Psicologia Inversa
Seguro que has usado alguna vez la psicología inversa, aunque no te hayas
dado cuenta o hayas sido consciente del poder que tiene. Básicamente se trata
de adoptar una postura para que el otro adopte la contraria.
Unos expertos en llevar la contraria suelen ser los adolescentes. En pleno
proceso del establecimiento de su identidad, si algo detestan es que alguien
trate de dirigirles o condicionarles. Así, en pos de evitar esta sensación, optan
a menudo por no hacer lo que les sugieren aunque en el fondo sepan que es la
mejor opción.
Sin embargo, esto no solamente es cosa de adolescentes. Aunque con menor
intensidad y frecuencia, suelen quedar vestigios de esta inclinación -la de
llevar la contraria- en la vida adulta.
¿Qué es la psicología inversa?
Este concepto se atribuye al psiquiatra austriaco Viktor Frankl y basa su
eficacia en la reactancia. ¿En qué consiste este proceso? Se trata de un proceso
motivacional a través del cual defendemos nuestra libertad y nos revelamos
contra aquellos que creemos que intentan reprimirnos. En muchas ocasiones
sólo por sentir que tenemos el control de nuestra vida nos aferramos a una
decisión contraria a la que nos indican. No estamos dispuestos a perder ni
nuestro poder ni nuestra autonomía.
Basta que a un niño pequeño le digamos que no toque un objeto para despertar
su curiosidad. Basta que a cualquiera de nosotros nos digan que no abramos la
puerta de un armario para sentir la tremenda curiosidad de abrirla. ¿Os sentís
identificados con alguna de estas situaciones?
La psicología inversa consiste en que si queremos que alguien lleve a cabo
una acción X, le diremos que realice la acción contraria (Y) para que elija la
que realmente nosotros queremos, la X.
¿Cómo ponemos en marcha la psicología inversa?
Imaginemos que un niño de 5 años se niega a comer verduras. Tú insistes en
obligarle a que termine todo lo que está en el plato, pero parece que no hay
manera: no va a comerse las zanahorias o calabacines. Si le sigues diciendo
que coma, todo terminará mal. Tú bajarás los brazos y él se irá feliz a jugar.
Madre dándole de comer a su bebé
La cosa no es tan sencilla como decirle al niño que no los coma. Se va
marchar corriendo y nos vamos a quedar nosotros con las verduras. Antes
tenemos que hacer un trabajo previo, tenemos que darle a las verduras una
forma atractiva: que no parezcan un plato soso y aburrido, sino todo lo
contrario.
Después es cuando podemos poner en marcha la psicología inversa para
aumentar aún más el atractivo del plato. Lo cierto es que si algo despierta
nuestra curiosidad esta aumenta aún más si resulta prohibido. Esto en la
infancia es especialmente cierto porque los padres a menudo prohíben cosas a
sus hijos que en algún momento han experimentado como divertidas.
Con lo divertido que es saltar en un charco y nosotros se lo prohibimos…
Cuando vamos sumando años, a la asociación que hemos adquirido en la
infancia le añadimos, como hemos descrito antes, la necesidad de
independencia. Otros motivo para llevar la contraria puede tener que ver con
la seguridad que sintamos en una situación determinada. Si nos sentimos
inseguros y alguien nos incita a correr un riesgo, probablemente optemos por
el comportamiento más común o menos divergente con el de la mayoría.
Por el contrario, acompañados de un sentimiento de seguridad nos
inclinaremos por la opción arriesgada con más determinación si alguien
intenta incitarnos para que optemos por la segura. Así, llevar la contraria en
estos casos no suele determinar el lado hacia el que se inclina la balanza, pero
sí hace que esta se incline definitivamente o que lo haga con más fuerza, hacia
un lado u otro.
La psicología inversa en los adultos
Quizás el ejemplo del niño que no quería comer verduras sea algo básico y lo
entendamos porque “se trata de un pequeño al que se puede manejar más
fácil”. Sin embargo, has de saber que la psicología inversa se emplea mucho
en las empresas.
Por ejemplo: una compañía ofrece cursos de formación optativos para sus
empleados. Pero como son después del horario laboral, nadie se apunta.
Entonces, los directivos informan que a partir del próximo mes, se recortarán a
la mitad las horas de los cursos y que esos recursos se perderán.
Con este movimiento estratégico, la empresa no quiere en realidad quitar los
cursos sino que el trabajador se dé cuenta de que cuenta con algo que tiene
valor y que si el no lo utiliza se dedicará a otra cosa que nada tiene que ver
con él…y a nadie le gusta perder algo que tiene valor objetivo aunque esa
persona hasta ese momento no se lo haya dado.
Si la empresa consigue que el trabajador perciba esto empezará a acudir a los
cursos, aunque sea simplemente para que no se los quiten
¿Cómo aplicar la psicología inversa?
Ahora bien, no se trata de andar por la vida “negando cosas” para que el otro
las haga como nosotros queremos. Existen algunas “condiciones” (por
llamarlas de algún modo) para que el hábito de manipular no se haga
costumbre:
¿A quién la aplicarás y por qué? Responde a esta pregunta antes de usar la
técnica de la psicología inversa. Si es para que tu hijo se vista para ir a la
escuela o deje de mirar tanta televisión, bienvenida sea, pero si quieres
convencer a tus clientes de comprar un nuevo producto, puede que lo tengas
que pensar mejor.
¿Cuáles son los efectos que puedes conseguir? Si niegas a tu hijo que haga los
deberes y los termina haciendo, perfecto. Sin embargo, a veces no te saldrá
bien la jugada y él te responderá, lo más feliz del mundo, “perfecto, puedo
entonces encender los videojuegos”.
¿Cómo de libre desea sentirse esa persona? Cuanta mayor sea su necesidad de
auto-afirmación (necesidad de sentir que toma las decisiones que toma por su
propia voluntad), con mayor probabilidad va a seguir un camino distinto al
que le indiquemos. Por ejemplo, una persona a la que no le gusta nada recibir
órdenes será una buena candidata para que la psicología inversa funcione con
ella.