Hasta la llegada de los modernos controladores de estado sólido, los motores de
inducción no eran las máquinas adecuadas para aplicaciones que requerían considerable
control de velocidad. El rango normal de operación de un motor de inducción típico está
confinado a menos de 5% de deslizamiento y la variación de la velocidad en ese rango es
más o menos directamente proporcional a la carga sobre el eje del motor. Aun si el
deslizamiento fuera mayor, la eficiencia del motor sería muy pobre puesto que las pérdidas
en el cobre del rotor son directamente proporcionales al deslizamiento del motor [9].
Existen sólo dos técnicas para controlar la velocidad de un motor de inducción, una
de las cuales consiste en variar la velocidad sincrónica (velocidad de los campos
magnéticos del rotor y del estator) puesto que la velocidad del rotor siempre permanece
cerca de nsinc. La otra técnica consiste en variar el deslizamiento del motor para una carga
dada [9].
La velocidad sincrónica de un motor de inducción está dada por:
P
ne
120
sin = (3.1)
en donde fe es la frecuencia de línea, y P, el número de polos.
Por tanto las únicas formas en que se puede variar la velocidad sincrónica de la máquina
son: 1) cambiando la frecuencia eléctrica y 2) cambiando el número de polos de la
máquina. El control del deslizamiento puede ser llevado a cabo bien sea variando la
resistencia del rotor o variando el voltaje en las terminales del motor