Pianitzki o Memorias de Un Bolchevique Rompiendo La Noche
Pianitzki o Memorias de Un Bolchevique Rompiendo La Noche
com
ROMPIENDO
LA NOCHE
Memorias de un Bolchevique
O. Pianitzki
PRESENTACIÓN
do comunista y los sindicatos revolucionarios! Los socialistas, esto no es lo esencial para ellos; ante todo, la lucha revolucio-
que siempre protestan de la penetración policíaca en nuestro naria.
partido, ¿no votaron a la burguesía francesa en noviembre de ....En Kiev, aun con las celdas abiertas de la mañana a la no-
1924, al último Judas, fondos secretos para pagar a los traido- che, lo mismo que las puertas de acceso del pabellón al patio,
res? los detenidos estudiaban seria y activamente... “El tiempo de
Ante el daño hecho por la Policía al partido en el movimien- prisión transcurría sin darse cuenta”, escribía Piatnitzky, quien
to obrero revolucionario. ¿Piatnitzky no fue -poco tiempo- ata- no esperó la visita de la causa, ya que se escapó con diez revo-
cado de esa enfermedad que consiste en ver Policía por todos lucionarios para seguir luchando contra el zarismo y la burgue-
lados? Pero también nos indica la solución: es en la organiza- sía.
ción y en la acción cuando se obliga al policía a trabajar por el ¡Qué lejos estamos de ciertas desmoralizaciones, de tristes
partido -los acontecimientos del 1 de mayo de 1911 fueron con- escrúpulos, anteponiendo él cuidado del “vientre” al trabajo
ducidos hasta el éxito por el policía Matvei–Brindinski, mien- revolucionario y al estudio!
tras que su “colega” Malinovski leía a la Cámara los discursos De ahí el interés de las páginas sobre la vida en la cárcel,
hechos por Lenin y Sinoviev-; cuando la policía sabotea la ac- sobre la organización de los “comunes” de los detenidos y el
ción del partido, esto permite separarlo de puestos importantes trabajo encarnizado para estar mejor armado ideológicamente
y desenmascararlos, a la condición de que se ejerza un control en la deliberación; ¡excelentes enseñanzas para la educación
riguroso en la ejecución de la tarea encargada a los militantes. de los militantes revolucionarios!
Gritando: “¡Al policía!”, no fue como Piatnitzky ha desen-
mascarado a los más peligrosos, sino controlando la ejecución
del trabajo y analizando seriamente los menores indicios. * * *
Detenido en Sámara, Piatnitzky confirma con amargura que
la Policía “lo sabía todo”. (Sabía que él era del Comité central, Lo que domina la obra, como ya hemos dicho, es la idea de
cosa que aun ignoraba). ¡Ya lo sabían todo! Lo cual no impidió la organización. Pero seria un error creer que Lenin y los bol-
que la revolución barriese al régimen. cheviques querían la organización por la organización. Ante to-
do, desean la organización para la lucha política, la organiza-
ción al servicio de los principios del marxismo revolucionario
* * * defendidos irreductiblemente por Lenin y los leninistas. Toda la
obra de Piatnitzky respira esta lucha encarnizada que Lenin y
Como era de prever, Piatnitzky fue varias veces encarcelado, los leninistas no cesaron de sostener contra las diferentes co-
y, por último, deportado a Siberia en 1914. Apenas entra en la rrientes que sin cesar renacían. La batalla por la Iskra, la lu-
prisión, el militante tiene un puesto en la organización de los cha contra Plejanov, contra las corrientes “izquierdistas”,
presos. Siente a su alrededor la solidaridad absoluta de sus ca- “sectarias”, provocadas por la actitud de la fracción parla-
maradas, aun la de aquellos de tendencias políticas diferentes. mentaria, en fin, y sobre todo la lucha incesante cotidiana de
Los víveres y los envíos de dinero siempre se reparten en co- Lenin, no solamente contra los mencheviques, sino contra los
mún. No obstante la defensa enérgica de su situación material, oportunistas, contra los conciliadores, todo eso se desprende
netamente en la lectura de estas memorias escritas sin aparato millones de obreros sindicalizados y las potentes cooperativas
literario. Se siente en cado momento qué incesantes combates que dirigían sus militantes, todo eso le habían convencido de
ideológicos han formado el partido de acero que condujo al que el partido socialdemócrata sabría, si quería vencer el opor-
proletariado ruso a la victoria. La actitud de Piatnitzky discu- tunismo, llevar al combate al proletariado alemán. No suscri-
tiendo frecuentemente con Lenin, es una respuesta viviente a bía completamente los sarcasmos de Lenin, mostrando que el
esa tontería socialista que afirma ser el partido bolchevique partido socialdemócrata alemán se había lanzado por su opor-
una capilla en la cual aquel que no piensa como el jefe es ex- tunismo en los brazos de la burguesía. ¡Y fue, con verdadero do-
pulsado. lor, cuando en agosto de 1914 se enteró Piatnitzky, estando pre-
Es, al contrarío, en la más grande libertad de espíritu donde so en Sámara con Pléjanov, cómo los socialistas alemanes es-
de se desenvuelven las controversias sobre los problemas del taban por la guerra! ¡El coloso socialdemócrata, podrido por
movimiento obrero, sobre la táctica, etc. Pero una vez tomada el oportunismo, se había derrumbado al primer golpe!
la decisión será aplicada sin ningún desfallecimiento por todos ...Tres meses después, el 14 de noviembre de 1914, tenía la
los miembros del partido. Esto es lo que dice Piatnitzky de las noticia de que los cinco diputados bolcheviques en la Duma, y
elecciones a la tercera Duma. Hasta éstas, reinaban grandes di- Kamenev confirmaba a Piatnitzky, todavía en prisión, que los
vergencias entre los bolcheviques; esta cuestión fue muy discu- bolcheviques continuaban la lucha de clases durante la guerra
tida en todos lados, puesto que numerosos bolcheviques eran como durante la paz. ¡El partido, diezmado sin cesar; la Poli-
contrarios a la participación en las elecciones; pero desde que cía decapitando sin parar las organizaciones y viviendo casi
el partido toma su decisión, los bolcheviques participaron con permanentemente en la ilegalidad, había resistido gracias a su
igual entusiasmo en las elecciones. Nos muestra también cómo ideología, formada en la lucha por Lenin y los leninistas, al to-
Lenin, adversario encarnizado de toda alianza con los menche- rrente devastador de la guerra imperialista!
viques, aceptó por disciplina participar con ellos en la redac- Mientras que la social-democracia francesa –como la ale-
ción de “Social–Demócratas”. Cuantas veces vemos a los emi- mana– caía en la abyección de la guerra el partido bolchevique
grados –aun los evadidos de los calabozos zaritas, como Piat- preparaba a los obreros, los campesinos y los soldados para el
nitzky– regresar directamente a la ciudad y a los puestos que les derrocamiento del absolutismo y del capitalismo en la victoria
había fijado el partido, esta disciplina de hierro era la resultan- de octubre de 1917.
te natural y, por consecuencia, aceptada sin discusión, de la in-
cesante lucha ideológica sostenida por Lenin contra el oportu- André MARTY.
nismo.
Las últimas paginan del libro, donde aparecen las declara-
ciones de guerra, las aptitudes completamente opuestas de la
socialdemocracia alemana y del partido bolchevique, son la de-
mostración luminosa.
Piatnitzky se impresionó fuertemente por la potencia del par-
tido socialdemócrata alemán. Los millones de lectores de su
Prensa y devotos electorales, sus grandiosos mítines, los tres
ller de cerrajería. Entre los obreros de estos diferentes estableci- Me puse a buscar una organización, una sala de lectura, reu-
mientos industriales los habían que habían trabajado en las gran- niones; pero no pude encontrarlas. Para colmo de mis males, la
des ciudades. nostalgia se cebó en mí. Todo esto fue causa de que, por indica-
Los obreros que trabajaban en Kovno, en Vilna y en Varsovia ción de mis padres, regresase a mi pueblo. Pero mi estancia fue
venían a pasar las fiestas importantes con sus parientes. En estos de corta duración.
días, la localidad aumentaba en animación. Los recién llegados Al final de 1897 ya me encontraba en Kovno. Trabajé en un
organizaban con los obreros conscientes de Vilkomir, en los bos- taller donde me daban tres rublos por semana. Vivía con uno de
ques o en las casas situadas fuera de la ciudad, espectáculos, reu- mis hermanos, en cuya casa había con frecuencia reuniones, se-
niones o veladas donde se pronunciaban discursos y alocuciones siones de lectura, discusiones, etc. Al principio no me dejaban
que se alternaban con cantos revolucionarios, etcétera. (Lo mis- asistir; pero más tarde participé en iguales condiciones, teniendo
mo se hacía en 1906, cuando, después de una larga ausencia, re- que hacerme el mudo a veces.
gresé a mi ciudad natal para pasar algunas semanas. La organi- En esta época empezaron las pesquisas y las detenciones. Los
zación del Bund existía en Vilkomir desde 1900 al 1901; pero en miembros activos del círculo de estudio del sindicato ilegal de
el verano de 1906 encontré una importante organización del par- carpinteros, que se reunían en casa de mi hermano, empezaron a
tido obrero socialdemócrata, a la cual estaban adheridos los confiarme misiones serias y clandestinas, como transportar la li-
obreros rusos, judíos, lituanos, polacos y los obreros agrícolas teratura de propaganda de Kovno a Vilna, entregar paquetes, etc.
que trabajaban en las grandes propiedades de las cercanías.) Mis dos hermanos eran carpinteros, lo que explica que yo es-
Aspiraba entonces a ser independiente lo más pronto posible. tuviese en contacto con los carpinteros más que con mis cama-
En ese momento me propusieron venir a trabajar, en condiciones radas de trabajo. Otra razón era que los primeros me aceptaban
ventajosas, a Ponebeje, cabeza de distrito de la provincia de entre ellos sin decir nada, mientras que mis camaradas de traba-
Kovno. Acepté la proposición y me fui sin decir nada a mis pa- jo me consideraban demasiado joven para tratarme como a un
dres. igual. Además, yo prefería, mientras tenía que ser espectador, re-
El taller donde entré en Ponebeje tenía de quince a diecisiete lacionarme con los carpinteros, ya que éstos eran hombres ma-
obreros. Se trabajaba de quince a dieciocho horas diarias. La ig- duros, obreros hechos y, al mismo tiempo, relativamente más nu-
norancia entre los obreros y las obreras era espantosa. Los sala- merosos que los obreros de otras poblaciones.
rios eran escasos; pero los obreros y las obreras los aceptaban sin En Kovno veía reunirse frecuentemente camaradas en casa de
murmurar. mi hermano. Uno de ellos leía, y luego explicaba lo que leía.
Mi situación era más grave, puesto que no tenía habitación; Con frecuencia, estas sesiones duraban hasta media noche. Otras
tanto, que me veía obligado a dormir en el taller, sobre la mesa. veces, los mismos camaradas venían a buscar a mi hermano y
La jornada de trabajo, por larga que fuese, no me permitía des- discutían tan fuerte y tan acalorados que yo creía que disputaban.
cansar, ni aun después de la salida de los obreros, pues el patrón Más adelante comprendí que se trataba unas veces de reuniones
necesitaba la mesa sobre la cual yo dormía para cortar géneros. de un círculo de autodidácticos, y otras de reuniones del sindica-
Jamás tuve ocasión de ver explotación semejante. Cuando yo to de carpinteros. No recuerdo si asistían a estas reuniones obre-
me fui de mi pueblo soñaba con otra clase de trabajo y con otra ros pertenecientes a otras profesiones.
clase de obreros. En las reuniones del sindicato se fijaba la tarifa semanal o
ner la jornada de doce horas y salarios más elevados; la agitación nar Kovno y dirigirme a Vilna. Tenía direcciones pero desde que
colectiva e individual a favor de esas reivindicaciones, las huel- llegué encontré trabajo y ganaba cinco rublos por semana. Ense-
gas, la intimidación a los obreros que trabajaban más de doce ho- guida me inscribí en el sindicato ilegal de sastres para señoras,
ras, eran los medios de acción a los cuales se recurría. en donde llegué rápidamente a ser el secretario y tesorero.
En las asambleas de obreros y obreras se leían los folletos La En esta época todas las profesiones tenían su sindicato: los
razón de vivir, de Dikchtein y El derecho a la pereza, de Lafar- metalúrgicos, los carpinteros, los pintores, los sastres para hom-
gue. El primero les entraba fácilmente en la cabeza; el segundo, bres y para señoras, los fabricantes de ropa blanca, modistas, et-
con más dificultad. cétera. Pero no había enlace orgánico que uniese los sindicatos
Respecto a los amarillos, además de la persuasión, se emplea- entre sí. Sin embargo, ocurría que los representantes de los sin-
ba la violencia. En casa de los patronos donde era imposible or- dicatos eran convocados, por la organización del Bund, a las reu-
ganizar huelgas por falta de conciencia de los que trabajaban, se niones comunes en las que se disponían preparativos de la mani-
les rompía los cristales. Esto daba buenos resultados. El sindica- festación del primero de mayo o de otra fiesta revolucionaria.
to al cual yo pertenecía recurría a estos procedimientos. Pero esto no era necesario. Diariamente, todos los elementos
Cierto centro político se ocupaba de introducir literatura revo- más o menos activos, revolucionarios de los sindicatos, se en-
lucionaria del extranjero, de San Petersburgo y de otros sitios; de contraban en la Bolsa del Trabajo, que existió al aire libre por
organizar círculos de estudios, sesiones de lecturas y cursos pa- mucho tiempo, aunque la policía intentase muchas veces disol-
ra los obreros, con lo cual el centro político estaba en relación verla. Terminada la jornada, los obreros y las obreras se dirigían
con el que deseaba aprender a leer o recibir instrucción general. en masa a la Bolsa y allí, paseándose, liquidaban sus asuntos.
El centro político organizaba algunas veces massovkai1 , o sim- La Bolsa del Trabajo desempeñaba un papel importante, co-
plemente fiestas en los numerosos bosques de los alrededores de mo lo muestra el hecho siguiente:
Kovno. En estas asambleas se reunía bastante gente, que se en- Una vez, en un arrabal de Vilna, no lejos de la Bolsa del Tra-
teraban uno a uno. Al pasar al lado de los destacamentos de vi- bajo, tres camaradas (E. Raitsouk, R. Zaky y S. Leifer) fueron
gilancia designados por los organizadores, es necesario decir la denunciados y detenidos. Se supo en la Bolsa. Espontáneamen-
palabra de consigna, después de la cual le decían dónde se veri- te los obreros se dirigieron hacia la Comisaría de Policía: en el
ficaba la reunión.. En revancha, salían del bosque todos reunidos camino, los trabajadores del arrabal se unieron a ellos. La mu-
y entraban en la ciudad con banderas rojas a la cabeza y entonan- chedumbre exigió la libertad de los camaradas detenidos. La po-
do cánticos revolucionarios; una vez llegados a la ciudad, nos se- licía se negó, y en un abrir y cerrar de ojos los cables telefónicos
parábamos de nuevo uno a uno. Por mediación de los obreros fueron cortados, y después de una verdadera batalla, en el curso
que frecuentaban los círculos de estudios, el círculo político ejer- de la cual la Comisaría fue saqueada, los camaradas fueron liber-
cía su influencia sobre los sindicatos ilegales. tados. Pero otros varios recibieron sablazos.
Habiendo adquirido, al final de 1898, la reputación de ser Para dar una idea del estado de espíritu de los obreros de en-
miembro activo del sindicato y además la de “nihilista” y de tonces, me voy a detener un momento en este motín. Los cama-
“huelguista”, ningún sastre quiso admitirme. Tuve que abando- radas detenidos estaban encerrados en el piso superior de la Co-
misaría de Policía. Tanto es así que, cuando los obreros entraron
1 Mítines clandestinos que se celebraban en el bosque.
en la Comisaría, tuvieron, para libertarlos, que subir la escalera,
en cuya parte alta estaban los policías, que a golpe de sable taja- daba muy poco tiempo para mí. No podía leer más que de noche.
ban a derecha e izquierda. Viendo esto los asaltantes, treparon Además, no era fácil, en aquel tiempo, encontrar libros buenos.
hasta el techo y se escurrieron por el desván, y desde allí se pu- El comprarlos era un lujo que mi salario no me permitía. Aunque
sieron a apedrear a los policías, que tuvieron que abandonar el había bibliotecas públicas, y las de diez sindicatos, no valían
sitio. Después de aquello, los camaradas fueron libertados por la gran cosa. Cuanto tenía ocasión de poder tener buenos libros, lí-
muchedumbre. Al amanecer, los obreros recogieron los heridos citos o ilícitos, los leía sin detenerme. André Kojoukhov, de
y los trasladaron al arrabal. Todas las calles que daban acceso a Kravtchiski, y un libro (cuyo título no recuerdo) sobre la Co-
la ciudad estaban guardadas por la Policía, que detenía a aque- munne de París me causaron una profunda impresión.
llos que la policía y soplones indicaban. No obstante haber ma- Una vez, a fines de febrero de 1899, o a principios de 1900,
yor número de víctimas que camaradas libertados, no recuerdo me enteré que en la Bolsa de Trabajo me esperaban en un aloja-
que algunos de los obreros que tomaron parte en el ataque, ya en miento situado al extremo de la ciudad. Marché inmediatamen-
el taller o en la Bolsa, se arrepintiesen de lo que había pasado. te. Allí encontré una asamblea de representantes de sindicatos
Dos semanas más tarde se me ordenó acompañar primero a asistidos de un camarada intelectual. Se discutía la celebración
uno y después a otro obrero hasta la frontera, lo que yo acepté del primero de mayo. Se trataba de decidir lo que se haría. Des-
inmediatamente. Dejamos Vilna sin obstáculo y llegamos a pués de largos debates, se resolvió organizar la manifestación en
nuestro destino. la calle principal de la ciudad. Cada sindicato debía convocar sus
Eso ocurría en junio de 1900. Me sentí orgulloso de haber si- miembros antes del primero de mayo y proponerles la manifes-
do encargado de una misión tan delicada. Los intelectuales da- tación. Un intelectual debía asistir a cada una de esas asambleas.
ban cursos a los obreros más activos y conscientes. Así, el sindi- Yo convoqué mi sindicato, pero en vano esperamos al orador in-
cato de sastres para señoras tenía dos ciclos de estudios. Partici- telectual; tuve que tomar la palabra para explicar el sentido de
pé en los dos. Un grupo estudiaba economía política; el otro, la primero de mayo y las razones por que debíamos manifestarnos
vida de los partidos obreros, la política colonial de las grandes en la calle (hasta entonces se festejaba el primero de mayo clan-
potencias, etc. destinamente). No era cosa fácil que se admitiese, ya que en
Algún tiempo más tarde, las tropas acantonadas en Vilna aquella época toda acción se resumía en la lucha económica que
abandonaron la ciudad con destino a China para reprimir la “su- se dirigía contra los patronos, evidentemente sostenidos por la
blevación de los boxers”. Una muchedumbre de mujeres, de vie- policía. Me acuerdo que, en mi discurso, indiqué la necesidad de
jos y de niños les acompañó, llorando, hasta la estación. manifestarse en la calle diciendo que en los dos últimos años con
En cuanto a mí, comprendía claramente que los soldados eran las huelgas no habíamos alcanzado nada, y que desde entonces
enviados a la matanza sin ningún interés para los pueblos chino debíamos mostrar al más alto funcionario del Gobierno, al go-
y ruso. bernador de la ciudad, que los obreros, descontentos, protestaban
Los círculos de estudio eran seguidos con asiduidad, y los que contra la situación que les había sido creada. El sindicato deci-
los frecuentaban adquirían un bagaje efectivo, aunque elemental dió por unanimidad tomar parte en la manifestación. Inmediata-
de conocimientos políticos. Todos los sindicados tenían círculos mente se designó los jefes de “decenas” que, a la cabeza de nue-
de esta clase. ve manifestantes, de los cuales ellos serían responsables, debían
Ocupado en mi trabajo en el taller y en el sindicato, me que- dirigirse el primero de mayo por la tarde, a la salida del trabajo,
a una calle lateral a la Gran Avenida (calle principal de Vilna), Yo guardaba el material de imprimir del Rabotcheié Znamia
donde la manifestación se celebraría. (La Bandera Obrera), que más tarde se llevó Moisés Laurié, uno
A la hora señalada me presenté con mis nueve camaradas. de los organizadores del grupo Rabotcheié Znamia. En aquel
Cuando desembocamos en la avenida estaban todos los manifes- tiempo iba con frecuencia a Kovno a buscar literatura revolucio-
tantes. naria, cosa que me era posible gracias a las relaciones que yo
La calle se llenó de repente de una muchedumbre de obreros conservaba en los círculos de estudios de aquella ciudad. La lle-
y obreras que se mezcló a los paseantes burgueses. Los cosacos vaba a Vilna y la entregaba a la organización del Bund.
y la policía, que veían que la muchedumbre que invadía la calle Al final del verano de 1901, cuando ya mis relaciones con la
principal no era la muchedumbre ordinaria, estaban alerta. De organización de la Iskra (la chispa)2 eran bastantes firmes, los
repente, una bandera roja apareció al mismo tiempo que la mu- miembros locales del Bund me invitaron, en un viaje que yo hi-
chedumbre, y, con algún desconcierto, entonaba cánticos revolu- ce a Kovno para negocios de la Iskra, a tomar parte en la orga-
cionarios. Esto fue la señal del tumulto. Los almacenes se cerra- nización y a dirigir una huelga de obreros que trabajaban en el
ron a toda prisa y los paseantes desaparecieron. Los cosacos y la Niemen en el transporte de madera destinada a Alemania.
policía cargaron sobre los manifestantes a latigazos. Esta mani- No es necesario decir que yo acepté.
festación fue el bautismo de fuego de los obreros de Vilna. En los círculos de estudio se nos educaba en un espíritu inter-
Al año siguiente, el 1° de mayo fue domingo. Se decidió que nacionalista.
la manifestación se hiciese en el parque situado al final de la Se nos hablaba mucho de los partidos obreros extranjeros.
Gran Avenida. La manifestación se celebró. Pero cuando quiso Entonces me parecía que sería muy difícil a los obreros rusos
salir del parque, los cosacos cargaron. Hubo gran número de he- conquistar las libertades que ya gozaban los obreros de otros paí-
ridos y muchas detenciones. ses. Me figuraba que estos últimos debían venir en nuestro soco-
Otro año no transcurrió con pérdida. En esta ocasión, la cues- rro y que todos juntos podríamos fundar un régimen donde se
tión no se planteo para saber cómo y dónde se manifestaría. Y pudiese leer todo lo que se quisiese, donde no serían detenidos
aunque la preparación se limitó a comunicar a los sindicatos la por ocultar escritos revolucionarios, donde la policía ya no inter-
hora y el sitio de la concentración de la manifestación tomó par- vendría en las huelgas, y en fin, donde los obreros no volverían
te una muchedumbre numerosa. a ser maltratados en las comisarías. Resultó lo contrario: veinte
En aquel tiempo, la acción sindical consistía principalmente años más tarde la clase obrera no ha podido obtener en ningún
en atraer al sindicato al mayor número de obreros de una profe- país lo que yo soñaba. En cambio, la clase obrera rusa puso fin
sión determinada, en obtener una jornada de trabajo más corta y al régimen capitalista, y todas sus fuerzas van en ayuda del pro-
un salario más alto. letariado del mundo entero.
También ciertas organizaciones clandestinas enviaban jefes No recuerdo que en aquella época hubiese problemas en los
escogidos entre sus sindicatos a los círculos de estudios, y cada círculos de estudio del Bund o del partido socialista polaco, que
vez que se proyectaba una manifestación, estas organizaciones no tardaría en aparecer en el escenario político. Solamente me
convocaban a los delegados de los sindicatos. Que yo recuerde,
la cuestión de saber cuáles eran esas organizaciones era cosa que 2 Fundada con la colaboración de Lenin. Contribuía a la formación del par-
no interesaba. tido socialdemócrata en Rusia.
acuerdo que se recibían con frecuencia proclamas que los cama- ción del Bund no actuaba ni quería actuar con obreros que no
radas más activos del sindicato y yo hacíamos circular según fuesen judíos. Por ejemplo: después de mi fuga de la cárcel, en
plan anteriormente establecido. La discusión de la literatura re- agosto de 1902, me oculté en Jitomil, en casa de un camarada en-
volucionaria entonces estaba mejor organizada que en los parti- frente del Bund (se llamaba Ourtchik). Iba con él a las reuniones
dos ilegales extranjeros en la actualidad. Un grupo de camaradas del Comité del Bund. Se pretendía que los obreros rusos de Jito-
se presentaba en un lugar determinado; allí, cada uno de ellos re- mil saboteasen, por su falta de conciencia, la lucha económica de
cibía un paquete de proclamas que debía distribuir en una o va- los obreros judíos cuyas plazas ocupaban durante las huelgas. Se
rias calles. Terminada su distribución, debía dirigirse a un lugar decidió escoger algunos obreros rusos para que militasen entre
convenido y declarar que su misión se había cumplido. De ma- sus camaradas. Por aquella época, en Vilna –lo mismo que en
nera que el centro político tenía una visión neta de la situación, otras ciudades del Oeste– no había sindicato que englobase to-
conocía los más pequeños detalles, sabía dónde la distribución dos los obreros de una misma profesión, sin distinción de nacio-
había tenido éxito y dónde no se había podido hacer. nalidad. La lucha contra los patronos se hacía con dificultad. Ca-
¿Quién publicaba las proclamas? ¿Qué organización las fir- si todas las organizaciones políticas –los socialdemócratas litua-
maba? Eso no interesaba. Me bastaba con saber que aquello era nos, los socialdemócratas polacos, el partido socialista polaco–
necesario al proletariado. Desde entonces podía correr el riesgo tenían sus sindicatos. Hasta las manifestaciones del 1° de mayo
de la detención; todo lo que fuese necesario, desde el momento eran organizadas por varias agrupaciones a la vez y fechas dife-
que la causa lo exigía. rentes. El Bund no era el menos responsable de esta situación.
Los años de 1899 y 1900 se pasaron en disputa entre los re- En el momento de su fundación, era muy fácil militar simultá-
presentantes del Bund y del partido socialista polaco. El Bund neamente en todos los partidos obreros del Oeste. De ahí que yo
tenía en su mano los sindicatos ilegales de obreros judíos (quizá recuerde que, en 1903, encontré en Berlín a uno de los directo-
él fuese quien los organizara). El partido socialista polaco no es- res de un círculo de estudios de Vilna cuyos cursos había segui-
taba de acuerdo y le hacía una competencia encarnizada al Bund. do. Le pregunté por qué el Bund se aislaba de los obreros de
Las tácticas que los sindicatos adoptaban, por lo que toca a otras nacionalidades, sobre todo cuando los obreros judíos no lo
los patronos, no daban resultado. Durante algunos años, los deseaban; me dio esta respuesta: “La Iskra no pregunta a los
obreros no consiguieron obtener la más pequeña mejora. La ex- obreros que es lo qué quieren; hace la política que le parece jus-
plicación que daban los sindicatos era que, durante el período del ta y necesaria a los obreros. El Bund hace lo mismo”.
trabajo, los patronos hacían concesiones a los obreros, que al lle- El partido socialista polaco, con su programa de lucha políti-
gar la época de paro forzoso las retiraban. Evidentemente, los ca contra Rusia y de la separación de Polonia, se impuso en el
obreros estaban descontentos. momento de su aparición. Pero nosotros habíamos recibido en
Ya antes de mi primera detención (marzo de 1902) me hacía los círculos de estudio una educación internacionalista, y de ahí
cargo que el trabajo que sólo se hacía en determinada época del que el partido socialista polaco no podía atraernos.
año no era la única razón que hacía fracasar los sindicatos. Las Por aquella época, el cerrajero Faivtchik se instaló en Vilna.
causas eran más profundas. Los obreros judíos, habiéndose orga- Venía de París, en donde había formado parte del grupo Libera-
nizado antes que nosotros, la propaganda entre ellos era más fá- ción del Trabajo. Faivtchik me expuso el programa de aquel gru-
cil que entre los letones, polacos y rusos. De hecho, la organiza- po y me volví su ardiente partidario. A fines de 1900 o principios
de 1901, Faivtchik me presentó al hermano de Martov –Sergio frecuentemente fiestas de esta clase, que daban excelentes resul-
Tsederbavm (Iéjov)–, que estaba encargado de un grupo de la Is- tados desde el punto de vista de la cohesión y de la solidaridad).
kra con el cual se había fusionado el grupo Liberación del Tra- Los delegados de varios sindicatos en que yo estaba se dirigie-
bajo. Me volví iskrista. ron en ferrocarril a un lugar cercano al sitio donde debía cele-
Sin dejar el taller, manejando las relaciones que me quedaban brarse la fiesta. Nos alojamos en una casa de campo con el obje-
del tiempo en que yo frecuentaba los círculos de estudio y las to de estar en el bosque temprano y tener todo preparado para la
que yo tenía en el Bund, ayudé a organizar el transporte de la li- fiesta. Nos acompañaba una mujer. Le cedimos la habitación que
teratura revolucionaria que llegaba a Rusia y a facilitar el paso se encontraba en el interior de la casa. Después de desnudarnos
de camaradas al extranjero (para la Iskra, el transporte de la lite- en el gabinete nos instalamos en la terraza. Nos levantamos muy
ratura publicada en el extranjero y la unión con Rusia era lo más temprano, pero fue inútil: unos rateros se habían burlado de no-
urgente en aquella época). sotros con gran astucia. Nos habían desvalijado: ¡desde los cal-
Poco tiempo después empezaron a indicar a Iéjov, desde el cetines hasta los sombreros se llevaron! Nuestra situación era
extranjero, a qué lugares era dirigida la literatura revolucionaría; verdaderamente cómica; no teníamos nada que ponernos para ir
me encargó de irla a retirar de la frontera. Tuve que ausentarme hasta la casa más próxima. Para colmo de nuestra desgracia, na-
con frecuencia del taller, y como esto coincidía con la época de die venía a buscarnos; todos los nuestros estaban ocupados en
mayor trabajo, fui despedido varias veces. Entonces era para mí preparar la fiesta. Estuvimos en aquel estado hasta el mediodía,
la época de miseria y de hambre. en que una obrera conocida vino a averiguar qué nos pasaba.
A mi regreso de Kovno entré, por contrato de un año, en ca- Cuando la pusimos al corriente fue por las casas de los alrededo-
sa de un patrono que se comprometió a darme un salario de cin- res pidiendo con qué vestirnos. Me tocó un traje con el cual me
co rublos por semana. Por Navidad, el patrón despidió un obre- era imposible salir a la calle. La chaqueta estaba pasadera, lo
ro. Al ver esto, todos dejamos el trabajo en plena época de pri- mismo que los pantalones, que eran los pantalones de trabajo de
sas. Pero al llegar la época mala el patrón esperaba una ocasión un pintor. En cuanto al calzado, una bota era de hombre y la otra
para separarme, por “agitador” de la huelga. El verano (1899 o de mujer. El equipo de los otros no era mejor. Además de mi tra-
1900) me enviaron con frecuencia a Kovno a buscar literatura je me robaron mis papeles de identidad y cincuenta copecks que
revolucionaria. El patrón se aprovechó para despedirme. Estába- me habían prestado con gran dificultad. Denunciarlos no podía-
mos de lleno en la mala época y estuve mucho tiempo sin traba- mos, puesto que casi todos llevábamos proclamas, folletos y
jo. Tuve que privarme de comida y de habitación (mejor dicho, otros objetos ilícitos. Este suceso fue para mí un gran contra-
no me las daban). Declaro que mi situación no era muy buena. tiempo y agravó seriamente mi situación material. Me llené de
Por el contrario, en el sindicato tenía exceso de trabajo (como deudas que no pude pagar hasta el final del invierno.
secretario del sindicato debía leer y explicar los estatutos del sin- Pero la miseria y privaciones no pudieron obligarme a aban-
dicato a los nuevos adheridos, combatir la agravación de las con- donar la acción revolucionaria y el trabajo del partido. En otoño
diciones de trabajo en los talleres y hacer diferentes trabajos). tuve trabajo. En marzo, el delegado de Iskra me envió al extran-
Para colmo de mis males me sobrevino un contratiempo que em- jero para acompañar, creo yo, al camarada Kopp, y al mismo
peoró mi situación. Los miembros del Bund proyectaron cele- tiempo para examinar la posibilidad de poder recibir la literatu-
brar el aniversario del nacimiento de Gutenberg (organizaban ra revolucionaria editada por la Iskra. En cuanto llegué a Vilko-
vichki (cerca de la frontera), camaradas del Bund, a quienes co- solo asumiría la responsabilidad mientras que mi compañero de-
nocía personalmente, me pidieron que les ayudase a transportar bía hacer como que no me conocía. En el puente nos detuvieron.
una gran cantidad de literatura revolucionaria a Vilna o a El coche continuó su camino, lo mismo que mi compañero. Que-
Dvinsk. Acepté. Era un medio de no regresar con las manos va- dé yo solo con el paquete. Al abrir el cesto descubrimos la Iskra
cías. Pero los paquetes fueron detenidos bastante tiempo en al- (hasta el séptimo número) y diversos folletos, especialmente la
guna parte, tanto que tuvimos que esperar cerca de tres semanas Lucha de clases en Francia, de Carlos Marx. ¿Qué clase de con-
varios camaradas y yo en la pequeña ciudad de Mariampol! Por trabando es éste? El aduanero no se hacía cargo de lo que era
fin, todo estuvo listo y salimos en ferrocarril hacia Vilna. En la aquello. No se ocupaba más que de su pipa, té, etc. No sabía qué
estación de Pilviccki debían llevarnos la literatura al vagón. En hacer con aquella “mercancía”, pero no me dejaba. Intentó leer
el andén vimos las valijas y el camarada que debía entregárnos- el título del periódico y los libros encendiendo cerillas (esto su-
las. Pero el tren arrancó sin que nadie tocase las valijas. Después cedía de noche), pero el viento que soplaba del Niemen las apa-
nos enteramos que el envío había sido descubierto y que los gen- gaba inmediatamente. Cansados de estos manejos deslicé en su
darmes esperaban que alguien se aproximase a las valijas para mano un tanto el dinero que me quedaba (una moneda de oro de
detenerlo. cinco rublos) y le pedí me dejase partir inmediatamente; si no,
De regreso a Vilna, de nuevo perdí la colocación, y mis tribu- sería responsable del perjuicio que me causaba: estos periódicos
laciones volvieron a empezar. debían estar en Kovno a la mañana para venderlos en un quios-
Conseguí pasar camaradas al extranjero, y aun más, recibir co. El aduanero, que veía estos periódicos por primera vez, que-
personalmente dos grandes envíos de literatura de la Iskra, de los ría detenerme hasta la mañana; pero precipitando las cosas le di-
cuales el uno pesaba tres pouds y el otro diez. je que me ayudase a poner el cesto sobre el hombro, cosa que él
Debo llamar la atención respecto a las dificultades que había hizo; pero antes me pidió que le dejase un número del periódico
en aquel tiempo para recibir literatura revolucionaria. En otoño y un folleto. Le di un folleto, pero me negué a darle un diario
de 1901 recibí un primer envío de literatura de la Iskra en la pe- (era conveniente que no se supiese que la Iskra se recibía por
queña localidad de Kirbaty –situada en la frontera alemana–. Pe- aquel camino). El cesto pesaba, no había coche en las proximi-
saba tres pouds. Allí tenía camaradas del sindicato que habían dades y yo me había quedado sin dinero porque se lo había da-
pasado la literatura desde Alemania. Desde Kirbaty me era im- do todo al cochero y al aduanero. El cesto al hombro, tambaleé
posible transportar la literatura en ferrocarril, ya que en las esta- y me caí. No pudiendo colocarlo sobre mi hombro, conseguí con
ciones próximas a la frontera los bagajes eran inspeccionados gran dificultad hacerlo rodar hasta el muelle, donde, por quince
minuciosamente. De manera que no había otro recurso que los copecks (que por casualidad encontré en un bolsillo, y era todo
coches de alquiler que hacían el servicio entre Kirbaty, Mariam- mi capital) alquile un coche y pude llegar a mi casa. En la puer-
pol y Kovno. Los cocheros sospechaban que transportábamos ta encontré a mi compañero, de quien me había tenido que sepa-
“contrabando”; en todos los kilómetros se detenían y aumenta- rar en el puente. Estábamos los dos tan nerviosos por lo que aca-
ban el precio del transporte. Conseguimos llegar a Kovno. En el baba de sucedernos, que en toda la noche no pudimos dormir. De
puente por el cual se entra a Kovno estaban de guardia los con- pronto llaman a la puerta. Quedamos helados. ¡Me han descu-
sumeros. Éramos dos los que transportábamos la literatura. Pero bierto! Pero eso no podía ser, desde el momento que yo me ha-
en el caso en que fuera descubierta, habíamos convenido que yo bía venido directamente a mi casa. Me dirigí primeramente a un
pequeño hotel, donde no conseguí que me abriesen, y después de final no me di cuenta de en dónde estábamos; era cerca de la
haberme asegurado que no había nadie por los alrededores me frontera ruso–alemana, en Jourborj. Llegamos de noche a una
decidí a ir al alojamiento convenido. Viví unos momentos angus- gran isma, llena de suciedad, teniendo por todo mobiliario ban-
tiosos oyendo llamar, puesto que al ser descubierto no sólo nos cos instalados a lo largo de las paredes. El ganado y la gente dor-
tendrían a mí y a mi camarada, sino también a los dueños de la mían allí, está sobre el fogón. Experimenté una sensación lúgu-
casa, que ignoraban en absoluto lo que yo llevaba: estábamos en bre y no pude cerrar los ojos.
la casa por ser antiguos conocidos de mis padres. Afortunada- Por la mañana nos pusimos en camino con los paquetes de li-
mente, eran mujeres, que estando próximas las fiestas venían a teratura. Sin incidentes –sin contar las paradas que hicimos en
limpiar la casa. todas las tabernas que encontramos, donde los cocheros bebieron
Tenía miedo de estar en la ciudad y aventurarme en ella. a mi cuenta todo lo que pudieron tragar– llegamos a Kovno.
¿Quién sabía si el aduanero había tenido la fantasía de enseñar- La literatura fue transportada sin obstáculo al alojamiento
le a su jefe la “mercancía”. La lucha de clases en Francia, que preparado al efecto (esto sucedía un viernes por la mañana). Yo
había dejado pasar? Además, no me quedaba ni un copeck para tenía que pagar a los aldeanos; pero como no tenía dinero, corrí
ir desde Kovno a Vilkomir. al hotel donde Iéjov debía esperarme. En su ventana estaba la se-
Por último, la competencia entre propietarios de los coches ñal convenida y yo entré decidido en el hotel (una choza). Me
que hacían el servicio de pasajeros entre dichas ciudades me sa- detuvo un criado del hotel que me dijo: “¿Usted qué viene a ha-
có del apuro. Les exigí una fianza para asegurarme que nos re- cer aquí? Váyase enseguida, que lo están esperando”. Sucedía
servarían unas buenas plazas. Con ese dinero aun pudimos hacer que a Iéjov lo habían detenido y la policía había armado una es-
algunas compras. De este modo, llegamos sin obstáculo primero pecie de ratonera en su cuarto. Salí del hotel sin que se diesen
a Vilkomir, después a Vilna, desde donde la literatura fue expe- cuenta; pero me quedé sin dinero y sin enlace.
dida por toda Rusia. Esto ocurría en agosto o septiembre de Los “militares”3 debían venir a Vilna a buscar esta literatura.
1901. Lo que me inquietaba seriamente, porque temía que se presenta-
De regreso a Vilna, volví a mi trabajo. Iéjov me presentó mu- sen en el hotel donde estaba la ratonera y yo no tenía posibilidad
chos intelectuales que estaban alrededor del delegado de la Iskra. de prevenirlos. Habiendo conseguido que me prestasen dinero,
Conocí a A. Soltz, a casa del cual fui algunas veces. pagué a los aldeanos. Ignoraba la buena pesca que la policía aca-
No pude trabajar mucho tiempo en el taller; tuve que salir con baba de hacer. Con dos compatriotas –el fundidor Salomón Ro-
Iéjov a Kovno y preparar un alojamiento para recibir un impor- gout y Saúl Katsenlenbogen, con quienes me encontraba fre-
tante envío de literatura. Iéjov se instaló también en Kovno. Po- cuentemente en la Bolsa de Trabajo de Kovno y de Vilkomir–, el
co más tarde, unos campesinos vinieron a decirnos que tenían mismo día envié con ellos la literatura a la aldea de Ianovo para
para nosotros paquetes de literatura. Me fui con ellos a recoger- que desde allí la transportasen a casa de mis padres, a Vilkomir.
los. Esto ocurría en diciembre de 1901. Mis compatriotas consiguieron llegar a Ianovo sin incidentes.
Una violenta tempestad de nieve nos obligó a detenemos en Pero en la mañana del domingo, cuando llegaron a Vilkomir, el
casa de unos aldeanos para pasar la noche. Viajamos varios días
3 Existía en Viena, en esta época, una organización militar de Iskra que te-
sin que yo supiese a donde íbamos; la comarca me era descono-
nía al frente al camarada Goussarow, médico militar, la cual difundía la lite-
cida y los campesinos nada decían. Hasta que nos acercamos al ratura ilícita por toda Rusia.
jefe de la policía salió de la iglesia, acompañado de los pisaver- contaban que después de los interrogatorios en la dirección de la
des de la ciudad. El caballo del coche que transportaba a mis gendarmería lo llevaron en tal estado que fuera posible que él se
compañeros llevaba un gran cascabel que llamó la atención del ahorcase para evitar las torturas que le hacían pasar.
jefe de policía, quien dio orden de detener el coche. Con arreglo La muerte de este camarada, de que me hacía responsable, me
a una de sus disposiciones, sólo él y los bomberos podían llevar causó profunda impresión. Resolví firmemente que a partir de
cascabeles en sus coches. ese momento mi vida sólo pertenecía a la revolución.
Uno de los cantaradas que iban en el coche, Katsenlenbogen, Hoy, después de la lucha titánica que la clase obrera sostuvo
cogió un paquete y desapareció; pero Salomón Rogout tuvo que con el capitalismo, y después de todos los sacrificios que el pro-
acompañar al cochero a la comisaría de policía, donde los paque- letariado ha tenido que sufrir, esta manera de reaccionar ante la
tes fueron abiertos y se descubrió su contenido. Toda la policía pérdida de un camarada puede parecer extraña; pero en aquella
se puso en movimiento para encontrar al segundo camarada que época la idea de que yo había causado la muerte de un camara-
se había fugado. Salomón Rogout fue molido a palos hasta de- da me impresionaba profundamente.
jarlo sin sentido; lo arrastraron desnudo por la comisaría, se le
exigió que entregase a sus camaradas y que dijese de dónde pro-
cedía la literatura. Después de aquello lo enviaron a Kovno.
Cuando me enteré de la detención de Salomón Rogout me abatí
completamente. Me consideraba responsable de la detención de
un camarada, que no formaba parte del grupo de la Iskra y de
nuestra organización. Mi conciencia me ordenaba que me entre-
gase inmediatamente a la policía y declarara que era yo quien ha-
bía confiado esta misión. Comuniqué mis intenciones a mis ca-
maradas del partido socialista polaco, cuyos nombres no recuer-
do ahora, excepto el de una obrera: Blun. Ellos asintieron. Pero
en mí todavía luchaba otra cosa: el presentimiento de que si yo
hacía recaer en mí la falta me detendrían, sin que por ello pusie-
sen en libertad a Salomón Rogout. Resolví seguir buscando par-
tidarios de la Iskra y continuar el trabajo del partido.
El cochero fue detenido y enviado a Petesburgo, donde esta-
ban encerrados Iéjov y me parece que también Soltz.
En cuanto a Salomón Rogout, lo enviaron a la prisión de
Kovno.
Algunos meses después nos enteramos que se había ahorca-
do. (No se pudo esclarecer si él se había suicidado o si le habían
golpeado hasta que sobrevino la muerte). En 1908 fui encerrado
en la misma prisión y los guardianes me enseñaron su celda. Me
II
tación para ir a Kovno, de donde debíamos partir para la fronte- esta fortaleza el “número 14”), donde me encerraron unas sema-
ra, con el fin de que yo pudiese entregar personalmente a “Marx” nas. Después me enviaron en dirección desconocida, escoltado
todos los enlaces que yo tenía entonces. Nos instalamos en el por dos gendarmes (no obstante mis reiteradas súplicas, no qui-
mismo vagón, pero en diferentes departamentos; antes del tercer sieron decirme adonde me llevaban). Por primera vez estaba en
golpe de campana vi subir un policía de paisano que hacía tiem- la cárcel. El régimen de la fortaleza es riguroso. La guardia se
po me seguía, seguido de un gendarme. Este vino directamente componía de soldados o de gendarmes que en grupos de dos o
a mí y me pidió el pasaporte y el billete. Le entregué los dos. tres venían a la celda varias veces al día. Tan pronto me encerra-
“¿Dónde está su equipaje”, me preguntó. Le respondí que no te- ron, se empezaron a sentir golpes en las paredes de la celda; pe-
nía. Me ordenó que le acompañase. Descendimos, y el tren se ro no puede responder a los llamamientos; ignoraba el alfabeto
fue. El hecho es que no se habían fijado en mi compañero, lo que que empleaban los presos para comunicarse entre ellos. Como
me causó gran alegría. Me llevaron ante el jefe de la Gendarme- yo no respondía, lanzaron pedazos de pan desde el patio a mi
ría encargada de la estación, y empezó el interrogatorio. “¿Cómo ventana. Me puse a reflexionar sobre el medio de subir a mi ven-
se llama usted?” “Khigrine”, contesté (yo llevaba un pasaporte tana (que estaba muy alta, casi a ras del techo). De repente des-
falso a nombre de Khigrine; viendo que me seguían, había es- cubrí una inscripción en varias lenguas indicando la manera de
condido mi verdadero pasaporte), a lo que el gendarme respon- conseguirlo. Cogí una especie de silla, la coloqué sobre la mesa
dió: “Usted se llama...” (y dijo mi verdadero nombre); el interro- y llegué a la altura de la ventana. Apenas había comenzado a en-
gatorio continuó en este diapasón. Me contó todo, hasta el sitio tablar relación con mis vecinos, cuando el comandante de la for-
donde vivían mis padres. Por lo que a mí respecta, me sostuve en taleza entró en mi celda. Vino tan silenciosamente y tan aprisa,
el pasaporte falso, inventando el nombre de mis padres. En el que apenas tuve tiempo de saltar de mi andamio. Gracias que po-
cuarto adonde me habían llevado y en que tuvo lugar el interro- cos días más tarde me enviaron más lejos, lo que me salvó del
gatorio estaba también otro oficial que propuso que se me envia- calabozo.
se a cierto comisario de Policía que me obligaría a decir todo (en Llegando a mi destino, me di cuenta que estaba en Kiev. Me
aquella época en las comisarías de Vilna se pegaba ferozmente a extrañó que me llevasen a Kiev, cuando yo no había estado nun-
los militantes detenidos), a lo que respondió el que me interro- ca en esta ciudad. No tardé en conocer el motivo, como se verá
gaba: “Usted se engaña; allí tampoco dirá nada; pertenece a la enseguida:
organización de la Iskra”. Gracias a esta frase comprendí la rela- Los gendarmes que me escoltaban me entregaron a la Direc-
ción que había entre mi detención y la del hermano de Martov: ción de Gendarmería de Kiev, quien, después de haberme tenido
Sergio Tsedebavm, que estaba encerrado en la fortaleza de Pedro más de una semana en una cueva casi oscura y maloliente, me
y Pablo. Yo esperaba que me enviasen allí, pero no fue así. De la mandó a la prisión de Loukianovka. Cuando llegué a la oficina
estación me llevaron a la Dirección de la Gendarmería del Go- de la prisión, oí gritos, cánticos revolucionarios, y de repente pe-
bierno. Como era completamente inútil conservar mi falso pasa- dazos de barro inundaron la oficina. No concebía que ocurriera
porte, tanto más cuanto conocían mi verdadero nombre, confir- cosa semejante en el interior de una prisión, tanto más, que en la
mé en la Dirección de la Gendarmería que en efecto me llamaba fortaleza de Vilna, como en las tinieblas de la cueva de la Comi-
Khigrine. No me tuvieron mucho tiempo. Algunos días más tar- saría del viejo Kiev, donde estaba la dirección de la Gendarme-
de me enviaron a la fortaleza de Vilna (no sé por qué llamaban a ría y yo había estado encerrado antes de ir a parar a la escribanía
de la prisión, el silencio era tan grande que se podía imaginar estudiantes y los presos políticos del segundo piso se dieron
que no había nadie. Yo me pregunté si no sería aquello una re- cuenta perfectamente que si el director conseguía quebrantar la
vuelta que iba a liberarme. Pero descarté esta idea enseguida al resistencia de los condenados de derecho común, no tardaría en
ver al director de la prisión completamente tranquilo continuar empezar con ellos. De ahí que, encerrados en el mismo edificio
su trabajo. No tardaría en conocer el misterio. Cuando todas las que estos condenados, tomamos parte en la obstrucción, que du-
formalidades fueron cumplidas, me entregaron al guardián de la ró varios días. Hicimos tal ruido, que atrajo a las cercanías de la
sección política, Saiganv, que me llevó al corredor del edificio. prisión mucha gente, por más que la prisión de Loukianovka se
Apenas habíamos llegado a la puerta cuando numerosos estu- encontrase bastante lejos de la ciudad.
diantes me rodearon y empezaron a preguntarme quién era, de Mientras se hacía la requisa a los condenados de derecho co-
dónde venía, dónde había sido detenido, cómo me habían cogi- mún, cuyas celdas se encontraban en los pisos superiores, éstos
do y a preguntarme cosas parecidas. Esta muchedumbre era pa- nos echaban, por medio de una cuerda, todo lo que a ellos les es-
ra mí una sorpresa, se componía casi exclusivamente de estu- taba “prohibido” Los soldados que hacían la guardia en el patio
diantes. Me di cuenta que eran ellos los que, cantando, armaban se dieron cuenta. Tanto, que las requisas se empezaron en nues-
aquél escándalo; llevaban banderas y banderines en los que ins- tro corredor. Esto provocó tal protesta (los soldados fueron pura
cribían divisas; iban de un lado a otro del patio gritando como y simplemente a las celdas a una voz de orden, siéndoles impo-
endemoniados, Esta especie de manifestación se repetía diaria- sible requisarnos) por parte de los detenidos y de sus familiares
mente durante el paseo. de fuera, que el gobernador, Trepov, me parece, suspendió la re-
En 1902 hubo en Rusia desórdenes estudiantiles. El 2 y 3 de quisa. Después de aquello el director de la prisión tuvo que ca-
marzo se celebraron manifestaciones de estudiantes y obreros. pitular.
La policía hizo detenciones de estudiantes en masa. Por haber to- Ahora se comprende por qué se estaba tan libre en Loukia-
mado parte en esas manifestaciones algunos fueron condenados novka. Esta libertad permitió realizar un gran proyecto de eva-
por el gobernador de la ciudad hasta a tres meses de prisión gu- sión largamente premeditado y minuciosamente preparado, de
bernativa. Otros tuvieron que esperar que tuviera a bien decidir que daré cuenta más adelante.
sobre su suerte. Como puede verse, las relaciones con los condenados de de-
Los estudiantes estaban encerrados en el tercer piso del edifi- litos comunes eran buenas; pero esto no era obstáculo para que
cio, reservado a los condenados de delitos comunes. Al anoche- ejerciesen su oficio para no olvidarlo, sin duda alguna, sobre los
cer, las puertas del corredor se cerraban; pero después de las re- detenidos políticos. Así, una vez, los condenados de derecho co-
quisas de las celdas se dejaban abiertas hasta media noche. La li- mún que trabajaban, me parece, en el taller de hilados, que se
bertad que había para los estudiantes y presos políticos tenía que encontraba en los sótanos del patio en que los estudiantes pasea-
aprovechar a los condenados de delitos comunes, y su régimen ban, llamaron, si la memoria no me engaña, al camarada Silvi-
se había dulcificado algo. El nuevo director de la prisión, que ha- no y se pusieron a hacerle preguntas sobre una cuestión cual-
bía sido nombrado en abril de 1902, no fue partidario del regla- quiera; cuando los dejó, se dio cuenta que había desaparecido su
mento que se introdujo en sus dominios, y empezó la guerra con- reloj (los jefes de los condenados de derecho común consiguie-
tra las libertades de que gozaban los condenados de derecho co- ron encontrarlo, pero ya estaba completamente desmontado y
mún. Requisadas las celdas de éstos, les echaba el cerrojo. Los no servía).
Fui encerrado con los estudiantes en el edificio de los conde- porte de literatura revolucionaria de esta organización, pasar la
nados de derecho común, en la celda número 5, adonde iban a frontera a los agentes de ésta, de haber montado una imprenta
parar las personas detenidas por casualidad. Como yo no tenía clandestina, etcétera.” Parecía que todos habían caído de las nu-
equipaje conmigo en el momento de mi detención, y de otra par- bes. Knijnik se sorprendió de tal manera, que tan pronto se fue
te carecía de dinero, no estaba nada a gusto. Nadie reparaba en Korsakov me preguntó si era cierto lo que había dicho el susti-
mí. tuto del fiscal. Excuso decir que tranquilicé a Knijnik diciendo
Algunos días después de mi llegada a la prisión, el estudian- que se habían confundido que seguramente me tomaban por
te Knijnik dio a algunos obreros que allí se encontraban una con- otro. Pero aquella noche no me divertí. Korsakov había dicho ca-
ferencia sobre el absolutismo. Gritaba con énfasis: “Han ence- si la verdad. De tal modo, que me puse a reflexionar cómo po-
rrado a éste muchacho que iba en busca de trabajo. Le obligaron dían saber todo aquello y por qué me habían llevado a Kiev y no
a descender del tren, lo zarandearon por toda Rusia para traerlo a San Petesburgo.
al fin del mundo, a Kiev, donde él no había venido nunca ni co- Desde aquella tarde mi suerte mejoró sensiblemente. Me tras-
noce a nadie”. Yo no decía ni palabra; pero en mi interior me reía ladaron a otra celda, me dieron una almohada, ropa; me prepara-
de la ingenuidad del estudiante Knijinik. Por cierto la caracterís- ron un baño, etc. Pero no estuve mucho tiempo con los estudian-
tica que hacía del absolutismo era justa; pero tomáronme a mí tes, futuros revolucionarios, demócratas burgueses y burgueses
como su ejemplo, fallaba. Con gran sorpresa suya, pronto se iba simplemente (entre ellos también había adeptos a la Iskra, pero
a dar cuenta. esto lo supe más tarde.)
Una tarde, después de la llamada, la tristeza se apoderó los es- Una tarde trajeron un camarada. Como de costumbre, empe-
tudiantes. Empezaron a llamar a las puertas y pidieron o fuese el zamos por preguntarle dónde lo habían detenido, etc. Declaró
fiscal. No tuvieron necesidad de fatigarse para que llegase el sus- haber sido detenido en la frontera y que en sus maletas de doble
tituto del fiscal del Tribunal de Kiev, Korsakov. Todos regresa- fondo habían descubierto la Iskra. Después de haberlo examina-
ron a sus celdas, que Korsakov debía recorrer una por una. Los do, decidí preguntarle de qué manera había conseguido la Iskra,
detenidos le preguntaron cómo estaba su asunto (me admiré de si estaba afiliado a la organización, qué miembros conocía en el
la memoria prodigiosa de Korsakov; se limitó a preguntar el extranjero, etc. A su vez me preguntó de dónde era, a quién co-
nombre del interesado, después de lo cual, sin consultar su agen- nocía en las regiones donde había militado, y durante la conver-
da ni ver ningún papel, le decía a cada uno la que le interesaba). sación nombró mi seudónimo.
Por último, le correspondió el turno a mi celda. Korsakov avan- Dirigía la organización del transporte de la literatura de Iskra
zó por entre todos los detenidos del corredor. Todos mis compa- del extranjero a Rusia, y de ahí que él supiese mi existencia. Su
ñeros de celda le preguntaron por su suerte. Yo no decía ni pala- seudónimo también me era conocido. Gracias al nuevo alojado,
bra. Knijnik tomó la palabra, y con aire acusador preguntó: que no era otro que José Blumenfeld, establecí el enlace con los
“¿Por qué tiene en prisión a este muchacho?” “¿Cómo se lla- iskristas encerrados en nuestra prisión. Blumenfeld conocía a los
ma?”, preguntó Korsakov. Knijnik le dijo su nombre. Dirigién- adeptos de la Iskra no eran muchos, se puso fácilmente en con-
dose a Knijnik, Korsakov dijo: “Este muchacho estará más tiem- tacto con el departamento político, donde muchos iskristas esta-
po que usted en prisión; se le acusa de ser afiliado a la organiza- ban detenidos. De repente fui trasladado de allí. En el departa-
ción que se llama Iskra. Se le acusa de haber organizado trans- mento político la vida era diferente.
En Kiev, el general de la Gendarmería, Lovitski, había conse- te habían ayudado prestando su habitación para dirigir las cartas
guido descubrir las huellas de la conferencia panrusa de iskris- u organizar entrevistas. Así se explica mi traslado a Kiev.
tas. Lovitski creía entonces que el principal iskrista era Krokh- El departamento político y el de mujeres estaban llenos de de-
mal, que vivía en Kiev, y que verdaderamente había convocado tenidos complicados en el proceso de la Iskra.
a los miembros de la organización de esta ciudad. Pero no era yo El pequeño departamento político estaba ocupado por los
solo el vigilado. La Dirección de la Gendarmería interceptaba adeptos de la Iskra y los socialistas revolucionarios. Los otros
correspondencia de Rusia y del extranjero, la descifraba y ense- partidos tenían allí pocos adeptos. Aunque las celdas estuviesen
guida hacía llegar las cartas a los destinatarios, que las entrega- abiertas de la mañana a la noche, lo mismo que las puertas del
ban a Krokhmal. De ahí que el general de la Gendarmería, Lo- edificio que daban acceso al patio, los detenidos estudiaban se-
vitski, estaba muy bien informado (como lo he sabido por los do- riamente y con gran actividad. Allí se daban conferencias sobre
cumentos del Departamento de Policía publicados después de los puntos más diversos y se leía en común la nueva literatura re-
1905, mi dirección había sido encontrada en casa de Krokhmal). volucionaria: La Iskra, La Revolutionnaia Rossia (Rusia revolu-
Que yo me acuerde, la Conferencia de los iskristas se disper- cionaria), etc., y se discutía lo que se acababa de leer.
so antes de abrirse. (Ya que todos los que habían de participar Fui a parar a la misma celda que Haulperine (su seudónimo
pudieron con toda libertad y sin riesgo, con todas las comodida- era Koniaguine). Emprendieron enseguida la tarea de formarme.
des deseables, celebrar en la Loukianovk la Conferencia de is- José Blumenfeld se encargó de mí. Me enseñó los principios del
kristas, lo que hicieron probablemente). marxismo. Bajo su dirección me puse a leer libros serios. Como
A esta Conferencia se dirigían delegados de todos los puntos ya he dicho, antes de ser encerrado en la prisión de Kiev, traba-
de Rusia. Habiéndose dado cuenta que los seguían, se dispersa- jaba en el taller doce horas diarias o más. Terminada la jornada,
ron. Detenidos en el camino, fueron llevados a Kiev (otros fue- estaba ocupado constantemente por el trabajo práctico del sindi-
ron detenidos en el misino Kiev). cato y por diversos asuntos de los grupos y de las organizacio-
El finado Nicolás Bauman estaba ya en el tren cuando se dio nes que existían en aquella época en la región del Oeste. Por es-
cuenta que lo seguían. Descendió en una pequeña estación sal- to había tenido que consagrar mucho tiempo a la organización de
tando del tren en marcha. Como no conocía el país, se dirigió a la Iskra. De ahí que yo tuviera que leer poco, relativamente, y sin
un médico de la localidad, rogándole que le diese asilo. El mé- método. La prisión fue mi universidad. Empecé a estudiar según
dico lo dejó entrar, pero enseguida avisó a la Policía, Bauman vi- un método determinado, bajo la dirección de un marxista culto,
no a parar a la Loukianovk. versado en la literatura revolucionaria. Antes de ser detenido,
El general Lovitski se había hecho célebre; le encargaron la Blamenfeld era el compositor tipógrafo del grupo de la Libera-
instrucción del asunto de los iskristas. Ahí el por qué concentra- ción del Trabajo. Además de esos conocimientos teóricos, Blu-
ron en Kiev a todos los miembros de la organización detenidos menfeld estaba al corriente del movimiento obrero de Occiden-
en las diferentes ciudades de la inmensa Rusia. La Okhrana4 no te, y llevaba muchos años de acción militante. Tendría entonces
se contentó sólo con llevar a Kiev a Lovitski, sino a todos los mi- treinta a treinta y cinco años. Aunque la mitad más joven que él,
litantes de la Iskra; llevó también a las personas que simplemen- fuimos muy amigos, y hoy –aunque nos encontramos en campos
diferentes del movimiento obrero ruso– le estoy sinceramente
4 La Policía rusa
agradecido de la atención cordial que demostró, y sobre todo de
ese fundamento de justa comprensión del marxismo que deposi- rada Gouraki); no sé si había sido designado por la Dirección de
tó en mí. la prisión o si había sido elegido por los detenidos, puesto que
Para mí el tiempo de la prisión transcurría sin que me diese este régimen existía antes de mi llegada. La comida de los pre-
cuenta; pero para los militantes activos de la organización de la sos políticos era preparada aparte; en cuanto a los paquetes que
Iskra la prisión era insoportable. Era la época en que las huelgas éstos recibían, los enviaban al almacén, y repartidos entre todos,
obreras, las manifestaciones de estudiantes y los alzamientos de en la comida de la noche. También mandaban los víveres que
aldeanos (en la provincia de Kharkov, de Poltava y en otras pro- ellos compraban. El jefe de almacén era el camarada Litvinov
vincias) eran fenómenos cotidianos. Y los organizadores de la Is- (también viejo pensionista de la prisión). Todas estas circunstan-
kra tenían que estar en prisión y cruzarse de brazos, en la impo- cias favorecían la evasión. Gourski podía circular libremente por
sibilidad de tomar una parte activa en esta lucha. el interior de la prisión y comunicar por el exterior.
A mediados del verano de 1902, el sustituto del fiscal, Korsa- Antes que se recibiese todo lo que he enumerado, se hacían
kov, se presentó de nuevo y dijo –un grupo de 12 a 15 detenidos prácticas durante los paseos; se formaba una pirámide de varios
del departamento político– que podíamos tomar nuestras medi- hambres (Gourski dirigía) de la altura del muro exterior; se or-
das para el invierno, puesto que entonces nuestro proceso tendría ganizaban bailes con acompañamiento del sonido de una especie
lugar con toda seguridad. A partir de este momento, muchos ca- de bidón que hacía de tamboril (Nicolás Bauman dirigía); esto
maradas pensaron en la evasión. Se hizo una lista de camaradas era necesario para que el centinela que hacía la guardia en el pa-
que debían participar en la evasión. Yo estaba incluido. Once ca- tio se acostumbrase al sonido que se podía oír en el momento en
maradas inscritos en la lista aceptaron evadirse. Se reunieron pa- que pasasen por el techo del muro recubierto de cinc. En el al-
ra concertar el plan de evasión y determinar el papel de cada uno macén de víveres se ejercitaban en sujetar al supuesto centinela
en el momento de la salida. Se decidió que la evasión se haría y en amordazarlo sin asfixiarlo (Silvino ordenaba).
por el muro del recinto donde paseábamos. Con este objeto era Los preparativos necesitaban mucho tiempo, y temíamos que
necesario explorar el campo situado enfrente de la prisión, en- los camaradas cogiesen frío por pasar tan tarde por el patio, y tu-
contrar direcciones en Kiev y organizar la salida de los evadidos, viesen que cesar en los paseos. La Dirección de la prisión segu-
procurarse pasaportes, narcóticos y vino; un ancla, cuerda para ramente se hubiera aprovechado para encerrarnos antes que fue-
fabricar la escalera de escalo y dinero; esto en el exterior de la se relevado el centinela que hacía la guardia cerca del muro que
prisión; en el interior era necesario prolongar los paseos hasta daba al campo y que teníamos que franquear (este relevo se ha-
una hora avanzada de la noche y guardar en la prisión todos los cía al anochecer). Por último, recibimos el narcótico pedido (pa-
objetos necesarios una vez que fuesen recibidos. Pero lo esencial ra echarlo en el vino), se ensayó en el camarada Maltsman, que
era conservar el plan secreto, cosa que no era fácil, ya que lo co- debía escaparse con nosotros. El efecto fue sorprendente. Dur-
nocía mucha gente, tanto en la prisión como fuera. mió mucho más de lo necesario. Empezábamos a inquietarnos
En la prisión, como ya he dicho, había bastante libertad, ya por que alguien se diese cuenta de que Maltsman dormía dema-
porque encerraba más gente que la que podía, y a causa de los siado. Es más: era de temer que lo interrogasen, y los sospechas
estudiantes, que aprovechaban todas las ocasiones para armar es- podían sobrevenir. Pero todo resultó bien.
cándalo. Gracias a esta libertad, los detenidos tenían su “decano” Para que los guardias se habituasen a beber con los detenidos,
(en la persona del habitante más antiguo de la prisión, él cama- nos pusimos a festejar con frecuencia los aniversarios y otras co-
sas. Se recibió de Vilna (yo había dado los antecedentes) doce o fríos y lluviosos iban a aparecer, decidimos ponernos en camino,
quince pasaportes, que fueron cubiertos con el texto adecuado. aún cuando estuviese de guardia. A este fin, era necesario dis-
Por otro lado, no había que temer retraso por el dinero y por úl- traer su atención y obligarle a que se quedase en el comedor. Se
timo, se había conseguido explorar el campo vecino y establecer tomaron medidas en ese sentido, pero entonces surgió un obstá-
un sistema de señales entre una de las ventanas del patio supe- culo inesperado: el guardia de servicio que estaba de centinela
rior y el campo. Desde esta ventana se debía preguntar si se po- cerca del muro interior por donde debía efectuarse la evasión,
día atravesar o no el campo. Se encontró alojamiento en la ciu- llegó borracho, sin poderse tener en pie. Por más que tratamos de
dad; se estableció un itinerario para que los evadidos pudieran disuadirlo para que no le viese Izmailv, éste se dio cuenta, y des-
salir de Kiev la misma tarde de la evasión; se decidió quién iría pués de sustituirlo en el muro, dio cuenta a la Dirección, que de-
a los alojamientos y con quién saldría cada uno. Sólo faltaba ha- signó otro vigilante.
cerse con un ancla y fabricar una escala, cosa que se hizo ense- La agitación que aquella tarde dominaba a una parte de los
guida. prisioneros, no se le había escapado al antiguo gendarme (nos
Gourski recibía ordinariamente sus visitas en el locutorio y no enteramos más tarde de que, efectivamente, había informado a la
las registraban. En una de éstas entrevistas me llevaron un in- Dirección). De todas maneras, el golpe había fallado. Era nece-
menso ramo de flores, en el que habían ocultado una ancla pe- sario ocultar todo en previsión de una requisa, ¡y no había escon-
queña; en cuanto a la escala, se fabricó con la tela gruesa que se drijos! Cada uno tenía en sus manos cien rublos y un pasaporte;
nos daba como sábanas. Me parece que fue Livitnov quien tejió en mi celda guardaba la escala de cuerda, sobre la que dormía,
las tiras de tela que nos sirvieron de cuerda. Los dos extremos de como si fuera una almohada. En caso de requisa, seguramente la
esta cuerda se sujetaron al ancla. Para barrotes se utilizaron sóli- hubieran descubierto.
dos pedazos de madera cortos y no muy gruesos. La prolonga- Nuestra tensión nerviosa llegaba al límite. Habíamos resuelto
ción de la escalera era una cuerda también sujeta al ancla; se le que si se intentaba registrarnos nos opondríamos por la fuerza,
habían hecho varios nudos para que fuera más fácil descender al hasta destruir los pasaportes, a fin de que no se pudiese saber
otro lado del muro. Cuando todo estuvo preparado, se ensayó la quiénes eran los que querían escaparse.
maniobra. Todos se presentaron en el patio llevando los objetos Entre los camaradas se trató de la cuestión de retirarme la es-
enumerados (yo aparecí con una almohada, en la cual llevaba la cala ante el peligro de que, si me la encontraban, toda la respon-
escalera de cuerda), y a la primera señal cada uno estuvo en su sabilidad recayese sobre mí y que los gendarmes recurriesen a la
puesto. tortura para conocer los nombres de los que querían escaparse
Los guardias de los corredores del departamento de políticos conmigo. No obstante, se decidió dejármela, ya que nadie podía
no eran de temer gracias al vino que les ofrecíamos y a las pro- tener la idea de que yo la tuviese, ya que yo era un pobre joven,
pinas que les dábamos para que nos proporcionasen periódicos y mientras que a mi lado se encontraban los leaders iskristas.
mandar cartas; algunos fueron convencidos por nuestra propa- En la madrugada de uno de aquellos días de angustia se oyó
ganda. Sólo uno fue la excepción, un ex gendarme, el viejo Iz- de repente el chirrido de una puerta que se abría en el corredor
mailv, que nos inspiraba mucha desconfianza. Ante todo, se ha- de abajo. Enseguida se oyeron gritos de: “¡Camaradas, cuidado
bía resuelto no verificar la evasión cuando él estuviese de servi- con el registro!” Afortunadamente, enseguida nos dimos cuenta
cio. Pero como ya estábamos a mediados de agosto y los días que no se trataba de esto, sino de un preso que se llevaban. Na-
die había tenido tiempo de destruir nada. suyos, Pleskov. Por cierto que nosotros éramos opuestos a que
El compañero Banin, que acababan de llevar, había sido dete- toda la presión se fuese con nosotros; era necesario proveer a
nido en la frontera y se había dado orden de aislarlo de los otros Pleskov de un pasaporte, dinero, un escondrijo clandestino, etc.,
detenidos. Tanto, que lo habían metido en una celda que estaba y esto no se podía conseguir en un día. Sin embargo, esta cues-
siempre cerrada con candado, mientras que nosotros podíamos tión fue arreglada; cada uno le dimos diez rublos, se le hizo un
pasear todo el día, y nuestras celdas sólo estaban cerradas duran- pasaporte a toda prisa, se le indicó un escondrijo y se le arregló
te la noche. Decidimos no protestar contra el hecho de que el de- la cuestión. El caso es que, en lugar de once adeptos de la Iskra,
tenido estaba constantemente encerrado ante el temor de que nos eran doce los hombres que debían fugarse.
retirasen el derecho de pasearnos tan tarde. Yo no sé por qué, el Al atardecer del 18 de agosto, antes de que fuese dada la se-
nuevo director adjunto, Soulima, que administraba el departa- ñal de partida, el director adjunto llegó. Se dirigió a la celda de
mento político, la tomó con el detenido recién llegado. Empezó Banin y empezó una partida de ajedrez. A pesar de todo, se dio
a frecuentar la celda de este camarada, unas veces para jugar aje- la señal.
drez, otras para charlar con Banin. En una de estas conversacio- Empezó el concierto. Mientras Bauman golpeaba con toda su
nes, el adjunto dijo a Banin que la víspera, toda la noche; había fuerza en un tamboril, se elevaba una pirámide, en cuya cima se
estado rondando la prisión a causa de confidencias que había re- alzaba el camarada Gourski. Al mismo tiempo, el centinela fue
cibido de que los prisioneros políticos se disponían a escapar agarrotado, amordazado, mientras en el corredor los guardianes
aquella noche. dormían el sueño de los justos... Pasé la escala a Gourski, me de-
El Problema de la evasión se presentaba de una manera difí- sembaracé de la túnica de preso y subí por la escala, que Gours-
cil. O nos escapábamos enseguida, o, por el contrario había que ki había sujetado con el ancla a la corcusa exterior del muro. Pa-
abandonar completamente la idea. Decidimos escaparnos costa- ra descender me deslicé por la cuerda, que, dicho sea de paso,
se lo que costase. Acordamos evitar efusión de sangre: pero una me peló las palmas de las manos, experimentando un dolor inso-
vez dada la señal, si alguien de la justicia quisiese entrar en el portable; Gourski sujetaba la cuerda para que el ancla no se sol-
patio del departamento político, se debía proceder sin piedad. tase. Me pasó la cuerda y desapareció en la oscuridad (había os-
Ante esta eventualidad, se había encargado a varios hombres que curecido completamente). Después de mi se dejó caer Bassovs-
llevaban largos capotes de dejar sin sentido inmediatamente al ki, el cual tenía una pierna enferma (se había roto en la cárcel y
intruso, después de haberle arrojado un capote sobre la cabeza. esto había contribuido bastante el retraso ya que no queríamos
Se señaló el día de la evasión; pero en el último momento un dejarlo en la prisión). No pasé la cuerda, y yo mismo esperé al
nuevo obstáculo surgió. No podíamos pasarnos sin el concurso cuarto compañero. Todo iba bien. Pasé la cuerda a este último y
de una parte de los camaradas que debían quedar en la prisión, y me puse a recorrer; pero me caí cuan largo era en un foso muy
algunos de ellos estaban al corriente de la evasión. Nos había- profundo cuya existencia ignorábamos. En el fondo encontré a
mos dirigido a los representantes de otros partidos, sobre los que Bassovski. A tientas buscaba él su sombrero, que había perdido
pesaba la amenaza de una larga detención, invitándoles a unirse en la caída. Y estaba en el mismo sitio pero era inútil buscar un
en la evasión; pero todos rehusaron fugarse. El último día, los sombrero en aquellas tinieblas. Habiendo cogido a Bassovski
socialistas revolucionarios ucranianos, cuyo concurso nos era por debajo del brazo, llegamos al campo; lo atravesamos rápida-
necesario, exigieron que llevásemos con nosotros a uno de los mente y nos encontramos en la calle. Allí comprendimos que sin
sombrero no podíamos exhibirnos en las calles de Kiev. Además, chistera. Cuando llegamos a nuestro destino nos encontramos en
ningún cochero quiso servirnos, a pretexto de que muy probable- casa de un polaco muy hospitalario, que inmediatamente puso
mente nos habíamos gastado todo el dinero en beber y ya no nos sobre la mesa vodka y alimentos y nos proporcionó un momen-
quedaba para pagar el coche. Por último, pagamos por adelanta- to de reposo; pero nos invitó a marchar de su casa tan pronto os-
do a un cochero y tomamos la dirección del alojamiento donde cureciese, con el objeto de que su vecino de piso, un gendarme,
Bassovski y yo debíamos refugiarnos. Después de haber dejado no se diese cuenta de la presencia de forasteros en la casa. No se
el coche, nos dirigimos hacia la calle del Observatorio. Busca- podía hacer nada. Antes de marchar, el dueño de la casa me dio
mos el número 10 sin poderlo encontrar; la última casa tenía el un sombrero de paja.
número 8. Más allá empezaba otra calle. Después de reflexionar Después de salir de esta hospitalaria casa, Bassovski y yo nos
un momento resolvimos dirigimos al número 8. Llamamos, pre- dirigimos a casa de unos conocidos suyos, que resultó que esta-
guntamos por la persona que buscábamos; pero los que abrieron, ban fuera: se quedaban a dormir en la casa de campo. Ya no nos
sorprendidos de nuestra traza, dijeron que la persona que noso- quedaba más que una solución: ir en un coche de un lado a otro
tros preguntábamos ni habitaba ni vivió nunca allí. ¡Magnifico! de la ciudad. Por fortuna, Bassovski conocía, al menos de nom-
No lejos del número 8 había un pequeño prado. Allí nos dirigi- bre, calles y barrios de Kiev. Sin él me hubiera sido imposible
mos, Bassovski gemía con el dolor y murmuraba: “Si llego a sa- andar en coche. Así anduvimos toda la noche. Por la mañana ca-
ber que el de ‘fuera’ no era capaz de encontramos un escondrijo, da uno se fue por su lado, con objeto de no ser detenidos los dos
no me hubiera escapado”. También yo estaba fastidiado: tenia juntos.
una sed espantosa y las manos me dolían intensamente. Me encontré ante esta alternativa: o aproximarme en la calle
De pronto vimos que alguien se dirigía rápidamente al núme- a un estudiante simpático y pedirle ayuda, o dirigirme a la esta-
ro 8 y con no menos rapidez se alejaba de la puerta. Enseguida ción o al muelle para irme lo más lejos posible, o ponerme a bus-
reconocimos a Gourski. Tampoco había tenido suerte. En el alo- car a un contratista, que había sido en Loukianovka uno de mis
jamiento adonde se había dirigido, los dueños habían marchado compañeros de celda. Opté por el contratista. Sólo sabía su nom-
o se habían muerto; exactamente, no lo sé. Como sabía la direc- bre, el oficio de su padre y el nombre de la calle. En cuanto al
ción del sitio en que nosotros debíamos refugiamos, había veni- número de la calle, lo ignoraba. De todas maneras me dirigí ha-
do a reunirse con nosotros. Los tres nos pusimos a examinar lo cia el barrio de Andreiev. Con gran alegría vi un rótulo de con-
que debíamos de hacer. Dándose cuenta de que no teníamos tratista que tenia el nombre del que yo buscaba. Continué mi ca-
sombrero, Gourski fue a alguna parte (conocía muy bien Kiev), mino, pagué el coche y retrocedí a pie hasta la casa de mi com-
pocos momentos después regresó con una chistera que Bassovs- pañero. Estaba en casa y me recibió cariñosamente.
ki se colocó en su cabeza. Más tarde me enteré que el número 10 que buscábamos se en-
Gourski propuso dirigirnos a un barrio, a casa de unos parien- contraba en la calle que era prolongación de la calle del Obser-
tes, lo que aceptamos de buen grado. Gourski subió el solo a un vatorio, que nos esperaban y que todo estaba dispuesto para re-
coche. Bassovski y yo tomamos otro. Bassovski, con su “clac”, cibimos. En cuanto al resto de los camaradas, también hubo con-
causaba una magnífica impresión; pero para dirigirse a un arra- fusión. Respecto a Halperin, y me parece que también de Malts-
bal esta obra maestra no era adecuada. Afortunadamente, las ca- man, había que tener preparados unos caballos: los esperaron en
lles estaban en tinieblas, caía una lluvia fina y nadie se fijó en la vano. Tuvieron que irse a pie, caminar durante la noche y por el
día ocultarse en el heno. Pero los descubrieron y los llevaron a dinero y volvió al patio. Todavía no se había dado la alarma; pe-
casa del comisario de la policía rural. Por tres rublos consiguie- ro ya era demasiado tarde: ya no tenía documento ni identidad
ron arreglarlo. Blumenfeld y no sé quién más debía coger una ni dinero. Con los otros presos volvió a tomar el camino de su
barca; pero tampoco llegó. De los otros camaradas no recuerdo celda.
si encontraron los escondrijos. El adjunto de1 director que jugaba al ajedrez en la celda de
Le dije al compañero en cuya casa me había presentado que Banin, terminada su partida, quiso salir. Se puso a llamar para
me habían puesto en libertad después de haberme comprometi- que le abriesen (estaba encerrado en la celda). Pero nadie podía
do por escrito de salir inmediatamente de Kiev. Por lo que me hacerlo: todos los guardianes estaban bajo los efectos del narcó-
era necesario ver enseguida a alguien del Comité del partido. Me tico. Él dio la alarma (creo que disparó el revolver), y se descu-
llevó a su cuarto y salió en busca de un miembro del Comité. Re- brió la evasión. A propósito, la primera información resultó que
gresó rápidamente. Todo soliviantado, me comunicó que en el la evasión había tenido lugar por el ventanillo, que el portero
seno del partido, como entre la población, acababa de extender- nos había dejado pasar y que la escalera de cuerda, los guardia-
se la noticia de que toda la prisión se había escapado y el pánico nes dormidos y el centinela agarrotado no era más que una pan-
reinaba en la ciudad. Yo no pude decirle cuántos y cuáles eran tomima.
los detenidos que se habían fugado. Me dijo, con bastante razón Marché a la dirección que me había dado el delegado del Co-
por cierto, que desde el momento que la policía hacía pesquisas mité y fui a parar a un alojamiento que se encontraba al otro la-
en la ciudad a consecuencia de esta evasión, era mejor para mí do del puente del Dieper, en la provincia de Tchemigv. Me ins-
no quedarme en casa e ir a otro alojamiento que él me buscó. Allí talé en una habitación y pasé junto a un externo que estudiaba
me invitó a esperar a que me pusiese en relación con el Comité. día y noche para los exámenes, y por esta razón no salía, de su
Al venir la noche nos dirigimos juntos a una panadería, donde cuarto. Ocho días más tarde se me informó que debía dirigirme
pasé la noche y el día. a Jitomir en la diligencia, pero que en el camino debía descender
Al día siguiente vino a buscarme y me llevó a un alojamien- en una pequeña localidad donde habitaba un tsadek6. En la sina-
to clandestino, en el cual encontré un estudiante que conociera goga debía encontrar a Bassovski.
en la prisión. Este estudiante era delegado del Comité. Como él Cuando llegué a la localidad fui a una casa judía, donde, me
sabía que yo era uno de los fugados, no tuvimos que darnos enteré que había dos tsadek y dos sinagogas, y que por el mo-
grandes explicaciones; me indicó un escondite adonde debía ir mento los dos estaban ausentes. Fui por la noche a una de las si-
acompañado de un camarada con quien había estado también. nagogas, pero no encontré a Bassovski. Por el contrario, desper-
Por este delegado del Comité me enteré que once personas ha- té las sospechas del dueño de la casa en que me había detenido
bían conseguido escaparse, entre ellas el socialista revoluciona- (les oí hablar entre ellos: “¿No será un fugado, ya que las perso-
rio. Resultaba, por consiguiente, que un iskrista había quedado; nas que van a casa del tsadek saben cuándo están en casa y de
pero exactamente no sabía quién. En consecuencia, me enteré viaje?”)
que todo había salido como se había fijado antes de la evasión. Después de haber pasado un día desagradable, me puse en ca-
Solamente, si no me engañó el camarada Silvino, apodado Bro-
diaga5, que me ocupara del centinela, oyendo ruido que le pare- 5 Vagabundo
ció alarmante, corrió a su celda, destruyó su pasaporte, ocultó el 6
Sabio religioso judío.
mino de Jitomir. Me pareció que el sustituto del fiscal, Korsakov, contratiempo. Allí me enteré que nueve iskristas estaban ya en el
viajaba en la misma diligencia que yo. Me asusté terriblemente; extranjero y que yo era el último cuya llegada se esperaba. En
pero como no sabía dónde ocultarme, decidí continuar mi desti- cuanto al onceavo –Pleskov, socialista revolucionario originario
no. Llegado a Jitomir me presenté a un miembro del Bund; nues- de Kiev–, se había dirigido hacia Krémentchouk y allí había si-
tra organización no tenía todavía una sección en esta ciudad. Allí do detenido por casualidad. El nombre del staroste que figuraba
fui a parar al alojamiento de un bundista en ciernes, apodado en su pasaporte estaba escrito con lápiz; era necesario rehacerlo
Ourtchik, que yo conociera bastante bien por haber militado con con tinta y se había olvidado. Llegó a un hotel y entregó su pa-
él en la región del Oeste. Como los bundistas tenían pocos alo- saporte para formalidades de costumbre, y allí se dieron cuenta
jamientos, tuve que habitar algún tiempo en un local clandesti- de esta falta. Lo llevaron a la Comisaría; ante el comisario, estu-
no, en donde se había instalado un depósito de literatura y una pefacto, declaró ser Pleskov, fugado de la prisión de Kiev. Al
imprenta desmontada. menos esta es la versión que de su detención me dieron en Ber-
Teniendo que esperar bastante tiempo a que me proporciona- lín.
sen la unión necesaria para pasar la frontera y presentarme a la Esta audaz evasión, lograda con éxito, suscitó muchos co-
organización de la Iskra en el extranjero (todo eso tenía Bassovs- mentarios, tanto entre los revolucionarios rusos como en la “So-
ki, al cual no pude echarle la vista encima), me alisté como sas- ciedad”7.
tre. Hice conocimiento con un camarada de taller y fui a vivir a
su casa. Un día en que nos habíamos dirigido al mercado para
comprar un traje, me di en las narices con el guardián Voitv, que
habíamos adormecido el día de la evasión y era el encargado de
la vigilancia del corredor en el cual estaba encerrado. Excuso de-
cir que salí corriendo, dejando allí a mi vecino pasmado. Tomé
las disposiciones necesarias para dejar la ciudad lo más pronto
posible.
Días después el estudiante Blinov, con quien había estado en
prisión, vino a buscarme y me informó que Halperin se encon-
traba en Jitomir y deseaba verme. La entrevista la señalamos en
un bosque. Halperin me entregó las direcciones necesarias y po-
co después, en compañía de un camarada del Bund, me dirigí a
Kamenetz–Podolsk. Desde allí conseguí llegar a una aldea de la
frontera. Acompañado de un aldeano, salimos de noche para pa-
sar la frontera, teniendo que atravesar por vados algunos ria-
chuelos. Habiendo conseguido evitar los gendarmes austriacos,
llegamos a Austria.
Camino de Berlín, fuimos detenidos en la frontera austroale- 7En el antiguo régimen así se llamaban los centros políticos burgueses de
mana; pero nos soltaron el mismo día. Llegamos a Berlín sin “La oposición”.
III
agotamiento físico y a sus peregrinaciones de Kiev a Berlín, ca- vían solos. Pasé todo el tiempo con Blumenfeld, Martos y Zas-
yó enfermo seriamente. Tuve que multiplicarme: cuidarlo y tra- soulitch, con los que intimé grandemente. Veía con menos fre-
bajar por los dos sin conocer el idioma (Halperin sabía el ale- cuencia a Lenin y Nadejda Konstantinovna. Varias veces comi-
mán). Más tarde, cuando fui aclimatado a Berlín, hice conoci- mos juntos Martov, Zassoulitch, Noscov, Lenin y Nadejda Kons-
miento con camaradas alemanes; de una vez me procuré habita- tantinovna.
ciones para veinte o treinta camaradas; cuando nosotros llega- Las conversaciones entre los redactores de la Iskra y Noscov
mos, el delegado de la Iskra, Miguel Vetcheslov, no consiguió versaban principalmente sobre el estado de la Liga del Norte
encontrar para dos. (puede que me equivoque, pero el nombre de la Liga del Norte,
En aquella época además de Vetcheslov, trabajaban activa- de donde creo que venía Noscov, se quedó grabado en mi memo-
mente en Berlín el camarada P. Smidoviptch, que lo pasaba bas- ria) y sobre la convocatoria del segundo Congreso del partido.
tante mal en un taller alemán para llegar a grabar sobre una pla- Conmigo se trataba la cuestión de extender el enlace con la fron-
ca de cinc pulida, con una tinta especial, una composición tipo- tera y con Rusia, con el fin de poder pasar la Iskra y la revista
gráfica. Creía poder obtener buenos resultados, que permitiesen Zaria (Amanecer), conseguir que llegasen a su destino y fuesen
imprimir la Iskra en Rusia simplemente por medio de placas, sin difundidas. Es mas: era necesario organizar juntos el paso para
tener necesidad de composición tipográfica y de clisé esterioti- los militantes.
pado. Con frecuencia acompañé a Smidovitch al taller donde Yo pasaba mucho tiempo en la imprenta en donde se impri-
practicaba sus experiencias. mía la Iskra. Esta imprenta pertenecía al partido socialista in-
Los iskristas berlineses –miembros del grupo de apoyo de gles. Yo quedé asombrado de que ese partido poseyese una im-
Berlín a la socialdemocracia rusa, que eran bastantes– se reunían prenta tan pobre, y que publicase un pequeño semanario, cuya ti-
frecuentemente en casa de las Vach (madre e hija). Yo iba tam- rada no sobrepasaba la de la Iskra. ¡A millares de kilómetros de
bién. Para no llamar la atención de la Policía, los concurrentes a su patria, en pleno país extranjero, los socialdemócratas rusos
casa de las Vach me habían bautizado con el nombre de Miguel encontraban manera de publicar un diario que no estaba por de-
Freitag, que Smidovitch tradujo al ruso, con lo que me convertí bajo del que publicaba el partido legal inglés! Esto me parecía
en Piatnitzki (seudónimo que usé constantemente). inconcebible, sobre todo después de haber visto las imprentas,
A fines de febrero de 1903 llegaron a Berlín V. Noskov, cu- las tiradas de los diarios, los edificios y las librerías de le social-
yos seudónimos eran Boris Nicolajevitch y Glevouv. En el se- demócratas alemanes.
gundo Congreso del partido fue el único de los presentes elegi- Unos días después de nuestra llegada hubo una asamblea de
do para el Comité central. Con él provisto del pasaporte de Pe- rusos; se dio lectura a un manuscrito de Deutch, en el cual des-
dro Smidovitch (llamado “Motriona”), me dirigí a Londres, don- cribía sus evasiones. Allí conocí a varios camaradas que había
de me encontré con los fundadores de la Iskra, convertida, des- visto en Kovno, en Vilna, en la prisión y, cuando salí, en Kiev.
de este momento, en el centro de reunión de los elementos revo- Yo los conocía de Rusia como bundistas y socialdemócratas, y
lucionarios dispersos de la clase obrera rusa. Allí encontré a Blu- algunos como adheridos a la organización de la Iskra. Habían
menfeld, que era el compositor tipográfico de la Iskra. Conocí a venido a Londres, unos, para evitar ser detenidos; otros, después
Martos, a la Zassoulitch y a Deutch. Vivían todos juntos. Pronto de haberse escapado. Me impresionó grandemente el oírles a ca-
conocí a Lenin y a Nadejda Konstantinovna Krupskaia, que vi- si todos decir que en Londres se habían convertido en anarquis-
Moabit8. Resultó que el americano que me había prestado el pa- comendación de Haase, el zapatero Martens, miembro del parti-
saporte había regresado durante mi ausencia, y como si nada, se do socialdemócrata alemán, nos ayudaba activamente. Estos en-
había inscrito con la misma pieza de identidad. Tuve que dejar el víos en gran cantidad tenían un lado bueno (se hacía pasar de una
sitio y vivir de nuevo sin estar inscrito, hasta que un camarada vez mucha literatura) y un aspecto malo (de Berlín a Riga, Vilna
de la infancia me trajo de América su pasaporte. y San Petersburgo, cada envío necesitaba varios meses; para la
En esta época, en todas las ciudades de Rusia aumentaban las literatura religiosa de los lituanos, el espacio de tiempo no era
organizaciones socialdemócratas, en el seno de las cuales se en- grande, pero para la Iskra era un retraso considerable). Se nos
tablaba una lucha ideológica entre los partidarios de la Iskra y de exigió que redujésemos el plazo que se necesitaba para el trans-
la Liga de los socialdemócratas rusos en el extranjero. En mu- porte de la literatura de Berlín a Rusia. Con este objeto, Halperin
chas ciudades importantes había dos Comités socialdemócratas vino a instalarse en Tilsit; yo quedé en Berlín. Esto ocurría en el
que se disputaban con encarnizamiento la influencia sobre el verano de 1903. En aquel tiempo la redacción de la Iskra estaba
proletariado. Lo esencial de la literatura revolucionaria de las ya en Ginebra. De allí era donde recibíamos la literatura, que era
dos corrientes mencionadas del Partido obrero socialdemócrata dirigida al Vorwaerts. Nuestro depósito de literatura se hallaba en
de Rusia, se publicaba en el extranjero (el grupo de Iskra publi- los sótanos de este diario. Yo pasaba bastantes horas al día colo-
caba, además del periódico, la revista Zaria y folletos). La Liga cando la literatura recibida y empaquetándola para expedirla a la
de los socialdemócratas rusos en el extranjero publicaba la Ra- frontera. El embalaje era fácil; todos los paquetes tenían que lle-
hotchéié Diélo (La Causa Obrera). El pedido de la literatura de var la misma literatura. En el caso de que un paquete cayese en
la Iskra era tan grande en Rusia, que no se podía pensar en satis- manos de la Policía, era necesario que se pudiese encontrar en
facer al extranjero; esto obligaba al grupo de la Iskra a dirigir to- los otros los mismos números del periódico o los mismos libros.
das sus fuerzas para hacer entrar en Rusia por todos los medios Además, en los grandes paquetes era necesario poner cinco o seis
posibles su literatura. Las organizaciones en Rusia de la Liga de paquetes pequeños con el mismo contenido de libros y de dia-
los socialdemócratas rusos en el extranjero se veían obligadas, rios, con el fin de que, una vez llegados a Rusia, pudiesen ser em-
para sostener su influencia sobre los obreros, a procurarse litera- balados y expedidos en todas las direcciones, sin necesidad de
tura de la Iskra. Sus delegados venían a buscarla al extranjero. hacer una nueva separación y un nuevo embalaje. Además, era
La segunda o tercera vez que estuve en Tilsit encontré el ras- necesario que el volumen, el peso y embalaje de esos paquetes
tro de una gran organización lituana que pasaba a Rusia libros re- fuesen los mismos que los lituanos habían adoptado para su lite-
ligiosos escritos en lituano. Nos pusimos en relación con esta or- ratura religiosa, y que fuesen recubiertos de una tela impermea-
ganización, y por su mediación empezamos a expedir al otro la- ble para que no se mojasen con la lluvia.
do de la frontera decenas y centenares de povds de la Iskra, de la Para activar los envíos de literatura en Rusia, aun en peque-
Zaria y folletos. Para recibir y difundir en Rusia esta literatura, ñas cantidades, también se empleaban maletas de doble fondo.
Noscov había nombrado varios militantes: Povar (Thchégoldin), Antes que yo llegase a Berlín, una casa nos había fabricado una
Sania (cuyo nombre no olvidé), Gousarov, médico militar (éste cantidad de maletas de esta clase. Pero en la frontera los aduane-
trabajaba en la organización de Vilna), etcétera. En Tilsit, por re- ros no tardaron en tener sospechas, y algunos camaradas fueron
descubiertos de esta manera (es seguro que los aduaneros cono-
8 Prisión de Berlín
cían las maletas, ya que todas eran del mismo modelo). En vista
de ello, nosotros mismos nos pusimos a confeccionar un doble reimprimían la Iskra sirviéndose de matrices que les mandába-
fondo de cartón duro que colocábamos en maletas ordinarias mos del extranjero; de esta suerte se componía directamente en
después de haber metido de cien a ciento cincuenta números re- Rusia desde su recepción.
cientes de la Iskra. Una vez pegado el papel interior, era imposi- Mi trabajo en Berlín no consistía solamente en expedir la li-
ble darse cuenta que la maleta encerraba literatura. Es más: su teratura a Rusia. Yo recibía a todos los camaradas que venían de
peso no había aumentado gran cosa. Hicimos soportar esta ope- Rusia al extranjero por cuestiones que interesaban a la Iskra, y
ración en todas las maletas de estudiantes y estudiantas que re- todos los que del extranjero se dirigían a Rusia. Estas entradas y
gresaban a Rusia y que simpatizaban con el grupo de la Iskra, lo salidas me ocupaban tiempo y fuerzas, puesto que los camaradas
mismo que a las maletas de los camaradas que se dirigían a Ru- llegaban con los vestidos destrozados, cansados y sin conocer el
sia por camino legal o ilegal; pero esto no era bastante. idioma.
Las necesidades de literatura reciente eran muy grandes. Fue La correspondencia con Rusia se hacía igualmente por Berlín.
entonces cuando inventamos una coraza: para los hombres se Yo debía centralizar las cartas, descifrarlas y hacerlas llegar a su
confeccionaba una especie de chaleco, en el que se metía dos- destino.
cientos o trescientos Iskra y pequeños folletos; a las mujeres se Antes del segundo Congreso del partido estábamos en Berlín
les hacían corsés especiales y se les transformaban las faldas. varios camaradas. Sólo yo me ocupaba de una manera especial y
Las mujeres podían llevar de trescientos a cuatrocientos completamente de los trabajos que he mencionado. Después del
ejemplares de la Iskra. Llamábamos a esto “en gran velocidad”. segundo Congreso, asumí todas las funciones que eran necesa-
Colocábamos estas corazas a todos los que nos caían en la ma- rias llenar en Berlín. Comparando la manera de cómo se trabaja-
no; desde militantes hasta los simples mortales. Me acuerdo to- ba entonces con la manera cómo se trabaja hoy, saco en conclu-
davía de algunos de estos camaradas, especialmente de Felipe sión que para desempeñar las fundones que yo asumía en aque-
(Gelochtchékin). ¡Lo que maldijo de mí por culpa de esta cora- lla época sería necesario ahora un jefe, un adjunto, una sección
za! De León (Vladimirov), de Batourin y de otros. En efecto, de cifras, empleados, secretarios, etc. En aquel momento a nadie
aquello era una crueldad: estar en verano cinco días con esta co- se le ocurría llamar para este trabajo personal retribuido. Y, no
raza era espantoso; pero, en cambio, ¡qué alegría cuando la lite- obstante, el trabajo no se hacía peor que se hace hoy con todo el
ratura llegaba a las organizaciones! Sin embargo, debo decir qué personal citado.
todos se incomodaban conmigo; había quien se separaba con pe- Tengo que añadir que en Berlín, lo mismo que en Francia y
na de su trabajo; las mujeres se acostumbraban a ella; las cora- que en Suiza, existía un grupo de apoyo de la Iskra, del cual yo
zas las hacían un hermoso busto, dándoles aire proponente y una también formaba parte. En aquella época, antes de la escisión del
gran estatura. Cuando conseguía expedir “en gran velocidad” to- partido, el grupo de Berlín lo integraban: P. Smidovitch, Vét-
da la literatura recibida de la Iskra, era para mí una verdadera cheslov, Nikitin (que luego fue, bajo Kerenski, gobernador de
fiesta. Para no tener que volver sobre esto, añadiré que, no obs- Moscú, y más tarde ministro de Comunicaciones), Sanin, Okuo-
tante todos nuestros esfuerzos y que casi toda la literatura que se lova, Rubinstain, Chergov, Koniagin (Halperin), Liadov, N. Ba-
recibía del extranjero llegaba a Rusia, no conseguíamos contener che, Gitomilski (un provocador), etc. El grupo de Berlín reunía
a las organizaciones interiores. En Rusia, en Bakou, en Odessa y fondos, organizaba espectáculos, conferencias, discusiones, etc.
en Moscú, se habían organizado grandes imprentas ilegales que Aunque muy ocupado por los asuntos rusos, entré poco a po-
co en el movimiento obrero berlinés. Me encontré, por cierto, Y la agitación empezó inmediatamente en favor de una u otra
con muchos militantes activos del partido, de los sindicatos y del tendencia.
movimiento cooperativo. Sin darme cuenta y sin ayuda de un Yo estaba indeciso. De un lado sentía que hubiese un disgus-
profesor alemán, empecé a leer los diarios del partido y de los to a Zassoulitch, a Potressov, a los que conocía en Londres y a
sindicatos. Axelrod el expulsarlos de la redacción de la Iskra. ¡Ésta no esta-
La mitad del verano se pasó en este trabajo. En el transcurso ba bien redactada! Yo ignoraba entonces quiénes eran los redac-
de junio de 1906, los delegados para el segundo Congreso del tores que escribían y los que no escribían; qué divergencias di-
partido empezaban a llegar a Berlín. Allí se detenían algunos vidían la redacción y qué artículos, que tenían carácter doctrinal,
días, y se iban más lejos. Entre ellos me recuerdo del camarada debía pasar por manos de todos los miembros de la redacción
Kartachev, de la Liga del Norte (fallecido hace tiempo) y de dispersos en los diferentes países antes de ser insertados en la Is-
Kostrova (Jordania)9, convertido hoy en lacayo de los ministros kra. Es más: con los camaradas a quienes estaba muy próximo
burgueses y excitándolos contra la Unión Soviética proletaria; (como Blumenfeld y otros) se encontraban en el campo menche-
hasta aquella época yo no lo conocía. vique. De otra parte, yo aprobaba enteramente la estructura de la
No conservo en la memoria las medidas preliminares que se organización del partido que proponía Lenin. Mi lógica estaba
tomaron en Berlín para la convocatoria del Congreso. Tampoco con la mayoría; mis sentimientos (si así podemos decirlo) esta-
me acuerdo si las reuniones tuvieron lugar en Berlín para discu- ban con la minoría. La conducta de Postrov me había dejado es-
tir el orden del día. Estuvimos algún tiempo sin recibir informa- tupefacto; había ido siempre con la mayoría (Lenin y Plékjanov),
ciones sobre los trabajos del Congreso. Con ansiedad esperába- pero cuando el Congreso decidió cerrar todos los periódicos lo-
mos noticias. Recogíamos con avidez todos los rumores que cir- cales hechos con medios de fortuna y sólo conservar la Iskra co-
culaban. Estábamos convencidos que la tendencia de la Iskra se mo órgano central del partido, se ofendió porque se suprimiese
impondría. Pero de la facilidad con que se hacía la unión de los el periódico georgiano de que él era redactor, y pasó a la mino-
grupos y de las organizaciones dispersas en un partido único no ría del Congreso. Yo no podía comprender que un delegado pu-
teníamos la menor idea, aunque todos reconociésemos la urgente diese cambiar de opinión porque una decisión del Congreso
necesidad de esta unión. Por último, corrieron rumores anuncian- afectase al periódico de su organización. Además, Jordania, des-
do divergencias entre los mismos iskristas. Estos rumores me pa- pués de haber defendido a los bolcheviques en el segundo Con-
recieron increíbles. Habíamos supuesto que habría en el Congre- greso, se convirtió en feroz adversario de la mayoría.
so grandes divergencias con los obreristas y sus partidarios; pero Era necesario pasar los delegados del Congreso a Rusia. Con
que estas divergencias hubiesen estallado entre los adeptos de la este objeto salí para la frontera con algunos de ellos. En compa-
Iskra, que yo estaba acostumbrado a considerar como un todo ho- ñía de la camarada Zemliatchka me dirigí a Prusia –a una aldea
mogéneo, era para mí algo inesperado. Pasé días de ansiedad. situada en la frontera rusa, en la región de Ortlsbourg (en las cer-
Por fin los delegados regresaron a Berlín. Los representantes canías de Ostrolenko, que se encontraba entonces)–. Por prime-
de las dos secciones nos pusieron al corriente sobre el Congreso. ra vez veía a Zemliatchka. Tuvimos que esperar un día entero a
que un suboficial de los guardias fronterizos rusos viniese a bus-
9 Menchevique. Ex presidente de la República democrática de Georgia.
carla para llevarla al otro lado del bosque. El mismo día me en-
Emigrado, no cesó de ser uno de los más activos enemigos del poder sovié- teré que había franqueado la frontera sin, incidente y que se di-
tico.
rigía hacia la estación para tomar el tren. Después fui a otros dudaba; colaboraba con la mayoría, pero no había roto mis rela-
puntos de la frontera, donde otros camaradas me esperaban. ciones personales con la minoría; en sus filas estaban varios ca-
Cuando regresé a Berlín, la escisión estaba ya consumada en- maradas presos al mismo tiempo que yo en Kiev, y con los cua-
tre los adeptos berlineses de la Iskra: Vétcheslov era menchevi- les me había evadido.
que. P. Smidovitch se columpiaba. Halperin era bolchevique. En Ginebra me dirigí a casa del camarada Blumenfeld. Allí
Los amigos y correligionarios de ayer dejaban de entenderse y se encontré a Martov, Dan y muchos camaradas a quienes ya cono-
volvían enemigos. Con dificultad me orientaba. Es más: yo no cía. Blumenfeld enseguida quiso convertirme. En aquella época,
llegaba a entender cómo pequeñas divergencias pudiesen impe- Nicolás Bauman vivía en Ginebra. Antes de abrirse el Congreso
dir que trabajaran juntos, tanto más que después del Congreso un de la Liga yo iba con frecuencia a su casa (fue allí donde cono-
vasto campo de acción se abría ante nosotros. cí al camarada Orlovski–Vorovski). Un día me enseñaron una
En octubre de 1903, nosotros, los miembros de la Liga los so- protesta dirigida a la oficina de la Liga, firmada Bauman, Halpe-
cialdemócrata en el extranjero fuimos convocados en Ginebra. rin y otros, motivada por el hecho de que con intención los par-
Halperin, yo y me parece que Vétcheslov nos fuimos. En el ex- tidarios de la mayoría no habían sido convocados por la Liga,
tranjero existían grupos de apoyo de la Iskra (anteriormente se mientras que los elementos conocidos como partidarios de la mi-
llamaban Comités de apoyo del Grupo de la emancipación del noría habían sido llamados hasta de Inglaterra (este motivo que
Trabajo), de donde formaban parte los emigrados –miembros había dado lugar a la protesta se me quedó grabado en la memo-
del partido y la juventud universitaria– estudiantes y estudiantas. ria). Esta protesta exigía que todos los miembros de la Liga fue-
La Liga de los socialdemócratas en el extranjero estaba formada sen convocados. Yo también firmé. Después de todo ¿por qué no
con antiguos miembros del partido (emigrados o de paso en el la había de firmar? No era necesario ser bolchevique para poner
extranjero), miembros de los Comités de apoyo del Grupo de la su firma, puesto que las dos partes estaban interesadas en cono-
emancipación del Trabajo. En cuanto los iskristas que habían to- cer la opinión de los miembros de la Liga sobre las resoluciones
mado parte en la evasión de Kiev llegaron al extranjero, se con- del Congreso del partido. Por otra parte había razón para consti-
virtieron automáticamente en miembros de la Liga (cuando lle- tuirse por sí mismo en mayoría. Fue lo que yo pensé al firmar la
gué a Berlín me enteré de que la Liga ya me había admitido). La protesta; pero Blumenfeld. Dan y Martov tenían otra opinión.
Liga no se manifestó en manera alguna antes del segundo Con- Dan vino hacia mí y me preguntó en tono de reproche a qué era
greso del partido, por más que toda la redacción de la Iskra se debido que yo me hubiese vuelto tan rápidamente en favor de la
adhiriese. El Comité de redacción de la Iskra era el único que de- mayoría. Le respondí que los métodos de organización de la ma-
terminaba, lo mismo en Rusia que en el extranjero, la política y yoría del Congreso eran más justos que los de la minoría, y que
la línea de organización del partido. Si no me engaño, la Liga pu- yo todavía no me había adherido a ninguna tendencia. A este
blicó algunos folletos. A esto se limitaba su actividad. propósito, le pregunté por qué me reprochaba una gran precipi-
Cuando Martov, Zassolitch, Potressov y Axelrod quedaron en tación de decisión, por lo que respecta a mi adhesión a una de las
minoría en el segundo Congreso del partido, decididos a no re- dos partes antagónicas, cuando él, que había llegado a Rusia des-
signarse, tuvieron la idea de convocar un Congreso la Liga, que pués del Congreso del partido, se había ya pronunciado. (Dan
querían, con toda evidencia, oponer al Congreso del Partido. A Llegó a Berlín poco tiempo antes del Congreso de la Liga. Allí
este Congreso también fuimos convocados. He dicho ya que yo tuve largas conversaciones con él y fui yo quien le dio las prime-
ras informaciones sobre el Congreso y las divergencias que se mi participación en el Congreso de la Liga, me dijo que tal acti-
habían manifestado). Su respuesta fue que habiendo aplicado un tud por mi parte era un crimen, y me invitaba a ir algunos años
plan determinado de organización del partido en Rusia, le era su- a América, esperando que yo pudiese orientarme en los desa-
ficiente saber quién, si Martov o Lenin, había defendido este cuerdos en cuestión. Rechacé su oferta, y aquí terminó nuestra
plan en el segundo Congreso del partido. Siendo Martov quien conversación.
lo hahía defendido, él se pasaba a la minoría. Blumenfeld llegó El Congreso se abrió. En un lado se sentaban los menchevi-
a asegurarme que no había entendido o comprendido lo que ha- ques; en el otro, los bolcheviques. Yo me preguntaba dónde de-
bía firmado, que me habían engañado, y él exigía de mí –ni más bía sentarme. Era el único que todavía no se había afiliado de
ni menos– que retirase mi firma, Excuso decir que me negué. una manera neta a una de las dos fracciones. Por último, tome
Por más que muchos miembros de la Liga se dirigiesen a Gi- asiento entre los bolcheviques y voté por ellos. Pléjanov los di-
nebra, la fecha de apertura del Congreso era constantemente rigía. El mismo día, creo los bolcheviques, con Plékjanov, salie-
aplazada. Yo ignoraba la causa. He aquí cómo la supe: una tar- ron del Congreso. En cuanto a mí, yo me quedé en el Congreso.
de, Blumenfeld me invitó a dar un paseo. Esa tarde y ese paseo Estaba claro que la salida de los bolcheviques –que eran la ma-
me han quedado grabado en la memoria. Íbamos por la orilla del yoría– de la Iskra y del Consejo del partido obligaría a la mino-
lago de Ginebra. El atardecer era magnífico; pero alguna cosa ría a someterse a las resoluciones del segundo Congreso o a pro-
me oprimía el corazón. Mi viejo camarada Blumenfeld, el que ducir la escisión. ¿Qué iba a hacer yo? Tanto de un lado como
me había ayudado a ser marxista, quería aquella tarde romper to- del otro había leaders del partido, y ellos sabían lo hacían.
dos nuestros lazos. Lo que pasaba era que en el Congreso de la Cuando los bolcheviques salieron del Congreso, decidí po-
Liga aparecieron tantos partidarios de la mayoría como de la mi- nerme resueltamente a su lado, y a mi vez dejé la sala. Sabiendo
noría. Por lo tanto, yo podía inclinar la balanza en favor de unos que los bolcheviques debían reunirse, me dirigí inmediatamente
o de otros (en el momento del Congreso llegó de Londres un al restaurante o al café Landot. En efecto, allí había reunión de
menchevique, si no me engaño, con su mujer, ella también, los que habían abandonado el Congreso. En el momento en que
miembro de la Liga y los mencheviques eran la mayoría). Blu- yo entré, Plékjanov exponía el plan de guerra a muerte que era
menfeld exigía que en caso en que yo no quisiese apoyarlos, que necesario emprender contra los mencheviques. Pero, algunos
no asistiese al Congreso. Fundaba su exigencia pretendiendo que días después me enteré que Plékjanov se había pasado a los men-
yo no comprendía lo que pasaba en mi alrededor; en opinión su- cheviques, y poco tiempo después elegía a los antiguos redacto-
ya, la mayoría por su táctica, llevaría al partido a la ruina; desde res de la Iskra.
entonces era necesario permitir a la minoría tener su Prensa, que El 7 de noviembre de 1909, Pléjanov publicó el número de la
prevendría al partido de las peligrosas desviaciones de la mayo- Iskra conteniendo su artículo “Lo que no se debe hacer”, en el
ría. Si –añadía– en el Congreso de la Liga los bolcheviques tie- cual trataba a los bolcheviques de escisionistas, etc. Yo me pre-
nen mayoría, los miembros de la redacción de la Iskra (Martov, guntaba cómo el fundador de la socialdemocracia rusa había po-
Petressov, Zassoulitch y Axerold) no podían publicar nada, y eso dido arrastrar a la mayoría del Congreso tras un plan terminado
sería para ellos la muerte política (me acuerdo con gran preci- de organización de un partido, dirigir en el Congreso de la Liga
sión de las reflexiones de Blumenfeld). Viendo que sus argu- la acción de los bolcheviques, presentar resoluciones, etc., con-
mentos no me convencían y que yo no me decidía a renunciar a tra los mencheviques, y enseguida hacer causa común con éstos.
Los actos de Pléjanov, Kostrov, Btumenfeld y otros me eran En resumen, el centro de expedición continuaba funcionando co-
inconcebibles. Reflexioné mucho sobre su actitud en la mala ha- mo en el pasado. Solamente la Iskra que yo debía mandar a Ru-
bitación que ocupaba en Ginebra, antes de regresar a Berlín don- sia no era por su contenido la de antes del Congreso, sino una Is-
de tuve que trabajar por dos: Halperin había salido para Rusia, kra de nueva clase. Ya no era la temible campana que tocando a
designado por el Comité Central. Al mismo tiempo, yo debía tra- rebato unía todos los elementos revolucionarios bajo la bandera
bajar enérgicamente en el grupo de apoyo berlinés, puesto que del partido obrero socialdemócrata de Rusia, sino un periódico
muchos de sus miembros se habían pasado a los mencheviques corriente que no se diferenciaba gran cosa por su contenido de
y formaban un grupo de apoyo de éstos. los órganos ilegales que existían antes y durante la aparición de
La situación (por la proporción de las fuerzas) en los organis- la Iskra en su primera fase.
mos centrales y locales del partido era, después del Congreso de Poco a poco, la posición del Comité Central ruso fue clara.
la Liga (comienzo de 1914), la siguiente: el Comité Central en Después de las detenciones ejecutadas entre los miembros del
Rusia (Noscov, Kurtz (Lengnik) y Kler (Krjijanovski), elegidos Comité Central y la designación por los que quedaban en liber-
por el segundo Congreso del partido al Comité central, y los tad, de nuevos camaradas al Comité central (los camaradas desig-
otros camaradas que éstos habían designado como miembros del nados fueron: Krassin (Nikítich), Lioubimov (Marc), Zemliatch-
Comité central) debía aplicar la línea política del Congreso, que ka, Rossemberg (Zvier), Koniagin (Haiperin), Karpov, etcétera;
fue lo que se hizo al principio. La redacción del órgano central este último adoptó una posición conciliadora respecto a los men-
del partido –a causa del paso de Plékjanov a los mencheviquess, cheviques y hostil a los bolcheviques (es decir, a las organizacio-
y después de la designación de los antiguos redactores de la Is- nes que en Rusia y en el extranjero se pronunciaron en favor de
kra, no elegidos por el Congreso, y la salida de Lenin de la re- las resoluciones del segundo Congreso). Tal es la suerte fatal de
dacción– cayó en manos de los mencheviques. En cuanto al todos los conciliadores que quieren a la vez complacer a unos y
Consejo del partido, que se componía de dos miembros de la re- a otros. El Comité Central en Rusia quería reconciliar los bolche-
dacción de la Iskra y un quinto, Plékjanov, elegido por el Con- viques y los mencheviques, pero en la práctica tomó partido por
greso, resultó igualmente menchevique. éstos. Sin embargo, debo decir que ciertos miembros del Comité
Después del segundo Congreso, todos los Comités y grupos central (Zemliatchka y todavía otro) presentaron su dimisión, no
socialdemócratas se fusionaron en una sola organización en las pudiendo aprobar la posición de éste. Para presentarlo en el ex-
ciudades de la Rusia central. Todas las organizaciones adoptaron tranjero, el Comité Central designó a Surtuk (Kropp). Los dos
por unanimidad las resoluciones votadas por el Congreso. En quisieron hacerse los censores de los artículos y de los folletos de
Rusia Central casi todas las organizaciones pasaron a los bolche- los partidarios de la mayoría. Noscov me impuso un adjunto pa-
viques; en el Sur y en el Caucaso, las organizaciones aprobaron ra trabajar conmigo en el centro de expedición, con idea de que
la posición de la minoría del Congreso. pudiese reemplazar al bolchevique “duro”10, que era yo, pero no
El centro berlinés de expedición de literatura revolucionaria tuvo resultado: el “adjunto” no tardó en convencerse de que no
del partido quedó, después del Congreso, en lo que era antes, con conseguiría poner mano sobre el aparato de enlace del centro de
la diferencia que ya no estaban subordinados a la redacción de la
10 En el momento del segundo Congreso de Londres, la redacción de la Is-
Iskra, sino al Comité Central de Rusia. A la cabeza del centro
berlinés (se puede decir alemán), en la práctica, estaba yo solo. kra se dividía en “duros” y “blandos”. Lenin estaba a la cabeza de los “du-
ros”, Martov a la cabeza de los “blandos”.
expedición alemán, y se fue. afiliasen al grupo. De esta manera, ya éramos cuatro, pero en el
El conciliacionismo del Comité central, que no encontró sim- trabajo ellos no podían secundarme. En otoño volvieron los es-
patía en Rusia, obtuvo en el extranjero el completo apoyo de los tudiantes y estudiantas que antes de su marcha habían formado
grupos estudiantiles del partido. Antes que el Comité Central hu- parte de nuestro grupo o que simpatizaban con él. El grupo fue
biese pasado prácticamente a la minoría, había en el extranjero, fuerte y enérgico. Hizo mucho por los bolcheviques después del
por así decirlo, en cada ciudad, comprendido Berlín, grupos de 9 de enero de 1905. El provocador Jitomilski también era miem-
apoyo en la corriente mayoritaria y minoritaria. El grupo de apo- bro del grupo de apoyo berlinés de la mayoría del partido, antes
yo berlinés de la mayoría del partido se entendía, en julio-agosto de la unificación de los grupos. A su regreso a Berlín, después de
de 1904, con el grupo de mencheviques para unificar los dos gru- las vacaciones, tardó bastante el decidirse por uno de los grupos.
pos. Esto ocurría en el momento en que los estudiantes –miem- Aparentemente esperaba las instrucciones de la Okhrana.
bros del grupo– se iban de vacaciones. En la asamblea que se de- Por último, se afilió a nuestro grupo. Desde aquella época la
cidió esta unificación, el camarada Gorin –enfermo– y yo (que Qkhrana comprendió que los bolcheviques eran y serían en el
estaba ese día muy ocupado) estábamos ausentes. Cuando cono- porvenir más peligrosos para el absolutismo que los menchevi-
cimos la decisión de unificarse con los mencheviques, Gorin y yo ques. De ahí que ella enviase estos soplones a los bolcheviques.
exigimos que el grupo fuese convocado de nuevo para revisar es- Cuando nuestro grupo tuvo fuerza, nos enteramos que el grupo
ta decisión. En lugar de esto, fuimos invitados a asistir a una reu- unificado hacía imprimir una proclama dirigida a los estudiantes
nión común de los dos grupos. Habiendo asistido, exigimos que y los centros políticos rusos de Berlín respecto al gran aconteci-
los mencheviques presentes se retirasen, cosa que se hizo. Pero miento: la unificación de los dos grupos de Berlín. El mismo día
fue inútil querer demostrar a la mayoría del grupo que los Comi- imprimimos una respuesta en la cual desmentíamos esta unifica-
tés del Partido eran en su mayor parte opuestos a la redacción de ción, al mismo tiempo que explicábamos a los estudiantes, en to-
la Iskra y al Comité Central conciliador; por tres votos contra dos do lo posible, lo que pasaba en el partido. Esta proclama fue re-
fue adoptada la decisión de unirse con el grupo menchevique. dactada o quizá simplemente revisada por el camarada Goussiev,
Nosotros nos retiramos. Por el momento no conseguimos organi- que en aquella época pasó algunos días en Berlín antes de regre-
zar un grupo de apoyo de la mayoría, porque prácticamente esta- sar a Rusia. Distribuíamos esta proclama el mismo día que el
ba yo solo, Gorin padecía una enfermedad nerviosa. grupo unificado distribuía la suya, en la misma reunión de la co-
Para que pudiésemos conservar la sucesión del grupo de la lonia rusa. Causó furor y aumentó nuestro prestigio en los sin
mayoría, que se unió con los mencheviques, hubiera sido nece- partido de la colonia rusa. En general, la lucha entre los grupos
sario que fuésemos tres lo menos, y no éramos más que dos. Por de apoyo berlinés de las dos fracciones del partido obrero social-
último, me enteré que dos camaradas mencheviques seguían sus demócrata de Rusia fue muy violenta. Pero nuestro grupo, más
estudios en Berlín: el búlgaro Abramov, que pertenecía a los “es- organizado y más enérgico, salió vencedor en esta lucha.
trechos”11, y el camarada Srhaumian. Los busque y habiéndolos Después del paso de una parte de sus miembros a los menche-
encontrado, conseguí con gran dificultad convencerlos de que se viques, durante el periodo conciliador de 1904, el grupo de apo-
yo bolchevique comprendía a los camaradas Gorin, Schaumian,
11 Fracción de izquierda del partido socialdemócrata búlgaro. Esta fracción
Adramov, Liadova, Liadova, Pozner, Anna, Niejentsova, Kviat-
aprobaba el punto de vista de los bolcheviques rusos, en tanto que los “lar-
gos” apoyaban a los mencheviques. kovski, Jiromilski, Tarassov, Lévinson, Galnna, Lemberzk y yo.
Además fue constituido, próximo al grupo un subgrupo, com- ra fue rápidamente liquidada, y por esta vez no volvió a depen-
puesto sobre todo de estudiantes y estudiantas, en que formaban der nuestra organización de la buena disposición de los dirigen-
parte los camaradas S. Itin, Nikolski, Kataourov, Anna Milman, tes del Vorwaerts.
Lydi, Feidberg, Marchak, Britchkina, Nieousykhin y otros, que En otoño fui llamado a Ginebra por Nadetja Kroupskaia. Los
estaban en relación, con los centros rusos de Berlín. centros que estaban dentro del terreno de las resoluciones de la
A mediados de verano de 1904 hubo una pequeña detención mayoría del Segundo Congreso preveían la necesidad de tener
en la expedición de literatura revolucionaria. Desde Berlín en- un órgano propio, ya que desde ese momento era evidente que el
viábamos los paquetes de literatura en cajones dirigidos a Mar- Comité Central no aplicaba las resoluciones del Congreso, que
tens, zapatero de Tilsen, como artículos de zapatería. Un día la no se apoyaba en la mayoría del Comité del partido, y el perió-
Policía prusiana abrió una de las cajas y en lugar de las mercan- dico (la Iskra de nuevo cuño) se separaba de los bolcheviques no
cías mencionadas en las facturas encontró nuestra literatura. Se solamente en la cuestión de organización, sino en las cuestiones
registró la casa de Martens, por lo que lo inculparon con algunos de táctica. Por todo eso, era claro que en estas condiciones no se
más. Los diarios burgueses empezaron a atacar a los rusos; el podía dejar a la Iskra ejercer una influencia exclusiva sobre los
Vorwaerts y los socialdemócratas alemanes acusaban a éstos de Comités locales.
sostener a los anarquistas rusos. Un buen día la administración Algunos días después de mi llegada a Ginebra se convocó a
Vorwaerts me invitó a marcharme con mi depósito de literatura una asamblea de bolcheviques. Lenin hizo una exposición de la
que, como ya he dicho, se encontraba en un sótano. Cuando pre- situación en el partido y en el país, y dedujo la necesidad de ha-
gunté: “¿Dónde meter esa literatura?”, se me respondió que eso cer salir un diario bolchevique. El estado de espíritu de los pre-
era de mi incumbencia, pero que la administración no podía sentes, aunque afectados por la perspectiva de una escisión, no
prestarme el más pequeño socorro por temor a un registro. Pedí era menos resuelto o decidido. Cada uno se daba cuenta que la
ayuda al finado Singer; pero también él me respondió que en tan- publicación de un periódico de infracción podía arrastrar a la es-
to no se supiese cómo procedería la justicia en este asunto, no se cisión de un partido, pero no había otra salida. No hubo grandes
me podía ayudar. Viendo esto, me dirigí a Carlos Liebknecht, debates ni grandes objeciones. El camarada Rogan, llegado de
quien me dio una carta dirigida a un socialdemócrata, dueño de Rusia, fue el único en proponerla. Así, la proposición de publi-
una casa. Allí alquilé un pequeño piso e instalé mi depósito. car un periódico fue adoptada, y poco después aparecía nuestro
Conseguí procurarme direcciones en donde yo pudiese reci- órgano bolchevique. Vpériod (¡Adelante!), que vio la luz el día
bir la literatura que se me enviaba de Ginebra. Después salía pa- anterior al tercer Congreso del Partido.
ra Tilsit. Con el concurso de Martens. Allí encontré rápidamente Me dediqué enérgicamente a expedir el nuevo órgano a Ru-
un jefe de servicio en una gran imprenta, a quien pudimos desde sia. Y como los camaradas que se ocupaban de este trabajo en
entonces expedir la literatura abiertamente. Tengo que decir que Rusia eran partidarios de los bolcheviques, el periódico tuvo una
Martens fue perseguido y tuvo, comparado con la administración difusión completa en todo el país. Ya antes de la aparición del ór-
del Vorwaerts, una actitud digna de elogio. Y aún después que gano de la mayoría, Vpériod (el primer número apareció el 22 de
fue condenado de tres a seis meses de prisión, no dejó de cola- diciembre [tipo antiguo] de 1904), los bolcheviques habían pu-
borar con nosotros. blicado varios periódicos sobre las divergencias de los menche-
De este modo, la interrupción en la expedición de la literatu- viques: Un paso hacia adelante, dos pasos hacia atrás, N. Le-
nin; La lucha por el Congreso, de Zhakhov (Malilin); El Conse- pronto recibíamos un nuevo número de Vpériod, lo expedíamos
jo contra el partido, de Orlovski (Vorovski); Abajo el Bonapar- a todos los rincones de Rusia por correo, bajo sobre (cortábamos
tismo, de Galerka (Olminski), y otros. Expedí todas estas publi- los márgenes del periódico para que pesase menos, se metía en
caciones a Rusia al misino tiempo que la Iskra, folletos tratando la prensa para que fuese más duro y menos holgado, se imprimía
del programa, de la táctica del movimiento obrero internacional, en un papel muy fino), lo intercalábamos en los cuadros, en la
las obras de Marx, de Engels, de Kausky, traducidas al ruso, y encuadernación de los libros que revestíamos a los camaradas
folletos sobre el movimiento obrero ruso. que se dirigían a Rusia y, en fin, lo hacíamos pasar a través de la
Después de la aparición de nuestro órgano Vpériod y la ofici- frontera en grandes cantidades.
na de los Comités mayoritarios para la convocatoria del Tercer La literatura revolucionaria llegaba a los Comités del partido,
Congreso, cesé de expedir a Rusia la nueva Iskra. En aquel mo- y por ellos a los obreros de las fábricas. Así continuó el trabajo
mento me habían llegado noticias del Comité Central de Rusia hasta el 9–22 de enero de 1905.
de que la mayor parte de los Comités del partido estaban contra Temprano, en la mañana del 23 de enero (nuevo régimen), en
el Comité Central, la Iskra y el Consejo del Partido, y por la con- el tranvía, leí en los periódicos alemanes la noticia anunciando
vocatoria del Tercer Congreso. (Yo había recibido, para desci- el asesinato de los obreros de Petersburgo. Un gran sentimiento
frarla, una carta, dirigida a B. Blebouv–Noskov, que contenía es- de odio y repugnancia contra el régimen zarista me sublevó el
tas noticias. Envié el duplicado de la carta a Noscov y el origi- corazón. Casi todos los rusos que habitaban en Berlín fueron
nal a Lenin. Esta carta fue insertada en la publicación Declara- presa de una agitación y de una emoción indescriptible.
ción y documentos sobre la ruptura de los organismos centrales Los estudiantes y estudiantas de las escuelas de Berlín orga-
con el partido, publicada por Lenin el 23 de diciembre de 1904. nizaron inmediatamente un mitin. Se llevó a la picota, a los ver-
Como la organización del transporte de la literatura estaba en dugos zaristas, se acordó la resolución por la cual los oyentes se
Rusia en manos de los partidarios de la mayoría (en la región de comprometían a dirigirse a Rusia para luchar contra el absolutis-
Riga este trabajo estaba controlado por el camarada “Papacha”: mo.
Litvinov), mientras que el centro de expedición alemán, no vivía El mismo día (10–23 enero) se reunió nuestro grupo bolche-
en aquella época sino gracias a los subsidios que procuraba el vique. Importaba saber cómo el grupo debía obtener en vista de
grupo de apoyo berlinés, la suspensión de la expedición de la los acontecimientos del 9 de enero. Se decidió publicar una pro-
nueva Iskra estaba perfectamente legitimada desde el punto de clama, dirigida a los rusos que habitaban en Berlín, para expli-
vista de un partido; es más, el movimiento revolucionario no su- carles la significación de los fusilamientos de enero, y de reunir
fría perjuicio. fondos para la revolución rusa, pasando por los cafés que fre-
El trabajo se hacía con más energía y rapidez que anterior- cuentaban los rusos y organizando mítines de pago.
mente: en el presente expedíamos a Rusia nuestro órgano, que Cosa asombrosa: al contrario de lo que sucediera al día si-
daba respuestas claras y netas a todas las cuestiones que surgían guiente del pogrom de Kichinev, ni un ruso estaba abatido mo-
en la vida. Y la vida estaba en plena acción. Estábamos entonces
en el período de huelgas que precedió al 9–22 de enero12. Tan burgo, dirigidos por el cura Gapon, se dirigieron hacia el Palacio de Invier-
no para entregar una petición al zar. Las tropas situados delante del Palacio
hicieron fuego sobre la muchedumbre. Esta carnicería de los manifestantes
12 Del domingo 9 al 22 de enero de 1905, los trabajadores de San Peters- pacíficos y sin defensa provocó en toda Rusia una explosión de horror.
ralmente. Por el contrario, la moral de los rusos, aún la de aque- de sus conflictos a una Comisión arbitral. Por los términos de su
llos políticos indiferentes, era buena y elevada. Todo el mundo proposición, el tercer árbitro debía ser designado por el Comité
se dio cuenta de que el 9 de enero sería la señal de la lucha vic- central alemán, (este último había designado a Augusto Bebel,
toriosa. Nuestros mítines, a los cuales asistieron muchos alema- entonces presidente del partido socialdemócrata alemán).
nes, fueron muy animados. Kautsky se quejaba de que Lenin hubiese renunciado al arbitra-
En pocos días nuestro grupo recaudó importantes sumas. El je, por más que las tentativas de rehacer una unión actualmente
dinero llegaba de todos lados, aun de los mismos centros alema- tan necesaria eran desmedidas y sin resultado. Katusky echaba
nes. Los camaradas que andaban por los cafés me contaban que fuego contra Lenin a causa de su negativa a comparecer con los
no solamente los rusos, sino los alemanes, los ingleses, los es- mencheviques ante una Comisión arbitral. Le dije a Kautsky que
candinavos, los americanos daban su óbolo de todo corazón. Los esta cuestión no era sólo de la competencia de Lenin, sino de to-
fondos recaudados llegaron al punto designado. De Ginebra y de do el partido, y que si Lenin hubiese aceptado presentarse ante
otros sitios afluyeron rusos; los emigrados voluntariamente re- una Comisión de arbitraje, se hubiera quedado solo; la inmensa
gresaban a Rusia. A cada uno el centro bolchevique asignaba su mayoría de las organizaciones locales del partido en Rusia, esta-
tarea. En el espacio de un mes, de sesenta a setenta camaradas ban en contra de los mencheviques, contra la Iskra, contra el
pasaron por mis manos. Fue necesario darles a cada uno subsi- Consejo del partido y, por lo tanto, contra el Comité Central con-
dios para el camino, vestirlos más o menos correctamente y po- ciliador. Le indiqué que existía hacía tiempo un profundo desa-
nerlos en contacto con las organizaciones rusas. cuerdo, no solamente sobre las cuestiones de organización, sino
Excuso decir que cada camarada que salía para Rusia llevaba también sobre las de táctica, y que la mayor parte de los Comi-
consigo en las “corazas”, hoy maletas de doble fondo, literatura tés rusos eran partidarios de la convocatoria del Tercer Congre-
revolucionaria. so del Partido, quien sólo podía resolver la cuestión de los dos
Las organizaciones del partido se reanudaron. Reclamaron acuerdos que dividían nuestro partido.
con más frecuencia, con mucha mas insistencia, literatura. Aun- Kautsky terminó diciendo que al rehusar aceptar la mediación
que el trabajo aumentó considerablemente, todo iba sobre rue- del Comité Central alemán, los bolcheviques habíamos perdido
das. mucho, y todo por culpa de Lenin, ya que, si no fuese por su obs-
Durante estas semanas agitadas de enero, Carlos Kautsky tinación, el partido socialdemócrata ruso hubiera recuperado su
convocó en su casa a los representantes de los grupos socialde- unidad. A mediados de verano, cuando ya había tenido lugar el
mócratas de Berlín. Fueron convocados los bolcheviques, los Tercer Congreso de nuestro partido, me encontré en Koenigs-
mencheviques, el Bund, los socialdemócratas polacos y lituanos berg, en casa de un militante del partido socialdemócrata ale-
y los letones. Nuestro grupo me designó para representarlo; los mán, el abogado Hase (que fue, después de la muerte de Bebel,
mencheviques delegaron a Malvina, y me parece que a Surtouk uno de los dos presidentes del Comité central de este partido).
(Kopp). No me acuerdo quiénes representaban los otros grupos. Me contó que el Comité central al proponer la mediación, había
Antes de empezar la reunión, Carlos Kautsky me llamó a su dado por directriz a Bebel la de sostener el punto de vista de los
despacho y me dijo que el Comité Central del partido social–de- bolcheviques, basándose simplemente en el hecho de que los
mócrata alemán se había dirigido a los bolcheviques y menche- bolcheviques habían tenido la mayoría en el Segundo Congreso
viques proponiéndoles confiar el arreglo de sus divergencias y del Partido. Después de las confidencias de Hase fue cuando yo
comprendí la ultima frase de Kautsky, a saber: que los bolchevi- tranjero la organización del Tercer Congreso del partido. Hacia
ques habíamos perdido mucho rehusando el arbitraje. tiempo que yo había tomado las disposiciones necesarias para
Terminada nuestra entrevista, Kautsky abrió la sesión. Anun- asegurar el paso por la frontera de los delegados. El Comité de
ció que se habían hecho tentativas para restablecer la unidad de organización también tenía las direcciones para enviar las cartas
los socialdemócratas rusos, pero que desgraciadamente habían y el dinero a Berlín. No quedaba más que encontrar un escondri-
fracasado. Ante este resultado, proponía formar la unidad de to- jo para los delegados que iban a llegar y designar el país y la ciu-
dos los grupos socialdemócratas rusos de Berlín. Pero ni uno so- dad donde se celebraría el Congreso.
lo de los cinco grupos aceptó esta proposición. Por mi parte, de- Cuando los delegados del Tercer Congreso empezaron a lle-
claré que nos negábamos a formar esta unidad en tanto que el or- gar, se redobló la vigilancia que se ejercía en los alrededores de
ganismo central competente del partido hubiera tomado una de- la casa en que yo vivía. Sólo había unos camaradas que conocie-
cisión respecto a este punto. En cuanto a aceptar una acción co- sen mi dirección. Lo que me obligaba a que cada mañana, antes
mún permanente en todos los grupos de la colonia rusa, no po- de dirigirme al sitio secreto donde se debían presentar los dele-
díamos, a causa de las profundas divergencias que teníamos con gados del Congreso, yo tuviese que hacer toda clase de escamo-
los mencheviques y los partidarios del Bund. Sin embargo, aña- teos para desembarazarme de los espías. Lo conseguía fácilmen-
dí, yo no puedo oponerme a que los grupos examinen conjunta- te, ya que yo conocía bien Berlín. Por otra parte, eran verdade-
mente la posibilidad de una acción común de todos los grupos ros zopencos fáciles de reconocer por su manera de andar torpe
socialdemócratas de Berlín antes de toda manifestación. Bien y sus ojos inquietos. Algunos días después, ciertos individuos se
entendido, la reunión se terminó sin resultado. Antes de levantar presentaron en casa de la dueña del piso donde yo tenía mi habi-
la sesión, Kautsky nos informó que el Comité central había re- tación, y le pidieron informes sobre mí. La Policía prusiana tam-
suelto repartir y remitirnos, como delegados de nuestras organi- bién entró en la partida y fui constantemente llamado a la comi-
zaciones centrales, las cantidades que la Prensa. socialdemócra- saría. Se me preguntó cuales eran mis ocupaciones y mis medios
ta había recaudado para la revolución rusa y los fondos que el de vida. Para desembarazarme de la Policía tuve que hacer un
partido socialdemócrata había decidido adjudicarnos para este certificado acreditativo de trabajar en casa de un dentista social-
fin. No me acuerdo del alcance de la suma ni de la manera co- demócrata mediante pago.
mo fue repartida entre las cinco fracciones del movimiento so- Una mañana recibí de un miembro del Comité de organiza-
cialdemócrata ruso (el Bund, los socialdemócratas polacos y li- ción “Papacha” (Litvinof), un neumático, en el cual me daba una
tuanos, los letones, los mencheviques y los bolcheviques), pero cita para el mismo día, a las dos de la tarde, en un restaurante.
sí me acuerdo muy bien que nosotros recibimos una parte de es- Con el fin de desembarazarme más rápida y seguramente de
tos fondos. los detectives, fui a recoger un camarada y juntos nos dirigimos
En marzo o abril de 1905 llegaron a Berlín los camaradas a la Galería Nacional de pintura. Cuando salimos me fijé en un
Bourd (A. Essen) e Insarova: “Miss” (Proskvia Lalaiants), dele- individuo alto que se ocultaba detrás de un árbol y que nos es-
gados del Comité de organización para la convocatoria del Ter- piaba atentamente. Mi camarada y yo tomamos la avenida de los
cer Congreso del Partido (este Comité se componía de delegados Tilos; pero el tipo venía ya en nuestra persecución. En cuanto
de la Oficina de los Comités mayoritarios y de delegados del Co- llegamos al Jardín Zoológico, subimos en el primer tranvía que
mité central del partido). Tenían el encargo de preparar en el ex- llegó; pero el tipo subió en marcha sobre la plataforma delante-
ra. Aproveché la ocasión en que pagaba su billete para saltar del Congreso se reunieron separadamente y legalizaron así la esci-
tranvía a toda velocidad, y eché a correr todo lo que permitían sión del partido obrero socialdemócrata de Rusia.
mis piernas recorriendo las calles menos frecuentadas. Estaba Basta echar una ojeada sobre las resoluciones del Tercer Con-
convencido de haberme desembarazado de mi hombre, pero me greso del Partido y las resoluciones de las Conferencias menche-
engañaba; viéndome saltar del tranvía, me había seguido y sus viques, que fueron tomadas al mismo tiempo sobre las mismas
piernas habían resultado tan ágiles como las mías, y no tardó en cuestiones, para ver que entre los bolcheviques, es decir, la
alcanzarme e ir a mi lado. El agente era mucho más alto que yo aplastante mayoría del partido, y los mencheviques, que ya en
e iba a mi lado como si fuese mi mejor amigo, y no cesaba de aquella época eran una ínfima minoría, había grandes desacuer-
mirarme atentamente y de burlarse...; continué marchando apri- dos de principio sobre cuestiones como el papel del proletariado,
sa, pero él no me dejaba ni un segundo. Al ver esto resolví entrar de la burguesía liberal y de los campesinos en la revolución de-
en el restaurante. Pero él me siguió. Por último decidí, aunque mocrática, el Gobierno provisional revolucionario, la insurrec-
estuviese muy lejos, ir a casa de mi dentista. Todo el largo del ción armada, etcétera. (Las resoluciones del tercer Congreso y
camino le tuve conmigo. Hube de explotar de rabia. Me acom- de la Conferencia menchevique de 1905 son analizadas por Le-
pañó hasta la misma casa del dentista; al llegar conté a éste la as- nin en el folleto Dos tácticas socialdemócratas en la revolución
tucia del agente y le pedí que me ayudase a salir del apuro, pues- democrática.
to que ese día tenía muchas cosas que hacer. Del patio vecino Antes de terminar el Tercer Congreso me dirigí de Ginebra a
una puerta de escape, por donde pude salir y dirigirme libremen- Leipzig, desde donde pasé los delegados del Congreso a Rusia.
te adonde yo debía ir; pero llegué demasiado tarde a la cita que Después regresé a Berlín.
tenía con “Papacha”. Yo me había paseado con mi agente hasta Después del Congreso, los bolcheviques partidarios de la re-
las cinco de la tarde. conciliación del partido, afiliados a los grupos de apoyo menche-
Avanzada la noche, conseguí dar con “Papacha”. Me enteré viques, se unieron con los bolcheviques. En general, nuestros
que a una de mis direcciones habían enviado de Petersburgo una grupos de apoyo bolchevique del partido que funcionaban en el
gran cantidad de dinero para organizar el Congreso, y sin mí era extranjero, estaban en esta época en plena actividad. Muchos de
imposible recogerla. sus adheridos se dirigieron a Rusia para actuar. Yo también me
Como era del todo necesario preparar el regreso de los dele- dispuse a hacer mis preparativos de regreso.
gados a Rusia, y como en vista de la persecución de que yo era Durante mi estancia en Leipzig, Krassin (Nikititch), que ve-
objeto era imposible proceder sin ser descubierto, se decidió que nían de Berlín, se detuvo. El Comité Central le habían confiado
fuera a Ginebra, y que de allí regresara a Berlín o a otra ciudad la dirección de los asuntos técnicos del partido en Rusia. Varios
alemana. Aun hoy estoy viendo aquel rostro amarillo mirarme y bolcheviques conciliadores, con Surtouk a la cabeza (Kopp), se
burlarse insolentemente... presentaron a él y le propusieron, en calidad de grupo autónomo,
Al Tercer Congreso del Partido, casi todas las organizaciones encargarse de la expedición de nuestra literatura a Rusia median-
locales de Rusia enviaron sus delegados. Varios Comités del par- te ciertas condiciones (antes del Congreso, Krassin formaba par-
tido, principalmente los Comités de las ciudades del Sur y el gru- te del Comité Central conciliador; por eso ignoraba completa-
po menchevique de Moscú, que paralelamente al grupo bolche- mente en qué estado se encontraba nuestra organización técnica
vique, pasaron a la minoría del segundo Congreso. En el tercer en el extranjero), estipulando principalmente que nosotros de-
con la organización de estudiantes bolcheviques y la Sección sección. En fin, los Comités de ciudad estaban constituidos por
técnica de la Comisión de la organización); Kirill, organizador los grupos y células de una ciudad determinada, y debían estar
del sector del Péréssip; Daniel, organizador del sector de Dal- admitidos por el Comité central; por lo demás, los Comités de
nitski, y yo, organizador del sector urbano de Odessa. Así, de la ciudad tenían el derecho de designar nuevos miembros.
este modo, después de las jornadas de octubre de 1905, la orga- Cuando todo un Comité de ciudad era detenido, el Comité cen-
nización bolchevique de Odessa comprendía tres sectores. El tral del partido designaba a cualquiera para el Comité, y él o los
sector de Dalnitski tenia dos secciones; la sección del Fontan y camaradas designados, indicaban los camaradas que reunían las
la sección de la Estación; el organizador de esta última era el ca- cualidades necesarias entre los militantes de los sectores hasta
marada Micha Vokzalny (M. Zemblukhter), miembro del Cole- llegar al numero necesario.
gio de la comisaría del pueblo en los asuntos interiores. Que yo He creído útil detenerme sobre la estructura de nuestras or-
recuerde, los otros dos sectores no tenían organizaciones cons- ganizaciones de entonces, porque un gran número de miembros
tituidas. Algunos días después de mi llegada a Odessa, Anatol de nuestro partido no han tomado parte de estas organizaciones
(Gotlober) fue igualmente asignado al Comité del partido y al y no esta de más que sepan en qué consistían aquéllas.
cual se confió la dirección de la sección de agitación. El Comi- Por otro lado, nuestros partidos hermanos en el extranjero
té quedó tal cual era hasta las jornadas que siguieron al 17 de tienen bastante dificultad de encontrar formas adecuadas para
octubre de 1905. Entré con los camaradas en relación estrecha, edificar sus organizaciones locales en la ilegalidad. Bajo este
con los Comités que en este periodo mencionaré, L. Knipovitzh aspecto, el conocimiento de nuestra antigua organización ilegal
(Diadenka), Natacha (Samoilova, militante activa, muerta re- puede serles de cierta utilidad.
cientemente), A. Samoilov, A. Xelrod (Sacha) y el camarada ¿En qué consistía la organización del Comité de Odessa y en
Víctor (ignoraba su nombre y no lo volví a ver). qué se traducía su actividad antes de las jornadas de octubre de
En aquella época, en Odessa, como en toda Rusia, la organi- 1905? El Comité tenía conductos secretos para comunicar con
zación del partido estaba basada en el principio de la designa- el mundo exterior (con el Comité central y el órgano central del
ción en las fabricas y en los talleres. Los bolcheviques que allí partido, y con los Comités del partido de las ciudades vecinas:
militaban designaban los obreros y obreras que ellos juzgaban Nicolaiev, Kherson, etc.).
dignos, teniendo en cuenta su conciencia y sus afectos a la cau- Los camaradas que llegaban a Odessa se presentaban al se-
sa obrera. Los Comités de sector de las grandes ciudades distri- cretario del comité de Odessa, Goussiev. Este camarada venía
buían entre sus miembros la agrupación por secciones, las célu- todos los días, excepto los en que el Comité se reunía, su per-
las de las diferentes partes del sector, y las organizaban allí don- manencia con nosotros; los miembros del Comité podíamos en-
de no las había. Los organizadores de las secciones llevaban a contrarlo a horas fijas (las reuniones tenían lugar en los cafés,
los mejores elementos de las células a los Comités de las Sec- en los domicilios particulares, etc.). El Comité se reunía fre-
ciones. Cuando la plaza de un miembro del Comité de sección cuentemente: una vez, al menos, por semana. Tenía sus reunio-
vacaba a causa de la detención o de la partida de uno de los nes en casa de particulares, con preferencia en las de los intelec-
miembros del Comité, los restantes designaban otro de acuerdo tuales que simpatizaban con nosotros. En las reuniones del Co-
con el Comité del sector. En cuanto a los Comités de sector, es- mité se examinaban las directrices del Comité central, la situa-
taban formados por los mejores elementos de los Comités de ción política y la manera de llevar tal o cual campaña. Frecuen-
temente se disertaba sobre cuestiones relacionadas con la agita- yos miembros aplicaban las directrices del Comité de Odessa y
ción y con la propaganda, lo mismo que la actitud a adoptar res- del Comité de sector entre los obreros, y, en cambio, ponía al
pecto a los otros partidos que existían en Odessa, y con los cua- corriente al Comité de sector y al Comité de Odessa del estado
les el Comité de ésta estaba obligado a entrar en relaciones. de espíritu en las fábricas. Yo puedo decirlo, ya que no trabajé
Las resoluciones que adoptaba el Comité de Odessa eran lle- con ellos; los otros dos sectores estaban organizados de la mis-
vadas por los organizadores de sector ante el Comité del mismo, ma manera, pero creo que sus formas de organización no dife-
que examinaba esas resoluciones y los medios de ponerlas en rían sensiblemente de las formas de organización del sector ur-
práctica. bano. Éste comprendía, sobre todo, grupos y células de peque-
El Comité publicaba manifiestos cada vez que los aconteci- ñas empresas: talleres de zapatería y confección, imprentas y
mientos políticos lo exigían (había en Odessa una imprenta oficinas de construcción, escritorios y almacenes, algunas ma-
clandestina del Comité central, donde imprimíamos nuestros nufacturas de tabacos (la más importante en la manufactura de
manifiestos), difundía la literatura revolucionaria que se recibía Popov) y el depósito de té de Vyssotski.
del Comité central o del extranjero, enviaba oradores a las reu- El Comité de sector se reunía una vez al menos por semana,
niones organizadas a las salidas de las fábricas o a los mítines, y a veces con más frecuencia. Todas las cuestiones eran objeto
y designaba los dirigentes de los grupos de estudio del sector. de una discusión minuciosa y profunda. Como organizador, de-
No recuerdo las cuestiones que fueron debatidas en la primera bía frecuentar los grupos y las células del sector (como organi-
reunión del Comité, a la cual asistía el día de mi llegada a Odes- zador del sector urbano, tenía un adjunto: S. Britchkina); pero y
sa; sé que después de la reunión me puse en contacto con los ca- consagré la mayor parte de mi atención al trabajo entre los obre-
maradas del sector urbano y comencé la obra. ros y obreras de las manufacturas de tabaco. Frecuentemente or-
El Comité de sector funcionaba cuándo yo llegué. Se compo- ganizábamos reuniones que llegaban a tener de cincuenta a se-
nía de los camaradas Sapojnik (Volodia Movchovitch), hoy senta oyentes, ante los cuales yo tomaba la palabra sobre los te-
miembro de la Comisión de los trusts; Anna (Strijenaia), costu- mas más diversos.
rera; la perdí de vista; el obrero del ramo de edificación Alexan- Así fue y se desenvolvió el trabajo hasta mediados de sep-
dre Katsap (Poliakov), que se averiguó después de la revolución tiembre. Todos los días establecíamos nuevos contactos con las
de 1917 que estaba al servicio de la Okhrana desde 1911; Iakov ramas de industria que no habíamos tocado todavía.
(I. Chtoulbaum); Pedro, un búlgaro cuyo nombre no recuerdo, En Odessa, los liberales se movían: tenían sesiones públicas
empleado en la manufactura de tabacos; Popov, un obrero tipó- en el Consejo municipal, donde pronunciaban ruidosos discur-
grafo, y algunos camaradas más cuyo nombré no recuerdo. Ca- sos de oposición, organizaban banquetes donde se charlaba sin
da miembro del Comité de sector estaba unido con los grupos y fin. Ya se respiraba más libremente. No recuerdo que se hubie-
las células de su profesión, y por los miembros de los grupos y ran realizado detenciones desde mediados de septiembre en
de las células estaba en contacto con las obreras y obreros de las Odessa. En ciertos lugares, los mítines habían comenzado en las
ramas en que él trabajaba. De esta manera, se realizaba la unión escuelas.
del Comité de Odessa con los talleres. El organizador del sector En Odessa, a mediados del verano de 1905, había, además
unía el Comité de Odessa al Comité de sector; los miembros del del Comité bolchevique, los Comités de mencheviques, del
Comité de sector estaban unidos a los grupos y a las células, cu- Bund, de los socialistas revolucionarios y de los dachnaks. Al
final de agosto o principios de septiembre se trató de celebrar ganizados por los estudiantes. Prácticamente, los oradores eran
una conferencia de representantes de los tres Comités: bolche- proporcionados por los partidos revolucionarios y socialistas.
vique, menchevique y bundista. No recuerdo exactamente cuál En estos mítines, además de los representantes de los partidos,
de los tres Comités fue el que propuso la celebración de esta tomaba la palabra quien quería. De ahí que tenía un aspecto bas-
reunión. Supongo que los organizadores no podían ser otros que tante caótico. Me acuerdo de un incidente muy curioso: Los par-
los bundistas, ya que nuestras relaciones con los mencheviques tidarios del Bund exigían que se les dejase tomar la palabra en
estaban un poco enconadas. De tal modo, que ni a ellos ni a no- su idioma, ya que, según ellos, no había en el mitin obreras y
sotros era posible proponer una conferencia en común. La ini- obreros que no comprendiesen el viddisch. El presidente del mi-
ciativa procedía seguramente del Bund, que en la cuestión de tin preguntó al auditorio cuáles eran los que comprendían el ru-
organización estaba muy cerca de los mencheviques, pero que so y si había lugar para hablar en otro idioma. La inmensa ma-
en muchas cuestiones tácticas se solidarizaba con nosotros. yoría del mitin se pronunció por que se hablase en ruso. Los par-
Nuestro Comité, después de haber deliberado, aceptó participar tidarios del Bund se indignaron, so pretexto de que no se les tra-
en esta Conferencia. Goussiev y yo fuimos designados delega- taba lo mismo que a los otros. Ante la insistencia de los repre-
dos. El Comité redactó una serie de cuestiones que debían ser sentantes de los partidos socialistas, presentes en el mitin, el au-
presentadas a la Conferencia (campaña de los zemstvos, elec- ditorio consintió en escuchar a un orador viddisch. Apenas ha-
ciones a la Douma Bouliguin, etc.). Que yo me acuerde, sólo bía comenzado su discurso cuando nos dimos cuenta que más de
hubo una reunión de delegados de los tres Comités, que termi- un 60 por 100 de las palabras que empleaba eran rusas. El audi-
nó sin resultado, habiendo querido los delegados del Bund que torio se moría de risa con la confusión del orador, que tuvo que
los tres Comités se pusieran de acuerdo para emprender prácti- abandonar la tribuna.
camente y en común tal o cual campaña, sobre la cual no hubie- Indico de pasada que los adeptos del Bund constituían sus or-
se divergencias sin proceder a la discusión de cuestiones sobre ganizaciones en Kiev, en Odessa, en Ekaterinoslav y en las otras
las cuales estábamos en desacuerdo. Como en casi todas las ciudades rusas paralelamente a las organizaciones existentes del
cuestiones de táctica estábamos en desacuerdo con los menche- partido obrero socialdemócrata de Rusia, aunque ellos se consi-
viques y nos combatíamos por todos lados, no podíamos acep- deraban como una sección del partido. Uno de los motivos que
tar el entregarnos automáticamente a una acción concertada so- invocaban para justificar su conducta era que en las ciudades ci-
bre una cuestión cualquiera sin indicar las divergencias que nos tadas había obreros obreras que no hablaban en ruso. ¡Singular
separaban en las otras cuestiones. Sin embargo, esta tentativa de motivo! ¿Como si los Comités locales del partido socialdemó-
ponerse de acuerdo no fue letra muerta. Durante la jornada de crata de Rusia no pudieran militar igualmente los yiddisch entre
Octubre, no solamente los socialdemócratas, como se verá más los obreros judíos.
adelante, sino todas las organizaciones revolucionarias obraron La situación en Rusia era de día en día más revolucionaría:
de acuerdo. en Petersburgo y en otras muchas ciudades de Rusia, Odessa
A fines de septiembre y a principios de octubre, los mítines comprendida, estallaron sin cesar huelgas espontáneas pidiendo
empezaron en la Universidad. Organizados primero por los es- reivindicaciones de orden económico y político. Los sectores
tudiantes solos, no tardaron en transformarse poco a poco en hacían llegar al Comité del partido las noticias que indicaban el
mítines públicos cotidianos. En apariencia, los mítines eran or- estado de espíritu resuelto de los obreros. Los mítines de la Uni-
versidad cada vez eran más agitados. Era fácil darse cuenta que nes no hubieran tenido fin tan pronto si los miembros del Comi-
las masas buscaban métodos de lucha más revolucionaria que té de sector no se hubiesen dado cuenta, desde una ventana de
los mítines. la casa donde nos encontrábamos (la ventana daba sobre el pa-
El 12 de octubre, el Comité bolchevique de Odessa examinó tio de la Comisaría de Policía), que los cosacos estaban prepa-
cuáles debían de ser estos métodos más activos de lucha. Por rados para intervenir, lo que indicaba que la calma estaba muy
unanimidad, el Comité decidió llamar al proletariado de Odes- lejos de reinar en la ciudad. Cuando los miembros del Comité
sa a la huelga política bajo la divisa: “¡Abajo el absolutismo! de sector empezaron a transmitir las instrucciones a los grupos
¡Que se convoque la Asamblea constituyente!”, y organizar el y a las células, se enteraron de que en muchas empresas se ha-
primer domingo de huelga una manifestación en la calle. El Co- bía abandonado el trabajo desde que los obreros habían oído de-
mité invitó a todas las organizaciones revolucionarias a lanzar cir que la huelga estaba acordada, sin esperar a que se hubiese
un común llamamiento a la huelga y a la manifestación. Los lanzado el llamamiento. Es lamentable que yo no pueda indicar
bundistas y los mencheviques aceptaron este ofrecimiento, pero en qué condiciones se procedió a la preparación de la huelga de
no fueron de acuerdo sobre la fecha que nosotros queríamos fi- los otros sectores. Solamente que fui muy sorprendido cuando,
jar para declaración de huelga (proponíamos empezar la huelga después de la reunión del Comité de Odessa, corriendo a toda
en viernes), con el pretexto de que los obreros judíos, entre los prisa por todo el sector, encontré a los organizadores de los
cuales ellos militaban, eran pagados ese día, y que por esto ellos otros dos sectores –los camaradas Cirilo y Daniel– y que al pre-
no responderían a nuestro llamamiento. Los mencheviques, que guntarles adonde iban, me respondieron que se dirigían al Con-
aprobaban los argumentos de los bundistas, agregaban a su vez sejo municipal. No creo que en su sector la organización hubie-
que no era posible señalar la huelga para el sábado, día de pago se funcionado tan bien que ella pudiese, en su ausencia, aplicar
para los obreros rusos. No recuerdo si los socialistas revolucio- los órdenes del Comité de Odessa. Aparentemente, en su sector
narios estuvieron de acuerdo en empezar la huelga en sábado, y la unión con las masas era muy débil.
si las organizaciones revolucionarias citadas aprobaron la mani- El Comité de Odessa decidió llamar a la huelga a todas las
festación proyectada. El Comité bolchevique fijó la huelga para ramas de industria, a excepción del servido de agua, panadería
el sábado y la manifestación el domingo. Un manifiesto fue lan- y personal de los hospitales.
zado para anunciar la huelga; en cuanto a la manifestación, los En qué medida las órdenes del Comité fueron cumplidas y
obreros fueron informados en las fábricas, en los talleres y en con qué cohesión fue ejecutada la huelga, es ahora difícil decir-
los mítines. Más adelante hablaremos de la huelga y de la ma- lo; pero es seguro que se hizo sentir sensiblemente, aunque la
nifestación. Por el momento voy a detenerme en la forma como corriente eléctrica no se interrumpiese en ningún momento. En
las organizaciones del partido reaccionaron ante la decisión del muchas fábricas no trabajadas por la propaganda, con las cuales
Comité relativas a la huelga y a la manifestación. el Comité del partido no tenía unión, abandonaron el trabajo sin
Enseguida después de la reunión del Comité, convoqué al necesidad de ser invitados los obreros; los talleres de los ferro-
Comité del sector urbano. Las dos decisiones del Comité de par- carriles de Odessa cesaron en el trabajo, y la circulación de tre-
tido –huelga y manifestación– fueron aprobadas; pero la cues- nes fue interrumpida por orden del Congreso panruso de ferro-
tión de la ejecución dio lugar a interminables discusiones que se viarios que tenía su residencia en Petersburgo.
prolongaron durante seis horas. Es probable que estas discusio- La manifestación, como he dicho, fue fijada para el domingo
(el último domingo que precedió al manifiesto del 17 de octu- nuaba reinando gran animación, y eran las cuatro o las cinco de
bre). La reunión debía verificarse en las esquinas de las calles la tarde y la manifestación se había terminado hacia la una. No
Déribassovski y Préobrajenskia, enfrente de la plaza pública. obstante, esta animación no se veía en las calles, ni Policía ni
Este lugar había sido escogido por el hecho de que el domingo cosacos. En el momento en que yo llegaba a la residencia, un
debían tener lugar mítines en todas las salas de la Universidad, pelotón de policías a caballo desembocó en la calle revólver en
y que desde allí se podría dirigirse directamente al lugar de la mano. De pronto el pelotón hizo alto, y sin motivo ni adverten-
manifestación del Kehrson. cia alguna hizo fuego a quemarropa sobre los grupos de habi-
El Comité del partido me había designado para dirigir la ma- tantes que estaban en los dos lados de la calle, y desapareció en-
nifestación. Había designado igualmente para todos los mítines seguida con la misma rapidez.
camaradas que debían desde la apertura tomar la palabra y pro- Como nos enteramos a la tarde, cuando nos reunimos de nue-
poner al auditorio el unirse a la manifestación. No había sido to- vo en la residencia del partido, de los fusilamientos como el que
do mal organizado, y la manifestación que resultó fue relativa- yo había sido testigo, se habían reproducido en todos los barrios
mente imponente. Los manifestantes, apenas habían comenzado de la ciudad. En la reunión del Comité del partido, que tuvimos
a desfilar, lanzando gritos revolucionarios (no recuerdo si hubo inmediatamente en la residencia, estábamos todos indignados
una bandera roja y cánticos revolucionarios), los cosacos carga- por la agresión de los bandidos de la Policía. Goussiev era el
ron sobre ellos a latigazos. único que no decía palabra, ocupado como estaba en escribir sin
Los manifestantes no estaban armados (en el Comité del par- levantar la cabeza. Cuando todos hubieron terminado de cam-
tido, la cuestión de los armamentos de los obreros ni siquiera se biar sus informaciones, Goussiev nos dio lectura del manifiesto
había tratado). De tal modo, que para escapar de los cosacos, los lacónico que acababa de redactar a propósito de la jornada, ma-
manifestantes tuvieron que volcar los tranvías, arrancar los ado- nifiesto que indicaba la necesidad de seguir la huelga e invitar a
quines y utilizarlos como proyectiles. En ciertos sitios, las ver- los obreros a procurarse armas, cualesquiera que ellas fuesen, ya
jas de las plazas también fueron rotas. que en lo sucesivo la lucha era a mano armada. El manifiesto
Por grupos, los manifestantes se extendieron por todo el cen- fue aprobado por unanimidad. Enseguida se decidió prepararse
tro de la ciudad, invitando a todo el mundo a descender a la ca- para los funerales de las víctimas. Con este objeto, Goussiev y
lle y deteniendo los coches. Esto duró varias horas. Que yo re- yo fuimos encargados de ponemos en relación con todas las or-
cuerde, no hubo disparos durante la manifestación; tampoco hu- ganizaciones revolucionarias de Odessa. Los muertos y los he-
bo manifestantes golpeados seriamente por los látigos de los co- ridos fueron transportados al hospital judío de la Moldabanca. A
sacos. Por tanto, en algunos lugares los manifestantes habían fin de que la Policía no se apoderase de los muertos, un servicio
hecho de los tranvías volcados barricadas que los cosacos tuvie- de guardia fue organizado, con el concurso de los representan-
ron que tomar por asalto. tes de todas las organizaciones revolucionarias. Un Comité de
Todos los organizadores del sector nos dirigimos a la resi- acción, compuesto de estos últimos, dispuso el programa de los
dencia secreta del partido, donde estaba Goussiev, y cada uno funerales. Hasta el 17 de octubre, la muchedumbre obrera no ce-
relató lo que había visto. Después me fui a la residencia del sec- só de desfilar por el hospital donde reposaban los muertos y los
tor urbano. Como se encontraba al otro extremo de la ciudad, tu- heridos. Durante ese tiempo, los mítines continuaban en la Uni-
ve que atravesar todo el centro de Odessa. En las calles conti- versidad. En la mañana del 18 de octubre regresaba yo del hos-
pital judío y me dirigí hacia el centro de la ciudad. Mi estado de presidencial en la mano. Desaparecidos los cosacos, la muche-
espíritu distaba mucho de estar alegre. De repente, la muche- dumbre regresó al mitin, que volvió a comenzar y duró hasta la
dumbre desplegó por todos lados: había allí, confundidos, obre- tarde. Entré en el Ayuntamiento. En algunos lugares, los retra-
ros, estudiantes, alumnos de los liceos, mujeres, gentes del pue- tos del zar estaban tirados y destrozados. La muchedumbre iba
blo, intelectuales y chiquillos. La cara de todos reflejaba la ale- por todos lados sin que nadie la dirigiese. Me encaminé a la sa-
gría y el contento. En alta voz se leía el manifiesto del 17 de oc- la de sesiones, donde actuaba una parte de los consejeros muni-
tubre, que se distribuía en aquel instante. Por un lado y por otro, cipales. Estos discutían la Organización de una milicia munici-
cánticos revolucionarios salían, sin acuerdo, de la muchedum- pal, ya que la Policía había desaparecido completamente de las
bre. Las gentes del pueblo se congratulaban mutuamente con calles. Pregunté a quiénes se iban a tomar como milicianos y si
ocasión de las libertades otorgadas. Finalmente, banderas rojas había armas en el Ayuntamiento; se me respondió que se trata-
aparecieron y los manifestantes se interrogaron para saber adon- ba de invitar a los inquilinos, por mediación de los propietarios,
de debían ir: a la cárcel o al Ayuntamiento. Declaro que yo opi- a designar entre ellos los milicianos no armados, y que una in-
né por el Ayuntamiento; me acordaba que en París, los subleva- signia les distinguiría de los otros ciudadanos.
dos, por lo que más se apresuraron fue por apoderarle del Hotel Propuse proceder al armamento de los obreros por mediación
de Ville; pero aun opinando en ese sentido, yo no creía en el ma- de las organizaciones revolucionarias. Fui apoyado por algunas
nifiesto, que me daba la impresión de ser una jugada destinada personas que allí se encontraban como yo, enviadas, sin duda,
a hacer salir de la sombra a los elementos revolucionarios de por las organizaciones revolucionarias, y por Gossiev, que aca-
Rusia, a fin de poder mejor desembarazarse de ellos. La muche- baba de llegar. Pero nuestros consejeros municipales declararon
dumbre se dividió en dos partes: una, con banderas rojas a la ca- que ellos no tenían armas ni dinero para procurarlas. Además,
beza, se dirigió hacia la prisión, mientras que la otra parte, a la agregaron que, después del manifiesto, era poco probable que
cual yo me había unido (yo no sé cómo había en mis manos una pudiese haber necesidad de armar al proletariado.
bandera), se dirigió por las grandes arterias hacia el Ayunta- A la caída de la tarde se extendió el rumor de que en la Mol-
miento. Los manifestantes obligaban a los oficiales a descubrir- davanka un pogrom acababa de estallar. Mientras, algunos ca-
se ante las banderas rojas. En el momento en que la manifesta- maradas del Comité del partido se habían reunido con nosotros
ción pasaba por la calle Déribassovskaia, donde habitaba toda la en el Ayuntamiento. Decidimos convocar para la noche una
aristocracia de Odessa, los balcones se cubrieron de tapices ro- asamblea general de miembros del partido, y me mandaron a
jos, de pañuelos, mientras que en algunos lugares las músicas averiguar qué pasaba en la Moldavanka.
tocaban la Marsellesa (veinticuatro horas más tarde, en esos Allí había un grupo de veinticinco o treinta jóvenes moceto-
mismos balcones colgaban las banderas y los retratos zaristas y nes, entre los cuales se habían deslizado algunos policías de pai-
la música entonaba Dios protege al zar). sano, que detenían a todos los que –hombres, mujeres y niños–
La bandera roja flotaba sobre el Ayuntamiento. En las cerca- parecían judíos, los desnudaban y los golpeaban de una manera
nías, un mitin empezaba. Una muchedumbre se apelotaba allí. salvaje. Por lo demás, no sólo eran los judíos los golpeados; los
Hubo raudales de palabras. Ante un pelotón de cosacos, al pasar estudiantes, los de los liceos y toda persona que tenía una fiso-
por las proximidades, la muchedumbre se dispersó en un abrir y nomía de intelectual que cayese en las manos de estos ganapa-
cerrar de ojos. Quedé sólo, por así decirlo, con la campanilla nes, sufría la misma suerte. Los granujas actuaban en la calle
Tréougolnaia a alguna distancia de allí estaban numerosos es- Se construyó un Comité de acción, en el cual participaron to-
pectadores que miraban la escena. Enseguida organizamos un das las organizaciones revolucionarias de Odessa. Además de
grupo de camaradas armados de revólveres (después de la ma- nosotros, de los mencheviques, de los bundistas y de los socia-
nifestación, el Comité del partido había recibido un pequeño nú- listas revolucionarios, estaban también –me parece– los repre-
mero de revólveres de reglamento, uno de los cuales se me ha- sentantes de los dachnaks y del Poalei Sion13 o de los serpis-
bía reservado), y habiéndonos aproximado a la banda, abrimos tes14. El Comité de acción se constituyó permanente en la Uni-
fuego. Los canallas emprendieron la fuga. Pero de repente, en- versidad.
tre ellos y nosotros surgió un cordón de tropas vueltas hacia no- Toda la noche del 18 y la mañana del 19 de octubre hubo un
sotros y sólidamente armadas. Nos alejamos, los soldados hicie- verdadero desfile en la universidad: unos llevaban armas de to-
ron lo mismo y los canallas reaparecieron. Este juego se repro- das clases; otros dinero y objetos preciosos, con cuyo producto
dujo varias veces. Estaba claro que aquellos miserables obraban se podían comprar armas. Desde por la mañana se constituyeron
de acuerdo con las autoridades militares. grupos que fueron enviados contra los del pogrom.
Me dirigí a la asamblea de la organización de Odessa de Durante dos días y tres noches, unos cuantos grupos armados
nuestro partido. Ya había comenzado cuando yo llegué. La se enviaron sobre los lugares del pogrom; pero no pudieron ha-
asamblea me causó una triste impresión. Sobre la sala de la Uni- cer gran cosa, ya que en todos los sitios donde operaban los ta-
versidad donde se celebraba la asamblea del partido caía una luz les, la Policía, los cosacos, la caballería, la infantería y hasta la
pálida. La moral de los camaradas presentes estaba muy abati- misma artillería los protegía. Así, en el sector de Dalnitskaia, los
da. Me llamó la atención la composición de la asamblea: había ferroviarios organizaron un fuerte grupo, que el 19 desalojó con
bastante gente, pero las mujeres me parecía que dominaban. Ha- éxito, pero que tuvo que batirse en retirada con grandes pérdidas
bía muy pocos obreros. Creía entonces que la ausencia de los ante la tropa, que hacía uso de sus armas contra los revoluciona-
obreros era debida a que los miembros del partido no habían po- rios armados. En algunos lugares, allí donde no había tropa, la
dido ser informados a tiempo, ya que la reunión había sido con- autodefensa y los grupos armados operaban con éxito contra los
vocada a última hora; pero las asambleas siguientes –la nuestra, linchadores, y frecuentemente, después de haber saqueado las
la de los mencheviques y la de los socialistas revolucionarios– armerías, llevaron las armas a la residencia del Comité de ac-
dieron un porcentaje relativamente grande de obreros; la in- ción. Por parte de los grupos de autodefensa hubo muchas vícti-
fluencia de todas las organizaciones revolucionarias de Odessa, mas, sin hablar de las víctimas de la población judía.
sobre los obreros de las fábricas y manufacturas, por lo tanto,
era grande, como debían demostrarlo las huelgas de octubre y 13 Poaltei–Sion, uno de los grupos de la pequeña burguesía sionista judía
noviembre. fundada en 1905, que aspiraba a realizar la unión imposible del marxismo y
El manifiesto del 17 de octubre y su significación fue comen- sionismo. Después de la revolución de octubre se produjo una escisión en el
Poalei–Sion, y una fracción de éste se adhirió al partido comunista de la
tado en la asamblea. La noticia del pogrom, habiendo llegado a U.R.S.S.
su conocimiento, la asamblea decidió dar, de acuerdo con todas 14 Este nombre se deriva de las Iniciales S. E. R. P. que significa partido
las organizaciones revolucionarias, una respuesta por las armas obrero socialista judío. El S. E. R. P. hizo su aparición en 1905 con un grpo
a los linchadores y llamar a la población a ponerse en estado de pequeño burgués con tendencias socialrevolucionarias. Tuvo por lichder al
doctor Jitlovski. Después de la revolución de octubre, el S. E. R. P. adoptó la
defensa. posición de los socialistas revolucionarios de la derecha.
Debo hacer constar el heroísmo de un grupo de estudiantes que no los había visto en toda la semana. Tenían su domicilio en
de la Escuela Naval, que sufrió grandes pérdidas en los comba- el centro de la ciudad, en las esquinas de las calles Ekaterinskaia
tes que libró con los linchadores. y Ouspernkaia. Estábamos hablando de los sucesos que habían
Al segundo día de pogrom se vio claro que la lucha armada ocurrido cuando de repente se sintieron disparos, al mismo
empezada por el Comité de acción no daba resultado suficiente, tiempo que las balas se enterraban en el techo de la habitación,
ya que daba lugar, de continuar, a exponerse a grandes pérdidas. muy próximo al muro situado cerca de la ventana (la ventana
La lucha organizada fue detenida, y los grupos armados reteni- daba sobre la calle y las habitaciones estaban en el tercer piso).
dos en la Universidad; pero en ciertos lugares los grupos que no Nos precipitamos a las ventanas y vimos que se trataba de una
habían regresado, lo mismo que la muchedumbre, continuaron patrulla. La casa estaba cercada y nadie podía salir. Se llevó an-
operando. La iniciativa de detener la lucha salió de Goussiev; te el inmueble toda clase de armas de artillería, ligera compren-
me declaró que la lucha era ya inútil; las fuerzas de los comba- dida. Estábamos en la habitación en espera de lo que iba a pa-
tientes eran desiguales, y nosotros teníamos necesidad de aho- sar. Finalmente, un grupo de oficiales y policías irrumpió en la
rrar nuestros cuadros para afrontar la lucha larga y tenaz que de- morada mientras que los soldados llenaban el corredor y la es-
beríamos librar todavía contra el absolutismo. Esta opinión era calera. Enseguida, el jefe que mandaba el grupo se precipitó en
compartida por los otros miembros del Comité de acción. las habitaciones donde estábamos, gritando: “¿Quién fue el que
El pogrom comenzó y se terminó de acuerdo con el plan an- tiró sobre la patrulla?” Afortunadamente para nosotros, los mar-
teriormente establecido; a la expiración del plazo fijado por los cos de la doble ventana estaban enmasillados, prueba que no se
sátrapas zaristas (este plazo era de tres días), el pogrom cesó habían abierto; todo lo más admitiendo que hubiésemos tirado
instantáneamente. El rector de la Universidad recibió de las au- por el ventanillo, las balas irían a dar en las ventanas de la casa
toridades un ultimátum conminándole a desembarazarse de las de enfrente, de ninguna manera a la patrulla que se encontraba
organizaciones revolucionarias en un plazo determinado (el pla- en la calle. Esto fue lo que le explicamos. No obstante, se nos
zo coincidió con el de pogrom), si no la Universidad sería ocu- encerró en una habitación que, con anterioridad, policías y sol-
pada por la fuerza. dados habían revuelto. Después fueron llamando uno a uno a to-
Se decidió alejar a todo el mundo de la Universidad, pero re- dos los ocupantes, sirviéndose para ello de la lista de los inqui-
tirándoles con anterioridad todas sus armas (éstas no cayeron en linos. Las personas conducidas eran inmediatamente registradas
manos de las autoridades). La Universidad fue evacuada rápida- e interrogadas. Los policías preguntaban detalles sobre todo y se
mente. Ninguno de los que salieron fue detenido. Es más: en los agarraban a la menor cosa. Me pregunté qué es lo que debía ha-
alrededores de la Universidad no había ni tropas ni Policía; evi- cer; yo no estaba domiciliado en la casa; por lo tanto, no se me
dentemente, ésta tenía miedo a las bombas. Por el contrario, to- llamaría pero el soldado que estaba delante de la habitación en
das las calles de Odessa estaban ocupadas por patrullas de sol- que nos hallábamos me había visto. Si ahora los policías llega-
dados, puestas bajo las órdenes de la Policía. Con pretexto de ban a descubrirme, seguramente que me llevarían para compro-
buscar armas los soldados beodos despojaban a los transeúntes. bar mi identidad, y entonces sí que podía considerarme perdido,
Para dar una idea del orden legal que reinaba en Odessa des- ya que en esos días se asesinaba corrientemente en las comisa-
de el pogrom, relataré un simple episodio. Una noche me dirigí rías. Resolví ocultarme detrás de la puerta de la habitación. Allí
a casa de mis amigos Itin para saber lo que les había pasado, ya estuve mucho tiempo. El registro y los interrogatorios se eterni-
zaban. Tuve suerte: los policías no se dieron cuenta de mi pre- blecer la organización de Odessa sobre la base del centralismo
sencia y me libré. democrático, aunque se decidió no legalizar el partido. Hice una
Pero cuando el grupo se alejó del piso, me sentí lleno de es- exposición sobre el sistema de las organizaciones locales del
panto. Me acordé que en un piso bajo de esta casa había una fá- partido socialdemócrata alemán, exposición que fue seguida de
brica de cajas, cuya puerta y ventanas daban sobre la calle. En un cambio de impresiones bastante completo sobre la manera de
este taller se encontraba y funcionaba la imprenta clandestina proceder enseguida a la reconstrucción de la organización de
del Comité central. Estaba convencido de que los policías iban Odessa. Entre tanto llegó de Petersburgo, enviado por el Comi-
a registrar toda la casa, y especialmente en el bajo (si verdade- té central, el bolchevique Leva (Vladimirov), portador de la or-
ramente se había tirado desde nuestra casa sobre la patrulla, no den de reunirse a cualquier precio con los bolcheviques sin es-
podía ser sino desde abajo o desde el primer piso; se podía ha- perar a que la unificación de las dos fracciones se hiciese por
cer fácilmente, pero no habíamos oído ningún disparo, fuera de arriba.
las salvas tiradas por la patrulla a nuestra ventana). Si ellos en- El bolchevique Barón (Eduardo Essen), que había llegado a
trasen en la imprenta, matarían inmediatamente a todos los ca- Odessa antes del pogrom, se reunió con él. La consigna fue re-
maradas. Toda la noche estuve inquieto por la suerte de nuestros cibida por los miembros del partido, tanto mencheviques como
impresores. No me atreví a ir yo mismo a causa de mi situación bolcheviques, ardientemente. Era natural. Cada miembro del
delicada en la ciudad. Enviar uno de los Itin a ver lo que pasa- partido había podido darse cuenta durante el pogrom de la debi-
ba abajo no podía, hubiera tenido que declarar que allí había una lidad y dispersión de nuestras fuerzas. La asamblea general de
imprenta, y ellos ignoraban que aquello fuese utilizado para im- la organización de Odessa se celebró. Goussiev hizo una expo-
prenta, y que el hombre y la mujer militasen en la organización sición sobre las formas de organización que convenía adoptar al
de Odessa... No me acosté en toda la noche. Allí quedé espian- partido después del manifiesto del 17 de octubre. Enseguida los
do cada ruido y cada grito de la casa. Por la mañana corrí a la camaradas Leva y Baron tomaron la palabra para preconizar la
calle para ver lo que se hacia en el taller; estaba abierto, como unidad inmediata con los bolcheviques. El comité de Odessa no
de costumbre. Allí me enteré que sólo el primero y segundo pi- tenía qué objetar contra la unidad, pero estaba resueltamente
so habían sido registrados. opuesto a que la unificación se realizase por abajo. El Comité de
Ya puede imaginarse el lector qué emoción no pasarían los Odessa era, ante todo, una fracción del partido bolchevique, a la
camaradas de la imprenta durante el registro. cabeza del cual se encontraba el Comité central y el Comité de
En la primera reunión que hubo después del pogrom, el Co- redacción del órgano central del partido, elegidos en el tercer
mité de Odessa, del partido, aumentó el número de sus miem- Congreso. ¿Entonces, cómo podía hacerse la unidad con los
bros; fueron designados un obrero tornero de los talleres de fe- mencheviques en Odessa sin que el Comité central de nuestro
rrocarriles, Ivan Avdejev, Stavski, Ziéka (desenmascarado ense- partido fuese informado y hubiese dado su aprobación? Justa-
guida como un provocador) y algunos otros camaradas cuyos mente, Leva y Baron insistían por que se hiciese la unidad sin
nombres y seudónimos se me han borrado de la memoria. el asentimiento del Comité central, siendo un medio de ejercer
La primera reunión del Comité ampliado del partido tuvo lu- sobre él una presión desde abajo. El Comité de Odessa se daba
gar en el domicilio del camarada Chkiovski. Fue consagrada a cuenta que la proposición de unidad sería votada con la mayo-
las cuestiones de organización del partido. Era necesario esta- ría por la asamblea de los miembros del partido, fuesen ellos
bolcheviques o mencheviques, ya que siempre que los partida- mente porque durante el pogrom había dirigido la palabra en al-
rios de la unificación inmediata tomaban la palabra recogían la gunos lugares para invitar a los linchadores a poner fin al po-
unanimidad de los votos. Por todo ello se le obligó a elaborar las grom; en respuesta, éstos no le habían golpeado; en el sector ur-
condiciones en las cuales se debía hacer la unidad. Era necesa- bano donde yo militaba con él, se hacía notar por la extensión
rio, si no la unidad se hubiese hecho sin condiciones. Se redac- increíble de sus intervenciones), Roberto, un joven orador, gran
taron las siguientes: partidario de la unidad (hasta ese momento quién era el quinto,
I. Sería elegido un Comité paritario de diez miembros; de es- Baron o quizá Cirilo. Del lado menchevique fueron elegidos pa-
te número, cinco miembros serían designados por la asamblea ra él Comité: Stolpner, Chavdia, S. Ivanovith, Frederic y P.
general bolchevique, y los otros cinco por los miembros del par- Iouchkevitch.
tido menchevique. Este Comité estaría encargado de realizar la El pogrom, con sus errores; la parte que había tomado en el
unificación efectiva de todas las organizaciones, después de la pillaje la porción retrasada de obreros y aldeanos rusos venidos
cual la asamblea general de miembros de las dos organizaciones especialmente de las ciudades vecinas; la impotencia de las or-
designaría un Comité permanente. ganizaciones revolucionarias y la debilidad de los socialdemó-
II. El Comité paritario de Odessa aseguraría el enlace entre cratas de todas las tendencias, todo eso me había causado una
el Comité central bolchevique y el Comité de organización impresión deprimente. Además, yo no veía claramente quién, en
menchevique. fin de cuentas, la burguesía, el proletariado o la burocracia za-
III. La organización social democrática unificada de Odessa rista, sacaría provecho de la lucha gigante de la semana prece-
enviaría delegados de las dos tendencias al Congreso y Confe- dente.
rencias de los bolcheviques y mencheviques, hasta el momento Mi estado de ánimo se resentía.
en que éstos hayan realizado la unidad. En cuanto al Soviet de los diputados de Odessa, su organiza-
Estos tres puntos fueron los esenciales del proyecto sobre la ción me pasó inadvertida. No recuerdo la fecha en la cual se
base del cual se hizo prácticamente la unidad en Odessa. constituyó; muy probablemente fue después de la unificación de
La situación de los viejos bolcheviques en el Comité del par- los bolcheviques y los mencheviques, ya que la cuestión del So-
tido era bastante delicada; nos habíamos opuesto a esta unidad viet no fue propuesta al Comité bolchevique.
y negociábamos por obtenerla. Es más: algunos viejos bolche- El Soviet de diputados obreros de Petesburgo tenía una auto-
viques debían presentar su candidatura al Comité paritario, a fin ridad considerable a los ojos de obreros y campesinos. De tal
de que hubiese en este Comité director bolchevique firmes y ex- modo, que al primer llamamiento del Comité socialdemócrata
perimentados. Yo no comprendía la actitud de Leva y de Baron. unificado, los obreros de las fabricas de Odessa eligieron sus re-
Los había conocido anteriormente como bolcheviques militan- presentantes al Soviet. El Soviet de Odessa tenía sus sesiones en
tes. ¿Cómo podían ellos perseguir la unidad de una manera tan el refectorio de los dockers o en el refectorio de una fábrica de
caótica, sin esperar a que se realizase en el Congreso del parti- las cercanías del puerto, no recuerdo exactamente. Todos los ta-
do? (Es cierto que desde 1909 a 1916 Leva se afirmó “unitario lleres, fábricas y manufacturas estaban representadas en el So-
permanente”.) viet. La sesión del Soviet a la cual yo asistí se desarrolló sin in-
Del lado bolchevique fueron elegidos para el Comité parita- cidentes. Visiblemente, los miembros del Soviet no se habían
rio. Goussiev, Leva Katsap (este último fue destinado única- familiarizado todavía con esta clase de institución. La misma
presidencia dirigió la sesión sin convicción. El estudiante men- ción la huelga fue votada por una inmensa mayoría. El acto
chevique Chavdeia, miembro del Comité socialdemócrata uni- transcurrió con una unión admirable. No terminó hasta después
ficado, había sido elegido presidente del Soviet. Los obreros y de la derrota de la insurrección de Moscú.
obreras le conocían por haberle visto presidir varias veces los La actitud de la burguesía hacia las huelgas de octubre y di-
mítines de la Universidad. En cuanto al Comité ejecutivo y la ciembre fue muy diferente. En octubre, las jornadas de huelga
oficina del Soviet, tenía su sede en los cafés y refectorios del habían sido pagadas íntegramente, sin que los obreros tuvieran
Bund y otras organizaciones abiertas, donde de la mañana a la necesidad de luchar. En diciembre, no obstante la presión del
noche una activa muchedumbre de obreros y obreras se apelo- Soviet, los fabricantes se negaron francamente a pagar. Al ver
tonaban. Las reuniones del Comité ejecutivo y de la oficina del esto los obreros de la manufactura de tabaco Popof, abandona-
Soviet eran secretas. El Comité ejecutivo publicaba Las noticias ron el trabajo. Los jefes del movimiento, especialmente el búl-
del Soviet de diputados obreros, que aparecía casi todos los garo Pedro, vinieron a verme. Por más que traté de persuadirles
días. Este órgano se imprimía clandestinamente en varias im- de entrar al trabajo sin esperar haber obtenido satisfacción, se
prentas, que fueron registradas. De allí se transportaban a casas negaron. Pero la asamblea de obreros y obreras militantes apro-
particulares, desde donde se distribuían en Odessa. Se enviaban bó mi punto de vista. El resultado fue muy triste. No solamente
también a Nicolaviev y a Kherson. Fuera de los socialdemócra- Popof no pagó nada, sino que despidió a los jefes del movimien-
tas, la influencia de las otras organizaciones sobre el Soviet era to. En otras fábricas, muchos obreros seguían la misma suerte.
casi nula. El Soviet no podía hacer nada. Desapareció de la escena sin que
La huelga de diciembre, dirigida por las organizaciones revo- nadie se diese cuenta. Ni el Soviet ni el Comité ejecutivo fueron
lucionarias del Soviet, fue, en Odessa, la primera huelga gene- detenidos.
ral. Duró varios días. Hubiera podido transformarse en acción Inmediatamente después de la huelga de diciembre, la crisis
armada si el Soviet y las organizaciones revolucionarias hubie- económica empezó en Odessa, arrojando a la calle un gran nu-
sen lanzado un llamamiento en este sentido. mero de obreros.
La ciudad estaba muerta. No había comercio ni electricidad; Los mencheviques obtuvieron la mayoría en la organización
las farmacias también estaban cerradas. El paro era completo, unificada, lo mismo que en dos sectores de los tres que había an-
por más que las autoridades militares hubiesen proclamado el tes. Un nuevo sector –el sector del puerto– fue constituido. En
estado de sitio y amenazado a todos los que tomasen parte en e1 la Conferencia panrusa de los mencheviques, la organización
movimiento con toda suerte de castigos. El día que la huelga fue unificada de Odessa delegó en Stolpner, me parece que por los
declarada estaban en mi casa los camaradas que debían hacerla mencheviques, y Alejandro Katsap (el ser menos firme que hu-
efectiva. ¡De todas partes venían a ver a los representantes del bo por los mencheviques). El Comité del partido publicó, sin in-
Soviet para hacerse explicar los motivos de la huelga y obtener dicación de origen, un pequeño periódico: La Kommertcheskaia
la autorización de participar en ella! Rossia (“La Rusia Comercial”), cuya existencia terminó al mis-
Se me envió a los empleados de farmacia, que tenían una mo tiempo que la huelga de diciembre. El camarada Goussiev
reunión, a la cual asistían los farmacéuticos militares. La asam- era secretario de la Redacción, compuesta en mayoría de men-
blea discutió la cuestión de la huelga. Los que eran adversarios cheviques. Desde ese momento, algunos bolcheviques, que an-
tomaron también la palabra; pero después de nuestra interven- teriormente estaban en favor de una unificación inmediata, tu-
vieron serias dudas sobre las ventajas de una unidad local con bierto de montones de papel. Los gendarmes los recogieron; pe-
los mencheviques, no seguida de una unificación general de las ro fue trabajo perdido: no consiguieron reconstruir ni un solo
fracciones del partido. En cuanto a mí, continué militando entre documento. Hacia la mañana fuimos encarcelados, hasta el due-
obreros y obreras del tabaco; pero yo soñaba en transportar mis ño de la casa, obrero repasador, enfermo, y su mujer.
bártulos a la capital. Una vez terminadas las formalidades de inscripción y regis-
El 2 de enero de 1906 fui detenido en la reunión del Comité tro, se me encerró en una celda nauseabunda, oscura, húmeda, y
del sector urbano. A la reunión asistían los diez miembros del fría, situada en una especie de sótano. Empezaba a amanecer.
Comité, de los cuales cuatro eran bolcheviques (yo por las ma- Por la mañana temprano salí al paseo. Vi muchos conocidos.
nufacturas de tabacos; Volovia (Movchovitch), por las células Los camaradas que habían entrado antes que yo me pusieron al
de calzado; un camarada de los obreros de la aguja, y Pedro Le- corriente de las costumbres de la prisión, y me dieron los nom-
vit por los repasadores); los otros eran mencheviques. Además, bres de los camaradas que estaban a puntó de tomar un reposo
de los diez miembros del Comité, el organizador del sector ur- forzado en el sanatorio zarista de Odessa, llamado prisión. Du-
bano (un menchevique cuyo nombre olvidé) y dos miembros del rante el día se me trasladó al segundo piso, y al siguiente hice el
Comité del partido (el menchevique Chavdia y otro) fueron paseo con los detenidos de este corredor. Al cabo de algunos
igualmente detenidos. El Comité del partido estaba dividido so- días ya conocía yo todos los detenidos políticos de la prisión.
bre una cuestión. Había enviado a la reunión del Comité de sec- Allí había de todo: mencheviques, bolcheviques, partidarios de
tor camaradas que debían defender los dos puntos de vista; pe- la Liga de campesinos y ferroviarios, socialistas revoluciona-
ro no tuvimos tiempo para esperarlos. rios, bundistas, anarquistas, caballeros de la sociedad secreta
Se nos detuvo con gran pompa (es probable que Chavdia es- “Cuervos negros” y simples obreros y campesinos que no per-
tuviese vigilado, ya que era conocido como presidente del So- tenecían a ninguna organización.
viet): toda la calle estaba tomada por tropa. Gendarmes, ofícia- Los campesinos habían sido conducidos de las aldeas veci-
les, soldados y agentes irrumpieron en el alojamiento donde ce- nas a Odessa. La variedad se encontraba igualmente en la edad
lebrábamos las sesiones, en la calle del Hospital. Estaban con- de los detenidos: allí había viejos de cabellos blancos mucha-
vencidos de que el Soviet estaba reunido en las otras habitacio- chos imberbes. Había también lisiados, que se arrastraban a
nes, y que la nuestra era la del Comité ejecutivo. De tal modo fuerza de grandes trabajos. El departamento de mujeres no se
que, después de habernos puesto soldados a nuestro lado corrie- quedaba atrás (tampoco faltaba la variedad).
ron a registrar la casa. Cada uno de nosotros se aprovechó para Los gendarmes habían detenido sin ton ni son a culpables e
tirar lo que había en los bolsillos y romperlo en mil pedazos. inocentes. Visiblemente, ellos querían desquitarse con usura de
Apenas terminada esta operación, los gendarmes regresaron a la haber tenido que libertar a los detenidos amnistiados después de
habitación. Se pusieron furiosos contra los soldados que nos ha- las jornadas de octubre.
bían dejado destruir los papeles; pero los soldados respondieron Uno por uno empezó el interrogatorio de identidad. Mientras
no haber recibido órdenes a este respecto. Cuando los gendar- que un agente de la Okhrana, de uniforme, me interrogaba, po-
mes preguntaron a los soldados que designasen quién los había licías de paisano andaban alrededor del locutorio.
destruido, respondieron: todos. En el momento de mi detención había dado el nombre bajo
Hubo bastantes documentos destruidos. El suelo estaba cu- el cual me había inscrito, así como mi dirección exacta, aunque
en mi cuarto hubiese un paquete de Investia (órgano del Soviet) discutir la organización de los socorros. Agregué que no había
que uno de los camaradas había llevado a mi casa para enviarlo tenido tiempo de aclarar cuáles eran las organizaciones repre-
a Nicolaviev. Yo contaba con que mis amigos, con los cuales sentadas en esta reunión, por la razón de que la Policía llegara
participaba del alojamiento, se darían cuenta de mi ausencia an- antes que la reunión hubiese empezado (nos habíamos puesto de
tes de media noche o una de la madrugada, y que desalojarían acuerdo, antes de que se nos interrogase, de la actitud que de-
la habitación. Resultó mejor de lo que yo esperaba: Goussiev bíamos tomar). El agente de la Okhrana declaró que nosotros
había pasado por la calle del Hospital la misma tarde de mi de- éramos los miembros del Comité ejecutivo y que él estaba en
tención. Viendo la calle transformada en campo militar, adivinó posesión de documentos seguros que nos identificaban. De las
que nuestra reunión había sido descubierta. Consiguió rápida- quince personas inculpadas en nuestro asunto, la Policía no te-
mente saber quiénes eran los miembros del Comité del sector nía pruebas más que contra Chavdia (había tomado la palabra
urbano presentes en la reunión, e hizo prevenir por todos lados abiertamente como presidente del Soviet) y contra Movchovitch
para que se limpiasen los cuartos de los camaradas detenidos de (se había descubierto en su casa mucha literatura socialdemó-
papeles comprometedores. El mismo fue a mi casa. crata; por cierto, un solo ejemplar y un carnet de recibos expe-
Yo tenía un pasaporte de “hierro”15. Conocía todos los deta- didos por el Comité de Odessa para recoger los fondos necesa-
lles necesarios para el interrogatorio: el nombre de la madre, el rios para la compra de armas); fuera de este interrogatorio, los
nombre patronímico del padre, etc. Según aquel pasaporte, yo gendarmes nos dejaron tranquilos durante más de cinco meses.
era zapatero o sastre, no recuerdo bien. En cuanto al verdadero El régimen de la prisión era soportable. El paseo duraba bas-
poseedor de este documento de identidad, nunca había sido in- tante tiempo. En el patio se jugaba a la pelota, se improvisaban
quietado por razones políticas. Así que yo me dirigí al interro- carreras y toda clase de juegos. Los detenidos tenían derecho a
gatorio, aunque un poco temeroso, por causa de una fotografía las visitas en presencia de los gendarmes, y una sola vez por se-
expuesta en la vitrina de un fotógrafo, fotografía que represen- mana, no más de seis minutos. Uno podía ir a ver los detenidos
taba el mitin improvisado alrededor del Ayuntamiento por la del mismo corredor a que pertenecía. Por regla general, estába-
manifestación a que había dado lugar el manifiesto de 17 de oc- mos encerrados a dos detenidos por celda. Recibíamos todos los
tubre, y en donde se me reconocía. Después de haber anotado días los periódicos, no obstante la interdicción del director de la
todas mis respuestas respecto de mis padres, etc., el agente de la cárcel. Cuando hacía buen tiempo, por la tarde, después de la
Okhrana me dijo que nuestra reunión era la del Comité ejecuti- llamada, se leían los periódicos en alta voz, y así pasaban los
vo del Soviet y que seríamos llevados al Consejo de guerra. Le días, las semanas, los meses tristes y uniformes. Los periódicos
respondí que habiendo en Odessa una gran cantidad de paros, en anunciaban todos los días que la amnistía sería acordada el día
ayuda de los cuales no venía nadie, nos habíamos reunido para de la apertura de la primera Duma del Imperio. Esta amnistía
dio lugar a interminables discursos. Durante ese tiempo, los
15 Los camaradas del partido que se encontraban en una situación ilegal se Consejos de guerra de Odessa pronunciaban condenas ejempla-
servían de de falsos pasaportes fabricados especialmente (con nombre, ape- res por el menor pecado. Era suficiente que cualquiera hubiese
llidos, direcciones ficticias, sellos falsos, etc.), o de copias de pasaportes au- sido condenado ya por delito político para que cayese bajo la
ténticos, dados por las autoridades a personas existentes, o pasaportes perte- garra del Consejo de guerra y se le condenase de cuatro a ocho
necientes a otras personas. Estos últimos eran considerados como más segu-
ros, y de ahí que se les llamase pasaportes de “hierro”. años de trabajos forzados.
Como en 1905 ya se habían publicado muchas obras marxis- Los detenidos aun no hablan tenido tiempo de acostumbrar-
tas, me embebí en la lectura. En libertad, tenía muy poco tiem- se a los condenados a muerte cuando la muerte violenta entró de
po para leer estando absorbido constantemente por el trabajo co- lleno en la prisión. En la de Odessa, estando en estado de gue-
rriente. rra, la guarda de los detenidos políticos durante el paseo estaba
En aquel tiempo se preparaba en el partido el Congreso de asegurada por la tropa. Un día –después del paseo de nuestro
Estocolmo. Las tesis y los artículos bolcheviques y menchevi- corredor y del reposo– un piquete de soldados mandados por el
ques llegaron hasta nosotros. Excuso decir que aun en la prisión oficial Tarassov pasó por debajo de nuestras ventanas (ordina-
se discutía el boicottage de la primera Duma y otras cuestiones. riamente, el relevo de los funcionarios era mandado por un ca-
En la misma época todo el Comité del partido de Odessa. bo o un suboficial). Alguien del primer piso gritó: “¡Abajo el
(Leva, Katsap, Marclioubimou y otros) y la Conferencia pre- absolutismo!” El oficial detuvo los soldados, y con aire amena-
electoral para el Congreso del partido, cayeron en manos de la zador preguntó quién había gritado. Todos los detenidos se aba-
Policía. lanzaron a las ventanas para ver aquel fenómeno de oficial que
En la vida cotidiana de la prisión, dos acontecimientos se se las daba de bravo. Alguno de abajo le respondió: “¿Y aunque
produjeron que la revolucionaron. En Odessa, después de las yo hubiera gritado, qué?” El oficial hizo colocar los soldados
Jornadas de diciembre hicieron su aparición cierta clase de su- frente a la ventana del camarada que le había dirigido las pala-
jetos conocidos por los nombres más diversos: “cuervos ne- bras y le dijo: “Si tú eres anarquista, socialdemócrata o simple-
gros” etc. En ellos no había ideología alguna. Sucedía con fre- mente hombre honrado, ponte derecho y no te muevas.” Los de-
cuencia que elementos criminales se encubrían bajo el nombre tenidos que desde las ventanas asistían a esta escena no sabían
de organizaciones para poder dedicarse mejor a la delincuencia. qué pensar; algunos se burlaban del oficial y otros le gritaban:
Los “cuervos negros” obraban a plena luz del día y aterroriza- “Si estamos en la prisión es por estar contra el absolutismo.” Yo
ban totalmente a la burguesía por su audacia. A éstos hay que me encontraba en la celda vecina a la de los camaradas Levit y
agregar los anarquistas, que procedían a expropiaciones y arro- Mochovitch. También nosotros estábamos en la ventana con-
jaban las bombas en los cafés donde la burguesía tenía costum- templando esta escena penosa. Alguien gritó que aun en estado
bre de divertirse. Muchos elementos turbios vinieron a mezclar- de sitio el jefe de la prisión era el director y no el oficial de guar-
se con los anarquistas de ideas, que sinceramente e ingenua- dia. En ese momento Tarassov dio orden a los soldados de car-
mente creyesen que arrojando bombas en los cafés luchaban gar sus armas. Después invitó al compañero de celda del que ha-
contra la burguesía, ahorrando al proletariado la necesidad de bía entablado esta conversación con Tarassov a bajarse de la
combatir y mejorar la situación de éste. La burguesía estaba de ventana. Como no lo hiciese, el oficial dio la voz de “fuego”.
tal modo aterrada, que ella dirigió el aparato militar y policíaco Una descarga respondió a la orden. En un abrir y cerrar de ojos
contra los autores de los golpes de mano. Los Consejos de gue- todos se arrojaron sobre las puertas y un ruido infernal conmo-
rra funcionaron sin descansar. Todos los que cayeron bajo sus vió la prisión. Los condenados de derecho común vinieron en
manos fueron condenados implacablemente. De tal manera, que nuestro socorro, y con la ayuda de una ganzúa abrieron las cel-
el primer condenado a muerte hizo su aparición en la prisión. La das de los detenidos políticos. Todos los detenidos políticos se
prisión suspendió su vida. Durante algún tiempo vivimos inte- lanzaron abajo con ímpetu. Los dos camaradas estaban grave-
resándonos por el condenado. mente heridos (algunos días después murió uno de ellos; en
cuanto al segundo, no recuerdo, pero me parece que también bre ellas, nos decidimos a declarar la huelga de hambre. Uno
murió). después de otro escribimos al fiscal que nuestro asunto no avan-
Momentos después, el fiscal general, el prefecto, seguidos de zaba, por más que fuesen transcurridos cinco meses de nuestra
las autoridades, llegaban a la prisión. Los detenidos políticos detención; exigíamos que nos fuese comunicado el procesa-
exigieron que Tarassov fuese arrestado y que los soldados fue- miento y señalada fecha para la vista, o que se nos pusiera en li-
sen alejados de la prisión. La noticia de los disparos se había ex- bertad; si no, a partir de tal fecha empezaríamos la huelga de
tendido por la ciudad. La plaza que rodeaba la prisión fue inva- hambre.
dida por la muchedumbre, que exigió que se le informase de lo Nos preparamos seriamente a poner en práctica nuestra de-
que acababa de pasar. La muchedumbre no quiso creer lo que le terminación. La víspera de la fecha que habíamos fijado para
decían las autoridades. Entonces éstas consintieron en que fue- empezar la huelga hicimos desaparecer toda clase de alimentos.
se un detenido político, que informó a la concurrencia y dio da- El día de las visitas nos habían llevado flores en lugar de las
tos precisos sobre las víctimas. provisiones habituales. Al caer la noche, después de la llamada,
Se arrestó a Tarassov y se alejó a los soldados del patio (más se nos llamó uno por uno a la cancillería; allí se nos declaró que
tarde nos enteramos que Tarassov había recibido una gratifica- el fiscal había dado orden de ponernos en libertad provisional.
ción y un ascenso por su bravura). Después de este drama, la De esta manera, trece personas de las quince (Chavdia y
tensión de los detenidos fue en aumento. En esta atmósfera cal- Movchovitch quedaban en la cárcel), además de los que tenían
deada, resolvimos (los trece que habíamos sido arrestados jun- pasaportes falsos, recobraron la libertad aun los que tenían pa-
tos el 2 de enero) empezar una enérgica campaña para activar saportes prestados.
nuestro asunto. Después de cinco meses que estábamos encar- Es necesario que haya pasado uno mismo la emoción del mo-
celados, no se nos había interrogado una sola vez (sólo nos ha- mento de su liberación, el hombre que se considera como un
bían hecho el interrogatorio de identidad). Teníamos la seguri- “culpable” y enemigo de la autocracia y de la burguesía, para
dad completa que nuestro asunto no avanzaba un paso. Había comprender esta emoción. Cada uno de nosotros hacía los cien
entre nosotros camaradas que tenían pasaportes falsos: bastaba pasos en su celda y se preguntaba si había llegado su vez o si los
con preguntar a las autoridades que los habían dado para que los gendarmes los habían descubierto. No podíamos creer que reco-
gendarmes descubriesen que había entre nosotros quien estaba braríamos nuestra libertad. Cuando salimos de la prisión creía-
en situación ilegal; por consiguiente, “importantes criminales”. mos que se nos llevaría a provincias por temor que una huelga
Puesto que no se había hecho, era la prueba de que nuestro asun- de hambre de varios detenidos degenerase en revuelta. Cuan
to dormía. Ya estábamos en verano. El ruido que se hizo en la grande sería nuestra sorpresa de encontramos de repente en la
primera Duma no estaba todavía apagado. Por otro lado, la ig- calle.
norancia en que estábamos de los resultados del Congreso de Después de ponemos en libertad provisional, los gendarmes
Estocolmo actuaba sobre nuestros nervios: ¿quién saldría ven- continuaron las diligencias. En el espacio de un mes terminaron
cedor en el Congreso? ¿Los bolcheviques? ¿Los mencheviques? la instrucción y transmitieron los procesos al fiscal militar, que
La estancia en la prisión era insoportable. Decíamos con razón los transmitió a su vez al Consejo de guerra.
que la atmósfera de nerviosismo que reinaba en la prisión las Visiblemente, los gendarmes habían acabado con los “cuer-
autoridades no querrían incidentes. Así, para hacer presión so- vos negros” y en lo sucesivo podían ocuparse de los socialde-
La organización de Moscú estaba dividida en ocho sectores: sindicatos de obreros textiles, de empleados de tranvías, etc.
el sector central (urbano), los sectores de Zamoskooriéchié Ro- Gracias a sus esfuerzos, había constituido en Moscú una oficina
gojski, Léfortovo, Sokolniki, Boutirki, Ressnia-Khamov-Nitchs- central de sindicatos entonces. La influencia de los bolcheviques
ki y los sectores de ferroviarios. Algunos de éstos estaban divi- en los sindicatos que pertenecían a la Oficina central era muy
didos en secciones. Los sectores, como las secciones (allí donde grande.
las había) estaban enlazados con las Asambleas de fábrica (hoy Al lado del Comité de Moscú había una oficina técnica mili-
las células), a los Comités o a las Comisiones de fábrica (hoy las tar encargada de inventar, experimentar y producir en gran can-
oficinas de las células). Los delegados de los Comités de fábrica tidad, llegado él momento, armas fáciles de fabricar (bombas,
del sector asistían a los comunicados que hacían el Comité de etc.). Esta oficina trabajaba aparte de la organización local, y só-
Moscú, elegían el Comité de sector y enviaban los delegados a lo estaba en contacto con el Comité de Moscú por el secretario
las Conferencias locales, en la cuales, en 1906 y casi hasta el fi- de éste.
nal de 1907, designaba todavía el Comité de Moscú. Había, además, al lado del Comité, una organización central
Las conferencias de sector, lo mismo que las conferencias ur- socialdemócrata de estudiantes, que estaba en contacto con todos
banas, se reunían en aquella época periódicamente. El Comité de los establecimientos de instrucción pública superior y con mu-
Moscú y los Comités de sector ponían una gran atención al en- chos establecimiento secundarios de Moscú.
lace con los obreros de las fábricas y de las manufacturas. Esta Por ultimo, el Comité de Moscú tenía a su lado una oficina de
unión era muy fuerte. Los Comités de sector y de sección, estan- conferenciantes y periodistas, una Comisión financiera y un apa-
do en contacto estrecho con los miembros del partido, trabajan rato técnico central de imprimir, de difusión de la literatura, de
en las fábricas, en las imprentas y otros establecimientos indus- propaganda y de fabricación de pasaportes para militantes acti-
triales de su sector y de su sección. vos de la organización de Moscú. Este aparato técnico central
Frecuentemente, tuve que llamar a los miembros del partido era el que yo debía dirigir.
para procurarme material de imprenta o cualquier otra clase de El Comité de Moscú trabajaba únicamente en Moscú. En la
material. Me bastaba con dirigirme a la organización de cual- provincia de Moscú trabajaba él Comité provincial, cuya resi-
quier sector de Moscú para que enseguida fuese puesto en rela- dencia estaba también en Moscú. Había además en la ciudad la
ción con los miembros del partido que trabajaban en el estable- oficina regional de la región central industrial, que agrupaba,
cimiento del que yo tenía necesidad. Al lado del Comité de Mos- además de las organizaciones de Moscú y de la región, toda una
cú había también una organización militar que publicaba un pe- serie de organizaciones de provincias (Iarosnav, Kostroma, Nij-
riódico: La vida del Soldado. Esta organización estaba fuerte- ni–Novgorod, Ivano–Voanessensk, Tambov Voroneje, etc.).
mente ligada a los soldados de casi todos los Cuerpos de tropa, Aunque la oficina regional y el Comité provincial funcionasen
donde con frecuencia los miembros del partido y los simpatizan- independientemente uno del otro, la actividad de las tres organi-
tes formaban grupos. La organización local. Sólo la dirección de zaciones se armonizaba frecuentemente16.
la organización militar estaba en contacto estrecho con el Comi-
16 Después de lo revolución de febrero, un poco antes de la re-volución de
té de Moscú, y en algunos casos extraordinarios con ciertos Co-
mités de sector. El Comité de Moscú se entregaba todavía a una octubre de 1917, las tres organizaciones mencionadas volvieron a funcionar
bajo la misma base. Hasta 1919–1920 no fue disuelto el grupo regional, y la
acción sistemática en los pocos numerosos sindicatos locales, organización provincial fue refundida en le organización local de Moscú.
Mi memoria no ha conservado los nombres y los seudónimos Familiarizándome con la vida de la organización de Moscú,
de todos los camaradas que militaban durante mi estancia en existente entre esta organización y la del campo, por más que la
Moscú, al final de 1906–1907 y a principio de 1908. No obstan- primera cosa que me llamó la atención fue la estrecha unión en-
te enumeraré algunos de los que me acuerdo. Como secretario tre esta organización y la del campo, por más que la acción del
del Comité de Moscú hubo sucesivamente: Victor (Taratouta), Comité de Moscú se extendiese exclusivamente a Moscú. En los
aproximadamente hasta oct. de 1906 (fue enseguida organizador ocho meses de existencia de su imprenta, el Comité de Moscú
del sector de ferroviarios); J. Karpov, que estuvo en la secretaría publicó cuatro manifiestos por un total 140.000 ejemplares, des-
hasta el momento de su detención, en mayo de 1907, Marcos tinados especialmente a los campesinos, y el programa agrario
(Lioubimaouv); estos camaradas han muerto. Marcos tuvo por del partido obrero socialdemócrata de Rusia, que fue tirado en
sucesor al camarada André Konlicha (éste no tardó en ser dete- 20.000 ejemplares. Además de estos manifiestos se expidió y se
nido y deportado; allá abajo, fue asesinado no se sabe cómo. transportó a la campiña una enorme cantidad de literatura de
El Comité de Moscú estaba integrado por los camaradas In- propaganda y manifiestos tratando las cuestiones palpitantes de
nokenti (Doubroveinski), muerto en la deportación; Makar (No- entonces. Esta literatura era expedida o transportada por los
guine), éste militaba en los sindicatos y en el movimiento obre- obreros y las obreras de Moscú, que se iban en grandes masas a
ro legal y semilegal de Moscú; tomó parte activa en los trabajos las aldeas en el período de las grandes fiestas. (En previsión de
del Comité; Noguine murió en 1924; Vlass (Ikhatchev), organi- estas fiestas, el Comité de Moscú publicó manifiestos especiales,
zador del sector de Sokolniki o del sector de Boutirki; Likhat- y el servicio técnico preparaba la literatura que interesaba a los
chev, muerto en 1924; Timofei (Vladimir Savkov), organizador aldeanos.) No recuerdo si en Odessa, durante el tiempo de mi
del sector de Zamoskvortche, poco tiempo después de su deten- presencia en el Comité del partido, la unión con los campesinos
dón renunció a la acción; Michel Mironovich (Nmandelstam), de la provincia de Odessa hubiera sido prevista una sola ves.
organizador del sector de Lefortovo, actualmente miembro del En 1906, y en la primera mitad de 1907, todo el trabajo de la
Comité de Moscú; Poltora (Isgorov Radouss-Zenkovitch), orga- organización de Moscú transcurrió bajo la idea del movimiento
nizador del sector de Rogojeski, actualmente miembro de la Co- obrero y campesino de masa, que aumentaba y que debía trans-
misión central de control. En este mismo sector militaba Iegor formarse en lucha armada contra el zarismo. Los manifiestos y
Paviovitch (Kanatchikov), Leónidas Bielski, organizador del las resoluciones del Comité de Moscú, del Comité provincial y
sector del Centro, y Emilio Iaroslavki, dirigente de la organiza- de la oficina regional de esta época estaban llenos de combativi-
dón militar. A Sokolniki como delegado permanente, militaba dad. En esta atmósfera tuvo lugar el final de las dos campañas de
Leónidas (Sokounnicov), comisario del pueblo en las finanzas 1906 y el comienzo de 1907 –las elecciones de a la segunda Du-
de la U.R.S.S. En la oficina regional militaban los camaradas A. ma y la campaña antimilitarista–, en la ejecución de las cuales
Kviatkovski y Stepan (Poseme), y en el Comité provincial los tomé parte desde mi llegada. En lo que concierne a la campaña
camaradas Nicodeme (Chestakov) y Olga (Zelikson-Dovrovs- antimilitarista, el Comité de Moscú elaboró un modelo de decla-
kaia). En Moscú militaban todavía activamente Psmidovitch (me ración para la negativa al servicio militar que las asambleas ru-
encontré con él en el sindicato de empleados de tranvías) y rales debían adoptar. Se decía en la declaración “el Gobierno za-
Odyssée (Mandelstan). No recuerdo si éstos, en aquella época, rista, que arruinó al país y que no quiere dar la tierra y la liber-
formaban parte del Comité de Moscú. tad al pueblo, recluta este año soldados para dirigirlos contra sus
hermanos. En estas condiciones, la asamblea rechaza proporcio- imprenta se encontraba en una tienda de la casa Iurassov en el
nar reclutas al Gobierno zarista. Si los reclutas son llevados a la pasaje del bulevar Rojdestvenski (en la derecha de la calle Sre-
fuerza, la asamblea rural les da la orden de no tirar sobre sus her- tenka), calle muy animada; además enfrente de la tienda había
manos, obreros y campesinos, y de pasarse con armas y bagajes una casa desde donde se veía todo lo que pasaba en el interior.
al lado del pueblo; todos aquellos que tirasen sobre el pueblo se- Por otra parte, desde el bulevar podía ejercerse fácilmente la vi-
rían expulsados de las aldeas a su regreso. El Comité de Moscú gilancia. En fin, hasta enfrente de la tienda, un agente tenía su
daba una gran importancia a esta campaña. ¿En qué medida es- puesto de servicio.
ta declaración fue adoptada por las asambleas rurales y cuáles Después de haber examinado el exterior, entré a comprar en
fueron de una manera general, los resultados de esta campaña? la tienda, en la que vendían fruta (el rótulo causaba mejor impre-
No recuerdo. Por el contrario, recuerdo que en las manufacturas sión que el contenido de los estantes); la tienda se llamaba Alma-
y la fábricas de Moscú los reclutas de quinta 1906 fueron enér- cén de frutas del Cáucaso (creo que también se vendía al por
gicamente “trabajados” por los Comités de sector y de sección mayor). En el almacén encontré a Archaka ocupado en llevar las
de la organización local. Fueron constituidos grupos del zarismo cuentas, y a Voulpé como empleado. Pasé a la trastienda y bajé
y la actitud que debían adoptar, como soldados, en el caso de que a la cueva. Que yo recuerde la cueva era más pequeña que la
no consiguieran rehusar colectivamente el servicio militar. En tienda; en su interior encontré a Sandro (Iachvili), actualmente
Moscú, entre obreros llamados a filas, la campaña antimilitaris- Comisario adjunto del Trabajo en Georgia. La cueva estaba lle-
ta tuvo seguramente un gran alcance práctico. na de cajas que no se habían desembalado todavía. La máquina
La primera cosa que tuve que hacer al principio de mi traba- y las cajas ya estaban dispuestas para el trabajo (es muy proba-
jo en Moscú fue familiarizarme con la organización de la im- ble que ya las hubieran utilizado).
prenta clandestina. El enlace con la imprenta estaba asegurado Al subir a la tienda noté que se oía perfectamente el ruido de
por el camarada “Helene” –olvidé su nombre–. “Helene” me la máquina. Era necesario que en el momento que entrase un
presentó al patrón de la imprenta, el camarada Archaka (Iakou- comprador, el dueño o el dependiente lo hiciesen saber al de aba-
bov); en 1919, en misión a Tcheliabinski, volví a encontrar a Ar- jo. Para facilitar las cosas decidimos instalar un timbre que die-
chaka, que trabajaba con el nombre de Iakoubov como delegado se la señal de continuar o de parar en el trabajo.
del Comisario de aprovisionamiento. Al enterarme de todos los detalles de organización de la im-
Archaka, después de examinarme minuciosamente para ase- prenta, supe que la tienda estaba alquilada con un falso pasapor-
gurarse si yo servía para llevar la dirección de los servicios téc- te (a nombre de Lassoulidzé) y que nadie habitaba con ese nom-
nicos secretos de la organización de Moscú, me puso en relación bre. Este pasaporte, no estaba inscrito en la Comisaría de Poli-
con el camarada Sandro (Iachvli) y G. Stouroua, que eran el al- cía, por lo que no era posible descubrir que era falso. Sin embar-
ma de la imprenta, en la cual ellos mismos trabajaban como go, a nombre del que figuraba en el pasaporte estaban inscritas
compositores tipográficos e impresores. Nos entendimos ense- las patentes, se suscribía la hoja de los impuestos, etc. Archaka
guida y se establecieron entre nosotros buenas relaciones de ca- estaba inscrito con otro nombre.
maradería. En la trastienda habitaba el “dependiente”, Voulpé, que se ha-
Habiéndose conferido la dirección de la imprenta, fui a ins- bía inscrito con falso pasaporte a nombre de P. Lapychcev. Co-
peccionar la disposición de los lugares y no salí satisfecho. La mo la policía podía en cualquier momento descubrir el carácter
ficticio de este pasaporte, propuse no inscribir a nadie habitando candidatos del Comité de Moscú. Cuando a la semana siguiente
en el almacén, y me puse activamente a buscar un camarada que me presenté para hacer un nuevo pedido, el gerente me enseñó
sirviese para el sitio de Voulpé. el manifiesto impreso sobre su papel rojo y me dijo: “Ustedes
Sólo estaba en contacto con el aparato técnico, por medio del trabajan pronto y bien; me han traído este manifiesto.” Le res-
“patrón” del almacén, el camarada Archaka. En los casos verda- pondí que, aparentemente, otras casas fabricaban el mismo pa-
deramente urgentes, cuando era imposible esperar a la noche, pel, puesto que yo no me ocupaba de estas historias. No pude lle-
hora en que podía encontrar a Archaka en su casa, iba a la im- gar a comprender si él quería hacerse agradable elogiando nues-
prenta, pero tomando las mayores precauciones. Entraba como tro trabajo o si estaba descontento porque su papel sirviese para
comprador y salía con un paquete de fruta debajo del brazo. este menester. Después de esto, yo me pregunté si debíamos con-
Antes de familiarizarme con la ciudad, tuve que ocuparme en tinuar comprando el papel en esta agencia. Redoblamos la vigi-
buscar un comercio donde comprar en gran cantidad, y según el lancia e hicimos enviar el papel, no al almacén de la imprenta,
formato deseado, el papel necesario. La cosa no era fácil, ya que sino al domicilio de un particular, desde donde hacíamos las ex-
una vez comprado el papel era necesario transportarlo, teniendo pediciones. Establecimos un servicio de vigilancia alrededor del
cuidado que su uso y destino no fuesen sospechosos para el ven- alojamiento del encargado de transportarlo. No habiendo obser-
dedor. vado nada sospechoso, abandonamos nuestras precauciones.
Ya no recuerdo quién fue el camarada que me entregó una La imprenta trabajaba todo el tiempo de una manera intensa;
carta de recomendación para el gerente de una agencia de manu- todos los días había de dos a tres manifiestos sobre el mármol es-
factura de papel, en la cual rogaba que se me concediese crédi- perando su turno. Cada manifiesto se tiraba a un promedio de
to. Me entendí con este gerente, que me surtió de todo el papel 35.000 ejemplares, y alguno de 40 a 50.000. Los pequeños ma-
de que tenía necesidad. El papel comprado era expedido a casa nifiestos publicados con ocasión de las elecciones de la Duma y
de un encuadernador de la calle Pimenovski (un camarada que del primero de mayo pasaban de los 100.000 ejemplares.
me lo habían indicado igualmente, recomendándome a él). En el Lo más difícil en una imprenta clandestina no es trabajar, si-
taller de la encuadernación, el papel era cortado según el forma- no procurarse el papel y llevarse los impresos. De tal modo, que
to deseado, y de allí transportado por un dependiente al almacén tengo interés en familiarizar al lector con la manera en que orga-
donde trabajaba la imprenta. A medida de las necesidades, el pa- nizamos su transporte y difusión. Los impresos se transportaban
pel era entregado a nuestra imprenta en forma de frutos del Cáu- en cestos (de los que se servían los almacenes de frutas para
caso. transportar su mercancía) por nuestro empleado en las panade-
Por suerte, recibimos directamente de la agencia talones de rías Philipov (no se trata de N. Philipov, sino de I. Philipov); es-
entrega dirigidos a ciertos depósitos de papel, pasábamos las ór- te último también poseía en Moscú varias panaderías.
denes, y el mismo depósito enviaba el papel al almacén de la im- En la familia Philipov, los dos hijos más jóvenes (Alexander
prenta. En esta agencia fue donde nos aprovisionamos de papel y Basili) y la hija Eudoxia simpatizaban con nosotros y nos ayu-
todo el tiempo que existió nuestra imprenta. daban activamente. Nos prestaban sus panaderías para almace-
Recuerdo que durante las elecciones de la segunda Duma ha- nar nuestra literatura, pero ignoraban de dónde la transportába-
bía comprado en esta agencia una gran cantidad de papel rojo pa- mos. Entre las panaderías que utilizábamos, me acuerdo de las
ra imprimir los pequeños manifiestos invitando a votar por los de la plaza Troubnai, de la Rojdestvenka y la de la calle Bolchoi
Zlatooustinski. Tan pronto como la literatura se llevaba, a una de ser vencedores17, y lo fuimos, en efecto.
esas panaderías, el camarada encargado de su difusión (durante Además de la literatura de propaganda que imprimíamos pa-
cierto tiempo V. Philipov asumió esta tarea) la hacía llevar a su ra Moscú, el Centro bolchevique de Petersburgo nos había en-
domicilio, donde le esperaban los camaradas que debían difun- viado (antes de las elecciones de la segunda Duma) mucha lite-
dirla en todos los sectores de Moscú. Así, en el espacio de un ratura electoral y de otra clase.
cuarto de hora, los manifiestos eran retirados del alojamiento y El Comité Central del partido obrero socialdemócrata de Ru-
transportados a los sectores, que a su vez los repartían a las ma- sia se componía, en aquella época, en mayoría de mencheviques,
nufacturas y fábricas de Moscú. partidarios de un acuerdo con los cadetes en las elecciones de la
En las elecciones de la segunda Duma, la organización de segunda Duma. Convocada en noviembre de 1906 la primera
Moscú llegó a un acuerdo con los socialistas revolucionarios, los Conferencia panrusa del partido, por 18 votos (mencheviques y
socialistas populistas, la liga campesina y algunas otras organi- bundistas) contra 14 votos (bolcheviques, socialdemócratas po-
zaciones revolucionarias de aquella época. Una lista común de lacos, lituanos y letones), se decidió en esta cuestión por la opi-
electores para Moscú fue constituida. Tuvimos que imprimir no nión del Comité central. Los bolcheviques, los socialdemócratas
solamente lo que publicaba la organización bolchevique de Mos- polacos y letones defendían este punto de vista: que nuestro par-
cú, sino también todos los materiales publicados por las organi- tido debía llevar la campaña electoral con toda independencia,
zaciones mencionadas de acuerdo con el Comité de Moscú. Tu- admitiendo en ciertos casos que el acuerdo se hiciese con los
ve que recorrer la ciudad buscando una imprenta que pudiese partidos y organizaciones partidarias de la lucha armada contra
imprimir nuestra literatura electoral. Acabé por encontrar una. el zarismo: socialistas revolucionarios, liga campesina, etc.
Una pequeña imprenta situada en la calle Pervaia Breteskaia, Como entre los bolcheviques, que en el Congreso de Estocol-
que nos imprimió varias cosas importantes. Pero como nos des- mo habían estado en minoría, y los mencheviques continuaban
pellejaban materialmente, y como el Comité de Moscú no era ri- existiendo serias divergencias sobre la importancia de la Duma,
co, tuvimos que buscar otros medios. Hice un llamamiento a los la insurrección armada y la actitud respecto a los partidos bur-
tipógrafos miembros del partido que trabajaban en las grandes gueses, los dirigentes de la fracción bolchevique en el partido,
imprentas: Iakaoviev, en la calle Salikov, y Sytin y Kouchnaerev, Lenin a la cabeza, constituyeron un centro bolchevique, que en
en la calle Pimenovski. Combiné el trabajo de la manera siguien- numerosos escritos explicó el punto de vista bolchevique sobre
te: en una de esas imprentas se componía el manifiesto y se mol- la Duma, e intervino en la campaña electoral con su propia pla-
deaba el clisé; nuestra imprenta clandestina hacía la impresión, taforma, vigilando su aplicación por las organizaciones locales,
o bien una imprenta componía el manifiesto y la otra lo impri- que aprobaban la política de los bolcheviques. Los Comités de
mía. De esta manera, el Comité de Moscú salía con fortuna de Petersburgo y Moscú rechazaron el bloque con los liberales en
una situación difícil. las elecciones de la segunda Duma, y en nombre del Colegio ur-
Las elecciones de la tercera Duma fueron más modestas. La bano presentaron listas comunes de electores con los socialistas
organización bolchevique era menos fuerte; no hubo que impri- revolucionarios, la liga campesina y los socialistas populistas.
mir tanto; además, las probabilidades de las elecciones no eran
grandes. Todas las fuerzas fueron dirigidas en los sectores obre- 17 Las elecciones para la Duma se hacían en dos grados. Cada categoría de
ros para elegir el colegio electoral, donde estábamos seguros de electores debía designar su colegio; los colegios, reunidos, elegían los diputados.
Al principio, la literatura que venía de Petersburgo era trans- por un equipo de policías y gendarmes; pero la dirección dada al
portada por camaradas. Pero arrastraban casi siempre detrás o del camión, siendo imaginaria, los gendarmes fracasaban. Gra-
con ellos una “escolta” de Policía, y la organización de difusión cias a estas precauciones, nadie fue detenido.
pagaba esto con algunas detenciones (R. Cholomovitch trans- Me detuve en detalles –pueda ser que no fuese necesario pa-
portó la literatura “quemada”; ello hizo que se descubriese una ra el lector de la Rusia soviética– sobre la organización del enla-
residencia secreta y detener a V. Philipov. Desde entonces pedi- ce de nuestra imprenta clandestina con el “mundo exterior”, y
mos a los camaradas de Petersburgo que metieran la literatura en sobre los métodos de recepción y de difusión de la literatura; pe-
paquetes en forma de cajas de mercancías y nos enviaran simple- ro en el extranjero muchos partidos comunistas están por prime-
mente los talones. Provistos de estos talones, equipábamos dos ra vez situados en la ilegalidad, y entonces la experiencia adqui-
camaradas; uno de ellos alquilaba un camión, al cual entregaba rida por nuestro partido bajo el régimen zarista puede serles muy
los recibos de las mercancías. Le daba una dirección falsa para útil.
transportar la falsa mercancía. El otro camarada seguía de lejos Ocupándome únicamente del trabajo secreto, no tomaba par-
el camión y no le quitaba la vista de encima. Si todo iba bien, el te en la acción cotidiana de las células y de los sectores. No te-
camarada que seguía al camión prevenía al camarada que lo ha- nía por qué y no estaba en contacto más que con un pequeño cír-
bía alquilado; éste salía al encuentro del conductor del camión y culo de camaradas dirigentes y el secretario del Comité de Mos-
esta vez le daba la verdadera dirección. cú. Una sola vez tomé parte en una Conferencia del partido que
Cuando estábamos seguros de no ser vigilados, tres camara- tuvo lugar en otoño de 1906, en la Escuela Técnica Superior, cer-
das tomaban parte en la operación: uno alquilaba el camión, otro ca de la calle Niemtskaia, hoy calle Bauman –Conferencia ante
le seguía a la ida y a la vuelta; en la estación, el tercero servía de la cual el camarada Mirón (Khintchouk) hizo una exposición en
agente de enlace con el segundo. Era necesario poner en conoci- nombre del Comité central– (como ya he dicho, en su mayoría
miento del camarada que había alquilado el camión si debía sa- mencheviques). La Conferencia se componía en su mayor parte
lir al encuentro o no. Entonces se tomaban las precauciones si- de bolcheviques. Solamente el barrio de Presnaia había enviado
guientes: aunque dos camaradas no hubiesen observado algo algunos mencheviques. Los debates fueros muy apasionados,
anormal en la estación, en la ruta se cambiaba la dirección, pero pero inútiles, ya que en el fondo no existía enemigo. Toda la
ésta que se daba era todavía ficticia (la mayor parte de las veces Conferencia, a excepción de algunos votos, estaba contra el Co-
se daba simplemente la dirección de algún punto de destino don- mité central.
de teníamos conocimiento). Enviábamos el camión, y un poco Con el secretario del Comité de Moscú, Karpov, y más tarde
más tarde, cuando todo estaba en orden, transportábamos la lite- con Marc (Lioubimov), me entrevistaba todos los días en su re-
ratura al depósito y de allí a los sectores. sidencia. Si no podía ir a la residencia del Comité de Moscú, el
Sucedía a veces que los de los camiones, después de haber secretario del Comité tenía el medio de encontrarme en los luga-
presentado el talón de las mercancías, eran conducidos directa- res que yo acostumbraba a frecuentar. Frecuentemente, el Comi-
mente a la gendarmería de la estación. En ese caso, el camarada té de Moscú se limitaba a decidir si un manifiesto o un llama-
que seguía al camión prevenía al otro de no salir al encuentro de miento sobre determinado objeto debía ser publicado. Me in-
este último, y él continuaba observando. Otras veces, los gendar- cumbía dar curso a estas decisiones y tratar de asegurar no sola-
mes dejaban salir el camión con la mercancía y lo hacían seguir mente la impresión, sino también un texto adecuado.
De este modo conocí a M. Pokrovski (en su casa, por prime- Había organizado un pequeño grupo, compuesto de jóvenes
ra vez, encontré a L. Kamenev), al doctor Kanel, y de la misma estudiantes y estudiantas de la Universidad, de la Escuela de In-
manera volví a encontrar a Silvino, (Brodiaga), que no lo había genieros de Caminos y de la Escuela Técnica. Bien entendido
visto desde mi evasión de la prisión de Kiev. Ellos y varios ca- que trabajaban sin recibir la menor retribución; me procuraban
maradas más (Lounts, I. Stepanov, etc.) formaban parte del gru- alojamientos para la organización de las residencias secretas, el
po de conferenciantes y de periodistas del Comité de Moscú. transporte y la difusión de la literatura, y a veces para pasar la
Muchos de los manifiestos que fueron entonces publicados sa- noche. Con ellos hubiera podido irse al fin del mundo. Me acuer-
lían de su pluma. El Comité de Moscú, no teniendo órgano legal, do del nombre de algunos: Kitchin, Cherchcakov (estudiantes de
publicaba manifiestos sobre todas las cuestiones políticas y eco- la Escuela de Caminos y Puentes), V. Philipov (fue detenido, pe-
nómicas importantes de la época. ro estuvo poco tiempo en la prisión), Pourychev (detenido y con-
A principios de 1907, de acuerdo con el Comité de Moscú o denado a dos años de prisión), Lissitsyne, Maléiev, P. Philipov y
por su mandato el camarada Chklovski, con el concurso de los Korolev (éstos fueron detenidos después de haber sido descu-
miembros de conferenciantes y periodistas agregados a dicho bierta la imprenta y juzgados al mismo tiempo que los que esta-
Comité, Pokrovski y otros, hizo aparecer un semanario. La Isti- ban encargados en este asunto).
na (La Verdad), que fue suprimido después del cuatro números. Además de la imprenta y de la organización de recepción y de
Un semanario que, bajo otro título, intentó aparecer después difusión de la literatura revolucionaria que acabo de describir,
de la desaparición de La Istina, fue prohibido enseguida, y su re- tenía bajo mi dirección una oficina de pasaportes que adminis-
dactor, deportado. Si mi memoria es fiel, no hubo mas tentativas traba A. Karnéiv (llamado Pakhomov). Esta oficina no funciona-
para publicar una revista legal. ba mal. Estaba en contacto con las organizaciones de Petérsbur-
Tenía un trabajo enorme y, sin embargo, las condiciones ex- go y de Rostov –sobre el Don–, con las cuales cambiaban copias
teriores no me eran favorables. Había llegado a Moscú sin pasa- de documentos de identidad. No obstante el buen funcionamien-
porte, y durante más de siete meses no pude procurarme un do- to de nuestra oficina, tuve bastante dificultad para proveerme de
cumento de identidad suficiente para poderme inscribir. Mis un pasaporte conveniente. La cuestión era que, por mi cara, ne-
amigos me alquilaban las habitaciones, que yo debía cambiar to- cesitaba un pasaporte armenio o georgiano, y en Moscú no era
dos los meses con el fin de poder alojarme sin estar inscrito en fácil encontrarlo. En cuanto a habitar con un pasaporte falso, no
el Registro de Policía. Pero se dieron cuenta enseguida, no obs- se podía soñar, ya que la Policía contrastaba los documentos de
tante mis precauciones de no alquilar más que en los grandes in- identidad de las personas recién llegadas a Moscú.
muebles o en las casas que no tuviesen portero. Esto me obliga- A mediados de noviembre de 1906 ocurrió que el camarada
ba a tener que acostarme afuera, al azar, tres o cuatro veces por Sandro o el camarada Stouroua, no recuerdo con exactitud, por
semana. Tenía que malgastar macho tiempo y energía para bus- enfermedad o por razones, no podía continuar trabajando en el
car un rincón en donde dormir. En algunos sitios estaba obliga- servicio técnico. Le busqué un sustituto en Moscú, pero no pude
do a ir a las ocho o nueve de la noche y a no poder salir hasta el encontrar uno a propósito, por lo que, a petición del Comité de
día siguiente por la mañana. Excuso decir que no era muy cómo- Moscú, me dirigí a Petérsburgo a buscar un buen compositor ti-
do, en estas condiciones, llevar consigo libros y documentos, pógrafo. Allí fui a dar, no sé si en la permanencia secreta del Co-
perdiendo con ello mucho tiempo. mité de Petérsburgo o en la del Centro bolchevique, en casa del
dentista Dora Dvoiress. Desde allí me dirigí en busca de Zago- desde el momento en que la Policía entró en la imprenta (ese día
rodni, en el refectorio del Instituto de Tecnología. Allí encontré nadie trabajaba), este camarada desapareció y no dio más seña-
a Nadejda Kroupskaia y muchos camaradas más del partido. Me les de vida; ni en la prisión ni fuera de ella, ni del examen de los
presentaron al camarada que dirigía todo el trabajo técnico del autos judiciales relativos a esta imprenta, se ve que fuera moles-
Centro bolchevique (y quizá el del Comité de Petersburgo); des- tado.
graciadamente, ya no recuerdo el seudónimo de este camarada. La marcha del camarada Sandro, a fines de 1906, fue prece-
Este ultimó me informó que había un camarada seguro, excelen- dida por la del dependiente Voulpé. Lo habíamos sustituido por
te obrero tipógrafo, pero que tenía gran necesidad de él. un buen camarada, muy activo, de la organización de Moscú,
Conseguí, con bastante dificultad, que me diesen ese tipógra- Novikov; creo que fue detenido en la imprenta. Una vez, a me-
fo, y como temía que por una decisión del Comité de Petérsbur- diados de abril de 1907, el camarada Archaka vino a verme en
go o de algún otro organismo del partido me lo retirasen, desde compañía de un camarada georgiano (que después me enteré era
el día siguiente, cuando este camarada me confirmó que él era, el camarada Gabeliv) y me propuso designar a este último para
efectivamente, un tipógrafo muy enterado de su oficio, lo envié ocupar su puesto. Después de habernos informado minuciosa-
a Moscú a casa de unos conocidos (no quise enviarlo a una de mente Marx, secretario del Comité de Moscú, y yo, aceptamos a
las residencias o en la del Comité de Moscú por miedo de que lo Archaka, tanto más que no había la menor dificultad para “ven-
detuviesen por casualidad). En cuanto a mí, estuve todavía un der” el almacén a otro “propietario”.
día en Petérsburgo. Cuando regresé a Moscú me enteré que el ti- Enero y febrero fueron consagrados a la preparación del Con-
pógrafo de Petersburgo había insistido en que lo llevasen a mi greso de Londres. En los sectores y células, las discusiones se
alojamiento (pretendía que yo me había puesto de acuerdo con él entablaron sobre las cuestiones que figuran en el orden del día
para encontrarnos en mi casa. del Congreso conforme a la decisión del Comité central o del
Como yo no tenía paradero fijo, lo enviaron al domicilio don- Comité de Moscú, ponentes; delegados por los bolcheviques y
de yo iba con frecuencia a pasar la noche. Excuso decir que es- mencheviques, debían asistir a las reuniones del partido para co-
to me disgustó; pero me tranquilicé: ¡no había sido recomenda- mentar las principales resoluciones de los bolcheviques y men-
do como hombre seguro por un militante encargado de un traba- cheviques. Después de una buena preparación (en el punto de
jo de confianza! Cuando lo llevé a la imprenta, me apercibí que vista clandestino), reuní también a los militantes del servido téc-
tenía que entendérmelas con un mal tipógrafo; es mas: así que nico del Comité de Moscú. En esta reunión los mencheviques
hubo empezado a trabajar, impuso tales condiciones que el Co- delegaron, como ponente, a Yéjorov–Lyssi, que yo había cono-
mité de Moscú no estaba en situación de soportar por falta de re- cido en 1903 ó 1904 como viejo bolchevique. Quedé estupefac-
cursos. Finalmente, respecto del “patrón” de la imprenta, iba a to. Todas estas asambleas eligieron representantes para la Con-
menudo al domicilio de mis conocidos con objeto de verme. ferencia de Moscú, que a su vez designó sus delegados de Mos-
Comprendí entonces que los camaradas de Petersburgo me cú en el Congreso de Londres. Si no me engaño, los delegados
habían endosado este sujeto para desembarazarse de él. Pero ya designados fueron Pobrovski, Kamenev, Victor, Innokenti y No-
no tenía remedio; desde que había entrado en el servicio técnico, guin: todos bolcheviques.
ya no se le podía alejar. En abril de 1907, el Comité del partido y toda la organización
Me detuve largamente en esta desdichada elección, porque de Moscú se pusieron a preparar el primero de mayo. El Comité
del partido lanzó la orden de huelga general. Un manifiesto pu- Apenas hube abierto la puerta cuando vi meterse a un comi-
blicado para explicar el sentido o significado del primero de ma- sario, policías de paisano, agentes seguidos del muchacho del
yo y un pequeño cartel rojo llamando a los obreros para que patio de la casa. Además, la habitación se llenó de gente. Me pre-
abandonasen el trabajo, fue colocado. guntaron dónde habitaba V. Volguin y Tselikovo. Yo enseñé su
A fines de marzo, por fin conseguí hacerme con un pasaporte habitación y volví a acostarme. Pero quedé vigilante. Finalmen-
armenio de un estudiante de la Universidad de Petersburgo. Por te, llamaron a mi puerta y toda la comitiva penetró en mi habita-
lo cual, mis amigos V. Volguein, Britchkina, Galperin (de los ción. Me hice cargo enseguida que sobre mi mesa se encontraba
tres, dos habitaban legalmente en la calle 3a. Tverskaia–Iams- un folleto titulado: Proceso verbal de la Conferencia de las or-
kaia) cambiaron de domicilio a fin de que yo pudiese asociarme ganizaciones y de las organizaciones de combate del partido
a su comunidad. Se mudaron al inmenso inmueble Kainkin, si- obrero socialdemócrata de Rusia. Me quedé turulato, excuso de-
tuado en la calle Vladimiro–Dolgoroukovski; desde mi regreso a cir que yo no tenía ese libro en mi casa. ¿De dónde venía?
San Petersburgo alquilé en casa de ellos un cuarto. Viví en “con- Por último, un agente, vestido de paisano, dirigiéndose a un
diciones humanas” casi todo un mes, durante el cual no tuve que guardia, le dijo: “Recoja este folleto”. Habiéndolo examinado,
preocuparme, como cada día, en buscar un rincón para pasar la éste respondió: “Usted ya ve que está en venta en todos los
noche. quioscos y lleva el nombre del impresor”. La comitiva se alejó.
La tarde del 27 de abril me encontraba, como de costumbre, Cogí entonces este folleto y lo coloqué con los otros libros. Al
en mi residencia. Todo estaba normal, salvo que el jefe de difu- cabo de algunos minutos los policías regresaron. El agente reco-
sión de literatura revolucionaria, el camarada Korolev, venía gió el folleto, queriendo, sin duda alguna, enseñarlo al comisa-
con retraso sin razón conocida. Lo esperé. Como no venía, en- rio; pero el otro lo contuvo y le dijo; con aire de disgusto, que re-
vié a alguien a que telefonease a sus padres para saber si estaba cogía aquello que no servía para nadie.
en casa de ellos; pero allí tampoco le habían visto. Esto me pa- Como el policía no cedía, fueron a ver al comisario para zan-
recía inquietante. Visiblemente, alguna cosa había sucedido. Pe- jar la cuestión. Pero éste dio la razón al guardia. Hacia la maña-
ro ¿qué? Sabíamos que antes del primero de mayo detenían los na, fui llamado por el comisario. Me hizo declarar mi identidad,
gendarmes a capucho; pero me pareció que esto era todavía un me preguntó qué es lo que yo hacía en la ciudad y si hacia mu-
poco pronto (estábamos en 27 de abril). Me fui directamente a cho tiempo que vivía en Moscú. Visiblemente, mis respuestas le
mi casa, convencido de que le había sucedido cualquier cosa a satisficieron, ya que él se excusó de haberme molestado. Regre-
Korolev. sé a mi habitación y esperé el final. Habiendo terminado el re-
En mi cuarto yo no tenía nada que me comprometiese. No gistro, los policías se fueron, llevando con ellos dos camaradas
obstante, antes de acostarme advertí a los camaradas de aloja- que vivían legalmente y dejando a tres que vivían ilegalmente.
miento que no abriesen la puerta sin despertarme antes. A media Ante este resultado hubimos de estallar en risa. ¿Cómo era aque-
noche oigo llamar con grandes golpes a la puerta de la cocina. llo, que habían detenido a dos camaradas que, prácticamente, no
Me levanté, destruí los signos convencionales indicando la di- militaban en el partido? Volguin era socialdemócrata, pero en es-
rección de los camaradas, y fui a abrir la puerta. A mi pregunta: ta época no militaba en la organización; en cuanto a Tsélikova,
“¿Quién está ahí?”, una voz respondió: “El telegrafista”. Adivi- no era ni miembro del partido. Esta detención era un enigma pa-
né enseguida que teníamos la visita de huéspedes que no juegan. ra nosotros.
A la mañana siguiente recibí la visita de Archaka, el cual, mi casa me pareció extraño. Como dedujimos en consecuencia,
aunque conocía mi dirección, nunca venía a mi casa. Me admiré la Policía se había presentado primeramente para registrar en la
de verlo, sobre todo después del registro. Me enteré por él que la 3. Tversakaia–Iamskaia, donde habitábamos antes de mudarnos
imprenta estaba ocupada por la Policía. Convinimos a volvernos para el inmueble Kalinnkin.
en ver durante el día, y yo salí a darme cuenta de la importancia A este alojamiento venía el sujeto de Petersburgo. En la por-
de las detenciones. Encontré que fue en el momento en que se tería, la Policía se había enterado de la nueva dirección de Vol-
traían los últimos manifiestos del primero de mayo, para repar- guin (el piso estaba alquilado a su nombre); de ahí el por qué tan
tirlos entre los sectores, cuando la Policía había hecho irrupción pronto llegó a nuestra casa la Policía: había preguntado por Vol-
en una de nuestras permanencias. Solamente algunos sectores guin y Tsélikova (sólo ellos figuraban en el registro de la casa
habían conseguido llevarse su literatura. Sobre los representan- como habiéndose mudado de la anteriormente mencionada).
tes presentes en el momento del registro, lo mismo que en su do- Galperin, aunque se hiciese reservar una habitación, no estaba
micilio, se habían descubierto direcciones. Las detenciones eran inscrito. Había salido de viaje para legalizarla. Otros dos cama-
numerosas, pero las organizaciones esenciales –las células, los radas y yo habíamos cambiado de pasaporte. Dedujimos que la
Comités de sector y el Comité de Moscú– estaban intactas. Policía ignoraba a quien buscaba, que únicamente sabía que es-
El 28 de abril por la mañana, el antiguo propietario del alma- te alojamiento tenía algo que ver con la imprenta. Estaba con-
cén, Archaka, se dirigió a su tienda para continuar en la transmi- vencido de que el sujeto de Petersburgo había denunciado la im-
sión de sus funciones al nuevo gerente de la imprenta. Al llegar prenta. Esto fue lo que yo escribí a los camaradas de allá, pero
a la puerta le sorprendió verla cerrada. Habiendo mirado por la no pudimos determinarlo de una manera segura.
ventana al interior, había visto a la Policía. Su primer cuidado Hoy mismo, en posesión del sumario relativo al asunto de la
había sido correr a prevenir a los camaradas que trabajaban en la imprenta, tampoco puedo decir de qué manera había sido descu-
imprenta (me acuerdo que la imprenta no trabajaba ese día; la bierta, sobre una diligencia del sumario se lee este pasaje: “gra-
impresión de los manifiestos del primero de mayo se había ter- cias a los esfuerzos combinados de nuestro servicio de informa-
minado, y los camaradas habían recibido permiso hasta el día 2). ción y vigilancia, la imprenta ha sido descubierta”. Es cierto que
Archaka había tenido suerte. Se aproximó al almacén donde to- en noviembre de 1906 Galperin había llevado a su casa al pro-
dos los porteros, los agentes y vecinos le conocían, y había po- vocador Jitomirsiki, que conocía muy bien a todos los que habi-
dido alejarse sin que fuese visto. Después se había dirigido a mi taban en el alojamiento. Si fue Jitomirski quien nos denunció,
casa, terminado ya el registro que habíamos tenido. Y allí toda- hubiera podido dar, como lo hizo después (ya lo veremos más
vía no había caído en una trampa. adelante) una descripción precisa de cada uno de nosotros. La
Que yo recuerde, sólo el dependiente fue detenido en la im- Policía entonces no nos hubiera buscado por nuestro nombre, si-
prenta (probablemente, ésta estaba ya vigilada). En cuanto al pa- no por nuestras señas. No estando fichados, la Policía no se hu-
trón, había sido detenido en el momento de salir del almacén. Lo biera dirigido a nuestro antiguo alojamiento hasta el día en que
que me intrigaba era el saber cómo la imprenta había podido ser puso la mano sobre la imprenta. La imprenta existió desde sep-
descubierta; todo se había llevado tan secretamente, que sin el tiembre de 1906 hasta abril de 1907; en total, ocho meses. Im-
concurso de un confidente de la Policía jamás hubiese podido primió 45 manifiestos, periódicos y carteles. Los manifiestos de
descubrirse. El resultado del registro que había tenido lugar en 3.000 a 45.000 ejemplares; los pequeños carteles rojos, antes de
las elecciones de la primera Duma y antes del primero de mayo meros días de mayo. En lo sucesivo, la Policía hizo frecuentes
de 1907, fueron tirados por centenas de millares de ejemplares. apariciones en los locales anexos a la Escuela Politécnica, don-
En la lista de los manifiestos y otros impresos (en total 43) que de se encontraban las permanencias y las reuniones del Comité
figuraba en el proceso, no figura el pasquín del primero de ma- de Moscú. Como muchos miembros del partido (Philipovitch,
yo anteriormente mencionado, impreso en papel rojo (que tuvo Bogdanov y otros) habitaban allí, la Policía no consiguió hacer
una tirada de 350.000 ejemplares; debíamos imprimir 500.000, buenas redadas; estando prevenidos a tiempo de su llegada, po-
pero no recuerdo si es que no hubo tiempo en la imprenta o si fue díamos siempre dispersarnos por las habitaciones. Además, la
que faltó papel) y un folleto: ¿Cuál es el verdadero defensor de Policía temía operar en una redada en los locales de la Escuela
los trabajadores?. Politécnica o de establecer una ratonera. En la segunda eventua-
La imprenta inscribía efectivamente en sus libros los títulos, lidad los estudiantes hubieran prevenido a los que llegaban, y en
lo mismo que la cantidad de los manifiestos y periódicos impre- la primera, la Policía tenía demasiado miedo a las bombas. Visi-
sos; pero sin duda la llegada de la Policía impidió mencionar el blemente, la Okhrana sabía que las bombas se fabricaban en los
cartel de primero de mayo y el folleto. No contando estos dos úl- talleres de la Escuela. Sin embargo, ninguna detención se reali-
timos impresos, los otros 43 se repartían de la manera siguiente: zó en dichos locales; pero decidimos abandonarlos, ya que la Po-
sobre cuestiones políticas y económicas, siete manifiestos fue- licía estaba constantemente allí.
ron tirados, con un total de 174.000 ejemplares; estos manifies- El Comité de Moscú no podía pasar sin imprenta. La reacción
tos trataban principalmente de actitudes políticas y de la actitud cada vez era más fuerte. Ni una imprenta legal aceptó imprimir-
del partido ante las diversas cuestiones de la vida del país; cua- nos cualquier cosa que fuese, a no importa qué precio (el Comi-
tro manifiestos dirigidos a los campesinos fueron tirados en nú- té de Moscú estaba muy lejos de ser rico). Me ingenié para mon-
mero de 140.000; el programa agrario de nuestro partido, en nú- tar una nueva imprenta. Bien entendido que no se podía soñar en
mero de 20.000; dos manifiestos dirigidos a los soldados, en comprar una máquina. El camarada Kitchiné, que trabajaba con-
10.000; un manifiesto para los ferroviarios, en 10.000; dos nú- migo, puso una serie de bastidores, sobre la cual el cilindro ro-
meros de la revista La Voz del Ferroviario y un manifiesto del daba sin hacer el menor ruido como sobre rieles. Lo hicimos
sindicato de ferroviarios (10.000 ejemplares), fueron tirados en construir por encargo a un ciudadano llamado Zootolov, que te-
número de 20.000; un manifiesto dirigido a los centros políticos nía un taller de cerrajero en la calle Karretno–Sadovaia.
(para socorrer a los presos), se tiraron 6.000; en fin, cuatro ex- Durante el verano de 1907 alquilamos en Sokolniki un pabe-
tractos del Comité de Moscú para noviembre–diciembre, un pro- llón. Varios obreros que trabajaban en el parque de tranvías se
yecto de resolución para el quinto Congreso del partido y un pro- instalaron en él (habitaban separadamente y con independencia
yecto de manifiesto dirigido a la fracción parlamentaria social- del local ocupado por la imprenta), de modo que dos camaradas,
demócrata, fueron tirados en número de 14.000 ejemplares. En Victor (cuyo nombre yo ignoraba) y un compositor tipógrafo
total, cerca de millón y medio de ejemplares de diversos mani- muy bueno, Raikin (deportado, escapó a América, donde todavía
fiestos salieron de esta imprenta. se encuentra). El y su mujer, B. Faiguére hoy miembro del par-
Después del golpe de hacha que precedió al primero de ma- tido comunista ruso y militante de los clubs de Moscú), habían
yo, la Policía empezó a desmembrar el Comité de Moscú. El ca- trabajado constantemente en las imprentas clandestinas; por ca-
marada Carpov (miembro del Comité) fue detenido en los pri- sualidad habían venido de Toula después de haber sido descu-
bierta nuestra imprenta. Miré: era la foto de Halperin (muy probablemente la Policía no
Para transportar el papel que comprábamos en la ciudad, co- tenía la mía). Salté del ómnibus y me lancé a toda prisa a la ca-
mo los manifiestos que imprimíamos, alquilamos, no lejos de la lle Likhaova, y el policía salió a mi alcance. Yo conocía Moscú
imprenta, una vivienda en la cual se instaló el camarada Faigué- mejor que él y mis piernas eran mejores que las suyas. Así, pu-
re. Allí era donde los obreros, al dirigirse al trabajo, llevaban el de desembarazarme de él.
papel destinado a la imprenta y pasaban a recoger, terminada su En el otoño de 1907 detuvieron al camarada Faiguére; en su
jornada, los manifiestos impresos. La imprenta empezó a funcio- casa sólo descubrieron papel destinado a la imprenta; nada más.
nar. Tuvimos que entrevistamos con la casi totalidad de los No obstante, era arriesgado dejar la imprenta en el mismo sitio.
miembros del partido que trabajaban en la industria del libro, pa- Decidimos transportarla al barrio de la Zamoskvorietchié. Alqui-
ra procuramos en gran cantidad los caracteres y el material de lamos una vivienda situada en el último piso de una casa inmen-
imprenta necesarios. sa, todavía en construcción. Dos camaradas provistos de pasa-
Al poco tiempo, después del registro que hubo en mi casa (el portes irregulares se instalaron allí. Lopatin y Lidia Aizman, así
28 de abril de 1907), dejamos la vivienda (enviamos un parien- como el tipógrafo Raikin, éste sin estar inscrito. La camarada
te del camarada Volguin a decir al propietario que liquidaba la Aizman18 tenía el enlace entre el mundo exterior y yo; en cuan-
vivienda y que se llevaba los muebles). Los tres nos fuimos de to a los otros dos, trabajaban en la imprenta. Se imprimieron me-
“vacaciones” a Lossinoostrovskoié. Tomamos la primera casa de nos manifiestos y en menos cantidad; pero, en revancha, se pu-
campo que encontramos. El mes de mayo fue muy frío, y nos he- blicaba regularmente el Boletín de la organización militar del
lábamos en esta casa más que en invierno, Pudimos, sin embar- Comité de Moscú y, me parece qué también, el Boletín de la ofi-
go, pasar el verano. En otoño me procuré una buena copia de un cina regional del partido.
pasaporte, extendida a nombre de Pimen Sanadiradzé. A fines de 1907 volví a encontrar en la residencia a Marx, se-
Gracias a este pasaporte me instalé con dos amigos en una vi- cretario del Comité de Moscú, y a Leónidas Bieiski, que acaba-
vienda de la calle Kozikhinski (este documento me sirvió hasta ba de ser puesto en libertad. Este me dijo que en la Seguridad ge-
el momento en que fui detenido en 1914, de lo que hablaré más neral le habían dicho todos mis sobrenombres, lo mismo que mi
adelante), teniendo buen cuidado de no dar esta dirección, a na- verdadera identidad, y que estaba convencido que un día u otro
die. No obstante, mi situación era delicada; Halperin había sido sería detenido en la calle. Leónidas enumeró todos mis sobre-
detenido a su regreso a Moscú. Por tanto, vivía legalmente. Se nombres y mi nombre. Quedé confuso. En Moscú sólo había dos
llevaron a los porteros del inmueble de la casa Iorassov, donde o tres camaradas que conocían mi verdadero nombre. Yo lo ha-
se había descubierto la imprenta del Comité de Moscú. En el in- bía casi olvidado, ya que después de 1902 nadie me había llama-
terrogatorio se dijo que yo era quien dirigía todos los servicios do por mi nombre19.
técnicos del Comité de Moscú, incluso la imprenta. Desde la pri-
sión escribió que yo debía salir de Moscú sin tardanza. 18 Deportada por consecuencia del asunto de la imprenta, consiguió huir a
Un día, en la calle Dolgoroukovskaia, noté que era seguido. París. Cuando La Fargue y su mujer pusieron fin a sus días, ella se suicidó.
19 Leónidas fue tachado de sospechoso por haber tenido relaciones con la
Apreté el paso y conseguí saltar a un ómnibus que iba a la Souk-
haréva. El policía subió a su vez. El cobrador le dio un billete, Okhrana. En 1921 vino al segundo Congreso de la Internacional Comunista
como delegado de un grupo comunista americano. La Comisión central de
pero él no lo cogió. De pronto sacó unas fotografías del bolsillo. control del partido comunista de la U.R.S.S. lo hizo comparecer ante ella. Re-
Las detenciones continuaron y aumentaron. Se detenía a los el inmueble estaba alquilado. Entré e hice salir a todos los que
militantes activos por montones. La organización de Moscú se estaban allí. También estaba el camarada Zépahir (Mois-seiev),
resentía cada vez más. La vigilancia policíaca sobre la organiza- que venía a verme por el Comité central del partido. Sin tiempo
ción de difusión de la literatura revolucionaria se hizo cada vez para hablar con él, le di otra dirección donde podía encontrarme
más insoportable; varias veces tuve que suprimir residencias la misma noche. Cuando salimos, los policías se dispusieron a
descubiertas por la Policía. Pero no impidió que le echasen ma- nuestra persecución. Hube de ocuparme en desembarazarme de
no a ciertos colaboradores de mis servidos técnicos. ellos hasta una hora avanzada de la noche. Tuve que tomar va-
Una vez, saliendo de una permanencia que estaba en una ca- rios coches, cosa que yo no hacía nunca, ya que no me fiaba de
lle que daba a la Srétenka, caí en medio de varios policías. Por los cocheros.
la Srétenka, un tranvía iba a toda velocidad. Salté en marcha. Por causa de los policías no pude ir a la vivienda donde me
Descendí en la primera parada como si nada hubiese sucedido, esperaba Zefir más tarde me informó André que Zefir me invita-
sin “cola” detrás de mí. ba en nombre del Comité central a partir inmediatamente para el
El secretario del Comité de Moscú, Marx, fue detenido en extranjero, y a ponerme a la disposición de la oficina exterior del
enero de 1908. A causa de esta detención, tuve que tomar una Comité central (en el Congreso de Londres, los bolcheviques,
gran cantidad de precauciones para encontrarme con los camara- con el partido socialdemócrata polaco y lituano y una parte de
das de los servidos técnicos. Me volví tan receloso, que en cada los delegados de la socialdemocracia letona, fueron los dueños;
individuo veía un policía. No entraba en mi casa si había alguien la mayoría del Comité central estaba formada por los bolchevi-
parado en la calle o caminando tras de mí. Había llegado a tal ques y sus aliados revolucionarios: el partido socialdemócrata
punto que una noche, habiendo oído ruido y voces en la escale- polaco y lituano y la socialdemocracia letona). El Comité de
ra, y creyendo que era un registro, salté de la cama y destruí di- Moscú no me retuvo más. Suspendí mis funciones durante el
versos papeles. Como nadie entraba, salí al descansillo; era sim- mes de marzo de 1908, y me dirigí a Penza para desembarazar-
plemente una partida de borrachos que esperaban que el portero me de los policías y de mi obsesión, así como para descansar. Es-
les abriese la puerta. tuve tres semanas. Aunque yo no hubiese visto por allí a nadie
El camarada André (Koulicha), llegado de Petersburgo, fue perteneciente a la organización, empecé, no obstante, a sentirme
nombrado secretario del Comité de Moscú. Le indiqué la nece- vigilado.
sidad para mí de salir de Moscú, puesto que un día u otro debía De allí fui a Rostov. Al principio me instalé bastante bien, y
esperar que me detuviesen. No participó de mi opinión. Tuve pude descansar. Me puse en relación con la Oficina del Comité
que continuar mi tarea. central en el extranjero y con los camaradas locales. Un poco an-
Una vez, en febrero, me aproximaba a una casa situada en la tes del primero de mayo, la casa en donde yo habitaba empeza-
Bojédomka, donde se encontraba una permanencia. Se veía que ba a ser vigilada. Me mudé a otra casa; pero allí no escapé tam-
poco a la vigilancia de la Policía. Viendo esto, cesé de inscribir-
conoció, en efecto, haber estado en relación con la Okhrana; pero declaró que me en la Policía y empecé a pasar las noches al azar. Cómo no
no había denunciado a nadie; por el contrario, había tratado de informarse to- tenía relaciones en la frontera para pasar al extranjero clandesti-
do lo posible a fin de informar a los camaradas. La Comisión central de con- namente, y yo no poseía pasaporte para salir legalmente. mi via-
trol no poseía pruebas que demostrasen que hubiese entregado a nadie. Se li-
mitaron a expulsarlo de Rusia. je fue con retardo. Había resuelto marchar utilizando mis anti-
desconocida respondió que se trataba de un telegrama urgente a que se sabía todo, que se me espiaba desde hacia tiempo, pero
nombre de mi cuñado. Dije que lo trajesen por la mañana; pero que esta vez ya me tenían. Y para impresionarme más sacó mi
desde fuera empezaron a forzar la puerta de la habitación donde fotografía. Habiéndola visto, me dirigí inmediatamente a él y le
yo dormía (tenía una salida a la calle). Comprendí enseguida, de pregunté si no se daba cuenta que no era la mía, porque, agregué,
qué “telegrama urgente” se trataba. Abrí la puerta, por la que en- yo quisiera saber si la cabeza de un hombre se achica a medida
traron los dos gendarmes que había en la ciudad, los guardias que envejece. (En 1908 yo gastaba una gran barba que me daba
móviles, el comisario de Policía y sus ayudantes. Se echaron so- un aspecto sólido que no correspondía a mi edad, mientras que
bre mí diciéndome: “¿Tu eres un tal... ?” (dijeron mi verdadero en la foto, hecha en la prisión de Kiev, tenía el aspecto de un chi-
nombre). Les dije que me llamaba Pokémounski (nombre con el quillo con una cabeza enorme). Los policías quedaron confusos.
cual había vivido en Odessa). El mismo día dos gendarmes me llevaron a Kovno y empezaron
Anteriormente, desde que me di cuenta de la situación, pensé a remover la ciudad. El oficial de Gendarmería hizo venir a mis
como debía llamarme si llegaba a ser detenido. Me parecía im- padres y a varios habitantes y los interrogó. Otro gendarme dio
posible dar mi verdadero nombre, ya que la Okhrana de Moscú un salto de algunos centenares de kilómetros para interrogar a mi
lo conocía, lo mismo que mi trabajo, y desde entonces yo debía hermana y enseñarle mi foto. No obstante, los gendarmes no
esperar ser juzgado en Moscú y seguramente condenado a la de- consiguieron obtener confirmación de sus acusaciones. Los gen-
portación o trabajos forzados. darmes de Kovno vinieron al hotel, donde interrogaron a todos
Por eso resolví dar el nombre con el cual yo había sido encar- los que convocaban. Los mozos del hotel se mostraron astutos;
celado en Odessa, pensando, con razón, que la Dirección de la escuchaban la conversación de los gendarmes, y así sabían a
Gendarmería no se había dirigido a mí en 1906 y a la sociedad quién iban a interrogar. Comunicaban todo lo que oían a mis pa-
que en 1905 (por cien rublos) me había dado un pasaporte que, dres, y éstos hacían lo necesario para que las personas convoca-
dicho sea de paso, me había proporcionado un gran servicio en das no me molestasen. Mis padres también previnieron a mi her-
Odessa. Los gendarmes me pidieron el pasaporte; excuso decir mana para que ella no me reconociese en la foto. Los muchachos
que yo no lo tenía. En mi casa todo el mundo, excepto mi ma- del hotel se enteraron en qué condiciones yo había sido denun-
dre, sabía el nombre que yo debía dar. Pero, en el preciso mo- ciado. El delator, un curtidor, era un antiguo militante bundista:
mento del registro que fue atrozmente largo, mi madre entró. Verel Gruntvagen. El día de mi detención lo había encontrado en
Quedé parado. Pensé enseguida qué por inadvertencia ella iba a la calle; todo eso lo supe después.
llamarme. Pero no hizo nada. Ella estuvo allí silenciosa, viendo Los detenidos de la celda en que yo fui encerrado en la pri-
el registro y cómo me llevaban. sión de Kovno me recibieron con hostilidad. Cuando quise cono-
Por la mañana empezaron las atribulaciones. El comisario me cer las razones de esta actitud me declararon en términos muy vi-
interrogó; después me llevaron ante el jefe de Policía del distri- vos que yo estaba allí para provocarlos. Cuando los más serios
to; al día siguiente, de mañana, el oficial de Gendarmería de los detenidos vieron que yo estaba sinceramente sorprendido
Sviatchkin llegó de Kovno, trayendo mi fotografía, tomada en la de su nerviosidad y hostilidad, me dijeron, mostrándome las pro-
prisión de Kiev en 1902. Se me condujo solemnemente al despa- visiones que yo llevaba, que ellos habían declarado la huelga de
cho del jefe de Policía, donde estaban el comisario, el oficial de hambre para protestar contra el riguroso régimen de la prisión, y
Gendarmería y otro personaje. El gendarme Sviatchkin me dijo que esto era una provocación por parte de la prisión al ponerme
varias cuestiones, Sviatchkin me preguntó en qué ciudades de A la mañana siguiente, yo y un obrero fuimos conducidos por
Rusia había estado. Como yo no respondiese, él se puso a enu- la ciudad en dirección de Dvinsk. En el camino vi por mis pro-
merarlas. Al final nombró a Kherson. Le respondí categórica- pios ojos las cámaras donde se sometían a los campesinos y a los
mente no haber estado allí nunca. criminales a la tortura para obligarlos a reconocer que se habían
El gendarme saltó de gozo, ya que en la oficina de recluta- sublevado, que habían tomado parte en ligas, en robos, etc.,
miento de Vilkomir se había encontrado la antigua hoja de ma- ¡cuándo eran inocentes! En una de esas cámaras de tortura nos
trícula de Pokémounski. Sin reflexionar mucho le respondí que, detuvimos, y los mismos que acababan de sufrir los horrores del
siendo hijo único, yo estaba exceptuado del servicio militar, y es “interrogatorio” nos hicieron el relato de los métodos de instruc-
más, que no había pasado del Consejo de revisión. Esta hoja ma- ción judiciales en vigor. Por un momento creí que se me había
trícula no era seguramente la mía, esperando que sin hoja no se llevado allí para obligarme a declarar mi identidad. Después de
habrían aceptado los documentos que demostraban que no me haberme llevado a casa del comisario de Policía y de su adjunto,
beneficiaba de la excepción; y como en ese momento yo no es- nos condujeron más allá, cosa que estaba lejos de desagradarme.
taba en Vilkomir, era la tarjeta de otro la que habían metido allí. Mi compañero de camino y yo ignorábamos todavía que iríamos
El gendarme me dijo que me daba un plazo de tres días para ha- a dar con un oficial de Policía que era el terror de la región.
cer conocer mi verdadera identidad; pasado ese plazo, sería en- Estuvimos en camino tres días y dos noches. En la noche del
viado ante los tribunales como vagabundo. Al cabo de una sema- tercer día, un sábado, llegamos a la desagradable aldea de Out-
na se me hizo partir por etapas, sin decirme a dónde iba. Era a sani, por donde pasa el ferrocarril de vía estrecha Poneveje-
Vilkomir a donde me expedían de nuevo. Iba a pie desde Ianov; Sventsiani. El comisario de Policía tenía su despacho en un pa-
paisanos que me vieron avisaron a padres. tio; un poco más lejos, separado, se percibía una pequeña casu-
En las cercanías de la ciudad me esperaban conocidos. Tan cha que había servido en otro tiempo de sala de baños, y que la
pronto entré en el cuerpo de guardia de la Dirección de la Gen- habían transformado en “prisión”. Esta última estaba vacía.
darmería, mi cuñado vino a verme y me entregó un paquete de Nos metieron a los dos en una celda estrecha, oscura, que no
cartas de Moscú, de Rostov y del extranjero. (Aquellos tontos de tenía más abertura que un tragaluz. El domingo hubo juerga en
gendarmes corrían por todos lados para buscar la prueba de que casa del comisario, ecos de voces embriagadas, de cantos y de
yo no me llamaba Pokémounski, pero ellos olvidaron totalmen- danzas; llegaban hasta nosotros. El mismo día, el guardia que
te en ver las cartas a nombre de mi cuñado. Entre ellas las había trajo nuestra comida nos puso al corriente de todos los delitos
cifradas, y esto era bastante para inculparme de nuevo). Él me cometidos por el comisario y su adjunto. Los detenidos eran fus-
informó que todas las pesquisas de los gendarmes habían sido tigados y torturados en la primera sala que habíamos atravesado
vanas, y tan pronto como él supiese la razón por la cual se me para llegar a nuestra celda. El guardia nos enseñó sobre un ban-
había llevado allí, me lo comunicaría. (Mi cuñado había conse- co huellas de sangre que provenían de detenidos fustigados, y
guido verme por un rublo.) Me sentí algo más confortado. Por la agregó que por más que hubiesen denunciado al comisario y al-
noche recibí un pequeño recado en el cual me informaban que guno hiciese abrir una encuesta, las torturas continuaban como
iban a confrontarme con los padres de Pokémounski, pero que se antes.
haría todo lo necesario para que ellos declarasen que me recono- El domingo por la noche nos estremecimos. La celda estaba
cían. oscura; en el patio, voces de hombres embriagados parecían
acercarse a nuestra casucha. Toda la noche esperábamos una en libertad bajo fianza de cien rublos. Así terminó este encarce-
agresión; pero, no sé por qué, no nos tocaron. El lunes al anoche- lamiento estúpido. Fue el más corto de mi vida revolucionaria.
cer llamaron a mi compañero. Apenas había cerrado la puerta de Pero también el que me costó más caro de nervios y de dinero.
nuestra celda se oyeron gritos desgarradores. El desgraciado ha- Físicamente estaba agotado. Después de mi liberación me dirigí
bía sido molido a palos porque la dirección de la prisión de Kov- a Kovno. Cogí un pasaporte para ir a Odessa a ver al camarada
no le había dado un falso itinerario: en lugar de expedirlo por el Orloski (V. Voroski), a quien me había enviado la oficina del Co-
ferrocarril a Dvinsk, vía Vilna, lo habían enviado a Vilicomir. El mité central en el extranjero. Me entendí con él respecto a la re-
“sutil” comisario había deducido en seguida que mi involuntario cepción y difusión de la literatura. A este efecto le presenté a mi
compañero había él mismo escogido esta ruta para escaparse. Le antiguo coacusado, el camarada Levit.
pegaron hasta que cayó sin sentido. Cuando lo trajeron a la cel- En noviembre de 1908 dejé Odessa para dirigirme, por Ka-
da me llamaron. Resolví defenderme. Subí el cuello y estuve mi- menets–Podolks, a Lemberg, donde me enviaba el Comité cen-
rando en la oscuridad de dónde podía venir la agresión. Pero sin tral.
incidente me condujeron a una sala alumbrada.
Allí estaba el comisario de Policía, y a lo largo del muro cin-
co viejos, entre ellos algunos lituanos. El comisario me ordenó
callar y se puso a interrogar a los viejos; éstos declararon que yo
era efectivamente el hijo de Polcémounski, que había emigrado
a América mientras que yo había quedado en Rusia; que ellos me
conocían bien, y que yo me parecía mucho a mi padre. No volví
a ver a estos bravos hombres. Por otra parte yo estaba tan segu-
ro que se me llamaba para torturarme, que en el primer momen-
to, cuando estuve delante del comisario, no comprendí nada de
lo que pasaba. A la mañana siguiente, el comisario me dijo que
yo había tenido la suerte de ser conocido, que si no, no habría sa-
lido vivo de sus manos. Mientras me llevaban, un desconocido
se acercó a mí y me dio cinco rublos; entonces comprendí que
algunos de mis amigos habían hecho lo necesario para que yo
fuese reconocido.
Después de que los testigos hubieron declarado que yo era
Pokémounski, los gendarmes me abandonaron; pero en revancha
caí en manos del comisario. Me acusó de haber enviado al Con-
sejo de revisión una tercera persona, delito castigado por la ley
(La acusación pretendía que Pokémounski había respondido en
efecto al llamamiento, ¡pero yo, no!). Me llevaron a la oficina de
reclutamiento. Esta decidió enviarme al Tribunal, que me puso
VII
ta la tarde, fui a casa de Leva (Vladimirov), que había estableci- Berlín, cuando tuve que dejar mi habitación por la vigilancia que
do sus cuarteles en Viena; por él supe cuáles eran nuestros cono- se ejercía sobre mí durante la preparación del segundo Congre-
cidos comunes que se encontraban en el extranjero y lo que ocu- so del partido, fue a su casa a donde me mudé. Me ayudaba en
rría en nuestros centros. Me enteré que entre los bolcheviques el trabajo de expedición, le dictaba cartas en alemán, y frecuen-
empezaban a manifestarse divergencias en cuanto a la participa- temente en ruso, porque yo tenía mala letra. En 1905, antes de
ción de los socialdemócratas en la tercera Duma. salir para Rusia, le había confiado, lo mismo que a Gustov, toda
Antes de las elecciones de la tercera Duma los bolcheviques nuestra red de enlace para la expedición de nuestra literatura.
no estaban de acuerdo en esta cuestión. Recordaba que en 1907, Cuando hubo que trasladar de nuevo al extranjero la publica-
antes de la segunda Conferencia panrusa del partido, una colec- ción de los órganos del partido, Jitomirski fue encargado antes
ción de artículos había sido publicada por y contra la participa- de mi llegada de restablecer la antigua organización del transpor-
ción de los socialdemócratas en las elecciones. Lenin estaba por te. No pudo conseguirlo, ya que él no tenía relaciones persona-
la participación; Vogdanov en contra. Cuando el partido hubo to- les. Pasados dos años, ya no se expidió más literatura. Ya no se
mado la decisión, los bolcheviques participaron con el mismo podía reconstruir la red de enlaces sino por contactos personales
entusiasmo en las elecciones. Por lo tanto, yo no comprendía el con los alemanes, así como con los campesinos rusos. Intentó sin
porque, existiendo en la Duma la fracción socialdemócrata des- éxito hacer un viaje a la frontera. Por más que declaró que había
de hacía largo tiempo, esta cuestión fuese tratada de nuevo. trabajado conmigo, no le sirvió de nada. En Ginebra, Jitomirski
En el camino de Viena a Ginebra atravesé las montañas del me acogió cordialmente, ayudó a instalarme, y mientras tanto
Tirol. En años sucesivos tuve ocasión de pasar varias veces al pie me informó de todo lo que él había hecho para restablecer la or-
de estas majestuosas montañas, que me atraían por su belleza ganización de transporte.
grandiosa y su calma apacible. Pero en otoño de 1908, al dirigir- Cuando le pregunté por qué no residía en Berlín, pues estan-
me a Ginebra, después del trabajo extenuante y agotador que ha- do más cerca de las fronteras era más fácil trabajar, me contó lo
bía tenido que asumir en Moscú y el último encarcelamiento par- que había pasado en Berlín durante su estancia en Rusia. La Po-
ticularmente penoso que había sufrido, los montes del Tirol ha- licía berlinesa había hecho una visita a una reunión de social-de-
cían brotar en mí una especie de pesadumbre. Me preguntaba si mócratas rusos. Uno de éstos había arrojado por tierra la direc-
era cierto que la humanidad no podía vivir sin la explotación del ción del depósito donde se encontraba nuestra literatura, y un pa-
hombre por el hombre, sin guerras y sin luchas de clases. Pero quete que contenía revólveres y la dirección del hotel donde ha-
este estado de espíritu no me duró largo tiempo. Al llegar a Gi- bitaba el camarada Kamo. En casa de éste la Policía había des-
nebra olvidé las montañas del Tirol y me puse al corriente de los cubierto una maleta de doble fondo que contenía dinamita20 En
acontecimientos del partido durante los últimos seis meses.
En Ginebra encontré a Vladimiro Ilitch, Nadejda Constanti- 20 En una nota que figura al final de una carta de Axlerod a Martov, de fe-
novna, María Ilitchna, Zinoviev (no lo conocí hasta este momen- cha 7 de diciembre de 1907 número 62, lo mismo que en otra nota de una car-
to), Inokenki, Víctor Taratouta (éste era entonces secretario de la ta de Martov a Axlerod, fechada en 5 de enero de 1908, número 65, los edi-
oficina del Comité central en el extranjero) y Otsovo-Jitomirski. tores de las cartas de Axlerod y Martov escriben que la dinamita había sido
Este habitaba en París, y se le hizo venir solamente para que me preparada para atacar las oficinas de la Banca Mendelsson. Esta información
es falsa. Como aclaré más tarde, esta dinamita estaba destinada al Cáucaso.
transmitiese sus funciones. Fui amigo íntimo de Jitomirski. En Kamo estuvo detenido largo tiempo en las prisiones prusianas. Para no ser en-
casa de Kamo se había encontrado –según Jitomirski– su tarjeta chismo y el deísmo de estos camaradas. Esto ocurría a mediados
de visita, por lo cual había tenido que salir de Berlín. Jitomirski de 1908. En su intervención, el camarada Innokenki reconoció
me aconsejó no instalarme en Berlín, donde la Policía se había que la actividad de la fracción parlamentaria era débil, y conde-
vuelto muy severa; en un hotel, Papacha había sido detenido y nó su deseo de independencia respecto del partido; pero estima-
expulsado; en cuanto a mí, yo era buscado. Hoy no me cabe la ba que era necesario llevar a la fracción parlamentaria a cambiar
menor duda que todas las detenciones que se ejecutaron en el ex- de actitud, no por un ultimátum o por su retirada, sino por una
tranjero entre los bolcheviques fueron obra de Jitomirski; pero dirección de su línea política por el Comité central y una crítica
en aquella época estaba todavía por encima de toda sospecha. abierta de su conducta.
Algunos días después de mi llegada fui a una conferencia de En cuanto a la negativa de participar en la Duma, tendría re-
Aleixinski. No recuerdo el tema, pero sí que habló mucho de la percusiones perjudiciales a los intereses de la clase obrera rusa;
tercera Duma y de la actividad de la fracción parlamentaria so- la utilización de la tercera Duma como tribuna era de una real
cialdemócrata. Según él, la fracción parlamentaria no seguía una importancia para el partido. Después, la experiencia demostró
línea política proletaria de clases, sino, al contrario, por sus ma- que al final de su mandato la fracción de la tercera Duma había
nifestaciones, los miembros de la fracción no hacían más que de- en cierta medida recompuesto su línea política, y que algunos
sacreditar nuestro partido. Sacó en conclusión que se debía pre- bolcheviques que formaban parte (por ejemplo, el camarada Po-
sentar un ultimátum a la fracción intimándola a hacer la política letaiev) han prestado eminentes servicios al partido (Poletaiev
del partido. Si la fracción no quería conformarse con nuestra in- trabajó mucho para levantar la Cviezda y la Pravda).
dicación, era necesario retirarla de la Duma. La conferencia fue Cuando me puse al tanto de la organización de transporte, se
seguida de una viva controversia, en la cual tomaron parte los decidió que en lo sucesivo me dedicaría a ese trabajo en Alema-
mencheviques. nia y que me instalaría en Leipzig. Me dieron un pasaporte ex-
El camarada Innikenski combatió con mucha fuerza a Alei- tranjero a nombre de un tal Rachkovski, estudiante, pero que tu-
xinski. Podemos decir que fue la primera manifestación pública ve que deshacerme de él tan pronto llegué a Leipzig y enterarme
del Comité central, o del centro bolchevique, contra los bolche- que Rachkovski vivía en aquella ciudad, y que para inscribir mi
viques (Aleixinski, Lounatcharski, Bovdanov, Liadov y otros) pasaporte en la Policía tenía que dar ciertos detalles que yo ig-
que se constituyeron en grupo distinto, teniendo su periódico, noraba sobre mis pretendidos padres. Si al llegar a Leipzig por
Vpériod (Hacia adelante), cuando el centro bolchevique hubo casualidad no me dicen que Rachkovski vivía allí, hubiera corri-
desautorizado y condenado el otsovismo–ultimatismo21, el ma-
liguin. Después de las elecciones, dos corrientes dividieron a los bolchevi-
tregado a las autoridades zaristas, simuló la locura a la perfección. Los médi- ques: la tendencia otspvist, que era adversaria de utilizar la tribuna de la Du-
cos alienistas más reputados de Alemania lo declararon anormal. No obstan- ma y partidaria de la retirada socialdemócrata; la tendencia ultimatista recla-
te, fue extraído por el Gobierno zarista, que lo internó a en un hospital de psi- maba que un ultimátum fuese inmediatamente dirigido a la fracción para que
quiatría, de donde consiguió escaparse. Kamo participó activamente en la ella manifestase más espíritu revolucionario en la Duma o que fuese retirada
guerra civil. Murió recientemente en el Cáucaso en circunstancias trágicas. si rechazaba este ultimátum. Estimando que la tarea esencial del partido des-
21 Antes de las elecciones de la tercera Duma del Imperio (1907) hizo su pués de la derrota de 1905 consistía “en reunir las fuerzas revolucionarias del
aparición una tendencia entre ciertos bolcheviques en favor del boicot de las proletariado y utilizar con ese objeto todas las posibilidades legales, entre
elecciones; los motivos invocados para justificar esta táctica se inspiraban ellas la tribuna de la Duma, los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, comba-
mecánicamente en la experiencia del Periodo de la primera Duma y del Bou- tieron con toda energía las desviaciones indicadas.
do el peligro de que me detuviesen por inscribirme con un nom- del Pueblo. Allí había una especie de hotel reservado para los ca-
bre falso. maradas que venían por un día o dos. Era un buen hotel. Pero pa-
A fines de diciembre de 1908, en viaje por la frontera prusia- ra los que estaban algo más de tiempo, un poco caro. Por eso yo
na, me detuve en Leipzig. Como tenía relaciones entre los ale- disponía de varias habitaciones en varias casas particulares que
manes, me fue fácil encontrar una habitación y una dirección, sólo pagaba cuando instalaba alguno. Las permanencias para los
que envié inmediatamente a Ginebra para que me enviasen mi camaradas que venían de Rusia estaban en esas habitaciones. Es-
correspondencia. En Koenisberg estuve en casa del secretario de taba en comunicación con ellos por el teléfono que poseía el due-
la organización socialdemócrata, el camarada Linde. Me enteré ño de mi casa. En Leipzig, desde 1909 a 1912, pasó por mi casa
por él y por Hasse de los cambios que se habían producidos en una multitud de camaradas que son actualmente militantes acti-
las organizaciones socialdemócratas de la frontera, y, provisto de vos de nuestro partido y del poder soviético. Es necesario hacer
recomendaciones para los socialdemócratas que no me cono- constar que nuestra organización de transporte dependía de los
cían, me dirigí a los diferentes puntos fronterizos que utilizaba Tribunales de derecho común; por lo tanto, las nueve décimas
otras veces. Conseguí rápidamente y sin dificultad restablecer partes de los camaradas que pasaban por mi casa, para la Policía
los antiguos enlaces para pasar la literatura, así como camaradas sajona eran elementos criminales. Habitaban allí sin inscribirse
que venían de Rusia y los que regresaban. lo mismo que yo había hecho en otros sitios durante bastante
De regreso en Leipzig, me puse a trabajar. Me dieron un des- tiempo, mientras no tenía pasaporte.
ván en el edificio del periódico socialdemócrata la Gaceta popu- Estuve constantemente al margen de la colonia rusa de Lep-
lar de Leipzig, donde constituí un depósito para nuestra literatu- zig, que era relativamente numerosa y compuesta principalmen-
ra y un taller de embalaje. Todos los artículos que yo necesitaba te de estudiantes de las minorías nacionales de la Rusia zarista.
me los procuraba por los servidos de expedición del periódico. Sólo con Marc y Alexandra Saveviev, que en aquella época ha-
Los jefes de los servidos técnicos de la Gaceta popular de Leip- cían sus estudios en Leipzig, me encontraba frecuentemente.
zig, Max Seifert y Lehman, me autorizaron a dirigir a su nombre En Rusia la organización del transporte de la literatura era
la literatura que yo recibía de Ginebra, y más tarde de París. Re- muy defectuosa: recibir la literatura de la frontera ruso alemana,
cibía también a su nombre giros y cartas que venían del extran- expedirla a alguna gran ciudad rusa y de allí enviarla en diversas
jero. Para las cartas de Rusia me dieron una gran cantidad de di- formas a las organizaciones locales, era en 1909 muy difícil. El
recciones de militantes socialdemócratas de Leipzig; la mayor Comité central me puso en relación con un grupo de camaradas
parte trabajaban en la Gaceta popular de Leipzig. Tan pronto re- que se encontraban en Vilna (Sacha-Alexandre Stroumin, dete-
cibían las cartas de Rusia los camaradas a quienes iban dirigidas, nido recientemente bajo la inculpación de haber formado parte,
las entregaban a Max Seifert, a casa de quien yo iba a recogerlas antes de 1917, de la Okhrana de Vilna, y Sonia Kringel), que se
todos los días, a menos que no me las trajese el dueño de la ca- encargó del trabajo aquí mencionado. Los puse en contacto con
sa en que yo vivía, que era un militante socialdemócrata que iba las personas que debían pasarle la literatura que yo comenzaba a
varias veces al día a casa de Seifert por razón de negocios. Sólo expedir sin esperar a que la organización de transporte en Rusia
me faltaba encontrar residencias a donde pudiese recibir a los ca- estuviese preparada.
maradas del extranjero y de Rusia y habitaciones para alojarlos. Por diversas razones, los camaradas de Vilna no pudieron
Pronto terminé esta tarea. Instalé una permanencia en la Casa asumir la tarea que les había sido confiada, y tuve que ponerme
a expedir la literatura a Rusia por pequeñas cantidades, por me- entorpecimientos, esta frontera no tenía para nosotros tanto pre-
dio de “corazas” y de maletas de doble fondo que yo confiaba a cio cómo las otras. Nos servíamos para transportar nuestro perió-
los camaradas que se iban; por estos medios conseguí enviar dico El Proletario, que, aunque apareciese irregularmente, per-
bastante literatura. Los camaradas la dejaban en Petersburgo, en día, no obstante, importancia estando mucho tiempo en la fron-
Moscú o en grandes ciudades. Frecuentemente dirigíamos la li- tera.
teratura a los camaradas de Vilna, que se ocupaban de expedirla Por el contrario, Nathan aseguraba un transporte más rápido,
a toda Rusia. pero se contentaba cada vez con un paquete de un pound y me-
Finalmente, yo insistía para que me diesen en Rusia un cama- dio. Le llamábamos “el expreso”, ya que en algunos días hacía
rada seguro, teniendo iniciativa, que no esperase a que las cosas llegar nuestros paquetes de Holdap (Prusia), desde donde los en-
se hiciesen ellas mismas, y que se dirigiese a la frontera con los viábamos a Grodno (no lejos de la ciudad). No sentíamos pagar
contrabandistas, con los cuales estábamos en relación. Así fue por este transporte de 35 a 40 rublos por poud. Nathan, a quien
designado Elie Zephir (Sergio Moisseiev), que al principio del veía de cuando en cuando, daba la impresión de ser mitad un
verano de 1909 vino a verme a Leipzig. Elaboramos el plan de hombre de ideas, mitad contrabandista. Trabajaba honradamen-
trabajo ulterior, después de lo cual regresó a Rusia para reorga- te con nosotros y nos era de un concurso eficaz. Por más que pa-
nizar la recepción de la literatura revolucionaria. En junio de ra franquear la frontera en un sentido como en otro tuviésemos
1909 fuimos juntos a Tilsit, donde nos esperaban personas que un excelente punto de paso en Choutchin–Graiévo, recurrimos
se encargaban de transportar la literatura en Rusia. Zephir tomó con frecuencia a los servidos de Nathan para hacer pasar cama-
las direcciones de los contrabandistas rusos y salió enseguida. radas por Grodno y Augustovo, puntos muy frecuentados, que
Todas las cosas fueron mejor en adelante. nuestros camaradas podían atravesar sin ser vistos.
De todos los enlaces que entonces teníamos a nuestra dispo- De los dos lados de la frontera indicados, nuestra organización
sición, sólo guardamos los más seguros: el campesino contra- trabajaba con poca gente. Para el transporte “expreso”, que era el
bandista lituano Ossip (tenía una exportación agrícola bastante que funcionaba principalmente, una camarada había sido instala-
importante) y un burgués de Suwaiki, Nathan. El primero, por da en Grodno (K. Levit, compañera de P. Levit, con quien había
medio de sus hombres, hacía recoger los paquetes de literatura estado en prisión en Odessa; él mismo, en 1910, trabajó durante
en la imprenta de Mauderot, de Tilsit, y nos la transportaba a las varios meses en la organización del transporte de Grodno). La or-
aldeas de las proximidades de las estaciones de Chavliid Radzi- ganización, como el sistema de enlace que acabo de describir,
vilichki. Allí, los camaradas del grupo encargado del transporte subsistieron sin alteración hasta 1913, por más que en Rusia la
de la literatura en Rusia venían a recogerla. Ossip no cobraba ca- Pravda, semanario, apareció en ese momento legalmente.
ro: de 18 a 22 rublos por poud; pero, en cambio, no cogía menos La literatura del partido publicada en el extranjero llegaba a
de cuatro poud y medio a la vez (tres paquetes de un poud y me- Rusia en gran cantidad irregularmente. El transporte funcionó
dio, hechos como los he descrito en mi período antes de 1905). sin tropiezos hasta mediados de 1910. Zephir residía en Minsk
Esto era su mínimum (en 1904–1905 transportaba diez paquetes (en las cartas lo designábamos con el nombre de Morchanski);
y aun más a la vez). Pero él tenía que dirigirse con frecuencia a Petersburgo y Mos-
Pero el transporte de Tilsit hasta una aldea rusa alejada de la cú para tratar toda clase de cuestiones. En Moscú fue detenido
frontera necesitaba mucho tiempo. Por más que así trabajase sin en el verano de 1910. Después de su detención, nos pusimos en
busca de un camarada para reemplazarle, ya que la organización distas después que ellos, y Matvei me informaba que la literatu-
del transporte continuaba intacta. ra había sido recogida), las organizaciones de Rusia no la reci-
En esta situación recibimos una carta de Matvei Brindiski (re- bían o la recibían raramente.
sultó un provocador), en la que anunciaba que salía para el ex- Por esto convoqué varias veces a Matvei en el extranjero. Allí
tranjero por orden de Noguin (éste formaba parte en aquella épo- confeccionábamos planes sobre la manera mejor y más rápida de
ca de la oficina del Comité central en Rusia). La carta de Matvei expedir la literatura. Después del regreso de Matvei a Rusia, las
me desagradó (escribía con tinta simpática, sin cifrar la carta que cosas fueron mejor al principio; pero enseguida la literatura em-
él dejaba Petersburgo en tal fecha, pidiendo que le saliesen a su pezó a desaparecer (más tarde nos enteramos que Matvei la ex-
encuentro; para que la reconociesen, daba sus señas). Comuni- pedía en su mayor parte a la dirección de gendarmería de Mos-
qué esta carta a Marx (Youvimov), que se encontraba en París cú y al departamento de Policía). En 1911 le escribí que, si el
(este último era entonces el jefe de todos los servicios técnicos manifiesto de 1° de mayo, publicado por el órgano central del
de la oficina del Comité central en el extranjero. Marx respondió partido no llegaba a tiempo a determinadas organizaciones, di-
que, en su opinión, Matvei había escrito esta carta por inexpe- solvíamos la organización de transporte en Rusia por inactivi-
riencia. Cuando llegó Matvei nos enteramos que a Makar (No- dad. La amenaza hizo su efecto, y el manifiesto fue recibido a
guin) le habían destinado como sucesor de Zephir. Además de la tiempo. A fines de 1911, basándome sobre los hechos que yo ha-
recomendación de Noguin, tenía la de María Tomskaia y otros bía recogido contra Matvei, exigí que se le retirasen sus funcio-
camaradas. (Matvei militaba como revolucionario profesional nes y que no se le admitiese en la Conferencia del partido de
desde 1909, fecha de su evasión de Toboisk, adonde había sido 1912, adonde él manifestaba deseos de venir. Al mismo tiempo,
deportado. por más que yo no tuviese pruebas precisas, presenté contra él la
En Petersburgo y en Moscú primero, había sido secretario, y acusación de ser un provocador.
organizador de varios sectores; después había sido colocado a la Creo que no será inútil decir a los camaradas que lean estas
cabeza del servicio de pasaportes del Comité central, y más tar- líneas cómo terminé por saber que Matvei era un agente de la
de, después de la defunción de Zephir, la oficina rusa del Comi- Okhrana. Ya hice alusión a una carta extraña que me había en-
té central lo había puesto a la cabeza de la organización del viado desde Petersburgo. Esta carta me había dejado una mala
transporte en Rusia). Transmitía Matvei los nombres de los ca- impresión. Por otra parte, me parecía extraño que la organiza-
maradas de Rusia que trabajaban ya en la organización del trans- ción del transporte en Rusia no fuese detenida; la literatura lle-
porte. De regreso allí, tomó como adjunto al camarada Valeria- gaba regularmente, pero desaparecía inmediatamente; había sido
no (Zalejski), que prácticamente dirigió toda la tarea mientras suficiente con amenazar de disolver este organismo para que el
que Matvei aseguraba la correspondencia conmigo y la oficina manifiesto de 1° de mayo llegase sin retraso a las organizacio-
del Comité central de Rusia o de sus delegados. Matvei residía nes. Me extrañaba igualmente que Matvei pudiese obtener un
en Dvinski; Valeriano habitaba en Homel y Novozybkov. En los pasaporte legal para dirigirse al extranjero; en los años de peor
primeros tiempos, las cosas no marchaban mal, la literatura lle- reacción zarista, raros eran los militantes ilegales que podían
gaba y era regularmente expedida por Rusia. Pero más adelante, permitirse ese lujo.
por más que enviábamos la literatura a la frontera, y de allí fue- En agosto de 1911. Matvei vino a verme a Leipzig. Marx lle-
se transportada a Rusia (yo enviaba dinero para los contraban- gó de París al mismo tiempo para que conferenciáramos juntos.
Antes de regresar Matvei, me rindió cuentas. En los gastos figu- sar a verme. Claramente, la carta que envíe a París después de mi
raba una suma de cien rublos que Matvei había entregado a no telegrama, y en la cual exponía los hechos, fue juzgada suficien-
sé quién. A mi observación de que esos cien rublos debían haber temente convincente, ya que Matvei no fue admitido. Ante las
sido dados con recibo, Matvei, sin inmutarse, recogió sus cuen- protestas que elevó contra mis acusaciones, el asunto fue confia-
tas, y al día siguiente esos cien rublos eran mencionados en los do a Bourtsev, que concluyó, después de un expediente, con un
ingresos; pero, en cambio, los gastos habían aumentado en cien- ha lugar de mis acusaciones. Antes de salir para Rusia en 1913,
to cuarenta rublos. Me indigné. No acepté esas cuentas y exigí Zephir (Moisseiev) y yo fuimos interrogados por Bourtsev res-
que me las mandase con los documentos justificativos. Era para pecto al asunto de Malvei. Zephir, lo mismo que yo, estaba con-
mi evidente que estaba tratando con un bribón, por lo que fui a vencido que Matvei era un agente provocador.
ver a Rykov, de paso en Leipzig para Rusia en compañía de Mat- En 1917, por los documentos de la Okhrana de Moscú que
vei, y le comuniqué el incidente respecto de las cuentas. Le dije publicó M. Tsiavlovski con el título Los bolcheviques, se pudo
que era opuesto a su salida con Matvei. A Matvei le dije que Ry- deducir que a partir de 1909 Matvei había desempeñado un pa-
kov quedaba en Leipzig. pel muy importante como provocador de los más peligrosos. No
Rykov fue detenido al llegar a Moscú. Direcciones cifradas se contentaba con transmitir cantidades de literatura revolucio-
que le encontraron fueron descifradas por la Okhrana, Y de ahí naria a la Okhrana, de hacer detener un gran número de miem-
que fueran ejecutadas muchas detenciones (los periódicos de bros del Comité central del partido y de las organizaciones de
Moscú escribieron entonces que Rykov había sido detenido lle- Rusia, sino que todavía escribía comunicaciones políticas sobre
vando documentos comprometedores y que sería llevado ante la el bolchevismo. Al presente, yo creo que éstos últimos eran re-
justicia). Enseguida de esta detención, Matvei me escribió que dactados por los gendarmes más que por él, sirviéndose de sus
Rykov sería deportado administrativamente a Siveria. Después informaciones, porque me parece que los conocimientos de Mat-
de la salida de Rykov para Rusia, Zagorski me informó que Mat- vei en materia política no le permitían redactarlos él mismo.
vei había ayudado a Rykov a cifrar las direcciones. Creí en aque- Sólo el policía Matvei destruyó una gran parte de los recursos
lla época que después de haber vendido a Rykov, Matvei proba- del partido, aniquiló mucho trabajo del esfuerzo de los militan-
blemente habría tenido miedo a las consecuencias que esta de- tes y puso a los obreros en la imposibilidad de leer su literatura
tención habría de tener para él y que él había debido insistir con revolucionaria.
la Okhrana para que Rykov fuese simplemente deportado a Si- Cuando a fines de diciembre de 1911 Matvei fue eliminado,
beria. En fin, cuando me enteré por un delegado de las organiza- me puse en comunicación con el camarada Valeriano. Cambia-
ciones de Vilna y de Dvinsk en la Conferencia del partido de mos las permanencias, reemplazamos a algunos camaradas y la
enero de 1911, el camarada Gourvitch, que Matvei había sido organización del transporte funcionó de nuestro agrado. A partir
detenido en Dvinsk y puesto enseguida en libertad, de lo que él de 1912, cuando el movimiento obrero se animó en Rusia y la
no me informó adquirí la certidumbre de que era un agente pro- Pravda se convirtió en diario, la expedición y el transporte de la
vocador, y yo te1egrafié a Nadejda Kroupskaia que no se le ad- literatura revolucionaria del extranjero perdieron su importancia
mitiese en la Conferencia. Incidentalmente, me enteré que se ha- y fueron en disminución.
bía dirigido a París para desde allí meterse en la Conferencia. Ya que hablo del trabajo que hice en Leipzig de 1909 a 1912,
Dándose cuenta de que yo sospechaba de él, había evitado el pa- no está de más decir algunas palabras sobre la formación de la
actividad del grupo de apoyo de Leipzig durante este período. Así, había en Leipzig tres grupos socialdemócratas. Como ca-
Ya he dicho que llegando a Leipzig me había puesto al mar- da uno de ellos no tenía consigo más de la mitad de los estudian-
gen de la colonia de estudiantes rusos (había muy pocos emigra- tes necesarios para ganar influencia en los Comités elegidos de
dos; la mayor parte eran obreros que trabajaban en las fábricas, estudiantes y hacer entrar candidatos socialdemócratas, que to-
con los cuales entramos enseguida en estrecha relación), y, sin dos los socialdemócratas se entendiesen para presentar una lista
embargo, la colonia tenía su club, su biblioteca y su restaurante única. Esto necesitó la creación de un Comité permanente com-
asiduamente frecuentado por los rusos. Los Saveleiv eran los puesto de representantes de todos los grupos y encargado de con-
únicos camaradas que hubieran podido ponerme en relación con centrar las acciones que se emprendían en la colonia, ya que, sin
los estudiantes; pero poco tiempo después de mi llegada se fue- las organizaciones de estudiantes, los grupos de apoyo no podían
ron a Munich por un período de seis meses. A mediados del ve- existir, no era posible, en efecto, organizar lícitamente veladas,
rano de 1909, el camarada N. Marchak llegó a Leipzig y empe- conferencias, etc., sino bajo el pabellón de estudiantes rusos. En-
zó a frecuentar las organizaciones estudiantiles rusas. De este tre los estudiantes también había un grupo importante que defen-
modo me enteré que entre los estudiantes había partidarios de la día la autonomía de las organizaciones estudiantiles respecto a
mayoría y de la minoría del partido obrero socialdemócrata de los grupos socialistas. Una vez constituido el grupo de apoyo
Rusia, miembros del partido socialdemócrata Polaco y del Bund. bolchevique, tomé en su trabajo una parte activa; pero yo iba
Por iniciativa de N. Marchak, se constituyó un grupo en el muy raramente a las organizaciones de estudiantes y jamás tomé
cual entraron los Saveliev, Marchak y yo, y los estudiantes Brah- la palabra.
man y Brodski, lo mismo que dos mencheviques partiitsi22, Lon- ¿Qué hizo el grupo de apoyo por el partido? Seguía la vida
don y Riazanski. En los bundistas y en la socialdemocracia po- del partido, discutía las cuestiones que se debatían, organizaba
laca y lituana, los grupos de apoyo existían ya. El grupo del controversias abiertas a todos los socialdemócratas (recuerdo las
Bund comprendía: Spectatos (Nakhimnson, los Bakst (ella y él), conferencias de Rycov sobre el liquidacionismo en 1911, y de
Rabinovitch y otros; el grupo polaco comprendía: Radek, Brons- Lounatcharski sobre las cuestiones interiores del partido, en
ki, Moukha y otros. Después de la constitución de nuestro gru- 1912), las conferencias (en febrero de 1912, Lenin dio una con-
po, los mencheviques formaron también el suyo, al cual se afi- ferencia sobre Tolstoi; el mismo mes, Lounatcharski dio otra so-
liaron Pedro (Ramichvili), Kaploum, Dabaiev (Kavkazez) y bre la literatura), las reuniones de todos los socialdemócratas con
otros. Después de las sesiones del Comité central del partido, ocasión del primero de mayo, del 9 de enero, etcétera; en fin, el
que se celebraron en el extranjero a principios de 1910, y donde grupo vendía entre los estudiantes, y por mediación de los cama-
se llegó a la coincidencia de todas las fracciones del partido, los radas alemanes, en las librerías, la literatura revolucionaria pu-
miembros del grupo menchevique, a excepción de Pedro Ra- blicada por el partido (folletos, El Proletario y el socialdemócra-
michvili, entraron en nuestro grupo. Después de su adhesión nos ta, la Zvizda de Petersburgo) y organizaba veladas que reporta-
pusimos de acuerdo para enviar los fondos que el grupo recogía, ban siempre un suplemento de ingresos a la caja del partido.
no a la oficina del Comité central en el extranjero, sino directa- Además, hacía suscripciones en favor de los presos y emigrados.
mente a Rusia. Los tres grupos socialdemócratas de Leipzig ejercían sin duda
alguna una gran influencia ideológica sobre los estudiantes rusos
22 Miembros del Partido obrero socialdemócrata de Rusia. que hacían sus estudios.
Tengo que añadir que por los estudiantes, miembros del gru-
po o simpatizantes, yo expedía a Rusia en las “corazas” que les
confeccionaba la literatura revolucionaria (tan pronto nos llega-
ron las primeras informaciones de la Conferencia de enero de
1912, las hice llegar a Rusia por un miembro del grupo, el cama-
rada B. London) y me servía de los pasaportes dados a los estu- VIII
diantes para enviar a Rusia militantes bolcheviques. Al grupo de
apoyo de Leipzig se afiliaron, desde su llegada, Zagerski, Pilats-
kaia y Lazar (Zélikson), hoy miembro de la Comisión central del
El desacuerdo ideológico y la desorgani-
control y director de la Inspección obrera y campesina de Lenin- zación en las filas del Partido Obrero
grado. El grupo de apoyo de Leipzig tuvo siempre una mayoría Socialdemócrata de Rusia. 1908 – 1911.
compacta de antiguos bolcheviques, y sirvió de contacto con el
centro bolchevique, y otros grupos de apoyo en el extranjero de
los bolcheviques.
Antes de la revolución de 1905, las divergencias entre men-
cheviques y bolcheviques sobre las cuestiones tácticas principa-
les eran profundas. Los sucesos de octubre, el impulso y el ata-
que revolucionario de 1905 zanjaron algunas divergencias, como
la cuestión de saber si los socialdemócratas debían participar en
las elecciones de la Duma Bouligin, o si era necesario boicotear
las elecciones, como pedían los bolcheviques. La Duma consul-
tiva Bouligin fue barrida; una nueva ley relativa a la convocato-
ria de la Duma del Imperio se promulgó. Pero los principales
puntos de desacuerdo entre mencheviques y bolcheviques conti-
nuaron. Ni el cuarto Congreso de Estocolmo ni el quinto Con-
greso del partido en Londres pudieron hacerlo desaparecer. Es-
tos desacuerdos afectaban al carácter de la revolución rusa y al
papel que el proletariado debía asumir, lo mismo que la cuestión
que se deducía de la actitud de los socialdemócratas, vanguardia
del proletariado, respecto a la burguesía liberal. He mencionado
ya que en las elecciones de la segunda Duma los bolcheviques
en Petersburgo y Moscú fueron con todos los partidos revolucio-
narios de entonces ( los socialistas revolucionarios, los socialis-
tas populistas y la liga campesina), mientras que los menchevi-
que y Pléjanov invitaban a los electores socialdemócratas a vo-
tar por los cadetes. en esta perspectiva revolucionaria, los bolcheviques insistían no
Después del aplastamiento de la segunda Duma, cuando el ré- sólo en mantener las organizaciones socialdemócratas ilegales
gimen stolypiniano se consolidó, los desacuerdos se acentuaron. del partido, sino en continuar el programa y la táctica revolucio-
Afectaron esta vez a la existencia misma de nuestro partido, naria socialdemócrata.
Plékhanov declaraba ruidosamente que no era necesario tomar Hoy todos los obreros de Rusia saben que los bolcheviques
las armas (había visto la insurrección de diciembre de 1905 en tenían razón, y que su paciente trabajo en el dominio ideológico
Moscú y en las otras ciudades de Rusia); los mencheviques nos y en la práctica no ha sido perdido. Pero fueron necesarios más
acusaban en la Prensa de haber asustado a los cadetes presentan- de diez años de esfuerzos y de sacrificios considerables para de-
do reivindicaciones como la jornada de ocho horas, etc. Resulta- fender el partido contra esos pretendidos amigos de la derecha
ba que la revolución de 1905 se había perdido por culpa de los (los liquidadores) y de la izquierda (los otsovistas).
bolcheviques. El peso de las acusaciones que los bolcheviques En el momento de mi llegada al extranjero en 1908, las dos
recibían de los mencheviques había aumentado por el hecho de principales corrientes del partido –los mencheviques liquidado-
que, según éstos, no había en el horizonte esperanzas ni indicios res y los bolcheviques– tenía cada uno su órgano en el extranje-
de una nueva recrudescencia revolucionaria; el régimen stolypi- ro y formaban ya dos fracciones determinadas (los menchevi-
niano estaba asentado por largo tiempo. ques hacían aparecer el Goloss socialdemokrata (la “Voz del so-
Partiendo de este razonamiento, los mencheviques proponían cialdemócrata”) y los bolcheviques el Proletari (el “Proletario”).
adaptarse al régimen stolypiniano. Dicho de otra manera el par- Las dos fracciones estaban en contacto estrecho con las organi-
tido obrero socialdemócrata de Rusia debía obrar y militar legal- zaciones rusas. Además, un órgano popular fuera de fracción, la
mente en el cuadro de las leyes zaristas, y con este objeto arro- Pravda, se publicaba en Viena. Alrededor de este periódico se
jar por la borda el programa y la táctica del partido; es decir, li- agrupaban los camaradas del extranjero y de Rusia que no que-
quidar éste en tanto fuese partido socialdemócrata revoluciona- rían adherirse a los bolcheviques ni a los mencheviques. En rea-
rio. Los bolcheviques tenían otra manera de ver las cosas. Decla- lidad, este grupo estaba más cerca de los liquidadores que de los
raban que los problemas fundamentales que habían provocado la bolcheviques.
revolución de 1905 no se habían resuelto. La clase obrera no ha- La prueba está en que después de la conferencia panrusa de
bía recibido satisfacción; no había obtenido el derecho de aso- Praga (enero de 1912) convocada por los bolcheviques, este gru-
ciación y de coalición, ni la libertad de palabra y de reunión; la po se afilió al “bloque de agosto”, que fue prácticamente dirigi-
jornada de trabajo era la misma que antes de la revolución; los do contra los bolcheviques (el “bloque de agosto” comprendía,
seguros sociales eran inexistentes; los salarios eran todavía más además del grupo de la Pravda, de Viena, los liquidadores, los
bajos que antes de la revolución. El campesino tampoco había partidarios del Vpériod, el Comité regional del Cáucaso, los le-
obtenido nada; la tierra continuaba perteneciendo a los propieta- tones y el Bund). El grupo de la Pravda, de Viena se componía
rios rurales; los impuestos no habían disminuido; el campesino de los camaradas Trotsky, Ouritski, Siemkovski y otros. En
estaba tan esclavizado como antes de la revolución. Por lo tanto, cuanto al grupo de Vpériod, entonces empezaba a formarse. Se
la revolución no estaba muerta y los antagonismos subsistían. La componía, después de la Conferencia ampliada de la redacción
revolución de 1905 –decían los bolcheviques– ha sufrido una de- de Proletari en 1909, de camaradas de concepción diferentes:
rrota momentánea, pero ella volverá con más fuerza. Basándose los unos, como Alexinski, eran opuestos a la participación de los
socialdemócratas en la Duma; los otros estaban descontentos de ro tan pronto se enteraron los camaradas del partido que los vpe-
que se hubiese eliminado de las filas bolcheviques a los “otso- riodistas y los bolcheviques no eran lo mismo, se pasaron ense-
vistas”, como se llamaba entonces a los camaradas partidarios de guida a los bolcheviques. (Los vperiodistas organizaron una es-
la retirada de la fracción socialdemócrata de la Duma. Al grupo cuela de partido en la isla de Capri. Hicieron venir de Rusia
de Vpériod se adherían igualmente los adeptos (Bogdanov–Ria- obreros miembros del partido. Terminados los cursos, casi todos
dovoi y Otros), de la filosofía de Mach23, filosofía incompatible los alumnos se volvieron a reunir con los bolcheviques.) El gru-
con la doctrina de Marx, y los deístas24 (Lounatcharski y otros), po de Vpériod comprendía: Alexinski, los camaradas Liadov,
de quienes los bolcheviques se separaron. Este grupo no tenía in- Bogdanov, Lounatcharski y otros. Prácticamente, este grupo,
fluencia en la masa obrera de Rusia. Utilizaba sobre todo los an- aunque él se considerase más a la izquierda que los bolchevi-
tiguos enlaces bolcheviques con las organizaciones de Rusia, pe- ques, formó un bloque con los liquidadores y participó con ellos
en el “bloque de agosto” y en la Conferencia que éstos convoca-
23 El machismo es una corriente filosófica fundada por el físico Mach. En
ron al mismo tiempo.
su esencia, el machismo admite el carácter Idéntico de la existencia y de la
conciencia, a diferencia del materialismo que admite la unidad de la existen- En los años siguientes (de 1910 a 1914, hasta la declaración
cia y de la conciencia. Los machistas pretenden que el espíritu y la materia de la guerra), en la fracción rusa del partido obrero socialdemó-
no son más que dos variedades diferentes de los mismos fenómenos funda- crata de Rusia, dos grupos se constituyeron en el extranjero: los
mentales del mundo: las intuiciones. El machismo encontró adeptos entre mencheviques partiitsi25 o los plékhanovistas, teniendo a la ca-
una pequeña fracción de bolcheviques (Bógdanov–Riadovoi y otros), que beza a Pléjanov, y a los bolcheviques partiitsi. Plékjanov y los
considerándose marxistas y materialistas, cayeron en el idealismo, al mismo
tiempo que desnaturalizaban la esencia de la concepción del mundo de los plekhanovistas, aun siendo bolcheviques, eran opuestos a la li-
fundadores del socialismo científico, Marx y Engels. Como lo ha dicho con quidación del partido ilegal y a la adaptación al régimen stolypi-
precisión Lenin, como naturalista, Mach, inconscientemente tiene que venir niano, y partidarios de la unión de todos los elementos del parti-
al punto de vista materialista. Y cada vez que viene cae en contradicción ló- do contra el liquidacionismo. Los bolcheviques partiitsi declara-
gica con el principio idealista de su propia filosofía. Y más adelante: “En
Mach viven dos almas”. ban continuar siendo bolcheviques, pero no podían aceptar la
En 1908–1910, en el decrecimiento del movimiento obrero fue cuando táctica de intransigencia casi escisionista de Lenin y los leninis-
aparecieron en nuestro partido diversas desviaciones de marxismo revolucio- tas. Este grupo comprendía a los camaradas Leva, Marc, Liuvi-
nario; el Centro bolchevique combatió vigorosamente a los machistas.
24 El deísmo, en 1908–1910, tuvo un pequeño número de adeptos entre los
bolcheviques. Partían de la idea de que “existen otros medios de atraer las 25 Los bolcheviques partiitsi (los conciliadores) acusaban a Lenin y al
masas laboristas al socialismo científico, además del proceso económico que Centro bolchevique de escisionismo y de intolerancia con adversarios de
proletariza estas masas y las lleva a la manera de ver del proletariado”. Por ideas, porque los bolcheviques se separaran en su centro de los otsovistas, de
eso, “digan lo que quieran los fundadores “del socialismo científico, supo- los ultimatistas, machistas, deístas; desenmascaraban a los conciliadores
nen que puede darse al socialismo una forma más aceptable para las clases (que habían propuesto conciliar lo inconciliable, y que después del fracaso
sociales semiproletarizadas”. A este efecto, los deístas han cubierto la doctri- de sus tentativas se alejaron prásticamente de los bolcheviques) y combatían
na socialista bajo una forma mística, como más accesible a las capas socia- a los liquidadores y expulsaron del partido en la Conferencia de 1912.
les no proletarias, y la adaptaron a la mentalidad religiosa de estas últimas. Hoy todo obrero de la Rusia soviética puede decir claramente que gracias
Ésta desviación funesta la combatió con ardor el núcleo fundamental de los a la lucha que durante varios años los bolcheviques sostuvieran en el seno
bolcheviques”. (Tomamos esta cita de un artículo de Kamenev que apareció del partido obrero socialdemócrata de Rusia, contra todas las deformaciones
en el número 42 del Proletari, del 12 de febrero de 1909, dirigido por Lenin, del comunismo revolucionario, nuestro partido venció en octubre de 1917 y
Zinoviev y Kamenev.) ha consolidado esta victoria.
mov, Losovski y otros. Los bolcheviques partiitsi no tenían in- bién había una oposición, los rozloumovtsi, que tenía al frente a
fluencia alguna sobre las organizaciones del partido en Rusia. En Radek, Hanecki, Ounchliht, etc.
la Conferencia de enero de 1911, ni uno solo hubo de sus mili- Me he extendido sobre todo lo anterior para que se tenga una
tantes. En 1912–1914, los dos grupos mencionados se fusiona- idea clara de lo que pasaba entonces en las filas del partido.
ron y publicaron juntos en el extranjero Za Partiu (“Por el Par- Diez años han sido necesarios para demostrar y hacer admitir lo
tido”) y otro en Rusia, Edinstvo (“La Unidad”)26. que para el partido fue la misma evidencia. Diez años durante
El desorden no era menor en los “nacionales”, que se adhirie-