Liturgia de las Horas
I vísperas del IV Domingo de Pascua
Y
Completas.
Liturgia de las Horas
I vísperas del IV Domingo de Pascua
Invocación Inicial
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya
Himno
Revestidos de blancas vestiduras
vayamos al banquete del Cordero
y, terminando el cruce del mar Rojo,
alcemos nuestro canto al Rey eterno.
La caridad de Dios es quien nos brinda
y quien nos da a beber su sangre propia
y el Amor sacerdote es quien se ofrece
y quien los miembros de su cuerpo inmola.
Las puertas salpicadas con tal Sangre
hacen temblar al ángel vengativo
y el mar deja pasar a los hebreos
y sumerge después a los egipcios.
Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua,
ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima;
al ázimo purísimo y sincero
destinado a las almas sin mancilla.
Oh verdadera víctima del cielo
que tiene a los infiernos sometidos
ya rotas las cadenas de la muerte
y el premio de la vida recibido.
Vencedor del averno subyugado
el Redentor despliega sus trofeos
y, sujetando al rey de las tinieblas,
abre de par en par el alto cielo.
Para que seas, oh Jesús, la eterna
dicha pascual de nuestras almas limpias
líbranos de la muerte del pecado
A los que renacimos a la vida.
Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo,
que de los muertos ha resucitado,
así como también al sacratísimo
Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén
Salmodia
Antífona 1
Antífona 1: La paz de Cristo reine en vuestros corazones. Aleluya.
Salmo 121
La ciudad santa de Jerusalén
Os habéis acercado al monte Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12,22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Antífona 1: La paz de Cristo reine en vuestros corazones. Aleluya.
Antífona 2
Antífona 2: Por tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya.
Salmo 129
Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1,21)
Desde los hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Antífona 2: Por tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya
Antífona 3
Antífona 3: Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria.
Aleluya.
Flp 2,6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Antífona 3: Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria.
Aleluya.
Lectura Breve
1 Pe 2, 9-10
Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por
Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en
su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo
de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la
misericordia de Dios.
Responsorio Breve
V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
V. Al ver al Señor.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
Canto Evangélico
Antifona: «Yo soy la puerta —dice el Señor—; el que entre por mí se salvará y
encontrará pastos abundantes.» Aleluya.
Magnificat Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Preces
Oremos a Cristo, que resucitando de entre los muertos destruyó la muerte y nos
dio nueva vida, y digámosle:
Tú que vives eternamente, escúchanos, Señor.
Tú que eres la piedra rechazada por los arquitectos, pero convertida en piedra
angular,
— conviértenos a nosotros en piedras vivas de tu Iglesia.
Tú que eres el testigo fiel y el primogénito de entre los muertos,
— haz que tu Iglesia sea también siempre testimonio ante el mundo.
Tú que eres el único esposo de la Iglesia, nacida de tu costado,
— haz que todos nosotros seamos signos de tus bodas con la Iglesia.
Tú que eres el primero y el último, el que estabas muerto y ahora vives por los
siglos de los siglos,
— concede a todos los bautizados perseverar fieles hasta la muerte, a fin de
recibir la corona de la victoria.
Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres la lámpara que ilumina la ciudad santa de Dios,
— alumbra con tu claridad a nuestros hermanos difuntos.
Sintiéndonos verdaderos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Oremos
Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la
resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus
elegidos para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria
de su Pastor. Él que vive y reina contigo.
Amén.
Bendición Final
El señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén
Liturgia de las Horas
Completas
Invocación Inicial
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Aleluya
Examen de conciencia
Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos humildemente nuestros pecados.
Momento de silencio
Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y
nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Himno
En ti Señor, reposan nuestras vidas
en el descanso santo de la noche
tú nos preparas para la alborada
y en el Espíritu Santo nos acoges.
En apartadas y lejanas tierras
el sol ha despertado las ciudades
amigo de los hombres, ve sus penas
y ensancha de tu amor los manantiales.
Vencedor de la muerte y de las sombras,
Hijo eterno de Dios, resucitado,
Líbranos del peligro de la noche
al dormirnos confiados en tus brazos. Amén
Salmodia
Antífona 1: Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 4
Acción de gracias
El Señor hizo maravillas al resucitar
a Jesucristo de entre los muertos. (S. Agustín)
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Antífona 2: Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 133
Oración vespertina en el templo
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes. (Ap 19,5)
Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor.
Levantad las manos hacia el santuario
y bendecid al Señor.
El Señor te bendiga desde Sión,
el que hizo cielo y tierra.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén
Lectura Breve
Dt 6,4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu
Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras
que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de
ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
Responsorio Breve
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
R. Tú, el Dios leal, nos librarás.
V. Aleluya, aleluya.
R. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya
Canto Evangélico
Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos para que
velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador.
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos para que
velemos con Cristo y descansemos en paz. Aleluya
Oración
Oremos:
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo
día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu
Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
R. Amén.
Antífona a la Virgen
Bajo tu protección nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.