Historia de Navarra PDF
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Publicación cuatrimestral
l.er Congreso General de Historia de Navarra
Edita:
GOBIERNO DE NAVARRA
DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN Y CULTURA
INSTITUCIÓN PRINCIPE DE VIANA
Redacción y Administración:
Institución Príncipe de Viana
C/ Ansoleaga, 10
Tel. 22 72 00. Ext. 3533
31001 PAMPLONA
Año 49
Anejo 11
1988
HISTORIA DEL ARTE
Contribución de Navarra al Arte
Valenciano de los siglos XV al
XVII
SALVADOR ALDANA FERNANDEZ
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SALVADOR ALDANA FERNANDEZ
Del partido de Estella llegaron: de Azagra (5), Azqueta (1), Dicastillo (1),
marañón (1), Mues (1), Oteiza (1), Viana (1) y de la propia Estella cinco. Se les
repartieron casas y tierras además de tres hornos y un obrador, solo consta uno de ellos
como «miles».
De Tafalia llegaron doce, repartidos así: de Falces (3), Olite (5) y Rada (4).
También recibieron casas, tierras y una alquería además de un molino. Uno de los
llegados fue nombrado «zalmedina» o funcionario con carácter de juez real.
De Tudela contamos con personas procedentes de : Ablitas (7) -que por cierto
dieron nombre al lugar de residencia pues su calle se la conoció en el futuro como:
«carrer del pou d'En Oblites»-, Carcastillo (1), Cascante (2), Corella (3) y de la
propia Tudela diez. Entre los tudelanos hay dos «miles». El reparto se hizo también
sobre tierras, casas, huertos, un viñedo y dinero sobre censos.
De Pamplona contabilizamos: de Burunda (1), Sarasa (1), Subiza (1), Ucar (1) y
de la propia ciudad de Pamplona cuatro. Todos, como fue habitual, recibieron
tierras, casas y viñedos; a uno de ellos se le concedió la torre fortificada de Alcudia.
Queda luego un grupo de diez y seis navarros cuyo lugar exacto de nacimiento
no se consigna. Junto con los anteriores forman el grupo de 87 que aparecen expresa-
mente nombrados en el citado libro.
Hay que hacer constar, además, que hemos usado con gran prudencia las asigna-
ciones toponímicas a los distintos nombres de personas y solo las hemos dado por
válidas cuando cita el «Libre» el apelativo «navarro» o «navarri». Es muy posible que
en otros casos existan inmigrantes navarros con apellido no toponímico y cuyo origen
navarro resulta difícil de probar.
Podemos, pues, objetivamente, constatar que un importante contingente de
navarros se instalan en tierras valencianas y suponemos que permanecen en ellas
después de la conquista.
Otra fuente para conocer la inmigración navarra hacia Valencia son los «Libres
de Avehinament» o libros en los que se anota «el momento cumbre y decisivo de la
resolución de una persona a venirse a Valencia y ser vecino de ella» (PILES ROS, L.:
«La población de Valencia a través de los «Libres ele Avehinament. 1400-1499».
Valencia, 1978/15).
La serie de libros de avecindamiento comienza a partir de 1371 pero al no estar
publicados nos es imposible conocer si llegaron hombres y mujeres de Navarra a
Valencia desde la conquista hasta esa fecha.
Las actas de avecindamiento de 1387 a 1396, publicadas por VIDAL (V. BEL-
TRAN, E.: «Valencia en la época de Juan I». Valencia, 1974) no ofrecen,
explícitamente, datos de inmigrantes de Navarra aunque existan varios «Navarro»,
de apellido, que llegan a Valencia y son de oficios muy diversos (tabernero, pellejero,
labrador y pelaire) pero no podemos atestiguar si sus raíces son navarras.
En el trabajo de investigación de PILES que, como hemos dicho, anota los
avecindamientos de 1400 a 1499, hallamos a solo tres personas nacidas en Navarra:
Miguel de Tafalia, mercader, llegado en 1424; Juan Navarro, marinero, de Lesaca,
en 1446 y Miguel Martí, especiero, en 1447. A propósito del apellido de éste último
y sin constar, como consta, que había nacido en Navarra, puede elaborarse cualquier
errónea teoría sobre sus orígenes.
Revisando nosotros los libros de avecindamientos de la segunda mitad del siglo
XV y primera mitad del XVI, para incluir los datos que nos interesaban en trabajos
de índole artística (ALDANA FERNANDEZ, S.: «La Lonja de Valencia». Archivo
de Arte Valenciano -AAV-, Valencia, 1982/3-19; «Artistas y artesanos en la Lonja de
Valencia». Cuadernos de Trabajo II. Universidad de Valencia. Escuela Universitaria
de Profesorado, Valencia, 1982/7-36; «Las gárgolas de la Lonja de Valencia», AAV.
1984/19-23; «El programa iconográfico de la capilla de la Lonja de Valencia», AAV
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CONTRIBUCIÓN DE NAVARRA AL ARTE VALENCIANO DE LOS SIGLOS XV AL XVII
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SALVADOR ALDANA FERNANDEZ
El 2 de enero de 1486 conocemos, por fin, los nombres de las personas que
componían las cuadrillas de «pedrapiquers» de Pere Compte y Juan Yvarra. Decimos
por fin puesto que salvo citas de citas, hasta que ofrecimos estos datos, nadie, aunque
parezca extraño, había profundizado en los documentos originales de construcción
de la Lonja quizá porque se suponía una obra demasiado conocida. Hemos demostrado
que no era así (ALDANA.: «La Lonja» AAV. Valencia, 1982/3-19).
Pues bien, los hombres de Pere Compte eran: Joan Martínez de Mintiliz, Pedro
de Cordova, Miquel Navarro, Joan del Puerto, Jacme de Deu, menor, Gabriel Janer
y Joan Dahuero.
La «companya», para decirlo con terminología valenciana de la época, de Juan
Yvarra, la formaban: Miquel Yvarra, Enyego de Yvarra, Joan de Guivara, Lope de
Guivara, Pedro de Deva, Joan de Lisarsa, Joan de la Sancha y Martín de Azque
(«Libres de Obra de Lonja Nova». Sg. i3-2. 1486. 2-enero. f.° XXV-IIII r.°).
Junto a estas dos cuadrillas de trabajadores no aparece una tercera, al frente de la
cual se encuentra Alfonso de Leo. La Constituyen los siguientes individuos: Diego
de Ubeda, Joancho Daspeitia, Pedro de la Serna, Domingo Daspeitia, Martín de
Bilbau, Joan Trilles, Joanot Corbera, Gonsalvo de Limpies, Pedro de Gordoy, Joan
Francés, Andrés Gaseó, Domingo de Tolosa y Joan Pineda.
Toda esta serie de nombres, con excepción del de Compte, absolutamente desco-
nocidos hasta nuestros trabajos, planteaba el tema de la construcción de la Lonja desde
una óptica inesperada, pues ya es sabido que en todos los textos que hacen referencia
a dicho edificio se le define como un producto local que gira bajo la órbita estilística
de la Lonja de Mallorca y de la personalidad del constructor, Pero Compte, nacido
en Gerona.
Juan Yvarra, artista a quien ahora sacamos del olvido, es uno de los grandes
desconocidos de la Historia del Arte valenciano. Trabajaba en Valencia cuando el
«Conseil», a la vista de los numerosos profesionales que aquí ejercían su oficio, dicta
y manda publicar las «Ordinacions del Gremi de Pedrapiquers» y da a conocer una
relación de «mestres» y «menestrals» en el oficio de «pedrapiquer». En dichos
Capítulos u Ordenanzas se mandaba que todos los profesionales que quisieran ejercer
en Valencia su oficio, deberían demostrar sus conocimientos, tanto si eran naturales
del Reino de Valencia, como si eran forasteros. Juan Yvarra debió someterse a dicha
prueba porque el día 2 de enero de 1481, cuando tiene lugar el acto público de lectura
de condiciones para la construcción de la Lonja, acude a participar al mismo.
El día 12 de enero le elige el «Conseil» como «pedrapiquer» principal de la Lonja,
con la misma categoría que Compte de modo «quel hun mestre no sia subordinai al
altre nil altre al altre».
El- 28 de julio de 1482 Juan Yvarra solicita avecindamiento en Valencia y,
concedido por el «Conseil» se le inscribe en el correspondiente «Libre de Avehina-
ment». Gracias a ello sabemos que era natural de Tolosa (Guipúzcoa) de donde se
había desavecindado, según certificación que acompañaba («Libre». Sg. b3-7. 1478-
89. 28-juliol482). tuvo dos hijos, Juan y Gracia. Esta casó con Juan de la Sarsa, de
profesión sastre, después de la muerte de su p^dre, que había hecho testamento el 4
de noviembre de 1486. Un día después fallecia el «magistri fabrice logie», como se
le denomina en un documento.
Al margen del trabajo general, que hasta su muerte compartió con Compte, hay
aspectos especiales como el de la decoración que debería aparecer en el tímpano de
la puerta principal, puerta Oeste, del Mercado o de la Virgen, y en los que también
intervino. Se trataba de narrar, para dicho espacio, la «Istoria de la Salutasió de la
Gloriosa Verge María, Mare de Deu». Este tema ratifica la hipótesis que, a raíz del
análisis de los elementos escultóricos subsistentes, mantuvimos de que la Lonja se
programó para plasmar la idea de Templo sagrado del Comercio (ALDANA FER-
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Relaciones e influencias en la
platería riojana y navarra
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BEGOÑA ARRUE UGARTE
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RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
A pesar de haber sido atribuido a Martín de Leiva el copón que guarda la parroquia
de la Asunción de Marañón 10, la lectura de las marcas hace pensar en otros plateros:
Agustín de ENCISO y Francisco de LEGORRETA. En la tapa aparece la marca de
Logroño del siglo XVI (LOGR.° sobre puente de tres ojos) junto a la de A/SOZI y F.
En el pie, a las dos primeras se une otra: ./LEIQ. Esta última comparada con la de
Martín de Leiva (LEI/VA) muestra evidentes variaciones, a no ser que tratemos de
identificarla con la posiblemente utilizada por Leiva «el Viejo» del que no conocemos
piezas documentadas. Por otro lado, la marca F, así como la de Agustín de Enciso,
al que atribuímos la segunda, y la cronología de la pieza (h. 1550), señalan con más
claridad a Francisco de Legorreta. Este marcó con el punzón ./LEÍA la custodia que
Juan de Bendigar realizó para Cenicero, hacia 1560-1570; luego su actuación fue en
ese caso de contraste, cargo que desempeñaría con anterioridad a Leiva «el Mozo»
(desde 1572 a 1584). En el copón de Marañón, hasta no tener noticias más precisas,
hemos de suponer su presencia en el mismo sentido. Por tanto, la pieza será obra de
Agustín de Enciso, platero que trabajó fundamentalmente en Santo Domingo de la
Calzada, ejerciendo el cargo de contraste de esta localidad en distintas ocasiones desde
1569 hasta su muerte en 158711. Dadas las piezas que llevan su marca, este platero
debió tener taller en Logroño con anterioridad a estas fechas. A él atribuímos la cruz
procesional de Santa María de Cameros y un hostiario de Santa Cecilia, conservados
en el Museo Diocesano de Calahorra. La primera lleva la marca de localidad de
Logroño y de contraste «b» (quizá Bernardino Rodríguez del Campo). Esta modali-
dad de utilizar sólo la inicial del nombre por parte del contraste se repite, como
vemos, en el caso de Marañón. Técnicamente las obras presentan analogías y un
repertorio decorativo a base de querubines, motivos vegetales y guirnaldas en el
nudo que tendrá un desarrollo local, vigente durante la segunda mitad del siglo.
En la misma iglesia de Marañón se conserva un cáliz con marca de localidad de
Logroño y otras dos frustras, datado entre 1550 y 1570, al que no podemos atribuir
una identificación concreta.
Felipe de MENDAVIA, platero de Logroño que realizó una cruz para la parroquia
de Munain (Alava), cobrando por ella desde 1564 a 1572, obra en la que participó
también Justo Rodríguez12, labró también un incensario para la parroquia de Santa
maria de Viana en 1563 7.
El trabajo de los plateros de Nájera fue también significativo en tierras navarras.
Juan ALONSO BUTRÓN (1565-1599), del que conocíamos más su actividad pública
como regidor del Ayuntamiento de Nájera (1587) y «contraste y visitador de las pesas
y medidas» (1598), que como artífice, exceptuando su intervención en la confección
de una cruz para la iglesia de Castañares de Rioja, junto a Pedro González, también
platero de Nájera13, recibió importantes encargos para Navarra que ha documentado
Juan Cruz Labeaga14.
Residió en Viana entre 1575 y 1586. A fines de enero de 1576 tomó por oficial a
Jaime Martón, natural de Zaragoza, por cuatro meses, con un sueldo de tres ducados
10. M.C.GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo... op. cit., II*, XXXVIII y II**, 318-319, lám. 332.
11. Begoña ARRUÉ UGARTE: «El fiel contraste de la platería de Santo Domingo de la Calzada (La
Rioja)» en Tipologías, talleres y punzones de la orfebrería española. Actas del IV Congreso Nacional de
Historia del Arte. Zaragoza, 1984; 27-33.
12. M.J. PORTILLA VITORIA y otros: Catálogo Monumental Diócesis de Vitoria. V. La Llanada
alavesa oriental y valles de Barrundia, Arana, Arraya y Laminoria. Vitoria, 1982; 112 y 591. Esta cruz
no existe en la actualidad.
13. José Gabriel MOYA VALGAN ON: «Documentos para la historia de las artes industriales en La
Rioja». Berceo, 87. Logroño, 1974; doc. 91.
14. Op. cit. Además de estas noticias, le agradezco la documentación que me ha facilitado sobre
los plateros riojanos y, en general, la colaboración que mantiene con la investigación en temas artísticos
rio j anos.
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BEGONA ARRUE UGARTE
al mes. El 5 de octubre de ese año concertó la confección del pie de la cruz de la villa
de Desojo, para el día de carnestolendas de 1577, labrada «al gusto rromano». Por
esta obra recibiría no más de seis ducados por marco de hechuras y su peso sería de
doce marcos de plata más o menos. Para comenzar la obra le entregaron el pie de
otra cruz (once marcos menos cuatro onzas y seis ochavas de peso); el resto de la plata
lo recibiría al terminar el trabajo. El pago de las hechuras sería de la siguiente forma:
la tercera parte el día de San Andrés de 1577 y las otras dos partes, la una en
carnestolendas de 1578 y la tercera el mismo día del año siguientes. El 10 de febrero
de 1585 Alonso Butrón declaraba haber recibido la plata del pie de la cruz vieja, más
diez ducados y dieciséis arrobas de trigo, y, no habiendo terminado todavía la obra,
se comprometía a finalizarla para el mes de abril de ese año.
El 17 de agosto de 1577 concertó con Pedro Fernández, cura de la iglesia de
Moreda (Alava) una cruz de plata conforme a la cruz pequeña de la iglesia de San
Pedro de Viana, de 22 a 24 marcos de peso. Debía terminarla para San Miguel de
septiembre de 1578 y cobraría por las hechuras a tres ducados el marco de plata
labrada, dándole en plata una cruz vieja de veinte marcos y tres onzas. Cada año
cobraría cuarenta ducados, siendo la primera paga el día señalado para la entrega.
Ninguna de estas cruces se conserva y tampoco la que realizó para la iglesia de
Santa María de Viana. Esta obra que llevaba a cabo en 1576, fue tasada el 8 de febrero
de 1585 por los plateros Felipe de Guevara, de Pamplona, y Pedro del Campo que
entonces era vecino de Estella (por parte del platero). Ambos declararon que el marco
de hechuras de la cruz tenía un valor de 18 ducados y la plata valía a 72 reales el
marco. No tasaron el valor del oro que llevaban los remates, historias y figuras del
árbol y pie de la cruz por no conocer la cantidad de metal que había utilizado el
platero 1 . Posteriormente realizó para la misma iglesia un cáliz, crismeras, naveta
y reformó la cruz.
También Juan Alonso labró un cuerpo de custodia para la iglesia de Mendavia
como acredita el contrato que Domingo GONZALEZ (1588-1614) firmó con dicha
iglesia el 3 de abril de 1588. Este platero de Nájera, emparentado sin duda con Pedro
González, también platero y tal vez su padre, se comprometió a la confección de esta
custodia siguendo el modelo de la que Martín de Leiva había realizado para la iglesia
de San Pedro de Viana, con el «querpo que tenia echo Juan Alonso Butrón, platero,
que se le mostró»... «y lo demás conforme a la dicha custodia de la dicha yglesia de
San Pedro». El peso podría alcanzar los 24 o 25 marcos de plata y el trabajo se le
pagaría de acuerdo a la tasación de dos personas nombradas una por cada parte
contratante. El día de la entrega (Nuestra Señora de agosto) recibiría 120 ducados y
el resto de lo valorado por los tasadores en tres plazos : el día de San Juan de junio
de 1589, de 1590 y de 1591. Domingo González presentó por fiador a Amador de
Segura al que se le hizo depositario de los 120 ducados más otros 100 de fianza, y
además se le entregó una carta de censo y juro de 22 ducados anuales, «al quitar»,
de Pedro de Losa, vecino de Nájera, contra el cabildo de Alesanco 16.
15. Otras condiciones eran: obligación de guarnecer la vaina del pie; «hechar dos cuadrados a los
dos tornillos que entornillan el dicho pie conforme a lo tratado con él»; hacer cuatro piezas para «adorno
y fuerza de la bolla de plata que rezibe el cuerpo del pie»; hacer una pieza cuadrada «que aga vn poco
de distinción» entre el capitel de la columna que sirve de cañón al pie y la «bolla», para que sirva de
adorno y se pueda entornillar mejor; poner en la media caña que tiene junto a la vaina cuatro piezas de
adorno y refuerzo; y una repisa de hierro en la vaina para que «encaje en el bordón de madera» que entra
por el cañón del pie.
16. Pedro de Losa era yerno del platero Juan Alonso Butrón. Durante la celebración de este
congreso, Mercedes Orbe Sivatte me ha informado sobre nuevos datos documentales referidos a Domingo
González y esta custodia de Mendavia, noticias que le agradezco enormemente. Al parecer, la obra se
había concertado en 1577 con el platero de Nájera Juan Alonso Butrón. En 1588 se firmó el contrato
con Domingo González, platero que la concluiría, reclamando su pago en 1591. Fue tasada por
Hernando de Oñate y José Velázquez de Medrano en 5.443 reales (A.D.N. C/130, num. 2).
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RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
Ni esta custodia, ni los cetros que labró para Briones (h. 1596), ni la cruz que
concertó con la iglesia de Estollo (1614) se conservan, pero sí el templete-custodia
que realizó para la catedral de Santo Domingo de la Calzada, entre 1608 y 1609,
donación del obispo Pedro Manso de Zúñiga (Lám. 1). Esta pieza que concertó el 9
de noviembre de 1608 debía seguir la misma traza que utilizó para labrar la custodia
del Monasterio de Irache, pero 5 dedos más ancha y 6 más alta que aquella, siendo
de plata los «ochavos», frisos y arcos que la navarra tenía de bronce. Este templete
se conserva hoy en el Convento nuevo de San Benito de Estella17. Este presenta la
inscripción: ANO/DE MIL Y/SEYSCIN/TOS Y O/CHO, en los escudos fundidos
enmarcados por cartelas del basamento (escudo de Navarra y otro con báculo y tres
coronas), mientras que en el calceatense aparece la leyenda GLORIA EX TOLERAN-
TIA y fecha 1609 (escudos del obispo Manso de Zúñiga). Esta diferencia y la ausencia
de imaginería en el templete navarro frente al calceatense que cobija en el segundo
cuerpo la figura de San Pedro y se remata con la de Santo Domingo de la Calzada,
son las únicas distinciones que pueden hacerse entre ambas piezas. Su traza tiene el
paralelo más cercano en la custodia de la catedral de Lugo. Ambos modelos presentan
dos cuerpos, el primero de planta cuadrada con arcos de medio punto de rosca calada
(sobre columnas jónicas entorchadas el riojano y toscanas el gallego) y el segundo,
cubierto con cúpula con linterna (de planta ochavada con columnas toscanas el riojano
y cruciforme y de orden jónico el de Lugo). Sin embargo, las diferencias son sensibles
en orden a una pérdida de esbeltez, proporción y serenidad arquitectónica en la traza
de Domingo González.
Santiago Alcolea relacionó la custodia de la Calzada con la de Lugo y su con-
fección había sido atribuida a Juan de Arfe, quien según noticias del Padre Risco,
realizó la segunda, siendo donada a la catedral de Lugo por el obispo Diego de
Castejón en 1636. La custodia sería labrada hacia 1596 según Chamoso Lamas,
poniendo punto final a la serie de custodias realizadas por Arfe.
Domingo González, de Nájera, aún cuando desconocemos todavía cómo llegó a
sus manos el modelo, lo supo difundir no sólo en La Rioja sino en Navarra, con
relativamente pocos años de diferencia, demostrando que la platería local podía
alcanzar un nivel importante en el marco general de la platería nacional en esos
momentos. La traza del platero najerino tiende a alejarse del estilo de Arfe. Podría
ponerse en relación con las obras de Velázquez de Medrano, platero natural de
Logroño y afincado en Navarra, que entre 1595 y 1600 realizó los templetes de
Pamplona, Tarazona y custodia de Huesca (documentándose también su trabajo en
La Rioja). Los puntos de contacto se limitan a la utilización de órdenes clásicos sobre
plintos adornados de casetones o relieves y entablamentos, de mayor o menor clasi-
cismo, de acuerdo al gusto predominante en la época18.
17. M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo... opxit., I P ; 549, lám. 734, fig. 250. Posiblemente
el traslado fue motivado por la definitiva supresión de los monjes de Irache en el siglo XIX a
consecuencia de la desamortización o tal vez como fruto de las atenciones de Sandoval con la comunidad
de Estella, aunque por fechas parece menos probable.
18. A. GASCÓN DE GOTOR: El Corpus Christi y las custodias procesionales de España. Barcelona,
1916; 118-119. J. CAMÓN AZNAR: La arquitectura y la orfebrería española del siglo XVI. Summa Artis,
XVII. Madrid, 1959; 526. S. ALCOLEA: Artes decorativas en la España cristiana (siglos XI-XIX). Ars
Hispaniae, XX. Madrid, 1975; 198. A. PRIOR UNTORIA: «Notas sobre la Historia de la catedral de Santo
Domingo de la Calzada». Berceo, 9. Logroño, 1948; 525-526. M. CHAMOSO LAMAS: La catedral de
Lugo. León, Everest, 1983; 64-68. M.C. GARCÍA GAINZA y M.C. HEREDIA MORENO: Orfebrería de la
catedral y del Museo Diocesano de Pamplona. Pamplona, 1978; 59-63. M.C. HEREDIA MORENO: «El
templete eucarístico de la catedral de Tarazona:. S.A.A. XXXIV. Zaragoza, 1981; 21-28.
No hay que olvidar que Juan de Arfe y Lesmes Fernández del Moral eran conocidos en el ámbito
de Santo Domingo de la Calzada y de que Nájera llamaba en 1620 a Juan Lorenzo, platero de Valladolid,
para la confección de un arca, y en 1623, el Monasterio de San Millán de la Cogolla concertaba con él
una custodia (fecha en que termina la de Vitoria). Es decir, que las referencias a centros importantes
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BEGOÑA ARRUE UGARTE
como Valladolid no serían arbitrarias. Fruto de estos contactos fueron sin duda las custodias de Santo
Domingo de la Calzada e Irache, ejemplo de la experiencia y evolución de la platería local (E. GARCÍA
CHICO: Plateros de los siglos XVI, XVIIy XVIII. Valladolid, 1963; 134-136 y J.C. BRASAS EGIDO: La
platería vallisoletana y su difusión. Valladolid, 1980, 206-208).
19. M.C. HEREDIA MORENO: «Notas para un estudio de punzones y orfebres de la merindad de
Estella» en Tipologías, talleres y punzones de la orfebrería española. Actas del IV Congreso Nacional
de Historia del Arte. Zaragoza, 1984; 183.
20. José Gabriel MOYA VALGAÑON: «Documentos...» op. cit.; docs. 31, 33 y 71.
21. Dado a conocer por J.M. CRUZ VALDOVINOS en «Plata y plateros...» op. cit.; 470-471.
Recogido en M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catálogo... op. cit., II**, 581 y en las obras citadas de Juan
Cruz Labeaga. También en Begoña ARRUÉ UGARTE: «El punzón de Santo Domingo de la Calzada (siglos
XVI al XX)». Actas del I Coloquio sobre Historia de La Rioja. Cuad. de Inv. H. a , X,2. Logroño, 1984;
217-227.
22 [6]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIQJANA Y NAVARRA
Durante el siglo XVII no se puede decir que los trabajos de platería riojana para
Navarra desciendan considerablemente. Se registra un número importante de plateros
así como de piezas.
El grupo más compacto de noticias se centra en Viana 22 pero no excluye otras de
gran interés, más dispersas.
En la parroquia de Santa maria de Viana trabajaron los plateros logroñeses
Francisco ALEJANDRO, que en 1660 cobraba por la confección de una lámpara y
que, hacia 1669, realizó una cruz para Salvatierra23; Tomás de APELLANIZ, que
figura como vecino de Pamplona, realiza en 1654 una campanilla, maza e incensario;
su actividad se documenta, como vecino de Logroño, desde 1640 hasta su muerte en
1660 (1647, cáliz Galilea y 1653, cruces de Samiano y Villaverde); Vicente de
ALDAIA (1659- +1689) que arregló en 1667 y 1669 cetros y candeleros, de él se
conservan dos piezas con su marca AL/DAIA (cáliz Tricio y cetros Logroño); Antonio
de ARENILLAS (1548-1553) que en 1649 tenía en su taller unos cálices de Santa
María de Viana, trabajó para la catedral de Logroño y realizó lacruz de Valtrujal y
posiblemente un copón-custodia que se conserva con la marca A/T.°NIO de Leza de
Río Leza; Francisco CALLEJA (1680-1701), realizó un portapaz para Viana (1680 fin
de pago; tal vez el que conserva esta parroquia), una caja para la reliquia de San Félix
(1684) y una fuente de plata (1688), trabajó también para las iglesias de Lapoblación
y Meano (aderezo cruz, 1689), Sotes y Logroño ; con su marca CA/LLEXA se conservan
unas vinajeras en Santiago de Logroño y un juego de coronas en Los Arcos 24 ; Pedro
CORDERO (1605-1640), documentado en Viana entre 1609 y 1627, labró un incensa-
rio, tres pares de vinajeras, copón, lavatorio y salvilla, además de otros arreglos y
tasaciones; para Lapoblación realizó un cáliz, patena, incensario y naveta hacia 1623,
y para El Busto, un incensario en 1636; Pedro GIL arregló en 1624 los candeleros y
cetros de Viana; Diego de la HOSTIA (1621-1636) limpió la plata de Viana en 1631,
la cruz de Bargota en 1623 y otros arreglos en 1636, y labró una cruz para Alcanadre;
por último, Juan VIRTO ESPINAR (1619-1647) hizo una palmatoria para Viana en
1640 y un cáliz para Bargota en 1642; también arregló la cruz de El Busto en 1646;
en fechas anteriores (1631-1634) se le documenta en Arnedo 25 .
Asimismo trabajó para Viana el platero de Calahorra Celedón de ESTRADA. Era
vecino de Peralta en 1593 y a partir de 1594 reside en Calahorra, al menos hasta 1598,
donde realizó una cruz para el convento de San Francisco. En 1602 vivía en Viana
cuando limpió cuatro cruces y tasó una custodia. En 1611 tal vez había fallecido ya
que el 25 de marzo, Joan de' la Cruz, platero de Viana, se hacía cargo de las
herramientas de su taller 26 .
Otras noticias documentales relativas a Navarra se refieren a Francisco de ALAR-
C O N (1621-1666), platero de Arnedo. En 1656 se comprometió a la confección de
cuatro cetros para la iglesia de Peralta, de la misma traza de los que hizo para Quel,
y también un taller para el servicio de mesa, con salero y pimentero, y dos vinajeras 27.
El 20 de julio de 1659 concertó junto a su yerno, Diego Díaz de Isla, también
platero, la confección de una cruz de plata dorada igual a la de la Iglesia de Santo
Tomás de Arnedo, para el monasterio de Santa María la Real de Fitero. Pesaría 2.000
[7] 23
BEGONA ARRUE UGARTE
reales de plata y la entregaría en Grávalos para Pascua de 1659. Recibió 3.000 reales
para la obra28.
El 27 de febrero de 1660 concertaron con el mismo monasterio otra cruz de pie
triangular, con esmaltes y «picada de lustre», para cobijar un lignum crucis. Por
ella, recibiría de hechuras 350 reales de plata y 280 de oro para dorarla y de peso
alcanzaría los 11 o 12 marcos; debía entregarla para el día de Todos los Santos. Al
mismo tiempo contrataron la confección de 6 candeleros por 330 reales de hechuras,
para el mes de abril; dos candeleros-blandones portátiles del tamaño y traza de los
de Peralta, iguales a los de la iglesia de Santo Tomás de Arnedo, de 190 reales de
peso por 340 de hechuras, para el día del Corpus; dos cetros de cuerpo hexagonal,
iguales a los de Quel, de 17 marcos de peso por 420 reales de hechuras, y 7 cañones
para el astil de la cruz que habían hecho, de 7 marcos de plata por 56 reales de
hechuras, para el día de Santiago y Santa Ana29. La entrega se realizaría como la vez
anterior en el lugar de Grávalos.
En cuanto a las piezas conservadas en Navarra de plateros riojanos de este siglo,
éstas se reducen a la labor del logrones Millán GARCIA DEL MORAL (1650-1651),
del platero de Calahorra Matías DEL FRAGO y Diego DE PIÑAHERMOSA, vecino
de Alfaro. Del primero, las custodias del convento de Santa Clara de Estella y de la
iglesia de Santa María de Torralba del Río y un hostiario de la parroquia de Santa
Eugenia de Mués. Todas las piezas con marca de Logroño y la suya MORAL 30 . De
Matías del Frago (1678-1679), un relicario de la parroquia de San Adrián, y de Diego
de Piñahermosa (1672-1684), unas crismeras de la parroquia de la Asunción de
Cintruénigo, con la inscripción PINA y una arqueta del monasterio de Santa María
de Tulebras con punzón B(ERNARDO) DE PEÑA. Esta última pieza fue realizada
en Alfaro en 1684 y presenta grandes analogías con el arca del monumento de la
catedral de Calahorra que concertó el 13 de diciembre de 168131.
Todas estas piezas así como el importante número de las que se conservan en
Navarra realizadas durante el transcurso de los siglos XVIII y XIX por plateros
riojanos merecen un estudio de conjunto que va más allá de los objetivos de esta
comunicación. Por tanto queda para otro lugar el análisis pormenorizado de cada
una de las piezas y de la trascendencia que el importante desarrollo del centro de
Logroño en esta época tuvo respecto a los talleres navarros más cercanos, cuyo
progresivo declive podría haber tenido causa en este hecho. No obstante reuniré los
datos conocidos hasta ahora que por su abundancia resumiré lo más brevemente
posible.
28. A.H.P.L.O.: Arnedo, Juan Ximénez, 1659, leg. 5192, fol. 244-245v. La iconografía de la
cruz de Fitero sería diferente de la de Arnedo. Llevaría las imágenes de San Benito, San Bernardo y San
Juan con el Cordero, en los brazos; en el crucero, en lugar de la Concepción, la Asunción con cinco
serafines, dos a cada lado y uno a los pies; los remates se agrandarían y a los serafines de adorno de la
cruz se les añadiría «una pluma» en la zona inferior.
29. A.H.P.L.O.: Arnedo, Miguel Hordóñez, 1659-1660, leg. 5234, fol. 46-47v. Las condiciones
del contrato se presentan muy detalladas. Así la cruz sería «de plata dorada, pie triángulo con sus garras
como está el dibujo que se les a entregado, guarnezida con treinta esmaltes, picada de lustre entre
esmalte y esmalte, con dos quadrones, los quales quadrones taladrados y con dos cristales para poner
un linun cruces en medio, y de alto de la cruz desde la rraya que está echa en el árbol del dibujo asta
el quadrón debajo el pie de la cruz, a de tener una urna con sus cartelas y el pie triángulo a de ser un
poco más ancho que el de la cruz de Enziso, y en el dicho quadrado, dos serafines en cada lado con sus
alas en frente los esmaltes, y otros tres serafines en las esquinas de los tres estremos...». -
30. M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catálogo..., op.cit.; II*, XLVIII y 542 y II**, 328 y 525.
31. ibidem, I,XLXII, 77 y 398. El contrato de Pina para el arca de la catedral de Calahorra lo
recogieron: Carmen SÁEZ HERNÁEZ y Consuelo SÁEZ EDESO en Las artes en Calahorra durante la segunda
mitad del siglo XVII según los protocolos notariales. Tesis de Licenciatura. Facultad de Filosofía y Letras.
Zaragoza, 1984; doc. 661 (inédita).
24 [8]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
[9] 25
BEGONA ARRUE UGARTE
Tarazona hasta 195637, hizo que encargase los trabajos de platería a talleres más
próximos y más relacionados eclesiásticamente. Por este motivo, muchas de las
piezas que hoy conserva salieron de la mano de plateros aragoneses y navarros.
Entre los encargos a plateros tudelanos hay que señalar que un MAESTRE LUIS,
platero de Tudela, intervino en el reparo de la cruz parroquial de esta iglesia,
recibiendo del mayordomo de 1509, 2.600 maravedís por este trabajo que supuso
también un gasto de 1.103 maravedís por una onza de plata que puso, incluidos los
derechos del reino de Tudela38. Otros pagos continúan realizándose «al platero» por
aderezos en las cruces y cálices, en 1514 y 1521 39. Quizás, este platero fuese el maestro
Luis referido, o bien, Francisco de SALINAS que llevaba a cabo trabajos para esta
iglesia hacia 1522 40.
En dos ocasiones distanciadas en el tiempo, Francisco de NARTE, platero tude-
lano, trabajó para la iglesia de San Miguel de Alfaro. La primera de ellas data del 6
de julio de 1617, fecha en la que se tomaron cuentas de la mayordomía de 1616, según
las cuales Narte recibió 486 reales por limpiar la plata y lo que puso en ella. La
segunda, se presenta en las cuentas del mayordomo de 1663-1664 por las que sabemos
que le pagaron 300 reales por las vidrieras que puso en el coro de la iglesia. En las
mismas cuentas se especifican otros 29 reales y tres cuartillos que la iglesia había
gastado en el aderezo que se hizo en Tudela de un cetro y un candelero, quizás por
el mismo platero 41.
Diego SUD RIA concertó con esta iglesia el 30 de mayo de 1640, el aderezo de
distintas piezas: un hisopo por 16 reales de plata; la cruz grande por cinco ducados;
un par de vinajeras sobredoradas por 16 reales y las hechuras de dos incensarios y
aderezo de una naveta por 30 ducados. Le entregaron para la confección de los dos
incensarios, otros dos viejos que pesaron 31 onzas uno de ellos y el otro 32, quitándole
3 onzas «malas» por las «escorias» que tenía. En total recibiría 411 reales de plata42.
Los incensarios contratados no se conservan pero si dos cálices realizados por este
platero. Uno de ellos mide 0'265 m. alto, 0'160 m. diam. pie y 0'09 m. diam. copa
(Lám. 2) y el otro, 0'257 m. alto, 0'160 m. diam. pie y 0'09 m. diam. copa (Lám. 3).
Sólo una ligera variación en la altura que se hace visible en el perfil del gollete que
enlaza el astil con el pie, diferencia ambas piezas. Son de plata sobredorada y llevan
en el reverso de la base la marca S/DRIA (fig. 1). Los dos presentan inscripción en
el borde del pie que hace referencia a sus donadores: «-FRANCISCO DE QVIN-
TANA Y DOÑA FRANCISCA DE MENDOZA SV MUGER-» (en el segundo las
variaciones «MENDOCA» y «MUJER»). Siguen la tipología del cáliz cortesano,
torneado y liso, con copa ligeramente abierta y diferenciada por un baquetón, astil
abalaustrado con cuello de jarrón y nudo semioboide, muy esbelto, y gollete cilindrico;
todas las piezas resaltadas por molduras. El pie es circular de tres zonas, la primera
rehundida, segunda de perfil convexo y una tercera de doble perfil, convexo y recto
donde se sitúa la inscripción.
Estos cálices, los labraría Diego Sudria hacia 1640-1650. La tipología es la vigente
26 [10]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
y generalizada en el momento, aún con todo se puede hablar de una buena ejecución
técnica43.
En la iglesia se conserva otro cáliz de similares características con marca IBA/RA
(fig. 2), perteneciente a José de Ibarra. También sigue el modelo cortesano y está
labrado en plata sobredorada. Sensiblemente más alto que los de diego Sudria (0'28
m. alto x O317 m. pie x 0'09 m. copa), difiere asimismo en la división de la copa,
mediante doble baquetón, cuello y nudo más cortos y moldurados, gollete cilindrico
pronunciado en su unión con el astil, y primera zona del pie levantada con perfil
recto. En la última lleva la inscripción referida a sus donantes: «ESTE CÁLIZ YZO
AZER DON GERÓNIMO GALDEANO Y D.a BERNARDINA XIMENEZ PA-
TRONOS DE LA OBRA PIA QUE FVNDO D.a MARIA DE LEON». La pieza hay
que encuadrarla dentro de la primera mitad del siglo XVII (Lám. 4). La marca IBA/RA
llevaba un cáliz de la iglesia de San Pedro de la Rua de Estella, robado en 1979, de
plata dorada, esquema purista y similar altura (0'28 m.) y misma datación que el de
Alfaro44.
Otro platero de Tudela intervino en el arreglo de la cruz y vinajeras de plata de
la parroquia de Alfaro: Felipe TERREN, hacia 1609-1610 45.
En el siglo XIX trabajó para esta iglesia, el tudelano Miguel de IZALZU. En
1854 cobró 76 reales por la plata y hechuras de una crismera46. Esta obra no se
conserva pero existe una cruz procesional con marcas M/YZALZU, 48 y otra confusa
de Tudela, situadas en las chapas laterales de los brazos que cubren el alma de madera
(fig. 4). La cruz es de brazos iguales (0'50 m. x 0'50 m.), rematados en forma
trilobulada y perillas ajarronadas, con crucero circular del que parten cuatro rayos.
En el anverso, enmarca la imagen del Crucificado y en el reverso la de San Miguel,
ambas doradas. Las superficies son lisas y sólo se adornan por resaltadas molduras
que limitan su perfil. La manzana (0'25 m.) sigue la forma de nudo ajarronado
bulboso y recibe un cañón cilindrico liso. Por las marcas y la tipología de la cruz,
Miguel de Izalzu la labró hacia 1848. Sin presentar elementos de extrema relevancia,
es una pieza de buena confección dentro del gusto neoclásico, de gran pureza de
líneas y recuerdos lejanos de pasadas tipologías (Láms. 5 y 6).
Dos plateros de Estella se documentan en La Rio ja, trabajando concretamente
para Calahorra. Alvaro de ESPINOSA figura en la documentación como vecino de
Estella y, al mismo tiempo, vecino de Calahorra entre 1605 y 1609. El 11 de
noviembre de 1605, contrató con la iglesia parroquial de Grávalos la confección de
una cruz que debería terminar para Pascua de Resurrección de 1606. La cruz,
realizada de acuerdo a dos modelos (uno para el pie y otro para el árbol), pesaría
unos 20 marcos, pagándole cada uno a diez ducados y medio (si excediese esta
cantidad, sólo le pagarían por la plata y no por las hechuras). Por su cuenta, doraría
las imágenes de Cristo y Nuestra Señora, y también debían estar doradas las de los
seis apóstoles, situadas en el pie, y las ocho figuras que de «media talla» irían en el
cuerpo 47.
43. En la parroquia de la Magdalena de Tudela se conserva un cáliz de comienzos del siglo XVII
con marca SVRIA y la misma aparece en unas crismeras de Santa María de Valtierra. Tal vez hay que
tener en cuenta esta variante (M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo..., op.cit., I, 299 y 411).
44. M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo..., op.cit., II*, 480. los cálices de Alfaro figuran en
J.G. MOYA VALGAÑON y otros: Inventario artístico de Logroño y su provincia. Madrid, 1975; I, 72.
45. A.P. San Miguel, ALFARO: Lib. Fábrica, 1601-1629, leg. 18, fol. 76 r. Felipe Terrén fue
enterrado en la Puerta del Juicio dé la catedral de Tudela. Marcó sus obras con el punzón TE/RREN;
así, un cáliz de San Miguel de Corella y una lámpara del Monasterio de Tulebras, fechada en 1613
(M.C. GARCÍA GAINZA y otros: Catálogo..., op. cit., I, XLII, 100, 285 y 400).
46. A.P. San Miguel, ALFARO: Papeles sueltos. En la parroquia de San Jorge el Real de Tudela
se conserva una concha de bautizar del siglo XIX con marcas de Tudela, Y/ZALZV y 45 (M.C. GARCÍA
GAINZA y otros: Catálogo..., op.cit., I, 322).
47. A.H.P.LO.: Calahorra, Juan alonso Escudero, 1605-1607, leg. 183, fol. 102 r. a 104 v. Los
[11] 27
BEGOÑA ARRUE UGARTE
pagos se realizarían de la siguiente forma: desde la fecha del contrato al día de Navidad, 1.000 reales
sobre 900 que ya había recibido; el día de la entrega de la cruz, el valor del peso de la plata y 40 ducados;
el resto del valor total se le pagaría, la mitad el día de Todos los Santos de 1606 y la otra mitad, el mismo
día de 1607. Alvaro de Espinosa dio por fiadores a Pedro Fernández de Vergara, clérigo de las iglesias
de Calahorra, Juan de Morales y Pedro González, botero. Fueron testigos del contrato, Felipe Martínez
Gastón, Jerónimo de Vidaurreta y Juan Ibáñez, vecinos de Calahorra.
48. A.H.P.LO.: Calahorra, Juan Alonso Escudero, 1605-1607, leg. 183, fol. 78; 1609, leg. 185,
fol. 69 r. a 70 v.; A.P. Igls. Santiago, CALAHORRA: Lib. fábrica n.° 2 (1559-1652), fol. 225 v. y
fol. 252 y ss. Datos sobre este platero en M.C. HEREDIA MORENO: «Notas...», op.cit.; 185-186 y M.C.
GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo..., op.cit.; II**, 649-650.
49. A.H.P.LO.: Calahorra, Andrés Sáenz de Lerín, 1561-1569, leg. 2470, fol. 86. El 20 de
junio, Diego Fernández de Muro, racionero y mayordomo de la catedral, recibió del notano Sáenz de
Lerín, un cáliz y una patena, donación del inquisidor Valdolibas (Ibidem, fol. 96).
50. A.H.P.LO.: Calahorra, Rodrigo de Motrico, 1566, leg. 2297, si. La cruz de Lacar ha sido
atribuída a Juan de Salazar por semejanza estilística con la de San Miguel de Estella, que realizó este
platero en 1595. Quizá esta noticia sobre Andrés de Soria sirva para replantear esta atribución aunque,
no obstante, pudo no haber terminado la cruz, siendo encargada a otro platero (M.C. GARCÍA GAINZA
y M.C. HEREDIA MORENO: Orfebrería de la catedral.., op.cit.; 35-36, lám. 45 y M.C. HEREDIA MORENO:
«Notas...», op.cit.; 183-184).
51. A.P. San Miguel, ALFARO: Lib. Fábrica, 1734-1758, leg. 23, si. y Lib. Fábrica, 1759-1783,
leg. 24, si.
28 [12]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
con la marca GIL, (fig. 3). Una custodia (0'425 m. alto total; 0'18 m. diam. base;
0'085 m. diam. viril y 0'205 m. sol), de piata en su color con sol de rayos flameantes
alternando con los lisos terminados en estrellas, y remate en cruz de brazos rectos.
Se une al astil a través de una pieza esférica que recibe cuello y nudo ajarronado. El
gollete de paso al pie es cilíndrico y está moldurado arriba y abajo. El pie circular
se eleva sinuosamente en la primera orla de forma troncoconica, adornada con cuatro
grandes hojas de acanto incisas; continúa con otras dos zonas de perfil convexo y
recto, respectivamente.
La marca Gil, aparece en el reverso del pie. La obra mezcla formas vistas en el
siglo XVII junto a otras pertenecientes a pleno siglo XVIII. Parece una labor de
reaprovechamiento, no demasiado afortunada, de una custodia anterior de viril en
sol del siglo XVII. Sabemos que Elias Gil realizaba distintos «remiendos» en la plata
de la iglesia hacia 1739-1742, y a estas fechas cercanas a la mitad de siglo puede
corresponder este trabajo (Lám. 7).
Otra pequeña pieza de esta iglesia lleva la marca de Elias Gil, el relicario de Santa
Lucía. Realizado en plata en su color, mide 0'17 m. alto x 0'08 m. diam. pie. El
relicario sigue el tipo de piezas en astil, en este caso cilindrico y dividido en dos por
un grueso baquetón que se repite en los extremos. El pie es circular de tres zonas,
resaltada la intermedia por su acusado perfil convexo. La reliquia se guarda en un
óvalo de cristal (0'056 m. x 0'046 m.), enmarcado por una crestería calada y rematado
por una cruz. Parece obra de mediados de siglo con reminiscencias tipológicas
anteriores (Lám. 8).
Dadas las piezas de este platero de Corella conservadas en Alfaro, parece limitarse
a seguir modelos anteriores en los que insiste repetidamente, sin buscar la novedad
y con una mediana calidad técnica52.
Los talleres de Los Arcos tienen su representación en La Rioja en los trabajos que
Bartolomé de ECHAVARRIA llevó a cabo por la parroquia de Alcanadre. En 1742
ésta le pagó 52 reales y medio por dos tornillos de un cáliz, dorar una patena y redorar
la copa53.
En cuanto a la intervención de plateros de Pamplona en La Rioja, ya hemos
mencionado que Felipe de GUEVARA tasó en 1585 la cruz que Alonso Butrón realizó
para Santa María de Viana, pero otro nuevo dato ofrecen las fuentes documentales.
El 11 de abril de 1587, firmó un poder por el que capacitaba a su yerno José
VELAZQUEZ DE MEDRANO para cobrar sus deudas y en especial los 110 ducados
que le debían en Cirauqui de la hechura de 4 cálices54. El 10 de julio de ese año, él
y su yerno concertaron con el cabildo de la catedral de Calahorra la confección de
una lámpara de 34 marcos de peso para el día de Todos los Santos. De hechuras,
recibiría una cantidad igual a su peso el mismo día de la entrega55.
En 1544 Pedro de LOGROÑO trabajaba para la iglesia de San Miguel de Alfaro.
Este año recibió 5.464 maravedís por la limpieza de cetros, incensario y custodia;
52. En la sacristía de ermita de la San Juan Bautista de Cascante se conserva un cáliz (0'26 m.
alto) de la segunda mitad del siglo XVIII, con marca GIL (M.C. GARCÍA GAINZA y otros: catalogo...,
op.cit.; I, 61.
53. A.P. ALCANADRE: Lib. Fábrica desde 1715, fol. 200 v. Noticias sobre la familia de plateros
Echeverría en el estudio de J.M. Cruz Valdovinos sobre la Basílica de San Gregorio Ostiense, en el de
M.C. Heredia Moreno sobre los punzones y orfebres de Estella y en el Catálogo Monumental de
Navarra, ya citados.
54. En la parroquia de Cirauqui se conservan varios cálices, pudiendo ser el datado en 1600 obra
de este platero. El trabajo recuerda piezas riojanas del último tercio de siglo. En cuanto a las crismeras
de la iglesia, aunque sin marcas, parece reconocerse en ellas el trabajo de Velázquez de Medrano (M.C.
GARCÍA GAINZA y otros: Catalogo..., op.cit.; II*, 415).
55. A.H.P.LO.: Calahorra, Rodrigo de Motrico, leg. 2327, s.f. Datos sobre Velázquez de
Medrano pueden encontrarse en los trabajos citados de platería navarra.
[13] 29
BEGONA ARRUE UGARTE
aderezo de cruces (grande y pequeña) y dos cálices; tres onzas de plata que puso y
seis reales y trece más por dorar el cáliz y la patena. Al mismo tiempo realizó un cáliz
y un vaso para la Extrema Unción, cobrando de plata y hechuras 12.120 maravedís.
Este Pedro de Logroño es, sin duda, el aprendiz que en 1523 tomó el platero
sangüesino Jaime Biscar56.
No hay que olvidar otro tipo de noticias como el traslado de los talleres de unas
localidades a otras. Diego de YANGUAS, vecino de Pamplona, entraba de parro-
quiano en la iglesia de Santa María la Redonda de Logroño el 20 de septiembre de
1622. Fue testigo suyo Bernardo del Castillo, criado del platero Diego de la Hostia57.
De igual modo, el aprendizaje con plateros riojanos de vecinos de localidades navarras
como el caso citado de Juan Antonio de HERRERA, de Viana, con Antonio Casado.
Martín Saenz, vecino de Viana, hacía unas crismeras en 1642 para la iglesia de Santa
María; años antes, 1622-1623, aparece trabajando en Logroño para la iglesia de
Santiago el Real22.
Por otro lado, no se puede definir todavía aunque sería de gran interés las
relaciones de parentesco que sin duda existieron entre muchos navarros y riojanos
que ejercieron el oficio como los Martínez de Bujanda (Dionisio que trabajó funda-
mentalmente en Logroño, era de Pamplona y sus ascendientes de la villa de Cabredo),
los Sasa, Agorreta o Villava, los Rebollón, Ripando y Ochoa que trabajaron en
Calahorra, o los Suescum (Pedro de Suescum, tenía taller en Alfaro, 1692-1711).
También concretar la procedencia de algunos otros que posiblemente llegaron de
Navarra a trabajar a La Rioja, como Andrés de Bilbao (Alfaro 1524-1628), Juan de
Miraleas o Miguel Riala (Alfaro 1605-1606).
A partir de estos datos y establecida una base para el conocimiento de las
circunstancias que inciden en las relaciones existentes entre la platería rioj ana y
navarra, se podrá profundizar en aquellos otros factores que sólo de forma somera
he señalado aquí (técnicas, tipologías, modelos, etc., especialmente en el siglo
XVIII, dada la abundancia de piezas existentes). A esto, se uniría un catálogo
razonado tanto de las piezas rioj anas en Navarra como de las que procedentes de
talleres navarros se guardan en La Rioja, una vez analizadas las de la iglesia de San
Miguel de Alfaro58.
56. A.P. San Miguel, ALFARO: Lib. Fábrica, 1506-1547, leg. 16, fol. 176 v. R. FERNÁNDEZ
GRACIA y P. ECHEVERRA GOÑI: « Platería sangüesina...», op.cit.; 136. Un Pedro de Logroño, vecino
de Tudela, aparece como acreedor del platero Juan de Soto, el 11 de agosto de 1557, en Zaragoza (A.
SAN VICENTE: La -platería de Zaragoza..., op.cit.; II, 279).
57. A.P. St.a M.a la Redonda, LOGROÑO: Libro 1.° de Parroquianos, 1612-1644, fol. 56 (este
dato se lo debo a May ela Balmaseda que ha consultado exhaustivamente el archivo de esta catedral).
58. En la parroquia de Navarrete se conserva un cáliz neoclásico con marcas de Pamplona (PP
coronadas), 815 y otro frustro (J.G. MOYA VALGAÑÓN y otros: Inventario artístico de Logroño y su
provincia La Rioja. Madrid, 1985; III, 98). No olvidar el importante influjo que transmitió desde la
Corte Diego de Zabalza, platero de ascendencia navarra, con sus obras conservadas en la catedral de
Santo Domingo de la Calzada y catedral de Calahorra (A. BARUQUE MANSO y J.M. CRUZ VALDOVINOS:
«Diego de Zabalza, platero del duque de Lerma y de la reina Isabel de Borbón». Príncipe de Viana,
140-141. Pamplona, 1975; 611-631 y J.L. BARRIO MOYA: «Noticias y documentos sobre Diego de
Zabalza, platero navarro del siglo XVII». Príncipe de Viana, 166-167. Pamplona, 1982; 587-601).
30 [14]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
Fig. 1. Marca de Diego Sudria. 2. Marca de José de Ibarra. 3. Marca de Elias Gil. 4. Marca de Miguel de
Izalzu y 48, Tudela?
[15] 31
BEGONA ARRUE UGARTE
Lám. 2. Cáliz. Iglesia de San Miguel, Alfaro. Lám. 3. Cáliz. Iglesia de San Miguel, Alfaro.
Diego Sudria. Hacia 1640-1650. Diego Sudria. Hacia 1640-1650.
32 [16]
RELACIONES E INFLUENCIAS EN LA PLATERÍA RIOJANA Y NAVARRA
Lám. 5. Cruz procesional. Iglesia de San Mi- Lám. 6. Cruz procesional. Iglesia de San Mi-
guel, Alfaro. Miguel de Izalzu. 1848. Anverso. guel, Alfaro. Miguel de Izalzu. 1848. Reverso.
[17] 33
BEGOÑA ARRUE UGARTE
*i
34 [18]
Nuevas aportaciones documentales
a la historia de la escultura
navarra. El sagrario de la iglesia
parroquial de Alzuza, obra de un
entallador hasta hoy desconocido
AFRICA BERMEJO BARASOAIN
1. T. BIURRUN Y SOTIL, La Escultura Religiosa y Bellas Artes en Navarra durante la época del
Renacimiento, Pamplona, 1935, pp. 98-99.
2. Archivo de Protocolos Notariales de Pamplona, Protocolo de Martín Pérez de Cenoz, 1593,
leg. 4.
[1] 35
AFRICA BERMEJO BARASOAIN
Finalmente conciertan que, una vez terminado el trabajo, ambas partes nombrarán
sendos oficiales destinados a valorarlo, y que los pagos definitivos se harán de acuerdo
con la valoración llevada a cabo.
36 [2]
NUEVAS APORTACIONES DOCUMENTALES A LA HISTORIA DE LA ESCULTURA NAVARRA
[3] 37
AFRICA BERMEJO BARASOAIN
38 [4]
NUEVAS APORTACIONES DOCUMENTALES ALA HISTORIA PELA ESCULTURA NAVARRA
[5] 39
Pinturas de Adrían Isenbrant y
Jan van Dornicke en colecciones
de Navarra
ELISA BERMEJO
ADRIAN ISENBRANT
[1] 41
ELISA BERMEJO
42 [2]
PINTURAS DE ADRIAN ISENBRANT Y JAN VAN DORNICKE EN COLECCIONES DE NAVARRA
blanco, opaco mientras que, en las otras versiones a las que aludimos, es transparen-
te 1 .
Es interesante observación a considerar el comprobar que, Isenbrant repite, en las
cuatro pinturas citadas, idéntica manera de disponer el manto de la Virgen incluso
en la manera de ordenar los plegados de las telas, que en la tabla con el «Descanso
en la Huida a Egipto», de Gerard David, que se conserva en el Museo del Prado y
que probablemente escogió como modelo 2.
JAN VAN D O R N I C K E
[3] 43
ELISA BERMEJO
que Jan Van Dornicke se distingue como una de las figuras con más personalidad.
Precisamente, gracias a las analogías estilísticas, que aparecen en no pocas pinturas,
se ha podido reunir un importante grupo de obras que muestran composiciones y tipos
tan semejantes que permiten considerarlas como salidas de la mano de este pintor a
quién, en principio, Friedländer bautizó como «maestro de 1518». la colocación de
los Dos personajes, del séquito de los Magos, contrapuestos y plantados en un difícil
equilibrio inestable, en actitudes que recuerdan un paso de baile, es típica del
momento manierista en la escuela de Amberes.
Al revisar toda la obra conocida de Jan Van Dornicke y aún la de su yerno Pieter
Coecke, no hemos encontrado ninguna otra pintura en la que utilice una composición
semejante a la de esta tabla, a pesar de que lo frecuente, en este pintor, es que repita
composiciones y actitudes con pequeñas variantes. Por otra parte lo tradicional, en
los trípticos de esta época es que aparezca la Epifanía en la tabla central, la Anun-
ciación o la Natividad, en la puerta izquierda y en la derecha, Descanso en la Huida
a Egipto, Presentación en el Templo o Circuncisión. La presentación del tema de la
Epifanía, repartido entre las tres tablas, tal como aparece en este tríptico, añade al
propio interés de las pinturas una nota de singularidad5.
El Rey negro ocupa el centro de la puerta derecha. Su esbelta figura esta vista de
frente y con la cabeza y los brazos dirigidos hacia la izquierda como insinuando su
participación en la escena principal. El rostro oscuro resalta en bello contraste, entre
el turbante y el cuello blancos y sostiene, con ambas manos, un recipiente de ofrendas
con importante labor de orfebrería. La indumentaria es de gran vistosidad por la
riqueza y variedad de tonos empleados y por el elegante movimiento curvilíneo de
las telas, tratado, todo ello, con un gran sentido decorativo.
El fondo es de paisaje, con caserío continuado en las tres tablas y como es
tradicional, los tonos verdes azulean en las lejanías hasta la línea blanquecina del
horizonte. Para establecer la fecha de las pinturas de este tríptico, hasta ahora inédito
si, como se apunta más arriba, en una parte de la tabla central la intervención de
Pieter Coecke parece evidente, habría que pensar que debió de terminarse poco
después de cesar la actividad de su suegro Van Dornicke que se supone fue en 1527
y por tanto, puede darse como fecha, muy probable, la de los años entre 1527 y 1530.
5. Algunos trípticos de P. Coecke y de su taller con la Adoración de los Magos, vistos de poco
más de medio cuerpo, desplazan a una puerta a San José y al Rey Negro, a la otra.
44 [4]
PINTURAS DE ADRIAN ISENBRANT Y JAN VAN DQRNICKE EN COLECCIONES DE NAVARRA
[5] _ 45
ELISA BERMEJO
46 [6]
PINTURAS DE ADRIAN ISENBRANT Y JAN VAN DORNICKE EN COLECCIONES DE NAVARRA
Lám. 1. Adrian Isenbrant: Tríptico «Descanso en la Huida a Egipto». Navarra. Colección particular.
[7] 47
ELISA BERMEJO
Lám. 3. Jan Van Dornicke: Tríptico Adoración de los Magos. Navarra. Colección particular.
48 [8]
PINTURAS DE ADRIAN ISENBRANT Y JAN VAN DORNICKE EN COLECCIONES DE NAVARRA
[9] 49
ELISA BERMEJO
50 [10]
Obras inéditas del escultor y
pintor granadino José Risueño en
el Convento de Capuchinas de
Tudela en Navarra
BELÉN BOLOQUI LARRAYA
[1] 51
BELÉN BELOQUI LARRAYA
Lám. 1. José Risueño, atribución, San Jua- Lám. 2. José Risueño, atribución, Niño de la
nito, madera. Convento de Capuchinas de Tu- Victoria, madera. Convento de Capuchinas de
dela (Navarra). Tudela (Navarra).
agasajadas, siendo obsequiadas por la nobleza con «una imagen de N.a Sra. y otras
cosillas» 3. Bien relacionada con la corte, Sor Lucía siguió recibiendo otros regalos,
y en especial «a uno de la maior confianza le pidió una custodia» 4. Teniendo en
cuenta que nuestro artista José Risueño vivió en Granada de 1665 a 1732, parece
lógico afirmar que el Niño de la Victoria y San Juanito se hallan en el Convento de
Tudela verosímilmente desde época fundacional, en 1736.
3. Véase nota n.° 25 en «Datos histórico-artísticos...» (véase nota n.° 1). En relación con el
convento fundacional, el de Toledo, el erudito Ponz al hablar de su iglesia destaca diversas obras
atribuidas a importantes autores. PONZ, A., Viaje de España. Madrid, 1947 (1.a ed. 1772-1794), p. 75
y 76.
4. Véase nota n.° 39 en «Datos histórico-artísticos...» (véase nota n.° 1).
52 P]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN...
5. LLOMPART, G., «Imágenes Mallorquínas exentas del Niño Jesús» en B.S.A.A., n.° XLVI,
(Valladolid, 1980), p. 365. El autor dice: «El más antiguo Niño Jesús viene citado en poder de la cofradía
de Nuestra Señora de los Angeles de los franciscanos, en Palma en 1519». Bernales Ballesteros, J., García
de la Concha Delgado, F., Imagineros Andaluces de los siglos de Oro. Sevilla, 1986, p. 23. Con respecto
a Andalucía estos autores comentan: «no es menos afortunada en la imaginería andaluza la iconografía '
del Niño Jesús, verdadera creación del Manierismo, largamente desarrollada y evolucionada en el
barroco». DE VEGA GIMÉNEZ, M.a T., Historia, Iconografía y evolución de las imágenes exentas del
Niño Jesús (Catalogo de la Provincia de Valladolid). Valladolid, 1984, p. 33.
Una valoración de la escasa dimensión social del niño en el mundo barroco en G. de Marco,
Concepción, «Los Niños en la Pintura de Velázquez» en Varia Velazqueña. Tomo I. Madrid, 1960,
p. 352 y ss.
URREA, J., La pequeña escultura en Valladolid, siglos XVI a XVIII. Valladolid, 1983.
6. DE VEGA GIMÉNEZ, M.a T., op. cit. p. 58 «adentrándonos en el culto especial debido al Niño,
hemos podido constatar que las religiosas de todas las órdenes, en conventos y monasterios, veían en el
Infante la representación de la inocencia, la dulzura y el silencio. Era costumbre extendida que cuando
profesaba una novicia llevara consigo una de estas imágenes, que, pasado el tiempo, se convertiría en el
centro de su atención, confeccionándole vestidos y trajes, algunas veces de gran riqueza, e incluso sirviendo
su propio pelo para la realización de postizos con que cubrían las cabezas de las esculturas».
7. Una catalogación de estos Niños puede consultarse en DE VEGA GIMÉNEZ, M.T., op. cit., p.
31 y ss.
8. En LEÓN TELLO, F.J., y SANZ SANZ, M.a V., Tratados Neoclásicos Españoles de Pintura y
Escultura, Madrid, 1980, p. 69.
9. Ruiz ALCÓN, M.a Teresa, «Imágenes del Niño Jesús del Monasterio de las Descalzas Reales»
en Rev. Reales Sitios, año II, n.° 6 (1965), pp. 28 a 36. LLOMPART, G., op. cit., p. 368, dice que había
más de treinta niños.
10. BERNALES BALLESTEROS, J., y GARCÍA DE LA CONCHA, F., op.cit., p. 23.
[3] 53
BELÉN BELQQUI LARRAYA
de la Victoria y de San Juanito que custodian con tanto celo como buen estado de
conservación las Madres Capuchinas de Tudela en Navarra 11 .
Por lo que acabamos de exponer en el primer apartado es evidente que los datos
documentales localizados en el archivo son poco esclarecedores con respecto a su
procedencia o nulos en cuanto a la autoría de estas bellas imágenes que atribuimos a
Risueño.
Tampoco la historiografía local ha sido muy generosa en datos sobre estas figuritas
exentas ya que no aparecieron mencionadas hasta 1980 en que en el Catalogo Monu-
mental de Navarra. Merindad de Tudela se cita tan sólo a San Juanito, del que se
dice escuetamente «es obra del siglo XIX» 12.
A nuestro modo de ver, parece incuestionable que San Juanito es una obra
vinculada a la sensibilidad barroca y rococó y que nada tiene que ver con los
presupuestos academicistas del siglo XIX como trataremos de demostrar.
San Juanito y el Niño de la Victoria son dos lindas figuras que forman pareja con sus
poses desnudas en contraposto hábilmente compensadas a base de movimientos
curvilíneos (láms 3 y 4). Ambos reposan sobre sus correspondientes peanas diecio-
chescas, similares en tamaño, altura y policromía 13 . San Juanito descansa sobre una
base rocosa mientras que el Niño de la Victoria se sitúa en una atrevida pose
semigenuflexa con su rodilla izquierda apoyada en el globo terráqueo y la derecha
en la serpiente como prefiguración del demonio. Hay que tener en cuenta que la
tierra aparece decorada con una pintura de «Adán y Eva en el Paraíso Terrenal» por
lo que es la primera obra que conozcamos de Risueño en la que el artista hace gala
de sus dotes de escultor y pintor propiamente dicho en una misma pieza, al margen
de su actividad como policromador de sus imágenes, al que nos tiene acostumbrado,
por lo que este Niño de la Victoria de las Capuchinas de Tudela alcanza singular
relevancia, resultando una pieza sumamente interesante en el conjunto de su obra.
El modelo, como veremos, deriva de Alonso Cano.
Ambos Niños por su expresividad emotiva, morbidez en sus formas y excelencia
de su talla están íntimamente relacionados con la gubia del granadino, del que Orozco
Díaz afirma «que Risueño demuestra en ellos sus extraordinarias dotes para sentir las
figuras infantiles» 14. En nuestra opinión, el hallazgo de estas piezas refuerza la
importancia de su obra de pequeño formato en madera así como el mundo infantil tan
grato para el granadino a juzgar por sus resultados y por la demanda de obra, de tal
fornia que estos Niños de José Risueño están claramente vinculados a la sensibilidad
rococó .
11. Existen otras imágenes de pequeño formato repartidas por el Convento, si bien de menor
calidad.
12. GARCÍA GAINZA, C , HEREDIA MORENO, M.a C, RIVAS CARMONA, I., ORBE SIVATTE, M.,
Catalogo Monumental de Navarra. I Merindad de Tudela. Pamplona, 1980, p. 352.
13. San Juanito: altura con peana 0'80 m.; sin peana 0'66 m. Niño de la Victoria: altura con peana
0'80 m.; Niño con esfera: 0.6.5; Niño: 0'53 m.
14. Citado por SÁNCHEZ-MESA MARTÍN, D.,José Risueño escultor y pintor granadino (1665-1732).
Granada, 1972, p. 177.
15. Muy valorada la obra de risueño en pequeño formato, véase OROZCO DÍAZ, E., «La escultura
en barro en Granada» en Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, vol. VI (1941), pp. 93 a
108. Del mismo autor «Los barros de Risueño y la estética granadina» en Rev. Goya, n.° 14 (1956), p.
76 a 82. SÁNCHEZ-MESA MARTÍN, D., «Nuevas obras de Luisa Roldan y José Risueño en Londres y
Granada» en A.E.A., n.° 160 (1967), p. 325 a 331.
54 [4]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN..
[5] 55
BELÉN BELQQUI LARRAYA
San Juanito
16. SÁNCHEZ-MESA MARTÍN, D.,José Risueño..., op.cit., p. 178 y 179, láms. 14 y 15.
17. SÁNCHEZ-MESA, D.,José Risueño..., op.cit., p. 178.
18. VALDIVIESO, E., y MORALES, A.J., Sevilla Oculta. Monasterios y conventos de Clausura,
Sevilla, 1980, p. 127, lám. 148. Esta pieza no aparece recogida en la mencionada monografía de
Sánchez-Mesa.
19. En cuanto a los postizos utilizados por Risueño en estos Niños con los siguientes: ojos de
cristal, dientes y sendas cruces. San Juanito lleva también una fina banda de pergamino en la que se
lee: «ECCE AGNUS DEI QUI TOLLIS PECCATA MUNDI».
20. PALOMINO DE CASTRO, A., El Museo Pictórico y Escala Óptica. Tomo segundo. Madrid, 1724,
p. 455 (Ed. Aguilar, 1947).
Sobre Palomino de Castro puede consultarse LEÓN TELLO, F.J. y SANZ SANZ, M.a V., La Teoría
española de la pintura en el siglo XVIII: El Tratado de Palomino. Madrid, 1979.
56 [6]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN...
Policromadas las dos figuritas de forma semejante, las carnaciones son blanqueci-
nas y de superficies brillantes matizadas por un sentido claroscurista en base a las
21. CEÁN BERMÚDEZ, A., Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes
en España. Madrid, 1800 (reed. 1965), t.° IV, p. 200. Estos datos de Ceán los puso ya en relieve
Sánchez-Mesa, D., José Risueño..., op.cit., pág. 509 y 60.
22. PALOMINO DE CASTRO, A., Museo..., op.cit., pág. 457 (reed. 1947).
[7] 57
BELÉN BELOQUI LARRAYA
El Niño de la Victoria
Ubicado en el locutorio alto donde sirve de adorno a la pequeña estancia, el Niño
de la Victoria hace pareja con San Juanito, si bien ambas imágenes no se encuentran
juntas, como sería de desear; el Precursor se halla en el corredor del claustro alto, a
escasa distancia de su compañero. Como éste también porta atuendos ocultando su
espléndida anatomía. En la actualidad lleva una especie de túnica sin mangas ajustada
a la cintura y manto anudado al cuello, adornándose su pecho con collares y cadenas
(lám. 2). Es evidente que estos ropajes modernos enmascaran esa anatomía magnífica
a la que acabamos de hacer referencia por lo que preferimos hacer el comentario
como figura desnuda. Sólo como tal se pueden apreciar sus valores táctiles (láms. 3
y 4).
El Niño de la Victoria de Tudela guarda estrechas vinculaciones con el de la
Pasión de la iglesia de San Pedro de Priego en Córdoba, también de Risueño, en
especial por lo que a los rasgos estilísticos del rostro se refiere, ambos de significada
espiritualidad23.
Ejecutado con similares presupuestos que su compañero San Juanito, en esta
ocasión la pose en contraposto la realiza Risueño como a veces nos tiene acostumbra-
dos, es decir, en posición semigenuflexa de pierna izquierda arrodillada y derecha
al aire en forzada postura que el escultor resuelve ingeniosamente apoyando el pie
en la cola de la serpiente que en sutil requiebro recorre con su cuerpo el pedestal o
esfera sobre el que se sitúa nuestro Niño de la Victoria. Este motivo fue utilizado en
el Niño de la Pasión de la cofradía de San Miguel de los Navarros atribuído a Alonso
Cano, modelo que se puede parangonar con el de Risueño. Es posible que a través
del taller de los Mora nuestro artista conociese algún dibujo de esta linda imagen de
devoción que comprende además del Niño Jesús con la cruz a cuestas un pedestal con
cabezas de querubines y un globo terráqueo pintado, antecedente directo del que
ahora nos ocupa. También el lienzo de A. Cano de la Virgen del Rosario de la catedral
de Málaga presenta interesante iconografía de la Virgen con el Niño Jesús sentado
entre sus brazos y piececito apoyado en una esfera24.
Llevado a cabo con los mismos planteamientos de modelado que su compañero,
este Niño de la Victoria destaca por su ritmo compositivo de líneas abiertas en
decididas diagonales de piernas y brazos, muy a tono con el gesto de su redondeada
cabecita y expresiva mirada hacia el cielo.
Portador en su mano derecha de una cruz evocadora de su Pasión, esta figurita
que las monjas denominan Niño Resucitado, es efectivamente un Niño de la Victoria
como no deja lugar a dudas su iconografía, en este caso enriquecida por una base o
globo terráqueo donde se ha pintado a Adán y Eva en el Paraíso Terrenal y se ha
labrado una serpiente cuya cabeza, cuerpo y cola se enroscan virtualmente en el
globo. Se trata, en definitiva del Triunfo del Bien, simbolizado por Jesús Niño,
sobre el mal y la herejía, representada por la serpiente cuya cabeza de terribles fauces
se halla efectivamente colocada entre Adán y Eva. Jesús, pues, vence a la herejía,
redime a los humanos por medio de su Pasión25.
23. SÁNCHEZ-MESA, D.,José Risueño..., op.cit., p. 177 y 178.
24. WETHEY, H.E., Alonso Cano. Pintor, escultor y arquitecto. Madrid, 1983, p. 131, lám. 168.
25. MAALE, E., El barroco. El arte religioso del siglo XVII. Italia, Francia, España y Flandes.
Madrid, 1985, p. 53. Interesante resulta el comentario sobre este tema iconográfico de E. Mâle.
58 [8]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN...
Lám. 6. José Risueño, atribución, Adán y Eva en el Paraíso terrenal, pintura, detalle de la base en
la imagen del Niño de la Victoria. Convento de Capuchinas de Tudela (Navarra).
[9] 59
BELÉN BELQQUI LARRAYA
dos interesantes desnudos, porque desde la Contrarreforma era un tema vetado a los
artistas si no estaba justificada su temática. Aun así Risueño le dio un toque pudoroso.
El rubio cabello de Eva oculta el pubis mientras que Adán en estudiada pose nos
muestra el tronco de espaldas y su rostro de perfil26. Su estilo academicista está
relacionado con algunos desnudos del «Descenso al limbo» de Cano.
Las dos figuras destacan por sus espléndidos estudios anatómicos de volúmenes
escultóricos e influencias canescas y rubenianas no ajenas al arte de Risueño.
Especialmente atractivo nos parece el fondo de paisaje idílico que se ha dado a la
escena a base de manchas de color de tonalidades amarillas, verdes y azules con
logrados efectos de perspectiva. Junto a estos trazos del fondo y el más oscuro del
árbol de sazonados frutos, muestra toda su fuerza la tez nacarada de Eva, matizada
con sus sonrosadas mejillas y rubia cabellera, y la más bronceada de Adán. La técnica
de la pincelada es decididamente suelta, salpicada con efectistas toques lumínicos.
26. En LEÓN TELLO, F. y SANZ SANZ, V., Tratados..., op.cit., p. 45 y 46. Risueño es contemporáneo
de Fray Juan Interian de Ayala autor del conocido tratado, El pintor Cristiano y erudito en el que
manifiesta su oposición a la representación del desnudo. Interian de Ayala, Fr. J., op.cit., Madrid,
1730 (1. a ed. en latín, traducción en castellano en 1782). Interian actuó de censor en el tratado de
Palomino de Castro, Museo Pictórico..., op.cit. En cualquier caso, el deseo de moralidad en la imagen
fue una realidad a partir de las decretales posteriores a Trento. Véase de 1632 el Anónimo, «Copia de
pareceres... sobre el abuso de las figuras, y pinturas lascivas y deshonestas...» en CALVO SERRALLER,
F., Teoría de la pintura del Siglo de Oro. Madrid, 1981, p. 235 y ss. Más reciente es el artículo de
Rodríguez G. de Ceballos, A., «La repercusión en España del decreto del Concilio de Trento acerca
de las imágenes sagradas y las censuras al Greco», en El Greco: Ytaly and Spain. Studies in the History
of Art. National Gallery of Art, Washington, 1984, págs. 153 a 159.
27. Véase notan. 0 21.
28. ARFE Y VILLAFAÑE, Juan de, De varia commensuracion para la Esculptura y architectura.
Madrid, 1974 (1.a ed. 1585-87). En el Libro segundo. Título primero. Capítulo V, Arfe dice que «el
principio de la sculptura es la proporción del h'obre» p. 12. Para Arfe la figura humana se establece sobre
un módulo que es diez veces el tamaño de la cabeza tomada desde «el primero cabello de la frente» hasta
la planta de los pies, p. 2.
29. BONET CORREA, A., «Juan de Arfe y Villafañe: «Escultor de Oro y Plata y tratadista» en De
Varia Commensuracion..., op.cit., p. 36.
Sobre los distintos tratadistas del siglo XVII puede consultarse CALVO SERRALLER, F., Teoría de la
Pintura del Siglo de Oro. Madrid, 1981.
30. En LEÓN TELLO, y SANZ SANZ, Tratados neoclásicos españoles de pintura y escultura. Madrid,
60 [10]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN...
[11] 61
BELÉN BELOQUI LARRAYA
36. Véase CALVO SERRALLER, F., Teoría..., op.cit., págs. 587 a 616. Con respecto a la simetría
de los niños Juan García Hidalgo dice lo siguiente: «Los niños tienen cinco cabeças de alto, y de la barba
a la cintura una, y otra hasta el fin de la barriga, y las otras dos para muslos, y piernas, hasta la planta
de los pies» (pág. 601, 602).
37. CARDUCHO, V., Diálogos de la Pintura. Su defensa, origen, esencia, definición, modos y
diferencias. Edición, prólogo y notas de Francisco Calvo Serraller. Madrid, 1979 (1. a ed. 1633) págs. 408
a 412. El módulo de seis rostros lo da Carducho para niños de tres o cuatro años (p. 412). En cuanto a
la simetría en general el autor dice: «De la Simetría daré algunas reglas generales, que sirvan como
elementos, ó madres, de quien se pueden componer, y criar infinitas, según el ingenio y conocimiento de
Artifice: porque como dixo Miguel Angel el compas de la buena Simetria ha de tenerle el Pintor, ó el
Escultor en los ojos y no estar atado rigurosamente al compas material, porque según la persona...», pág.
408. Este punto está recogido por Calvo Serraller en la edición de Carducho de 1979, pág. CXXV.
38. Para un estado de la cuestión sobre La Roldana puede consultarse MARTÍN GONZÁLEZ, J.J.,
Escultura Barroca en España 1660-1770. Madrid, 1983, Capítulo 10, págs. 177 a 184.
39. AYALA MALLORY, N., Bartolomé Esteban Murillo. Madrid, 1983, p. 67.
40. GAYA ÑUÑO, A., Vida de Acisclodo Antonio Palomino. Córdoba, 1981 (2.a ed.), pág. 98.
62 [12]
OBRAS INÉDITAS DEL ESCULTOR Y PINTOR GRANADINO JOSE RISUEÑO EN...
41. SÁNCHEZ-MESA, D.,José Risueño..., op.cit., p. 51. Este autor comenta cómo el incendio del
Archivo de Protocolos de Granada nos ha privado el conocer muchos datos sobre éste y otros muchos
artistas granadinos. <
[13] 63
Influencias navarras en la escultura
románica del Arciprestazgo de la
Valdonsella
MIGUEL CORTES ARRESE
1. INTRODUCCIÓN
1. ESCAGUES, I.: «La Valdonsella», Príncipe de Viana, VI (1945), pp. 341 y ss.
2. MARTÍN DUQUE, A.: «Cartulario de Santa Maria de Uncastillo (s. XII)», Estudios de la Edad
Media de la Corona de Aragón, VII (1962), pp. 648 y ss., Vid. también: MORENO, F.: Historia y Arte
de Uncastillo, Madrid, 1977, pp. 100 y 101.
3. MARTÍN DUQUE, A. op. cit., p. 648.
4. Vid. LACARRA, M. C : Arte religioso en Sos del Rey Católico, Zaragoza, 1978, pp. 37-68 y SAN
VICENTE, A.: «Acotaciones documentales para la Historia del Arte en Cinco Villas durante el siglo
XVI», Estudios en homenaje al Dr. Eugenio Frutos Cortés, Zaragoza, 1977, pp. 367-445.
5. ABBAD, F.: Catalogo monumental de España. Zaragoza. Madrid, 1957, pp. 582 y lám. 1552.
[1] 65
MIGUEL CORTES ARRESE
66 [2]
INFLUENCIAS NAVARRAS EN LA ESCULTURA ROMANICA DEL ARCIPRESTAZGQ DE LA VALDONSELLA
14. En la más inmediata, un hombre lleva un pez a su espalda; a su lado aparece un cánido en
actitud enhiesta y frente al espectador.
15. YARZA, J.: La Edad Media (Historia del Arte Hispánico. II). Madrid, 1980, p. 134.
16. Para una visión general, Vid. SAN VICENTE, A. y CANELLAS-LÓPEZ, A.: op. cit., p. 367 y
ss., y sobre el denominado «maestro de Agüero», LACARRA, M. C : Gran Enciclopedia Aragonesa.
Tomo I, 5. v. Agüero, Maestro de.
17. IÑIGUEZ, F.: «Sobre tallas románicas del s. XII», Príncipe de Viana, XXIX (1968), p. 231 y
lám. 184.
18. CROZET, R . : «Recherches sur la sculpture romane en Navarre et en Aragon», Cahiers de
civilisation médiévale, VII (1968), p. 56. Este diseño le va a servir también para componer otras escenas
como la de la lucha de dragones de la portada sur de la iglesia de San Miguel de Biota. Vid. ABBAD, F. :
El románico en Cinco Villas. Zaragoza, 1979, p. 59, y ABBAD, F. op. cit., láms. 1489-1490.
Un ejemplo cercano lo podemos encontrar en la iglesia parroquial de Murillo de Gallego. Sobre
el mismo, Vid. URANGA, J. E. e IÑIGUEZ, F.: Arte románico (Arte medieval navarro. II). Pamplona,
1973, p. 298 y lám. 156 b.
19. ABBAD, F.: El románico en Cinco Villas. Zaragoza, 1979, pp. 85 y 86.
20. ABBAD, F. op. cit. y ABBAD, F.: Catálogo monumental de España. Zaragoza. Madrid, 1957,
p. 661.
[3] 67
MIGUEL CORTES ARRESE
21. Para una visión general Vid. URANGA, J. E. e IÑIGUEZ, F.; op. cit., pp. 297-98 y láms.
155-56.
68 [4]
INFLUENCIAS NAVARRAS EN LA ESCULTURA ROMANICA DEL ARCIPRESTAZGO DE LA VALDONSELLA
[5] 69
MIGUEL CORTES ARRESE
Lám. 3. San Esteban de Sos. Cripta. Capitel ábside central lado del Evangelio.
70
[6]
INFLUENCIAS NAVARRAS EN LA ESCULTURA ROMANICA DEL ARCIPRESTAZGO DE LA VALDONSELLA
[7] 71
Maestre Guillaume Brimbeuf
(1551-1565), ejemplo de las
relaciones artísticas entre Aragón
y Navarra a mediados del siglo
XVI*
JESUS CRIADO MAINAR
L os estudios relativos a las artes plásticas en Aragón a mediados del siglo XVI son
omparativamente muy escasos en relación con aquellos que afectan a los cuarenta
primeros años de la centuria. s
[1] 73
JESUS CRIADO MAINAR
2. Apéndice documental, does. n. os 1 y 2. En la obra del palacio del conde de Morata trabajaron
asimismo los canteros Juan de Amezqueta y Juan de Albistur. También aparece Juan de Vidain,
piedrapiquero, facilitando al conde toda la piedra precisa para las obras de la nueva edificación. (Cfr.
ABIZANDA Y BROTO, M., Documentos..., ob. cit., 1915, vol. I, pp. 220-225). Sobre este monumental
edificio cfr. GÓMEZ URDÁÑEZ, O., Arquitectura civil en Zaragoza en el siglo XVI, Zaragoza, 1987, vol.
I, pp. 216-218; la autora glosa con acierto la personalidad artística de Brimbeuf. A los datos localizados
por estos investigadores cabe añadir sendos contratos para el aprovisionamiento de rejola y calcina en
los que Martin de Tudela consta como testigo (A. M. P. Z., Miguel de Uncastillo I, 1552, s.f.)
(Zaragoza, 5-1-1552).
3. Conocemos los documentos de construcción de los miradores levantados sobre el Queyles,
encargados a Juan de León en 1555 (AINAGA ANDRÉS, M.a T., «Aportaciones documentales para el
estudio del urbanismo de Tarazona (1365-1565)», TVRIASO VI, (Tarazona, 1985), pp. 240-242, doc.
n.° 66) y también los del patio (ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C , y AINAGA ANDRÉS, M.a T., «Para el estudio
del patio del palacio episcopal de Tarazona (1557-1560)», TVRIASO II, (Tarazona, 1981), pp. 175-194),
que hay que completar con el que ahora publicamos. Sin embargo, faltan los de la escalera, de estas
mismas fechas, y los de los miradores occidentales sobre el río contiguos a los de 1555 y que deben ser
poco posteriores. Tanto las columnas de la Zuda como las de Guaras se conservan en la actualidad,
aunque las del último edificio, en proceso de restauración, parecen atacadas por el mal de imcom-
prensión que ya acabó con los tres pilares de la Lonja (cfr. nota n.° 5).
4. La documentación referente al proceso constructivo de la Lonja aparece recogida en ESCRIBANO
SÁNCHEZ, J. C , y AINAGA ANDRÉS, M.a T., «La casa consistorial de Tarazona (1558-1565). Estado de
la cuestión y fuentes para su estudio», IV Jornadas sobre el estado actual de los Estudios sobre Aragón,
Alcañiz, noviembre, 1981, (Zaragoza, 1982), pp. 579-588. A este excelente trabajo hay que añadir la
capitulación que ahora publicamos y otro documento que hemos localizado en la Sección de Papeles
Sueltos del Archivo Histórico de Protocolos de Tarazona, con el que se testifica la reunión del concejo
de la ciudad en la que se toma el acuerdo de construir la nueva Lonja y para ello, previamente, el de
expropiar las casas sobre las que se habría de levantar. En el mismo, se concede licencia a las personas
encargadas de la fábrica para que en nombre de la dicha ciudat tomen dos o tres casas de las que están
enea dicha placa arrimadas al muro de la dicha puerta el Cuende, las que a ellos parescera, y las tantehen
y paguen con el fin de que las manden derribar y en el patio d3ellas hagan labrar la dicha longeta y
granero y mirador (A. H . P. T., Papeles Sueltos, fragmento de la Secretaría de Juan de Marquina,
1557, s. f.) (Tarazona, 31-VII-1557).
En este trabajo se han utilizado documentos, amén del de Tarazona, de los Archivos Históricos
de Protocolos de Zaragoza (A. H . P. Z.), Borja (A. H . P. B.) y Tudela (A. H . P. Td.), del capitular
de la catedral de Tarazona (A. C. T.) y del Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza (A. D.
P.Z.).
5. Las columnas originales, que aún se conservaban con anterioridad a la restauración de Fernando
Chueca Goitia, fueron sustituidas en el transcurso de la misma por otras nuevas, réplica de las
primitivas.
6. ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C. y AINAGA ANDRÉS, M.a T., «Para el estudio...», ob. cit., pp.
185-186.
74 [2]
MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
artífices : el alarife Juan de Leon 7 , los escultores Alonso Gonzalez 8 y Pierres del
Fuego 9, y el pintor Pietro Morone 10 .
7. Como ya sospecharon ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C. y AINAGA ANDRÉS, M.a T., «La casa consisto-
rial...», ob. cit., p. 583, fue hijo del también obrero de villa Juan de Leon (A. H. P. T., Jerónimo
Gutierrez, 1555, ff. 6-8) (Tarazona, 7-1-1555) y perteneció a una extensa familia de alarifes. Aunque
conocemos numerosos documentos de su actividad profesional (colaboradores sujetos bajo firma de
aprendizaje, contratos para la construcción de varias casas particulares de difícil identificación, etc.),
hay que destacar su participación en las galerías de la Zuda en 1555 y en el patio del mismo edificio
en 1558-1560 (cfr. nota n.° 3). Es muy posible que fuera él quien en 1559 se hiciera cargo de la obra
del palacio de Guaras (doc. n.° 7). SÁNCHEZ CANTÓN, F. J., «El gran friso histórico de relieve en el
Ayuntamiento de Tarazona», XIX Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias,
San Sebastián, 1946, p.261, hace referencia a que según SANZ ARTIBUCILLA, Juan de Leon trabajó en
compañía de Pierres del Fuego en la Lonja y en la escalera del palacio episcopal. No hemos hallado
documentos que demuestren su participación en la escalera. Sin embargo, sale como fiador de Brimbeuf
en 1557 en el contrato de las columnas de la Lonja, por lo que resulta coherente asociarlo a la fábrica
de este edificio (doc. n.° 4).
8. La primera mención que conocemos de él, de 1546, es un contrato de aprendizaje dado en
Borja, por el que Dionisio de Soria, obrero de villa, habitante de presente en Borja, firma a su hijo
Pascual de Soria como aprendiz con Alonso Gonzalez, mazonero (A. H. P. B., Gabriel de la Ferrica,
1546, f. 51) (Borja, 30-V-1546). Ese mismo año, diciéndose entretallador y vecino de Borja contrata
en Tarazona la decoración del recién concluido cimborrio, cuyo finiquito habría de otorgar en 1549
a
(MORTE GARCÍA, M. C , «El cimborrio mudejar de la catedral de Tarazona», / Simposio Internacional
de Mudejarismo, Teruel, septiembre, 1975, (Madrid-Teruel, 1981), pp. 141-147). El trabajo debió
agradar al cabildo, dado que en 1547 se le contrataba la decoración de las bóvedas de la nave mayor y
de los tramos del crucero colaterales al cimborrio (A. C. T., Actas Capitulares, f. 100 v.) (Tarazona,
7-X-1547). No se conserva la capitulación, aunque sí las fianzas otorgadas por el maestro el 7-1-1548
(A. D. P. Z., Fondos de Veruela, n.° 115, fragmento de protocolo de Francisco Pobar, notario de
Tarazona, 1548, s. f.). En 1548 aparece de nuevo en Borja y se dice mazonero (A. H. P. B., Lope de
Aoiz, 1548, s. f.) (Borja, 21-11-1548). Desconocemos sus actividades entre 1552, año en el que ya había
concluido la decoración de la nave mayor (A. C. T., Actas Capitulares, f. 124) (Tarazona, 25-VI-1552),
y 1562, fecha ésta en la que aparece trabajando en el monumento de la parroquia de San Nicolás en
Tudela (CASTRO, J. R., «Pintores navarros del siglo XVI», Príncipe de Viana, n.° 9, (Pamplona,
1942), p. 401), documento en el que se dice pintor. A partir de ese momento desarrolla una actividad
muy intensa en Tarazona hasta el momento de su muerte (cfr. nota n.° 16).
9. Documentado en Tarazona desde 1534, en 1538 consituye procuradores a su hermano Pedro
Ronger, entretallador, y a Francisco Gonzales, tapiador, vecinos de Tarazona, para cobrar de Anton
de Beoxa, maestro de villa y vecino de Borja, ciertas cantidades que le adeuda, por lo que cabe suponer
que trabajaba a las órdenes de éste, responsable de las obras de Santa María de Borja, en la decoración
de dicho edificio. En 1539 marcha a Francia para hacer efectiva la herencia de sus padres, siendo su
siguiente trabajo conocido la tasación de la labor del recién fenecido Baltasar de Arras en el claustro
del monasterio de Fitero, en 1545. En 1551 recibe el encargo de un retablo bajo advocación de San
Babil para mosén Pedro Serrano, canónigo de Sta. María de Tudela, proponiéndose como modelo un
trabajo anterior de su mano para Pedro Villarroya, tesorero de Tortosa y canónigo de Tarazona (sobre
estos dos retablos, conservados en la parroquial de calcena (Zaragoza), cfr. CRIADO MAINAR, J., El
círculo artístico..., ob. cit., pp. 32-34). En los capítulos matrimoniales habidos en 1554 entre el escultor
y Ana Beraton, maestre Pierres aporta entre otras sumas lo que se le debe por un retablo que hizo para
la parroquial de Ablitas (obra conservada) y lo que se le ha de pagar por la magnífica sepultura del deán
Miguel de Erla, sita en la capilla de San Pedro y San Pablo de la catedral de Tarazona (noticias
provinientes de SANZ ARTIBUCILLA, J. M.a, «El maestro entallador Pierres del Fuego. Sus primeros
oficiales y obras en Navarra», Príncipe de Viana, n.° 15, (Pamplona, 1944), pp. 145-158, y «El maestro
entallador Pierres del Fuego. Tragedia familiar y últimas obras en Navarra», Príncipe de Viana, n.°
17, (Pamplona, 1944), pp. 329-338). También en 1551 participa en el concurso para la adjudicación
del retablo mayor de la parroquia tudelana de la Magdalena (CASTRO, J. R., «Escultores navarros»,
Príncipe de Viana, n.° 21, (Pamplona, 1945), pp. 525-530, doc. n.° 1). En 1559 trabaja en el palacio
de Guaras (doc. n.° 7), y en 1561 y 1565 el pintor Rafael Juan de Monzón le encarga la mazonería de
sendos retablos para la parroquial de Fustiñana (retablo mayor) y la capilla de los Tornamira en San
Nicolás de Tudela (CASTRO, J. R., «Pintores navarros del siglo XVI», Príncipe de Viana, n.° 10,
(Pamplona, 1943), pp. 30-32, docs. n.os 3 y 6).
10. El pintor Pietro Morone, documentado como tracista del patio del palacio episcopal en
a
ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C , y AINAGA ANDRÉS, M. T., «Para el estudio...», ob. cit., pp. 187-190, y
como autor del retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Tarazona en CAÑADA SAURAS, J., «Nuevos
documentos del monasterio de Veruela en el Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza»,
Cuadernos de Estudios Borjanos, n.° VII-VIII, (Borja, 1981), p. 292, n.° 134, respectivamente en los
[3] 75
JESUS CRIADO MAINAR
años 1558 y 1572, y que en 1557, diciéndose vecino de Tarazona, cobraba 2000 sueldos del concejo de
Paracuellos de Jiloca en parte de pago del retablo mayor de la parroquial de dicho lugar (MORTE
a
GARCÍA, M. C , «Aspectos documentales sobre la actividad pictórica en Tarazona durante el siglo
XVI», TVRIASO VI, (Tarazona, 1985), p. 304, doc. n.° 29. La noticia, sin embargo, ya había sido
dada a conocer con notoria anterioridad por SANZ ARTIBUCILLA, J. M.a, «Dos obras nuevas del pintor
Pedro Moron», Heraldo de Aragón, 12 de diciembre 1948) y que, por último, en 1565, nominándose
vecino de Ibdes, contrataba en Tarazona el retablo mayor del monasterio de San Agustín de Agreda
(CASTRO, J. R., «Escultores navarros», Príncipe de Viana, n.° 21, (Pamplona, 1945), pp. 532-533,
doc. n.° 12) no parece ser, sin embargo, el único pintor de importancia que trabaja en Tarazona por
estas fechas. Según MORTE GARCÍA, M.a C , «Aspectos documentales...», ob. cit., p. 289, a él se deben
algunos de los retratos del Salón de Obispos de la Zuda; también lo considera autor del retablo mayor
de la Magdalena, de hacia 1566 (MORTE GARCÍA, M.a C , Gran Enciclopedia Aragonesa, vol. IX, voz
«Pietro Morone», Zaragoza, 1981, pp. 2355-2356), siguiendo en ello a MOYA VALGAÑÓN, J. G., «Micer
Pietro Morone, pintor en Aragón en el siglo XVI», Bellas Artes, n.° 60, (Madrid, 1978), pp. 43-44.
Un documento dado en Tarazona en 1565 (CAÑADA SAURAS, J., «Nuevos documentos...», ob. cit., p.
293, doc. n.° 141) nos pone al corriente de que en dicha fecha el pintor tomó a Miguel Diaz, hijo de
Pedro Diaz, como aprendiz por tiempo de cinco años y medio.
11. El concejo turiasonense, reunido a 31-VII-1557, concedía licencia para hacer en la plaça de
la Seo de la dicha ciudat, junto a la cruz, un brollador, prometiendo acudir con 500 sueldos que se
pagarían con cargo a los fondos de la primicia; el resto de la financiación habría de correr por cuenta
de los vecinos de la plaza (A. H. P. T., Papeles Sueltos, fragmento de la Secretaría de Juan de
Marquina, 1557, s. f.). La obra de esta fuente o brollador tardó, sin embargo, tres años a ser
encomendada a Brimbeuf. Según SANZ ARTIBUCILLA, en 1665 fue preciso repararla por encontrarse muy
deteriorada (Historia de la Fidelísima y Vencedora Ciudad de Tarazona, Madrid, 1930, vol. Il, p. 263),
siendo sustituida a comienzos del siglo pasado por otra nueva, que en tiempos del canónigo turiasonense
aún era conocida popularmente como el brollador, según refiere en «El cantero Guillaume Brimbeuf»,
Heraldo de Aragón, 30 de noviembre de 1943.
12. En la capitulación de los pilares de la Lonja se señala que la piedra que se utilizará ha de ser de
la mesma calidad y fortaleza que es la piedra del Rollo de la dicha çiudat (doc. n.° 3). Este pequeño
humilladero de planta central, que aún guarda una columna tallada en su interior, ha sido recientemente
restaurado por Alejandro Rincón y José Miguel Pinilla (BoRQUE RAMÓN, J. J., «Restauración del
templete del Crucifijo en Tarazona», TVRIASO V, (Tarazona, 1984), pp. 378-379).
13. Dicho documento nos informa de que en Guaras trabajaron Juan de Leon, Pierres del Fuego
y Guillaume Brimbeuf. En la Zuda colaboraron, entre otros, Pietro Morone, Juan de Leon, Guillaume
Brimbeuf y, si hacemos caso a SANZ ARTIBUCILLA (cfr. nota n.° 7), Pierres del Fuego, aunque no está
probado. Otro tanto ocurre con la Lonja y, con seguridad, en otros muchos más casos. Este grupo de
artífices se completa con Alonso Gonzalez, al que la documentación casi siempre vincula con la catedral.
Sin embargo, es imposible hacer una diferenciación formal de la labor escultórica del cimborrio y la
capilla de la Purificación ambos en aquel templo, con la de la escalera de la Zuda, ésta supuestamente
de Pierres del Fuego (cfr. nota n.° 24). Según SANZ ARTIBUCILLA J. M.a, «El maestro entallador...»,
ob. cit., n.° 17, pp. 333-334, Bernal del Fuego, hijo de Pierres del Fuego, se formó con Alonso
Gonzalez. Las relaciones entre ambos maestros debieron afectar sin duda a la producción artística de
los mismos.
14. Véase ESCRIBANO SÁNCHEZ, J. C. y AINAGA ANDRÉS, M.a T., «Para el estudio...», ob. cit.,
p. 186, y MORTE GARCÍA, M.a C , «Aspectos documentales...», ob. cit., p. 288.
15. Las diferencias estilísticas entre los trabajos fechados en los años 50 y comienzos de la década
siguiente con los de 1570 en adelante son abismales. Un caso ejemplar lo constituyen Pierres y Bernal
del Fuego, padre e hijo, como se desprende de la comparación del sepulcro de Miguel de Erla, obra
de Pierres (1554) y de la portada de la catedral, de 1577 (cfr. nota n.° 17), obra de Bernal. No tienen
nada que ver, y no por su calidad, sino por su diferente concepción artística. Recuérdese un dato
tremendo que permite calibrar la importancia del cambio. En 1565 Rafael Juan de Monzón encargaba
a Pierres del Fuego la talla de la mazonería de un retablo para la capilla de los Tornamira en San Nicolás
de Tudela. Entre las condiciones de la concordia se hacía constar que en los frisos de dicho retablo, que
76 [4]
MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
[5] 77
JESUS CRIADO MAINAR
no 19: empresas todas acogidas al mecenazgo de don Hernando de Aragon, y a las que
cabe sumar realizaciones particulares como las casas Zaporta y Morlanes 20. Son, sin
duda, los años más brillantes de la segunda generación de escultores aragoneses del
renacimiento, la última a la altura de los maestros del primer tercio de la centuria.
En 1556, aunque ya trabajando en Tarazona, se dice vecino de Borja21 (doc. n.°
3), y en 1559, habitante en Tarazona (doc. n.° 5).
Por último, en 1565, mientras presta sus servicios en las obras del castillo de
Ablitas 22, sigue apareciendo como residente en Tarazona.
Las relaciones artísticas entre Aragón y Navarra en la decimosexta centuria
cuentan con una bibliografía muy copiosa que no es preciso recordar ahora.
Dentro de dicho contexto, resultan de particular interés los intercambios entre
Tarazona y Tudela, situadas a ambos lados de la por entonces ya poco real frontera
entre ambos reinos, pero reunidas bajo la mitra turiasonense. Dicha problemática,
sobradamente contemplada en los trabajos de CASTRO y SANZ ARTIBUCILLA,
debe ser, sin embargo, objeto de revisión.
19. Una vez concluidas las obras de ampliación de la Seo de Zaragoza y de decoración de la misma
(de las que tan solo las últimas están documentadas, cfr. ABIZANDA Y BROTO, M. Documentos..., ob. cit.,
1932, vol. Ill, pp. 176-177, correspondiendo a Charles de Mendibe y Juan de Segura; ESPES, D.,
Historia Ecclesiastica de la ciudad de Çaragoça..., 1598, ff. 840-840 v., ms. del Archivo Capitular de
la Seo, da como autor de las primeras también a Mendibe), don Hernando procedió a la dotación de lo
que había de ser su capilla funeraria en sustitución de lo que posiblemente se pensó como su primer
enterramiento: la capilla de San Bernardo de Santa María de Veruela (que acabó siendo enterrorio de
tan solo fr. Lope Marco, abad verolense y auténtico brazo derecho del arzobispo, cfr. CRIADO MAINAR,
J., «La construcción en el dominio rerolense durante el segundo tercio del siglo XVI», TVRIASO VI,
(Tarazona, 1985), pp. 253-283). La capilla de San Bernardo de la Seo custodia algunas de las piezas
más sobresalientes de la escultura zaragozana de mediados de siglo: retablo de San Bernardo, obra de
Pedro Moreto (1553-1555); sepulcro de don Hernando de Aragon, obra de Bernardo Perez (1550-1551);
sepulcro de Ana de Gurrea, obra de Juan de Liceire (1553). tal y como ocurre en la capilla de Veruela,
el pintor Jerónimo Cosida debió de actuar aquí también como tracista y responsable del diseño de sus
retablos y sepulcros. Estos mantienen la misma estructura formal y compositiva de los realizados por
él para Monzón (1558) y Caspe (1558) entre otros, muy evolucionada con respecto a los escultores del
primer tercio del siglo (cfr. ABIZANDA Y BROTO, M. Documentos..., ob. cit., 1915, vol. I, pp. 168-173,
159-167; 1932, vol. Ill, pp. 103-106).
20. La importante decoración escultórica de los ventanales de la casa Morlanes aparece fechada
por una inscripción epigráfica en la que se lee 1555. Otro tanto ocurre con el denominado Patio de la
Infanta de la desaparecida casa Zaporta, en el que en distintas partes figura la fecha de 1550. Por último,
en las dos jambas de la portada de yeserías situada en el muro occidental interior de la Lonja, en origen
acceso a las Casas de la Ciudad, fue colocada la fecha 1551.
21. Desconocemos los posibles encargos que pudiera recibir en Borja, dado que tras la reforma
de la colegiata de Santa María, que no se debió prolongar mucho más allá de 1547, no se acometió
ninguna otra obra de relevancia hasta pasados bastantes años.
22. Cfr. GARCÍA GAÍNZA, M.a C , et alt., Catalogo monumental de Navarra. I. Merindad de
Tudela, Pamplona, 1980, pp. 1 y 8. Aquí se alude a una importante reforma en estilo gótico-renacentista
de la parroquial de Ablitas con la intervención de los maestros Pedro Verges y Guillaume Brimbeuf,
que originó la formación de una gran nave con capillas laterales y coro alto a los pies. La noticia se
completa con una serie de alusiones a los protocolos de Martin Martinez de Azpiroz, notario de Ablitas,
correspondientes a 1564 y 1565 (nota n.° 3 del texto), sin especificar a qué se refieren. La consulta de
los registros de 1563, 1564 y 1565 de este notario, custodiados en el A. H. P. Td., nos ha permitido
descubrir que entre 1563 y 1564 no fue remodelada la nave de la parroquial de Ablitas, habida cuenta
que tan solo se levantó una nueva capilla, a cargo de la cofradía de la Concepción (A. H. P. Td., M.
Martinez, 1563, ff. 462-469), encargada a Pedro Berges, obrero de villa de la ciudad de Tudela, según
se colige de la obligación que éste suscribe con Martín Salinas, piquero de Ablitas, para recibir todo
el algez necesario en la obra (A. H. P. Td., M. Martinez, 1564, ff. 247-248 y 405-406 v.). Pedro
Berges trabajó también en las obras del castillo de esta localidad (A. H. P. Td., M. Martinez, 1563,
ff. 294-295 v.), tasadas por Pedro de Azpeytia, obrero de villa de Tudela, y Baltasar Bera, vecino de
Torrellas, el año siguiente (A. H. P. Td., M. Martinez, 1564, ff. 150-151). Será en esta empresa, y
no en la de la iglesia, en la que participe Guillaume Brimbeuf, aunque en 1565 (doc. n.° 9), fecha en
la cual ya no se alude a Pedro Berges.
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MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
23. Gomo ya hemos visto, Pierres del Fuego trabajaba en Ablitas c. 1554, y en Tudela en 1561
y 1565 (cfr. nota n.° 9), Alonso Gonzalez aparece en Tudela en 1562 (cfr. nota n.° 8), y Brimbeuf
también en Ablitas en 1565. No son, sin embargo y sin salimos de los años 1545-1565, los únicos casos.
Valga el ejemplo .de Prudencio de la Puente, pintor turiasonense, que en 1546 tasaba junto a Pedro
de Miranda los trabajos del también pintor Andres de Sedano para Santa María de Tudela, participando
dos años después en los trabajos del retablo de la Asunción para la parroquial de Murchante (CASTRO,
J. R., «Pintores navarros del siglo XVI» Príncipe de Viana, n.° 8, pp. 257-278). La lista sería
interminable.
24. Una de las cuestiones más complicadas dentro del grupo de artífices que estudiamos consiste
en la diferenciación entre algunos de los trabajos escultóricos de Pierres del Fuego y Alonso Gonzalez.
El parecido entre los frisos de Guaras y de la Purificación es notable, pero es que los últimos, de Alonso
Gonzalez, y los de la caja de la escalera de la Zuda, supuestamente de Pierres del Fuego, parecen
hechos con moldes idénticos (cfr. nota n.° 13). A este mismo grupo pertenece el friso descubierto hace
poco en el ático de una casa de la calle del Conde, también en Tarazona. Como ya hemos dicho antes,
las relaciones entre ambos debieron ser muy estrechas, hasta el extremo de que Bernal, hijo de Pierres,
comenzaría trabajando con Alonso Gonzalez.
25. Como ya hemos dicho, Pietro Morone no parece ser el único pintor importante que trabaja
en Tarazona entre 1545 y 1565. Aunque conocemos las capitulaciones de la decoración y pinturas de la
cabecera de la catedral y de la capilla de San Antonio de Padua en la iglesia de San Francisco (en las
que se alude a la capilla de la Purificación y a la cabecera), el contratante es en ambos casos Alonso
Gonzalez, que en el primer caso se dice entallador y en el segundo architector, y que no está claro sea
el autor material de la parte pictórica (aunque en un documento de 1562 se diga pintor, lo hace en
compañía de Pedro Pertus; cfr. nota n.° 8). Tan solo es más explícita la capitulación habida entre
Alonso Gonzalez y el cabildo para decorar el cimborrio, en la que se estipula que la obra de pintar y
dorar que se ubiere de hazer en el dicho cimborio, la haga maestre Prudencio por el precio que otro la
hiziere (MORTE GARCÍA, M.a C , «El cimborrio...», ob. cit., p. 147. Cito por su transcripción). Amén
de los escudos e inscripciones, el contrato prescribe la construcción de una pequeña capilla con pinturas
murales y un retablo de pincel, desaparecidos en la restauración de Chueca Goitia. Sin embargo,
Prudencio de la Puente muere en 1553, fecha en que se levanta un inventario de sus bienes (MORTE
a
GARCÍA, M. C , «Aspectos documentales...», ob. cit., pp. 292-293, doc. n.° 28). Aparentemente
seguimos, pues, sin conocer al autor de las pinturas de la cabecera, de la capilla de la Purificación,
de las tal vez nunca ejecutadas de San Antonio de Padua (contratadas todas por Alonso Gonzalez), y
de los palacios de Guaras y del Marqués de San Adrián aunque, sin duda, debe ser la misma persona.
Sobre Prudencio de la Puente y los otros pintores de esta familia, véase MORTE GARCÍA, M.a C ,
«Aspectos documentales...», ob. cit., pp. 288, 292 y 293, y el Apéndice documental, así como nuestra
nota n.° 23. También hemos documentado a maestre Prudencio en Borja, ya que en 1544 otorgaba apoca
de 800 sueldos como pago de sus trabajos en un retablo de San Sebastián para dicha ciudad (A. H. P.
B.Juan Coscolluelo, 1544, f. 28) (Borja, 27-1-1544).
[7] 79
JESUS CRIADO MAINAR
Estas pinturas formaban parte, sin duda, de un programa decorativo mucho más
amplio hoy desaparecido, particular que dificulta su estudio. El responsable de la
ejecución de estos frescos (en el caso de Tarazona cabe hablar en propiedad de temples
a la cola26) no puede ser otro que el autor de las pinturas murales de la caja de la
escalera del palacio del Marqués de San Adrián27, también de carácter profano.
Los frisos conservados en dos de los salones del piso noble del palacio tudelano,
uno de yeso y otro de madera, también, se relacionan con ejemplos turiasonenses
salidos del taller de Pierres del Fuego y Alonso Gonzalez 28, resultando hoy insosteni-
ble la atribución de CASTRO 29 a Esteban de Obray del alero de su fachada tanto por
razones de tipo formal como cronológicas30.
El renacimiento aragonés destaca particularmente en el campo de la escultura
figurativa, coincidiendo su máximo esplendor con la generación de artistas del
primer tercio del siglo, aunque su importancia se mantenga hasta fines de la década
de los años 50. Sin embargo, es a partir de estas fechas cuando la escultura de Navarra
y La Rio ja cobra auténtico peso específico, sobresaliendo en el mundo artístico
generado por el romanismo.
En dicho contexto, Tarazona aparece a caballo entre la capital aragonesa y
Navarra, como pieza de engarce en el flujo existente entre las dos zonas de una gran
unidad geográfica en el campo de las relaciones artísticas: el valle medio del Ebro.
26. Agradecemos a Mercedes Torre Juan y Jesús Caudevilla Morales los estudios técnicos que en
estos momentos realizan en el taller de restauración RESTAVRO de Zaragoza de las pinturas murales
del palacio de Guaras, y a Javier Paricio Royo los estudios fotográficos de las mismas.
27. Cfr. nota n.° 25. Hay que destacar que el friso decorativo que corona las grisallas de Tudela
es idéntico a lo conservado en el palacio de Guaras y que, compositivamente, las propias pinturas de
blanco y negro están muy cerca de lo descrito en la capitulación de la capilla de San Antonio de Padua.
28. Recuérdense los ejemplos ya aludidos de Guaras, capilla de la Purificación, escalera de la
Zuda, calle del Conde y otros muchos de carácter más limitado.
29. CASTRO, J. R., «Escultores navarros», Príncipe de Viana, n.° 14, (Pamplona, 1944), p. 32.
Atribuye dicho alero a Esteban de Obray por parentesco artístico con otras obras documentadas del
escultor.
30. Esteban de Obray otorgaba testamento en Tudela el 10-III-1551, falleciendo al parecer poco
después (ECHEVARRÍA GOÑI, P., y FERNÁNDEZ GRACIA, R., «Precisiones sobre el Primer Renacimiento
en Navarra», Príncipe de Viana, n.° 169-170, (Pamplona, 1983), p. 32, doc. n.° 2). Consideramos que
tanto los aleros, frisos y pinturas como la propia fábrica del palacio y su patio debieron ser levantados
entre finales de la década de 1550 y comienzos de la siguiente, y constituyen uno de los ejemplos más
sobresalientes de la presencia en la ciudad navarra de los mejores artistas asentados en Tarazona por
entonces.
80 [8]
MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
APÉNDICE DOCUMENTAL
[9] 81
JESUS CRIADO MAINAR
82 [10]
MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
Ittem el dicho maestre Guillaume ha de hazer y labrar los dichos tres pilares, peanna y capiteles a
sus costas, de veynte y dos palmos de altura cada uno de los dichos pilares, en la qual altura se
conprenden peannas, ya capiteles de los dichos pilares, dando la proporción que según Parte se requiere.
Y de grueso ha de tener cada un pilar de diametro dos palmos, y la coluna de cada un pilar a de ser de
una pieça.
Ittem el dicho maestre Guillaume ha de labrar cada uno de los dichos tres pilares con sus basas y
capiteles jónica canalados del tercio ariba, y del tercio abaxo [tachado: canala] flautados ronpidos, y las
basas y chapiteles conforme a las colunas. Y todos los dichos tres pilares, basas y capiteles han de ser
muy bien labrados y proporcionados y agraciados en labor y tercios, conforme a la arte jónica y sometria
lo requiere. Los quales dos pilares los ha de dar hechos y acabados y perfeccionados y asentados a sus
costas y espensas para el quinzeno dia del mes de octobre primero beniente de presente año de mil y
quinientos y cinquenta y siete, a contentamiento de los dichos señores justicia, jurados y personas
nombradas.
Ittem después de acabados en toda perfection y asentados como ariba esta dicho los dichos tres pilares
en el sitio de la dicha Lonja donde le sera señalado, los dichos señores justicia y jurados y personas
nombradas ofrecen de dar y dan al dicho maestre Guillaume por el precio (Pellos, costa, obra y trabajos,
por cada un pilar con su chapitel y peanna, trezientos y beinte sueldos, que por todos los dichos tres
pilares con sus basas y chapiteles monta nobecientos y sesenta sueldos. Los quales se le an de pagar
d'esta manera: el un tercio para luego de presente, y el otro tercio a mediada la dicha obra, y el tercero
y ultimo tercio cabados y asentados los dichos pilares con sus basas y chapiteles.
Ittem que en caso que el dicho maestre Guillaume no diere labrados y asentados en toda perfection
los dichos tres pilares para el dicho quinzeno dia del mes de octobre, tenga de pena trenta ducados. Y
para pagar la dicha pena y el precio que hubiere recebido ha de dar fianças y llanos pagadores, a
contentamiento de los dichos señores justicia y jurados y personas nombradas. Las quales fianças sean
tan principalmente tenidas y obligadas de pagar la dicha pena y precio como el dicho maestre
Guillaume.
Ittem que en caso que el dicho maestre Guillaume no diere acabados y perfecionados de todo punto
y asentados los dichos tres pilares con sus basas y chapiteles dentro del dicho tiempo, a contentamiento
de los dichos señores justicia y jurados y personas nombradas, a costa y daño del dicho maestre
Guillaume y sus fiadores puedan hazer traher piedras y azer labrar y asentar los dichos pilares, en la
forma sobredicha y como se requiere para semejante obra, como ha de ser y serbir.
[Clausulas de escatocolo. Clausulas de fianza (Joan Merino, fustero, Joan de Leon, obrero de villa, y
Ogier de Xalon, agujetero). Consignación de dos testigos (García Lopez de Arabiano, infanzón, y Pedro
Cunchillos, escribiente, habitantes en Tarazona)].
[11] 83
JESUS CRIADO MAINAR
84 [12]
MAESTRE GUILLAUME BRIMBEUF (1551-1565), EJEMPLO DE LAS RELACIONES ARTÍSTICAS...
10
[13] 85
JESUS CRIADO MAINAR
aiata a la torre del homenaje del castillo de Ablitas, así corno de las caballerizas del
mismo. El trabajo ha de ser concluido para San Miguel de septiembre del año en curso,
obligándose el señor de Ablitas a pagarle 500 libras jaquesas, 60 arrobas de trigo, 160
cantaros de vino y un vestido.
A. H. P. Td., protocolo de Martin Martinez de Azpiroz, notario de Ablitas,
1565, ff. 32-35 v.
-Referencia, GARCÍA GAÍNZA, M.a C , et alt., Catálogo Monumental de Navarra.
I. Merindad de Tudela, Pamplona, 1980, p. 8.
86 [14]
Para un panorama de la pintura
barroca en Navarra. Nuevos
lienzos de escuela madrileña
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
1. VALDIVIESO, E., OTERO, R. y URREA, J.: El barroco y el Rococó. Historia del Arte Hispánico.
Vol IV. Madrid, 1980, pág. 331.
2. ECHEVERRÍA GOÑI, P., GLEZ DE ZARATE, J. M. y VELEZ CHAURRI, J.: Un pintor flamenco del
siglo XVII en el País Vasco. Pedro de Obrel en Salvatierra y Oñate. B.S.A.A.V. (En Prensa).
3. AD. Pamplona. Lanz. C/ 1153, núm. 11. Proceso sobre la tasación desiete cuadros de Pedro
Ibiricu para el retablo mayor de San Pedro de la Rúa de Estella.
4. ARRESE, J. L.iArte religioso en un pueblo de España. Madrid, 1963, pág. 19 y GARCÍA GAINZA,
M. C. y otros: Catálogo Monumental de Navarra. Merindad de Tudela. Vol. I. Pamplona, 1980.
[1] 87
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI / RICARDO FERNANDEZ GRACIA
José Bravo, pintor de Burgos y «mayor del arzobispado de la dicha ciudad y del
obispado de Calahorra y La Calzada», además de otras obras en Viana5.
En la primera mitad del siglo XVII las fórmulas manieristas de Juan de Lumbier
se barroquizan en el pincel de su yerno José de Fuentes, autor de los lienzos del retablo
mayor de Ablitas6. La personalidad artística de Vicente Berdusán nos es bien conocida
tras el estudio monográfico de Casado y otras aportaciones posteriores que la han
perfilado más 7, a través de los cuales se nos presenta como conocedor de la pintura
madrileña del momento a la que pudo llegar a través de obras importadas en la
segunda mitad del siglo XVII. Su influencia se deja sentir en Francisco Crespo, su
hijo Carlos e incluso en José Eleizegui fallecido en Tudela en 1743 8. Los Díaz del
Valle, Ignacio y su hijo Diego, residentes en Cascante, son los únicos pintores activos
en la segunda mitad del siglo XVIII, aunque con obras de calidad discreta a lo largo
de toda Navarra.
En Pamplona y Estella se localizaban los talleres de Pedro de Ibiricu y Andrés
de Armendáriz cuya producción en la segimdajnitad del seiscientos estaba todavía
anclada en un tenebrismo local. Apenas conocemos obras en Navarra de Juan de
Espinosa que en un documento fechado en Asiain el 14 de octubre de 1644 aparece
como natural de Puente la Reina y casado con Jerónima Díaz de Ororbia^; a él
corresponde el lienzo de la Visión de San Benito, firmado y fechado en 1642 en las
Benedictinas de Lumbier, unos años antes de que se hiciese cargo de la colección de
cuadros para el monasterio de San Millán de la Cogolla10. Un siglo más tarde trabaja
Pedro Antonio de Rada, autor de toda la decoración de lienzos pintados de la sacristía
de la catedral de Pamplona en 1762.
Si dejamos aparte la prolija obra de Vicente Berdusán, el capítulo más interesante
del patrimonio pictórico navarro lo constituyen las importaciones de lienzos desde
la Corte para las nuevas fundaciones conventuales, de las que nos ocuparemos más
adelante. Junto a Madrid, serán otros talleres como los de Aragón, La Rioja,
Valladolid, así como los más excepcionales de Roma y América los que exportarán
cuadros destinados al exorno conventual y de particulares.
La influencia aragonesa se detecta como es lógico, en tierras meridionales y se
concreta en la presencia de lienzos dieciochescos de Francisco del Plano y Pablo
Raviella. Del primero documentó Arrese las pechinas de San Miguel de Corella11,
intervención a la que debemos añadir los dos cuadros de los Santos Juanes y Santa
Margarita y Santa Inés de la parroquia de San Pedro de Olite por los que percibía
en 1706 300 reales 12 y con toda probabilidad las decoraciones del convento de San
Francisco de Viana; mientras que de Pablo Raviella -presumiblemente el hijo- son
5. AGN. Prot. Not. Los arcos. Pedro Jalón de Ayala. 1742, fol. 48. Encargamiento de obras de
dorado y pintura y LABEAGA MENDIOLA, J. C : Viana monumental y artística. Pamplona, 1984, págs.
328 y 329.
6. APT. Tudela. José del Arco. 1657. Auto sobre el retablo mayor de Ablitas.
7. CASADO ALCALDE, E.: Berdusán. PV (1978), págs. 507 y ss. ECHEVERRÍA GOÑI, P. y FDEZ
GRACIA, R.: Vicente y Carlos Berdusán, pintores de Santa Teresa. Nuevos lienzos en Pamplona y
Lazcano. En «Santa Teresa y Navarra. IV Centenario de su muerte» Pamplona, 1982, págs. 287-298.
GARCÍA GAINZA, M. C : Nuevas obras de Vicente Berdusán. En «El arte barroco en Aragón». Actas del
III Coloquio de Arte Aragonés. Zaragoza, 1983, págs. 295-308.
8. Arch. Parroq. San Jorge de Tudela. Libro de Difuntos de la Parroquia de San Juan 1700-1777,
fol. 20.
9. AGN. Prot. Not. Asiain. Juan de Oteiza. 1644. Escritura de transacción de Juan de Espinosa
y su mujer en favor de Juan Pérez vecino de Mendigorría.
10. CEAN BERMÚDEZ, A.: Diccionario histórico de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes en
España. Vol II. Madrid, 1965, págs. Al-Al. GUTIÉRREZ PASTOR, I.: Catálogo de pintura del monasterio
de San Millán de la Cogolla. Logroño, 1984, págs. 74-75.
11. ARRESEJ. L.: Op. cit., pág. 19.
12. Arch. Parroq. de Santa María de Olite. Libro de cuentas de la parroquia de San Pedro desde
1688.
88 [2]
PARA UN PANORAMA DE LA PINTURA BARROCA EN NAVARRA. NUEVOS...
los enormes lienzos del Sueño de San José y la Virgen con el Niño acompañados de
un gran cortejo en gran escenografía barroca que, procedentes de la capilla de la
Virgen de la Esclavitud en la extinta parroquia de San Juan se conservan en la
actualidad en la de San Jorge de Tudela13. Por vía de legado testamentario llegaron
a Cascante en 1672 los cuadros de la Oración del Huerto, Cristo en la columna,
Ecce-Homo y Coronación de Espinas, pintados por Andrés de Urzainqui14, natural
de la localidad y establecido en Zaragoza15, de los que todavía se conservan tres en
la sacristía de la parroquia de la Asunción.
De procedencia castellana son los lienzos de Santa Teresa con Cristo a la columna
de los Carmelitas de Pamplona, firmado por fray Diego de Leyva16 y las pinturas
de José Bejes, activo en La Rioja, que se le atribuyen en Viana17 y los cuadros de la
capilla de la Virgen del Camino en San Saturnino de Pamplona. Vallisoletanos son
los lienzos de San José y la Transverberación de Santa Teresa (1672) del convento de
carmelitas de Pamplona, firmados por Diego Díaz Ferreras, el pintor más fecundo
de la escuela en la segunda mitad del siglo XVII18.
La presencia de Italia y más concretamente de la Ciudad Eterna en el mundo del
arte del Barroco también se dejó sentir en Navarra a través de la llegada de unas
cuantas pinturas como el Nacimiento de la sacristía de la catedral tudelana, donado
por el arcediano de Zaragoza en 165119, el pequeño Calvario rodeado de guirnalda
de Jacobo Palma el joven de las Recoletas de Pamplona20, el Cristo de la Paciencia
de Borgiani y otros catorce cuadros romanos del mismo convento, la Aparición de
Cristo a Santa Margarita de Cortona, firmado y fechado en Roma por Vicente Rudiez
de Cascante en 1757 21. En 1729 llegaron desde Roma por vía de regalo para la basílica
de San Ignacio de Pamplona los lienzos del santo vestido de guerrero y la Caída del
mismo remitidos por el hermano jesuita Emeterio Montato y el padre Manuel Larre-
guera respectivamente22.
Por otro lado, el envío de obras desde Ultramar no se reduce a piezas de orfebrería
ya que existen pinturas adquiridas en talleres mejicanos con destino a iglesias navarras
como la Inmaculada de las dominicas de Tudela, la Guadalupana de San Pedro de
la Rúa de Estella y la Virgen de los Remedios de Aberin, firmadas en 1700 y 1701
por Juan Correa y el retrato del obispo José Pérez de Lanciego, enviado en 1720 a
Santa María de Viana y firmado por Juan Rodríguez Juarez 23. También son de origen
mejicano el retrato de don Martín de Elizacoechea, obispo de Durango y Michoacán
y natural de Azpilcueta que se encuentra en la parroquia de esa localidad baztanesa
por haber contribuido sustanciosamente a su edificación hacia 1752, así como los
lienzos de la Trinidad de las parroquias de Puente la Reina atribuidos a Miguel
Cabrera y donados a su villa natal por el indiano Miguel de Gambarte en 1768.
13. Arch. Parroq. de San Jorge de Tudela. Libro de Matrícula de la Parroquia de San Juan.
Notas de los últimos folios.
14. FERNÁNDEZ MARCO, J. L: Cascante. Compendio de 2.000 años de historia. Bilbao, 1983, págs.
75-76.
15. MORALES Y MARÍN, J. L.: La pintura aragonesa en el siglo XVII. Zaragoza, 1980, págs. 85-86.
16. ECHEVERRÍA GOÑI, P. y FDEZ GRACIA, R.: El convento e iglesia de los Carmelitas Descalzos
de Pamplona. Exorno artístico. PV. (1981), págs. 879 y 882.
17. LABEAGA MENDIOLA, J. C.: O p . cit., págs. 190-191 y GUTIÉRREZ PASTOR, I.: O p . cit., págs.
55-57.
18. ECHEVERRÍA GOÑI, P. y FDEZ GRACIA, R.: El convento..., págs. 860 y 868.
19. SEGURA MIRANDA, J.: Tudela. Historia leyenda arte. Tudela, 1964, pág. 126.
20. SEGOVIA VILLAR, M. C : El convento de Agustinas Recoletas de Pamplona. B.S.A.A.V. (1980),
pág. 264.
21. GARCÍA GAINZA, M. C. y otros: Catálogo... Vol. III. Pamplona, 1985, pág. 297.
22. AD. Pamplona. Caj. 296, núm. 1. Libro de cuentas de la basílica de San Ignacio de Loyola
1668-1829.
23. GARCÍA GAINZA, M. C. y otros: Catálogo, Vol. I, pág. 335. Vol. IL Pamplona, 1983, págs.
XLVII, 476 y 479 y LABEAGAMENDIOLA,J. C : Op. cit., págs. 189-190.
[3] 89
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI / RICARDO FERNANDEZ GRACIA
Como cabría esperar fue la Corte española, el foco pictórico de más importancia
a nivel nacional, la que mayor número de lienzos suministró para otros reinos y
provincias y por supuesto con destino a Navarra. El tráfico más intenso se registra
en la segunda mitad del siglo XVII y comienzos del XVIII, sin que por ello dejen
de llegar de forma más esporádica obras de cronología anterior.
De la primera mitad del siglo XVII se conservan pinturas de Diricksen en
Tudela24, Orrente en Corella25, Cajés en Sartaguda, Antonio Rizi, Carducho,
Camilo y Pedro Villafranca en Pamplona26, además de otros lienzos como los del
retablo mayor de Codés27. La llegada a la capital navarra en 1666 de la Fundación
de la Orden de la Trinidad, obra de Carreño en colaboración con Francisco Rizi,
para la iglesia de los trinitarios, marca no sólo un jalón en la producción artística
de esos maestros cortesanos, sino también el comienzo de un período mucho más
fecundo en lo que a importaciones se refiere. Asimismo su contemplación pudo
influir decisivamente en la evolución del estilo de Berdusán quien tuvo que convencer
a los frailes de la calidad del lienzo para que lo aceptasen. Con posterioridad a esa
fecha se documentan los cuadros de Coello, Ximénez Donoso y Espinosa de los
Monteros en Corella28, Cerezo en Cascante, Francisco Solís en Viana29, Antonio
Castrejón y Ezquerra en Olite30, Escalante en Lumbier, así como los de la capilla
de San Joaquín de los carmelitas de Pamplona de estilo madrileño y firmados por
Marcos Gonosalio31 y los anónimos de Barasoain, Tudela, Arróniz, Lodosa y otras
localidades.
Esta abundancia contrasta con la escasez de importaciones en el XVIII, siglo en
el que todavía llegan algunas obras como el retrato de Campomanes de Alejandro
Carnicero en la catedral de Tudela32 y las pinturas del corellano Antonio González
Ruiz, pintor de cámara de Fernando VI.
A medida que vamos conociendo el arte navarro, especialmente el que se custodia
en los conventos de clausura, se documentan nuevas obras de origen cortesano en estas
tierras, como las que vamos a analizar en las líneas que siguen de Marcos de Aguilera,
Ximenez Donoso, González de la Vega, Alonso del Arco y Miguel Meléndez.
En el locutorio del nuevo convento de las Agustinas de San Pedro de Pamplona
se custodia un lienzo de la Inmaculada de gran tamaño firmado curiosamente por
Marcos de Aguilera y Juan de Miranda, nombres que corresponden respectivamente
al autor que lo compuso a comienzos del siglo XVII y al especialista que lo restauró
en la centuria siguiente. Marcos de Aguilera, pintor de los primeros decenios del
siglo XVII del foco madrileño, murió en 1620, actuando como albacea testamentario
su yerno y discípulo Angelo Nardi33. De Juan García de Miranda, sabemos que
alcanzó en 1735 el cargo de pintor de cámara del rey, precisamente por su condición
de perito restaurador más que por sus propias dotes34.
La composición no se ajusta por completo a los modelos inmaculistas de la época,
debido sin duda a las alteraciones tendentes a la simplificación de la restauración
90 [4]
PARA UN PANORAMA DE LA PINTURA BARROCA EN NAVARRA. NUEVOS...
llevada a cabo por Miranda sobre todo en la parte superior y en la entonación del
lienzo. Del proyecto original se conserva la actitud de la Virgen, la media luna y la
serpiente y las alegorías marianas -Porta, Palma, Hortus, Fons, Puteus, Turris,
Speculum-, además de los floreros con rosas y azucenas que aluden a la «Rosa mistica»
y a la pureza, motivos todos ellos situados en la zona inferior. Posiblemente desapare-
cieron en el repinte otros motivos de la parte superior como las estrellas que orlarían
su cabeza, a la vez que se añadieron otros detalles como el complicado collar que
luce en su cuello y el retoque para configurar un rostro más delicado.
Un monasterio navarro que renovó totalmente sus fábricas en la segunda mitad
del siglo XVII fue el de las Benedictinas de Lumbier que consagraron su iglesia,
siguiendo los típicos modelos de la arquitectura conventual en 1674, siendo abadesa
doña Ana María Sanz y Racax35. Los documentos contenidos en el archivo nos hablan
del interés de las religiosas por dotar la iglesia, «deseando también exonerarle con
el aliño de altares que aora practica la devoción española, con licencia del Muy Ilustre
Señor don fray Benito Latras, Presidente, abad de la Orden y Visitador deste
Monasterio, como consta el auto de visita que se hizo a 3 de noviembre de 1681, se
dio orden en Madrid para que se travasse un cuadro a honor de la Pureza de María
Santísima»36. Esta cita corresponde al retablo colateral del lado del Evangelio que,
dedicado a la Inmaculada Concepción, fue realizado en Pamplona por el retablista
Juan Barón y colocado el 1 de junio de 1682 con el lienzo de la titular.
La Inmaculada (215 x 161) firmada «DIDACVS A GONÇALEZ DE PINGEBAT
/ ANNO 1677» en el globo enriquece la obra de Diego González de la Vega (4- 1697),
pintor de la escuela madrileña que fue sacerdote y discípulo de Francisco Rizi como
lo evidencia una gran parte de su producción, aunque el cuadro que nos ocupa nos
hace evocar a Carreño de Miranda. En efecto, la composición deriva de Inmaculada
como la de la catedral vieja de Vitoria de 1666, aunque se complica en las zonas
laterales con parejas de ángeles portadores de símbolos marianos -rosas, palma y
Porta-, como hizo su maestro Rizi en Inmaculadas del tipo de la del Museo de
Cádiz37. La figura de María repite la disposición de la de Carreño así como todos los
ángeles que circundan la esfera de la luna y con distintos símbolos en sus manos,
corona, azucenas, flores, cetro y espejo. Además de las parejas de ángeles a lo Rizi
también se añaden en el ejemplo que estudiamos la Paloma del Espíritu Santo sobre
María y en la zona inferior el dragón, la Fons, Turris y la Civitas Dei, relacionable
con escritos de la época como la Mística Ciudad de Dios de Sor María Jesús de Agreda,
publicada en Madrid en 1670 y en la que se relata la vida de la Virgen defendiendo
su Inmaculada Concepción. En el colorido, bastante deteriorado por la humedad
todavía destacan con valor canónico el azul del manto y el blanco grisáceo de la
túnica, animando el conjunto los rojos de los paños de los ángeles y los etéreos fondos
azulados.
No resulta habitual encontrar cerca de este retablo, en el mismo ámbito de la
iglesia otro lienzo con idéntica iconografía, el cuadro de la Inmaculada de Escalante.
Esta obra, que cuelga del lado de la Epístola del templo, fuera de la clausura, se
podría identificar con la del mismo tema que poseía en su casa don Benito Antillón,
quien en 1835 acogió allí a las religiosas desalojadas del convento, pidiendo como
único pago «una Salve rezada por la comunidad delante de un magnífico cuadro de
la Purísima Concepción que se halla al subir las escaleras de la mencionada casa».
[5] 91
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI / RICARDO FERNANDEZ GRACIA
Coincidiendo con la vuelta al convento en 1840 este lienzo fue donado a la comunidad
por las hijas delxkado don Benito38.
El otro colateral dedicado a San Benito cobija los lienzos de José Ximénez Donoso
firmados y fechados en 1687 que no se han incluido en los estudios sobre este artista,
pese a que ya se dieron a conocer lacónicamente en 191539. Los documentos acerca
de los lienzos que nos ocupan precisan que, una vez realizado el retablo de la
Inmaculada «su Patrona amantísima», las monjas, «como afectuosas hijas dispusieron
a gloria del Príncipe de los monjes» el colateral del lado de la Epístola que se colocó
el 19 de mayo de 1687 40. El hecho de que las monjas encargasen a Donoso los cuadros
se puede explicar en parte por el precedente de los dos cuadros de Corella traídos por
una comunidad de la misma orden años antes. En la actualidad el retablo se encuentra
desmembrado en el cuerpo propiamente dicho y el ático que sirve de marco para otro
altar, aunque su autor Juan Barón de Guerendiain lo concibió como una unidad. Su
precio, junto con una urna y el dorado ejecutado por Juan de Munárriz, ascendió a
361 ducados y tres cuartillos41.
El cuadro del cuerpo del retablo representa una visión de San Benito y está firmado
en la parte inferior « DONOSO FA 87», con la escena del santo semiarrodillado con
los brazos abiertos contemplando «el mundo recogido en un solo rayo de sol» 42 con
la Santísima Trinidad dentro del globo, mientras que a la derecha tres ángeles
sostienen el báculo, la mitra y el libro de la Regla donde se lee HEC EST / VIA /QVE
D / CIT AD /VITAM. También se da cabida en la composición al consabido cuervo
con el panecillo y al fondo se alude al intento de envenenamiento por parte de un
sacerdote. Llama la atención la menor riqueza cromática de este cuadro en compa-
ración con el de la Inmaculada que, aunque comprensible por el tema, se compensa
con la escenografía teatral de la visión.
En lo que fuera ático del retablo se aloja la Imposición de la casulla a San Ildefonso
(188 x 145), lienzo firmado y fechado en el mismo año por Ximénez Donoso que sigue
ejemplos de esta iconografía en los que también aparece la Virgen sedente con el santo
de rodillas delante de ella, acompañados de santas vírgenes. La presencia aquí del
arzobispo toledano se debe a su condición de pionero entre los religiosos y abades
observantes de la regla de San Benito. El barroquismo lo apreciamos aquí en la
situación de la Virgen sobre alto trono, en el personaje de espaldas que sirve como
elemento de referencia de primer plano y en los fondos.
Otra nueva obra que hemos localizado en el convento de Recoletas de Pamplona,
viene a enriquecer el extenso catálogo de Alonso del Arco 43. Se trata de un pequeño
lienzo (37 x 33) firmado por este pintor en 1693 que representa a la Virgen de Belén
en su conocida iconografía de medio busto abrazando al Niño Jesús y ostentando
ambos personajes coronas reales. Se trata de una copia del cuadro que pintara en 1662
Francisco Camilo para una capilla del convento de Antón Martín de Madrid, elogiado
por Palomino44 y que se reprodujo como si de un icono se tratara en diferentes
pinturas y grabados posteriores 45.
92 [6]
PARA UN PANORAMA DE LA PINTURA BARROCA EN NAVARRA. NUEVOS...
Una última aportación, en este caso del siglo XVIII, la constituye un lienzo de
la Sagrada Familia del convento de Comendadoras del Sancii Spiritus de Puente la
Reina con la firma «MC ME P ' R F V An°DE 1722», que corresponde con la de
Miguel Jacinto Meléndez, pintor de cámara de Felipe V que ocupa un lugar destacado
en la escuela cortesana de aquel momento 46. Por una inscripción sabemos que fue
sufragado por María Teresa y Josefa Olazagutía, religiosas de velo negro del citado
monasterio. Su composición es bastante sencilla y presenta un doble tema de la
Sagrada Familia y la Santísima Trinidad, este último impuesto por tratarse de una
obra para las Comendadoras del Sancti Spiritus. San José, de rodillas en un primer
plano da paso al podium donde asienta la Virgen sosteniendo al Niño que eleva su
mirada y brazo hacia la zona celeste, donde están las otras dos Personas del Misterio.
Su colorido se encuentra bastante oscurecido y a falta de restauración y el marco
dorado es de la época.
46. SANTIAGO PAEZ, E. M.: El pintor Jacinto Meléndez. RABM (1966), págs. 205-224.
[7] 93
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI / RICARDO FERNANDEZ GRACIA
94 [8]
PARA UN PANORAMA DE LA PINTURA BARROCA EN NAVARRA. NUEVOS...
[9] 95
Contribución del taller de Puente
la Reina a la imaginería del siglo
XVI
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
1. BIURRUN SOTIL, T.: La escultura religiosa y Bellas Artes en Navarra durante la época del
Renacimiento. Pamplona, 1935. URANGA GALDIANO, J. E.: Retablos navarros del Renacimiento. Pam-
plona, 1947.CASTRO ALAVA, J. R.: Cuadernos de Arte Navarro. Escultura. Pamplona, 1949.
2. Sobre el taller de Asiáin han aparecido recientemente una serie de trabajos, exhaustivos en el
plano biográfico y documental, de JIMENOJURÍO, J. M.: Pintores de Asiáin (Navarra) I. Estudio general
de algunos aspectos. PV (1984), págs. 7-73. II. El taller de Lasao. PV (1984), págs. 197-267. Sobre los
otros focos artísticos apenas existen estudios de conjunto por lo que todavía esperan un primer análisis
los talleres de Pamplona con entalladores como Miguel de Gámiz, Martín Soret y Juan Aizpún,
architeros como Pedro Contreras y pintores como Miguel de Baquedano, Bernât de Flandes o Miguel
Tomás de Carcastillo, Villanueva de Araquil con las familias de entalladores e imagineros de los
Villanueva, Marsal, Landa y Elordi y pintores como Martín de Miranda, Tafalla, la gran desconocida
pese a haber contado con pintores de la categoría de Floristán de Aria y Francisco de Orgaz y entalladores
como Juan de Amel, Juan de Bayona o Roberto Carlit y, finalmente, la Estella de los Terín, Troas,
Gabiría, Juan Imberto, Miguel y Pedro de Latorre que, si bien ha merecido más líneas por parte de los
estudiosos, carece asimismo de un trabajo monográfico.
[1] 97
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
98 [2]
CONTRIBUCIÓN DEL TALLER DE PUENTE LA REINA A LA IMAGINERÍA DEL SIGLO XVI
se reutilizarem las estatuas expresivistas de San Pablo (Fig. 1), San Pedro y San
Andrés alojadas en sus respectivas hornacinas y diversos relieves del tímpano y del
pórtico.
Por el contrario, el interior del templo conserva en toda su pureza el aspecto
gótico-renacentista que en sus inicios está asociado con la figura de Juan de Goyaz,
maestro de cantería y escultor que desempeñó un papel de primer orden en la difusión
de los supuestos renacentistas en la región norteña, tanto en su condición de continua-
dor de varias obras de Bigarny en Castilla como por su actuación en obras señeras
de cantería y estatuaria aunque también de retablística en Guipúzcoa, La Rioja, Alava
y Navarra. El 20 de marzo de 1556 este artista guipuzcoano vecino de Bañares traspasó
por 326 ducados al citado Martín de Mazquiarán la grandiosa obra del crucero y
cabecera de la parroquia de Mendigorría que había sido comenzada por él y su pariente
el también cantero de Vidania Martín de Larrarte en virtud de una traza de su
elaboración a la que se debería atener Mazquiarán quien había de concluirla en el
plazo de tres años7; no obstante, las fábricas se dilataron hasta comienzos del 1600,
interviniendo además en las mismas Sebastián de Mazquiarán y Diego y Juan de
Areso8.
Este proceso nos suministra asimismo una relación de los acreedores de Juan de
Goyaz, ya difunto, que debían ser satisfechos por su madre y heredera María de
Larrarte, vecina de Albístur, la enumeración de los cuales nos ilustra sobre los
contactos artísticos y la inexistencia de barreras geográficas para este cantero con
temperamente escultórico que sirve de eslabón entre el foco burgalés de los Bigarny
y Siloe y estas tierras norteñas; así se cita a doña Francisca de Velasco, viuda del
propio maestre Felipe, Juan Ochoa de Arranotegui, cantero y escultor vizcaíno, autor
de importantes obras en Oñate, Viana y Peñacerrada, su hermano Pedro de Arranote-
gui, Arnao de Bruselas, el imaginero más cualificado del valle medio del Ebro, la
viuda de Goyaz, Magdalena de Humada y nuestro Martín de Zaldegui, imaginero
vizcaíno que sirve de puente entre estos grandes maestros y el foco puentesino 9; junto
a ellos esperaban recibir distintas cantidades destacados personajes como el señor don
Juan de Samano, que fuera secretario de Carlos I, Cristóbal de Alegría, vecino de
Vitoria, y Julián de Elguea, vecino de Alegría.
El mundo de los imagineros nos es en general mucho peor conocido que el de los
mazoneros, entalladores y pintores que son las habituales partes contratantes de las
obras ya que, dada su movilidad y colocación al servicio de distintos maestros, sus
nombres son eludidos por los textos notariales. Por el proceso citado 10 sabemos que
era costumbre entre estos escultores al intervenir en una empresa aportar su propio
utillaje de gubias, cinceles, «hierros», compases y papeles de dibujos, así como
«trasnochar y madrugar desde San Miguel asta carnes tolendas» lo que implicaba
levantarse a las cuatro de la mañana y no acostarse hasta las ocho o nueve de la tarde
aunque, como indica Pedro de Troas, este horario «pocas veces se goarda». Juan de
Oberón, que había hecho un convenio con Juan de Iturmendi para tallar las imágenes
del retablo de Mañeru por un jornal de dos reales y un cuartillo, reclamó en 1560 a
éste por el impago de ciertas cantidades ante lo que el entallador argumentó incumpli-
7. Ibid. Proc. de la Corte, Barricane sent., 1556, fajo 3.°, núm. 10.
8. ORBE SIVATTE, M.: Estudio histórico-artístico de la parroquia de San Pedro de Mendigorría. I.
Arquitectura. PV (1982), págs. 35-36.
9. Vid. nota 7. RUIZ-NAVARRO PÉREZ, J.: Arnao de Bruselas, imaginero renacentista y su obra
en el valle medio del Ebro. Logroño, 1981, págs. 52-53. Al tratar sobre la influencia de este artista en
la región se refiere a algunos de los retablos del taller que aquí se estudia. ECHEVERRÍA GOÑI, P. L.:
El retablo mayor de Peñacerrada en la escultura del Primer Renacimiento en el País Vasco y La Rioja.
Kultura (1984), págs. 54-69.
10. Vid. nota 6.
[3] 99
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
11. DÍEZ Y DÍAZ, A.: Puente la Reina. Arte e historia. TCP. núm. 247. Pamplona, 1975, pág.
20. ÏDOATE IRAGUI, F.: El Señorío de Sarria. Pamplona, 1959, pág. 301.
12. AGN. Proc. Corte. Lorente sent., 1529, núm. 3. Ibid. Huarte sent., 1540, fajo 2.°, num.
31. Actualmente en la Serie 2.a, num. 3176. CASTRO ALAVA, J. R.: Cuadernos de Arte Navarro.
Pintura. Pamplona, 1949, págs. 35-43. DÍEZ Y DÍAZ, A.: Puente la Reina y Sarria en la historia. Estella,
1977, pág. 68.
13. A G N . Proc. Corte. Lorente pend., 1541, fajo único, núm. 33.
14. Vid. nota 6.
100 [4]
CONTRIBUCIÓN DEL TALLER DE PUENTE LA REINA A LA IMAGINERÍA DEL SIGLO XVI
Pedro de Gabiría en su obrador de Estella durante mes y medio en 1560 por lo que
le pagó un jornal de tres reales y medio, en tanto que Martín de Zaldegui había
realizado años atrás en 1547 un calvario para el retablo de Gorriti a instancias de
Juan Marsal15 y, además, el nombre de este vizcaíno figuraba en 1556, como hemos
visto, en la lista de los acreedores de Juan de Goyaz y Martín de Mazquiarán, junto
a grandes figuras del Renacimiento castellano, alavés y riojano.
Establecidos los orígenes y la composición del taller de Puente la Reina y valorada
la empresa arquitectónico-plástica de Mendigorría, no nos resta sino delimitar el
radio de acción de los artífices allí radicados que responde a una dispersión natural
con distancias máximas de 20-25 km. en dos rutas paralelas que desde Pamplona
vienen a confluir en la villa, la del Perdón con los pueblos de Legarda, Enériz,
Añorbe, el propio Puente, Sarria y Larrain y la del Arga con Sagüés, Larraya, Ubani,
Otazu y Belascoain, más otros situados en las proximidades como Artazu, Mañeru,
Cirauqui, Mendigorría, Artajona y Arzoz. Así pues, el emplazamiento de Puente
en un «carrefour» ha propiciado que las obras de sus escultores se encuentren
repartidas por localidades de las merindades de Pamplona, Estella y Tafalla (Fig. 2).
Al ya citado Guillen de Oberón se le documentan, una vez establecido en Puente,
los retablos de San Pedro en la parroquial local de Santiago y los mayores de Ubani,
Arzoz y el desaparecido de Larraya y se le pueden atribuir por razones estilísticas los
de Sagüés, Otazu y, parcialmente, Belascoain al principio y al final de su época
fecunda respectivamente. Su actividad conocida se desarrolló entre 1547 y 1563,
contando en su taller con su hijo Juan de Oberón como imaginero de excepción.
Ya no existe en Puente el retablo de San Pedro que, contratado por Guillen de
Oberón en 1549, fue estimado cuatro años más tarde por los imagineros Miguel de
Espinal y Jaques Tomás en 385 ducados 16, pero, distribuidas por los retablos diecio-
chescos del templo, se han conservado diversas tallas de apóstoles y santos que
denotan la gubia del entallador y sus colaboradores, como el San Juan Evangelista
del retablo de los Desposorios. Mientras se ocupaba del retablo mayor de San Martín
de Ubani nuestro maestro otorgó un recibo en favor de los patronos de la iglesia
puentesina en 1554 17, fecha que se repite asimismo en una cartela de esta obra y,
pese al desafortunado repinte, la sustitución del sagrario y la alteración de la calle
central en 1865 así como un reciente robo que supuso el destrozo y desaparición de
los relieves de San Jerónimo y San Francisco y algunas tallas del banco, todavía hoy
podemos admirar un retablo mixto con tallas de los Evangelistas, Santas vírgenes,
obispos, apóstoles y otras menores de los Doctores, relieves de la Magdalena, Santa
Lucía y Santa Apolonia y pinturas de la vida de la Virgen e Infancia y Pasión de
Cristo. En la mazonería llamamos la atención sobre las peanas, doseles con templetes,
conchas y finas columnillas en cuyo anillo central se prodigan motivos propios del
Manierismo fantástico como cartelas correiformes, telas suspendidas, cintas, trofeos,
aves y figuras monstruosas. Guarda una especial afinidad con este conjunto el retablo
de San Esteban del vecino lugar de Otazu, de similar traza y decoración e igualmente
repintado y carente del sagrario primitivo. En este caso, es obra totalmente de talla,
destacando las santas Bárbara, Catalina, Águeda y Lucía, seguramente el cuarteto
de devociones más extendidas de la época.
El retablo mayor de San Miguel de Sagúes, ejecutado en 1547 según lo acredita
una inscripción recintemente descubierta en el zócalo orlando un relieve de San
15. AGN. Proc. Corte. Barricarte sent., 1557, fajo 1.°, núm. 26.
16. AGN. Prot. Not. Puente la Reina, 1549, num. 12. Inv.° S/R. IDOATE IRAGUI, F.: El Señorío,
págs. 308-309. DíEZ Y DÍAZ, A. : Puente la Reina y Sarria, pág. 55.
17. AGN. Prot. Not. Puente la Reina. Pedro de Jaqua, 1554, núm. 10. Inv.° S/R.
BIURRUN, T.: La escultura, págs. 82-83. URANGA, J. E.: Retablos, págs. 8-9, se inclina a incluirlo
«dentro de la escuela castellana que inspiró el de Mendavia».
[5] 101
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
18. URANGA, J. E.: Retablos, págs. 9-10. Lo considera de la misma escuela que el de Ubani,
aunque inferior.
19. AGN. Prot. Not. Salinas de Oro. Lorenz de Salinas, 1563. Papeles sueltos sin clasificar.
En el se refiere a «la obra que ha echo en un retablo que ha echo para la iglesia parroquial del dicho
lugar de Arçoz». AGN. Proc. Consejo. Solano sent., 1577, fajo 2.°, núm. 17. Actualmente en la Serie
2.a, núm. 6.686. En unas pruebas testificales Juan de Minano nos informa de las obras ejecutadas por
Latorre en Puente, Arzoz, Belascoáin, Artazu, Mañeru, Cirauqui y Dicastillo. Maestre Guillen
construyó un retablo para la capilla mayor de San Román de Larraya que fue pintado entre 1557 y 1562
por Pedro Belandia de Robledo (AGN. Proc. Consejo. Gayarre pend., 1563, fajo 1.°, núm. 8).
BlURRUN, T.: La escultura, págs. 134-135. Atribuye esta obra a Pedro de Latorre a quien considera,
además de pintor, entallador y no escatima los elogios sobre este retablo cuando dice que «es de los
mejores, de los pocos de su clase» y «todo aquí es vigoroso y valiente, en nada inferior a las obras de
Berruguete». URANGA, J. E.: Retablos, pág. 20. No se pronuncia sobre su autoría, señalando tan solo
que «pertenece a la escuela que dejó formada el maestro de Genevilla y Lapoblación». GARCÍA GAÍNZA,
M.a C. y otros: Catalogo monumental de Navarra. T. 11**, págs. 61-62.
20. MULLER PROFUMO, L.: El ornamento icònico y la arquitectura, 1400-1600. Madrid, 1985, págs.
332 y 338.
21. URSUA IRIGOYEN, L: Retablos laterales de Allo. PV (1981), pág. 17.
102 , [6]
CONTRIBUCIÓN DEL TALLER DE PUENTE LA REINA A LA IMAGINERÍA DEL SIGLO XVI
el punto de vista estilístico e iconográfico sino también por su carácter narrativo que
nos permite evocar indumentarias, tocados y accesorios de la época. Se trata de
imágenes expresivistas propias de los años sesenta del siglo XVI en las que apreciamos
elementos refractarios cuatrocentistas e incluso medievales junto a otros ya manieris-
tas del momento puestos al servicio del movimiento.
El retablo está dedicado a San Román que, con sus hábitos de benedictino, el
báculo abacial y el libro, preside la calle central en tanto que cuatro grupos es-
cultóricos con el juicio y tres momentos de su martirio sufrido en Antioquía bajo el
emperador Galeno lo escoltan. Completan el programa los relieves de San Jerónimo,
Anunciación, Visitación y San Francisco de Asís más las tallas de los Evangelistas,
santas vírgenes y San Antón, el grupo de Santa Ana, la Virgen con el Niño y Santa
Isabel y un excepcional Calvario por cuanto, junto a los tres personajes habituales,
aparecen los ladrones Dimas y Gestas, en grupo centrado por Moisés y Aarón. Llama
la atención el contraste entre el carácter flamenquizante de las Santas Mujeres y el
más italiano de la Anunciación y el existente entre las chaparras figuras de algunos
soldados y el esbelto canon de los Evangelistas, singularmente del San Juan de estirpe
manierista así como los entrecruzamientos de piernas de San Marcos y San Mateo y
las actitudes rebuscadas de varios personajes a la manera de Alonso Berruguete y
Arnao de Bruselas.
Destaca sobre el resto de la figuración el relieve extremo del banco en el Lado del
Evangelio con San Jerónimo en su habitual iconografía de penitente, semidesnudo,
con una piedra y un libro en sus manos, el crucifijo, el león dormido a sus pies y el
capelo cardenalicio colgado de una rama que es un atributo apócrifo (Lám. 2); su
contemplación nos trae al recuerdo el relieve homónimo del retablo de San Pedro
de la capilla del Condestable de la catedral de Burgos, obra de Diego de Siloe 22 con
el tipo de anciano enjuto de carnes en un ambiente rocoso que se repite en la sillería
coral de la catedral de Pamplona, el retablo de San Jorge de Alio y el retablo de
Ubani, relieve éste último del mismo Oberón y actualmente en paradero desconocido
en el que, además de los elementos citados, se observaba una maqueta de iglesia que
le corresponde como doctor, el caballo y un caracol sobre el roquedo. El del Lado de
la Epístola representa a San Francisco de Asís tonsurado y vestido con el hábito de la
orden ceñido por cordón, en el momento de recibir los estigmas por los que se
encuentra arrodillado sobre el libro de la Regla y con los brazos abiertos; temas
parecidos encontramos en el retablito de San Juan Bautista de Genevilla y en el
recientemente expoliado de Ubani que mostraba la impresión de las cinco llagas en
el monte Albernia, contando además con la reproducción de la capilla de Asís que
el mismo santo edificó.
En lo concerniente a la policromía aplicada por Latorre predominan en Arzoz las
superficies doradas con un oro bruñido que se extiende incluso a zonas impropias
como son los cabellos, piernas, calzas y arboles. El estofado se reduce a dibujos
hechos con el grafio sobre campos azules y rojos principalmente en las cenefas de los
vestidos, pudiendo ser calificados de preciosistas los trabajos del hábito de San
Francisco o el panel de morescos que sirve de fondo al grupo de Santa Ana, la Virgen
y Santa Isabel.
Belascoáin, término de la calzada romana procedente de Pamplona y único puente
que, salvando el Arga, permitía siguiendo su curso arribar a la capital del Reino,
ha conservado en su parroquia un pequeño pero soberbio retablo que podemos
considerar como una de las obras capitales de los imagineros del vecino taller de
Puente la Reina. Consta este retablo mayor de la Asunción de Belascoáin de banco,
22. GÓMEZ MORENO, M.: Las Águilas del Renacimiento español. Madrid, 1983, págs. 47-48.
REAU, L.: Iconographie de l'art chrétien. III*. Iconographie des Saints. Paris, 1959, págs. 742-750.
[7] 103
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
dos cuerpos de cinco calles y ático de gran desarrollo con un adelantamiento mani-
fiesto de las calles que flanquean a la principal y columnas de tercio inferior decorado
que en el remate son sustituidas por jóvenes atlantes. La decoración de talla de frisos
y columnas muestra un rico repertorio de grutescos y otros motivos del Manierismo
fantástico derivados de los grabadores franceses de la escuela de Fontainebleau y
nórdicos y, en última instancia, de Rafael, Julio Romano, Rosso y Primaticcio
como aves, telas colgantes, cartelas correiformes, hermes, máscaras, medias figuras,
dragones y trofeos que en los frisos superiores se reducen a cabezas de querubines y
en las hornacinas se resuelven en conchas con mascarón de charnela, ingreso de
formas vegetales y motivos geométricos como en Mendigorría y Arzoz23. Además,
esta obra presenta una cierta semejanza con el retablo de San Jorge de Alio ejecutado
en 1557 por Pedro de Troas, Juan Mordán y Felipe de Borgoña, que se convierte en
total identidad entre las respectivas tallas de Santa Lucía 24.
El programa iconográfico muestra los relieves de la Oración del Huerto y la
Resurrección en el banco y las tallas de San Pedro (Lám. 3), San Pablo, Santa Lucía,
Santa Margarita, la Virgen con el Niño y San Juanito en el momento de ser coronada,
Santa Águeda y Santa Bárbara, mientras que en el ático se dispone un Calvario
flanqueado por los santos Gervasio y Protasio encadenados. Si fascinantes son los
frisos con modelos ornamentales de ritmos dinámicos, no menos interés despiertan
los fondos de las hornacinas que cobijan las tallas en donde Pedro de Latorre estofó
a punta de pincel antes de 1569 figuras de hermes, medios personajes alados, jóvenes
danzantes y telas suspendidas de estirpe manierista que complementan los motivos
esgrafiados en las cenefas de las túnicas y en la espada de San Pablo.
Juan de Oberón, nacido hacia 1531-1532, se descubre en el presente estudio como
un prolífico imaginario cuya competencia se refería no solo a las tallas en nogal sino
también a las estatuas y escudos en piedra y madera, generalmente al servicio de otros
entalladores y canteros, aunque asimismo contrató varias obras en persona como las
tallas de Santa Catalina y San Bernardino QWC2L el altar mayor de San Pedro de
Artajona, tasadas en 1562 por el entallador residente en Tafalla Roberto Carlit en
ocho y diez ducados respectivamente 25, de las que se ha conservado la primera en el
ático del retablo colateral de la Virgen del Rosario en la parroquia de San Saturnino,
y dos retablos para la parroquia de San Miguel de Artazu en 1566 de los que todavía
restan una imagen de la Virgen con el Niño de bonito esquema que, bajo la titulación
del Rosario, preside el retablo neoclásico del Lado del Evangelio y un San Miguel
muy repintado, talla expresivista en la que destaca su agitación y el escudo correifor-
me 26; entre ese año y el de 1569 se encargó de su estofado el pintor Pedro de Latorre.
En 1567 arrendó por tres años la primicia de Enériz27, sin lugar a dudas para
garantizar el cobro de los pagos por el pequeño retablo de Santa Catalina que,
procedente de la ermita del cementerio, se custodia en una dependencia de la
parroquia de la Magdalena. Muestra un desarrollo plano en dos cuerpos y tres calles,
remate en frontón y pilastras cuyos cajeamientos se adornan simétricamente con
tarjetas, trofeos y cartelas; la figuración consta de los relieves un tanto rígidos de
23. BiURRUN, T.: La escultura, pág. 83. Lo presenta tras los de Sangüesa, Induráin, Artajo y
Ubani, considerando que su autor fue el mismo que el del último lugar citado. URANGA, J. E.: Retablos,
pág. 19. Elogia esta obra al señalar que pertenece a la «misma escuela que produjo su obra maestra en
Lapoblación».
ZERNER, H.: Vecole de Fontainebleau. París, 1969. RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, A.:
Motivos ornamentales en la arquitectura de la Península Ibérica entre Manierismo y Barroco. Actas del
CIHA. Granada, 1973, págs. 553-559. SHEARMAN, J.: Manierismo. Madrid, 1984, pág. 184.
24. URSUA IRIGOYEN, I.: Retablos laterales, pág. 17.
25. AGN. Prot. Not. Artajona. Sebastián Andía, 1562, núm. 34.
26. Ibid. Puente la Reina. Pedro de Jaqua, 1566, núm. 28. Inv.° S/R.
27. AGN. Proc. Corte. Ochoa sent., 1571, fajo 4.°, núm. 32.
104 [8]
CONTRIBUCIÓN DEL TALLER DE PUENTE LA REINA A LA IMAGINERÍA DEL SIGLO XVI
Santa Lucía y Santa Apolonia escoltando el bulto de la titular mas los de San Benito,
Martirio de la titular y Santa Margarita. Avalora esta pieza la policromía primitiva
aplicada posiblemente por maestre Belandia de Robledo quien concentró su atención
en el fondo de la caja principal con esgrafiados sobre fondo azul que representan el
combate de un joven desnudo y un ave fantástica.
Para el taller de Iturrrmendi hizo, entre otras, las imágenes de San Pablo y los dos
Santos Juanes, las del desaparecido retablo de Mañeru en 1559-1560, Santo Tomás
para su retablo de la iglesia de Santiago de Puente hacia 1577 y en 1588 suscribió
un contrato para completar el retablo del Rosario hecho por el arquitecto Martín de
Urdiáin para la misma parroquia, con un guardapolvos, conjunto que sería dorado y
estofado por Antonio de Aldaz a partir de 1590 28. Sabemos por propia declaración
de 1576 que conoció a Ramón de Oscáriz al que, en su condición de rey de armas,
solicitó información sobre las armas de distintos hijosdalgos para hacer sus escudos
en fachadas y retablos 29.
En las obras de los Oberón apreciamos distintos atentados contra la unidad de
acción habituales en la época entre los que resaltan las indumentarias coetáneas de
origen flamenco o hispano como sayas, mangas folladas y acuchilladas, escotes y
gorgueras, tocados como trenzados, tocas, turbantes y brioches, cascos, corazas y
calzas, elementos de mobiliario como las sillas curules o la utilización de cabezas
de ganado indígenas de raza pirenaica con característicos cuernos de lira como
modelos para el buey del Nacimiento o el toro de San Lucas, como podemos ver en
Ubani. Su forma de desbastar la materia nos ha legado unos personajes de ojos y cejas
oblicuos, cabellos y barbas con abundancia de bucles y esquemas de miembros
cruzados, pudiéndose apreciar desigualdades entre obras de factura tosca y arquetípicas
tallas expresivistas con ecos berruguetescos en el mismo retablo y una evolución que
se observa en ciertas obras de Juan Oberón con rasgos que, como en la Virgen de
Artazu o en el retablito de Enériz, preanuncian la fuerte caracterización del Manie-
rismo romano.
Juan de Iturmendi, entallador nacido hacia 1520, fue cuñado del pintor Juan de
Bustamante y marido de María Sarralde y, procedente de Arruazu, se estableció a
mediados del siglo XVI en Puente, desplegando desde este su taller una intensa
actividad artística. La primera obra que se le documenta es el retablo mayor de la
Asunción de Legarda, contratado en 1552 y tasado tres años más tarde por Martín
Soret y Jaques Tomás en 385 ducados; recibió su complemento pictórico en 1555 de
manos de Martín Belandia de Robledo30. Integran sus elementos horizontales un
banco muy desarrollado, dos cuerpos y ático, dividido a su vez en dos cuerpos
decrecientes salvados por aletones en volutas; como organismo de mediados de siglo
utiliza balaustres en los cuerpos y columnas de tercio diferenciado en el ático. Unas
clásicas hornacinas con veneras cobijan las tallas de los Evangelistas en sus escritorios,
en disposición similar a la de los retablos de Santa María de Sangüesa, Gastiain y
Santa María de Mendigorría, en tanto que sobre las santas vírgenes -algunas de ellas
alteradas- destacan los relieves de San Pablo, los dos ángeles y San Pedro del banco
y los de la Anunciación, Degollación de los Inocentes y Nacimiento del primer cuerpo
28. AGN. Prot. Not. Puente la Reina. Pedro de Erice, 1585, núm. 41. Ibid., 1588, núm. 54.
Ibid., 1590, núm. 69.
29. AGN. Proc. Consejo. Arrastia sent., 1576, fajo 2.°, núm. 14. Pruebas testificales de Juan
de Oberón (21-1-1576).
30. AGN. Prot. Not. Puente la Reina. Pedro de Jaqua, 1552, núm. 9. Ibid., 1555, núm. 15.
Inv.° S/R.
BlURRUN, T.: La escultura, págs. 98-100. Atribuye sin mayor fundamento la pintura del retablo
de Legarda a Miguel de Aldaz por una confusión con el lugar de vecindad entre este pintor y Belandia
de Robledo.
[9] 105
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
del ático. No desmerecen de la iconografía los relieves de los frisos con medias
figuras, grutescos, batallas entre jinetes y arqueros y temas marinos así como la
policromía del conjunto, providencialmente rescatada por la restauración de Rodríguez
Azcárate que permite admirar el dorado refulgente así como los motivos grutescos
esgrafiados en fondo azul y rojo.
A una con Hernando Belandia de Robledo firmó un convenio mixto para realizar
«de hechura y talladura del romano» el retablo mayor de San Pedro de Mañeru en
1556 que, tras nueva escritura en 1560, sería tasado por Pierres Picart y Miguel de
Espinal en 385 ducados y tres reales31; el pintor de origen alavés no había dorado en
1561 sino el bulto del titular y dos ángeles, encargándose del resto Pedro de Latorre
a quien en 1576 adeudaba la primicia por este concepto y la pintura de la capilla 600
ducados. No queda en la nueva parroquia el menor vestigio de este retablo.
Según traza y condiciones propuestas por el veedor eclesiástico Juan de Villarreal,
coetáneo de Juan de Anchieta y uno de los agentes de la eclosión del Romanismo,
nuestro entallador se comprometió en 1571 con don Francisco de Lodosa y el rector
don Pedro de Vértiz a realizar el retablo mayor de San Miguel de Sarria en un plazo
de año y medio, compromiso que cumplió satisfactoriamente a juzgar por la tasación
llevada a cabo por el propio veedor en 1574; el retablo «assi de madera y emblaje y
talla, ymaginería» importó 198 ducados32. En esta empresa, al igual que en la de
Mañeru, pudo contar con el concurso de Juan de Oberón que, años más tarde, figura
como testigo del cantero de Puente Pedro Gorriti en el contrato de una obra en esta
iglesia. En 1585 el señor de Sarria fue obligado a pagar a Iturmendi cierta cantidad
por la obra del retablo de Larrain, fabricado en 1572 año en que fue tasado por el
veedor Villarreal en 46 ducados33.
Juan de Iturmendi trabajó durante más de un cuarto de siglo desde 1550 al servicio
de don Francisco de Lodosa, tanto en obras con destino sacro como en labores de
carpintería desde camas, bufetes, ventanas y puertas para las casas de Puente y Sarria
hasta una almadía para pasar la piedra al molino de Sarria, todo ello por más de mil
ducados. No obstante, las relaciones no siempre fueron cordiales, pues en 1584 el
entallador, a la sazón enfermo, fue encarcelado en Puente a petición de don Francisco
por ciertos censos no satisfechos34.
En la parroquia de Santiago de Puente ejecutó obras de distinta consideración
desde retablos como el de Santo Tomás hasta la cubierta general de la iglesia,
contratada en 1565 y tasada tres años más tarde en 300 ducados y un escaño por el que
recibía pagos en 157935. En 1577 se encontraba fabricando un retablito por encargo
de la cofradía de Santo Tomás para la imagen tallada por Oberón y, excluida ésta fue
tasado por el propio imaginero y Juan de Troas en 102 ducados y tres reales,
estimación que pareció excesiva a los primicieros pues, al haberse dorado, estaban
«cubiertas todas las imperfecciones y faltas que tenía»36.
En 1577 el entallador Juan de Irisarri y el imaginero Juan de Oberón entablaron
un pleito contra los entalladores Pedro Contreras y Juan de Iturmendi por las obras
31. AGN. Prot. Not. Puente la Reina. Fernando de Montemayor, 1556, núm. 50. Ibid., núm.
24. AGN. Proc. Corte. Barricarte pend., 1560, fajo 1.° num. 38. Ibid. Ochoa sent., 1561, fajo 5.°,
núm. 20.
32. Ibid. Lorente pend., 1576, fajo 1.°, núm. 1.
IDOATE F.: El Señorío, págs. 253-255.
33. AGN. Proc. Consejo. Gayarre sent., 1591, fajo 3.°, núm. 2. MENCOS GUAJARDO-FAJARDO,
F. X.: Algunas notas documentales para el Arte navarro de los siglos XVI-XVII y XVIII. PV (1947),
pág. 286.
34. Vid. nota anterior.
35. AGN. Proc. Corte. Ochoa sent., 1569, fajo 2.°, núm. 10.
IDOATE, F.: El Señorío, pág. 255.
36. AGN. Proc. Consejo. Solano pend., 1586, fajo 1.°, núm. 15.
106 [10]
CONTRIBUCIÓN DEL TALLER DE PUENTE LA REINA A LA IMAGINERÍA DEL SIGLO XVI
del retablo, cajonerías, sillas y escaños de la parroquia de Añorbe ya que, si bien los
primeros habían cedido el derecho a ejecutarlas a los segundos, fue a cambio de ciertas
cantidades, noventa ducados que debía pagar Contreras y ochenta Iturmendi. Por
este proceso sabemos que para ese año maestre Pedro había terminado el ensamblaje
del retablo principal por cuatrocientos ducados. Es este retablo una obra ya romanista
en la que llaman la atención los ángeles recostados sobre los frontones a la manera
de las tumbas mediceas, los dos atlantes de dorados cabellos que simulan sostener la
estructura y el altorrelieve de San Miguel37.
Desaparecidos varios de los retablos salidos de los obradores puentesinos de los
Oberón e Iturmendi, todavía podemos reconstruir este taller de una forma más
satisfactoria que los de Pamplona, Sangüesa o Tafalla a partir de otros retablos y
tallas documentados en Ubani, Arzoz, Enériz, Artazu, Puente, Artajona, Legarda,
Sarria, Mendigorría y a distintas otras atribuidas según criterios estilísticos y geográficos
como los retablos de Sagüés, Otazu y Belascoain y tallas como las de la Magdalena y
la Virgen sedente de la sacristía de Santiago de Puente, las de San Juan Bautista, San
Antón y Santa Águeda de Cirauqui que, junto con los relieves del Bautismo de Cristo
y la Degollación de San Juan, se aprovechan en un colateral barroco, el San Cristóbal
de su ermita también en Cirauqui, así como la Magdalena que preside el retablo de
Muzqui. La longevidad alcanzada por Juan de Iturmendi y Juan de Oberón les
permitió asistir, como podemos ver en Sarria y especialmente en Añorbe, al triunfo
del Romanismo, estilo que a la vez significó la pérdida de la primacía artística de
Puente la Reina en favor de Pamplona y otros talleres en las cabezas de merindad.
Lam. 1. ARZOZ. Retablo mayor de San Ro- Lám. 2. ARZOZ. Retablo mayor. Relieve de
man. San Jerónimo.
107
PEDRO LUIS ECHEVERRÍA GONI
Lám. 3. BELASCOAIN. Retablo mayor. Talla de San Pe- Fig. 1. MENDIGORRIA. Portada
dro. Detalle. principal. Estatua de San Pablo. Deta-
lle. .
Tafaila
Fig. 2. Area de influencia del taller de Puente la Reina y firmas autógrafas de los artistas.
®? Retablos Q$ Tallas sueltas £3 Obras desaparecidas <© Estatuas # Talleres próximos
108 [12]
Apuntes para el estudio de los
Entierros del siglo XVI
MARGARITA ESTELLA
D e mediados del siglo XV y hasta los años 50 del siglo XVI se produce en la
iconografía artística una especial dedicación al tema del Entierro de Cristo, con
precedentes y consecuencias de importancia.
Obras que en sí suponían una labor escultórica de gran envergadura tanto en su
vertiente artística como económica, no han sido, no obstante, objeto de especial
estudio en España donde se dieron ejemplares de la categoría de los andaluces,
toledanos, vallisoletanos y catalanes. Estudiados singularmente algunos de los más
importantes, existen otros de gran interés que permanecen anónimos o apenas conoci-
dos y noticias documentales sobre piezas del tema no localizadas, como, por ejemplo,
la referida al que posiblemente se le encomendó a Bartolomé Ordoñez o el que se
describe en una visita eclesiástica en el convento de Uclés.
Es posible que en Navarra existan ejemplares que no conocemos dado el auge de
su representación en relieve, en casos casi exento, en los retablos, el muy significativo
en piedra que preside la portada de la iglesia de Santa M.a de Viana, pero sobre todo
pensando en un precedente de la importancia del relicario del Santo Sepulcro en la
Catedral de Pamplona. Esta pequeña pieza de orfebrería es un trasunto fiel del
arquetipo germánico del tema, el «Holy Grave» de Forsyth en la representación del
«Quem Queritis» o «Visitatio Sepulchri», precedente inmediato de los grupos france-
ses del XV, prototipos a los que se asimilan los otros europeos, con la diversidad de
matices que en su caso se advertirán1.
Por ello se ha pensado que puede ser de utilidad para una futura investigación
de este tema en la escultura navarra en concreto y de la española en general este
esquema a grandes líneas que se reducirá a destacar el desarrollo en otras regiones
destacando los datos o piezas inéditos que sobre ello se han encontrado e insistiendo
en aquellos ejemplares concretos que, como los de Sigena, Vallbona de las Monjas,
Tarragona y Pöblet, representan el testimonio de la devoción en regiones más
cercanas a Navarra, adonde pudo llegar el eco de su influencia visible en algunos de
los relieves mencionados.
Las Cruzadas extendieron por Europa la devoción al Santo Sepulcro que plasmó
en la mayoría de los casos en el campo arquitectónico con la construcción de pequeñas
capillas de planta circular o poligonal, remedo «sui generis» del templo reconstruido
en aquellos años, como el románico de Torres del Río, sobre cuyas interpretaciones
arquitectónicas existe interesante y copiosa bibliografía. Sin embargo, según la
mayoría de los autores, incluido uno de sus más ilustres conocedores, el citado
Forsyth, ello no fue acompañado de su correspondiente representación escultórica
1. FORSYTH, William H.: The Entombment of Christ. French sculptures of the fifteenth an
sixteenth centuries. Cambridge, Mass. Metropolitan. Harvard Univ. Press, 1970.
[1] 109
MARGARITA ESTELLA
que se detecta en Europa a principios del siglo XV en la zona del Rin de donde pasa
pronto a Francia que fragua en los años del gótico los arquetipos de la época medieval,
siendo Italia, a finales de esta centuria la que impone una nueva interpretación en la
Lombardia y tierras limítrofes, ajena en cierto modo tanto a la sensibilidad francesa
como a la nueva estética renacentista en todo su auge por toda la península vecina,
aunque este es un punto muy discutido por los historiadores del arte 2.
El primer problema que presenta el estudio del tema es su propia denominación
muy confusa en los autores consultados que en muchos casos aplican nombres
diferentes a una misma pieza.
Mâle definió de forma genérica el LLanto o Lamentaciones sobre el cuerpo de
Cristo muerto, como la derivación del «Threnos» bizantino, llanto de la Virgen a la
muerte del Hijo acompañada en su pena por los distintos personajes que aparecen en
los textos evangélicos en este momento de la Pasión del Señor. Se desarrolla según
este autor en tres escenas principales la del Descendimiento, la de la Piedad y su
derivación en las composiciones más complicadas de los «Vesperbilder» y el Entierro
del cuerpo Santo en un sarcófago que sustituye en Occidente la piedra del Santo
Sepulcro donde se depositó para ser preparado con ungüentos y perfumes3.
Al ser representaciones diversas de momentos distintos de un episodio que se
desarrolla en las fuentes sagradas en unos breves comentarios incluye, como en su
escenificación dramática, composiciones muy similares. Las principales de la Piedad
y las inmediatas de la preparación del cuerpo de Cristo que de forma más exacta
responden al momento de las Lamentaciones a la muerte del Señor previas a su
Entierro, adoptaron en casos la misma composición y muchas veces la única diferencia
consiste en que en la primera el cuerpo muerto descansa en brazos de la Madre. Este
trabajo se ocupa únicamente de los grupos de esculturas exentas, en general de gran
tamaño, que alrededor del Cristo muerto, yacente, componen la escena que aunque
no siempre responde exactamente al momento del depósito del Cuerpo Santo en el
Sepulcro se denominará de forma genérica y siguiendo a Forsyth con el nombre del
Entierro. Piénsese en la ligera diferencia de las obras de Juni sobre el tema en
Valladolid y Segovia identificadas separadamente con los nombres de Entierro y la
Piedad. La escena del Entierro se representa en el siglo XVI en otros campos artísticos
bajo la influencia de los grabados italianos más concretamente por el de Mantegna,
en una cueva, quizás más de acuerdo a las fuentes evangélicas pero la novedad
iconográfica no influyó en los grupos en estudio ni en los más tardíos de la centuria
posiblemente por su sentido tradicional y las dificultades de su adaptación a figuras
de gran tamaño.
Estas representaciones escultóricas de gran monumentalidad pues en general se
componen de 7 figuras exentas, la Virgen, San Juan, las tres Marías y los dos Santos
Varones, José de Arimatea y Nicodemo en torno al Cristo yacente, ponen a prueba
la pericia del artista que difícilmente puede utilizar el grabado como modelo en la
solución técnica de los efectos de perspectiva, el tratamiento de los escorzos, la
armonía de la composición del grupo, etc. Ello exigía la contratación de un gran
artista y posiblemente la colaboración de un disciplinado taller como de hecho lo
tuvieron, en el siglo XVII, los escultores que se dedicaron a la realización de los
Pasos procesionales, a nuestro entender una derivación del tema no sólo por su técnica
sino en su más íntimo sentido de una representación más directa de la escena
110 [2]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
evangélica con el fin preciso de conmover a los fieles. Los autores que estudiaron estos
grupos han destacado precisamente la influencia decisiva de la representación de los
Misterios medievales en la evolución de la representación escultórica de los Entierros
y mientras Forsyth pone el acento en la importancia de los Apócrifos, como por
ejemplo el Evangelio de Nicodemo, los autores italianos como Gramaccini recuerdan
los tratados religiosos de piedad y otros textos literarios en relación con la Cofradía
de los Flagelantes, de una gran vitalidad en el Norte de Italia, algo alejados del
círculo de Roma que no vio con buenos ojos algunas de las prácticas piadosas de sus
adictos4.
Otro aspecto que conviene destacar es el destino de estas esculturas en relación
con los clientes que las encargaban. Por lo general, por su coste económico y su
calidad artística no son numerosos pero sí debieron de proliferarse en mayor medida
de lo que sus restos permiten suponer. Existen aquellos que se realizaron por devoción
expresa de una comunidad religiosa, destinados a ornamentar la capilla de su advo-
cación, ubicada en lugares en general algo escondidos como puede comprobarse en
el citado de Uclés o en el de Copin de Holanda en la Catedral de Toledo. Otros se
encargaron por personajes de importancia para sus capillas funerarias y en ellos, según
se ha comprobado en casos concretos, el donante se representaba en algunos de los
personajes del grupo, como hizo Mazzoni con Alfonso II de Aragón en el Entierro
de Monteoliveto. Será interesante estudiar este aspecto en las representaciones españolas
muy en consonancia con el sentir renacentista de la glorificación del Príncipe .
El tema en sí tiene otras numerosas implicaciones que no es el caso aclarar ahora
pero se sugieren por intentar dar, a vuelo de pájaro, las circunstancias del desarrollo
del tema en España en el siglo XVI y la influencia mayor o menor que reflejan sus
manifestaciones de las dos grandes escuelas europeas, la que podríamos llamar
franco-borgoñona, denominación más amplia que la de Forsyth, y la italiana.
La monografía de Forsyth se ocupó del desarrollo del tema en Francia en los siglos
XV y XVI en tanto que los italianos desglosaron su estudio en monografías parciales
de las obras y sus artífices, redactadas en artículos citados como el dedicado al
Entierro de Niccolo del Arca y los que trataron de la obra de Guido Mazzoni,
Fondulo, etc.
Se ha destacado que en los grupos franceses predomina la quietud, el dolor íntimo
de los personajes en tanto que en los Entierros italianos predomina la visión expresi-
vista que hizo decir al propio Venturi del conocido Entierro de Niccolo del Arca en
Bolonia que había convertido una escena de Piedad en una historia de terror6.
En general en España la recepción del tema fue tardía e influenciada, como en
todas sus manifestaciones artísticas del primer cuarto del siglo XVI, más por el arte
nórdico que por el italiano, incluido el Entierro de Jacobo el Indaco, el Florentino.
No obstante, y ello fue uno de los motivos de emprender este estudio que ahora
esbozamos, no se han estudiado los datos que pueden demostrar la inluencia italiana
a través de las obras del Mazzoni en Nápoles pues de hecho, al parecer, Ordóñez
debió realizar un grupo de este tipo, Siloée pudo hacer el desaparecido de Baena y
Niccolo della Corte, venido a España el año de 1537, había realizado una obra similar
en Italia 7 sin olvidar el italianismo del Entierro de Sigena, sea de Forment o de Joly.
[3] 111
MARGARITA ESTELLA
7. ALIZERI, Federico. Notizie dei Professori del Disegno in Liguria dalla origin al secolo XVI. Voi.
V. Scultura. Genova, 1877, p. 147.
8. AZCÁRATE, José María. Datos de las construcciones en el Priorato de Uclés en la primera mitad
del siglo XVI. Bol. Seminario Arte y Arq. Valladolid, 1958, 89 y ss. Doct.° p. 142. Se comprobó en el
A. H. N . Ordenes. Libros de Visita: n.° 1086, C, f.°s. 29 y v.°; BIURRUN SOTIL, Tomás. La Portada de
Santa María de Viana. Príncipe de Viana, II, n.° 4, 1941, 24 y ss.
9. MADURELL MARIMON, José M.a: Contribución al estudio de Bartolomé Ordoñez. Anal, y Bol.
Museos Barcelona, jul. die. 1948. ROGGEN. D. Jehan Mone, artiste de l'Empereur. Gentse Bijdragen
tot de Kunstgeschiedenis, XIV, 1953, 20, págs. 207, 246. El Doct.° VI relativo al Entierro, de
Madurell. GÓMEZ MORENO, M.a Elena. Bartolomé Ordóñez. Madrid, Inst.° Diego Velázquez. 1956,
13. MADURELL. cit. Pedro Nunyes y Enrique Fernandes, pintores de retablos. Anal, y Bol. Museos
Barcelona, II, 1944, 58-59. M.a C. GARCÍA GAINZA, M. C. HEREDIA, J. RIVAS y M. ORBE. Pamplona,
1985, 285, nota 42, lám. XXVII y fg. 407.
10. PONZ, Antonio. Viaje de España (1772...) Madrid. Ed. Aguilar, 1947, 224.
112 [4]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
11. ANGULO IÑIGUEZ, Diego. La Escultura en Andalucía. Sevilla, 1927-39, I, cuad. 7, lám. 61.
PÉREZ EMBID, Florentino. Pedro Millán y los orígenes de la escultura en Sevilla. Madrid, Inst.° Diego
Velázquez. 1973. KOSAREVA,N. Pedro Millán Lamentation, en la revista del Museo del Ermitage, XLIV,
1979. Sumario en inglés.
12. VENTURI, cit. VI cit., 916, fg. 618. BANDIRALI, María. Scheda per Agostino Fondulo, Scultore.
Arte Lombarda, 1958-1959, 31, fgs. 1-6.
13. HERNÁNDEZ DÍAZ, José. Una obra del Maestro Michel en la Catedral de Santiago. Arch. Esp.
Arte y Arq. 1932, 149 y ss. ANGULO. La escultura... cit. fgs. 63-69. AZCÁRATE, José M.a: Escultura del
sigio XVI. Madrid, 1958 (Ars Hispaniae, XIII), 112, fg. 104.
[5] 113
MARGARITA ESTELLA
14. HERNÁNDEZ DÍAZ. cit. Más sobre el maestro Miguel imaginero. Arch. Esp. Arte y Arq., 1934,
27. Sugiere la relación con los artistas de Bar le Duc. FORSYTH, cit. VENTURI. Storia, cit. X. Scultura
del Cinquecento, 1.a p. Milán, 1936, pág. 276.
15. AzcÁRATE, Escultura... cit., 36. Fotografía Dept. Arte Diego Velázquez.
16. GÓMEZ MORENO, Manuel. La escultura del Renacimiento en España (Pantheon). Firenze.
Barcelona, 1931, Cap. V. láms. 34-35.
114 [6]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
trabajó este artista en la Sixtina. El éxito de la obra debió ser grande pues se copió
en su época como se sabe por el desaparecido Entierro de la Capilla del Sepulcro, en
la parroquia de Santa María de Andújar, estudiado por Domínguez Cubero que
destacó su semejanza con el de Granada salvo en la presencia de una figura de más
que es en realidad la que se echa en falta en el del Florentino. Es lástima que de este
magnífico grupo perdido en 1936 sólo se haya localizado una pequeñísima fotografía
de mala calidad reproducida por Cazaban en la revista Lope de Sosa17.
De este primer tercio del siglo XVI, el más prolífico en la representación de este
tema iconográfico, la Catedral de Toledo presenta otra variante de interés con dos
grupos, el del Entierro y el de la Piedad, obra de Diego Copín de Holanda el primero
y atribuido a su quehacer el segundo 18.
El Entierro de Diego Copín en la escondida capilla del Santo Sepulcro representa,
no obstante su temprana fecha (1514) y la muy probable procedencia nórdica de su
artífice, la españolización del tipo franco-borgoñón. María en pie con velo y en
actitud de dolor contenido contempla el cuerpo muerto de Cristo en la sábana que
sostiene, sobre el sepulcro, José de Arimatea a la cabeza y Nicodemo a los pies,
ambos semiarrodillados; San Juan y las tres Santas Mujeres que rodean a la Virgen
adoptan asimismo expresiones sobrias. Obra de gran calidad técnica es asimismo un
magnífico exponente de delicado realismo que infunde emoción sin alardes expresi-
vos. Desde otro punto de vista refleja los caracteres de una escuela escultórica que
con influencia de la burgalesa destacará en el panorama artístico español de este
primer tercio del siglo XVI con figuras de gran relieve incluido el propio Copín.
En su misma línea compositiva y estilística aunque quizás no de la misma mano,
se representó en el trascoro de esta misma Catedral el tema de la Piedad que como
en los retablos suele acompañar al del Entierro, como ya se ha visto en la decoración
por Pedro Millán de la capilla de San Laureano en Sevilla.
También puede calificarse como obra de este círculo artístico el Entierro inédito
de la iglesia de San Pedro en Cogolludo citado por Catalina que ¿desaparecido?, ha
podido estudiarse gracias a una fotografía fruto de la ingente labor realizada por
Orueta19.
No es obra de gran calidad artística pero refleja el interés de la representación
del tema en Castilla la Nueva, que con la escuela toledana presenta otros focos de
interés, como el de Sigüenza, al que parece responder el arte de este sepulcro a juzgar
por los interesantes relieves bíblicos del frente del sepulcro enmarcados por columnas
abalaustradas y menuda decoración de grutestos de su entablamento. La obra parece
tallada en piedra por la dureza de los pliegues de la indumentaria y de las líneas del
dibujo del relieve. Representa, como el de la capilla de Toledo, a Cristo sobre el
sepulcro sostenido por José de Arimatea y Nicodemo en pie, vestidos sencillamente
sin tocados extranjerizantes y el grupo de las Marías y San Juan, en actitud recogida
tras el sarcófago. Su fecha puede calcularse hacia 1530 y como se ha dicho puede ser
obra de algún artista del foco seguntino, relacionado con el más importante de
Toledo, aunque presenta problemas de clasificación.
17. DOMÍNGUEZ CUBERO, José. El desaparecido grupo escultórico del «Santo Entierro» de Andújar.
Jaén, 7 septiembre 1979, 15. CAZABAN, Alfredo. Joyas del Renacimiento. Don Lope de Sosa, 1917-1918,
reproduce en pág. 18.
18. Datos Documentales inéditos para la historia del arte en España. PÉREZ SEDANO, Francisco.
Notas del Archivo de la Catedral de Toledo redactadas por... en elsiglo XVIII. y II. ZARCO DEL VALLE,
Manuel. Documentos de la Catedral de Toledo... Madrid, 1914-1916. AZCÁRATE. Escultura... cit. 95-96,
fg. 98.
19. CATALINA GARCÍA, Juan. Catalogo Monumental de la provincia de Guadalajara, 1906 (inédito,
depósito Dpt.° Arte Diego Velázquez), II. Inventario artístico de Guadalajara, Dirigido por J. M.
AZCÁRATE. Madrid, 1983,1: no lo cita. Fototeca Dpt.° Arte. Depósito clichés Gómez Moreno y Orueta.
[7] 115
MARGARITA ESTELLA
20. SANZ SERRANO, Anselmo. Cuenca y su provincia. Barcelona, Aries, 1960, 159. ANDÚJAR
ORTEGA, Luis. Colegiata de Belmonte. Ara, n.° 49, 1976. VII Congreso eucarístico comarcal. Intro-
ducción C. SANZ PASTOR. Belmonte, 1964, n.° 12, WEISE, Georg. Spanische Plastik aus sieben Jahrhun-
derten. Tübingen, LV, 1939. Castilla la Nueva. AZCÁRATE. Escultura... cit. fig. 222. PÉREZ RAMÍREZ,
Dimas. Escuela conquense de escultura renacentista: Pedro de Villadiego... Tarancón, 1978.
21. PARRADO DEL OLMO, José M.a: Los escultores seguidores de Berruguete en Avila. 1981, 104.
116 [8]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
22. AzcÁRATE, Escultura... cit, 192. NAVASCUÉS, Joaquín. Museo Arqueológico Nacional. Madrid,
1954, Sala XII, 100. OSABA Y RUIZ DE ERENCHUN, Basilio. Museo Arqueológico de Burgos. Madrid, 1974,
30: aclara que procedía de San Pablo de Burgos. TORMO Y MOZO, Elias. Alcalá de Henares. Madrid (s.
a., ca. 1929). PIRIZ PÉREZ, Emilio. El escultor Lucas Mitata. Bol. Seminario Arte y Arq. Valladolid,
1977, 237-52. Realizado en 1559. SENTENACH, Narciso. Catálogo Monumental de la Provincia de Burgos,
1921 (inédito, depósito Dept.0 Arte Diego Velázquez). V., n.° 290.
23. GÓMEZ MORENO, Manuel. Escultura... cit. 70. MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José. Juan de Juni
Vida y obras. Madrid, 1974. ídem. Juan de Juni y su época (Exp. IV Centenario. Valladolid-Madrid)
1977. ídem y CRUZ SOLIS, Joaquín. El entierro de Juan de Juni: Historia y restauración. Valladolid,
1983: con comentarios de gran interés sobre el tema en relación a su representación por Juni. TORMO Y
MONZO, Elias. Más sobre Cabezalero y Obras desconocidas de Juan de Juni en Madrid: Bol. Soc. Esp.
Exc. 1915, 122, notas 1 y 3 y 161.
[9] 117
MARGARITA ESTELLA
118 [10]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
medio entre la que presentan sus Vírgenes con el Niño del Monasterio de Santa
Casilda de Buezo (1529), junto a Briviesca, y la del precioso relieve de la sillería de
San Jerónimo de Granada (1530), la expresión dolorida de los rostros conseguida por
el fruncir de las cejas casi en ángulo y las bocas entreabiertas con las comisuras hacia
abajo, los mantos separados de los hombros como en sus bellos tondos de la Virgen
con el Niño y de ampulosos plegados que a veces se revuelven en caracolillo o los
trata en su simple caída vertical, son característicos de la obra de Siloé pero sobre
todo la trabada composición, la pulida talla de las superficies y el conseguido
sentimiento de dolor contenido e íntimo apoyan la atribución al gran maestro 26.
La obra pudo ser realizada hacia el año de 1532 cuando se le piden las trazas para
la reforma dicha del convento de la Madre de Dios, encargada a Hernán Ruiz, testigo,
precisamente, de la escritura citada en que se nombra a Bruna tasador de la obra de
Castillejo. Aunque en sus años granadinos fue menor su actividad escultórica y muy
escasos sus desplazamientos, el Entierro de Baena parece de su mano o realizado bajo
su muy inmediata dirección, pero nos extraña el escaso interés que ha despertado su
estudio al menos en la bibliografía que hemos consultado. La estructura arqui-
tectónica, pequeña para el grupo y que debe ser la obra de Bruna en el retablo, sugiere
que quizás el conjunto escultórico no se hiciera en Baena.
A falta de documentos se sostiene esta atribución a Siloé del retablo desaparecido
y la intervención dicha del artista flamenco. No se ha podido localizar fotografía de
la parte superior del retablo con la Resurrección, tema complementario en muchos
casos, del Entierro.
Otro interesante y problemático Entierro es el discutidísimo del Monasterio de
Sigena que además plantea el problema de la divulgación del tema en la zona
aragonesa. La antigua devoción al Santo Sepulcro en Aragón la atestiguan las tempra-
nas y numerosas capillas de su advocación como puede ser la de la Iglesia de San
Pablo donde, según datos a Abizanda, se encarga en 1589 al pintor Domingo
Martínez de encarnar la figura de Cristo y en 1618 al escultor Urliens de ¿rehacer?
las tallas de San Juan y Nicodemo, sin olvidar la famosa capilla del Sepulcro de la
Colegiata de Calatayud 27.
Este entierro de Sigena (Huesca) es de figuras de alabastro de mayor tamaño que
el natural y su clasificación artística ha dividido la opinión de los estudiosos del arte
aragonés.
Cristo reposa sobre un sarcófago cuyo frente decora un medallón con un Evange-
lista, sostenido por dos ángeles. A la cabecera José de Arimatea con un bolsón colgado
de la cintura y tocado de un bonete se inclina hacia adelante en tanto que Nicodemo
a los pies, destocado, se aparta del sepulcro. La Virgen en actitud dolorida de fina
compostura contra el grupo de las Marías y San Juan detrás del sarcófago. La obra,
de una gran calidad técnica, muy a la italiana, se atiene no obstante a la composición
más propia del arte francés.
Aunque atribuido a Forment nos parece más oportuna la atribución que hizo del
Arco a Gabriel Joly, con más fundamento estilístico y en cierto modo documental
[11] 119
MARGARITA ESTELLA
28. ARCO, Ricardo del. Artistas extranjeros en Aragón. Anuario del Cuerpo Fac. Arch. Bcas. y
Museos. 1934,1, 232 y ss.
29. ABIZANDA BROTO, Manuel. Damián Forment, el escultor de la Corona de Aragón. Barcelona,
148. IBÁÑEZ MARTÍN, José: Gabriel Yoly. Madrid, 1956 (Arte y artistas). AZCÁRATE, Escultura, cit. 129.
30. DURAN SANPERE, Agustín y AINAUD DE LASARTE, Juan. Escultura gótica. Madrid, 1956 (Ars.
Hispaniae, VIII) 213.
31. ídem. 266, fg. 302. AINAUD DE LASARTE Catálogo monumental de España. La ciudad de
Barcelona. Madrid, 1947, 90, fg. 612.
32. SANÇ DE CAPDEVILLA, Mossén. La Seu de Tarragona. Notes historiques sobre la construção, el
trésor, els artistes, els capitulars. Barcelona, 1935, 45 y ss.
33. Idem, 52.
120 [12]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
este tipo en la Catedral de Tortosa, que poseyó un Sepulcro de N.° Señor y otro de
N. a Sr.% la de Lérida, el Convento de los Angeles en Barcelona, etc., y ya se ha
hablado del encargado a Uguet d'Artes para S. Jaime 34 . Precisamente en el monaste-
rio de Vallbona de las Monjas en la provincia de Lérida se conserva un interesante
Entierro de Cristo, ingenua, tardía y simplificada versión del de Solesmes, y un
Entierro de Nuestra Señora también muy primitivo pero obra de otro artista, sobre
los cuales no se han encontrado referencias bibliográficas.
Esta producción catalana se consagra con la obra de Martín Diez de Liatzasolo,
en una línea clasicista muy diferente a la tradicional cuya primero manifestación
debió ser el mencionado encargo a Ordoñez en 1517 que, de momento, no tuvo
consecuencias artísticas a juzgar por los anteriormente descritos.
El bello Sepulcro en mármol de la iglesia de Santa María de Tarrasa, deteriorado
en 1936, se le encomendó el año de 1539 con un plazo para realizarlo de 3 años,
entregándolo el año de 1542. La inscripción «Opus Martini Diez de Liatzasolo» habla
del legítimo orgullo de su autor. Concebido por completo dentro de las normas del
pleno cinquencento se ajusta a la típica composición de 8 personajes. No se insistirá
en su romanismo, calidad técnica y belleza de sus personajes, caracteres tantas veces
valorados por numerosos historiadores pero debe destacarse el parecido que presenta
la forzada posición de la cabeza de Cristo, con el pelo caído en cascada, con la que
presenta la del yacente del citado relieve de la Piedad de Tullio Lombardo en San Lio
y los puntos de contacto de sus figuras con las del bello grupo de Cristo muerto en
brazos de José de Arimatea del escultor Baccio Bandinelli en la iglesia de Santa
Anunziata de Florencia 35 .
También se atribuye a Liatzasolo el grupo de alabastro de la Muerte de la Virgen
en el Museo de Barcelona, de personajes en actitud más movida. Aunque no fuese
obra del escultor ni acompañó al grupo de Tarrassa, es testimonio de la difusión del
tema de la Dormición de María, en el arte catalán y aragonés pues al parecer reproduce
un ejemplar en madera de Casbas (Huesca).
De menos calidad pero en su círculo estilístico destaca el Entierro en alabastro
del Monasterio de Pöblet, en la llamada Galilea, paso, con dos capillas adosadas a
los lados, a la iglesia del convento.
Conocido por su monumentalidad no se han divulgado las noticias documentales
sobre su artífice proporcionadas por Guitert y por Sanz de Capdevilla 36 .
Según el primero, en la época del abad Guimerá y con motivo de un incendio que
destruyó el coro del monasterio, se encargó en 1575 a «un afamado escultor... maestre
Ramirez» la limpieza del retablo mayor, la de algunas piezas de plata y la cons-
trucción de una nueva sillería para el coro.
A los pocos años, en 12 de julio de 1580, según los datos de Capdevilla, se firma
contrato entre el Síndico de Pöblet y el «maestro Andreu Ramirez escultor, habitant
en VEsplugá de Francolí sobre Vobra del sépulcre alabastri de la Galilea amb les figures
del Crist yacent, Nicodemus, Josep d*Arimatea, San Joan, la Verge y les tres Marias».
34. ARCO, Luis del. Guía artística y monumental de Tarragona y su provincia. Tarragona, 1906.
ALONSO GARCÍA, Gabriel. Capillas, altares... de la Seu velia de Lleida. Herda, 1979, 7-9. Cristo yacente
y cuatro figuras; 81, restaurado en 1704 y posteriormente repintado. AiNAUD. Ciudad de Barcelona, cit.
185. Vid. también nota 9.
35. SALAS, Xavier de. Escultores renacientes en el Levante español. Martín Diez de Liatzasolo.
Anal, y Bob. Museos Barcelona, I, invierno 1943, 93 y ss. MADURELL, José M.a: Los maestros de la
escultura renaciente en Cataluña. Martín Diez de Liatzasolo. Anal, y Bol. Museos Barcelona, III, 1945,
7 y ss. Vid. nota 14. VENTURI. Storia, cit. X, 1.a p. y X, 11.a p. fg. 202.
36. GUITERT Y FONTSERRÉ, Joaquín. Pöblet. Notas histórico-artísticas del Monasterio. Leyenda y
Tradiciones. Barcelona. 1921. SANÇ DE CAPDEVILLA, cit., IV, 108. ALTISENT, Agustí. Abadía de Pöblet.
y
Esplugá de Francolí, 1974, 424.
[13] 121
MARGARITA ESTELLA
Las escasas noticias encontradas sobre la vida de este artista nos lo presentan como
artista «extranjero» en Cataluña que aparece de forma inesperada en Pöblet el año
de 1575 cuya obra del coro debió acreditarle y proporcionarle otros trabajos. Según
Madurell debe ser el pintor de este nombre que el año de 1576 contrata un aprendiz,
tiene tratos con Mates y el platero Bolayos. En 1580 interviene en la tasación de un
retablo lo que de forma indirecta le relaciona con Díaz o Diez de Liatzasolo37.
Se ha intentado localizarle en otras regiones, concretamente en Aragón por su
apellido pero no se ha conseguido ningún resultado ni el más leve indicio para
suponerle un posible parentesco con el escultor Juan Ramírez que interviene en la
ejecución del retablo de Tudela en 1551 38.
La obra, muy restaurada no muy felizmente en algunos detalles, ha podido ser
estudiada por medio de fotografías anteriores a su deterioro. Sus caracteres denuncian
la formación clasicista del autor en torno al círculo de Diez de Liatzasolo cuyas obras
debieron inspirar este Entierro de Pöblet. El rostro de la Magdalena antes de la
restauración presenta las mismas facciones abultadas que las destacadas por Salas en
las figuras del sepulcro de Tarrasa y el conjunto de las figuras, incluido el bello
yacente, hablan de su moderado sentido de la monumentalidad. Talla hábilmente el
pelo en profundas líneas onduladas pero desconoce el tratamiento preciso del alabastro
para obtener el efecto natural del plegado en la indumentaria. En su conjunto es obra
importante más que por su arte, por representar con la de Liatzasolo la asimilación
de la monumentalidad romana en un tema iconográfico que venía de la época gótica,
aunque ello quizás fue la causa de su temporal desaparición. Las representaciones
barrocas españolas de estos grupos, como las magníficas del sevillano Roldan,
volverán a lo expresivo y a la madera.
Al llegar al punto de tratar la representación del Entierro en los retablos navarros
recordamos lo que se dijo al principio, el desconocimiento de la existencia de
Sepulcros o Entierros del tipo de los descritos en Navarra. No obstante, la proximidad
y relaciones artísticas que mantenía con Aragón, Cataluña y la Rioja y la llegada a
su tierra de los Beaugrant, de uno de los cuales se conserva en la iglesia de Santiago
de Bilbao la Dolorosa de un Entierro, aconseja dar al menos algún dato en relación a
los relieves de los retablos más significativos de la escultura navarra que representan
el tema, pues como también se ha dicho respecto a otras regiones, es posible que en
esta búsqueda apresurada no se hayan localizado piezas existentes cuyo estudio puede
aportar novedades de interés.
El precioso relicario del Santo Sepulcro de su Catedral o el tímpano de la portada
de la iglesia de esta advocación en Estella sugiere la temprana difusión del culto a
la Tumba del Señor por los mismos años que aparece en Europa.
Ya en la época que nos ocupa, la representación en piedra en la portada de la
iglesia de Santa María de Viana, por su monumentalidad e insólita colocación aparece
en estrecha relación con los estudiados. Bajo el Calvario, representado en figuras
prácticamente exentas, se dispone el altorrelieve del Entierro, enmarcado de forma
poco graciosa. La composición se ajusta a la típica de estos grupos, de Cristo sostenido
por Nicodemo y José de Arimatea con tocados exóticos, contemplados por la Virgen,
dos Marías y dos Angeles. Se sabe que la obra fue trazada por Goyaz a mediados del
siglo XVI que como se ha dicho aparece en conexión con la escuela burgalesa39.
Weise dio también nota de la importncia de la representación del tema, que el
denomina Lamentaciones a la Muerte de Cristo, en los retablos navarros de estos años.
Entre los numerosísimos ejemplos que pudieran citarse se recuerda el de la Piedad de
122 [14]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
40. URANGA SANPERE, José E. Retablos navarros del Renacimiento. Pamplona, 1947. AZCÁRATE.
Escultura cit. WEISE. Georg. Die Plastik der Renaissance und das Frühbarock im nordlichen Spanien.
Tübingen, 1957, 2 vols. BIURRUN SOTIL, Tomás. La escultura religiosa y bellas artes en Navarra durante
la época del Renacimiento... Pamplona, 1935. Catálogo Monumental de Navarra. Dirigido por M.a
C. GARCÍA GAINZA. III. Merindad de Olite, cit. fig. 712 (Tafalla: Palacio de los Meneos).
41. WEISE, cit, II. GARCÍA GAINZA, Concepción. La escultura romanista en Navarra. Discípulos
y seguidores de Juan de Ancheta. Pamplona, 1969.
[15] 123
MARGARITA ESTELLA
124 [16]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
Monasterio de Pöblet.
[17] 125
MARGARITA ESTELLA
126 [18]
APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LOS ENTIERROS DEL SIGLO XVI
[19] 127
MARGARITA ESTELLA
128 [20]
Historia y estructura de la
exhibición artística en Pamplona
(1940-1955)
PILAR FARO
INTRODUCCIÓN
FUENTES
[1] 129
PILAR FARO
Documentación de archivo
Sólo las instituciones públicas conservan sus documentos de manera detallada y
ello se debe al mecanismo burocrático que engendra la propia administración. Pero
esto no quiere decir que sea de fácil acceso. En los archivos de la Diputación Foral
el tema de exposiciones no está consignado en un apartado, por lo menos antes de
1956, fecha en que se reorganiza el Museo de Navarra. Así que la documentación
sobre exposiciones se encuentra dispersa en el conjunto de toda la documentación.
De todas formas la información que aporta es muy exigua, resumiéndose a permisos
de exposición sin alusiones a la obra expuesta ni a las condiciones.
Fuentes hemerográficas
En el período 1940-1955 la noticia artística no tenía la importancia hoy concedida
en la prensa diaria, razón por la que existen muy pocas críticas. Sí aparecen críticas
en las revistas «Arga» y «Pregón», pero dada su periodicidad trimestral, cuando
aluden a una exposición apenas hablan del lugar y fecha en que se realizan, pues
solían ser hechos muy lejanos al momento de su publicación.
La noticia artística supone en ocasiones prestigio para la persona del pintor; en
otras, trata de resaltar los valores regionales de Pamplona. Pero lo más habitual es
que se convierta en notas de sociedad. La noticia sufre así una contingencia absoluta:
depende de la disponibilidad del periodista para acudir al acto inaugural y de las
relaciones que mantenía el pintor o el expositor con el periódico.
Además existe la posibilidad de errores tipográficos que pueden confundir nom-
bres, fechas y pies de foto. Para intentar subsanar estas deficiencias hemos consultado
más de una publicación: dos periódicos, los diarios «Pensamiento Navarro» y «Diario
de Navarra», y las ya mencionadas revistas.
Catálogos de exposiciones
Antes de usar la fuente de los catálogos ha sido necesario acudir a las fuentes
orales y asegurarnos de que efectivamente se hacían catálogos de todas las exposicio-
nes, por lo que si no han llegado hasta nosotros es porque no se han conservado. Los
catálogos correspondientes a las exposiciones celebradas en galerías y salas privadas,
nunca fueron muy importantes ni para los artistas ni para los expositores y no han
llegado a nosotros. Los catálogos editados por las instituciones públicas, se conservan
en parte en la Biblioteca de la Diputación Forai. Son catálogos mejor editados que
los del sector privado, aunque se editaban pocos porque normalmente era el propio
artista quien se costeaba sus catálogos.
Por último añadir que el catálogo es el único testigo final de una exposición.
Fuentes orales
Para estudiar un fenómeno socio-histórico como el presente son imprescindibles
los recuerdos y noticias que nunca han sido escritas y quedan en la memoria de los
testigos directos. Para lograr una efectividad ha hecho falta centrar la conversación
sobre una base documental previa e ir así motivando el recuerdo.
130 [2]
HISTORIA Y ESTRUCTURA DE LA EXHIBICIÓN ARTISTICA EN PAMPLONA (1940-1955)
datos con las distintas fuentes para intentar precisar el día, fecha, lugar de exposición
y obra expuesta por cada artista, como mínimo. Lamentablemente hay lagunas que
no pueden esclarecerse tratándose de hechos que han ocurrido hace sólo medio siglo.
LA EXHIBICIÓN ARTISTICA
Juan Acha divide el hecho artístico en tres vertientes: la producción artística, la
distribución y el consumo, los tres íntimamente ligados entre sí. La exhibición es
uno de los procesos que integran la distribución, pues es mediante la exposición
cuando la obra de arte adquiere existencia social separándose definitivamente de su
creador. Es el mismo Acha quien propone como hipótesis de trabajo un proyecto más
amplio donde se integra el presente estudio: «conociendo la mecánica distributiva
de una sociedad nos resultará más fácil comprender muchas de las razones de su
producción y consumo artístico» 1.
Para el estudio de la exhibición artística la bibliografía es muy escasa y además
de este estudio de Acha globalizador, sólo se hacen referencias al estado del mercado
internacional. Vamos a referirnos a uno concretamente, pues es el que presenta una
sistematización más precisa, Francesco Poli. Poli coloca en el vértice del fenómeno,
a los «marchands» o directores de galerías, que son capaces de promocionar la «buena
pintura» adquiriendo un papel fundamental en el desarrollo del arte contemporáneo 2.
Seguidamente y con menor importancia en el mercado de arte, Poli clasifica los
marchandas revendedores, las pseudogalerías, galerías de segunda fila, todas ellas
dependientes de las directrices que marcan los marchandas valoradores3.
Sin embargo Pamplona es una ciudad que tiene artistas locales que venden a un
público local constituyendo una unidad de mercado, al margen de las relaciones
exteriores, no conociéndose marchandas ni contratos vinculantes de pintores con
galerías.
La conclusión a la que llegamos es que las categorías establecidas por Poli en su
estudio del macrofenómeno del mercado de arte no se pueden aplicar en el ámbito
de un núcleo social reducido. Los mecanismos que desarrolla cada núcleo social
corresponden a sus necesidades y posibilidades; de hecho el sector público tiene en
Pamplona un protagonismo, como veremos en el desarrollo de esta comunicación,
que no tiene paralelo en el mercado internacional. Así, el estudio de un mercado local
puede abordarse como una unidad completa e independiente de su niacroestructura,
pudiendo dedicar un capítulo a su relación con el gran mercado.
[3] 131
PILAR FARO
El escaparate
Es el primer modelo que adopta la exhibición. Se aprovecha la infraestructura de
exhibición de otros productos, no artísticos, para exponer la obra de arte. No supone
ningún gasto para el pintor y es un prestigio retórico para el comerciante el contribuir
al hecho «cultural».
Se puede equiparar este estadio a la venta en lugares muy frecuentados, como
barberías y bares. Es la búsqueda del cliente por parte del pintor en momentos de
depresión económica, que implican también pobreza cultural. Las condiciones
económicas de este medio de exposición dependen exclusivamente de la relación
pintor-comerciante y de acuerdos personales.
Estamos describiendo un fenómeno que cumple una función mercantil4. Sin
embargo, las exposiciones en escaparates también cumplen en ocasiones una función
cultural, lo que da prueba de la popularidad del sistema. Basta como ejemplo el
señalar que se expuso una talla de San Francisco Javier del escultor Ulibarrema5
destinada a una parroquia de Cascante y que no estaba a la venta, pero que, según las
notas de prensa, fue muy visitada. Asimismo, la cofradía del Santo-Entierro expuso
el último paso procesional adquirido, hecho que constituyó todo un suceso 6. Con
este mismo sistema se expusieron en la inmediata postguerra los carteles ganadores
del concurso convocado por el Ayuntamiento para anunciar las fiestas de San Fermín.
La tienda
El escaparate desarrolla un modelo intermedio con la galería y es la exposición
dentro del negocio en el local de la tienda no dedicada al efecto. Se hacen exposiciones
en Casa Arilla7 y en Casa Luna8 negocios dedicados a la venta de instrumentos
132 [4]
LA VIRGEN DE RONCESVALLES E IMÁGENES DERIVADAS
musicales. Pero fue Arrizabalaga tienda de objetos de regalo quien desarrolló más
este modo celebrando incluso una colectiva por navidad 9. La obra de arte, cuadro o
escultura empieza a tratarse como objeto de valor, es condición necesaria para que
se den las salas de exposición, locales para la venta exclusiva de obras de arte.
Las galerías
El comerciante de marcos es el que está más cerca por motivos profesionales del
pintor y de una clientela específica manteniendo con ambos buenas relaciones, por
lo que es usual que en el escaparate de un enmarcador se expongan cuadros que haya
llevado el propio pintor para enmarcar y queden allí para la venta.
El paso del escaparate a la tienda se produce en los comercios de marcos al ser
éstos los únicos que están en contacto directo con la obra de arte y sus propietarios
en situación de valorarla. Las galerías que aparecen en Pamplona están, por ello,
relacionadas con un negocio de marcos y/o material pictórico.
Anastasio Martínez
Es un taller de tapicería hasta 1939, año en que es sustituido por un negocio de
enmarcación. El caso de la sala de Anastasio Martínez depende enteramente de la
personalidad de su propietario, hombre afable, popular, bien relacionado y amigo
personal de Gustavo de Maeztu. En su local se celebraban tertulias con ocasión de las
periódicas visitas del pintor a la ciudad. Fruto de estas tertulias fue la iniciativa de
habilitar un espacio en el mismo local para hacer la primera exposición de Gustavo
de Maeztu en octubre de 194110. El mismo año expuso Ciga, en diciembre, y hubo
una segunda exposición de Maeztu en diciembre de 1943 n . Sin embargo, aunque se
preparase este local para exposiciones apenas fue utilizado, ya que su propietario,
Gustavo, no tenía intereses comerciales en ella y primaba sus relaciones personales
y de amistad con los pintores. Así, pintores como Ascunce, Lasterra o Basiano han
seguido teniendo cuadros en su escaparate hasta fechas muy recientes.
Sala Lipuzcoa
Esta sala existía antes de la guerra y se conoce desde 1920. Era, también, un
negocio de marcos y material pictórico que tenía un local acondicionado para expo-
sición. Las fuentes orales coinciden en describirla como una sala bonita, porque tenía
iluminación natural a través de una claraboya que ocupaba parte del techo, a pesar
del inconveniente de poder ser visitada sólo en horario diurno.
La primera noticia que conservamos después de la guerra es de 1943, año en que
expone Erenchun, seguida de un período sin noticias hasta 1947 y 48 12. Los herederos
[5] 133
PILAR FARO
Sala Ibáñez
El pintor D. César Muñoz Sola, cliente del comercio de marcos y pinturas de D.
Francisco Ibáñez, sito en la calle Zapatería, le propuso a éste acondicionar un local
que se encontraba en el piso superior de la tienda, en el mismo inmueble que el
Centro Mariano y la redacción del periódico «Arriba España». Se pintaron las paredes
y se hizo una rudimentaria instalación de luz con una estructura de madera en
escuadra y una bombilla en su sistema, de manera que la luz quedase dirigida al
cuadro. Se inauguró con una exposición de Muñoz Sola en enero de 1950 en la que
se colgaron 9 cuadros. La sala mantuvo una actividad continuada hasta 195713 y fue
desmantelada en 1963, aunque declinó a partir de 1955 con la inauguración de la sala
de exposiciones de la C.A.M. en la calle García Castañón.
Hemos podido reseñar 28 exposiciones en este período, de los que un 46% eran
de artistas navarros. El otro porcentaje corresponde a pintores de regiones colindan-
tes, Logroño y Zaragoza o pintores aficionados que con motivo de su profesión
acudían a Pamplona.
El propietario tenía poco interés por la pintura en sí misma, hasta el punto de no
aceptar nunca un cuadro en pago. Las condiciones de alquiler de la sala no estaban
rígidamente establecidas; el precio de éste podía ser de un 10% de la venta a 500 ptas.
134 [6]
HISTORIA Y ESTRUCTURA DE LA EXHIBICIÓN ARTISTICA EN PAMPLONA (1940-1955)
por día de exposición. Los gastos de mantenimiento del local corrían por cuenta de
la casa y el vino español que se ofrecía el día de la inauguración lo pagaba el artista.
La sala fue adquiriendo importancia y su repercusión en la ciudad era grande; sus
inauguraciones eran actos sociales donde acudían autoridades y queda reseñado en la
prensa como tal. Decae bruscamente después de 1955 por la razón antes señalada.
Galena Egui
En diciembre de 1951 se inaugura Galerías Egui con una exposición de Basiano
y disponemos del catálogo por amabilidad de J.M. Muruzábal. El catálogo tiene un
carácter digno e incluye una breve biografía de Basiano y citas de Hegel y G. Stain.
La sala es un negocio que las hermanas Garde establecen encima del negocio familiar,
una tienda de marcos y material pictórico. De las 12 exposiciones reseñadas, un 70%
corresponden a artistas navarros. Pero la información es deficiente, pues sólo conta-
mos con las noticias de prensa, y, normalmente, los periódicos no reseñan las
exposiciones de pintores que no son locales. La programación se continuó hasta la
temporada 1984-85, en que se cerró por motivos personales de sus propietarias 14.
[7] 135
PILAR FARO
Ayuntamiento
Después de la guerra, el Ayuntamiento como organizador de las fiestas, de San
Fermín, incluye en sus festejos una exposición de todos los artistas locales que quieran
exponer. La modalidad de esta exposición concluye un concurso que puede ser unos
años de pintura u otros de fotografía. La organización pretende la difusión del arte
sin ninguna intención comercial, y así en el catálogo aparecen cuadros consignados
como propiedad, pero en el resto aparece el precio, teniendo un carácter de exposición
y venta, dándose la paradoja que ya he descrito 17.
Estas exposiciones colectivas fueron perdiendo importancia cuando las formas del
mercado artístico evolucionaron y el público se acostumbró a comprar no sólo en San
Fermín y en Navidad sino también en el resto de la temporada y en los locales
adecuados: las salas de arte.
Otra actividad cultural relacionada con el arte y con las fiestas de San Fermín es
el concurso de carteles que convoca el Ayuntamiento, anunciadores de las fiestas. El
cartel ganador y los accésits acostumbraban a exponerse primero en escaparates, en
el propio edificio del Ayuntamiento y más tarde en las salas de la C.A.M. Este
concurso y la deliberación del jurado ha interesado siempre mucho a la ciudad y ha
provocado graves polémicas.
136 [8]
HISTORIA Y ESTRUCTURA DE LA EXHIBICIÓN ARTISTICA EN PAMPLONA (1940-1955)
CONCLUSION
La conclusión viene precedida por un hecho fundamental y que pasamos a valorar:
en 1955 la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona inaugura su Centro de Estudios-
sala de exposiciones en la calle García Castañón. Con una exposición de Benjamín
Palencia y con unos objetivos que parecen muy claros «... aparecían claramente
definidos tres niveles expositivos a alcanzar. El primero el de la gran pintura, incluso
en sus manifestaciones más modernas, que trabajosamente se iba abriendo paso en
nuestro país desde final de la guerra y que el público de Pamplona, poco informado
al respecto, debía ir conociendo progresivamente. El segundo, el objetivo más
importante en aquel momento, lo constituía la pintura local. El trabajo de aquellos
[9] 137
PILAR FARO
artistas que formaban parte de nuestro entorno inmediato y que reclamaban urgente-
mente un lugar adecuado para la exposición de sus obras de arte y para su desarrollo
comercial. Y por último, el trabajo de los no profesionales, este grupo de personas
que toda comunidad produce y que dedican con devoción su tiempo libre a alguna
ocupación artística, con grandes deseos y pocas esperanzas de hallar un lugar donde
mostrarlo...» 19. El texto es elocuente por sí mismo. La sala de la Caja de Ahorros
Municipal se convierte en el único lugar de exposición de arte de la ciudad, hasta la
década de los 70. Este fenómeno se puede explicar en términos económicos: la
iniciativa privada no puede resistir la feroz competencia de esta sala regentada por
un capital mucho más fuerte.
En la sala de García Castañón se institucionaliza la situación ambigua creada en
la época que hemos analizado, dándose en consecuencia una situación muy anómala
dentro de la acostumbrada estructura del mercado artístico. Paradójicamente este
mercado que se caracteriza a nivel internacional por depender de la iniciativa más
privada y está sometida a sus leyes, muy caprichosas, en Pamplona, un núcleo social
reducido, queda apoyado y dependiente de una institución pública.
BIBLIOGRAFIA
ACHA, Juan: «El Arte y su distribución». ED. Universidad Autónoma de México. México, 1984.
DIPUTACIÓN FORAL: «Exposición de Artistas Navarros» D F N . Pamplona, 1940.
GUASCH, Ana María: «Arte e ideología en el País Vasco, 1940-80». Ed. Akal. Madrid, 1985.
HERCHENRODER, Christian: «Die Kunstmarkte». Dusseldorf, 1979.
HOLZ, Hans Heinz: «De la obra de arte a la mercancía». Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1979.
INSTITUT D'ETUDES EUROPÉENNES: «Le marché commun et le marché de lárt». Ed. de L'Université de
Bruxeles. Bruxeles, 1982.
MEYER, Karl: «Main Vasse sur le passé. Pillars et collectionneurs». Ed. du Seuil. Paris, 1975.
MOULIN, Raymond: «Le marché de la peinture en France». Ed. Minuit. Paris, 1967.
POLI, Francesco: «Producción Artística y mercado». Col. Punto y Línea. Ed. Gustavo Gili. Barcelona,
1976.
SEUPHOR, Michel: «Le commerce de Part». Ed. Desclée de Brouwer, 1966.
VILLANI, Andrés: «L'Economia dell'arte-mercadto e piano». Ed. Vista e Pensiero. Milan, 1978.
WATSON, Peter: «Les pirates de l'art». Ed. Bernard Grasset. Paris, 1985.
19. Texto del catálogo de la exposición organizada con motivo de los «25 años de una sala de
Exposiciones» en octubre de 1980.
138 [10]
La Virgen de Roncesvalles e
imágenes derivadas
CLARA FERNANDEZ LADREDA
[1] 139
CLARA FERNANDEZ LADREDA
también europeo, francés concretamente. Por lo que respecta a España ya para los
siglos XVII y XVIII contamos con detalladas descripciones suyas debidas al licen-
ciado Huarte y al P. Villafañe, lo que no ocurre con ningún otro ejemplar navarro;
posteriormente, en el siglo XIX, será estudiada por Fuentes y Ponte, y Madrazo y
ya en nuestro siglo figurará en las publicaciones de Ibarra, Clavería, Duran, Uranga
e Iñiguez y Yarza1. En Francia el primero en ocuparse de ella fue Marquet de
Vasselot, siguiéndole Bousquet, Bertaux y recientemente Erlande-Brandenburg2;
este interés francés se explica porque, como veremos más adelante, aunque se encuen-
tre en Navarra, fue realizada en el vecino país.
Es interesante señalar que no se trata de una simple obra de imaginería sino de
una pieza mixta en la que interviene también la orfebrería, pues la talla de madera,
excepto en las zonas correspondientes a la cara y manos, se halla cubierta con una
chapa de plata. Esto resulta excepcional en una obra francesa como es ésta, pues en
Francia la moda de las imágenes lígneas recubiertas con metal se extingue con el
románico3; creemos que tal excepción podría deberse a que cuando fue ejecutada se
sabía cual era su destino -es decir que fue una pieza de encargo- y se tuvieron más
en cuenta los gustos y modas del país destinatario que los del productor. Mide 90
cms. de altura.
Pasando ya al análisis de las figuras vemos que María se encuentra sentada en una
banqueta moldurada, con la cabeza girada ligeramente hacia la izquierda e inclinada
hacia el Niño al que mira, el brazo derecho caído a lo largo del cuerpo con la mano
sujetando un canutillo destinado a contener un atributo vegetal, y el izquierdo
rodeando el cuerpo del Niño; en cuanto a las piernas la izquierda se mantiene vertical,
pero la derecha sigue una línea diagonal divergente. De todo este esqueema hay que
resaltar sobre todo los dos elementos que suponen una innovación con respecto a las
tallas marianas navarras anteriores, la posición de la cabeza y la de las piernas; en
efecto, en éstas la cabeza se mantenía siempre frontal y erguida con la mirada fija
ante ella y las piernas paralelas o convergentes. Esta posición de la cabeza y de las
piernas conlleva además una ruptura de la frontalidad y simetría de la figura de
María, no vista en la imaginería mariana navarra hasta esta obra.
140 [2]
LA VIRGEN DE RQNCESVALLES E IMÁGENES DERIVADAS ,
[3] 141
CLARA FERNANDEZ LADREDA
142 [4]
LA VIRGEN DE RONCESVALLES E IMÁGENES DERIVADAS
11. Los ejemplares más trempranos que hemos podido localizar son los de Saint-Cheron fechados
en el primer cuarto del siglo XIV (W. H. FORSYTH, The Virgin..., p. 180), Sens, datada hacia 1310
(C. SCHAEFER, La sculpture en ronde-bosse au XIV siècle dans le duché de Bourgogne, Paris 1954, R.
30) y una talla perteneciente al Museo de Louvre (M. AUBERT, Musée..., n.° 211).
Por otra parte el número de ejemplares fechados en el segundo tercio del siglo XIV ha aumentado
considerablemente, pudiendo citarse los de Vatry, Coulommes-la-Montagne, Ville-Dommange, Bis-
seuil, Pogny, Presnes y Sacy, todos ellos ligeramente posteriores al segundo cuarto del siglo XIV (W.
H. FORSYTH, The Virgin..., p. 180), Dixmont y Sens -diferente del anterior- fechados hacia 1340 (C.
SCHAEFER, La sculpture..., R. 28 y 69) y tres tallas pertenecientes al Museo de Louvre las dos primeras
de hacia 1330 y la tercera de hacia 1350-1360 (M. AUBERT, Musée..., n.° 212, 214 y 215).
12. Concretamente la sala capitular, llamada también capilla de San Agustín: L. GIL, J. MARTÍNEZ
y M. ORBE, Estudio histórico-artístico de la Real Colegiata de Roncesvalles, Pamplona 1982 (inédito) .
13. Inédita.
[5] 143
CLARA FERNANDEZ LADREDA
ocurre al revés. Particularmente interesante resulta la coincidencia de esta obra con
el ejemplar de Roncesvalles en el detalle de la posición semierguida del Niño, a causa
de lo excepcional de esta postura dentro de la imaginería mariana de época medieval.
Como en Roncesvalles la indumentaria de María se compone de túnica adornada
al cuello con una orla y ajustada a la cintura mediante un ceñidor de correa -aunque
en el caso de Janáriz, al ser la talla exclusivamente de madera, sin revestimiento
metálico, ambos elementos serán simplemente pintados y no de filigrana-, manto y
velo, y la de Jesús de túnica. Además el esquema dispositivo de la mitad inferior del
manto de esta Virgen es idéntico al empleado en la titular de Roncesvalles: terciado
en horizontal de derecha a izquierda, llegando hasta el costado opuesto y cubriendo
enteramente el halda de la túnica; incluso se repite el detalle de la prolongación de
su extremo derecho en esa misma dirección para cubrir el sitial. Pero también el
velo está tratado de modo muy similar al de la imagen de Roncesvalles: la misma
caída primero en diagonal y luego en vertical de los laterales, la misma vuelta de la
parte inferior de estos sobre sí mismos formando una a modo de onda que nos muestra
el forro, los mismos pliegues tubulares inmediatos al borde en ambos lados; si acaso
habría que señalar que la caída en diagonal de los laterales resulta mucho más breve
que en Roncesvalles, pasando enseguida a la vertical.
A la vista de todas estas semejanzas con el ejemplar de Roncesvalles creemos que
queda suficientemente demostrada la afirmación de su derivación del mismo.
También es evidente que se inspiró en Nuestra Señora de Roncesvalles la Virgen
de Túrralas (Izagaondoa), que actualmente se conserva en el Museo Diocesano de
Pamplona. En efecto presenta gran cantidad de puntos de coincidencia con ella:
exactamente los mismos que encontramos en el caso de la talla de Janáriz. En realidad
resulta idéntica a ésta -de ahí que prescindamos de su descripción y cotejo con la
titular de Roncesvalles, remitiéndonos a lo dicho a propósito de la imagen de
Janáriz-, hasta tal grado que consideramos muy probable que sea obra del mismo
artífice, hipótesis reforzada por la cercanía entre ambos pueblos 14.
El tercer ejemplar de la imaginería mariana navarra derivado de la Virgen de
Roncesvalles es la pequeña talla perteneciente a la propia Colegiata, a la que para
distinguirla de la titular se le denomina Virgen del Tesoro 15.
En lo relativo a la disposición de las figuras e indumentaria no resulta esta obra
tan semejante a su modelo como las dos anteriores, aunque desde luego conserva los
rasgos más significativos del mismo, de tal modo que incluso en estos aspectos se
puede ver su derivación de él. Así en las actitudes de las figuras constatamos que en
el caso de María la postura de los brazos ha variado con relación a la titular de
Roncesvalles, pero se mantiene en cambio la inclinación de la cabeza hacia la
izquierda y la posición diagonal de la pierna derecha. Por su parte el Niño coincide
con el modelo en su postura semierguirda, de perfil al espectador, y en el ademán
del brazo izquierdo doblado con la mano sosteniendo la esfera, pero no en el del
derecho, pues está en actitud de bendecir16 y no apoyado en el pecho materno como
ocurría en la titular; en cuanto a las extremidades inferiores parece evidente que su
disposición se inspiró también en el juego de piernas de ésta, auque no se supo
interpretar correctamente y de ahí la introducción de diferencias: en lugar de flexionar
14. La única bibliografía sobre esta imagen es la breve descripción con fotografía adjunta de J.
CLAVERÍA, Iconografía..., t. II, p. 539.
15. Bibliografía: J. J. MARQUET DE VASSELOT, Le Tresor..., p. 322; J. IBARRA, Historia..., pp.
281-282; J. CLAVERÍA, Iconografía..., t. I, pp. 433-434; J. E. URANGA y F. IÑIGUEZ, Arte..., vol. IV,
p. 248 y lám. 29 color.
16. Actualmente está en una postura de los más atípica, como señalando a la esfera, pero no hay
duda que esto se debe a una alteración y que su ademán primitivo era el de bendición.
144 [6]
LA VIRGEN DE RONCESVALLES E IMÁGENES DERIVADAS
[7] 145
CLARA FERNANDEZ LADREDA
sino incluso la postura del brazo izquierdo abierto en ángulo obtuso con la mano
cogiendo al Niño por debajo de la cintura; únicamente la posición del brazo derecho,
en ángulo recto y con la mano proyectada hacia arriba, difiere del ejemplar de
Roncesvalles ; en cualquier caso, y a pesar de este detalle, su relación con la figura
de María de la imagen de Roncesvalles resulta evidente. En cambio en la figura de
Jesús se han introducido alteraciones bastantes sustanciales con respecto al modelo:
por lo pronto no aparece de perfil y en esa postura semierguida tan peculiar que
veíamos en la talla de Roncesvalles sino frontal y sedente, tampoco su brazo derecho
se encuentra apoyado en el pecho materno sino levantado impartiendo la bendición;
tan solo el ademán del brazo izquierdo, doblado ostentando una esfera en la mano,
coincide con la titular de Roncesvalles, si bien el ligero desnivel existente entre
ambas piernas -detalle pequeño, pero curioso y trascendente como se verá- parece
asimismo un recuerdo del peculiar juego de piernas del Niño del ejemplar de
Roncesvalles.
Las prendas que integran su indumentaria vuelven a ser las mismas que en la
imagen de Roncesvalles: túnica complementada con ceñidor, velo y manto para la
Virgen, y túnica sólo para Jesús. Pero más interesantes y significativas resultan las
coincidencias de esta talla con la titular de Roncesvalles en lo relativo a la disposición
del manto y velo de María. Efectivamente en el caso del manto vemos que cae suelto
sobre el brazo derecho y pasa luego por debajo de él formando una gran curva floja
que deja ver el forro, se desliza por detrás del brazo izquierdo dejándolo libre, y se
tercia en horizontal de derecha a izquierda llegando hasta el lado opuesto y ocultando
enteramente el halda de la túnica; es exactamente el mismo esquema empleado en la
talla de Roncesvalles. Igual ocurría con el velo, la forma que adopta es idéntica a la
usada en el ejemplar de Roncesvalles: caída primero en diagonal y luego en vertical
de los laterales, vuelta de los bordes sobre sí mismos y pliegues tubulares. A la vista
de unas coincidencias tan absolutas parece innegable la derivación de esta imagen
de Nuestra Señora de Roncesvalles.
Aún podríamos mencionar otras dos vírgenes inspiradas en la titular de Roncesva-
lles, las pertenecientes a las parroquiales de Eparoz en Urraul Alto, localidad próxima
a las de Janáriz y Turrillas, y Urroz de Santesteban en Baztán. Se trata en ambos casos
de producciones de carácter popular, mucho menos interesantes que las anteriores y
de ahí que no las analicemos, limitándonos a citarlas 20.
Pero además de estos ejemplares directamente derivados de Nuestra Señora de
Roncesvalles, existen algunos que derivan de ella indirectamente a través de otras
tallas. Concretamente este es el caso de la titular de la ermita de Arrigorría en Arraiza
y de la imagen que procedente de la iglesia de Enériz se conserva hoy en el Museo de
Navarra21. Las dos se inspiraron -como veremos- en la Virgende Olaz-Subiza y, por
tanto, a través de ella se vinculan a Nuestra Señora de Roncesvalles.
El que estos ejemplares tuvieran como modelo la talla de Olaz-Subiza resulta
patente, dadas las estrechas similitudes entre una y otras, tanto a nivel de disposición
de las figuras como de la indumentaria.
En cuanto al primer aspecto, la disposición de las figuras, en ambas imágenes
María aparece sedente, con el brazo derecho en ángulo recto y la mano proyectada
hacia arriba sosteniendo el atributo, el izquierdo en ángulo obtuso sosteniendo al
Niño por debajo de la cintura y la pierna derecha en diagonal divergente, en tanto
que Jesús se encuentra sentado sobre la rodilla izquierda de su Madre, en actitud
146 [8]
LA VIRGEN DE RONCESVALLES E IMÁGENES DERIVADAS
[9] 147
CLARA FERNANDEZ LADREDA
148 [10]
Un aspecto de la arquitectura
barroca en Navarra: los camarines
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
[1] 149
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
del trasparente -ventana situada tras la imagen que produce un efecto de contraluz-,
pero en otras ocasiones son pequeños vanos practicados en las paredes laterales del
camarín las que suministran la luz, en cuyo caso observamos los efectos pero no las
causas. Complemento indispensable para estos conjuntos es la ornamentación a la
que se concede especial atención por su simbologia y carácter alegórico.
Respecto al origen y evolución de los camarines en Navarra tenemos constancia
documental de su existencia a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII, época en
que van cristalizando en otras regiones como Andalucía, Extremadura, Madrid y
Valencia8, aunque su verdadero desarrollo tiene lugar como veremos a lo largo de
todo el siglo XVIII. De los doce ejemplos que analizamos, sólo tres de ellos se ajustan
al modelo más usual en España de camarín en altura, por lo que podemos afirmar
que la mayoría responden a esa peculiaridad de estar construidos a la misma altura y
nivel que el templo, lo que permite la colocación de un trasaltar con su mesa y retablo
para poder oficiar en determinadas circunstancias por determinadas jerarquías
eclesiásticas como el obispo. La imagen queda colocada en el propio nicho del retablo
mayor que es el mismo que el del trasaltar, de manera que puede presidir tanto el
templo o capilla como el camarín; así ocurre con la Virgen del Soto de Caparroso,
la Virgen de Musquilda de Ochagavía, del Camino en Pamplona o del Yugo en
Arguedas. En otras ocasiones -las menos- las imágenes se encuentran en el propio
ámbito del camarín como en la Purísima de Cintruénigo o Araceli de Corella.
Las primeras noticias documentales en las que se mencionan los camarines datan
de la segunda mitad del siglo XVII. En 1661 se mandó construir el de la Virgen de
Codés en su santuario por el obispo de Calahorra don fray Bernardo Ontiveros, «por
cuanto la Sagrada Imagen, tiene poca capacidad en el nicho en que se halla, se busque
maestro de toda inteligencia, que trace un camarín que debe hacerse a espaldas del
altar mayor y al cual se dará entrada por la sacristía, el cual debe hacerse lo mas
decente» 9. De la lectura de este mandato de visita se desprende en primer lugar la
novedad que en aquellos momentos suponía la construcción de un camarín por lo que
el propio obispo decide que su plan lo lleve a cabo un maestro de toda inteligencia y
en segundo lugar el conocimiento del prelado o de sus consejeros de estas estancias
ya que precisa el lugar en que se debía fabricar, la importancia que se debía conceder
a su interior y el acceso que, como en la mayor parte de los casos, no sería visible.
El camarín no se construyó hasta bien entado el siglo XVIII aunque no faltaron
iniciativas a fines del siglo XVII y comienzos de la siguiente centuria, como el nuevo
mandato del obispo don Pedro de Lepe en 1695 en aras al «mayor culto y veneración
de la Imagen» o cierto donativo del canónigo de Puebla de los Angeles don Francisco
de Lama y Silla en 1708 10.
Volviendo al siglo XVII, el vocablo camarín aparece en el contrato del retablo
mayor de Echarri Aranaz suscrito en 1687 con el arquitecto Juan de Ursularre y
Echaverría11. En una de sus cláusulas leemos «Ittem mas el camarín de la Madre de
Dios de la Asumpción a de tener sus cuatro columnas salomónicas, todos sus netos,
zócalos, cornisamentos de dentro y fuera...», aunque todas estas condiciones se
refieran al nicho principal del retablo que se asemeja a un pequeño camarín a manera
de templete introducido en la gran máquina. Por otra parte, se explica que Ursularre
proyectase este retablo con su camarín si tenemos en cuenta que había residido en la
Corte, realizando diferentes obras como el baldaquino de la Venerable Orden Tercera
con trazas del hermano Bautista en 1664 12, circunstancia que le permitiría estar al
150 [2]
UN ASPECTO DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN NAVARRA: LOS CAMARINES
tanto de las novedades que artistas como Pedro de la Torre introducían en sus
retablos.
Será, sin embargo, a lo largo del siglo XVIII cuando se construirán la práctica
totalidad de los camarines navarros, tanto en santuarios como en capillas de especial
devoción. El primero que se llevó a cabo nada más comenzar la centuria fue el de la
Virgen de Araceli de Corella, ciudad esta que estuvo en la avanzadilla de las
novedades del Barroco tanto en la arquitectura como en el resto de las artes. Sus obras
comenzaron en 1702 y finalizaron en 1721, año este último en que se trajeron
seiscientos panes de oro de Zaragoza para proceder a su dorado y se decoró con
pinturas por Matías González13. Lástima que este camarín, en este caso elevado sobre
el nivel del templo, se encuentre totalmente desfigurado por haberse colocado dentro
de él otro pequeño camarín cilindrico de madera que oculta las pinturas rehechas en
1863 por el pintor de Madrid Antonio Gómez Lanzuela14.
El de la Virgen del Camino de Pamplona se levantó tras su primitiva capilla en
la parroquia de San Saturnino en el año 1705, utilizando para ello un paso que
comunicaba la iglesia con la pila bautismal, lo que suscitó protestas por parte del
vicario ya que la nueva obra obstaculizaba un tránsito muy útil y necesario. La
respuesta de la Obrería -especie de junta de administración y gobierno de la parro-
quia- es un testimonio de primera mano sobre las funciones que en aquellos momentos
tenía el camarín que no se «había de abrir sino para vestir en él a la Virgen del
Camino, guardar en él sus ropas y alhajas y celebrar misas cuando venía el Ilustrísimo
Señor Obispo o algún otro personaje» 15. Estos mismos objetivos parecen haber sido
las causas de la construcción del resto de los camarines navarros, en muchos de los
cuales todavía se custodiaban hasta hace pocos años el ajuar de las imágenes y se
oficiaba la Santa Misa en determinadas circunstancias.
El éxito de estas dependencias para el culto de las imágenes durante las primeras
décadas del siglo XVIII queda comprobado si observamos cómo se adosaron a
santuarios recién construidos como El Romero de Cascante, Araceli de Corella o a
otras fábricas levantadas apenas veinte o treinta años atrás, como El Yugo de Argue-
das. La Purísima de Cintruénigo o La Esperanza de Valtierra. El ejemplo de Cascante
no puede ser más evidente respecto a lo que acabamos de afirmar, ya que se añadió
el camarín en 1715, cuando todavía resonaban los ecos de la inauguración del nuevo
templo a fines del siglo XVII16. La decoración de la estancia se encomendó años más
tarde, en 1742 al pintor de Vitoria establecido en Cascante Ignacio Díaz del Valle y
al escultor de la localidad José Serrano, artista éste último que se encargaría de poner
«sus manos y habilidad con las más relevante molduras, relieves de talla y escultura
que se pueda ejecutar, para que quede con mayor primor y hermosura» 17. El programa
ornamental no se pudo concluir por no haber aprobado el obispo de Tarazona, a cuya
diócesis pertenecía Cascante, la correspondiente escritura de convenios. De todos
modos la obra con su cúpula de media naranja llamaría la atención de los cascantinos
durante el siglo XVIII, como ocurre con fray Matías Miguel que compuso un
Decenario a la Virgen del Romero publicado en 1775 en el que refiriéndose al camarín
afirma: «es pieza muy excelente y su primorosa media naranja hace sobresalir la idea
singular de el artífice» 18. Actualmente la pieza, al igual que en Araceli de Corella,
pág. 149.
13. ARRESE, J. L.: Arte religioso en un pueblo de España. Madrid, 1963, págs. 454 y ss.
14. Ibid.
15. ALBIZU Y SAINZ DE MURIETA, J.: San Cernin. Pamplona, 1930, pág. 88.
16. SANZ ARTIBUCILLA, J. M.: La ciudad de Cascante y su Virgen del Romero. Tarazona, 1928,
págs. 167 y ss.
17. Ibid.
18. FERNÁNDEZ MARCO, J. I.: Cascante. Compendio de 2000 años de su historia. Bilbao, 1983,
pág. 96.
[3] . 151
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
ha quedado muy reducida en sus dimensiones por haberse levantado dentro de él otro
más pequeño y en alto durante el pasado siglo. Estructuralmente es un cuadrado
erigido al mismo nivel que el templo cubierto por cúpula con linterna sobre pechinas,
ejecutada por el citado Igancio Díaz del Valle en 1742. Al exterior es tal el desarrollo
que alcanza en sus proporciones el tambor y la cúpula de ladrillo que sobresale
extraordinariamente sobre el resto de la fábrica del santuario.
Coetáneo del de Cascante es el de la basílica de Nuestra Señora del Yugo de
Arguedas, edificio al que se le había añadido crucero y cabecera en 168019 y a
comienzos del XVIII, en 1716, se le adosaba el camarín20. El proyecto y diseño lo
realizó el veedor de obras de la diócesis de Pamplona Juan Antonio San Juan y los
encargados de su ejecución material fueron loa albañiles locales Pedro Burgui y
Bartolomé Peña21. En este caso la disposición de la estancia es un rectángulo
construido al mismo nivel que la iglesia, cuyos alzados y cubierta plana forman una
gran caja de muros lisos. La sencillez del proyecto hizo necesario el que se decorase
totalmente para lo que se acudió años más tarde, en 1728, al único pintor que por
aquellas fechas trabajaba en la Ribera de Tudela, José Eleizegui y Asensio22. De este
artista hemos podido conocer abundantes noticias a través de la correspondencia que
mantuvo con don Juan de Navascués de Cintruénigo que abarca desde 1722 hasta
1740 23. Su contenido se relaciona con diferentes lienzos, dibujos y otras obras que
Eleizegui hacía para la parroquia de Cintruénigo y para el propio don Juan, como
el lienzo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña de 1728 que aún se conserva
en una colección particular. En las últimas cartas datadas en 1740 el pintor pedía
insistentemente trabajo por su situación familiar ya que tenía que mantener a su «hiña
viuda con dos nietas tan altas como su madre» 24, situación de pobreza que debió
mantenerse hasta 1743 en que murió sin testar «por ser pobre», según reza la
correspondiente partida de defunción de la desaparecida parroquia de San Juan de
Tudela25.
La decoración que José Eleizegui y Asensio dispuso en el camarín del santuario
del Yugo consistió en unos frescos que, a manera de lienzos pintados, cubren las
paredes del rectángulo con temas alusivos a la vida de la Virgen -Anunciación,
Sagrada Familia y Huida a Egipto, e iconografías de los patronos locales a ambos
lados del transparente -San Esteban y San Lorenzo- y, por supuesto, el pasaje de la
milagrosa aparición de la Virgen del Yugo ante el cortejo de autoridades y pueblo
que se dispone a recogerla en unas andas. El techo plano simula una cubierta elíptica
con las alegorías de la letanía en las pechinas -luna, cedro, sol y espejo-, el Espíritu
Santo con ángeles en el centro rodeados de una guirnalda de flores y los símbolos
lauretanos del Speculum y la Turris. El estilo de todas las pinturas evidencian su
pleno estilo barroco de comienzos del siglo XVIII, aunque en algunas composiciones
como San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña, el recuerdo de Berdusán es evidente,
aunque ello resulta comprensible si pensamos en la gran producción e influencia del
estilo de aquel maestro muerto treinta años atrás.
Camarines erigidos en las décadas de 1730-1740-1750 son los de la Purísima de
Cintruénigo, la Esperanza de Valtierra, el Soto de Caparroso, la Enseñanza de
152 [4]
UN ASPECTO DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN NAVARRA: LOS CAMARINES
[5] 153
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
se levantaba el crucero de la basílica con proyecto del carmelita descalzo fray José
de San Juan de la Cruz 31 y aprovechando los fondos recaudados en una larga visita
que acababa de realizar la cabeza del Santo y sus reliquias por Aragón, Valencia,
Murcia y Andalucía32. La ejecución material de la obra corrió a cargo de José del
Castillo, cantero de Piedramillera, Miguel y Juan José Albéniz, albañiles de Estella
y Juan José Murga, escultor de Oteiza, en tanto que la decoración pintada se encargó
en 1765 al dorador de Los Arcos Santiago Zuazo con condicionado del citado fraile
carmelita. La estancia resulta bastante sencilla, sobre todo si la comparamos con el
fastuoso crucero, y consiste en una planta rectangular cubierta con cúpula elíptica
sobre pechinas, a la que se accede por sendas puertas abiertas a manera de postigos a
ambos lados del retablo mayor. Su decoración dorada se encuentra en un lamentable
estado, destacando el cortinaje simulado que orla la hornacina del santo y las rocallas
de madera tallada entrelazadas con el hisopo, la mitra y otros atributos del santo
cardenal que fueron realizadas por el retablista Silvestre de Sorio a la vez que hacía
los retablos de la basílica.
La función del camarín como lugar reservado al culto de la arqueta manierista de
plata que contiene los restos del santo cardenal y su cabeza resulta evidente si
contemplamos la elevada peana sobre la que se asienta la escultura de San Gregorio
Ostiense tallada por Roberto Miguel, la cual tiene el tamaño y la forma adecuados
para guardar en su interior las citadas reliquias. El acceso al camarín estaba reservado
en este caso a los capellanes del santuario que oficiaban la Misa en el altar que aún
se conserva y en algunas ocasiones también podían penetrar en él las gentes del pueblo
con objeto de venerar la Santa Cabeza allí custodiada.
El otro camarín erigido en la segunda mitad del siglo XVIII y que todavía se
conserva en su estado original es el de la Virgen del Camino de Pamplona, que se
levantó junto a la suntuosa capilla (1758-1776) y más concretamente en 1767 por el
maestro Juan Miguel Goyeneta33. El encargado de su decoración fue en este caso el
escultor y pintor de Pamplona Juan Martín Andrés que talló tanto el retablo de la
capilla como otro más pequeño para el camarín y decoró toda la estancia con el
condicionado del pintor Juan Antonio Logroño y Vega entre el mes de febrero de
1775 en que se encargó y el 30 de octubre del mismo año en que fue reconocido por
el pintor Juan José Ezquerro34. El camarín tiene planta rectangular y un hermoso
transparente en el muro frontal y en su exorno destacan el retablo con movidas líneas
con sus columnas enguirnaldadas, la mesa de altar rococó, y las pinturas del mismo
estilo que representan el Pozo de aguas vivas y la Fuente de la salud en los lados
menores de la estancia y la Torre, Media luna, sol, estrella y Casa de oro en la intradós
del arco del transparente.
La ubicación de la Virgen del Camino en la hornacina principal del retablo de la
capilla con la que comunicaba directamente el nicho del retablo del camarín permitía
un fácil acceso a la imagen desde unas escaleras laterales situadas entre el retablo de
la capilla y el más pequeño del camarín. La Virgen era visible desde esta última
estancia por estar cobijada en una hornacina de cristal transparente que realizó el
propio Juan Martín Andrés en 1772 a instancias de la Obrería de la parroquia en aras
a una mayor vistosidad35. La inauguración de la capilla y la colocación de la Virgen
31. ECHEVERRÍA GOÑI, P. y FERNÁNDEZ GRACIA, R.: Aportación de los carmelitas descalzos a la
historia del arte navarro. Tracistas y arquitectos de la Orden. En «Santa Teresa y Navarra. IV Centenario
de su muerte». Pamplona, 1982, pág. 197.
32. BARRAGÁN Y LANDA, J. J. : Las plagas del campo y la devoción a San Gregorio Ostiense. CEEN.
(1978), pág. 195.
33. Arch. Parroq. San Cernin. Libro 428. Actas de la Obrería 1744-1768.
34. AGN. Prot. Not. Pamplona. Juan de Laurendi. 1775, núms. 24 y 87.
35. Arch. Parroq. San Cernin. Libro 429. Actas de la Obrería, fols. 33-34.
154 [6]
UN ASPECTO DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN NAVARRA: LOS CAMARINES
en su trono en 1776 con grandes fiestas cívicas y religiosas de las que nos ha quedado
constancia por testimonios de la época 36 .
Otros camarines como el de la Virgen del Villar de Corella han corrido peor
suerte con el paso del tiempo, por haberse arruinado o levantado de nuevo sus fábricas.
El aludido de Corella existía al menos en 1778, año en el que se hacían precisos ciertos
reparos en su interior 37 ; su disposición era ochavada según aparece en diversos
grabados de fines del siglo XVIII, como el dibujado por el pintor cascantino Diego
Díaz del Valle en 1791. A lo largo de los siglos XIX y XX se documentan otros
camarines en Navarra, algunos de ellos siguiendo la disposición más usual en estas
tierras durante el Barroco al mismo nivel del templo, como el de la Virgen de
Musquilda en Ochagavía para el que se aprovechó una dependencia anterior y se
fabricó un retablo en 1808 a costa de diferentes individuos naturales de la villa
salacenca residentes en Guanaxato en Nueva España 38 .
36. ALBIZU Y SAINZ DE MURIETA, J. : La Virgen del Camino. Pamplona, 1929, pág. 36.
37. ARRESE, J. L.: Op. cit., pág. 275.
38. La inscripción reza: DON JUAN MIGUEL CANÓNIGO DE RONZESVALLES/ DOÑA
MARIA FRANCISCA Y DON JOAQUÍN CARLOS/ DE UR. UTIA. DON JUAN JOSM;
COMPAINS/DONYGNACIOXAVIERYDONPEDROJUANDE/AZCOITIDONJUANVIZEN
(...)/ DONJUÁN MIGUEL DE CARLOS Y OTROS PAISANOS RESIDENTES EN GUANAXATO
EN LA NUEBA ESPAÑA MANDARON HAZER A SU COSTA ESTE ALTAR CAMARÍN SACRIS-
TIA Y PAREDES EXTERIORES DE ESTA BASILICA CON LICENCIA DEL PATRONATO AÑO
1808.
m 155
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
JLJ
156 [8]
UN ASPECTO DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN NAVARRA: LOS CAMARINES
V UV
[9] 157
RICARDO FERNANDEZ GRACIA
158 [10]
La música en Navarra en el
siglo XVIII: estado de la
cuestión y problemática para su
estudio
MARIA GEMBERO USTARROZ
INTRODUCCIÓN
1. Vid. por ejemplo, el pensamiento de Ivo Supicic en FUBINI, E., La Estética musical del siglo
XVIII a nuestros días, Barcelona, Barrai, 1971, p. 216. CANDE, R., Historia universal de la música,
Madrid, Aguilar, 1981, vol. I, pp. 17-40, etc.
[1] 159
MARIA GEMBERO USTARROZ
A) Musica de Iglesia
1. Catedral de Pamplona
160 [2]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
todos los estudiosos de la música navarra (y no sólo del XVIII), aunque manejándolas
con cierta precaución y el deseo de rectificar los posibles aspectos erróneos. Prueba
de la importancia y novedad de su aportación a la musicología navarra es que, con
posterioridad a sus publicaciones, son muchos los autores que en obras de síntesis,
diccionarios, catálogos, etc., han recogido sus datos, difundiendo así no sólo las
conclusiones acertadas, sino también algunas confusiones 7.
Otro de los pioneros en estudiar la música de la catedral pamplonesa y de Navarra
en general (s. XVIII y otras épocas) es el P. José Antonio de Donosti, en varios
artículos breves y, sobre todo, en Música y músicos en el País Vasco (1951)8. Los datos
referentes a Navarra son muy abundantes e interesantes, a veces de primera mano,
como en Hernández Ascunce (en quien a veces también se basa). Por su mismo
carácter, estas publicaciones no se plantean el análisis estilístico de las partituras
musicales.
De los estudios hasta ahora mencionados y de algunas referencias a músicos de la
catedral pamplonesa que aparecen en distintos catálogos y enciclopedias 9 se nutren
obras posteriores de diverso carácter y proporciones, como las de Arana Martija, A.
Fraile, Sagardía, etc. Martín Moreno, en su Historia de la Música Española. IV. Siglo
XVIII (obra imprescindible para el conocimiento de dicha centuria a nivel nacional),
hace la síntesis más completa hasta el momento de los datos conocidos, debidamente
distribuidos en los diferentes apartados de la obra 10 .
Del mismo año (1985) que la citada obra de Martín Moreno es la edición de
Órganos de Navarra, cuya parte histórica se debe a Aurelio Sagaseta11. Este estudio
trasciende ampliamente el título y ofrece datos abundantes y novedosos no sólo de
organeros y organistas, sino también de todo el quehacer musical navarro a lo largo
de los siglos de los que queda documentación, y desde luego, del XVIII. Aunque el
autor es consciente de las limitaciones de la obra, que considera «un inicio, un punto
de partida», y no un estudio definitivo (p. 10), su consulta se hace imprescindible
al tratar de temas musicales navarros de cualquier época, especialmente en la música
religiosa. Los índices y gráficos que se incluyen en ella la hacen muy útil y manejable.
A todo lo indicado habría que añadir los estudios realizados por Dionisio Preciado
sobre el organista José Ferrer, del que hablaremos más adelante.
Con las obras publicadas hasta el momento, y por investigaciones personales 12,
esbozamos el siguiente esquema de la actividad musical en la catedral pamplonesa
durante el siglo XVIII:
Los maestros de capilla son cinco en total (entre paréntesis, sus años de ejercicio
en el cargo) :
- Sebastián de Urrutia (1695-1703).
- Miguel Valls (1704-1738).
- Andrés de Escaregui (1738-1772), anteriormente infante, arpista y segundo
organista en el mismo templo.
- Juan Antonio de Mugica (1773-1779), que antes había sido maestro de capilla
7. Vid. en la bibliografía final las obras de Arana Martija, Jon Bagues, Martín Moreno, Sagardía,
etc. En varias de ellas se repiten los errores mencionados en la nota n.° 6.
8. San Sebastián, Biblioteca Vascongada de Amigos del País, n.° 5 (1951). Reproducción facsímil
en Obras completas del P. Donostia, Bilbao, La gran enciclopedia vasca, 1983, vol. Il, pp. 5-112.
9. Ver bibliografía final.
10. Madrid, Alianza Musical, 1985 («Alianza Música», n.° 4).
11. SAGASETA, A. y TABERNA, L., Órganos de Navarra, Pamplona, Institución «Príncipe de
Viana», 1985.
12. Desde hace varios años, reúno material para elaborar mi tesis doctoral sobre la música en
Pamplona en el siglo XVIII.
[3] 161
MARIA GEMBERO USTARROZ
13. ¿Qué hace desnudo en la Cruz?, cuatro sencillo a la Pasión (1744), por Andrés de Escaregui,
Transcripción y notas por María GEMBERO, en «Música en la Catedral de Pamplona», n.° 4 (Pamplona,
1985), pp. 35-47. La misma colección, en su n.° 2 (1983), publica un «Sacris Solemniis» anónimo del
siglo XVIII y en el n.° 3 (1984), el motete «Breves Dies» (1710) de Francisco Zubieta.
14. En la mencionada tesis doctoral.
15. LÓPEZ-CALO, J., Barroco-estilo galante- Clasicismo, en Actas del Congreso Internacional
«España en la Música de Occidente», Madrid, Ministerio de Cultura, vol. Il, pp. 3-29.
16. Vid. bibliografía, ediciones y discografia sobre Ferrer en las listas incluidas al final de este
trabajo.
17. Más datos sobre él al hablar de Roncesvalles.
18. Varias de las ediciones de su obra (en partitura y disco) han sido realizadas por Antonio
B acier o.
19. En la redacción de las voces musicales han intervenido, entre otros, Aurelio Sagaseta, Miguel
Querol, José López-Calo, Carmen Gómez Muntane, Fernando Pérez Olio y María Gembero.
162 [4]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
2. Colegiata-Catedral de Tudela
[5] 163
MARIA GEMBERO USTARROZ
titulado La mùsica en la parroquia de San Pedro de Viana 26y con muchos datos
referidos al siglo que nos ocupa.
B) Música de cámara
1. En Pamplona
2. En Tudela
Sabemos que en 1761, con motivo de la boda entre D. José M.a Magallón Meneos
y Beaumont, marqués de San Adrián y M.a Josefa de Armendáriz, hija de los
marqueses de Castelfuerte, Juan Antonio Mugica compuso un «Drama para música»,
del que por el momento no ha aparecido la partitura 28 . Dado que el palacio de los
marqueses de San Adrián estaba en Tudela, y allí residió el nuevo matrimonio, es
lógico suponer que las representaciones del drama se hicieran en la misma ciudad.
Los hijos del mencionado D. José M.a Magallón recibían lecciones de música de
José Castel y Miguel Palacios, maestro de capilla y violinista respectivamente de la
catedral tudelana 29 , lo que demuestra que en su palacio la música era práctica
habitual.
164 [6]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
C) Música teatral
30. ARRESE-AUNÓS-GÓMEZ, El músico Blas de Laserna, op. cit., Los apartados más extensos del
libro se deben a Arrese y Gómez.
31. SAGASETA-TABERNA, op. cit., pp. 80 y 93. Para Cascante, se remite a su vez a FERNÁNDEZ
MARCO, J.I., Cascante, ciudad de la Ribera, Pamplona, 1978, vol. I, pp. 159-160.
32. Vid. FuBiNi, op. cit., pp. 13-74.
33. Rev. «Principe de Viana», n.° 20 (1945), pp. 479-486. Al parecer, es obra de Ignacio
Baleztena.
34. Rev. «Príncipe de Viana», n. os 134-135 (1974), pp. 281-315 y n. os 140-141 (1975), pp.
633-665, respectivamente.
35. D ' O R S , M., Representaciones..., op. cit., pp. 281-282.
[7] 165
MARIA GEMBERO USTARROZ
Resulta difícil hacer un estudio completo del folklore en épocas pasadas, ya que
la música se transmitía por tradición oral. Existen alusiones a la música y el baile
en fiestas populares (por ejemplo, de Cascante)38, así como al origen popular de
determinadas melodías que ya en el siglo XVIII se incorporaron a la música culta.
Es el caso de «Donostiako iru damatxo», a la que se refieren el P. Donosti y A.
Sagaseta39.
Jesús Ramos, en el I Congreso de H.a de Navarra organizado por el Instituto
«Jerónimo de Uztáriz» en 1985, presentó una comunicación relacionada con la
música popular pamplonesa en el siglo XVIII40.
Existe también un estudio sobre las campanas de la catedral de Pamplona y su
relación con la música, pero cronológicamente se centra en épocas anteriores al siglo
XVIII41.
E) Organologia
36. N o se citan en PEÑAS GARCÍA, M.a C , Bibliografía de los artículos de interés musicològico
en revistas navarras de estudios locales, entre 1941 y 1985, en «Revista de Musicología», IX (1986),
n.° 1, pp. 263-265.
37. «X Festival Internacional de Música y Danza de Asturias», Oviedo, mayo 1984, pp. 115-123.
Próximamente se publicará un trabajo mío sobre el tema (Vid. Bibliografía final).
38. SAGASETA-TABERNA, op. cit., p. 80.
39. DONOSTI, J . A . de, El elemento vasco en la «Tonadilla escénica», en «Rev. Internacional de
Estudios Vascos» (1929), pp. 455-459. Reproducido en Obras completas del P. Donostia, Bilbao, La
Gran Enciclopedia Vasca, 1983, vol. I, pp. 209-213.
SAGASETA, A., Música para tecla en Navarra. Siglo XVIII, op. cit.
40. RAMOS, J., Elementos que componen la fiesta en Pamplona en el siglo XVIII, en «Príncipe
de Viana» (Pamplona, 1986), Anejo 5, pp. 401-415. El trabajo carece de apoyo documental, lo que
no permite comprobar algunas de sus afirmaciones.
41. URSÚA IRIGOYEN, Isidoro, Las campanas de la Catedral de Pamplona y Apéndice musical, por
Aurelio Sagaseta; en «Música en la Catedral de Pamplona», n.° 3 (Pamplona, 1984), pp. 3-27 y 29-36.
42. Iconografía musical de la Catedral de Pamplona, en «Música en la Catedral de Pamplona»,
n.° 4 (Pamplona, 1985), pp. 5-34.
166 [8]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
F) Teoría de la música
[9] 167
MARIA GEMBERO USTARROZ
A) Música de iglesia
1. Pedro Aranaz y Vides (Tudela, 1742-Cuenca, 1821).
Desde Fetis se plantea la duda de si hay un único Aranaz o dos (uno navarro y
otro procedente de Soria) 49 . La mayor parte de los estudios publicados, sin embargo,
afirman que el Aranaz navarro se formó como infante en Zaragoza, durante ocho
años, para pasar sucesivamente como maestro de capilla a Sto. Domingo de la Calzada
(1763), Zamora (1768) y Cuenca (1769), donde permanecería hasta su muerte, a pesar
de los ofrecimientos de otras catedrales, que siempre rechazó 50 . López-Calo añade
que en 1780 aspiró a los magisterios de Avila y Toledo 51 . Autor de numerosas
composiciones, dispersas prácticamente en todos los archivos españoles, gozó de
gran prestigio en vida, siendo (según Martín Moreno) «otro más de los muchos casos
de incuria musical el que todavía no exista una detallada biografía y catálogo de su
producción» 52.
Aranaz escribió además unas Reglas generales para que una composición de música
sea perfecta y, junto con el organista de Salamanca O. Olivares, un Curso completo
de composición (1804), que no llegó a ser publicado, pero del que circularon varias
copias manuscritas.
Los datos sobre Aranaz, repetidos con más o menos variantes, aparecen ya en los
estudios de Saldoni, Barbieri, Pedrell, Mitjana, Anglés-Pena, Donostia, Arana
Martija, Sagardía, etc.
Miguel Martínez Millán lo estudia monográficamente en D. Pedro Aranaz y Vides
(1740-1820), maestro de capilla de la catedral de Cuenca y Semblanza de Pedro
Aranaz y Vides, un músico vasco poco conocido. El mismo autor, que utiliza mucha
documentación de primera mano, ha publicado también parte de la producción
musical de Aranaz 53 .
Otras síntesis de lo que se conoce sobre Aranaz son la publicada por Martín
Moreno en su obra sobre el XVIII español 54 y la de López-Calo en La Música en la
168 . [10]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
Catedral de Zamora (pp. 265-266), que incluye más bibliografía referente a este autor
(debida a R. Navarro, García Fraile y Subirá, este último sobre el Aranaz tonadi-
llero). Para López-Calo, la mejor síntesis sobre Aranaz es la de Roben Stevenson
en «The New Grove» (I, 541), y añade:
«La personalidad de Aranaz es de tal importancia que exige, con urgencia, una mono-
grafía, pues se trata de uno de los compositores más influyentes en la España de su tiempo,
a quien acudían las catedrales en busca de consejo y orientación» 55.
[11] 169
MARIA GEMBERO USTARROZ
Aunque este autor se centra principalmente en la segunda mitad del siglo XVII,
no podemos dejar de mencionarlo en el XVIII, dado que vive once años en él y es de
gran importancia.
El P. López-Calo, que en sucesivos artículos ha ido aclarando los principales
aspectos de su vida y obra, lo llama «sumo representante del barroco musical
español». Vaquedano, que fue maestro de capilla de la catedral de Santiago de
Compostela desde 1681 (había sido nombrado en 1680) hasta 1710 (en que se le jubiló
por sus achaques), ocupa, según López-Calo, «una posición privilegiada en el
contexto de la música española de su tiempo» 64, abarcando todos los géneros utiliza-
dos entonces (obras en estilo «severo», latinas, policorales, solísticas, etc.). Su obra
conocida se encuentra en el archivo catedralicio de Santiago y es de gran calidad e
interés melódico y rítmico.
60. Notas históricas de los maestros de capilla en la Catedral de Malaga (1641-1799), en «Anuario
Musical», XX (1965), pp. 105-160.
61.QUEROL, M., El cultivo de la cantata en España y la producción musical de Juan Francés de
Iribarren (1698-1767), en «Cuadernos de Sección. Música», de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios
Vascos, n.° 1 (Zarauz, 1983), pp. 115-128. El fragmento entrecomillado está en p. 128.
62. Vid. relación final de ediciones musicales y discografia.
63. SÁNCHEZ, Marta, Villancicos of Juan Francés de Iribarren (1698-1767), Ph. D., 1978, Univer-
sity of Pittsburgh, 373 pp. La referencia se ha tomado de BRITO, Carlos de, Bibliografía de tesis
norteamericanas relacionadas con la música ibérica, en «Revista de Musicología», VIII (1985), n.° 1,
pp. 171-178. No nos ha sido posible por el momento consultar directamente dicho trabajo.
64. LÓPEZ-CALO, J., Fray José de Vaquedano, sumo representante del barroco musical español, en
«Cuadernos de Sección. Música», de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, n.° 1 (Zarauz,
1983), pp. 59-70 y en concreto, p. 64. Vid. otros dos artículos de López-Calo sobre este músico en la
bibliografía final.
65. Vid. ediciones en la relación final. La segunda de ambas colecciones sólo ha sido editada
170 [12]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
[13] 171
MARIA GEMBERO USTARROZ
70. MARTÍN MORENO, A., H.a de la Música Española..., op. cit., pp. 405-408.
71. Obra citada anteriormente.
72. DONOSTI, Op. cit., p. 210.
73. The New Grove..., op. cit., X, pp. 478-479. El estudio lo hace Robert Stevenson.
74. José Castel también es estudiado en The New Grove, III, pp. 864-865.
172 [14]
LA MUSICA EN NAVARRA EN EL SIGLO XVIII: ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ...
mientras no sea estudiada la producción de todos ellos, que hoy en día permanece
casi por completo inédita. Como ya señalara hace algún tiempo Aurelio Sagaseta,
parodiando el título de un libro de Caro Baroja, se diría que es también para la
música «la hora navarra del siglo XVIII» 75. En cualquier caso, no puede mantenerse
por más tiempo la vaga idea de que, tras el esplendor de la música navarra medieval,
se suceden siglos sin ningún interés ni protagonismo. Lo justo es decir que están por
estudiar.
75. Nos referimos a CARO BAROJA, ]., La hora navarra del XVIII (personas, familias, negocios e
ideas), 2.a ed., Pamplona, Institución «Príncipe de Viana», 1985.
[15] . 173
MARIA GEMBERO USTARROZ
APÉNDICES
1. BIBLIOGRAFIA
Corno puede observarse, muchas de las obras citadas más abajo no se refieren exclusivamente a
Navarra ni al siglo XVIII, pero se han incluido porque en ellas se aportan datos de interés sobre el
tema estudiado. Cuando en una obra de tipo general no se citan las páginas concretas que se refieren a
Navarra (s. XVIII), es porque pueden encontrarse en diversos lugares de la misma.
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3. EDICIONES DE MUSICA
BACIERO, A., Nueva Biblioteca Española de Música de Teclado. Siglos XVI al XVIII, revisión y
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Prieto y otros).
BACIERO, A., Sebastián de Albero. Sonatas, vol. I, Prólogo y revisión crítica por , Madrid,
Real Musical, 1978.
ESLAVA, H., Lyra Sacro Hispana, Madrid, 1852-1860, 10 vols, (obras de Pedro Aranaz, Julián Prieto
y otros).
GÁLVEZ, G., Sebastián de Albero: Treinta sonatas para clavicordio, revisión y estudio por ,
prólogo de M.S. Kastner, Madrid, Unión Musical Española, 1978.
[19] 177
MARIA GEMBERO USTARROZ
GEMBERO UsTÁRROZ, M.% «¿Qué hace desnudo en la Cruz?», cuatro sencillo a la Pasión de Cristo Nuestro
Redentor (1744), por Andrés de Escaregui, transcripción y notas por , en «Música en la
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MARTÍNEZ MILLÁN, M., Aranaz, Pedro: Confitémini Domino, motete a 8 con órgano obligado (1802),
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MARTÍNEZ MILLÁN, M., Aranaz, Pedro: Obras, Cuenca, Instituto de Música Religiosa de la Excma.
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MUNETA, J. M.a. Música de tecla de la catedral de Albarracín, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses,
1981y 1986, 3 cuadernos (obras de Juan José de Arce, José Castel, Ustáriz y otros).
NOCILLI, P., Asiain, Joakin: Sei versi e una sonata per organo, ed. a cura di , Verona, Ed. SAT,
s. a.
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QUEROL, M., Música barroca española, transcripción de , Barcelona, Instituto Español de
Musicología, CSIC, 1970-1981, varios vols, (obras de Iribarren y otros).
SAGASETA, A., «Sacris Solemniis», anónimo del s. XVIII, transcr. y presentación por , en
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SAGASETA, A., «Breves Dies», motete a 4 de difuntos para después de alzar (1710) de Francisco Zubieta,
Transcr. por , en «Música en la Catedral de Pamplona», n.° 3 (Pamplona, 1984), pp.
37-42.
TRILLO, J. y VILLANUEVA, C , Polifonía Sacra Galega. Vol. L, ed. al cuidado de , La Coruña, ed.
do Castro, 1982 (obras de Vaquedano y otros).
4. DISCOGRAFIA
Se clasifica por orden alfabético de autores (cuando todo el disco recoge obras del mismo músico)
y siguiendo el inicio del título general en los demás casos.
ALBERO, Sebastián de: Sebastián de Albero: Sonatas, Pablo Cano (clave), Emi-Odeón S.A., 10 C 063-063
612, 1980.
Cantatas barrocas españolas del siglo XVIII, Elvira Padín (soprano) y conjunto instrumental, Madrid,
Ministerio de Educación y Ciencia, MEC 1017 (obras de Iribarren y otros).
FERRER, José: José Ferrer: Sonatas, Almudena Cano (piano), Etnos, 02-A-IX.
La música popular en tiempos de Goya, Orquesta de Conciertos de Madrid, Lucero Tena (Castañuelas),
dir.: J. M.a Franco Gil, Hispavox, HHS, 10-465 (obras de José Castel, Blas de Laserna y otros).
Mestres de capela compostelans, séculos XVII e XVIII, Coro de Cámara «Ars Musicae» y orquesta de
Santiago, dir.: Xoan Trillo, Ruada, S.A., R-113-D (obras de Vaquedano y otros).
Música Antigua Aragonesa. II. Viejo teclado (siglo XVIII), J.L. González Uriol (clave), Movieplay-
Chinchecle, 17.1328/4 (obras de José Ferrer y otros).
Música para tecla en Navarra. Siglo XVIII, M.a Teresa Chenlo (clave), estudio musicològico de A.
Sagaseta, Pamplona, Tic-Tac, TTL-020, 1982 (obras de Albero, Sertori, José Ferrer y anónimos
del Libro de M.a Josefa Marco).
Sonatas españolas. Siglo XVIII (I). Albero. López. Pastrana. Teixidor. Prieto, Pablo Cano (clave),
estudio musicologico: A. Martín Moreno, Barcelona-Madrid, Ensayo (discos Belter, S.A.),
ENY-956, s. a.
Sonatas españolas inéditas del siglo XVIII, A. Baciero (piano), Hispavox, S 90.458 (obras de Albero,
Julián Prieto y otros).
Sonatas inéditas de Scarlatti y otros autores españoles del siglo XVIII, A. Baciero (piano), RCA, RL-35
223 (obras de Albero, Julián Prieto y otros).
Tekladurako XVIII. Mendeko Euskal Musika, B. Brauchli, clavicordio, XZ, «Kea», Donostia, 1986
(obras de Albero y otros).
178 [20]
Aproximaciones a la lectura
iconográfica del programa
mitológico en la portada de Santa
María de Viana
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
A MODO DE INTRODUCCIÓN:
El sentido de la mitología en las artes del Renacimiento
[1] 179
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
180 [2]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
[3] 181
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
15. J.R. BUENDÍA, Las claves del arte manierista, Barcelona (1986), pág. 58.
Labeaga propone otras obras de Bramante en las que aparece la forma de exedra externa como es el
caso de la portada de la iglesia de Abbiategrasso realizada en 1497.
16. J.S. ACKERMAN, Palladio, Valencia (1981), pág. 166.
17. Ibidem, 167.
18. La imposibilidad de consulta de los archivos de Calahorra, diócesis a la que, como es sabido,
perteneció Viana, nos hace carecer de muchos datos tanto de orden formal como semántico que
permitirían quizá abrir muchos caminos en orden al estudio de esta joya artística.
19. S. ALAMEDA, María, segunda Eva, Vitoria (1954). En esta obra se recogen varios textos de los
Padres de la Iglesia en los que se defiende tanto la pureza de María como su dimensión salvadora en
el género humano.
182 [4]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
de relieve la idea de la casa de David a la que perteneció María y a la que está llamado
el género humano por la fe en Cristo.
20. Ya hemos hablado del concepto neoplatónico de la mitología. Esta concepción por la que el
mito adquiere un valor moral conforme al pensamiento cristiano comienza a aparecer en obras como la
Genealogía de los dioses de Boccaccio y tiene su precedente más antiguo en el pensamiento agustiniano,
desarrollándose con gran fuerza entre los humanistas de época moderna.
21. R. LÓPEZ TORRIJOS, ob. cit., pág. 302.
J.C. LABEAGA, ob. cit., pág. 253.
[5] 183
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
con una época en la que el desnudo es considerado como falto de decoro, Adán
aparecería con la hoja de parra mientras que Eva se representaría vestida, sometiéndose
de esta manera a los postulados de Trento que tanta aceptación tuvieron en el arte
peninsular22. Si es así, Adán y Eva podrían hacer referencia a la pérdida del equilibrio
en los humores humanos y por lo mismo a un tiempo de imperfección que tan sólo
con la llegada del Redentor alcanzará el hombre su antiguo estadio, ideas que ya
explicó Durerò con su grabado La Caída y que brillantemente estudió Panofsky23.
A fines del siglo XVI Lorenzo de Zamora publicó su Monarquía Mística, aquí
nos habla de Leviatán como un diablo que tan sólo desea la caza del hombre siendo
la Iglesia la encargada de velar por la humanidad e impedir la caza del maligno.
Zamora relata así la caída del hombre:
Que al vivo está retratada esta caza en aquella primera montería que en el mundo hubo.
Salió el demonio a cazar, puso sus cerdas y envió la serpiente al ojeo y él se quedó a la espera.
La serpiente en descubriendo la caza con unas adulaciones blandas la hace ir adelante. Seréis
como dioses le dice... Plegué Dios que esta consideración detenga nuestras almas en el
camino del cielo, para que vencidos los cazadores, digamos con David, como un pájaro se
libró nuestra alma de los cazadores; él se quebró y nosotros salimos libres y de esta suerte
consigamos el fin para que fuimos creados 24.
Así, vemos que el género humano tras la caída está llamado al pecado, a ser
dominado por el mal que en este friso se representa mediante máscaras que recuerdan
a felinos y lobos (Lám. 4). Ya el Bestiario Toscano asocia el lobo a la imagen del
diablo devorador relacionándolo con los ladrones y hombres de vida malvada, leemos :
Y así como el lobo quita la fuerza y la voz al hombre si lo ve antes que el hombre lo vea
a él, así mismo ocurre al hombre malvado, que no se puede guardar del diablo hasta que lo
ha sorprendido tanto que le ha quitado toda la fuerza y la palabra, hasta el límite que no se
puede confesar... 25.
22. Sobre los postulados de Trento seguimos la edición del siglo XVIII de Ignacio López de
Ayala en la que se recogen las diferentes sentencias dadas en dicho Concilio. Quizá sea en este sentido
del decoro donde se puede apreciar una de las influencis de Trento en el arte, aunque no obstante el
arte peninsular ya por tradición guardaba de por sí el decoro esencialmente en el tema sacro. No obstante
podríamos ver en Adán, cubierto por la hoja, su tradicional representación y, tras Trento, Eva podría
ser la figura femenina vestida. En este sentido podemos observar de igual manera las figuras de Adán
y Eva en el sepulcro de Antonio Sotelo y Cisneros en Zamora.
23. E. PANOFSKY, Vida y arte de Alberto Durerò, Madrid (1982), pág. 105 a 107. El equilibrio
entre los homores flemático, colérico, sanguíneo y melancólico fue absoluto en el paraíso y de ahí el
período de perfección humana. La pérdida de este equilibrio era para los Humanistas causa de
imperfección y de la aparición de los males en el hombre, tras la muerte, el hombre de vida virtuosa
alcanzará aquel equilibrio perdido. Estas ideas son las que sin duda se desean presentar en la Universi-
dad de Oñate insistiendo en que el estudio hace al hombre más virtuoso y le acerca al equilibrio perdido;
así, también aparecen Adán y Eva en el sepulcro de Rodrigo Mercado con una significación propia de
la época y por lo mismo conforme a la ofrecida por Panofsky en el grabado de Durerò La caída del
hombre, grabado en el que considero olvida la significación del papagayo, animal que hace referencia
a la prudencia en el hombre, J.M. González de Zarate, Saavedra Fajardo y la literatura emblemática,
Valencia (1985), pág. 94 y 95.
24. L. ZAMORA, Monarquía mística de la Iglesia hecha de Hieroglyphicos sacados de humanas y
divinas letras en que se trata de la composición del cuerpo místico de la Iglesia. Consultamos la edición
de Madrid (1611), pág. 51 y 52.
25. S. SEBASTIÁN, El Fisiologo atribuido a San Epifanio, seguido de El Bestiario Toscano, Madrid
(1986), pág. 10 y 11.
184 [6]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
Así, tenemos otra vez la imagen del diablo como causante de las tentaciones y por
lo mismo del pecado entre en los hombres. Como reacción ante esta maldad se precisa
de un ser que venza al maligno, de ahí que veremos se represente la figura de éste,
de Cristo, bajo la expresión de un héroe clásico que destruye el mal y a modo de una
psicomaquia siempre será la virtud la que someta el vicio.
26. J.C. LABEAGA, ob. cit., pág. 230. Señala que esta figura podría corresponder a Neptuno.
27. L. ZAMORA, ob. cit., pág. 44.
28. S. SEBASTIÁN, Arte y Humanismo. Estudia gran conjunto de monumentos en los que es figura
central el tema de Hércules. En este sentido y para analizar el valor de Hércules en el Renacimiento
español, D. ANGULO, La mitología y el arte español del Renacimiento, Madrid (1952).
29. L. VIVES, Diálogos, Madrid (1817), pág. 159.
[7] 185
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
Son múltiples los autores clásicos que narran esta acción de Hércules, así lo
apreciamos en Hesiodo (Teog. 326 s), Marcial (Epigr. IV, 64, 30; IX, 43, 13) y
Virgilio (Georg. Ill, 19), entre otros. Pero hemos señalado que la fábula clásica
goza en el Renacimiento de un sentido cristiano cuya lectura la podemos conocer
mediante los tratados que sobre mitología se escriben en la época. En este sentido
recurriremos a Pérez de Moya quien en su comentario nos traduce el sentido doctrinal
que sin duda se quiso manifestar mediante esta composición:
Esto denota que luego que uno fuere iniciado a la virtud, ha de apaciguar y matar el
más fuerte de todos los monstruos, que es la Soberbia y furor de ánimo, que este es León
Ñemeo, que se apacienta en el bosque del poco sufrimiento y poco saber de nuestro ánimo,
que destruye los ganados de todas las virtudes 32.
Por tanto, es importante señalar que, como dijimos anteriormente, por Plutón
30. E. VILLENA, LOS doce trabajos de Hércules, Obra del siglo XV que seguimos en la edición de
Margarita Morreale, Madrid (1958). Aquí Villena aplica cada trabajo de Hércules a un estado social
concreto, además partiendo de una lectura literal establece enseñanzas de orden doctrinal muy interesan-
tes para conocer la significación que los trabajos de Hércules nos reportan.
31. J. PÉREZ DE MOYA, Filosofía Secreta, Barcelona (1977), T.II, L.IV., pág. 170.
32. J. PÉREZ DE MOYA, ob. cit., T.II, L.IV., pág. 141.
33. E. VILLENA, ob. cit., pág. 25.
186 [8]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
La historia continúa narrando los acontecimientos entre los tres personajes, así
Neso en el trayecto intentó abusar lascivamente de su acompañante, razón por la que
Hércules lo mató. Pérez de Moya nos trasmite el sentido que se quiso ofrecer por
esta fábula:
Esta fábula nos amonesta que debemos mirar mucho cómo fiamos lo que bien queremos
de otros, como Hércules confió mal a su querida Deyanira de Neso. Puede sacar de aquí que
quien ama la gloria -esto quiere decir Hércules-, viéndose robar la fama que con muchos
trabajos y sudores había adquirido, que es figurada en Deyanira, por la lascivia figurada en
Neso, le tira una saeta teñida de su propia virtud y lo mata37.
[9] 187
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
Así, vemos a Hércules-Cristo victorioso ante dos de los tres grandes pecados con
los que Satán atormenta al hombre: la Soberbia y la Lujuria.
En otro de los relieves vemos a Hércules sobre un animal fantástico al que trata
de destruir, el parecido de este animal con los representados en Oñate nos permite
señalar que se trata de la lucha de Hércules contra la Hidra, tal y como ya había sido
identificado.
El vicio de la lujuria fue considerado como uno de los más peligrosos para el
hombre, de ahí que la enseñanza que se manifiesta de este relieve insista en el mismo
asunto que el anterior (Lám. 11). Enrique de Villena nos dice sobre el enfrentamiento
entre Hércules y la hidra:
Esta manera de hablar es poética, en parte fabulada o en parte parabólica o figurativa,
significando los deleites de la carne que son propiamente como sierpe nocible que destruye
todo beneficio virtuoso y consume los frutos de las buenas obras, comiendo a los hombres y
dejándolos a la muerte natural multiplicada. Pues quitándole una cabeza o manera de
deleite, muchos otros produce en su lugar por ser apetito e inclinación natural... más sola
aspereza de vida, abstinencia y continuado trabajo, son fuego poderoso para sobrar, vencer
y acabar con la hidra de la carne 40 .
Siguiendo este ciclo hercúleo vemos a Caco robando los toros a Hércules. Sobre
esta fábula Pérez de Moya señala (Lám. 12).
Caco, salvaje hijo de Vulcano, fue un famoso ladrón, de quien se dice que volviendo
Hércules victorioso de España con los ganados que quitó a Gerión, llegó a la tierra de Caco,
le hurtó muchas vacas, trayéndolas asidas de la cola, andando hacia atrás, porque no pudiesen
ser halladas por el rastro, y las metió en su cueva. Más como Hércules buscándolas oyese
bramar, entró en la cueva y mató a Caco y cobró sus bueyes 41.
188 [10]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
Vemos como al igual que con la lujuria, el vicio de la avaricia aparece otra vez
para señalar la necesidad que se tiene de vencer estos males para alcanzar la vida de
virtud y establecer una mimesis de Hércules-Cristo que enseña al hombre a liberarse
de las cadenas del mal. No extraña en este sentido que aparezca en estos relieves la
imagen de un hombre que, a modo de Fortitudo, sostiene una columna (Lám. 14)
haciendo referencia a la necesidad que tiene el género humano de cultivar la virtud
de la fortaleza si desea alcanzar la gloria a la que está llamado por la Redención de
Cristo expresada en el segundo cuerpo de la portada.
Siguiendo esta significación de victoria sobre el mal, podríamos considerar que
en otro de los relieves aparece la lucha de Hércules y Anteo (Lám. 15), no obstante,
el estado en que se encuentra no permite una identificación veraz, ya que muy bien
podría tratarse de un héroe paralelo a Hércules, es decir, Perseo con la cabeza de
Medusa. De igual manera en otro registro observamos un niño sobre un delfín,
imagen que nos recuerda a Arión, pero que en realidad no podemos aseverar se trate
de esta figura clásica (Lám. 16). El resto de los relieves queda por el momento como
temas desconocidos a falta de encontrar modelos o textos que permitan una identifi-
cación.
A MODO DE CONCLUSION
Sin duda la portada de Santa María de Viana es uno de los conjuntos sacros del
Renacimiento peninsular que presenta una mayor riqueza de temas profanos centrados
en su mayoría en la mitología clásica.
Siguiendo la concepción intelectual cristiana del Humanismo, lo sacro y lo
profano se entremezclan en orden a una misma finalidad significativa de orden
doctrinal. El mito se fundamenta en tratados de época y no en la literatura clásica,
así son los valores de orden moral los que se desea destacar.
A mi modo de ver el tema sacro representado en esta portada es la clave para poder
conocer el mensaje iconologico del friso inferior. Por tanto se desea destacar la
[11] 189
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
llegada del Redentor quien por medio de María trajo al mundo una liberación del
pecado.
El friso inferior nos presenta mediante sus registros la caída del hombre y el
dominio en el mundo del mal, también la imagen del libertador quien al modo de
Hércules establece una psicomaquia en la que triunfa la virtud sobre los tres vicios
más feroces y malignos: la soberbia, la lujuria y la avaricia.
190 [12]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO..
Lám. 1. Portada de Santa Maria. Viana. La Anunciación. La imagen de María recuerda la descripción
que sobre este tema realiza el hagiógrafo del siglo XVI Molano.
Lám. 2. Portada de Santa María. Viana. Representación del hombre dominado por el mal. Adán.
[13] 191
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
192 [14]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
[15] 193
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
194 [16]
APROXIMACIONES A LA LECTURA ICONOGRAFICA DEL PROGRAMA MITOLOGICO...
[17] 195
JESUS MARIA GONZALEZ DE ZARATE
Lám. 15. Portada de Santa María. Viana. Hércules y Anteo? Perseo y la cabeza de Medusa?
196 [18]
Noticias documentales sobre la
fábrica de la Iglesia parroquial de
Santa María de Cáseda (Navarra)
M.a TERESA GOYENECHE VENTURA
I. INTRODUCCIÓN
La villa de Cáseda se halla situada en la Navarra Media Oriental, en la margen
izquierda del río Aragón, sobre la ladera de una colina, a 435 metros de altitud sobre
el nivel del mar. Administrativamente pertenece a la Merindad de Sangüesa, partido
judicial de Aoiz.
Su origen y fundación es altomedieval y obedece a las necesidades estratégicas
de los reyes de Navarra con el vecino reino de Aragón en una época de reconquista y
expansión hacia el sur de Pamplona. De ahí que las primeras referencias históricas
que poseemos corresponden a 1129, fecha en que Alfonso el Batallador concedió a
sus habitantes el famoso «fuero», similar a los que se dieron en Soria y Daroca, citado
por numerosos investigadores y recogido últimamente por Fortún, que a su vez
recopila a todos los que lo han citado *.
1. FORTÚN, L.J., «Colección de «Fueros Menores» de Navarra y otros privilegios locales» (II).
Príncipe de Viana, 1982, págs. 980-981, núm. 70.
[1] 197
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
II. DESARROLLO
NOTICIAS HISTÓRICAS Y FASES DE CONSTRUCCIÓN
1. Existencia de Iglesia Medieval
La iglesia parroquial de Santa María de Cáseda (Navarra), más conocida como
iglesia de la Asunción, es un edificio medieval dedicado a la Virgen como tantos otros
templos medievales, así lo apuntó Clavería a mediados del presente siglo 2, y consta
en el Archivo Municipal de Cáseda «... ítem que la Iglesia Parroquial de la dha
villa, tenga como asta aquí su titular de Santa María y sea la Patrona y Abogada
María Santíssima...»3. Situada en la parte alta del pueblo, su emplazamiento y
trazado obedecen a la adecuación del edificio a las características del terreno, hecho
muy frecuente en poblaciones de origen medieval que surgen por necesidades de tipo
defensivo y que en el caso que nos ocupa obedece a que en los comienzos de la Edad
Media, la villa de Cáseda fue durante un tiempo frontera con el reino de Aragón 4.
No es ajeno a esto la desviación que presenta la planta de la iglesia en la parte
correspondiente a la cabecera en la parte del muro del lado de la Epístola. Ahora bien,
si observamos el templo actual, vemos un edificio cuyas características estructurales
responden a modelos imperantes en el siglo XVI, según el estilo gótico-renacentista
(Fig. 1).
Por ello cabe preguntarse sobre la existencia en Cáseda de iglesia medieval
anterior al templo actual. La documentación nos da la respuesta afirmativa, de tal
suerte que desde 1219 encontramos referencias de la iglesia que nos ocupa. Se trata
de una «bula dada en Roma por el Papa Honorio III en la que da poder al abad de
Fitero y priores de Santa Cruz y Artajona para conocer y sentenciar la causa pendiente
entre el abad de Leyre y Pedro Cristóbal, subdiácono, sobre los diezmos de la iglesia
de Cáseda5».
Unos años más tarde, la villa de Cáseda donó el Patronato de la iglesia parroquial
en favor de Teobaldo II, y al año siguiente se nombraron abades 6. De todos estos
datos se deduce que hubo iglesia en Cáseda desde comienzos del siglo XIII.
Nuevas referencias documentales aparecen con los monarcas de la Casa de Evreux,
así en 1310, Felipe el Luengo hace una donación a la iglesia de Cáseda7. Goñi
Gaztambide cita como el mismo monarca da a la iglesia de Pamplona el Patronato
2. CLAVERÍA, J., Iconografía y Santuarios de la Virgen en Navarra. T. II. Madrid, 1942, pág. 300.
3. Arch. Municipal. Cáseda. Ordenanzas Municipales. 1772. N.° 13.
4. ATLAS DE NAVARRA. Geográfico-Histórico-Económico. Ed. Diáfora, Barcelona, 1977,
pág. 43. FLORISTÁN SAMANES, A., Itinerarios por Navarra. Zona Media-Ribera. Ed. Salvai. Pamplona,
1978, pág. 164.
5. CASTRO ALAVA, J.R., Catálogo del Archivo General de Navarra. Sección de Comptos. Docu-
mentos. T. I, N.° 165, pág. 99. Caj, 4. N.° 7.
6. CASTRO ALAVA, J.R., Op cit. T. I. N.° 338, pág. 167, Caj. N.° 114. VIII. Este documento
ha sido citado anteriormente por MORET, P., Anales del Reino de Navarra, T. III. pág. 279; y por
YANGUAS Y MIRANDA, J., Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra, Pamplona. 1964, pág.
199.
7. CASTRO ALAVA, J.R., Op. cit. T. I. N.° 797.
198 [2]
NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA FABRICA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE ...
2. Ampliación Renacentista
La arquitectura navarra del siglo XVI se caracteriza por un fuerte desarrollo,
similar al que tuvo lugar a mediados del siglo XII o en el XIV, ya que en esta época
se construyeron y reformaron gran número de iglesias y capillas que adquirieron la
configuración actual12.
La iglesia parroquial de Cáseda es un edificio que en planta tiene forma de cruz
latina con dos tramos, crucero destacado y cabecera poligonal de lados desiguales,
sacristía adosada en el lado del Evangelio y cubierta de tracería estrellada cuyos
nervios se complican formando figuras geométricas diversas. Esquema que responde
a uno de los tipos más difundidos dentro de la arquitectura navarra del siglo XVI
según las directrices del estilo gótico-renacentista.
Analizando la documentación que existe sobre el citado templo, las primeras
noticias relativas a la iglesia de Cáseda en el siglo XVI, nos las remite Don José
María de Huarte13, datos que afirma haber encontrado en el Archivo Parroquial pero
8. GONI GAZTAMBIDE, J., Catalogo del Archivo de la Catedral de Pamplona. 1965, T. I. Doc.
1059.
9. GOÑI GAZTAMBIDE, J., Catálogo..., Doc. 1094.
10. CASTRO ALAVA, J.R., Op. cit., T. I. Núms: 946 y 951. Caj. 31. N.° 15.
11. AD. Pamplona. 1604. Garro. C/192. N.° 19.
12. GARCÍA GAÍNZA, M.C. Y OTROS, Catalogo Monumental de Navarra. II. Merindad de Estella.
Abaigar-Eulate. Pamplona. 1980, pág. XXVII de la Introducción.
13. HUARTE, J.M., «Juan de Ancheta. Sus retablos y los de sus discípulos». Euskalerriaren Aide.
T. XV, 1925, pág. 256.
[3] 199
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
3. Siglos XVII-XVIII
Sacristía, reparaciones y obras generales
A partir del siglo XVII son escasos los datos sobre obras de cierta consideración
en la parroquia de Cáseda; a modo de ejemplo citaré como en 1668 «... se manda
reconocer la torre y que se realicen obras en provecho de la iglesia para contribuir a
mejorarla y adornarla...», pero no sabemos la repercusión que pudo tener este
200 [4]
NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA FABRICA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE ...
4. Siglos XIX-XX
Chapitel y demás obras
Como ya hemos mencionado anteriormente, son escasas en cuanto a importancia
las obras que se realizaron a partir del siglo XVI en la iglesia de Cáseda. En el siglo
XIX interesa destacar la construcción del chapitel por el cantero local Apolinario
Navarro que lo realizó en 1821 por la cantidad de 850 reales21. La obra consistió en
añadir al último cuerpo de la torre un cuerpo de ladrillo en el que se colocó el reloj
y encima de éste el chapitel, diseñado por Javier Pérez escultor vecino de Sangüesa,
al igual que el relojero Miguel Casajús22. Las Disposiciones del Obispado de 1863
aportan datos sobre obras que se realizaron a mediados de siglo, como la cubierta o
tejado de toda la iglesia y la ampliación del coro porque la iglesia se había quedado
pequeña para el número de fieles de aquella época23.
En 1963, siendo párroco Don Fermín Lasa se hizo una restauración parcial según
proyecto del arquitecto de Pamplona Don Ramón Urmeneta, centrándose las obras
a los pies de la iglesia donde se rehizo el baptisterio y se abrió un pórtico que
anteriormente estuvo cerrado y que se destinaba para guardar los pasos de Semana
Santa.
5. Conclusión
[5] 201
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
202 [6]
NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA FABRICA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE ...
[7] 203
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
APÉNDICE DOCUMENTAL
Documento N.° 1
CUENTAS DE LA IGLESIA PARROQUIAL. CONSTAN PAGOS A JUAN DE ANCHETA POR
EL CIMBORRIO Y OTRAS OBRAS. (1570).
«Así bien dio por descargo habré pagado al hijo de maese Miguel como al heredero del que hizo la
iglesia de la dicha villa un ducado veinticinco tarjas por flazon que la iglesia le debia cantidad de
dinero y por no podérselo pagar se le dieron por las costas que hizo».
«Bien así dio por descargo haber pagado a mase Juan de Ancheta cantero que hizo el cimborrio de
la dicha iglesia setenta y cinco ducados y cinco tarjas por fin y quito de todo lo que se le debía por haber
hecho el dicho cimborrio».
ARCHIVO PARROQUIAL DE CASEDA. Cuentas de Fabrica y Primicia (15-70-1579). Visita de
1570.
Documento N.° 2
PAGOS A DOMINGO DE L ASQUIB AR Y A LÁZARO DE IRI ARTE POR LA OBRA QUE MIGUEL
DE IRIARTE HIZO EN CASEDA. (1572).
«Y después de lo suso dicho presente al dicho primiciero haber pagado a Domingo de Lasquibar hijo
de mase Miguel de Iriarte ya defunto la suma de setenta ducados en reales de parte de pago de mayor
suma que por la obra de la dicha iglesia se le debia a M.a de Lasquibar viuda en nombre del dicho mase
Miguel ya defunto como consta por un conocimiento scripto de Martin de Irurita scribano y firmado
del dicho Domingo de Lasquibar en Cáseda a doce de julio de mil quinientos setenta y dos años».
«Bien asi dio por descargo haber pagado a Lázaro de Iriarte hermano del dicho defunto, residente
en la Puente la Reina la suma de ochenta y cinco ducados y medio en parte de pago de la obra que mase
Miguel de Iriarte hermano del dicho Lázaro hizo en la iglesia de Caseda como consta por un conosci-
miento hecho a veinte de agosto de mil quinientos setenta y dos años firmado de la mano del dicho
Lázaro».
ARCHIVO PARROQUIAL DE CASEDA. Cuentas de Fábrica y Primicia (1570-1579). Visita de
1572.
Documento N.° 3.
FINAL DEL PAGO DE LA OBRA DE CANTERÍA A LOS IRI ARTE-L ASQUIB AR Y A AMARRU-
BIZA (1576).
«ítem dio por descargo haber pagado a Amarrubica cuatro ducados por parte de pago de dicha ventana».
«ítem dio por descargo aber pagado setecientos ducados al hijo de Miguel de Iriarte en parte de
pago de la obra de cantería que hizo su padre en la dicha iglesia como consta por su conocimiento el
cual escribió ante nos (otros).
«Sea memoria que M.a de Lasquibar, mujer que fue de Miguel de Iriarte no se le debe cosa alguna
de la obra que su marido hizo en la iglesia y acabóse de pagar las quintas y están del todo satisfaga y
pagada como consta por las contribuciones deste año».
ARCHIVO PARROQUIAL DE CASEDA. Cuentas de Fábrica y Primicia (15-70-1579). Visita de
1576.
204 [8]
NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA FABRICA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE ...
g. 1. Planta de la iglesia de
Sta. M.a de Cáseda (Delineó,
Román Larraz Oiza).
[9] 205
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
Fig. 2. Portada principal y parte del crucero de Santa Maria de Cáseda (Delineó, Román Larraz Oiza).
206 [10]
NOTICIAS DOCUMENTALES SOBRE LA FABRICA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE ...
Lám. 1. Aspecto general del muro sur y portada principal de Santa María de Cáseda.
207
MARIA TERESA GOYENECHE VENTURA
208 [12]
Juan de Espinosa y otros pintores
homónimos del siglo XVII
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
1. CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín. Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas
Artes de España. (Madrid, 1800). Tomo II, pp. 41-42.
2. VINAZA, Conde de la. Adicciones al Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las
Bellas Artes de España. (Madrid, 1889). Tomo II, p. 162.
3. HARRIS, Enriqueta. «Obras españolas de pintores desconocidos» en Revista Española de Arte,
1935, pp. 259-259.
4. CAVESTANY, Julio. Floreros y bodegones en la pintura española. (Madrid, 1935-1940), núms.
27 y 28.
5. AGULLÓ Y COBO, Mercedes. Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII.
Granada, 1978. ID., Más noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI al XVIII. Madrid, 1981.
6. En 1603 un Juan de Espinosa, junto con otros pintores, cobraba de mano de Vicente Carducho
700 reales por el trabajo de pintar unos cajones para el duque de Lerma (Cfr. José MARTI Y MONSO.
Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid basados en la investigación de diversos
archivos. (Valladolid, 1889-1901), p. 606).
7. En 1607 un Juan de Espinosa trabajaba en la catedral de Córdoba y también para Montoro y
Castro del Río (Cfr. Rafael RAMÍREZ DE ARELLANO. «Artistas exhumados», en Boletín de la Sociedad
Española de Excursiones, 1902, p. 102).
8. PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso E. Jerónimo Jacinto de Espinosa. Madrid, 1973.
[1] 209
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
Supone con acierto Pérez Sánchez que Juan Bautista de Espinosa es, de los dos
pintores que viven en Madrid, el de mayor edad, proponiendo el año 1590 como la
fecha en torno a la cual vendría a nacer en lugar que se desconoce12, ya que en 1612
ingresaba como cofrade de la Hermandad del Sacramento de la parroquia de San
Sebastián13. Dos años después, el 12 de octubre de 1614, era mencionado indistinta-
mente como Juan o Juan Bautista en el testamento del pintor Juan Antonio de la
Roble, a quien le debía una pintura de San José con el Niño, catorce planchitas para
retratos y la cantidad de 170 reales, encargándole a la vez que cobrara la cuenta
pendiente que le estaba debiendo Juan Téllez 14. Con posterioridad a esta fecha debió
trasladarse a Toledo, donde lo encontramos avecindado en octubre de 1616, cuando
contrató una serie de trabajos de arquitectura y decoración para la Santa Hermandad
Vieja de la Ciudad Imperial15, coincidiendo este año con la data que mostraba un
retrato de jurisconsulto, supuesto miembro de la familia de los Narbonas, de medio
cuerpo y tamaño natural, que en el siglo pasado pertenecía a D. Nicolás de Vargas 16.
Los primeros datos de su entrada o trabajos para el Arzobispado de Toledo son del
14 de noviembre del mismo año; en esta fecha emitió un informe sobre la realización
de un retablo en Villarrubia de Ocaña17. En los años sucesivos los trabajos para el
arzobispado serían constantes. El 26 de noviembre de 1616 informaba sobre la
9. PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso E. Pintura española de bodegones y floreros, (Madrid, 1983), pp. 45
y núms. 31-34.
10. JORDAN, William. Spanish still life in the Golden Age. 1600-1650. Exposición celebrada en
el Kimberll Art Museum. (Fort Worth, 1985), pp. 87-93.
11. GUTIÉRREZ GARCÍA-BRAZALES, Manuel. Artistas y artífices barrocos en el Arzobispado de
Toledo. Toledo, 1982. Publicado por la Caja de Ahorros de Toledo, se trata de la transcripción del
manuscrito de la catedral titulado Libro donde se escriben los nombres de los oficiales de este Arçobispado
a los quales se les dan las obras de la yglesias por su Señoría Illustrísima. Començó en 27 de octubre de
1607.
12. PÉREZ SÁNCHEZ, op. cit., 1983, p. 45.
13. AGULLÓ Y COBO, op.cit., 1981, p. 77.
14. AGULLÓ Y COBO, op.cit., 1978, p. 136.
15. HARRIS, Enriqueta. «Escritura de contrato para realizar varias obras de pintura entre la Santa
Hermandad Vieja de Toledo y el pintor Juan Bautista de Espinosa», en Boletín de Arte Toledano, I, n.°
3 (1967), pp. 154-155.
16. VINAZA, op. cit., 1889, II, p. 162.
17. GUTIÉRREZ GARCÍA-BRAZALES, op. cit., 1982, p. 215.
210 [2]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
[3] 211
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
31. CAVESTANY, op. cit., 1935-1940, núms. 27 y 28. Estos Bodegones fueron adjudicados por
Cavestany a Juan Bautista de Espinosa, reproduciendo la firma del núm. 27 y señalando sus diferencias
estilísticas con los del Museo del Prado, catalogados a nombre de Juan de Espinosa. Con motivo de la
exposición de 1983, Pérez Sánchez puso en duda que los dos bodegones que habían sido de la Duquesa
de Valencia fuesen de mano de Juan Bautista de Espinosa y, haciendo recapacitar sobre la excesiva
simetría de sus composiciones -que retraería la fecha de ejecución a las primeras décadas del siglo
XVII y permitiría su adjudicación a Juan Bautista-, también hizo ver que el tratamiento de las frutas
era similar al de los Bodegones del Prado y del Louvre, éste firmado por Juan de Espinosa. La exposición
de 1983 sirvió para comprobar esta observación estilística de Pérez Sánchez. Aún se puede afianzar
esta idea mediante la comparación de las grafías que muestran los dos pintores; frente a las largas firmas
entretenidas y bien trazadas de Juan Bautista -uniformes en las dos obras conocidas-, la de Juan de
Espinosa del Bodegón del Louvre, con su trazo pequeño, es similar a la transcrita por Cavestany del
lienzo de la Duquesa de Valencia, que desgraciadamente fue el no expuesto en 1983. La comparación
de estas firmas establece una dualidad de personalidades artísticas, mientras que la adjudicación de los
dos Bodegones que fueron de la Duquesa de Valencia a Juan de Espinosa pone de relieve o un estado
temprano de su evolución artística o el sentido retardario de su arte, dentro del que obtiene no osbtante
grandes hallazgos y altísimos niveles de calidad.
32. ESPINOS, Adela. ORIHUELA, Mercedes. ROYO VILLANUEVA, Mercedes. «El Prado disperso.
Cuadros depositados en Madrid» en Boletín del Museo del Prado, I, n.° 2 (1980), p. 116. La copia fue
realizada por el pintor Díaz Carreño y mide 1,21 x 1,11, que será la medida aproximada del lienzo
original.
33. JORDAN, op. cit., 1985, p. 33.
34. ID., p. 38, nota 15.
35. ANGULO IÑÍGUEZ, Diego. Pintura del siglo XVII. Ars Hispaniae XV. (Madrid, 1971), p. 28.
212 [4]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
36. AGULLÓ Y COBO, op. cit., 1978, p. 136. Un retrato de Juan de Narbona, se conserva en la
Biblioteca Provincial de Toledo. Es ligeramente distinto del que, pintado al parecer por Luis Tristan,
fue grabado por Pedro Angel y precede al libro del propio Narbona De Apellatione a Vicario ad
Episcopum (Toledo, 1615). Véase la tesis de Ana M.a ROTETA DE LA MAZA: La Ilustración del libro en
la España de la Contrarreforma. Grabados de Pedro Angel y Diego de Astor. 1588-1637. Toledo, 1985,
pp. 308-309.
37. JORDAN, op. cit., 1985, p. 89.
38. CAVESTANY, op. cit., 1935-1940, p. 42, nums. 27 y 28. Ambos los reproduce JORDAN, op.
cit., 1985, pp. 90-91, con la atribución a Juan Bautista de Espinosa. Véase nota 31.
39. GÓMEZ MORENO, Manuel. Catálogo Monumental de España. Provincia de Salamanca. (Ma-
drid, 1967). Tomo I, pp. 212-213. Tomo II, lám. 198. Mide 1,37 - 1,93. Hay foto MAS G/32.317.
[5] 213
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
214 [6]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
su presencia entre los pintores que el 13 de abril de 1677 pleitearon con la Hermandad
de los Sietes Dolores sobre sacar el paso procesional el día de Viernes Santo 48.
En 1662, en vida por tanto de Juan de Espinosa, don Francisco Merchán de la
Cerda cedía a su hijo don Juan una serie de lienzos, entre los que se encontraban
cuatro fruteros de este pintor y un «razimo de vbas» de mano de un Espinosa, que
será el mismo pintor. Su nombre aparece en este inventario junto con los pintores
más afamados de este género; Juan van der Hamen y Juan Fernández Labrador.
Las obras de Juan de Espinosa llegadas hasta nosotros son demasiado escasas para
la extensa producción que puede suponérsele a partir de los inventarios del siglo
XVII y XVIII. Esta producción conservada es además de carácter unívoco : como dicen
con insistencia los inventarios «racimos de uvas» con diversas variantes. El Bodegón
del Louvre, los tres del Museo del Prado (n.° inv. 702, 703 y 1989) y un Racimo de
uvas (Madrid, col. privada) es todo lo que hoy conocemos, pues no sabemos si se
conserva el mencionado de la colección A. Brücke de Döbling (Alemania). Algunos
bodegones del Comedor de Gala del Museo Cerralbo de Madrid, convenientemente
restaurados, quizá puedan ser catalogados dentro de la obra de este pintor, como
también los dos Fruteros entre jarrones de cristal, de la antigua colección de la duquesa
de Valencia (Fig. 4)49. Hay que mencionar también una Corona defloresy medallón
del Niño Jesús teniendo la cruz, vendido en París en 1872 con la colección Pereire;
la identificación de una obra de este tema con el pintor Juan de Espinosa permite
suponer que estuviera firmado con claridad 50. Este lienzo viene de alguna manera a
romper la unidad temática de la obra de Espinosa, pues al introducir la figura en sus
composiciones abre una nueva vía para el estudio de su obra. Sin embargo, esto no
evita que dos pinturas del inventario de D. José Francisco Sarmiento, realizado el 5
de febrero de 1728 por el pintor Juan Delgado, una de San Joaquín con Santa Ana y
la Virgen, y otra de Santa Ana con la Virgen y el Niño, mencionadas como obras de
Espinosa, tengan que permanecer por ahora sin adscripción definitiva51.
Frente al estilo simétrico de Juan Bautista de Espinosa, quien distribuye las piezas
que componen sus bodegones con un gran rigor y equilibrio dentro del escenario
elegido y dentro de la tradición de Van der Hamen, la producción conocida de Juan
de Espinosa se mueve en marcos donde la asimetría de las composiciones y la
alternancia caprichosa de objetos de diverso género proporcionan mayor movilidad
al conjunto. Se expresa dentro de una gama cromática de tonos claros y brillantes que
convierten las uvas en racimos de piedras preciosas y los barros rojos en sigillata
finísima cuando les llega dirigida una potente luz, la cual pone de relieve en fechas
tan tardías como los años 1645-1655 la vinculación del pintor al claroscurismo en el
que varios pintores contemporáneos, como Labrador o Antonio Ponce, se mueven
con gran dominio técnico.
48. SALTILLO, Marqués del. «Efemérides artísticas madrileñas», en Boletín de la Real Academia
de la Historia, CXX, 1947,1, p. 664.
49. Véase lo dicho en la nota 31.
50. SOULLIE, Louis. Relevé détaillé des tableaux el dessins de VEcole Espagnole ayant passé dans
les vents de collections dépuis 1801. Manuscrito en 3 volúmenes. Biblioteca del Museo del Prado,
signatura 38-F. Madrid. La Venta Pereire que nos interesa se celebro en París del 6 al 9 de marzo de
1872, concurriendo en ella la pintura mencionada con el número 77. Con anterioridad, en enero de
1868, se había celebrado otra venta de la misma colección en la que se vendió al parecer el Bodegón
que hoy es propiedad del museo del Louvre. De esta venta no hay resumen en el manuscrito de Soullie,
aunque se hizo un importante catálogo con 47 aguafuertes (Cfr. SouiLLiE, Louis. Les ventes de tableaux,
dessins et objets d'art au XIX siècle (1800-1895). Paris, 1896).
51. A G U L L Ó Y C O B O , op. cit., 1981, p. 72.
[7] 215
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
52. A.C. de Santa María de la Redonda. Logroño. Libro de Parroquianos, 1644-1682, fol. 17.
53. CABEZUDO ASTRAIN, José. «Pintores, escultores y bordadores pamploneses del siglo XVII.
(Noticias y documentos)», en Príncipe de Viana, 70-71, 1958, pp. 25 y ss. La rareza de este tipo de
documentos hace aún más excepcional el título impreso de maestro pintor expedido en Pamplona el 8
de julio de 1652 a favor de Juan Aparicio, quien lo solicitó por haber realizado el aprendizaje y trabajado
con maestros peritos; además, pertenecía a la Hermandad y cofradía de San Lucas, la cual se gobernaba
con unas Ordenanzas aprobadas por el Real Consejo de Navarra y tenía al frente un veedor del oficio.
Tras un examen teórico, de preguntas y respuestas, y otro examen práctico, le declararon hábil y maestro
del oficio, librándole la carta de examen que le capacitaba para trabajar en la ciudad de Pamplona y
en el Reino de Navarra.
54. Archivo General de Navarra. Sec. Protocolos. Juan de Aldave, n.° 120. La nota documental
procede de un trabajo escolar de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. La
escritura no existe, según he comprobado recientemente.
55. Vide nota 52.
56. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit., 1800, II, p. 42.
57. PEÑA, P. Joaquín, O.S.A. Páginas emilianenses. (Salamanca, 2.a edición, 1980), pp. 215-
216.
58. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit., 1800, II, p. 42. En tal caso habría que suponer un trabajo en Puente
la Reina, desconocido hasta el momento.
216 . [8]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
59. JOVELLANOS, Gaspar Melchor de. Obras completas. III. Diarios. (Madrid, 1956), pp. 277-278.
60. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit. 1800, IL p. 42.
61. ID., p. 42. PEÑA, op. cit., 1980, pp. 215-216.
62. A.P. Santa Cruz. Nájera. Libro de Fábrica, n.° 1, fol 121.
63. Esta escritura se deduce de la anotación del Libro de Fábrica, pero no se conserva en el Archivo
Histórico Provincial de Logroño (A.H.P. Logroño).
64. Oleo sobre lienzo, 0,95 x 0,83. Recogido tras las desamortizaciones del siglo XIX por la
Comisión Provincial de Monumentos, pasó a integrar los fondos del Museo Provincial, siendo
trasladado desde la Beneficencia Provincial a su actual emplazamiento en 1970. Fue estudiada por José
F. FORMES CASAL (Cfr. «El Museo de Logroño. Notas acerca del arte en los Cameros y en La Rioja»,
en Homenaje a Abbad. A su memoria. (Zaragoza, 1973), pp. 77-99). También está recogida en mi
Catálogo de pinturas del monasterio de San Millán de la Cogolla (Logroño, 1984), pp. 74-75, como
testimonio del estilo que Espinosa pudo desarrollar en el monasterio.
Por error, ha sido a veces catalogado como obra de Jerónimo de Espinosa (Cfr. M.a Teresa SÁNCHEZ
TRUJILLANO. Museo de La Rioja. Ministerio de Cultura. Madrid, 1981), mientras que en la actualidad
se exhibe en el Museo con un cartela que interpreta la forma latina A como abreviatura de un nombre
propio, en vez de la preposición «de» castellana.
Se considera que esta pintura procede del monasterio de San Millán de la Cogolla. Sin embargo,
creo que los cuadros de este monasterio no fueron trasladados de su lugar tras la Desamortización, al
contrario de lo que ocurrió con la biblioteca. Entre los lienzos que fueron inventariados en 1835 y en
1869 no existía ninguno de la Liberación de San Pedro, aunque sí uno de San Pedro identificable con
las Lágrimas de San Pedro, que aún se conserva (Cfr. GUTIÉRREZ PASTOR, op. cit., 1984, n.° 200). Sobre
la pérdida de algunas pinturas del monasterio de San Millán de Yuso hay testimonios suficientes para
culpar al mal estado de conservación producido por el tiempo y al abandono del monasterio durante
buena parte del siglo XIX, hasta la llegada de los PP. Agustinos. Aunque en los inventarios señalados
de 1835 y 1868 no se encuentran las pinturas que estaban en la Iglesia monasterial, ya que era a la vez
parroquia y por tanto, según la Ley, quedaba a disposición del pueblo y bajo la autoridad del obispo
de Calahorra, no es posible pensar que la pintura de Espinosa pudiese proceder de aquí, porque tampoco
el mobiliario fue desamortizado.
65. Según Ceán Bermúdez medían 2,5 por 3 varas y cuarta, que equivalen a unos 2,05 x 2,70
metros.
66. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit., 1800, II, p.42.
67. JOVELLANOS, op. cit., 1956, p. 276.
[9] 217
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
emplazamiento original, ya que habían sido sustituidos por la nueva serie de José
Bejés, aún existente, por lo que la lectura de las firmas fue fácil y es fiable.
En San Millán de la Cogolla nació y fue bautizado con agua de socorro en mayo
de 1653 un hijo de Juan de Espinosa y de Jerónima Díaz68. El pintor murió en los
primeros días del mes de junio, ya que su viuda el día 5 declaraba ante el escribano
ser la madre y tutora de sus cinco hijos: Juan, José, Catalina, Francisca y Jerónimo;
según esta noticia que nos transmite Ceán Bermúdez, la viuda de Espinosa aparece
nominada como Jerónima de Ororbia 69 en vez del apellido Diez que utiliza en la
partida de bautismo de su último hijo. Estas son las únicas noticias que tenemos de
la familia de Juan de Espinosa.
De los veinticuatro lienzos que contrató sólo llegó a realizar doce; su muerte en
el transcurso del encargo obligó a los monjes a buscar un nuevo pintor y lo hallaron
en fray Juan Rizi70.
En el estado actual de nuestros conocimientos la obra de Juan de Espinosa se
reduce a dos pinturas de estilo bastante distinto; una es la Visión de San Benito, de
las MM. Benedictinas de Lumbier, firmada en 1642 (Fig. 7) y la otra la Liberación
de San Pedro, del Museo de La Rioja (Logroño), firmada en 1651 (Fig. 13). No hay
ninguna razón para dudar de que, a pesar de la variada grafía que presentan, se trata
de dos obras del mismo artista71. A estas dos pinturas puede añadirse el lienzo del
Juicio Final de la parroquia de la Asunción de Navarrete (Figs. 8-12) obra que sin
presentar firmar visibles muestra rasgos estilísticos comunes con las dos obras firma-
das, aunque su cronología se acerque más a los años de 1650. Los nueve años que
median entre las dos pinturas firmadas, a las que sirve de puente de unión la que le
atribuimos, suponen un cambio de estilo bastante notable. Las tres contienen elemen-
tos de juicio suficientes para desentrañar la trayectoria artística de Juan de Espinosa,
de su formación y sus gustos.
La Visión de San Benito (1642) es una obra que podemos considerar temprana,
realizada entre los 22 y 27 años 71 . El santo aparece arrodillado en su celda, vistiendo
el hábito benedictino con amplias mangas que caen en pliegues rectos y paralelos que
se cruzan sobre las piernas y se amontonan en el suelo. Es un anciano de semblante
sereno y beatífico, con grandes manos y largas barbas canosas. Está ante una mesa
revestida con un tapete purpúreo de rígidos pliegues, sobre el que se muestran un
reloj, libros, un tintero y la mitra abacial. La celda oscura se ve alegremente
sorprendida por un rompimiento de gloria centrado en torno a la figura del Padre y
con diversas figuras de ángeles y querubes bañados en una luz dorada. La soltura de
la pincelada de la figura de Dios Padre contrasta con la consistencia y corporeidad
que adquieren los ángeles de cabezas redondeadas y cuellos cortos y gruesos con las
218 [10]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
alas muy pegadas. La falta de una visión sintética de la pintura pamplonesa del
momento nos impide saber el lugar real que ocupa Espinosa en este ambiente de los
años centrales del siglo XVII, pero a través de esta obra parece superado el estilo
tardomanierista de un Juan de Lumbier o de Diego de Olite, cuya obra abunda
también en los personajes de canon corto y algo infantil.
Los ángeles descritos en la pintura de Lumbier son uno de los elementos compara-
tivos para fundamentar la atribución del Juicio Final de Navarrete (La Rioja) 71 e . Las
figuras de querubes que a modo de aureola forman un arco sobre la figura de Cristo
Juez son idénticas a las del lienzo de Lumbier, llegando al punto de repetirse; lo
mismo puede decirse de la figura de Dios Padre que remata la composición, la cual
es copia de una estampa de Cornelis Cort, sobre modelo de Federico Zuccaro, grabada
en 1575, y copiada por Joan Sadeler71 qua°r. Se estructura en dos zonas claramente
diferenciadas; en la mitad superior, la figura de Cristo Juez centra el espacio convexo
y simétrico que ocupan a sus lados las figuras de la Virgen y San José con apóstoles
y mártires; y las de San Pedro, San Juan Bautista y San Francisco de Asis con igual
acompañamiento de mártires. Sobre ellos, la figura del Padre aparece flanqueada por
dos grupos de ángeles mancebos. Una gruesa nube oscura, resplandeciente por la
presencia del Espíritu Santo como dispensador de la gracia divina, establece la
separación con la zona inferior en la que se representa el Purgatorio con las ánimas
purificándose mediante el fuego, mientras que en el lado izquierdo la figura del
arcángel San Miguel presencia la escena. Este tema sirvió indudablemente al pintor
para acercarse a un género escasamente cultivado como es el del desnudo, tanto
masculino, como femenino, en algunos de los cuales se percibe un lejanísimo eco del
Juicio Final de la Capilla Sixtina.
Pero más que destacar estas analogías con posibles modelos antecedentes, nos
interesa señalar los elementos que ponen en relación la pintura de la parroquia de
Navarrete con el arte de Juan de Espinosa a través de la Liberación de San Pedro del
Museo de La Rioja, firmada en 1651, cuyo elemento comparativo fundamental es el
ángel, ya que la figura de San Pedro es una trasposición literal de la que pintó Rafael
en su Transfiguración (Roma, Pinacoteca Vaticana). La túnica de este ángel adquiere
las formas de un drapeado muy menudo, ágil y de gran movimiento, como si de un
papel de seda arrugado se tratase; con los mismos recursos se expresa el pintor del
Juicio Final de Navarrete en la capa roja de San Miguel o en la túnica blanca del ángel
que rescata un alma. Esta minuciosidad en el tratamiento de algunas telas, frente al
sentido más amplio y acartonado de otras, no sé hasta que punto podría ser interpre-
tado como el resultado de seguir o no fielmente un modelo ajeno. Un elemento más
puede ser señalado entre los coincidentes; es el peculiar perfil de la nariz del ángel
que también se aprecia en las figuras de San Juan Bautista y de San Francisco de Asís
del Juicio Final de Navarrete.
Frente al cromatismo claro y a la iluminación uniforme del lienzo de Lumbier,
que puede ser herencia tardía del mundo de la Contrarreforma, la Liberación de San
Pedro muestra una iluminación fuertemente dirigida desde el lado izquierdo que
revitaliza las vestiduras blancas del ángel. Muestra así el pintor un dominio de los
recursos del claroscurismo que entra en contradicción con el esquema compositivo
de la pintura a base de explicar la escena del primer término por otras escenas que se
nos muestran en el fondo del lienzo.
71 ter. Oleo sobre lienzo; mide 2,50 x 1,65. El conjunto se completa con tres pinturas de Animas
en los netos de los columnas, óleos sobre lienzo pegados a tabla que miden 0,36 de alto por 0,29 dos
de ellos y por 0,345 la tercera.
71 quator. BIERENS DE HAAM, J.CJ. L'oeuvre gravé de Cornelios Cort, graveur hollandais,
1533-1578. La Haya, 1948. p. 120, núm. 112; representa la Disputa del Santísimo Sacramento por los
Padres de la Iglesia.
Las atribuciones que Constantino Garran hizo a Juan de Espinosa de las dos
pinturas titulares de dos retablos del trascoro de la iglesia monasterial de San Millán
de Yuso, dedicados a San Millán en Simancas y a Santiago en Clavijo (desaparecido
antes de 1929), así como de las pinturas sobre tabla de los bancos de ambos retablos 72,
carece de fundamento; a juzgar por el único de los retablos conservado, cuyo lienzo
titular ha sido atribuido a Bartolomé Román 73, se trata de una pintura madrileña de
hacia 1645, mientras que las pinturas del banco, realizadas seguramente a la vez que
el dorado del retablo, son indudablemente del pintor riojano Pedro Ruiz de Sala-
zar 74 .
Un testimonio directo con valoraciones estilísticas de la obra de Juan de Espinosa
en San Millán de la Cogolla nos lo proporcionó Jovellanos en el transcurso de su viaje
por La Rioja en la primavera de 1795, estando en San Millán entre los días 23 y 26
de mayo. Al referirse a la vida de San Millán pintada por José Bejés entre 1778 y
1781 que en la actualidad decora el claustro alto del monasterio de Yuso, dice:
«Antes había otros cuadros de la misma historia y diferente mano; a verlos: ¡Ah, eran
harto mejores! En uno de ellos lei «Espinosa faciebat 1652». ¿Si será el Jacinto Gerónimo
de quien habla Palomino? ¡Cuan vida breve tuvo su trabajo! Sin embargo, merecíala más
larga; era más que mediano pintor y aunque no se puede formar bastante idea de su colorido,
porque los más de los cuadros están muy idos, se ven todavía bellísimas y muy bien dibujadas
cabezas, algunos preciosos niños y, en general, buena composición y graciosa manera;
conservanse todavía estos cuadros en un tránsito de comunicación poco iluminado; puede
no obstante asegurarse que valían más que los de Vexes» 75.
72. GARRAN, Constantino. San Millán de la Cogolla y sus dos insignes monasterios (Logroño,
1929), pp. 74-75 y 79-80. Formaban una pareja de santos matamoros relacionados con la historia de La
Rioja, Castilla y España en diverso grado, pero fundamentalmente con el propio monasterio benedictino
de la Cogolla, cuyos monjes tuvieron siempre a gala la defensa de la figura de San Millán como primer
abad benedictino del monasterio y como copatrón de España, junto al apóstol Santiago, tema sobre el
que la propia monarquía española, a través del P. Sarmiento diría la última palabra en el programa
iconográfico diseñado para el nuevo Palacio Real de Madrid (Cfr. Francisco Javier de la PLAZA
SANTIAGO. Investigaciones sobre el Palacio Real Nuevo de Madrid (Valladolid, 1975), pp. 212 y ss).
73. GUTIÉRREZ PASTOR, Ismael. «Una pintura inédita de Bartolomé Román y dos series benedicti-
nas en San Millán de la Cogolla y San Lesmes de Burgos», en Berceo, n.° 105 (Logroño, 1983), pp. 7-29.
A pesar de la fecha de esta publicación en realidad es posterior al texto publicado de mi Memoria de
Licenciatura sobre las pinturas de San Millán de la Cogolla, editado en 1984.
74. GUTIÉRREZ PASTOR, op. cit., 1984, núms. 92 y 93.
75. JOVELLANOS, op. cit., 1956, pp. 277-278.
76. ID., p. 280.
220 [12]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
an no <&. I
Ì tymQo[op$7émmca z «
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%
JUAN BAUTISTA DE ESPINOSA (m. 1640-1641). A. Firma en el Bodegón de piezas de platería, según E.
Harris. B. ídem, según W. Jordan. C. Rótulo en el retrato de Don Iñigo López de Mendoza. JUAN DE
ESPINOSA. D. Firma en el Bodegón del Museo del Louvre. E. Firma notarial en un documento de 1651,
según M. Agulló y Cobo. F. Firma en una de los Fruteros con jarrones de cristal que fueron de la
Duquesa de Valencia, según Cavestany. JUAN DE ESPINOSA (m. 1653). G. Firma en la Visión de San
Benito, de las Benedictinas de Lumbier.
[13] 221
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
Fig. 2. JUAN BAUTISTA DE ESPINOSA. Bodegón de piezas de plata. 1624. Fundación Hilmar Reksten.
Bergen (Noruega).
222 [14]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
Fig. 3. ¿JUAN BAUTISTA DE ESPINOSA? Degollación de San Juan Bautista. 1631. Salamanca. Catedral.
Fig. 4. JUAN DE ESPINOSA. Bodegón de uvas con floreros de cristal. Madrid. Prop, privada.
[15] 223
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
Fig. 5. JUAN DE ESPINOSA. Bodegón de uvas y manzanas con jarro rojo. Madrid. Museo del Prado.
224 [16]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
Fig. 6. JUAN DE ESPINOSA. Bodegón de uvas con un pájaro muerto. Madrid. Museo del Prado.
[17] 225
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
Fig. 7. JUAN DE ESPINOSA (+ 1653). Visión de . 8. JUAN DE ESPINOSA (+ 1653). Juicio Fi-
San Benito. 1642. Lumbier (Navarra). MM. Be- nai , Navarrete (La Rioja). Parroquial.
nedictinas.
Fig. 9. J O A N S ADELER, según FEDERICO Z U C - Fig. 10. JUAN DE ESPINOSA (+ 1653). Juicio
CARO. Disputa de los Padres de la Iglesia sobre el Final (detalle). Navarrete (La Rioja). Parroquia.
Santísimo Sacramento. San Lorenzo de El Esco-
rial. Biblioteca.
226 [18]
JUAN DE ESPINOSA Y OTROS PINTORES HOMÓNIMOS DEL SIGLO XVII
Fig. 11. JUAN DE ESPINOSA (+ 1653). Juicio Fig. 12. JUAN DE ESPINOSA (+ 1653). Juicio
Final (detalle). Navarrete (La Rio ja). Parroquia. Final (detalle). Navarrete (La Rioja). Parroquia.
[19] 227
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
Fig. 13. JUAN DE ESPINOSA. (+ 1653). Liberación de San Pedro. 1652. Logroño. Museo de La Rioja.
228 [20]
Don Juan Miguel de Mortela y
el origen de la Inmaculada de
Escalante en las MM. Benedictinas
de Lumbier
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
1. ARRESE, José Luis de. Arte religioso en un pueblo de España. Madrid, 1963. Especialmente las
páginas 381-424.
2. SEGOVIA VILLAR, María del Carmen. «El convento de Agustinas Recoletas de Pamplona», en
Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, XLVI (Valladolid, 1980), pp. 255-285.
3. URANGA, José Esteban. «La obra de Luis Paret en Navarra», en Príncipe de Viana, n.°
(Pamplona, 1958), pp. 265-277. También la monografía de Osiris DELGADO, Paret y Alcazar (Madrid,
1957). Una visión actualizada de este conjunto pictórico puede hallarse en la obra de Juan Cruz LABEAGA
MENDIOLA, Viana monumental y artística. (Pamplona, 1985).
4. LEZAUN, C. «Basílica de San Gregorio Ostiense, en Sorlada. Dignidad arquitectónica y riqueza
artística», en Pregón, n.° 93 (Pamplona, 1967).
5. GARCÍA GAINZA, M.a Concepción. «Los retablos de Lesaca. Dos nuevas obras de Luis Salvador
[1] 229
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
económica de los navarros en los siglos del Barroco, pero también de un decidido
interés por buscar las más finas pinturas e imágenes allí donde se encontraran fuera
de Navarra, dejando a los artistas locales el mercado ofrecido por cabildos eclesiásticos
y municipios.
En lo que a pintura se refiere, puesto que de pintura se trata, los pintores
pamploneses alcanzaron durante el siglo XVII un alto grado de profesionalización,
instituyendo o conservando la tradición gremial del examen que permitía al aspirante
acceder al grado de maestro pintor, según nos lo muestra el interesante documento
que publicó Cabezudo Astrain6. Sin embargo, no existe para la pintura del siglo
XVII y XVIII una sistematización de los múltiples datos que se conocen de la práctica
de este oficio en Navarra durante ese tiempo. A la edición del Catalogo Monumental
de Navarra se debe una ingente serie de datos y fechas que constituye punto de partida
indispensable7. Los dos extensos artículos de Jimeno Jurío 8 son un extraordinario
ejemplo de lo que puede hacerse en este campo de la pintura, pero quizá sea el
resultado de una situación especial de los talleres artesanos de Asiain. También libros
como los de Arrese 9 y Labeaga Mendiola10 aportan muchos datos para el conocimiento
de las localidades concretas de que tratan y su entorno geográfico. Pero a pesar de
todo, y pidiendo disculpas de lo que haya podido quedar sin citar -que es mucho-
teniendo no obstante méritos suficientes para ello, personalidades como las de Diego
de Olite, Juan de Espinosa, de quien intento clarificar su vida y obra en otra
comunicación, y Vicente Berdusán, entre los pintores de siglo XVII; o Pedro Antonio
de Rada, entre los del XVIII, carecen de estudios concretos e individualizados11.
Los artistas foráneos han sido mejor tratados por la bibliografía navarra, tomando
siempre como motivo la difusión de obras concretas: Escalante12, Fernández de
Laredo y Lizona13, Ezquerra14 o Luis Paret y Alcázar15.
De cualquier modo, la historia de la pintura barroca española tiene en Navarra
hitos tan importantes como Pedro Orrente en las Carmelitas de Corella; Diego Polo,
el Menor, en el gran lienzo del Martirio de San Bartolomé de la parroquia de
230 , [2]
DON JUAN MIGUEL DE MORTELA Y EL ORIGEN DE LA INMACULADA DE ESCALANTE EN...
16. Está reproducido en el Catálogo Monumental de Navarra. Tomo III. Merindad de Olite.
(Pamplona, 1985), lám.
17. Las más antiguas referencias literarias sobre Escalante son las que se encuentran en las obras
de Antonio Acisclo PALOMINO Y VELASCO. El Museo Pictórico y la Escala Óptica. (Madrid, edic. Aguilar,
1947), pp. 966-967. Y en Juan Agustín CEÁN BERMÚDEZ. Diccionario histórico de los más ilustres
profesores de las Bellas Artes en España. (Madrid, 1800). Tomo II, pp. 28-30.
La bibliografía básica sobre este pintor se inicia con los artículos de Enrique LAFUENTE FERRARI.
«Escalante en Navarra y otras notas sobre el pintor», en Príncipe de Viana, n.° 4 (Pamplona, 1941), pp.
8-23. Y «Nuevas notas sobre Escalante», en Arte español, XV (1944), pp. 29-37. José VALVERDE MADRID
en el diario Córdoba, de 10 de marzo de 1970, donde publicó la partida de nacimiento del pintor. José
R. BUENDÍA. «Sobre Escalante», en Archivo Español de Arte, XLIII (1970), pp. 33-50. Del mismo autor
es el «Recordatorio de Escalante en los trescientos años de su muerte», en Goya, n.° 29 (1970), pp.
146-153. E. VALDIVIESO. «DOS pinturas inéditas de Escalante», en Boletín del Seminario de Arte y
Arqueología, XXXVII (Valladolid, 1971), pp. 495-497. Fray Ramón PINEDO MOLINA. «¿Una Inmacu-
lada de Escalante en Leyre?», en Príncipe de Viana, n.° 154-155 (Pamplona, 1979), pp. 87-89. Mercedes
AGULLÓ Y COBO. Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII. (Granada, 1978). Pág. 68.
De la misma autora es Más noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI al XVIII. (Madrid,
1981), pp. 87, 142, 223 y 235.
Hay que añadir a esta bibliografía los párrafos que le dedica ARRESE {Op. cit., 1963, pp. 417-418)
y un artículo de José R. BUENDÍA sobre algunas obras inéditas del monasterio de San Lorenzo de El
Escorial (en prensa).
18. BUENDÍA, «Sobre Escalante», 1970, p. 41, lám. V. -
19. PALOMINO, Op. cit., p. 967.
20. CEÁN BERMÚDEZ, Op. cit., II, p. 29. MADRAZO, Pedro de. España. Sus monumentos y Artes.
Su naturaleza e Historia. Navarra y Logroño. (Barcelona, 1886). Tomo III, cap. 32.
21. LAFUENTE FERRARI. Art. cit., 1941, p. 9.
22. ALTADILL, Julio. «Artistas exhumados», en Boletín de la Comisión de Monumentos Histórico
Artísticos de Navarra, n.° (Pamplona, 1924), p. 287.
23. LAFUENTE FERRARI. Art. cit., 1941, p. 9. Sin embargo, ninguno de los dos llegó a verlos en
aquella ocasión, teniendo noticia del de Lumbier a través de una fotografía de José Esteban Uranga.
24. Como el modelo Concepcionista de Leyre se conserva en Corella una pintura del siglo XVII
[3] 231
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
232 [4]
DON JUAN MIGUEL DE MORTELA Y EL ORIGEN DE LA INMACULADA DE ESCALANTE EN...
Cuándo o cómo llegó este importante lienzo a manos de Mortela es tema imposible
de determinar; la insistencia en el marco dorado en la descripción de 1772, parece
indicar que quizá fue puesto por el mismo Mortela; de haber ocurrido así, el estilo
del marco, muy similar al que muestra la Inmaculada Concepción de Miguel Jacinto
Meléndez (Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias), fechada en 1734, nos estaría
indicando que el lienzo de Lumbier quizá llegó a poder de Mortela en la década de
1740-1750, quizá por compra en alguna almoneda madrileña, donde lo adquiriría
en el transcurso de alguno de los muchos viajes que consta hizo el Arcediano a
Madrid.
No cabe duda de que el lienzo que fue de Mortela es el que hoy existe en las MM.
Benedictinas, pues coincide el tema, la descripción, las medidas en varas equivalentes
a unos 3,32 x 2,29 metros, y finalmente la precisa transcripción de la firma y fecha:
«ESCALANTE / FAT / A Ñ O 1666». No cabe duda de que habiendo estado desde
1776 en Lumbier, este lienzo no lo pudieron traer las MM. Benedictinas de Corella
en 1839, como supuso Arrese 35 .
Queda por responder una última pregunta para justificar la presencia del lienzo
en el monasterio de Santa María Magdalena y no en poder de los descendientes de
Mortela como bien vinculado al mayorazgo. En el transcurso del siglo XIX la pintura
fue regalada por la familia Antillón, heredera del mayorazgo, al monasterio benedic-
tino, si bien en su archivo no existe documento que precise tal donación. La historia
de la Inmaculada Concepción de Escalante continúa en 1835, pues el día 5 de febrero
la Comunidad benedictina recibió una orden para abandonar le monasterio en
30. Es fecha que se deduce de la escritura fundacional de 1772 (Vid. infra, nota 31). El documento
fue protocolizado ante el escribano Juan José Juárez, en Calahorra, el 16 de marzo de 1766.
31. A.H.P. Logroño. Protocolos, leg. 380, fols. 149-165v°.
32. A.H.P. Logroño. Protocolos, leg. 381, fols. 26-39v°.
33. Idem, fol. 37.
34. A.H.P. Logroño. Protocolos, leg. 380, fol. 162.
35. ARRESE, Op. cit., 1963, p. 418.
[5] 233
ISMAEL GUTIERREZ PASTOR
veinticuatro horas36; ante tal situación las monjas se instalaron en la casa de Don
Benito Antillón, heredero del mayorazgo instituido por Mortela a favor de su sobrina
D.a Josefa Antonia de Ureta Santa María Ayanz Mortela; en concepto de alquiler les
pidió «una salve rezada por toda la comunidad ante el magnífico cuadro de la
Purísima Concepción que se halla al subir la escalera de la mencionada casa»37. La
amistad entre la familia Antillón y la Comunidad benedictina se vio reforzada por
un «compromiso de hermandad espiritual» que las monjas hicieron con Don Benito
Antillón, con su muger D.a Eugenia y con sus dos hijas D.a Fermina y D.a Agustina,
como prueba de gratitud «obligándose a celebrar las funciones que se estila al morir
cualquier miembro de la familia»38.
Tras estos compromisos, es la tradición oral del claustro la que nos transmite que
fueron las hijas de Don Benito Antillón quienes en fecha indeterminada regalaron
el cuadro al monasterio en el transcurso del siglo XIX. Aunque estos datos pudieran
tener poca consistencia científica por no venir avalados por documento escrito,
quedan suficientemente revalidados por la absoluta coincidencia entre las descripcio-
nes antiguas y la obra conservada.
La posesión de esta pintura en manos de Don Juan Miguel de Mortela se com-
prende mejor si analizamos los pasajes introductorios de la fundación de 1774, en la
que la gran novedad respecto a las fundaciones de 1766 y 1772 era la vinculación al
mayorazgo de una colección de treinta y tres pinturas, de igual o mas altura que la
de Escalante:
«Yten declaro que como he sido muy aficionado a la pintura he llegado a juntar una
coleczión bastante numerosa de quadros originales de autores antiguos y modernos, los más
sobresalientes y de primera nota, y como estas alajas hacen honor a las casas, es mi voluntad
que queden vinculadas a la fundación de este mayorazgo...» 39.
Continúa la relación de pinturas vinculadas entre las que había una gran tabla
de la Sagrada Familia, de Rafael de Urbino; un San Onofre y una Bacanal, de Ribera;
el lienzo de Escalante, fechado en 1666; cuatro pinturas del mallorquín Pedro Cotto,
Paisajes con las Artes Liberales, fechados en 1695; una historia de Rebeca y Eliezer,
de Cario Maratti; dos pinturas de Jesús y María, de Murillo; una Virgen con Niño,
que con la descripción parece de ambiente leonardesco; una Santa Gertrudis, de
Palomino, y otro cuadro de las mismas medidas de la Virgen del Socorro, que pudiera
ser del mismo pintor. Se mencionan además floreros y marinas, y una serie de pinturas
sobre tabla, quizá flamencas, como la que menciona de Cristo resucitado aparecido
a su Madre, «de mano de un flamenco mui antiguo». Esta colección es en la actualidad
objeto de un estudio más detallado en torno a la personalidad de su propietario.
Tomando las debidas precauciones con las atribuciones que se hacen en este
sorprendente inventario, lo cierto es que todo él nos transmite un grado de veracidad
y confianza, cual corresponde a un hombre entendido ; las pormenorizadas descripcio-
nes que hace de los cuadros coinciden en su espíritu con los nombres propuestos.
Este rigor de las atribuciones adquiere su punto culminante en la transcripción de
algunas firmas legibles y en la resignación a no poder dar los nombres de los autores
de otras debido a la dificultad de la lectura.
36. Archivo del Monasterio de Santa María Magdalena. Lumbier. Libro 3.°.
37. ídem.
38. ídem.
39. A.H.P. Logroño. Protocolos, leg. 381, fol. 37. .
234 [6]
Precisiones sobre el mecenazgo
artístico de Don Francisco de
Navarra en la Colegiata de
Roncesvalles
M.a DEL CARMEN HEREDIA MORENO
[1] 235
M.a DEL CARMEN HEREDIA MORENO
actuación concreta del Arzobispo de Valencia ya que dicho término implica una serie
de connotaciones que salen fuera de los límites de estas mandas testamentarias, pero,
de todas formas, es evidente que dicha actuación del prior sobre Roncesvalles fue
semejante a la que desarrollaron otros altos miembros de la nobleza y el clero en la
propia Navarra durante esta misma centuria4. Bastaría a este respecto recordar aquí
la fecunda labor del Deán Villalón en Tudela, con el que, por cierto, Don Francisco
mantuvo un proceso por cuestiones de preferencia de asiento y voz en las Cortes de
15255, o la del Obispo Zapata en Pamplona a finales del siglo XVI6.
Por lo que se refiere a la Colegiata de Roncesvalles, de las cinco piezas que se
consideran producto de la liberalidad del prior, tres de ellas proceden efectivamente
de donaciones de Don Francisco de Navarra al monasterio mientras que la conexión
de las dos restantes con la figura de nuestro arzobispo resulta harto problemática.
Conviene, pues, analizar detenidamente cada una de estas obras para señalar las
precisiones pertinentes en cada caso.
El relicario esmaltado, conocido comúnmente como Ajedrez de Carlomagno por
su estructura semejante a un tablero de damas y porque durante mucho tiempo se
creyó donación personal del propio emperador a la Colegiata, es una magnífica pieza
de esmalte traslúcido ejecutada en talleres de Montpellier a mediados del siglo XIV7,
según confirma la marca de esta ciudad francesa estampada en uno de los laterales
del marco8 (Lám. 1). La relación, tanto del esmalte como de las reliquias que
contiene, con Don Francisco de Navarra arranca del licenciado Huarte, cuyas opinio-
nes, apenas modificadas, repitieron después algunos historiadores españoles del siglo
XIX y comienzos del XX sin base documental alguna9. De esta suerte circulan al
respecto dos hipótesis fundamentales: una de ellas, bastante problemática, defiende
que, incluso aceptando que cada reliquia o grupo de reliquias tiene una procedencia
diferente y que el ajedrez se labró en el siglo XIV, fue el propio prior el responsable
de su reunión e introducción en el relicario para evitar su pérdida o dispersión10.
Francisco regaló a la Colegiata seis mil ducados. En ello ha insistido recientemente A. MARTÍNEZ
ALEGRÍA: Roncesvalles. Pamplona, 1973, pág. 155 que transcribe párrafos sueltos de su testamento.
4. Sobre el término «mecenazgo» véase F. HASKELL: Patronos y pintores. Madrid, 1984. N o
queremos decir, sin embargo, que este término no pueda aplicarse al Arzobispo de Valencia; por
ejemplo M. ARIGITA dedica un amplio capítulo de su obra Navarros ilustres. Pamplona, 1899, pág. 336
y ss. a analizar la labor de Don Francisco de Navarra como mecenas protector y promotor de nombres
de letras.
5. M.C. GARCÍA GAINZA, M.C. HEREDIA MORENO, J. RIVAS CARMONA y M. ORBE SIVATTE:
Catàlogo Monumental de Navarra. I. Merindad de Tudela. Pamplona, 1980, págs. 265 y 312. Además
de reformar su palacio en Tudela ayudó al establecimiento de los dominicos contribuyendo a la
construcción de su iglesia y sufragó varias obras en la Catedral. J. IBARRA: Op. cit. pág. 404. Véase
también M.C. GARCÍA GAINZA: El mecenazgo artístico de D. Pedro Villalón, Deán de Tudela. S.A.A.
1981, págs. 113-119.
6. M.C. GARCÍA GAINZA y M.C. HEREDIA MORENO: Orfebrería de la Catedral y del Museo
Diocesano de Pamplona. Pamplona, 1980, pág. 59-63, M.C. HEREDIA MORENO : El templete eucarístico
de la catedral de Tarazona. Seminario de Arte Aragonés, 1981, págs. 21-28 y M.C. GARCÍA GAINZA: El
mecenazgo artístico del Obispo Don Antonio Zapata en la catedral de Pamplona. Scripta teológica, 1984,
págs. 579-598.
7. M.C. HEREDIA MORENO: Otros esmaltes navarros en el catálogo de la exposición «El retablo
de Aralar y otros esmaltes navarros», Pamplona, 1982, pág. 63.
8. Sobre la importancia de los talleres de plateros y esmaltadores de la ciudad de Montpellier
puede consultarse, por ejemplo, el catálogo Trésors d'orfèvrerie des églises du Roussillon et du Languedoc
Méditerranéen. Cité de Carcassonne e église saint-Nazaire, 1954, n.°s 17, 58 y 85, donde se exhibieron
un par de piezas del siglo XIV con marcas de esta localidad muy similares a las del Ajedrez de
Carlomagno.
9 J . de HUARTE : Historia de Roncesvalles. Año 1617. Manuscrito inédito conservado en el Archivo
de la Colegiata.
10. Algunas de las reliquias procederían de San Dionisio de París y fueron regaladas por San
Luis de Francia a Teobaldo II; otro grupo pudo encontrarse en el interior de la arquilla donde se apareció
la imagen de la Virgen y el resto procedería del Arca Santa de Oviedo a donde habían ido a parar, junto
236 [2]
PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE D O N FRANCISCO DE NAVARRA...
La segunda, inadmisible del todo punto por razones estilísticas y cronológicas, afirma
que el tablero esmaltado fue mandado realizar por expreso deseo y a expensas de Don
Francisco, si bien éste debió encargar su ejecución fuera de España11. Más adelante,
Ibarra, en su intento de conciliar ambas hipótesis, salvando además el error de
cronología de casi dos siglos encerrado en la segunda propuesta, llegó a plantear la
posibilidad de que efectivamente hubiese sido Don Francisco el responsable de la
introducción de las reliquias en el Ajedrez, el cual desde siglos atrás pertenecía al
patrimonio de los mariscales de Navarra y que él mismo, como miembro de dicha
familia, lo enajenó y donó a la colegiata para tal fin12. Recientemente se ha llegado
también a defender que el relicario esmaltado formó parte del ajuar litúrgico de la
con otras muchas, tras su descubrimiento en Mérida en el año 1550, coincidiendo con el momento en
que Don Francisco de Navarra era obispo de Badajoz. Esta misma opinión mantienen H. SARASA: Op.
cit., M. ARIGITA: Op. cit., págs. 197-198, J.C. ORIA: Sobre el relicario de Ronce svalle s. B.C.M.N.
1918, págs. 198-203 y J. IBARRA: Op. cit., págs. 424 y ss.
11. Insiste en este punto M. MADOZ: Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de España y
sus posesiones de ultramar. Madrid, 1849, tomo XIII, pág. 555. Sólo M. ARIGITA reconoce que el
relicario es dos siglos anterior. ORIA sigue defendiendo esta hipótesis en una fecha en que ya otros
historiadores han clasificado la pieza de modo correcto como J J . MARQUETDE VASSELOT: Le Trésor de
Vabbaye de Roncevaux. Gazette de Beaux Arts, 1897, pág. 323 y J. GUDIOL RiCART Uorfebreria en
VExposició hispano francesa de Saragoça. Anuari Institut d'Estudis Catalans. Barcelona, 1908, págs.
108-110 y E. BERTAUX: Exposición retrospectiva de Zaragoza, 1908. Zaragoza, 1910.
12. J. IBARRA: Op. cit. pág. 426.
[3] 237
M.a DEL CARMEN HEREDIA MORENO
238 [4]
PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE DON FRANCISCO DE NAVARRA...
y de cobre y tornillos; pesa catorce marcos y medios» 19. Esta pieza, dada la proximi-
dad de fechas, bien pudo ser el báculo de Don Francisco y, posiblemente sea también
el mismo que figura más tarde en otro inventario de 1649 junto a un segundo con
imágenes de apóstoles20. Uno de esos dos báculos existía todavía en el año 1804
cuando se acuerda que el platero de Pamplona Pedro Antonio Sasa lo retoque y ponga
en la debida forma «porque por su antigüedad estaba ajado y había que conser-
varlo»21, si bien al mismo tiempo dicho platero ejecuta un nuevo báculo de plata de
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M.a DEL CARMEN HEREDIA MORENO
noventa y tres onzas, semejante al del Obispo Aguado y Rojas pero más sencillo22,
por encargo del administrador de Roncesvalles Donjuán de Iráizoz23. Ambas piezas
desaparecieron pocos años más tarde ya que ninguna de las dos figura en la relación
de objetos que quedaron tras la desamortización de 1837. Una de ellas -posiblemente
la más antigua- debió perderse en las ventas de alhajas que el propio Iráizoz hubo
de efectuar en 1809 y 1810 24 y la segunda fue entregada al Estado en el año 1837 por
el entonces administrador de la Colegiata Sr. Salinas junto con otra $erie de objetos
litúrgicos, en cuya relación se menciona expresamente «un báculo fmoral de plata
para cuando el señor prior celebraba de pontifical» 2 5.
Por tanto, todos los báculos que habían obrado en poder de la Colegiata, incluido
el que había pertenecido a Don Francisco de Navarra, desaparecieron antes de 1837,
circunstancia ésta que pudo impulsar al obispo de Pamplona Don Antonio Ruiz
Cabal a incluir uno nuevo entre las piezas que donó a esta institución en el año 1899,
fecha de su renuncia al obispado 26. En efecto, entre estos regalos se encontraba un
báculo que cabe identificarlo estilística y cronológicamente con la pieza que ha
llegado a nuestros días 27. Además, sus particularidades de traza y ornamentación lo
relacionan con los báculos de la catedral de Pamplona, uno de los cuales había donado
el propio obispo Ruiz Cabal en esta misma fecha28.
Con mayor fundamento que las anteriores se han considerado tradicionalmente
regalos del Prior a Roncesvalles las dos interesantes cruces del siglo XVI -una
relicario y otra procesional- que guarda la Colegiata29. En uno de los casos, dicha
atribución está confirmada tanto por la heráldica que ostenta la pieza cuanto por los
documentos que ya desde el siglo XVI la denominan «cruz de Don Francisco de
Navarra». En el otro, carecemos de motivos heráldicos pero sus rasgos estilísticos
confirman los datos documentales y la cronología adecuada dentro del segundo tercio
de esta centuria. Pese a ello, ambas piezas plantean una serie de problemas que
conviene analizar con cierto detalle.
La cruz procesional, de plata dorada y rico estilo plateresco, es la «Cruz guiona»
que figura en el inventario del año 1578 y que ha llegado a nuestros días sin apenas
modificaciones, según se desprende del cotejo del citado texto con la propia obra30
22. Al mencionar el báculo del obispo Aguado y Rojas suponemos que se trata del que dicho
obispo regalaría a la Catedral de Pamplona durante los años en que estuvo al frente de la Diócesis entre
1785-1795 y no de otra pieza regalada a la Colegiata de la que no existen referencias. (Varios Atlas de
Navarra. Barcelona, 1977, pág. 62).
23. J. IBARRA: Op.cit. pág. 852-583. Para hacer este báculo y algunas otras obras Pedro Antonio
Sasa utilizó la plata vieja procedente de la fundición de alhajas antiguas de la Colegiata que el platero
recibió del administrador Sr. Iraízoz.
24. Ibidem, pág. 849.
25. Ibidem, pág. 900.
26. Archivo Colegiata Roncesvalles. Visitas de Sacristía, año 1899: «5. que además de la mitra
que consta en el inventario como regalo del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Obispo de Pamplona
Don Antonio Ruiz Cabal hay que agregar otra mitra sencilla, báculo pastoral y el canon pontifical
también regalos de dichos señor».
27. Antonio Ruiz Cabal fue obispo de Pamplona desde el 10-VI-1886 hasta el 14-XI-1899 en
que renunció al obispado a causa de una enfermedad (Vid. ALDEA VAQUERO y otros : Op. cit. Vol. Ill,
pág. 2118). Durante estos años restauró la vida regular en la Colegiata y efectuó diversas reformas en
la Catedral de Pamplona a la que también regaló valiosos ornamentos y enseres litúrgicos.
28.M.C. GARCÍA GAINZAy M.C. HEREDIA MORENO: Op. cit. pág. 19.
29. Por excepción J.J. MARQUET DE VASSELOT: Op. cit. pág. 333 sólo se detiene en el análisis de
la cruz de altar y no la relaciona con la figura del prior.
30. La pieza está descrita en el inventario del año 1578, de cuyo texto existen varias versiones
ligeramente distintas. El propio J. IBARRA: Op.cit. pág. 420 transcribe «otra cruz guiona con un crucifijo
en medio en la delantera, y a la trasera una Nuestra Señora, y a los cabos tiene cuatro serafines, y en la
baina el escudo de Navarra y al pie cuatro serafines y sobre las cabezas de los serafines cuatro bichas;
está armada la cruz sobre madera y el cordón con unos nudetes dorados y dicho cordón tiene unos palos
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PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE DON FRANCISCO DE NAVARRA...
(Lám. 3). Ostenta un mango abalaustrado compuesto por volúmenes bulbosos recu-
biertos de hojarasca entre los que se inserta el grueso nudo de jarrón de cuerpo
panzudo y amplio cuello culminado en un plato estriado sujeto por tornapuntas. La
cruz, que sigue el esquema de las cruces de Malta posiblemente porque, al parecer,
de arriba abajo. Pesa veinticuatro marcos. Era de Don Francisco de Valencia. Esta, gracias a Dios ha
podido llegar a nuestros días, pero sin los cordones, nudetes y palos que dice el Inventario» y en la
pág. 503 reduce el texto eliminando la alusión al escudo. Por su parte A. MARTÍNEZ ALEGRÍA: Op. cit.
pág. 151 recoge el texto primero aclarando «... y en la vaina el escudo del Arzobispo que es el de
Navarra». Esta pieza se menciona también con el n.° 22 en los inventarios de sacristía de los años 1649
y 1681 del Archivo de la Colegiata.
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M.a DEL CARMEN HEREDIA MORENO
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PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE DON FRANCISCO DE NAVARRA.
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37. A. BERLINER: Modelos ornamentales de los siglos XV al XVIII. Barcelona, s/f. láms. 82-83 y
84:2.
38. J.C. ORIA: La cruz relicario de las espinas. B.C.M.N. 1923, págs. 212-214, recoge opiniones
de Huarte y Burges.
39. Vid. nota 35.
40. Archivo Colegiata de Roncesvalles. Inventarios de Sacristía, año 1649. fol. 6, n.° 25: «Yttem
otra cruz que está dentro de la caxa o tabernáculo de las reliquias, que es de plata sobredorada y labrada,
ancho pie en cuatro ángulos que en los de los dos lados están dos bultos de santos y debajo de los dos
braços de la cruz están a modo de columnas dos espinas de la corona de Nuestro Señor en cada cajita y
en medio de la cruz hay una imagen de Cristo».
41. Ibidem. Inventarios de 1649 y 1681.
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PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE DON FRANCISCO DE NAVARRA...
42. J. IBARRA: Op. cit. pág. 503, recoge del citado inventario de 1578 «ítem otra cruz de Fray
Tomás, con un Cristo por una parte y por la otra una espiga de cobre pegada con estaño, con su cordón
de plata con nueve molduras o nudetes, doradas, con un palo que va de arriba abajo de dentro. Pesa
diez marcos menos media onza. Es de Fray Tomás, Arzobispo de Valencia» y entre paréntesis añade
como comentario personal: «¿no se quedaría don Francisco con esta cruz por haber quizás pagado
deudas del santo y la habría regalado al morir a Roncesvalles? Como quiera que aquí hubiera llegado
desapareció hace mucho tiempo».
43. JJ. MARQUETDE VASSELOT: Op. cit. pág. 332 y J.C. ORIA: La cruz..., pág. 212.
44. A. MARTÍNEZ ALEGRÍA: Op. cit. pág. 147.
45. Archivo Colegiata de Roncesvalles. Inventarios de Sacristía, año 1917, se mencionan arreglos
de plateros traídos de Pamplona, con referencia expresa al relicario de las espinas.
46. J. ALTADILL: Sobre el cuadro de Roncesvalles «la Sagrada Familia». B.C.M.N., 1921, págs.
51-55: la pintura fue atribuida en el año 1878 a Juan de Juanes por Mané y Flaqué. La atribución correcta
la hizo en el año 1915 Don Juan Allende Salazar y su opinión fue corroborada por Altadill poco después
y compartida a partir de entonces por todos los historiadores de arte.
47. A. MARTÍNEZ ALEGRÍA: Op. cit. pág. 155.
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M.a DEL CARMEN HEREDIA M O R E N O
-obra ésta muy similar del mismo autor- es compartida por E. du Gue Trapier que
concreta la fecha de la tabla salmantina a partir de 1574, año que el artista vio en El
Escorial la Sagrada Familia de Bernardino Luini, posible fuente directa de inspiración
para esta obra del extremeño48. Por el contrario, otros autores defienden que ambos
trabajos deben situarse dentro de los primeros años de producción del artista apun-
tando, incluso, la prioridad cronológica de la tabla de Roncesvalles, de la que la
salmantina vendría a ser sólo una réplica, y la posibilidad de un temprano viaje a
Italia efectuado por Morales que explicaría las influencias leonardescas a través de
Luini presentes en ambas tablas 49.
En apoyo de esta última hipótesis hemos de recordar que Don Francisco de Navarra
fue obispo de Badajoz entre 1545 y 1556, fechas éstas en las que Luis de Morales ya
48. D. ANGULO: Pintura del Renacimiento. Vol. XII del Ars. Hispaniae. Madrid, 1954, pág.
239. E. du Gue Trapier: Luis de Morales y las influencias leonardescas en España. Badajoz, 1956, pág.
20-21.
49. J.A. GAYA Ñ U Ñ O : Luis de Morales. «Arte y Artistas», Madrid, 1961, pdgs. 20-21. La opinión
de este autor es compartida por otros muchos historiadores, aunque hay también alguno, como ].
BACKSBACKA: Luis de Morales. Helsinki, 1962, pág. 166, que no se pronuncia sobre la cronología de la
tabla de Roncesvalles.
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PRECISIONES SOBRE EL MECENAZGO ARTISTICO DE DON FRANCISCO DE NAVARRA...
debía gozar de cierto renombre en esta ciudad puesto que se encontraba trabajando
en ella al menos desde el año 1539 50 ; y que, aunque el pintor no llegó a la cúspide
de su fama hasta la segunda mitad de la década de 1560 gracias a la protección del
futuro San Juan de Ribera -entonces obispo de Badajoz-, ya desde 1549 mantuvo
amistosas relaciones con el Cabildo pacense para el que trabajó repetidas veces como
tasador, restaurador o ejecutor de obras 51 . Parece razonable, por tanto, pensar que
el prelado navarro solicitaría los servicios de Luis de Morales en alguna ocasión
durante los años en que permaneció al frente de esta diócesis y que uno de sus encargos
sería sin duda la Sagrada Familia que hubo de ser ejecutada, por tanto, entre 1545 y
155652. Más tarde, al ser trasladado al arzobispado de Valencia en el año 1556, Don
Francisco se llevaría consigo la tabla y en su testamento la donó, junto con algunas
otras piezas, a la Colegiata de Roncesvalles donde había sido prior veintitantos años
atrás y donde todavía se guarda.
Esta pintura junto con la cruz guiona, o sea las obras encargadas por Don Francisco
de Navarra cuando era obispo de Badajoz entre 1545 y 1556 son, entre sus mandas
testimentarias a la Colegiata de Roncesvalles, las que han sufrido menos modificacio-
nes a lo largo de los siglos. La cruz de altar, hoy relicario de las espinas, se encuentra,
como hemos visto, bastante alterada y el resto de las obras que le pertenecieron han
desaparecido, ya que el Ajedrez y el báculo prioral no tienen ninguna relación con
el arzobispo de Valencia.
50. J.M. SERRERA CONTRERAS: Una Virgen con el Niño de Luis de Morales. Archivo Español de
Arte, 1978, pág. 183 recoge el testimonio del entallador Jerónimo de Torres con el que el pintor se
hallaba trabajando en esta fecha en el retablo de Puebla de la Calzada.
51. J. CAMÓN AZNAR: La pintura española del siglo XVI. «Summa Artis», Madrid, 1979 pág. 464.
52. La primera obra documentada que se conoce data del año 1546 (Vid. A.E. PÉREZ SÁNCHEZ:
El retablo de Morales en Arroyo de la Luz. Exposición de la Dirección General de Bellas Artes. Madrid,
1974, pág. 10.
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Estudio de los contratos de
aprendizaje artístico en la
Merindad de Pamplona durante
los siglos XVI y XVII
M.a VICTORIA HERNANDEZ DETTOMA
1. «Los criados y criadas que salen del seruicio de sus amos sin cumplir el tiempo pierdan lo
servido y paguen lo comido» (CHAVIER, A., Fueros del Reino de Navarra desde su creación hasta unirse
con Castilla y recopilación de las leyes promulgadas desde dicha anexión, 1686, ley 1.a y 2.a, tít. 20).
Según las Cortes de 1817 y 18 los menestrales y artesanos desaplicados son tratados de «vagos». La
justicia ordinaria y reales tribunales se encargarán de los que incurren en este vicio, así como de que
se cumplan con la mayor fidelidad las escrituras de aprendizaje (YANGUAS Y MIRANDA, J., Diccionario
de los fueros y leyes de Navarra. San Sebastián 1828, pág. 180 y 420; Cuadernos de Leyes de Cortes, años
1817 y 18, ley 16).
[1] 249
M.a VICTORIA HERNANDEZ DETTOMA
ordenanzas 2. Las redactadas en Pamplona en 1581 para los distintos oficios (pintores,
argenteros, cerrajeros...) ponen de relieve la obligatoriedad de cumplir los años de
aprendizaje con un maestro pamplonés, único requisito para trabajar o abrir tienda
en la ciudad3. A partir de esta época, y sobre todo a lo largo del siglo XVII, se hace
más frecuente el redactar ante notario el «contrato de aprendizaje». En ningún
momento fue indispensable este documento para aprender el oficio. Lógicamente no
se realiza cuando se trata de un hijo o un pariente próximo. Algunos maestros tenían
costumbre de contratar verbalmente con sus aprendices lo que en ocasiones dio lugar
a incumplimientos: El platero Sancho de Montalvo en 1663 declara como Martín de
Arrue se comprometió a servir como criado aprendi