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Zulian Acting Out

El documento habla sobre la transferencia y la contratransferencia desde la perspectiva de Eros y Thánatos. Brevemente describe cómo Freud veía la contratransferencia como un obstáculo y cómo Lacan y otros la redefinieron. Luego presenta un caso clínico para ilustrar cómo se manifiestan Eros y Thánatos en la transferencia y contratransferencia, y cómo un acting-out del analista puede romper el campo analítico.

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Zulian Acting Out

El documento habla sobre la transferencia y la contratransferencia desde la perspectiva de Eros y Thánatos. Brevemente describe cómo Freud veía la contratransferencia como un obstáculo y cómo Lacan y otros la redefinieron. Luego presenta un caso clínico para ilustrar cómo se manifiestan Eros y Thánatos en la transferencia y contratransferencia, y cómo un acting-out del analista puede romper el campo analítico.

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Acting-out y Acto del Analista

Eros y Thánatos en la Transferencia.

Lic Mauricio Zulian


Candidato Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)
[email protected]

Si la aquiescencia a la guerra es un
desborde de la pulsión de destrucción, lo natural
será apelar a su contraría, el Eros. Todo cuanto
establezca ligazones de sentimiento entre los
hombres no podrá menos que ejercer un efecto
contrario a la guerra... El psicoanálisis no tiene
motivo para avergonzarse por hablar aquí de
amor (Freud 1933).

Introducción

S. Freud nos dice que la cura tiene que ser realizada en la abstinencia y
nos llama al reconocimiento y vencimiento de la contratransferencia entendida
como aquello que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce
sobre su sentir inconciente (1910), impidiendo llevar a cabo una cura. De esta

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concepción surge la idea de J. Lacan, de que las únicas resistencias son las del
analista, para redefinir la contratransferencia como: error; función del ego del
analista o suma de prejuicios; de las pasiones; de las perplejidades; incluso de la
insuficiente información del analista (1954).

Lacan nos muestra al mismo Freud, perdiendo la objetividad con Irma,


acusándolo de ambicioso apasionado, para concluir al respecto que la
contratransferencia era el obstáculo mismo. De esta forma, el concepto de
contratransferencia es eliminado en sus seguidores por quedar ubicado como el
lugar donde la subjetividad del analista lo saca de la posición que debería
sostener.

H. Racker entiende la contratransferencia como la respuesta emocional a la


transferencia (1973). Se trata aquí de un analista afectado, que no deberá callar
sus afectos sino analizarlos para obtener el saber que ellos brindan sobre la
transferencia. Dicho autor también piensa en la perdida del lugar del analista,
puntualizando por ejemplo los casos en los que este, identificado a los objetos de
los imagos del paciente, o identificando al paciente con los objetos de los propios
imagos, interviene equivocadamente. A la intervención con la cual el analista
pierde su lugar, la denomina “actuar compulsivo”, al cual entiende dentro de una
forma particular de contratransferencia que él llama “complementaria” para
diferenciarla de la contratransferencia concordante que sería aquella que permite
obtener información sobre la transferencia. A la primera la ubica como aquella a la
que se refiere el uso común del término contratransferencia.

A ese actuar, lo llamaré aquí “acting-out del analista” para diferenciarlo del
acto analítico que teoriza Lacan como herramienta para trabajar con lo Real, que
podemos entender, como en relación a la pulsión de muerte; lo thanático o el
goce. Lugar de lo imposible de poner en términos discursivos. La

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conceptualización de lo Real permite a Lacan reconciliarse con el termino
contratransferencia al ubicarla, cuando hace referencia al libro de Michel Neyraut 1
, como el lugar donde lo Real toca al analista.

La estructura pensada por Freud como el encuentro de un paciente y un


analista, que funciona como órgano receptor de ese otro inconciente, según M.
Baranger nos queda corta. Su propuesta de “Campo Analítico” (1992), intenta dar
cuenta de algo nuevo que se conforma en ese espacio que ya no es de entre dos.
La misma idea que trasmite Lacan con constantes advertencias de que no
pensemos el encuentro analítico en términos intersubjetivos.

En todo caso diré es la contratransferencia, entendida como lo hace Racker


como complementaria lo que enceguece al analista. Es la contratransferencia que
entiende Racker como concordante, lo que saca al analista de la oscuridad. Pero
tanto sus ideas como las de M. Baranger y las de J. Lacan intentan ayudar a que
los analistas no nos acomodemos en la ceguera. La contratransferencia definida
por Freud tiene el mismo objetivo. Si pensamos la oscuridad del lado del goce
mortífero, tenemos en la otra punta el deseo que se articula en términos
significantes. El orden simbólico parece siempre traer la claridad y ser la
herramienta más segura para combatir la angustia. Más a veces, nos falta. Tal
vez porque en la práctica clínica no es tan fácil diferenciar goce y deseo cuyos
extremos se tocan, como si estuvieran hechos con la misma masa. En todo caso
siguiendo a Lacan formaran parte de la misma figura topológica. Esto es, se trata
del inconciente en ambos casos.

Sobre esa delgada línea en la cual los analistas intentamos en vano


diferenciar el goce y el deseo, Breuer se encuentra con la angustia que le produce
el amor de Ana O. Ante tal encuentro de afectos se produce lo que entenderé

                                                            
1
Michel Neyraut. La Transferencia. Ed. Corregidor. 1976.
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como el primer “acting-out” de un analista. En este mismo lugar, Freud descubre
la transferencia que define como la capacidad de desplazar representaciones
cargadas libidinalmente sobre el médico. Es para evitar que se repita la situación
de Breuer, que nos indica que la cura debe desarrollarse en abstinencia. Intento
de impedir que el amor de transferencia sea usado por las resistencias y se
interrumpa la cura. Pero el actuar del analista que escapa o falla, también nos
está indicando que se juega en la transferencia junto a esas imagos que se
transfieren, algo más que no entra en lo dicho.

El amor de transferencia parece ser peligroso para la cura analítica, pero si


pensamos que el amor hunde sus raíces en el mismo más allá, del cual tiene
origen en tanto afecto (hipótesis desarrollada por Lacan a lo largo del seminario de
la angustia), podríamos pensar allí una posibilidad de hacer con la pulsión de
muerte. Es función del analista el hacer con el Thánatos y el Eros, por lo que
deberá lidiar para ello con los afectos, soportando en transferencia sus avatares,
encarnando a veces el blanco, pero quizá también la fuente, a condición de no
creérselo.

Un recorrido por un caso clínico nos dará la posibilidad de ubicar la manera


en la que se juegan Eros y Thánatos en la transferencia y la contratransferencia, y
una aproximación a formas en las que se mal entiende la abstinencia, donde la
intervención o la falta de ella se instituye como a favor de la instancia superyoica.
Abstinencia que toma la forma de contratransferencia en el sentido que le da
Racker cuando teoriza la complementaria coincidente con aquella de la que
teoriza Lacan como resistencias del analista. No como él plantea, por cuestiones
de ego o mala información, sino como manotazo de ahogado tendiente a no
quedarse con la angustia que le presentifica el paciente, ante el encuentro con un
imposible de decir. Ante la imposibilidad de evitar la angustia, y con ella el escape
de ese espacio construido en sesión, que entiende M. Baranger como Campo

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analítico. El Acting-out del analista, rompe ese campo para dejar nuevamente
inmersos a dos individuos en una relación dual, intersubjetiva, donde ningún
análisis será posible. Debemos tener en cuenta que tal vez, las resistencias del
analista no se deban solo a la mala información, o falta de análisis, sino también, a
que a veces se presenta el Thánatos en cantidades tales, que se hacen
inabordables. La formación permanente, de acuerdo al trípode freudeano, es aquí
la mejor forma de disminuir constantemente la posibilidad de encontrarnos
desbordados por la presencia del Thánatos.

Desarrollo
El afecto del paciente

X llega a tratamiento con 60 años de edad aquejado por toda una serie de
desafectos. “A mi madre… no sé si la quiero, bueno es mi madre”. “De mi ex
mujer (su primer mujer madre de sus hijos) ¿estuve muy enamorado?, sufrí mucho
cuando nos divorciamos, ella se quedó con la casa, me había costado tanto
esfuerzo, pero ahora con mi mujer no siento eso de enamorado, yo sé que ella es
muy linda…“, “a mis hijos no sé, los quiero, pero no siento eso del abrazo, trato de
que estén bien pero no les digo te quiero, no me nace, no siento decirlo”. Al
mismo tiempo su madre lo trata bien, sólo cuando lo necesita. Sus hijos ya
grandes que desde la separación viven en el extranjero lo visitan muy poco. Su
mujer actual lo pelea todo el tiempo, y cree que ella solo está con él por su dinero.

Se suma a estos desafectos, una enfermedad cardíaca que no siente. Lo


que si siente es el miedo a morirse. No sabe por qué, su presión se descontrola
peligrosamente, encontrándose una y otra vez internado en alguna guardia hasta
que se compensa. Él insiste: “soy asintomático, no sé si mi corazón está
funcionando bien o si tengo que ir al médico”. Paradójicamente no deja de
interpretar cada signo de emoción, como anticipo de una falla cardiaca. Ya ha

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tenido dos operaciones del corazón, pero de eso mucho no sabe. Le
recomendaron ejercicio, que por lo menos salga a caminar. Pero a él, no siente
ganas de caminar.

Así como su corazón no percibe el dolor, su mente tampoco percibe el


placer, entonces repite constantemente frases como: “Quiero encontrar agradable
algo, no tengo capacidad de sonreír, todo lo hago por obligación...”. En la práctica
no lo motiva nada, consecuentemente el aburrimiento le produce la gula y esta,
una hipertensión que le promete la muerte.

El psicoanálisis surge de la posibilidad de entender la incidencia de lo


afectivo sobre un cuerpo que la medicina en ese mismo instante deja de entender.
Curar un síntoma implica dar una vuelta por los afectos que lo han ocasionado.
Un recordar no acompañado de afecto es para Freud casi siempre totalmente
ineficaz. ¿Qué es el afecto? ¿Es obligatorio que el paciente lo sienta?
Suponiendo entonces que es menester que el paciente se conecte con sus afectos
¿Las intervenciones deben intentar provocar alguno?

El desafecto del analista

Si el analista ha de ser afectado en atención flotante por las producciones


inconciente del paciente, ¿por qué lo que X provoca del lado del analista por ahora
es aburrimiento y fastidio? ¿No son acaso afectos que hablan de un intento de
desafectarse? ¿Debe obrar como el paciente, desafectándose de lo que se le
provoca, para sostener la abstinencia, o el desafecto viene también aquí a intentar
negar la angustia, presentificación de un Real que los desafectos de X no
alcanzan a velar?

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Un día estando X en el diván que se encontraba bajo una ventana, un gato
brincó sobre su barriga para caer luego al piso y desaparecer. X que tenía los ojos
cerrados no lo vio. No reaccionó de entrada. Después de unos minutos, muy
tranquilo me preguntó ¿Qué pasó?. El analista, con la misma tranquilidad, se
abstiene de dar respuesta. Otra vez el silencio. En ese silencio el paciente sigue
con alguna que otra queja. Desafectos del paciente a quien este gato, no le
produce efectos, y del analista que, justamente por tratarse de su gato prefiere no
hacer mención del tema porque lo decía la regla de abstinencia, lo que resulta es,
que no paso nada. ¿Alcanza una teoría para inhibir a un analista, o algo pasa en
el sentido de la contratransferencia? Contratransferencia que provoca la ausencia
de un analista. Al no encontrar el amparo de una regla, lo simbólico, el más acá...
que indique que hacer cuando brinca un animal sobre un paciente, recurre a otra
regla la de la abstinencia, para mal entender el concepto en busca de permisos
para no hacer nada.

Será en tanto el gato no se nombre, que quedará determinado a seguir


brincando, intentando al menos alguna comezón. Mientras tanto, el tratamiento
permanecerá estancado, al ser tomado por las resistencias. No aquellas de las
que hablaba Freud al referirse a sus histéricas, si no a estas de las que habla
Lacan al referir que toda resistencia es resistencia del analista: sus
inconsistencias. En tanto hace jugar su yo, que se considera propietario del
impertinente y mal educado animal, olvida las palabras que X refiriera hace
tiempo al conocer a un gato que le había despertado la siguiente asociación:
“Negro como yo, judío oscuro por origen” Si lo negro vuelve a tocar a X sin ser
visto, sigue quedando en lo oscuro la verdad de un goce, impuesta por un origen
también oscuro. Esa oscuridad parece haber llegado al analista que enceguece
para no ver el origen perverso que sostiene X en su fantasma, y entonces no
encuentra la manera de relanzar la cura…

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El origen oscuro
Una y otra vez, X responde a cualquier pedido de aclaración, cuando
aparecen temas sobre la historia familiar, con cara de póker diciendo: “no sé”. Se
excusa en que es hijo de quienes sobrevivieron a la guerra, no habiendo tenido
abuelos; ni tíos. Pero cuando pregunto por sus propios padres me responde,
“¿Cómo preguntar sobre algo que a mis padres les dolería tanto?” Si entonces
solo pregunto por la guerra me responde: “¿La guerra? No me conecto con esa
perdida”. Ante mi última pregunta solo dice: “El holocausto, ya está, ya fue”. X no
puede sentir el horror que sabe presente en estos temas. Pero para no sentir, no
solo ha de reprimir la carga sino también una serie de representaciones e
informaciones, de tal forma que no puede abrir juicio sobre las conductas de sus
padres, ni sobre la de los nazis, ni sobre la de los judíos que escaparon o
perecieron. Solo sabe que se trata de situaciones de mucho dolor, dolor que no
siente.

A su padre negro como él, lo pinta como un viejo de siempre, con muchas
dificultades para trabajar por una enfermedad contraída durante la guerra que
finalmente le provoca la muerte. Mucho después, de haber éste fallecido, se
entera revisando cosas viejas, que su padre tenía también toda una familia que
murió en la guerra. Es su madre quien le cuenta una historia confusa en la cual
concluye que ese padre careció de valor para salvarlos.

De su madre refiere que es como él, alta y flaca, y desde allá arriba imparte
el dogmatismo en el cual lo retiene, llenándole de culpas a las que no puede dejar
de responder. Recuerda poco, las palizas siempre exageradas con las que le
impartía conducta, y que se ponía duro cuando ella se acercaba para abrazarlo (él
estaba muy enojado por el nacimiento de su hermanito que siempre fue el
preferido). Recuerda también la confesión trivial, casi cotidiana de esta madre de
como había sacrificado un hijo para salvarlo de la guerra. Sacrificar según el

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entiende es matar. Pero nunca pregunto: ni qué hijo; ni de qué sacrifico; ni qué
padre; ni qué muerte.

X tiene su origen nominado en dos frases. “Mi madre mató a un hijo para
salvarlo de la guerra”. En tanto mata, queda homologada a los nazis. “Mi padre no
tuvo valor para salvar la vida de sus hijos”. En tanto falto de valor queda
homologado a los judíos. Con qué emoción tramitar esta prehistoria inmediata,
sino con la opacidad de una falla. Y entonces se pregunta: ¿Para qué me
tuvieron? Se encuentra X entonces con la afirmación “¡Soy hijo de la guerra!”,
afirmación dónde la relación sexual tiene como participantes nazis y judíos.
Progenitores de hijos muertos. Dónde la estructura de estas tres frases
conforman lo necesario según Lacan para la institución del Ideal del yo, en la
opacidad de lo innombrable, el destino marca a X el lugar del yo ideal.
Instauración de un ideal que entenderé aquí como signo de goce. “Soy hijo de la
guerra”, frase en la que se identifica a sus hermanos muertos.

El paciente no puede conectarse con esas emociones que hacen su historia


porque no puede enfrentar el sin sentido de la muerte de esos hermanos en el
holocausto. No hablo aquí de cobardía sino de falta de representación. Puro Real
innombrable. Me pregunto ahora: Sus padres callaban por dolor, o no había
palabras. ¿Pero por qué pensar que un analista pudiera tener esas palabras que
hasta ahora se presentan como imposibles? Qué recurso nos queda que permita
romper con la cristalización de esas palabras que hacen borde a lo imposible,
bajo las cuales queda atrapado por sus fantasmas, a saber: "como soy hijo de la
guerra, al igual que mis hermanos tengo que estar salvado muerto”. ¿Puedo
reducir el Edipo a una sola pregunta? ¿De qué me quiere? ¿Será “muerto” el
significante inmediato para la respuesta, que habrá también de jugarse en la
transferencia? La muerte es un significante que no hace cadena. Historia trunca
que no se termina de reglar.

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El Acting-out del Analista
X sabe que en la guerra, su madre perdió a toda su familia y que ella se
salva caminando, caminando mucho… Intervengo entonces diciendo “Lo mismo
que le recomendó su médico”. A lo cual responde “Uff, ¡Ud. sabe que soy
cardíaco!”. ¿Se ha producido una emoción en X? ¿Estamos ante un analista
victorioso, que en su virtud a logrado la primer estocada a la coraza yoica del
paciente resistente a conectarse con su interior afectivo? O se trata de como un
paciente acusa al analista del mismo acto que cometiera su madre filicida
(Rascovsky 1973). Filicidio que es consecuencia de un Thánatos desbordante.
Angustia. La misma que el analista intenta despejar con la intervención que
fracasa.

Si escuchamos no solo un significante suelto, muerto, y ampliamos nuestra


mente a todo el material que se nos va presentando, no será que cuando X
advierte “Uff, ¡Ud. sabe que soy cardíaco!”, está diciendo a su manera “me mata”.
¿No dice acaso de la identificación del analista con el objeto materno que en su
filicidio no puede dar vida a X? Es el analista quien deberá entender en las
palabras del paciente, el lugar que en la transferencia le guarda, y desde esa
información obrar en transferencia. No interpretándola, sino ubicándose en ella
para hacerlo.

A. Rascovski refiere un “hijo interno” en cada uno de nosotros (1973), el


cual por haber sufrido pasivamente la agresión del superyó, termina
identificándose a este y perpetuando el filicidio. En X, podríamos suponer que
esta identificación no se produce, dejándolo como objeto de ese superyó materno.
H. Racker nos habla de una arista peligrosa de la contratransferencia, cuando el
analista se encuentra produciendo actuaciones contratransferenciales:
aconsejando; recomendando; prohibiendo; exigiendo… Podría entender, que el

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analista identificado al paciente como objeto del goce materno, en una evitación
compulsiva de la angustia que ello implica, intenta cual manotazo de ahogado
rescatar al paciente interpelando a que haga caso al médico (¿seguirá luego que
le haga caso a su mamá y al mismo analista?), sin dar cuenta que en el uso de
intervención lo deja objetivizado ante un superyó instigador de goce, que en un no
reconocimiento por parte del analista, él mismo encarna. Atrapado en la
contratransferencia complementaria, pero de seguro también por el propio
sadismo no analizado, que ubica a X como objeto de esas propias imagos del
analista. ¡Soy cardíaco! Se presenta como grito equivalente a “me porto bien,
miren como gozo”. No es aquí la advertencia de que se actúa la repetición del rito
funesto con el cual su madre le da origen. Analista que en su furor curandis cae
atrapado por el mismo Thánatos, como su aliado, llevando al paciente a ese lugar
de muerto vivo sin ganas en el que lo dejó su historia familiar.

Ahora bien, esa presencia thanática no se puede pensar como la presencia


de un Rea,l que pasa desapercibido para el analista, que es también atrapado por
la violencia descarnada de una historia, que implica como primer defensa el
aburrimiento, como segunda defensa, ubicar como culpable a X por no caminar,
no querer salvarse como sí lo hiciera su madre. Esto no es acaso, lo que estaría
pudiendo provocar unas resistencias al análisis (Resistencia como
contratransferencia en Lacan). Aburrimiento, Letargo (F. Cesio 1958) serán las
formas con las que el analista habrá de vérselas para llevar a cabo esta cura sin
huidas producidas por el mencionado Acting-out.

El “afecto” del analista

¿Cómo llega, en tanto idea una intervención? Será partiendo de la atención


flotante pero tal como Madeleine Baranger plantea, el proceso está regido por el
deseo del analista (1992). Donde la mente del analista trabaja para que su

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interpretación pueda actuar como agente de transformación. Desde el mismo
lugar donde surgen las formaciones del inconciente surge la interpretación, y diré
también otras formas de intervención.

Sin calcularlo al principio comienzo a intervenir, en ese espacio de su


asintomatismo con muestras de emoción. Con tono de sorpresa digo cosas como
¡pero cómo puede ser que Ud. no sepa! ¡Pero qué barbaridad, cómo pudo su
madre...! y le muestro lo preocupado que estoy por su salud. ¿Cuándo
corresponde que un analista se preocupe por un paciente? ¿Los analistas, se
afectan con sus pacientes o se trata solo de la frustración de ver su trabajo
realizado sin efectos? Pareciera que rompo radicalmente la regla de abstinencia
“el analista no debe mostrar sus afectos”. ¿Bajo qué regla, qué técnica se ha
operado entonces?

Cito a H. Racker

“...la frialdad del analizado fácilmente pudo haber “enfriado al analista” y, en


tal caso, también su interpretación será fría, a menos que sepa liberarse del
círculo vicioso en el que el bloqueo afectivo del analizado amenazan encerrarlo.
Solo en la medida en que el analista esté “libre de represiones” podrá suplir -con la
vida de sus propias ocurrencias y el calor de sus sentimientos- lo que el analizado
había reprimido o bloqueado”2 .

Estrategia que será posible si el analista puede usar la contratransferencia


para informarse de lo que pasa en el paciente. ¿Será como teoriza Racker que el
análisis de la contratransferencia (aburrimiento y fastidio) permitió al analista dar
cuenta de ese encierro en el que el paciente lo deja al poner en él la frialdad?
¿Qué tan consciente es el analista de su inconciente?; ¿Qué tanto de las causas

                                                            
2
H. Racker. 1973, Estudios Sobre Técnica Psicoanalítica, pag 97. Ed Paidós.
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de su intervención?; ¿Qué tanto de las consecuencias de su intervención?;
¿Desde qué saber se obra impostando los afectos? Freud entiende al inconciente
del analista como estando capacitado para reconstruir este inconsciente mismo
que ha determinado las ocurrencias del enfermo (1912). Por un lado es
fundamental tener en cuenta que, el que está capacitado para reconstruir el
inconciente del analizado no es el analista sino su inconciente. ¿Cómo llamamos
a la manera en la cual el analista queda afectado por el inconciente? ¿Que
percibe el inconciente del analista que determina a este a obrar impostando frases
cargadas de afecto? ¿Será que el analista no puede concientizarlo porque lo que
percibe viene desde el más allá del principio del placer, lo Real, imposible de
poner en términos discursivos?

Afectos

Paralelamente al trabajo con estas emociones, X empieza a cuestionarse el


lugar de sometimiento que tiene en la vida: en su trabajo, ante su madre, ante su
mujer... y puede empezar a preguntarse “¿Quiero esto?”. También comienza a
relatar pequeñas ocasiones, segundo nomás, donde se encuentra a punto de una
lágrima, inexplicable, contenida, censurada, casi olvidada.

Un día viene X y pregunta “¿Podemos tratarnos de vos, digo ya pasó tanto


tiempo?”. Acepto, no sin la sorpresa que acompaña un pensamiento del yo del
analista: “¡Pero este tipo me quiere!”. ¿Pero no es acaso que la verdadera
cuestión pasa por otro lado, que se ha dado lugar a la transferencia amorosa, y
que dentro del dispositivo analítico el paciente comienza a recrear sus afectos
ubicándolos en la persona del analista?

Otro día X me regala una máquina de su colección. El objeto se asocia a su


padre, pero al mismo tiempo podría interpretarse como significante de su síntoma,

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una máquina que no anda, un corazón que no anda. ¿Qué es lo que X entrega?
¿Está ofreciendo material de análisis como ofrenda de amor?

Muy de a poco X comienza a traer algunas situaciones donde se encuentra


afectado por sus semejantes, cuando tiene su primer nieto, y lo puede abrazar,
recordando que no pudo abrazar a este nuevo padre, que al momento del divorcio
tenía solo unos meses de edad. Durante años solo pudo ver a sus hijos cada
tantos meses y atreves de rejas, después de grandes ahorros, para viajar al
exterior donde vivían. Puede entonces relatar, las angustias que sentía por no
poder cuidarlos, por ver que se le iban de las manos cuando su ex mujer lo
castigaba… “con ella todo era una guerra”. Cualquier intento de hablar de esas
dos guerras eran recibidos por X con un fastidioso “no sé, no se me ocurre nada”.

El Acto

Lacan intenta conducirnos a ocupar un lugar en el dispositivo desde el cual


sea mas difícil vacilar en nuestra función de vérnosla con ese Real que retorna en
cada discurso repetido. Resultado de la imposibilidad surge el síntoma como
formas de defensa de un yo que intenta poner distancia a la angustia. El analista
no está exento de encontrarla. Si esto es así, de seguro su respuesta no tendrá la
forma de la razón cartesiana, sino de un acto, que emerge desde el mismo
inconciente del analista, donde lo conceptualizado por Lacan como Real se incluye
en la estructura del inconciente.

Llega X a una sesión y me dice que quiere pedirme algo. En el jardín que va
de la puerta de calle al consultorio ha visto suficientes plantitas que podrían ser
llevadas a su balcón. Lo escucho, no contesto ni interpreto, él comienza la sesión,
(o ya había comenzado). Un par de semanas después, X reitera su pedido.
.Después pensarlo mucho sigo no sabiendo mi “yo” que hacer, o en todo caso, por

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algún motivo extraño no pudiendo hacer lo que es claro que hay que hacer.
Abstenerse. Sin embargo preparo algunos esquejes, pedacitos de plantitas, sin
saber aun que destino tendrían. No puedo dar cuenta de por qué finalmente
entrego una serie de brotes, dando incluso alguna aclaración respecto de alguno
muy particular. ¿Es la entrega de esas plantitas una consecuencia de algún
afecto? ¿Quién las entrega? Ahora bien, qué puede implicar para el paciente que
su analista le dé sus plantas. Si fueran afectos ¿serían los del analista?
¿Diferenciamos esta entrega del amor? ¿De qué tiene que abstenerse un
analista? Diré: primeramente el analista debe de abstenerse de salir corriendo
ante la presencia de lo que no conoce, para que el gato no pase desapercibido
para el paciente.

La entrega produce un movimiento: Afecto- Efecto, en una relación que me


era difícil de atrapar para teorizarla hasta que un texto me dio las palabras
necesarias.

Cito aRacker:

“El análisis de aquel crimen le hará posible “devolver” al analizado la


capacidad de sentir, “puesta” en el analista. Lo que nos hace decir que tal
capacidad o saber son “puestos” en el analista no es simplemente el hecho de que
surgen en éste, sino la comprensión por ejemplo en este caso de que el analizado
relata su conducta porque inconscientemente sabe que algo anda mal y espera
que el analista supla lo que para el analizado, en su estado actual, es inaccesible,
por más que esté en posesión potencial de este mismo sentir y saber”3.

La construcción del paciente

                                                            
3
H. Racker. 1973 Estudios Sobre Técnica Psicoanalítica”, pag 49. Ed. Paidos
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Sería tal vez a la mañana del día siguiente de que se llevó las plantitas
sobreviene la primer emoción, pero esta vez algo sabe de ella. Era una canción
que de chico le cantaran sus padres. Por esos días revisando unos papeles,
rastros de hermanos muertos, sufre su primera crisis de llanto. Llanto cuyo motivo
aparece en sesión: sus padres lo dejaron vivo para el sufrimiento.

No pasa mucho tiempo más, que decide ir a ver una película sobre el
holocausto por primera vez en su vida. No dijo mucho, solo el relato un horror
inconmensurable que pudo ser traído a sesión con una imagen, metáfora de la
verdadera destrucción. Símbolo. No hubo mayor análisis, como si el encuentro
con esa imagen lo explicara todo: era inexplicable.

Se reconstruye una conciencia (recuerda) o se construye lo que nunca se


supo (construcciones) o se construye lo que hasta entonces se encontraba en un
lugar de imposibilidad caído del discurso, y generado por el momento mismo
donde este nombra el acontecimiento traumático, no pudiendo nunca nombrar
todo. ¿Hay posibilidad de decir algo más sobre esa escena primaria entre nazis y
judíos? O acaso el acto tendrá poder de ordenar lo imposible de decir, lo que
tampoco el analista dirá. La única forma que tenemos de medir la correcta
posición de un analista, es por los efectos del análisis.

X llega a sesión y cuenta que siente que la oficina en la que trabaja es


como un campo de concentración. Ante el reconocimiento de sentirse en medio de
una guerra se pregunta “¿Qué hago ahí?”, Los cambios son lentos desde la
presentación de una renuncia que no le aceptan, hasta lograr trabajar tranquilo,
sin presiones, sin ese esfuerzo por ser reconocido por estos padres asesinos o tal
vez, que ya no lo son tanto pues pueden haberse modificado.

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Conclusión

En la primera teoría de Freud se repite para no recordar, lo que teoriza


posteriormente como nunca olvidado, ubicando allí un límite que marca la roca
viva de la castración. Allí ante la interrupción de las asociaciones, en el mejor de
los casos, surge una asociación referente a la persona del analista. El paradigma
de esta situación es el amor de transferencia. Allí está incluido en tanto afecto lo
que proviene de lo Real, lo indecible. En lo imposible la única respuesta posible
es la angustia (cuando no se dispone de velos).

Dice Racker que allí donde se produce la angustia del analista, este puede
equivocarse respondiendo con una actuación compulsiva, ya sea que se origine
por determinado material o por la ineficacia de las interpretaciones. Pero agrega
que ciertas formas de actuar del analista no deben ser desechadas simplemente,
pues a veces se trata de un papel inducido por el paciente, en función de lo que
podríamos entender como necesario a ese análisis. Luego Racker, también
agrega que si bien sería parte de la regla de abstinencia no actuar, el paciente
podría usar ese tabú para sus resistencias. Es entonces que al romper con el
tabú, el analista irrumpe en estos mismos métodos defensivos. En tales casos, la
actuación misma del analista puede obrar ya como primera interpretación, puesto
que en el fondo lo es, solo toma la forma de actuación (H. Racker 1973). Si
pensamos como lo plantea Lacan, esa angustia del analista como el encuentro a
un Real que se presenta en el dispositivo, un más allá del principio del placer, roca
viva de la castración… podríamos decir que el planteo de Racker es que, ante
determinada situación de presentificación de ese afecto en la contratransferencia,
el analista responde con un acto, y este acto esta en relación a lo que el analizado
pide para romper las defensas que paralizan su cura. Acto analítico, de
relanzamiento de la cura, distinto al que definiéramos anteriormente como Acting-
out del analista.

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Con Lacan, llegamos al paradigma de lo actuado en tanto posibilidad de
obrar con lo jamás inscripto en el discurso. Para él toda interpretación estaría
implicando un acto, acto de creación, de constitución de un sujeto, función paterna
faltante, porque toda la dirección de la cura apuntaría a hacer algo con ese Real.
Si la angustia del paciente produce una respuesta del lado del analista, será en
términos de deseo del analista, al cual pensamos como distinto al de la persona
que lo encarna, distinto al yo. El analista, si se angustia, respondería con el deseo
del analista y entonces su actuación no será nunca azarosa, en tanto el analista
forma parte de la cadena del discurso. En tanto responde desde su inconciente
que ha sido capacitado en la formación del analista, en tanto está presente allí la
mente de un analista tal como la entiende M. Baranger.

¿Qué es haber dado las plantitas sino un acto? Respuesta actuada del
analista ante lo que del lado del paciente, se encuentra como imposible de
hacerse discurso. Donde la respuesta tampoco es del orden del discurso. Pero
donde en tanto el acto analítico tiene efecto, permite al paciente generar un nuevo
discurso. En este caso sobre el holocausto que estaba perdido.

Tal es el planteo de Freud, que nadie puede ser vencido in absentia o in


esffigie. La posición del analista estaría permitiendo la presentificación de ese
más allá, de algo del orden de lo Real para intentar obrar con él. Si lo thanático, lo
Real, se presentifica en forma de angustia, entonces es mi lectura que toda
presentificación lo es de afecto y toda clínica que incluya al goce, es clínica de los
afectos, donde su presencia es su ejercicio y todo ejercicio implica un acto. Pero
aquí ya no alcanza la definición primera de Freud, pues como el mismo indica se
trata de vencer al Thánatos, para lo cual nos recomienda recurrir al Eros. Él lo
entiende como la ligazón al semejante. El amor. Que el amor, enraizado en lo
Real, no se reduzca a la situación dual imaginaria, dependerá del acto analítico de

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un analista deseoso de ver las frondas de Eros sobre lo simbólico, Distintas
teorías orientan al respecto del como insistir en ello.

Resumen
Lacan define la contratransferencia como prejuicio del analista, para oponerse a
quienes la interpretaban como algo originado en el paciente (resistencias). H.
Racker, la entiende como instrumento para conocer la transferencia. M. Baranger
entiende una comunicación inconciente a inconciente, que conforman el campo
analítico yendo más allá de lo intersubjetivo (contratransferencia). Finalmente
Lacan se reconcilia con el concepto contratransferencia, al entenderlo como el
lugar donde lo Real toca al analista. Lo Real lo piensa como el lugar desde donde
surge el único afecto verdadero que es la angustia. A esta angustia se puede
responder equivocadamente, punto de estancamiento en la cura, en tanto el
analista queda aliado a la instancia superyoica. H. Racker teoriza un actuar que
entenderé aquí como “acting del analista” para diferenciarlo del acto que nos
propone Lacan como herramienta para trabajar con lo Real. Desde estos
conceptos se piensa el caso clínico que se presenta, donde la intervención del
afecto del analista gana batallas frente al Thánatos que habita a quien se define
como “hijo de la guerra” en tanto hijo de una madre filicida, para finalmente en un
Acto analítico que incluye al Eros, lograr la invención de un nuevo discurso.

Resumo
Lacan define a contratransferência como um preconceito do analista, para se opor
àqueles que a interpretavam como algo originado no paciente (resistências). H.
Racker a entende como instrumento para conhecer a transferência. M. Baranger
entende uma comunicação inconsciente a inconsciente, que conformam o campo
analítico indo além do intersubjetivo (contratransferência). Finalmente Lacan se
reconcilia com o conceito contratransferência, ao entendê-lo como o lugar onde o

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Real toca o analista. O Real o pensa como o lugar de onde surge o único afeto
verdadeiro que é a angustia. A esta angustia se pode responder de maneira
errada, ponto de estagnação na cura, enquanto o analista fica aliado à instância
do supereu. H. Racker teoriza um atuar que entenderei aqui como “acting do
analista” para diferenciá-lo do ato que propõe Lacan como ferramenta para
trabalhar com o Real. Desde estes conceitos se pensa o caso clínico que se
apresenta, onde a intervenção do afeto do analista ganha batalhas frente ao
Thánatos que habita quem se define como “filho da guerra” entanto filho de uma
mãe filicida, para finalmente em um Ato analítico que inclui o Eros, lograr a
invenção de um novo discurso.

Abstract
Standing against to those who construe countertransference as something
generated in the patient (resistance), Lacan defines it as a prejudice from the
therapist. H. Racker understands it as a tool to know transference while M.
Baranger thinks it is a communication from unconscious to unconscious making up
the analytical field, beyond the intersubjective involvement (countertransference).
When Lacan understands it as the place where the Real reaches the therapist, he
finally reconciles with the concept of countertransference. The Real is thought like
the place where anguish -the only true feeling- comes from. If a wrong response is
given to this anguish, it can result in deadlock, whenever the therapist remains
connected to the superego instance. H. Racker theorizes an acting that will be
here understood as the “therapist acting” to differentiate it from the act proposed by
Lacan as a tool to work on the Real . The above concepts are considered to
account for the clinical case submitted herein. In this context, the therapist’s feeling
takes part to defeat Thánatos dwelling in the person who describes himself as a
“son of war”, while he is the son of a filicidal mother, and to finally achieve the
creation of a new discourse including Eros in an analytical action.

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Descriptores:
Contratransferencia; Afectos; Eros ; Tanatos; Acto

Bibliografía
F. Cesio, (1958) “El letargo. Una contribución al estudio de la Reacción
Terapéutica Negativa”. Revista de Psicoanálisis. XV. 1958.
M. Barange (1992) “La mente del analsita”. Revista de Psicoanálisis XLIX n°2
S. Freud, (1910) Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica. A. E., II.
--- (1915 [1914]) Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. A. E., XII.
--- (1912a) Dinámica de la transferencia A. E., XII.
--- (1912b) Consejos al Médico en el Tratamiento Psicoanalítico. A. E., XII.
--- (1919-1920 [1920]. Más allá del principio del placer, A. E., XVIII.
J.Lacan. (1981) Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud. Ed Paidós.
--- (1983) Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica.
--- (2001) Seminario 5, Las formaciones del Inconciente. Ed Paidós.
--- Seminario 21. Los nombres del padre. Inédito.
H. Racker. [1979] Estudios Sobre Técnica Psicoanalítica, 1973.
A. Rascovsky. (1981) El filicidio. Ed.Orion.

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