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Autoestima del Creyente en la Fe

La autoestima del hombre descansa en su capacidad de excelencia moral y en imitar las perfecciones de Dios. Aunque la autoestima tiene diferentes grados, somos responsables de educarla de manera evangélica mediante el buen juicio y la fe. La verdadera autoestima cristiana se compone de la identidad de ser hijos de Dios y la posesión de su Espíritu, reflejando el carácter de Cristo a través de principios morales correctos.
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Autoestima del Creyente en la Fe

La autoestima del hombre descansa en su capacidad de excelencia moral y en imitar las perfecciones de Dios. Aunque la autoestima tiene diferentes grados, somos responsables de educarla de manera evangélica mediante el buen juicio y la fe. La verdadera autoestima cristiana se compone de la identidad de ser hijos de Dios y la posesión de su Espíritu, reflejando el carácter de Cristo a través de principios morales correctos.
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LA AUTOESTIMA DEL CREYENTE.

El Creador hizo al ser humano para que en muchos aspectos fuese el centro de toda Su
Creación. Tenemos poderosos instintos que nunca duermen, fuerzas sobre la necesidad
de diferenciar la luz de la oscuridad, lo suave de lo duro, lo sólido de lo líquido, lo frío de
lo caliente, y todas esas cosas en nuestras relaciones primarias para beneficio o
perjuicio, y según nuestras circunstancias, porque en ocasión lo caliente me beneficia,
pero en otras no.

Esos instintos tienen un solo objetivo: la preservación del hombre, o que el Yo fue hecho
para ser el centro de mi vida individual. Mis instintos defienden mi Yo. Cada hombre
debe cuidar su propia existencia. La condición de ayudar a otros será cuando se tenga el
poder de hacerlo. Así lo experimentamos y así lo enseña la Biblia; nótese: “Amarás a tu
PRÓJIMO como a ti mismo” (Mar.12:31); esto es, YO antes que el otro. Uno más:
“Hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia
de la fe” (Gal.6:10), esto es, a los nuestros antes que a los otros. La observación o
consideración de los instintos naturales revelan que Dios en Su infinita sabiduría hizo al
hombre para que en muchos aspectos fuese el centro del Universo.

Mensaje de los sentimientos


En la mente humana está plantada la facultad de autoconsideración. No es una facultad
pensante, sino de simple sentir involuntario. Como la esperanza, o el amor, o la
conciencia, o el temor, la Autoestima natural en todo hombre es un fuerte sentimiento, y
su tipo y fuerza depende de ciertos sentimientos peculiares. O que aun siendo
Autoestima, no siempre son iguales ni tienen la misma fuerza; sino dependerá de las
condiciones e impulso que uno reciba en el entendimiento. Un caso: “Saúl se enfureció,
pues este dicho le desagradó, y dijo: Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han
atribuido miles. ¿Y qué más le falta sino el reino?” (1 Sam.18:8). Se enfureció porque su
Autoestima fue herida. Esta facultad tiene diferentes tipos, grados y fuerza. No todas
son iguales. El idioma de Saúl fue hebreo, si se le hubiese hablado en español, no
reaccionaría igual. El entendimiento despierta la Autoestima.

Ahora bien, cuando uno nace, recibe mente y cuerpo, y no somos responsables de las
diferentes proporciones con que nacimos. No somos responsables de nuestras
debilidades o deformidades, ni del tamaño ni la forma de nuestros miembros; pero sí
somos responsables de su uso, sea bueno o malo. Más aún, también somos
responsables del entrenamiento o hábito que le demos. Aun cuando la Autoestima tiene
diferentes tipos y grados, y que es algo instintivo, no obstante, y sabiendo que entra por
el entendimiento, somos responsables de cómo la eduquemos y en qué manera la
hagamos reaccionar.

El Señor nos manda a restringir algunas de sus partes, y desarrollar otras, de tal modo
que nuestra Autoestima sea evangélica. Oigámoslo: “En virtud de la Gracia que me ha
sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe
pensar, sino que piense con buen juicio” (Ro.12:3).
“Aun cuando la Autoestima tiene diferentes tipos y grados, somos responsables
de cómo la eduquemos y en qué manera la hagamos reaccionar”.
Autoestima negativa
Enfocamos: “Dos hombres subieron al templo a orar… El fariseo… Oraba para sí de esta
manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores,
injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. “Yo ayuno dos veces por
semana; doy el diezmo de todo lo que gano” (Luc.18:10-11). El fariseo subió al Templo
a orar, y estando allí miró a su alrededor a otros que también adoraban; no vio a Dios,
por eso no pidió nada, sino que estuvo satisfecho en sí mismo, o en lo que era y poseía.
La Autoestima negativa le hizo ver que era rico sin carencia alguna. No vio necesidad de
perdón ni de Gracia.

La autoestima de este fariseo es la misma de la psicología moderna; la definen así:


“Autoestima es la capacidad desarrollable de experimentar nuestra existencia, de confiar
en nosotros mismos para lograr objetivos, independientemente de las limitaciones que
podamos tener”. Tal cual el fariseo no necesita a Dios. La autoestima del fariseo fue
sentirse bien, aun cuando no tenía méritos ni causa alguna para sentirlo. En la portada
de la famosa revista americana, “Newsweek” (Feb. 1992), la Autoestima de la psicología
moderna fue titulada así: “La maldición de la Autoestima o lo que está mal con el
Movimiento de sentirse bien”. Como alguien ha indicado: “Los dioses del materialismo
nos urgen a poner nuestra seguridad y Autoestima en ellos. Pero tan pronto como uno lo
haga, ahí mismo perdemos la seguridad, y al Dios Único y verdadero”.

Autoestima evangélica
En otra versión dice así: “Digo, pues, por la Gracia que me es dada, a cada cual que está
entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que
piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”
(Ro.12:3 RV60). El ministro del SXIX, Henry Ward, la comenta así: “Esta palabra
“cordura” en el NT, cuando es aplicada a la mente, más que a la conducta y moralidad,
significa la seriedad y el sentir del estado de ánimo que surge en uno, cuando es
inspirado por un propósito moral, a diferencia del descuido y superficialidad que se
experimenta cuando no estamos bajo la influencia de la verdad y buena conciencia”.

Una mente sobria o en cordura, es cuando la persona piensa y mide las cosas con buen
juicio, y conocimiento. En tal caso decimos: “Fulano está en sus cabales”, o “está
pensando bien”. El asunto que nos concierne no queda ahí, pues el escritor divino
agrega: “Conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (v.3). Según el
grado de conocimiento o madurez en la fe que cada uno tenga. En la vida cristiana nada
puede ser bien hecho sin cordura o sobriedad. Bajo esta Gracia seríamos resguardados
del mal influjo de la vanidad y el orgullo. Es juicio desapasionado, aunque no del todo
desapasionado, sino de lo carnal.

La Autoestima del ser humano, como ser inmortal, no consiste tanto en su capacidad
intelectual y poderes con que fue dotado en su creación, sino más bien en su capacidad
de excelencia moral, y su poder para imitar las perfecciones del Señor, lo cual es
revelado así: “Sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a El…
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor” (1Jn.32:2; Ef.5:1).
Un contraste
Es incuestionable que Satanás es inteligentísimo, culto, diestro, con grandes riquezas
como ningún hombre pueda tener, y además domina sobre millones de personas. El
diablo tiene autoestima, animal, terrenal, diabólica; pero nunca podrá ser feliz, estado al
cual pueden y alcanzarán los verdaderos cristianos. El diablo es un ser profundamente
degradado.

“La Autoestima del hombre descansa en su capacidad de excelencia moral,


y su imitación de las perfecciones del Señor”.

Su composición y orden
La verdadera Autoestima se compone de dos elementos: Identidad y posesión. Los
intelectuales y ricos de la tierra, por lo general, tienen una alta Autoestima, cual los
diablos, aunque falsa y degradante de la naturaleza humana. En el caso de los
Creyentes esa identidad es ser hijos de Dios en Cristo, y la posesión, ser morada del
Espíritu de Gracia. Alguien la ha definido con estas palabras: “La Autoestima cristiana o
verdadera, es el resultado de la aplicación de principios morales correctos, con santos
sentimientos, que nos permitirían asimilar y reflejar el carácter del más Alto, más Bueno
y Hermoso de todos los seres. El carácter del Único Hombre Perfecto, nuestro Señor y
Salvador Jesucristo”. Se trata de un fruto, resultado o efecto. Requiere nuestra
colaboración o el uso de nuestro buen juicio; nótese: “Digo a cada uno de vosotros que
no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según
la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno” (v3). Se puede ver que en esta
evaluación hay una negación: “No piense más alto de sí que lo que debe pensar”.

Pon el debido cuidado sobre el estado espiritual de tu alma, cuando pienses con agrado,
encanto o satisfacción de ti mismo, o posesiones. Y una afirmación: “Que sí piense con
buen juicio”. Este ejercicio requiere una obra de cuidado o estudio. Y es lo contrario a
ese descuido y superficialidad que se experimenta cuando no estamos bajo la influencia
de la Gracia divina.

Conclusión
Si los deberes son antes que la Autoestima, y así son, entonces hay que ser útil para ser
estimado. Todas las personas aspiran que su memoria no sea puesta en olvido, y que de
algún modo sea recordada con estima y agrado. En el Reino de Cristo, no hay manera
que eso suceda que no sea por medio de una vida de utilidad al pueblo santo. Amén.

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