Contrarrevolución en Nicaragua
La revolución del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del pueblo
nicaragüense durante 1979, no solo alteró el régimen político por el derribo de Anastasio Somoza,
también impulso un cambio en la política exterior de varios países. El objetivo de este trabajo es,
mediante el análisis de fuentes, exponer la intervención extranjera en la lucha contrarrevolucionaria
en Nicaragua. Para ello planteamos las siguientes preguntas: ¿Fue la intervención extranjera un
proceso que inició luego de la revolución? ¿Cómo se organizó la contrarrevolución? ¿Qué países
participaron y cuál fue su rol en el proceso? ¿Actuaron “los Contras” inmediatamente al triunfo
revolucionario?
Antes de iniciar el análisis es preciso realizar una caracterización de la revolución sandinista
de 1979 para luego comprender la consecuente respuesta contrarrevolucionaria. El proceso
revolucionario nicaragüense implicó la unidad nacional, es decir la unión entre todas las clases
sociales para lograr expulsar al somocismo enquistado en el poder1. El antiimperialismo atravesó al
gobierno sandinista, que se pronunció como perteneciente al Movimiento de Países No Alineados.
La política internacional y la diplomacia rápidamente entraron al territorio nicaragüense. El ascenso
de Ronald Reagan a la presidencia (1981-1989) y un endurecimiento de la postura anticomunista de
los Estados Unidos fue uno de los principales problemas para el gobierno sandinista durante la
década del 80'. Otro de los aspectos característicos de la revolución fue la Economía Mixta, en sus
esfuerzos por que la economía nicaragüense creciera, desde el Estado se fomentó la creación de
Áreas de Propiedad Pública (A.P.P.) que se contraponía al sector de la propiedad privada, aunque
desde el Estado no se cuestionó el modelo agroexportador que regía sobre todo Centroamérica.
Debemos destacar las múltiples reformas encaradas por el FSLN luego del triunfo: reforma agraria,
de justicia, militar, en la salud (campañas de vacunación y creación de hospitales) y reforma
educativa con campañas de alfabetización y una masiva escolarización.
También debemos caracterizar la contrarrevolución para luego poder hacer un análisis más
profundo de la misma utilizando las fuentes. Dos aspectos son centrales para comprender a la
contrainsurgencia: su carácter internacional, rural y pragmático. Centraremos nuestro análisis en el
primero de los aspectos y para ello habremos de comprender la influencia de la Doctrina de
Seguridad Nacional (DSN) en los contrainsurgentes, así como también el plan de operaciones a
escala regional que se quiso imponer en Centroamérica.
El 24 de marzo de 2006, a treinta años del inicio del Proceso de Reorganización Nacional (la
dictadura más sangrienta y despiadada que ha conocido nuestro suelo) y promediando el gobierno
de Néstor Kirchner (2003-2007), el Diario Clarín público un Dossier especial dedicado a la
intervención de las Fuerzas Armadas ([Link].) argentinas en otros países. El documento inició así:
1 Carácter antidictatorial de la revolución nicaragüense.
1
“Se trató de la mayor operación secreta a escala continental de la dictadura. Se trató de la Operación
Centroamérica, que se desplegó desde 1977 hasta 1984” 2. No analizaremos el Plan Charlie en su
totalidad, pero nos haremos el siguiente cuestionamiento: ¿Operaron las [Link] y la inteligencia
argentina en Nicaragua previamente a la revolución? La respuesta es afirmativa. El 3 de noviembre
de 1978 se emitió un comunicado3 desde la Embajada argentina en Managua, el destinatario era el
Gral. Albano Harguindegui en ese momento Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la
Nación. ¿El objetivo de este documento? Informar sobre la localización de un centro subversivo del
Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la información había sido suministrada por la
Oficina de Información y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional, el ejército somocista. La
región analizada por Jeffrey Gould4, Chinandega, es la zona en donde la Guardia Nacional registró
las ‘acciones bélicas’ que posteriormente el embajador argentino, Eduardo María Bretón,
comunicaría a Cancillería. Entre las pertenencias requisadas por el ejército somocista se encontró
‘gran cantidad de literatura comunista, como así también folletos del FSLN’. No es inocente que el
documento tuviera está última información, la DSN había calado fuertemente en los militares
argentinos y como bien indicó Manuel Garretón la tradición cristiano occidental de las [Link].
argentinas permitió localizar al marxismo como su enemigo principal5.
Este documento nos permite visualizar los contactos entre los argentinos, que de a poco
intervenían en Centroamérica, con la Guardia Nacional somocista. A su vez el documento pone en
relevancia los pasos fronterizos con Honduras como posible espacio de abastecimiento de las
fuerzas insurgentes, debido a esto debemos pensar en la adaptación logística, posterior a la
revolución, de estos espacios como suministradores de la contrainsurgencia. Los militares
argentinos, fieles a la DSN, consideraron a la insurgencia centroamericana 6 como un posible
problema para América en su conjunto, en este sentido debemos comprender su aparición
“mesiánica” en la región. Es decir, se pensaron a sí mismo como los salvadores de un proyecto
ulterior a escala panamericana, siendo ellos los preservadores del destino de las naciones y
guardianes frente a enemigos tanto externos como internos.
La presidencia de Jimmy Carter (1977-1981) es caracterizada por un retroceso en el
“combate anticomunista” pese a la activación de un programa de acción encubierta para la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) a fines de octubre de 1980. “Los argentinos consideraban que [Link].
2Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín, Buenos Aires 24/03/2006, pág. 2
3Bretón, Eduardo María (Embajador argentino en Nicaragua). Documento de Cancillería, Managua, 3 de noviembre de
1978.
4Gould, J. Aquí todos mandamos Igual. Lucha campesina y conciencia política en Chinandega, Nicaragua, 1950-1979,
Managua, IHNCA-UCA, 2008, pp.287-336
5Garretón, M. “De la seguridad nacional a la nueva institucionalidad. Notas sobre la trayectoria ideológica del nuevo
Estado autoritario”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 40, No. 4, (Oct. - Dec., 1978), p. 1271
6Debemos tener en cuenta también al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que actuaba en el
Salvador.
2
había abandonado la defensa del hemisferio del comunismo y que ellos debían cumplir ese papel”7,
con el arribo de Ronald Reagan a la presidencia, varias reuniones se dieron entre directivos de la
CIA y jefes militares en Argentina para coordinar y confirmar el apoyo estadounidense a las
operaciones clandestinas de contrarrevolución. En las declaraciones del espía norteamericano,
Duane R. Clarridge8, al diario Clarín se pueden observar las intenciones de la CIA pero también la
desconfianza de los militares argentinos:
“Yo había ido a Buenos Aires a negociar con Galtieri la formación de una
Tripartita, con los argentinos, los hondureños y la CIA {…} [Galtieri] quería saber
si [Link]. iba a cumplir con la misión hasta el final. Galtieri desconfiaba de la
CIA y con razón {…} Le expliqué a Galtieri que con la llegada de Reagan a la
Casa Blanca la cosa había cambiado”9
Con este testimonio vislumbramos el mesianismo que obnubiló la mente de las [Link]. argentinas.
Como bien indicó Ariel C. Armony, “las fronteras nacionales se subordinaban a las ‘fronteras
ideológicas’ del conflicto este-oeste”10.
Una pregunta es obligatoria ¿Cómo se financió esta operación clandestina sobre suelo
Centroamericano? Lidia Bermúdez11, aunque también otros autores, destacaron el apoyo financiero
y material de varios países, entre ellos: Estados Unidos, Israel, Sudáfrica, Taiwán, Brunei, Arabia
Saudita, Corea del Sur, Paraguay, Chile y Argentina. Bien podemos notar tres países del Cono Sur
involucrados en el apoyo a los contras nicaragüenses. Enfocándonos en el caso argentino, el
contador Leandro Sánchez Reisse fue la clave para desenmascarar la oscura ruta de los fondos
contrainsurgentes. Declaró haber hecho transacciones con armas e incluso haberlas trasladado desde
[Link]. Mediante empresas en Florida fueron enviados “más de 30 millones de dólares ‘de fuentes
privadas o de gobiernos de Sudamérica’ para apoyar las operaciones en Centroamérica” 12. En sus
múltiples declaraciones frente a senadores estadounidense, Reisse afirmó que Guillermo Suárez
Mason, comandante del Cuerpo Uno del Ejército, estaba íntimamente ligado al narcotráfico, por lo
que gran parte del financiamiento habría provenido de “narco dólares” bolivianos. Podemos
relacionar esto último con el estudio regional de Melisa Slatman 13 sobre la Operación Cóndor y las
7 Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín, Buenos Aires 24/03/2006, pág. 3.
8 Duane R. Clarridge, no era un espía cualquiera, fue Jefe de la división para Latinoamérica desde 1981 hasta 1987.
9 Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín op. cit., pág. 6.
10 Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín op. cit., pág. 5.
11 Bermúdez, L. Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica. México, [Link], 1987, p. 174.
12 Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín op. cit., pág. 11.
13 Slatman, M. “Contrarrevolución en el Cono Sur de América Latina. El ciclo de dictaduras de seguridad nacional
(1964-1990)”. En Gustavo Guevara (Comp.) Sobre las Revoluciones Latinoamericanas del siglo XX, Buenos Aires,
Newen Mapu, 2013, pp.235-254.
3
dictaduras del Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay), íntimamente
relacionadas entre sí hasta incluso por el narcotráfico.
La contrainsurgencia no solo se destacaba por sus acciones militares, su plan también
contempló “ganarse las mentes y los corazones de la población” 14. Para ello diversas estrategias
fueron aplicadas, entre ellas el progresivo debilitamiento al gobierno sandinista mediante ataque a
los sectores productivos15 (quema de cosechas y campos, destrucción de medios de producción, etc.)
así como también el bloqueo del puerto debido a un bloqueo con minas. También se realizaron
campañas de propaganda contra el sandinismo y a favor de “los contras” desde radios, televisión e
incluso con panfletos desde aviones. El bloqueo económico estadounidense, similar al perpetuado
en Cuba, también causó estragos y limitó la capacidad del gobierno del FSLN que optó por buscar
nuevos mercados en el campo socialista (Cuba, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, etc.). El
alejamiento de los militares argentinos desde 1982, con el inició de la guerra de Malvinas, hasta
1984, trajo consigo una mayor intervención del gobierno norteamericano y de la CIA. Lo último se
manifestó en un creciente número de acciones de inteligencia violando los cielos nicaragüenses, así
como también un aumento considerable de las acciones belicistas desarrolladas por “los contras”
desde las fronteras hondureñas y costarricenses. Orlando Núñez Soto 16 esclareció este punto
afirmando que la agresión externa y la crisis económica nacional e importada contribuyeron a
desarticular la economía nicaragüense y a fortalecer las leyes anárquicas del mercado siendo este un
proceso que agudizó las contradicciones y la lucha de clases.
Se estima que la ayuda financiera estadounidense para la contrainsurgencia implicó
trescientos millones de dólares. Aunque el Congreso estadounidense prohibió los “prestamos” en
1985, y la Corte Internacional de Justicia condenó al gobierno estadounidense por el apoyo a la
contra y el minado de aguas nicaragüenses, en 1986 los dólares volvieron a fluir hacia el país
centroamericano. En este sentido comprendemos el discurso de Ronald Reagan que llamó a su
Congreso a votar a favor para otorgar cien millones de ayuda financiera para los “Freedom
Fighters”17 en un contexto bélico exacerbado durante la Guerra Fría, cuando el control de
Centroamérica era central para el imperialismo norteamericano. Reagan, el 16 de marzo de 1986,
instó a toda la población y al Congreso para apoyar la contrainsurgencia:
“La resistencia democrática que pelea en Nicaragua solo le está pidiendo a Estados
Unidos suministros y apoyo para salvar a su país del comunismo. La pregunta que ahora
va a responder el Congreso de los Estados Unidos es muy simple: ¿Le daremos a la
14 Bermúdez, L. Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica. México, [Link], 1987, pp. 134
15 Al final del trabajo brindamos un cuadro con el cálculo de las pérdidas económicas en millones de dólares de
Nicaragua debido a los ataques de “los contras”.
16 Parafraseo de Núñez Soto, O. Transición y lucha de clases en Nicaragua 1979-1986, México, S. XXI, 1987, p. 192.
17 “Luchadores por la libertad”
4
resistencia democrática nicaragüense lo necesario para recapturar su revolución
traicionada? ¿O les daremos la espalda e ignoraremos la maldad de Managua hasta que
se expanda y se vuelva una amenaza mortal para el mundo entero? ¿Vamos a permitir
que la Unión Soviética ponga otra Cuba, otra Libia, justo en las puertas de los Estados
Unidos?”18
Observamos entonces que 1985 y 1986 fueron años clave en los cuales la ayuda militar y
material aumentaron de forma rotunda, así como también la CIA estimulo los esfuerzos de la
inteligencia compartiendo información clave con la contrainsurgencia, además de entrenarlos 19.
Luego de la retirada de los militares argentinos, los norteamericanos se hicieron cargo del proyecto
contrainsurgente en Nicaragua, es posible afirmar que veían amenazada su hegemonía sobre
Centroamérica y que pretendían recuperarla. La Guerra de Baja Intensidad tomó su curso en
Nicaragua desgastando y desintegrando al gobierno sandinista, destruyendo sus bases materiales y
económicas, obstruyendo el proceso de transformación y ahogar al proceso revolucionario. Bien
sabemos que desde 1978 los Estados Unidos pretendían intervenir en Nicaragua con la intensión de
celebrar un plebiscito “para resolver la actual crisis nicaragüense y evitar el estallido de una guerra
civil”20
Mientras Orlando Núñez Soto afirmó que “el gobierno norteamericano ha buscado organizar
y oxigenar las fuerzas derrotadas del somocismo y de la burguesía pro imperialista” 21, en este
trabajo vislumbramos que muchas veces se dejó de lado a un actor fundamental del proceso
centroamericano, las fuerzas armadas argentinas. Ariel Armony aseveró que “la proyección
extraterritorial de la dictadura alcanzo su clímax con la organización y entrenamiento de los
‘contras’ nicaragüenses”22. Como resaltamos a lo largo del informe, varios países intervinieron en la
contrainsurgencia nicaragüense, aunque exclusivamente nos dedicamos a la participación
estadounidense y argentina. La participación del Batallón 601fue clave para el entrenamiento de la
contra, por lo menos hasta 1984. La CIA, a partir de 1981, hizo contacto con la Fuerza
Democrática de Nicaragua y otras agrupaciones para garantizar el buen desarrollo de la
contrainsurgencia. No debemos olvidar la actuación del FSLN en el gobierno que rápidamente
activó políticas redistributivas y militares en el sector rural, aunque las mismas pueden haber jugado
en su contra. El carácter internacional de la contrarrevolución que se expresó en la intervención
argentina, estadounidense e israelí, también puede ser considerado como regional dado que las
18 Ronald Reagan. Discurso al pueblo norteamericano. 16 de marzo de 1986.
19 Al final colocaremos otro cuadro (Nro. 2) con el aumento de las acciones bélicas y enfrentamientos a través del
tiempo.
20 Bretón, Eduardo María (Embajador argentino en Nicaragua). Documento de Cancillería, Managua, 8 de enero de
1978.
21 Núñez Soto, O. Transición y lucha de clases en Nicaragua 1979-1986, México, S. XXI, 1987, p. 181.
22 Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín op. cit., pag. 5.
5
fronteras centroamericanas operaron como corredores contrarrevolucionarios (principalmente Costa
Rica y Honduras). La Guerra de Baja Intensidad cumplió su función en tanto debilitó al Frente
Sandinista de Liberación Nacional. Dadas las múltiples presiones internacionales y nacionales, el
FSLN llamó a elecciones en el año 1984, a pesar de haberlas ganado por amplio margen las
elecciones presidenciales de 1990 no tendrían los mismos resultados, estas darían como ganadora a
Violeta Chamorro marcando el fin del primer período de gobierno sandinista y la victoria de la
contrarrevolución, no por la vía armada, sino por el método electoral.
6
23
23 Cuadro extraído de Bermúdez, L. Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica. México, [Link], 1987,
pp. 177
7
24
24 Cuadro extraído de Bermúdez, L. Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica. México, [Link], 1987,
pp. 176
8
Bibliografía:
Bermúdez, L. Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica. México, [Link],
1987, pp. 110-180.
Garretón, M. “De la seguridad nacional a la nueva institucionalidad. Notas sobre la
trayectoria ideológica del nuevo Estado autoritario”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 40,
No. 4, (Oct. - Dec., 1978), pp. 1259-1282.
Gould, J. Aquí todos mandamos Igual. Lucha campesina y conciencia política en
Chinandega, Nicaragua, 1950-1979, Managua, IHNCA-UCA, 2008, pp.287-336
Martí i Puig, S. La Revolución enredada (1979-1990), Managua, Editora Salvador Martí i
Puig, 2012, pp. 80-100.
Núñez Soto O., Cardenal G., Lorio A., et. al. La guerra y el campesinado en Nicaragua.
CIPRES, Managua, 1998, pp. 87-99 y 158-207.
Núñez Soto, O. Transición y lucha de clases en Nicaragua 1979-1986, México, S. XXI,
1987, pp. 174-221.
Slatman, M. “Contrarrevolución en el Cono Sur de América Latina. El ciclo de dictaduras de
seguridad nacional (1964-1990)”. En Gustavo Guevara (Comp.) Sobre las Revoluciones
Latinoamericanas del siglo XX, Buenos Aires, Newen Mapu, 2013, pp.235-254.
Trujillo Bolio, M. (Coord.), Organización y luchas del movimiento obrero latinoamericano
1978-1987, México, Siglo XXI, 1988, pp. 69-107.
Fuentes
Ronald Reagan. Discurso al pueblo norteamericano. 16 de marzo de 1986.
Bretón, Eduardo María (Embajador argentino en Nicaragua). Documento de Cancillería,
Managua, 3 de noviembre de 1978.
Bretón, Eduardo María (Embajador argentino en Nicaragua). Documento de Cancillería,
Managua, 8 de enero de 1978.
Seoane, María. Suplemento especial/Dossier, Diario Clarín, Buenos Aires publicado el 24 de
marzo de 2006.
Fragmento del discurso de Ronald Reagan en idioma original:
“The democratic resistance fighting in Nicaragua is only asking America for the
supplies and support to save their own country from communism. The question the
Congress of the United States will now answer is a simple one: Will we give the
Nicaraguan democratic resistance the means to recapture their betrayed revolution, or
will we turn our backs and ignore the malignancy in Managua until it spreads and
becomes a mortal threat to the entire New World? Will we permit the Soviet Union to
put a second Cuba, a second Libya, right on the doorstep of the United States?”