Tema 3.
1 – La noción de patrimonio, sus revisiones y ampliaciones: del patrimonio
histórico-artístico a su significación actual. Valor, musealización, gestión y uso.
En la actualidad, en nuestro país el concepto de patrimonio viene dado desde la ley
16/1985, de 15 de junio, de Patrimonio Histórico Español. El artículo primero de esta
ley indica que son Patrimonio Histórico Español todos los inmuebles y objetos muebles
de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o
técnico. También forman parte del mismo el patrimonio documental y bibliográfico, los
yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques, que
tengan valor artístico, histórico o antropológico. La ley 10/2015, de 26 de mayo, de
salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, añadió al concepto de Patrimonio
Histórico Español al Patrimonio Cultural Inmaterial.
Esta situación no siempre ha sido la misma, sino que el término de patrimonio ha ido
evolucionando paralela a la historia del coleccionismo hasta convertirse en nuestra
concepción actual del patrimonio. En la Antigüedad destacan las colecciones, fruto de
la apropiación de grandes obras como muestra de poder y prestigio. En la Edad Media
se empieza a respetar lo sagrado, sin dar importancia a los vestigios de la cultura
clásica. Durante el romanticismo surgen conceptos como el de “monumento histórico”,
que no eran entendidos como en la actualidad, sino que se otorgaba relevancia a los
monumentos que se veían como símbolos de la ideología cristiana del momento.
Además, se da importancia a la riqueza monumental de las naciones que se empieza a
plasmar en libros.
No será hasta el siglo XVIII cuando los intelectuales ejercieron la tutela del patrimonio
nacional, surgiendo el concepto de “monumento histórico-artístico” que llega hasta el
siglo XX. En el siglo XVIII empiezan a estudiarse las colecciones de una manera
científica, cambiando el concepto de patrimonio, por ello surgen museos públicos. Alois
Riegl definió el concepto de monumento y realiza una revisión del término
“patrimonio” a lo largo del tiempo. Indicó que los monumentos tenían una serie de
valores:
- valores ligados al pasado del monumento, que son el valor de la antigüedad, el
valor histórico y el valor de recuerdo.
- Valores de contemporaneidad o de presente, que son el valor de uso y el valor
estético y artístico.
El patrimonio termina siendo el eje para discursos de identidad nacional en las primeras
décadas del siglo XX, pero a partir de la década de los 60 el concepto cambia
radicalmente y se le añade el uso social del patrimonio y de los museos. Estos cambios
se observan en las leyes sobre el patrimonio español de las primeras décadas del siglo
XX.
La primera ley que habla de patrimonio es la ley de excavaciones arqueológicas del año
1911 en el que consideraba excavación arqueológica a toda aquella que exhumase
antigüedades e incluía a las excavaciones submarinas. También obligaba a tener una
serie de permisos y a realizar un inventario de lo encontrado. Estos bienes patrimoniales
se podían vender tanto en territorio nacional como internacional. En cambio, si el
hallazgo era fortuito, el Estado se convertía en el propietario.
Debido a que esta ley no era muy clara y causaba algunos problemas, se dictó el decreto
conocido como “Decreto Callejo” en 1926 sobre la conservación de los bienes y
entraban a formar parte del Tesoro Artístico Arqueológico Nacional, tutelado por el
Estado. Tras estos intentos de definición y protección del patrimonio nacional, surge la
ley de 1933 de Patrimonio Histórico-Artístico Nacional.
La Carta de Atenas materializó la preocupación por la conservación del patrimonio, un
problema que consideraban internacional, de manera que era necesario evitar los riesgos
de las restauraciones integrales con un mantenimiento regular para conservar el
patrimonio. Al calor de las conclusiones del Congreso de Atenas, surge en España la ley
de Patrimonio Histórico-Artístico Nacional de 1933, que fue innovadora respecto a su
tiempo, convirtiendo a España en el primer país en aplicar las recomendaciones de la
Carta de Atenas.
La ley del 33 consideró a todo el patrimonio, independientemente de su dueño, un
tesoro cultural de la nación que será salvaguardado por el Estado. La cultura y el
patrimonio se democratizan y el Estado se hace responsable de la difusión y
conservación, desarrollando el turismo cultural.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se crea la UNESCO en 1945, un organismo de
las Naciones Unidas que tiene el objetivo de construir la paz en la mente de los hombres
mediante la educación, la cultura, las ciencias naturales y sociales y la comunicación.
En 1954, se celebró una convención en La Haya en la que se establecieron unas pautas
para la protección de los Bienes Culturales en caso de conflicto armado. La UNESCO
ha seguido trabajando en la protección del patrimonio con la convención sobre las
medidas para prohibir la importación y exportación de bienes culturales de manera
ilícita en 1970 o la convención sobre la protección del patrimonio mundial cultural y
natural en 1972. En ésta última, todos los países firmantes se comprometieron a la
conservación del patrimonio mundial que se encuentre en su territorio. Esta convención
identificó a los monumentos, los conjuntos de construcciones y los lugares históricos
como patrimonio cultural.
La finalización de la etapa franquista en España dio lugar a la creación de la
Constitución Española en 1978, que su artículo 46 regula que los poderes públicos
garantizan la conservación y promueven en enriquecimiento del patrimonio histórico,
cultural y artístico de España y todos los bienes patrimoniales independientemente de su
titularidad. Este artículo de la Carta Magna fue complementado con la ley 16/1985, de
15 de junio, de Patrimonio Histórico Español, que en su artículo primero estableció una
definición del término patrimonio y por tanto estableció los límites de protección de los
bienes culturales. Como ya se ha indicado anteriormente, la ley 10/2015, de
salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, incluyó al patrimonio inmaterial en la
protección establecida por la ley del 85.
Igualmente, las Comunidades Autónomas gestionan el patrimonio de sus territorios a
través de los convenios firmados por las Comunidades Autónomas y el Estado teniendo
en cuenta los artículos 148 y 149 de la Constitución en los que establecen las
competencias para ambos. De esta manera, cada autonomía ha creado sus propias leyes
con el fin de proteger el patrimonio que gestionan. Algunos ejemplos son:
- la ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León
- la ley 4/2013, de 16 de mayo, de Patrimonio Cultural de Castilla – La Mancha
- la ley 14/2003, de 10 de abril de Patrimonio de la Generalitat Valenciana.
Actualmente, el patrimonio tiene innumerables valores entre los que se encuentra el
valor histórico, el estético y el valor de uso. Entre estos valores se han ido incluyendo
elementos de conservación y sobre todo de vinculación del patrimonio cultural a la
sociedad, ya que se trata de su pasado.
Por esta razón se están trabajando en la museografía didáctica, utilizando recursos
digitales y actividades que permiten a la sociedad identificar ese patrimonio como parte
de su cultura y, por tanto, que quieran protegerlo. Esta es la labor de puesta en valor o
valorización del patrimonio tanto cultural como natural. En la actual cultura
participativa, los individuos sienten que sus contribuciones tienen validez, lo que quiere
decir que el visitante siente que tiene la misma importancia que las colecciones que va a
visitar. La puesta en valor y la participación de la sociedad se materializaron en el
turismo cultural, una forma de turismo que contribuye al desarrollo económico de un
destino y favorece la divulgación de su patrimonio. Una desventaja de este tipo de
turismo es la necesidad de realizar una gestión sostenible de los lugares de una forma
controlada y planificada, ya que existe el riesgo de trivializar el patrimonio e incluso
hacer que desaparezca debido a las masas de visitantes.
Un ejemplo de equilibrio entre el número de visitantes y la conservación del patrimonio
se observa en Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. La cueva original
fue cerrada en varias ocasiones debido al deterioro producido por el número de
visitantes. Aunque la cueva fue abierta al público en 2014 permitiendo el paso tan sólo a
grupos de cinco personas en un recorrido de 37 minutos, el arquitecto Juan Navarro
Baldeweg realizó la neocueva, una réplica de la entrada y la Sala de los Polícromos,
debido al peligro de pérdida de este patrimonio. Otro ejemplo lo encontramos en el
límite de visitantes en temporada alta al monumento natural de la playa de las
Catedrales, situada en la costa de Lugo, con una capacidad de carga turística que llega
casi a las 5.000 personas al día.