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Ensayo Sobre La Conciencia

Este documento presenta tres perspectivas sobre la conciencia: anatómica, psicoanalítica y filosófica. Desde una perspectiva anatómica, no existe un único lugar ni neurotransmisor de la conciencia en el cerebro. La perspectiva psicoanalítica considera que gran parte de los procesos mentales son inconscientes y que la conciencia forma parte de un sistema que incluye lo inconsciente y preconsciente. Finalmente, desde una perspectiva filosófica, Daniel Dennett argumenta que la conciencia emerge de procesos cere
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Ensayo Sobre La Conciencia

Este documento presenta tres perspectivas sobre la conciencia: anatómica, psicoanalítica y filosófica. Desde una perspectiva anatómica, no existe un único lugar ni neurotransmisor de la conciencia en el cerebro. La perspectiva psicoanalítica considera que gran parte de los procesos mentales son inconscientes y que la conciencia forma parte de un sistema que incluye lo inconsciente y preconsciente. Finalmente, desde una perspectiva filosófica, Daniel Dennett argumenta que la conciencia emerge de procesos cere
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Nombre: Shaired Vergel Navarro

Codigo: 2172979

TALLER DE LENGUAJE

TESIS: La consiencia no existe

ARGUMENTOS:

LA CONCIENCIA DESDE UN PUNTO DE VISTA ANATOMICO

Si preguntas a un canario, la octava isla puede ser San Borondon, o la Graciosa


junto a Lanzarote o el islote de Lobos entre Lanzarote y Fuerteventura o
Venezuela. Las islas Canarias tambien han sido denominadas islas de la Fortuna
y confundidas con la mitica Atlántida. Asi pues, Empecemos por la conclusión:
como a la isla de San Borondon, casi nadie la ha visto, aunque algunos creen que
si. Si tuviésemos que ser categóricos, esto es, que decir si o no, respecto a admitir
si la ciencia ha hallado el lugar de la conciencia en el cerebro, la respuesta seria
«Sí, pero no». No existe un unico lugar para la conciencia, tampoco existe un
unico neurotrasmisor de la conciencia.

Los neurotrasmisores son sustancias químicas naturales que hacen posible la


comunicación de información entre las neuronas, esto es, la propagación del
impulso nervioso, y existen varios tipos. Una prueba de que no existe el
neurotransmisor de la conciencia es que multiples drogas y fármacos muy
diferentes entre si, que potencian o bloquean la accion de los neurotransmisores,
producen alteraciones variables de conciencia. No obstante de los
neurotransmisores relevantes para la actividad consciente el mas citado es la
dopamina. En realidad, acerca de la neurobiología de la conciencia tenemos un
abanico amplio de conjeturas con apoyo empírico que oscilan entre dos extremos:
Todo el cerebro participade la conciencia o un núcleo especifico es el asiento
exclusivo de la misma. Todo empezo al localizar la conciencia en la glandula
pineal, según Descartes, por ser una estructura que no esta duplicada en el
cerebro. En la moderna neuropsicología, se han propuesto varios candidatos, el
hipocampo, el locus coeruleus en la formación reticular, el cortex cingulado
anterior en el lóbulo frontal, el talamo... La investigación ha permitido descartar
algunos de ellos, por ejemplo el hipocampo tiene que ver con el aprendizaje de la
información nueva; la formación reticular ascendente tiene que ver con el nivel de
activacion o alerta del organismo pero no con los contenidos de conciencia, esto
es, si se daña se produce un estado de coma, pero seria como desenchufar el
ordenador para determinar donde esta el Word Perfect. El cortex cingulado se
asocia mas a funciones atencionales de control de la información y a la conciencia
emocional (ver Posner o Damasio). Muchos de estos candidatos muestran
interesantes conexiones entre si, por ejemplo entre el talamo, el cortex cingulado y
el sistema de alerta, cuyas interacciones determinan la conciencia inmediata, esto
es, aquello de lo que soy consciente aquí y ahora, como veremos. Entre las
opciones intermedias (ni participa todo el cerebro ni se localiza en un area
concreta), nos encontramos con la identificación de la conciencia con un
hemisferio cerebral (preferentemente el izquierdo por su capacidad parlante), con
un lóbulo (con mas frecuencia el lóbulo frontal o el temporal, aunque tambien el
parietal o el occipital son candidatos).

FUENTE: CAPITULO 8 ANATOMIA DE LA CONCIENCIA

CONCIENCIA DESDE UN ENFOQUE PSICOANALÍTICO

En principio, “ningún otro que el de un órgano sensorial para la percepción de las


cualidades psíquicas”, por tanto, “consciente es la representación [pensamiento]
que se halla presente en nuestra conciencia y que es objeto de nuestra
percepción”88. Para el psicoanálisis es una “presunción insostenible” exigir que
todo lo que sucede en lo psíquico haya de ser conocido por la conciencia.

El tiempo y la neurociencia parecen haber dado la razón a Freud pues hoy se


entiende que gran parte de “los procesos mentales funcionan de manera no
consciente (…) y la mente es en gran medida inconsciente” (Damasio, 2010, pp.
249 y 271).

Por eso, Freud -en Lo inconsciente- utiliza la analogía consciente versus


percepción-kantiana cuando señala que de la misma manera que para Kant la
determinación del objeto observado viene condicionada por la subjetividad del
sujeto cognoscente (es decir, nuestra percepción no es idéntica a lo percibido
incognoscible sino que lo configura), para el psicoanálisis, no debemos sustituir el
proceso psíquico inconsciente (psicología de lo profundo) por la percepción de la
conciencia.

Lo anterior nos lleva a entender y estudiar como una misma moneda, pero de dos
caras, a la conciencia y al inconsciente. Esa formulación integradora y
complementaria que ofrece el psicoanálisis, no supone ninguna ruptura con la
doctrina psiquiátrica tradicional que también valora la antinómia consciente-
inconsciente poniendo de manifiesto que el problema de la conciencia es
consecuencia del inconsciente, y que “la aportación fundamental del psicoanálisis
sigue en pie: el inconsciente no es simplemente la negación de la conciencia, sino
un campo extraconsciente que comprende distintos contenidos y procesos
dinámicos (…) Una psiquiatría de la conciencia donde se excluyese la vida
psíquica inconsciente, sería una ciencia artificiosamente reducida”.

Por lo expuesto, referirse psicoanalíticamente a la conciencia es hacerlo al


sistema inconsciente-preconsciente-consciente.

Freud ve a la conciencia, en primera instancia, como un órgano sensorial y


posteriormente90 como una facultad que permite al hombre tomar conocimiento
del mundo exterior, conocerse a sí mismo y regir su conducta.

El hecho de poner en valor los procesos inconscientes no debe entenderse como


si Freud propusiese que el inconsciente debe regir libérrimamente todos nuestros
actos. Por el contrario, el tratamiento analítico pretende cancelar los síntomas
(conociendo y reinterpretando sus causas) y sustituirlos por un pensamiento
plenamente consciente.

Es decir, hacer consciente lo olvidado para eliminar una compulsión inconsciente.


Por tanto, la conciencia ocupa un papel fundamental para controlar el principio del
placer y someterlo al principio de la realidad. En cierta medida el psicoanálisis
termina identificando conciencia y razón.

Pero en la conciencia freudiana hay un antecedente que favorece el acto psíquico


consciente, me refiero a la atención, y un consecuente moral: la culpa-angustia92;
“el sentimiento de culpa no es, en el fondo, sino una variedad tópica de la
angustia”93.

Freud en La angustia (1917)94 distingue, en principio, que ésta puede ser


“realista” (reacción frente a daño exterior, reflejo de huida) o “neurótica” (propia de
las fobias incluida la angustia histérica y las obsesiones), si bien posteriormente
matiza que la primera no es tan racional ni adecuada pues paraliza tanto la huida
como el ataque. El origen de la angustia está, de una parte, en el acto del
nacimiento al interrumpirse la “respiración interna”, angustia tóxica, por
angostamiento y falta de aliento (que se mantiene en la sintomatología actual); y,
de otra, en la separación de la madre -angustia de separación-. Cabe recordar
también que Freud relaciona la angustia con la represión

libidinal, vinculándola a la “restricción sexual” y a periodos como la pubertad y la


menopausia.

Por tanto, la causa de la angustia es el miedo, a la “perdida del amor” -Freud-, al


desamparo, la soledad, la estigmatización moral, jurídica o psiquiátrica; en suma,
a la castración95 social. Vemos pues que lo que empieza siendo angustia por
separación de la madre, se transforma en angustia por exclusión social y por
“separación de la vida”, y termina generando las dos formas principales de
angustia derivadas del miedo: angustia ante la locura96 y frente la muerte.

“Tener conciencia que desde la hora de nuestro nacimiento hasta la de nuestra


muerte estamos obligados a combatir hasta el último momento para que las
fronteras de la muerte, de la locura, las fronteras de nuestra soledad, se alejen de
lo desconocido, lo absurdo y lo inhumano”97.

El problema está en que muchas veces (casos de angustia neurótica) el miedo


productor de angustia se oculta, desplaza y proyecta en otro objeto (denominado
fóbico) que refleja un “factor traumático” desconocido por el propio sujeto. La
angustia manifiesta o aparente emerge frente a una determinada situación, pero el
miedo real y latente es a otra cosa que lo produce verdaderamente y que no tiene
nada que ver con lo desencadenante. De ahí la necesidad de explorar la causa
auténtica y naturaleza del miedo angustiante

Tras ésta breve digresión sobre la angustia, volvamos a la culpa. No cabe estudiar
la conciencia sin referirnos a la culpa (significante de gran relevancia
psicoanalítica), pero también desde el punto de vista estrictamente psiquiátrico
hay que analizar ambos conceptos pues en el contenido de la conciencia no solo
están los conocimientos sino las distintas maneras de rememorar lo vivido; y es
aquí donde aparece “una relación cognoscitiva con la culpa del propio sujeto” pues
“el conocimiento sobre el saber propio es el dato definidor de la conciencia. Pero
en ese saber propio no tiene por qué excluirse la culpa”99. De ahí que una
psiquiatría de la conciencia pueda conducirnos frecuentemente a una psiquiatría
de la culpa

FUENTE: UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE


MEDICINA DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRÍA

LA CONCIECIA DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL FILOSOFO DANIEL


DENETT

Daniel Clement Dennett, nacido el 28 de marzo de 1942 en Boston, EEUU, es uno


de los filósofos de la ciencia que se ha destacado en el ámbito de las ciencias
cognitivas, especialmente en el estudio de la conciencia, intencionalidad,
inteligencia artificial. También son significativas sus aportaciones acerca de la
significación actual del darwinismo y la religión. Dirige el Centro de Estudios
Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Desde
1987 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de
la Academia Europea de Ciencias y Artes. El presente reporte es sobre una obra
de su autoría que lleva por título La conciencia explicada.

La propuesta de Daniel Dennett es un intento de, como el título de su obra lo


expresa, llegar a explicar la conciencia. Dennett sabe que no es el primero en
cuestionarse al respecto, aún más, reconoce que la conciencia es uno de los
grandes misterios que el hombre ha querido resolver a lo largo de la historia. El
autor parte de la interrogante que le ha dejado la lectura de las Meditaciones de
Descartes sobre el problema de la mente y el cuerpo. “Ahí había un misterio.
¿Cómo es posible que mis pensamientos y mis sentimientos quepan en el mismo
mundo que las células nerviosas y las moléculas que componen mi cerebro?”[1]
Como preludio a una posible respuesta al problema de la autoconciencia, Dennett
parte de otra interrogante: ¿Por qué son posibles las alucinaciones?

Dice Dennett:

“Imagine usted que un grupo de malvados científicos le ha extirpado el cerebro


mientras dormía y lo han introducido en un tarro con todo lo necesario para
mantenerlo con vida. Imagine, además, que, hecho esto, los malvados científicos
se dedican a hacerle creer que usted no es solamente un cerebro en un tarro, sino
que sigue en pie con su cuerpo, participando en las actividades propias del mundo
real.”[2]

Tal experiencia sería la versión moderna del genio malvado de Descartes, la de un


ilusionista empeñado en hacer lo imposible por distraer a Descartes ante cualquier
situación, incluida su propia existencia. Sin embargo, como observó el propio
Descartes, ni siquiera un malvado demonio con poderes infinitos sería capaz de
hacerle creer en su existencia si esto no fuera cierto: cogito ergo sum. En
resumen, esto despertaría las interrogantes, aunque ficticias porque el mismo
caso es ficticio, sobre la posibilidad de que no seamos más que un cerebro en un
tarro y si seríamos capaces de llegar a concebir la situación. Dice Dennett, el
experimento mental (aquel del cerebro en un tarro), presupone que los malvados
científicos poseen todos los medios a su alcance para transmitir a las terminales
nerviosas de los sentidos los estímulos adecuados, a fin de que su engaño tenga
éxito. Sin embargo, en el hecho resultaría bastante desalentador, por no decir
imposible, es decir, los científicos que intentaran realizar esta tarea pronto se
encontrarían ante complicaciones. Comenzarían con un cerebro
convenientemente reducido a un estado de coma, al que se mantiene con vida
pero que no recibe ningún estímulo a través de las terminales nerviosas. Se suele
asumir que un cerebro en estas condiciones permanecería en estado de coma
para siempre, sin necesidad de morfina para mantenerlo dormido, aunque existen
algunas experiencias que parecen demostrar que un despertar repentino es
posible. Supongamos, dice Dennett, que esta experiencia ficticia de los científicos,
éstos deciden despertarle mandando estímulos sensoriales a los nervios auditivos,
y producen, además las señales apropiadas para hacer creer que está tumbado
boca arriba, aunque paralizado, insensible y ciego. Nuestros científicos
continuarían, entonces, con la estimulación comunicando lo que habría sido
interpretado como una suave y uniforme sensación de calor sobre el vientre de su
cuerpo, y podrían estimular los nervios epidérmicos de la espalda a fin de simular
la hormigueante textura de finos granos de arena presionando sobre su espalda.
El paso siguiente sería liberar parcialmente, y poco a poco, la parálisis de su
cuerpo, y para ello le permiten mover el dedo índice de la mano derecha sobre la
arena, transmitiéndole la experiencia sensorial de movimiento. Es justo aquí donde
los científicos se enfrentarían a un problema  que se les escaparía de las manos,
ya que la manera de percibir el movimiento en la arena dependería de la forma en
que decidiera mover el dedo, para así calcular la información necesaria para la
realimentación cinestésica, de modo que los científicos quedarán atrapados en el
pantano de la explosión combinatoria[3] en el mismo momento en que decidan
concederle una mínima capacidad para explorar su mundo imaginario. El
problema en el que quedarían atrapados los científicos sería que “las alternativas
abiertas para la acción deben quedar estrictamente —y en contra de todo realismo
— limitadas a fin de que la labor de aquellos que quieren representar el mundo
permanezca dentro de los límites de lo factible”[4].

Si hubiera una posible solución a esto, esta sería aquella utilizada en los
simuladores de vuelo, que sería el uso de réplicas del mundo simulado.
“Descartes tuvo el buen criterio de dotar a su genio imaginario con
poderes infinitos para el engaño. Aunque la empresa no es, estrictamente
hablando, infinita, la cantidad de información que en poco tiempo puede obtener
un ser humano mínimamente inquisitivo es impresionante.”[5] La conclusión que
aparentemente podemos extraer es que las alucinaciones fuertes[6] son
imposibles.

“No obstante, aunque no podamos afirmar que las


alucinaciones verdaderamente fuertes son posibles, no cabe duda de que con
frecuencia se experimentan convincentes alucinaciones multimodales. Las
alucinaciones documentadas en la bibliografía de psicología clínica son a menudo
detalladas fantasías que están muy por encima de la capacidad generativa de la
tecnología actual. ¿Cómo es posible que un solo cerebro haga lo que una legión
de científicos y expertos en animación por ordenador serían prácticamente
incapaces de hacer? Si tales experiencias no son percepciones genuinas o
verídicas de una cosa real «fuera» de la mente, entonces deben producirse
enteramente dentro de la mente (o del cerebro); tramadas de manera artificial,
pero lo suficientemente próximas a la realidad como para confundir a la propia
mente que las inventó.”[7]

La explicación más común que se suele dar a esto es la de suponer que las
alucinaciones ocurren cuando se produce algún tipo de auto-estimulación anormal
del cerebro, una estimulación de ciertas partes o niveles de los sistemas
perceptivos del cerebro generada internamente en su totalidad. De hecho, nos
expone el autor, Descartes ya lo había pensado así, dado que las percepciones
son causadas por complicadas cadenas de eventos en el sistema nervioso, que
terminan en el centro de control de la mente consciente, si fuera posible intervenir
en algún punto de esta cadena, un tirón en el punto apropiado de los nervios
produciría exactamente una cadena de eventos que causaría la percepción real de
algo, lo cual a su vez, produciría en el punto de recepción de la mente
exactamente los mismos efectos que una percepción consciente.

Sin embargo, incluso esto sería insuficiente porque el cerebro puede relajarse y
dejar que el mundo real proporcione grandes dosis de información verdadera, pero
si empieza a intentar cortocircuitar sus propios nervios, el resultado no pasará de
la más débil y efímera de las alucinaciones. La propuesta del autor es que en
realidad el motivo por el que las alucinaciones pueden sobrevivir es que se cuente
con que la víctima será más o menos activa en el momento de investigar el
fenómeno.

“Así pues, una solución para el problema de las alucinaciones fuertes será
suponer que existe un vínculo entre la víctima y el ilusionista, lo cual permite a
este último construir una ilusión que depende de la intención y de las decisiones
de la víctima, lo que presupone que es capaz de anticipar estas reacciones…
Volviendo ahora a nuestro experimento mental, si los científicos pudieran obligar al
cerebro del tarro a tener unas determinadas intenciones, podrían entonces salvar
el problema de la explosión combinatoria preparando sólo el material necesario
anticipándose a esas decisiones.”[8]
Esto se lo planteará la víctima a manera de hipótesis, de tal suerte que lo único
que es preciso suponer para que un sistema perceptivo entre en un estado de
alucinación es que mientras la parte que genera las hipótesis está funcionando
normalmente (lo que representaría la parte activa de la víctima), la parte dirigida
por los datos que se le proporcionan (que sería la parte pasiva de la victima) entre
en un proceso arbitrario de confirmación o refutación de tales hipótesis. Es decir,
“si el ruido en el canal de datos se ve arbitrariamente amplificado en forma de
«confirmaciones» y «refutaciones», las expectativas, inquietudes, obsesiones y
preocupaciones que pueda tener la víctima en ese momento harán que se
planteen preguntas o hipótesis cuyo contenido reflejará, con toda seguridad, esos
intereses.”[9]

Pero hasta aquí solo se plantea el verdadero problema al que se quiere enfrentar
Dennett, aquel de la conciencia. Para él la conciencia es el último de los grandes
misterios ya que es un fenómeno para el cual no hemos hallado todavía una
manera de pensar. De hecho la conciencia se caracteriza por ser el único tema
que aún puede dejar polémica entre los pensadores contemporáneos. La intención
de Dennett es en primer lugar desmitificar la conciencia, esto podría lamentarse
porque podría asemejarse a la pérdida de la inocencia de la edad adulta, pero es
necesario, nos expresa el autor, ya que hoy en día hablamos de nuestras
decisiones conscientes y de nuestros hábitos inconscientes, pero ya no se puede
estar realmente seguros de lo que se quiere decir cuando utilizamos tales
expresiones. Y la concepción que se tenga de la conciencia, el concepto que se
obtenga de ella determinará aún los  modos de acción éticos y morales de nuestro
tiempo, como de hecho ya lo hace.

“¿Cuál es, pues, el misterio? ¿Qué puede ser más obvio para un individuo que su
naturaleza en tanto que sujeto consciente de experiencia, alguien que disfruta de
percepciones y sensaciones, que padece el dolor, un pensador consciente,
alguien que tiene ideas? Todo esto parece innegable, pero ¿qué objeto del mundo
puede ser la conciencia? ¿Cómo es posible que los cuerpos físicos animados que
habitan el mundo físico sean capaces de producir tales fenómenos? Éste es el
misterio.”[10]

El punto de hecho se presenta cuando caemos en la cuenta de lo que hacemos,


ese experimentar y pensar simultáneamente sobre lo que se está experimentando
desde la posición privilegiada de primera persona, es decir el ser verdaderamente
autoconscientes.

“¿Cómo es posible que todo esto no sea más que algo físico que está ocurriendo
en mi cerebro? ¿Cómo es posible que una determinada combinación de sucesos
electroquímicos en mi cerebro pudiera sumarse a la delicadeza con que cientos de
ramitas se balanceaban al ritmo de la música? ¿Cómo es posible que un acto de
procesamiento de la información en mi cerebro sea la suave calidez con que yo
sentía la luz del sol sobre mi cuerpo? En cuanto a eso, ¿cómo es posible que un
evento en mi cerebro sea la imagen mental imperfectamente visualizada por mí
de... un acto de procesamiento de la información en mi cerebro? Parece realmente
imposible.”[11]

Pareciera como si los acontecimientos que son mis pensamientos conscientes y


mis experiencias no pudieran ser acontecimientos cerebrales, sino que deberían
ser otra cosa, sin duda algo causado o producido por mis acontecimientos
cerebrales, pero algo que está ahí además de esos acontecimientos, algo hecho
de una sustancia diferente y localizado en un espacio diferente. Es así como
Dennett plantea la solución a esta problemática que desarrollará a lo largo del
libro.

FUENTE: Dennett, Daniel, La conciencia explicada, Ediciones Paidós,


Barcelona, España, 1995.

LA CONCIENCIA DESDE UN PUNTO DE VISTA MATERIAL

No hay, pues, en Locke, ni materia pensante nipensamiento alojado o integrado en


la materia. Sólo hay la posibilidad de una conciencia, que no necesita de ningún
soporte sustancial, puesta junto a una sustancia material, sin que ésta la pueda
determinar en absoluto, ni en su independencia ni en sus funciones.

Finalmente, con esta hipótesis tampoco se produce la ansiada unidad de cuerpo y


conciencia. En la hipótesis más próxima a su unidad, ambos permanecen
irreductibles, y lo más que hace la voluntad divina es juntarlos sin que cada uno pi
erda sus caraotenísticas peculiares. La omnipotencia de Dios si—que haciendo de
puente sin resolver la separaci ón,aunque sea el áltinro recurso al que Locke
pueda acudin.

FUENTE: UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Facultad de Filosofía y


CIencias de la Educación Departamento de Filosofía 1

LA CONCIENCIA DESDE UN PUNTO DE VISTA RELIGIOSO

Puesto que la conciencia es centro de la persona y guía de su obrar natural,


esfuércense activamente por formarla recta y madura, temerosa de Dios, abierta
siempre al bien y a las inspiraciones del Espíritu Santo, capaz de discernir lo
bueno de lo malo y de la mentira, y eviten la insinceridad y la inautenticidad, tan
contrarias al espíritu de Cristo.

FUENTE:Escuela de la fe 

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