Behemot
o Bégimo (Hebreo: בהמות, behemoth (moderno: behemot)) es una bestia mencionada en Job
40:15-24. Las identidades sugeridas para esta criatura mítica van desde un elefante, un
hipopótamo, un rinoceronte o un búfalo. [1] Algunos creacionistas creen que es la descripción
de un saurópodo, ya que su gran cola se describe como un cedro. Metafóricamente, el nombre
se ha llegado a usar para designar cualquier entidad poderosa y extremadamente grande.
Job 40:15-24 describe al behemot antes que el leviatán para demostrarle a Job la
futilidad de cuestionar a Dios, quien creó en solitario a estas criaturas y puede
capturarlas sin ayuda de nadie[2]. Ambas bestias son monstruos del caos destruidos por
el dios en el momento de la creación, aunque no se encuentra tal conflicto en la
narrativa de la creación del Génesis. [3]
He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; Hierba come como buey. He aquí
ahora que su fuerza está en sus lomos, Y su vigor en los músculos de su vientre. Su cola
mueve como un cedro, Y los nervios de sus muslos están entretejidos. Sus huesos son
fuertes como bronce, Y sus miembros como barras de hierro. El es el principio de los
caminos de Dios; El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque.
Ciertamente los montes producen hierba para él; Y toda bestia del campo retoza allá.
Se echará debajo de las sombras, En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos.
Los árboles sombríos lo cubren con su sombra; Los sauces del arroyo lo rodean. He
aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta; Tranquilo está, aunque todo un Jordán
se estrelle contra su boca. ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante, Y horadará su
nariz?
~ Job 40:15-24
El leviatán se identifica figurativamente tanto con el mar primordial (Job 3:8, Salmos
74:13) y en la literatura apocalípica, como un adversario, el diablo, que será finalmente
derrotado. En los discursos divinos en Job, Behemot y Leviatán pueden verse como
criaturas míticas con una fuerza enorme que los humanos como Job no pueden llegar a
controlar. Pero ambos son reducidos al rango de mascotas divinas, con anillos en sus
fosas nasales y una correa en el caso del leviatán.[1][4]
En los apócrifos y pseudoepigráficos judíos como el libro de Enoc del siglo II a.C.,
Behemot es el principal monstruo inconquistable de la tierra, el Leviatán es el monstruo
primitivo de las aguas del mar y el Ziz el monstruo primordial del cielo. Según este
texto, el Leviatán vive en ·el abismo", mientras que Behemot, el monstruo terrestre,
vive en un desierto invisible al este del jardín del Edén (1 Enoc 60:7-8). Una leyenda
rabínica judía describe una gran lucha que tendrá lugar en el fin de los tiempos: "...se
unirán con otro monstruo y entrarán en combate, con sus cuernos el Behemot acorneará
con fuerza, el pez saltará para golpearle con sus aletas, con fuerza. Su Creador se
aproximará a ellos con poderosa espada [y los matará a ambos]". Entonces, "de la bella
piel del Leviatán, Dios construirá toldos para acoger a los justos, que comerán la carne
del Behemot y del Leviatán con gran alegría y recogijo". (Artscroll siddur, p. 719).
En el Haggadah, la fuerza del Behemot llega a su máximo en el solsticio de verano con
cada año solar (en torno al 21 de Junio). En esta época del año, el Behemot ruge con
fuerza haciendo temblar a todos los animales, y por lo tanto les hace menos feroces el
resto del año. Como resultado, los animales débiles viven seguros lejos del alcance de
los animales salvajes. Este fenómeno mítico es mostrado como ejemplo de misericordia
y bondad divina. Según narra la tradición, sin el rugido del Behemot, los animales se
volverían cada vez más salvajes y feroces, y por lo tanto se matarían entre sí y a los
humanos.