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Un Paisaje en Una Cuchara IJSA 11

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International Journal of South American Archaeology - IJSA


Number 8. Published in February 2011 (ISSN 2011-0626)
© 2007 - 2011 Archaeodiversity Research Group & Syllaba Press

Int. J. S. Am. Archaeol. 8: 28-35 (2011)


ID: ijsa00047

Un paisaje en una cuchara: evidencias de la construcción social de un


paisaje del valle de El Dorado

Rocio Salas Medellín


Antropóloga candidata a doctora en Arqueología
Universidad Nacional del Centro de La Provincia de Buenos Aires (Argentina)
[email protected]

Resumen
Los grupos humanos se vinculan con su entorno y con él recrean sus seres mitológicos y
cosmológicos que forman parte activa de sus dinámicas sociales; estas manifestaciones no
solo están presentes en las modificaciones realizadas a los paisajes, sino que son evidentes
también en los elementos mobiliares. La interpretación realizada de los diseños del mango
de una cuchara de oro hallada en una tumba en cercanías de el valle de El Dorado, forma
parte de un extenso análisis realizado tanto al paisaje como a sus modificaciones de este
sector del valle del Cauca (Colombia) por la autora.

Palabras claves: arqueología del paisaje, paisajes, sistemas de canales, interpretación,


cuchara de oro.

Abstract
Human groups are linked to their environment and with it recreate the mythological and
cosmological active part of their social dynamics, these manifestations are present not only
on the changes made to landscapes, but are also evident in their furniture. The interpretation
given to handle designs of a golden spoon found in a tomb in the valley near El Dorado, is
part of an extensive analysis to both the landscape and their amendments in this sector of
the Valle del Cauca (Colombia) by the author.
Key words: Archaeology of landscape, landscape, canal system, interpretation, golden
spoon.

Introducción
La Arqueología del Paisaje surge como una alternativa a los enfoques espaciales propuestos
por la Nueva Arqueología (p.e. Jochim 1976, Vita Finzi y Higgis 1970, Willey 1953),
criticando principalmente el carácter limitante sobre el cual se ha desarrollado este
concepto; de acuerdo con Ingold (1993), el paisaje se constituye como un testimonio de
vidas de las generaciones que han habitado el mundo, por lo tanto no debe ser asumido
como un objeto externo a la percepción humana, es parte integral de los seres humanos y a
su vez el paisaje los contiene en la medida en que este está presente en la vida de las
poblaciones como parte de su identidad, es un acto de estar en el mundo (Tilley 1994:12).

Los análisis realizados tanto a las modificaciones antrópicas del paisaje en el pasado
prehispánico como a los elementos mobiliares relacionados con el valle de El Dorado, dio
como resultado una interpretación que permite entrever la relación existente entre ellos,
aspecto que resalta el hecho de que el paisaje no es un medio externo en el cual nos
movemos y actuamos y al cual miramos como sujetos independientes, es parte interna
nuestra y estamos dentro de él (Gosden & Head l994), es parte activa de la vida social,
elemento que resulta transformado pero que a su vez transforma los procesos históricos,
económicos, políticos y culturales (Ibíd. 1994), evidentes en la cultura material.

Contexto Geográfico
El valle de El Dorado está ubicado en el suroccidente de Colombia, en el departamento del
Valle del Cauca (Figura 1 círculo azul); se sitúa en la denominada región Calima
conformada de colinas bajas y valles. Esta depresión estructural se diferencia del Altiplano
porque es un área donde predomina netamente la sedimentación, la humedad de los suelos
es mucho más alta y sus características en cuanto al uso de la tierra son muy contrastantes
con las de los suelos del Altiplano. El Dorado es una depresión probablemente tectónica y
relativamente grande (286.7 Ha) orientada Occidente-Oriente y agrandada por procesos
erosivos ocurridos durante el levantamiento de la Cordillera Occidental a finales del
Terciario. En la actualidad es drenada por la quebrada Agua Mona que sale de este valle por
una estrecha garganta de pocos metros de ancho.

FIGURA 1. UBICACIÓN DEL VALLE DE EL DORADO EN EL VALLE DEL CAUCA (COLOMBIA)


(FUENTES: ADAPTADO DE IGAC 2004 Y HTTP://WWW.COLOMBIASSH.ORG/SITE/SPIP.PHP?ARTICLE32)

El valle de El Dorado presenta seis subpaisajes dentro de los cuales se encuentran el


coluvio aluvial y el aluvial pantano lacustre. En estos subpaisajes fueron construidos
importantes sistemas de drenaje y cultivo. El manejo hidráulico y agrícola inició en El
Dorado hace al menos dos mil años en el fondo del valle (100+-320 d.C. Bray et al.1985)
por los grupos humanos Yotoco y su uso se extendió durante catorce siglos (1465+-65 d.C.
Bray et al.1985) con las comunidades Sonso. Canales ajedrezados y la construcción de
grandes campos elevados (Figura 2) evitaban el encharcamiento y mantenían humedad
constante en las raíces de las siembras; sistema de canales similares fueron reportados por
Plazas y Falchetti (1990) y Plazas et al. (1993) en el curso bajo del río San Jorge
(Departamento de Córdoba). El propósito era claramente maximizar la productividad de los
suelos del lugar, sembrando sobre los camellones de hasta 50 m de largo, de ancho 2 a 4 m
y separados por pequeños canales pandos de entre 20 y 40 cm de profundidad; la función de
los canales se relacionaba también con el control de agua, conservaban la humedad durante
la época seca y durante la época de lluvias las zanjas redistribuían el agua canalizándola
hacia el centro del valle para el posterior drenaje hacia la quebrada Agua Mona que se
forma al recibir las aguas provenientes de las cabeceras del valle. Las zanjas eran
excavadas hasta 50 cm de profundidad y de hasta 30 m de largo, el material retirado de las
mismas para su construcción y mantenimiento periódico, fue colocado sobre los espacios
delimitados entre ellas elevando el suelo y proveyendo materia orgánica rica en fósforo,
potasio y nitrato de amonio (Herrera et al.1990:138).

FIGURA 2. R ASGOS DE CAMPOS ELEVADOS EN EL FONDO DEL VALLE

Estos rasgos aún son visibles desde varios puntos del valle, sobre todo en la margen
occidental hacia el cierre del mismo. Es importante mencionar que en el fondo aluvial
pantano lacustre, no se dieron otros usos diferentes al sistema descrito, como si se dio en
los demás subpaisajes identificados.

Las modificaciones antrópicas de los paisajes no solo revelan su uso práctico, expresan
también cosmovisiones sobre su entorno, el paisaje está lleno de significados y memorias,
impregnado de acciones del pasado (Tilley 1994:41); el paisaje aborigen es un paisaje
repleto de una elaborada geografía totémica enlazando tanto lugar como grupos humanos
(Ibíd. 38). Las representaciones de las modificaciones en los elementos mobiliares pueden
ser más comunes de lo que se cree, por ello una mirada más detenida permite reconocer
algunos rasgos característicos que los vinculan. Por ejemplo los aborígenes prehispánicos
representaron algunas dinámicas sociales en vasijas cerámicas relacionadas con formas y
distribuciones de viviendas asociadas con las culturas arqueológicas Ilama y Yotoco de la
región Calima (Figura 3, Figura 4 y Figura 5). Los patrones de ocupación de los paisajes en
la región Calima se caracterizan por la presencia de tambos o unidades de vivienda en
función de una plataforma, aspecto que había sido resaltado por otros investigadores
(Cardale 1992; Cardale et al. 1989b; Salgado et al. 1993) en estas representaciones.

FIGURA 3. REPRESENTACIÓN CERÁMICA DE UN POBLADO (FOTO: SALGADO ET AL. 1993:95).

Representación de un poblado de viviendas rectangulares con techos de dos aguas


ligeramente curvos, cumbreras rectas y aleros engrosados. Las cuatro casas pequeñas se
distribuyen alrededor de una construcción central de mayor tamaño. En sus lados menores
cada casa tiene un grupo de tres líneas incisas verticales señalando las puertas de entrada
(Salgado et al. 1993:95).

FIGURA 4. VASIJA LLAMA CON DOS VERTEDERAS (FOTO: CARDALE 1992:32)

Representación cerámica de un caserío; las casas tienen una puerta en cada extremo y de
ésta parte un sendero que desemboca en uno de los cuatro caminos principales. Estos
inician de los cuatro costados de la casa principal y corren loma abajo para desaparecer
entre los árboles que rodean el asentamiento. Procedencia: tumba. Municipio de Restrepo.
Altura 21.3cm (Cardale 1992:32).
FIGURA 5. REPRESENTACIÓN CERÁMICA DE UN POBLADO ASOCIADO A LA CULTURA YOTOCO
(FOTO: SALGADO ET AL. 1993:95)

Las viviendas menores están comunicadas entre sí por franjas horizontales de pintura
positiva rojas, denotando caminos que conducen a las puertas existentes en cada uno de los
lados menores de las casas; la casa grande muestra en cada lado un espacio positivo rojo
a manera de puerta y en las partes superiores de las paredes se observan espacios
cuadrados y rectangulares que podría indicar puertas o ventanas. Presenta triángulos
negativos opuestos que delimitan rombos en pintura roja y pequeños rectángulos
concéntricos sobre el techo (Cardale et al. 1989b:13).

Las representaciones no solo figuran parte la dinámica espacial de los aborígenes en la


región Calima, los colores son un aspecto muy importante que denota información
adicional a la representación misma; estas vasijas presentan pintura positiva roja y negativa
negra, es posible que la representación de la pintura roja esté mostrando la característica
evidenciada de suelos rojos en las superficies de sitios de vivienda reportados en la región
Calima y el valle de El Dorado. Los diseños tanto incisos como pintados de la Figura 4,
muestran caminos rectos que conectan la plataforma con los tambos y con un área
circundante que representa al parecer bosque (Cardale 1992, Salgado et al. 1993; Herrera et
al. 1990), las líneas paralelas guardan relación con los sistemas de cultivo y drenaje sobre
las laderas evidentes tanto en la región Calima como en áreas circundantes 1. Gran cantidad
de canales fueron construidos en todos los paisajes de El Dorado, pero la mayor densidad se
encuentra desde las laderas altas hasta el paisaje coluvio aluvial con pendientes desde 12%

1
Los canales en ladera han sido reportados en el valle del río Calima (Bray et al.1981), en el sitio
arqueológico del Cabo de la Vela (Rodríguez y Bashilov 1988, Salgado et al.1993, Salgado 1993) y en la
región de Pavas La Cumbre al sur de la región Calima (Gähwiler 1996). En el centro y suroccidente
colombiano por Duque (1970:36) en las regiones de Quindío y Caldas y en la región arqueológica de San
Agustín (1981:53), en las cuencas de los ríos Quindío y Calima y en los departamentos de Huila, Cauca y
Nariño (Parsons 1973:7), en el valle del río la vieja (Bruhns 1981:3-4), en Quinchana (Llanos y Durán
1983:104), en Bolívar y Trujillo al norte del Valle (Salgado 1986a:49-64), en el cañón del río Granates
(Llanos 1988:35) y en el Alto Magdalena (Isnos) (Sánchez 2000, 2005b y 2007).
hasta 50% para drenar por los canales las aguas que sobresaturaban los suelos de las laderas
y evitar grandes movimientos masivos de suelos (Botero 1983). Las líneas dibujadas
podrían indicar los sistemas de cultivo sobre las laderas y los triángulos laterales las colinas
(Figura 5). Tanto el aplique lineal de la Figura 4 como las líneas negra y roja en contacto
con la zona negra de la Figura 5, ubicadas en la parte inferior de las vasijas, indicarían los
grandes caminos registrados en los paisajes de la región Calima (Cardale 1986) que la
circundan, así como a los sitios de ocupación.

Llanos (1995:80) arguye que los colores negro y rojo utilizados en la decoración de
motivos geométricos de la cerámica, corresponden y se relacionan con los colores
estratigráficos de las tierras de la región arqueológica de San Agustín, la capa vegetal
(negro, café oscuro) es el medio donde habitan los animales y la gente, y los demás
horizontes de tierra además de constituir la materia prima para la fabricación de la
cerámica, servir como pisos de la vivienda y construir en ellos las fosas de sus tumbas, son
espacios culturales donde habitan seres mitopoéticos. Interpretación clave para la
comprensión del simbolismo representado en la cerámica, que más allá de la forma y la
función, reproducen su realidad e identidad.

Así mismo es interesante anotar que representaciones de las construcciones sociales de los
paisajes fueron figuradas en otros elementos mobiliares elaborados en oro; es así que una
de las cucharas que se encuentran en el Museo del Oro de Bogotá, proveniente de una
tumba de la Finca La Grecia - Vereda Madroñal - Municipio de Restrepo, lugar que colinda
con el valle de El Dorado por el noroccidente, fue registrada por Pérez de Barradas
(1954:64) quien la describe e interpreta sus diseños (fotografía fig.7 número 27 y la
reconstrucción de los grabados pág.63 fig.48):

“Su concavidad es oval y lisa. Fue martillada y está bien pulimentada. El mango es plano
y su forma sugiere, a primera vista, el contorno de una figura zoomorfa, pues vista por uno
de los lados parece que están representadas una pata y la cola, y que la cabeza está vuelta,
pues hay un par de perforaciones circulares y otra doble, triangular, que pueden
interpretarse como los ojos y la boca. Sin embargo, si se examina la pieza con cuidado,
puede observarse la presencia de finos grabados, y la silueta antes descrita se convierte en
una figura antropomorfa. Se notan el tocado, las orejas, la nariz, los brazos terminados en
manos y ambas piernas”.
También Bray (1992:103 fig.109 MO 27) presenta la misma cuchara con una
reconstrucción gráfica (Ibíd. Fig.110) muy similar a la presentada por Pérez de Barradas, e
interpreta como “los dos orificios redondos hacen el papel de ojos de un rostro humano
estilizado”. El mismo autor en una publicación posterior refiriere que “el diseño parece
representar un cuadrúpedo con su cola y sus patas posteriores. La cabeza con sus ojos y
boca están volteados en ángulo y la taza de la cuchara puede ser la lengua estirada del
animal”2 (Bray 2005:118 fig.III40).

FIGURA 6. CUCHARA DE ORO MARTILLADO (BRAY 1992:103. FIG.109)

FIGURA 7. RECONSTRUCCIÓN GRÁFICA DE LA CUCHARA (BRAY 1992:103. FIG.110)

Intentar interpretar una imagen compuesta de varios diseños es un ejercicio complejo; como
lo indica Velandia (1994:49-50) “interpretar una posible geometría con una geometría que
a priori no se puede asumir como necesariamente la misma, el análisis que intentamos
tropieza con el hecho de que la consecutiva descripción de las formas implica
obligadamente alguna manera de comprensión y por lo tanto de interpretación”. Cuando
se parte de referentes de representaciones antropo y zoomorfas se limita su interpretación
posible, pues más allá de estas figuraciones la combinación de diseños pueden representar
los contextos en que esas representaciones se dinamizan; las recreaciones de lugares son
objetivados mediante un sistema de representación espacial (Santos y Criado 1998:581) en
el cual no se da una diferenciación de los elementos que lo componen, sino que se expresa

2
Traducción de la autora
una manera de ver, percibir y figurar un todo determinado por el patrón de racionalidad de
la formación socio-cultural en la que operan (Ídem).

Partiendo del contexto geográfico que indica proximidad a El Dorado, de la forma y los
diseños, se considera que los diseños del mango de la cuchara guardan estrecha relación
con los sistemas hidráulicos y agrícolas que fueron elaborados en el fondo del valle de El
Dorado; si la cuchara es ubicada con el mango hacia la izquierda, la forma del fondo del
valle presenta una forma similar al mango; así mismo los diseños lineales paralelos
horizontales que se desprenden de un trazo vertical figuran los sistemas de canales que
predominan en el fondo del valle y el trazo central correspondería a la quebrada Aguamona
que sigue la misma línea representada en el diseño grabado (Figura 8 y Figura 9). La
figuración vendría a ser una representación geográfica aborigen.

FIGURA 8. ESQUEMA DEL FONDO DEL VALLE Y EL SISTEMA HIDRÁULICO Y AGRÍCOLA

FIGURA 9. DETALLE DE LA RECONSTRUCCIÓN GRÁFICA (BRAY 1992:103. FIG.110)

Para efectos del análisis, se tuvo en cuenta la representación del perfil de la totalidad del
valle de El Dorado mediante un corte A – A’ que comparado con el esquema de la cuchara
en perfil presenta similitud con la forma general del valle (Figura 10); esta a su vez figura
el fondo como contenedor y/o proveedor de los alimentos, la cuchara es el elemento que
permite llevar los alimentos a la boca, el fondo del valle es una concavidad natural en la
que mediante el trabajo agrícola e hidráulico se produjera comida. De otra parte, el material
utilizado para su elaboración es oro de buena ley y el contexto en que fue hallado (tumba)
indica que es un elemento que más allá del uso que pudo habérsele dado, constituyó una
representación que puede ser leída desde diferentes perspectivas: es simbólica por que
figura la transformación de un paisaje, es un solo elemento que reúne y representa un
conjunto de elementos; es un referente del lugar en donde se producen y reproducen los
alimentos; tiene un carácter cartográfico tanto de un área en conjunto como de un área
concreta. Tanto la vista en planta como en perfil figura una serie de ideas especificas, es
una concepción cultural de lo natural, es una imagen idealizada, pensada (Santos y Criado
1998:592).

FIGURA 10. PERFILES DEL VALLE DE EL DORADO Y DE LA CUCHARA DE ORFEBRERÍA

Conclusiones
Las evidencias arqueológicas de la construcción social del paisaje en el valle de El Dorado
a partir de los aspectos analizados permiten identificar un sentido unitario entre los seres
humanos y la naturaleza, una manifestación constante de su presencia en ella y de la
naturaleza en ellos; “paisaje y arte son dos modelos de y modelos para la realidad, es decir,
ambos están ordenados por algo más allá de sí mismos (el paisaje, que realmente existe) y
sirven para organizar esa realidad externa y darle sentido” (Tilley 1994:52) 3

Agradecimientos

A Carlos Armando Rodríguez por arduo trabajo en la revista, a Universidad Nacional del
Centro de La Provincia de Buenos Aires (Argentina), a mi familia y a los ancestros
amerindios del valle de El Dorado, quienes han sido inspiradores constantes de estas
lecturas.

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