HIGIENISMO
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Tabla Alimentación Higienista /http://www.nature-et-vie.fr/accueil / Desire Merien
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de la qualité du terrain / Vida Celular Humana.
01. La Higiene Vital como Ciencia de la Salud
El estado de salud es la situación normal de todo ser vivo, guiado por la gran inteligencia de la
Vida. La salud es el resultado del funcionamiento correcto de nuestro organismo, que está en
relación de un modo de vida en armonía con la Leyes Naturales y cósmicas. Un equilibrio,
además de orgánico, energético, psicológico, emocional y social mantiene la Salud.
La Higiene Vital abarca el estudio de cómo actúan los Factores de Salud: el contacto con la
naturaleza ( la tierra, el agua, el aire y el sol), el equilibrio psícoemocional y la armonía o falta
de armonía social (medioambiental) para permitir que no sólo sea posible la vida, sino que
además se realice al máximo el potencial de salud inherente a todo organismo vivo, como
parte de la capacidad de salud que tiene toda la naturaleza. La salud y la felicidad son
consecuencia de unas condiciones de vida ideales.
La capacidad de curación del organismo es parte del poder de autorregeneración que tiene
todo el cuerpo vivo y también el nuestro. La posibilidad que tiene el cuerpo de autocuración
depende, no de los expertos o médicos, ni de las medicinas por ellos recetadas, sino que es
una parte de la capacidad de autorregeneración que tiene la Naturaleza, la cual a pesar de
todos los desastres ecológicos ocasionados por el ser humano, aún sigue viva y además nos
mantiene vivos también. No tenemos energía en nosotros mismos, sino la energía que
recogemos de los alimentos que nos da la tierra (frutas, verduras,..), del agua contenida en los
alimentos más vivos o de un limpio manantial, del aire que respiramos y del sol que nos
calienta y nos da luz. Si nos apartamos de estos elementos acabamos en un desequilibrio al
que llamamos enfermedad y que no se cura por muchas sustancias extrañas que
introduzcamos en el cuerpo, si no volvemos a un mínimo de equilibrio con la naturaleza que
nos rodea. De ella, de sus cuatro elementos extraen el quinto elemento ( la quinta-
esencia),todos los organismos que viven sobre la superficie de la tierra; plantas, animales y
seres humanos, es la Energía Vital.
Cuando cualquier ser vivo gasta o malgasta más energía de la que puede recuperar a partir de
estos elementos naturales, se “arruina”, se agota.
Otras veces las mismas reacciones aparecen cuando hay un desequilibrio o crisis psicológica.
Con el exacto conocimiento que da la intuición, de la unidad que suponen el cuerpo y la
mente, las frases populares indican que las crisis corporales son con frecuencia una reacción
a una situación conflictiva emocional, psicológica y social : no me dejas respirar, me da
vértigo, enseñó los dientes, me lo he tragado, tengo un nudo en la garganta, qué desahogo,
coger las cosas a pecho, qué hígados tienes, tengo un nudo en el estómago, has echado
hasta la bilis, me remueve las tripas, me tiemblan las piernas (de miedo), te cagas de
miedo,…Ante estas situaciones conflictivas el cuerpo responde con crisis corporales en un
intento de dar salida y descargar las crisis emocionales y psicológicas. Como dicen los
higienistas, las crisis son reacciones correctas del cuerpo ante la pérdida de equilibrio consigo
mismo y con el entorno; el cuerpo no se suicida. La inteligencia de los pocos centímetros de
cerebro – hasta en el más cabezón no puede ni deben dominar al metro y pico de inteligencia
de nuestro cuerpo.
Además no podemos olvidar que las condiciones sociales actuales, el mal reparto de las
riquezas del planeta, la explotación económica, las guerras y el hambre originan grandes y
graves enfermedades y también la muerte antes de tiempo. Pero eso a veces nos suena lejos
de darnos cuenta que nuestro derroche y exceso de consumo repercute en todos los demás
seres humanos. Lo que se gasta por un lado escasea por el otro, igual que en nuestro cuerpo.
La contaminación del planeta, – tierra, agua y aire – son otros factores que causan
enfermedades, porque somos parte de esa Naturaleza, al igual que ella está en nosotros. El
ser humano de este siglo ha sido y es el único ser vivo del planeta que produce sustancias
que a la tierra le cuesta o no puede descomponer, asimilar o como ahora decimos reciclar.
Todos los síntomas de la enfermedad son una modificación del ritmo del cuerpo a veces
aumentan los latidos del corazón y otras veces descienden, aumenta la presión de la sangre o
tensión sanguínea o a veces baja; aumenta o disminuye la temperatura corporal; aumenta la
velocidad de tránsito intestinal (diarrea) o se ralentiza (estreñimiento); aumenta o disminuye la
formación y eliminación de la orina; aumenta o disminuye la respiración (respiración agitada o
asma); aumenta el peso (obesidad) o disminuye (delgadez), aumenta la sensación de sueño o
disminuye (insomnio), aumenta el ánimo en exceso( euforia) o disminuye (depresión),…
Dichos síntomas indican o un aumento o un descenso de las funciones normales. Excepto
uno, el dolor, que indica la aparición de sensibilidad en una zona que de normal no es
sensible. Esa aparición de la sensibilidad en una zona normalmente no “sentida”, es uno de
los mecanismos que tiene el cuerpo para aumentar la consciencia y que nos empuja hacia un
cambio en los hábitos de vida. El dolor nos “empuja” a cambiar. Desgraciadamente
silenciamos la protesta del cuerpo con medicamentos para eliminar el dolor. Mientras tanto, la
persona continúa viviendo de la misma manera, pero ya no “siente ni padece”, escapando así
a la consciencia el lento pero seguro deterioro de su cuerpo.
La enfermedad, especialmente la enfermedad aguda, la que dura unos días, es un intento del
cuerpo en curarse.
Los órganos encargados de eliminar sustancias toxicas desde nuestras células y tejidos al
exterior son principalmente: el aparato digestivo y el hígado que eliminan las sustancias
tóxicas por las heces, el pulmón que elimina sustancias de desecho del metabolismo (gas
carbónico) o sustancias tóxicas ingeridas (por ej. el alcohol, principio de la prueba de la
alcoholemia cuando les hacen soplar a los conductores), la piel por el sudor y la transpiración
y los riñones por la orina.
06. La Intoxicación
Cuando el cuerpo no tiene energía suficiente o está agotado por contrarrestar una forma de
vida no sana, estos órganos no eliminan: las sustancias de desecho originadas por el propio
metabolismo del cuerpo; la putrefacción intestinal por una incorrecta alimentación y las malas
digestiones, fermentaciones y putrefacciones añadidas; y las sustancias tóxicas provenientes
del exterior (café, alcohol, tabaco, drogas ilegales. medicamentos, pesticidas y abonos
químicos de los alimentos; conservantes, colorantes, aromatizantes químicos y artificiales en
la comida, la contaminación del agua, la tierra, el aire sólo se salva el sol, porque aún nos
queda un poco lejos), las sustancias contaminantes de los productos domésticos de limpieza,
pinturas,.. Todas estas sustancias perjudiciales para el cuerpo se van acumulando en nuestro
interior dando lugar a la Intoxicación, y esta intoxicación origina la enfermedad.
El agotamiento que precede a la intoxicación no sólo es debido a que el cuerpo tiene que
responder a la forma de vida antinatural con su energía, sino que además perdemos mucha
energía en nuestros procesos mentales y emocionales. Por nuestra cabeza o por nuestro
corazón se nos va la energía. Todos hemos experimentado que un disgusto emocional o una
preocupación mental nos agota más que una maratón. Una persona sana puede recuperar
dicha energía de forma relativamente fácil a menos que haya una gran crisis psicológica de
por medio, pero cuando la crisis afecta a una persona al borde de la enfermedad hace que
esta aparezca fácilmente, en forma de crisis psicológica grave o de enfermedad corporal,
aguda o recaídas crónicas. Cuerpo y mente son una unidad aunque nos cueste darnos
cuenta.
Como hemos visto, la enfermedad se genera cuando hay un agotamiento, situación en la que
el cuerpo no puede generar suficiente energía para realizar sus tareas normales y esta se
retira de ciertas zonas como son los órganos llamados de desintoxicación. En ella las
bacterias, los virus, la edad, la herencia, el clima,…son factores normalmente añadidos. No les
echemos la culpa para que no se conviertan en chivos expiatorios, justificando así nuestra
forma de vida. Manteniendo además una actitud derrotista porque esos microorganismos,
queramos o no, no son las verdaderas causas de la enfermedad, sólo aparecen después de
que la enfermedad esté instaurada, para alimentarse de las sustancias muertas o en
descomposición, tal como lo hacen en la naturaleza. Las bacterias, en el ciclo de la
naturaleza, descomponen la materia muerta para que pase a formar parte de la tierra cerrando
así el ciclo natural, y sin ellas no podría mantenerse la vida. Son verdaderos agentes de
limpieza. ¿No estarán haciendo lo mismo en el organismo enfermo?
Tenemos miedo a los microbios, unos microorganismos invisibles al ojo humano, y en cambio
no nos da miedo: beber alcohol, fumar tabaco, vivir en estrés, llevar una alimentación insana,
pensar mal de los demás, mantener rencor por un familiar o un amigo.
Ante una epidemia, que supuestamente desde el punto de vista higienista está ocasionada por
nuestra forma de vida, los microbios son consecuencia y resultado, no la causa. Si fuera la
verdadera causa de la enfermedad alcanzaría inevitablemente a todas las personas que
hubieran tenido contacto con dichos microbios. Pero todos sabemos que ante cualquier
epidemia, por muy grave que esta sea, hay personas afectadas o enfermas y otras en cambio,
permanecen sanas.
Quizás la medicina debería nos sólo estudiar a los enfermos sino que, tan importante como
ello, podría gastar un poco de su tiempo en estudiar a las personas sanas hasta conocer por
qué no caen enfermas, a pesar de estar rodeadas de microbios. ¿Quizás su forma de vida, de
alimentarse, de respirar, de trabajar, de descansar, de tomar la vida psicológica,
emocionalmente y en relación a los demás, tenga que ver en todo esto? ¿Quizás o seguro?
Ellos se mantienen sanos porque en todas estas cosas se diferencian de los que han “caído”
enfermos. ¡La enfermedad no es tan caprichosa como la lotería. A unos les toca la lotería y a ti
en cambio te ha caído un cáncer, que mala suerte! Esto no sólo es determinismo (indicando
que no hay nada que hacer, que si nos toca nos toca) sino fatalismo. Una visión que aún nos
quita fuerza y capacidad de respuesta y de mejora individual y social.
A veces, la orina a eliminar está tan cargada de productos tóxicos, que al paso por los
conductos del aparato urinario da frecuentes síntomas de irritación, escozor y dolor – cistitis o
infección de orina -. Cuando la eliminación afecta a la mucosa del aparato genital, en la mujer
da con mucha frecuencia un flujo irritante y maloliente al que desde el punto de vista médico
se le dan distintos nombres, y tanto en el hombre como en la mujer enfermedades de
transmisión sexual supurativas. Si la intoxicación y la eliminación afectan al oído darán una
otitis y si afecta al ojo conjuntivitis, y si la parte afectada es la piel aparecen los granos,
erupciones, forúnculos, eczemas, psoriasis… como diferentes formas de eliminación.
Cuando la inflamación producida por el acumulo tóxico y el proceso de eliminación, que
intenta ayudar a los órganos de eliminación en el trabajo de arrinconar y expulsar las
sustancias perjudiciales para el organismo, afecta a un órgano dará unos síntomas
característicos de las funciones de ese órgano, por ej. en el intestino hay diarrea, eliminación
de mucosidad o al contrario, a veces estreñimiento, que con frecuencia indica que las
energías del cuerpo se han retirado de este órganos para concentrarse en otros más vitales
en ese momento para el organismo. Cuando la inflamación y la eliminación afecta, en cambio,
al aparato respiratorio, no dará los mismos síntomas sino los característicos de las funciones
normales de ese órgano: tos, flemas, mucosidad proveniente de los bronquios. ¿Qué quiere
decir esto? : Que la enfermedad es una y que según el órgano afectado se manifiesta con
unos síntomas u otros, pero todo ello dentro de la Unidad de la enfermedad.
El concepto del cuerpo como una Unidad, y por lo tanto también de la enfermedad, es muy
importante en la línea higienista, teoría que por no utilizar con frecuencia una terminología
muy complicada, no es seriamente reconocida, cuando a lo largo de la historia ha habido
muchos médicos y especialistas en ciencias de la salud que han compartido estas ideas. A
veces lo más sencillo se nos hace invisible a nuestra consciencia y la luz nos deslumbra y no
nos deja ver.
Las crisis de desintoxicación por lo tanto son intentos curativos del organismo. No
intentaremos, desde el Higienismo, tratar o eliminar el catarro o la diarrea, porque son esas
reacciones, guiadas por la inteligencia del organismo, que en todo momento cuida por su
propia salud, las que verdaderamente nos curan. Mediante ellas el cuerpo elimina el
excedente de sustancias tóxicas y se regenera.
Cuando con los diferentes y múltiples tratamientos impedimos la respuesta del cuerpo guiada
por su propia inteligencia en forma de crisis de desintoxicación y regeneración, mal llamadas
enfermedades agudas, “frenamos” el proceso curativo. Al impedir esa respuesta, casi siempre
más inteligente que nuestra pequeña y engreída cabeza, impedimos que las fuerzas curativas
del organismo lleven a cabo su labor. Las sustancias tóxicas, aún en exceso, no se eliminan y
se acumulan de forma continua en las células, tejidos y órganos del cuerpo, dando lugar a la
enfermedad crónica.
Aún en la enfermedad crónica las crisis agudas reaparecen con frecuencia y se las confunde
con un empeoramiento y además se les llama “recaída”, sin distinguirlas de los verdaderos
empeoramientos. Estas crisis, sobre todo al principio, son, mas que nos pese crisis curativas.
Desgraciadamente, las personas sin hacer caso a los síntomas y lo que le indican, los trata
con medicamentos, hasta conseguir silenciar al cuerpo. El organismo deja de sentir o
disminuye sus sensaciones y sus protestas. Mientras tanto la personas sigue con su
“ritmo”(sería mas propio decir falta de ritmo), y no quiere caer en la cuenta que mientras siga
viviendo de la misma manera la enfermedad continúa, reprimida en sus síntomas por los
medicamentos.
09. Tratar o curarse
Esto no indica que en ciertos momentos, por ejemplo ante un dolor excesivamente fuerte y
continuo, como puede ser un cólico de riñón, no tomemos medicamentos cuando la situación
es verdaderamente insostenible para el enfermo, sino que nos demos cuenta que aunque el
dolor ceda el problema persiste, y aún en el caso de que la piedra se expulse, si la persona
continúa con las misma forma de vida tenderá a aparecer de nuevo. Incluso este mismo
desequilibrio puede pasar a otro órgano, mientras que cometiendo un grave error de
diagnóstico lo consideraremos como otra enfermedad, como si nada tuviese que ver con el
proceso anterior.
No, no estamos contra la medicina por sistema sino que no compartimos su base teórica, y
creemos que a lo que con gran frecuencia llama curación no es más que un eliminar los
síntomas o un desviar el desequilibrio del cuerpo de unos órganos o sistemas para otros, sin
darse cuenta que son el mismo proceso en sus diferentes etapas. Mientras tanto aceptamos,
porque no somos tontos, ciertas intervenciones: el traumatólogo ante un accidente, el dentista
ante un problema de dentición, una intervención quirúrgica ante un estómago perforado o una
próstata tan inflamada (adenoma) que impide el paso de la orina hacia la uretra y de esta al
exterior. En un parto verdaderamente imposible de realizarse por medios naturales (no de
conveniencia) no nos queda más que aceptar una posible intervención. Bienvenida sea una
buena técnica y un buen médico para operar de cataratas o salvar la vida a una persona que
ha entrado en coma diabético suministrándole insulina, o cuidar a una persona en una crisis
asmática grave… No estamos en contra de las intervenciones verdaderamente necesarias,
pero no debemos confundir los términos y llamar a eso curación. La curación siempre estará
unida a unos cambios de hábitos de vida, por que si yo, al vivir de una forma determinada
(física, emocionalpsicológica y en el más amplio sentido de la palabra espiritualmente, tengo
un trastorno o enfermedad, mientras siga viviendo de esa manera volveré a tener las misma
enfermedad. Incluso cuando a una persona le han extirpado la próstata, es posible que no
vuelva a tener problemas de retención de orina ni otros síntomas debidos a la inflamación de
próstata porque verdaderamente no la tiene, pero no podemos cerrar los ojos a la verdad, ya
que el desequilibrio que antes daba lugar al problema de próstata, en ausencia de esta puede
afectar a otros órganos, y lo que es peor aún afectará, queramos o no, cada vez a órganos
más importantes o vitales.
Los remedios médicos, en la práctica, con frecuencia van dirigidos a los síntomas de la
enfermedad sin tener en cuenta las verdaderas causas de esta.
Para curarnos necesitamos los factores que nos ayudan a equilibrarnos, los llamados Factores
de Salud y no los medicamentos que con frecuencia se limitan a ir contra los síntomas. Los
síntomas de la enfermedad, por lo molestos que son, son un impulso de la naturaleza para
que encontremos un nuevo camino de salud o forma de vida más sana. Nada está guiado por
el azar y llamamos azar o suerte, a una ley de la naturaleza que no sabemos como actúa.
Tanto una persona sana para continuar estando sana, cómo el enfermo para curarse,
necesitan los mismos Factores de Salud, con algunas pequeñas variantes: agua y aire puros,
el sol, limpieza interna y externa, sueño y descanso, mantenimiento de la temperatura,
alimentación sana y moderada con la sola excepción de las situaciones en las que falta el
apetito y donde se recomienda ayunar, situación que ocurre con frecuencia en las crisis de
desintoxicación. Igualmente necesitan el contacto con la naturaleza, equilibrio emocional y
mental, descanso y relajación, juego y expansión, un medio familiar y social protector que le
dé seguridad en la vida, la casa y el medio ambiente agradables, actividades y trabajos útiles y
creativos, motivación y ganas de vivir, expresión de los instintos naturales y sanos sin sentir
represión, desarrollo de nuestros sentidos, amistad y amor…
No es correcto intentar revertir las leyes naturales ni los síntomas que acontecen al no
hacerles caso para seguir viviendo de una forma antinatural. Es como la persona que va
conduciendo y ante un cruce y el aviso del cartel de stop o el semáforo en rojo, hace caso
omiso de estas señales y sigue adelante, ¿Cuales pueden ser las consecuencias?. Además
no hay que olvidar que de la misma forma que la persona que conduce imprudentemente, no
sólo pone el riesgo su vida sino que además afecta directamente a la de los demás, una
persona encamada durante meses y años por una enfermedad afecta en gran manera la salud
de los que conviven con ella. Sin olvidar que una persona enferma puede dar lugar a una
descendencia igualmente enferma, afectando así la vida de su descendencia.
No debemos olvidar que nuestra salud o su falta, a la que llamamos enfermedad, nos afecta
pero lo que es tan importante afecta, en un sentido o en otro, a los demás. La salud es
también una actitud de ayuda a los demás, y posiblemente así se descubra algún día, una
colaboración positiva de nuestra parte ante el mundo o la vida. De nada nos sirve decir: ¡A
vivir que son cuatro días!, si nos pasamos los últimos e interminables “días” fastidiando a
nuestros familiares y amigos.
Hay que tener en cuenta que una cosa son las leyes de la vida, que trata de estudiar el
higienista, y otra muy distinta las leyes de la química y el mundo de los medicamentos. No
podemos olvidar que la eliminación de ciertos síntomas de enfermedad puede traer graves
consecuencia graves a largo plazo porque hemos reprimido la sensibilidad y la capacidad de
respuesta del cuerpo y de la mente, y en esas crisis, la mayor parte de las veces se esconde
la capacidad de respuesta del cuerpo ante una forma de vida no equilibrada y el intento de
remediarlo. Además con la enfermedad el cuerpo intenta que nos demos cuenta y seamos
más conscientes. Pero es mucho más fácil echar la culpa a factores externos, ante los cuales
poco o nada podemos hacer, de esta manera no tenemos que preocuparnos por coger las
riendas de nuestra vida en nuestras manos y dejamos que el médico y los medicamentos
actúen sobre nosotros, siendo “pacientes”, como la misma palabra lo indica ante la
enfermedad.
La opción de la higiene vital es la de que cada uno de nosotros dejemos de ser pacientes y
cojamos un papel más activo ante nuestra salud o enfermedad.
Los higienistas no tienen ninguna panacea o curalotodo para evitar los síntomas que aparecen
como consecuencia de nuestros errores (individuales o sociales) o forma de vida
desequilibrada. Únicamente estudian las leyes naturales para aplicar los factores de salud que
nos dirijan hacia la salud.
Para todo ello es necesaria una educación para la salud. La higiene es una rama de la ciencia
que estudia las condiciones de las que depende la salud, manteniendo en lo posible la
armonía con las fuerzas vitales.
El especialista sólo nos puede indicar algunas pistas para que lleguemos a darnos cuenta de
lo que favorece el dolor y el malestar en esa zona y puede aconsejarnos pautas de higiene.
Higiene, yendo al origen de la palabra, significa el arte de vivir. Desgraciadamente, en vez de
utilizar la inteligencia para estudiar los elementos de nuestro entorno y aplicar los que son
beneficiosos para nuestra salud, nos contentamos con eliminar los síntomas molestos,
intentando despistar, cosa que no es posible, a la naturaleza de nuestro propio cuerpo.
Si nos duele la cabeza, en el origen de ese dolor hay unas causas, si eliminamos el dolor con
un analgésico el dolor de cabeza permanecerá escondido pero volverá a reaparecer hasta que
eliminemos sus verdaderas causas físicas y mentales.
El higienista utiliza en la enfermedad los mismos materiales o influencias empleados por los
seres vivos en su desarrollo, crecimiento y función, los que hemos conocido como Factores de
Salud. De ellos depende nuestra vida, tanto en la salud como en la enfermedad. En la
enfermedad con más motivo aún debemos de aplicar estos Factores de Salud para favorecer
y hacer posible la recuperación. Con ellos nuestro cuerpo y mente se llena de energía y se
restablece guiado por su propio instinto o inteligencia, y el, sólo él sabe como hacerlo. Nuestra
mente no conoce y está aún lejos de conocer el profundo misterio que mantiene la vida y los
mecanismos íntimos que hacen posible que el cuerpo vivo se cure así mismo. Ninguna
máquina tiene la capacidad de autorrecuperación que tiene el cuerpo ni lo tendrá jamás.
No podemos admitir como remedios curativos las mismas sustancias que son perjudiciales
para la salud. Los medicamentos, como mucho podemos ver que tienen un efecto paliativo,
eliminando o aliviando los síntomas. La curación no depende de las sustancias extrañas al
organismo, sino que es un proceso propio del cuerpo vivo. Por mucho que demos
medicamentos a un cuerpo muerto no se pueden poner en marcha los procesos curativos,
propios de las células vivas.
El organismo vivo no puede utilizar en estado de enfermedad lo que no puede usar en estado
de salud. Un medicamento no es una sustancia beneficiosa para una persona sana y tampoco
lo necesita para mantener la salud. No sólo no es beneficioso sino que además le perjudica y
le puede hacer enfermar, no olvidemos que tienen muchos “efectos secundarios” ¿Como esa
misma sustancia que puede hacer enfermar a una persona sana puede curar a una persona
que está enferma? Sinceramente creemos que esto no es posible.
Por el contrario las sustancias o factores de salud que mantienen y favorecen la vida, es lo
único necesario para el restablecimiento. Como ya hemos dicho a veces los medicamentos
pueden ser útiles, la anestesia por ejemplo en una operación, un broncodilatador puede se
“útil” en una crisis asmática grave, pero eso no es curar eso es aliviar. Por el contrario la
persona tiene que evitar las causas de enfermedad, y por ejemplo el asmático necesitará una
alimentación más sana, aprender a respirar más profunda y abdominalmente, y un trabajo
mental y emocional si quiere verdaderamente curarse, y eso es posible cuando hay cambios
importantes en los hábitos de vida. Todo el tratamiento desde fuera será “pan para hoy y
hambre para mañana”.
Hay tantos sistemas de curación tan diferentes y supuestamente todos efectivos para los
partidarios de cada uno de ellos que eso nos debería hacer pensar que el verdadero poder de
curación es inherente al organismo vivo. El higienista así lo cree y sin intentar tratar los
síntomas de enfermedad intenta ir a las raíces que la alimentan. De otra manera podemos
hacer que los síntomas desaparezcan de una zona, órgano o sistema corporal, para aparecer
en otra. Pero continúa siendo la misma enfermedad. La misma agua es el agua de lluvia, o el
que sale de un manantial, el que se evapora durante los cálidos días de verano o se hiela en
los días fríos de invierno dando hielo o cayendo en forma de nieve. Únicamente se manifiesta
de una u otra manera dependiendo de las condiciones externas. La edad, la herencia, el clima,
los microbios; intervienen, pero no son decisivos a la hora que aparezca una enfermedad.
Estas variantes predisponen, pero mucho menos de lo que nos dicen. La enfermedad en
profundidad es siempre la misma, únicamente cambia su presentación en superficie.
13. El Ayuno
Con mucha frecuencia el mismo cuerpo nos indica el camino a seguir. Cuando tenemos una
crisis aguda, sobre todo si se acompaña de fiebre, a menudo el cuerpo se queda sin ganas de
comer, esto es muy frecuente en las crisis de desintoxicación (enfermedades agudas par la
medicina convencional), sobre todo en los niños pequeños y en los animales, en los que por
su propia inteligencia el cuerpo retira su energía del aparato digestivo para enviarla hacia los
procesos de eliminación y regeneración. Toda la energía del organismo está canalizada hacia
la desintoxicación y la curación y el cuerpo mismo elimina las ganas de comer. Si al niño le
damos de comer en una crisis, a pesar de la falta de apetito, disminuimos la capacidad de
eliminación de sustancias tóxicas.
Es importante en estos días una Educación para la Salud, que comience en la familia y en la
escuela. La enfermedad no es un elemento, entidad o una cosa que nos invade desde fuera
como un elemento extraño, ante el cual no tenemos ninguna protección a nosotros, por el
contrario surge en el seno de nuestras células como consecuencia de un desequilibrio
individual y social en el que vivimos. Es una manifestación de nuestra falta de armonía
individual, familiar y social. Con mucha más frecuencia de la que nos parece, la persona
enferma puede manifestar con su proceso los problemas de convivencia existentes en su
familia, en el trabajo o en las relaciones sociales, y a veces es imprescindible comenzar a
“curar” esas relaciones.
Pero toda enfermedad es una manifestación de la vida, tan necesaria a ella como la noche lo
es al día, aunque no entendamos muchas veces el por qué. Con frecuencia, sobre todo en la
crisis aguda, se encuentra la intención de autocuración del organismo. Un catarro y todos sus
síntomas así lo indican es un intento de eliminar sustancias tóxicas por todas las vías de
eliminación: mocos, flemas, orina oscura, sudor, vómitos,…La tendencia universal de toda
existencia orgánica, vegetal, animal o humana es hacia la salud. La vida camina
continuamente hacia la perfección desde la creación del nuevo ser, y en ese caminar la
enfermedad es tan importante como la salud, tan importante como lo es la noche al día, la
madre al hijo, la mujer al hombre o viceversa. La salud y la enfermedad se complementan y en
ese proceso de energías diferentes se mueve la rueda de la vida.
Cuando una persona, especialmente un niño o una persona sana, ingieren una sustancia
tóxica por la boca, su cuerpo intentará expulsarlo a través del vómito hacia arriba, y si no a
través de la diarrea hacia abajo, y estas dos reacciones, como la mayoría de las mal llamadas
enfermedades agudas, son reacciones del cuerpo intentando mantenerse sano y
reaccionando con fuerza contra lo que le perjudica. Llamamos síntomas de enfermedad a
estas reacciones curativas, cuando deberíamos reconocerlas como una parte del proceso
curativo. Son reacciones que tienen lugar para preservar la vida.
Con frecuencia los síntomas localizados en un órgano no indican que este se encuentre
enfermo sino que intenta eliminar y curar la enfermedad extendida por todo el cuerpo. Los
síntomas del hígado y los riñones, con frecuencia no indican sus enfermedades sino la
enfermedad del todo el organismo que estos órganos intentan curar. A veces los órganos con
más síntomas no son los órganos más débiles, sino por el contrario los más fuertes, y sus
síntomas indican un intento de curar al resto del organismo.
Probablemente la diferencia está en “tratar a” o “tratar con”. Al “tratar a”, el médico es activo
mientras la persona coge un rol pasivo, es un “paciente”, cuando “tratamos con”, el médico se
convierte en un experto compañero que puede acompañar y aconsejar a la persona a curarse.
Sin intentar “curar a”, el higienista ayudará al enfermo a que aprenda a “curar-se”, animándole
a que tome un papel activo y deje de ser pasivo. El estado de salud o enfermedad es una
materia de elección y no es cuestión de buena o mala suerte.
Existe en el organismo humano una fuerza o energía que actúa constantemente intentando
mantener el máximo posible de equilibrio o salud. Dependiendo de las condiciones de vida se
adapta a las diversas situaciones, a veces a eso llamamos salud y otras enfermedades. Este
poder de lo vivo se manifiesta también en lo que llamamos enfermedad por ser una crisis vital.
Al mismo tiempo un aviso y una oportunidad. Un aviso de que algo no va lo bien que quisiera
nuestro organismo cuerpo-mente, y una oportunidad para el cambio, y en esto juega un papel
importante el hecho que los síntomas de enfermedad sean desagradables y molestos, porque
ello mismo nos empuja o nos debería empujar a buscar la salud. Sin buscar la salud, como
camino más cómodo – aunque sólo en un principio- desgraciadamente nos conformamos con
silenciar estos síntomas desagradables con un tratamiento.
Si no hacemos caso a todos los avisos del cuerpo y seguimos viviendo igual, aparece la
enfermedad crónica, poco a poco a lo largo de los años esta enfermedad se transforma en
degenerativa y puede que para entonces se pierda la posibilidad de curación. Aún en una
situación tan avanzada podemos intentar mejorar, ya que contamos con el hecho que el
cuerpo es muy agradecido a las mejoras en la forma de vida.
Cuando al organismo le damos las condiciones que favorecen la salud, él hace que las
fuerzas vitales se muevan armoniosamente recuperando las células, tejidos y órganos.
La visión higienista consiste en no hacer excesivo caso a los síntomas, concentrando toda la
atención sobre las necesidades actuales del paciente. No importa tanto los síntomas sino la
persona que los sufre y como puede dejar de sufrirlos. El higienista aconseja, enseña, y
acompaña, según su experiencia, al enfermo y da el tiempo necesario para que la naturaleza
haga el resto. Ayuda a salir del laberinto, como símbolo de búsqueda y caminar atento. Pero
con frecuencia la persona prefiere tomar medicamentos que no le curan, a coger la
responsabilidad de la enfermedad en sus manos.
Verdaderamente, aunque parezca una paradoja, tenemos miedo a lo vivo, a lo que es libre, a
la luz ( el mito de la caverna de Platón), y preferimos estar encadenados al miedo a la
enfermedad, sin verdaderamente hacer algo por vivir de forma más sana. Y caemos en
nuestra propia trampa al creer que la enfermedad es inevitable. Pero ese cambio está en tus
manos, lo puedes creer así.
No necesitas ser un experto en medicina para empezar a cuidarte.
Terminamos esta introducción a la Higiene Vital o Higienismo, recordando que curar viene del
latín curare que significa cuidar, y por lo tanto curarse es cuidarse.
Fuente:http://www.zuhaizpe.com/higienevital.html / España
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ESPIRITUALIDAD, ECOSISTEMA, HIGIENISMO O HIGIENE VITAL, MEDICINA NATURAL el julio
5, 2012 por wburgosvogel.