Tres giros lingüísticos en la filosofía actual: tres momentos.
Leonardo Tovar Gonzáles
Tanto desde la tradición analítica (anglo sajona) como desde las fenomenológicas o existenciales
(continente europeo) se ha generado de modo casi paralelo el llamado “giro lingüístico” el cual,
centra su análisis e interpretación del sentido asociada a las emisiones del lenguaje y
abandonando los planteamientos epistemológicos de la modernidad (filosofía de la conciencia).
Los precursores de dicho giro son Frege, Russell y Moore en la analítica, y Husserl en la
fenomenología; pero serán Wittgenstein (tradición analítica anglo-sajona) y Heidegger (tradición
hermenéutica continental) los representantes más importantes en esta reforma de la filosofía. A
partir de sus aportes aparecerán, por la línea hermenéutica, un conjunto de autores y líneas
investigativas como la hermenéutica de Gadamer y Ricoeur, la mal llamada posmodernidad
(Foucault, Deleuze, Derrida, Vattimo), y la filosofía discursiva de Apel y Habermas; y los análisis
semánticos del “Círculo de Viena” hechos por Quine, Davidson y Putnam a la vez que los análisis
pragmáticos de Austin, Searle y Rorty por al lado de la analítica.
El lenguaje, como alternativa a la visión epistemológica moderna (Kant), es reivindicado por los
alemanes Hamann, Herder y Humboldt, y la corriente historicista de la hermenéutica por los
alemanes Schleiermacher y Dilthey confluyendo en la filosofía filológica de Nietzsche.
Ahora bien, el “giro lingüístico” en sus distintas acepciones no es exclusivo de la filosofía sino que
ha influenciado fuertemente la semiótica o semiología, por ejemplo, en Peirce y Barthes, o la
lingüística en Saussure, Bajtin, Chomski y Todorov, o la retórica y el análisis del discurso en
Perelman y Van Dijk entre otros. Sumado a esto se pueden ver los aportes del lenguaje a las
humanidades y ciencias sociales (estructuralismo y hermenéutica), o la semiología y la arqueología
en la nueva historia cultural, o a la deconstrucción de la teoría francesa por mencionar sólo una
parte de dicha influencia.
1.2 Humboldt y Pierce: el lenguaje como mediación trascendental.
Humboldt como padre del “giro lingüístico” desplaza del centro los criterios de validez subjetivos
propios de la modernidad en los significados generados por medio del lenguaje. En su teoría
lingüística las palabras no se entienden ya, como sólo vehículos de las ideas, sino como la
sustancia misma del pensamiento humano que le imprime su naturaleza simbólica. Lo que
conocemos encuentra, en cada lengua histórica, los horizontes históricos de comprensión donde
adquiere sentido cada enunciado.
Según Habermas, lo más sobresaliente de Humboldt respecto al lenguaje, son los valores
pragmáticos de la comunicación, esto es, el poder de las expresiones del lenguaje para la
comprensión de la intersubjetividad. Para Humboldt, el lenguaje no está montado sobre el valor
semántico de la referencia (designar objetos en el mundo). Así, en su teoría, el “yo pienso”
kantiano, es sustituido por el a-priori histórico de la relación entre un yo y un tú que procuran
alcanzar el entendimiento recíproco sobre un evento o cosa en el mundo, sentimientos o sobre
juicios de valor normativo.
De esta manera, se conforman condiciones trascendentales históricas que reemplazan las
formales y vacías de los a-priori kantianos. Humboldt descubre que el lenguaje, en sus diversas
manifestaciones, erige el horizonte necesario de todo sentido y de todo conocimiento posible, el
cual se funda sobre la voluntad de acuerdo que se debe mantener en el alcance universal de la
comunicación, incluso con relación a otros idiomas y sus posibles traducciones.
Ahora bien, Humboldt establece las estructuras lingüísticas del mundo, pero es Pierce, con su
semiótica, el que les imprime un alcance lógico. Lo que en Kant es la unidad sintética del “yo
pienso”, Pierce lo transforma por el “nosotros hablamos” de una comunidad abierta de
investigación, que a largo plazo adquiere completa inteligibilidad sobre sus objetos (el consenso
discursivo logra un carácter de telos comunicativo).
La esencia de este “proto-giro lingüístico”, en Humboldt como en Pierce, se encuentra en la
orientación pragmática adoptada sobre el lenguaje, pues son las condiciones de uso en la
comunicación humana las que definen el valor de los signos y no tanto su capacidad de referirse a
los objetos o a las intenciones del sujeto.
2. Wittgenstein y Heidegger: el lenguaje como forma de vida y apertura del mundo.
Mientras Fabris recuerda la demoledora formula de Carnap desde al análisis lógico contra la
retórica de Heidegger, según él, llena de expresiones sin ningún sentido lógico (la nada nadea);
Gadamer por su parte, defiende y desarrolla sus postulados al fijar una dicotomía entre la verdad
propia de la revelación del sentido en la interpretación, y el método aplicado en el dominio de los
objetos en la ciencia y la técnica.
Wittgenstein con sus “Investigaciones filosóficas” y su teoría de “juegos del lenguaje” apoya la
indagación y análisis de las coincidencias o paralelismos posibles con la fenomenología y la
hermenéutica. Heidegger, por su parte, propone rescatar la pregunta, según él olvidada, por el
“ser”, en el nivel del lenguaje sería remplazar la lógica referencial por una fenomenológica; de esta
manera, la verdad deja de ser verificación objetiva para convertirse en “aletheia”, a saber,
revelación profunda del mundo. Así “Ser y tiempo” se convierte en existenciario, en un un modo
de ser del “Dasein” propio de su apertura al ser y no una teoría más del conocimiento. Luego, el
mundo no se nos da de forma directa sino en el médium de las expresiones simbólicas del
lenguaje.
Wittgenstein (II), en cambio, se extiende en las distintas variaciones de los múltiples usos
lingüísticos, claro está, sin fijar una gramática de los juegos del lenguaje debido a la
inconmensurabilidad de las reglas. Esta labor viene a ser realizada por la teoría de los “actos de
habla” de Austin y pulida luego por Searle.
Es de resaltar que la teoría de los “juegos del lenguaje” de Wittgenstein como la de los “actos de
habla” de Austin, han desempeñado una importante influencia metodológica en las ciencias
sociales. Así como la vertiente heideggeriana por el lado de la hermenéutica ha ido de la exégesis
de textos escritos a la interpretación de la cultura.
Para recoger lo que se ha expuesto, se pueden establecer tres características con respecto a los
“giros lingüísticos”: Por el lado nietzscheano se genera una ontología hermenéutica que configura
textualmente los datos empíricos. Por el epistemológico, se revela un “performativismo
discursivo” entendiendo el lenguaje como producto pragmático de sentido y no como reflejo
semántico de la realidad. Y por el relativismo gnoseológico se genera un relativismo normativo que
contrapone al dogmatismo y al absolutismo una actitud tolerante y pluralista.
Ahora, en la actualidad estos “giros hacia el lenguaje” se inclinan hacia una hermenéutica
contextualista (post-analíticos y post-estructuralistas). Así, por ejemplo, la filosofía posmoderna al
parecer asume el “giro lingüístico” como fundamento ontológico de la realidad y epistemológico
de conocimiento. Foucault v. gr. Elabora un enfoque arqueológico-genealógico en el que los
discursos y las prácticas humanas, en su irreductible historicidad, se transforman en los únicos
objetos de una reconstrucción discursiva ceñida ella misma por su propia insalvable historicidad.
SEMINARIO DE FILOSOFÍA ANALÍTICA
JHON EDWAR GARCÍA GÓMEZ
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