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Zavala Cepeda 2015 PDF

Este documento presenta la obra "Los parlamentos hispano-mapuches, 1593-1803: Textos fundamentales" editada por José Manuel Zavala, la cual reúne por primera vez en un solo volumen las actas y relaciones de 48 parlamentos celebrados entre mapuches e hispano-criollos durante la colonia. Además, analiza brevemente algunos aspectos clave de estos parlamentos como su frecuencia, preparación, desarrollo y consecuencias, señalando que a pesar de sus limitaciones, jugaron un rol importante en la estabil

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Este documento presenta la obra "Los parlamentos hispano-mapuches, 1593-1803: Textos fundamentales" editada por José Manuel Zavala, la cual reúne por primera vez en un solo volumen las actas y relaciones de 48 parlamentos celebrados entre mapuches e hispano-criollos durante la colonia. Además, analiza brevemente algunos aspectos clave de estos parlamentos como su frecuencia, preparación, desarrollo y consecuencias, señalando que a pesar de sus limitaciones, jugaron un rol importante en la estabil

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LOS PARLAMENTOS
HISPANO'MAPUCHES,
1593-1803:
TEXTOS FUNDAMENTALES

José Manuel Zavala Cepeda


Editor

Cdnsejo
Nacional de
bCulturay
las M e s
UNIVERSIDAD r-mririMrc
CATOLICADE EDICIONES
TEMUCO
PRESENTACIÓN

La obra que publica en esta oportunidad José Manuel Zavala, acompañado de un equipo
de investigación de la Universidad Católica de Temuco, es una de las más imp9rtantes
que se hayan puesto a disposición de los estudiosos de las relaciones establecidas entre
mapuches e hispano-crioUos durante la Colonia. Por primera vez se han reunido en un
solo volumen las actas y relaciones de 48 parlamentos, o encuentros diplomáticos, como
los denomina su editor, celebrados entre 1593 y 1803, cuya lectura permite observar
desde un ángulo muy diferente las complejas relaciones interétnicas surgidas al sur del
Imperio Colonial en América. Como el propio Zavala reconoce, no es la primera publi-
cación de estos tratados; sin embargo, y citando sus propias palabras, "hasta ahoifa no ha
existido una edición relativamente exhaustiva" de estos textos. ff** • .
El estudio introductorio del profesor Zavala informará al lector de los criterios utilizados
para esta edición y de algunas consideraciones acerca de lo que fueron los parlamentos,
la tradición desde la cual arrancan y las posibilidades que brinda su estudio, a pesar de
tratarse de: textos elaborados por españoles que no recogen las exigencias puestas sobre
la mesa por los caciques, lo que obliga a leerlos entre líneas. Aunque Zavala considera
que reemplazaron una relación fundada en las amenazas y el temor, propia de los Re-
querimientos, creo que una primera revisión demuestra que estos siempre estuvieron
presentes, en un clima de tensión provocado por los desencuentros entre mapuches e
hispano-criollos y por los que ocurrían en el seno de sus propias organizaciones. Pre-
cisamente por esto, el mismo Zavala recomienda prestar atención a los ceremoniales
que los acompañaban, rituales que en muchos casos dejan entrever lo que los textos no
muestran. , , . ,
Obra meritoria, sin lugar a dudas, me permite insinuar algunos comentarios sobre lo
que ocurría en la Vieja Frontera Mapuche, que quisiera compartir con los lectores.
En primer lugar, la frecuencia con que se celebraban los parlamentos, habitualmente
cada vez que llegaba un nuevo gobernador, sugiere tres cosas. Desde luego, fueron ins-
tancias plenamente legitimadas, cuyo valor ninguna autoridad desconoció, hayan sido
de las comunidades mapuches o de la Corona. Era el ritual que le permitía al gobernador
entrante ratificar con la dirigencia mapuche la paz a través de acuerdos que generaban
tranquilidad en la Frontera. En segundo lugar, esa tranquilidad era, de todas maneras,
extremadamente frágil. E l hecho de que se repitieran con tanta frecuencia demostraría
que los acuerdos pactados debían renovarse, toda vez que su durabilidad no estaba ga-
rantizada. Por último, fueron un mecanismo que utilizaron quienes detentaban el poder
para lograr un cierto equilibrio, que no siempre se alcanzó, pero que hizo posible que
los conflictos se tornaran más manejables. En este sentido, pareciera que las autoridades
coloniales percibían que lo pactado incluía cláusulas difíciles de respetar, pero que se for-
mulaban como normas que impuso la tradición, independientemente de si se cumplían
o no. El hecho de que normalmente los caciques iniciaran sus discursos pidiendo excusas
por no haber cumplido los acuerdos anteriores y culpándose de haber roto la paz, con-
firmaría lo que estamos señalando, al igual que cuando hacen recaer esta responsabilidad
en los españoles que vulneraban los pactos, recurriendo a la violencia y perpetrando
abusos que desataban la respuesta de los cowiíí.
Una segunda cuestión tiene relación con el proceso mismo que culminaba en el parla-
mento, un tema que ha sido analizado ya por Luz María Méndez. De la lectura de varios
de ellos se desprende que existía una cuidadosa preparación de parte de las autoridades
españolas y de los caciques. No siempre hubo acuerdo entre ambos, pero al final se
conseguían los consensos necesarios para convocar al parlamento. Logrados estos, se
definía el lugar donde se realizaría la reunión, lo cual también daba origen a otro tipo
de discusión, sobre todo entre los caciques que pugnaban por imponer su voluntad para
ratificar el poder que tenían en el mundo mapuche'. Resuelto esto, se reunían las partes
conforme a un estricto protocolo, seguido de las parlas que derivaban en los acuerdos
pactados. Zavala llama la atención respecto de estos rituales, materia que es clave para
entenderlos más cabalmente. _
Al margen de los acuerdos alcanzados entre mapuches e hispano-criollos, en diversas
oportunidades se zanjaban también conflictos ocurridos en el seno de las parcialidades
mapuches, que se ventilaban en reuniones privadas con el gobernador, consciente éste
que las luchas intestinas que estudió Leonardo León debían evitarse para garantizar la
tranquiVidad en \ ¥tontera. i-
Terminado el parlamento, las partes se retiraban dando origen a un tipo de debate que
sutilmente quedó expresado en las actas que se publican ahora. Se refiere a la convicción
de algunos de haber cedido más de lo conveniente, lo que hacía que los acuerdos fueran
fáciles de transgredir. Aparentemente se trataba de una relación entre vasallos del Rey,
forjada en una cierta simetría, que desaparecía cuando un grupo de estos vasallos inten-
taba imponer su voluntad a los otros.
Un tercer asunto está asociado a la idea de que la paz convenía a todos quienes vivían
en la Frontera. La guerra aparece como un factor que obliga a los mapuches a refugiarse
en las montañas y quebradas, abandonando sus tierras en las cuales practicaban una
economía que se fue articulando cada vez más a la economía hispano-crioUa. Para los
gobernadores era también un problema que obligaba a invertir recursos y perturbaba
el desarrollo económico. Esto es particularmente visible en el siglo X V I H , cuando la
economía regional adquirió un gran dinamismo, sobre todo en el plano del intercambio
comercial que Ambrosio O'Higgins trató de regular cuando ya había alcanzado una im-
portante dimensión, que los últimos estudios hechos en Chile y Argentina han puesto
en evidencia.
Esta era la razón por la cual los acuerdos logrados en el parlamento eran recibidos con
particular regocijo en el mundo fronterizo. Más allá de las ingenuidades que demuestran
los escribanos encargados de redactar las actas, sin duda reflejan un sentimiento que se
acercó a la realidad. Así lo ratifica una descripción de los parlamentos de finales del siglo
X V I I I , que se conserva en el Archivo del Museo Naval de Madrid. Textualmente señala
que en estas reuniones:
(...) hablan primero aquellos que están más inmediato al paraje elegido para el par-
lamento y nombran uno que es privilegiado en voz y fuerza porque se lleva ^gritando
todo el día que le toca, oye una pequeña relación de un cacique y luego entona su
arenga, y así sucesivamente de todos los caciques de aquel Butalmapu; sin duda que
son en su idioma muy señalados estos por los coloridos que usan en sus arengas
haciendo alguna vez agradable su discurso. Principian con el Capitán General di-
ciendo que su presencia'les hace ver la grandeza del Rey, pues las fuentes parece que

E n lo relativo al parlamento de Q u i l l í n , v é a s e sobre este punto I v á n Inostroza, Historia de Concepción. Organización


colonial y economía agraria, 1600-1650, Ediciones Universidad de L a Frontera, Temuco, 1998, pp. 7 7 - 7 8 .
saltan y vierten agua con mayor abundancia que antes, siguiéndose mayor carrera
en los arroyos, más derrame en las plantas, éstas corresponden con más verdor y por
sima de sus ramas cantan los pajarillos más ligeros, más sonoros, con cuyos extraños
objetos pulsan los corazones de todos tan alborozados y gustosos que les parece no
tienen ya que desear otra cosa que les conceda más gusto y alegría. Van hablando de
cada jurisdicción y que llegando a la más culpada o a la que tiene peor voluntad, le-
vantan la voz y dicen, parezcan ahora los leales, los amigos de los españoles, los que
tantas veces han ofrecido fidelidad al español, no parecen y mirando a los españoles,
dicen, la zorra siempre anda cabizbaja, recelosa y por lo más confuso del camino y
¿por qué? Porque siempre que puede hace su fechuría a que le llama la inclinación
que heredó de sus antepasados^.
Por último, quisiera formular algunas observaciones sobre el Parlamento de Quillín
celebrado en 164l, considerado hasta hoy como el parlamento que estableció las con-
diciones que hicieron posible el funcionamiento de un espacio fronterizo que contuvo
los conflictos y garantizó la paz en la región. Texto fundante de una nueva realidad, ha
sido reivindicado también por las organizaciones mapuches que se sustentan en lo allí
convenido para defender su soberanía sobre este territorio. E l más explícito en exponer
esta tesis ha sido José Bengoa, autor del mejor estudio que tenemos del Parlamento de
Quillín, al reivindicar su enorme significación histórica, determinante incluso en nues-
tros días^. Sin embargo, si se revisan las versiones que tenemos del parlamento mismo
poco o nada se dice al respecto, además de estar lejos de establecer un pacto respetado,
aún en los años inmediatamente posteriores a su ratificación. Según autores como Sergio
Villalobos, esta percepción del parlamento de Quillín ha dado origen a otro de los mitos
de la historia nacional'', opinión que también expresó la profesora Jimena Obregón, en
algunas reuniones realizadas en la Universidad Católica de Temuco\a en el siglo X I X ,
Barros Arana relativizó su importancia, debida tal vez a su incorporación en la Colección
de los Tratados de Paz, alianza, neutralidad, garantía, protección, tregua, mediación, acce-
sión, reglamento de límites, comercio, navegación hechos por los pueblos, reyes y príncipes de
España de Joseph Antonio de Abreu, en 1756. Al respecto, Barros Arana señala que en
Quillín quedó reconocida la independencia de los indios, pero que los acuerdos no ha-
bían de ser respetados por largo tiempo, agregando que "las paces de Quillín merecieron
un honor que no han alcanzado otros pactos celebrados con los indios"''. Más adelante
Francisco Antonio Encina señaló que a don Francisco López de Zúñiga, Marqués de
Baldes, sólo le interesaba lograr la paz durante su gobierno para dedicarse a los nego-
cios y enriquecerse personalmente, mientras que los jesuítas, artífices del parlamento, la
anhelaban para poder misionar entre los mapuche, aunque fueran recibidos con escep-
ticismo generaF. < . ,., .

Como se sabe, no disponemos de las actas del parlamento. Manejamos las versiones
de Alonso Ovalle y otras que precisa Zavala en su estudio introductorio. Por lo tanto.

" C o r t a d e s c r i p c i ó n de los indios", s/f { a l 7 8 0 ) . A r c h i v o del Museo Naval de M a d r i d , M s . 127, doc. 16, fs. 2 9 9
TO.-301 vta. L a cita en f. 3 0 1 vta.
J o s é Bengoa, E l Tratado de Quilín, Editorial Catalonia, Santiago, 2 0 0 7 , p. 7.
Sergio Villalobos, "Nuevas f a n t a s í a s y errores en la Historia de la A r a u c a n í a " . E n Cuadernos de Historia, N ° 138,
Universidad de C h i l e , 2 0 1 3 , pp. 161-188.
-\gradezco a J i m e n a O b r e g ó n haberme precisado desde Francia algunos de sus juicios sobre el Parlamento de
Q u i l l í n frente a consultas que le f o r m u l é desde Temuco.
Diego Barros Arana, Historia General de Chile, I I E d i c i ó n , T o m o I V , Editorial Nascimento, Santiago, 1 9 3 1 . V é a s e
p. 3 9 " , nota de pie de p á g i n a .
Francisco A n t o n i o E n c i n a , Historia de Chile, T . I I I , Editorial Nascimento, Santiago, 1944, pp. 197-198.
estamos frente a una reunión de la cual no tenemos una transcripción directa, salvo la
del padre Diego de Rosales, que estuvo en el Parlamento y que hablaba mapudungun.
Rosales precisa con bastante claridad los acuerdos establecidos:
"Primera, que todos los caciques e indios retirados han de salir de los montes don-
de se hacían fuertes y poblar los llanos y los valles donde vivan en vida política y
no como salvajes en la selva. La segunda, que todos los caciques han de obligar a
todos los indios retirados la tierra adentro a que se vuelvan a las tierras antiguas
de sus padres y antepasados, con sus familias y ganados, sin que los pueda detener
pariente ni otra comodidad, y los que de sus tierras se quisieren venir a poblar a las
de los españoles o indios amigos, se les ha de dejar a su voluntad, con sus mujeres,
hijos y haciendas. La tercera, que todos han de tomar las armas, contra los rebeldes
a las armas de su Majestad, siendo enemigos de sus enemigos, sin reparar en sangre
ni en parientes. La cuarta, que los retirados de nuestras tierras a las de el enemigo,
se han de reducir este año de 41 luego que hubieron cogido sus sementeras. La
quinta, que han de ser obligados a entregar todos los cautivos, hombres y mujeres,
niños y viejos, así españoles como indios cristianos, de los cuales aunque injusto,
se obliga el Marqués a pagar el rescate de su hacienda. La sexta, que han de admitir
predicadores y ministros de el Evangelio para que los prediquen y industrien en el
conocimiento de el verdadero Dios. Todo lo cual se ha de cumplir y ejecutar^.
Rosales hace referencia también a la oposición del cacique Aliante a la propuesta de
Lincopichón de concederle la paz al marqués de Baides, agregando que éste le habría
señalado que hasta ahora habían defendido su tierra como lo haría cualquier pueblo
amenazado'^ De esto se desprendería que los caciques establecieron exigencias que no
quedaron registradas en la versión de Ovalle, interesado sólo en destacar los logros de la
Compañía de Jesús'".
Tales exigencias fueron explicitadas por el jesuíta Felipe Gómez de Vidaurre, en el siglo
X V I I I , sin citar la fuente de la cual recogió esta información. Según Vidaurre, Linco-
pichón habría exigido al marqués de Baides tres cosas: 1) "que ellos debían componer
un pueblo libre y no ser precisados a servir a español alguno", 2) "que debían ser con-
siderados como aliados de la España; y, 3) "que el río Bio Bio fuese el límite de ambas
naciones por donde ninguno de ellos debía pasar armado". E l mismo Vidaurre agregó
que el marqués aceptó dichas condiciones, agregando que ellos esperaban que los indí-
genas cumplieran las suyas, incluyendo la devolución del cráneo del gobernador Martín
García Oñez de Loyola, muerto en Curalaba en 1598".
De haber sido ciertas las demandas de Lincopichón, estas habrían provocado un eviden-
te rechazo entre los militares de la Frontera, rechazo que también habrían manifestado
algunos caciques, según relata el Abate Molina en su Compendio de la Historia Civil del
Reyno de Chilé^. A comienzos del siglo X X Miguel Luis Amunátegui, citando al jesuíta

* Diego de Rosales, Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano, T o m o I I , Imprenta del Mercurio, V a l p a r a í s o ,
1878, pp. 184-185. E n la cita hemos actualizado la o r t o g r a f í a .
' Rosales, Historia General, T o m o I I , p. 156-159.
A l respecto es m u y interesante el a r t í c u l o de Florencia Roulet, " C o n la p l u m a y la palabra. E l lado oscuro de las
negociaciones de paz entre e s p a ñ o l e s e i n d í g e n a s " . E n Revista de Indias, v o l . L X I V , N ° 2 3 1 , C S I C , M a d r i d , 2 0 0 4 ,
pp. 3 1 3 - 3 4 8 .
" Felipe G ó m e z de Vidaurre, Historia Geográfica, natural y civil del Reino de Chile, T o m o I I , en C o l e c c i ó n de
Historiadores y documentos relativos a la Historia Nacional, T o m o X V , Imprenta ErciUa, Santiago, 1889, pp.
239-240.
Juan Ignacio Rosales, Compendio de la Historia Civil del Reyno de Chile, Imprenta de Sancha, M a d r i d , 1795, pp.
2 8 8 - 2 9 0 . M o l i n a destaca que las Paces de Q u i l l í n fueron claves para detener el avance h o l a n d é s en las costas de
Joaquín de Villarreal, señaló que algunos españoles lo consideraron ignominioso, "por
haber tratado de potencia a potencia con los indios" habiéndoles "tenido que garantizar-
les su tan amada libertad"'^.
Si seguimos los relatos de los jesuítas que evangelizaban en la zona, podríamos con-
cluir que fueron ellos quienes más se esforzaron por concretar el parlamento. Desde
luego, dieron vuelo a una serie de señales que transformaron manifestaciones divinas
que impulsaron a los mapuches a buscar un entendimiento con el marqués de Baides.
Primero, mencionan los estragos de una peste de viruelas que asoló a la región; luego,
una erupción del volcán Villarrica (o el Llaima según el profesor Zavala) y, por último,
una supuesta visión en la cual el apóstol Santiago derrotaba en los cielos a los guerreros
mapuches'"*. Todas estas señales les sirvieron para sembrar el terror entre ellos.
Tres fueron los jesuítas de los cuales se valió Baides para preparar el parlamento: Die-
go de Rosales, Francisco de Vargas y Juan Moscoso. Vargas era, además, confesor del
marqués y uno de sus principales consejeros en lo relativo a la relación con los mapu-
che'^. Juan Moscoso no sólo acompañó al marqués de Baides, sino que colaboró con
el gobernador Martín de Mujica en el Parlamento de Quillín de 1647, dando mayores
pormenores del ajusticiamiento del cacique Curiguante y dos indígenas más, acusados
de traición en el mismo parlamento, sentencia que se aplicó con el consentimiento de
otros caciques presentes"'.
Estos comentarios sobre el parlamento de Quillín de 1641 sólo apuntan a poner en dis-
cusión la importancia que le hemos atribuido en el marco de las relaciones fronterizas
que se dieron en la Araucanía. Es una de las tantas materias que la publicación de los
Parlamentos Hispano-Mapuches, 1593-1803, sugiere a los historiadores coloniales. Por
cierto, hay muchas más y en esto radica la importancia de la labor emprendida por José
Manuel Zavala y su equipo de trabajo en la Universidad Católica de Temuco.
Como decíamos al comenzar esta nota, se trata de una de las contribuciones más im-
portantes para los estudios fronterizos e interétnicos publicada en los últimos años. Ab-
solutamente necesaria para reflexionar acerca de nuestro pasado, impone una tarea que
muy pronto deberían emprender el mismo equipo que dirigió el profesor Zavala u otros
investigadores: publicar los parlamentos del siglo X I X para comparar la forma como
la Corona y el Estado chileno entablaron su relación con el pueblo mapuche, en un
momento de nuestra historia en que deberíamos recurrir a la experiencia histórica para
abordar el conflicto entre el Estado y el Pueblo Mapuche agravado en los últimos años.

JORGE PINTO RODRÍGUEZ


Universidad de La Frontera
Temuco, junio de 2014

la .•\raucania, rechazado por los mapuches en conformidad a lo pactado con Baides.


Miguel L u i s A m u n á t e g u i , Los Precursores de la Independencia de Chile, T o m o I , Imprenta Barcelona, Santiago,
1909, p. 8 5 .
Sobre este punto véase Margarita G a s c ó n , " Q u i l l i n ; rito araucano y paz i n t e r é t n i c a en el contexto de una crisis
ambiental". E n Revista Tefros, v o l . 1 1 , N ° 1-2, primavera 2 0 1 3 .
"Vida del insigne misionero...Francisco de Vargas". E n Seis misioneros en la Frontera Mapuche, Introducción,
trascripción y notas de Gustavo Valdés Bunster, Ediciones Universidad de la Frontera, Temuco, 1 9 9 1 , pp. 312-33.
" V i d a del fervoroso misionero p. Juan de Moscoso". E n Seis misioneros en la Frontera Mapuche, p. 3 4 2 .
INTRODUCCIÓN

La presente obra es una compilación de actas y relaciones de 48 encuentros diplomáticos


celebrados entre hispanochilenos y mapuches de la Araucanía y de los Andes circunve-
cinos entre 1593 y 1803. Se trata de transcripciones paleográficas de 35 documentos
que se conservan principalmente en fondos del Archivo General de Indias de Sevilla,
en el Archivo Nacional Histórico de Chile y en la Biblioteca Nacional de Chile. Esta
colección se fue constituyendo a medida del avance de nuestras investigaciones, pri-
meramente en el marco de una tesis doctoral (Zavala, 1999) y posteriormente, como
parte de proyectos de investigación Fondecyt'^. De este modo, un trabajo inicialmente
individual y en solitario se fue convirtiendo en una empresa colectiva llevada a cabo por
un equipo de investigación cada vez más interdisciplinario y amplio. Esperamos con esta
publicación, y gracias a los aportes del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y de
la Universidad Católica de Temuco'^, cerrar un largo ciclo de investigaciones sobre los
parlamentos hispano-mapuches poniendo al alcance del público un material acumulado
a lo largo de más de dos décadas.
Denominamos estos encuentros interétnicos con el término genérico de "parlamentos",
aunque muchos de ellos, en particular hasta la segunda mitad del siglo X V I I , no llevan
necesariamente esta denominación. Se trata de una opción adoptada con el fin de des-
tacar la continuidad estructural que consideramos poseen este tipo de pactos que más
allá de su carácter local o general, de su poca o mucha parafernalia, de su fragilidad o
firmeza contienen ciertos elementos específicos que se mantienen a través del tiempo y
los caracterizan, en particular: a) el hecho de poseer el carácter de convenios entre partes
que actúan con una cierta soberanía según la definición dada por Levaggi (2002); b) el
ser un espacio culturalmente negociado donde ambas sociedades se manifiestan desde
algunos de sus propios referentes político-culturales y c) el constituirse en lugar de co-
municación ínter-lingüística mediatizada por intérpretes, lo que garantiza a las partes la
expresión en su lengua vernácula''.

G r a n parte de la i n v e s t i g a c i ó n a r c h i v í s t i c a y de las transcripciones se hicieron en el marco del Proyecto Fondecyt


Regular n ° 1 0 9 0 5 0 4 ( 2 0 0 9 - 2 0 1 1 ) , "Espacios i n t e r é t n i c o s de encuentro y n e g o c i a c i ó n en la A r a u c a n í a : g é n e s i s ,
transformaciones y significaciones de los parlamentos hispano-mapuches coloniales"; t a m b i é n c o n t r i b u y ó a este
trabajo el Proyecto Fondecyt Regular n° 1090459 ( 2 0 0 9 - 2 0 1 1 ) , " A p r o x i m a c i ó n Interdisciplinar a la m e d i a c i ó n
l i n g ü í s t i c a mapudungun-castellano entre los siglos X V I I a X I X : T r a d u c t o l o g í a , A n t r o p o l o g í a H i s t ó r i c a y Filosofía"
a cargo de Gertrudis Payas. Finalmente se t e r m i n ó este trabajo en el marco del Proyecto Fondecyt Regular
n ° l 120857 ( 2 0 1 2 - 2 0 1 4 ) , " E x p r e s i ó n y presencia del otro en la frontera araucana: inscripciones mapuches e
hispanas en lugares y en relatos de parlamentos de tres á r e a s de la A r a u c a n í a colonial, 1605-1803".
Esta e d i c i ó n se ha podido realizar gracias al aporte del Fondo del Libro (Fomento de la Industria 2 0 1 3 - Apoyo a
Editores) y a los auspicios del Departamento de A n t r o p o l o g í a , N ú c l e o de Estudios I n t e r é t n i c o s e Interculturales
y C á t e d r a Fray B a r t o l o m é Las Casas, instancias pertenecientes a la Universidad C a t ó l i c a de Temuco.
Por lo d e m á s , el t é r m i n o "parlamento" se ha ido generalizando para designar los pactos h i s p a n o - i n d í g e n a s de otras
fronteras de A m é r i c a colonial. A s í por ejemplo Carlos L á z a r o titula un a r t í c u l o de 1999: "Conquista, control y
c o n v i c c i ó n : el papel de los parlamentos i n d í g e n a s en M é x i c o , el C h a c o y N o r t e a m é r i c a (Revista de Indias, n ° 2 1 7 ,
pp.645-673).
Esta compilación no es la primera publicación de textos de tratados hispano-indígenas,
sin embargo hasta ahora no ha existido una edición relativamente exhaustiva de los par-
lamentos hispano-mapuches de la Araucanía.
En efecto, tenemos como primera referencia la reproducción fotostática de varios par-
lamentos incluida por Carvajal (1983) en un tomo anexo a su tesis doctoral, pero este
volumen no ha sido publicado y solo es consultable en bibliotecas francesas. Publica-
ción propiamente tal es la edición de nueve parlamentos hecha por Abelardo Levaggi
(2002)^°, junto a otros tratados de toda América, sin embargo se trata de transcripciones
parciales, fundamentalmente de las capitulaciones acordadas, que es lo que le interesa
al autor, desde una perspectiva jurídica. Posteriormente, Carlos Lázaro (2005) ha pu-
blicado en formato electrónico, quince parlamentos hispano-mapuches^', no todos en
versión integral, incluidos algunos de los ya publicados parcialmente por Levaggi (es-
pecíficamente los de 1605, 1641, 1662, 1694, 1803), acompañados de otros tratados
de las fronteras de Mendoza y de Buenos Aires. Por último, Carlos Contreras Painemal
(2010), ha reproducido, igualmente en formato electrónico, diez y siete parlamentos
coloniales^^, ocho de ellos ya dados a conocer en una o en las dos publicaciones ante-
riormente citadas, junto con otros acuerdos post-independencia de Chile y de Argen-
tina; sin embargo, tampoco todas las transcripciones se ofrecen en versión completa.
Respecto a ediciones más circunscritas a algunos parlamentos encontramos la de Pablo
Marimán (2002) para los parlamentos coloniales de Negrete de 1793 y de 1803 junto al
republicano de Tapihue de 1825, la de Leonardo León (1992) del Parlamento de Tapi-
hue de 1774 y la de José Bengoa (2007) sobre el tratado de Quillín de 1641. En los dos
últimos casos, se trata más bien de estudios ilustrados con reproducciones de fuentes que
no autorizan a hablar de transcripciones propiamente tales.

Principal institución de negociación fronteriza hispano-mapuche, el parlamento aparece


a fines del siglo X V I , se desarrolla y consolida durante el siglo X V I I y logra constituirse
en un sistema bastante complejo y formalizado a la largo del siglo X V I I I . Tiene su ex-
presión de mayor riqueza protocolar y su más amplia convocatoria en el último cuarto
del siglo X V I I I e inicios del siglo X I X .
Desde una lectura jurídica occidental, los parlamentos corresponden a acuerdos de paz
o paces según el lenguaje de la época, acordados entre representantes de la Corona his-
pánica y representantes de comunidades mapuches. Levaggi (1993, 2002) habla de "tra-
tados" en el lenguaje del derecho internacional, es decir, pactos - no obligatoriamente
escritos - contraídos por entidades autónomas que poseen potestad y representatividad
para su ejecución y en virtud de los cuales ambas partes conceden y obtienen algo para
lograr el entendimiento y evitar la guerra o la subyugación violenta. Dichos acuerdos
pueden ser más o menos favorables para una de las partes, según sean las condiciones en
las cuales se produce la negociación, pero Levaggi piensa que incluso en situaciones de
mucha desigualdad y desventaja para las comunidades indígenas, se cumple el principio
del pacto si se logra "negociar" y ambas partes hacen concesiones.

Levaggi reproduce los parlamentos de 1662 (S'*M" de Guadalupe); 1692 (Yumbel); 1626 (Negrete); 1738
(Tapihue); 1764 (Nacimiento); 1771 (Negrete); 1774 (Tapihue); 1784 ( L o n q u i l m o ) y 1793 (Negrete).
L á z a r o transcribe los parlamentos de 1605 ( C o n c e p c i ó n , P a i c a v í , Santa Fe, Arauco, L e b u , Buena Esperanza y
Y u m b e l ) ; 1612 ( C a t i r a y ) ; 1641 ( Q u i l l í n ) ; 1662 ( S " M » de Guadalupe); 1671 (Malloco); 1694 ( C h o q u e - C h o q u e ) ;
1738 (Tapihue); 1793 (Negrete) y 1803 (Negrete).
Los parlamentos coloniales editados por Contreras Painemal son los siguientes: 1593 (Quilacoya, Rere, T a r u c h i n a
e Imperial); 1605 ( C o n c e p c i ó n , P a i c a v í , Santa Fe, Arauco, L e b u , Buena Esperanza y Y u m b e l ) ; 1641 ( Q u i l l í n ) ;
1662 ( S " M ' de Guadalupe); 1692 (Yumbel); 1694 ( C h o q u e - C h o q u e ) ; 1774 (Tapihue) y 1803 (Negrete).
En términos semánticos y según el Tesoro de la Lengua Castellana de Covarrubias (1611:
579), "parlamento" es, en un sentido, "el razonamiento que se hace a una congrega-
ción" y en otro, el nombre que se le da al "consejo real en Francia"; usado en la primera
acepción, el término aparece ya definiendo los encuentros celebrados entre hispanos y
mapuches en 1593.
Así, en Quilacoya, el escribano que redacta el acta señala a propósito de las deliberacio-
nes indígenas frente a las propuestas del gobernador: "Los quales todos después de auer
entre si tratado y hecho sus parlamentos por tiempo de dos dias se resumieron en dar la
paz" (AGL Patronato, 227, £39v) [el subrayado es nuestro]. Y en Rere, en otro encuen-
tro posterior, especifica el mismo secretario: "los quales aviendo oydo y entendido se
asentaron en su parlamento dando para ello la mano a Enoraque y Guayquintaro caci-
ques viejos los quales aviendo hecho sus parlamentos pidieron las mismas condiciones
que los caciques de Quillacoya" (AGI, Patronato, 227, f 40) [el subrayado es nuestro].
El vocablo parlamento está claramente utilizado en las citas anteriores para referirse a
los razonamientos y pláticas que hacían los líderes indígenas entre ellos frente a las pro-
puestas del gobernador, es decir el término refiere un tipo de procedimiento y de estilo
discursivos propiamente indígenas.
Algunos años después, en 1605, en una relación concerniente a una serie de encuentros
que realiza el nuevo gobernador García Ramón con los mapuches en compañía del Padre
Luis de Valdivia, donde se incluye una noticia explicativa sobre instituciones políticas
de estos^' cuyo autor suponemos es el propio Valdivia, encontramos el término utilizado
en su segunda acepción, es decir como institución política indígena. Dice en parte el
documento:
En las cosas de paz en cada parentela, el pariente mayor es suprema caveza con el
qual se junta el pariente agraviado a bengar sus injusticias y en las de la paz uni-
versales y perpetuas como pagar tributos o poblarse o evitar algún daño universal ú
otros de bien de toda la provincia se haze junta universal ques toda la ayllaregua,
y esta junta llaman en su lengua coya[gtun] que es como en Francia el parla-
mento, y si el bien universal es de solo una regua si de la mitad dellas se juntan los
principales indios de aquella regua o mitad de regua (AGI, Patronato, 228, f 30) [el
subrayado es nuestro]. • •
E l pasaje citado es revelador, pues el autor utiliza sin lugar a dudas el término parlamen-
to en el sentido de institución política característica del sistema francés, es decir, como
un consejo gubernamental donde se discuten y resuelven asuntos públicos. Se trata, dice
quien escribe, de una "junta universal" de toda una provincia o ayllaregua {ayllareweY^
que "llaman en su lengua coya[gtun]".Por consiguiente, el uso temprano del término
parlamento no es caprichoso y, al parecer, obedece a una traducción acertada de lo que
los indígenas designaban como coyagh, coyaghtun o coyantun^''. Hacer "parlamento" en

A G I , Patronato, 2 2 8 , fs. 2 9 - 3 1 . " M e m o r i a como se an de entender las provisiones de los indios de chile y algunos
tratos particulares que entre ellos tienen con la declaragion de los nombres de los caciques que de presente an
dado la paz y de los que la tienen dada de poco tiempo a esta parte que a todos se le an leydo las provisiones
porque la an dado de nuebo. C o n c e p c i ó n , 2 0 de marzo de 1605".
Para un a n á l i s i s m á s detallado de la o r g a n i z a c i ó n p o l í t i c a mapuche de los siglos X V I y X V I I y de los conceptos de
aillarewey rewe, referimos al a r t í c u l o que hemos publicado sobre este tema en conjunto c o n T o m D i l l e h a y (Zavala
y DiUehay, 2 0 1 0 ) .
L u i s de Valdivia dice en su vocabulario impreso en 1606: " Coyantun; hazer razonamiento, o parlamento" (Luis
de Valdivia, 1887: s.p.). Pebres diferencia en su Arte de la lengua, impreso en 1765 entre coyagh y coyaghtun; el
primer t é r m i n o sería propiamente un sustantivo con el cual se designa al "parlamento, o junta grande para parlar"
y el segundo la a c c i ó n de "parlar de esta forma, y hacer dicha junta", lo que designa igualmente como coyaghn y
este sentido no se limitaba solo a expresar un razonamiento o mantener una plática sino
que connotaba también ciertas formas preestablecidas de deliberación política colectiva
centradas en el poder de los argumentos y en la calidad de la retórica de los deliberantes.
En la relación de las paces de Quillín de 1641 impresa en Madrid en 1642, figura dos
veces el término parlamento; en un caso se usa en el sentido que ya hemos señalado para
referirse a las intervenciones indígenas -"son naturalmente retóricos estos indios, y se
precian de hacer un buen parlamento" {Relación verdadera..., 1879 [1642]: 267) - pero
en su otra ocurrencia, el término parece designar la reunión propiamente tal, dice el
texto: , , , , , ,
Habiéndose apeado todos y tomado cada cual su asiento, se hizo silencio, y que-
riendo comenzar el parlamento el capitán Miguel de Ibancos, lengua general del
reino, se levantó el cacique Antegueno (que como el señor de la tierra traía en la
mano la rama de canelo, señal de paz entre esta gente, como lo ha sido el de oliva
aun entre los Dios y los hombres) y tomando la mano, y en nombre de todos los
demás Caciques, dijo con mucha gravedad y señorío, que su usanza era antes de
capitular y asentar cualesquier conciertos de paz, matar las ovejas de la tierra [...]
{Relación verdadera..., 1879 [1642]: 265) [el subrayado es nuestro].
En el sentido de reunión hispano-mapuche, el término ya había sido empleado por el
Padre Luis de Valdivia en 1617 (Díaz Blanco, 2011: 433). De algún modo, a la par que
estos tipos de encuentros fueron convirtiéndose en instancias regulares y políticamente
significativas de la relaciones fronterizas, el término fue adquiriendo reconocimiento en
el lenguaje administrativo hispano hasta llegar a designar oficialmente, bajo el rótulo
de "Parlamento General", aquellos encuentros diplomáticos formales que contaban con
la más alta representación de ambos bandos: el gobernador del reino de Chile por una
parte, los principales líderes de la Araucanía y áreas circunvecinas por la otra^''. Así queda
expresado en el informe que envía al rey el gobernador Tomas Marín de Poveda dando
cuenta de su encuentro con los mapuches en la plaza de Yumbel el 17 de diciembre de
1692:
y para ver los Tercios, y Plazas de la frontera, y tener juntamente Parlamento general
con los mas principales Caziques que es la forma de asentar las cosas de importancia
con ellos; Y aora doy cuenta a V M como haviendo reconocido las Plazas y Tercios
mas principales en que se aloja el éxercito y socorrido la gente; hize Parlamento con
todos los Caziques que en maior numero que nunca se á visto se Juntaron en día
16 de Diciembre del dicho año cerca de las murallas de la Plaza y Tercio de Yumbel
llamado San Carlos de Austria (AGI, Ch.25) [el subrayado es nuestro].
En el mundo hispano, el pacto o tratado proviene de una tradición tratadista cuyas
primeras referencias son situadas por García-Gallo (1987: 718) a mediados del siglo X I ,
con el establecimiento en 1054 de la dependencia del rey de Navarra respecto del de
León y Castilla, Fernando I , y la de los reinos taifas de Zaragoza, Toledo, Sevilla y Ba-
dajoz respecto del mismo monarca por los mismos años. Dicha tradición, que se inició,
según el autor citado, como relaciones personales de dependencia entre monarcas, tomó

hueupin (Pebres, 1765: 4 5 7 ) . Havestadr, quien precede a Pebres en las misiones de la A r a u c a n í a dice por su parte
en l a t í n ^ Coyautun: quando sola una particularis provincia vel "fl¿//ízre/)«í'" deliberar de pace danda vel aceptanda
aut rumpenda" (Havestadt, 1777: 4 3 6 ) .
Encontramos la d e s i g n a c i ó n "parlamento general" en el sentido de r e u n i ó n hispano-mapuche del m á s alto nivel
ya en el encuentro de Q u i l l í n de 1647 ( A G I , C h i l e 2 1 , f.2v) y en el de C o n c e p c i ó n de 1665 ( B N C h , M s . M ,
1.151, f.29). Por otra parte, Diego de Rosales, quien escribe durante la segunda mitad del siglo X V I I , lo utiliza
para referirse a las paces de Q u i l l í n de 1641 (Rosales, 1878: 188).
formas menos personalizadas durante la segunda mitad del siglo X I en que se establecie-
ron pactos entre un rey y las autoridades que gobernaban una ciudad y que estipulaban
la integración voluntaria de la ciudad o territorio reconociendo derechos y deberes de
sus habitantes ante el nuevo rey (García-Gallo, 1987/ 719). De esta manera, a través de
un pacto o capitulación, la ciudad islámica de Coímbra pasó a integrarse al reinado de
Fernando I en 1064, la de Toledo en el de Alfonso V I en 1085 y la de Valencia quedó
sometida al Cid en 1094 (García-Gallo, 1987: 719).
A pesar de esta pragmática pactista a nivel fronterizo, García-Gallo (1987: 724-726)
piensa que en el plano interno la doctrina oficial continuó considerando al rey como
señor natural y absoluto de su reino (gobernándolo como un padre) sin estipular forma
alguna de contrato con sus subditos. Según este autor, habría sido solamente durante el
siglo X V cuando surge en España la primera referencia a un pacto político entre un so-
berano y sus subditos. Se trata del escrito de 1442 presentado al rey por los procuradores
de las ciudades reunidas en las Cortes de Valladolid. :
Dicho esto, podemos suponer que a nivel teórico la idea del contrato entre el soberano
y sus subditos ya había sido planteada por la tradición escolástica; pues fue recogiendo
dicha tradición que Francisco de Vitoria (1483-1546) expuso sus argumentos respecto de
la naturaleza contractual de la relación entre el monarca y sus subditos, incluidos aquellos
sobre los cuales España podía ejercer su señorío (Levaggi, 1993: 83), es decir los habi-
tantes de las nuevas tierras conquistadas. Precisamente, tomando en consideración esta
noción contractual del ejercicio de la soberanía del rey sobre sus vasallos y aplicando la
tradición del pactismo fronterizo fue como el derecho indiano - particularmente a partir
de la labor de Bartolomé de Las Casas (1484-1566) - implemento dispositivos tendientes
a disminuir y aplacar los abusos que los primeros años de conquista produjeron en las
poblaciones americanas. . ,
En consecuencia, los tratados realizados en América entre representantes de la monar-
quía hispánica y representantes de comunidades indígenas en los albores de la conquista
pueden ser vistos como la manifestación americana de esta tradición pactista peninsular,
aunque sin olvidar el contexto avasallador de su realización que coartó enormemente la
voluntad contractual del interlocutor indígena^^. ...
Aun pudiendo constatar la existencia de convenios hispano-indígenas entre fines del
siglo X V y la primera mitad del siglo XVP^, no se puede desconocer que en términos
generales predominaron en la conquista de América formas no contractuales de relación
fundamentadas en la amenaza y en el temor al uso de la violencia, lo que se expresó en
la gran generalización del Requerimiento como dispositivo de asentamiento hispano en
los nuevos territorios conquistados. Requerir consistía fundamentalmente en prevenir
formalmente al enemigo de que se le iba a atacar solicitándole la rendición bajo ciertas
condiciones y garantías para evitar sufrir el ataque. Este procedimiento se manifestó
en América como un acto jurídico y protocolar estandarizado y regulado por un texto
que debía ser leído por una parte y escuchado por la otra para que tuviera validez. Esta
advertencia al enemigo no fue propiamente un tratado, un acuerdo entre partes sobera-

E n este sentido, el primer pacto que p o d r í a considerarse como u n tratado sería el establecido entre C o l o n y el
cacique taino G u a c a n a g n a r í en la isla L a E s p a ñ o l a a fines del a ñ o 1492 y al cual siguieron otros similares entre
diversos capitanes y tainos, en los cuales se intercambiaron nombres y regalos, se establecieron acuerdos de ayuda
m u t u a y se entregaron mujeres y esclavos por la parte i n d í g e n a ( L Szászdi L e ó n - B o r j a , 2 0 0 2 : 4 1 ) .
-* A d e m á s de los colombinos, Levaggi ( 2 0 0 2 : 4 2 - 4 3 ) s e ñ a l a los de Vasco N ú ñ e z de Balboa en la r e g i ó n del D a r i é n ,
P a n a m á , durante el segundo decenio del siglo X V I y el de 1533 entre el cacique Enrique y el c a p i t á n Francisco de
Barrionuevo en L a E s p a ñ o l a .
ñas, pues imponía unilateralmente una decisión respaldada por la fuerza de las armas y
responsabiliza a la parte adversa de las consecuencias de su no acatamiento.
Al parecer y según lo que plantea García-Gallo (1987: 730), se produjo en América
durante el siglo X V I una cierta evolución en las nociones que fundamentaban las pre-
rrogativas de los reyes católicos. E n un primer momento, se supuso que los derechos
monárquicos eran anteriores a la presencia de comunidades reconocidas jurídicamente:
el poder real antecedía a las colectividades sobre las cuales este se ejercía. Posteriormen-
te, cuando la ocupación española comenzó a consolidarse, el derecho indiano tendió
a reconocer la preexistencia de comunidades al poder del monarca. De esta forma, la
aplicación de la doctrina pactista en suelo americano significó - al menos en teoría - que
solo la aceptación voluntaria por parte de los indígenas de la autoridad del rey de Espa-
ña podía conferir a éste el poder político sobre aquellos. De esta manera, y de acuerdo
con los principios del derecho natural, se reconocían la entidad y la personalidad de las
comunidades indígenas (Levaggi, 2002: 23).
Sin embargo, la traducción de esta doctrina en una política indigenista coherente tuvo
sus complicaciones y dilataciones, pues si bien ya en 1520, el cardenal Adriano de Utre-
cht establecía en la junta convocada por Carlos V a instancias de Las Casas que los
indígenas "debían ser generalmente libres y tratados como libres" (Levaggi, 2002: 23),
fue solamente a partir de las Ordenanzas "de descubrimiento, nueva población y pa-
cificación de las Indias" de 1573^^ cuando comenzó a implementarse en América una
política más coherente tendiente a garantizar ciertos derechos colectivos y a establecer
fórmulas pactistas de consentimiento por parte de las comunidades indígenas. Con las
Ordenanzas de 1573 se introdujo el término "pacificación" con el fin de reemplazar al
término "conquista", pues se consideró terminada la penetración violenta y se proclamó
el asentamiento y la penetración pacífica (Vas Mingo, 1985: 85).
Con todo, las Ordenanzas de 1573 no introdujeron necesariamente un gran cambio en
la realidad del tratamiento del indígena, pues, como bien lo precisa Silvio Zavala (1947:
40), el sistema de financiamiento privado de la colonización se mantuvo y por lo tanto
los soldados debían resarcirse de sus gastos, con lo cual se producía una gran diferencia
entre la recomendación teórica y la práctica en el trato de los indígenas.
En el caso de Chile, sin duda que tempranamente se produjeron negociaciones entre las
huestes hispanas y algunas de las comunidades que podían ser estratégicamente consi-
deradas como aliadas. Lázaro (1999: 63) plantea que el episodio relatado por Marino de
Lobera en el cual el jefe Michimalongo, en una asamblea, determina dar la paz a Valdivia
cuando este llega al valle central de Chile a principios de 1541, ya constituiría una suerte
de pacto. Dice Lobera:
"A esto estuvieron todos muy atentos, y a algunos les pareció bien y a otros al con-
trario; y así algunos caciques y señores y otros indios de mayor edad, hombres ricos
que eran estimados, se levantaron en pie y aprobaron lo que el general Michimalon-
go había dicho, repitiendo las mismas razones declaradas por él y dándole muchas
gracias por la solicitud y cuidado que tuvo de su remedio doliéndose de ellos. Por
otra parte, los hombres mozos y algunos ancianos y capitanes que en la guerra eran

"Ordenanzas de descubrimiento, nueva p o b l a c i ó n y p a c i f i c a c i ó n de las Indias". Estas ordenanzas fueron


promulgadas por Felipe I I el 13 de julio de 1573 en el Bosque de Segovia con el p r o p ó s i t o de regular los nuevos
descubrimientos, la c o n f o r m a c i ó n de poblaciones y el trato con los i n d í g e n a s en A m é r i c a en base a la idea que
la primera etapa de conquista a sangre y fuego se encontraba concluida y que h a b í a que orientar el proceso de
c o l o n i z a c i ó n americano a formas m á s pacíficas y contractuales de r e l a c i ó n con sus habitantes. Para u n a n á l i s i s
detallado de estas disposiciones ver Vas M i n g o ( 1 9 8 5 ) .
estimados, lo contradijeron, probando con sus razones que más valía morir pelean-
do en defensa de su libertad y tierra que vivir en opresión para morir perpetuamen-
te ellos y sus descendientes; sobre lo cual se alborotaron, inclinándose unos a una
parte y otros a otra, queriendo venir a las manos y rompimiento; y como los más
principales se arrimaron al parecer del general Michimalongo, prevalecieron contra
los mozos. Finalmente, después de haber pasado muchos dares y tomares, se resol-
vieron todos en que el mismo general Michimalongo fuese muy acompañado de los
más principales con un buen presente al capitán Pedro de Valdivia, y le ofreciese, en
nombre de todos los caciques y señores de aquellas tierras, la paz y confederación
para siempre habido este acuerdo, el general Michimalongo juntó todo el oro que
pudo haber, que serían más de doscientas libras de lo muy fino, y cantidad de ga-
nado y otras cosas, para que con más facilidad les fuese concedida la paz. (Marino
de Lobera, 1865: 71-72).

Es posible distinguir en el relato de Lobera, dos aspectos o dos tipos de negociación, una
primera, intraétnica, entre jefes indígenas y, una segunda, interétnica, con el conquis-
tador. Si damos crédito a este relato, la iniciativa negociadora la habría tenido la parte
indígena, que contaba con formas diplomáticas propias de negociación, donde ofrecer
al otro la amistad y la alianza conllevaba el ofrecimiento de presentes.
No es para nada sorprendente que los habitantes del valle central de Chile, que se encon-
traban durante la primera mitad del siglo X V I bajo la influencia y el control del Imperio
Inca, estuvieran ya acostumbrados a negociar y a establecer pactos con invasores. Por
lo tanto, las instancias de negociación hispano-indígenas no pueden ser comprendidas
como la simple aplicación unilateral de preceptos jurídicos peninsulares a poblaciones
locales pues se trata de situaciones convenidas en procesos de interacción entre invasores
e invadidos.
En lo que respecta a la frontera del río Biobío, necesariamente los españoles debieron
tratar de llegar a acuerdos con los jefes principales de las tierras circundantes a sus es-
tablecimientos, sin lo cual los puñados de hombres que constituyeron las bases de las
llamadas "ciudades de arriba" no hubieran sobrevivido ni obtenido la mano de obra
necesaria para las explotaciones auríferas ni para las obras de infraestructura básica, así
como tampoco los alimentos para su sustento.
Dicho lo anterior, nos falta conocer más en detalle las formas específicas que tuvieron
los acuerdos en los primeros cuarenta años de conquista del sur de Chile. Para el pe-
ríodo posterior y hasta 1803, como ya lo hemos señalado en total hemos registrado la
celebración de 55 encuentros entre hispanochilenos y mapuches de la Araucanía y los
Andes contiguos. De estos poseemos relatos de 48 reuniones en 35 testimonios escritos.
Los encuentros catastrados se llevaron a cabo en 22 lugares diferentes, entre ciudades
(Concepción, antigua Imperial, Santiago), plazas fuertes (Arauco, Nacimiento, Yumbel)
fuertes o fortines (Boroa, Lebu, Paicaví, Santa Fe) y campos abiertos de la Araucanía
colonial, entre los que se destacan lugares como Catiray, Choque-Choque, Lonquilmo,
Negrete, Quillín y Tapihue.
Desde la teoría de la acción comunicativa de Habermas (2000), el estudio del parlamen-
to plantea el desafío de tratar de entender la acción comunicativa entre actores que en
principio participan de "mundos de la vida" diferentes. Para el filósofo alemán la acción
comunicativa es posible porque el hablante y el oyente se entienden desde y a partir del
mundo de la vida que les es común, (porque está simbólicamente estructurado) sobre
algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo. La comunica-
ción se genera gracias al discurso argumentativo cuya función es establecer y restablecer
la acción comunicativa entre los hablantes haciendo posible la comprensión y el consen-
so. Según Jünger Habermas, la racionalización progresiva de la acción comunicativa per-
mite ir superando las barreras a la comunicación y genera una comprensión mutua mo-
tivada racionalmente. E n este sentido, creemos, que la perspectiva habermasiana debe
ser confrontada y complementada con los desarrollos que desde la antropología se han
generado respecto de eventos en los cuales se producen además de actos comunicativos
de habla, una serie de otros tipos de acciones de transferencia de información, objetos,
alimentos y personas que no solo sirven de complemento a la comunicación verbal sino
que, de cierto modo, constituyen en sí mismos sistemas de comunicación como son los
dispositivos ceremoniales y gestuales; el intercambio de regalos, los actos de consumo
compartido de alimentos; el canje o entrega de cautivos, prisioneros y emisarios.
Conviene considerar que los registros escritos de los parlamentos no solo entregan in-
formación sobre discusiones y acuerdos políticos que se sustentan en una comunicación
verbal sino que también proporcionan antecedentes sobre ámbitos no-verbales (gestua-
les, rituales, socioeconómicos) cuyo conocimiento puede ser a veces, tanto a más rele-
vante, que el estudio del contenido explícito del documento, en la medida que se trata
de actos de diplomacia interétnica en los cuales se está continuamente enunciando/emi-
tiendo y recibiendo/descifrando mensajes de toda índole entre los participantes aunque
pueda que jamás se verbaUcen (Jousse, 2008).
Planteamos entonces que en el escenario del parlamento, el acuerdo interétnico puede
generarse a pesar de la distorsión comunicativa y a pesar de su no "existencia como acto
de habla" porque existen otros "niveles" de intercambio comunicativo, material y sim-
bólico entre mapuches y españoles, a partir de los cuales es posible generar acuerdos y
consenso. Dichos "niveles" tenderían a volverse más significativos justamente cuando los
actos de habla se tornan más dificultosos y cuando los mundos de vida son más distan-
tes. Esta sería la situación que se presenta en encuentros entre actores étnica y cultural-
mente muy diferenciados.
Por ello, en la lectura y en los análisis que se hagan de las fuentes parlamentarias debe
ponerse especial atención en la información relativa a actos protocolares, rituales, festi-
vos, de consumo de alimentos y bebidas, entrega de regalos y dádivas y otros de este tipo
a pesar de la mezquindad informativa de las fuentes, particularmente las más tempranas.
Hemos afirmado anteriormente (Zavala, 2011) que el parlamento es una institución
de contacto interétnico que presenta una doble dimensión, por una parte, constituye
un acuerdo político que se materializa en un texto con validez jurídica, es así como el
parlamento produce, legitima o reafirma un "tratado de paz" constituido por "capitula-
ciones" o "artículos" (Pinto, 2003) y, por otra, constituye un evento político-ritual en el
que se materializan actos comunicativos, rituales, económicos y políticos entre actores
étnicamente diferenciados.
Bajo su primera dimensión, el parlamento ha sido abordado como instrumento po-
lítico-jurídico de relación entre el Estado colonial español y el pueblo mapuche, esta
perspectiva ha prevalecido en los estudios históricos (Bengoa, 2003; Briones y Carrasco,
2000; Carvajal, 1983; Lázaro, 1999; León, 1992, 1993, 2001, 2002; Levaggi, 2002;
Méndez B . , 1982) y, más recientemente, desde una perspectiva jurídica tendiente a
reivindicar derechos territoriales mapuches (Lincoqueo, 2002, 2007). Bajo su segunda
dimensión, el parlamento ha sido comprendido como un espacio donde se materializan
las relaciones sociopolíticas y culturales interétnicas entre la sociedad hispano-chilena y
la sociedad mapuche: es la perspectiva que ha sido privilegiada desde una aproximación
antropológica (Boceara, 1998; Zavala, 1999, 2012).
Estas dos caras, instrumento político-jurídico y espacio de relaciones sociopolíticas y
culturales, son igualmente importantes, no se contraponen y se complementan. Es com-
prensible que desde la disciplina histórica, donde el documento escrito constituye la
base fundamental, se destaque el análisis de la "letra" del parlamento y de la coyuntura
sociopolítica; también entendemos que desde el mundo mapuche se busque resaltar la
validez jurídica de textos que presentaron el carácter de tratados y que permiten funda-
mentar derechos territoriales. Por otra parte, indudablemente el parlamento constituye
un rico terreno para el análisis de sistemas interculturales de comunicación y de relación
política que contienen dimensiones estructurales y simbólicas destacables desde la mirada
antropológica.
Con todo, si bien esta doble lectura se fundamenta en las diferencias entre las formas de
expresión y presencia de los dos colectivos en contacto, una basada en la tradición de la
escritura y su valor jurídico, otra en la tradición oral y su fuerza legitimadora, parece ser
que el estudio de la dimensión político-ritual es la que requiere ser profundizada desde
la perspectiva antropológica y donde la etnohistoria y la arqueología pueden hacer un
aporte fundamental.
Las formas de expresión y presencia pueden dejar huellas en el territorio y en los regis-
tros escritos^". En este último caso, por tratarse de un tipo de soporte (el textual) gene-
rado exclusivamente por la parte hispana, se hace necesario un ejercicio de observación
indirecta que forzosamente pasa por la identificación de las formas de reconocimiento
que el actor hispano hace de su contraparte indígena. Conviene tener presente a este
respecto, que quien construye el discurso escrito elabora clasificaciones descriptivas que
alimentan un imaginario con efecto perfomativo sobre la misma realidad, clasificaciones
que José Luís Martínez llama adecuadamente "etiquetas descriptivas" que requieren ser
reconocidas para poder hacer un trabajo de análisis de texto en profundidad, más allá de
las representaciones hispanas (Martínez, 1995).
Resulta quizás evidente con lo que ya hemos dicho, pero no está de más recalcarlo, que el
parlamento es por definición un fenómeno que implica la presencia de dos actores histó-
ricos diferentes, españoles y mapuches, y cuya concreción se efectúa en un espacio físico
y cultural situado en los márgenes de ambas sociedades. Por lo tanto, desde cada uno
de los puntos de observación elegidos para abordar esta institución conviene siempre
distinguir y considerar la bidimensionalidad y el carácter intercultural de esta realidad,
sopesar la importancia de la escritura y de la oralidad en su desarrollo, los mecanismos
disímiles de legitimación política que pudieron darse, las discrepancias políticas y las
estrategias opuestas que debieron convivir, las materialidades heteróclitas que acompa-
ñaron la vida ritual y cotidiana de los congregados en el evento.
***

Ha sido un largo camino el recorrido para llevar a término esta compilación, si bien el
itinerario parece simple: localizar, seleccionar, reproducir, transcribir y editar documen-
tos; cada una de estas etapas presenta complejidades y tareas de diversa índole, a veces
descontinuadas en el tiempo. ,
En primer lugar la localización de los documentos requirió movernos entre España y
Chile. En efecto, la conservación de los testimonios de los parlamentos presenta diversas
situaciones y posibilidades: en algunos casos solo se conservan originales en España, en
los menos solo en Chile, varios tienen versiones custodiadas en ambos países. Incluso en
un mismo archivo (y a veces en un mismo fondo), encontramos dos o más documentos
que dan cuenta de la misma reunión ya como traslados de un original ya como versiones
más o menos distintas elaboradas para diversos fines. Por tratarse de documentación

Este es el tema principal de nuestro proyecto Fondecyt N ° 1120857, actualmente en desarrollo.


fundamentalmente política producida al más alto nivel administrativo chileno con con-
secuencias en el plano jurídico y legal para la Monarquía Hispánica, la maquinaria escri-
tural - que constituía el fundamento de la memoria administrativa y legislativa imperial
- debía considerar la reproducción, las más veces autentificada, inmediata o posterior de
estos documentos, elaborando múltiples traslados manuscritos para informar a las diver-
sas instancias de la jerarquía americana y peninsular^'. Una vez que finalizamos el trabajo
en archivos propiamente tal, la posibilidad de acceder a distancia a una gran cantidad de
fondos archivísticos españoles gracias al Portal Internet PARES nos permitió enriquecer
aún más nuestro corpus documental con versiones que no habíamos tenido la oportuni-
dad de reproducir antes del gran desarrollo de este medio virtual. Esto significó prolon-
gar el trabajo de transcripción y de cotejo de textos más allá de lo previsto inicialmente.
Sin embargo, la selección del material que reproducimos aquí no fue una tarea fácil y
seguramente puede considerarse arbitraria desde más de un punto de vista. E n efecto,
la documentación sobre los parlamentos hispano-mapuches de la Araucanía no se agota
con esta publicación; hay mucho material que no reprodujimos porque no lo conside-
ramos pertinente en una publicación que tiene por objeto dar a la luz pública la globa-
lidad de estos tratados o acuerdos suscritos durante más de dos siglos de historia. Casi
nunca las actas o relaciones de los parlamentos vienen solas y constituyen una unidad
documental independiente; en la mayoría de los casos forman parte de expedientes más
amplios y están concatenadas discursivamente en un relato que, a veces, se inicia antes
y termina después de la relación misma del encuentro. En términos generales, nos limi-
tamos a seleccionar para esta compilación lo que consideramos era la descripción más
íntegra de cada una de las reuniones parlamentarias, incluyendo en casos excepcionales
documentación complementaria - de la misma o de otra fuente - que estimamos vital
para la comprensión del evento.
Si saber dónde iniciar y dónde cortar una transcripción fue un trabajo delicado y puede
estar sujeto a cuestionamientos, elegir la versión que convenía reproducir lo fue aún'
más. E n este sentido, optamos por la versión, entre las disponibles, que consideramos
más completa y fidedigna, luego del necesario cotejo.
La casi totalidad de las transcripciones se hicieron a partir de copias fotostáticas o repro-
ducciones digitales de los originales que sacamos directamente de los archivos. Este fue
un proceso largo y progresivo en el que colaboraron varias/os transcriptoras/es, algunas/
os de los cuales se fueron formando en el proceso mismo. Las transcripciones partiercín
en el año 2009 en el marco del proyecto Fondecyt Regular n° 1090504 y se prolonga-
ron hasta inicios del año 2013; estas se realizaron casi en su totalidad en Temuco en
gran medida por Cristian Lineros y quien escribe y también por Italo Salgado, Yennie
Norambuena, Angélica Cardemil y Laura Hillock. E n sucesivas reuniones y a medida
que enfrentábamos diversas dificultades y disyuntivas fuimos tomando decisiones, en
colaboración con Gertrudis Payas, respecto de la normalización de las transcripciones
partiendo del principio de la mayor fidelidad posible al texto original y tratando de apli-
car las normas usuales de la transcripción paleográfica (las normas de transcripción apli-
cadas se detallan en las "Notas Paleográficas"). En este trabajo tuvo especial relevancia
el aporte de la historiadora Laura Hillock quien, con la colaboración de la antropóloga
Angélica Cardemil, realizó la revisión y normalización del corpus de transcripciones. Por
último, el trabajo de edición de las transcripciones, de su ordenamiento y presentación,

Aunque p u d i é r a m o s suponer la c o n s e r v a c i ó n de copias peruanas de esta d o c u m e n t a c i ó n p o l í t i c a en razón de


haber sido L i m a la sede virreinal, nuestras b ú s q u e d a s en los archivos l i m e ñ o s no han dado hasta ahora resultados
positivos.
estuvo a cargo principalmente de Cristian Lineros y de quien escribe. E l índice onomás-
tico fue realizado por Armando Luza y el toponímico por Cristian Lineros.

En Temuco, 4 de mayo 2014.


JOSÉ MANUEL ZAVALA CEPEDA.
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