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Monetarismo de Friedman y la Inflación

Este documento describe las características principales del monetarismo según Milton Friedman. Explica la teoría cuantitativa del dinero y la relación entre la cantidad de dinero y los precios. También analiza las causas e implicaciones de la inflación desde una perspectiva monetarista, así como las soluciones propuestas.

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Monetarismo de Friedman y la Inflación

Este documento describe las características principales del monetarismo según Milton Friedman. Explica la teoría cuantitativa del dinero y la relación entre la cantidad de dinero y los precios. También analiza las causas e implicaciones de la inflación desde una perspectiva monetarista, así como las soluciones propuestas.

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Universidad Arturo Michelena

Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

Escuela de Contaduría Pública

El monetarismo según Milton


Friedman

Prof.: Integrantes:

Alan Lugo Oriana Escobar C.I:26.580.248

Moises Quijada C.I: 28.295.187

Iván Peláez C.I: 27.517.817

Luis Jiménez C.I: 28.082.333

Carlos Téllez C.I: 27.537.542

Características del monetarismo


San Diego, 11/02/2020
El monetarismo tiene como principales características las siguientes:

1. Postula el libre mercado y no la intervención del estado dentro de la economía,


es decir, donde los precios de los bienes y servicios son determinados por los
ofertantes y demandantes, sin la participación del estado dentro de la misma.
2. La cantidad de dinero en circulación es la causa de la inflación, es decir, la
inflación también se produce por la relación de oferta y demanda del dinero.
3. El intervencionismo del estado es el responsable de las crisis económicas,
cuando el estado trata de buscar soluciones a las crisis económicas, las mismas
empeoran.
4. La inflación es una de las principales amenazas de la economía, refiriéndose a
la inflación como una crisis que afecta en el aumento de los precios
generalizados y existentes de los productos, dentro del mercado
5. La regulación de la asignación de recursos hace al mercado más estable.

Papel de la teoría cuantitativa del dinero y la relación de intercambio en el


monetarismo

Como explicaba Milton Friedman, la idea básica de la teoría cuantitativa (TC), esto
es, la idea de que existe una relación entre la cantidad de dinero por un lado y los
precios por el otro, es una de las ideas más viejas en economía. Pero Friedman
destaca la labor de quien considera el más grande economista norteamericano: Irving
Fisher. Destaca que el aporte de Fisher fue el haber analizado la relación entre
cantidad de dinero y los precios con mayor detalle. Fue él quien popularizó la famosa
fórmula MV = PT, es decir, que el dinero multiplicado por la velocidad es igual a los
precios multiplicados por el volumen de las transacciones

MV + M'V' = PT

M es la cantidad de moneda, V es la velocidad de circulación de esta, M' es la


cantidad de la demanda de los depósitos y V' es su circulación. P es el nivel general
de precios y T  la cantidad de transacciones o la cantidad de bienes y servicios
vendidos. De acuerdo a Fisher, los precios varían directamente con la cantidad de
dinero M y M' y la velocidad de circulación V y V'. Por otra parte añadió que los
precios varían inversamente con el volumen del comercio (T). Otra suposición de
Fisher era que M' o el volumen de depósitos a la vista mostraba una tendencia a
mantener una relación fija con M. Fisher también argumentaba que tanto V como T
eran constantes. Es decir, si bien ambos fluctuaban a lo largo de los ciclos de
negocios, estos siempre mostraban la tendencia de regresar a un nivel de equilibrio.
Por último, Fisher señalaba que existía una conexión directa entre la variación de la
moneda y el nivel general de precios.

Inflación, causas de la inflación, consecuencias y soluciones según la teoría


monetarista

Inflación

Friedman es conocido popularmente por su explicación monetaria de la inflación. Y


éste es precisamente uno de los puntos en que mayor impacto ha tenido su
pensamiento, tanto entre los economistas como en la opinión pública: aunque
periódicamente vuelven a surgir explicaciones basadas en los costes, en factores
estructurales, en excesos de demanda, etc., la tesis de que la inflación es
fundamentalmente un fenómeno monetario es, sin duda alguna, dominante. Pero no
ocurría esto en los años cincuenta y sesenta.

La distinción entre subidas de precios de una sola vez y aumentos sostenidos del
nivel general de precios, y la identificación de esto últimos con la inflación, es el punto
de partida de las explicaciones friedmanianas de la inflación. A la vista de ello, puede
haber muchas causas de un aumento de precios de una sola vez –un incremento de
salarios, un aumento de impuestos, una mala cosecha, una huelga, y mil más–, y no
hace falta que aumente la cantidad de dinero para que ese aumento tenga lugar. Pero
una elevación sostenida de todos los precios, en cuantía importante y durante un
plazo largo, sólo puede tener como causa, o como factor coadyuvante, un aumento en
la cantidad de dinero. El efecto de éste no será inmediato porque, como veremos
luego, la política monetaria funciona con retardos. Ni tiene por qué ser en la misma
proporción del aumento monetario, porque la producción puede aumentar entre tanto
(lo relevante es, pues, el aumento monetario relativo al del producto), y porque
pueden darse otros cambios (por ejemplo, de expectativas de inflación) que afecten a
la demanda de dinero y, por tanto, a la velocidad. Pero, admitiendo esa cierta
imprecisión, la inflación es «siempre y en todas partes un fenómeno monetario», como
Friedman ha repetido hasta la saciedad (por ejemplo, 1968b).
Soluciones

A algunos de sus críticos les parece que esta afirmación deja en el tintero lo más
importante: por qué aumenta la cantidad de dinero. Pero Friedman rechaza la crítica:
hay muchas causas posibles de esa expansión monetaria, algunas controlables y
otras no. Y él no está interesado en dar explicaciones teóricas, sino en evitar o
controlar la inflación, y para esto basta saber que no puede tener lugar sin una
expansión monetaria, y que las autoridades son capaces de controlarla, como
veremos más adelante.

Es obvio, pues, que Friedman no reconoce la existencia de una "inflación de costes",


en la que los aumentos de salarios o de otras partidas causan la subida de precios:
porque si no hay un aumento de la cantidad de dinero, las inflaciones de costes se
yugulan a sí mismas, debido a la subida de tipos de interés y al freno de la demanda.
Tampoco se puede hablar de una "inflación de demanda" si no hay un aumento de la
cantidad de dinero, porque la subida de tipos de interés la cercenará. Y así con las
demás causas imaginables (1953c, 1958).

La explicación de la inflación es una parte de un proceso más amplio: los aumentos de


la cantidad de dinero generan cambios en variables nominales –el nivel de precios– y
reales –la producción. La tesis de Friedman es que el público formula su demanda de
dinero en términos reales, en tanto que las autoridades sólo pueden controlar la oferta
nominal de dinero, de modo que es la interacción de esas dos fuerzas la que
determina el nivel de precios. Pero en el proceso se ven afectadas también las
variables reales –tipo de interés, consumo, inversión, producto, empleo, etc. –: de ahí
que no haya una relación definida entre los aumentos monetarios, de un lado, y los de
producto y precios, de otro. Con todo, Friedman sostiene que los efectos de los
cambios de la cantidad de dinero sobre las variables reales son transitorios, en tanto
que los que afectan a las variables nominales son permanentes. O, con otras
palabras, las variables nominales dependen de shocks nominales, y las reales de
factores reales.

A la vista de todo lo anterior, resulta obvio que, para Friedman, no existe trade off o
intercambio entre inflación y empleo, a largo plazo. Este fue el otro gran tema de su
discurso de 1967 (1968a), así como de su conferencia de recepción del Premio Nobel
(1976b), entre otras publicaciones (1975b, por ejemplo).
Las primeras versiones keynesianas de la relación entre inflación y desempleo partían
de precios rígidos a corto plazo en situaciones de desempleo, por lo que las
expansiones de demanda agregada llevaban primero a un aumento de la producción y
la ocupación, y sólo después, al lograrse el pleno empleo, a alzas de precios. La
aportación de A. W. Phillips (1958) fue presentar una relación negativa entre inflación
y desempleo (curva de Phillips), de acuerdo con la cual los aumentos de producto
irían siempre acompañados de subidas de precios, más o menos elevadas, y
viceversa. La estabilidad de esa curva garantizaba la posibilidad de lograr el nivel de
desempleo que se desease, a condición de estar dispuesto a sufrir la inflación
correspondiente.

Pero la experiencia histórica, sobre todo en los años sesenta, no abonaba esas
conclusiones, porque se dieron niveles elevados de inflación con tasas de paro cada
vez más altas. Friedman tenía desde antiguo una respuesta a esa estanflación: es la
segunda fase de una expansión monetaria. Pero en las publicaciones mencionadas
antes añade nuevos argumentos.

El pleno empleo, como situación alcanzable, no existe para Friedman. Sí existe una
tasa de paro natural, que es la que se puede conseguir con una inflación constante.
Esa tasa dependerá de factores estructurales: comportamientos sindicales, salarios
mínimos, crecimiento de la población, seguro de desempleo, etc. Todo intento de
reducir el empleo por debajo de ese nivel puede conseguirse porque, como ya
expliqué, las expansiones monetarias tienen efectos positivos sobre la producción y el
empleo, pero sólo de modo transitorio. Más adelante, la mayor inflación se incorporará
a las expectativas de inflación, los trabajadores solicitarán aumentos de salarios y, con
ello, desaparecerá el efecto positivo del impulso monetario.

Esto supone que la curva de Phillips no es estable, sino que se desplaza cuando
cambia alguno de los factores estructurales mencionados o cuando se revisan las
expectativas de inflación. A la larga, pues, la curva de Phillips es vertical, y no hay un
trade off duradero entre inflación y desempleo. Incluso es posible que la curva tenga
pendiente positiva, según sean los shocks y la revisión de las expectativas –y la
evidencia empírica de los setenta sugiere que esa posibilidad es muy real– (1976b).
Por supuesto, cabe que los desplazamientos de la curva de Phillips se compensen
con sucesivos impulsos monetarios que permitan mantener el desempleo al nivel
deseado: pero el coste de tal medida es una inflación creciente (tesis aceleracionista).
El tratamiento que Friedman hace de la relación entre inflación, expectativas y
desempleo en The Role of Monetary Policy" es una aportación sustancial a la
macroeconomía moderna, que ha pasado a ser moneda común desde entonces,
alterando considerablemente la manera de hacer política estabilizadora. El debate
continuó, por supuesto, pero ya con un tono distinto.

Las expectativas de inflación ocupan, desde entonces, un lugar central en el análisis.


Y la distinción entre cambios esperados y no esperados es ahora central en todas las
discusiones.

Función del consumo monetarista

Técnicamente afirma que el consumo depende de dos factores, los ingresos


esperados en el futuro y los ingresos transitorios o inesperados. Los ingresos
esperados del futuro determinan nuestro consumo ajustándolo para que sea
homogéneo a lo largo del tiempo.

Por ese motivo ahorramos con un plan de pensiones para nuestra jubilación si
creemos que recibiremos una pensión pequeña. Pretendemos llevar consumo del
presente al futuro. También por ese motivo es habitual que se pidan préstamos en la
juventud si esperamos obtener mayores ingresos en el futuro, y con ello traemos
consumo del futuro al presente.

Los ingresos transitorios o inesperados son aquellos que vienen abruptamente y no


son permanentes, esta hipótesis afirma que se incorporan al consumo de nuestros
próximos años. Como por ejemplo un premio de lotería de 30.000 que toca a dos
personas. Las personas afortunadas podrían por ejemplo gastar 100 euros más al
mes durante unos años.

O podríamos suponer que una de las personas es ahorradora y amortiza


parcialmente su hipoteca; entonces estaría llevando consumo presente al futuro
porque tendrá menos gastos en el futuro y más renta disponible para consumir.

En cambio la segunda persona decide comprarse un descapotable y aunque


superficialmente no parece que esté incorporando el dinero al futuro consumo, eso no
es cierto. Ya que probablemente utilizará el descapotable nuevo durante los próximos
años, pagando entonces por tener más en los próximos años.
Referencias bibliográficas
[Link]

[Link]

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