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Eclesiología: Fundamentos y Reflexiones

Este documento presenta una introducción a la eclesiología. Explica que la eclesiología estudia el origen, naturaleza, constitución y misión de la Iglesia a la luz de la Revelación. Detalla que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y un sacramento de Él en el mundo. El documento también describe algunas imágenes de la Iglesia como Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo y Sacramento de Salvación. Finalmente, presenta las propiedades de la Iglesia de ser una, s
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Eclesiología: Fundamentos y Reflexiones

Este documento presenta una introducción a la eclesiología. Explica que la eclesiología estudia el origen, naturaleza, constitución y misión de la Iglesia a la luz de la Revelación. Detalla que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y un sacramento de Él en el mundo. El documento también describe algunas imágenes de la Iglesia como Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo y Sacramento de Salvación. Finalmente, presenta las propiedades de la Iglesia de ser una, s
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ECLESIOLOGÍA

 
INSTITUTO  DE  FORMACIÓN  PARA  LAICOS  
“BENEDICTO  XVI”  
DIÓCESIS  DE  DUITAMA  –  SOGAMOSO  
 

 
“La iglesia, cuyo misterio está exponiendo el Sagrado Concilio,
Creemos que es indefectiblemente santa.
Pues como Cristo, el hijo de Dios, quien con el Padre y
el Espíritu Santo es proclamado Único Santo,
amó a la Iglesia como a su esposa,
entregándose a sí mismo por ella”
(LG 39)
 
   

“Nosotros no tenemos la verdad, la verdad nos tiene a nosotros

Cristo que es la Verdad, nos tiene de su mano”

Benedicto XVI

 
Eclesiología

Objetivo: Ofrecer al estudiante conocimientos fundamentales sobre el estudio de la


Iglesia como misterio de forma reconociendo su función y misión dentro de la misma.

Objetivos específicos

• Identificar los principios de la eclesiología.


• Realizar una reflexión magisterial para identificar la misión de la Iglesia y su
identidad con ella.
• Identificar por qué se habla de una reflexión eclesiológica a partir de algunas
imágenes y características de la Iglesia.
• Reconocer la figura de la Iglesia como sacramento e identificarla como
dispensadora de la gracia sacramental.

   

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Eclesiología

Contenido
Introducción ........................................................................................................................... 4
1. Definición e historia de la Eclesiología ......................................................................... 5
1.1 Concilio Vaticano I: perspectiva eclesiológica ............................................................ 8
1.2 Eclesiología del Concilio Vaticano II .......................................................................... 9
2. ¿Por qué hablar de una reflexión eclesiológica? ....................................................... 10
3. La Iglesia en el designio de Dios.................................................................................. 12
3.1 La Iglesia, prefigurada desde el origen de mundo ..................................................... 12
3.2 La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza .............................................................. 13
3.3 La Iglesia, instituida por Cristo ................................................................................... 14
3.4 La Iglesia, manifestada por el Espíritu Santo ............................................................ 15
4. Imágenes de la Iglesia ................................................................................................... 15
4.1 Iglesia Pueblo de Dios ................................................................................................ 16
4.3 Iglesia Templo del Espíritu Santo .............................................................................. 20
4.4 Iglesia Sacramento de Salvación ............................................................................... 21
5. El misterio de la Iglesia ................................................................................................. 27
5.1 Analogía con el Misterio Encarnado LG 8 .................................................................. 27
5.2 Esquema de LG 8 ....................................................................................................... 28
6. Propiedades de Iglesia .................................................................................................. 28
6.1 La Iglesia es “UNA” ..................................................................................................... 28
6.1.2 Iglesia Comunión .................................................................................................. 30
6.1.3 Comunión de Iglesia ............................................................................................. 30
6.1.4 El ecumenismo, signo de unidad .......................................................................... 31
6.2 La Iglesia es “SANTA” ............................................................................................... 31
6.3 La Iglesia es “CATÓLICA” .......................................................................................... 33
6.4 La Iglesia es “APOSTÓLICA” ..................................................................................... 35
Anexo 1. .............................................................................................................................. 38
Anexo 2. .............................................................................................................................. 41

 
 
 
 
 
 
 

   

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Eclesiología

 
 

Introducción

Reconociendo la Iglesia como institución fundada por Nuestro Señor Jesucristo no solo
como realidad histórica y desde una realidad de comunión espiritual e invisible, es
necesario encontrar elementos que nos ayuden a afrontar correctamente el sentido de la
Iglesia como cuerpo de Cristo, sacramento de Él y misterio, tal como ella es, pues no tiene
otra luz que la de Cristo (CEC 748) o el “lugar donde florece el Espíritu (CEC 749)”.
Por tanto, es necesario que nosotros los fieles, diáconos, presbíteros, obispos, todos los
que formamos esta comunidad fraterna en Cristo, estemos siempre abiertos a la luz de sus
enseñanzas y de su obrar, especialmente en la ministerialidad, para la cual nos
preparamos.
Importante, no perder de vista que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo que bien nos
lo señala san Pablo en la analogía del capítulo doce de la Carta a los Corintios, pues de
ahí, se va a desprender esta hermosa figura dada por los padres conciliares, retomada
desde los padres de la Iglesia como misterio y consignada en el Concilio Vaticano II,
especialmente en la Constitución Lumen Gentium, que nos abre una perspectiva amplia no
solo desde el punto de la naturaleza de la Iglesia misma sino desde la realidad a la cual
queremos llegar, comprenderla no solo como una institución formada por hombres sino
una comunidad de hermanos fundada por el querer de Dios, prefigurada desde antiguo,
asistida por el Espíritu Santo y signo de Cristo (sacramento) en medio de nosotros,
organismo vivo.
Además, es importante ver las nuevas figuras de la Iglesia que en el magisterio del Papa
Francisco se presentan como “calificativos” introduciendo una perspectiva de ver hoy día a
la Iglesia en consonancia con la vivencia y misión del Evangelio “vayan por todo el mundo
y hagan discípulos míos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,
19), contenidas en su exhortación apostólica Evangelli Gaudium: “Es vital que hoy la
Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones,
sin demoras, sin asco y sin miedo” en pocas palabras como lo señala el Papa una Iglesia
que sea cause de la Evangelización.

   

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Eclesiología

1. Definición e historia de la Eclesiología

La eclesiología proviene de dos vocablos griegos: Ekklesia (iglesia) y Logos (tratado),


por ende, es un tratado que hace parte de la Teología Dogmática y que estudia el origen,
el ser (naturaleza), la constitución y la misión de la Iglesia como pueblo de la alianza de
Dios a la luz de la Revelación, testimoniados por la Sagrada Escritura, la Tradición, el
Magisterio y enriquecidos por el aporte de la reflexión teológica. Este vocablo ekklesia que
el Nuevo Testamento usa para referirse a la comunidad cristiana, proviene de la expresión
Ekkaleo que literalmente se traduce como “llamar fuera”.
En la primera traducción bíblica del AT (250 a.C.) denominada septuaginta o versión de
los 70 aparece el término ekklesia por primera vez y que, propiamente no es equivalente al
que nosotros usamos hoy como Iglesia; fue una traducción del hebreo “qajal” que
designaba la congregación del pueblo Israel (1Re 8, 14; 1Cro 13, 2-4; Sal 22, 22). Esta
palabra igualmente, se introduce en la época del Deuteronomio (s. VII a.C) con una
formula significativa “el día de la asamblea” (Dt 4, 10; 9, 10; 18, 16) puesta en los labios de
Moisés en recuerdo del día en que Yahvé ordenó convocar al pueblo en la asamblea para
la celebración de la Alianza.
En el NT se combinan estas dos modalidades: el concepto griego ekkaleo (llamar fuera)
con el concepto qajal (congregación de Israel), para definir la Iglesia como el Israel
espiritual, es decir, llamados afuera del mundo por Dios, convocados por Él y apartados de
Él (Jn 17, 14-16; 18, 36). El uso del término es ya más exclusivo, se encuentra en Mt 16,
18; 18, 17, hasta las más de cien veces que aparece en el resto del NT.
Por otra parte, se puede señalar que el vocablo Ekklesia se entiende como
“convocación” en sentido activo, y en sentido pasivo como “congregación”, dimensiones
que completan para describir lo que es la Iglesia.
En sentido cristiano, Iglesia designa no solo la asamblea litúrgica, sino la comunidad
local o universal de creyentes, convirtiéndose en el Pueblo que Dios reúne en el mundo

   

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Eclesiología

entero realizado en la asamblea eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del cuerpo de


Cristo y de esta manera viene a ser ella misma cuerpo de Cristo (CEC 752).
El tratado Eclesiología, aparentemente es nuevo, data que en el año 1301 Jaime de
Viterbo en su obra Regime Christiano comienza a hablar de la Iglesia como un tratado
sistemático. Esto, no significa que anteriormente no se hubiera reflexionado acerca de la
Iglesia pues vemos por testimonios que la reflexión eclesiológica ha venido desde siempre,
solo que no como tratado.

A continuación reflexionaremos sobre algunos momentos de la eclesiología:


a. En los padres de la Iglesia: no se dio como reflexión sistemática sino como un sentiré
ecclesiam, es decir, desde la vida y la conciencia de formar parte de la comunidad, de lo
que es la Iglesia. Se trató entonces, de una eclesiología vivida, experimentada y celebrada,
desde donde se desprenden unas líneas de reflexión tales como:
• La Iglesia como Misterio, despliegue de la obra de salvación, designio
salvífico. (cf. DH 802, 1351).
• Aparece una amplia gama de imágenes para presentar a la Iglesia, desde
una concepción simbólica y tipológica: pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Ecclesia
Mater, Virgen y Esposa de Cristo.
• Se presenta como un organismo vivo del cual se participa existencialmente a
la luz de la figura paulina del cuerpo y sus miembros (1Cor 12).
• Igualmente se vislumbra la figura de Iglesia como una realidad de comunión,
entendida como vínculo de unión entre obispos y fieles manifestada en la
preeminente celebración eucarística.

   

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Eclesiología

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b. En el siglo XII, se da inicio para hablar de eclesiología en la ciencia canónica que


surge con la Reforma Gregoriana (s. XI), donde se presentaba especialmente las disputas
entre el papado y los reyes o emperadores, lo que fue produciendo una eclesiología de los
poderes, de las prerrogativas y de los derechos de la Iglesia. Entonces, se dio:
• La distinción entre potestad de orden y jurisdicción, que la llevó a la
autonomía en lo sacramental y pastoral y,
• Una visión de la Iglesia como corporación (cabeza – miembros).
Consultar: http://ec.aciprensa.com/wiki/Unam_Sanctam

c. En la época medieval aparece las llamadas “sumas medievales” (síntesis o tratados


que se dividían en cuestiones y estas en artículos por medio de los cuales se desarrollaba
una materia o disciplina), las cuales, carecían de un tratado específico eclesiología, dado
que la realidad de la Iglesia se penetraba de forma espontánea en cuanto la vida y el
mensaje cristiano. Por lo tanto, no fue necesaria una reflexión directa sobre sí misma. Sin
embargo, en este periodo no se puede dejar pasar la Suma Teológica de Santo Tomás,
según la cual, la Iglesia no es objeto de fe al igual que la Trinidad, ya que no se usa el
credere in sino el verbo credere ecclesiam.
d. Luego de este momento, hace su aparición la llamada Eclesiología, en un contexto
marcado por condiciones sociopolíticas que surgen como consecuencia de las formuladas

   

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Eclesiología

teorías teológicas y desarrolladas en el marco sacramental que llevó a comprender la


jerarquía como potestad, generando la estructura clerical y piramidal.
e. Aparece la época de la reforma y contrarreforma; aquí, se presentan unas actitudes
anti-institucionales y anti-romanas, mentadas por abusos y escándalos, lo que hizo que
Martín Lutero encontrara un suelo fértil para ofrecer una alternativa eclesiológica. Según
Lutero, si la fe se justifica siendo acción vertical de Dios sobre el hombre, la dimensión
comunitaria es entonces un evento secundario, porque se da solo una vivencia individual
de la fe. Igualmente afirmaba, la verdadera Iglesia es invisible, compuesta por la
comunidad espiritual de los justificados y se opone a toda institución externa.

Este cuadro de 1872, de Ferdinand Pauwels, se ve a Martín Lutero clavando sus 95 tesis en una puerta
de la iglesia del Palacio de Wittenberg, en https://www.eltiempo.com/cultura/gente/biografia-de-martin-lutero-
en-los-500-anos-de-la-reforma-46480

Como oposición a esta línea protestante, aparece el concilio de Trento (1545) donde se
reafirma el valor de la mediación de la Iglesia situándola en la lógica de la Encarnación,
pero más centrada en la perspectiva jerárquica y favoreciendo la visión piramidal eclesial.

1.1 Concilio Vaticano I: perspectiva eclesiológica


 
Este concilio se llevó a cabo entre los años 1869 – 1870, en la época de Pio IX. Se
caracteriza porque fue el primer concilio celebrado en la ciudad del Vaticano; respondió a
dos corrientes: al racionalismo (acentúa el papel de la razón para la adquisición de
conocimientos) y al galicanismo (todos los poderes eran supeditados al rey para asegurar
el bienestar de los súbditos).

   

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Eclesiología

Este concilio produce dos constituciones dogmáticas importantes que fueron:


a. Pastor Aeternus: en esta constitución se definió la infalibilidad del papa y su
primado de jurisdicción con la finalidad de la custodia de la unidad del episcopado;
es decir que el documento, señala el primado como primacía de jurisdicción
entregado a Pedro como potestad episcopal. La infalibilidad es presentada como
fruto del carisma dado a Pedro y a sus sucesores.

b. Dei Filius: trata especialmente de la fe católica afirmando que la obligación


moral que tiene el hombre de acoger al fe y perseverar en ella expone como ayuda
a cumplir tal obligación a dos niveles: desde el don interior de Dios (gracia) y desde
la Iglesia la cual, nos presenta las verdades que se han de creer.
Desde el punto de vista ya eclesiológico, el concilio muestra la importancia de la
Iglesia como una “concreta revelación” que se constituye en motivo de credibilidad.

1.2 Eclesiología del Concilio Vaticano II

Este concilio tiene la prioridad de querer sacar a la Iglesia del carácter societario para
conducirla e insertarla en el evento salvífico, definiendo la Iglesia “como un sacramento, o
sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano”. Es por eso que, el concilio perfiló un marco eclesiológico renovado y
estructurado por las siguientes coordenadas:
a. La Iglesia es presentada en su profunda raíz mistérica, puesta dentro el
designio salvífico de Dios.
b. La centralidad es la categoría bíblica “pueblo de Dios”, lo que permitía afirmar
la igualdad fundamental de todos los bautizados y la llamada universal a la santidad.
c. Se da importancia a las iglesias particulares y a la colegialidad episcopal.
d. La historia y la escatología recuperaron su importancia, poniendo de
manifiesto la condición peregrina de la Iglesia.
e. Se da una actitud de reconocimiento y diálogo cordial con todas las
realidades que se encontraban al margen de la Iglesia como son: otras confesiones
cristianas, las confesiones no cristianas y realidades seculares.

   

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Eclesiología

La ganancia del concilio fue que la Iglesia se definiera a sí misma, desde la misma
estructura de la constitución Lumen Gentium, manifestada en sus dos primeros
capítulos:
El misterio de la Iglesia
El pueblo de Dios
Constitución jerárquica de la Iglesia
Los laicos
Vocación universal a la santidad
Los religiosos
Carácter escatológico de la Iglesia
La Virgen María en el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Igualmente, se encuentran muchos elementos eclesiológicos en otros documentos como
la Gaudium et spes, los decretos de la actividad misionera de la Iglesia, sobre el ministerio
de los obispos, de los presbíteros, el apostolado de los laicos y sobre el ecumenismo, que
nos lleva a ver un camino de diálogo, de misión y de evangelización.

2. ¿Por qué hablar de una reflexión eclesiológica?

Partiendo del término Iglesia entendido como: convocación, congregación o como


asamblea litúrgica que se realiza en la Eucaristía y con la misión de hacer extensivo el
Reino de Dios en el mundo (cf. Mt 28, 19-20), es necesario, descubrir el sentido de su
reflexión de manera profunda desde los presupuestos antes mencionados que nos
permiten conocer la categoría de la acción salvífica de Dios, para designar a la Iglesia
como misterio, que no debe ser comprendido como algo incognoscible o como un enigma
intelectual, sino desde su base bíblica, como voluntad amorosa de Dios para conducir la
historia a su designio de Salvación.

   

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Eclesiología

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Es por eso que, en el NT ya se denota una decisiva profundización cristológica a la


categoría de misterio, el cual, es comprendido y referido por los sinópticos (Mt, Mc, Lc) al
modo secreto y escondido como el Reino de Dios se hace presente en los hechos y
palabras de Jesús. Dentro la literatura paulina se convierte en clave teológica incluyendo
de modo directo a la Iglesia. En este contexto el misterio designa los secretos de Dios,
pero en cuanto que se hacen presentes en la historia y son perceptibles por quienes han
recibido el don de Dios (Rom 16, 25-26; 1Cor 2, 8; Ef 1, 9-10).
Ef 3, 1-12, abre una perspectiva cósmica y recapituladora de la realidad y de la
humanidad, incluyendo el anuncio del Evangelio a los gentiles, acción del misterio
apostólico y de la vida de la Iglesia dejando ver que la Iglesia, forma parte del misterio de
Dios en su proyecto de restaurar todas las cosas en Cristo.
En definitiva, como evidencia el Concilio Vaticano II, abordando el tema de la Iglesia
(LG) en su origen y razón de ser, nos invita a buscarlo en la Trinidad, origen Fontal y
primario como “Ecclesia de Trinitatae”, en cuanto que ha nacido de la misma comunión
personal del Dios Trino que ha querido extender su comunión a los hombres. La Iglesia ha
nacido del amor del Padre eterno, ha sido fundada en el tiempo por el Hijo y es vivificada
continuamente por el Espíritu. La Iglesia ha de ser considerada como un “Sagrario de la
trinidad”; misteriosa extensión de la trinidad en el tiempo a tal punto que donde están las
tres personas divinas, allí está la Iglesia, que es su Epifanía.
En conclusión, se debe hablar de una reflexión eclesiológica porque necesitamos
conocer el origen, la naturaleza y la misión de la Iglesia desde el contexto bíblico, su

   

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Eclesiología

relación con Dios Trino y su acción de evangelización sembrando cada día la semilla del
Reino.

3. La Iglesia en el designio de Dios

Se ha mencionado que para entender el misterio de la Iglesia, se hace necesario


contemplar su origen desde el designio de la Santísima Trinidad y su realización progresiva
en la historia. Los santos padres, declaraban en referencia a la Iglesia dentro de las etapas
de la historia humana, que ha sido prefigurada desde el origen del mundo; preparada a lo
largo de la historia del pueblo de Israel; instituida por Cristo cuando llegó la plenitud de los
tiempos y, manifestada y santificada por el Espíritu Santo en pentecostés (cf. CEC 759;
LG 2) .

3.1 La Iglesia, prefigurada desde el origen de mundo

Según el testimonio de los primeros cristianos, el mundo fue creado en orden a la


Iglesia. El mundo visto desde la obra libre y bondadosa de Dios en orden a la comunión en
su vida divina, se realiza mediante la convocación de los hombres en Cristo y, dicha
convocación es la misma Iglesia, pues, la Iglesia es la finalidad de todas las cosas. (cf.
CEC 760)1.
Por tanto, se entiende que la creación es al mismo tiempo una preparación y una
anticipación de la Iglesia, en sentido que el hombre es un ser capaz de corresponder al
designio sobrenatural de Dios y entrar en comunión con Él. Por eso, LG 1 afirma que, la
Iglesia ha sido instituida como signo e instrumento de íntima unión con Dios y como unidad
del género humano y en la misma línea, la misma constitución manifiesta que: “todos los
hombres son llamados a formar parte del pueblo de Dios” que siendo uno y único ha de
abarcar el mundo entero (LG 13).

                                                                                                                                       
1
“Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención es la salvación de los hombres
y se llama Iglesia”. San Clemente de Alejandría.
   

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Eclesiología

3.2 La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza

Según afirma el CEC, la Iglesia comienza en el instante en que el pecado destruye la


comunión de los hombres con Dios y la de los hombres entre sí (761), lo que conlleva ver
que la Iglesia en su sentido mistérico, fue preparada admirablemente en la historia del
pueblo de Dios (LG 2) y como reacción de Dios provocado por el caos del pecado (CEC
761). Por lo cual, se debe afirmar que, el designio de Dios tiene un papel decisivo y central,
“salvar a su pueblo elegido, figura de la Iglesia”.
El catecismo afirma que esta preparación se dio en dos momentos: el primero, mediante
la preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios con la vocación de Abraham y la
promesa que Dios le hace (cf. Gn 12, 2); la segunda, una preparación inmediata que
comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios (cf. EX 19, 5-6; Dt 7, 6) que debe
ser el signo de la reunión futura de todas las naciones (cf. Is 2, 2-5)2.
En esta línea se puede decir que, quien busca comprender el misterio de la Iglesia no
puede dejar de lado el considerar la continuidad que hay entre Israel y la Iglesia;
continuidad confirmada por el mismo Concilio: “el vínculo del pueblo del Nuevo Testamento
está espiritualmente unido con la raza de Abraham. Pues, la Iglesia reconoce que los
comienzos de su fe y de su elección se encuentra ya en los patriarca y en los profetas
conforme al misterio salvífico de Dios, por lo que la Iglesia no puede olvidar que ha recibido
la Revelación por medio de aquel pueblo con quien Dios estableció su antigua alianza”3.
De acuerdo a lo anterior, se pueden afirmar unos elementos por lo que se da esa
continuidad de los miembros de la Iglesia con los hijos de Israel:
a. A nivel de lenguaje, en cuanto que el término Iglesia y pueblo de Israel tienen
sus raíces veterotestamentarias.
b. Como Israel, la Iglesia naciente se concibe como pueblo en Éxodo reunido en
doce tribus. En este sentido, la elección de los doce muestra cómo el mismo Jesús
entendió su comunidad en continuidad con Israel.
c. La relación con el Dios de la Alianza en continuidad con la experiencia de
Israel, en relación con su elección salvífica.

                                                                                                                                       
2
Nº 762.
3
Nostra Aetate (NA) 4.
   

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Eclesiología

d. Conciencia de la Misión, lo mismo que Israel conoce su misión en calidad de


ser signo de salvación para todos los pueblos, así también la Iglesia, se siente
llamada a llevar la salvación a todos los extremos del orbe.

3.3 La Iglesia, instituida por Cristo


 
Luego de ver tal continuidad, también vemos una novedad de la Iglesia con respecto a
Israel en sentido de la tensión escatológica. Sí para Israel “el ya” de la fe es la alianza
establecida por Dios con los padres, el “todavía no” es el cumplimiento escatológico de las
promesas del Padre en el Shalom universal; para la Iglesia en cambio, el “ya” es la llegada
del Hijo de Dios encarnado y la realización de su misterio pascual que encontrará su
cumplimiento pleno y definitivo en el momento en que Cristo recapitule todas las cosas en
sí mismo.
La vinculación de la Iglesia con Jesús constituye una cuestión decisiva para hablar de la
eclesiología y afirmar que, la Iglesia está enraizada en la misión del Hijo “Jesús anunció el
Reino de Dios y lo que vino fue la Iglesia” (Loyse), ya que corresponde al Hijo realizar el
plan divino de Salvación de su Padre, motivo de su misión (LG 3).
El Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de
Cristo (LG 5), por lo cual, es el germen de este Reino, es el pequeño rebaño que Jesús
vino a convocar en torno a Él como su pastor (cf. Mt 10, 16; Jn 10, 1-10), constituyéndolo
como su familia (cf. Mt 12, 49), dotándola de una estructura que permanecerá hasta la
plenitud de los tiempos.4
La Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo, nuestra salvación anticipada
en la institución de la Eucaristía y consumada en la Cruz.5

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4
CEC 763 – 765.
5
Id. 766.
   

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Eclesiología

3.4 La Iglesia, manifestada por el Espíritu Santo

“Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le había encomendado realizar en la tierra,
fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificará continuamente a la
Iglesia” (LG 4), es por esto que, la Iglesia es por su misma naturaleza misionera enviada
por Cristo a todas las naciones para hacer de ella discípulos suyos (cf. Mt 28, 19-20) de
forma que para realizar está misión, el Espíritu Santo la construye y la dirige con diversos
dones jerárquicos y carismáticos (LG 4).6

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4. Imágenes de la Iglesia

En la Sagrada Escritura ya se puede observar diferentes imágenes o figuras con las


cuales se identifica la Iglesia, sea desde su realidad visible o invisible – mistérica y que se
relacionan entre sí, contenidas en el CEC 753 – 757, que nos llevarán a profundizar
algunas que son relevantes para nuestro estudio:
a. AT: constituyen variaciones de una idea de fondo, la de Pueblo de Dios.
b. NT: las imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho que Cristo viene a
ser la Cabeza de este Pueblo el cual es desde entonces su Cuerpo (cf. Ef 1, 22; Col
1, 18; LG 9).
c. Redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Jn 10, 1-10).
d. Rebaño: cuyo pastor será el mismo Dios, como Él mismo anuncio (Is 40, 11;
Ez 34, 11-31).
e. Labranza o campo de Dios (1 Co 3, 9): desde la perspectiva que en este
campo crece el antiguo olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y en el que tuvo y
tendrá lugar la reconciliación de los judíos y de los gentiles (Rom 11, 13-26).

                                                                                                                                       
6
Id. 767 -768.
   

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Eclesiología

f. Viña (Mt 21, 33-43; Is 5, 1-7): la verdadera vid es Cristo, que da la vida y
fecundidad a los sarmientos, es decir a nosotros, que permanecemos en Él por
medio de la Iglesia.
g. Construcción de Dios (1Co 3, 9): el Señor mismo la comparó con la piedra
que desecharon los arquitectos y que se convirtió en piedra angular (Mt, 21, 42; Hch
4, 11; 1 Pe 2, 7).
h. Casa de Dios (1 Tim 3, 15): en la que habita su familia.
i. Habitación de Dios en el Espíritu (Ef 2, 19-22).
j. Tienda de Dios con los hombres (Ap 21,3).
k. Templo santo: representado en los templos de piedra, los Padres cantan sus
alabanzas, y la liturgia, con razón, los compara a la ciudad santa, a la nueva
Jerusalén.
l. Es también llamada la Jerusalén de arriba y madre nuestra (Gal 4, 26; Ap 12,
17) y se describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado (Ap 19, 7; 21,
2.9; 22, 17).
A continuación reflexionaremos sobre cuatro imágenes que se proponen desde el
aspecto bíblico y que en sí se reflexionan desde el magisterio de la Iglesia, ya que son de
suma relevancia para el entender esta visión sistemática de la Iglesia.

4.1 Iglesia Pueblo de Dios

Esta designación de pueblo, la podríamos significar desde el hecho en el cual, Dios en


su designio divino de Revelación creó un pueblo que se llamó Israel, lo dividió en doce
tribus y recibió el nombre de pueblo de la Alianza, fruto de su voluntad salvífica. Por lo
cual, es importante comprender que Dios queriendo habitar entre nosotros nos ha hablado
de diversas maneras para manifestar su deseo de salvación y ve imprescindible, mostrar
que la salvación es universal y qué mejor manera que la de elegir un pueblo como sujeto
continuo e idéntico de la historia de la fe7.
A partir de este hecho, es necesario comprender que la Iglesia ha de tener conciencia
de su íntima relación con el pueblo de Israel, pueblo de la Antigua Alianza, llamado así
porque parte de la promesa (Gn 9,9), se concreta en la elección y en la vocación de

                                                                                                                                       
7
Ludwig Muller, G. Dogmática: Teoría y práctica de la teología. 592.
   

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Eclesiología

Abraham (Gn 12, 3; 17, 5; Rom 4, 17; Gal 3, 7), prototipo de Israel y de todos los pueblos
reunidos en él.
Israel pues, se convierte en figura de elección y vocación, alcanzando su meta en la
revelación del mediador universal entre Dios y los hombres, Jesucristo. Es el pueblo que
Dios, ha elegido y conducido a través del desierto hacia la tierra prometida, es asimismo el
destinatario de las acciones redentoras, liberadoras y vivificadoras de Yahvé, y que se
llegó a convertir en el pueblo de fe, de la confesión, de la asamblea litúrgica, de la
obediencia a la ley, en el oyente y testigo obediente de la autopromesa de Dios como
salvación del hombre.
Esta alianza, se puede significar en tres aspectos:
a. Israel como propiedad de Dios: en cuanto que ha sido Dios mismo quien lo ha
constituido (Dt 4, 37).
b. Israel socio de la alianza de Dios: la elección por Dios le adjudica un papel
activo, conoce y ama a Dios acreditado en el amor al hermano. Esta reciprocidad se
manifiesta en Ex 6,7; Dt 29, 9-12 “yo seré su Dios y él será mi pueblo.”
c. Israel Santuario de Dios: la comunidad de la fe de Israel es, sobre todo una
asamblea cultica, el lugar y el medio de la presencia salvífica de Dios, en su
manifestación como santuario de Dios, Israel es el pueblo sacerdotal, regio y
profético (Ex 19, 6); Dios mora y actúa en él (Ex 29, 45; Dt 2, 7; Núm. 35, 34). Dios
está real y simbólicamente en el templo de Sión, Jerusalén, la ciudad santa como
“Dios con nosotros” (Is 7, 14; 8, 8).8
Esta imagen o figura, hasta mediados del siglo IV conservó cierta prioridad, luego se fue
deformando y empobreciendo. El Concilio Vaticano II, la adquirió en gran relieve hasta el
punto casi de convertirla en síntesis y símbolo de su eclesiología (LG 2). Nos ayudará el
CEC 782, mostrando las características de este pueblo que lo diferencian de cualquier
grupo étnico, político o social:
a. El pueblo de Dios porque no le pertenece a nadie, solo a Dios (1 Pe 2, 9).
b. Se llega a ser miembro de él no por nacimiento físico sino por el bautismo (cf.
Jn 3, 3-5).
c. Tiene por jefe y cabeza a Cristo Jesús, el ungido.

                                                                                                                                       
8
Id.
   

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Eclesiología

d. La identidad de este pueblo es la dignidad y libertad de los hijos de Dios en


cuyos corazones habita el Espíritu Santo.
e. Su ley es el mandamiento nuevo: el amor (cf. Jn 13, 34).
f. Su misión es ser sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16).
g. Su destino es el Reino de Dios, que Él mismo comenzó en este mundo (LG
9).
Como conclusión, se puede manifestar que la Iglesia es el pueblo de Dios, querido
desde siempre en el designio del Padre, constituido mediante la alianza de Israel, pero
reunido en la plenitud de los tiempos gracias a la misión del Hijo que inaugura en la tierra
el Reino de los cielos.

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4.2 Iglesia Cuerpo de Cristo

LG en su numeral 7, aborda esta figura de manera significativa y que sin lugar a


dudas, fue la expresión más difundida en la eclesiología católica a partir de la encíclica
Mistici corporis (Pio XII: 1943), donde manifiesta:
a. Cristo redimiendo al hombre con su muerte y resurrección los convoca, los
constituye místicamente como su cuerpo mediante la comunicación del Espíritu
Santo, a través de los sacramentos específicamente del Bautismo y la Eucaristía
donde participamos más de ese único pan haciéndonos miembros de su cuerpo.
b. En Cuerpo de Cristo (Iglesia), hay variedad de miembros - carismas,
ministerios – funciones, pero un solo espíritu que distribuye sus dones para el bien
de la Iglesia, donde sobresale la gracia de los apóstoles.
c. Cristo cabeza (Col 1, 15-18) primacía sobre todas las cosas.
d. Los miembros deben asemejarse a Él hasta que Cristo quede formado en
ellos (Gal 4, 19), mediante su participación en su ministerio de vida.
e. Cristo amó a la Iglesia que la formó su esposa y ella se adhiere a la cabeza.

   

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Eclesiología

A partir de lo anteriormente mencionado, se debe destacar que estos elementos nos


muestran que esta imagen expresa la relación de los miembros de la Iglesia entre sí (cf.
Mc 12, 4) y su compenetración con Cristo, que tiene como lugar de origen y de
expresión la cena del Señor: el pan es uno y todos participando de ese mismo pan
formamos un solo cuerpo (cf. 1Cor 10, 16).
Cristo es la cabeza de este cuerpo que es la Iglesia y la cual está subordinada a Él,
pues, es su fundamento, su razón de ser y su meta permanente que expresa la
exterioridad y presencia de la Iglesia en el mundo como Cuerpo de Cristo, lo hace
presente en el mundo.

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En conclusión, se puede evidenciar:


El fundamento de la Iglesia está en la encarnación, muerte y
resurrección.
La Iglesia es convocada y constituida por Cristo.
Se presenta variedad de miembros y carismas, obra del Espíritu Santo.
Cristo es la cabeza (esposo) del cuerpo al cual colma de riquezas su
cuerpo glorioso.
Sus miembros están llamados a asemejarse a Cristo constituido en
ellos.
La acción del Espíritu Santo la vivifica, unifica y dinamiza.

REPASA
Lee CEC 787- 796 y saca algunas conclusiones.
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Eclesiología

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4.3 Iglesia Templo del Espíritu Santo

Teniendo en cuenta que el Espíritu Santo es el principio de la acción vital y


verdaderamente saludable que actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el
Cuerpo, en la caridad por la Palabra de Dios, que tiene todo el poder de construir el edificio
(Hch 20, 32) por el Bautismo mediante el cual forma todo el cuerpo de Cristo (cf. CEC 798)
podremos entender la expresión de San Agustín “lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra
alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de
Cristo, para el cuerpo de Cristo que es la Iglesia” (sermón 267, 4).

De ahí que se exprese que, la Iglesia es el templo del Dios vivo (2 Cor 6, 16), en donde
mora el Espíritu Santo (1Cor 3, 16ss). Templo santo, edificado por Cristo hasta llegar a ser
por medio del Espíritu Santo habitación de Dios (Ef 2, 22), donde este mismo espíritu en su
actuar sobre la Iglesia se hace distinguir de la unidad en la comunión y el servicio; la guía
que la sostiene en el tiempo y la renueva y santifica mediante sus dones y carismas.
Es la Iglesia el sacramento del Espíritu de Cristo, ya que mediante la comunicación del
Espíritu, Cristo constituyó su cuerpo místico que es la Iglesia, sacramento universal de
Salvación, donde Cristo mismo es el origen del ser y del obrar de la Iglesia. Es el Espíritu
Santo su principio interior de vida y quien le confiere su contenido sobrenatural, su vitalidad
divina y su fuerza.
En conclusión, la presencia del Espíritu en la Iglesia tiene su cumbre en pentecostés,
donde la Iglesia constituida en el misterio pascual de Cristo se manifiesta e inicia su misión
oficial. La Iglesia es instituida por Cristo y constituida por el Espíritu Santo, mediante los
carismas.

   

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Eclesiología

REPASA
Lee CEC 799 – 801 y sintetiza por medio de un párrafo.
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4.4 Iglesia Sacramento de Salvación

Debemos partir diciendo que ésta categoría de la Iglesia como sacramento no


corresponde propiamente a un lenguaje bíblico, es decir, no aparece en la Sagrada
Escritura, pero que si es necesario remontarse al término “mysterium” pues, es la base o
noción de sacramento, aplicado a Cristo y en dependencia de Él a la Iglesia. Mysterium
puede traducirse desde el AT como secreto (Tob 12, 7), pero que se ha manifestado (Sap
2, 22).
En la Iglesia Latina, esta palabra se tradujo por sacramentum para hacer referencia al
misterio o plan de Dios. En el medioevo este término sufre una restricción de significado
convirtiéndose en la denominación técnica de los siete sacramentos.
La teología reciente o actual, basada en fuentes patrísticas fue ampliando esta
concepción convirtiéndola en clave de lectura de la historia de Salvación y desde este
presupuesto se aplicó a la Iglesia.
El Concilio Vaticano II, designó la Iglesia con el término SACRAMENTO (cf. LG
1,9,48,59. SC 5,26. GS 42,45. UR 3), dado que algunos opinan que es la expresión más
idónea para designar la visión más originaria de la Iglesia, pues, en su realidad muestra
diversos aspectos parciales como: su realidad espiritual, divina, histórica, humana,
sociológica...
Sin embargo, en el desarrollo de esta categoría de la Iglesia, en el siglo XX se llegó a
pensar que esta tesis podría llegar a entender la Iglesia como un octavo sacramento, lo
que sería contradictoria con la enseñanza de Trento, cuando especificó que los
sacramentos son siete.

   

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Eclesiología

Dicha objeción fue rechazada por los teólogos promotores de esta visón eclesiológica,
mediante la tesis que no se trataba de añadir un sacramento sino de conocer la naturaleza
de la Iglesia a la luz de la realidad del misterio, a la luz de cómo se entendía la palabra
sacramento.
A la luz del Concilio en LG 1, se dice que: “” y como la Iglesia es en Cristo como un
sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el
género humano…”, expresión con la que el Concilio quiere manifestar la estructura
pluridimensional de la Iglesia, es decir, su realidad visible y espiritual, lo humano y lo
divino, por lo cual, lleva a concebir a la Iglesia como un signo eficaz de la gracia, un
acontecimiento perceptible que contiene y concede la gracia que es comunicada en sus
dos dimensiones: en la intimidad con Dios y en la unidad del género humano.

En conclusión, se puede decir que esta categoría de la Iglesia contiene varias


dimensiones, a saber:
a. Cristológica: la Iglesia es sacramento de salvación no por sí misma o en sí
misma, sino por la virtud de su unión con Cristo y en absoluta dependencia con Él.
Así como Cristo en su humanidad es sacramento de Dios o “sacramento primordial”,
así la Iglesia es sacramento de Cristo.
b. Pneumatológica: el Espíritu Santo que insertó el Hijo en el tiempo, lo hizo vivir
en la historia y lo entronizó en la gloria, es el mismo que hizo nacer en la historia el
“Cuerpo Místico de Cristo” y lo dirige hacia el encuentro escatológico. El nacimiento
de la Iglesia, no puede ser entendido como fruto de una acción autónoma del
Espíritu, como tampoco puede ser atribuido a Cristo; sino que es el fruto de una
acción conjunta de la dos divinas personas.
c. Trinitaria: LG revaloriza este fundamento, situándolo en la perspectiva de la
historia de salvación, así la Iglesia es presentada como la revelación del misterio
trinitario, cuyo origen es Dios, su contenido es Cristo y su revelación es en el
Espíritu Santo.
d. Escatológica: en cuanto que la Iglesia constituye en la tierra el germen y el
principio del Reino de Dios (LG 5), más aun es el Reino de Cristo presente ya en el
misterio (LG 3).

   

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Eclesiología

INVESTIGA
Busca en el Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 9, lee atentamente y responde:

§ ¿Cuál fue la voluntad de Dios?


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§ ¿Qué eligió Dios para salvar a los hombres? ¿Por qué?

§ ¿Para qué sucedió todo desde el Antiguo Testamento?


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• ¿Qué estableció Cristo en el Nuevo Testamento?


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§ ¿Cómo es este pueblo mesiánico?


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§ ¿Qué semejanzas y diferencias encuentra entre lo que la gente dice de la


iglesia y lo que nos dice la iglesia sobre ella misma? ¿Por qué se dan esas
diferencias?
   

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Eclesiología

DIFERENCIAS SEMEJANZAS

REPASA
• ¿Por qué decimos que la Iglesia es cuerpo de Cristo?
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_________________________________________________________________________

• ¿Qué es el ´pueblo de Dios?


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_________________________________________________________________________

• ¿Qué opinas de los usos y costumbres del pueblo de Dios?


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_________________________________________________________________________

• ¿Cómo está organizada la Iglesia?


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Eclesiología

• ¿Cuál es la Ley máxima en la iglesia? ¿Por qué?


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• ¿Cuáles documentos de las conferencias del CELAM has leído y de qué trata
cada uno?
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• Realiza un mapa mental sobre las imágenes de la Iglesia.

REFLEXIONA
   

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Eclesiología

Lee atentamente Lumen Gentium No. 8, luego responde


ü ¿Qué nos comunica Cristo por medio de la Iglesia?
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ü ¿Cuál es la Iglesia que Cristo encomendó a San Pedro?


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ü ¿Cuál es el camino que la Iglesia deber reconocer a fin de comunicar


los frutos de salvación a los hombres?
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ü ¿Qué es lo que la iglesia debe abrazar, reconocer y servir?


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ü ¿Cómo es fortalecida la Iglesia?


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ORA
Realiza un salmo orando por la iglesia, ´por quienes la guían, por sus necesidades y
proyectos.
   

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Eclesiología

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5. El misterio de la Iglesia

5.1 Analogía con el Misterio Encarnado LG 8

Se habla de analogía porque se puede hacer una identificación entre el misterio de Dios
encarnado y el misterio de la Iglesia en sus dos dimensiones. El hecho de la Encarnación
es único en su grandeza,   así como la unión de las dos naturalezas en Cristo (humana-
divina) se trata de una sola persona, la Iglesia está constituida por muchos miembros.

Verbo Encarnado Iglesia


Cristo: Naturaleza divina Iglesia: Realidad divina:
Naturaleza humana Realidad humana:
Calcedonia: - Inseparables Iglesia profesa que no son dos cosas
- Inconfundibles distintas, forman una realidad completa.
- Indivisibles
La naturaleza asumida sirve al Verbo La unión social de la Iglesia sirve al
divino como órgano de salvación Espíritu de Cristo para el incremento del
indisolublemente unido a Él. cuerpo.

LG 8 nos muestra a la Iglesia como sacramento de Cristo, sin utilizar el término, sino
refiriéndose a la realidad visible que a su vez se refiere a algo ulterior: una visión
sacramental de la Iglesia. Es el texto clave para expresar la sacramentalidad de la Iglesia.
En sus tres párrafos intenta superar una eclesiología solo institucional que surgió por la
controversia luterana que apelaba por una iglesia espiritual.

   

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Eclesiología

El punto de partida es Cristo, único mediador que ha constituido la Iglesia como


“comunidad de fe, de esperanza y caridad”, “como una trabazón visible por la cual
comunica a todos la verdad y la gracia” (“todos” se refiere a toda la humanidad, para la
cual la Iglesia alcanza la salvación ejerciendo como mediadora).

5.2 Esquema de LG 8

a) La asamblea visible y la comunidad espiritual no son dos cosas distintas, sino que
forman una realidad análoga al misterio del Verbo encarnado;
b) La Iglesia una, santa, católica y apostólica subsiste en la Iglesia católica, aunque
fuera de ella se encuentran elementos eclesiales.
c) La Iglesia se manifiesta en la fuerza y en la flaqueza. Llamada a ser pobre y
perseguida;
d) La Iglesia supera sus dificultades con la virtud de Cristo y la caridad, anunciando el
Misterio de Cristo hasta llegar a la plenitud escatológica.

6. Propiedades de Iglesia
 
Según planteamientos anteriores en LG 8, donde se manifiesta que la Iglesia es una,
santa, católica y apostólica,   y frente a discusiones mencionadas, se puede afirmar que
“Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el credo, que es una, santa,
católica y apostólica”, cuatro atributos inseparablemente unidos entre sí y que indican los
rasgos esenciales de la Iglesia y su misión, encargo dado por Cristo, quien, por el Espíritu
Santo la llama a ejercitar estas cuatro cualidades (cf. CEC 811).
Estas cuatro características se han incorporado a la Iglesia en el concilio de
Constantinopla (381) y su origen se remonta a Cirilo de Jerusalén.

6.1 La Iglesia es “UNA”


 
La Iglesia es una y única porque Dios es uno y único en sí mismo, y llevó siempre a los
santos Padres a presentarla como ícono de la Trinidad Santísima, definiéndola como el
pueblo unido en la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (LG 4; UR 2), unidad
que será consumada escatológicamente cuando Dios sea todo en todos.
   

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Eclesiología

LG 14 deja ver las condiciones por las que denota la plena incorporación a la estructura
visible de la Iglesia y esta plena unidad, señalando que, viene expresada en: la unidad en
la profesión de fe y en, la vida social como el carácter comunitario, con la guía de los
mismos pastores, representada en la fracción del pan.
CEC 814 nos adentra en este misterio de la Iglesia es “una” desde el principio, ya que,
con gran diversidad procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la
multiplicidad de las personas que los reciben, pues esta unidad se da en los diferentes
pueblos y culturas. La gran diversidad es una riqueza que no se opone a la unidad de la
Iglesia, sino que se complementa y la perfecciona.
Por lo tanto, cuando nos referimos a la unidad del Iglesia como misterio, tenemos que
visualizarla desde tres perspectivas (cf. CEC 813):
a. La Iglesia es una debido a su origen.
b. La Iglesia es una debido a su fundador.
c. La Iglesia es una debido a su alma.

REPASA
Lee CEC 815 y señale los vínculos de la unidad.
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CEC 816 lee y responde.


Frente a las heridas que se han presentado en la Iglesia y que en cierto modo han
fracturado la unidad, se hace un llamamiento a volver a encontrar la unidad de todos los
cristianos como un don de Cristo en el Espíritu Santo; ¿Qué se exige para responder a
este llamamiento?
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Eclesiología

6.1.2 Iglesia Comunión

El concepto comunión en este sentido tiene un significado básico con el que se


representa la comunión con Dios y de la cual se participa en la Palabra y en el
Sacramento. Por tanto, esta comunio fedelis, se da concretamente en la comunión de los
cristianos entre sí y se realiza más concretamente en la comunión de las iglesias locales,
fundadas mediante la eucaristía, pero realizada desde la propuesta de LG 23 “cada obispo
es principio y fundamento visible de la unidad de su Iglesia particular formada a imagen de
la Iglesia universal, en la cual, y a la base de la cual existe la Iglesia UNA y ÚNICA”.
La comunión se da en unas dimensiones que se pueden describir desde el concepto en
el mundo griego, el cual, define comunión como koinonía, que designa en sí las relaciones
interpersonales, la armonía o comunión con la divinidad (cf. 1Pe 1, 4).
Ya en el ambiente cristiano, el termino koinonía, adquiere un pleno significado en
relación con el misterio trinitario, desde donde penden sus dimensiones:
a. se produce gracias al dinamismo de la trinidad económica, por el Hijo en el
Espíritu Santo.
b. Posee una base y expresión sacramental. Su inicio es el bautismo y desde
ahí conduce a la filiación en Cristo.
c. Tiene una característica eclesiológica donde se hace concreta y operante en
la comunidad que celebra la fe.
d. Exige gestos, signos, actitudes y acciones concretas.
e. Posee una tensión escatológica intrínseca.
f. Es la base y condición de toda acción ecuménica.

6.1.3 Comunión de Iglesia

Es necesario entender que no hacemos en este apartado, alusión a las iglesias fuera de
la iglesia católica, sino que, referimos a las iglesias locales o particulares que hacen que se
realice una imagen fiel de la comunión trinitaria (cf. SC 41; LG 26).
Ya autores del NT y de la iglesia primitiva no advertían en hablar de una Iglesia o de
muchas Iglesias, pues, concebían a la iglesia como una comunión de muchas iglesias,
cada una de las cuales era la Iglesia presente en un lugar particular.

   

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Eclesiología

Desde esta experiencia, es que nos permitimos entender la única Iglesia de Cristo como
la Iglesia de iglesias o como la comunión de comunidades, no separadas entre sí, sino, en
una unidad substancial, UNICA, no como que la Iglesia de Cristo sea una suma de iglesias
o comunidades eclesiales.

6.1.4 El ecumenismo, signo de unidad

Cuando hablamos de movimiento ecuménico, hacemos referencia al diálogo que se


empezó con el ambiente protestante, lo que se controvertía especialmente en materia de fe
y costumbres.
El movimiento tiene como punto de partida el Congreso misionero de Edimburgo (1910),
en donde se reunieron varias asociaciones de carácter misionero con el fin de hacer eficaz
y creíble la evangelización cristiana. Todo este proceso ha pasado por sínodos, congresos,
entre otros hasta llegar al Concilio Vaticano II, que muestra su preocupación por la unidad
de la Iglesia y disponer todo lo que sea necesario para la restauración de esta unidad (cf.
SC 1), dando así un espacio al Decreto unitatis redintegratio, el cual aborda el tema de una
manera profunda en toda su reflexión eclesiológica.

6.1.4.1. Principios para el ecumenismo

Unitatis Redintegratio trata en los capítulos 2, 3 y 4 la importancia eclesial para poder


continuar avanzando en este camino, define unidad y unicidad de la Iglesia, la relación de
los hermanos separados con la Iglesia y el ecumenismo en cuanto tal.

INVESTIGA
Lee Unitatis Redintegratio capítulos 2, 3 y 4. Escribe tus conclusiones para socializarlas.
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6.2 La Iglesia es “SANTA”9


 

                                                                                                                                       
9
Cf. Apuntes de clase; eclesiología. 2009.
   

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Eclesiología

El CEC comienza hablando que, “la fe confiesa que la Iglesia… no puede dejar de ser
santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama
el solo santo, amó a su Iglesia como a su esposa”… la Iglesia es el Pueblo Santo de Dios
(LG 12), y sus miembros son llamados santos (823).
El adjetivo “santa”, fue el primero que se le dio a la Iglesia, según los testimonios del
siglo II, en San Ignacio de Antioquía, seguido de Israel, en virtud de la elección de la
alianza con Dios. Esta conciencia la podemos ver reflejada en los textos del NT donde se
encuentran testimonios como: a los cristianos los llamaban los santos (Hch 9, 13.32.41; 1
Cor 14, 33; 2 Cor 8, 4); santos por vocación (Rom 1, 7; 1 Cor 1, 2). Igualmente se
encuentran expresiones para significar la Iglesia:
- Comunidad santa del Antiguo Israel (Ex 12, 16; Lev 23, 2)
- Santa y celeste Jerusalén (Ef 2, 19), referido a los miembros de la
comunidad a partir del bautismo.
La Santidad de la Iglesia se refleja en el servicio de los santos y su significación (Rom
15, 25; 2 Cor 8,4).
LG en continuidad con la tradición de la Iglesia cuando manifiesta fórmulas para
referirse a la Iglesia, comunión de los santos, comunión de los dones santos, entre otros, la
llama “la indefectiblemente santa” (39) y toma las palabras del credo “Iglesia santa”
(5.8.26.32). Asimismo, usa términos como Esposa Inmaculada (6), pueblo santo, digna
esposa (9), sacerdocio santo (10) y habla de la santidad de la Iglesia (30, 42, 47).
Dentro de esta categoría, se debe resaltar el ámbito escatológico de la Iglesia que ya
desde la tierra se caracteriza por una verdadera santidad, aunque imperfecta (LG 48),
pues, abraza en su seno a los pecadores por eso se muestra siempre de purificación y
busca sin cesar la conversión y purificación (cf. LG 8).
Desde esta perspectiva encontramos la expresión “comunión de los santos”, la cual
debemos estudiar desde tres aspectos:
a. Comunión en espíritu santificador: aludiendo a que el Espíritu Santo es quien
santifica a la Iglesia, haciéndola comunión de los santos y por medio de su
asistencia se puede llamar Templo Santo.
b. Comunión en los dones santos: referido a las fuentes de la santidad de la
Iglesia o lugares de encuentro con Dios por medio de los sacramentos, dado que,

   

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Eclesiología

en esta acción sacramental se invoca al Espíritu Santo de forma que, sean


transformados los dones haciéndolos santos y santificantes.
c. Sancto Sanctis: se refiere a aquellos que el Espíritu Santo ha habitado y ha
hecho participes de la vida divina a través de los acontecimientos sacramentales.
Estos santos son los creyentes vistos desde tres aspectos: los que peregrinan en la
tierra, los difuntos que se purifican y, quienes ya están glorificados contemplando a
Dios tal cual es (LG 49).

6.3 La Iglesia es “CATÓLICA”


 
Cuando se habla de esta dimensión o categoría de la Iglesia, estamos haciendo alusión
a la Universalidad refiriéndose a; la totalidad e integridad desde la plenitud de los medios
de salvación (confesión de fe, vida sacramental, sucesión apostólica) y que tiene por
destinatarios a los hombres (cf. AG 6).
Esta propiedad se le atribuye a San Ignacio de Antioquía y luego se va vislumbrando
desde una doble significación: universalidad y autenticidad. En el credo de
Nicenoconstantinopla se consolida.
La Iglesia es católica desde estos aspectos porque, ha sido enviada por Cristo a la
misión en orden a la totalidad del género humano (cf. LG 13), pues, todos los hombres
están invitados a la unidad católica del Pueblo de Dios. Así mismo, LG 17, explícita que la
finalidad de la actividad misionera de la Iglesia es que la totalidad del mundo se transforme
en el pueblo de Dios (cf. Mt 28, 19; CEC 831).
Por lo cual, es importante que se entienda que la Iglesia universal está presente en las
iglesias particulares (cf. CEC 832 - 835), “en ellas y a partir de ellas existe la Iglesia
católica una y única” (LG 23). Esto para significar que, no se puede concebir la Iglesia
universal como la suma de las Iglesias particulares sino que está presente, dado que la
Iglesia particular (diócesis) es la comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en
los sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión apostólica.
Podríamos preguntarnos ¿cómo se da la pertenencia a la Iglesia católica? A lo cual
podemos responder desde el CEC según los numerales 836 - 838 que, desde el inicio Dios
ha querido constituir su pueblo y que además en su infinito amor ha querido llamar a todos
a la unidad, a la cual pertenecen, los que están destinados católicos, los demás cristianos
e incluso todos los hombres en general llamados a la salvación por gracia de Dios.
   

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Eclesiología

El magisterio conciliar permite percibir grados o niveles de pertenencia:


a. los que están plenamente incorporados: aquellos que teniendo el Espíritu de
Cristo aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación
establecidos en ella y que se han unido dentro de su estructura visible a Cristo.
b. Los que en virtud del bautismo se han unido y que la Iglesia siente que está
unida, aun cuando no profesan la fe en su integridad o no conservan la unidad en su
comunión con el sucesor de Pedro. Comunión no perfecta.
c. Con respecto a la comunión con las Iglesia ortodoxas, el magisterio señala
que, esta comunión es tan profunda que le falta muy poco para que alcance la
plenitud.
d. De igual manera el magisterio señala la relación con los no cristianos,
diciendo que: los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados
al pueblo de Dios de diversas maneras (LG 16), ejemplos:
Con el pueblo judío, se presenta una relación dado que, ha sido el
pueblo a quien Dios ha hablado primero y cuya fe es ya una respuesta a la
revelación de Dios en la antigua alianza, con la espera del Mesías.
Con los musulmanes, quienes profesan la fe de Abraham y adoran con
nosotros al Dios único y misericordioso (LG 16; NA 3).
Con las religiones no cristianas, la Iglesia reconoce en estas
confesiones de fe, la búsqueda todavía en sombras y bajo imágenes del Dios
desconocido pero próximo ya que es Él quien da la vida.

Hemos abordado el tema de la misionalidad de la Iglesia o el mandato misionero que


Cristo dejo “vayan por todo el mundo y hagan discípulos míos bautizando en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19), el cual requiere una exigencia, que nos
propone el CEC10:
a. Mandato misionero: la Iglesia, ha sido enviada por Dios a las gentes para
ser sacramento universal de Salvación obedeciendo a su fundador: anunciar el
Evangelio a todos los hombres (cf. AG 1).
b. Origen y finalidad de la misión: el mandato misionero tiene su origen en el
Señor y su fin último no es otro que, hacer participar a todos los hombres del amor
                                                                                                                                       
10
Cf. nn. 849 – 856.
   

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Eclesiología

eterno de la Santísima Trinidad, en la comunión entre el Padre y el Hijo y el Espíritu


de amor.
c. El motivo de la misión: parte del amor de Dios por los hombres y que la
Iglesia ha sacado en todo tiempo la obligación y la fuerza del impulso misionero, con
el fin del querer de Dios “Él quiere la salvación por el conocimiento de la verdad” (cf.
1Tim 2, 4).
d. Los caminos de la misión: siendo el Espíritu santo el protagonista de la
misión, es quien conduce a la Iglesia por estos caminos para que ella siga el mismo
camino de comunicar a los hombres el fruto de la salvación. La misión de la Iglesia
reclama el esfuerzo hacia la unidad de los cristianos y para esto implica un diálogo
respetuoso.

6.4 La Iglesia es “APOSTÓLICA”


 
Encontramos sus raíces en el NT (Jn 17, 7ss; 20, 21; Mt 28, 14 - 20). Está categoría fue
elaborada por San Ireneo de Lyón, quien subraya la tradición que viene de los apóstoles y
que se guarda y se conserva en la sucesión apostólica.
La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los apóstoles, y esto en una triple
misión11:
• Permanece edificada sobre fundamento de los apóstoles (Ef 2, 20; Hch 21,
14), testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo.
• Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo, la enseñanza o depósito
de la fe (cf. 2 Tim 1, 13-14).
• Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles (sucesión
apostólica), es decir, que expresa que el ministerio apostólico está presente en los
obispos, sucesores de los apóstoles (sucesión jerárquica).

REFLEXIONA
Lee atentamente los numerales 858 - 860 y responde:

                                                                                                                                       
11
CEC. 857.
   

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Eclesiología

¿Cuál es la misión de los apóstoles?


______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

¿Te sientes llamado por Dios a formar parte de su Iglesia? ¿En qué te das cuenta?
______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

¿Qué debes hacer para cambiar la imagen que la gente tiene de la Iglesia? ¿Cómo lo
harás? ¿Con quiénes?
______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

INVESTIGA
¿En qué consiste la sucesión apostólica?
______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

Lee el anexo 2: “El primado del sucesor de Pedro en el ministerio de la Iglesia” y


responde:

¿Cuál es el origen, la finalidad y naturaleza del primado?


______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

   

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Eclesiología

EVALÚATE
¿Cuáles son las características fundamentales de la Iglesia Católica?
______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

¿Qué quiere Cristo para su Iglesia?


______________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________

¿A qué está llamada siempre la Iglesia?


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_________________________________________________________________________

¿Por qué decimos que la Iglesia es Católica?


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_________________________________________________________________________

¿Por qué decimos que la Iglesia es Apostólica?


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Eclesiología

¿Por qué la Iglesia es considerada Madre y Maestra?


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_________________________________________________________________________

Anexo 1.

“El Misterio de la Iglesia y sus principales artífices”12

Para San Pablo la Iglesia es un “Misterio”. Ella es fruto de la actuación libre y arcana de
Dios (LG 2). El Concilio ha sido claro en afirmar cómo la naturaleza de la Iglesia no se
puede entender sin esa referencia al amor misterioso, infinito de Dios por los hombres, por
eso LG ha visto el misterio de la Iglesia dentro del horizonte de la Trinidad, que ha querido
hacer partícipes a los hombres de su propia vida.
El título del primer capítulo de LG: "El Misterio de la Iglesia" quiere expresar esa realidad
profunda. El organismo social de la Iglesia, estructurado jerárquicamente, contiene un
aspecto interior, espiritual, sobrenatural, divino. La combinación de esos dos elementos
hacen de la Iglesia un gran sacramento, es decir "signo e instrumento de la íntima unión
con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1).
La aplicación del concepto "Misterio" a la Iglesia quiere decir que ella es el cumplimiento
del designio salvífico de Dios 13 . A pesar de su pobreza como signo, la Iglesia es la
                                                                                                                                       
12
B. MONDIN, La Chiesa, primizia del Regno. Bologna 1989, p. 192-213.
13
Para Gerald Philips "el misterio" con que se nombra a la Iglesia significa que ella es la concreción del
designio divino con el cual el Padre realiza en Cristo su voluntad salvífica y al mismo tiempo la revela a través
de una realidad temporal que conserva toda su trasparencia.
   

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Eclesiología

concreción del actuar salvífico de Dios en favor de los hombres; de la gracia de Cristo dada
a la humanidad para transformarla y unificarla.

1. El origen trascendente de la Iglesia

a. Origen trinitario
La prehistoria de la Iglesia se remonta al misterio de la Trinidad, en cuanto que el
Creador y artífice de la Iglesia es la Santísima Trinidad. La Iglesia corresponde a aquel
maravilloso designio de salvación que Dios ha concebido en favor de los hombres antes de
la creación del mundo.
La Iglesia es una obra "ad extra". No tiene por causa eficiente sólo el Padre, o el Hijo, o
el Espíritu Santo sino las Tres Personas Divinas. Es la sabiduría del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo quien la ha concebido, la ha querido y la ha actuado.
Los documentos del Vaticano II hablan del origen trinitario de la Iglesia. El texto más
importante es AG 3-4 (par. LG 2-4 y UR 2) en donde los Padres hablan de tres momentos
en la constitución del misterio de la Iglesia:
1) la voluntad salvífica universal del Padre;
2) la misión redentora del Hijo;
3) la misión santificadora del Espíritu Santo.
Esta triple apropiación, sin embargo, no puede hacernos olvidar que la Iglesia es fruto
de la acción colectiva y constante de las Tres Personas Divinas. Por voluntad del Padre,
con el sacrificio del Hijo y con el don del Espíritu, la Trinidad instaura con el hombre una
unión interpersonal, un encuentro dialogal que da lugar a la Iglesia. Así aparece claro que
la Iglesia no es fruto solo de una realidad histórica.

b. Origen Cristológico

Programada y querida por Dios desde la eternidad, la Iglesia recibe su existencia


histórica por obra de Cristo. Jesucristo en la plenitud de los tiempos ha actuado el misterio
de la Trinidad: ha liberado a los hombres del mal y después de su resurrección ha enviado
el Espíritu sobre los hombres para que estos fueran el nuevo pueblo de Dios nacidos en la
Nueva Alianza sellada con su sangre. La vida de Jesucristo, su muerte, su resurrección y
el don del Espíritu Santo dan origen a la Iglesia. Él es la causa eficiente de la Iglesia.
La Iglesia tiene su origen en Jesucristo en razón de lo que constituye el misterio de
Jesús: Él es el Verbo de Dios encarnado. En su humanidad nueva todos los hombres están
unidos con Dios. Él es la cabeza del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia porque con su
propia vida ha pagado por todos los hombres el precio de la redención y nos ha liberado de
las cadenas del pecado.
Jesús no es sólo origen de la Iglesia por la misión salvífica que ha desempeñado en
favor de los hombres sino porque la Iglesia lo tiene a Él como punto de referencia
fundamental: de Jesús, han nacido los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía; Él ha
instituido los ministros; ha dado la Ley fundamental (del Amor) y ha mostrado cuales son
los valores principales para los hombres que congregándose en torno a Él formen la Iglesia
(el Reino, la confianza en el Padre, la fraternidad). Estos elementos que especifican el
nuevo Pueblo de Dios y lo distinguen de otras comunidades humanas han nacido de la
revelación que ha hecho Jesús. Todos estos elementos son importantes, esenciales para

   

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Eclesiología

la Iglesia. Donde se muestra de manera más radical la " pureza de la Iglesia" es en los
sacramentos que unen a los miembros de la Iglesia con Él que es la Cabeza de la Iglesia.
La Iglesia tiene en Cristo su origen, sus estatutos, sus ministros, su estructura, su
doctrina, sus medios de santificación, sus leyes. Para estar en la Iglesia sólo se necesita
estar unido a Cristo. La Iglesia es continuadora de la misión salvífica de Cristo en el
tiempo. La relación Cristo-Iglesia es fundamental. Del sacrificio de Cristo en la Cruz ha
nacido la Iglesia. El Vaticano II reconoce esta relación de Cristo con la Iglesia pero evita
identificar a Cristo con la Iglesia. La Iglesia es el "Cuerpo de Cristo" (LG 7) pero eso no
significa que ella sea otro Cristo. La Iglesia es un instrumento al servicio de Cristo14. Con
esto se muestra el carácter subordinado de la Iglesia.

c. Origen Pneumático
Hch 2,1-4 nos muestra cómo el Espíritu Santo es causa principal en el nacimiento de la
Iglesia Hasta Pentecostés la Iglesia estaba en gestación. La Iglesia nace cuando los
apóstoles reciben el Espíritu Santo. Allí ellos toman conciencia de hacer parte del nuevo
Pueblo de Dios y de tener por cabeza a Jesús. Para entrar a la Iglesia es necesaria la
presencia del Espíritu Santo que se da a los fieles como consecuencia de fe en Cristo.
Nacida gracias a la acción del Espíritu, la Iglesia crece, se desarrolla y perfecciona en
virtud del Espíritu Santo. El lenguaje de la Iglesia, sus estructuras, sus símbolos, sus
costumbres son instrumentos de la acción del Espíritu. La presencia del Espíritu en los
fieles hace que la Iglesia sea más santa y bella (UR 13). El Espíritu Santo es visto en la
Iglesia en analogía con la función que cumple el alma humana en el cuerpo.

d. Origen Mariano
María ha contribuido al origen de la Iglesia porque la Iglesia ha tenido inicio de alguna
manera con la encarnación del Verbo de Dios. Dando su Sí a Dios, María, ha permitido la
constitución de la Iglesia (LG 56).
En su colaboración en el plan de la salvación que Dios ha ofrecido a los hombres a
través de Jesús y que ha traído como consecuencia la aparición de la Iglesia, María es
vista como causalidad ejemplar para la Iglesia en cuanto ella es el modelo perfecto, el
paradigma y la realización superior de todo aquello que la Iglesia debe ser. María es
modelo de la Iglesia por sus características principales. Ella es Santa porque estuvo
consagrada a Dios; estuvo llena de gracia por su comunión con el misterio de Dios; es
"apostólica" porque fue compañera de los discípulos de Jesús. La Iglesia como María es
"Virgen" pero es también "Madre Fecunda" (LG 63-64)

2. Origen histórico de la Iglesia


En el misterio de la Iglesia son esenciales los elementos sobrenaturales, pues son la
causa eficiente del nacimiento de la Iglesia. Sin embargo, estos no bastan para dar cuenta
de esa realidad histórica que es la Iglesia. Ella se ha formado teniendo en cuenta factores
históricos que no son de segundo orden. Los apóstoles y la primera comunidad de
discípulos de Jesús modelaron de alguna manera la existencia el nuevo Pueblo de Dios.

a. Origen Apostólico
                                                                                                                                       
14
Hay una analogía que destaca Vaticano II en LG 8 por la cual se afirma que el organismo social de la
Iglesia sirve a Cristo como el cuerpo físico de Cristo estaba al servicio del Verbo.
   

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Eclesiología

El origen apostólico de la Iglesia es un dato comprobable históricamente. Junto a Jesús


se encontraban los apóstoles. Ellos fueron llamados por Jesús para ser el fundamento del
nuevo Pueblo de Dios. Ellos conocieron la revelación de Dios manifestada por Jesucristo;
fueron los depositarios de los signos sagrados que Jesús dejó para su Iglesia.
El papel de los apóstoles en la Iglesia primitiva está atestiguado por los escritos del NT.
Ellos fueron los testigos más cercanos de la enseñanza de Jesús. Por ello los Apóstoles
son los mensajeros oficiales y los testigos cualificados del mensaje de Jesús muerto y
resucitado. Ellos en medio de la comunidad de los discípulos fueron maestros, fundadores
de comunidades pues sin el testimonio de Pedro, Pablo y de los demás apóstoles la Iglesia
no sería hoy una realidad.
Por ello la Iglesia reconoce en los Apóstoles los "fundadores" de la comunidad de los
discípulos. La apostolicidad de la Iglesia es un elemento fundamental. Nuestra fe en Cristo
pasa a través de la fe y el testimonio de los apóstoles. Nuestra fe es auténtica, los
sacramentos válidos, la obediencia legítima, la esperanza fundada si están en comunión
con la fe, los sacramentos, la obediencia y la esperanza de los apóstoles.

b. Origen Social de la Iglesia


La Iglesia no ha nacido como consecuencia de proyectos humanos de "congregación".
La Iglesia es una realidad invisible con una estructura visible que se puede conocer. Pero
la Iglesia está formada por aquellos hombres que creen en Jesucristo (LG 9). La Iglesia no
es un pueblo de esclavos. Para entrar en ella se requiere la libre adhesión a todo lo que
comporta la vida de la Iglesia.
Los que forman parte del Pueblo de Dios están llamados a colaborar en el crecimiento
de la Iglesia que nace de la difusión que se hace de la salvación entre los hombres (AG 5;
AG 28). La Iglesia crece con la santidad y el dinamismo misionero de los fieles pero no se
debe olvidar que el agente del crecimiento es el Espíritu Santo.

Anexo 2.

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

EL PRIMADO DEL SUCESOR DE PEDRO


EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA

Consideraciones

1. En el momento actual de la vida de la Iglesia, la cuestión del Primado de Pedro y de


sus Sucesores presenta una singular importancia, incluso ecuménica. En este sentido se
ha expresado con frecuencia Juan Pablo II, de modo particular en la encíclica Ut unum sint,
en la que quiso dirigir especialmente a los pastores y a los teólogos la invitación a
«encontrar una forma de ejercicio del Primado que, sin renunciar de ningún modo a lo
esencial de su misión, se abra a una situación nueva» [1].

La Congregación para la Doctrina de la Fe, acogiendo la invitación del Santo Padre, ha


decidido proseguir la profundización de la temática convocando un simposio de índole

   

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Eclesiología

estrictamente doctrinal sobre El Primado del Sucesor de Pedro, que se celebró en el


Vaticano del 2 al 4 de diciembre de 1996, y cuyas Actas ya se han publicado [2].

2. En el Mensaje dirigido a los participantes en el simposio, el Santo Padre escribió: «La


Iglesia católica es consciente de haber conservado, en fidelidad a la tradición apostólica y
a la fe de los Padres, el ministerio del Sucesor de Pedro» [3]. En efecto, existe una
continuidad a lo largo de la historia de la Iglesia en el desarrollo doctrinal sobre el Primado.
Al redactar este texto, que aparece como apéndice del citado volumen de las Actas [4], la
Congregación para la Doctrina de la Fe ha aprovechado las contribuciones de los
estudiosos que tomaron parte en el simposio, pero sin querer ofrecer una síntesis de las
mismas ni adentrarse en cuestiones abiertas a nuevos estudios. Estas consideraciones, al
margen del simposio, quieren sólo recordar los puntos esenciales de la doctrina católica
sobre el Primado, gran don de Cristo a su Iglesia en cuanto servicio necesario para la
unidad y que a menudo, como demuestra la historia, ha constituido también una defensa
de la libertad de los Obispos y de las Iglesias particulares frente a las injerencias del poder
político.

I. Origen, finalidad y naturaleza del Primado

3. «Primero Simón, llamado Pedro» [5]. Con este significativo relieve de la primacía de
Simón Pedro, san Mateo introduce en su Evangelio la lista de los doce Apóstoles, que
también en los otros dos Evangelios sinópticos y en los Hechos comienza con el nombre
de Simón [6]. Esta lista, dotada de gran fuerza testimonial, y otros pasajes
evangélicos [7]muestran con claridad y sencillez que el canon neotestamentario recogió las
palabras de Cristo relativas a Pedro y a su papel en el grupo de los Doce [8]. Por eso, ya
en las primeras comunidades cristianas, como más tarde en toda la Iglesia, la imagen de
Pedro quedó fijada como la del Apóstol que, a pesar de su debilidad humana, fue
constituido expresamente por Cristo en el primer lugar entre los Doce y llamado a
desempeñar en la Iglesia una función propia y específica. Él es la roca sobre la que Cristo
edificará su Iglesia [9]; es aquel que, una vez convertido, no fallará en la fe y confirmará a
sus hermanos [10], y, por último, es el Pastor que guiará a toda la comunidad de los
discípulos del Señor [11].

En la figura, la misión y el ministerio de Pedro, en su presencia y en su muerte en Roma


– atestiguadas por la tradición literaria y arqueológica más antigua– la Iglesia contempla
una profunda realidad, que está en relación esencial con su mismo misterio de comunión y
salvación: «Ubi Petrus, ibi ergo Ecclesia» [12]. La Iglesia, ya desde los inicios y cada vez
con mayor claridad, ha comprendido que, de la misma manera que existe la sucesión de
los Apóstoles en el ministerio de los Obispos, así también el ministerio de la unidad,
encomendado a Pedro, pertenece a la estructura perenne de la Iglesia de Cristo y que esta
sucesión está fijada en la sede de su martirio.

4. Basándose en el testimonio del Nuevo Testamento, la Iglesia católica enseña, como


doctrina de fe, que el Obispo de Roma es Sucesor de Pedro en su servicio primacial en la
Iglesia universal [13]; esta sucesión explica la preeminencia de la Iglesia de Roma [14],
enriquecida también con la predicación y el martirio de San Pablo.

   

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Eclesiología

En el designio divino sobre el Primado como «oficio confiado personalmente a Pedro,


príncipe de los Apóstoles, para que fuera transmitido a sus sucesores» [15] se manifiesta
ya la finalidad del carisma petrino, o sea, «la unidad de fe y de comunión» [16] de todos los
creyentes. En efecto, el Romano Pontífice, como Sucesor de Pedro, es «el principio y
fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre
de fieles» [17] y, por eso, tiene una gracia ministerial específica para servir a la unidad de
fe y de comunión que es necesaria para el cumplimiento de la misión salvífica de la
Iglesia [18].

5. La Constitución Pastor aeternus del Concilio Vaticano I indicó en el prólogo la


finalidad del Primado, dedicando luego el cuerpo del texto a exponer el contenido o ámbito
de su potestad propia. El Concilio Vaticano II, por su parte, reafirmando y completando las
enseñanzas del Vaticano I [19] trató principalmente el tema de la finalidad, prestando
particular atención al misterio de la Iglesia como Corpus Ecclesiarum [20]. Esa
consideración permitió poner de relieve con mayor claridad que la función primacial del
Obispo de Roma y la función de los demás Obispos no se encuentran en oposición sino en
una originaria y esencial armonía [21].

Por eso, «cuando la Iglesia católica afirma que la función del Obispo de Roma responde
a la voluntad de Cristo, no separa esta función de la misión confiada a todos los Obispos,
también ellos “vicarios y legados de Cristo” (Lumen gentium, n. 27). El Obispo de Roma
pertenece a su colegio y ellos son sus hermanos en el ministerio» [22]). También se debe
afirmar, recíprocamente, que la colegialidad episcopal no se opone al ejercicio personal del
Primado ni lo debe relativizar.

6. Todos los Obispos son sujetos de la sollicitudo omnium Ecclesiarum [23] en cuanto
miembros del Colegio episcopal que sucede al Colegio de los Apóstoles, del que formó
parte también la extraordinaria figura de san Pablo. Esta dimensión universal de
su episkopé (vigilancia) es inseparable de la dimensión particular relativa a los oficios que
se les ha confiado [24]. En el caso del Obispo de Roma –Vicario de Cristo según el modo
propio de Pedro, como Cabeza del Colegio de los Obispos [25]–, la sollicitudo omnium
Ecclesiarumadquiere una fuerza particular porque va acompañada de la plena y suprema
potestad en la Iglesia [26]: una potestad verdaderamente episcopal, no sólo suprema,
plena y universal, sino también inmediata, sobre todos, tanto pastores como los demás
fieles [27]. Por tanto, el ministerio del Sucesor de Pedro no es un servicio que llega a cada
Iglesia particular desde fuera, sino que está inscrito en el corazón de cada Iglesia
particular, en la que «está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo» [28] y, por
eso, lleva en sí la apertura al ministerio de la unidad. Este carácter interior del ministerio
del Obispo de Roma en cada Iglesia particular es también expresión de la mutua
interioridad entre Iglesia universal e Iglesia particular [29].

El Episcopado y el Primado, recíprocamente vinculados e inseparables, son de


institución divina. Históricamente, por institución de la Iglesia, han surgido formas de
organización eclesiástica en las que se ejerce también un principio de primacía. En
particular, la Iglesia católica es plenamente consciente de la función de las sedes
apostólicas en la Iglesia antigua, especialmente de las consideradas petrinas –Antioquía y
Alejandría– como puntos de referencia de la Tradición apostólica, en torno a las cuales se
   

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Eclesiología

desarrolló el sistema patriarcal; este sistema pertenece a la guía de la Providencia


ordinaria de Dios sobre la Iglesia y comporta, desde los inicios, el nexo con la tradición
petrina [30].

II.
El ejercicio del Primado y sus modalidades

7. El ejercicio del ministerio petrino –para que «no pierda su autenticidad y


transparencia» [31]– debe entenderse a partir del Evangelio, o sea, de su esencial
inserción en el misterio salvífico de Cristo y en la edificación de la Iglesia. El Primado
difiere en su esencia y en su ejercicio de los oficios de gobierno vigentes en las sociedades
humanas [32]: no es un oficio de coordinación o de presidencia, ni se reduce a un Primado
de honor, ni puede concebirse como una monarquía de tipo político.

El Romano Pontífice, como todos los fieles, está subordinado a la Palabra de Dios, a la
fe católica, y es garante de la obediencia de la Iglesia y, en este sentido, servus servorum.
No decide según su arbitrio, sino que es portavoz de la voluntad del Señor, que habla al
hombre en la Escritura vivida e interpretada por la Tradición; en otras palabras,
la episkopé del Primado tiene los límites que proceden de la ley divina y de la inviolable
constitución divina de la Iglesia contenida en la Revelación [33]. El Sucesor de Pedro es la
roca que, contra la arbitrariedad y el conformismo, garantiza una rigurosa fidelidad a la
Palabra de Dios: de ahí se sigue también el carácter martirológico de su Primado que
implica el testimonio personal de la obediencia de la cruz.

8. Las características del ejercicio del Primado deben entenderse sobre todo a partir de
dos premisas fundamentales: la unidad del Episcopado y el carácter episcopal del
Primado mismo. Al ser el Episcopado una realidad «una e indivisa» [34], el Primado del
Papa comporta la facultad de servir efectivamente a la unidad de todos los Obispos y de
todos los fieles, y «se ejerce en varios niveles, que se refieren a la vigilancia sobre la
transmisión de la Palabra, la celebración sacramental y litúrgica, la misión, la disciplina y la
vida cristiana» [35]; a estos niveles, por voluntad de Cristo, en la Iglesia todos – tanto los
Obispos como los demás fieles – deben obediencia al Sucesor de Pedro, el cual también
es garante de la legítima diversidad de ritos, disciplinas y estructuras eclesiásticas entre
Oriente y Occidente.

9. El Primado del Obispo de Roma, por su carácter episcopal, se explicita, en primer


lugar, en la transmisión de la Palabra de Dios; por eso incluye una responsabilidad
específica y particular en la misión evangelizadora [36], dado que la comunión eclesial es
una realidad esencialmente destinada a expandirse: «Evangelizar constituye la gracia y la
vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda» [37].

La tarea episcopal que el Romano Pontífice tiene con respecto a la transmisión de la


Palabra de Dios se extiende también dentro de toda la Iglesia. Como tal, es un oficio
magisterialsupremo y universal [38]; es una función que implica un carisma: una asistencia
especial del Espíritu Santo al Sucesor de Pedro, que implica también, en ciertos casos, la
prerrogativa de la infalibilidad [39]. Como «todas las Iglesias están en comunión plena y
visible, porque todos los pastores están en comunión con Pedro, y así en la unidad de
   

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Eclesiología

Cristo» [40], del mismo modo los Obispos son testigos de la verdad divina y católica
cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice [41].

10. Junto a la función magisterial del Primado, la misión del Sucesor de Pedro sobre
toda la Iglesia comporta la facultad de realizar los actos de gobierno eclesiástico
necesarios o convenientes para promover y defender la unidad de fe y de comunión; entre
éstos hay que considerar, por ejemplo: dar el mandato para la ordenación de nuevos
Obispos, exigir de ellos la profesión de fe católica, y ayudar a todos a mantenerse en la fe
profesada. Como es evidente, hay muchos otros modos posibles, más o menos
contingentes, de prestar este servicio a la unidad: promulgar leyes para toda la Iglesia,
establecer estructuras pastorales al servicio de diversas Iglesias particulares, dotar de
fuerza vinculante a las decisiones de los Concilios particulares, aprobar institutos religiosos
supradiocesanos, etc. Por el carácter supremo de la potestad del Primado, no existe
ninguna instancia a la que el Romano Pontífice deba responder jurídicamente del ejercicio
del don recibido: «prima sedes a nemine iudicatur» [42]. Sin embargo, eso no significa que
el Papa tenga un poder absoluto. En efecto, escuchar la voz de las Iglesias es una
característica propia del ministerio de la unidad y también una consecuencia de la unidad
del Cuerpo episcopal y del sensus fidei de todo el pueblo de Dios; y este vínculo se
presenta substancialmente dotado de mayor fuerza y seguridad que las instancias jurídicas
–hipótesis que, por lo demás, no se puede plantear porque carece de fundamento– a las
que el Romano Pontífice debería responder. La responsabilidad última e inderogable del
Papa encuentra la mejor garantía, por una parte, en su inserción en la Tradición y en la
comunión fraterna y, por otra, en la confianza en la asistencia del Espíritu Santo, que
gobierna la Iglesia.

11. La unidad de la Iglesia, al servicio de la cual se sitúa de modo singular el ministerio


del Sucesor de Pedro, alcanza su más elevada expresión en el Sacrificio Eucarístico, que
es centro y raíz de la comunión eclesial; comunión que se funda también necesariamente
en la unidad del Episcopado. Por eso, «toda celebración de la Eucaristía se realiza en
unión no sólo con el propio Obispo sino también con el Papa, con el orden episcopal, con
todo el clero y con el pueblo entero. Toda válida celebración de la Eucaristía expresa esta
comunión universal con Pedro y con la Iglesia entera, o la reclama objetivamente» [43],
como en el caso de las Iglesias que no están en plena comunión con la Sede Apostólica.

12. «La Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a
este tiempo, la imagen de este mundo que pasa» [44]. También por esto, la naturaleza
inmutable del Primado del Sucesor de Pedro se ha expresado históricamente a través de
modalidades de ejercicio adecuadas a las circunstancias de una Iglesia que peregrina en
este mundo cambiante.

Los contenidos concretos de su ejercicio caracterizan al ministerio petrino en la medida


en que expresan fielmente la aplicación a las circunstancias de lugar y de tiempo de las
exigencias de la finalidad última que les es propia (la unidad de la Iglesia). La mayor o
menor extensión de esos contenidos concretos dependerá en cada época histórica de
la necessitas Ecclesiae. El Espíritu Santo ayuda a la Iglesia a conocer esta necessitas y el
Romano Pontífice, al escuchar la voz del Espíritu en las Iglesias, busca la respuesta y la
ofrece cuando y como lo considera oportuno.
   

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En consecuencia, no es buscando el mínimo de atribuciones ejercidas en la historia


como se puede determinar el núcleo de la doctrina de fe sobre las competencias del
Primado. Por eso, el hecho de que una tarea determinada haya sido cumplida por el
Primado en una cierta época no significa por sí solo que esa tarea necesariamente deba
ser reservada siempre al Romano Pontífice; y, viceversa, el solo hecho de que una función
determinada no haya sido desempeñada antes por el Papa no autoriza a concluir que esa
función no pueda desempeñarse de ningún modo en el futuro como competencia del
Primado.

13. En cualquier caso, es fundamental afirmar que el discernimiento sobre la


congruencia entre la naturaleza del ministerio petrino y las modalidades eventuales de su
ejercicio es un discernimiento que ha de realizarse in Ecclesia, o sea, bajo la asistencia del
Espíritu Santo y en diálogo fraterno del Romano Pontífice con los demás Obispos, según
las exigencias concretas de la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, es evidente que sólo el Papa
(o el Papa con el Concilio ecuménico) tiene, como Sucesor de Pedro, la autoridad y la
competencia para decir la última palabra sobre las modalidades de ejercicio de su propio
ministerio pastoral en la Iglesia universal.

14. Al recordar los puntos esenciales de la doctrina católica sobre el Primado del
Sucesor de Pedro, la Congregación para la Doctrina de la Fe está segura de que la
reafirmación autorizada de esos logros doctrinales ofrece mayor claridad sobre el camino a
recorrer. En efecto, tener en cuenta estos puntos esenciales es útil también para evitar las
recaídas, siempre posibles nuevamente, en las parcialidades y en las unilateralidades ya
rechazadas por la Iglesia en el pasado (febronianismo, galicanismo, ultramontanismo,
conciliarismo, etc.). Y, sobre todo, viendo el ministerio del Siervo de los siervos de
Dios como un gran don de la misericordia divina a la Iglesia, encontraremos todos, con la
gracia del Espíritu Santo, el impulso para vivir y conservar fielmente la efectiva y plena
unión con el Romano Pontífice en el camino diario de la Iglesia, según el modo querido por
Cristo [45].

15. La plena comunión querida por el Señor entre los que se confiesan discípulos suyos
exige el reconocimiento común de un ministerio eclesial universal «en el cual todos los
Obispos se sientan unidos en Cristo y todos los fieles encuentren la confirmación de su
propia fe» [46]. La Iglesia católica profesa que este ministerio es el ministerio primacial del
Romano Pontífice, Sucesor de Pedro, y sostiene con humildad y firmeza «que la comunión
de las Iglesias particulares con la Iglesia de Roma, y de sus Obispos con el Obispo de
Roma, es un requisito esencial –en el designio de Dios– para la comunión plena y
visible» [47]. No han faltado en la historia del Papado errores humanos y faltas, incluso
graves: Pedro mismo se reconocía pecador [48]. Pedro, hombre débil, fue elegido
como roca, precisamente para que quedara de manifiesto que la victoria es sólo de Cristo y
no resultado de las fuerzas humanas. El Señor quiso llevar en vasijas frágiles [49] su
tesoro a través de los tiempos: así la fragilidad humana se ha convertido en signo de la
verdad de las promesas divinas.

¿Cuándo y cómo se logrará la tan anhelada meta de la unidad de todos los cristianos?
«¿Cómo alcanzarla? Con la esperanza en el Espíritu, que sabe alejar de nosotros los
fantasmas del pasado y los recuerdos dolorosos de la separación; Él nos concede lucidez,
   

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fuerza y valor para dar los pasos necesarios, de modo que nuestro empeño sea cada vez
más auténtico» [50]. Todos estamos invitados a encomendarnos al Espíritu Santo, a
encomendarnos a Cristo, encomendándonos a Pedro.

JOSEPH Card. RATZINGER


Prefecto

+ TARCISIO BERTONE
Arzobispo emérito de Vercelli
Secretario

NOTAS

[1] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, 25 de mayo de 1995, n. 95.

[2] Il Primato del Successore di Pietro. Atti del Simposio teologico, Roma dicembre 1996,
Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1998.

[3] Juan Pablo II, Carta al cardenal Joseph Ratzinger, en ib., p. 20; cf. L’Osservatore
Romano, edición en lengua española, 13 de diciembre de 1996, p. 8.

[4] «Il Primato del Successore di Pietro nel mistero della Chiesa. Considerazioni della
Congregazione per la Dottrina della Fede», en Il Primato…, Appendice, pp. 493-503. El
texto se ha publicado también en un fascículo, editado por la Libreria Editrice Vaticana.

[5] Mt 10, 2.

[6] Cf. Mc 3, 16; Lc 6, 14; Hch 1, 13.

[7] Cf. Mt 14, 28-31; 16, 16-23 y par.; 19, 27-29 y par.; 26, 33-35 y par.; Lc 22, 32; Jn 1,
42; 6, 67-70; 13, 36-38; 21, 15-19.

[8] El testimonio en favor del ministerio petrino se encuentra en todas las expresiones,
aun diferentes, de la tradición neotestamentaria, tanto en los Sinópticos –con rasgos
diversos en Mateo y en Lucas, al igual que en Marcos– como en el cuerpo Paulino y en la
tradición joánica, siempre con elementos originales, diferentes en lo que atañe a los
aspectos narrativos pero profundamente concordantes en su significado esencial. Se trata
de un signo de que la realidad petrina fue considerada un dato constitutivo de la Iglesia.

[9] Cf. Mt 16, 18.

[10] Cf. Lc 22, 32.

   

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[11] Cf. Jn 21, 15-17. Sobre el testimonio neotestamentario sobre el Primado, véase
también la Carta Encíclica Ut unum sint del Papa Juan Pablo II, nn. 90 ss.

[12] San Ambrosio de Milán, Enarr. in Ps., 40, 30: PL 14, 1134.

[13] Cf., por ejemplo, san Siricio I, Carta Directa ad decessorem, 10 de febrero del año
385: Denz-Hün, n. 181; II Concilio de Lyon, Professio fidei de Miguel Paleólogo, 6 de julio
de 1274: Denz-Hün, n. 861; Clemente VI, Carta Super quibusdam, 29 de septiembre de
1351: Denz-Hün, n. 1053; Concilio de Florencia, Bula Laetentur caeli, 6 de julio de 1439:
Denz-Hün, n. 1307; Pío IX, Carta Encíclica Qui pluribus, 9 de noviembre de 1846: Denz-
Hün, n. 2781; Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 2: Denz-
Hün, nn. 3056-3058; Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, cap. III,
nn. 21-23; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 882; etc.

[14] Cf. San Ignacio de Antioquía, Epist. ad Romanos, Intr.: SChr 10, 106-107; San
Ireneo de Lyon, Adversus haereses, III, 3, 2: SChr 211, 32-33.

[15] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 20.

[16] Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, proemio: Denz-Hün, n.


3051; cf. San León I Magno, Tract. in Natale eiusdem, IV, 2:CCL 138, p. 19.

[17] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 23; cf. Concilio
Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, proemio: Denz-Hün, n. 3051; Juan
Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 88; Pío IX, Carta del Santo Oficio a los Obispos
de Inglaterra, 16 de septiembre de 1864: Denz-Hün, n. 2888; León XIII, Carta
Encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896: Denz-Hün, nn. 3305-3310.

[18] Cf. Jn 17, 21-23; Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, n. 1; Pablo VI,
Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 8 de diciembre de 1975, n. 77: AAS 68 (1976)
69; Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 98.

[19] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 18.

[20] Cf. ib., n. 23.

[21] Cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 3: Denz-Hün,
n. 3061; Declaración colectiva de los Obispos alemanes, enero-febrero de 1875: Denz-
Hün, nn. 3112-3113; León XIII, Carta Encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896: Denz-
Hün, n. 3310; Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 27. Como
explicó Pío IX en la Alocución después de la promulgación de la Constitución Pastor
aeternus: «Summa ista Romani Pontificis auctoritas, Venerabiles Fratres, non opprimit sed
adiuvat, non destruit sed aedificat, et saepissime confirmat in dignitate, unit in caritate, et
Fratrum, scilicet Episcoporum, jura firmat atque tuetur» (Mansi 52, 1336 A/B).

[22] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 95.

   

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[23] 2 Co 11, 28.

[24] La prioridad ontológica que la Iglesia universal, en su misterio esencial, tiene con
respecto a toda Iglesia particular (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe,
Carta Communionis notio, 28 de mayo de 1992, n. 9) subraya también la importancia de la
dimensión universal del ministerio de cada Obispo.

[25] Cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 3: Denz-Hün,
n. 3059; Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 22; Concilio de
Florencia, Bula Laetentur caeli, 6 de julio de 1439: Denz-Hün, n. 1307.

[26] Cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 3: Denz-Hün,
nn. 3060.3064.

[27] Cf. ib.; Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 22.

[28] Concilio Vaticano II, Decreto Christus Dominus, n. 11.

[29] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio, n. 13.

[30] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 23;
Decreto Orientalium Ecclesiarum, nn. 7 y 9.

[31] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 93.

[32]) Cf. ib., n. 94.

[33] Cf. Declaración colectiva de los Obispos alemanes, enero-febrero de 1875: Denz-
Hün, n. 3114.

[34] Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, proemio: Denz-Hün, n.


3051.

[35] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 94.

[36] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 23; León XIII,
Carta Encíclica Grande munus, 30 de septiembre de 1880: ASS 13 (1880) 145; Código de
Derecho Canónico, can. 782, § 1.

[37] Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 14. Cf. Código de Derecho
Canónico, can. 781.

[38] Cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 4: Denz-Hün,
nn. 3065-3068.

   

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[39] Cf. ib.: Denz-Hün, nn. 3073-3074; Concilio Vaticano II, Constitución
dogmática Lumen gentium, n. 25; Código de Derecho Canónico, can. 749 § 1; Código de
cánones de las Iglesias orientales, can. 597 § 1.

[40] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 94.

[41] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 25.

[42] Código de Derecho Canónico, can. 1404; Código de cánones de las Iglesias
orientales, can. 1058; cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática Pastor aeternus, cap.
3: Denz-Hün, n. 3063.

[43] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio, n. 14;


cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1369.

[44] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 48.

[45] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 15.

[46] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 97.

[47] Ib.

[48] Cf. Lc 5, 8.

[49] Cf. 2 Co 4, 7.

[50] Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, n. 102.

Fuente:
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