Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Facultad de artes (ASAB)
Artes escénicas
Laura Maria Blanco Mariño
Mirandolina regenta una posada, y por sus gracias y su ingenio gana, incluso sin quererlo, el
corazón de todos los que se alojan en su casa.
De tres extranjeros que se alojan en su posada, hay dos que están enamorados de la bella
hospedera, pero el caballero... siendo incapaz de tener apego a las mujeres, la trata groseramente
y se ríe de sus camaradas."
Mirandolina es constantemente cortejada por cada hombre que pasa por su posada, y de una
forma muy particular por el marqués de Forlipópoli, un aristocrático que no posee otra cosa más
que su título nobiliario, y por el conde de Albaflorida, un mercader que debido a su éxito en los
negocios ha pasado a formar parte de la nobleza. Los dos personajes representan los extremos de
la alta sociedad veneciana de aquel tiempo. El marqués, sosteniéndose en su honor, está
convencido que basta su protección para conquistar el corazón de una mujer. Por el contrario, el
conde, cree que así como ha comprado el título nobiliario, puede ganar el amor de Mirandolina,
dándole numerosos regalos. La astuta dueña de la posada, como buena comerciante, no se deja
llevar por ninguno de los dos hombres, dejando la esperanza de una posible conquista y sacando
provecho de la situación.
La llegada del caballero de Rocatallada, un alto aristocrático y un misógino, que desprecia toda
mujer, rompe el equilibrio instaurado en la hostería. El caballero, por su origen noble, se lamenta
del servicio de la hostería, da órdenes a Mirandolina y critica al marqués y al conde por rebajarse a
cortejar a una mujer común.
Para Mirandolina, aferrada a su orgullo femenino y no estando habituada a ser tratada como una
sierva, supone todo un reto y un divertimento conseguir que el caballero se enamore de ella.
Vienen a continuación a la posada dos cómicas que son la avanzadilla de una compañía. Van a
hacerse pasar en algunos momentos por damas de la nobleza, en parte para obtener algún trato
de favor, en parte por juego, inherente a su profesión; sin embargo no van a engañar a casi nadie,
porque ellas mismas no saben mantener su papel y descubren su condición por sus modales
excesivamente desenvueltos
Cuando el marqués está con el frasquito en la mano irrumpe en escena Deyanira (una de las
cómicas), a quien el marqués cree una mujer de la nobleza y para mostrar su magnificencia le
regala el frasquito, ponderando su valor, aunque él está convencido de que se trata de una
baratija. Aparece entonces el conde y, efectivamente, le dice que el caballero se ha enamorado de
Mirandolina y murmuran sobre el comportamiento de ella, sus desmayos y sus posibles favores al
caballero, mostrándose ambos ofendidos y celosos.
Una hermosa y coqueta posadera florentina es pretendida por un conde y un marqués, de los que
se burla constantemente. Además se añade al cortejo un caballero engreído que habla mal de las
mujeres y al que Mirandolina, la posadera, va a “castigar”, enamorándolo, para hacerle pagar
caras sus palabras. Al enredo se suman también dos cómicas que van a servir para poner de
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manifiesto la tacañería del marqués y la vulgaridad del conde. Cuando el caballero cae
en la trampa de Mirandolina y está loco de amor, ella se burla de él, dándole celos con Fabricio, un
criado de la posada, al que realmente ama. A su vez, el marqués y el conde sienten celos del
caballero porque creen que Mirandolina ha caído en sus brazos y al final se enzarzan los tres en
una especie de duelo. Finalmente, Mirandolina, deteniendo la cómica pelea, declara ante todos su
amor por su criado Fabricio y despacha a los tres pretendientes de la posada para que su marido
viva tranquilo y sin sospechas ni celos de ningún hombre.
Externos: La obra se sitúa en Florencia, Italia, y en una época coetánea a la del autor; es decir, en
el siglo XVIII, más concretamente en 1753. Ese fue el año del estreno de la obra. Parece evidente
que Goldoni quiso hacer una comedia rigurosamente contemporánea. Aparte del nombre de la
ciudad y la fecha, que aparecen en el epígrafe tras el título, no hay ningún otro dato espacial o
temporal citado en el texto. Tampoco referencias históricas o alusiones a personajes reales que
sirvan para conectar la comedia con ese momento histórico determinado.
DEYANIRA DEL SOL Y HORTENSIA DEL CERRO Se trata de las dos cómicas que juegan un papel
secundario en la obra. Ambas son de condición social baja pero para obtener beneficios, fingen ser
aristócratas
Deyanira es más insegura e indecisa que su compañera. Cuando van a hacerse pasar por nobles,
tiene miedo de que las descubran: “Llegarán nuestros compañeros y nos descubrirán”. Hortensia
es más decidida y lleva siempre la voz cantante: “Vamos, bobalicona. Qué pocos arrestos tienes.
Dos comediantas avezadas a representar en escena marquésas, condesas y princesas, ¿no van a
saberlo fingir en una posada?” Deyanira es menos agraciada físicamente, menos voluptuosa,
mientras que Hortensia es más atractiva.
Siempre aparecen en escena juntas y ofrecen un espectáculo cómico al fingir ser lo que no son.
Con sus aspavientos y sus equivocaciones, dejan claro su falta de educación y de elegancia, lo cual
produce un efecto de caricaturización realmente jocoso
Son pícaras y astutas, aunque no resultan, al menos Deyanira, demasiado buenas actrices.
Mirandolina ve rápidamente de qué clase social son y las considera como a iguales. “Total, que
comadres somos”. Pero ella misma quiere seguir la broma y se las presenta al marqués como la
baronesa Hortensia del Cerro y la condesa Deyanira del Sol. Cuaderno didáctico 127 © Adolfo
Lacunza Primero quieren congraciarse con el Marqués para que les haga regalos. Así dice
Deyanira: “¿No habría otro pañuelo igual en Florencia?”, pero en cuanto aparece el conde y se dan
cuenta de que es él quien tiene dinero, desprecian al marqués y buscan la amistad del conde,
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“interesadas” una vez más en el dinero. Para conseguir sus propósitos, se muestran
aduladoras.
Son pícaras, alegres y vitales. No tienen demasiados escrúpulos morales, ni consideran importante
su fama. El conde descubre su engaño, pero a ellas no les importa y siguen el juego.
Son dos personajes de carácter claramente cómico que dan ligereza y frescura a esta obra.
En este apartado de personajes nobles habría que incluir con sus matices a Deyanira y Hortensia,
las cómicas que se hacen pasar por nobles gracias al vestuario de sus comedias. Visten trajes y
pelucas con toques de exageración, lo que hace que Mirandolina las reconozca enseguida por el
tufo. En otras escenas, ambas visten ropa interior dieciochesca. Por cierto, visten dos de los
figurines de más laboriosa confección debido a la complejidad del patronaje de estos paños
menores tan sofisticados.
En cuanto a los personajes femeninos, Deyanira y Hortensia, las cómicas suplantadoras, como
trabajos interpretativos también son trabajos de composición. Reúnen el aliciente para las actrices
de su doble personalidad. Deberán mostrar un carácter altivo y ridículo cuando se hacen pasar por
damas distinguidas, y una personalidad franca y popular cuando muestren su verdadero ser.
Deberá valorarse la sobreactuación buscada de sus escenas como condesa y baronesa, la picardía
de las escenas galantes con el conde y su frescura en los momentos en los que aparece su carácter
popular.
Las dos actrices, Ortensia y Dejanira , podrían parecer una simple carga
cómica, una presencia marginal. En cambio, los dos personajes tienen una
función esencial porque vale la pena subrayar, por afinidad y contraste, el
motivo de la "comedia", del "recital" de Mirandolina. En un momento las
dos actrices intentan emular al posadero, tratando de seducir al Caballero,
pero inmediatamente son "desenmascaradas". Hortensias y Deyanira son
de hecho dos malos actores: su recitación es forzada y educado, emplea
fórmulas trilladas, gestos convencionales, un florido concettose lenguaje
artificial y fórmulas barrocas. Parece casi como si Goldoni quisiera
presentar bajo una luz crítica que la Commedia dell'Arte contra la cual se
dirige su reforma, que dio vida a comedias como La locandiera.
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Ortensia e Dejanira, le commedianti
Ortensia e Dejanira sono due commedianti, che
non sanno recitare né sulla scena del teatro, né sulla
scena della vita. Sono incerte ed approssimative:
non conoscono né, tanto meno, sanno immedesimarsi
nel personaggio che devono recitare. Non
sanno neanche improvvisare, anche se la commedia
dell’arte si basava sull’improvvisazione. Che
non era tale: le battute e i lazzi erano sempre gli
stessi e venivano trasferiti senza nessuna modifica
da una commedia all’altra.
Mirandolina si accorge subito che non sono dame
e che sono comiche di modestissimo livello. Sono
molto sensibili ai regali e al denaro, cercano sempre
di avere un tornaconto personale, e chiedono
esplicitamente regali agli uomini che incontrano.
Sono disponibili a qualsiasi avventura che le metta
a contatto con quella ricchezza che tanto desiderano;
e che per un momento le faccia vivere nel
mondo del benessere, che sognano continuamente.
Le due dame si confrontano con Mirandolina e si
chiedono che cosa essa abbia più di loro. Il confronto
è talmente sgangherato, che irrita il Conte.
Esse poi lanciano a se stesse la sfida di conquistare
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il Cavaliere, che è la stessa sfida che Mirandolina
ha lanciato a se stessa. I risultati sono catastrofici.
Esse sanno che il Cavaliere è misogino, ma non
elaborano l’informazione. Lo abbordano su istigazione
del Conte, che vuole mettere il Cavaliere in
difficoltà. Il loro approccio è confuso ed incerto.
Iniziano subito commettendo un errore capitale:
dicono al Cavaliere che sono state abbandonate dai
loro mariti. Vedono che il Cavaliere non vuole impegni,
ed esse insistono in modo maldestro: non lo
mangiano mica!
Non ottenendo niente, giocano l’ultima carta, dire
la verità: non sono nobili, sono commedianti. Un
altro errore! Il Cavaliere si scatena e le aggredisce
in modo violento con le parole. Non avevano capito
che considerava tutte le donne bugiarde e che di
conseguenza esse sarebbero state considerate doppiamente
ed ex professo ingannatrici. Con la loro
strategia glielo confermavano ulteriormente.
Non avevano capito che la strategia corretta era
quella della sincerità e della franchezza, ma espressa
nel modo intelligente e non invadente di
Mirandolina, che per aggirare le difese del Cavaliere
aveva fatto anche propria la misoginia del
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Cavaliere: lei è sincera, il Cavaliere ha ragione, le
donne sono false, lei lo sa, ma non può dirne male...
La loro vita quotidiana è misera sia sul piano intellettuale,
artistico e culturale, sia sul piano econo-
Goldoni, Locandiera, a cura di P. Genesini 10
mico. Ed è fatta di continui espedienti e di piccolissime
soddisfazioni: riescono a venire in carrozza
(e più rapidamente) a Firenze, mentre i loro compagni
sono costretti ad usare il battello che naviga
sull’Arno. E poi passano a scroccare favori e protezione
a destra e a manca. Ci provano con il Marchese,
e non si accorgono che è uno spiantato; ci
provano con il Conte, che è generoso, ma ha il denaro
a palate; infine ci provano - sono sistematiche!
- anche con il Cavaliere, e riescono a farlo irritare
a più non posso.
Il fatto è che la loro professionalità teatrale, la loro
esperienza di vita, la loro intelligenza sono estremamente
contenute. Esse si sopravvalutano, non
riescono a rettificare la loro strategia, quando non
ha successo, e alla prova dei fatti sono massacrate.
In esse l’autore critica la tradizionale commedia
dell’arte, i cui attori recitavano male, improvvisavano
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su un canovaccio che non cambiava mai, e
non avevano cultura né preparazione professionale.
Nella società esse sono inserite peggio dei servi,
che almeno hanno un minimo di sicurezza economica:
la dimora del padrone e il lavoro sicuro