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Argumentaicón - Chaïm Perelman

Chaïm Perelman fue un filósofo belga que creó la Nueva Retórica, la cual se enfoca en el análisis de la argumentación no formal. Perelman argumentó que el objetivo de la argumentación es asegurar la adhesión de la audiencia a través del uso de valores y la consideración de las audiencias particulares y universales. La Nueva Retórica identifica varias técnicas argumentativas como la definición, analogía y disociación de nociones.

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Argumentaicón - Chaïm Perelman

Chaïm Perelman fue un filósofo belga que creó la Nueva Retórica, la cual se enfoca en el análisis de la argumentación no formal. Perelman argumentó que el objetivo de la argumentación es asegurar la adhesión de la audiencia a través del uso de valores y la consideración de las audiencias particulares y universales. La Nueva Retórica identifica varias técnicas argumentativas como la definición, analogía y disociación de nociones.

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Chaïm Perelman (Varsovia, 20 de mayo de 1912 - Bruselas, 22 de enero de 1984),

retórico y filósofo del Derecho belga de origen polaco, creador de la Nueva Retórica y uno
de los principales teóricos sobre argumentación del vigésimo siglo.

La Nueva retórica
Perleman y Olbrechts-Tyteca comenzaron la investigación sobre lógica de discusiones no
formales en 1948. Siguiendo el ejemplo del acercamiento comprensivo de Frege al estudio
de las matemáticas, reunieron una amplia gama de informaciones académicas,
profesionales, religiosas y populares para idear y aplicar su teoría. Después de encontrar el
opúsculo de Brunetto Latini y de "redescubrir" la tradición retórica grecolatina, el proyecto
y su base filosófica tomaron una forma definitiva. Perelman presumió que el análisis
razonado que gobernaba la discusión no-formal podría emanar de los principios de la teoría
retórica, de las consideraciones de las audiencias y de los juicios de valor en particular.
Estas consideraciones afectan lateralmente la estructura específica de las discusiones,
incluyendo las bases del acuerdo y la disponibilidad de ruegos específicos. El análisis de
Perelman también produjo una descripción de las varias técnicas que se evidencian en el
curso mismo de la investigación extraídas del grupo diverso de discusiones recogidas para
la misma. El libro se divide en tres secciones

El marco de la argumentación

La nueva retórica se funda en la aserción de que "puesto que la argumentación tiene como
objetivo el asegurar la adhesión de aquellos a quien se trata, es en su totalidad concerniente
a las audiencias que se influirán" (1969, p. 19). Perelman y Olbrechts-Tyteca confían
particularmente para su teoría de la argumentación en los conceptos gemelos de "audiencias
universales" y "audiencias particulares"; mientras que cada discusión se dirige a un
individuo o a un grupo específico, el orador decide a qué información y a qué
acercamientos alcanzará la adhesión más grande según una audiencia ideal. Este ideal,
explica Perelman, se puede incorporar, por ejemplo, "a Dios, a todos los hombres
razonables y competentes, al hombre que delibera o a una élite" (2001, p. 1393). Al igual
que las audiencias particulares, la audiencia universal nunca es fija o absoluta, pero sí
dependen del orador el contenido y las metas de la discusión y las audiencias particulares a
quienes afecta la discusión. Estas consideraciones determinan qué información constituye
"hechos" y "carácter razonable" y ayuda así a determinar a la audiencia universal que,
lateralmente, constituye el acercamiento del orador.

La adhesión de una audiencia también es determinada por el uso de valores, otro concepto
dominante para el orador de la nueva retórica. El tratamiento de Perelman del valor y su
opinión sobre la retórica epidíctica fija su acercamiento. Para ello analiza la división
aristotélica de la Retórica en tres géneros (judicial, deliberativa y epidíctica) y ve que está
motivada en gran parte por la clase de juicios requeridos para cada una: las discusiones
forenses o legales requieren veredictos más allá de enjuiciar la acción; las discusiones
deliberativas o políticas se consagran a la búsqueda de la acción futura, y las retóricas
epidícticas o ceremoniales se refieren a los valores asociados a la alabanza o al vituperio, al
mérito o la culpa, y no buscan decisión específica alguna. Para Aristóteles, el género
epidíctico era de una importancia restringida en el campo de lo civil, puesto que no se
refería a hechos o a políticas. Perelman, en cambio, cree no sólo que la retórica epidíctica
reclama más atención, sino que los valores, acotados normalmente en este género, son el
hecho central de toda la argumentación.

La "Oratoria epidíctica", arguye Perelman, "tiene significación e importancia para la


argumentación porque determina la disposición hacia la acción aumentando la adhesión a
los valores que alaba" (1969, p. 50). Estos valores, por otra parte, centran la persuasión en
las discusiones de cualquier género retórico, puesto que el orador procura siempre
"establecer un sentido de communión centrado en torno a los valores particulares
reconocidos por las audiencias" (1969, p. 51).

Puntos de partida de la argumentación

Toda la argumentación, según Perelman y Olbrechts-Tyteca, debe proceder de un punto de


acuerdo; las materias discutibles particularmente no se pueden introducir sin la existencia
de un suficiente consenso anterior o las premisas antecedentes y relacionadas que se hayan
establecido ya. Las bases del acuerdo se dividen en dos categorías: la primera se ocupa de
hechos, verdades y presunciones; la segunda de valores, jerarquías y loci de lo preferible o
preferencias y pretericiones.

Los hechos y las verdades se establecen normalmente antes de la discusión; éstos son los
aspectos de la realidad que convienen por ejemplo las audiencias universales según lo
concebido por el orador. Ni hechos ni verdades proporcionan oportunidad para el conflicto;
Perelman explica que la presuposición de una realidad coherente con hechos y verdades
tomados en conjunto no puede generar ningún conflicto para tomar una decisión. Las
presunciones en forma de hechos y verdades no necesitan ser defendidas. Si la discusión
requirió presunciones de oposición, sin embargo, el orador puede volcar la opinión anterior
probando un caso opuesto.

Los valores, tanto concretos como abstractos, pueden también constituir puntos de partida,
pero ninguno se debe tratar como universal. Establecer y reforzar valores comunes es
necesario, según Perelman, porque estos mediatiza la acción y determinan la conducta
aceptable (2001, P. 1394). Los valores, por otra parte, se ajustan normalmente a jerarquías
que pueden también servir como punto de partida para la discusión. Una audiencia valora la
justicia y la utilidad, por ejemplo, solamente si una discusión puede requerir una
determinación de la preferencia entre las dos. Como valores, las jerarquías pueden ser
abstractas o concretas; pueden, también, ser homogéneas, en caso de su gradualidad, o
heterogéneas, en el caso de la honradez y de la verdad. Los valores y las jerarquías se
pueden justificar con los loci de lo preferible en función del punto final del acuerdo.
Los loci de lo preferible se derivan del tercer libro de los Tópicos de Aristóteles y permiten
acuerdos para determinar cuál entre dos loci es escogido. Por ejemplo, en una discusión
puede ser punto de comiezo la determinación de si una calidad intrínseca, como por
ejemplo la salud, se prefiere sobre una cualidad contingente, como por ejemplo la belleza.

Finalmente se discute el concepto de "presencia" de las ideas que son convenidas por una
audiencia dada. Entre ellas el orador puede elegir acentuar o dar presencia a ciertos
elementos mientras que desenfatiza otros. Perelman explica que las "cosas presentes, las
cosas cercanas a nosotros en espacio y el tiempo actúan directamente en nuestra
sensibilidad", pero con todo las cosas distantes pueden ser más relevantes en la discusión y
estar presentes de forma prestada a través de figuras retóricas específicas como la
hipotiposis o la anáfora (2001, p. 1395). Todos los puntos del acuerdo, por otra parte,
pueden dividirse entre primarios o secundarios según el propósito de la discusión y la
composición de las audiencias específicas.

Técnicas de la discusión

Como la discusión no formal se refiere a la adhesión de una audiencia más que a la


demostración mera de los asuntos propia de la lógica formal, cuyo cometido no es convecer
sino hallar la verdad, el orador debe asegurarse de que la audiencia se identifique con cada
elemento sucesivo de una discusión. Perelman delinea dos procedimientos con los cuales el
orador puede alcanzar esta aceptación, adhesión o bienquerencia: en primer lugar,
implicando asociaciones cuasilógicas, ruegos a la realidad y encuestas para establecer la
verdad; el segundo acercamiento responde a las opiniones incompatibles, por medio de la
disociación de nociones.

Los argumentos cuasilógicos son, según Chaïm Perelman, "similares a las estructuras
formales de la lógica y de las matemáticas" (2001, p. 1396). La definición es un
acercamiento cuasilógico común que se utiliza no ya para establecer el significado de un
término, sino también para acentuar ciertas características de un objeto adecuadas al
propósito persuasivo. Otras argumentaciones cuasilógicas incluyen relaciones de división,
reciprocidad, comparación, sacrificio y probabilidad. Las técnicas argumentativas de la
sociedad implican abrogar la realidad y establecer lo veraz por encima de lo verdadero y lo
creíble por encima de lo cierto, y estimar la recepción de la lógica por encima de la lógica
misma. De ahí la importancia de los argumentos por analogía y de los argumentos que se
basan en la estructura de lo real. Las disputas que establecen la estructura de la realidad se
pueden dividir en dos categorías: discusiones del patrón o modelo y discusiones por
analogía. La metáfora, otro aspecto común de la argumentación, es una forma de analogía
condensada.

Cuando los oradores intentan reconciliar opiniones incompatibles o encontradas, pueden


ganar adhesión a través de una disociación de nociones entre lo real y lo ilusorio. Por
ejemplo, a la hora de hablar de la democracia verdadera y de la democracia formal, nominal
o "real", esto es, a la cuasidemocracia. Con esta oposición la adhesión se alcanza no en base
a su mérito como idea, sino con la devaluación de ambos términos en su oposición.

Críticas a Perelman y a la Nueva retórica

Las críticas más comunes a la nouvelle rhétorique se centran en el concepto de Perelman de


"audiencia universal"; así Henry W. Johnstone, John W. Ray ("Perelman's universal
audience", Quarterly Journal of Speech, 1978, núm. 64, 361-75) o Lisa Ede. Los teóricos
de la argumentación Van Eemeren, Grootendorst y Kruiger también critican la separación
evidente entre las consideraciones de las audiencias y las técnicas de la discusión. Sin
embargo la recepción positiva del nuevo retórico compensa de lejos su crítica. Su obra
principal, el Tratado, ha sido traducida entera o parcialmente a nueve idiomas y se
considera en general como una de las formulaciones modernas más influyentes y
ambiciosas de la teoría retórica. Ha sido la suya una contribución fundacional en la teoría
de la argumentación de los últimos treinta años y ha marcado con su influjo estudios que se
han extendido además desde la Filosofía del derecho a la psicología social y la geografía
política.

Perelman renueva la retórica aristotélica y propone devolverle su legitimidad filosófica


olvidando la condena de Platón, que asociaba el arte de persuadir a la Sofística y a la
manipulation de la verdad, que él idealizaba adulterándola. El estudio de Perelman aborda
la retórica no formal, la retórica débil o blanda que se usa y aparece cotidianamente en el
trato social. Esta Nueva Retórica se impone verdaderamente a partir de 1970, cuando los
trabajos de Perelman se cuentan entre los más novedosos del campo filosófico de la época.
Numerosos investigadores de las disciplinas más diversas, como la Filosofía en el caso de
Michel Meyer, la Lingüística en el caso de Christian Plantin o los estudios literarios en el
de Ruth Amossy, se han interesado por las teorías sobre la argumentación de Perelman.

El Tratado de la argumentación. La nueva retórica en dos volúmenes (París: P.U.F., 1958),


escrito en colaboración con Lucie Olbrechts-Tyteca ha sido vertido al español por Julia
Sevilla Muñoz (Madrid: Gredos, 1994) en un solo volumen desde su quinta edición de
1989.

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