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Transición a la democracia en Concepción

Este documento analiza el proceso de transición a la democracia en Concepción, Chile durante el primer gobierno de la Concertación y principios del gobierno de Eduardo Frei. Discutió cómo el modelo de transición en Chile limitó la construcción democrática en Concepción y excluyó la participación ciudadana. También analizó el papel de los actores sociales y las críticas a las formas institucionales del cambio político, así como las consecuencias de las políticas económicas en Concepción durante la transición. Finalmente,

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Transición a la democracia en Concepción

Este documento analiza el proceso de transición a la democracia en Concepción, Chile durante el primer gobierno de la Concertación y principios del gobierno de Eduardo Frei. Discutió cómo el modelo de transición en Chile limitó la construcción democrática en Concepción y excluyó la participación ciudadana. También analizó el papel de los actores sociales y las críticas a las formas institucionales del cambio político, así como las consecuencias de las políticas económicas en Concepción durante la transición. Finalmente,

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05Castro79.

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Ayer 79/2010 (3): 121-145 ISSN: 1134-2277

Concepción de Chile en el tránsito


a la democracia
Bernardo Castro Ramírez
Universidad de Concepción

Resumen: El artículo estudia el proceso de transición a la democracia en


Concepción (Chile) durante el primer gobierno de la Concertación e ini-
cios del gobierno de Eduardo Frei, y analiza cómo el modelo de la tran-
sición a la democracia en Chile condicionó la construcción democrática
en Concepción, atendiéndose a sus particularidades regionales y, tam-
bién, al conflicto que termina por imponer el diseño de una elite central
sobre el poder local y regional que excluye la participación ciudadana del
proceso transicional. El papel de los sujetos sociales en la dinamización
de la etapa de estudio, y las críticas formuladas a las formas instituciona-
les del cambio político, así como las consecuencias en Concepción de la
política económica de los gobiernos de la transición, son también objeto
de análisis en este artículo que, por último, plantea la defensa de los
Derechos Humanos desde la sociedad civil como tema pendiente aún de
la transición chilena.
Palabras clave: transición, Concepción, agentes sociales, política econó-
mica, derechos humanos.

Abstract: The article studies the process of transition to democracy in Con-


cepcion (Chile) during the first government of the Concertacion and early
government of Eduardo Frei, and discusses how the model of transition
to democracy in Chile determined the democratic construction in Con-
cepcion, attending to its regional particularities and also the conflict that
ends for imposing the design of a central elite on the local and regional
power that excludes the civil participation of the transitional process.
The role of the social actors in the revitalization of the stage of study and
the criticism of the institutional forms of political change, as well as the

Recibido: 07-06-2010 Aceptado: 16-09-2010


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Bernardo Castro Ramírez Concepción de Chile en el tránsito a la democracia

consequences of the economic politics of the governments of the transi-


tion in Concepcion are also analyzed in this article that finally raises the
defence of human rights from civil society as yet unresolved issue of the
Chilean transition.
Keywords: transition, Concepción, social agents, economic politics,
human rights.

La transición a la democracia en Chile


y su reflejo en Concepción

Este estudio sobre la transición en Concepción (Chile) abarca el


periodo de inicio del primer gobierno de la Concertación, el de Patri-
cio Aylwin Azocar, del 11 de marzo de 1990 al 11 de marzo de 1994,
e incluye también parte del inicio del gobierno del presidente Eduar-
do Frei Ruiz Tagle, para apreciar la continuidad del diseño inicial de
transición de los años noventa. Una transición en la que la historio-
grafía chilena resalta las movilizaciones políticas 1, las organizaciones
ciudadanas y los movimientos sociales regionales en la escala nacional
y local, que desempeñaron un rol central en la deslegitimación y tér-
mino de la dictadura militar. Las dos reivindicaciones centrales de
esta lucha fueron el cambio del modelo económico neoliberal y la no
aprobación de la Constitución de 1980. Sin embargo, la negociación
de la clase política con la derecha y la dictadura militar marcaron el
fin del protagonismo de los movimientos sociales, cuando la nego-
ciación de la clase política implicó la aceptación del modelo econó-
mico neoliberal y la aprobación de la legitimidad de la Constitución
de 1980: «Como recordarán se planteaban dos estrategias posibles:
1
Este artículo es resultado del trabajo realizado en el seno del Proyecto de Inves-
tigación HUM2007-63387, Ministerio de Educación y Ciencia, Dirección General de
Investigación, Proyectos I+D (2007-2010). Sobre la evolución de la acción política de
socialistas y comunistas contra la dictadura, véanse LOYOLA, M., y ROJAS, J. (comps.):
Por un rojo amanecer. Hacia una historia de los comunistas chilenos, Santiago de Chile,
Impresora Valus, 2000; GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, E.: Ciudades en las sombras. Una his-
toria no oficial del Partido Socialista de Chile, 1970-1990, Santiago de Chile, PUBLI-
PROM, 2003; VALDIVIA, V.; ÁLVAREZ, R., y PINTO, J.: Su revolución contra nuestra revo-
lución. Izquierdas y derechas en el Chile de Pinochet (1973-1981), Santiago de Chile,
LOM, 2006, y VENEGAS VALDEBENITO, H.: «El Partido Comunista de Chile. La crisis
de la Unidad Popular y la trayectoria de la política de Rebelión Popular de Masas»,
Historia Actual, 6 (2008), pp. 35-55.

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la estrategia de la protesta, de la confrontación, del paro general que


llevara a derribar la dictadura; o la estrategia de utilizar la institucio-
nalidad y derrotar la dictadura en su propia legalidad. En definitiva,
fue progresivamente ganando esta última tesis» 2.
En América Latina y en Chile, las dictaduras militares debieron
ceder a la presión de los movimientos sociales y empezaron a surgir
regímenes democráticos que conservaron algunos elementos centra-
les de la cultura autoritaria en la institucionalidad del Estado. Desde
la perspectiva política, la transición en Chile se vio bloqueada por
enclaves autoritarios, amparada en una Constitución, la de 1980, que
fue plebiscitada en condiciones no democráticas y que, salvo algunas
modificaciones, es la que rige hasta el día de hoy la nación. Algunos
enclaves autoritarios fueron, y son, por ejemplo, la permanencia de
un sistema binominal que deja excluidos de participación a vastos
sectores políticos de la sociedad chilena, y que altera la voluntad
popular al permitir que sólo dos grandes coaliciones protagonicen,
alternen y se disputen el poder político en Chile.
Otros enclaves del periodo de transición que podemos mencionar
son: la persistencia de senadores designados hasta el año 2005; la per-
manencia del Consejo de Seguridad Nacional, que ponía un tutelaje a
la democracia inicial, con cuatro comandantes en jefe que podrían lla-
mar, interpelar y poner sobre aviso al presidente de la República para
presentarle sus disconformidades sobre la alteración del orden públi-
co; las leyes orgánicas constitucionales que requieren un quórum cali-
ficado, y no simple mayoría para cambiarlas, entre ellas la ley de las
Fuerzas Armadas, la LOCE, o Ley Orgánica Constitucional de Edu-
cación, el Código de Aguas (privatización de las aguas en Chile), y el
Código Laboral (que impide la negociación colectiva), entre otras
leyes orgánicas. Un abordaje especial entre estos enclaves lo constitu-
ye la vigencia de una Ley de Amnistía que «extingue por completo la
pena y sus efectos» 3, generando impunidad por la violación de los
derechos humanos en Chile. Finalmente, el hecho más inédito y posi-
ble en la historia de alguna transición: el dictador Augusto Pinochet,
tras la entrega del gobierno en 1990 al centro-izquierda concertacio-
nista, permanece como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas
2
BENGOA, J., y TIRONI E.: «Una mirada retrospectiva: entrevista a don Patricio
Aylwin Azócar», Proposiciones, 25 (1994), pp. 12-19.
3
Decreto Ley núm. 2191/1978, de la Junta de Gobierno Militar.

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hasta el año 1997 4. Con estos antecedentes y enclaves sostuvimos en


trabajos anteriores que «en Chile los enclaves autoritarios hacen difí-
cil hablar de una democracia al estilo clásico, por ello el gobierno de
la Concertación se planteó en 1990 ampliar la democracia y volver a
democratizar el país» 5.
Atendiendo a estas razones, también el sociólogo Tomás Moulian 6
considera que la Constitución de 1980 es, en definitiva, «una jaula de
hierro» que impide la democratización política del país y hace imposi-
ble la democracia. En este sentido, este autor afirma que sí existe una
excepcionalidad chilena, pero ella no consiste en la fortaleza de la cul-
tura democrática, ni menos aún en la profundidad de la democratiza-
ción, sino, al contrario, radica en las imperfecciones de ésta: «el caso
chileno es aquel en el cual se logra preservar el edificio institucional
del autoritarismo, a través del esquema de la “democracia protegida”,
consagrada por la Constitución de 1980» 7.
Además, la continuidad del modelo neoliberal tiene sólo una
variante durante el gobierno de la Concertación: en este periodo, lo
que se critica es el impacto social que la política económica genera
durante la dictadura, sin embargo, «no plantea transformaciones
estructurales en términos de política industrial o tecnológica, reforma
del sistema financiero, de redefinición de la inserción exterior, etcéte-
ra, [...] al contrario, deja intocable estos planos, y se plantea su trata-
miento a través de políticas de gastos fiscal social que actúa ex post,
esto es, al margen del proceso productivo. Dicho de otro modo, no
busca una redistribución del ingreso, modificando las causas explica-
4
El dictador Augusto Pinochet, al término de su mandato en 1997 como coman-
dante en jefe, se convierte en senador vitalicio, como lo establecía la Constitución de
1980, y con esta condición, en 1998 tiene lugar su arresto preventivo en la Clínica de
Londres debido a una orden de arresto internacional emanada del juez español Balta-
sar Garzón. De la misma forma, es ahí donde empiezan los esfuerzos del gobierno de
la Concertación para liberar a Pinochet de la justicia internacional.
5
CASTRO, B.: «La mirada regional de la modernización», Vida y Derecho, 15
(1994), pp 26-29.
6
MOULIAN, T.: Chile actual. Anatomía de un mito, Santiago de Chile, LOM, 1997.
7
MOULIAN, T.: Contradicciones del desarrollo político chileno, 1920-1990, Santia-
go de Chile, LOM, 2009, p. 119. El autor señala que en Chile no se produjo, después
de la dura derrota plebiscitaria de Pinochet, el dictado de una nueva Constitución,
como en España, sino una negociación superficial y cosmética, en la cual los sectores
democráticos negociadores se debieron regir estrictamente por la lógica del mal
menor. Ibid., p. 120.

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tivas» 8. Al parecer, los esfuerzos consistieron en paliar y compensar a


las víctimas de un sistema económico concentrador y excluyente, con
el resultado de más de cinco millones de pobres en una población de
poco más de trece millones de personas a comienzos de los años
noventa.
Desde el punto de vista social, el diseño de la transición excluyó,
ya en su inicio, la participación ciudadana en los asuntos públicos. En
este sentido, el concepto de gobernabilidad aparece como el eje orde-
nador de inicio de los años noventa:

«Frente a las disonancias de la joven democracia chilena —los llamados


“enclaves autoritarios” y producto del rescate de la Constitución de 1980—,
la noción de “gobernabilidad” nos parece, en efecto, desempeñar un papel
de discurso ordenador. Al articular un relato aceptable de democracia
“moderna” donde la capacidad de gobernar no puede sino provenir de
poder tecnocrático y estable, el registro de la “gobernabilidad” aparenta
resolver las contradicciones de la transición democrática chilena» 9.

Así, transición y gobernabilidad se hacen sinónimos, cuyo valor


central es la estabilidad, que tiene como base los consensos desde
arriba, evitando las discrepancias, las críticas y el conflicto. En conse-
cuencia, desarticular social y políticamente la ciudadanía es una con-
dición para la gobernabilidad, como reconoce en su testimonio oral
un líder sindical de la época:

«En el diseño político de la transición no estaba la idea de generar un diá-


logo con la sociedad civil ni tratar de darle a ésta un papel activo. Para volver
a democratizar esta sociedad, más bien se enfatizó en la idea de trabajar para
la gente... y no con la gente, lo que trae como consecuencia una política mar-
cadamente asistencialista, que de alguna forma, llevó a la deconstrucción del
sujeto político social» 10.

8
ARRIZABALO, X.: La economía chilena durante la dictadura. Milagro o quimera,
Madrid, Los Libros de la Catarata, 1995, p. 267.
9
BAEZA, C.: Los discursos públicos sobre la gobernabilidad en Chile, 2008, en
<http://nuevomundo.revues.org/11042>.
10
Testimonio oral de Mauricio Laborde, dirigente sindical y de ONG, ex direc-
tor del Servicio de Estudios Regionales. Los testimonios orales que se insertan en este
artículo han sido recabados por el autor a partir de entrevistas a «Informantes Claves,
Proyecto de investigación España y Chile: similitudes y diferencias en la transición a la
democracia. Análisis comparado en las ciudades de Murcia y Concepción».

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Es así como todo el potencial social construido durante la dicta-


dura militar en el mundo sindical, en la cultura, en la diversidad
sexual, con los pobladores, con las mujeres, etcétera, se hace invisible
y pierde un rol activo en la decisión de los asuntos públicos: «Había
una construcción social mucho más dialogante y mucho más respe-
tuosa de la diversidad pero había una elite o clase política que sentía
que darle participación a esa base social era prácticamente poner en
riesgo toda la arquitectura que ellos habían consensuado con los po-
deres fácticos» 11.
Desde una mirada sociocultural, es necesario destacar también el
rol que desempeñaron las revistas y los diarios de oposición durante
la dictadura militar, cuando éstos acompañaban y facilitaban la
expresión del movimiento social. Durante el primer gobierno de la
Concertación no logró sobrevivir ninguna de estas publicaciones.
Pulitzer incluyó esta denuncia en su estudio: «Después de más de tres
años de transición democrática, queda el sentimiento en el gremio
periodístico de que el gobierno no hizo nada por apoyar las publica-
ciones que tuvieron importante papel en la lucha por la democracia.
Si se hace un recuento de lo que sucedió con las revistas Análisis,
Cauce, APSI y Hoy, y con los diarios Fortín Mapocho y La Época, pare-
ciera que existió un plan destinado a cerrar estas publicaciones más a
que a proteger su desarrollo independiente» 12. Estos medios de co-
municación tenían cobertura nacional y, según denuncia el ex direc-
tor de la revista Análisis, una de las de mayor cobertura nacional
durante la dictadura militar, existió una política, de parte del gobier-
no, para su extinción 13.
El cierre de estos medios de comunicación, que informaban del
quehacer de los movimientos sociales y que estaban también en clara
sintonía con las demandas ciudadanas y la sociedad civil, constituyó
11
Ibid.
12
PULITZER, J.: «Diez recetas para matar la prensa libre», Punto Final (junio de
1993), pp. 8 y 9.
13
«Se dice que “el mercado” mató a Análisis y otras publicaciones, lo que es una
mentira que nos insulta y hiere. Felizmente es el paso del tiempo el que reconoce que
de verdad la estrategia comunicacional del primer gobierno de la transición fue lisa y
llanamente la política de exterminio de los medios de comunicación que lucharon
contra la dictadura. El cierre de Análisis, como se puede acreditar, fue objeto de un
operativo diseñado y ejecutado desde la Presidencia de la República y el Ministerio
del Interior para tomar su control y posteriormente decretar su clausura». Véase CÁR-
DENAS, J. P.: «Nosotros, los de entonces», Análisis (diciembre de 2007), pp. 2 y 3.

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un duro revés para el avance del movimiento social. Con ello se agra-
vó aún más la falta de pluralismo ideológico y político de la naciente
democracia, y se consolidó la tendencia a la concentración de los
medios —que se había iniciado en la dictadura militar— en dos gran-
des grupos de derecha que fueron el soporte comunicacional de la
derecha pinochetista: el duopolio de Agustín Edwards, con su cade-
na de El Mercurio, y de Álvaro Saieh, con su cadena de La Tercera 14.
De esta forma, en Chile quedó pendiente la democratización
social fundamentada en cambios profundos que posibilitaran una
mayor igualdad de oportunidades y la participación ciudadana en los
asuntos públicos del Estado y de los gobiernos locales, como preten-
día el movimiento popular y social que luchó contra la dictadura mili-
tar. La transición a la democracia adquirió así varios adjetivos que
califican la falta de sustancia de la democracia naciente: «democracia
protegida» 15, «democracia vigilada» 16, «democracia ordenada» 17,
«transición o transacción democrática» 18. Esto caracterizó al primer
periodo de la Concertación, y a sus futuros gobiernos.

Particularidades de la transición a la democracia en Concepción

La Ciudad de Concepción se ubica a quinientos kilómetros de la


ciudad de Santiago de Chile. A su vez, Concepción es la ciudad-capi-
tal de la región del Bío-Bío, un territorio predominantemente indus-
trial donde el impacto productivo está focalizado por la industria del
acero, la petroquímica, la industria pesquera y la forestal. A comien-
zos de los años setenta, tenía un alto número de obreros industriales
y trabajadores de la minería del carbón. La orientación aperturista
que, a partir del año 1975, toma la economía nacional, fortaleció e
hizo sobresalir al sector forestal y pesquero. Adicionalmente pode-
14
MONCKEBERG, M. O.: Los magnates de la prensa. La concentración de los medios
de comunicación en Chile, Santiago de Chile, Debate, 2009.
15
FERNÁNDEZ, A., y FOLLE, F.: «Burocracia militar y transición a la democracia en
Chile», Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, 45 (1988), pp. 3-28.
16
ARRIZABALO, X.: Milagro o quimera. La economía chilena durante la dictadura,
Madrid, Los Libros de la Catarata, 1995.
17
OSORIO, J.: «La democracia ordenada. Análisis crítico de la nueva sociología
latinoamericana», Proposiciones, 22 (1993), pp. 210-225.
18
GUMUCIO, R.: Apuntes de medio siglo, Santiago de Chile, Ediciones Chile-Amé-
rica/CESOC, 1994.

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mos decir que ésta es una región con una fuerte identidad cultural
ligada a las luchas sociales.
Históricamente, la región del Bío-Bío es una región que se cons-
truye, permanentemente, en conflicto y en contraposición con el po-
der central. Se le describe e identifica como una región particular, en
su identidad y en su carácter pionero, y por su historia y la riqueza y
diversidad de sus recursos naturales. Sin embargo, la dictadura mili-
tar dejó a esta región sumida en la pobreza y en la desindustrializa-
ción. En la crisis de 1982, por ejemplo, perdió alrededor de ocho mil
empleos industriales.
A principios de 1990 se construye una Estrategia de Desarrollo
para la Región 19 desde la participación de los ciudadanos y en consul-
ta con organizaciones sociales, sindicatos, movimientos sociales, etcé-
tera. En el documento se señala: «La nueva democracia que hay que
construir en el país no puede circunscribirse al buen funcionamiento
de las instituciones públicas fundamentales, como son el gobierno, el
Parlamento, los partidos políticos, etcétera. Si no es la sociedad ente-
ra la que se organiza y articula democráticamente... se pretende que el
principal protagonista de la renaciente democracia sea la sociedad
civil, más que el Estado» 20.
La elaboración participativa del documento, y la construcción de
este camino a la democracia, «contó con el apoyo decidido y constan-
te del propio intendente regional, Adolfo Veloso» 21. El aporte en la
elaboración de la citada Estrategia Regional, por parte de los movi-
mientos sociales, Organizaciones no Gubernamentales (ONG),
PYMES (Pequeña y Mediana Industria y Empresas Regionales) y los
movimientos regionalistas, expresaba intereses de gremios y corpora-
ciones pero, también, los intereses de la sociedad civil en su conjunto.
En aquellos primeros años de transición a la democracia, el intenden-
te de la región, Adolfo Veloso, expresaba, en concordancia con la
Estrategia de Desarrollo para la Región, lo siguiente: «Los grandes
pilares del desarrollo están constituidos en definitiva por las capaci-
dades, energías y esfuerzos de la gente del Bío-Bío y por la potenciali-
dad y variedad de los recursos naturales de la zona; en los objetivos
estratégicos de nuestro desarrollo, y en un vigoroso dinamismo socio-
19
INTENDENCIA REGIONAL DEL BÍO-BÍO/ILPES/ONU: «La Región del Bío-Bío,
al encuentro del siglo XXI», Ciudad de Concepción, 1991.
20
Ibid.
21
Ibid.

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cultural promovido e incitado por un renovado sistema educativo y


por el proceso de profundización democrática» 22.
Sin embargo, el diseño de la transición a escala nacional entró en
conflicto con esta perspectiva regional y local, y terminó por impo-
nerse el diseño de una elite central sobre el poder local que excluía la
deseada participación ciudadana y que daba continuidad a la política
económica desplegada desde los tiempos de dictadura. Algo que, par-
ticularmente en esta región, se expresó en los efectos de la bajada de
aranceles para la importación de carbón, con el fortalecimiento de la
apertura de la economía en la inserción internacional. Todas estas
medidas, junto con la cancelación de las bases de la estrategia de de-
sarrollo adoptada, potenciaron una continuidad de la política econó-
mica post-dictadura que profundizó mucho más la crisis del carbón y
la crisis de impacto sobre el medio ambiente y, de paso, transformó la
pobreza y el desempleo regional en un problema estructural en la
región, hasta nuestros días.
La crisis del sector minero carbonífero se remonta a la crisis eco-
nómica de 1982-1983, y la falta de competitividad se agravó con la
bajada de aranceles de importación de carbón en el año 1990, que
bajó del 16 al 10 por 100. Con estos bajísimos aranceles, los competi-
dores extranjeros apostaron por reducir los precios de venta. El ejem-
plo de Colombia es uno de estos casos particulares, que logró bajar de
cincuenta a cuarenta dólares la tonelada del carbón, dejando a las
empresas carboníferas nacionales sin ninguna posibilidad de compe-
tir ante estas evidentes desventajas. Como parte de las consecuencias
de las medidas mencionadas, durante 1992, más de tres mil seiscien-
tos mineros fueron despedidos de las empresas: «Tres mil seiscientos
ochenta y tres mineros, se marcharon durante 1992 de las tres grandes
empresas mineras del carbón, ENACAR, Schwager, y CARVILE»,
informó el secretario regional ministerial de Minería, Juan Pablo
Astudillo» 23. Éste fue el «comienzo de un sinfín de eventos» que ven-
drían a terminar con este sector de la minería del carbón, histórica-
mente tan importante desde el aspecto productivo, como desde el
cultural, para Concepción y la región del Bío-Bío. Durante los años
22
«La región del Bío-Bío a un paso del año 2000», El Sur, entrevista al intenden-
te regional Adolfo Veloso en edición aniversario del Diario Regional, 15 de noviembre
de 1991.
23
Entrevista al secretario regional ministerial de Minería, Juan Pablo Astudillo,
El Sur, 17 de diciembre de 1992.

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venideros se terminaron de cerrar el resto de empresas mineras, fini-


quitándose el empleo para dos comunas claves de la región, como son
las de Lota y Coronel, que permanentemente lideran el ranking en
índices de desempleo y pobreza a nivel nacional.
El problema ambiental también alcanza su crisis en la región. Hay
que considerar que ésta es una región con importantes cuencas hidro-
gráficas, que abarcan más de la mitad de la superficie regional (24.260
kilómetros). La contaminación de las aguas y ríos por el desarrollo
indiscriminado y sin control de algunos sectores productivos se trans-
forma en un problema mayor para los impactos ambientales de las
cuencas: «El desarrollo económico e industrial de la región del Bío-
Bío, ha sido hasta hoy gracias al río Bío-Bío. Si continuamos contami-
nándolo estamos matando la fuente de la riqueza, y ¡aún estamos a
tiempo...!» 24.
La Comisión Regional del Medio ambiente (COREMA), junto con
la Intendencia Regional, publicaron en 1992 un estudio titulado Recur-
sos y contaminación en la Región del Bío-Bío en el que se señalaba que
la región «presenta hoy serios problemas de contaminación que están
degradando sus recursos naturales y afectando la calidad de vida de sus
habitantes» 25. Otro conflicto central ambiental fue la instalación de la
Central Hidroeléctrica PANGUE, S. A., en el interior del río Bío-Bío,
en territorio de pueblos originarios Mapuche-Pehuenche. El proyecto
de la central hidroeléctrica PANGUE, S. A., que realizó la empresa de
Electricidad ENDESA, inundó quinientas hectáreas de superficie de
las comunidades indígenas pehuenches y, con ello, cementerios sagra-
dos de sus antepasados. Esta presa se diseñó para producir 450 mega-
vatios como «presa de punta» 26, cuya puesta en marcha, según un estu-
dio del Centro EULA de la Universidad de Concepción, secaría
completamente el río en algunos periodos, en tramos de cinco a quin-
ce kilómetros, algo que también afectaría río abajo a numerosas pobla-
ciones y canales de regadíos, violándose el caudal mínimo.
24
Artículo de opinión de destacados expertos, técnicos y científicos en temas de
contaminación, entre ellos el doctor Óscar Parra, actual director del centro EULA,
Universidad de Concepción. Véase Tiempo Regional, 11 (1991), p. 7.
25
COREMA-INTENDENCIA REGIONAL: «Recursos y contaminación en la región del
Bío-Bío», Ediciones Intendencia Regional, 1992.
26
Central de punta es aquella que acumula agua durante un cierto lapso, secando
así el cauce aguas abajo. Central de pasada, aquella que genera electricidad en forma
continua con el caudal que ingresa al embalse, impidiendo que se seque el río.

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En la región, junto a sus organizaciones sociales respectivas, la


oposición a este proyecto fue tenaz, incluyendo la oposición del Par-
lamento 27. Entre muchas de las acciones para evitar la ejecución
del proyecto hidroeléctrico encontramos la de la Junta de Caciques
del Bío-Bío, que realizó una declaración, suponiendo la tramitación
en tribunales del respectivo recurso de protección en contra de
PANGUE, S. A.: «Rechazamos enérgicamente la construcción de la
Central PANGUE, S. A., y de la llamada Central Ranco, por ser pro-
yectos impuestos por la empresa privada con autorización del
gobierno. A este respecto no se nos ha consultado, ni menos infor-
mado, y sin embargo somos los directamente afectados con las inun-
daciones y los futuros desplazamientos» 28.
A pesar de la lucha de los organismos y los gremios sociales, de los
movimientos ecologistas del momento y del apoyo de los parlamenta-
rios de la región, el gobierno central impuso la construcción de las
hidroeléctricas, y con ello devino la serie de impactos no sólo ambien-
tales, sino también de aquellos que hoy determinan, poderosamente,
el conflicto étnico que subyace en la región.
El problema de la pobreza y el desempleo en la zona es otro de los
factores estructurales heredados y agravados durante la dictadura
militar, y la resolución de esta problemática durante los primeros
años de la Concertación ha sido muy lenta. La pobreza regional
observa una lenta disminución durante el gobierno de la Concerta-
ción de 1990-1994. No obstante, a nivel nacional, las estadísticas son
más positivas: bajó del año 1990 (40,1 por 100) a 1992 (32,7 por
100). En contraposición, el caso de la comuna de Talcahuano en la
región del Bío-Bío es paradigmático, pues en 1994 tenía 239.000
habitantes, y de ellos el 47,5 por 100 vivía en situación de pobreza.
Para el alcalde de la época, Leocan Portus, «es una contradicción
que, siendo este puerto el que genera casi la mitad de la riqueza para
27
La honorable cámara de diputados en Sesión núm. 56, del 18 de marzo de
1993, elaboró un proyecto de acuerdo que ordenaba revisar el proyecto Pangue. En
intervención del senador Mariano Ruiz Ezquide, del 5 de enero de 1993, se opuso al
proyecto por considerar que no cumplía los requisitos ambientales. El diputado Octa-
vio Jara W. intervino el 12 de enero del 1993 en la cámara de diputados oponiéndose
al proyecto debido a que la instalación de la hidroeléctrica iba a afectar a cinco mil
indígenas que vivían en el lugar.
28
«Declaración de la Junta de Caciques del alto Bío-Bío a las autoridades del
Estado de Chile y a la opinión pública», Santiago de Chile, 9 de diciembre de 1992.

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la región del Bío-Bío, tenga un 47,5 por 100 de habitantes en condi-


ciones de pobreza» 29.
Durante 1994, un total de 28 comunas, de las 48 de la región, fue-
ron incluidas en el listado de comunas prioritarias del programa
nacional de superación de la pobreza que, a nivel nacional, incluía
56 30. El desempleo regional, hacia 1994, rondaba el 7,4 por 100 de
una fuerza de trabajo regional de un total de 641.000 habitantes.
Pero en algunas comunas el índice de desempleo alcanzaba las dos
cifras, con un índice cercano al 16 por 100 en comunas como Lota y
Coronel, que se resentían de los efectos de la crisis del carbón 31.
Estos dos problemas impiden que el crecimiento económico regional
sea sostenible, porque las exportaciones de la región (centradas prin-
cipalmente en productos del sector forestal y pesquero) están basa-
das en explotación de recursos naturales y con poco valor agregado.
Además, los costos ambientales para la región son muy altos, por la
contaminación costera y por la evacuación de aguas servidas. Tam-
bién, a ello, se añade el bajo valor de los salarios. En definitiva, habla-
mos de una región con altas brechas de desigualdad, con una minoría
de habitantes de gran poder económico y una mayoría muy empo-
brecida, producto de una histórica desigualdad en la distribución de
los ingresos 32.

29
El Sur, 15 de noviembre de 1994.
30
El Sur, 20 de septiembre de 1994.
31
UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN: «La desocupación regional aún por sobre los
índices nacionales», Informe Económico Regional, 19 (1994), pp. 21-27.
32
En Chile, la mala distribución del ingreso no se ha alterado en los veinte años
de gobiernos de la Concertación. Hoy, en los hogares chilenos, el 20 por 100 más
rico percibe el 56,5 por 100 del ingreso nacional, y el 20 por 100 de los hogares más
pobres el 3,9 por 100. La reducción de la pobreza a nivel nacional del 45 por 100 en
1987, al 19 por 100 en 2005, se debe principalmente al creciente fortalecimiento de
las políticas sociales y el aumento en gasto social. Cerca del 70 por 100 del presu-
puesto nacional se emplea en políticas sociales de apoyo a la educación, salud, jó-
venes, niños, mujeres, tercera edad, personas con discapacidad, población indíge-
na, etcétera, logrando de esta forma paliar los efectos de la políticas económicas
sin alterar la distribución del ingreso. Actualmente en Chile, según la encuesta
CASEN 2006, el 70 por 100 de la población vive con un sueldo de menos de 324.000
pesos (435 euros), y el 30 por 100 de la población vive con un sueldo de más de
324.000 pesos.

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Los actores sociales en la construcción democrática

La lucha contra la dictadura en Concepción estuvo marcada por la


presencia activa y decidida de actores políticos diversos, como los
partidos políticos de centro-izquierda, los movimientos sociales,
diversas formas de organización por parte de la ciudadanía y organi-
zaciones no gubernamentales. También, de alguna forma, contó con
la presencia reactiva de un empresariado industrial, de larga tradición
en la región, que tuvo discrepancias con la dictadura desde una pers-
pectiva más regionalista, y que se vio afectado por una política eco-
nómica neoliberal que no le favoreció en absoluto y por la difícil
situación local a la que tuvo que enfrentarse desde la crisis económi-
ca de 1982, cuando la región pierde aproximadamente 8.000 empleos
industriales. El empresariado regional mantendrá durante los años
noventa importantes conflictos con el poder central, producto de una
política económica neoliberal que se ha visto fortalecida en la transi-
ción, privilegiando la llegada de productos importados a un menor
coste que los que se producen en la región.
Durante el inicio del primer gobierno de la Concertación, estos
actores económicos, y los actores sociales mencionados, van a entrar
en fuerte conflicto con el gobierno debido a la falta de acciones de
democratización. El siguiente ejemplo es ilustrativo de lo que veni-
mos exponiendo: CORBIOBIO (Corporación de la Región del Bío-
Bío), institución que agrupa universidades, empresas regionales, gre-
mios y asociaciones, cumplió diez años de existencia en 1994. Es una
institución que nace con un claro sentido regionalista, y se propone,
para el periodo, «superar la pobreza, modernizar el Estado, y lograr
un desarrollo sustentable y equitativo» 33. Por ello su presidente,
Claudio Lapostol, señalaba: «en el plano político, lo más importante
es que los dirigentes de los partidos han aceptado que esto de regio-
nalizar y descentralizar es fundamental para lograr el desarrollo
social... hoy hay en el país conciencia de que una cifra importante de
personas, vive en la extrema pobreza» 34.
La descentralización y la modernización del Estado han sido tareas
muy lentas, aún pendientes en la sociedad chilena. Por esta razón, esta
33
LAPOSTOL, C.: «Hay más líderes regionalistas», Revista Tiempo Regional, 37
(1994), pp. 27-28.
34
Ibid.

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organización regionalista se va a ver debilitada con el tiempo. En su


periodo de surgimiento, CORBIOBIO llegó a contar con una revista
regionalista de circulación mensual, Tiempo Regional, que expresaba
la voz y los temas relevantes para la región ante el poder central.
Por su parte, el movimiento sindical, que se había visto severamen-
te afectado en su capacidad negociadora y de defensa de los intereses
de sus asociados durante la dictadura (la tasa de sindicación descendió
del 34,2 por 100 en 1970, a 8,6 en 1983), tuvo que hacer frente, en el
periodo de la transición, a varios conflictos sociales en Concepción,
tales como los efectos de las crisis de la industria del carbón, del calza-
do, y de la industria pesquera. El entonces presidente provincial de la
Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en Concepción comunicaba a
la prensa regional la conflictiva situación vivida: «Tenemos infinidad
de empresas que pasan por malos momentos, por lo que estamos eva-
luando la situación ante la duda y desconfianza de los trabajadores por
la posibilidad de perder sus empleos. Va a llegar el día en que vamos a
tener mucha más gente en las calles que hasta ahora. Si en la última
marcha tuvimos tres mil trabajadores, que no quepa la menor duda de
que en la siguiente movilización van a ser muchos más» 35.
Durante este periodo inicial del cambio político, los partidos polí-
ticos comenzaron a tomar distancia y a alejarse del movimiento sindi-
cal 36, desarrollando dos mecanismos centrales de acción: no apoya-
ron sus demandas sociales y/o no intermediaban con el gobierno de la
Concertación. En su entrevista, una líder sindical manifiesta:

«Soy demócrata cristiana, soy una dirigente social muy decepcionada de


los partidos políticos en general y de los políticos, diría también. A veces, se
dice que los trabajadores querían todas las soluciones de inmediato, pero no
es verdad. Queríamos cambios, que se vieran muchos más cambios favora-
bles a los trabajadores. Hoy día, los compañeros, te hablo de todos los parti-
dos políticos en general, están donde están, gracias a nosotros».

La dirigencia sindical, durante este periodo transicional analiza-


do, es un actor social que empieza a hacerse invisible, sin canales rea-
35
Entrevista a Antonio Deij, presidente provincial en Concepción de la Central
Unitaria de Trabajadores (CUT), El Sur, 26 de diciembre de 1994.
36
Entrevista a María Luisa Burgos, dirigente sindical de la Universidad Católica de
Chile, Consejera de la CUT Regional-Concepción (1991), en ROJAS, J.: «El movimiento
sindical chileno en la transición a la democracia», Proposiciones, 22 (1993), p. 60.

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les de diálogo con el gobierno, con los empresarios y con sus propios
partidos políticos. De esta forma se aprecia la existencia de una ten-
sión entre «el ser militante de partidos de la Concertación y la repre-
sentación del dirigente sindical»: «... también esta situación se debe
en buena medida a la actitud asumida por la dirigencia nacional del
movimiento sindical. Yo creo que ha sido una actitud bastante reser-
vada, respecto a como enfrentar este periodo de transición. No ha
habido una actitud clara al respecto: de repente se confunde un poco
el cuidar el proceso de transición a la democracia, con lo que son los
intereses de los trabajadores. Una cuestión es ser militante de un par-
tido que está hoy día en la Concertación del gobierno, y otra es ser
dirigente sindical con representación» 37.
En la percepción de la evolución de la política y la acción sindical,
los líderes sindicales pronostican: «Creemos que en el futuro la CUT
deberá considerar su propia fuerza, sin esperar apoyo de partidos o del
gobierno» 38. Durante la dictadura, los dirigentes de los trabajadores
convocaron, en nombre del movimiento sindical, una serie de movili-
zaciones sociales —en las que tuvieron un rol protagonista— que
pusieron fin a la misma y, así, el nuevo gobierno de la Concertación se
sintió como propio. Sin embargo, los acuerdos del gobierno con el
empresariado, a nivel nacional, lograron mayor fuerza, lo que contribu-
yó a aislar y debilitar el movimiento sindical. Esta serie de consecuen-
cias y episodios van a hacer más difícil el poder generar organizaciones
sociales sólidas, por la falta de apoyo del gobierno a los esfuerzos de sus
aspiraciones gremiales. En su historia de vida, una de las responsables
de la Vicaría de la Pastoral Obrera de Concepción, confirma:

«Yo estuve muchos años en la pastoral obrera, y fue mucho mas fácil para
nosotros formar sindicatos durante la dictadura. Entonces, la participación
de la gente en las actividades era muy buena. Por ejemplo, la participación en
las escuelas de verano y de invierno, fácilmente llegábamos a 1.400 personas
inscritas. Durante la época de transición fue disminuyendo la participación
poco a poco. Y hoy, simplemente, ya no se hacen por falta de interesados» 39.

37
Entrevista a Roberto Caro, presidente de la Federación de Trabajadores de la
Bebida y Consejero de la CUT Regional-Concepción (1991), en ibid., p. 61.
38
Entrevista a Arturo Deig, presidente provincial de Concepción de la Central
Unitaria de Trabajadores (CUT) (1990), en ibid., p. 60.
39
Testimonio oral recabado por el autor de Edith Márquez, responsable de Capa-
citación Sindical, Vicaría de la Pastoral Obrera de Concepción.

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Los gobiernos de la Concertación, en la década de los noventa,


tampoco realizaron reformas significativas en temas de leyes labora-
les. El código laboral permaneció con las mismas dificultades para
formar sindicatos, algo que impedía la negociación colectiva. Con la
persistencia de la política económica cuidando los equilibrios macro-
económicos, el gobierno de la Concertación, en los primeros años de
la transición de la dictadura a la democracia, estuvo más pendiente de
no irritar al empresariado ni de crear incertidumbre económica que
de apostar por reforzar el movimiento sindical. Las razones por las
cuales no se destinaron fondos significativos a la sindicalización y a la
capacitación pueden extraerse de los testimonios de los dirigentes
sindicales: «El movimiento sindical y el movimiento poblacional, que
fueron precisamente los movimientos que tenían más actoría política
en el periodo dictatorial, fueron muy golpeados. Ahora, yo creo que
el gobierno tenía muy buena disposición para trabajar con las muje-
res, con los ambientalistas, con los grupos culturales, y por ello se
crearon fondos de apoyo para promover este tipo de actividades, pero
muy poco o nada para fortalecer el movimiento sindical» 40. En defi-
nitiva, la dirigencia política de la Concertación no se planteó una
alternativa al modelo vigente; se conformó con pequeñas reformas
que consolidaban el sistema político y económico heredado, abando-
nando así al movimiento sindical 41.
También las organizaciones no gubernamentales, las ONG, que
habían contribuido de forma importante a la construcción de la socie-
dad civil durante la dictadura y a la reconstrucción del tejido social,
entraron muy pronto en conflicto con las políticas sociales del gobier-
no, por su carácter asistencialista, que no crea movimiento social
cuando se centra y concentra en un enfoque de abordaje de las nece-
sidades humanas individuales y no en las demandas sociales que des-
cansan en una organización territorial.
El movimiento de pobladores y el de los estudiantes comienza, en
cambio, a cobrar cierta fuerza, debido a la falta de protagonismo de
40
Testimonio oral recabado por el autor de Mauricio Laborde, dirigente sindical
y ONG, ex director del Servicio de Estudios Regionales.
41
GOICOVIC DONOSO, I.: «Refundación del capitalismo y transición democrática
en Chile (1973-2004)», Historia Actual Online, 10 (2006), pp. 7-16. El autor señala
que se ha debilitado el movimiento social que abrió las puertas a la democratización y
que la desilusión y la impotencia no han incubado nuevas alternativas políticas que
contribuyan al fortalecimiento del Estado democrático en Chile.

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los movimientos sindicales y otros tradicionales. Y son estos nuevos


actores los que se empiezan a visibilizar en el escenario regional
durante los primeros años de la transición democrática en Concep-
ción: «Yo voy hablar del movimiento vecinal. En este sentido ha sido
muy importante el proceso de democratización de las juntas de veci-
nos que se inicia a partir de los años noventa, y que significó la demo-
cratización de todas las juntas de vecinos y la creación de nuevas, en
sectores donde no existían. Surgiendo así nuevos procesos de identi-
dad y nuevos tipos de organización» 42.
La reaparición de los jóvenes en el escenario político se efectuó a
través de diversas organizaciones juveniles que se coordinaron entre
sí contra el Servicio Militar Obligatorio heredado de la dictadura
militar. Se fueron desarrollando importantes campañas para reunir
las cien mil firmas en contra del Servicio Militar Obligatorio, donde
las organizaciones hicieron pública su intención de poner fin a la cen-
tenaria institución, a este impuesto deber para los jóvenes varones,
especialmente para los provenientes del mundo popular 43. También
reaparecen las movilizaciones estudiantiles a través de universidades
locales-regionales, poniendo en la demanda el tema de la financiación
pública de las universidades, las becas de estudio y, en general, las
necesidades de mejora de las condiciones que ofrecen las universida-
des a sus nuevos alumnos 44. Estas dos manifestaciones de moviliza-
ción colectiva logran «reencantar» a los jóvenes frente al desencanto
político de la inicial transición 45, si bien de forma coyuntural.
42
Ponencia de la dirigenta vecinal Delia Fuentes, presidenta de Unidad Vecinal
31-B Vegas de Nonguen, Concepción, en «Foro de dirigentes sociales», celebrado
durante la escuela de invierno Reencuentro con Chile, 26 de agosto de 1993.
43
El Sur, 25 de abril de 1994.
44
La actividad estudiantil en la ciudad de Concepción ha sido muy dinámica, tan-
to durante como después de la dictadura. Su trayectoria desde la transición en MEZA
SÁNCHEZ, A. R. M.: «Un tropezón no es caída. Historia del movimiento estudiantil en
la Universidad de Concepción (1990-2000)», en ALFARO MONSALVE, K., et al.: Histo-
ria sociopolítica del Concepción Contemporáneo. Memoria, identidad y territorio, Con-
cepción, Taller de Ciencias Sociales «Luis Vitale», 2006, pp. 199-256.
45
Desencanto traducido en despolitización de amplios sectores de la ciudadanía,
sobre todo de jóvenes, como analiza RIQUELME SEGOVIA, A.: «¿Quiénes y por qué “no
están ni ahí”? Marginación y/o automarginación en la democracia transicional. Chile,
1988-1997», en DRAKE, P., y JAKSIC, I. (comps.): El modelo chileno. Democracia y de-
sarrollo en los 90, Santiago de Chile, LOM, 1999, pp. 261-280. Como indica el autor,
en las elecciones parlamentarias de diciembre de 1997 en Chile, alrededor de un
millón y medio de potenciales votantes no participaron en la elección al no inscribirse

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A partir de marzo de 1990, la clase política progresista asumió su


quehacer político de construir la democracia bastante desligada de las
organizaciones sociales, y, al parecer, por los indicadores políticos,
económicos y sociales que ilustran el proceso de transición en Con-
cepción y la región del Bío-Bío, no tuvo como referentes y objetivo la
construcción de una democracia participativa ni un cambio en las
condiciones estructurales del país.

Los Derechos Humanos: la lucha continúa desde la sociedad civil

Durante la dictadura militar (1973-1990), los defensores de los


derechos humanos y los depositarios de la memoria fueron militantes
de izquierda, partidos políticos de izquierda y organizaciones de
derechos humanos de la sociedad civil. Con el inicio de la transición
(1990-1994), en la región del Bío-Bío continuó firme esta lucha entre
los enclaves autoritarios que bloqueaban la transición y los esfuerzos
por derogar la Ley de Amnistía. Durante este periodo inicial, en la
ciudad de Concepción y en la región, el énfasis puesto en este tema
estuvo marcado por las temáticas del exilio, los «retornados», la cons-
trucción del primer monumento de derechos humanos en Concep-
ción y en Chile, el intento del gobierno de Aylwin por lograr una Ley
de Punto Final y la lucha contra la impunidad. Son estos hechos los
que marcan los acontecimientos en la lucha por los derechos huma-
nos 46, especialmente en Concepción y sus alrededores, uno de los
lugares más golpeados por la represión dictatorial, región reconocida
como núcleo de organización del movimiento obrero (carbonífero e
industrial), de un poderoso movimiento estudiantil universitario y
donde el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario) catapulta
sus principales cuadros.

en el registro electoral, mayoritariamente eran jóvenes entre dieciocho y veintinueve


años, una actitud marcadamente generacional. Riquelme Segovia sostiene que «la per-
cepción predominante en significativos sectores de la ciudadanía respecto a la impo-
tencia de las instituciones representativas existentes frente a los llamados poderes fác-
ticos ha incidido poderosamente en su conducta de ponerse al margen de los procesos
políticos de la democracia transicional», en ibid., p. 278.
46
Mientras, el contexto nacional chileno vendrá marcado por la tensión entre el
gobierno y la sociedad civil, debido a que el Estado buscó establecer una historia oficial
a través de comisiones especiales: Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (1991),
Mesa de Diálogo (2000) y Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura (2004).

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El evento regional llamado «Reencuentro con Chile», que tuvo


lugar el 25 de agosto de 1993, en la Universidad de Concepción, es el
primer encuentro de exiliados que logra convocar a los jóvenes en
Concepción:

«Este encuentro viene a soldar el diálogo de dos generaciones entre los


jóvenes de hoy y la generación que ha vivido proyectos de esperanza y pro-
cesos de dolor, producto del exilio y la distancia, y la violación de los dere-
chos humanos durante la dictadura. En los años ochenta, hubo un enorme
esfuerzo de la sociedad civil chilena —especialmente de los pobres de Chile
y de sus organizaciones y el trabajo de tantos exiliados en la solidaridad inter-
nacional— por conquistar el camino a la democracia» 47.

Entre los asistentes e invitados a este «Reencuentro con Chile» en


la Universidad de Concepción se contó con la presencia de dos
ex ministros emblemáticos del presidente Salvador Allende, como lo
fueron don Edgardo Enríquez, ex rector de la Universidad de Con-
cepción, que impulsó la reforma universitaria del año 1970, y
ex ministro de Educación en el momento del golpe militar; y don Jac-
ques Chonchol, ministro de Agricultura, que profundizó la reforma
agraria dignificando al campesinado, ministro en ejercicio durante el
golpe de Estado del año 1973, ambos exiliados. Edgardo Enríquez
expresó así su consideración y percepción sobre el exilio vivido:

«El exilio chileno se distinguió y prestigió al Chile democrático que lo


había formado y preparado. De nada sirvieron las campañas montadas por la
dictadura que pretendieron presentarlos como peligrosos criminales y terro-
ristas. En los países que visitaba encontré en universidades y centros de estu-
dios chilenos y chilenas, también desterrados desde hacía tiempo, cursando
maestrías y doctorados, haciendo investigaciones, desarrollando tesis, dando
clases y conferencias, asistiendo a hospitales y laboratorios, etcétera. Los que
ya hemos retornado y quienes lo hagan en el futuro, venimos a cooperar, a
ayudar, a enseñar lo que aprendimos y adquirimos, no a rivalizar con nadie.
Mucho hemos sufrido en todos estos años, no queremos inquietar ni provo-
car dolor alguno a quienes también sufrieron en el interior de Chile» 48.

47
CASTRO, B.: «Discurso inaugural», en «Encuentro con Chile», Universidad de
Concepción (Chile), 25 de agosto de 1993.
48
ENRIQUEZ, E.: «Discurso y saludo», en «Encuentro con Chile», Universidad de
Concepción (Chile), 25 de agosto de 1993.

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El ex ministro de Agricultura, Jacques Chonchol, expuso sus


impresiones respecto al reencuentro con el país y sus gentes: «Chile
está olvidando lo que ha sido su historia, dado que no conoce lo que
realizó en Chile el Gobierno de Salvador Allende, o lo conoce tergi-
versado» 49, y agregó: «... veo un gran alivio de la gente por haber
recuperado la libertad, pasó el miedo de que lleguen los soldados en
la noche y arrasen con la gente» 50.
Durante el inicio del gobierno del presidente Aylwin se creó la
Oficina Nacional de Retorno, regresando al país sesenta mil chile-
nos 51. Esta oficina cerró el 20 de agosto de 1994, quedando todavía
700 mil chilenos exiliados que esperaban su retorno al país 52.
También en este periodo se realiza en Concepción el primer
monumento de Chile de homenaje a los caídos en dictadura militar,
organizado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios ITATA y la
Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. «Están
dispersos en las raíces de la patria» fueron las palabras que inaugu-
raron el monumento a la memoria colectiva, en los Jardines de la
Universidad de Concepción. Este monumento expresaba el esfuerzo
de las organizaciones sociales, sindicales y de derechos humanos por
crear una obra que fuera un homenaje a los 58 estudiantes ejecutados
políticos y detenidos desaparecidos de la Universidad de Concep-
ción, producto de una creación colectiva en el diseño y la ejecución a
cargo del escultor Lautaro Labbé, a modo de perpetuar la memoria 53.
Esta necesidad de perpetuar la memoria la expresa Marta Godoy,
presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos,
en los siguientes términos: «Porque la memoria es mantener en la
mente de la gente a personas que fueron mártires y muchas veces
héroes que lucharon contra la dictadura» 54.
La lucha contra la Ley de Punto Final que trató de imponer el
gobierno en 1993, y la lucha contra la impunidad marcan en Concep-
49
Entrevista por su visita al «Encuentro con Chile», Universidad de Concepción
(Chile), del 26 de agosto de 1993, recogida en el Diario El Sur.
50
Ibid.
51
La Nación, 3 de agosto de 1994.
52
La Nación, 24 de enero de 1994.
53
Véase el texto de Mario Garcés en este mismo dossier sobre la problemática de
la Memoria en Chile.
54
Testimonio oral, recabado por el autor, de Marta Godoy, presidenta de Agru-
pación de Familiares de Ejecutados Políticos, Concepción (Chile).

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ción el fin del primer gobierno de la Concertación. El proyecto de ley


proponía poner fin a los juicios sin garantizar el establecimiento de la
verdad, y menos la justicia, lo que generó la oposición del Partido
Socialista y de las organizaciones de derechos humanos. Así lo recuer-
da en su entrevista de vida la presidenta de la Agrupación de Familia-
res de Detenidos Desaparecidos de la región del Bío-Bío:

«Se intentó dictar la primera ley de impunidad en el gobierno democrá-


tico, que fue la llamada Ley Aylwin, el objetivo era terminar con todos los
procesos, acelerar y entregar a los familiares una información de nuestros
familiares, como en qué lugar habían muerto, y punto, dando por terminado
el caso. Nosotras hicimos huelgas de ayuno, no fueron huelgas de hambre, y
presionamos y logramos, por fin, que el presidente Aylwin retirara este pro-
yecto de ley» 55.

La lucha contra la impunidad, por hacer justicia, siguió siendo


una tarea importante de la sociedad civil y de las organizaciones de
derechos humanos: los presos políticos, el 11 de marzo de 1990, eran
350 en las cárceles de Chile 56. Es importante enunciar que también se
comprobaron casos de tortura (140) durante el periodo de transición
1990-1994, la gran mayoría cometidos por carabineros de Chile 57. En
55
Testimonio oral, recabado por el autor, de Mercedes Sánchez, presidenta de la
Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Región del Bío-Bío. El estu-
dio y trayectoria de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Con-
cepción (AFDD Concepción), organización formada principalmente por mujeres que
asumieron la tarea de recuperar a sus familiares en un amplio movimiento antidicta-
torial, en ALFARO MONSALVE, K.: «De la memoria a la política. Génesis de la Agrupa-
ción de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Concepción (1978-1983)», en
ALFARO MONSALVE, K., et al.: Historia sociopolítica..., op. cit., pp. 165-197.
56
Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC), Santiago de Chi-
le (1994), y diario La Época, 22 de enero de 1994.
57
COMITÉ DE DERECHOS DEL PUEBLO (CODEPU): «Informe de Derechos
Humanos, 1990-1994», Santiago de Chile (1994). Sobre esta problemática Pedro
Rosas señaló: «La lucha y acción política juvenil, rebelde y clandestina, que se prolon-
gó más allá del arribo formal de la democracia, tuvo como respuesta una acción repre-
siva global por parte de los gobiernos de la concertación. El resultado de la política de
“pacificación” de los grupos rebeldes y de “seguridad ciudadana” para combatir la
delincuencia subversiva arrojó, entre 1990 y 1994, además de los 140 casos de tortura,
96 muertes en procedimientos policiales. En el mismo periodo habían sido detenidas
170 personas por actividades de motivación política, la mayoría tenían entre dieciocho
y veintitrés años, y siendo catalogados de terroristas, se les aplicó un “régimen espe-
cial” de tratamiento político-jurídico y penitenciario y el internamiento en una cárcel

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este periodo se condenó a Manuel Contreras, director de la DINA


(Dirección de Inteligencia Nacional, durante la dictadura militar), y a
Pedro Espinoza. El primero, como autor intelectual del homicidio del
ex canciller chileno Orlando Letelier, ocurrido en Washington, y el
segundo, como coautor del homicidio. Esta condena se dictó gracias
a la presión de Estados Unidos, que dejó fuera de la Ley de Amnistía
este homicidio.
El caso de Carmelo Soria tuvo tintes distintos. Para el caso de la
muerte del diplomático español, asesinado por agentes de la DINA al
inicio de la dictadura militar, se aplicó la Ley de Amnistía, generando
un repudio nacional e internacional frente al hecho: «El gobierno
español examinará con la familia Soria las posibilidades de apelación
a la Corte Suprema en Chile» 58, explicó el portavoz de asuntos exte-
riores del gobierno español. Al mismo tiempo, el secretario regional
de la ONU, Boutros-Ghali, mencionó que «la ONU se siente afecta-
da por el crimen de Soria» 59.
La conquista de mayor justicia se expresa en la circunstancia de
que, a fecha de 31 de diciembre del 2008, en los tribunales de Justicia
de Chile existían 338 procesos judiciales en curso relativos a 1.128 víc-
timas 60. Los derechos humanos siguen siendo un tema pendiente de la
transición, como el esclarecimiento de la verdad y, en algunos casos, la
aplicación de justicia a pesar de algunos avances, además de la puesta
en marcha de «programas de reparación» realizados por el gobierno 61.

de alta seguridad donde se concentró a los entonces jóvenes integrantes del FPMR,
Lautaro y del MIR». La liberación de los presos políticos sólo sería posible tras apro-
barse dos proyectos de ley durante el año 2004 y 2005. Véase ROSAS ARAVENA, P.:
«Jóvenes, rebeldes y armados. Una mirada a la identidad y la memoria de los jóvenes
rebeldes durante la transición», Revista de Historia Social y de las Mentalidades, 12-2
(2008), pp. 90-122.
58
La Nación, 31 de diciembre de 1993.
59
La Nación, 19 de marzo de 1994.
60
NACIONES UNIDAS, CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS: Informe nacional pre-
sentado de conformidad con el párrafo 15 A) Anexo de la resolución 5/1 del Consejo de
Derechos Humanos, Chile, 2009.
61
Las medidas de reparación del Estado de Chile han consistido, en esencia, en
que entre el 2000 y 2008 se han destinado, aproximadamente, 113 millones de dólares
a pensiones de reparación para los familiares de ejecutados políticos y detenidos de-
saparecidos. Además, entre 2005 y 2008 se han entregado más de 103 millones de
dólares, a través de bonos, a hijos de estas víctimas que no habían recibido reparación
o la habían recibido parcialmente. En el mismo periodo, las pensiones para las vícti-
mas de prisión política y tortura han ascendido a más de 195 millones de dólares.

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Conclusión

Chile, país de alto centralismo y de actuaciones homogeneizado-


ras, impuso un diseño de transición a escala nacional, al tiempo que la
elite central lo hizo sobre el poder local y regional que, en el caso de
Concepción y la región del Bío-Bío, y a pesar de sus esfuerzos en pos
de construir ejes particulares de desarrollo regional y de reconstruc-
ción después de la dictadura, devino finalmente en una situación don-
de la posición de Santiago de Chile, la capital, y del Estado central,
marcó la relación de dominio respecto a la transición con esta región
y su capital, Concepción. La Estrategia de Desarrollo de la Región con-
templaba, entre otras, el dinamismo sociocultural y la profundización
democrática a partir de la potenciación de la sociedad civil, pero la
transición en Chile y, en consecuencia, en Concepción, no interpretó
a los sectores populares; los canales de participación fueron pocos y
poco expeditos; los temas y términos del debate no profundizaron en
la situación real del país y la región; y las organizaciones sociales-
populares estuvieron cada vez más excluidas del quehacer político y
económico, procesos que coadyuvaron al fenómeno de una gran apa-
tía generalizada. El tejido social en la sociedad civil penquista apare-
ce desarticulado, con un movimiento sindical débil y con mujeres y
jóvenes desdibujados por no tener participación, generando así un
sujeto social diverso y heterogéneo. Frente al declive de estos agentes
sociales, los partidos políticos han asumido «un rol protagónico que
no guarda relación con el rol y protagonismo que tuvo el movimiento
social antes que asumiera el gobierno de la Concertación; es más,
existe una división cada vez más evidente entre la clase política y la
sociedad civil y sus organizaciones» 62. En definitiva, aparece una ar-

Entre 1996 y 2008, la reparación económica para los exonerados políticos ha alcanza-
do más de 1.205 millones de dólares. En total, el esfuerzo del Estado en los periodos
señalados ha superado los 1.600 millones de dólares. Información extraída de NACIO-
NES UNIDAS, CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS: Informe nacional..., op. cit. Para más
información véase la memoria de licenciatura de GONZÁLEZ TARIFEÑO, F: «Derechos
humanos, ayer y hoy en Chile. Comparación de la situación de los derechos humanos
desde la dictadura hasta nuestros días, y sus efectos en las personas dañadas», dirigi-
da por Bernardo Castro Ramírez en el Departamento de Sociología y Antropología,
Universidad de Concepción (Chile), 2009.
62
CASTRO, B.: El desarrollo regional desde el mundo social, Concepción, Centro
ITATA-Centro Interdisciplinario de Estudios y Desarrollo Regional, 1992, p. 190.

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ticulación muy fuerte entre el Estado, partidos políticos concertacio-


nistas y empresariado, que va a caracterizar la gobernabilidad duran-
te el periodo de transición, donde el movimiento social, durante el
gobierno del presidente Patricio Aylwin, figura muy desdibujado y sin
protagonismo social. El déficit de la transición, la desmovilización al
final de estos cuatro años, se extiende hasta nuestros días, problemá-
tica sólo analizada por algunos dirigentes de la Concertación en un
balance de veinte años de su existencia, en el que destaca la manifes-
tación del dirigente del Partido Socialista, Germán Correa, ex minis-
tro del Interior durante el año 1994:

«Un ciudadanía que quería ser y hacer, la dejamos en cambio en la gale-


ría; como observadora de lo que hacíamos, de cómo reconstruíamos la demo-
cracia reconquistada y no como actor central, tal como lo había sido para
poner fin a la dictadura. [...] Dejamos así a la Sociedad Civil mirándonos por
la ventana. Es desmovilización, es lo que muchos han señalado como el gran
déficit de participación ciudadana que tuvo la reconstrucción de la demo-
cracia [...]. Los partidos abdicaron transitoriamente de su función de canali-
zar las inquietudes y demandas sociales hacia el Estado y el gobierno, fueron
más bien apaciguadores de la demanda social [...]. Lo cierto es que sí hubo
déficit de la participación ciudadana, y así fue sentido por la gente» 63.

Esta misma gente en Chile se fue constituyendo, a lo largo de los


veinte años de gobierno de la Concertación, en una mayoría cultural
y políticamente progresista, si bien los déficits de la transición duran-
te estos años son tan profundos, a partir del diseño inicial de los cua-
tro primeros años, que se da la paradoja que hoy en el país, después
de cincuenta años, ha vuelto a triunfar un candidato presidencial de
la derecha 64.
63
BASCUÑAN, C.; CORREA, G.; MALDONADO, J., y SÁNCHEZ, V. (eds.): Más acá de
los sueños, más allá de lo posible. La Concertación en Chile, vols. 1 y 2, Santiago de Chi-
le, LOM, 2009.
64
El 17 de diciembre del 2010, Sebastián Piñera, empresario, candidato de la
derecha agrupada en la Coalición por el Cambio que abarca los partidos Unión
Democrática Interdependiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), que fueron el
soporte político durante la dictadura de Pinochet, ganó las elecciones presidenciales
con un 51,5 por 100 de los sufragios, frente al candidato del oficialismo, Eduardo Frei,
que obtuvo un 48,5 de los sufragios. Se da la paradoja de que la presidenta de Chile,
Michelle Bachelet, tiene una aprobación de su gestión del 80 por 100, y el gobierno de
la Concertación de un 60 por 100 y, sin embargo, triunfa la derecha.

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Las teorías de la transición parecen ser insuficientes para explicar


la falta de democratización de las sociedades a partir de la mirada de
los actores sociales. Por eso, desde esa mirada y desde la sociedad civil
se puede contribuir a la revitalización de las teorías de la transición y
a la reconstrucción democrática del espacio público 65, donde las
acciones locales y regionales, articuladas en una estrategia colectiva,
pueden generar un nuevo espacio público democrático.

65
Sebastián Cox sostiene que ni el Estado ni el mercado son capaces por sí solos
de enfrentar, y menos de superar, uno de los más urgentes desafíos de nuestras socie-
dades: el desarrollo sostenible, con equidad en democracia. La participación cons-
ciente, organizada y responsable de la ciudadanía y de la sociedad civil en los asuntos
de interés público se constituye así en elemento constituyente y esencial de la demo-
cracia. Y ello tanto en el plano local como nacional. Véase COX, S.: «Protagonismo
ciudadano y construcción de lo público: extensionismo jurídico y transformación
social», en LEÓN ARAVENA, J., et al. (eds.): Discursos y prácticas de ciudadanía. Debates
desde la región del Bío Bío, Hualpén, Universidad del Bío-Bío, 2006, pp. 147-155.

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