sin vida, como sus ojos.
—No haga esfuerzos. —Pero es en vano, ella insiste en su
afán de hablar hasta que las palabras salen de su boca para
romper mi corazón.
—Nuri, no me abandones tú también. —Estas son las
palabras que salen de la boca de esta pequeña criatura que a
tan corta edad ya tiene una carga de vida mayor que la de
mucha gente.
—No lo haré, mi vida.
Entran Andrea y Raúl, él está muy emocionado, a ella no
sé cómo descifrarla, pero están siendo cariñosos con la niña.
Capítulo 13

Los padres adoptivos de Eva vuelven a estar presentes, se


pasan día y noche en el hospital, ella para nuestra alegría lleva
cinco días despierta, por las tardes la sacamos a jugar con
otros niños en la sala de juegos que hay en el hospital, por
momentos vemos en sus ojos algo de alegría, lo más triste es
cuando nos pregunta por su hermano, es visible cuánto lo echa
de menos, quiere saber si vendrá a visitarla. Nosotros no le
mentimos, contestamos siempre lo mismo, que no sabemos
dónde está, que los únicos que saben su paradero son sus tíos y
no lo quieren decir. Ayer Andrea y yo nos disputábamos
sanamente su atención, ella estaba feliz por tener a las dos con
ella y en un determinado momento, sin que nadie se lo
esperara, nos pregunta por qué sus tíos han dejado de
quererlos, de tratarlos con cariño y los han echado de sus
vidas. Andrea no pudo aguantar las lágrimas, yo cuando veo
que se está derrumbando toco su hombro y con la cabeza le
indico que nos dejara solas y, como viene siendo costumbre,
me toca a mí intentar reconfortar su corazoncito. Si ella
estuviera sana le diría la verdad, que sus tíos son unos
desalmados que no quieren a nadie. No obstante, ahora mismo
está convaleciente y lo último que quiero es causarle tristeza.
Para mi suerte, Andrea vuelve en sí y me ayuda con la única
tarea importante en este momento, hacerla feliz. Estamos muy
preocupadas, no le quitamos los ojos de encima ni un solo
minuto, la colmamos de mimos. He de confesar que hay
momentos en que llego a sentir algo de celos, no estoy
acostumbrada a dividir la atención de mi pequeña.
Eva lleva nueve días despierta, no calla, es increíble cómo
ha mejorado, los médicos son optimistas, dicen que si todo
sigue igual, podrá pasar las fiestas en casa, deseo de todo
corazón que así sea. Quizás después de conocerme sus padres
adoptivos me dejen verla, estar presente en su vida, no quiero
perder nuevamente el contacto con ella.
Todo indica que se está recuperando del todo, creen que no
es lo mismo que se llevó a Clara de nuestras vidas, ya que Eva
está mejor y los síntomas son diferentes.
Como veo que mi pequeña está bien, le cuento que llevo
todo este tiempo sin atender mis cosas y les digo a sus padres
que estaré fuera dos días, pero que el lunes estaré de vuelta.
Necesito desconectar, iré a mi retiro a desfogarme y relajarme,
pero no apagaré el móvil por si tienen que llamarme, allí no
nos permiten tener el móvil conectado, pero pediré un favor
especial, lo dejaré con la recepcionista para que lo coja en caso
de que suene. Me despido de todos, dejo a Eva al cuidado de
Andrea y Raúl, que al final sí parecen ser buena gente, son
supercariñosos con ella y parecen quererla. Solo por eso me iré
este par de días.
Paso por casa, recojo algo de ropa, me doy una ducha
rápida y salgo en dirección a mi destino. Como siempre, me
reciben como a una reina, dejo mi coche en su plaza, voy a
recepción y pido una llave, tengo suerte, me toca una de las
mejores habitaciones, tiro mi maleta de cualquier manera y me
voy directa al cuarto de baño para poner a llenar la bañera, esta
es mi rutina cada vez que vengo.
Como siempre ocurre, nada más pisar el pasillo varias
personas vienen a saludarme, hablo con todos amigablemente;
cuando consigo deshacerme de la gente, me dirijo al
restaurante a degustar una de sus exquisiteces saludables, pero
al pasar por delante de la recepción me llaman, me acerco y la
recepcionista me entrega mi móvil.
—¿Quién es? —le pregunto.
—No lo sé, es un número muy largo y no aparece nombre.
—Cojo el móvil de su mano, lo coloco en mi oreja y oigo una
voz que me suena de algo, pero no acabo de identificarla.
Cuando la persona que está al otro lado de la línea se
identifica mi cuerpo se pone tenso.
—¿Que ha pasado? —Maldita la hora en que pregunto,
recibo la peor contestación que podía haberme dado. —«Eva
ha tenido una recaída y está grave».
Salgo corriendo en busca de mi coche, cuando ya lo tengo
delante me acuerdo de que no tengo las llaves, me quito los
tacones dejándolos por el camino, corro hasta mi habitación,
cojo mi bolso con mi documentación, las llaves y vuelvo
corriendo a por mi coche, conecto el móvil al Bluetooth por si
me llaman y salgo a toda velocidad en dirección al hospital.
De aquí a allí hay un pequeño viaje, me salto todas las leyes de
tráfico importándome muy poco las multas y los puntos. Lo
único que tengo en la cabeza es mi niña.
La primera persona que veo al entrar por la puerta es
Andrea, que nada más verme viene en mi dirección llorando.
—No puedo más, ¡yo no quiero una hija enferma!, me voy,
Eva a partir de este momento es tu responsabilidad. —Estoy
en medio del pasillo y no me lo puedo creer. Raúl está a su
lado y no dice nada, lo que me confirma que él secunda la
decisión de su mujer. Disminuyo la poca distancia que hay
entre nosotras y le escupo en la cara, ella levanta la mano con
la intención de pegarme, su marido no se lo permite y se la
lleva del hospital, ambos se marchan sin mirar hacia atrás.
«Dios…, ayúdame». ¿Qué voy a hacer ahora?
El doctor que está atendiendo el caso de Eva aparece
delante de mí y se queda mirándome sin decir nada. Pierdo el
poco autocontrol que me queda.
—¡Cuéntame de una puta vez qué le está pasando! —le
grito.
—Venga a mi despacho. El caso de Eva es más grave de lo
que creíamos al principio. Aquí en España tenemos muy
buenos médicos, pero esto está fuera de nuestras posibilidades,
si la quiere salvar, la tiene que llevar a que se trate fuera del
país, y allí quizás puedan descubrir qué es lo que le pasa.
Tuvimos a su hermana entrando y saliendo sin que pudiéramos
saber qué tenía.
—¿Hay garantías de que vaya a ponerse bien?
—No le puedo garantizar eso, no sabemos qué le pasa.
Ya no escucho nada más, la vida de Eva está en mis
manos, pero no tengo cómo salvarla, tengo que pagar a sus tíos
la indemnización, el edificio de la fundación tiene el alquiler
atrasado, varios recibos sin pagar y debo dinero a algunos
proveedores. Me derrumbo, lloro desconsolada porque no
puedo hacer nada. El doctor, que se llama Carlos, me deja
llorar en su hombro, permitiéndome recibir su calor y también
empapar su camisa.
—No puedo hacer nada por ella —digo desesperada.
—No sé cómo lo han hecho, pero usted tiene la custodia
provisional de la niña con autorizaciones de salidas del país y
un cheque.
—No quiero el dinero de esa gente.
Carlos me entrega la carpeta que me dejaron.
Efectivamente, están los papeles de la custodia, me rompe el
corazón ver las fechas, es de antes de que la niña tuviera una
mejoría. Eso me deja claro que ellos ya tenían decidido
abandonarla. Al ver el cheque, mi rabia es tal que, sin
pensarlo, lo cojo y lo rompo. Tiro la carpeta encima de la mesa
de Carlos y descubro algo escrito en la solapa donde me piden
que solo lo abra cuando esté sola. Después de la poca
consideración que tuvieron hacia mi niña me paso por el forro
su recomendación y lo abro en el mismo instante.
¡¿Para qué lo hice?! ¿Para qué abrí ese maldito sobre?,
dentro había una nota que no se puede ni decir que fuera una
carta, es una nota en unas escuetas líneas.

«No hay persona en el mundo que quiera más a esta niña


que tú, yo no puedo tener una hija enferma, en la cama de un
hospital, así que estaremos fuera varios meses. Mientras tanto,
me he tomado la libertad de pasarte la custodia provisional. No
busques peros, ahora ella es tu responsabilidad, está todo
dentro de la ley, firmado por un juez. Mis abogados estarán a
tu disposición para todo lo que necesites con relación a la niña.
Seguiremos moviendo hilos para que tengas su custodia y ella
no tenga que volver con sus tíos, ellos no son buenas personas.
Ellos dieron con dos familias acomodadas y deseosas de tener
hijos y no dudaron en hacer negocios con los pequeños, y
aunque no me creas le cogí cariño a Eva y no deseo que vuelva
con aquella gente. Allí ella no tendrá un buen futuro. Adiós».

Fue desgarrador leer esta nota sin firma, sin unas iniciales
que por lo menos identifiquen a quién las escribe, nada, no hay
nada, una vez más, la niña es abandonada por aquellos que la
deberían proteger, y ¿qué puedo hacer yo? Estoy en un
hospital vestida de secretaria sexi y menos mal que estoy
vestida, porque lo normal es que estuviera desnuda. Muerta de
miedo por la responsabilidad que tengo que asumir, y a la cual
no tengo como hacer frente. Salgo corriendo en dirección a los
baños me encierro en una cabina, me tiro de los pelos y grito
con todas mis fuerzas desgarrando mi garganta, apoyo mi
maltrecho cuerpo en la puerta y me dejo resbalar hasta caer
sentada en el suelo. ¿Cómo esa gente puede afirmar que soy la
persona indicada para cuidar a Eva? Ellos no me conocen de
nada. No sé quién es esta gente, lo que si sé es que no son
cualquier persona de la calle. ¿Cómo tienen un papel firmado
por un juez dándome la custodia provisional sin que este haya,
al menos, visto mi cara? Vuelvo a gritar de desesperación;
Carlos, al escuchar mis gritos, entra como una bala.
—Por favor, abre la puerta, déjame ayudarte. —No le
respondo, se mete en la cabina de al lado salta a la mía y me
abraza—. Tranquilízate, encontraremos una manera de
ayudarla.
Poco a poco voy tranquilizándome, él me saca del baño y
me conduce hasta la sala de espera. Allí cojo el móvil y llamo
a las dos únicas personas que pueden arrojar algo de luz en mi
destartalada vida, que son mi padre y hermano. En menos de
treinta minutos tengo a ambos delante de mí, pero esta vez
ellos tampoco hallan la solución.
Los días volvieron a la tónica de antes, no me muevo del
hospital, estoy las veinticuatro horas del día aquí con ella. ¡Si
estoy hecha una guarra! Después de mucho discutir, consigo
que me traigan ropa, entro en el baño y me aseo con toallitas,
Me da igual lo que digan, no me moveré de aquí.
Mi móvil suena y veo que es Carlos. Sí, nos saltamos todas
las normas de la ética médico paciente, nos tratamos por
nuestro nombre de pila, él me llama a mi móvil y yo al suyo,
no ocurrió de un día para otro, fue una consecuencia natural de
la convivencia que estamos teniendo. Él solicita mi presencia
en su despacho.
Ya conozco este espacio como si fuera mi casa, entro y
salgo de aquí más veces que de ningún otro lado ahora mismo.
Carlos, al verme, se levanta de su silla y viene a mi encuentro,
me regala uno de sus calurosos abrazos y me da un beso en la
comisura de los labios, este gesto me enciende, ya hace mucho
que no tengo un encuentro sexual, por lo que saco a la Nuria
que está olvidada por ahí y que debido al gran estrés que tengo
encima necesito un polvo para relajarme, tomo su rostro entre
mis manos y lo beso, él intenta huir diciendo que esto no es
correcto, que tiene que hablar conmigo, interrumpe el beso,
pero mis manos tienen vida propia y ya están encargándose de
liberar su evidente erección.
—Solo pararé si la noticia es que Eva está bien y va a salir
de aquí conmigo de la mano. —Le acaricio su miembro y
exijo que me conteste, él echa la cabeza hacia atrás intentando
hacer acopio de su fuerza de voluntad
—Tenemos que parar. —No le hago caso.
—Segunda oportunidad. ¿Me la voy a llevar a casa? —
Carlos hace que no con la cabeza—. Cuando terminemos me
cuentas lo que quieras, pero ahora te necesito de otra manera.
Agarro su miembro con más fuerza acariciándolo de arriba
abajo con rapidez, Carlos jadea y blasfema por no tener la
suficiente fuerza de voluntad para pararme, me río. Yo, desde
el principio, cuando el volcán que hay en mí se activa, no hay
vuelta atrás. Me agacho e introduzco su gran y duro miembro
en mi boca, dando un suave mordisco en la punta y dejando
que mi cálido aliento recorra todo su miembro, Carlos me
levanta del suelo rápidamente, me apoya contra la mesa, sube
mi vestido, comprueba que mi sexo está preparado, me avisa
de que será rápido, pues tiene muchas ganas de mí, y que
corremos el riesgo de ser interrumpidos en cualquier
momento, me giro cojo el condón de su mano, se lo enfundo e
introduzco su pene en mi sexo, una sensación maravillosa
recorre mi cuerpo.
—No te imaginas la cantidad de noches que he soñado con
esto, y justo de esta manera tu apoyada en mi escritorio y yo
follándote por detrás, ahora será rápido, pero no te creas que se
quedará aquí la cosa.
Carlos empieza a penetrarme rápido y fuerte, jadeo un
poco más alto, él tapa mi boca, y me pide que me controle,
lleva su mano libre a mi intimidad y empieza a acariciarme el
clítoris haciendo que me corra en seguida, mi cuerpo se queda
relajado, Carlos me bombea con más velocidad y se corre
abrazado a mí por la espalda.
—Esto no está bien, soy un desgraciado, me estoy
aprovechando de tu debilidad, pero no me arrepiento y lo
volvería a hacer.
Una vez ambos estamos recuperados, tomo asiento, él
vuelve a su sitio, noto que está desconcertado, pero no me da
tiempo a decir nada, ya que él se adelanta.
—Esto no debería haber ocurrido así, aquí en mi despacho
y en estas circunstancias.
—Corta el rollo, somos mayores y ambos queríamos, así
que sin trauma.
—¿Quién ha dicho que haya trauma? Yo solo quería
haberte llevado a cenar y tenerte en mi cama sin agobios ni
prisas.
—Carlos, déjate de dar vueltas a las cosas y dime de una
vez qué pasa.
Mejor cambiar de tema porque esta conversación no me
gusta.
—Vale, veo que eres más fuerte de lo que imaginaba. Se
nos agotan las opciones, yo sé dónde puedes encontrar
respuestas y quizás hasta la cura.
—Dímelo de una vez.
—El tratamiento es prolongado.
—Me da igual.
—Déjame terminar.
—Vale, perdón, dime.
—Como estaba diciendo, el tratamiento es largo, eso si es
que se descubre qué le pasa a Eva. —Carlos empieza a
explicarme detalladamente que se trata de entrar en un grupo
de pacientes que utilizan medicina experimental. Que se ha
puesto en contacto con un conocido que está trabajando en
este programa y ya ha visto algunos casos como el de Eva y
que obtuvo buenos resultados.
—De cuánto estaríamos hablando
—De mucho, y la mala noticia es que si la queremos
incluir en el programa tenemos que llevarla en un plazo
máximo de tres días.
—¿Cuáles son las probabilidades que tiene? —Mi cabeza
ya está dando mil vueltas.
—Le he enviado su historial a mi amigo y me ha dicho que
tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de salir
adelante.
—Inclúyela en el programa.
—Nuria, estamos hablando de mucho dinero.
—¡Inclúyela, joder…, si no me crees capaz de reunirlo,
para qué coño me lo has dicho! —le grito desquiciada.
—Vale…, no te alteres. ¿Para cuándo podemos hacer el
traslado?, que es otro tema, necesitamos un avión totalmente
equipado.
—Para dentro de dos días tendré el dinero.
—Vale, voy a empezar con los trámites ahora mismo.
Carlos se levanta, se despide de mi con un beso en mis
labios y se marcha a iniciar los trámites. Yo salgo del hospital
decidiendo cómo voy a hacer esto, pero no tengo otra
alternativa, me quedaré sin nada.
Capítulo 14

Entro en casa, corro al baño y me doy una ducha rápida,


escojo un vestido negro, color de mi estado de ánimo, ceñido
al cuerpo, un tacón rojo para, por lo menos, sentirme poderosa,
arreglo mi pelo corto, me miro de arriba abajo y me digo a mí
misma que no tengo que sentir vergüenza de nada. Que lo que
voy a hacer es por una buena causa.
Llamo a Nimay y le cuento la situación de Eva y lo que
voy a hacer, él enseguida me ofrece todo lo que tiene, a mi
amigo la vida lo trata bien, tiene unos buenos ahorros, gana
bien, su novio es un desgraciado, pero no le deja que falte de
nada. Sin embargo, no puedo ir dejando a la gente que me
quiere en la banca rota por un problema que es mío. Yo me
comprometí, yo lo solucionaré.
Llego a mi destino, me quedo unos pocos minutos dentro
de mi coche mirando hacia arriba, como si pudiera ver algo.
Este sitio es un fortín y no puedo perder más tiempo, cualquier
segundo cuenta, el tiempo corre en mi contra. Aparco mi
coche en una plaza que por suerte acaba de quedarse libre,
bajo del coche y me acerco a anunciarme. Veo a un grupo de
personas en el recibidor charlando y ahora mismo no estoy de
ánimos para soportar miraditas. Saco mi móvil y marco su
número.
—¿Quién es? —pregunta como si no supiera quién soy—.
Si no me lo dices, colgaré.
Sé que esto me va a destrozar, pero es por Eva.
—Soy yo —digo en un susurro.
—¿Yo quién? ¿Ese yo no tiene nombre?
Madrecita, qué ganas de mandarlo a tomar viento, pero
ahora él tiene la sartén por el mango.
—Soy Nuria.
—¿Por qué no te has identificado desde el principio? —Y
cuelga.
Vuelvo a llamar antes de que yo pierda el coraje y él, la
paciencia.
—Ahora no puedo atenderte. —El muy hijo de su madre
me dice que me vaya. Trago el último resquicio de orgullo que
me queda y pronuncio las palabras que juré no pronunciar
nunca.
—Acepto tu propuesta.
—Pasa en otro momento, ahora estoy ocupado.
—Hablamos ahora o no volverás a verme nunca más.
—¿Tienes a otro haciendo cola?
—¿Me vas a dejar pasar?
—Ahora estoy acompañado.
—Si me voy, no vuelvo.
—Pasa, pero tendrás que esperar.
—No me importa.
Y así firmo mi sentencia de muerte.
Damián autoriza mi paso, solo que ahora no tengo la
menor idea de cómo hacer para coger el ascensor sin el código
de acceso, ¡mierda…! Estoy parada en el recibidor del edificio
con cara de circunstancias; de todas las locuras que he hecho
en mi vida, con diferencia esta es la peor de todas. El móvil
vibra en mi bolso.
—Nuria, te he dicho que estoy liado, ¿cuándo piensas
subir?
—¡No sé cómo llamar el ascensor! —digo exasperada.
—El ascensor ya está abajo, lo acabo de mandar —me
siento como una idiota. Veo salir a una señora y le pregunto
muerta de vergüenza y amablemente me dice que los
ascensores privados están girando la esquina, me dirijo allí y
efectivamente el ascensor está abierto esperándome, nada más
entrar, la puerta se cierra y se pone en marcha. Cuando llego lo
encuentro en albornoz.
—¡Se rápida, tengo a una preciosa mujer esperando por mí
en mi cama!
—No voy a hacerte perder el tiempo, solo quiero saber si
tu propuesta sigue de pie.
—Sí.
—Acepto ser tu puta de cabecera, solo tenemos que
acordar unos detalles.
—Ven pasado mañana y tráete una maleta con algunas
cosas, te quedarás en mi casa. Como te dije, te follaré cuando
y como me dé la gana. Ahora déjame atender a la mujer que
está en mi cama sin que yo tenga que pagarle.
Nunca me sentí tan humillada en mi vida, pero aguantaré
lo que haga falta por Eva, le prometí que no la abandonaría y
no lo haré.
—No…, tenemos que hablar ahora, pasado mañana ya no
me interesa —digo altanera.
—Bueno, ya que insistes esperame aquí, una vez ella se
vaya, hablamos.
El muy cabrón se gira como si no estuviera allí, dejándome
plantada en medio del salón. Pero como soy mucha Nuria
empiezo a caminar por el piso mirando todas las estancias, ya
que no las conozco, la primera vez que estuve aquí apenas
crucé la puerta del ascensor, y la otra bajé para encontrarme
con mi hermano y sobrina. Con este panorama, ¿quién se fija
en nada?! Lo único que quería era alejar a mi pequeña de esta
casa y de este mundo, que no es el nuestro. Por lo que
rápidamente nos fuimos. Es impresionante, mire por donde
mire grita dinero y poder, pero nada de esto me atrae, me dirijo
hasta el sofá e intento imaginar cómo será mi vida de aquí en
adelante, por la manera en que me ha recibido no creo que sea
un camino de rosas, más bien todo lo contrario. Mis
pensamientos son interrumpidos por los gritos y gemidos
fingidos de la mujer que está dentro con Damián, me siento
como si estuviera en el rodaje de una película porno. Por más
que intento pensar en otra cosa, me es imposible, esto es una
tortura, él también es un tanto escandaloso. Ya no lo soporto
más, voy a dar una vuelta y dentro de una hora o así lo llamo
para saber si ya está solo.
Voy al ascensor toda digna, no obstante, cuando estoy
cerca me doy cuenta de que no puedo salir sin que Damián me
autorice, no tengo la clave de acceso. ¡¿Esta será mi vida de
ahora en adelante?! Una presa…
—¿Dónde crees que vas?, ¿Has cambiado de idea?
—¡No me puedo creer que me dejes por esta mujer! —
Miro en dirección a la voz que me está insultando y me
encuentro con la misma morena de la discoteca.
—¡Mira tú por dónde, guapa!, te ha follado corriendo para
estar conmigo.
—Nuria, déjalo ya —ataja Damián.
—Sayo, estaremos en contacto —dice Damián con cara de
pocos amigos, introduce el código en el ascensor, así que este
se abre y él sutilmente la conduce hasta dentro, se gira hacia a
mí me coge por el brazo y sale arrastrándome al interior del
salón. De la nada empieza a gritarme.
—¿A qué cojones estás jugando? —me pregunta
enajenado.
No entiendo nada, ¿por qué está tan furioso conmigo? Yo
no he hecho nada solo me he defendido del ataque de aquella
mujer.
—Damián, tranquilizate. —Lo llamo a la calma, no me
conviene tenerlo estresado, pues tengo que tratar con él los
términos de mi «contratación»—. Vamos a lo que nos interesa,
yo no tengo tiempo que perder. El valor del coche y del ático
lo quiero en metálico, y la mitad ahora y la otra mitad cuando
acabe el «contrato».
—Vaya…, veo que sabes negociar, ahora es hora de mi
contrapropuesta. Solo te pagaré en metálico el valor acordado,
ni un céntimo más, tú serás mía durante un año entero, vivirás
conmigo, los fines de semana que te toquen con tu hija los
pasaremos los tres juntos, dispondré de tu cuerpo siempre que
yo quiera, iremos al médico para hacernos análisis, escogerás
el método anticonceptivo que más te guste y lo haremos a
pelo, si follas con otro hombre el acuerdo se rompe y tendrás
que devolverme la parte proporcional del dinero.
Sus palabras se van clavando en mi como dardos
envenenados, ¿cómo puede tratarme así? Ya no sé si me desea
o me odia.
—Primero, quiero todo en metálico, segundo, los fines de
semana con Nerea son míos y de ella, tercero, los tres meses
de verano estaré fuera cumpliendo mis contratos de trabajo
que ya tengo firmados desde hace un año.
—No te moverás de mi lado, pagaré la recisión del
contrato.
—No…, ni hablar. En eso no cedo, y lo más importante,
pasado mañana me marcho a Estados Unidos, es un viaje de
trabajo, estaré fuera unas semanas. Y antes de que te pongas a
protestar, descontaré cada hora que esté ausente, eso también
es válido para verano.
—¿Qué vas a hacer en Estados Unidos?
—No es de tu incumbencia.
—Métete una cosa en tu cabeza, tendrás que informarme
de todo lo que hagas mientras seas mía. Y ni sueñes que te
pague todo en metálico.
—Adiós, Damián.
—No espera, espera, acepto, dime a qué cuenta transfiero
el dinero.
Apunto en un papel.
—Aquí lo tienes. —Él hace una llamada telefónica y
ordena la transferencia. Me mira a la cara y no pierde la
oportunidad de regodearse.
—Te dije que vendrías a mí, mira en tu cuenta, la primera
parte ya está ingresada. —Hago lo que dice, cojo el móvil
accedo a mi cuenta y, efectivamente, el dinero ya está
ingresado, salgo de la aplicación del banco, guardo el móvil en
mi bolso y le confirmo el ingreso. Confieso que el farol que
me he echado de que me iba me tenía con el corazón a mil por
hora, desgraciadamente, este hombre es la única oportunidad
que tiene Eva. Menos mal que me ha salido bien, de lo
contrario, no me lo perdonaría en la vida.
—Ahora que eres mía, vete a la habitación y quítate la
ropa, pero déjate la lencería y los tacones puestos.
Le miro con unas ganas locas de gritarle a la cara el gran
hijo de puta que es, pero no puedo, necesito este maldito
dinero y él parece saberlo, porque está siendo más capullo de
lo normal, será que él va a querer follarme después de haber
estado con esta mujer hace escasos minutos.
—¿A qué habitación? —No me contesta con palabras,
solamente me indica con las manos la misma habitación en la
que dormí la noche que lo acompañé a aquella maldita cena,
miro las escaleras con odio, solo me sentí así de humillada a
mis dieciséis años. Creo que la herida que me causaron nunca
va a sanar, nunca seré capaz de amar a nadie más, subo las
escaleras con toda la parsimonia del mundo, no deseo que me
toque, y menos con el sudor de otra mujer en su cuerpo.
Entro en la habitación, me paro en medio y me quedo
mirando al vacío, me es inadmisible aceptar cómo he llegado a
esta situación, yo no me meto con nadie, vivo mi vida, intento
ayudar a todos los que puedo, y ahora me veo en esta tesitura.
—Dejemos las cosas claras.
—Por Dios, ¿quieres matarme de un susto?
—Discúlpame. Como ya te he dicho, nadie te tocará, serás
única y exclusivamente mía un año.
—¡Lo he escuchado bien! ¿Tú me has pedido disculpas?
«Callate la boca que la vas a cagar». Muy a mi pesar, tengo
que dar la razón a mi conciencia. Él está siendo educado y yo
no dejo de tocarle las narices.
—Vuelve… —dice chasqueando los dedos delante de mi
rostro—. Como te estaba diciendo, cuando me canse no tengo
que darte explicaciones de nada, solamente viviré mi vida, tal
y como hacía antes de conocerte.
—Ojalá te canses mañana mismo.
—¡Qué está pasando aquí! No soy yo quien te ha buscado.
Te lo preguntaré una sola vez. ¿Quieres irte?
Ay, madre, ojalá pudiera decir que sí, pero Eva me
necesita, así que domaré mi lado rebelde e intentare llevar eso
como se debe.
—No pasa nada, es que el simple hecho de tenerte delante
me hace ponerme a la defensiva.
—Intentemos llevarnos bien, quiero poder pasar buenos
momentos junto a ti. Y cuando llegue el día que tu seas libre
me gustaría poder contar con una amiga.
—Vale —digo por decir, creo que nunca será posible una
amistad entre este hombre y yo. Su sola presencia me hace
ponerme a la defensiva.
—Ven aquí.
Camino hasta él temblando, seguro que si fuera una mujer
de llorar ahora mismo estaría deshaciéndome en lágrimas, me
siento el ser más sucio del mundo, no hay cariño, no hay
delicadeza, no hay ni siquiera deseo, yo para él soy solamente
el juguete que se le resistió en la vitrina.
—Nuria, reacciona, creo que te estoy pagando bastante
bien para que seas la mujer de hielo que tengo delante.
Es aquí el capullo de siempre, pongo mi mente en blanco
me acerco hasta él, empiezo a acariciar su pecho y repartir
besos por su cuerpo, por increíble que parezca, no siento nada.
Cierro los ojos y sigo adelante, desabrocho su albornoz y
lo encuentro empalmado, acaricio su miembro suavemente,
Damián suelta un gemido de lo más sensual, pero no es
suficiente para encender mi cuerpo. Me agacho y paso la
lengua por la punta de su miembro, que me deja claro cuánto
me desea, él me toma por el pelo, y empieza a follar mi boca.
Aguanto como puedo sus fuertes embestidas, Damián esta
enajenado, folla mi boca sin piedad, cuando está a punto de
correrse, se aparta, transformándose en otra persona me toma
con delicadeza por los brazos y me lleva a la cama, se tira
encima de mí y empieza a besarme, respondo su beso, pero
Damián percibe que no lo estoy disfrutando y se aparta.
—Si voy a pagar una fortuna para follar con una momia,
vete.
—¡Eres un cretino! —le digo con odio—. ¿Tú crees que
alguien puede excitarse teniendo a un desgraciado como tú
delante?
Para qué abro la boca, el hombre se ha trastornado, sus
ojos se ponen como fuego, ahora sé a qué se refería mi
bailarina cuando dijo que se volvió loco, su respiración se
agita, su mirada es de odio, no sé qué hacer, no sé si seguir
aquí o salir corriendo y gritando, porque no tengo esperanzas
de que ocurran cosas buenas aquí.
Damián me agarra de las dos piernas, me arrastra hasta la
cabecera de la cama, sube mi vestido, que a causa de mis
divagaciones no me lo había quitado, me quita las bragas y me
penetra con su dedo, me penetra como nunca fui penetrada en
la vida; en seco, sin estar preparada, ahora mismo me siento
como si este desgraciado me estuviera violando, su otra mano
toma mi pecho, su respiración en mi cuello es agitada, su dedo
entra y sale de mi cuerpo cada vez más fuerte. De repente, se
para, pero no se aparta de mi cuerpo, me mira a la cara y me
besa, un beso que se contradice con el acto que acaba de
ejecutar, es un beso tierno, dulce, diría que hasta con anhelo,
acaricia mi rostro y besa mis ojos.
—¡Me estás llevando a la locura!, soy incapaz de dejar de
pensar en ti —me dice entre susurros. Se tumba sobre mí, me
penetra con delicadeza y empieza a moverse introduciéndose
en mi cuerpo lentamente, lleva su mano a mi clítoris y
empieza a acariciarme.
—Perdóname por lo que te estoy haciendo.
—¿Por qué lo haces?
—Es complicado, cuando me doy cuenta ya me estoy
portando como un animal. Odio la idea de que otros te toquen,
te deseo demasiado. —Sus caricias, besos y palabras empiezan
a hacer mella en mi traicionero cuerpo, que se enciende, me
muerdo los labios para contener el gemido, pero Damián
percibe mi intención—. Entrégate a mí como yo me estoy
entregando a ti, si veo que te estás conteniendo, me voy.
Su voz ronca en mi oído, su polla dentro de mi cuerpo, sus
expertos dedos en mi clítoris me hacen entregarme, llegados
hasta aquí, de qué vale resistirse. Mi cuerpo le da la
bienvenida, mis caderas se mueven buscando su miembro y mi
cuerpo se abre a él. Damián, al percibir mi entrega, toma el
mando. Coge mi pierna derecha y la apoya sobre su duro
pecho dejándome más expuesta a él, que empieza follarme, a
embestirme con ganas, sus estocadas llegan a lo más profundo
de mi ser, son tan fuertes que tengo que sujetarme a él para no
darme contra el cabecero, a estas alturas mis gemidos se oyen
hasta en Madrid, son incontrolables.
—No pares… —pido entre jadeos.
Empiezo a masajear mis pechos, pellizco mis pezones y
buscos sus estocadas. Damián se muerde los labios para no
perderse en su placer.
—Eso, tócate tus bonitos pechos para mí, siempre me
pareciste preciosa, pero ahora sonrojada y siendo follada por
mí lo estás más que nunca. Tus jadeos son canciones para mis
oídos, sueño con esto hace mucho. Córrete, Nuria, córrete para
mí, demuéstrame que me deseas tanto cuanto como yo te
deseo a ti. —Sus palabras son órdenes, nada más él terminar
de ordenármelo me corro, no tarda nada, siento un chorro
caliente siendo expulsado dentro de mi cuerpo, por primera
vez un hombre se corre dentro de mí. No sé cómo me siento.
Lo de que íbamos al médico y yo escoger el método
anticonceptivo creo que se le ha olvidado. Menos mal que
desde los dieciséis años me cuido. La maternidad no entra en
mis planes y con este hombre menos todavía.
Damián da un beso en mi pierna y la baja delicadamente,
sin dejar de mirarme, se tumba a mi lado, mete su cara en mi
cuello, aspira mi olor y me abraza. Nos quedamos así lo que
me parece una eternidad, ninguno de los dos dice nada, no sé
qué pensar, no sé qué siento, no sé si me gusta o no, al
principio me sentía vejada cuando sé que no es así, nadie me
obliga a estar aquí ahora, yo vine sola. Y esto que acabamos
de tener no sé cómo describirlo ya he tenido mucho sexo y de
toda clase, pero este grado de intimidad nunca lo he vivido.
—Perdóname, si quieres puedes denunciarme por lo que te
he hecho, estás en todo tu derecho. Pero aquí entre nosotros.
—Me guiña un ojo de manera guasona—. Tú sabes sacarme de
mis casillas, y mira que eso es una tarea difícil —dice dando
suaves toques en mi nariz.
Mi móvil suena explotando nuestra frágil burbuja, me
incorporo corriendo, pero no me da tiempo a salir de la cama
ya que Damián, me retiene por el brazo.
—Tengo que cogerlo, estoy esperando una llamada
importante —miento descaradamente, pero no quiero decirle
nada sobre mi vida y mi gente, y como no tengo amigos, todas
mis llamadas son importantes, porque es de mi familia o de
alguien que me importa, si no, no tendría mi móvil. Él me
suelta, corro hasta el móvil y contesto la llamada. «Sí, voy
ahora mismo», es lo único que digo.
Capítulo 15

Sabía que todo estaba siendo muy bonito, demasiado fácil


para ser verdad. No sé por qué este hombre se ha encaprichado
conmigo de esta manera. Cuando lo he llamado por teléfono
estaba aterrada, me imaginaba que iba a humillarme hasta la
extenuación, hacerse de rogar. Y no, se puede decir que ha
aceptado a la primera. La cabeza de Damián es una verdadera
incógnita, ¡de verdad creía que yo iba estar encantada de la
vida entregándole mi cuerpo! Porque eso va a ser lo único que
obtenga de mí, no digo que no disfrute del sexo, soy una mujer
sexualmente activa y por lo poco que veo, él es muy ducho en
las artes amatorias. Así que, por supuesto que disfrutaré, y no
haré el más mínimo esfuerzo para que sea de otra manera, un
año es mucho tiempo para estar en pie de guerra.
Y que justo después de nuestro primer encuentro lo dejé
tirado en la cama para coger el móvil, se enfada y, para
rematar, escucha que me marcho, no pudo más y empieza a
salirle humo por las orejas. Nada más mirar el teléfono y ver
quién me llama sé que la cosa no pinta bien.
Doy gracias a que no haya escuchado que la voz del otro
lado de la línea era masculina, de lo contrario, por lo poco que
conozco de este hombre, sé que montaría en cólera y pondría
en juego nuestro trato. Me da a mí que es uno de esos hombres
controladores y posesivos. ¡Vamos, todo lo que más me
gusta…! Ignoro su mala cara y salgo corriendo al baño a
darme una ducha rápida y marcharme al hospital, Carlos no
me quiso decir nada, pero algo pasa para que él me llame.
—¿Quién es?
—Damián, ya te he dicho que esperaba una llamada
importante, y me tengo que ir ahora mismo.
—Yo te llevo.
—Ni hablar, no voy a andar contigo ni con nadie detrás de
mí, y si veo que me estás siguiendo, se acabó el acuerdo, y no
te devuelvo el dinero.
—Ya hablaremos sobre eso.
—Vale.
¿De verdad este hombre acaba de aceptar algo sin
refunfuñar?
No me paro a escuchar lo que está diciendo este
cavernícola, me visto y salgo corriendo en dirección a la
salida. Para mi sorpresa, Damián está sujetándome la puerta
del ascensor, al pasar a su lado me coge por la cintura y me da
un tierno beso. Si no estuviera tan preocupada, mi cabeza
estaría dando mil y una vueltas intentando descubrir que bicho
le ha picado. Ojalá los días a su lado sean todos así de fáciles.
Mi tonta sonrisa se borra al recordar la preocupada voz de
Carlos.
Llego al hospital en menos de veinte minutos, la casa de
Damián está relativamente cerca, no sé si esto es bueno o
malo, pero ahora mismo no me detengo a analizarlo.
Salgo corriendo por los pasillos, una enfermera me llama
la atención, pero no le hago caso. Cuando llego a la habitación
de Eva, la encuentro vacía, mi corazón quiere salirse de mi
pecho, me pongo en lo peor, me muerdo el labio para no gritar,
no puede ser ella, no puede haber…, no puedo decir la palabra.
¿Por qué no he aceptado la propuesta de Damián antes?
Quizás Clara todavía estaría aquí y Eva también. Soy una mala
persona, solo pienso en mí. ¿Por qué la vida es tan injusta
conmigo? ¡Acabo de prostituirme, he entregado mi cuerpo a
cambio de dinero para nada! No es justo, no estoy lista para
perderla. Mi herido corazón la acogió y este músculo de mi
cuerpo es duro y egoísta, no permitimos que nadie entre, las
personas que dejé entrar en algún momento de mi vida me
hicieron daño. Por eso lo blindé, es horrible vivir con la
sensación de que todo el mundo quiere hacerte daño, pero hay
que estar en la piel del que lo vive, en un minuto eres la
persona más feliz y amada del mundo y al siguiente las
mismas personas que te hacen feliz, creer en ellas, creer que tu
felicidad va paralela a de ellas, sí… era así de tonta, van y te
traicionan. Y cuando una alma pura e inocente se abre paso en
mi vida y me roba un pedazo importante de mi corazón la
pierdo de esta manera. No, por favor, al que este ahí arriba, por
favor deja de castigarme. ¿Qué hago ahora con todo ese dinero
en mi cuenta? Ya no me sirve de nada. ¡No, no, no puede ser!
Eva tiene que estar viva, ella tiene que vivir y disfrutar de este
mundo que a veces es muy bueno, y otras, como ahora, es un
desgraciado, pero ella tiene que vivir. Sea quien sea que esté al
mando, prometo cuidarla y protegerla con mi vida si es
necesario, pero no me la quites. Desde los dieciséis años me
negué a querer a nadie, y en todo este tiempo los únicos que ha
logrado eso han sido Nimay y Eva, no los puedo perder.
—No… —Se escapa el grito de mi garganta sin que sea
consciente. Grito de rabia, impotencia, angustia y de dolor.
Unos fuertes brazos rodean mi cuerpo y me pongo tensa.
—Tranquila, tranquila. Soy yo, Carlos. —Sus fuertes
brazos se aflojan, me giro y me derrumbo sobre su hombro—.
Ella está bien, está viva. —Sigo hipando, no lo escucho.
Carlos me coge por los hombros y me zarandea para sacarme
de mi trance. —Nuria, Eva está viva, pero no podemos
esperar, tenemos que trasladarla cuanto antes.
Solo entonces soy consciente de sus palabras.
—Prepáralo todo, ya tengo el dinero. —Es lo único que
soy capaz de decir.
—¿Cómo…? —Levanto mis manos en una clara señal de
que se calle.
—¿En cuánto tiempo crees que la tendrás preparada?
—Intentaré tener todo para que salgamos mañana por la
mañana.
—Estupendo, déjame verla un momento y me iré a
preparar todo para que nos marchemos cuanto antes.
—No puedes verla, está en cuidados intensivos, y no
puedo asegurar que aguante el viaje.
—Conozco el riesgo, pero este mismo riesgo ella lo corre
estando aquí, sin recibir el tratamiento adecuado —le contesto
con el corazón apretado.
Y gracias a que los desgraciados de Andrea y Raúl me
dieron la custodia provisional de la niña puedo firmarlo todo.
Entro en mi casa corriendo, hago una maleta con las cosas
más importantes, llamo a mi hermano lo pongo al corriente y
le aviso de que me voy, hago lo mismo con mi padre, que me
desea suerte, llamo a Nimay y le pido que se ocupe de mis
cosas mientras este fuera y le digo también que no sé cuánto
tiempo estaré ausente. Mi amigo me corta para darme dos
noticias que no me hacen ninguna gracia. La primera no me
sorprende, el abogado de los tíos de Eva fue hasta la fundación
a recordarme que el plazo se me acaba, y la segunda noticia es
que Damián lo ha llamado por teléfono preguntándole dónde
estaba, que no atiendo al móvil, y de paso le advirtió que no
pusiera sus manos sobre mi cuerpo, y le dijo que ahora soy
suya. ¡Este tío es tonto! ¿Cómo no ha podido darse cuenta de
que mi amigo es gay? Sé que no se va a tomar la noticia de mi
marcha nada bien, tendré que pensar en una excusa muy
buena, porque no es solo que me vaya del país, es que me voy
y no sé cuándo voy a volver, y una cosa tengo clara, mientras
Eva este ingresada, yo estaré a su lado. Por nada del mundo
me apartaré de ella hasta que no sepa que está fuera de peligro.
¡¿Sabes qué?! Voy a enfrentar a la fiera de una vez. Cuanto
antes empiece, antes termino.
Llego a su edificio y él no está, lo llamo al móvil y ya me
contesta gritando, preguntándome dónde coño estoy, aparto el
aparato de mi oído y lo dejo gritar solo. A mí no me grita
nadie, si hay una cosa que odio es que me griten. Cuando creo
que ha pasado un tiempo prudencial vuelvo a acercar el móvil
a mi oído, y le pregunto si ya está más calmado, cuando me
contesta que sí, le pregunto dónde está, pero no sin antes
explicarle que estoy en su piso y que nadie me atiende.
Damián me explica que está en medio de una reunión, que
dentro de media hora estará libre y me ordena que quede con
él en el restaurante. Verifico mi atuendo, llevo lo mismo que
me vio por la mañana, pero no tengo tiempo de irme a casa a
cambiarme, es un vestido formal apto para presentarme donde
está lleno de hombres podridos de dinero.
En el restaurante ya son conocedores de mi llegada, pues
nada más dar mi nombre un amable joven me conduce hasta
donde se encuentra Damián con dos parejas, las mujeres, como
siempre, me miran con cara de asco, una de ellas con motivo,
es la arpía que me encontré en aquella maldita fiesta. Toma,
bruja, ¿cómo te sienta ver que el hombre de tus deseos quedó
conmigo? Damián, al verme, se levanta a recibirme, me da un
beso en la mejilla y me notifica que dentro de unos minutos
estará libre, ¡vamos, que está echando a esta gente que todavía
no ha terminado de cenar en sus narices!, y nadie dice nada, ni
tuerce el gesto, simplemente se despiden de él y se van, es
como si yo fuera invisible, las mujeres, como ya sabéis, me
ignoran y con los hombres es como si yo no hubiera aparecido
delante de ellos. No es que sea un bellezón, eso ni por asomo,
solo soy una más del montón, pero o bien por mi aspecto
desenfadado o mi pelo de colores, que por supuesto, no pega
nada con Damián siempre recibo miradas, no obstante, para
esta gente soy invisible, ni un saludo siquiera.
Me pregunta si ya he cenado y le contesto que no,
rápidamente llama al camarero y pide la carta, me pregunta en
un tono muy conciliador dónde estuve toda la tarde. Creo que
al final esto va a venir a mi favor, le digo aquí en el restaurante
sobre mi inminente marcha, así él no va a poder ponerse como
un energúmeno, yo me voy para el hospital y cuando vuelva
del viaje ya estará más tranquilo.
—Damián, tengo que contarte una cosa, pero prométeme
que no te vas a poner como un desquiciado.
—Sí, me voy a poner como un desquiciado. —Hago como
las niñas pequeñas.
—Entonces no te lo cuento.
—Anda, Nuria, dejémonos de juegos, dime de una vez
cuál es el motivo por el cual voy a querer matarte lenta y
dolorosamente. —Trago en seco, este hombre sabe cómo
acojonarme, pero menos mal que el acojone me dura solo unos
segundos, porque mi naturaleza rebelde no me permite tener
miedo y achantarme.
—Me voy mañana de viaje y no sé cuánto tiempo estaré
fuera. Pero no te exaltes, tú tranquilo, El tiempo de nuestro
acuerdo empezará a contar cuando vuelva.
—Ni hablar.
¡Y ahí es donde empieza el calvario! Este hombre es
insufrible, se cree el dueño del mundo, me lo está prohibiendo
como si yo necesitara su autorización para hacer las cosas,
¿quién se cree que es?, ahora la que está perdiendo la
paciencia soy yo.
Me levanto, apoyo las manos en la mesa importándome
una mierda estar en un restaurante pijo, me encaramo sobre la
mesa, acerco mi cara a la de él y entre dientes de manera que
solo él pueda escucharme y le digo:
—Que yo vaya a ser tu puta de cabecera no te da el
derecho de tratarme como a un perro, y para que te quede
claro, yo tengo una vida, vida está de la que tú nunca formarás
parte, saldré de este restaurante, me iré mañana por la mañana
y a la vuelta estaré a tu disposición. Cuando fui a tu piso y
acepté tu propuesta te dije que me iría a Estados unidos unas
semanas.
No le doy tiempo a que me replique, salgo del restaurante
sin al menos beber un vaso de agua, cuando llego a la puerta
ya lo tengo detrás de mí, sigo caminando, él me coge por el
brazo obligándome a parar.
—¿Qué he hecho para que te pongas de esta manera?
—¡Déjame! —le grito desquiciada. Estoy pagando con él
toda mi frustración.
—Nuria, empezamos esto con muy mal pie, démonos una
tregua, vamos a hacer las cosas bien, tú sabes que tenemos que
tratar cosas que no son agradables, odio cuando dices que eres
mi p…, joder, me niego a dirigirme a ti de esta manera. Ven a
cenar, no has comido nada.
—Ya no me apetece volver ahí dentro.
—Vale, vamos a casa, cuando lleguemos te pido algo de
comer.
Me quedo mirándole, ¡¿cómo es esto de vamos a casa?!
Pero claro, como él no pierde detalle de nada, me recuerda
rápidamente que mientras nuestro trato esté vigente yo he
aceptado irme a vivir con él. Así que no me queda otra que
seguirle hasta la que va a ser mi casa vete a saber hasta
cuándo, por la cantidad de pasta que ya me ha dado no creo
que dentro de un mes esté libre.
Dejo que Damián se baje del coche y antes de bajarme
llamo a Carlos para saber si todo está listo para nuestra marcha
e interesarme por cómo está Eva. Carlos me pregunta si ya
tengo el billete de avión, yo miro al móvil como preguntando
si he oído bien, si él realmente acaba de preguntarme esto, le
pregunto el porqué no puedo ir con ella y me suelta mil y un
rollos médicos, ahora. para sumar a mi más que larga lista de
problemas tengo que encontrar un vuelo para mañana con
destino a USA. Estoy agotada, ojalá Damián haya hablado en
serio cuando ha dicho lo de la tregua porque mi batería por
hoy ya se ha agotado. Fue un gran alivio que aceptara sin
hacer preguntas pasar por mi apartamiento un momento para
que yo recogiera algunas cosas. Bajo del coche y voy a por mi
maleta, al cerrar el maletero me encuentro con Damián
mirándome fijamente, paso a su lado haciendo como que no lo
veo, su mirada me dice que va a hacerme preguntas a las que
no voy a responder. Voy en dirección a su ascensor, al llegar
delante de la maldita caja de acero miro hacia atrás y lo veo
parado en el mismo sitio, «joder…, esto no augura nada
bueno», lo llamo y él viene sin quitarme los ojos de encima.
Introduce el código en el ascensor, pero con la misma actitud.
Cuando voy a bajar del mismo, él me agarra por el brazo y me
pregunta.
—¿Con quién hablabas?
—No quiero discutir, por favor, no es nadie.
—¿Y por qué casi te pones a llorar por no poder ir junto a
«él» en el vuelo?
—¿Has escuchado mi conversación? Ya has sacado tus
propias conclusiones, así que déjame en paz.
—No me engañes, si tienes a alguien, dímelo.
—No, no tengo a nadie, te lo prometo. —Y como si de un
niño se tratara, empiezo a explicarle que el viaje es de trabajo,
digo que es una oferta que no puedo rechazar y que la persona
con la que hablaba es un gran amigo que a la vez es el
intermediario, cosa que es verdad, Carlos es el intermediario
entre el hospital de Florida y yo. Pero que él va en un vuelo
privado y yo no puedo ir con ellos. Por lo demás miento como
una bellaca, pero es la única manera que tengo de despistar a
este hombre.
—Si quieres, puedo solucionar eso para ti, solo tengo que
hacer una llamada y en minutos lo tienes todo solucionado.
—No te preocupes, mi amigo ya se está ocupando. —Me
apresuro a rechazar su oferta, por nada del mundo quiero que
se entere de mi destino. Menos mal que se toma bien mi
rechazo.
A partir de ahí, las cosas empiezan a ser más agradables,
me quita la maleta y se encarga de subirla a la que será mi
habitación mientras este viviendo aquí, vuelve al salón y me
dice que estoy en mi casa y que soy libre de hacer lo que me
plazca. Vuelve a esfumarse por el pasillo, cuando aparece
nuevamente tiene el pelo mojado y va vestido solo con un
albornoz, se le ve muy sexi, me mira con cara de deseo, su
mirada por primera vez me enciende no parece que hace unos
minutos tenía ganas de matarlo.
Damián se acerca a mí y me besa, un beso tierno y suave,
que para que vamos a mentir, me gusta, digamos que me gusta
más de la cuenta, y decido corta por lo sano.
—Nuestro acuerdo no incluye besos —le digo.
—Nuestro contrato incluye todo lo que yo quiera hacer
contigo, eres mía —dice esto y tira de mi brazo llevándome
nuevamente al encuentro de su duro cuerpo y me besa con
posesión, dejándome sin aire. Él percibe la reacción de mi
cuerpo y se aparta riendo—. Pero antes de hacer uso de mis
derechos voy a alimentarte, porque sea donde sea que vayas
mañana, me ocuparé de que llegues agotada y bien dolorida.
Aquí —agarra mi sexo con sus grandes manos y lo aprieta—.
El único que puede disfrutar de eso soy yo.
—Te puedo asegurar que en lo último que voy a pensar en
este viaje es en sexo.
—Anda, ve a la ducha mientras me encargo de la cena. —
Le doy la espalda para irme a la habitación y recibo una
nalgada.
La verdad es que me resulta raro tratar con este Damián,
estoy acostumbrada a estar discutiendo con él, contestando sus
comentarios fuera de lugar. Pero ahora que se puso en modo
seductor y me tiene con las bragas mojadas no sé muy bien
cómo actuar. Con este pensamiento me meto en la ducha, no
me entretengo mucho, quiero aprovechar el buen humor de
este hombre para pactar los términos de nuestro acuerdo. Sé
que es una jugada muy peligrosa, pero como con él desde el
principio es todo o nada.
Capítulo 16

Llego a la puerta de la cocina y me recibe un rico olor a


comida tailandesa, mi barriga me avisa de que llevo muchas
horas sin comer, ronronea como si tuviera un extraterrestre
dentro. El rico olor pasa a un segundo plano cuando mis ojos
se posan en la mesa y veo que está puesta con todo lujo de
detalles. Rápidamente lo miro, está delante de la nevera, me es
imposible no fijarme en su espalda, no es uno de esos hombres
musculados, tiene el cuerpo duro, definido, pero de manera
natural, es obvio que hace ejercicio, pero desde luego su
objetivo no es muscularse hasta las pestañas. Es muy sexi, su
pelo mojado le cae en los ojos y, por lo que puedo percibir, lo
de quitárselo de la cara es un tic muy sensual. Desde donde
estoy puedo sentir el rico olor de su champú, debe de tener
mucho calor, ya que se ha quitado el albornoz, que se
encuentra apoyado en el respaldo de una silla, quedándose
solo con un boxer, es imposible no quedarse con la boca
abierta. Madre mía, este hombre me ha follado esta mañana y
yo no me he dado cuenta de su espectacular cuerpo.
Él percibe mi presencia, viene hasta mí, me abraza por la
cintura y me besa, no sé qué hacer ni cómo reaccionar, yo
nunca he tenido esto, yo llego, follo y adiós muy buenas y este
hombre desde que entramos en su casa está en modo seductor
y eso me tiene desconcertada.
Nos sentamos en la mesa para degustar la deliciosa cena
que ha pedido, charlamos un poco de todo, pero siempre
evitando los temas espinosos como por ejemplo nuestra
«relación» si se puede llamar así, el tema familia también es
otro de los que ambos estamos evitando.
Terminamos la cena entre risas, recogemos entre los dos la
cocina y vamos al salón. Damián me ofrece una copa que
acepto gustosa. Deseo abordar el tema, pero no sé cómo
hacerlo, estoy disfrutando tanto de nuestro momento de tregua
que tengo miedo de abrir la boca y estropearlo, ¿porque todo
tiene que ser tan complicado?
—No le des más vueltas, dilo de una vez No sé si debo de
alegrarme o no por haberme puesto las cosas más fáciles.
—Quiero dejar claro nuestro acuerdo.
—¿De verdad quieres hablar de esto ahora? ¿No prefieres
dejarlo para cuando vuelvas? —pregunta de manera tranquila.
—No.
—Vale, empiezas tú.
Respiro profundamente y empiezo a decir todas mis
exigencias, le digo que quiero un fin de semana al mes para
mí, para hacer lo que me plazca, sin tener que dar
explicaciones y mucho menos cogerle el teléfono. Le digo
también que en presencia de Nerea nunca va a haber contacto
entre nosotros, ya que me dejó claro que los fines de semana
que me toca con ella los pasaríamos los tres juntos. No sé
cómo se lo va a tomar mi niña, desde que pasó lo de la finca
no hemos vuelto a tocar el tema. Ahora no me quiero poner a
pensar en eso, cuando vuelva ya veré cómo lo hago para
solucionar este marrón. Le aclaro que cuando mi trabajo me lo
requiere no la recojo. Y es entonces cuando le salen los
cuernos y el rabo.
—Mientras nuestro acuerdo esté vigente, no trabajarás. —
Estaba siendo muy…, fácil, ni de coña estoy de acuerdo con
esto, el baile es mi vida, y no sé cómo voy a hacer entender
esto al cavernícola que tengo delante. Por más que se lo
intento explicar, no entra en razón. Y eso que todavía no toqué
el tema verano.
—Y para que más adelante no haya problemas, acuérdate
de que en verano estaré fuera. —Se levanta y empieza a
caminar de un lado a otro, como si fuera un león enjaulado.
—No, eso no va a ocurrir —dice negando con la cabeza.
Me canso de su actitud me levanto me pongo delante de él
y le digo:
—Damián, esto es lo que hay, si no estás de acuerdo, te
devuelvo tu dinero, cojo mis cosas ahora mismo y me voy.
—«Joder, Nuria, dónde vas con esta bravuconería, si ya tienes
la mitad del dinero gastado». Mala hora para hacer acto de
presencia, maldita conciencia. «Sé buena chica, negocia sin
ponerte tonta porque si no ya te veo haciendo punto en algún
polígono por ahí». ¡Mejor ignorarla!
Haciendo caso omiso a mi conciencia, me mantengo firme
en mi altanería, ¿quién es él para querer tomar decisiones por
mí? Desde los dieciséis años tomo mis propias decisiones y
esto no va a cambiar ahora ni de broma.
—¡Nuria, siéntate! —Damián me pega un grito sacándome
de mis devaneos, me pilla tan de sorpresa que acato su orden
sin rechistar. —¿Ya has expuesto todas tus exigencias? —me
pregunta enfadado.
—Sí.
Me mira tan fijamente que llego a sentirme incómoda y
desvió la mirada, no soy capaz de leer lo que dicen sus ojos,
tiene las pupilas tan dilatadas que su hipnotizante verde parece
translúcido. Damián empieza a enumerar sus exigencias.
—Un fin de semana cada dos meses, y en verano tendrás
que venir por lo menos una vez al mes a verme —habla sin
dejarme margen de negociación, no obstante, concuerdo con
sus exigencias, no tengo ganas de discutir. —Nuestro contrato
tendrá un plazo de duración de dos años, en este período serás
mía y solo mía.
No puedo dar crédito, pero disimulo muy bien, no debería
sentirme mal, total quien ha accedido a este juego he sido yo
solita, ahora solo me queda negociar para salir de esta. Yo
quiero que esto termine cuanto antes y él aumentando el plazo.
¡Dos años! no…, ni de coña.
—Habíamos acordado un año.
—Eso ha sido antes de que me pidieras todo en efectivo.
—No tienes palabra, acuerdas una cosa conmigo y ahora
me vienes con otra.
—Volvamos al acuerdo inicial, me devuelves la mitad de
lo que te deposité y un año —dice encogiéndose de hombros
como si estuviera hablando de calderillas.
Mejor termino luego con eso porque lo está llevando
bastante bien y su paciencia se está agotando, y ni de coña
puedo devolverle la mitad del dinero.
—Vale, dos años, que empiezan a contar cuando vuelva de
mi viaje.
—Bien, mis abogados redactarán el contrato, cuando
vuelvas, lo firmas.
Tengo que agradecer a los cielos que no haya sido
doloroso como había imaginado. Brindamos con otra copa de
vino, que se transforma en otra y otra y otra, al final de tanto
vino movemos los muebles a un lado y empezamos a bailar en
medio del salón. ¡Cómo baila este hombre! Es muy raro lo que
voy a decir, igual también es fruto del alcohol que estamos
bebiendo, pero Damián es todo un caballero, me da la
sensación de que él me está cortejando, entre besos y caricias
me tiene a su merced, nada está siendo forzado, sino todo tan
suave, tan seductor que estoy cayendo en sus redes sin la
menor resistencia. Solo me sentí así en un periodo muy corto
de mi vida, del cual no quiero acordarme, me juré que nunca
más me envolvería con ningún hombre, al final todos piensan
con lo mismo, y no, no seré una más en sus largas listas. Como
siempre digo: Antes de que ellos se rían de mí, yo me reiré de
ellos.
Me saca de mis devaneos con una mano acariciando mis
pechos, y una barba sexi y salvaje pasando por mi cuello
dejando suaves besos, el cosquilleo de esta me está dejando la
piel de gallina, sé que mañana tendré una señora irritación de
piel, pero qué más da, como por arte de magia mi camisón sale
volando, dejándome solo con el tanga.
—Eres perfecta, seguro que ya te lo han dicho esto muchas
veces, pero ahora todo esto es solo mío.
Sus manos se cuelan dentro de mi ropa interior y empieza
a acariciarme suavemente por encima de mi piel sin tocar mis
partes. Damián se acerca a mi oído mete la lengua dentro
haciendo que todo mi cuerpo se estremezca, jadeo, llevo mi
mano a su boxer, pero me lo impide.
—Aquí quien manda soy yo, y hasta que no te haga
correrte en mi mano, no me tocarás. Me besa y sigue con la
tortura, su boca toma mi pecho y lo succiona con ganas, me da
un mordisco justo en el momento en el que introduce un dedo
en mi sexo, haciendo con que grite de placer.
—Eres mía, voy a follarte tanto y de tantas maneras que no
podrás salir de la cama —dice esto y repite la misma acción
muerde mi pecho e introduce otro dedo en mi cuerpo.
Gimo desesperada, Damián abandona mi pecho y empieza
a decirme palabras sucias, sus dedos en mi sexo adquieren una
velocidad vertiginosa, mi respiración se agita, mis piernas me
fallan, mi cuerpo está en sus manos, soy un manojo de
sensaciones, él juega y hace con él lo que quiere. Jadeante,
introduce su lengua en mi oreja, toma mi pezón entre sus
dedos y lo pellizca haciéndome explotar en un delicioso
orgasmo. Nunca en mi larga vida sexual tuve un orgasmo de
esta manera. Damián me coge en brazos, me lleva a la
habitación, me tumba en la cama y empieza a distribuir besos
y caricias por todo mi cuerpo, llega a mi ombligo se incorpora,
me mira y me dice:
—Ya conozco tu rico olor, ahora probaré tu sabor —Dicho
esto, ataca mi sexo chupando mi clítoris, introduce su lengua
en mi canal sintiendo la prueba de mi placer en su lengua.
Jadea por la satisfacción de saber que él es el responsable de
mis gozos.
—Sabes tal y como yo me lo imaginaba. Deliciosa.
Sigue con su saqueo llevándome a otro orgasmo, sin que
yo este recuperada, se pone un condón y me penetra. Gimo al
sentirlo entrar en mí cuerpo, sus embestidas son demoledoras
y no me da tregua, de su boca salen palabras inconexas, me
está poseyendo como si fuera la última mujer en la tierra me
muerde el cuello y sigue bombeando como si no hubiera un
mañana, al ver que está cerca de correrse me cambia de
postura poniéndome a cuatro patas, con una mano agarra mi
azul y corta melena, con la otra, me sujeta por la cintura y me
penetra hasta lo más recóndito de mi cuerpo, su miembro toca
lo más profundo de mi ser, estoy experimentando sensaciones
totalmente desconocidas para mí, Damián es un dios del sexo,
me da una nalgada, seguro que tendré sus dedos marcados en
mi culo y no me importa. No quiero que este momento se
acabe.
—Córrete para mí, en mi polla. —No le hace falta
repetírmelo, su voz dominante y a la vez sexi me hace
explotar. Me fallan las fuerzas y mi cuerpo se desploma en la
cama, arrastrando conmigo a Damián que me aplasta.
—Quita, me aplastas —digo entre susurros.
—No…, estoy muy a gusto así —dice con voz melosa.
Me da dos estocadas más. Me da un beso y se gira
liberando mi cuerpo.
Estábamos tumbados mirándonos el uno a lo otro sin decir
nada no sé durante cuánto tiempo, hasta que él me da un beso,
se levanta, me desea buenas noches y se marcha dejándome
sola. Nunca he deseado dormir con nadie, con los que
compartía cama era consecuencia de una noche de placer, sin
embargo, por la mañana uno de los dos ya se había marchado
y me sentía maravillosa. No obstante, ahora mismo me siento
sucia, asqueada, acabo de tener uno de los mejores sexos de mi
vida, pero tal y como él me dijo en varias ocasiones, yo seré
suya y él hará con mi cuerpo lo que le plazca, y es lo que
acaba de hacer, usar mi cuerpo a su antojo y marcharse.
Me levanto, voy al baño a darme otra ducha, pues ahora
mismo me siento inmunda, me quedo bajo la ducha no sé
cuánto tiempo. Cuando salgo y llego a mi habitación, me
encuentro con las llaves y el código del panel del ascensor
encima de la cama, los meto en mi bolso y me tiro en la cama.
Una vez más me pregunto: ¿cómo he llegado a esta situación?
Capítulo 17

Después de casi diez horas de vuelo ya estoy en suelo


americano, menos mal que no tengo problemas en
inmigración. Pues con la estricta política de extranjería que
tienen, os confieso que me moría de miedo, pero soy una de
las afortunadas que paso sin ningún tipo de problemas.
Me acerco al hotel a dejar las maletas, al entrar, me quedo
impresionada con el tamaño de la «habitación», es enorme,
cuando lo reservé, vi que era un cinco estrellas, si no fuera por
la urgencia jamás hubiera cogido este, hubiera buscado algo
más económico, pero jamás me habría imaginado que fuera así
de bonito y lujoso. Descubro con estupor que la habitación
tiene un salón con una enorme televisión, me da a mí que no
entraré aquí para nada, echo un vistazo rápido en el precioso
decorado, salgo, cierro la puerta que separa la habitación de la
salita, me cambio y voy directa al hospital. Me entra la risa
cuando enciendo el móvil y veo que hay docenas de llamadas
de mi padre y hermano, seguro que estaba sentada en el avión
en el aeropuerto de El Prat y ya me estaban llamando para
saber qué tal va todo, ¡no son agonías ni nada!, y bueno, de las
otras llamadas prefiero no comentar, pasé una noche de perros
y un despertar de desgraciados, pero como siempre digo, al
mal tiempo, buena cara. Así que nada, Nuria puede con esto y
con más.
Al llegar al hospital tengo que desempolvar mi inglés, que
debe de ser horrendo, digo esto a juzgar por la cara de la
recepcionista, ¡vaya pocas ganas pone la tía!, pero que se
fastidie, estoy pagando una verdadera fortuna para estar en
esta clínica, así que si no me entiende que se busque un
traductor simultáneo. ¡Ya han pasado más de diez minutos y la
desgraciada esta no termina de contestarme lo que quiero
saber, lo único que me dice es: «Sorry, I don´t understand
you!». ¡Será zorra la tía! A cualquiera que llega al mostrador
lo atiende antes que a mi. Ella simplemente me ignora y se
centra en otra persona, pierdo mi paciencia y grito en
castellano.
—¡Atiéndeme de una puta vez!
—Fuera… —pronuncia en un perfecto castellano seguido
de—: Security.
De la nada aparecen dos armarios empotrados, se
posicionan cada uno a un lado de esta raquítica mujer, al lado
de estos gigantes que me flanquean, tal y como sale en las
películas. Y con cara de quien se comió una caja de limón me
invitan a que los siga fuera de la clínica, yo no doy crédito,
¿cómo puede haber gente así en el mundo? Si esta mujer,
aunque está operada de arriba abajo, es latina, habla castellano
perfectamente, ¿por qué me trata así? Intento
desesperadamente explicarles que tengo un familiar ingresado,
pero para mi desgracia ellos sí que no hablan castellano y mi
nervosismo me imposibilita hacer uso de mis siete años de
estudios en una academia. Los dueños si me ven ahora, siendo
ellos nativos, niegan a pies juntos que fui su alumna. Cuando
ya me hago a la idea de que veré mi culo plantado en la acera
de enfrente, unas fuertes manos me arrancan de enmedio de
estos dos gigantes. Me echo hacia atrás en busca de mi
salvador y descubro a Carlos con cara de pocos amigos, que
les echa una señora bronca.
El tío me planta un besazo en toda la boca, me coge de la
mano y se presenta conmigo delante de la recepcionista, que
nos mira con cara de espanto; me presenta como su novia y le
avisa de que tengo la entrada autorizada, bueno, qué os voy a
contar, estoy como vosotros, ¡a cuadros!, no entiendo nada,
pero nada de nada, la mujer me fulmina con la mirada, pero no
dice ni una palabra. Carlos me arrastra por las instalaciones
hospitalarias, por el camino me va explicando que la niña ya
ha empezado a recibir el tratamiento, que en el vuelo tuvieron
una pequeña complicación. Al oír la palabra complicación me
paro en medio del pasillo, él rápidamente me tranquiliza
aclarando que le subió mucho la fiebre, pero nada más
descubrirlo le administraron antibióticos y la tuvieron
monitorizada, solventando con éxito el problema. Es pronto
para hacerme ilusiones, no obstante, me encantó oírle decir
que si ella tolera bien el tratamiento y le hace el efecto
deseado, dentro de una semana como mucho ya estará
despierta, pero por ahora está en un coma inducido, estas
palabras encogen mi corazón, pero como siempre, Carlos se
apresura a explicarme con todo lujo de detalles los
procedimientos y los beneficios de tenerla así, no es que me
convenza mucho, pero qué voy a hacer, empezar a discutir no
me llevará a nada.
Ya llevamos aquí cinco días y Eva no responde al
tratamiento, solo me muevo de aquí para ir al hotel, asearme y
volver, ahora mismo no tengo nada de vida, mi teléfono está
que echa humo. Damián no deja de llamarme, pero no tengo
ganas de hablarle, sé que no debería de ser así, pero me siento
dolida por la manera en que me trató, no es que haya sido
descortés conmigo después de la primera vez, pero que se haya
ido sin mirar hacia atrás me afectó; para mí está siendo muy
duro hacerme la idea de que soy su puta. Y para completar mi
mala situación, tengo el problema añadido de que Carlos me
trata como si fuésemos novios, donde puede me abraza y me
besa, menos mal que él aquí conoce a todo dios y está
trabajando las veinticuatro horas del día, pero no deja de
repetir que tan pronto como consiga tiempo libre, tendremos
nuestra primera vez en condiciones, y cobarde de mí que no
soy capaz de decirle que eso no va ocurrir, madre, el hombre
está como un queso y encima me trata como a una reina. ¡Se lo
voy a decir, os lo juro!, pero no en el pasillo de un hospital, él
se merece una explicación en condiciones.
Hace quince días que estoy encerrada en este hospital y
Eva no da signos de despertarse, ya le retiraron la sedación,
ahora es cuestión de que su pequeño cuerpo reaccione, pero
los médicos me aseguran que ella está respondiendo bien al
tratamiento. Entre todos me animan a que salga a dar una
vuelta por la ciudad, Carlos no deja de repetir que no puedo
haber estado en Florida y no haber salido a conocer Universal
Studios, sin haber ido a dar un paseo por South Beach. Tanta
es su insistencia que acabo cediendo y le hago caso, me voy al
hotel, me ducho y voy a dar una vuelta y conocer un poco todo
esto. No obstante, dejo a todos amenazados de muerte si no me
avisan si Eva despierta, quiero que me informen de cualquier
cambio que presente.
Nimay me envía un correo informándome de todo sobre la
fundación y la empresa, por fin una buena noticia, aunque
llega con unos días de retraso, pero a nadie le amarga un dulce.
Uno de nuestros mejores benefactores ha ingresado una buena
cantidad en la cuenta de la fundación, saldando parte de los
descubiertos que teníamos. Aunque en cuanto regresara a
España los iba a saldar. Mi paseo se vuelve aún más agradable,
en mis labios se instala una sonrisa que me es imposible
borrar, Eva, según los médicos, está mejorando, los problemas
financieros de la fundación ya empezaron a solucionarse y mi
abogado tiene a la familia de mi niña bajo control. No pido
más.
Estoy deambulando distraída por las calles de Florida
disfrutando del paisaje cuando alguien me abraza por la
cintura y me besa el cuello, por el olor se perfectamente quién
es, sus manos acarician mi barriga, sus labios se posan en mi
cuello y deposita sobre él suaves y tiernos besos. Me revuelvo
liberándome de su agarre, me giro y me encuentro con su
penetrante mirada, su boca se posa sobre la mía y me besa con
deseo, y hasta anhelo diría yo. La sorpresa da paso a la lujuria,
no soy de hierro, correspondo el beso, que se hace
interminable. Cuando nos separamos en sus ojos hay deseo.
Sin decir una sola palabra, toma mi mano y me arrastra con él,
quiero decirle que pare, hacerle mil preguntas, como por
ejemplo: cómo sabía el lugar exacto en el que me encontraba,
qué hace aquí y no trabajando, pero las palabras no salen, su
deseo por mí es tal que cuando entramos por la puerta de mi
hotel, se para, me agarra por la cintura y vuelve a besarme,
tengo que ser fuerte y determinante, no soy un juguete al que
pueden encender y apagar cuando les venga en gana.
Estar aquí en sus brazos me va a traer problemas. Mi
situación «laboral» con Damián me deja a su merced, sin
embargo, no hay nada que pueda hacer. Es un mal necesario al
cual yo accedí y por ello tengo que ser consecuente con mis
decisiones. Con delicadeza, poso mis manos sobre su pecho y
lo aparto, le miro a los ojos, son tan bonitos, abro la boca y
otro beso me deja fuera de combate, con delicadeza intento
apartarlo, me imagino que estamos dando todo un espectáculo
en el hall del hotel. Siento una mirada en mi nuca, interrumpo
el beso, en este momento empiezo a escuchar los aplausos, me
giro y me quedo helada con lo que veo.
—¡Muy bien, Nuria!, veo que ya has cerrado tu contrato.
Este será el nuevo tonto que te pagará una millonada para
follarte, no sin antes pagarme la cláusula de recisión.
—Damián, déjame…
—Cállate, solo explícale que si no desembolsa una buena
suma va a tener que esperar un tiempo largo, porque durante
dos años tú serás mía, te he pagado lo suficiente para exigir
que solo yo te folle.
Carlos se aparta de mí, me echa a un lado, se acerca a
Damián y le da un puñetazo en la cara.
Damián no le devuelve el golpe, solamente lo mira con
cara de indiferencia y empieza a atacarle verbalmente
diciéndole.
—Comprendo tu enfado, ella finge bien en la cama.
Carlos va otra vez para darle, pero lo detengo, el
espectáculo que estamos montando empieza a llamar
demasiado la atención. Cojo a mi «amigo» por el brazo.
—No merece la pena —digo con pesar. No quería que él
pasase por esto.
—¿Aceptaste esto para…? —le pongo un dedo en los
labios para callarlo, lo último que deseo ahora mismo es que
este desgraciado se entere del porqué acepté su asquerosa
propuesta. Soy consciente de que no está bien que yo haya
permitido que Carlos me besara, que para mi desgracia tengo
un compromiso con este hombre y durante dos años no tengo
el control de mi vida. Ahora decidme de verdad, qué mujer en
mi situación se ve obligada a acostarse con una persona que la
trata como él me trata y tiene delante a un Carlos que está
pendiente de ella, de que Eva y yo estemos bien. Si Damián
me hubiera permitido explicarme, le habría dicho que estaba
intentado decirle que tengo un compromiso.
—Anda, vamos a mi habitación, quiero hacer uso del
servicio por el que he pagado.
—¿Por qué no me lo has dicho? Yo te hubiera ayudado —
Se me escapa una solitaria lágrima que me apresuro en
eliminar de mi rostro y le contesto.
—Ya me ayudas más de lo que me merezco.
—¿Vas a tardar mucho? Estoy cachondo.
—Eres deplorable, no me extraña que ella te mire con
desprecio.
—Carlos, ve y cuida de todo por mí. —Desgraciadamente
no sé cuándo voy a poder ir a la clínica, pero estoy tranquila
porque sé que él está allí.
—O subes ahora o me devuelves todo el dinero que te he
dado. —Lo miro con odio, me giro, doy un beso en los labios
a Carlos y salgo caminando en dirección al ascensor. Entro en
mi habitación con Damián pisándome los talones, no le miro
siquiera, hago el trayecto de siempre desde que estoy aquí, me
voy directa al baño y me encierro dentro, una vez en soledad,
cojo la toalla de mano la meto en la boca la muerdo y grito,
grito de frustración, impotencia y rabia, el maldito dinero da el
poder a quien no se lo merece.
Me ducho y salgo a su encuentro algo más relajada, entro
en la habitación envuelta en un esponjoso albornoz, pero mi
relajación se esfuma al encontrarme a Damián desnudo en mi
cama.
—Anda, ahora que ya has eliminado los restos de otro
hombre de tu cuerpo, túmbate con la cara metida en la
almohada, y no emitas ningún sonido, no quiero oírte, solo
quiero follarte.
Me quedo mirándolo a ver si veo signos de que lo que
acaba de decirme es una broma pesada, pero no es así, lo que
sigue es todavía peor, Damián empieza a tocar su sexo
mirándome con cara de asco, como si yo fuera una cualquiera,
y de la nada me grita que me tumbe. Tengo ganas de
levantarme y darle una hostia, pero soy consciente de que no
puedo hacer esto, no tengo como pagar lo que he gastado. Tal
y como él me ordena, entierro mi cara en la almohada, y
espero una penetración que no llega, sé que él está jugando
conmigo, pero no entraré en su juego, aunque tenga que salir
de esta posición rompiendo mis huesos no me voy a mover.
Después de no sé cuánto tiempo, siento la cama hundirse,
me preparo psicológicamente para recibirlo, pero nada, mis
extremidades me empiezan a doler pero aquí sigo, ya no soy
consciente de cuánto tiempo llevo así, empiezo a escuchar su
respiración más agitada, sus jadeos, pero pese a su audible
estado de excitación sigue sin tocarme, Damián acerca su
miembro a mi culo de manera que el movimiento de vaivén de
su mano toca mis nalgas, sus gemidos van subiendo de tono,
pasa su dedo por mi sexo certificándose de mi estado de
excitación, muerdo la almohada para que de mi boca no salga
ningún sonido, pues su provocación está surtiendo efecto, me
estoy volviendo loca, siento como mi sexo se contrae. Muerdo
más fuerte la almohada, controlo los espasmos de mi cuerpo
para que él no sea consciente de mi estado. Empieza a decir
cosas sucias, me dice todo tipo de obscenidades, el
movimiento de sus manos se vuelve más veloz, entre jadeos
dice mi nombre y acerca su miembro a mi sexo. Me muerdo el
labio para no implorar que me penetre, juega conmigo, sus
gemidos van cada vez a más. Inconscientemente, muevo mi
cuerpo buscando el suyo. Damián se aparta y me dice que le
hubiera encantado haber compartido su placer conmigo, estar
dentro de mi coño, morder mis firmes pechos, sentir como mi
sexo comprime el de él cuando me voy a correr, su tortura es
tal que no soy capaz de controlar el temblor que sube por mi
cuerpo, cuando Damián percibe que estoy donde él quiere, se
acerca a mis nalgas y se corre dejando su semen esparcirse
sobre mi cuerpo, pasa el dedo sobre mi sexo lo huele
exageradamente para que yo sea consciente de su obsceno
gesto, se levanta, recoge sus pertenencias y se marcha
dejándome aquí, excitada y frustrada. Una vez oigo como la
puerta se cierra, grito llamándolo de todo, ¿cómo puede ser tan
hijo de puta? Retengo las lágrimas que se acumulan en mis
ojos, una vez más reúno mi dignidad y me voy a dar otra
ducha, esta vez fría para bajar el calentón. Porque como que
me llamo Nuria Valdez Echavarría que no me voy a tocar
pensando en este desgraciado.
Capítulo 18

Desde que he llegado aquí es la primera vez que paso tanto


tiempo en esta habitación, me visto con un chándal y me dirijo
al salón, el cual no había vuelto a pisar, ya que solo entraba
aquí para ducharme y dormir. Al llegar a la estancia, me quedo
impresionada con lo que me encuentro, no hay donde posar un
vaso, todos los espacios encima de los muebles están ocupados
con jarrones con enormes ramos de flores. Me llevo la mano a
la boca de la impresión, hay flores de varias clases y colores,
todas adornadas con preciosos lazos y acompañadas de una
tarjeta a juego con el mismo. Me acerco a uno de ellos y cojo
la tarjeta.

«Te echo de menos, vuelve pronto».


D. W.

Boquiabierta giro la tarjeta, miro la fecha y descubro que


es de hace siete días. Me acerco a otro jarrón que la flor ya
está marchita y cojo otra tarjeta:

«Me hubiera gustado que no te hubieras ido,


pero sé que tienes tu vida.
Suerte con tu contrato.
Te esperaré».
D. W.
«Seguramente te enfadarás conmigo.
Me he tomado la libertad de cambiar tu habitación
por una más confortable. Lo que necesites,
solo tienes que decírmelo.
Haré lo que quieras con tal de ver tu
sonrisa».
D. W.

¿Cómo no me he dado cuenta de que esta no era la


habitación que había reservado? Solo ahora que miro
alrededor caigo en la cuenta de que yo no la reservé, el precio
de una noche aquí debe de costar más de lo que yo gano en
una noche de trabajo. Desisto de dar vueltas a cómo descubrió
dónde me hospedo y todo lo demás. Es inútil.

«Me hubiera encantado poder pasar esta


fría noche contigo.
¿Qué tal te fue el viaje?
Llámame para decirme que estás bien».
D. W.

¡Dios…!, ¿dónde me he metido. ¿A qué viene esto ahora?

«Nuria, ¿por qué no me coges las llamadas?


Puedes, por lo menos, decirme si estás bien y que
te gustan las putas flores».
D. W.
Uff, aquí ya empieza a ser el Damián que conozco, hay
muchas tarjetas, no las leeré es mejor para mi salud mental.
¿Qué lleva ese hombre a portarse así? A ratos es dulce y
cariñoso y a otros es lo peor que he conocido en mi vida.
Un ramo excesivamente grande me llama la atención, me
acerco, huelo las flores, unas orquídeas de color azul
preciosas. La cotilla que vive en mí hace su aparición estelar y,
sin pensarlo mucho, cojo la tarjeta.

«Sé que sonará a locura, pero necesito verte. Llegaré


mañana, me muero por besarte, sé que es de locos,
pero es lo que siento. De paso, hago unas visitas
sorpresa; nunca está de más pillar a la gente
desprevenida. Dile a tu futuro jefe que durante dos
días serás secuestrada. Sin rescate.
No veo la hora».
D. W.

«Mierda, mierda y mierda», grito enfadada conmigo


misma. Vaya si ha pillado a la gente desprevenida, y lo peor es
que una de ellas he sido yo. Él venía en son de paz, si yo lo
hubiera sabido, todo lo que pasó se podría haber evitado,
Damián me había avisado. Argg, ¿ahora qué hago, como
soluciono eso? Yo no quiero tener nada con Carlos, no debería
haber dejado que las cosas llegarán a ese punto.
Desgraciadamente, tengo que reconocer que él tiene motivos
para enfadarse, pero las flores y sus mensajes no borran lo que
me hizo. Necesito ocupar mi mente con otra cosa que no sea
Damián.
Llamo al hospital para saber el estado de salud de mi
pequeña, y las noticias no son buenas ni malas, simplemente
son las mismas, su cuadro no ofrece cambios, pregunto por
Carlos y me dicen que está asistiendo a una cirugía y que ha
dejado un recado para mí pidiendo que cuando pueda lo
llamara, pero sintiéndolo mucho no lo haré, no tengo ganas de
darle explicaciones ahora.
Mi estómago me recuerda que no he comido nada, pido
algo de comer en la habitación, todavía estoy vestida con el
chándal y seguiré así lo que queda de día, solo me lo quitaré
para meterme en la cama a dormir. Al cabo de media hora,
llaman a la puerta y cuando abro allí está mi pesadilla, limpio,
guapo y fresco, como no le puedo cerrar la puerta en la cara,
me giro dejándolo allí parado, solo en compañía del empleado
del hotel, que no sabe cómo proceder, pero sabéis qué os digo,
¡que me importa un rábano!, me siento en la salita, enciendo la
tele y me pongo a ver un culebrón de estos que a casi todos los
hombres les revuelven el estómago y los deja locos, lo pongo a
todo volumen y lo ignoro, siento cuando la puerta se cierra y
me imagino que será el chico que me trae la comida
marchándose, pero no me giro a mirar, antes me muero de
hambre, este cabrón ya ha tenido muchos momentazos por mi
parte hoy.
—Vengo a invitarte a cenar.
—Me pagas para abrirme de piernas, no para pasear
contigo por ahí como si fuéramos una parejita feliz.
—Tregua, va… —dice con las manos juntas en forma de
súplica. ¡Este hombre solo puede estar jugando conmigo!, no
es posible, me trata como a un animal, me excita como a un, a
un, a un…, mierda…, yo que sé a qué, pero me excita al punto
de dejarme loca, y cuando nota que voy a llegar al clímax se
corre y se va y ahora quiere ir de cena, que se vaya con su puta
madre, porque de aquí no me muevo.
—¿Ya se te ha pasado la rabieta?
—Vete al infierno, no voy a ningún sitio contigo.
—Vale, me quedo aquí entonces.
No le contesto, si se quiere quedar, que se quede, me
centro en la telenovela, hablo con los personajes como si
supiera de qué va, nunca había visto este culebrón, ni sabía
que existía, no obstante, todo vale con tal de desquiciarlo.
Suena mi móvil Damián lo coge y, me quedo sin saber quién
es porque el señorito simplemente corta la llamada, el móvil
vuelve a sonar, yo salto y consigo cogerlo de su mano, lo miro
con cara de odio: es mi hermano. ¿Quién se cree que es?
Hablamos unos minutos que me valen de mucho, Nicolás es el
mejor hermano del mundo. Hablo con la razón de mi vida, ella
no hace más que repetir que me echa de menos y preguntarme
cuándo vuelvo, le digo que le llevaré muchos regalos, la muy
brujita vuelve a recordarme el bolso que quiere igual al mío,
pero ella va esperar sentada hasta que cumpla los veinte y
pueda utilizar el mío prestado, no voy pagar el dineral que
cuesta este bolso para que la niña juegue con el y lo llene de
chuches, me río con Nerea contándome sus aventuras con su
novio, me pide un regalo para él, le digo que no, y va el
cabronazo que tengo al lado, se acerca al móvil y le dice que él
se lo lleva. En el mismo momento, la voz de mi sobrina deja
de sonar contenta y empieza a interrogarme:
—¿Que hace él ahí?
¿Y qué le digo ahora?
—Nerea, mi amor, ha sido una coincidencia, estamos
alojados en el mismo hotel.
—Yo no te quiero con él, Damián no te merece.
La madre que la parió, ¿cómo puede con tan solo ocho
años haber calado a este?
Estoy intentando tranquilizarla cuando Damián arranca el
móvil de mi mano y empieza a hablar con mi sobrina. Claro, él
habla con ella como si ella fuera mi hija. Estoy alucinando en
colores al oírlo pedirle perdón por haberse portado mal
conmigo y haberla hecho llorar, hay que ver cómo se
transforma el tío cuando trata con los niños, si no lo veo, no lo
creo, solo sé que al fin se camela a mi sobrina y ambos
terminan riéndose, él le promete algo que por supuesto
ninguno de los dos me va a decir se despiden y me entrega el
móvil. Yo con la boca abierta vuelvo a hablar con Nerea, pero
la cosa no se queda ahí, ella me manda poner el manos libres,
me niego y ella insiste, le pregunto para qué, más que nada
porque la temo, pero no me dice el motivo, solo me insiste a
que le haga caso. Con la batalla perdida y teniendo que
soportar la sonrisa victoriosa de Damián, acato su orden.
Entonces ella, con su vocecita de niña, va y le dice en mis
narices.
—Tito Damián, yo te dejo ser el novio de mi mamá, pero
si la haces llorar o quedarse triste te daré una patada, pero esta
vez en aquel sitio donde mi novio dice que duele mucho. —Yo
no aguanto y suelto una carcajada, la cara de Damián no tiene
precio, intento recuperarme para hablar con mi angelito, hago
ejercicios de respiración para tranquilizarme y le pregunto:
—¿Qué es eso de que tu novio te dice que no le pegues allí
que le duele mucho?
—Yo le pegué en las bolitas cuando hizo el tonto.
—¿Qué quieres decir con que hace el tonto?
—Anda, mamá, cuando la espabilada de Noa me lo quiere
quitar. —Madre mía qué hago, qué digo, mi sobrina nunca
deja de sorprenderme—. ¿Qué significa eso de espabilada?
—Uff, se supone que los adultos sabéis más que los niños.
Es cuando una niña se ríe para un niño que tiene novia, que es
el caso.
No puedo más, entrego el móvil a Damián y salgo
corriendo al baño, ¿quién le enseña estas cosas a mi sobrina?
Seguro que es alguna de las niñas mayores de la fundación,
otra explicación no la hay. Vuelvo y encuentro a un Damián
sin color, nada más verme me entrega el móvil y sale diciendo
que vuelve en diez minutos, de algo valió la locura de mi
sobrina. Hablo con ella, le riño por haber golpeado a su novio,
eso no está bien en ambos sentidos, escucho su historia de
amor, puedo escuchar a mi hermano riñendo a la niña y su
madre diciendo que la deje en paz. Él que decía que no quería
que su hija fuera como yo, pues muy bien, ella no es como yo,
es peor. Cortamos la llamada con la promesa de que
hablaremos mañana. Aprovecho que estoy sola, miro quién ha
llamado y veo que es el número de Carlos, lo llamo, él me lo
coge al segundo tono ya diciéndome que no me preocupe, que
todo sigue igual y charlamos unos minutos, él me cuenta que
tenía la esperanza de vernos hoy, pero que ya sabe que es
imposible. No sé cómo, pero este hombre tiene la llave de mi
habitación, al verlo entrar me despido de mi amigo y cuelgo,
no tengo ganas de más problemas.
Damián todavía no está recuperado del efecto Nerea, yo lo
miro y empiezo a reírme en su cara, él me mira serio durante
unos segundos, pero al final sucumbe y se carcajea, nos reímos
tanto con las ocurrencias de mi sobrina que nos duele la
barriga.
—Tu hija da miedo, me da pena su pobre novio.
Sí que asusta lo espabilada que es, pero mira, mejor así a
que sea la tontita que todos ningunean. Y ella desde bebé
siempre fue espabilada, seguro que muchos la llamarán
maleducada, sin embargo, nadie en casa habla o se comporta
de manera inadecuada delante de ella, es un tema que no nos
tomamos a la ligera, ella es muy pequeña para unas cosas y
demasiado madura para otras. Damián aprovecha el momento
de relax para volver a invitarme a salir a cenar, pero lo único
que consigue es cortarme el buen rollo. Le contesto que no
voy a ningún sitio con él, el muy cínico pregunta si entonces
puede dormir en mi habitación, vamos que este ha fumado
bajo el sol y le afectó seriamente a la chaveta. Porque no paso
una noche con este en la misma cama aunque él me ofrezca el
triple de lo que me va a pagar, y mira que estamos hablando de
varios ceros.
Como él ve que no me voy a mover de mi habitación, pide
que nos traigan la cena, ya que ha devuelto la que yo había
pedido.
La comida llega muy rápido, nos ponen la mesa con todo
lujo de detalles. Sin embargo he perdido el apetito, todo es
muy incómodo, estamos compartiendo espacio sin dirigirnos
la palabra. Yo ni lo miro, él, por su parte, no me quita el ojo de
encima.
—Nuria, perdóname.
No me molesto en contestar porque sé que esta será
nuestra tónica, él me va a herir y después pedirá disculpas, y
yo seguiré aquí, no porque quiera, sino porque no tengo cómo
librarme de él ahora mismo, solo tengo dos salidas, que él se
canse rápido de mí o que me toque la lotería, no veo factible ni
lo uno ni lo otro, este hombre está obsesionado conmigo, y la
lotería si jugando ya no toca, sin jugar menos todavía, y sobra
decir que no juego. Damián se levanta y se acerca a mí, pero le
paro antes de que alcance su objetivo, tengo la imperiosa
necesidad de hacerle daño.
—No me toques si no es para hacer uso de los servicios
para los que me has contratado —digo con los brazos tendidos
creando una barrera entre él y yo—. ¿Quieres que me vaya a la
cama y te espere con las piernas abiertas y la cabeza tapada?
—Sé que me lo merezco. —Sus ojos se ponen vidriosos—.
Este no era el plan, lo siento de verdad, mañana volveré a
Barcelona, te esperaré allí y te demostraré que no soy la
persona que tú imaginas —dice esto y sale por la puerta, al
contrario de lo que pensaba al principio, no me he sentido bien
haciéndole daño, yo no sirvo para esto, cada vez valoro más
mi soltería, a los hombres les encanta decir que las mujeres
somos seres complicados, ¡anda que ellos!
Damián cumple su palabra, por la mañana, cuando me
suben el desayuno, también me traen un sobre y una cajita, que
desde luego no abro, me imagino que debe de ser un regalo y
no quiero nada que venga de él.
Abro el sobre y me sorprendo con lo que leo, sus palabras
realmente parecen de arrepentimiento, pero no bajo la guardia,
este hombre es muy inestable, y lo que ahora es un perdón, en
cuestión de segundos puede ser el más doloroso de los
insultos. Así que iré con pies de plomo.
Llego al hospital y lo primero que veo es a la recepcionista
que no sé qué le pasa conmigo, pero esta mujer me odia, como
ya llevo aquí más de veinte días casi todos ya me conocen, la
ignoro y voy directa a ver cómo está Eva, pero antes de llegar
hasta ella me aborda uno de los médicos que me cita en su
consulta, le pregunto si antes puedo ir a verla.
Una vez me aseguro de que todo sigue igual, me encamino
a donde me han citado, llego a su consulta y allí me encuentro
con tres médicos más, entre ellos está Carlos. Al ver sus caras
me desespero, no porque sean de espanto, todo lo contrario,
sus caras son totalmente inexpresivas. Me dicen que tome
asiento, miro a Carlos esperando a que por lo menos él me
diga algo, pero nada, creo que estos hombres fueron juntos a
terapia de relajación corporal, porque es imposible intuir nada.
El médico responsable del tratamiento de Eva insiste que
me siente, una vez lo atiendo empieza a contarme que su
cuadro no presenta ningún tipo de resultado ni para mal ni para
bien, y que esto nunca había pasado, pero que no me preocupe.
«¡Este hombre es tonto, me suelta todo esto y después me pide
que no me preocupe!». Carlos, al ver mi cara, se acerca a mí
para intentar explicarme que es un procedimiento normal para
que los familiares estén al corriente de la situación del
paciente y que en el caso de Eva más todavía, No entiendo el
porqué de este último comentario, pero lo dejo pasar. Debería
haber reaccionado.
Después de pasar más de media hora escuchando todas las
explicaciones de los próximos procedimientos, voy a la
cafetería a tomar algo e intentar relajame, cojo mi móvil y me
encuentro con un mensaje de Damián, dudo si leerlo o no, pero
como soy una mujer sumamente curiosa abro el mensaje, y me
quedo con la mandíbula desencajada con lo que leo.

«Nuria.
Perdóname, he sido un cabronazo, me siento muy mal por
la forma en que te he tratado todo ese tiempo.
No soy así, pero no sé qué me pasa contigo, cuando quiero
darme cuenta, ya me estoy comportando de una manera de la
que nunca me he comportado con nadie. Sé que deseas no
verme más, así que eres libre, doy por saldada nuestra deuda,
coge el dinero depositado en tu cuenta como una
indemnización por todos los desplantes que te he hecho. Me
hubiera encantado que las cosas entre nosotros hubieran
ocurrido de otra manera, pero desgraciadamente con cada
negativa por tu parte más me obsesionaba y se me fue de las
manos. Me siento el peor hombre sobre la faz de la tierra, lo
único que te pido es que le compres el bolso a la terremoto de
tu hija, no quiero tener que andar por la calle mirando por
encima del hombro por miedo a encontrarme con una enana
asesina.
Besos, siempre tendrás un lugar especial en mi corazón.
D. W.».

Debería sentirme muy feliz y, sin embargo no es así, no me


siento libre, algo dentro de mí me dice que esto, por más que
me suene sincero, no es un adiós, y la verdad es que no sé
cómo describir mis sentimientos, otra persona en mi lugar
estaría dando saltos de alegría. No obstante, me siento fatal, sé
que por mi orgullo lo pasaré muy mal. Intentaré centrarme en
el lado positivo de todo esto, me repetiré una y otra vez que
todo esto me compensará si Eva se cura.
Capítulo 19

Estoy leyendo un cuento a Eva cuando ella empieza a tener


convulsiones, me vuelvo loca, empiezo a gritar pidiendo
auxilio. Los médicos dijeron que es normal, que fue solo un
susto, en cuestión de minutos ya la tenían controlada, no en
tanto ahora no soy capaz de dejarla sola, acabo de contratar a
una enfermera externa para acompañarla cuando no este, y las
malas noticias no sé quedan ahí. Carlos me avisa de que tiene
que volver a Barcelona, ya que se acaban sus días de
vacaciones, él, al ver mi reacción, habla de pedir una
excedencia y seguir aquí conmigo, pero no es justo, él tiene su
vida y no la puede abandonar para estar aquí haciéndome
compañía, y para empeorar la situación, en un par de
ocasiones me besó y yo le correspondí, no me sentí culpable,
puedo hacer lo que me da la gana, ya estoy liberada de mi
deuda. Lo malo es que no he sentido nada, mi cuerpo no se
encendió como las primeras veces y él, como hombre listo que
es, se dio cuenta y no volvió a intentarlo, tampoco dijo nada.
Así que lo mejor es que se vaya, cualquier persona con dos
dedos de frente ve que cada día que él pasa a mi lado se siente
más atraído por mí y si antes no era mujer de compromiso,
ahora menos todavía, Carlos es un buen hombre y se merece
ser feliz, cosa que conmigo nunca podrá ser ni él ni ningún
otro hombre, vine a este mundo para ser una alma solitaria.
Él me asegura que la niña estará en manos de los mejores
médicos y me pide que le acompañe al aeropuerto dentro de
unos días. Aunque egoístamente apenada por su marcha, le
digo que encantada.
Estamos en el aeropuerto, nuestra despedida es la de dos
amigos que se quieren de verdad, si pudiera escoger un
hombre de quien enamorarme, él sería el primero y único de la
lista, pero entre que no pienso tener una relación estable con
nadie y que todavía no sé cómo voy a hacer con relación a la
deuda, mejor no jugar con los sentimientos de este maravilloso
hombre. Lo veo pasar por control de aduanas y me marcho a
coger un taxi con destino al hospital, ojalá las cosas sigan
como antes. Cambio de idea, antes de marcharme decido
tomar un café, necesito cafeína para activarme a tope, no sé
qué me espera de aquí en adelante, ya no tengo la protección
de mi amigo.
Estoy sentada leyendo el periódico, disfrutando del café
aguado del aeropuerto cuando siento que alguien se sienta
delante de mí, antes de seguir con mi lectura,
disimuladamente miro a los lados para cerciorarme de que no
había mesas libres, mi sorpresa es ver que casi todas lo están,
lo que me hace llegar a la conclusión de que es uno de estos
pesados queriendo ligar, si me hubiera pillado en otra ocasión
ya estaríamos dándonos el lote, pero ahora mismo Nuri esta
fuera de servicio.
—Parece interesante. ¿Qué lees?
¡Madre mía! Esta voz la conozco. Bajo el periódico a
cámara lenta por miedo a lo que encontraré al otro lado, zasca,
allí esta él, con su sonrisa perfecta, perfectamente despeinado,
con su barba sexi, mierda, ¿por qué tiene que ser tan
asquerosamente perfecto?
—Hola, leo el horóscopo. No te hacia aquí.
—También me alegro de verte, ¿qué te reservan los astros
para hoy? —comenta con una sonrisa en los labios.
Madre qué maleducada soy, el hombre me escribe casi a
diario, está siendo educado y yo ya al ataque, «Nuri, guarda
las uñas». No me vengas ahora, conciencia.
—Perdona, es que no esperaba encontrarte aquí.
—¿Me creerías si te dijera que yo a ti tampoco? —me dice
con esa sonrisa perdona vidas.
—¿Se puede saber a qué vienes?
—Por trabajo —afirma gesticulando con las manos por lo
obvio de la contestación.
¿En qué trabajará este hombre? Tengo curiosidad, es que
no sé absolutamente nada de él, y no es porque no lo haya
buscado, pero por más que rebusque, en la red no hay nada.
—¿En qué trabajas? —Mierda…, me sale sin que sea
consciente, un día mi curiosidad me va a meter en serios
problemas. Él muy capullo me regala una más de sus preciosas
sonrisas y me contesta:
—Trabajo con muchas cosas, soy un hombre de negocios.
—Y eso es todo, se calla dejando claro que no dirá nada más.
Tomamos nuestro café charlando de tonterías, él me dice que
se quedará en Florida una semana, y que después viajará a
América latina, está pasándolo en grande despertando todavía
más mi curiosidad, el muy engreído ya percibió que en mí vive
una cotilla y está jugando con eso.
—¿De qué vives? —le pregunto.
—¿Qué tal tu contrato? —Me atraganto, pues no tengo una
mentira preparada para eso. Estaba convencida de que no lo
volvería a verlo durante una temporada y mira por dónde no
han pasado ni dos semanas. Por una vez en la vida y por suerte
para mí no está en modo capullo y al ver mi azoramiento
cambia de asunto. Es hora de salir por patas, mejor no tentar
demasiado a la suerte, me levanto para marcharme y él hace lo
mismo.
—Tengo que irme. —Me indica el camino con la mano y
me sigue hasta la parada de taxi, me siento incómoda con su
presencia. Doy gracias a los cielos que no hay cola—. Hasta
otra. —Me despido, me meto en el taxi y doy mi dirección. Me
quedo con cara de tonta cuando lo veo meterse detrás de mí
como si nada.
—Tranquila…, solo compartiremos el taxi. ¡Porque tú así
lo deseas, claro! —contesta socarrón.
Él, al ver que no contesto a sus provocaciones, da la
dirección de su hotel, que no es el mismo que el mío. Eso sí…,
está muy cerca, apenas dos manzanas, pero no es el mismo,
punto a su favor. Durante el trayecto, la conversación es
relajada y distendida. Cuando llega a su destino, antes de
bajar, Damián me sorprende.
—Me gustaría invitarte a cenar.
—Te lo agradezco, pero es mejor que no.
—Una cena de colegas —afirma con las manos en alto. Su
gesto me hacer reír.
—Me lo pensaré y te contesto más tarde.
No aceptaré, sé que sería un gran error.
—¡Por favor, dime que sí!
Implora sin quitarme los ojos de encima. Su mirada es tan
penetrante que me siento como embrujada. Que alguien me
explique por qué quiero aceptar esta maldita invitación. Desde
luego que soy masoquista. Pero a la mierda, yo nunca he sido
una cobarde.
—Solo un segundo.
Digo al taxista que me espere, bajo del taxi me aparto de
Damián, cazo mi móvil en el bolso, llamo al hospital y
pregunto por el estado de Eva, me aseguran que todo sigue
igual, pero que ella está bien. Ilusionada y a la vez
sintiéndome mal por dejarla sola, lucho contra mi lado
protector y me regalo unas horas de relax, o eso espero que
sean. Porque es de Damián de quien estamos hablando.
—Vale, acepto.
—A las ocho paso por ti.
—¿Cómo me visto?
—Te pongas lo que te pongas estarás perfecta.
Me veo con una sonrisa tonta en la cara, este Damián me
gusta, vamos a ver cómo termina la cena.
Aunque sé que Eva está bien, subo corriendo, me quito los
tacones y salgo en dirección al hospital. Me tranquilizan
diciendo que el estado de la niña sigue igual, paso lo que
queda de día allí con ella leyéndole cuentos, le relato lo que
me pasó por la mañana, incluida la invitación De Damián. Me
doy cuenta de que estoy comportándome como una loca.
Llamo a España para saber cómo van las cosas por allí. A las
cinco de la tarde me marcho a prepararme.
Después de revolver mi triste maleta una y otra vez, como
él no me ha dicho qué debía ponerme, opto por un atuendo
informal, además, no tengo dónde elegir. Apuesto por un
pantalón pitillo en color negro, una camiseta básica blanca y
una americana rosa pastel con unas sandalias del mismo color.
Aplico espuma en mi pelo dejándolo a su albedrío y me hago
un maquillaje suave. Estoy repasando el resultado y me llaman
desde la recepción avisándome de que Damián ya está abajo
esperándome. Mi sorpresa es mayúscula cuando llego y con su
sonrisa marca de la casa me entrega un precioso ramo, no sé
qué hacer, yo nunca había recibido flores, no sé cómo va esto,
las que encontré en la habitación del hotel no cuentan, esto que
estoy viviendo ahora es lo más raro que me ha pasado en la
vida. Miro las flores y a Damián, que percibe mi desconcierto
y toma la iniciativa de coger las rosas de mis manos y pedir a
la chica de la recepción que busque un jarrón y las envíe a mi
habitación, no hago alusión a la enorme floristería que tengo
arriba, mejor dejarlo pasar.
—Gracias —le agradezco entre balbuceos. Que alguien me
diga qué está pasando aquí
—¡Estás preciosa! No estoy a tu altura.
—¿Quién es este que tengo delante? —sale de mi boca sin
que me dé cuenta.
Damián se ríe de mi cara de boba, me coge de la mano y
me arrastra fuera del hotel, no digo nada, solo lo sigo. No
salgo de mi asombro, flores, elogios, seguro lo han cambiado o
se ha dado un golpe en la cabeza y sufrido un trastorno de
personalidad.
Llegamos a un precioso restaurante, el sitio es elegante,
acogedor y lo que más me gusta es que no tiene nada de
romántico porque si este alienígena que tengo delante tal y
como me está tratando me lleva a un restaurante romántico,
salgo corriendo. La cena está siendo divertida, se puede una
reír con este hombre, acabo de descubrir que tiene un hermano
y una hermana, que ella es la pequeña de los tres, tiene
veintiséis años que está en Boston estudiando una segunda
carrera, que su hermano tiene veintiocho años está licenciado
en Ingeniería, sin embargo no ejerce su profesión, es un
vividor que anda de fiesta en fiesta, lo que no consigo arrancar
de él es en qué trabaja, da igual cuántas veces y la manera en
que se lo pregunte, él me guiña el ojo, sonríe y cambia de
asunto. ¿Será un traficante? O peor, un asesino a sueldo, eso
justificaría sus viajes por el mundo, madre mía, en mi cabeza
ahora mismo se está montando una verdadera película.
Damián toca mi mano llamando mi atención, cuando lo
miro me regala una sonrisa que me encandila, si me preguntan
diré que la culpa es de las burbujas del champán, todas estas:
risas, miradas y discretos toqueteos están empezando a afectar
la parte baja de mi cuerpo, pero mientras esté vestida quien
manda soy yo… Él me propone salir a bailar alegando saber
que me gusta mucho bailar y hala…, otra vez me pregunto
qué pasa con este hombre.
Vamos a una de las discotecas de moda de Florida, como
sé que él baila muy bien lo saco a la pista a bailar, siento su
cuerpo pegado al mío refregándome su miembro, me río para
mis adentros, eso no pasará así como si nada, a este juego
sabemos jugar los dos. Me giro y empiezo a contonearme
contra él, Damián no está por la labor de cederme terreno,
apoya sus manos en mi cintura y demuestra su contoneo y
enorme erección dando besos en mi cuello, dejándome con la
piel de gallina, nuestro baile a cada minuto que pasa va
subiendo más y más de tono y yo no tengo la menor pretensión
de parar, con descaro refriego mi culo en su miembro, Damián
se acerca a mi oído y me dice:
—Estoy haciendo acopio de todo mi autocontrol, pero si
sigues así, te follaré allí. —Va y me indica la parte de arriba,
pero no veo nada a parte de paredes de cristal.
—¿Y quién dice que quiero que te controles?
Cuando termino de completar la frase, Damián me coge de
la mano y sale arrastrándome entre la multitud. Estamos
subiendo las escaleras y de la nada aparece la morena que
estaba en su piso, ¡esta mujer está en todas partes!, lo agarra y
le da un beso en toda la boca, quita sus manos de las mías, las
lleva a su cuello y él se deja. Los miro sin poder creer lo que
ven mis ojos. Es la segunda vez que me humilla delante de
esta mujer. Pestañeo un par de veces para asegurarme de que
no estoy teniendo una alucinación.
Aprovecho que los dos están dándose un beso de lo más
apasionado y me marcho. Tomo un taxi y voy para mi hotel.
¡Es que soy idiota! ¿Cómo me iba a creer lo bonito que
estaba siendo todo aquello? ¡Los hombres son unos cerdos!
Este desgraciado tiene novia y viene detrás de mí, si pretende
follar conmigo, que tenga el detalle de no llevarme a donde
está ella. Entro en mi habitación, me quito la ropa el
maquillaje y me meto en la cama para no abofetearme, por
tonta, ¿cómo he podido bajar la guardia de esta manera?
Me meto en la cama desnuda, no soy capaz de dormir
pensando en lo imbécil que he sido.
Después de dar mil vueltas, el cansancio me gana y me
quedo dormida.
Me despierto por la mañana con unos brazos rodeando mi
cuerpo, doy un grito por el susto y me siento en la cama, la
persona que está a mi lado se pone de pie de un salto.
—¿Estás loca, mujer?
—¿Qué haces en mi habitación? No, mejor, ¿puedes
decirme cómo coño has entrado? —Pondré una reclamación,
no… una denuncia al hotel, quizás con el dinero de la
indemnización pueda pagar a este desgraciado.
—¿Se puede saber por qué te fuiste?
¿De verdad él me está preguntando eso?
—Vete de mi habitación —le digo intentando no perder los
papeles, no le voy a dar el gustazo de decirme: «¡Estás
celosa!», Una mierda le voy a dar ese placer.
—No iré a ninguna parte, vamos a terminar lo que
empezamos ayer —me carcajeo en su cara.
—Estás loco si crees que me vas a tocar, no soy el segundo
plato de nadie —le digo toda segura de mí.
—Yo me estaba controlando, fuiste tú quien me propusiste
sexo, mi relación con ella es complicada.
—No me interesa, vete follar a otra de tus putas, ya veo
que lo tuyo es eso, pagar para tener sexo del bueno y la barbi
es la que presenta a los orgullosos papá y mamá. Te adelanto
que por más que me pagues no pienso hacer un trío ni mucho
menos satisfacer los deseos de tu frígida novia.
Vale…, ya lo sé, me he pasado tres pueblos. En mi defensa
diré que dentro de mí hay un volcán a punto de explotar. Cada
vez que cierro los ojos veo la escena de él correspondiendo su
beso.
En dos zancadas tengo a Damián delante de mí sujetando
mi brazo y una mirada de odio que nunca había visto en él.
—No sabes nada de mí, si nací en una cuna de oro o no. Te
adelanto que no. Ahora volvamos a la cama para que yo
disfrute de los servicios por los que he pagado.
—Me has liberado de la deuda.
—¡Cambio de idea! Tú solo sabes juzgarme, nunca me
dejas dar mi punto de vista.
—¡Eso me suena! —digo sarcástica.
—Contigo no hay como dialogar.
—Yo no te debo nada, tengo un mensaje que prueba que
me perdonas la deuda.
—¿De verdad quieres ir por ahí? Cuando vas a entender…
Mira, déjalo, ya no discutiré más.
—¿Qué tengo que hacer para librarme de ti?
—Hay dos opciones. Me pagas o cumples el contrato.
—Cumpliré el contrato, a diferencia de ti, yo cumplo mi
palabra.
No puedo, intenté con todas mis fuerzas no caer en su
juego, pero él esta vez me hizo sentirme especial para después
golpear mi orgullo. Estiro mi mano y le pego en toda la cara.
Una lágrima se escurre de mi ojo, Damián la toma con la
lengua y vuelve a ser cruel.
—Te follaré bebiéndome tus lágrimas, ¡y sé buena…, no
montes un espectáculo!
No me había dado cuenta de que él estaba desnudo, mi
rabia al verlo fue tal que no preste atención a ese detalle,
Damián, apoya su mano en mi hombro, me conduce hasta su
miembro y me lo mete en la boca, esta flácido. Pasa por mi
mente morderle, pero sé que tengo todas la de perder, así que
hago lo que él quiere, en el fondo tiene razón; soy su puta, él
me ha pagado, aunque dijo que me había perdonado la deuda,
pero no quiero que este hombre cada vez que se le antoje me
eche en cara este triste episodio de mi vida, cumpliré mi
contrato y desapareceré de su vista.
—Nuria, pon ganas, las mujeres de carretera lo hacen
mejor que tú.
Por más que le hago la felación, no soy capaz de ponerlo
duro. Me aplico para que se le levante, porque cuanto antes
empiece antes se termina. Y así es, doy todo de mí hasta
conseguir excitarlo, su cuerpo empieza a reaccionar, siento su
caricia en mi rostro, le doy un manotazo dejándole claro que
no las quiero. Él tendrá mi cuerpo, pero no mi alma. Después
de mucho sacrificio consigo que se le levante. Cuando creo
que se va a correr, me coge en brazos, me lleva hasta la cama,
se preocupa de lubricarme, aunque con su saliva, no hay
manera de ponerme a tono, me folla despacio, intentado que
yo disfrute. Pero esta vez no es posible. Se cansa de intentarlo
y se marcha al baño. Cuando vuelve, está duchando y vestido.
—Me voy, tengo una reunión, a la vuelta me traslado aquí
contigo.
—No hace falta que vengas, cada vez que me llames, allí
estaré, con las piernas abiertas —digo de manera cruel.
—Vendré y punto.
¿Cómo haré ahora para atender a este hombre y estar con
Eva?
Gracias a Dios la semana está pasando rápido, y para mi
tranquilidad mental Damián y yo apenas nos vemos. Él llega,
me folla, duerme y se marcha por la mañana, con el paso de
los días su rabia va disminuyendo y ya intercambiamos un par
de palabras, pero ya no hay la complicidad que hubo el día que
llegó, no dejo de preguntarme en qué momento se nos fue de
las manos de esta manera.
En mitad de la noche mi móvil suena, me estiro y lo cojo
rápido para no despertar a Damián. Es del hospital avisándome
de que Eva se ha despertado y pregunta por mí, no lo pienso ni
un segundo e intento levantarme de la cama, pero sus brazos
me retienen, hago fuerza para liberarme, pero es imposible,
empiezo a ponerme nerviosa, no quiero que se despierte,
porque sé que querrá saber a dónde voy a estas horas de la
madrugada. Miro en mi reloj y efectivamente, son las tres y
cuarenta de la madrugada, Dios, necesito salir de aquí, mi
pequeña me llama, hago un poco más de fuerza y ocurre lo
obvio, se despierta.
—¿Quién te llama a estas horas que te tiene tan
desesperada? —Este hombre es peor que un espía, no pierde
detalle. Creía que no se había dado cuenta. Nuria piensa,
piensa.
—Es la persona que faltaba para que firme el contrato,
acaba de llegar al aeropuerto y quiero ir a recibirla. —Vaya
mierda de excusa di, pero ya no hay arreglo.
—Nuria…, así no se hacen negocios, parecerás
desesperada, pero bueno, son tus negocios, yo te llevo.
—No… —contesto con un tono más elevado de lo que
deseaba.
Damián me mira con cara de que no se está tragando nada
de esta absurda historia, pero para mi sorpresa se vuelve a
tumbar, claro que antes deja una de las suyas.
—Acuérdate de que durante dos años eres solo mía —
suelta su pullita y se hace el dormido.
—Como si tú me dejaras olvidarlo.
¿Sabes qué…? Que diga lo que le salga de los huevos con
tal de que no se empeñe en acompañarme, todo lo demás me
da igual. Me visto con lo primero que veo por delante y salgo
corriendo al hospital.
Cuando llego hasta mi niña y la veo con los ojitos abiertos
y color en la carita, supe que mereció la pena haber aceptado
la proposición de Damián.
—¡Nuri, no me abandonaste!
—Yo siempre cumplo mis promesas. —Le doy un beso en
la frente y me tumbo a su lado. Pasamos lo que queda de
noche agarradas la una a la otra, solo me he apartado de ella
para ir a hablar con el médico de guardia, que tampoco es que
me haya dicho gran cosa, ya que él no es el responsable del
caso de Eva, me dijo que cuando el médico responsable
entrara a su turno vendría a ver a la niña y de paso hablaría
conmigo.
A las siete y diez de la mañana entra el médico por la
puerta con una gran sonrisa en la cara, examina a Eva y me da
la mejor de las noticias que podría darme: que si durante los
próximos días ella no presenta ningún tipo de recaída le dará
de alta en una semana, la siguiente noticia que me da ya no me
hace tanta gracia, pero hay que acarrear con ella; dice que la
niña durante los próximos meses tendrá que venir a hacerse
revisiones periódicamente, y de acuerdo con su análisis ya nos
irá diciendo la frecuencia con la que tendrá que venir. Lo que
sí me dice de antemano es que ella tendrá que estar bajo
vigilancia médica de por vida, vamos, que tendré que asaltar
un banco para mantenerla con vida. Pero eso ya lo veré más
adelante
Vuelvo con mi pequeña, charlamos largo y tendido, le
explico más o menos todo lo que ha pasado, adaptándolo todo
a su edad y entendimiento, ya que estoy totalmente en contra
de ocultar la verdad a los niños, son niños, pero no son tontos,
ella se entristece al saber que los que hasta un mes y medio
atrás eran sus padres ya no lo son, por lo menos esto es lo que
yo entendí, lo duro es cuando ella me pregunta si voy a ser su
madre y tengo que decirle que no, yo no puedo tener a un niño
a mi cuidado, tengo un estilo de vida en el que no cabe un
niño, es una responsabilidad muy grande y que exige mucho.
Sin contar que no tengo la vena materna, trato a todos los
niños de mi fundación bien, pero los únicos con los que soy
capaz de pasar horas fuera de allí son Nerea, sus hermanos y
Eva. Ella, llorando, me pregunta qué será de su vida, yo
también me hago la misma pregunta; ¿qué será de ella ahora?
En cuanto llegue a Barcelona buscaré ayuda para este tema.
Un problema cada vez.
Después de darle de comer, voy al hotel para ducharme y a
ser posible dormir unos minutitos. ¡Mi gozo en un pozo!
Entro en la habitación y me encuentro a un Damián muy
enfadado.
—¿Se puede saber dónde estabas?
—No tengo que darte explicaciones de mi vida personal.
—Ah… Sí que tienes.
La madre que me parió, parecemos un matrimonio
discutiendo de esta manera.
—No…, no tengo, no, mi vida es mía.
—Me marcho hoy, había arreglado todo para pasar el día
contigo y tú simplemente has desaparecido, ni una llamada.
¡¿Y cómo se queda la cara de Nuri en este momento?!
Hecha un cuadro, ¿a qué mierda viene esto…? Vale que
llevamos tres días muy bien, ¡pero pasar el día juntos! No…,
de eso nada, monto en cólera.
—Tú no puedes organizar mi vida a tu antojo —le digo
que de eso nada, que mi obligación es solo dormir con él.
¿Pero que le ha dado a este hombre ahora? Que alguien me lo
diga, por favor, el muy capullo se está riendo de mi cara.
—Nuri, por favor, no discutamos más, va —implora con
las manos juntas a la altura de la boca y echando el cuerpo
hacia atrás—. ¿Sabes que me pones mucho cuando te enfadas?
Y por tu culpa ahora ya no puedo follarte porque tengo que
estar en el puto aeropuerto dentro de poco.
Hago lo único que puedo hacer en este momento,
quedarme mirándolo, Damián está loco, no me cabe la menor
duda. Así de claro. Menos mal que no he comido en el
hospital, bajamos al restaurante del hotel y comemos juntos
entre risas, cuando terminamos, no le da tiempo ni a subir, no
tengo la menor idea de en qué momento él pide que vayan a
por su equipaje a la habitación, solo sé que cuando llegamos al
hall ya estaba todo allí. Estuvimos muy bien, no hubo insultos
ni discusiones. Nos perdemos en nuestras miradas. Estamos
haciéndolo todo mal, esto empezó con muy mal pie. Cuando
vuelva a Barcelona pondré todo de mi parte para que las cosas
cambien. Domaré a la fiera que vive en mí en pro de mi salud
mental, uno de los dos tiene que ser el cabal de la «pareja».
—¿Puedo hacerte una pregunta? —pregunto dubitativa.
—Puedes.
—¿Cómo supiste que estaría alojada aquí?
—Fue un accidente, te dejaste el móvil encima de la mesa
y vi cuando llegó la confirmación de tu reserva.
—¿Leíste mi mensaje?
—Si lo que quieres preguntar es si toqué tu móvil, la
respuesta es no, pero conozco el logo de mis negocios de ahí a
descubrir en qué habitación estaba fue solo levantar el
teléfono.
¿Cómo es posible?, con tantos hoteles en Florida vengo a
caer justo en uno de mi jefe. Por lo menos ahora ya sé que es
dueño de un lujoso hotel en Estados Unidos, ¿Cuáles serán los
otros negocios de este hombre?
—Los astros se confabulan para que nuestros caminos se
crucen una y otra vez —digo estupefacta con la enorme
coincidencia.
—Ya te digo.
—Dentro de una semana estaré en casa. —Nada más
decirlo me arrepiento, pero ya es tarde, Damián me coge por el
cuello y me planta un beso de película y se marcha dejándome
una vez más con cara de tonta.
Capítulo 20

Cada día que pasa, Eva responde mejor al tratamiento, los


médicos están muy contentos con los resultados obtenidos.
Después de lo que me ha parecido una eternidad mañana por
fin volvemos a Barcelona, aunque por desgracia no llevo
conmigo un diagnóstico, lo que me tranquiliza un poco es que
los médicos, después de estudiar el historial de las hermanas,
no creen que sea la misma enfermedad. Después de varias
horas reunidos y muchas preguntas por mi parte, me dieron
carta blanca para volver a mi país, eso sí, tengo una serie de
recomendaciones; la más importante; que esté acompañada las
veinticuatro horas del día, que lleve una vida normal, pero sin
sobresaltos, que sigamos el tratamiento correctamente y las
revisiones hasta que puedan dar con la causa. No sé si llegará
el día en que pueda pagarle a Carlos la enorme ayuda que me
está dando. No pasa un solo día en que él no llame para
interesarse por el estado de mi pequeña, y si hoy puedo salir a
caminar por los pasillos de este hospital con Eva de mi mano
es gracias a él.
Damián es otro que me llama todos los días, no se cansa de
preguntarme a qué día y a qué hora llego, por supuesto no se
lo digo, sé que se pondría intenso y ahora tengo otras
preocupaciones en mente, estoy intentando solucionar la otra
parte complicada del asunto. Tengo la custodia provisional de
Eva, «¿cómo fue esto posible? ¡No tengo la menor idea! Y
ahora no tengo tiempo para pararme a pensar en ello», ¡y claro
está que no la puedo llevar a su casa!, en la mía tampoco, ya
que cuando pise suelo español la dirección de mi «casa» será
otra y quiero a Damián lejos de Eva, puedo pedir a mis padres
que la cuiden, pero antes tendría que darles muchas
explicaciones y no me apetece nada. Mi primera opción y la
única que veo «factible», si accediera a cuidarla es mi
hermano, estaría muy tranquila, ya que no hay persona en la
tierra en la que confíe más, pero ya tiene a tres monstruitos, he
estado intentando hacerle entender que donde viven tres viven
cuatro, sin embargo, mi hermano no quiere ni cogerme el
teléfono, huye de mí como el diablo de la cruz, no es que no
quiera hacerse cargo de la niña por mí, su alegato es más que
plausible, él teme a su hija y está convencido de que
seguramente Eva y Nerea unirían fuerzas y juntas le sacarían
canas de colores, por más que le digo que Eva es tranquila él
siempre me da la misma contestación, que el problema no es
ella, es su hija, que es capaz de convencer al más fiel de los
culés de vestir la camisa del Real Madrid y gritar «hala
Madrid·, y eso porque ella es del Barcelona, si no, de lo
contrario, lo haría socio. Mi cuñada, que es un ángel acepta de
primeras, Nerea está encantada, ahora solo tengo que
convencer a Nicolás.

Ya estamos desembarcando en el aeropuerto del Prat, pero


todavía no sé cómo me voy a organizar con Eva, mi querido
amigo se ofreció a ayudarme, pero no puedo trastocar su vida
y la de su pareja metiéndoles en su vida a una niña con serios
problemas de salud. Recogemos nuestras maletas y vamos a la
salida, tengo el pánico metido en el cuerpo, no sé qué me
espera de aquí en adelante. De momento, me iré a mi casa con
ella, nadie sabe que hemos llegado hoy así que me recluiré con
ella allí y buscaré una solución.
Nada más pisar la salida, una cabecita rubia empieza a
gritar mi nombre en medio de la multitud de gente que hay en
el aeropuerto, mi corazón parece que se me va a salir del
pecho por la alegría que siento al ver a la luz de mis ojos, mi
sobrina es toda mi vida. Abandono el carrito en mitad de
camino, agarro la mano de Eva y corro arrastrándola en
dirección a mi pequeña, la tomo en brazos y la lleno de besos.
—¿Con quién has venido? —Gira su cabecita y apunta a
la multitud, mi corazón casi se sale de mi pecho, tengo a toda
mi familia esperando. Mis ojos buscan los de mi hermano
entre toda esta gente, no es una tarea difícil, su metro noventa
lo hace destacar en la multitud, a su lado está mi querida
cuñada con mis otros dos sobrinos, mi madre está llorando
abrazada a mi padre, hasta mi hermana está aquí. No tengo la
menor idea de cómo ellos se han enterado de que llegaríamos
hoy, voy hasta ellos y los saludo uno a uno dedicando más
tiempo a los dos hombres de mi vida. Eva está enfrascada en
una conversación con Nerea. Mi hermano, mientras yo
contesto a todas las preguntas de mi madre, va hasta ellas y las
coge de las manos.
—Chicas, vamos a casa.
Me quedo congelada intentando asimilar lo que está
diciendo, espero que no esté jugando con una cosa tan seria,
porque hasta hace unos minutos yo ya me había «organizado»,
voy hasta él, lo llamo para que se aparte de las niñas y le
pregunto directamente.
—¿Qué estás haciendo?
—Llevar a todas mis mujeres a casa —riéndose, bromea
con que menos mal que tiene a sus hijos para ayudarlo a
mantenerlas a raya.
—Gracias, eres el mejor hermano del mundo.
—De todas mis mujeres, eres la que más dolores de cabeza
me da, eso que mi hija no me lo pone fácil, pero también es la
que mejor corazón tiene. Y mira que mi mujer es una santa. —
Y así, una vez más, mi hermano me salva el cuello, Eva está
encantada con la idea de vivir junto a su mejor amiga, los
niños no están muy contentos y se quejan diciendo que las
niñas son unas pesadas.
Pasamos un día de lo más agradable entre charlas y risas,
les explico todos los pormenores del tratamiento de Eva, les
aviso de que una enfermera se hará cargo de todos los
cuidados médicos de la niña, que ellos no tendrán que
preocuparse de los horarios de sus medicamentos y que la
mujer la acompañará todo el tiempo. «¡Sí, tengo más gasto!,
pero gracias al dinero que me ha pagado Damián puedo darme
el lujo de asumirlo.
Como no tengo secretos con mi hermano le cuento todo
sobre mi trato con Damián, como era de esperar, pone el grito
en el cielo, trastornado afirma que lo va a matar, se enfada
muchísimo conmigo, pero al final, como siempre, me apoya.
Una cosa menos de la que preocuparme.
Llega la hora de la verdad, llamar a Damián y avisarle de
que ya estoy en España. Cumpliré mi contrato contando los
segundos que quedan para verme libre. Él recibe la noticia con
entusiasmo y más que rápidamente me notifica que está de
camino, le digo que estoy en mi casa, noto por su voz que no
le hace mucha gracia, pero no dice nada fuera de lugar, solo
me dice que dentro de treinta minutos me recoge abajo para
que vayamos a casa, no me gusta cuando se refiere a su hogar
como el mío, por más que él insista, su casa nunca será mi
casa, no la siento así, es mi local de trabajo, soy una mujer
práctica, las cosas se deben llamar por su nombre, él me
contrató para ser su dama de compañía, y ahora más que nunca
no me siento avergonzada de ello, con este gesto he salvado la
vida de una niña, lo haría una y mil veces más si fuera
necesario.
Me despido de mi familia con la excusa de que tengo que
atender unos asuntos que ya no pueden esperar más, por
supuesto, Nicolás, que ve que hablé por teléfono con mi jefe
vuelve a tener mala cara, no le hago caso, es lo mejor, ya se le
pasará.
Abro mis maletas, entrego los regalos a los niños, mis
sobrinos apenas me miran, los dos salen corriendo a su
habitación y pasan de decirme «gracias», mis niñas, al ver que
ya me voy, me achuchan y preguntan cuándo volveré. Como
puedo, me escabullo de ellas con la ayuda de los mayores,
corro hasta mi casa, recojo algunas cosas y bajo a esperar
Damián. A los treinta minutos justos su chófer para delante de
mí, se baja, me abre la puerta del coche para que yo entre y me
reúna con Damián, que me recibe de una manera muy
embarazosa para mí, no media ni una sola palabra conmigo,
lleva su mano a mi cuello, atrae mi cuerpo al suyo, de manera
que casi me quedo encima de él y me besa, pero con un beso
tierno, acariciando mi espalda, cuando nos separamos para
completar mi desconcierto va y me dice:
—No veía la hora de que llegaras. Te echaba mucho de
menos.
¡Imaginaos mi cara! No me imaginaba una recepción así
para nada, en el trayecto a «casa» hablamos como si fuéramos
una pareja, y lo más raro todavía, ¡de las normales!, «define
normal». «¿Definir normal?», ¡no lo sé, estoy desconcertada,
por eso digo sandeces!
Le cuento cómo ha sido mi vuelo de vuelta, la recepción
de mi familia, cosa que no le hizo mucha gracia, alegando que
a él también le hubiera gustado ir a por mí al aeropuerto,
vamos, otro momento de desconcierto. Pero me recompongo
rápido, él me va contando sobre su día de trabajo, todo muy
raro, pero agradable, mejor esto que nuestras peleas, llegamos
a su edificio, nos bajamos dejando el equipaje a cargo del
chófer.
Damián definitivamente quiere enloquecerme, me toma de
la mano y así subimos a su piso, al abrir el ascensor me llega
un rico olor miro, a mi alrededor y veo que la casa está llena
de flores, y que en cada una de ellas hay un pequeño sobre, no
soy mujer de impresionarme, pero como ya he dicho, hasta
unos días atrás nunca había recibido flores y ahora me
encuentro con esto. Este hombre es un fetichista de las flores.
Camino con paso dubitativo hasta el primer ramo, lo huelo,
tomo el sobre en mis manos y lo abro para leer la primera
nota.

«Bienvenida a casa».
D. W.

Escrito de su puño y letra.


Lo miro totalmente desconcertada, y él con una sonrisa de
lo más sexi me insta a que prosiga. Voy hasta el segundo ramo
y repito la acción, tomo el sobre y lo abro.

«¿Empezamos de cero?
D. W.

«Seré tu esclavo».
D. W.

Abro un sobre tras otro y todos contienen frases donde me


mima, donde demuestra lo feliz que se siente al tenerme aquí e
intenta hacerme sentir a gusto, me está costando un mundo
contener la emoción, pero por mi vida que no las dejaré salir,
aunque sean lágrimas de alegría. No sé qué siento ni qué debo
pensar con relación a todo esto que está ocurriendo ahora
mismo.
Al levantar la mirada me encuentro con Damián delante de
mí con la misma cajita que rechacé en Florida. Le hago que no
con la cabeza, él ignora mi gesto y acorta la distancia entre
nosotros, miro sus ojos en busca de una aclaración para todo
esto, pero no veo nada, me siento como una adolescente
delante del chico que le gusta. Pero quietos parados, Damián
no me gusta, siento atracción por él, eso no lo voy a negar, sin
embargo, el setenta por ciento del tiempo lo odio.
Automáticamente doy un paso hacia atrás y él uno hacia
adelante, estamos así hasta que choco con la pared y no puedo
proseguir con mi huida, siento mi cuerpo temblar, no quiero
que me toque, quiero salir de aquí corriendo.
—¿Porque huyes de mí? —me pregunta con voz ronca,
dejándome al borde del colapso.
—No estoy huyendo.
—Si lo estás —dice esto, toma mi rostro entre sus enormes
manos y me besa. Tengo el cuerpo aprisionado entre él y la
pared, siento su erección presionando mi sexo, él es consciente
de mi estado de excitación. No desperdicia la ocasión de jugar
conmigo, introduce su pierna derecha entre las mías y de
manera dominante la mueve de un lado a otro obligándome a
abrirlas, una vez alcanza su objetivo, flexiona un poco su
cuerpo poniéndose a mi altura y frota descaradamente su sexo
sobre el mío arrancándome más de un jadeo.
Damián, al escucharme, pierde el control, lleva sus dos
manos a mi cuello y lo acaricia, pasa su nariz por la zona de
manera sensual dejando suaves besos, y sin que yo me lo
espere las mismas manos que hace escasos segundos me
acariciaban ahora agarran el cuello de mi camiseta y la rompe
de arriba abajo dejando mi cuerpo expuesto, Damián muerde
mi rosado pezón por encima de mi sexi y rojo sujetador de
encaje. Con los dientes, libera mi pecho y lo ataca, lo chupa,
muerde, lo contonea con la lengua. Enloquezco con la manera
en la que me está poseyendo. Le quito la chaqueta y empiezo a
desabotonar su camisa, la lujuria se apodera de mí, haciendo
que pierda la paciencia y haga volar por los aires todos los
botones de su camisa, Damián muerde mi pezón haciéndome
gritar de placer, me toma en brazos, le rodeo la cintura con las
piernas, sin dejar de besarme me lleva a su habitación, me
tumba en la cama y me desnuda con presura, una vez me tiene
como vine al mundo, se para a contemplarme. Me mira como
si nunca me hubiera visto, me siento incómoda.
—No me mires así —digo sintiéndome rara, con una voz
que no me reconozco.
—¿Por qué no? Eres preciosa y pienso admirar tu belleza
todos los días. Acostúmbrate, disfrutaré y veneraré tu cuerpo
estos dos años que nos quedan, como nunca lo ha hecho nadie.
Todo iba perfecto hasta que él me recuerda que esto es un
trabajo, mi excitación se desvanece, no le recrimino, no me ha
dicho ninguna mentira, pero por un momento me sentí
especial.
—¿He hecho algo malo? ¿Qué ha pasado?
—Nada.
—Mientes fatal. Para que esto funcione tenemos que ser
sinceros el uno con el otro.
Mierda, ¿qué coño me pasa? Tengo ganas de llorar, para
una vez que no lo sentía como solo sexo.
Damián se acuesta a mi lado, me abraza e insiste en querer
saber qué es lo que me ha pasado, no lo puedo decir la ñoñería
que tengo en la cabeza, ni muerta lo haré.
—Seguro es el cansancio que me está pasando factura, y
por eso estoy más sensible. No te miento, es solo que estoy
muy cansada, no te enfades conmigo.
—Soy un capullo, anda, ven.
Acerca mi cuerpo al suyo me da un beso en la cabeza y me
ordena que duerma. Pero no puedo dormir, esto no está bien.
—Damián, me voy a mi habitación.
—Ya estás en ella, a partir de ahora esta es tu habitación,
dormirás conmigo todos los días.
Mi corazón se dispara, pero qué locura está diciendo este
hombre, tengo que poner fin a todo esto ahora mismo porque
si no me da a mí que saldré muy herida.
—Esto no estaba en el trato, cuando estuve aquí el primer
día, tú estipulaste que yo dormiría en la otra habitación y solo
nos veríamos…, bueno tú sabes para qué.
—Vale, sé lo que dije, pero ahora me desdigo, quiero
dormir contigo entre mis brazos.
No, no y no, esto es muy mala idea, si tengo que romper
esta burbuja a lo bestia para terminar con esto lo haré y será
ahora mismo. Me libero de sus brazos de mala manera y me
siento en la cama.
—Esto no va a ocurrir, tú no me has contratado para
calentar tu cama, tú me contrataste para desfogar tus deseos
sexuales y punto.
—Duerme, estás muy cansada, cuando despiertes
hablamos tranquilamente.
¿Dónde me he metido?, este hombre esta irreconocible y
casi me gusta más el otro, el capullo, porque así yo sé a qué
atenerme, pero este Damián en modo caballero me desarma, y
esto no me gusta para nada.
—No me mandes a dormir como si fuera una niña, que yo
sepa, a las niñas no las contratan como putas. —Joder, joder
qué mierda acabo de decir, yo no quería decir eso. —Damián
per…
—Que te calles y fuera de mi habitación, no eres digna de
dormir en mi cama.
Lo tengo más que merecido, me levanto recojo mi ropa,
que está esparcida por la habitación, me giro para salir de su
espacio, pero cuando ya estoy cruzando el umbral de la puerta
él me llama, paro, pero sin girarme.
—Te quiero lista a las ocho, como tú misma me has
recordado eres mi dama de compañía, así que hoy me
acompañarás a un sitio.
—A la hora marcada estaré lista. —Salgo cabizbaja,
cuánto me arrepiento de haberlo tratado así, para una vez que
él realmente me trataba bien voy y lo estropeo todo. Soy una
idiota.
Me doy una ducha rápida y me meto en la cama, ojalá el
cansancio pueda conmigo y me adormezca en seguida.
Me es imposible conciliar el sueño, Damián parece un león
enjaulado, lo oigo deambular de un lado a otro, me parece que
ha tirado unas cuantas cosas, me muero de ganas de salir para
hablar con él, pedirle disculpas, pero sé que sería un gran
error. Tal y como está ahora mismo lo único que quiere es
hacerme daño, no es que yo no le haya dado motivos, pero
prefiero guardarme de recuerdo los momentos que hemos
tenido esta tarde, porque algo me dice que en esta cena lo voy
a pasar muy mal.
Capítulo 21

A la hora marcada me presento en el salón con la ropa que él dejo


en mi habitación, nada más verla me entraron ganas de ir detrás de él y
tirársela a la cara, pero hice acopio de todo mi autocontrol y aquí estoy,
vestida como una verdadera prostituta de lujo, con un valentino
precioso, no tengo dinero para costearme estas cosas, pero sé reconocer
cuando una prenda es exclusiva. Es plateado, no obstante, cuando le
refleja la luz da el efecto de cambios de colores en tonos pastel, como si
fuera un arcoíris, pero eso no es lo llamativo de este vestido, lo que
realmente hace que destaque es que deja mi cuerpo completamente
expuesto, es como si fuera una red, eso sí, muy bien trabajada, con
rombos pequeños y como si ya no estuviera lo suficientemente
expuesta tiene un escote que termina unos pocos centímetros de mi
culo, solamente uso un tapasexo en mi vagina, mis pechos y mi culo
están a la vista de todos. De complementos llevo un collar largo de oro
blanco con un rubí azul, con la particularidad que es un collar al revés,
seguramente lo vendieron junto con el vestido, ya que termina en
triángulo unos centímetros por encima del escote de mi vestido dejando
el rubí apuntando a mi pompis, unos pendientes a juego, los zapatos
son del mismo azul, me hago un perfecto maquillaje tapando las ojeras
provocadas por la falta de descanso, echo espuma en mi pelo y lo
peino todo hacia atrás. Y aquí estoy lista, aguardando a que él salga,
vamos, que a este juego sabemos jugar los dos, «¡¿a este hombre no le
quedó claro que no tengo problemas con lucir mi cuerpo?!». Como si
me dice que tengo que salir desnuda a la calle, lo único que me
impresiona y enfada a la vez es ver que quiere exponerme como a un
trofeo. Y eso va a ser su perdición porque seré el trofeo más llamativo
de donde me lleve. Me posiciono estratégicamente de manera en que
él al bajar no me pueda ver.
Cansada de esperar me sirvo una copa de whisky, esta noche me va
a hacer falta más de uno. Cuando estoy por terminarla, lo oigo bajando
las escaleras, mi corazón se dispara, mi nerviosismo es tal que me bebo
de un solo trago lo que había en la copa. Damián al llegar hasta mí se
queda parado atónito al verme, en su rostro empieza a formarse una
bella sonrisa, pero al ver que yo le sonreía, la deshace y se pone serio.
Me mira de arriba abajo y como si no fuera nadie pasa a mi lado sin
tocarme. Me enfado conmigo misma por haberle dado lo que buscaba,
hacerme sentir insignificante y darme cuenta de que buscaba su
aprobación me repatea.
—Sígueme, el chófer nos espera.
Nunca en toda mi vida me había sentido tan humillada como desde
que conozco a este hombre. Llegamos al garaje y el caballero había
desaparecido, nada de cederme el paso para entrar primero, me
adelanta echándome a un lado, saluda amigablemente a su empleado el
pobre conductor no sabe dónde meterse, para que no le sea más
embarazoso de lo que ya está siendo lo saludo y me meto en el coche
guardando toda la distancia que puedo con este desgraciado me siento y
miro por la ventanilla. ¡Mi noche será muy larga, ya veo que pagaré
con creces lo que le he dicho!
Llegamos otra vez a aquel palacete, hay una treintena de coches
aparcados y todos de alta gama, sé que es una propiedad privada, no un
restaurante. Damián sorprendiéndome se me acerca por detrás, toma el
abrigo de mi mano y cubre mi cuerpo protegiéndome de la fría noche
de invierno, aunque no me hago ilusiones, eso ni por asomo, es una
tregua por mantener las apariencias. Nuestra llegada causa una gran
expectación, Damián sin mirarme a la cara en ningún momento, me
ofrece el brazo y entramos como hicimos todo el camino, sin dirigirnos
ni una sola palabra. Somos recibidos por el mismo mayordomo que la
vez anterior, lo saludo con una sonrisa y le entrego mi abrigo, cuando el
hombre ve mi vestido traga saliva, sus ojos recorren todo mi cuerpo de
arriba abajo, le vuelvo a sonreír, soy plenamente consciente de las
miradas de lujuria que recibiré, pues mi ropa no deja nada a la
imaginación. Damián se posiciona a mi lado.
—Llevas conmigo muchos años, pero no toleraré conductas
inapropiadas. —Le llama la atención. El hombre me pide disculpas y
desaparece. Entramos en el salón y todos dejan de hablar. Es ridículo,
parece que ha llegado alguien de la realeza, unas cuantas personas se
acercan, tenemos el mismo ambiente que en la otra vez, muchos
haciéndole la pelota y las mujeres comiéndole con los ojos. Nos
adentramos y no dejo de recibir miradas de lujuria, pero nadie comenta
absolutamente nada, el único que se atreve a llegar hasta mí es Nathan,
que me saluda con dos besos y me dice:
—Estás despampanante, espero tener el placer de bailar una
canción con la bella dama. —Damián no tarda ni medio segundo en
contestarle.
—Eso no va a ocurrir.
—¿Hacemos una apuesta? —El muy descarado lo desafía.
—Tienes prohibido bailar con él, ¿me oyes? —me dice después de
que Nathan se marche riéndose.
—¿Se puede saber por qué? Él es el único que conozco aquí.
—Me conoces a mí, que es más que suficiente.
Bueno, la noche promete, porque bien sabe Dios que ahora bailaré
con Nathan sí o sí, a mí no me manda nadie.
Me desfila por todo el salón como un puto trofeo, tal y como intuí
que sería, veo innumerables miradas lujuriosas, y me parece ver hasta
mujeres mirándome con deseo, no me quedo sola ni a sol ni a sombra,
un señor intenta hablar de negocios con mi acompañante, pero él lo
interrumpe diciéndole que hoy no está aquí por trabajo que viene a
pasar un buen rato en compañía de los conocidos.
Me excuso con Damián y me voy al aseo. Espero no tener la mala
suerte de encontrarme con ningún corazón roto por culpa de mi
acompañante, porque con el día que llevo si me encuentro con alguna
arpía que quiera tocarme las narices le arranco la cabeza.
Para mi suerte estoy sola, hago mis necesidades y salgo, miro mi
maquillaje, hago los retoques pertinentes, me lavo las manos y cuando
voy a salir unas grandes manos me empujan hacia dentro nuevamente.
—¿Pero qué haces? ¿Estás loco o qué?
—Dime que puedo estar contigo.
—Déjame salir ahora mismo o empiezo a gritar.
—No, no…, no grites, solo quiero poder estar contigo, sé que a él
no le va a hacer nada de gracia, pero nunca me dejará hablar contigo,
tengo que aprovechar este momento.
—No.
—Por favor, es muy importante.
Oigo a Damián llamarme, me giro para salir del baño corriendo, si
me pilla aquí acompañada de otro hombre soy mujer muerta, cuando
tengo la mano en el pomo me sujeta por el puño impidiendo mi salida.
—Por favor, suéltame. —Pero hace caso omiso a mi pedido, y me
sujeta con más fuerza. La voz de Damián está más cerca, mi corazón
esta disparado, no sé qué va a pensar al encontrarme aquí en el baño
acompañada, lo único que se seguro es que pensará mal.
—Suéltame, por favor —le ruego desesperada.
—Te soltaré cuando aceptes mi propuesta.
—¿De qué propuesta me hablas?
—Di que sí. —La voz de Damián esta justo delante.
—Sí —digo con tal de que me deje salir.
La puerta se abre de par en par, siento un frío recorrer mi cuerpo,
empiezo a balbucear.
—Te lo puedo explicar… —El corazón parece que va a salirme
por la boca de lo asustada que estoy, ya percibí que entre estos dos no
hay buen feeling.
—¿Qué me tienes que explicar, Nuria? —me pregunta tan
tranquilo poniendo los ojos en blanco.
Su comportamiento me desconcierta, lo miro a la cara y lo veo
relajado, más relajado que cuando salimos de casa. Solo entonces miro
a mi lado y descubro que estoy sola, al constatar que es así, siento salir
de mí el peso del mundo, no deseo discutir con él, en realidad me
gustaría disculparme por cómo me he portado por la tarde, pero no sé
cómo hacerlo. Pongo mi mejor sonrisa, tomo el brazo de Damián y lo
conduzco lejos del baño. Antes de cerrar la puerta, miro una vez más
para ver si es verdad de que este hombre consiguió esconderse antes de
que Damián nos pillara allí.
Nos sentamos todos a cenar, todo está riquísimo. Terminamos la
cena y, tal y como hicimos la otra vez, pasamos a otra estancia para
tomar el café. Y la actitud de los aquí presente ya no es la misma, la
gente empieza a desinhibirse, ya no son los millonarios estirados que
estaban sentados a mi lado hace tan solo unos minutos.
Damián me toma por la cintura y me lleva con él hasta un atril, se
sube dejándome de pie a su lado, pero sin que yo subiera al mismo, me
mira con una sonrisa que me da escalofríos y empieza a dar un
discurso.

—Queridos compañeros, en celebración del noveno aniversario de


nuestro club, hoy es una noche especial, hoy está todo liberado, os
agradezco la confianza, y el saber estar de todos. Sois los mejores
clientes que uno puede tener, no me voy a enrollar, así que os anunciaré
una última cosa antes de dar la noche por inaugurada. —Damián me
toma de la mano y me hace posicionarme a su lado en el atril—. Como
ya sabéis, aquí hay normas a las cuales todos debemos respetar, pero de
algo tiene que servir ser el propietario de todo esto. Hoy aplicaré mis
propias reglas. —Todos se ríen por su comentario, alguno que otro le
suelta alguna pullita, llamándolo cabrón suertudo. Damián espera
algunos segundos y alza la mano pidiendo que se callen. —Mi única
regla hoy es que, a mi acompañante —mira hacia mí—, a esta bella
mujer ni la miréis. Está totalmente prohibida para vosotros.
El murmullo es instantáneo, si me pinchan ahora mismo no sangro,
que coño está pasando aquí sin que yo me esté enterando. Que empiece
la fiesta.

Bueno vamos de fiesta, uff, qué bien me lo merezco, después de


mes y medio sin vida me va a venir de perlas, y lo que tenga de ser que
será, eso tiene pinta de orgía, y yo mojigata no soy, si Damián piensa
que me va a dar una noche de perros y me ha traído a que me venga
abajo, no sabe el gran error que ha cometido, no sabe lo bien que lo
puedo llegar a pasar en estas fiestas. Aunque, por lo visto, no estoy
invitada a lo bueno, no obstante, soy una mujer de recursos.
Nada más bajar del atril me coge por la cintura y me lleva a la pista
de baile, ay madrecita del alma querida, con este vestido y este hombre
refregándose contra mí, seguro voy a tener un orgasmo espontáneo.
Estamos en medio de la pista de baile dándolo todo cuando miro a
mi lado y veo a una de las pijas haciéndole una felación a un hombre y
su marido mirando, miro a la cara de mi acompañante, que se está
riendo.
—¿Qué tipo de fiesta es esta? —le pregunto sin levantar la voz
haciéndome la inocente indignada.
—Una en la que participarás muchas veces conmigo.
—Ni lo sueñes, tú no me vas a ofrecer a ninguno de estos viejos
babosos como si yo fuera un caramelo, yo decido con quién me
acuesto.
—Tranquila, no está en mis planes que nadie te toque, nadie, por lo
menos hoy. Ven.
Esto dentro de nada será un desmadre, intercambios de parejas,
hombres con hombres, mujeres con mujeres, aquí todo indica que se va
a formar una verdadera orgía. Ahora sí que estoy alucinando, pestañeo
y aparecen varias camas redondas, todo el salón, que hace solo unos
minutos era un comedor enorme donde comimos unas cincuenta o
sesenta personas, ahora es una habitación común con no sé cuántas
camas, potros y columpios eróticos y todo tipo de artilugios para el
disfrute del sexo.
Mi acompañante tira de mí a una sala donde hay un hombre y tres
mujeres, él me sienta en un sillón muy cómodo, me da un beso y sale, a
los pocos minutos vuelve totalmente desnudo. Se pone detrás de mí y
manda que las mujeres empiecen, una rubia toma la iniciativa, camina
delante de las otras dos mujeres presentes, pero nadie me mira, da un
pellizco en el pezón de la morena que da un grito, sigue caminando
hasta pararse delante de la pelirroja, la agarra por los pelos y la besa, la
arrastra a la cama, la acuesta con delicadeza, la besa a la vez que le
acaricia sus pechos, repta por el cuerpo de la mujer que jadea, llama a la
morena e indica que se ocupe del seno de la pelirroja, la rubia es quien
tiene el control de todo lo que está ocurriendo, Damián chasquea los
dedos y el hombre se posiciona detrás de la morena y la penetra, mi
respiración se agita, busco contacto entre nuestros cuerpos, intento
rozar en su evidente erección; se aparta dejándome claro que no estoy
invitada a la fiesta, la rubia llega a la vagina de la mujer que está
gritando de placer yo jadeo, tomo la mano de mi acompañante con la
intención de llevarlas a mis pechos, pero él no me hace caso y se libera
de mi agarre, la rubia que no sé en qué momento se puso un arnés con
una polla de grandes dimensiones, se está follando a la pelirroja, que
está recibiendo placer de dos mujeres y el hombre sigue follando a la
morena, ya en estado de combustión llevo mi mano a mi vagina, pero
Damián, al percibir mi intención, me lo impide. El sudor empieza a
escurrirse por mi cuerpo, estoy que ardo. Me muero por unirme a al
festín que se están dando. Mi instinto sexual es más fuerte que mi
voluntad de atender a los deseos de Damián, me encantaría
complacerlo, demostrarle cuánto deseo sus manos sobre mi cuerpo,
pero que acepto su castigo, fallo estrepitosamente, inconscientemente lo
vuelvo a buscar y entonces me doy cuenta de que ya no esta a mi lado,
mi excitación se evapora al verlo follando analmente a la rubia con un
dildo, su mano no llega a tocar su piel, pero no puedo… Me levanto y
salgo de la sala, necesito un baño desesperadamente, el desgraciado de
Damián lo tenía todo planeado para torturarme, no estaba preparada
para esto, necesito desfogarme, esto no me puede estar pasando, ¿cómo
es posible que esté pasando por esto, que sitio es este yo nunca oí hablar
de él?, desisto de ir al baño y me dirijo a la barra que por supuesto antes
no estaba, pero ahora no solo hay una barra hay también un DJ, y gente
desnuda bailando por todos lados creo que la única «vestida» soy yo,
por decirlo de alguna manera, me siento la nota discordante aquí donde
todos, incluido Damián, están despojados de sus vestimentas, menos
yo. Nadie me mira. ¿Qué poder tiene este hombre? ¿Dónde coño me he
metido? Estoy tan metida en mis pensamientos que no me doy cuenta
de que Nathan está a mi lado.
—Vamos.
—¿A dónde? —le pregunto desconcertada.
—A un reservado, quiero quitarte este vestido sin prisas, y no
quiero espectadores, pienso disfrutar de este magnífico cuerpo que
deseo desde que te vi por primera vez.
Cuando pienso abrir la boca para ponerle en su sitio aparece
Damián hecho una furia, le da un puñetazo en toda la cara y llama a los
de seguridad para que se lo lleven. ¡Y yo como siempre sin saber que
está pasando!
—Tú te vienes conmigo, no te puedo dejar sola ni un solo minuto,
que te buscas a otro hombre, cuando yo te quise tratar como a una reina
no quisiste, y ahora ya te ibas a abrir de piernas para este…
—Guapo…, yo que tu bajaría los humos porque te estás pasando
tres pueblos.
—Cállate y sígueme de una puta vez.
Sale arrastrándome por todo el club, restaurante, casa, local y yo
qué sé cómo narices se llama a este sitio, solo sé que estoy siendo
arrastrada por entre una maraña de cuerpos desnudos que se están
dando placer.
Llegamos a una habitación donde solo estamos él y yo, mi estado
de excitación va en aumento, anticipándome a lo que va a venir, vamos
a tener sexo salvaje, porque sé que cuando él está enfadado el sexo es
de locos. Me quito las joyas, los tacones, estoy empezando a quitarme
el vestido y el ruido de una puerta cerrándose de mala manera llama mi
atención, miro a mi espalda y lo veo, tan rabiosamente guapo, atractivo
y completamente vestido, como si nunca en su vida hubiera estado
desnudo.
Él me mira de arriba abajo.
—¿Que estás haciendo? —me pregunta con una sonrisa en la cara.
¡¿Qué contesto ahora?!, no hay excusa que justifique que este medio
desnuda. «Coño, Nuria, tú nunca has sido de huir de las cosas, dile la
verdad y listo». Anda, mira quién aparece. Todo este tiempo que de
verdad te necesito no apareces, ahora que estoy en el mayor bochorno
de mi vida aquí estás.
—Te he hecho una pregunta.
—Te he oído, pero bueno, ya me he dado cuenta de que no eres
capaz de dar dos seguidas así que no te preocupes por mí, cuando
lleguemos a tu casa tengo mi kit sexual de primeros auxilios y con ellos
me quitaré el calentón.
¡Me toma…, por idiota, si creía que yo iba quedarme callada va
listo! Me recompongo como puedo y lo sigo hasta la salida, nadie nos
mira, Damián no me ha dejado acompañarlo a por los abrigos, va solo a
recogerlos.
Todo el camino lo hacemos en silencio, al llegar a su casa me meto
en mi habitación y echo la llave. ¿Cómo es posible que sea tan capullo?
Capítulo 22

Me despierto temprano, bastante antes que Damián. A


hurtadillas, salgo de su piso, me voy a casa de mi hermano,
recojo a mis dos niñas y me voy con ellas de paseo, como sé
que me va a llamar nada más vea que no estoy en su casa,
apago el móvil y me voy con ellas a la costa. La enfermera de
Eva viene con nosotras, no permitiré que esta mujer se
despegue de nosotras, me muero de miedo con la posibilidad
de que se ponga mala y yo no sepa qué hacer. Mi hermano está
contento con ella, dice que es muy cariñosa con las niñas, sin
embargo, a mí no me da mucha conversación, como yo ya
estoy más que acostumbrada a eso me da exactamente igual,
con tal de que trate bien a Eva, lo demás no importa. El móvil
de ella suena, habla unos segundos y me lo pasa diciendo que
es mi hermano.
—¿Se puede saber en qué lio te has metido ahora?
—¿Pero qué coño estás diciendo, Nicolás?
—No me hables así, y contestando a tu pregunta, este
hombre para el que trabajas no deja de llamarme y de
insistirme en que le diga dónde estás.
—Dile que he muerto y que mañana resucitaré.
—Graciosilla —dice con fingida diversión.
No tengo la menor idea de qué le va a decir mi hermano,
pero lo que sí sé es que Damián de él no va a sacar ni una sola
palabra.
Las niñas y yo pasamos una estupenda mañana caminando
de un lado a otro en la costa, había algo de ciclogénesis
explosiva, y ellas como locas viendo de lejos las gigantescas
olas, a la hora de comer ambas me arrastran a una dichosa
pizzería, una vez terminamos de comer, decidimos ir hasta la
fundación a bailar un poco, a mí no me vendrá mal, así podre
quemar un poco de calorías, antes miramos tiendas, me siento
a tomar un café, aprovecho y llamo a mi amigo, las niñas no se
quejan ni un solo minuto, la pobre enfermera ya es otro cantar.
Me niego a llevarlas a casa de Damián, necesito saber que
por lo menos en esto tengo el control, por ello le envío un
escueto mensaje diciéndole que pasaré el fin de semana con
Nerea a solas, y acto seguido apago el móvil. Las cuatro nos
dirigimos a mi apartamento a hacer una fiesta de pijamas, por
primera vez veo algo de sonrisa en el rostro de la enfermera
que al parecer le gusta la idea de jugar con nosotras, la verdad
es que tiene mucha mano con las dos, porque Nerea casi pide
más su atención que Eva que por el contrario no se quiere
despegar de mí. Estamos todas en pijama tumbadas en el suelo
viendo la película de Campanilla, comiendo palomitas y
comentando la película cuando suena el timbre, me sorprende
porque no suena el interfono y Nicolás tiene las llaves del
piso.
—Ahora vengo —digo a las niñas y voy a ver quién es.
Miro por el ojo mágico y me quedo congelada, ahí está él,
como tardo en abrir vuelve a llamar
—Abre de una vez… El sonido nos está molestando.
La madre que lo parió. Tomo aire y abro la puerta.
—¿Qué haces aquí?
—Estar con vosotras.
Miro a ver si no nos están prestando atención y le digo:
—No mezclo trabajo con mi vida privada, así que cada
quince días pasaré el fin de semana con mi so…, hija.
—De eso nada, eso no fue lo que acordamos.
—Entiende de una vez que lo que tenemos es una relación
laboral al uso, tú pagaste para hacer con mi cuerpo lo que te da
la gana durante estos dos puñeteros años, no para pasar tiempo
con mi familia.
—Tito Damián…
No…, no me puede estar pasando esto, no me lo puedo
creer. ¿Qué hago ahora?
—Mami, ¿él puede participar con nosotras en nuestra
fiesta? Porfi, porfi.
La cara de Eva al escuchar a Nerea llamarme mamá no
tiene precio, y yo con cara de enfadada, la niña está totalmente
descolocada.
—Nerea, en las fiestas de pijamas solo participan chicas.
—Mentira…, tu querido Nimay participa muchas veces. —
Me la cargo, juro que me la cargo—. Ven, Damián, te voy a
presentar a Eva ella es mi mejor amiga y ahora vi…
—Nerea, vale ya, no se debe ir contando nuestra vida a los
demás. —Me gano una mirada asesina de Damián, pero logro
mi cometido que es impedir que mi sobrina suelte toda nuestra
vida por su preciosa boquita. Él de mi vida no se va a enterar
de nada.
Mi sobrina le presenta a Eva como si lo conociera de toda
la vida, y él más ancho que pancho se sienta en el suelo y
empieza a comentar con ellas que él ya ha visto esta película, y
yo…, la organizadora de todo, soy completamente ignorada
por las dos traidoras que están embelesadas con el recién
llegado tito Damián, como pasan literalmente de mí, me voy a
recoger la cocina, por lo menos allí me sentiré útil, estoy
enfadada, muy enfadada, sin embargo no sería capaz de
echarlo, se le ve tan bien interactuando y jugando con ellas
que no tengo corazón para hacerlo. Recojo toda la cocina sin
que nadie me eche de menos en el salón, así que enciendo el
teléfono y llamo a Nicolás para decirle que las niñas están
bien. Solo puedo agradecer a los cielos por la suerte de tener a
mi hermano y mi cuñada y que ellos sean tan buena gente,
están muy implicados con Eva, la tratan como a una hija más,
ya han mirado la transferencia de su anterior colegio para el
mismo al que van mis sobrinos, he tenido que ponerme en
contacto con los abogados de sus expadres adoptivos y los
míos para todo el papeleo, pero lo demás lo han hecho todo
ellos, me preocupa el limbo que hay sobre su custodia, sigo sin
entender muy bien cómo hicieron los trámites y tengo miedo
de que llegue el día en que ella tenga que marcharse. Me llevo
la mano al corazón, solo de pensar en esta hipótesis me entra
el pánico, tengo miedo a que vuelva a ocurrir lo que pasó con
esos desgraciados, que la abandonaron como si no fuera nada.
—¿Se puede?
—Qué susto me has dado.
—Son encantadoras, están fritas. ¿Dónde las acuesto?
—En mi cama, dormiremos juntas.
—De eso nada, tú dormirás conmigo.
—No…, tú te iras a tu casa. Yo pasaré el domingo con
ellas y volveré mañana por la noche, me quedaré en mi
habitación y cuando tú quieras, tú ya sabes. Me llamas al
móvil y listo.
Servicio a domicilio 24 h. Pienso con tristeza.
—¿Porque haces esto? Te juro que no lo entiendo, eres la
mujer más exasperante que he conocido, yo intento tener una
relación normal contigo y tú no me lo permites. Yo no quiero
que nadie, escuchame bien, nadie te toque, te mire y mucho
menos te desee. Pero tú no me lo pones fácil.
—Nosotros no tenemos una relación, yo no quiero ningún
tipo de relación contigo.
—Baja la voz, vas a despertar a las niñas. —Dios mío
necesito un black. No puede ser, no aguantaré vivir así dos
años.
—Hagamos una cosa, como he prometido a las niñas que
mañana las llevaré de paseo contigo, yo me quedo en el sofá
¿te parece bien así? —¿Cómo es posible que él siempre se las
apañe para salirse con la suya?
—De acuerdo.
De nada me servirá oponerme, basta que yo diga que no y
el sacará a colación que tiene poder sobre mí. Lo que nunca le
voy a consentir es tener sexo conmigo en mi casa, mi casa es
mi santuario y él ya lo está profanando con su presencia y lo
otro ni muerta. Pero puedo soportar su presencia por las niñas.
Le doy la espalda, me voy de la cocina en dirección al
salón, cojo a Eva y Damián a Nerea, las llevamos a mi
habitación y las acostamos. Él les da un beso en la cabecita y
se marcha dejándonos intimidad. Una vez las tengo
acomodadas, le llevo una almohada, una manta y me marcho.
Doy vueltas en la cama de un lado a otro. No tengo sueño
y como no deseo estar dándole vueltas a la cabeza a sobre todo
lo que me está ocurriendo, me levanto, cojo una manta y me
siento en la terraza a escuchar música. Hace un frío que pela,
pero estoy a gusto, entre el frío y la música no pienso en cosas
que no merecen la pena.
Me despierto por la mañana con Damián y las niñas
trayéndome el desayuno en la cama, ambas me dan un montón
de besos. ¿Cómo he llegado a mi cama sin darme cuenta? Los
achuchones de las niñas me traen de vuelta.
—Eva, ¿ya te has tomado tus medicinas?
—Creo que la enfermera no se encuentra bien, esta
encerrada en el baño.
—¿Qué le pasa? —Este hombre es peor que la vieja del
visillo
—No es nada —digo zanjando el asunto, por lo menos por
ahora que las tengo delante, esa es una de las cosas que no me
dejaba dormir ayer. Qué le voy a contar sobre Eva. Salto de la
cama, aprovecho que se centra en las niñas, cojo los
medicamentos de Eva y se los doy, ya hablaré con la
enfermera sobre esto. Me parece genial que se cuide, pero los
horarios de la niña son sagrados.
Todas listas salimos detrás de él, deseosas de saber a dónde
nos lleva, las peques están como locas. La enfermera, cuando
sale de la habitación se le cae todo de las manos, yo no lo veo,
estaba de espaldas hablando con Damián. Nerea le dice que va
a presentarle a su tío Damián, cuando ambos nos giramos nos
encontramos con que la mujer está sin color y todo esparcido
por el suelo. Pero como buena profesional que es se
recompone enseguida.
Me sorprendo al ver a este hombre enorme jugando a las
palmas con Eva, ya que Nerea juega conmigo, nunca imaginé
que él supiera jugar a este juego, ya que los niños lo tachan de
juego de niñas.
Nosotras estamos como locas intentando descubrir a dónde
vamos, pero no hay manera, lo único que nos ha dicho es que
nos pusiéramos ropa cómoda y resistente, nada más. Estamos
cantando en el coche cuando leo un cartel enorme donde pone
«Parc d´aventura els arbres», yo rápidamente le toco las
piernas llamando su atención para que me mire, mi corazón
está a mil por hora, no quiero que Eva vea que cambiaremos
de planes por su enfermedad, Damián esta tan concentrado
cantando con ellas que no me hace caso, cuando por fin me
mira, estamos a solo diez kilómetros, empiezo a decir que no
con la cabeza como una desesperada, él no entiende y cuando
veo que me va a preguntar pongo el dedo en sus labios
callándolo, no sé si es casualidad o mi sobrina que es lo más,
pero la niña nos pide ir al baño con urgencia obligándonos así
a que paremos, ella toma a Eva de la mano y la arrastra junto a
ella a la estación de servicio.
—No hagas preguntas, pero Eva se está recuperando de
una enfermedad grave y no puede por ahora hacer esfuerzos
—le digo muy en contra de mi voluntad.
—Perdona, soy un idiota por no haberte consultado. —Me
está dando pena, el hombre se encuentra desencajado, por más
que intento explicarle que no es culpa suya, no me hace caso
—. ¿Crees que se han dado cuenta?
—Eva no lo sé, pero Nerea estoy casi segura de que sí,
pero no pasa nada.
—Tengo otra opción que les va a encantar y que no
requiere esfuerzo.
Sin que las niñas fueran conscientes, cambiamos el rumbo
de nuestro paseo. Pasamos un día precioso en el zoo de
Barcelona, no sé cómo lo hace, pero consigue pases para que
hagamos el tour, estos pases se agotan en enseguida, encima
teniendo en cuenta que nosotros llegamos casi a la hora de
comer se vuelve más difícil todavía conseguirlos.
Está siendo un día espectacular. Ambas están radiantes.
Solo espero poder terminarlo igual de bien, me preocupa que
Nerea lo vuelva a ver en modo capullo. No quiero que ella
tenga esta opinión de la relación entre adultos.
Ahora, ya de vuelta, me estoy comiendo la cabeza para
justificar el porqué Eva se quedará en casa de mi hermano.
Este hombre es una caja de sorpresas, se despide de mí y de
las niñas sin hacer ningún tipo de preguntas. Ayudo a mi
cuñada a acostarlas y me voy. Ya en su piso, él me pide que
espere en el salón y desaparece escalera arriba, al cabo de
quince minutos vuelve, me desnuda, me toma en brazos y sube
conmigo, pasa de largo de mi habitación y me lleva a la suya,
empiezo a prepararme mentalmente para cumplir, no sé cómo
nombrarlo, porque por más que me pese el noventa por ciento
de las veces lo disfruto.
Damián no me lleva a la cama, sino al baño, me mete en la
bañera, que está llena, con sales relajantes y algunos pétalos de
rosas rojas flotando sobre el agua. Con delicadeza, empieza a
lavarme el pelo, pasa sus manos sobre mis hombros y me da
un relajante masaje, sus manos resbalan sobre mis pechos,
cierro los ojos y me muerdo el labio en la tentativa de reprimir
un jadeo. Damián me pregunta con voz ronca.
—¿Puedo? —dice apuntando a la bañera.
Mi mente me grita que no, no obstante, mi cuerpo que sí,
le confirmo su petición con la cabeza. Mi amante me empuja
hacia adelante y se sienta detrás de mí, se abraza a mi cuerpo y
va depositando suaves besos en mi hombro, una de sus manos
va bajando hacia mi sexo, la otra va a mis pechos, siento su
erección a mi espalda, empieza a acariciar mi clítoris
haciéndome gemir de placer, estoy en las nubes.
—Eres preciosa.
—¡No me digas estas cosas! Damián, ¿qué estamos
haciendo?
—Darnos placer mutuamente, voy a adorar tu cuerpo.
¿puedo pedirte una cosa?
—Dime.
—¿Duermes conmigo esta noche.?
Mi cabeza empieza a dar mil vueltas, por más que quiera
engañarme diciendo que no deseo hacerlo, cuando me trata
como está haciendo en este momento me hace sentir como
nunca me he sentido. Jamás había tenido este nivel de
intimidad con un hombre, me he acostado con muchos, y
ninguno de ellos me hizo sentir así.
—Sí… —digo con el corazón a mil.
No sé dónde tengo la cabeza para contestarle que sí. Ya
pensaré en las consecuencias más adelante. No sé decir cuánto
tiempo estuvo jugando con mi cuerpo sin permitirme culminar
mi placer, cada vez que intento quejarme me calla diciendo:
—Tranquila, al final merecerá la pena.
Cuando se cansa de darme la tortura más placentera de mi
vida, me saca de la bañera, seca mi cuerpo, me toma en brazos
y me lleva a su cama, si la manera en que me estaba tratando
en el baño me estaba haciendo sentir en las nubes, como me
trata ahora me hace pensar que he muerto y estoy en el cielo.
Damián me está haciendo el amor con suma delicadeza, me
trata como si me fuera a romper. No se parece en nada al
hombre despiadado, arrogante y prepotente de días atrás, si no
lo tuviera delante de mis ojos me sería imposible creer que
fuera la misma persona.
Después de lo que me parecieron horas jugando con mi
cuerpo y ocupándose de mí y de mi placer, Damián cae
rendido. Sé que de hoy en adelante las cosas entre él y yo no
volverán a ser lo mismo, es muy posible que esto nos deje
profundas marcas, la conexión entre nosotros, por más que
hubiéramos querido, sería imposible ocultarla. No puedo pegar
ojo pensando en lo íntimo y maravilloso que ha sido todo, no
sé explicarlo son desconocidas para mí estas sensaciones,
estoy aterrada, no ha sido solo sexo, no me apetece ponerle
nombre, igual es porque no lo tiene, pero esto que he vivido
hoy nunca lo he sentido con ninguno de los hombres que tuve
una noche de sexo ¡y mira que no son pocos! El hecho de
compartir cama con él no es novedoso, en Florida dormimos
juntos casi una semana, pero allí yo lo hacía «obligada», y
ahora es diferente, me gusta tenerlo rodeando mi cuerpo con
sus brazos, me gusta sentir su respiración en mi cuello, su
erección en mi culo y allí no hubo eso, él me retenía entre sus
brazos y nada más él se dormía yo me apartaba.
De tanto dar vueltas y vueltas ni me entero de cuándo me
quedo dormida. Lo bueno de eso es que me despierto con un
Damián duchado y oliendo a su particular olor a cítricos que
me encanta, es tan masculino y diferente, él me está
despertando con tiernos besos por toda la cara.
—Despierta, dormilona, hoy es lunes, tú tienes un negocio
que administrar, ve a ducharte mientras preparo el desayuno
—me dice esto me da un beso y sale de la habitación
dejándome con otra cosa más para pensar.
A los veinte minutos aparezco en el salón duchada y
vestida para salir a trabajar, Damián se queda mirándome.
—¿Qué pasa? —le pregunto.
—Nunca he visto a una mujer ducharse y vestirse tan
rápido. —Su contestación me hace reír.
—Querido…, es que yo no soy como las demás —digo
pasando a su lado. Me siento de frente a él humedezco mis
labios de forma provocativa captando su total atención.
—Cuánta razón tienes. Eres especial.
No llego a entender lo que quiso decir con estas palabras,
pero no hago preguntas, me parece que la cotilla que vive en
mí todavía está dormida. Desayunamos entre risas, bajamos a
la vez para salir a trabajar, en el garaje tenemos un pequeño
tira y afloja, pues el señor controlador quiere llevarme al
trabajo, recogerme y, por supuesto, eso no va a ocurrir, hoy
tengo que dedicar mi día a la fundación que la tengo
abandonada, sé que Nimay ha estado pendiente de todo, pero
él no conoce toda la dinámica de trabajo, así que ahora tengo
que ponerme al día. Ha sido un mes y medio fuera y ponerme
al día me llevara algo de tiempo.
Estoy arrancando y me suena el móvil que se conectó
automáticamente al Bluetooth del coche. Cuando miro y veo
que es él me viene la risita tonta.
—¿Ya me echas de menos? —pregunto y acto seguido me
arrepiento.
—Ya te echaba de menos nada más salir de la cama.
Me quedo muda, no me gusta el rumbo que está tomando
esto.
—Dime, Damián —le pregunto seria.
—¿Qué te pasa, Nuri?
—No me llames así. Y no me pasa nada. Anda, va, dime
qué quieres.
—¿Dónde paso a recogerte para que vayamos a comer
juntos? —Pero qué mierda piensa este hombre, yo no quiero
comer con él, bueno no es que no quiera, es que no debo.
—No puedo, tengo mucho trabajo, nos veremos en tu casa
—digo esto y cuelgo rápidamente antes de que él me diga nada
y arranco el coche a toda prisa .
Capítulo 23

Recibo la llamada de mi abogado informándome de que la


familia de Eva ya ha recibido el dinero, me río al oírlo decir
que les ingresó el dinero en el último momento del plazo
haciéndolos sufrir, creyendo que no aceptaríamos el acuerdo.
Al aceptar la propuesta de Damián preferí pagar y quedarme
libre de aquella gente. Me hace gracia escuchar a mi abogado
y buen colega hablar en estos términos, él es una de las
mejores personas que conozco, como casi todas las que tengo
aquí, él también me ofreció sus servicios jurídicos
voluntariamente, yo, siempre que puedo, pago sus honorarios,
no sin antes tener una buena pelea. Nimay ha hecho muy buen
trabajo, pocas son las cosas que quedan por hacer, cosa que me
tranquiliza, así podre centrarme en mi pequeño negocio, tengo
que empezar a mover los contratos de verano, en esta época,
en situaciones normales, es de donde saco el dinero para
mantener un muy buen nivel de vida el resto del año.
Damián, en lo que va de día, ya me ha llamado tres veces,
en la última le echo la bronca. No puedo estar recibiendo sus
llamadas a cada poco, tengo que concentrarme en mis cosas y
se lo digo, pero lejos de enfadarse, se ríe en mi cara, y me
llama gruñona. Nuestra relación es mejor que nunca, y me
asusta mucho.
Dentro de nada son las fiestas de Navidad y de fin de año,
ninguno de los dos expuso sus planes para tales fechas, y la
verdad es que tampoco tengo ganas, hay veces en las que me
sorprendo deseando llegar a casa, jamás creí que diría esto,
pero disfruto de estar allí, desde aquella noche de sexo, porque
jamás diré que fue noche de amor, ya que yo no hago eso.
Desde aquella noche, las cosas entre nosotros cambiaron para
bien.
Paso todo el día encerrada en la fundación. Miro la hora y
descubro que ya son las ocho de la noche, el día pasa tan
rápido que no soy consciente, a estas horas no hay actividad.
Así que apago y me marcho. Paso un momento por casa de mi
hermano a ver a Eva, una vez me aseguro de que está bien me
voy corriendo, quiero preparar una sorpresa para mi jefe, él
casi todos los días hace algo para agradarme y hoy me toca a
mí, le prepararé la cena, nunca le he cocinado y hoy me
apetece hacerlo. Cuando paro delante de la puerta de la casa de
Damián ya son las nueve y media de la noche, entro y siento
un olor delicioso, me dirijo hasta la cocina y encuentro a aquel
adonis solo con el pantalón del pijama sin camisa, cocinando y
cantando, me quedo parada admirando las maravillosas vistas,
el muy pillo al verme se ríe, viene hasta mí y me besa. «¡Esto
definitivamente no va bien!», me giro y me voy a mi
habitación dejándolo plantado. No sé por qué, pero me siento
frustrada, él, como viene siendo costumbre se me adelantó, y
por más que me sienta bien aquí, toda esta atención, cercanía y
manera cariñosa de tratarme no es de mi agrado. Yo no quiero
una relación y él me trata como si la tuviéramos.
Después de ducharme, me meto en la cama con la excusa
de que estoy cansada, pero la realidad es que estoy huyendo de
sus mimos, no los quiero, nunca los he tenido y no quiero
tenerlos ahora. Seria todo más fácil si siguiéramos con el buen
rollo y el sexo que tenemos sin que él lo llevara más allá, y por
qué no decirlo, estoy cabreada porque me apetecía cocinar
para él, ser yo la que lo sorprendiera para bien por una vez al
menos. Ya…, ya lo sé, me contradigo todo el tiempo, pero es
mi mecanismo de defensa. Estoy tumbada mirando a la tele y
pensando en todo esto cuando lo siento entrar en mi
habitación.
Me giro y me hago la dormida. No pienso salir de aquí
hasta mañana.
—Dormilona…, la cena esta lista. —No le contesto. Mala
idea, él empieza a repartir besos en mí cara y cuerpo
obligándome a contestarle.
—No tengo hambre, estoy agotada —Contesto con fingida
voz de sueño.
—De eso nada, vamos a cenar. —Se arrodilla en la cama,
me coge en brazos y me lleva al salón. Sin más excusas que
poner, finjo bostezar a cada minuto. Pero es inútil. A final
cenamos como si fuéramos una pareja, acabo contagiándome
de su buen humor, conozco un poco más de este otro Damián,
el lado picarón y algo depravado, aun así, no bajo la guardia,
solo tengo en mente terminar y salir corriendo a refugiarme en
la seguridad de mi habitación. Terminamos de cenar sin que
este hombre se calle, ¡madre mía, cómo le gusta su trabajo!
Ahora le ha dado por contarme su día, es un apasionado de lo
que hace. La cotilla que vive en mí vuelve a asomar la cabeza,
me muero por saber de qué van sus negocios; ¡bueno…! Dos
ya los sé, es dueño de un local de intercambios y un hotel.
Pero él me dijo que tiene muchos negocios y mencionó algo de
la bolsa de valores y miles de rollos más, sin dejar al
descubierto qué es. Mi curiosidad solo crece y crece, no
obstante, tengo que callarme, porque si le hago preguntas
estoy abriendo una brecha para que me las haga a mí.
Después de la cena, con la excusa de que estoy muy
cansada, me despido y me escabullo a mi habitación, estoy
abriendo la puerta y siento sus manos cogerme por detrás,
quisiera decir que me enfurezco o que quiero arrancarle los
huevos, no obstante, no es así, recuesto mi cabeza en su
hombro dejándolo conducirme a la suya, le sigo sin decir nada,
mis pensamientos van por libre, ya dando mil vueltas y
formulando mil y una situaciones que no van a ocurrir, así que
cuando estoy en mitad de la habitación me paro y le pregunto:
—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me tratas de esta
manera?
—Ya te lo he dicho una vez, quiero que lo pasemos bien.
Y, por favor no digas más que eres mi dama de compañía, yo
disfruto estando contigo, no te empeñes en trasformar eso en
una cosa sucia.
—Esto no puede ser, y tú lo sabes bien —protesto
exasperada.
—Dos años es mucho tiempo, por favor… —Con las dos
manos juntas a la altura de la boca y moviéndolas hacia atrás y
hacia adelante me pide con ternura. Pero no puedo, de verdad
que no puedo, me prometí a mí misma no relacionarme con
ningún tío, y este Damián que tengo delante me está haciendo
fantasear con cosas que no tienen cabida en mi vida. Ya lo sé,
soy una tocapelotas, siempre busco la manera de estropearlo
todo, pero no puedo, yo podría vivir perfectamente con él
como compañero de piso con derechos, pero no como
compañero sentimental, que es el título que el parece querer
darle a lo nuestro.
—Lo siento, pero no puedo. —Me giro y me marcho.
Me acuesto con la certeza de que ahora se dará cuenta de
que esta no es la manera en la que tiene que tratarme, yo no se
lo voy a permitir, y con este pensamiento me quedo dormida.
Por la mañana, me despierta nuevamente con sus besos
esparcidos por todo mi rostro, él se está portando como si yo
no le hubiera dicho nada, me tapo la cara para contener mis
ganas de gritarle y decirle que se vaya de la habitación, pero
no puedo hacerlo, estoy en su casa. Me levanto para irme a la
ducha, él me intercepta en el camino y me besa, mi enfado va
en aumento, pero o él no se da cuenta, o me está ignorando
porque me da una nalgada y me ordena que me vaya a la
ducha exactamente como lo hizo ayer, antes de ayer, y antes de
antes de ayer; y sale como si nada. Vamos…, igual a un
marido enamorado.
Llego a la cocina de morros, Damián ignora mi mala cara
y me indica el pedazo de desayuno que me tiene preparado con
flores en el centro de la mesa y todo, delante de todo este
montaje me es imposible mantenerme distante. Antes de que
me siente me da un beso fugaz, y haciendo una reverencia me
pregunta si es de mi agrado.
—¿Quién está en este cuerpo? Sea quien sea que salga
ahora —digo y me rio.
—Así está mejor, estás mucho más guapa cuando sonríes.
—Este juego es peligroso —le digo entre risas, pero no me
hace caso y sigue con las bromas.
Bajamos juntos. Ya nos despedíamos cuando él vuelve a
invitarme a comer, uff, qué escalofríos, esto parece las escenas
repetidas de un matrimonio. Por enésima vez rechazo su
invitación y él como todos los días dice que no se cansará
hasta que acepte. Me pregunta si llegaré pronto, entonces en
este momento me acuerdo de que hoy tengo que reunirme con
mi hermano y se me ha olvidado decírselo. La verdad es que
no tengo que darle explicaciones de lo que hago o dejo de
hacer, pero como no quiero romper la burbuja le digo que
tengo una cena de trabajo.
Paso la mañana haciendo gestiones, pero nada que me
lleve mucho tiempo, me paro a tomar algo cuando voy a sacar
la billetera para pagar siento mi móvil vibrar en mi bolso, lo
cojo y veo que es el señor José, después de que me sacó de allí
de aquella manera, toda mi vida se volvió loca. Mantenemos
una charla de unos cinco minutos donde solo él habla, bueno,
más bien se queja, dice que desde que no voy los domingos no
entra nadie, que hizo una gran reforma que le ha
subvencionado el ayuntamiento y que ni así las cosas le van
bien, vamos, que me cuenta una historia triste, consiguiendo
así que yo le prometiera que este domingo iría. ¡Ahora viene
lo complicado, no sé cómo haré para librarme de mi…!
Joder…, ¿de mí qué? ¡Con certeza, este domingo no será tan
agradable como los anteriores!
Estamos a sábado, yo no quiero salir de casa en todo el día.
Damián parece estar agobiado de estar encerrado todo este
tiempo, pero yo no le he pedido que se quede conmigo, y por
más que insisto para que salga, que se vaya con sus amigos,
siempre me contesta lo mismo, que no, que solo saldrá
conmigo, lo que él ni se imagina es que yo estoy intentando
encontrar la manera más adecuada para decirle que mañana
voy ir a bailar al bar que tanto le «gustó».
Aburrido, se mete en la piscina y empieza a hacer largos y
más largos, yo me siento en el borde y me quedo admirándolo,
¡¿a quién quiero engañar, me estoy colgando de este tío como
una colegiala?! Y voy a salir más chamuscada que una cerilla
en medio de una hoguera. Esto va a terminar fatal, Porque si
no es así, que alguien me explique por qué estoy tan
preocupada por su reacción cuando le diga que voy a ir a
trabajar, ni que fuera mi padre. Pero en fin. Aprovechando su
agotamiento llamo su atención.
—Damián, quería comentar una cosa contigo que se me
había olvidado —digo quitando importancia como si fuera una
tontería lo que quiero comentarle.
—Dime, Nuri.
—Ya te he dicho que no me llames así.
—No me seas gruñona, que te pones muy fea. —Le echo
agua en la cara y ambos nos reímos
Damián viene nadando hasta mí, y apoya ambos brazos al
lado de mi cuerpo teniéndome aprisionada.
—El domingo por la noche tengo un compromiso.
—Tenía pensado llevarte a cenar por ahí. —Esto se
complica por segundos.
—Ya te he dicho que no está bien que andemos por ahí
como si fuéramos una pareja. —Cambiaré la táctica, buscaré
una pelea y así le echare en cara que no tengo que darle
explicaciones de mi vida y me encerraré en mi habitación y
desaparezco mañana por la mañana.
—Otra vez con estas tonterías. Los amigos también salen
de cena, ¿sabes?
—Como si nosotros no nos besáramos por la calle.
—De verdad no sé qué coño te pasa con esta mierda de
que no quieres que la gente piense que tenemos una relación,
lo que la gente piense me la suda.
—¿Sabes qué te digo?, que ya me he cansado de jugar a las
casitas, mañana vuelvo a bailar.
—¿Qué?
—Lo que oyes.
—¿Dónde…? Ni de coña, puedes olvidarte de eso, ya
habíamos hablado.
—No tengo que darte explicaciones. —Intento
incorporarme, pero él es más rápido que yo y me tira a la
piscina junto con él.
—¿Tú crees que soy tonto, verdad?, pues que sepas que
no, no lo soy y mañana no vas a bailar en aquel cuchitril. Ya
me ocuparé de eso. Ahora ven aquí.
Y aquí termina nuestra discusión, Damián rompe mi
camisa me quita el tanga y me folla, dejándome satisfecha,
relajada y dócil.
Ya es casi la hora de que empiece a prepararme para ir a
trabajar, desde ayer en la piscina no volvimos a tocar el tema
de mi trabajo, Damián me folló como un animal, yo intenté
hacerme la enfadada con él pero como viene siendo de
costumbre no me funcionó, él me arrastro a su cama, no es que
yo haya opuesto resistencia, pero bueno, dije que no quería y
el muy cabrón dijo que él sí quería, así que dormí en su cama y
ahora tengo que mover el culo para vestirme y no tengo valor,
esto de estar encoñada es una soberana mierda. Después de dar
mil y una vueltas le digo que me voy a bañar, para huir de sus
miradas, me meto en mi habitación a ducharme, cuando estoy
echándome jabón en la mano para lavarme aparece este adonis
moreno, con su metro noventa totalmente desnudo detrás de
mí, toma el gel de mis manos y se hace cargo de lavar mi
cuerpo.
—¿Sabes qué voy a hacer ahora? —le digo que no con
fingida inocencia—. Voy a follarte y voy a ser muy duro, de
manera que te quitarás de la cabeza la idea de enseñar este
cuerpo que es mío a otros hombres, y como estoy muy
cabreado voy a follarte por un sitio al cual nunca me he
acercado, pero que lo deseo desde que te vi meneándolo en la
discoteca. ¿sabes de qué hablo? —Para que voy a hacerme la
santa virginal, sé perfectamente que está hablando de mi culo,
no sería la primera vez que tengo sexo anal, pero sí la segunda
—. Nuri, te he hecho una pregunta.
—Sí, lo sé.
Sin perder tiempo, empieza a jugar con mi ano,
dilatándolo, preparándolo para su intrusión, con una mano
trabaja mi ano y con la otra mi clítoris, me derrito en sus
manos, Damián es todo un experto en el arte del sexo, juega
con mi libido a su antojo, llevándome a la cúspide y bajando al
segundo siguiente a la tierra de un plumazo, pero sin que
pierda mi estado de excitación. Estoy que exploto, froto mi
culo en su pene y le pido que me penetre, Damián me dice que
todavía no, que no estoy lista para recibirle. Mi desesperación
es tal que cojo su pene en mi mano y lo introduzco en mi
cuerpo, ambos gritamos de placer, Damián sigue con el dedo
en mi ano, su toque es una mezcla entre caricia y rudeza, no
deja de decir palabras sucias a mi oído me voy abriendo hacia
él como una flor. Está dilatándome y a la vez follándome sin
compasión, soy una muñeca de trapo en sus manos, le imploro
que no pare, voy a su encuentro, el ruido de nuestros cuerpos
chocando es maravilloso, cuando estoy casi corriéndome
Damián retira su polla de mi vagina y me penetra por el ano de
una sola estocada, haciéndome gritar por el dolor.
—Perdóname, mi deseo por ti me hace perder el control.
Sus dedos no dejan de trabajar mi vagina, pellizca mi
pezón, muerde mi oreja, folla mi clítoris y mi vagina con el
dedo, me tiene totalmente empalada por el culo, nunca me
sentí tan llena. Poco a poco empieza a moverse y empiezo a
gemir de placer, Damián mete el dedo con mi sabor en mi
boca, lo chupo y le muerdo el dedo, baja la mano que tenía en
mis pechos a mi sexo y vuelve a follarme, ahora más fuerte,
aumenta el ritmo de sus embestidas, estoy enajenada de placer.
Me corro gritando su nombre tras un par de estocadas más,
Damián derrama su leche en mi ano gimiendo mi nombre.
Me baña como si yo fuera una niña y me lleva a su cama,
se tumba conmigo y nos arropa, saliéndose con la suya
impidiéndome ir a trabajar.

Ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que he


dormido en la que debería de ser mi habitación, las primeras
semanas yo intentaba ir a la mía, pero él siempre se salía con
la suya y sin que fuera consciente, mis cosas fueron ocupando
su baño, ya tenía un cajón con pijamas y lencería y varias
pertenencias más. Estamos muy bien, la verdad, en todo este
mes he conseguido dar esquinazo a sus invitaciones para
comer juntos, él insiste una y otra vez en saber a dónde voy
todos los días, llegando a amenazarme con contratar un
detective para que le haga un dosier sobre mi vida, esta fue la
única vez en la que discutimos. Las niñas están encantadas con
él, los fines de semanas con ellas lo pasamos genial, Damián
tiene una tremenda paciencia con los niños, ellas hacen con él
lo que quieren, para ellas somos novios, pues nos pillaron
dándonos un beso, y están encantadas, le agradezco que no
hagan preguntas sobre mi vida y, lo más importante, sobre
Eva, que todos los viernes se viene junto a Nerea. Hay veces
que llego a pensar que conoce la historia, pero hay otras en
que creo que está totalmente a oscuras. En este tiempo me
habló un poco más de sus hermanos, al parecer su hermana es
su ojito derecho, dice que dentro de un años la tendrá de vuelta
y que ella trabajará junto a él, con su hermano la cosa no
parece ir todo lo bien que debería, no me dice mucho, pero la
cotilla que vive en mí consiguió indagar que su hermano tiene
oficio, pero sin beneficio y que es él quien lo mantiene y que
aun así las cosas entre ellos es tensa, pero de ahí no he podido
pasar, se cerró en banda, y no hubo manera de sacarle nada
más.
Capítulo 24

Paso la tarde en la fundación con los niños, la enfermera trajo a Eva


para que al menos pueda ver las clases, ya que de momento no las
puede hacer. Sus ojitos brillan a cada paso que hacemos. Dentro de dos
semanas tengo que volver con ella a Florida para su revisión. Estoy
muy esperanzada. La primera revisión fue muy bien, para mi suerte y
alegría justo cuando tenía que llevarla a la revisión Damián tuvo un
viaje de negocios y estuvo una semana fuera. Hice una ida y vuelta
express, fue una verdadera paliza, pero lo último que quiero es discutir
con él, tener que decirle más mentiras. Las cosas entre nosotros van
bien, aunque odie la dirección que está tomando lo nuestro y luche para
no tirarme de cabeza. No sé lo que le voy a decir para justificar mi viaje
con Eva, tengo la esperanza de que se me ocurra algo convincente y él
lo acepte sin montar en cólera. A cada día que pasa es más posesivo y
celoso.

Desde que me despedí de Carlos en el aeropuerto no he vuelto a


estar a solas con él, me siento fatal por haberle permitido besarme
cuando ya tenía el contrato firmado con Damián, no obstante, diré a mi
favor que me sentía desolada por todo lo que me estaba pasando, por lo
que tuve que hacer para conseguir el dinero, por cómo fue nuestra
primera vez juntos, me sentía sola y él rellenaba ese hueco sin hacerme
preguntas, ni mucho menos juzgarme. Cosa que mi jefe hacía todo el
tiempo. Él me llama por teléfono, y me comenta sobre la situación de
Eva, dice que está muy contento con sus progresos, sabe todo sobre su
caso, aunque ya no sea el responsable, según él está en manos de
especialistas que están trabajando para intentar poner un nombre a lo
que ella tiene. Ya mi veredicto sobre su ausencia del caso es evitarme.
Las primeras Navidades de Eva lejos de sus hermanos dentro de lo
que cabe están siendo buenas, felices, que es lo que debe de ser para
todos los niños. Mi familia la trata como a una más, la colman de
mimos y regalos, hubo unos minutos en que inevitablemente se acordó
de ellos y se le escaparon un par de lágrimas, pero rápidamente mis
sobrinos corrieron hasta ella y la arroparon. Los hermanos nos tienen
algo preocupados, no la dejan estornudar, la protegen de todo y todos,
tanta es su sobreprotección que su hermana se queja de que no le dejan
disfrutar de su amiga, que ellos son unos pesados y no permiten que los
niños se acerquen a Eva. En ningún momento nombra a sus tíos, cosa
que me alegra. Las fiestas este año están siendo distintas para toda mi
familia, la llegada de Eva nos trajo alegría, aunque yo vivo con el
miedo metido en el cuerpo por desconocer qué pasará con su futuro.
Estoy en continuo contacto con los abogados de los que fueron sus
padres adoptivos. Ellos lo único que me dicen es que no me preocupe
que todo está en orden, por más que intente indagar no sueltan nada. En
una de las ocasiones en la que hablamos, perdí los papeles y les dije
directamente que o me contaban que estaba pasando o les denunciaba,
sin pestañear me dijeron que lo único que conseguiría con eso era
mandar a Eva a una casa de acogida y perder todas las posibilidades de
estar con ella, que no me preocupara, que era cuestión de meses que
fuera mía definitivamente. Me soltaron eso como si yo les hubiera
dicho que me iba a hacer cargo. Intenté razonar con ellos, pero fue
inútil, ellos decidieron que la niña se quedara conmigo y la única
manera que tengo de revertir eso es denunciándolos y condenándola a
una vida incierta, así que… Eva es mi responsabilidad. No obstante,
decidimos vivir el presente, tengo a todos de mi parte en relación con
ella. Sus padres adoptivos le enviaron regalos, mi primera reacción
cuando mi hermano me lo dijo fue tirarlos, fue Nicolás quien no me
dejó. Y se lo agradezco, la propia Eva fue quien rehusó a abrirlos.
Por otro lado, estuvo Damián, en Nochebuena comió con sus
abuelos y hermanos, ya en Navidad se presentó en la puerta de casa de
mi hermano y sin que nadie lo invitara comió conmigo y mi familia.
Fue una situación un tanto embarazosa, mis padres inevitablemente
creen que es mi novio. Él, como de costumbre, no hace nada por
sacarlos de su error, ya no me cabe duda de que sabe que Nerea y yo le
tomamos el pelo con lo de ser madre e hija, mis padres en todo
momento se referían a mí y ella como tía y sobrina, mi hermano y
cuñada como padres, y este nuevo Damián no dijo absolutamente nada
y yo tampoco se lo diré, el día que monte en cólera por eso ya capeare
el temporal. En Nochevieja cenamos con las niñas en casa de mi
hermano y después nos fuimos a Sinsayth, ¡sí, señor…!, a Sinsayth, por
primera vez disfruto de este local como una más y me lo paso en
grande. Los empleados vinieron a saludarme bajo la mirada asesina de
mi acompañante, que durante toda la noche me tuvo pegada a él, solo
me soltó cuando apareció la morena y le besó, cuando vi los labios de
ella sobre los de él le solté la mano para marcharme, Damián en un
rápido movimiento volvió a coger mi mano y la sujetó con más fuerza,
con la que tenía libre la apartó de su cuerpo y gritando le dijo que no
volviera a hacerlo, que estaba conmigo y me debía respeto, ella le
contesto algo que la alta música me impidió entender. Allí mismo
tomamos unos deliciosos churros con chocolate. El día de Reyes,
Damián apareció delante de mi casa con un camión de regalos. Pero
tratándose de Damián no podía ser diferente. Parece mentira que el año
pasado por estas fechas yo estaba de los nervios por su culpa, el tira y
afloja que traíamos, las discusiones y su manera de presionarme.
Hoy cuando llegue a casa tendré que sacar todas mis armas de
seducción, Nimay me ha llamado muy cabreado reclamando que desde
que estoy con Damián lo tengo abandonado, cosa que es verdad, pero
aquel hombre es sumamente absorbente, no me deja respirar y sin
darme cuenta le he dejado el control.
Después de las clases me ducho, me cambio, las dejo en casa, y
voy al encuentro de mi amigo en el restaurante que acordamos. Cuando
estoy tomando asiento, noto una mano en mi hombro, me giro y me
encuentro con Carlos, con alegría le doy dos besos y le invito a que se
siente a tomar algo conmigo hasta que mi amigo llegue, me alegro
mucho de encontrarlo, como ya había dicho antes, tengo la sensación
de que me evita, y todavía quedan unos veinte minutos para que llegue
Nimay, así que aprovecharé para limar un poco las asperezas entre
nosotros. Carlos es un buen tío, y no quiero que por lo que pudo ser y
no fue nuestra amistad se vea afectada. El tiempo que compartimos en
Florida nos permitió entablar una amistad que deseo seguir cultivando.
Me alegra saber que se está viendo con una médica y que está
ilusionado. Aunque dice que hay una mujer en su cabeza cambio de
asunto, ya que mucho me temo esta mujer soy yo. Nimay, como casi
siempre, acaba de enviarme un mensaje diciéndome que se va a
retrasar unos veinte minutos, media hora, ¡vamos, que este no llega
hasta dentro de una hora! Lo quiero con locura, pero su impuntualidad
me saca de quicio, por más que le digo que lo tengo asumido, me
enerva, pero en esta ocasión casi se lo agradezco así puedo disfrutar un
poco más de la compañía de Carlos, pedimos una botella de vino y
empiezo a contarle un poco de mi vida desde que volví de Florida con
Eva, mi amigo se está riendo a carcajada limpia de mi cara de tonta
enamorada según él. Pero lo sacaré de su error ahora mismo, no quiero
que piense que tengo una relación de pareja con Damián.
—Carlos, no veas cosas donde no las hay.
—Anda, me vas a negar que estás enamorada de ese troglodita.
—Tonto… —digo riéndome—, no tengo absolutamente nada con
aquel troglodita.
—¿Así que soy un troglodita? ¿Y tú qué eres? ¿Cómo se llama a
las que cobran por acostarse con los hombres? —Al sentir su voz detrás
de mí siento que mi corazón se encoje. Sé que por más que se lo intente
explicar no lo entenderá, el tiempo que llevamos juntos ya me dio para
conocerlo y da igual o cuanto me esfuerce, no entrará en razón y para
empeorar, si hay una persona a la que él tiene mucha manía es Carlos.
—Damián…, no saques conclusiones precipitadas, te lo puedo
explicar —digo con voz cansina. Se que será inútil, que me hará daño,
pero deseo de todo corazón que por una vez en su vida no saque ese
maldito genio que reconozco que es igual al mío. Estamos muy bien y
deseo que siga así.
—No quiero explicaciones, te doy media hora para esperarme
desnuda en la habitación, si llego y no estás, daré por hecho que
rompiste nuestro acuerdo y me devolverás mi dinero.
Dicho esto, se gira y se marcha dejándome sin saber qué decir a mi
amigo, por más que quiera explicarlo no hay excusa, él se encontró con
Damián dos veces y en las dos veces me ha tratado como basura.
—Carlos; no sé cómo te lo puedo explicar. Si me acuesto con él es
por…
—No tienes que darme explicaciones, tú eres dueña de tu vida.
Solo quiero que sepas que si me necesitas estoy aquí, ahora vete para
que no tengas más problemas.
Me despido de mi amigo y me voy corriendo, por el camino envío
un mensaje a Nimay contándole por encima lo que acaba de ocurrir.
Ojalá me deje explicar que todo esto no es más que un gran
malentendido. Llego al edificio y su coche está en el garaje, señal
inequívoca de que ya se encuentra en casa. Bajo de mi coche cabizbaja
y voy en dirección al ascensor. No obstante, no tengo el valor de entrar,
sé que no me espera nada bueno ahí arriba, sé bien que cuando está
enfadado no tiene filtro a la hora de hablar, y algo me dice que sus
palabras ahora mismo me causarán un gran dolor.
Dicho y hecho, la puerta del ascensor todavía no se ha abierto del
todo y ya tengo delante de mí la imagen de Damián en el recibidor de
pie con las piernas medio abiertas y los brazos cruzados en el pecho.
Una postura chulesca que nunca le había visto. Tomo aire, me bajo del
mismo y me quedo frente a frente con mí, hasta ahora, amante.
—Te lo puedo explicar.
—No quiero tus explicaciones, vete a la ducha, quítate el olor a
otro y espéreme en tu habitación.
—¡Te estás equivocando! Has sacado tus propias conclusiones y
me estás juzgando sin darme el derecho a explicarme.
—Dentro de diez minutos estoy en tu habitación y te quiero lista.
Es inútil intentar razonar con él en este estado, y como no tengo el
dinero para devolvérselo, solo me queda hacer lo que me está
mandando. A los diez minutos justos lo siento entrar en mi habitación y
todavía no he salido del baño.
—Ya han pasado los diez minutos, no te he contratado para
hacerme esperar, ven aquí ahora mismo.
—Tengo que secarme el pelo.
—Sécalo después, ven ya…, ponte a cuatro patas no quiero ver tu
cara mientras te follo.
Resoplo y cuento hasta diez. Paso la toalla por mi pelo quitando el
exceso de humedad, salgo del baño y me pongo en la postura que me
ordena, y él sigue en sus treces de querer hacerme daño.
—Déjame explicártelo, te lo pido por favor.
—Entierra la cara en la almohada, no quiero escucharte —me
ordena ignorando mis palabras, vuelvo a tomar aire, me centro en
retener las lágrimas que se agolpan en mis ojos pugnando por salir, pero
como me llamo Nuria, no derramaré ni una sola. Pasan varios minutos
y Damián no me toca, siento mis miembros hormiguear, pero no me
quejo, cuando menos lo espero siento una gran nalgada en mi culo, a
los pocos segundos otra, cuando me estoy preparando mentalmente
para aguantar el temblor de mis miembros me penetra. Empieza a
entrar y salir de mi cuerpo centrándose solo en su placer , muerdo la
almohada para que no se me escape ni un solo sonido, Damián se
trasporta a él se evade como si yo no estuviera aquí, hace uso de mi
cuerpo a su antojo, me odio por está permitiéndole que me haga esto
por segunda vez, el hombre generoso atento y detallista que he
conocido ha desaparecido y ahora tengo sobre mí a un verdadero
tirano. Toma mi pelo en un puño y me penetra con más fuerza, yo creía
que ya había llegado a su top, pero estoy descubriendo que no es así,
me da un par de nalgadas más y se corre en mi interior. Se retira de mi
cuerpo, se dirige a mi baño, se asea y sale de la habitación dejándome
sola y hecha pedazos. Tomo mi tiempo reflexionando sobre cuándo
permití que a alguien me tratara de esta manera, después de rebuscar en
lo más recóndito de mi cerebro llego a la conclusión de que nunca, esta
es la respuesta. Las únicas personas que me hicieron sentir como una
basura ya no están en mi vida, aunque desgraciadamente estoy obligada
a estar en presencia de una de ellas más de lo que deseo, y desde aquel
día nadie me hizo llorar ni sentirme tan mal como me siento ahora. Es
penoso, veo la escena repetida de lo que nos paso en Florida. Las cosas
entre nosotros desde el momento uno empiezo mal.
Me levanto de la cama, me miro al espejo, me centro en retener
estas puñeteras lágrimas que quieren salir, pero por encima de mi
cadáver lloraré nuevamente por culpa de este gilipollas, Damián
consiguió hacerme llorar una vez, pero eso no volverá a repetirse.
Porque el que va a llorar aquí va a ser él.
Hasta aquí hemos llegado…, lo veré arrastrándose a mis pies
pidiéndome perdón por haberme tratado de esta manera.
Voy hasta el vestidor, recojo mis dos maletas y las arrastro hasta la
cama, las tiro encima y empiezo a meter mis pertenencias dentro, no
me llevaré ni un solo alfiler que él me haya regalado. Una vez tengo
todas mis cosas recogidas, me voy al baño, me hago un rápido aseo, me
pongo la única muda que he dejado fuera de la maleta y porque estaba
en el baño. Me enfundo en el chándal de Adidas que tenía allí, cojo mis
dos maletas y las arrastro hasta el salón, lugar donde sabía que
encontraría a Damián leyendo el periódico, doy un manotazo en el
mismo atrayendo su atención hacia mí. Cuando ve las maletas, se
queda sin palabras, su rostro pierde el color. No le doy tiempo a
recomponerse y le digo a bocajarro.
—Me voy. No te preocupes, te devolveré hasta el último céntimo
de tu dinero. —El muy cabrón se recompone del sopor inicial y se ríe
en mi cara.
—No seas ilusa, salvo que no hayas tocado ni un solo céntimo no
tienes cómo hacerlo.
—Aunque tenga que hacer esquina en todos los polígonos de
España, robar un banco o vender mis órganos te devolveré hasta el
último céntimo que te debo, pero tú no volverás a ponerme tus sucias
manos encima. —Una vez le digo esto, dejo las llaves encima del
mueble y arrastro mi maleta deseosa de alejarme de este lugar.
—Nuria, vamos a hablar.
—Se acabó.
Capítulo 25

Llamo al culpable de mi actual situación, sí…, soy una


soberana cabrona, estoy culpando a mi amigo de lo ocurrido.
Pero si él no me hubiese invitado a cenar en aquel restaurante
romántico para dar celos a su novio, que insiste en que él es
bisexual, no entiendo de verdad… Nimay me juró y perjuró
que en su vida se ha acostado con una mujer, que ya se lo dijo
por activa y por pasiva a su celoso novio que para mi
desespero tiene metido en la cabeza que mi amigo y yo
tenemos una relación amorosa, de ahí su odio hacia mí. Si él
hubiera llegado a la hora por una vez en su puñetera vida nada
de aquello hubiera pasado. Espera un minuto, ahora que
pienso, ¿qué hacía él en aquel restaurante? Aquel lugar no es
el típico sitio a donde se va por cenas de negocios. ¿Será que
había quedado allí con la morena que nos encontramos hasta
debajo del felpudo? ¡Qué me importa!, él es libre, puede estar
donde y con quien quiera. «No te hagas la indiferente, estás
muerta de celos». Mas quisiera él, me da exactamente igual
con quién vaya.
Soy dura con mi amigo, descargo sobre él toda la rabia que
siento ahora mismo y cuelgo. Nimay llega todo azorado, me
da pena ver lo desencajado que está por lo ocurrido, así que
freno mis instintos asesinos y dejo de pagar con él mi
frustración y recibo sus mimos, estoy tan enfadada conmigo
misma que la única persona capaz de estar a mi lado y
consolarme es él. Después de lamerme un poco las heridas,
solo un poco, porque no me va esto de lamentarme, soy una
mujer de acción. Así que recompuesta, mi lindo hindú y yo
nos ponemos a hacer un exhaustivo estudio de mercado y
juntos seleccionamos unas cuantas discotecas para enviarle
propuestas, preparamos un elaborado dossier ofreciéndoles
nuestros servicios de gogó para los fines de semanas de
verano, me imagino que la gran mayoría ya tenga los contratos
cerrados, pero por intentarlo no pierdo nada, el no ya lo tengo,
ahora tengo que intentar el sí, estoy desesperada tengo que
trabajar a destajo para pagarle todo el dinero que debo a ese
hombre. Decidimos mandar varias propuestas a otras ciudades
vía e-mail, y así estuvimos hasta altas horas de la madrugada,
por supuesto no las enviamos a esas horas no es profesional,
no da aspecto de empresa seria, pero dejamos todo en la
bandeja de salida listas para ser enviadas.
Mereció la pena haber ido a dormir tan tarde y haber
madrugado para repartir los dosieres. Contra todo pronóstico,
he conseguido cerrar varios contratos, uno muy importante en
Madrid justo para después del verano, este contrato me
reportará buenos ingresos. Después de todo, parece que voy a
tener un poco de suerte. También he conseguido contratos
extras en Ibiza y Mallorca.

Desde mi partida de casa de Damián, mi vida está siendo


una verdadera locura. He tenido que hacer frente a varios
temas espinosos, no quiero involucrar a nadie más en esta
locura, yo me he metido en esto y yo sola voy a salir de ello.
La primera prueba fue mi familia, cada vez que llamo a mi
hermano para saber cómo esta Eva y Nerea y escucho su
contenta voz relatando lo bien y contenta que está, me entra la
cobardía y le oculto mis planes, no le contaré mi nueva
situación tampoco le mentiré, tendré que encontrar una buena
manera para explicarlo, tanto mi hermano como mi sobrina se
han hecho pro Damián, me resulta gracioso; Nicolás unos
meses atrás lo quería matar, sin embargo, el encantador de
serpientes de Damián ha conseguido metérselo en el bolsillo,
confieso que a día de hoy no sé en qué momento ellos han
llegado a hacerse íntimos. Lo único que sé es que él los tiene a
todos encandilados. Así que decidí que hasta que no tenga mi
vida más o menos en orden no les contaré nada.
Todos los días al meterme en la cama doy vueltas sobre
cómo abordar a las pequeñas sin que ellas sufran por el
camino. Son ángeles y tienen que vivir felices y alejadas de las
trifulcas de los adultos. Me pongo como loca a programar un
fin de semana perfecto con mis niñas, organizaré todo para que
sea especial y les revelaré primero a ellas que ya no estoy con
Damián, por más que intenté ocultarles que teníamos una
«relación» ellas lo saben y les encanta. Nerea con su mente
fantasiosa ya estaba planeando mi boda.
Tengo que buscar una buena excusa para cuando las vaya a
recoger y no vean al perfecto tito Damián.
Esto es más complicado de lo que me esperaba, no
encuentro una manera fácil de explicarle a las niñas que su tío
político preferido ya no estará con ellas, que ya no lo verán
más. No soy creyente, pero en este momento todo me sirve,
me santiguo, ¡que sea lo que Dios quiera! Llego a casa de mi
hermano y me reciben mis sobrinos que por primera vez
reclaman mi atención, cosa que no entiendo, si hasta hace unos
meses nos llamaban aburridas, pero ahora no pierden la
oportunidad de estar al lado de Eva, que se derrite con las
atenciones que los hermanos le dan, les digo que si quieren
pueden venirse con nosotras. Ellos se animan, sin embargo, la
sonrisa se les borra de la carita cuando les digo el plan, de
antemano les aclaro que los hombres también hacen estas
cosas, con la frente arrugada me escuchan, pero como si se
tratara de una grabación, gritan los dos a la vez que no cuando
digo que nos vamos a hacer las uñas, limpieza de piel, cortar el
pelo y esas cosas, los dos me miran con cara de asco y me
dejan plantada en la entrada, llego al salón de mi hermano me
quedo petrificada, me encuentro a un Damián totalmente
irreconocible; esta con barra de labios en la boca, gomas en el
pelo y está a punto de tener las uñas pintadas.
—Eva…, ¡quieta ahí! —grito.
—Pero si a tito Damián le gusta jugar a las peluquerías. —
Le miro y me entra la risa, él está aguantando estoicamente la
sesión de tortura de las niñas, pero su mirada me suplica que le
saque de allí, cosa que no haré ni muerta, no quiere ser parte
de mi vida, que se fastidie. Nadie le ha mandado presentarse
aquí.
—Eva, este color no combina con la ropa que lleva el tito,
creo que queda mejor el rojo, ¿no crees? —Damián me
fulmina con la mirada, pero hago que no lo veo. Me voy a la
cocina, donde están mi hermano y mi cuñada, entro
muriéndome de risa. Mi hermano me riñe, pero me da
exactamente igual lo que él me diga. ¡Que se aguante! Llevo
exactamente cuatro días sin cogerle las llamadas ni contesto a
sus mensajes, como hombre listo que es sabe perfectamente
que no quiero verlo ni escucharlo. Y ahora que está aquí sé
que no podré librarme de él, así que, que se joda.
Después de que las niñas lo martiricen durante más de una
hora, les digo que tenemos que irnos, ellas se levantan y salen
corriendo a la habitación para volver a cambiarse de ropa, la
que tenían puesta está perdida.
—¿Dónde vamos? —giro el cuello en dirección a la
persona que me habla y me encuentro que es Damián, ¡qué
coño! yo sabía perfectamente que es él, pero como no doy
crédito a su descaro me hago la desentendida.
—Yo —enfatizo bien para que no le queden dudas—. Me
voy con las niñas por ahí, tú no lo sé, ni me importa.
—Yo…, voy con vosotras te guste o no. —Damián se
acerca a mí y me dice al oído—. Si no quieres que le cobre a
tu hermano el dinero que me debes dejarás que vaya contigo.
—Tú siempre buscarás una manera de doblegarme,
¿verdad?
—Ya te he dicho un millón de veces que siempre consigo
lo que quiero.
—Pues seguirás queriendo.
Las niñas aparecen como un terremoto, Damián se me
adelanta y les dice que hoy vamos a un SPA muy chulo. Mi
cabreo solo va a más. El desgraciado está pareciendo un
espantapájaros y no le importa lo más mínimo. Lo fulmino con
la mirada, pero una vez más se sale con la suya. Voy en
dirección a mi coche, pero él al ver la dirección que tomo me
llama y apunta el suyo, le hago que no con la cabeza.
—Chicas, ¿en qué coche preferís ir? —El muy cabrón
pregunta apuntando el suyo y el mío.
—En el tuyo…, preferimos el tuyo, mola más —gritan las
dos pequeñas traidoras.
Inspiro y expiro varias veces para no cometer un asesinato
delante de mis «angelitos». Vuelvo sobre mis pasos en
dirección a su coche y sin mirarlo ni dirigirle la palabra entro,
me siento, me abrocho el cinturón y me quedo mirando por la
ventana. Por el camino, él va cantando con las niñas y yo
muda, intentando encontrar una manera de decirles que él ya
no estará más con nosotras, pero no encuentro ninguna, ellas le
adoran, y a juzgar por la manera en que él las trata, él también
las aprecia.
Llegamos a uno de los SPA más lujosos de Barcelona,
cuando entramos vienen a atendernos cuatro chicas, cada una
de ellas se ocupa de uno de nosotros. Nos conducen a los
vestuarios y nos entregan el programa, lo reviso y veo que
Damián solo no estará con nosotras cuando vayamos a
hacernos la manicura, porque en todo lo demás estamos
apuntados todos, o estamos solos él y yo. Decido no discutir,
ellas están ilusionadas y para que nos vamos a engañar, yo
encantada de poder disfrutar de todos estos tratamientos de
belleza y masajes. Cuando volvemos a ver a Damián que se
había separado de nosotras en la entrada, ya no le quedaba ni
un solo rastro de pintura, pinta uñas o gomas, ya vuelve a ser
él, antes de salir de casa de mi hermano él con la ayuda de mi
cuñada se quitó lo que pudo, pero su miedo a que me fuera sin
él hizo que saliera con restos de maquillaje y pinta uñas.
Pasamos un día maravilloso, las pequeñas tienen cada
ocurrencia que nos partimos. Pasamos la mayor parte del
tiempo en la zona infantil, pero merece la pena, Nerea ya había
ido a un SPA, pero para Eva todo esto es una novedad. En
nuestro último tratamiento aprovecho el momento en que
estoy a solas con Damián para hacerlo entrar en razón.
—Por favor no busques más a las niñas —le explico que
ellas sufrirán más si siguen pasando más tiempo con él y un
día de la noche a la mañana él va y desaparece.
—¿En qué idioma te tengo que decir que no me iré de sus
vidas?
Voy a replicarle y aparece la masajista, por lo que me veo
obligada a callarme. ¿Cómo puede ser tan egoísta? ¿Cómo
puede afirmar que no va a desaparecer de sus vidas cuando
todos sabemos que nada más conozca a otro juguetito, o se
encapriche, se va a olvidar de nosotras? «Esto ha sonado a que
estás celosa perdida». Sigue donde estabas, soy mucho más
feliz sin ti martilleando en mi cabeza. «Claro, a ti te gusta más
que te martillen en otro sitio». Madre mía, ¿qué mal he hecho
para merecer esto?
—¿Has dicho algo? —pregunta la masajista con cara de
espanto.
—No…, solo pensaba en voz alta. —Escucho una risita,
miro y descubro al cabrón de Damián riéndose de mí.
Salimos del SPA y vamos directos a un restaurante a cenar,
entre Damián y yo no hay discusiones, simplemente le hago el
vacío, ignoro por completo su presencia, pero él no deja pasar
la oportunidad, al tener a las niñas delante se aprovecha y me
abraza, sigue portándose como si estuviéramos juntos, ya que
ellas nos ven como pareja. Por más que le pido que no lo haga
no me hace caso. La cena también es tranquila todos tomamos
pizza a elección de las pequeñas, le digo a Damián que nos
deje en casa de mi hermano para que yo recoja mi coche. Él no
me contesta, no me mira siquiera, se dispone a conducir, yo
voy prestando atención a lo que me están contando mis niñas,
están ilusionadísimas con todo lo que les hicieron en el SPA.
El coche se detiene y miro a Damián queriendo matarlo, el
muy desgraciado nos trajo a su casa como si nunca nos
hubiéramos separado.
—No nos vamos a quedar aquí, llévanos a casa de mi
hermano —digo sin importarme que las niñas nos oigan.
—No… —contesta Damián.
—¿Y por qué no, y por qué no? —miro hacia atrás y me
encuentro con la mirada de perrito cuando se cae de la
mudanza de las dos traidoras que tanto amo.
—Nerea, Eva, vuestro tío… —Me dispongo a explicarles
que no podemos quedarnos porque Damián tiene trabajo que
adelantar para mañana poder estar con nosotras, pero el
muy…, me corta.
—Ya lo terminé —dice enseñando sus malditos dientes
blancos.
Las dos brujitas van y empiezan a gritar de alegría. Él se
baja del coche se dirige a la parte de atrás y se dispone a quitar
a mis niñas de sus sillitas. Ellas, radiantes de felicidad, le
llenan de besos. No me queda otra que adentrarme en la cueva
del león.
Mientras yo las ayudo a ponerse el pijama él les prepara un
vaso de leche caliente. Entre los dos las acostamos, estamos
saliendo y Nerea llama a Damián, me congelo, para qué vamos
a mentir, le tengo pánico. Temo a mi sobrina, pero esta vez la
sorpresa viene de parte de Eva que con voz mimosa le pide
que les cuente un cuento, y él, con tal de complacerlas, vuelve.
Les manda dejarle una esquina, se sienta en la cama apoya su
espalda en el cabecero de manera que nos tiene a las tres
vigiladas.

«Érase una vez una princesa muy fuerte y rebelde, Brave y


Vaiana a su lado no tienen nada que hacer. Es la princesa más
fuerte, valiente, segura, independiente y orgullosa del mundo.
Nunca aceptaba la ayuda de nadie, nadie en el reino sabía el
porqué del orgullo de la bella princesa.
Un día, en uno de sus paseos por el bosque se encontró con
un bello y apuesto príncipe. El príncipe, nada más verla, se
quedó prendado de la bella princesa, sin pensarlo se acercó a
ella y la invitó a dar un paseo por el bosque, él deseaba
enseñarle las maravillas ocultas de aquel paraje, no quería que
ella se marchara, pero la orgullosa princesa le rechazó. Él, que
era un guerrero, no aceptó su rechazo y se dispuso a intentar
ganarse el corazón de la bella princesa que no lo quería cerca,
que lo rechazaba una y otra vez, pero él estaba tan hechizado
por ella que se dedicó a perseguirla por donde quiera que ella
iba. Ella ni si quiera lo saludaba, pero él no desistía y seguía
intentando ganar su corazón. Por cada negativa que recibía por
parte de ella su deseo crecía.
Hasta que un día, para la sorpresa del príncipe, la bella
princesa llamó a las puertas de su castillo, su guardia real la
anunció. El príncipe recibió la noticia con asombro, pero feliz
por tenerla en sus tierras. Con una gran alegría ordenó que la
dejaran pasar inmediatamente. La cara de la princesa ya no era
la de antes. Había tristeza y dolor en ella, esto partió el
corazón del apuesto príncipe, que se preocupó por el estado de
ánimo de la bella dama, pero no quiso decir nada, ya que era
conocedor del orgullo y mal genio de la princesa. Él, paciente,
esperó a que fuera ella quien hablara primero, su porte altivo
no demostraba, pero en el fondo el príncipe se moría de miedo
de que ella huyera nuevamente, no pensaba perder aquella
oportunidad de tenerla, por nada en el mundo pensaba permitir
que se fuera del castillo sin decirle qué le había llevado hasta
allí. Estuvieron callados mucho tiempo. Uno mirando al otro,
ninguno decía nada. El príncipe al ver que entraban sus
subalternos para anunciarle que el almuerzo estaba servido, se
adelantó y ordenó que se marchara, se pasaron horas los dos
allí parados mirándose el uno al otro, hasta que ella no pudo
más.
—Necesito ayuda, tengo que rescatar a mi padre de las
garras de un fiero dragón.
Y como el príncipe estaba interesado en la bella princesa
vio ahí la gran oportunidad de conquistarla, y así lo hizo.
—Mi bella princesa, yo libraré esta gran batalla por ti,
liberaré a tu padre, pero hay algo que quiero a cambio.
La bella princesa lo miró desconcertada, pero sabía que no
tenía otra salida, tendría que oír lo que el príncipe iba a pedir a
cambio.
—Príncipe, mi padre tiene tierras, tesoros, le daremos lo
que nos pida.
El príncipe dijo que no con la cabeza, dejándola intrigada.
Entonces la princesa le preguntó:
—¿Qué quieres entonces, príncipe? —y el príncipe le
contesta:
—A ti, bella princesa».
—Hora de dormir. —Lo corto, ¿dónde tiene la cabeza?
Este hombre está loco.
—Mis princesitas, mañana sigo con el cuento —afirma
mirándolas con adoración, no puedo negarlo.
—No…, tito Damián, queremos saber si la princesa aceptó
el trato, el nombre de ella, el nombre del príncipe sigue
contándonos, por favor… —insisten superentusiasmadas.
—De eso nada. —Atónita con toda la pantomima que ha
montado delante de las niñas y el poco caso que me hacen
salgo y lo espero en el pasillo.
Después de varios minutos apoyada en la pared esperando
por él, que intentaba por todos los medios librarse de las dos,
que se morían por conocer el final de la historia, aparece en el
pasillo. Al pasar por mi lado lo cojo por el brazo y lo aparto de
la habitación de las pequeñas.
—¿Puedes decirme a qué viene todo esto?
—Deja de darle vueltas a las cosas y vamos a dormir —me
dice como si nada—. Buenas noches. —Me da la espalda y se
va.
—Yo dormiré en la habitación de huéspedes. —Damián
me mira con cara de reprobación, pero no dice nada.
Me acuesto y me quedo dormida enseguida, por más que
me cueste reconocerlo, el día que nos proporcionó ha sido
maravilloso. Lo que lo ha enturbiado ha sido el teatro del
cuento que se ha montado.
Me despierto en mitad de la noche con calor, intento
cambiarme de posición y no puedo, entonces me doy cuenta de
que tengo unos fuertes brazos envolviendo mi cuerpo, giro a
mirarlo y allí está él con una expresión relajada, una sonrisa en
la cara, parece que está soñando, estiro mi mano y lo acaricio,
tengo unas ganas locas de besarlo, pero sé que cometería un
gran error, no podemos estar juntos, él me ve cómo me ve y ya
está bien ser juzgada siempre. «Nuria, acaba con esto de una
vez, ya lo has intentado dos veces y no salió bien». Esta es una
de esas raras veces en que mi conciencia dice algo de
provecho. Hago caso a sus palabras, lo despierto suavemente,
Damián se hace el remolón no queriendo despertarse, pero al
fin abre sus bonitos ojos verdes y me mira profundamente,
llego a tener la sensación de que está viendo mi alma.
—¿Qué haces aquí?
—Mi cama está vacía sin ti.
—Damián por favor, vete a tu habitación.
—¡Deja que me quede!, pasa esta noche conmigo, te echo
mucho de menos, Nuria, por favor, yo te pago. —Soy una
imbécil, he estado a punto de ceder.
—Si no quieres que me levante de aquí, recoja a las niñas
y me vaya, levántate de esta cama y desaparece hasta mañana.
Y eso porque no quiero desilusionar a mis pequeñas, si no me
iría ahora mismo.
Damián sale de la habitación dejándome sola con mis
pensamientos. Me es imposible conciliar el sueño. Doy vueltas
de un lado a otro, el tener su olor en la cama no ayuda a
quitármelo de la cabeza, es una tortura, tomo la almohada en la
que tenía reposada la cabeza y la huelo, me abrazo a ella y por
fin el sueño gana a los sentimientos y caigo rendida.
Me despiertan las niñas, que se tiran encima de mí
diciendo que Damián me ha preparado un desayuno de reina.
Pasamos el domingo en su piso, me niego a salir, no tengo
ganas de confraternizar con él, la ñoñería de la almohada me
tiene muy cabreada conmigo misma, no le dirigí la palabra en
todo el día. Tengo que encontrar una manera de apartarlo de
las pequeñas.
Capítulo 26

Por más que busco una manera de librarme de Damián, no


hay forma, cada quince días él se presenta en casa de mi
hermano a pasar el fin de semana con nosotras, yo lo ignoro,
ya han pasado dos meses desde que me ofreció más dinero
para acostarme con él, desde ese día solo le hablo lo
estrictamente necesario. Por su parte no volvió a mencionar ni
una sola vez el dinero que le debo, cosa que me tiene
sorprendida, en ningún momento me exigió volver a su casa
para cumplir el acuerdo, pero tampoco me deja vivir mi vida y
cuando me toca con las niñas, siempre que llego a buscarlas ya
está allí, un fin de semana probé a ir el viernes por la noche, y
cuando estaba saliendo con ellas él llegó, tuvimos una terrible
discusión, se me llevan los demonios ser consciente de que él
tiene a alguien vigilándome, me enfureció, discutimos muy
fuerte, esta vez delante de las niñas, pero aun así no hay
manera. Lo único que dijo fue que no me vigila, lo que sí
vigila es la casa de mi hermano porque quiere pasar tiempo
con ellas, que les ha cogido cariño y que me guste o no, él
seguirá viéndolas hasta que ellas mismas sean las que digan
que no lo quieren ver, y yo sé perfectamente que eso no va a
ocurrir, salvo que él las decepcione. Lo adoran.

Hoy iré al despacho de Damián a efectuar el segundo pago,


llevo días intentando convencerle de que me dé un número de
cuenta para ingresarle el dinero sin éxito, se niega en rotundo a
dármelo, me dice que si quiero devolverle el dinero tendrá que
ser bajo sus reglas, así que no me queda otra que prepararme e
ir a su despacho para efectuar el pago. Cuando fui al banco y
dije a mi gerente que vaciaba la cuenta casi le dio algo. Le
devolveré todo lo que no he tocado, y lo que gasté lo pagaré a
plazos mensuales, ya tengo organizada mi vida, viviré con lo
justo, no obstante, puedo cubrir los gastos de las revisiones de
Eva e ir amortizando mi deuda. Lo que me deja triste es que
me he visto obligada a desprenderme de los servicios de la
enfermera por no poder pagarle. Damián al percibir que ya no
nos acompañaba preguntó por ella y de manera cortante le dije
que ya no necesito sus servicios y di el asunto por zanjado.
Me preparo a conciencia, soy mujer y tengo mi orgullo, ya
que voy a la guarida del lobo, que se quede babeando por el
bocado que se pierde. Me pongo un traje de falda lápiz color
negro con una camisa roja con un lazo en el cuello, zapato
negro, bolso rojo tipo cartera, el pelo como siempre, estilo
libre, me echo espuma, paso la mano y como quede será mi
peinado del día, de maquillaje aplico solo un labial, nada de
maquillaje pesado, salgo de mi edificio en taxi para efectuar el
segundo pago que me acerque un poco más a mi libertad, el
mes pasado solo amorticé una ínfima cantidad, hoy llevo un
gran montante. Me siento en el taxi y doy la dirección mirando
por la ventana, mi corazón se encoje al recordar mi preciado
mini, con todo el dolor de mi alma lo puse a la venta, llore
muchísimo, pero la palabra de una persona lo es todo. Vendí
todo lo que pudo reportarme algo de dinero, mi piso tampoco
es mío. Los que me lo compraron, hicieron por inversión y
aceptaron arrendármelo, hoy por hoy no tengo nada de valor
en propiedad. De mi piso no me arrepiento de haberme
desecho, ahora pago menos por tenerlo arrendado de lo que
pagaba de letra, y hasta mis cincuenta no me lo quitaría de
encima. Y como siempre busco el lado bueno de las cosas
ahora ya no estoy atada a ningún sitio, el día que me canse de
vivir aquí puedo irme a donde me dé la gana. Lo único que
echo de menos es mi coche, no obstante, llegarán momentos
mejores y me compraré otro o el mismo. ¡quién sabe!
Llego al edificio donde están sus oficinas, voy a
identificarme como la vez anterior y me recibe la amigable
sonrisa de la recepcionista, que me trata por mi nombre y me
entrega una acreditación de pase libre, no entiendo el porqué,
sin embargo, me callo, mejor no intentar entender a este
hombre. Con una sonrisa perpetua en la cara, cosa que me
desconcierta, ya que la primera vez que estuve aquí no quiso
dejarme pasar, me indica a qué piso tengo que dirigirme, me
ahorro decirle que ya lo sé, me avisa que el señor me aguarda,
se me hace tan raro escuchar a la gente hablar de él con tanto
respeto. Llego a la planta en la que están sus oficinas, hay
muchas salas, no acabo de acostumbrarme, es un sitio muy
moderno todo en blanco con algunos adornos en tonos grises,
es acogedor, un bonito sitio de trabajo si lo que te gusta es
estar encerrado en una oficina, aquí impera el más absoluto
silencio, tanto es así que me avergüenzo del estruendoso ruido
de mis tacones que resuenan por toda la planta, empiezo a
caminar como un pato mareado con la intención de amortiguar
un poco el sonido, Me alegro al ver que estoy llegando a
donde está su secretaria, se me hace raro ver que él trabaja
cerca de sus empleados y no es uno de esos jefes que se
encierra en su torre de marfil lejos de los simples mortales.
Estoy saludando a su secretaria…, cuando siento detrás de mí
su atronadora voz.
—¡He dicho que hoy no quería oír ni un suspiro! —
reconocería esa voz hasta debajo del agua.
—Perdona, creo que llego en mal momento, vuelvo otro
día —me giro y empiezo a caminar pisando bien fuerte para
que mis tacones hagan bastante ruido. Tengo el dedo en el
botón para llamar el ascensor y siento su enorme mano
sujetando la mía, impidiéndome completar la acción.
—No…, no lo digo por ti, tengo mi agenda despejada por
y para ti.
—¿A qué viene eso ahora? ¿te has dado un golpe en la
cabeza?
—Tú eres la que golpeas mi cabeza. No puedo dejar de
pensar en ti.
—Esto no va bien, me marcho. —Me giro para
marcharme, pero las enormes manos de Damián me agarran
por la cintura y pega mi cuerpo al suyo.
—No te vayas.
—Nos están mirando, déjame.
—Me da igual, te voy a besar.
—¿Pero qué cojones te pasa? Vayámonos de una vez a tu
despacho para que hagamos de una vez nuestro «negocio» y
así yo pueda salir de aquí cuanto antes.
«Hala…, y aquí está la bruta de Nuria siendo la capulla de
siempre. Después te quejas de que él te trata mal. Anda, entra
en ese despacho y fóllatelo de una vez para ver si así se te pasa
esa mala hostia, hija».
Le hago un gesto con la mano para que camine, él me cede
el paso y me conduce a su despacho, como era de esperar es
un ambiente diáfano con mucha luz y lujo. Pero no me paro a
prestar atención a los detalles, pues me acabo de acordar de la
primera y única vez que vine hasta aquí y la escena que
encontré, Damián me indica que me siente, pero no quiero
pasar tiempo junto a él, por lo que me niego a sentarme,
coloco el maletín con todo el dinero restante sobre su mesa,
abro mi cartera saco el sobre en donde llevo el dinero del pago
y se lo entrego.
—Damián, no sé cómo lo harás, pero necesito una factura,
no quiero que Hacienda me venga a tocar las narices por no
declarar impuestos. —Su cara de asombro no tiene precio,
ahora mismo debe de estar haciéndose mil y una preguntas,
pero jamás se va a imaginar que vendí mi bienes más
preciados.
—¿Puedo invitarte a comer? —Lo miro como si estuviera
viendo un ovni. ¿Cómo puede ser así?, me da la sensación de
que no ha escuchado nada de lo que he dicho.
—No… —Este hombre es desquiciante, ¿qué parte no
entiende de que no quiero tenerlo cerca?—. Lo que puedes es
hacerme la factura para que me vaya de aquí cuanto antes.
—Por favor, vamos a hablar, teníamos un acuerdo.
—Tú lo has dicho… Teníamos.
—Te deseo, Nuria, me estoy volviendo loco, soy capaz de
cualquier cosa con tal de tenerte a mi lado, mi obsesión por ti
está afectando no solo a mi vida, a mis negocios también y de
mi dependen miles de familias.
—Lo último que quiero es hacer daño a la gente —digo
sintiendo remordimientos por las personas que sin comerlo ni
beberlo puedan estar pasando mal por culpa de mis malas
decisiones.
—No te preocupes, jamás me perdonaría si uno de mis
empleados se viera perjudicado por mi culpa.
—Siento tanto que las cosas entre nosotros hayan ocurrido
así. —digo con pesar.
—Y yo, pequeña. —Sin ser consciente en qué momento
ocurre, me veo prisionera entre sus brazos. No resisto, muy al
contrario apoyo mi cabeza en su pecho. —¿Puedo besarte? —
pregunta lleno de añoranza. Cada vez que él se pone así me
hago gelatina.
—No tienes que pedírmelo. Te doy la mitad de lo que me
has traído con tal de que pases la noche conmigo.
Con lo bien que iba tenía que estropearlo metiendo el
dinero de por medio. Tengo que salir de aquí ya, antes de que
cometa un asesinato, no es posible que siempre terminemos en
la casilla de salida. Da igual lo que yo haga, para el siempre
seré la chica de compañía. Creo que debe pensar que me
mueve el dinero, qué poco me conoce, es en estos momentos
en los que tengo la certeza de que no me investigó. Porque si
lo hubiera hecho, sabría quién soy.
—Desgraciado, métete una cosa en tu cabeza, antes de
acostarme contigo me hago lesbiana, pero tú no me volverás a
poner tus sucias manos encima. —Me giro para salir de su
despacho. Pero antes le aviso de que este fin de semana no
estaré con las niñas por trabajo y que mi hermano se va con
ellas de excursión, porque conociéndolo como lo conozco es
muy probable que se presente a recogerlas.
Soy una imbécil al arreglarme con la intención de
impresionarle. Sintiéndome la mayor idiota del mundo llamo
al ascensor, cuando este llega a la planta antes de meterme
dentro me giro y le digo:
—El próximo mes vendrá otra persona a traerte el dinero.
—No…, tienes que ser tú, si no, olvídate de cerrar el trato.
—¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no me dejas en paz?
Quiero olvidarme de que te he visto, que compartí cama
contigo, déjame en paz de una vez. Eres un desgraciado que
utilizas tu dinero para comprar a la gente y doblegarlas a tu
voluntad, me he cansado de seguir tu juego, guapo, no soy así,
no estoy en mi mejor momento, pero el peor ya ha pasado, así
que no me busques.
Me meto en el ascensor y me quedo de espaldas a él, no
me apetece ver su cara. Se que he montado un gran
espectáculo y que más de un empleado me ha escuchado. ¡Qué
vamos a hacer, yo soy así! Cuando exploto, me da igual las
consecuencias. Llego a recepción para devolver la credencial y
la recepcionista me dice que es mía, que me la quede, vuelvo a
coger la credencial que había posado en el mostrador la parto
en cuatro y le digo que se la entregue al capullo de su jefe.
Salgo de allí deseando que aparezca un taxi lo más rápido
posible, quiero quitarme este disfraz ridículo que llevo puesto,
ponerme unas mallas e irme a mi fundación a bailar con mis
niños que son lo más agradecido que hay en el mundo.
Después de bailar tres horas seguidas, me dirijo a casa con
la misma sensación, no consigo quitarme de encima este
malestar. Sigo con ganas de matar a Damián, cuánto lo odio.
Hago todo el trayecto dando vueltas sobre cómo mi vida pudo
cambiar tanto. Sobre todo después de aquella maldita
propuesta que vino en el momento en que más lo necesitaba.
Cuando el taxi para delante de mi edificio, lo primero que veo
es a él, imponente, parado delante de mi portal, y es la última
persona a la que deseo ver ahora mismo, cuando voy a decirle
al taxista que arranque, él abre la puerta me coge del brazo y
me saca del coche. Le entrega al taxista un billete que no se dé
cuanto es. Abro la boca para protestar, pero no llego a emitir
ninguna palabra, él me adelanta.
—¿Dónde narices esta tu coche? Y por tu bien dime que lo
prestaste, que está en la oficina o cualquier mierda por el
estilo, porque si me dices lo que estoy pensando que me vas a
decir, vamos a tener problemas. ¡Anda, dime de una vez! —
me grita.
—Que no me grites…, y no te voy a decir una mierda, no
tengo que darte explicaciones de nada.
—¿Qué hiciste, de donde sacaste?
Al ver que no iba a decir nada más se exaspera y empieza a
dar vueltas de un lado a otro, aprovecho que se aleja, salgo
corriendo con la intención de perderlo de vista, pero él es más
rápido que yo y me alcanza, me agarra por el brazo y sale
arrastrándome en dirección a mi edificio, coge las llaves de mi
mano, abre la puerta y me empuja para que entre, lo mismo
hace cuando llegamos a mi apartamento. Me preparo
mentalmente para la discusión del siglo, porque este hombre
esta echo una furia, y sé que la cosa no va a acabar bien.
Ahora soy yo la que camina de un lado para otro, me
siento como un animal enjaulado, todo esto me supera, ¿por
qué narices tengo que pasar por esta mierda? Empiezo a
temblar cuando miro encima de mi mesa del salón y veo los
papeles de la venta del piso, me olvidé de guardar las malditas
carpetas que me entregó el notario cuando fuimos a firmar la
venta. Sabes que…, como siempre digo, muerto el perro se
acabó la rabia.
—No quería decírtelo, pero no encontré otra salida, tú no
me dejas vivir, no confías en mí y no dejas de controlarme.
Encontré a otro cliente que me paga más, y él no me quiere
cerca de ti. Te lo pido nuevamente, ¡por favor, que me dejes en
paz!
—Que te deje en paz…, ¿de verdad me estás diciendo
esto?, métete una cosa en tu cabeza te tengo bajo mi piel, no
puedo pensar en otra cosa, estos putos días sin ti están
afectando toda mi vida. ¿Cuánto te pagó? Devuélvele el
dinero. Tú eres mía durante dos años te guste o no, veo que no
leíste el contrato que te di para que lo firmaras, el único que
puede romperlo soy yo y, desde luego, yo nunca quise hacerlo,
como creí haberme portado como un cerdo contigo te permití
irte, pero ya veo que la única que se portó como tal aquí eres
tú, que lo único que te mueve es el dinero. Así que recoges tus
mierdas y vamos ahora mismo para mi casa, si no quieres que
os deje en la ruina a ti y a tu familia, porque sé perfectamente
que no tienes solvencia para pagarme.
—Eres un desgraciado, no me hagas esto.
—Soy todo lo que tú digas. Y ahora recoge de una vez
todas tus cosas, que me quiero ir a casa ya y olvida lo de
dormir en otra habitación, te quiero disponible las veinticuatro
horas del día, y para esto tendrás una credencial como la que
rompiste no quiero tener que estar esperando. Y ahora, anda.
—Me quedo parada en el mismo sitio, él no me puede estar
haciendo esto, yo dentro de dos meses me voy a Ibiza, eso está
en aquel maldito contrato. Dónde tenía la cabeza cuando
acepté su propuesta—. Camina, que tengo prisa.
—No, no me voy contigo.
—¡Qué…! ¿Quieres dejar a tu familia sin nada?
—Para eso está la familia para apoyarnos entre nosotros,
después de que me vea libre de ti trabajare día y noche para
resarcirlos.
Me parece a mí que acabo de desmontar su plan, creo que
él nunca se imaginó que yo estaría dispuesta a poner en riesgo
el patrimonio de mi familia para librarme de él, pero ya no
puedo más, ya no tengo fuerzas para estar discutiendo,
aguantando sus insultos gratuitos, cuando él está bien y no está
en plan hombre de las cavernas es una persona con la que te lo
pasas bien, pero yo solo tengo treinta y un años, no quiero
vivir en esta montaña rusa de emociones, así que no me iré de
mi casa, a ver qué ocurre ahora. Confieso que me muero de
miedo a que él lleve a cabo su amenaza, a mis padres les daría
un infarto enterarse de que he aceptado una oferta de este tipo,
para mí sería mi gran derrota, ya que fui capaz de ocultarles
todos estos años que trabajo por la noche de gogó para que
ahora me vean como a una prostituta, no tengo nada en contra,
como todos ya sabéis, hay varias de mis trabajadoras que lo
hacen, pero esto es decisión de cada una. Pero yo, desde luego,
si hubiera tenido otra opción, no hubiera aceptado la oferta de
Damián, sin embargo, lo haría nuevamente con tal de salvar la
vida de Eva, cada vez que estoy con ella y veo su sonrisa me
digo a mí misma que ha valido la pena.
—¡Por favor, vamos a hablar como dos personas adultas!
—¡¿Tú crees que eso es posible?! Yo creo que no, cada vez
que estamos cerca siempre me estás gritando o insultando, y
no quiero más esto, estoy cansada, ya no quiero hablar.
—Pequeña, ¿qué me has hecho? —Damián me toma de la
mano me acerca a su cuerpo y me abraza—. Nuria, no sé qué
me haces, pero me sacas de mi zona de confort, tú eres la
única persona que me hace perder las formas, soy un hombre
acostumbrado a tener todo lo que quiero y cuando quiero, soy
así de caprichoso, sé que no son las palabras correctas pero no
encuentro otras ahora mismo y necesito decirte que tú eres mi
obsesión, no puedo imaginar a otro hombre cerca de ti, te
quiero solo para mí, por favor, estoy perdiendo la cabeza.
Sus palabras me desconciertan no sé qué decir ni pensar, el
farol que me he tirado aplaca a la fiera, pero no me va a
indultar, lo veo en sus ojos, ¿qué hago?
—Nuria, dime que me vas a dar otra oportunidad, sé que es
la segunda, déjame demostrarte que puedo ser una buena
persona, solo te pido que no me saques de mis casillas. —
Mierda, me está ablandando—. Anda, va… Los celos me
comen cuando te veo cerca de cualquier hombre, pero de él
más.
—¿A qué viene este arranque de sinceridad? —Veo en sus
ojos que me está abriendo su alma, que está hablando con el
corazón y necesito saber el motivo de este cambio de actitud.
—Soy un idiota.
—No lo voy a negar. —Me regala una de sus sexis
sonrisas.
—Tu amigo se presentó en mi empresa, me pegó y después
me conto que os encontrasteis por casualidad, que en realidad
habías quedado con Nimay, que es gay y que tiene pareja.
—Yo intenté contártelo.
—Estaba cegado por los celos. Por favor…, dame otra
oportunidad.
—Hagamos una cosa, nos iremos viendo, el trato será el
mismo, tú no podrás estar con nadie ni yo tampoco. Carlos,
aquel día estaba diciendo que estoy colada por ti.
—¿Y es verdad? ¿Estás colada por mí?
—¡No…, te odio! —contesto rápidamente—. Me quedaré
en mi casa y tú en la tuya, estaré fuera unos días, cuando
vuelva ya lo iremos viendo, ¿hecho? —En su rostro se dibuja
una bonita sonrisa, Damián me abraza y besa, sus manos
empiezan a recorrer mi cuerpo colándose debajo de mi camisa,
pero decido ponerle a prueba
—Damián, para —le digo.
—Pequeña, no me hagas esto, te deseo, necesito estar
contigo, llevo mucho sin poder estar dentro de ti. —Tomo aire,
porque para mí tampoco es fácil, yo también le deseo, pero
ahora mismo tengo que ponerle a prueba.
—Tengo un compromiso y no puedo faltar. —Contrariado,
me toma por el hombro me aparta un poco de su cuerpo y me
da un tierno beso en la frente.
—Vale, será como tú digas, ¿dónde vas?, yo puedo
acompañarte. —Me pongo tensa—. ¿Qué te pasa, porque estás
tensa?, ¿me estás ocultando algo?
—No quiero sentirme investigada. Un fin de semana al
mes es mío, tú aceptaste, quiero este.
Damián empieza a dar vueltas por mi piso.
—¿Qué te pasa?
—Tengo miedo de abrir la boca y estropearlo —dice con
cara de preocupación.
—Dilo…
—No hay otra manera de hacer esto. ¿Y el otro cliente?
—No existe. —Las arrugas de su rostro desaparecen y en
sus labios brotan una sonrisa.
—Aunque me cueste no tener el control, no te presionaré
para que me digas a dónde vas, ¿puedo verte mañana?
—No corramos, ya veremos —digo con las manos en alto.
—Vale.
Damián me da la espalda y sale de mi casa dejándome con
la boca abierta. ¡¿De verdad ha aceptado de buenas que yo no
me vaya con él?!, esto no es verdad, seguro estoy soñando, lo
veo salir por la puerta sin mirarme, sé que está enfadado por
no salirse con la suya, pero que se fastidie. Yo me voy a relajar
un poco, desconectaré todos los teléfonos de la casa, llenaré la
bañera y me meteré dentro hasta que me salgan escamas.
Paso todo el día en casa pensando en lo que acabo de
hacer, no sé qué tiene ese hombre que siempre me convence de
hacer lo que él quiere, lo tenía en jaque, ya me había salido
con la mía y acabé cediendo, aunque de esta vez quedamos en
empate.
Este es el primer fin de semana que paso sola con las
niñas, ellas protestan, ya que él es su tío favorito. Pero al final
lo pasamos genial. Damián, aunque no hubiera estado con
nosotras fiel a su estilo nos organizó el día. Un chófer nos
recoge y nos lleva allá a donde ellas digan, Nerea estaba como
loca. Cada cosa que mira, el maldito hombre se la compra, me
harté y dije: a comer, le llamo por teléfono para reñirle, él
había decidido hasta dónde iríamos comer. Dejo su reserva
para quien la quiera y me fui con las peques a una cadena de
comida rápida. El domingo por la tarde me pregunta si puede
pasar a vernos, alega echar de menos a las niñas, una vez más
le pongo a prueba y le dije que las llevaría antes para que él
pasara por casa de Nicolás a verlas.
Nuestros días están siendo de ensueño, Eva ya está
escolarizada con Nerea, los abogados de sus expadres
adoptivos por fin se han puesto en contacto conmigo y me
dicen que están haciendo todos los trámites necesarios para
que yo tenga la custodia definitiva de ella, intento decirle que
tenemos que mirar eso, pero me ignoran y cuando les pregunto
cómo consiguieron que yo obtuviera su custodia provisional,
dijeron que todo estaba en orden, que sus padres adoptivos
eran personas muy poderosas y ahí se acabó el asunto. Por otro
lado, Damián tiene a todas comiendo en sus manos, yo sigo en
el que hasta unas semanas atrás era mi piso, pero pasamos
muchas noches juntos, en mi casa hay miles de cosas de él
porque cuando no soy yo la que me voy a su casa es él quien
se viene a la mía. Nuestras noches de pasión son ardientes, no
tenemos freno, nuestros cuerpos se reconocen, follamos donde
nos da la gana, Damián es tan abierto sexualmente como yo, lo
único que él no concibe es que otros hombres me toquen, pero
que nos vean, que follen a nuestro lado o se pajeen viéndonos
le da igual.
Capítulo 27

Hoy el día es para mí, me quedo en casa disfrutando de la


tranquilidad sin las niñas ni Damián, este último se fue por la
mañana a un viaje de negocios y no volverá hasta pasado
mañana, jueves. Desde que hemos «vuelto» él no pasa un solo
fin de semana fuera. Él cree que no me doy cuenta, pero lo que
hace es vigilarme. No obstante, como las cosas entre nosotros
no podrían estar mejor, no digo nada. Desde que nos
conocemos, debo reconocer que estos últimos meses estoy
disfrutando de su compañía, y aunque sea raro en mi hago lo
que está en mi mano para evitar un nuevo ataque de celos.
Llamé al señor José para disculparme con él por no haber
vuelto y me encontré con la sorpresa de que está de crucero
con su mujer, un sueño que siempre tuvo. Damián aunque no
lo dice, sé que le sigue preocupando que yo vuelva allí. Me
pasa con su esposa que me cuenta con alegría que ahora se
dedicarán a disfrutar de la vida, ¡no entiendo nada! El señor
José vuelve a coger el móvil y me cuenta que un comprador
anónimo le ofreció una buena suma por el local y él lo vendió.
Me tumbo en mi confortable sofá, miro el portarretratos y veo
la foto de Nerea y Eva juntas e inevitablemente me viene una
sonrisa a la cara, por ellas dos aguantaría a mil Damianes
juntos, pero aquí, entre nosotros si encima es un pedazo de
amante como el que tengo ahora, mejor que mejor. Selecciono
por enésima vez la película: El nombre de la Rosa, me
encanta, no me preguntes por qué, pero es así. Estoy
concentrada disfrutando de la trama, que me conozco al
dedillo, cuando me sorprenden tres hombres encapuchados y
uno de ellos me apunta con una pistola.
—No grites o te matamos aquí mismo.
Lo primero que me viene a la cabeza es que alguna banda
o rival de negocios de Damián descubrió que soy su obsesión
y vienen a por mí para pedirle dinero o chantajearlo.
Entre los tres, que tienen todo el cuerpo tapado incluidas
las manos, llevan guantes y pasamontañas, no son unos
aficionados. Saben perfectamente lo que hacen, en cuestión de
segundos tapan mi boca, atan mis manos, tapan mis ojos y me
sacan de mi piso. Me tiran dentro de un coche, detrás conmigo
va uno de los secuestradores que no deja de meterme mano.
Como puedo intento esquivar sus asquerosos toqueteos. Siento
su lengua por mi cuello, empiezo a revolverme, me giro en su
dirección aun sin saber dónde se encuentra intento darle un
cabezazo, todo con tal de que me deje en paz.
—Shh, no te haremos daño. ¿Serás una buena chica y no
gritarás si te quito la cinta de la boca?
Con el corazón a mil y el instinto de supervivencia en
alerta le digo que sí con la cabeza. Seré todo lo dócil y sumisa
que deseen. Esperaré a que bajen la guardia para intentar huir.
—No me hagáis daño, mi novio os dará lo que le pidáis —
digo en cuanto me quitan la maldita cinta, el hombre que tengo
al lado se carcajea de mi comentario.
—¿Tan segura estás de que él va a pagar? —pregunta el
conductor.
—Sí…
—¿Y por qué estás tan segura si se puede saber? —El muy
desgraciado mete la mano por debajo del saco negro que tengo
sobre mi cabeza y tira de mi corto pelo haciéndome gemir por
el dolor—. Te he hecho una pregunta.
—Porque me quiere —contesto con voz sumisa.
—Y tú, ¿lo quieres a él?
—Por favor no me mates, no quiero morir.
—Contéstame y nadie morirá aquí hoy, ¿lo quieres?
—Sí… —grito muerta de miedo.
—Vale, hoy vamos a poner a prueba cuánto os queréis.
El coche circula durante lo que me parecen horas sumido
en el más completo silencio, el hombre que está a mi lado me
deja tranquila, deja de tocarme, y no dice nada más desde que
le contesté a todas sus preguntas. Estoy aterrada, nunca en mi
vida me imaginé en una situación así, Damián en un par de
ocasiones me comentó ponerme a alguien para cuidar de mi
seguridad y de las niñas, me advirtió que si supieran que soy
su debilidad y que él se muere por las niñas podrían usarnos
para chantajearlo o hacerle daño. No quise hacerle caso,
maldito mi orgullo y cabezonería que no me deja depender de
nadie, mis niñas, ¿Ellas estarán bien?
—¿Qué sabéis de nuestra relación? —pregunto con la
intención de ver si dicen algo de mis angelitos.
—Que eres muy caliente y que tu novio haría cualquier
cosa por ti —contesta el copiloto.
—Que te calles si no quieres perder la lengua —le
reprende el que tengo al lado.
—Tranquila, no te pasará nada, tú haz todo lo que yo te
diga y verás como al final no me odias —se dirige a mí, mi
indeseable acompañante de asiento.
Intento entender qué mierda está diciendo este, será que se
cree que después voy a presentarme y pedirle que me eche un
polvo. ¡Que mierdas digo! Dios…, ¿por qué me tiene que
pasar esto? Parezco Calimero lamentándome, pero joder…
El coche se para y entre los tres me sacan de dentro. No sé
a dónde me llevan, siento gravilla bajo mis pies, estoy
descalza y un quejido lastimero escapa de mis labios, uno de
ellos rápidamente me coge en brazos y camina unos cinco
minutos sin quejarse de mi peso. El que parece ser el líder les
manda abrir la puerta y acto seguido los echa alegando querer
estar a solas conmigo. Siento como me tumba sobre una
superficie dura y empieza a desnudarme, el pánico sube por mi
cuerpo, la idea de ser violada invoca a la guerrera que hay en
mí y empiezo a pegar al hombre que me está desnudando, los
toqueteos en el coche eran desagradables pero no dejaban de
ser caricias en mi piel, en ningún momento llegó a tocar mis
partes íntimas. Siento como dos manos más me inmovilizan,
pero con sumo cuidado de no hacerme daño. En cuestión de
segundos estoy completamente desnuda e inmovilizada, las
lágrimas ya van por libre, por más que lucho para no dejarlas
caer es imposible, empiezan a caer por mi rostro. La Nuria
dura que no llora desaparece, ahora mismo estoy aterrada,
adoro el sexo, pero que sea consensuado, ni en mis peores
pesadillas me imaginé siendo violada, mi cuerpo tiembla por
el miedo que siento.
—Shh, no tengas miedo. —Siento el aliento caliente
acercándose a mi sexo.
—No, por favor, no me hagas esto, mi novio pagará lo que
le pidas pero no me hagas esto —imploro desesperada. La
lengua de la persona pasa por mi sexo, me debato y grito
llamando a Damián rogando que venga a por mí.
—Tranquila. —Me quedo congelada. No puede ser.
—¿Damián? —pregunto entre aliviada y enfurecida.
—Sí, no te preocupes es solo un juego para que lo pasemos
bien.
El saco que tenía sobre mi cabeza sale volando y
reconozco la sala en la que estoy. Estamos en su palacete.
—Suéltame… —ordeno enfurecida.
Sin decir una sola palabra y con el miedo reflejado en la
cara, Damián se acerca y afloja las correas que me ataban al
potro, me tenían completamente expuesta a él. Una vez estoy
libre, masajeo mis muñecas haciendo que la sangre vuelva a
circular con normalidad. Con paso decidido, me acerco a él y
le planto mis cinco dedos en su cara.
—¿Qué mierda tienes en la cabeza para hacerme esto?
Jamás había pasado tanto miedo. Se lo haré pagar, estas
fueron, sin duda, las peores horas de mi vida. Por mi cabeza
pasaron millones de cosas, me preocupé por el futuro de Eva,
el no poder ver a Nerea hecha una mujer, en qué sería de mis
niños de la fundación. Las miles de cosas que deseo hacer
antes de morir. Y para aumentar mi rabia pensé en más de una
ocasión en la desesperación que iba sentir Damián al no tener
noticias mías.
—Déjame explicártelo.
—Cállate.
Le agarro por los huevos, estrujándolos entre mis dedos
hasta el potro.
—Túmbate. —Me mira asustado, sus ojos se abren tanto
que parece que se le van a salir de las cuencas.
—Nuria…
—Tranquilo, no te voy a meter nada por el culo. —Una
sonrisa brotó en su cara. Supo que mi enfado ya se había
evaporado y que ahora solo quedaba la lujuria. Damián tiene
una gran erección, le doy en el pene con dos dedos
arrancándole un jadeo. Lo ato boca arriba dejándolo
totalmente expuesto a mí, le inmovilizo las manos de manera
que no me pueda tocar ni tampoco salir huyendo. Esta es la
tercera vez que vengo a este sitio; la primera fui humillada, la
segunda él me calentó al punto de yo perder el control y salir
huyendo de la sala para después llevarme a casa sin mi
desfogue. Ahora ha llegado la hora de demostrar a los
asistentes de este lugar quién es Nuria. Paseo mi desnudez por
la habitación sin el menor recato. Solo entonces descubro a
cuatro parejas sentadas completamente desnudas, eso lejos de
inhibirme me calienta más, entre ellas esta Antoni con su
mujer. Él me regala una sonrisa, me conoce bien y sabe cuánto
disfruto con estos juegos, Damián al ver nuestra mirada
cómplice gruñe. Sin pensarlo me giro y le doy con las puntas
de los dedos en los huevos. Los presentes se tapan la boca, no
entiendo el porqué de tanto espanto, solo unos minutos atrás
quien estaba en esta situación era yo y no vi conmoción por
parte de nadie, lo que sí sé es que a mi acompañante sí que le
gustó porque soltó un gemido. Entonces mi cabeza hace un
clic. Yo estoy dominando al mismísimo Damián y eso me da
una satisfacción que me muero. Aunque estamos bien, hoy
Damián me va a pagar por todas las veces que me hizo pasar
rabia. Le llevaré al límite tantas veces, le haré correrse tantas
veces que me rogara que pare. Camino hasta Antoni, le indico
con el dedo que se levante, el solícito no tarda en acatar mi
orden.
—Nuri…
—Cállate. Mientras estemos aquí para ti seré Passionatta.
Antoni se carcajea abiertamente, sin pestañear, me giro le
agarro los huevos y le hago arrodillarse a mis pies, los
presentes no pierden detalle, la mujer de Antoni está excitada
con lo que ve, olvida por completo nuestras diferencias,
cuando nuestros ojos se encuentran, me regala una sensual
sonrisa y se abre de piernas enseñándome su humedad.
Damián empieza a debatirse y hacer que no con la cabeza, está
siguiendo el juego, no emite una sola palabra no obstante deja
muy claro que no quiere que toque a Antoni que por lo que
veo está disfrutando más de ver a Damián sufriendo de celos
que por la excitación.
—Fuera de aquí, ya no eres bienvenido —grita Damián sin
poder aguantar más. Vuelvo a pegarle en el pene, de esta vez
algo más fuerte.
—Calla, ahora quien manda aquí soy yo. —Los presentes
vuelven a sorprenderse. No obstante, en los ojos de Damián
solo hay deseo.
—Sí, Passionatta.
Lo bueno de jugar con personas que se desenvuelven en
estos ambientes es que no tienes que estar enseñando y
repitiendo las cosas. Damián ya captó cuál es su rol aquí. ¡Así
que, que empiece la fiesta…!
Doy otra vuelta por la habitación y descubro que en una de
las paredes hay todo tipo de látigos, cuerdas, floggers y todo lo
que uno necesita para una buena sesión de dominación. Veo
que una de las paredes esta traslucida y que detrás de ella hay
una gran platea.
—Quiero esta pared opaca ya… —digo autoritaria. Mi
amante se ríe. En cuestión de segundos lo que está ocurriendo
dentro ya no queda a la vista de los que están fuera—.
Cámaras fuera. —Los pequeños puntos de luz que solo las
personas que están acostumbradas a frecuentar estos sitios y
son observadoras son capaces de detectar, se apagan. Y que
empiece la función.
Doy varias vueltas alrededor de Damián, disfrutando de
verlo allí tumbado a mi merced, totalmente indefenso. En una
de mis vueltas con el látigo de tres puntas que llevo en la mano
le doy un latigazo en la barriga, él cierra los ojos y contrae
todo el cuerpo marcando sus abdominales sin emitir ningún
quejido. Cuando Damián abre los ojos se encuentra conmigo
de piernas abiertas sobre su cabeza y mi sexo en su cara.
Desesperado levanta la cabeza y da lengüetazos en mi coño
mientras yo acaricio mi clítoris, sin que se lo espere dejo caer
mi cuerpo sobre su cara. Su boca devora mi sexo, me revuelvo
sobre él haciendo con que su nariz toque mi clítoris. Me
muevo buscando mi placer, los presentes no nos quitan el ojo
de encima. Damián no me da tregua, devora mi sexo como si
fuera su última comida.
—Anti. —Llamo a mi amigo por el nombre al que nos
conocemos de otras sesiones. La cabeza de Damián debajo de
mi cuerpo empieza moverse de un lado a otro diciendo que no
—. Tú me dijiste que no querías las manos de ningún otro
hombre sobre mi cuerpo y eso no va a ocurrir. Pero nunca
dijiste nada de mis manos sobre el cuerpo de otros hombres.
Mi amigo, que ya tiene una enorme erección se acerca y se
posiciona a mi lado. Paso la lengua sobre su pene, debajo de
mí tengo a un desesperado Damián, que intenta decir algo,
pero mi sexo sobre su cara no se le permite. Agarro el pene de
Anti y le empiezo a cascar una buena paja haciéndolo jadear.
Con mi otra mano agarro el sexo de mi amante lo estrujo y le
ordeno que siga comiéndome. Sin nada que poder hacer, se
esmera para hacerme llegar cuanto antes. Lo que él no sabe es
que domino mi cuerpo y mis orgasmos. Intensifico la
velocidad de mis manos sobre mi amigo haciéndolo correrse
sobre mis pechos sin permitirle que me toque en ningún
momento. Los ojos de Damián están a punto de salirse de las
cuencas fruto de la rabia que siente. En un movimiento rápido,
cruzo mis piernas sobre su cabeza y me dispongo a hacernos
un sesenta y nueve. Él se esmera en hacerme llegar, sin
embargo, estoy tragando todo su largo y grueso pene hasta mi
garganta llevándolo a la locura, y haciéndolo perder el ritmo,
yergo mi cuerpo para poder llegar a donde quiero, mi lengua
chupetea su saco escrotal de arriba abajo arrancándole jadeos,
cuando siento que lo tengo donde quiero entierro mi lengua en
su ano haciéndolo gritar mi nombre.
—Nuria…
Hombres…, casi todos iguales, protegen el agujero del
culo como si fuera lo más valioso del mundo, pero en realidad
a todos ellos les encanta que anden por allí y Damián hoy
caerá. Le pellizco fuerte por haberme llamado por mi nombre
y sigo con mi lengua en su agujero. Poco a poco voy
profundizando y él relajándose y olvidándose de todo. Nada
más sentir que se va a correr nuevamente me retiro, llamo a la
mujer de Antoni y le ordeno que le chupe con las manos en la
espalda, que no toque nada más que no sea su pene y con la
boca, ella con una gran sonrisa se planta delante de él en
cuestión de segundos se lo traga entero. Damián, desesperado,
dice que no con la cabeza. Me parece ver una lágrima escapar
de sus ojos, me retiro, subo hasta su cabeza y le doy un
apasionado beso tranquilizándolo un poco. La mujer de mi
amigo está en las nubes, su marido la empala por detrás, sus
gemidos se oyen en toda la sala, mis ojos están prendidos a los
de Damián que está como ido. Me estiro e introduzco mi dedo
en su ano. Su cuerpo empieza temblar, aparto a la mujer de mi
amigo y me siento sobre su polla haciéndolo gemir de placer.
—Ahora estoy en casa —dice sin poder contener otra
solitaria lágrima que escurre por su cara.
Me muevo despacio y poco a poco voy metiendo más mi
dedo en su ano, lo siento tensarse, pero no dice nada, yo sigo
moviéndome despacio, está enajenado. Empiezo a cabalgarle
como una amazona, me olvido de los demás, me entrego a él, a
nuestro placer.
Damián culmina su placer gritando mi nombre
Capítulo 28

Después de su cuarta y dolorosa corrida de la noche sin


haber conseguido que yo me corriera, me pide con la voz
embargada y mirada perdida que lo suelte. Veo algo de
desolación en su mirada y decido no seguir jugando con él.
Ordeno a todos que salgan, algunos sueltan quejidos
lastimeros por tener que marcharse sin haber obtenido su
premio, no obstante, mi única idea siempre fue darle placer a
mi amante, el que quiera divertirse con el cuerpo de otros que
se vaya a otras zonas de este lugar. No lo conozco, pero tengo
la certeza de que aquí hay estancias para todos los gustos. Le
doy un tierno beso y suelto las sujeciones. Cuando Damián se
ve libre salta sobre mí, posesivo, reclamando mi cuerpo, mi
boca y mi ser. Esta irreconocible, nunca le había sentido tan
necesitado de mí, le dejo hacer conmigo lo que quiera, me
pego a su cuerpo como a un koala, le rodeo las piernas con la
cintura y oculto mi rostro en su cuello.
—Dime que eres mía. —La zozobra se apodera de mí.
—Damián…
—Dame eso, por favor —implora en mi oído de manera
desesperada—. Déjame sentirte mía por una vez, lo necesito,
te necesito.
Esta tan perdido que no lo martirizo. Le doy un dulce beso
y le doy lo que me pide.
—Soy tuya.
—Gracias —me dice con voz apagada.
Le dejo poseerme como quiera, sabía que necesitaba sentir
que estaba al mando, que de verdad yo era suya, por lo que
pude intuir por la reacción de los presentes él es quien siempre
dominaba, y lo hice perder el control una y otra vez, lo torturé
tocando a los hombres y mujeres que estaban presentes en la
sala, ninguno de ellos me tocó, el que lo intentó tuvo su
merecido, lo eché de la sesión sin su orgasmo. Creí que me iba
a hacer pagar por hacerlo perder el control como lo hice, por
mostrarse sumiso ante mí, por todo lo ocurrido, pero no fue
así. Conmigo agarrada a él como a un koala me llevó hasta el
cuarto de baño me sentó en la encimera, puso la bañera a
llenar, comprobó la temperatura, echó sales de baño y
comprobó que estaba todo en orden, toalla, albornoz, cuidó
hasta el último detalle como el controlador que es. Hizo todo
eso sin decir una sola palabra. Salió y pude oír como echaba a
los presentes, estábamos tan perdidos el uno en el otro que no
me di cuenta de que no me hicieron caso.
—¡Todos fuera de una puta vez! —Los gritos de Damián a
sus clientes me asustan. Estoy empezando a preocuparme por
su comportamiento, tengo miedo de haber despertado algún
recuerdo traumático o cualquier cosa por el estilo. Su
comportamiento es muy raro. Damián vuelve, me tiende la
mano como apoyo para que entre en la bañera, con los ojos
llenos de lágrimas la acepto, estoy sintiéndome mal, este no es
el Damián que yo conozco, ninguno de los dos, conozco su
versión de mala leche, enfadado, dominante, controlador,
hiriente y el otro lado, el que me gusta, el que me hace desear
estar a su lado, el divertido, caballero, cariñoso, y niñero. No
obstante, el que tengo delante es uno derrotado, roto y sin
brillo en la mirada. Tengo miedo de hablar. Él se agacha
delante de la bañera y empieza a lavar mi cuerpo.
—¿Puedo meterme contigo?
¿Desde cuando este hombre me pide permiso para hacer
algo conmigo? Las lágrimas empiezan a caer sin control por
mi cara. Para que él no se dé cuenta de mi estado, le salpico un
poco de agua de manera que caigan sobre mí también y así no
sea consciente de mis lágrimas. Juro por todo lo que más
quiero que no estaba en el plan hacerle daño. Me posiciono en
medio de la bañera dejándole espacio.
—Me haría mucha ilusión. —Es lo único que puedo
contestar, no me sale la voz.
Antoni fue el único hombre al que dejé que depositara sus
fluidos sobre mi cuerpo. Siento algo más de fuerza por esas
zonas, en otras partes de mi cuerpo no lo hace igual, lava mi
pelo con suma delicadeza, masajea mis hombros, reparte
suaves caricias sobre mi cuerpo. Aquí no falta de nada. No
puedo verlo, pero creo que los productos que está utilizando
son los mismos que yo tengo en su piso, no obstante, me
quedaré con la duda, tengo miedo a abrir la boca y terminar de
romperlo. Me baña a conciencia dejándome con la sensación
de que lo único que quería era limpiar mi cuerpo de lo que
pasó allí dentro, y lo dejo. Cuando se cansó se levantó, se
metió bajo la ducha se enjabonó tan rápido que cuando quise
levantarme para retribuir los mimos que me dio ya estaba
fuera con la toalla envuelta en su cintura y con la mía abierta
esperando por mí. Salgo y le permito que me envuelva en ella,
que secara mi cuerpo, me echara mi crema hidratante
dejándome claro que los productos son los mismos que utilizo
en mi día a día, seca mi pelo con el secador. Una vez
satisfecho, me envuelve en el albornoz y lo ata de manera
posesiva en mi cintura, es como si quisiera asegurarse de que
no queda nada a la vista. Se abriga con el otro sin mucho
cuidado, pasa la toalla por su pelo retirando el exceso de agua
y sale arrastrándome por el palacete. Todo eso sin decir una
sola palabra. Creo que ya corrió la voz de lo ocurrido en
aquella habitación, ya que nada más pisar la zona común
delante de nosotros se abrió un pasillo y lo cruzamos sin que
ninguno de los presentes se cruce en nuestro camino, tampoco
nos miran directamente. No soy idiota, sé que todos
disimuladamente nos observan no obstante, siguen con sus
fingidas charlas y toqueteos. Cuando llegamos a la salida, el
armario de Ikea ya nos espera, Damián me abre la puerta, me
ayuda a entrar, me coloca el cinturón de seguridad, rodea el
coche y se sienta a mi lado, toma mi mano y es todo; él fija su
mirada en el reposacabezas del asiento del piloto y hacemos
todo el camino de vuelta en silencio. Los dos hombres de
delante deben de ser los que le ayudaron a sacarme de mi piso.
Ninguno de ellos dice nada, en el coche hay un silencio muy
incómodo. Quise decirle que me dejara en mi casa, pero no
tuve valor, mi sentido de la responsabilidad no me permite
dejarlo solo en este estado, yo lo he roto.
El coche aparca en una de sus plazas de garaje y los dos
guardaespaldas desaparecen dejándonos solos, tengo ganas de
llorar. ¿Qué he hecho? Ninguno de los dos nos movemos. Mi
corazón parece que va a salirse de mi pecho. Me siento la peor
persona del mundo, esta no era mi intención. Otra puñetera
lágrima se escapa de mis ojos rápidamente la atrapo entre mis
dedos. Yo no lloro, mi objetivo nunca fue hacérselo pasar mal,
hacerle daño y si quiero ayudarlo a recuperarse tengo que estar
entera. Abro la puerta del coche sin importarme lo más
mínimo si sus pijos vecinos me ven en albornoz en el garaje.
Doy la vuelta al coche, abro su puerta y tiro de su mano para
que se baje. Damián se deja hacer como un niño, doy gracias
por conocer el código de acceso. Lo llevo directo a su
habitación, le quito el albornoz, lo acuesto y me incorporo.
Después de no sé cuántas horas oigo por primera vez su voz.
—No te vayas.
—No pienso ir a ningún sitio, solo voy a apagar las luces.
Le doy un casto beso en los labios y salgo corriendo a
apago todas las luces y vuelvo junto a él, me tumbo a su lado.
Damián me envuelve con sus brazos de manera que apenas
puedo moverme. Me muero de ganas de pedirle perdón, pero
no sé el motivo por el cual me siento tan culpable, nada de lo
que pasó allí es novedad para él. Todos los que frecuentamos
estos sitios sabemos a lo que vamos. Eso es lo que más me
inquieta. Porque él aceptó, cuando él me dijo Passionatta
significa que estaba dispuesto jugar bajo mis reglas. Nada de
lo que ocurrió allí dentro es novedad para él, tuve su
consentimiento. ¡Entonces porque está así…! No sé qué hacer.
—No estaba en mis planes encontrarte.
—Shh, lo siento mucho… —Intento acallarlo, deseo más
que nunca tener esta conversación, saber por qué esta así, qué
esta pasando por su cabeza, sin embargo no creo que ahora sea
el mejor momento.
—Déjame hablar antes de que pierda el valor. ¿Sabes?, soy
un cobarde. Yo no te buscaba, no buscaba a nadie que entrara
en mi corazón, la única vez que permití que eso ocurriera,
cuando más la necesité, ella decidió engañarme, dejarme sin
decirme adiós. Me costó mucho recomponerme, era mi mejor
amiga y mi confidente, era la única persona en la que confiaba,
y en el momento más difícil de mi vida la tierra se la tragó.
—El amor duele, pero llegará un momento en que el dolor
ya no será tan intenso —digo susurrando, siento como si el
imponente Damián se hubiera transformado en un niño
indefenso.
—Llegaste tú, te vi allí en aquella tarima y perdí la cabeza,
supe que mi vida nunca más volvería a ser la misma —ríe sin
ganas—. Te pedí salir, me rechazaste, te perseguí, te hice
cumplidos, y seguías rechazándome, te hice rabiar y nada. La
única manera que encontré de estar contigo fue la peor del
mundo, jamás hubiera deseado tenerte como te tengo ahora,
por obligación.
—No…, te confesaré una cosa, yo ya no estoy por obl…
—¡Déjame seguir!
—Vale.
—Ya no soy el dueño de mi corazón, Nuria. Te quiero, te
quiero con toda mi alma y hoy tengo la certeza de que ya no
puedo vivir sin ti, me gusta el sexo libre tanto como a ti, pero
al ver a Antoni y otros hombres disfrutar de tus caricias quise
matarlos. Si no hubiera estado atado y contigo sobre mi cara y
sabiendo que yo era el responsable de tus gemidos hubiera
cometido una locura. Escucharlos como gemían y alababan tus
caricias era como clavar miles de agujas en mi piel…
Yo ya no escucho nada de lo que dice, lo único que me
zumba en la cabeza son esas dos palabritas que dijo. No sé qué
decir, no… no quiero decir nada, vale, asumo que me siento
atraída por él, que el sexo con él es muy bueno. Pero ya,
cuando me habla de sentimientos me deja fuera de juego. Lo
único que me sale hacer ahora es darle un beso girarme y
dormir. Necesito asimilar todo lo que acabo de oír, es
demasiado para mí. Sé que él espera oír algo de mi parte, y no
puedo darle, lo de sentirme atraída por él ya me asusta de otros
sentimientos no quiero ni imaginar. Sin más dilación, le doy la
espalda y me hago la dormida.
Me despierto por la mañana y siento la cama vacía, me
desperezo para estirar mis músculos, soy así de delicada. Paso
la mano por mi rostro al recordar todo lo que nos pasó ayer.
Mi secuestro, el cambio de roll, la desesperación de Damián al
ver a Antoni recibiendo mis atenciones, su declaración.
Dios… su declaración. ¿Como es posible que Damián este
enamorado de mí? Miro por la habitación y no lo veo por
ningún sitio, salgo de la cama voy hasta su baño, siento su
olor, sé que se ha duchado, pero no está aquí. Bajo a la cocina
detrás de él, le encanta prepararme el desayuno y llevármelo a
la cama. Llego abajo y nada, tampoco está. No obstante, mi
desayuno si está puesto junto a una rosa y una nota.

«Discúlpame por no
Esperarte para que desayunemos juntos.
Tengo una reunión muy importante a
primera hora de la mañana.
Te lo recompensaré».

Tuyo, Damián.

Estoy acojonada, ¡madre mía donde me he metido! ¿Dónde


quedaron las iniciales? ¿Qué es eso de tuyo? Me da a mí que
ahora me toca conocer a otro Damián. Pero como ayer fui tan
fría y distante después de que me abriera su corazón voy a
hacer uso de mi pase libre e iré hacerle una visita sorpresa,
creo que se lo debo. Damián respetó mi silencio, sabía que no
estaba dormida, pasé casi toda la madrugada dando vueltas a
todo lo que me dijo y creo que será beneficioso para ambos
que nos llevemos bien. No avisaré a nadie me plantaré allí y
listo creo que le hará ilusión verme. «Y eso porque tú no le
correspondes en los sentimientos», vete al infierno, solo
apareces cuando no te necesito. Ignoro a mi conciencia, escojo
con mimo mi ropa, selecciono un conjunto elegante, pero
informal, un vestido negro con una americana rosa por encima,
unas botas y bolso negro, un collar largo para dar algo de vida
al sencillo vestido, una barra de labios rosa mi color favorito y
listo. Me miro en el espejo, sencillo y elegante. Me gusta.
¿Sabes qué?, todavía nos queda algo más de un año para
cumplir este contrato, esta situación se nos fue de las manos
hace mucho. Que Damián tiene sentimientos por mí es un
hecho, no me engaño, yo me siento muy atraída por él, desde
que dejé de luchar y negarme lo inevitable estamos bien, no
hay un solo día en que no desee verlo. Me aparto de todo
aquello que le pueda enfadar, ver su sonrisa me calienta el
corazón. Hoy le haré cometer una locura, es miércoles,
estamos a mitad de la semana y nunca lo vi perder un día de
trabajo; está decidido, lo voy a secuestrar, voy a enseñarle una
parte muy privada de mi vida, lo voy a llevar a mi sitio
secreto, donde soy libre y feliz y si el acepta como soy, le daré
lo que viene buscando desde hace semanas, poner un nombre a
lo que tenemos. Dejaré de referirme a mí misma como su
dama de compañía y que tenemos una relación laboral. No diré
que soy su novia, eso jamás, hay un contrato que nos une.
Llego la hora de asumir que somos amantes, que somos dos
personas que quieren estar juntas, que se desean, ya llevamos
una vida de monogamia, aunque no haya vuelto a instalarme
definitivamente en su piso pasamos mucho tiempo juntos,
cuando yo no voy a su casa él viene a la mía, sobra decir que
él se agenció una llaves de mi piso y no me enfadé. ¡Quién lo
diría, Damián invadió mi espacio y no monté en cólera! Solo
vamos a poner nombre a lo que ya es.
El trayecto hasta su oficina se me hace muy largo, los
quince minutos que se tarda en este momento me parecen
eternos. Llego a la recepción, saludo a la señora del otro día
que me mira entre sorprendida y asustada y, para que no me
delate me acerco y la saludo con una sonrisa en el rostro y le
enseño el pase libre. La mujer sigue algo tensa, deseosa de
llevar mí sorpresa a cabo le digo en tono alegre que su jefe me
espera. Creo haberla convencido, la señora me devuelve el
gesto y me desea un buen día. Paso mi tarjeta por el torno y
me voy directa a los ascensores que para mi suerte están en la
planta baja, me meto dentro y marco la vigésimo primera
planta que es la última y donde está Damián. Con una sonrisa
bobalicona salgo del ascensor, abro la enorme puerta de
cristal, y miro hacia dentro, es la cuarta vez que vengo y
todavía sigo impresionándome con el silencio, la paz y la
tranquilidad que se respira en este lugar, miro en el sitio que
ocupa su secretaria y para mi suerte está vacío. Con una
sonrisa traviesa camino de puntillas para que el sonido de mis
tacones no me delate estoy a punto de descalzarme con tal de
no ser descubierta, llego hasta su puerta pongo la mano en el
pomo y cuando lo voy a girar oigo una voz femenina que
conozco muy bien, rápidamente suelto el pomo, la
conversación entre ellos parece referirse a alguien que no está
presente y la que habla está muy cabreada.
—Eres un desgraciado.
—¿Se puede saber por qué me atacas?
—Ella no se merece esto. Le costó mucho rehacer su vida.
—Lo que ocurra entre nosotros no es asunto tuyo.
—Todos sufrieron al ver como ella se cerraba, ¿y dónde
estabas tú?
—No me vengas ahora haciéndote la santa. Tú me enviaste
el vídeo y no me dejaste hablar con ella.
—Lo hice porque la quiero.
—Bonita manera de demostrarlo. No te metas, cada vez
que apareces en mi vida, me la jodes y jamás te perdonaré por
no decirme dónde estaba ella.
—No pensé que pudieras caer tan bajo. ¿Cómo puedes
engañarla de esta manera?
—Yo…, engañarla…, no me hagas reír, fue ella quien me
engañó y aun así la busqué.
—¿Cómo puedes estar tan ciego?
—Pero si fuiste tú quien me abrió los ojos, tú me revelaste
todo lo que ella hizo.
—Víctor…
—¡No me llames por ese nombre, Víctor está muerto, soy
Damián! —grita fuera de sí.
El escuchar ese nombre hace que el mundo empiece a girar
de manera vertiginosa, toda mi infancia pasa delante de mis
ojos, todos los momentos felices, las horas compartidas, las
interminables charlas, los planes de vida, nuestra primera vez.
¡no…, no puede ser él! Los gritos dentro de su despacho van
subiendo de tono. Ya no quiero oír más, no puede ser, no
quiero revivir aquello nuevamente.
Miro si su secretaria ha vuelto, para mi suerte no, saco mis
botas y vuelvo lo más rápido que puedo al ascensor, que
todavía sigue en la planta y me meto dentro, presiono el cero
como si me fuera la vida en ello, necesito salir de aquí cuanto
antes. Vuelvo a ponerme las botas para que la señora de
recepción no sospeche nada, me armo de valor y paso por
delante de ella con una enorme sonrisa en la cara. Ya lejos de
su mirada, corro hasta la parada de taxis y me meto dentro del
primero que veo.
Solo entonces me permito llorar. Lloro como lloré a mis
dieciséis años después de que me rompieran el corazón.
¿Cómo he podido ser tan ingenua?
Es él, que apareció de nuevo en mi vida para volver a
destrozármela.
Están siendo días muy difíciles, el trayecto de aquel taxi fue el más
largo de mi vida, en mi cabeza solo tenía una cosa: irme bien lejos de él.
Ninguna de las humillaciones a las que Damián me había sometido me
hicieron tanto daño como descubrir que el hombre que día a día me
cautivaba un poco más era Víctor y que estaba jugando conmigo de
aquella manera. Jamás en toda mi vida hubiera pasado por mi cabeza
que Víctor y Damián fueran la misma persona. ¿Por qué acercarse a mí
después de tantos años sin tener noticias de él, a qué vino eso de que me
quiere, que la persona que más quiso lo abandonó cuando más la
necesitaba?, ¡si fue él quien me hizo daño! Fue mi primer y único amor,
mi primera desilusión; aun con todo lo que me hacía iba camino de
amarlo nuevamente, me estaba enamorando perdidamente, ahora me
doy cuenta, porque me está doliendo igual que la primera vez. El
Damián de estos últimos días, muy a mi pesar, se parecía al chico con
pinta de malo, pero que era la persona más dulce y amable que había
conocido. Estoy devastada, es duro darse cuenta de que la persona a
que amaste es la que más daño te puede hacer una y otra vez. Pero no lo
volverá a hacer, se acabó. Ahora la que está al mando soy yo. La Nuria
atontada ya se llevó su hostia, ahora la que toma el mando de la
situación es la fría, deseosa de hacerlo pagar por las lágrimas
derramadas, la que utiliza a los hombres y se va sin mirar atrás, la
misma que una vez salde su deuda le hará comer mierda detrás de ella
sin saber el porqué. Necesito irme antes de que él se dé cuenta de que lo
he descubierto, cada día me es más difícil fingir que soporto su
presencia, desgraciadamente, debo tener paciencia él, me tiene en sus
manos, me mantendré lejos hasta que encuentre la manera de revertir
esta situación. Adelantaré mi viaje, me iré sin decirle nada prohibiré a
mi hermano y a las niñas que le digan dónde estoy, sé que será las
primeras personas a quienes pregunte. Nada más pueda pondré mar de
por medio, saldré huyendo de Barcelona.
Ya no soporto más esperar, aunque hasta dentro de unas semanas
no empieza la temporada en Ibiza, pero mi querido Nimay, que está allí
con su novio, ya está arreglando todo para mi llegada.
Ahora viene la peor parte. La que tengo que despedirme de Nerea
y Eva, estas dos no me lo van a poner nada fácil, ellas llevan mi agenda
al dedillo y saben que estaría fuera tres meses, contando desde el día
treinta y uno de mayo y estamos a veintinueve de abril, que Dios se
apiade de mí cuando se lo diga. Tengo que ser muy convincente si no
quiero que estas unan fuerzas con su adorado tío Damián y me hagan
un boicot, ellas saben dónde estoy.
Dejo todo organizado para no desatender mis contratos en la
ciudad, lo que gane aquí es de lo que voy a vivir en invierno, tengo que
dejarlo todo muy bien organizado y, lo más difícil, delegar en las
personas adecuadas. Nimay es el único que me inspira suficiente
confianza para dejarlo al mando, pero él también se va a las islas en
temporada alta, estar en Ibiza en verano para nosotros supone mucho,
tanto a nivel profesional como financiero. Ya me apañaré. Después de
días haciendo el papel de mi vida, de tener que aguantar la presencia de
Damián y sus toques que para mi suerte no han pasado de eso, ya que
él está en modo caballero andante, he podido huir de tener relaciones
sexuales con él. Tuve mucho miedo de que la recepcionista le dijera
que estuve allí, pero para mi alegría no fue así, ya que me llamó al final
de la tarde poniéndome una excusa de que tenía un viaje de urgencia y
estaría fuera unos días. No dijo nada más, le tengo asco, nunca pensé
que ellos siguieran teniendo contacto. Las preguntas no hacen más que
amontonarse en mi cabeza, quizás algún día pueda sonsacarle todo lo
que sabe de esta historia. Porque, que yo sepa, los padres de Víctor eran
pobres y ahora el dinero le sale por los ojos. Me dijo que tiene dos
hermanos y era hijo único, así siguen una tras otra y todas las preguntas
sin respuesta.
Paso muchas horas al teléfono haciendo llamadas, con peleas
titánicas para tener todo bien organizado. Este será mi último fin de
semana con mis pequeñas, pero hoy las sorprenderé; dormiré con ellas.
Las recogeré por la tarde y dormiremos en un hotel, sí…, estoy
preparando el terreno para soltarles la bomba de que me voy antes de
tiempo. Y tengo que hacerlo hoy. Pues mañana a primera hora Damián
estará en casa de mi hermano, y seguro que no se tomará nada bien que
yo me haya ido con las niñas sin él, pero que le den, mucho me costó
que quitara la vigilancia que tenía en la puerta de Nicolás. Ellas son
mías y ahora más que nunca no las quiero compartir con él.
Las pequeñas al verme en la entrada esperando por ellas vienen
corriendo hacia mí y casi me tiran al suelo, un padre que estaba
aguardando por su hijo no perdió la oportunidad de ayudarme y rozar
su entrepierna en mi culo, yo como la provocadora que soy me
restriego un poco para que quede en evidencia, agarro a mis niñas de la
mano y me marcho, los hombres solo piensan con la cabeza de abajo,
por eso los uso. Las niñas desconfían cuando me ven con el coche de
Nimay.
—¿Dónde está tito Damián? —preguntan ambas con sus miradas
pizpiretas, me agacho quedándome a la altura de ellas y les digo con
una enorme y forzada sonrisa.
—Este será un fin de semana solo de chicas, lo vamos a pasar
genial —contesto con entusiasmo. Y como no dejan de ser niñas de
siete y de ocho años se alegran, las acomodo en sus sillitas, mi querida
Nerea, como siempre, se queja, diciendo que es mayor para ir sentada
en la sillita, ahora le dio por ahí. No le hago caso y salgo de delante del
colegio. Conduzco durante casi dos horas hasta llegar a nuestro hotel,
que está en Platja d´Aro preferí salir de la ciudad y así ponérselo un
poco más difícil al loco al que le debo un pastón. Las invito a tomar un
helado, pero las muy presumidas dicen que no salen si antes no les
permito quitarse sus uniformes. Me siento y me quedo mirando por la
ventana mientras ellas se cambian, reviso mi móvil y no hay cobertura,
llamo a mi hermano desde la habitación, le aviso de que llegamos bien
y de que no tengo señal. Nicolás sabe que estoy aterrada por darle la
noticia a las niñas, tengo miedo de que afecte a Eva negativamente y
qué decir de Nerea, ¡bueno, mi sobrina puede salir por cualquier lado!
Desde decir que se va a fugar para ir conmigo a dejar de hablarme
durante varias semanas. Nicolás sabe media verdad, le dije que lo pillé
con su exnovia y que no quiero eso para mí, que iría trabajar a destajo
para pagar lo que le debo, pero que ya no aceptaría sus excusas. No
estoy orgullosa, pero jamás le diré la verdad.
Después de que mi querida sobrina se vista a la última, las tres
salimos a tomar el helado que les había invitado, caminamos por el
paseo marítimo, compramos pulseras artesanas y corremos detrás de
las gaviotas.
—Tita, ¿qué nos quieres contar? —me cago en mi niña de las
narices.
—¿Por qué crees que os quiero contar algo?
—Tita, que nos conocemos —me dice la muy granuja con las
manos en la cintura.
Creo que este es un buen momento para decirles que durante casi
cuatro meses no podremos tener nuestro día de chicas, hasta a mí me
suena horrible y este pequeño demonio que tengo por sobrina no me lo
va a poner nada fácil.
—Chicas, sabéis que mi trabajo requiere que viaje.
—¡Puedes parar, Nuria! —La madre que la parió, odio cuando me
llama por mi nombre—, ya quieres irte pasar el verano por ahí sin
nosotras.
—Eva… —llamo a mi pequeña, que tiene lágrimas en los ojos.
—Quiero irme a mi casa, —Me corta—. Eva, todos los años hace
lo mismo.
—Eva, cariño no hagas caso a Nerea, yo tengo que trabajar, y en
verano es cuando más trabajo tengo.
—Nuria, llévanos contigo y nos quedamos en casa esperando a
que vuelvas. —Pide Eva a punto de llorar. Me agacho delante de ella,
cojo sus dos manitas e intento hacerla entender.
—Cariño, yo paso muchas horas fuera.
—Eva, da igual lo que digas, ella no nos va a llevar.
—Dame el móvil, llamaré a tío Damián para que venga a por
nosotras.
Ahh, eso sí que no, he conducido un montón para librarme de él
para que tú ahora me vengas con esas, yo también se jugar a tu juego,
sobrina.
—No te dejaré el móvil, pero ven que te pondré en un taxi para que
te lleve, Eva y yo vamos al cine. —Sí…, ya lo sé, soy una bruja. Pero
con mi sobrina tienes que ser así o ella te gana la partida.
Eva empieza a dar saltitos de alegría y Nerea la mira con mala cara
por perder la aliada que en realidad nunca tuvo. La agarro de la mano y
la llevo en dirección a la parada de taxi sin decir nada, por dentro me
muero de ganas de reírme su cara no tiene precio. Llegamos a la parada
y no hay ninguno, y hay una pareja delante de nosotros, después de
varios minutos llega un taxi libre y es un mini, su coche favorito, sobra
decir el porqué, el taxi sale y viene el siguiente y es un coche viejo.
—¡Qué mala suerte, Nere, este coche es horrible, pero es lo que
hay!
—Eva, ¿vienes conmigo?
—Claro que no.
—Traidora —le dice a su amiga con mala cara.
—Nere, entra, cariño. Eva y yo tenemos que irnos. No quiero salir
muy tarde del cine para que vayamos a cenar.
—Tita, te odio, solo por fastidiarte no me voy. —Se cruza de
brazos y sale caminando. Me muerdo el carrillo para que ella no me
vea reír. Ella jamás daría el brazo a torcer pidiendo quedarse, y como
es la mini Nuria sale con que para fastidiarme no se va y tan contenta
por, según ella, no salirme con la mía. a fin de cuentas no deja de ser
una cría, muy espabilada, pero una cría.
Entramos en el cine para ver la película El rey León, ya la hemos
visto mil veces, pero como está en el cine y es la peli del momento aquí
vamos.
Mi sobrina sale sin hablarme y Eva como loca comentando toda la
película, le digo a Eva que escoja dónde quiere ir a cenar y como no
podía ser de otra manera escoge Burger King, mi miniyo sigue de
morros. Cada una pide su cena y nos la llevamos para comérnosla
delante de la playa aprovechando la buena temperatura. Jugamos al
pilla pilla, oigo sus románticas historias de amor, Eva me sorprende
contando que está enamorada de dos niños y que se lo contó a sus
amigas y desde entonces se meten con ella, pero que le da igual, que
son muy monos. Creo saber quiénes son esos niños, pero me callo. Me
río de todas sus aventuras de amor, pero si mi niña tiene solo siete
anitos, me hace gracia lo parecidas que son las dos y, tal y como dijo mi
hermano, Eva está copiando a Nerea en casi todo, porque para que Eva
tenga el genio de Nerea tendría que nacer nuevamente. Se hace tarde y
decidimos marcharnos. Tomo la mano de Eva y dejo la mía hacia atrás
abierta para que Nerea me la coja. Ella suelta un resoplido como si
estuviera haciéndome un favor y la coge.
Con los pijamas puestos, dientes lavados y pelo desenredado las
arropo y salgo de la habitación, ya estoy en el pasillo y oigo la dulce
voz de Nerea llamándome.
—¿Qué pasa?
—Tita, perdóname, es que no me gusta estar lejos de ti.
—Ni a mí de ti, cariño, pero tengo que trabajar.
—Cuándo yo sea mayor y me vaya en verano a trabajar como tú,
¿te quedarás triste? —me río de su dulce inocencia.
—Claro que sí, mi amor, pero me guardaré toda la añoranza para
cuando te vea llenarte de besos. —Le doy un beso en la punta de la
nariz, la tapo bien y me voy a mi cama.
Mi fin de semana con las niñas fue maravilloso, ahora me
encuentro en el aeropuerto, esperando la hora de mi vuelo.

Continuará…
Avance Parte 2

Capítulo 1
Mi partida de Barcelona y llegada a Ibiza no fueron nada
fáciles, la despedida fue dura y deplorable, en medio de una
carretera perdida de la mano de Dios como si fuera una
prófuga. Tuve que ocultarme durante un par de días en casa de
mi amigo para no ser descubierta por Damián.
Una vez en la isla, cuando ya empezaba a adaptarme a mi
nueva realidad, al tercer día, Nerea, sin ser consciente, acabó
de hundirme. Por la noche, sin que nadie se diera cuenta, cogió
el móvil de su padre, primero me llamó, desgraciadamente no
pude cogerle la llamada, no porque no quisiera o porque
estuviera trabajando, simplemente me quedé sin batería y no
me di cuenta.
Ya no le daba tantas vueltas a lo que había descubierto,
pero aun así seguía doliendo y no tenía ánimo para socializar
con nadie. En cuanto pisé la isla, mi teléfono no paraba de
sonar, y como ya había hablado con mi familia, lo dejé
abandonado en la habitación. Ese fue otro de mis quebraderos
de cabeza. Por la mañana, cuando lo encendí, vi que tenía un
mensaje de mi hermano, lo abrí corriendo y lo que allí había
me partió el corazón. Por más que me niegue a aceptarlo, mi
sobrina, que dentro de nada cumplirá nueve años, es muy lista,
está muy por encima de su edad y se da cuenta de todo lo que
ocurre a su alrededor. Desde que recibí su mensaje días atrás
no pude dejar de leer sus tristes y dolorosas palabras ni un solo
día. Por un lado, es liberador y, por otro, me parte el corazón
que ella piense eso de mí. Aunque es mejor así, Víctor
destrozó mi juventud y Damián me hizo mucho daño en mi
vida adulta, no obstante, no puedo negar que esos dos
hombres, que en realidad son el mismo, es el que más me hizo
sentir y, aunque me duela reconocerlo, le ofreció todo su
cariño y afecto a mi sobrina desde que la vio por primera vez.
Durante un tiempo le acusé de querer comprarla, pero no
eran más que mis celos por ver que sin hacer el menor
esfuerzo obtuvo la aprobación de ella para ser parte de nuestro
selecto círculo, jamás voy a olvidar la imagen de ella
agarrándolo de la mano y obligándome a compartir nuestro
tiempo con él sin apenas conocerlo. Ella adora a Nimay, para
ella es su tío internacional y pobre de aquel que ose hablar mal
de él. Sin embargo, mi amigo tuvo que sudar la gota gorda
para conquistar el cariño de mi sobrina y que ella le permitiera
pasar tiempo junto a nosotras, todo lo contrario a lo que pasó
con Damián. Y en su mensaje, ella deja claro todo el cariño
que siente hacia él.
«Tita Nuria, no me riñas por las horas, ¡es que no puedo
dormir! Mi cabeza no deja de dar vueltas intentando entender
por qué los adultos complicáis tanto las cosas. El tito Damián
desde que se dio cuenta de que te marchaste sin despedirte de
él está muy triste, no pasa un solo día en que no venga por
aquí por si hay noticias tuyas, hay días en los que pasa hasta
dos veces. Tú tranquila…, nadie le revela nada sobre ti, pero
es muy triste ver a mis padres mintiéndole, diciendo que no
saben dónde estás. Y al contrario de lo que piensas, él jamás
intentó sacar información de Eva o de mí. ¿Sabes?, hoy nos ha
llevado al cine, no obstante, ninguno de los tres disfrutamos
porque faltabas tú. Y hoy, no…, perdón, ayer, fue la primera
vez que te nombró delante de nosotras. Y eso porque nosotras
no estábamos para fiestas. Y él, en un intento de animarnos
dijo que debemos estar felices porque si no a tu vuelta te vas a
enfadar con él por no haber hecho nada para que seamos
felices en tu ausencia.
Tita, eres la mejor del mundo, la persona con el mejor
corazón que hay en la tierra, pero ahora mismo me tienes muy
triste. Tito Damián es un buen hombre, te quiere como papá
quiere a mamá y tú lo abandonaste para vivir tu verano. No te
estoy juzgando, tú siempre serás la primera en mi vida, pero
no lo hagas sufrir más. Dile que no lo quieres para que él viva
su vida, me hubiera encantado que te casaras con él, sin
embargo, ya me hice a la idea de que tú serás la tita solterona.
Solo ha pasado una semana de tu partida y nos parece una
eternidad. No te preocupes por Eva, yo tengo sus horarios
marcados en mi agenda y le recuerdo siempre que tome sus
medicinas, papá nos compró un reloj con alarma y ambas ya
somos mayores y nos cuidamos la una a la otra.
Solo te pido que busques a alguien que cuide de ti y que te
quiera. Si no me cae bien, puedo fingir que lo quiero, tú ya
estás haciéndote mayor y es ahora o nunca. La madre de mi
novio dice que eres lesbiana, él me lo contó. Yo le dije que le
dijera a su madre que es una lengua suelta, que yo ya me
encargaría de hacérselo pagar cuando nos casáramos, ji, ji, ji.
Tita, él se puso nervioso y me pidió que por favor no me
metiera con su madre. Que el sería el mejor novio, esposo y
padre del mundo. La semana que viene es su cumpleaños,
cumplirá diez años y dice que me tiene una sorpresa
preparada. Cuando digo que él es tonto nadie se lo cree, pero
si es su cumpleaños, ¿cómo va a hacerme una sorpresa a mí?
¿Sabes lo peor…? Es que ya sé cuál es la sorpresa, Eva lo
escuchó planeando y la torturé a cosquillas hasta que me lo
dijo. Él me compró un anillo con la letra de nuestros nombres
y me va a pedir compromiso».

De ahí en adelante todo es ella relatándome cómo le van


las cosas en su noviazgo, a veces creo de verdad que ellos dos
terminarán juntos en un futuro, son novios desde muy
pequeños y ya tienen historia para escribir un libro o tal vez
dos. Nerea me abrió su corazón, primero me recriminó lo de su
tío, ella jamás será consciente de cómo se clavaron sus
palabras en mi corazón, la luz de mis ojos no conoce nada de
mi historia con ese hombre y así será hasta el día en que me
muera y toda esta mierda se muera conmigo. No obstante, no
es menos doloroso saber que la razón de mi vida se crea que
me fui por pasar un estupendo verano.
Al ser madrileña de pura cepa no tuve problemas para
pasar por el control de aduanas, aunque el pueblo que me vio
nacer y un día me idolatró, hoy no quiere verme ni bañada en
oro. Busqué mi puerta de embarque que, como era de esperar,
había una enorme cola. Me situé detrás de un grupo de chicas
que, ilusionadas, estaban haciendo sus planes. Como la
conversación de ellas no despertó la curiosidad de la cotilla
que vive en mí, me puse los auriculares y desconecté
disfrutando de las trompetas de Luis Amstrong, sí…, estaba de
camino al paraíso del tecno escuchando jazz. Me gustan todos
los ritmos, para cada uno de ellos hay un momento, la música
es un gran indicador de mi estado de ánimo. Estaba feliz por
poner el mar de por medio, pero odiaba la idea de haber salido
huyendo, eso era exactamente lo que estaba haciendo y me
frustraba por ello, así que la voz rasgada de Luis Amstrong me
ayudo a relajarme en aquel momento.
Para rematar, mi vuelo se retrasó, después de una hora de
pie la gente empezó a tirarse por los suelos delante de la puerta
de embarque, nadie quería perder su posición. Ahora que
pienso en lo absurdo de la situación me parezco idiota, podría
haber ido a tomar un café, haber dado una vuelta por las
tiendas, ligar, hacer lo que me diera la gana mientras estuviera
por allí cerca. Nuestros asientos eran nuestros, nadie nos los
quitaría. En todo caso, si alguien se sentara por equivocación,
tan solo había que llamar a la azafata y esta se hubiera
encargado del traslado del pasajero al asiento que de verdad le
correspondía, pero no…, allí estábamos todos tirados por el
suelo, fue horrible.
La situación pudo conmigo, me entró la paranoia de que en
cualquier momento Damián, Víctor…, él iba a aparecer allí y
arrastrarme de vuelta a su piso. El agobio fue tal que ya no
pude más y me fui hasta el puesto de información con la
esperanza de que me dijeran algo convincente que calmara mis
nervios, ya no me valía la excusa de que había un «pequeño»
contratiempo, que era lo que nos decían las azafatas que
estaban en la puerta de embarque. Cuando ellas vieron que la
multitud se estaba impacientando y cada vez éramos más, casi
todos jóvenes que iban de vacaciones desaparecieron. Yo
necesitaba salir de allí cuanto antes. Fuera había un loco,
mentiroso y psicópata buscándome, por su culpa me marchaba
casi un mes antes, estaba cogiendo un vuelo a Ibiza muy a
disgusto haciendo que Nimay tuviera que ir a recogerme con
su insoportable novio, cosa que no ayudaba a mejorar la
situación. Estaba que trinaba, después de tomar todas las
medidas para dejar el menor rastro posible por si me buscaba,
la posibilidad de que me pillara por un retraso en el vuelo
sentía que me llevaban los demonios.
Todavía no había llegado al puesto de información y ya
estaba desistiendo. Aquel día fue decretado el día del caos
aéreo. En información había una cola monstruosa, sabía con
seguridad que mi vuelo llegaría a Ibiza, volvería y allí seguiría
habiendo aglomeración. Así que me fui a gastar lo que no
tenía en el Duty free, haciendo el tonto, corriendo como si
tuviera al ejército detrás de mi culo, cogí cantidades
industriales de chocolate y volví a esperar donde estaba, me
justificaba diciendo que por lo menos allí estaba sentada y el
suelo refrescaba mi culo, el frío me daba gustito, cuando la
parte que estaba sentada se calentaba, me movía un poco,
cualquier cosa me valía para distraerme.
Una joven de origen latino intenta hablar conmigo, yo que
por lo normal ya tengo aversión a las amistades, en aquel
momento más todavía, lo único que quería era escuchar mi
música, comerme mi chocolate y salir de Barcelona cagando
leches, por lo que la ignoré. La chica, que hablaba español,
mirándome con mala cara me llamó maleducada y se fue a
otro sitio, pero fue lo mejor que le pudo pasar, no soy buena
relacionándome con la gente. La única persona que cuando
estoy así de alterada es capaz de soportarme y quedarse a mi
lado, aparte de mi hermano, es Nimay. Él es un amigo de
verdad y en todos los años que llevamos de amistad nunca me
ha fallado, no como los demás.
Sé que muchos me juzgan por mi manera de referirme a
otras mujeres. Quisiera que estas personas que me juzgan tan
gratuitamente una noche tuvieran uno de estos sueños,
pesadillas, recuerdos, flashbacks o como lo quieran llamar, si
alguien viviera lo que yo viví, dudo mucho que confiara en la
gente de nuevo. No soy tan mala como para desear que pasen
por lo que yo pasé. Aquello me destrozó para siempre. ¿Dónde
tenía la cabeza cuando acepté su proposición? «Sí que lo sé,
estaba pensando en Eva. En su bienestar. Para una vez que
haces las cosas bien». Puedes quedarte donde estabas…, tus
opiniones y consejos no son bien recibidos, mala conciencia.
Tengo muy claro que por más que me duela lo volvería hacer.
Después de intentar conseguir el dinero por todos los medios,
él era mi única salida en aquel momento. Lo que no contaba es
que aquel desgraciado me estuviera engañando por segunda
vez. ¿Cómo pude ser tan tonta y no haberme dado cuenta?
Viví junto a él desde que tenía tres años hasta los dieciséis.
Cuando nos conocimos éramos solo unos críos, aunque él
era dos años mayor que yo, ambos compartíamos la misma
afición, el baile. Al principio, él era un niño afeminado por
gustarle el ballet, eso nunca le importó, éramos los mejores de
clase y nos hicimos inseparables, tanto fue así que la gente
empezó a decir que éramos novios y nuestra mente infantil
adoptó ese estatus hasta que un día ya más mayores nos dimos
un pico de lo más inocente y oficializamos nuestra relación;
éramos inseparables en todos los sentidos.
Víctor, a medida que fue creciendo, se transformó en el
chico malo del colegio, las burlas por gustarle el ballet ya no
le eran indiferentes y encontró en la fuerza bruta una manera
de acallar los comentarios malintencionados. Cuando él se vio
en cuarto y yo en segundo se dio cuenta de que dos años
después él se iría al instituto y yo me quedaría en el colegio,
hablamos de aquello muchas veces, hasta que llegó fin de
curso y él repitió cuarto. Sus padres se volvieron locos,
siempre había sido un niño de sobresalientes y no había
aprobado ni un solo examen, yo no sabía nada de aquello. Le
castigaron severamente, fue la primera y única vez que los vi
tratarlo de manera dura, al punto de pegarle y prohibirle verme
durante una larga temporada, cosa que no funcionó, su carácter
cambio radicalmente desde ahí.
Yo, que tampoco era una santa, me fugaba para verlo a
escondidas. Lo único que no apoyaba era que repitiera, por lo
que lo amenacé con que si repetía el curso siguiente lo dejaría.
Víctor volvió a aprobar todo con las mejores notas, sus padres
volvieron a ser los que siempre fueron, vivían presumiendo de
lo listo que era su hijo. Él estaba en quinto y yo en cuarto. Yo
confiaba en él y no tenía miedo de que se fuera al instituto y
yo me quedara en el colegio. No obstante, su cuerpo empezó a
sufrir grandes cambios, debido al ballet y los deportes que
practicaba su cuerpo era musculoso, le salieron abdominales,
cambió su corte de pelo, todas las niñas del colegio se morían
por él.
Por primera vez desde que lo conocía sentí celos, pero aun
así no dije nada, Víctor empezó a recibir invitaciones de
cumpleaños de nuestras compañeras, mi mejor amiga empezó
a decir que las niñas se morían por él, que decían que era el
chico más guapo del colegio. Yo nunca dije nada sobre mis
celos, pero lo pasaba muy mal. Un día, sin que nadie se lo
esperara, él dejó el baile, decidió dedicarse a los deportes. No
obstante, no perdía ni un solo día de mis clases, éramos
inseparables.
Mi vida, de la noche a la mañana, se transformó en un
infierno, las que creía mis amigas empezaron a increparme por
su culpa, se enfadaban porque él no iba a sus fiestas, decían
que era yo quien se lo prohibía, y eso era mentira, nunca le
prohibí o dije nada con relación al sexo femenino, siempre
tuve desde pequeña muy claro que las relaciones tienen que
basarse en la confianza mutua y yo, aunque tenía celos,
confiaba en él.
Víctor pasó a sexto y yo a quinto; mi vida en el colegio
empezó a ser un verdadero calvario. Las niñas de los dos
sextos que perdían la respiración por el chico listo y malo del
colegio empezaron a martirizarme diciendo que cuando él
fuera al instituto me olvidaría, que iba salir con todas, que no
le dirían que no si él les pedía salir, nunca lloré por eso,
porque nunca fui una niña llorona. Sin embargo, en un par de
ocasiones me tiré de los pelos con alguna de ellas para que me
dejaran en paz. Cuando este asunto llegó a sus oídos, en medio
del patio gritó a los cuatro vientos que yo sería la madre de sus
hijos, que ninguna de aquellas chicas le llamaba la atención.
Me quedé sola, hasta mi hermana en el colegio evitaba
estar conmigo, aunque fuera del colegio las cosas entre
nosotras seguían igual. Yo la entendía, sus mejores amigas me
odiaban y a todos aquellos que andaban conmigo ellas le
hacían la cruz. Y era un grupo muy unido, los fines de
semanas siempre quedaban para hacer algo y por más que me
doliera quizás yo también hubiera hecho lo mismo que mi
hermana. Quinto fue el peor año de mi vida, me lo pasé junto a
él, era la apestada del colegio, no entendía como las cosas
pudieron torcerse tanto, sufría un acoso continuo, solo tenía
paz cuando él estaba a mi lado. Tiraban mi merienda, en más
de una ocasión el grupito de mi hermana me rompió la
camiseta y mi hermana, por miedo, no se enfrentó a ellas para
defenderme, la oí pedir que pararan, que me dejaran en paz,
pero nada más.
Empecé a tener miedo de verdad, llegué a pensar en pedir
a mis padres que para sexto me enviaran a otro colegio, hasta
las niñas de mi clase me dieron la espalda y a día de hoy no
entiendo el porqué, solo una hablaba conmigo, pero claro…,
ella era la otra apestada del colegio, era la gordita y, para
rematar, llevaba gafas, yo la evitaba, no por su condición, sino
porque al estar conmigo la ponía todavía más en el punto de
mira de las otras, ya que ella no tenía a nadie para defenderla,
yo tenía a Víctor.
Llegó fin de curso, el momento que más temía, ya había
pedido a mis padres que me cambiaran de colegio para el
último curso, no les conté la verdadera razón, dije que era
porque no me apetecía estar en aquel colegio sin Víctor, que el
otro estaba más cerca de su nuevo instituto, la noticia no les
gustó a mis padres, aunque nunca lo decían abiertamente,
sabía que ellos estaban en contra de aquella relación tan seria
siendo tan niña, a mí me daba igual. Tenía muy claro que no lo
iba a dejar. El día que me dieron las notas mis padres, como
siempre, estuvieron orgullosos de mí; aun con todos los
problemas que tuve, mantuve mis sobresalientes. Y se
alegraron por mi hermana, había aprobado, respiraron
aliviados, ella con los estudios no era buena, no le gustaban y
ya había suspendido una vez. Esperé a Víctor con alegría y
tristeza; alegría porque sabía que era un paso más para
conquistar sus planes y tristeza porque estaríamos un año en
centros distintos. Él fue el primero en aparecer, nada más
verlo, corrí a su encuentro y me tiré en sus brazos
felicitándolo.
—Estás contenta, ¿verdad…? —Miré al padre de mi novio
sin entender nada—. Este juego que os traéis los dos está
llegando demasiado lejos.
—¿De qué está hablando tu padre? —pregunto
desconcertada.
—Déjala en paz —gritó Víctor.
—Hijo, ¿no ves que por su culpa estás echando tu futuro a
perder?
—Papá, ¿por qué en vez de cobrarme tanto no le echas
pelotas? ¿Por qué no me dices la verdad…?
—¿De qué hablas, Víctor? —le pregunta su padre
visiblemente enfadado.
—De lo mentirosos y embusteros que sois.
Di un grito cuando el padre de mi novio le giro la cara
delante de todos nuestros amigos. Unas madres que estaban
presentes empezaron a recriminarlo y subieron a dirección, yo
cogí la mano de mi novio y lo saqué de allí.
Solo sé que desde aquel día, los servicios sociales fueron
una constante en la vida de Víctor, que su carácter cambió
drásticamente y que nuestro último año en el colegio y el paso
al instituto no fue nada fácil. Su manera de vestirse también
sufrió un cambio radical, quien lo viera por la noche podía
confundirlo tranquilamente con un chico de bandas callejeras
con cadenas en la ropa, pantalones cagados, llevaba el tupé
siempre con su pelo de colores, creo que inconscientemente de
ahí nació mi gusto por tintarme el pelo de colores, en aquella
época ni me lo planteaba, mi madre jamás lo hubiera
permitido, sus piercings, pendientes y múltiples pulseras en
ambos brazos. No obstante, yo sabía que todo aquello solo era
una máscara, que detrás de aquel atuendo de macarra se
ocultaba un chico dulce, cariñoso y, por qué no decirlo, frágil;
conmigo seguía siendo el mismo de siempre, mi mejor amigo,
mi compañero, mi perfecto novio. Desde lo sucedido en el
patio del colegio entró en una espiral de rebeldía, nunca más vi
el color de su pelo natural que a sus catorce años era rubio
oscuro, detalle que puede que le haya ayudado a pasar
desapercibido para mí ahora, ya que su pelo es castaño claro.
Sin embargo, incluso con todos los cambios siguió siendo
mi mayor apoyo, me acompañaba a los castings, me consolaba
cuando no me cogían y siempre estaba en primera fila cuando
actuaba. Pero todo esto se acabó aquel maldito día en que me
partió el corazón y acabó con aquel amor de juventud y mi
poca confianza en el ser humano. Desde aquella puñalada en
mi corazón me juré no volver a confiar en un hombre jamás.
Tardé años en volver a dejar que uno tocara mi cuerpo, ya que
mi corazón ninguno lo volvió a tocar. Tuve la suerte de que mi
primer encuentro sexual después de él fue con un hombre
experimentado que demostró que el placer no va reñido con el
amor y desde aquel día tuve claro que disfrutaría de mi
sexualidad sin tapujos, que follaría con quien me diera la gana,
sin remordimientos, el sexo es eso, sexo. Un acto al que hasta
los más fieros animales se rinden, no obstante yo siempre sería
una mantis religiosa, nada más alcanzar mi placer me comería
la cabeza de mi pareja sexual, metafóricamente, claro,
simplemente ellos dejarían de existir hasta un próximo
encuentro, si es que eso ocurría, nos usaríamos mutuamente y
nada más, ninguno se reiría de mí; de ahí surgió mi lema:
«Antes de que ellos se rían de mí, yo me río de ellos».

Las azafatas empiezan a darnos paso sacándome de esos


malditos recuerdos que, desde que salí de aquel despacho, no
pasa un solo día que no regresen a mi mente.
Tu opinión es muy importante.

¿Te gustó la historia? Si es así, por favor, deja tu


comentario o reseña donde la hayas adquirido, en mi muro de
Facebook, mi página de autor, Amazon o Goodreads. Para mí
es muy importante. Tu opinión puede ayudar a que otros
lectores decidan dar una oportunidad a mi historia.
De antemano, te agradezco esos cinco minutos que
dedicarás de tu tiempo y que para mí marcarán la diferencia.

Si deseas contactar conmigo, estaré encantada de


conocerte en mis redes sociales.
Gracias.
Sobre la autora

Nanda Gaef es brasileña, nacida en Río de Janeiro y


nacionalizada española.
Vive en España desde 2003, está casada y es madre. Es una
persona muy inquieta, siempre está haciendo y/o inventando
algo. Desde pequeña, siempre fue muy fantasiosa. Tiene varios
relatos escritos en sus viejas agendas olvidadas en el cajón de
los recuerdos en su país natal, tenía un grupo con sus amigas
online donde todas las semanas se contaban relatos entre ellas.
De ese grupo vino el apoyo para saltar a compartir con los
demás lectores sus historias. Su mente nunca ha dejado las
fantasías, ya que tiene varias historias apuntadas en su
inseparable agenda.

Sigue mis pasos en:


nandagaef
nanda_gaef
@nandagaef
Agradecimientos

Gracias a mis maravillosas lectoras beta: Lorena de la


Fuente y Laura Ortiz, que dedicaron horas de su concurrido
tiempo en leer mi escrito y ayudarme a mejorarlo. A mi
querida Angélica Nechifor por haber leído la historia y
haberme dado su opinión sincera.

Un millón de gracias a Marisa Gallen, mi búho y ojo


biónico, que no deja pasar nada y siempre me saca una sonrisa
con sus locos comentarios.

Gracias a mis fieles lectoras: que me escriben por las


redes, me apoyan en mis proyectos, comentan mis novelas,
que me riñen y me amenazan por algún que otro personaje.
Esos momentos para mí son maravillosos.

A los maravillosos grupos en los que publicito a diario


para difundir mi trabajo.

A mis chicas del grupos «Danadinhas de Gaef» en especial


a mis administradoras y moderadoras.

A mis grupos de Telegram, Las inocentes y Las Brujas en


donde tengo amigas y lectoras maravillosas con las que tengo
horas de risas y complicidad.
Mis otros títulos

Por Favor, Ámame (Autonclusiva)

Fátima, a la vista de muchos, es una mujer afortunada; es


guapa, tiene dinero y es deseada tanto por los hombres como
por las mujeres.
Sin embargo, ella se siente sola, vacía, nada de lo que tiene
la seduce, no pide mucho a la vida. Es una mujer ansiosa por
vivir, de ser independiente, de liberarse de las cadenas que la
atan a una familia interesada, sin cariño ni amor.
Después de perder a la única persona que la hacía sentirse
especial y amada, decidió huir creyendo poder dejar atrás todo
lo que le hacía infeliz.
Pero su llegada a España no es así, ya en el aeropuerto sus
problemas se agravan, llevándola a conocer al bello y atractivo
abogado, Daniel Welkeer, que junto a Pelayo, un guapo
camarero, pondrán la vida de la morena del revés.
https://www.amazon.es/dp/B01NCORKYV
No me obligues a escoger (Autonclusiva)

Bruno es un arrogante rapero y exitoso productor musical


que conoció la fama, las drogas y las mujeres a muy temprana
edad.
En una noche de fiesta y desenfreno vio por primera vez a
la asustadiza y tímida Silvia, que meses más tarde, sin que él
lo planeara, se convirtió en su esposa, rompiendo con todos
sus planes.
Años más tarde, su debilidad por las mujeres hizo que se
encaprichase con una morena que a primera vista era tímida e
inocente, y que pondría su vida del revés, llevándolo a hacer
cosas que jamás pensó que haría por una mujer con tal de que
fuera suya.
Nada es lo que parece. Siempre hay algo por lo que luchar.
Dos mujeres diferentes, una vida por delante. Sueños,
ilusiones, chantajes y dinero.
¿Cuál de las dos permanecerá en su vida?
¿Quién será la elegida?
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Pedro – Perdón Vol. 1 (Serie Los Trajeados)

Muchas veces, los deseos se convierten en realidad; sin


embargo, no siempre traen la tan ansiada felicidad.
Él siempre alegre y sonriente Pedro creció deseando que su
mejor amigo, Daniel, fuera su hermano. Al descubrir que es
así, no puede soportar conocer, por boca de terceros, que su
madre y su mejor amigo —ahora hermano— le han ocultado
esa información durante treinta años.
Ciego por el rencor y la desilusión, se aísla de todos, toma
malas decisiones y, presionado por su pasado, huye para
buscar el apoyo de su mejor amiga, Fátima.
En su huida conoce a Paula, una mujer diferente a las que a
él le gustan, pero que no pasa desapercibida a sus ojos. Para su
sorpresa, Paula no cae rendida ante su encantadora sonrisa y
conquistarla se convierte en un desafío para Pedro.
Pero sus errores de juventud le persiguen allá donde va y
no le permiten seguir con su vida. La culpa le pesa y le impide
seguir adelante…
https://www.amazon.es/dp/B07KJ8HPR
La caída de Tania (Autoconclusivo)

Tania es una mujer que tuvo de todo y que no le importaba


lo más mínimo pasar por encima de los demás para conquistar
todo aquello que se le antojaba. Después de haber humillado a
su cuñada y haber hecho mucho daño a Pedro, entre otros,
todos le dieron la espalda. Tuvo que descubrir de la mano del
mundo lo dura y difícil que es la vida sin los privilegios que le
ofrecía el dinero de su hermano y lo que conlleva ganarse el
pan.
Se tuvo que adaptar a su nueva realidad y aprender de la
manera más dura que ella no está por encima del bien y del
mal; que el mundo no gira en torno a ella.
La búsqueda del perdón de su familia la lleva a tener que
librar más de una batalla, tragarse su orgullo y luchar para
poder estar al lado de ellos.
El hombre a quien ella despreció y humilló en multitud de
ocasiones, fue quien la apoyó cuando ella más lo necesitaba,
haciéndole ver que no es especial. Ella empieza a verlo de otra
manera, pero Rodrigo no le va a poner las cosas fáciles.
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Miguel - Superación (Serie Los Trajeados 2)

Miguel, un abogado de renombre que lo tenía todo. Una


espiral de autodestrucción le hizo tocar fondo, perder su
dignidad, trabajo, amigos y a sí mismo. Nadie lo quería cerca.
Estaba a punto de perder a la única persona que seguía
teniendo fe en él. Divisando un futuro negro, con el apoyo de
Rafa, buscó ayuda. Con lo que nadie contaba es que las
mismas personas que lo curaron le traicionarían y volverían a
enfermarlo.
Aroa, una mujer de metas fijas, buena hija, formal, de vida
tranquila. Su pacato mundo cambió cuando una revelación
destruyó todo aquello que ella creía perfecto. En el afán de ver
a los que la engañaron pagar por todo el dolor que le causaron,
se metió en un mundo desconocido que la absorbió.
Sus padres, sin saber qué más hacer para recuperarla, la
ingresan en la misma clínica en que se encuentra Miguel. La
atracción entre ellos fue instantánea, empezaron una relación
secreta que les daba fuerzas para seguir adelante.

Sin embargo, las puertas de lo que debería de ser su


salvación, se cierran con ellos dentro, impidiendo su
reinserción en el mundo y terminan por verse envueltos en
disputas, mentiras, juegos de poder y varios peligros que jamás
imaginaron vivir.
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