Mateo 24
Mateo 24
El discurso final de Jesús lo tenemos en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. Este
discurso fue dado unos días antes de que Jesús fuese crucificado (Mt. 26:1 y 2).
“. . . uno de los soldados, sin esperar ninguna orden y sin miedo por la envergadura de
la hazaña, impulsado por un cierto ímpetu divino, cogió un tizón encendido y,
levantado en alto por uno de sus compañeros, lo arrojó por una ventana dorada, que
por el lado norte permitía entrar a las estancias que había alrededor del Templo.
Cuando el fuego prendió, se alzó entre los judíos un grito acorde al desastre y
corrieron en masa a apagarlo, sin preocuparse ya por su vida y sin escatimar fuerzas,
dado que se estaba desmoronando el lugar que ellos antes habían custodiado . . .
Mientras ardía el Templo, tuvo lugar por parte de los romanos el saqueo de todo lo
que se encontraban y una incontable matanza de todo aquel con quien se topaban,
pues no hubo compasión por la edad ni respeto por la dignidad, sino que fueron
degollados, sin distinción, niños, ancianos, laicos y sacerdotes . . . Las llamas, que se
extendían con intensidad, producían un fragor que se unía con los gemidos de los que
caían.”
Las Guerras de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
Najmánides (el Rambán – Rabí Moisés Ben Najmán), hablando del capítulo 28 del
libro de Deuteronomio, afirmó en su comentario de la Torá:
“Vespasiano y su hijo, Tito, llegaron con un enorme ejército y capturaron todas las
ciudades fortificadas de Judea, oprimiendo con crueldad a los judíos. Se sabe que
después de que derribaron las murallas de Jerusalén y el Templo, sólo quedó en pie
el muro del Templo y los sitiados se comieron la carne de sus hijos e hijas. Y cuando
por fin cayó el Santuario, se cumplió el versículo 63 de este capítulo: “Y seréis
arrancados de la tierra.”.
El cumplimiento de las profecías de la Torá – Rabí Meir Simja Sokolovsky
Mateo 24:4-8
“Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.
Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el
Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores
de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que
todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se
levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá
pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”
Mateo 24:4-7
Señales del Fin de este Siglo:
1. Falsos Mesías
Jesús nos dice que muchos vendrán afirmando que son el Ungido, el Mesías, el
Cristo, el Salvador y engañarán a muchos.
Después de la muerte de Jesús, ¿Hubo alguien que afirmase ser el Mesías? Sí,
varios: Teudas, Judas el Galileo (Hch. 5:36 y 37), Simón el Mago (Hch. 8:9-11), el
samaritano Dositeo, etc, etc, etc
“En las fechas en que Fado era procurador de Judea (44 – 46 d.C.) un mago, de
nombre Teudas, procuró persuadir a una masa infinita de personas a que recogieran
sus pertenencias y lo siguieran hasta el río Jordán, pues les decía que era un profeta
y les aseguró que a una orden suya se abrirían las aguas del río y que de esta manera
les haría fácil el cruce. Y con estas palabras embaucó a muchos.”
Antigüedades Judías – Libro XX
“La situación en Judea iba de mal en peor cada vez más. En efecto, el país volvió a
llenarse de partidas de bandidos e impostores que embaucaban a las masas . . . las
fechorías cometidas por los bandidos llenaron la ciudad de tal suerte de sacrilegios,
mientras los brujos y falsarios se esforzaban por persuadir a las masas a seguirlos al
desierto, puesto que, según les aseguraban, les mostrarían prodigios y señales claras
que iban a producirse por prescripción divina.”
Antigüedades Judías – Libro XX
“. . . el falso profeta egipcio causó a los judíos males mayores que éstos (aprox. 55
d.C.). Se presentó en el país un charlatán que se ganó la fama de profeta. Reunió a
unas treinta mil personas engañadas por él y las llevó desde el desierto al llamado
Monte de los Olivos . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro II
“Después de los días de Jesús, el samaritano Dositeo quiso persuadir a sus paisanos
ser él el Mesías profetizado por Moisés, y parece haber atraído a algunos a su
predicación. Mas no será fuera de razón alegar aquí el dicho de aquel Gamaliel de
quien se escribe en los Hechos de los Apóstoles, para mostrar que todos ésos fueron
ajenos a la promesa y no son ni hijos de Dios . . .”
Orígenes contra Celso 1.57
Werner Keller en su libro “Historia del Pueblo Judío” (página 70) afirma:
El historiador romano Cayo Cornelio Tácito nos habla de este periodo que menciona
Jesús afirmando:
“mientras los enemigos se destruían con sus propias manos con el peor de los males,
como es el de la guerra civil, ellos, más bien, debían permanecer apartados de los
peligros, como espectadores, y no poner su mano sobre hombres que se matan y que
están furiosos unos contra otros . . . inmersos en la guerra civil y en la discordia sufren
cada día males peores que los que les producirían los romanos si les atacasen y
tomasen la ciudad. Por tanto, si hay que mirar por nuestra seguridad, es preciso dejar
que los judíos se aniquilaran a sí mismos, y si hay que tener en cuenta un éxito muy
glorioso para nuestra empresa, no es necesario atacar a enemigos que están
enfermos en su propia casa . . . Los generales estuvieron de acuerdo con estas
palabras de Vespasiano . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro IV (67 – 69 d.C.)
3. Hambres
El historiador judío Flavio Josefo nos cuenta como la Reina Helena de Adiabene (lugar
situado probablemente en el norte de la Mesopotamia entre Asiria y Armenia) que se
había convertido al Judaísmo fue a Jerusalén (46 d.C.) y ayudó a los habitantes de
Jerusalén:
“Su llegada resultó sumamente provechosa y útil para los habitantes de Jerusalén. En
efecto, como el hambre asolara en aquel preciso momento su ciudad y gran número
de ellos estuvieran a punto de perecer por falta de recursos económicos, la reina
Helena envió a algunos de sus hombres, uno a Alejandría a invertir allí grandes sumas
de dinero en la compra de trigo y otros a Chipre, a traer un cargamento de higos
pasos. Y cuando hubieron regresado unos y otros trayendo los citados víveres, cosa
que hicieron rápidamente, los distribuyó entre los menesterosos para que se
alimentaran y con ello dejó en boca de todo nuestro pueblo el recuerdo profundo y
perenne de tan noble gesto. También su hijo Izates, enterado del azote del hambre,
envió a las autoridades de Jerusalén grandes sumas de dinero, que distribuidas entre
los pobres, salvó a muchos de las garras violentísimas del hambre.”
Antigüedades Judías – Libro XX
4. Pestilencias
“Aquel año (65 d. C.) manchado por tantos crímenes, se vio distinguido todavía por los
dioses con tempestades y epidemias. Fue asolada la Campania por un huracán que
por todas partes destrozó villas, árboles y cosechas, haciendo llegar su fuerza hasta
las cercanías de la Ciudad, en la cual, entretanto, el género humano se veía
devastado por una peste sin que el cielo mostrara señales visibles de perturbación.
Pero las casas se llenaban de cuerpos exánimes, las calles de duelos. No respetaba
el peligro sexo ni edad; morían repentinamente por igual esclavos y plebeyos libres,
en medio de las lamentaciones de cónyuges e hijos, que por haber permanecido a su
lado llorándolos acababan a menudo ardiendo en la misma pira.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XVI
“. . . en un primer momento la estrechez del lugar les propició una peste destructiva y
más tarde un hambre voraz.”
Las Guerras de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
5. Terremotos
“El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y
las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron:
Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”
Mateo 27:54
“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y
llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”
Mateo 28:2
Más terremotos:
“Muchos prodigios sucedieron aquel año (51 d.C.): se posaron sobre el Capitolio aves
de mal agüero, repetidos terremotos hicieron caer edificios, y el temor a daños
mayores produjo en la masa un pánico en el que perecieron aplastados los más
débiles; también la escasez de cosechas y el hambre que provocó se interpretaban
como prodigios.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XII
“En el mismo año Laodicea (60 d.C.), una de las ciudades notables de Asia, fue
derruida por un terremoto y se volvió a levantar por sus propios medios sin ayuda por
nuestra parte.”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XIV
“fue en gran parte destruida por un terremoto Pompeya, ciudad muy poblada de
Campania (62 d.C.)”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XV
“Aquel año (65 d.C.) manchado por tantos crímenes, se vio distinguido todavía por los
dioses con tempestades y epidemias. Fue asolada la Campania por un huracán que
por todas partes destrozó villas, árboles y cosechas, haciendo llegar su fuerza hasta
las cercanías de la Ciudad, en la cual, entretanto, el género humano se veía
devastado por una peste sin que el cielo mostrara señales visibles de perturbación."
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XVI
“Por la noche estalló una inmensa tormenta, con fuertes vientos, lluvias torrenciales,
continuos relámpagos, violentos truenos y con unos terribles temblores de tierra. Esta
confusión de los elementos del universo era una prueba evidente de la destrucción de
los hombres y se podría conjeturar que era la señal premonitoria de una gran
catástrofe.”
La Guerra de los Judíos – Libro IV (67-69 d.C.)
En el Evangelio de Lucas encontramos dos señales más:
El historiador judío Flavio Josefo nos dice en “Las Guerras de los Judíos” en el Libro
Sexto (70 d.C.) que:
“sobre la ciudad apareció un astro, muy parecido a una espada y un cometa que
permaneció allí durante un año. Esto también había tenido lugar antes de la revuelta y
de que se iniciaran las actividades bélicas, cuando, reunido el pueblo para la fiesta de
los Ácimos (la Pascua), el día ocho del mes Jántico (abril), en la hora nona de la
noche brilló durante media hora una luz en el altar y en el Templo con tanta intensidad
que parecía un día claro. Para los no entendidos esto era una buena señal, mientras
que los escribas sagrados lo interpretaron de acuerdo con los acontecimientos
inmediatamente posteriores. Por otra parte, en la misma fiesta, una vaca, que era
llevada al sacrifico, parió un cordero en medio del Templo. A la sexta hora de la noche
se abrió ella sola la puerta oriental del Templo exterior, que era de bronce y tan
pesada que por la tarde a duras penas podían cerrarla veinte hombres . . . Después
de la fiesta, no muchos días más tarde, el veintiuno del mes de Artemisio (mayo), se
vio una aparición sobrenatural mayor de lo que se podría creer. Creo que lo que voy a
narrar parecería una fábula, si no lo contaran los que lo han visto con sus ojos y no
estuvieran en consonancia con estas señales las desgracias que acaecieron después.
Antes de la puesta del sol se vieron por los aires de todo el país carros y escuadrones
de soldados armados que corrían por las nubes y rodeaban las ciudades. Además, en
la fiesta llamada de Pentecostés los sacerdotes entraron por la noche en el Templo
interior, como tienen por costumbre para celebrar el culto, y dijeron haber sentido en
primer lugar una sacudida y un ruido y luego la voz de una muchedumbre que decía:
¨Marchémonos de aquí¨ . . . Si uno reflexiona sobre estos hechos, se dará cuenta de
que Dios se preocupa de los hombres y de que él anuncia a su raza de todas las
formas posibles los medios de salvación, y que, sin embargo, ellos perecen por su
demencia y por la elección personal de sus propias desgracias.”
El historiador romano Cayo Cornelio Tácito también nos relata estas señales:
“Se habían manifestado prodigios que ni con inmolaciones ni con ofrendas votivas
tiene permitido conjurar este pueblo pasto de la superstición y hostil a las prácticas
religiosas: en el cielo se vio enfrentarse a dos ejércitos; sus armas refulgían y súbitos
relámpagos iluminaron el templo. Las puertas del santuario se abrieron de repente y
una voz sobrehumana anunció que los dioses estaban saliendo —y al instante se
sintió el imponente movimiento de su salida.”
Libro Quinto de las Historias de Cayo Cornelio Tácito (69 – 70 d.C.)
Todas estas señales solamente serían el principio de los dolores como Jesús nos
indica a continuación:
Mateo 24:9-13
“Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis
aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.”
Mateo 24:9
¿A quién habla Jesús? Jesús está hablando a sus discípulos (concretamente a Pedro,
Jacobo, Juan y Andrés - aunque posiblemente se unirían a este discurso todos los
demás), por tanto, estos discípulos sabían que:
• serían aborrecidos.
• serían entregados a tribulación.
• morirían por causa del nombre de Jesús.
“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para
maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto
había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces
los días de los panes sin levadura. Y habiéndole tomado preso, le puso en la
cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le
custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. Así que
Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a
Dios por él.”
Hechos 12:1-5
Pedro, de una forma sobrenatural, fue librado de la muerte en esta ocasión, pero
posteriormente fue crucificado por Nerón (aprox. 65 d.C.) como Jesús mismo le había
profetizado:
“Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo
voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.”
Juan 13:36
La tradición también nos dice que Andrés murió crucificado en el 60 d.C.
Los sacerdotes y los saduceos metieron en la cárcel a Pedro y a Juan como podemos
ver en Hechos:
“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la
guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y
anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano,
y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.”
Hechos 4:1-3
Como ya hemos visto, a Jacobo le mató el rey Herodes Agripa I, un grupo de judíos
llevó al apóstol Pablo al Tribunal ante el procónsul de Acaya, Lucio Junio Galión (Hch.
18:12), también compareció ante Félix, gobernador romano (Hch 24) y ante el rey
Herodes Agripa II (Hch. 26).
“para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más
rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos (64 d.C.), aborrecidos por
sus ignomias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristo . . .”
Cayo Cornelio Tácito. Anales, Libro XV
Con las palabras que hemos leído de Jesús desde Mateo 24:1 hasta Mateo 24:9,
Jesús está preparando a sus discípulos para todo lo que les va a venir EN ESA
MISMA GENERACIÓN, por eso, en el Evangelio de Juan podemos leer:
A partir del 67 d.C. esta es la situación que encontramos entre el Pueblo Judío según
relata el historiador judío Flavio Josefo:
“. . . dentro de Jerusalén: el joven capitán del templo, Eleazar, hijo del tristemente
célebre sumo sacerdote Ananías, apoyado naturalmente por sus partidarios,
suspende los sacrificios que se ofrecían diariamente por Roma y por el emperador . . .
el atrevimiento del capitán del templo consternó a gran parte de la aristocracia, que
condenó enfáticamente el hecho. Podemos, pues, hacernos una idea bastante
objetiva de la situación dentro de Jerusalén si pensamos en cuatro grupos: la
aristocracia, dividida en partidarios de la guerra, encabezados por Eleazar, hijo de
Ananías, y enemigos de la guerra, y el pueblo común, que tendría que estar dividido
de la misma manera, pero hay que tener en cuenta que entre el pueblo común había
muchos que estaban profundamente resentidos contra la aristocracia y en particular
contra el sumo sacerdote Ananías, padre del jefe revolucionario aristócrata. Basta
recordar lo que Josefo, aristócrata también, afirma de las extorsiones de los sumos
sacerdotes y, en especial, del sumo sacerdote Ananías. Estando así las cosas, entra
en Jerusalén el grupo rebelde (los zelotes), encabezado por Menahén. Estos rebeldes
recién llegados muestran desde el principio su odio a la aristocracia: se apoderan de
la ciudad alta, que era donde residían los ricos, y se entregan a quemar las casas y
palacios de los aristócratas y a destruir los comprobantes de deudas. Menahén se
convierte en jefe de la rebelión. Entonces sus secuaces dan muerte al sumo sacerdote
Ananías, padre del líder revolucionario de los aristócratas, y a otros notables. Esas
muertes enardecen a los partidarios de Eleazar, quienes dan muerte a Menahén
«cuando él se dirigía con gran pompa a orar en el templo, ataviado con vestiduras
reales y arrastrando en pos de sí a los zelotes armados» . . . Dentro de Jerusalén, la
gente estaba dividida: unos, partidarios de la paz y del entendimiento con Roma, entre
los que estaría la mayoría de la aristocracia, y otros partidarios de la guerra, y entre
estos últimos estaba, de una parte, el grupo aristócrata, encabezado por Eleazar y
otros revolucionarios, que no sólo eran contrarios a Roma, sino también a los
aristócratas . . .”
“los romanos se metieron por las callejuelas con sus espadas en las manos, mataron
sin hacer distinción a todos los que se encontraron e incendiaron las casas con la
gente que se había refugiado en ellas . . . después de que los soldados se hartaron de
matar, aún seguían apareciendo numerosos sobrevivientes. César ordenó ejecutar
sólo a los que estaban armados y a los que ofrecían resistencia y apresar vivo al
resto. Pero ellos acabaron también con la vida de los ancianos y de los débiles . . . a
los que tenían más de diecisiete años los encadenó y envió a trabajar a Egipto.
Muchísimos fueron donados por Tito a las provincias para que la espada o las fieras
acabaran con ellos en los teatros. Los que no llegaban a esta edad fueron vendidos.
Todos los prisioneros que fueron capturados en el conjunto de la guerra sumaron
noventa y siete mil y los que perecieron en la totalidad del asedio fueron un millón cien
mil. La mayoría de estos eran judíos, pero no eran naturales de Jerusalén, puesto que
se había concentrado gente de todo el país para la fiesta de los Ácimos (la Pascua),
cuando de repente les sorprendió la guerra.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
“Las mujeres quitaban la comida de la boca a sus maridos, los hijos a sus padres y, lo
que es más triste, las madres a sus bebés, y cuando sus seres más queridos estaban
muriendo en sus brazos no se avergonzaban de chuparles las gotas de vida que aún
les quedaban . . .
La Guerra de los Judíos – Libro V (70 d.C.)
“Voy a exponer un hecho como nunca se ha visto entre los griegos ni entre los
barbaros, algo que es terrible de contar e increíble de oír. Yo, por mi parte, para no
parecer ante la posteridad que me invento historias, con gusto omitiría contar esta
desgracia, si no tuviera innumerables testigos entre la gente de mi propia época.
Además, haría un flaco favor a mi patria, si renunciara a relatar las desgracias que
padeció. Una mujer . . . se refugió en Jerusalén . . . y allí sufrió el asedio . . . como el
hambre se iba a adueñando de sus vísceras y de su médula . . . cometió un acto
contrario a la naturaleza. Cogió a su hijo, que aún era un niño de pecho y dijo:
¨Desgraciada criatura, ¿para qué te mantengo vivo en medio de la guerra, del hambre
y de la sedición? Si vivimos para entonces, los romanos nos esclavizarán, pero el
hambre llega antes que la esclavitud y los rebeldes son peor que lo uno y lo otro.
Vamos, sé tú mi alimento, un espíritu vengador para los sediciosos y una leyenda para
la humanidad, la única que faltaba entre las desgracias judías.¨ Mientras decía esto
mató a su hijo, luego lo asó, se comió la mitad y el resto lo guardó escondido . . .
Rápidamente por la ciudad se extendió la noticia del crimen. Todos se estremecían al
poner delante de sus ojos esta atrocidad, como si ellos mismos se hubieran atrevido a
cometerla. Los hambrientos se apresuraban a morir y consideraban felices a aquellos
que habían perecido antes de oír o ver desgracias tan grandes.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
Jesús les da la clave para que puedan ganar sus almas y ser salvos (de la muerte):
Jesús les dice a sus discípulos que cuando les persigan en una ciudad, ¡HUYAN A
OTRA! Los que siguieron la exhortación de Jesús, ganaron sus almas / vidas con
mucha paciencia y perseverancia.
“Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos
de esta perversa generación.”
Hechos 2:40
En la versión “La Biblia Palabra de Dios para Todos” este versículo es traducido de la
siguiente forma:
“Pedro les advirtió de muchas maneras y les pidió con insistencia: -¡Sálvense
de esta gente perversa!”
Cuando un grupo de judíos quería matar a Pablo, Pablo sigue la exhortación de Jesús
y de Pedro salvándose de esa gente perversa:
“Cuando habían pasado muchos días, los judíos tramaron darle muerte, pero el
complot llegó a ser conocido por Saulo. Y aun vigilaban estrictamente las
puertas de día y de noche para que lo mataran. Entonces sus discípulos,
tomándolo de noche, lo bajaron por el muro descolgándolo en una canasta.”
Hechos 9:23-25
Mateo 24:14-20
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo,
para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el
fin.”
Mateo 24:14
En primer lugar, Jesús NO está hablando del fin del mundo como nosotros lo solemos
entender, está hablando del FIN DEL SIGLO, recordemos la pregunta que le hicieron:
“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del
siglo?”
Mateo 24:3
La palabra griega usada para “siglo” es AION y su significado también es “edad, era,
época”, podemos observar que este versículo NO dice “el fin del MUNDO”, ya que la
palabra griega para “mundo” es KOSMOS, por tanto, Jesús está hablando del fin de
una era, el fin de una época, el fin de Jerusalén, el fin del Templo, el fin del sacerdocio
levítico, el fin de los sacrificios, el fin de las ofrendas, el fin de los diezmos, el fin de
una vida basada en la Ley de Moisés y en el Antiguo Pacto. Veamos cómo han
traducido la expresión “el fin del siglo” otras versiones:
Los discípulos estaban viviendo en “el fin del siglo”, en la consumación de esa era
concreta, tanto Pablo como el escritor de la carta a los Hebreos lo creían:
Volvamos a Mateo:
Jesús les dice a sus discípulos que cuando vean el ejército romano, deben huir
inmediatamente si están dentro de la ciudad y si están fuera NO deben entrar ni
siquiera a coger una capa.
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque
habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.”
Lucas 21:23
Jesús es muy claro al afirmar que la gran calamidad NO vendría sobre todos los
pueblos de la tierra, él mismo dice que la gran calamidad será “sobre ESTE pueblo”,
es decir, sobre el Pueblo Judío.
Cuando Jerusalén fue rodeada por el ejército romano, nadie podía salir, por eso, en
otra ocasión, Jesús dice:
“Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por
vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las
estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.
Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los
collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco,
qué no se hará?”
Lucas 23:28-31
El árbol verde es Jesús y él mismo dice que si los romanos están haciendo esto con
él, lo que harán con el árbol seco será MUCHO peor y el árbol seco es el Pueblo Judío
que NO quiso recibir a su Mesías, que no quiso recibir a su Dios. El árbol seco fue
pasto del fuego en el 70 d.C. y lo único que pudo apagar las llamas fue la sangre de
los muertos que yacían en las calles . . . Iba a venir una catástrofe tan grande a
Jerusalén que Jesús llega a decir algo contradiciendo a la misma Ley de Moisés, ya
que en la Ley, tener hijos era una bendición de Dios (Ex. 23:26 / Dt. 7:14), pero ahora
Jesús dice que cuando venga la calamidad y la destrucción, cuando venga esta gran
tribulación dirán: “Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no
concibieron”.
Los que se quedaron en Jerusalén sin obedecer a las palabras de Jesús, murieron,
solamente los que hicieron caso a Jesús, pudieron salvar la vida. Por este motivo, los
cristianos en Jerusalén habían vendido sus casas porque sabían que no tendrían
ningún valor cuando fuesen quemadas y destruidas.
Cuando los romanos llegaron a Jerusalén, todos los creyentes en Jesucristo se habían
ido de allí.
Jesús habla del día de reposo porque en Shabat las puertas de la ciudad estaban
cerradas, por tanto, NADIE podría salir de la ciudad en Shabat (Neh. 13:19-22).
Mateo 24:21-22
“porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido
desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.”
Mateo 24:21
En la segunda parte de este versículo, Jesús está usando una figura retórica llamada
“exageración” o “hipérbole”, este recurso literario se usa para . . .
• enfatizar lo que se está diciendo.
Esta figura literaria la encontramos en toda la Escritura como podemos observar en los
siguientes ejemplos:
“he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido
antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.”
I Reyes 3:12
“al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en
este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Porque
sobre ti vendrán días, cuando tus enemigos echarán terraplén delante de ti, te
sitiarán y te acosarán por todas partes. Y te derribarán a tierra, y a tus hijos
dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el
tiempo de tu visitación.”
Lucas 19:41-44
“¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra,
que no sea derribada.”
Mateo 24:2
“los romanos se metieron por las callejuelas con sus espadas en las manos, mataron
sin hacer distinción a todos los que se encontraron e incendiaron las casas con la
gente que se había refugiado en ellas. En muchos de sus saqueos, cuando pasaban
dentro para hacer sus rapiñas, se encontraban con familias enteras de cadáveres y
con sus habitaciones repletas de víctimas del hambre. Entonces, llenos de horror ante
la visión de este espectáculo, salían con las manos vacías. A pesar de que se
compadecían de los que morían de esta forma, sin embargo, no tuvieron los mismos
sentimientos con los vivos, sino que degollaron a todo el que se toparon, con sus
cadáveres taponaron las estrechas calles e inundaron de sangre toda la ciudad de
modo que muchos incendios fueron también apagados por esta carnicería.”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
“En este momento todo el pueblo había sido encerrado por el Destino, como en una
cárcel y la guerra rodeó la ciudad, cuando desbordaba de gente. El número de
muertos superó a toda destrucción humana o divina . . .”
La Guerra de los Judíos – Libro VI (70 d.C.)
Werner Keller en su libro “Historia del Pueblo Judío” (página 72 y 73) relata:
“No fue hasta el 9 de Av (julio-agosto en el año 70) que Tito pudo penetrar en el
Templo pasando por encima de montañas de cadáveres y escombros . . . Luego el
santuario empezó a arder debido a una antorcha encendida . . . y pronto, fue pasto de
las llamas . . . el templo se derrumbó, convertido en un montón de cenizas . . .
Después de cinco meses de sitio, la Ciudad Santa no era más que un campo de
ruinas lleno de cadáveres en las manos del enemigo. Medio millón de judíos habían
sido muertos y unos noventa mil habían sido hechos prisioneros . . . Tito ordena que
los supervivientes sean juzgados severamente . . . todos los que son reconocidos o
delatados como luchadores activos ordena que sean crucificados . . . a todos los
mayores de diecisiete años se les envía a trabajar a las canteras y minas de Egipto,
condenados a trabajos forzados en beneficio de Roma . . . miles de jóvenes menores
de diecisiete años son enviados como regalo a las provincias, donde están
condenados a morir por la espada en el circo como gladiadores o en la arena
despedazados por las fieras, los niños y las mujeres van a pasar a manos de
mercaderes de esclavos . . . durante los días en que Fronto elige a los prisioneros
para sus diferentes destinos, en el infierno del campo de prisioneros mueren de
hambre once mil judíos más. Luego se da la orden de que la ciudad y el templo sean
arrasados . . .”
Mateo 24:23-28
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o
mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos
Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y
prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun
a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os
dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en
los aposentos, no lo creáis.”
Mateo 24:23-26
En esta gran tribulación, muchos prometerían la Salvación en el desierto y la
Salvación en los aposentos (posiblemente una referencia al Templo), por eso, Jesús
les dice que NO crean a estos falsos Cristos y falsos profetas. La salvación no la
tendrían escondiéndose en el Templo, ni en el desierto, la Salvación la tendrían
huyendo a los montes (Mt. 24:16).
“Después iban las enseñas, donde se contiene el águila, que va al frente de toda
legión romana, ya que el águila es la reina y la más fuerte de todas las aves. Para
ellos esto simboliza su poder y es un presagio de que vencerán allí donde vayan.”
Las Guerras de los Judíos – Libro III
Rabí Meir Simja Sokolovsky declara en su libro “El cumplimiento de las Profecías de la
Torá”:
“las legiones de Roma estaban destinadas a cruzar los mares, destruir el segundo
Templo y exiliar al pueblo judío, todo el tiempo con el estandarte del águila romana en
alto, tal como había sido predicho hacía tanto tiempo: ‘rápido como el águila’
(Deuteronomio 28:49)”
El “cuerpo muerto” nos habla de un Pueblo SIN vida espiritual, un Pueblo SIN la
presencia de su Dios, un Pueblo que rechazó a su Mesías y Salvador; el “cuerpo
muerto” nos habla de un Judaísmo vacío, de la caída de Jerusalén, de la destrucción
del Templo, de la desaparición del sacerdocio y del fin de los sacrificios.
Mateo 24:29
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días,
el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las
estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán
conmovidas.”
Mateo 24:29
Estas palabras de Jesús NO pueden ser tomadas de una forma literal porque si el sol
se oscurece, la luna se apaga y todas las estrellas se caen del cielo, la vida en la tierra
se acabaría. Por tanto, Jesús está usando un lenguaje simbólico, es decir, el Sol, la
Luna y las Estrellas representan Israel.
“He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que EL SOL y LA LUNA y once
ESTRELLAS se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su
padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso
vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?”
Génesis 37:8 y 9
Como he dicho antes, en este caso en concreto, el Sol, la Luna y las Estrellas
representan Israel. En Apocalipsis, Israel aparece como una mujer “vestida del SOL,
con la LUNA debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce
ESTRELLAS.” (Ap. 12:1).
En las Escrituras podemos también observar que la referencia al Sol, la Luna y las
Estrellas puede simbolizar el poder, la autoridad y la gloria de las naciones. El Antiguo
Testamento usa este lenguaje simbólico en bastantes ocasiones, por eso, una
persona que conociese el Antiguo Testamento, NO tendría dificultad para poder
interpretar las palabras de Jesús.
La profecía que encontramos en Zacarías 12:10-14 fue cumplida cuando Jesús fue
crucificado, veamos:
“Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos
digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y
además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra
del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”
Mateo 26:63 y 64
Jesús les estaba mostrando que verían el cumplimiento de lo que dijo el profeta
Daniel:
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno
como un hijo de hombre . . .”
Daniel 7:13a
Creo que la referencia que Jesús hace con sus palabras es muy significativa, pero si
solamente yo cito la primera parte (que es lo que acabo de hacer), parece que “con
las nubes del cielo venía” se refiere a que venía A la tierra, PERO el Hijo del Hombre
NO venía a la tierra, creo que estas palabras (“viniendo en / con / sobre las nubes
del cielo”) siempre las hemos interpretado erróneamente porque no hemos tenido en
cuenta la profecía de Daniel, veamos dicha profecía:
El Hijo del hombre NO vino con las nubes del cielo A la tierra, el Hijo del hombre
habiendo resucitado, subió de la tierra con las nubes del cielo al Anciano de días y
recibió el dominio, la gloria y el reino para que todos los pueblos, naciones y lenguas
le sirvieran.
“Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo
nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están
en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que
Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Filipenses 2:9-11
Cuando Jesús resucitó, cuando ascendió a los cielos, cuando el Espíritu Santo fue
derramado, muchos judíos que NO habían creído en Jesús como Mesías pudieron
“ver” que Jesús era el Mesías, entenderían que Jesús está sentado en el Trono, que
Jesús es el Hijo del hombre del que habla Daniel viniendo en las nubes, por eso,
muchos se lamentarían por NO haberle recibido.
Al tener en cuenta todo esto, podemos entender las palabras del propio Jesús cuando
dijo:
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la
muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”
Mateo 16:18
Muchos de los discípulos que estaban presentes cuando Jesús dijo estas palabras, le
vieron subir al Cielo con su cuerpo resucitado, un cuerpo glorificado para sentarse en
el Trono de Dios.
“Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la
diestra de Dios.”
Marcos 16:19
• Por los que al ver las señales que Jesús dijo que vendrían (hambre, guerras, falsos
Cristos, etc) antes de la destrucción del Templo y por la misma destrucción del
Templo, entendieron que Jesús es en realidad el Hijo del hombre, el Mesías de Israel,
el que ahora estaba sentado en el trono y había recibido “el dominio, la gloria y el
reino”.
Para confirmar lo que acabamos de ver, me gustaría acabar esta sección acudiendo a
las palabras que se usan en griego para “VENIDA”, veamos:
“. . . y verán al Hijo del Hombre viniendo (griego: ERJOMAI) sobre las nubes del
cielo, con poder y gran gloria.”
Mateo 24:30
“. . . como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así
será también LA VENIDA (griego: PAROUSIA) del Hijo del Hombre . . . como en
los días de Noé, así será LA VENIDA (griego: PAROUSIA) del Hijo del
Hombre . . . no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así
será también LA VENIDA (griego: PAROUSIA) del Hijo del Hombre.”
Mateo 24:27, 37 y 39