MAMARRACHOS DE LOS MIERCOLES - Emilis Gonzalez Ordoñez
MAMARRACHOS DE LOS MIERCOLES - Emilis Gonzalez Ordoñez
de los miércoles
Emilis González
Mamarrachos
de los miércoles
Ediciones Madriguera
© A. C. Madriguera, 2013.
Barrio Chimpire, calle Purureche #87 entre calles Cristal y
Chevrolet, Coro - Venezuela.
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Diseño de portada:
Ricardo Díaz Borregales
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Atención (bipolar) al cliente
No soy médico, pero sé que el trastorno bipolar
afectivo se caracteriza por la alternancia de períodos de
euforia y de depresión; es un trastorno serio que debe
ser medicado. Es poco común, pero en días recientes he
concluido que existe una escuela, instituto o academia a
donde se dirigen todas aquellas personas que tienen que
tratar con público y brindan atención al cliente, y allí les
enseñan, lo que debe llamarse: un trato bipolar al clien-
te. Porque de otra forma no se explica que alguien que
aparentemente está calmado y risueño en cuanto usted
(el cliente) le hable, pase a gritarle, morderle o ignorarle.
Si fuesen casos aislados me inclinaría por el trastorno
bipolar, pero como son todos aquellos que tratan con
público, tengo que concluir que es una conducta apren-
dida. Ejemplifico:
· Escenario I: La Panadería, póngale el nombre
que Ud. quiera: Son casi las 7pm. Salí del trabajo a las
6, con hambre, pero, sin ganas de cocinar. Resolví: pan
con queso pa`to el mundo, y al que no le guste que se
exilie. Espero ser atendida. Hay varias personas delante
y todos gritan o intentan colarse. Este año decidí ser fe-
liz, así que espero pacientemente. ¡Al fin mi turno! Me
encuentro con un(a) dependiente que me ignora y habla
con otro, cuentan algo muy gracioso, ríen a mandíbula
batiente, le gritan a otro(a) que está más allá, repiten el
chiste y ríen más alto. Espero hasta que al fin me mira.
Pero la persona que reía alegre voltea hacia mí comple-
tamente amargada, con cara de asesino en serie que
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chupa urupagua, me mira y espeta un regañao ¿Qué
desea? Un kilo de pan, por favor, digo bajito. El depen-
diente se dirige a servirme el pan y una vez más se obra
el milagro, allá, lejos de mí, con sus compañeros, ríe,
es amable, alegre. Voltea, bolsa en mano, nuevamente
con la cara de asesino, la lanza y me mira como dicien-
do ¡Circulando, pues! Yo corro, corro por mi vida, voy
sin dignidad humana, toda me la pisotearon como si no
hubiese ido a comprar sino a mendigar, pero llevo pan
para la cena.
· Escenario II: El Banco, en todos es igual: pedí
permiso en el trabajo para llegar tarde. Voy al banco,
dije; todos entendieron. En este país ir al banco es una
tragedia griega. Llegué temprano, antes de las 8, pero
mil más pensaron igual y soy la 1001. Abren las puer-
tas, la cola avanza ordenadamente, cuando tomo nú-
mero soy la 1568. ¿Cómo es posible? Lo ignoro, pero
no importa, decidí ser feliz. Inicia el calvario, una hora
y sólo han atendido 20. A veces sucede que un cajero
tiene el mismo número durante 15 minutos y atiende
3 personas, como ahora cuando pasa una niña que está
tan bella que me pregunto ¿Será real? Ella, toda juven-
tud, coquetería y belleza, pasa hasta uno de los cajeros,
él la atiende con una sonrisa tan descomunal que ilumi-
na el recinto. Me pregunto ¿Y este es el mismo, que hace
unos minutos regañó a una ancianita que podría ser su
abuela, la devolvió a llenar la planilla y a que pidiera
otro número aunque la señora casi lloraba y le pedía que
la ayudara porque no sabía leer? Luego pasa un tipo que
se quiere colar, acaba de llegar y pienso que lo regresa-
rán por abusador, pero no, con él se ríen, cuentan chis-
tes (el abusador trajo obsequios para todos los cajeros),
cuando ¡al fin! Luego de 4 horas, toca mi turno el cajero
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bipolar me atiende, ni los buenos días me da y además
me regaña: ¡Faltó la fecha! Afortunadamente no me en-
vía a pedir número nuevamente. Me voy sin dignidad
y pensando que si uno no está bueno o es corrupto no
es nadie. La norma es que te maltraten no que te traten
bien, como mereces. Y uno termina por creer que mere-
ce ser vejado y gritado.
· Escenario III: Dependencia Pública, cualquie-
ra sirve: llego a un lugar que vio mejores días, que está
sucio y manchado, a pesar que tiene varias cifras de
presupuesto y que hay 5 mil empleados encargados del
mantenimiento y limpieza de estas 4 oficinas. Pregunto
en información. La persona que allí atiende desayuna
en la mesa del trabajo mientras habla por teléfono y se
ríe con la boca llena de comida. Espero. Cuelga, traga
y me grita ¿Qué quiere? Si, leyó bien, no qué desea sino
qué quiere. Le informo mi petición. Me indica como si
yo fuese estúpida: debe ir a la puerta de al lado. Nue-
vamente comen y hablan por teléfono, pero acá gritan:
¡Espere que estoy ocupao! (Imagino que la debe estar
llamando de la ONU y por eso primero conversa y lue-
go hace su trabajo) Luego, con una cara capaz de ha-
cer que cualquier boxeador profesional se asuste y tire
la toalla, me indica: llene esta planilla, llévela a contra-
loría, luego a secretaría y luego regresa. E inmediata-
mente enmudece y me ignora. Sucede que todas esas
otras dependencias están en los escritorios adyacentes,
y aunque todas las personas escucharon la primera vez
debo repetir mi petición en cada escritorio, en donde
sucesivamente me sellan, chequean el sello y colocan
una estampilla, cuando regreso al primer escritorio le
colocan un sello a la estampilla. El proceso tardó 5 ho-
ras y me mal atendieron 5 personas aun cuando sé que
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una sola, en 10 minutos, puedo haber hecho todo. No
critico tanto la burocracia, entiendo que la gente necesi-
ta empleo para comer y mantener su familia, como que
todas las personas que me atienden son amargadas, con
cara de asesino chupador de urupagua, pero sólo mien-
tras me atienden. Luego, entre ellos, son una mañana
de pascua, llenos de color y fiesta.
De modo que creo que debo felicitar a quien dirige
esta escuela a donde van estos empleados, porque el tra-
to bipolar al cliente es todo un éxito.
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Apio verde tu yuuuuuu
TODO ha cambiado en el mundo, todo. El asunto
no me hubiese molestado si me hubiesen avisado, pero
nooooo. A Emilis nadie le dijo. El asunto cambió y he
quedado como perro en autopista.
Yo recuerdo que a mi me celebraban mis cumplea-
ños. Mis padres, en la medida de sus posibilidades me
celebraban el cumple. Y yo me sentía chévere, nunca me
sentí menos, ni traumada ni na’ de eso. Bueno, creo, no
sé. Y digo no sé porque capaz y sale un siquiatra y dice
que la raíz de mi locura es la celebración de mis cum-
pleaños infantiles. Una no sabe, inventan tantas cosas.
El asunto es que me celebraban mi cumple. Mi
mamá me hacía la torta, y la adornaba con nevazucar,
y le ponía confites de colores (y le quedaba linda y sa-
brosa) compraba refrescos, algunas chucherías e invitá-
bamos a los vecinos y ese día me sentía ESPECIAL, lo
máximooooo. Y tengo fotos donde se me ve radiante,
encantada.
Pero ahora noooooooooo. Ahora pa celebrar un
cumple infantil hay que, primero: escoger un motivo.
Sí, un motivo. Pa’ mí el motivo era que el muchacho
cumplía un año, pero noooooo, hay que escoger el mo-
tivo del que se adornará y desarrollará la fiesta. ¿Qué tal?
si la criatura tiene 1 o 2 años uno decide, pero si pasa de
3 OL-VI-DE-LO. Es el/ella quien decide. Quiero mi
cumple de Barbie princesa o Mario Bros o el muñeco
más inverosímil que a usted se le ocurra porque ese exis-
te y es de ese y es ese y es eseeee.
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Escogido el motivo se tiene que comprar todo refe-
rente a ese motivo, las tarjetas de invitación (mis vecinos
los Cordova todavía se acuerdan cuando yo iba y decía:
que dice mi mamá que vayan más tarde a cantarme el
cumple. Y todos iban), ahora hay que pasar las tarjetas
con mínimo 15 días de anticipación (pa una criatura
que lo que cumple es 1 año) y en ella debe quedar cla-
ro cuál es el motivo del cumple, luego hay que alquilar
local, ir a verlo y planificar cómo se adornará, los man-
teles y globos deben combinar con lo colores del motivo
ya previamente seleccionado.
Hay que planificar el menú, si MENÚ. Porque no
se puede repetir lo mismo, deben ser bocados pequeños,
nutritivos, pero a la vez agradables para los niños y un
largo etcétera. Tiene que haber una mesa de dulces, en
donde esté la torta. Y no cualquier torta, ahora la torta
debe ser (como todo lo demás) del motivo que se esco-
gió, preferiblemente en 3D, si, leyó bien en 3D, con mo-
delado y no sé que diantres más. Del precio no vamos
a hablar pa que no digan después que lo único que me
duele es el bolsillo. Además de la torta habrá que man-
dar a hacer la gelatina de colores, también en modelado
especial, pintada con aerógrafo o pintada a mano o no sé
con qué modelado especial. Yo aún recuerdo la gelatinita
roja en vasito. Ponquesitos decorados nunca deben faltar.
Ah y se dicen muffins. Pero parecen ponquecitos y se ven
como ponquecitos y saben a ponquecitos. Pa mi que son
ponquecitos disfrazados de muffins o cup cake. Y dulces,
y chocolates, y chupetas en su respectiva chupetera que,
obviooooooo tiene que ser del motivo de la fiesta.
Si se tiene plata debe tener carrito de perro caliente,
de cotufas y algodón de azúcar. (aquí si reivindico mi
derecho a quejarme por mi bolsillo) esto no es obligato-
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rio, pero debería, porque sino usted y su hijo son como,
no sé, como unos pobres seres que no tienen o no pare-
cen tener y, y, oseaaaa, nada que ver con ustedes.
Además fiesta que se respete debe tener animado-
ras, ello permitirá mantener ocupados a los niños mien-
tras las mamás logran tener un poquito de paz. Acá mis
afectos se dividen. Estoy de acuerdo porque aún recuer-
do a mi hermano Víctor disfrazado de zorro contando
chistes, haciendo mímica y dirigiendo juegos en mis
cumples. Entonces por eso estoy de acuerdo. Me divertí
muchísimo con él. Y sé que mis vecinos también. Pero
las animadoras de ahora se empeñan en que los padres
participemos. Pero señora páreseeeee, participeeeeeee,
¿usted no quiere a su hijo(a)? y todo el mundo lo ve a
una como diciendo: pero si es mala madre… y una
piensa: ¿no lo voy a querer? Si yo me levanté cada tres
horas a darle comida, cambiarlo, dormirlo, lo baño, le
doy alimento, lo llevo al médico, a la guardería (y se
me parte el corazón cada vez que lo dejo) lo traigo a la
fiesta, le compro ropa, se la pongo, lo baño, lo cuido
cuando está enfermo, le enseñé a caminar y viene esta
criatura que ni 20 años tiene a decirme a MIIIIIII que
no quiero a mi hijo porque no quiero pararme a cantar
la cancioncita y bailar y hacer el ridículo… O peor aún
deciden jugar a tráiganme tal. Y los niños desnudan a
la mamá, le dejan sin un zapato, sin los lentes, sin el te-
léfono, sin el monedero, sin un zarcillo y pare usted de
contar, y al final, el niño pierde el juego, no le dan pre-
mio y usted (que no lo quiere porque no se quería parar
a cantar) termina consolándolo y prometiéndole que la
próxima gana.
Además de todo eso usted debe estar bella, contenta
y no estresarse. Como ven, todo cambió con respecto
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a mi infancia. Lo que falta es que no cantemos el cum-
pleaños sino el apio verde tu yuuuu que cantan los grin-
gos pa’ terminar de confundirme.
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Carta abierta al Presidente del
Instituto Nacional de Transporte
Terrestre
Estimado Señor, Ingeniero, Comandante, General,
Jefe o lo que usted sea.
Me dirijo a usted muy respetuosamente para infor-
marle que yo, que soy una ciudadana que cumple con
su deber, que nunca ha cometido actos ilícitos, que soy
respetuosa de las normas y de las buenas costumbres
(aunque eso en este país no es una gracia sino una ver-
güenza), que cumplo honradamente con mi trabajo, que
soy honesta (y que no me importa que por serlo la gente
diga que somos pocos y que somos más bien medio pis-
tolas). Que yo, Emilis González Ordoñez, venezolana,
mayor de edad (no me pregunte la edad, porque eso, el
peso y el sueldo son cosas que jamás se le preguntan a
una dama), elevo mi voz de protesta y exijo airadamen-
te que me sea concedido un carnet de circulación y una
licencia de conducir de esas que les entregan a los seño-
res chóferes que laboran en transporte público (sean es-
tos taxis, carritos por puesto, autobuses, busetas, entre
otros) y a algunos particulares también.
¿Quiero saber cuál es la discriminación? Porque de
que hay discriminación, la hay. Y no me venga con que
no sabe a qué me refiero. Quiero poder, por ejemplo,
sentir que soy la dueña de todas las calles y tocarle cor-
neta a la gente para que se quite de mi camino porque
necesito llegar antes que los demás. O pararme en la
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mitad de la calle a conversar con otro chofer o para su-
bir y bajar pasajeros y obligar al resto de los mortales a
esperar mientras pierden la paciencia. También me pa-
rece encantador eso de adelantar otro vehiculo, a toda
velocidad, por la derecha o por la izquierda y asustar
mucho, mucho a los pasajeros y al otro ser al que se ade-
lanta. Además quiero poder comerme la luz del semáfo-
ro a mi antojo. Y quiero tener derecho a insultar al que
intente pasar cuando le corresponde la luz verde y me
quite mi espacio. Me gustaría tener el derecho de co-
locarle a las calles el flechado según mi conveniencia y,
claro está, molestarme con aquel que respeta el flechado
porque me impide seguir mi ruta. Necesito utilizar las
luces intermitentes a mi antojo y no para señalar que
tengo una avería.
En definitivas cuentas, yo lo que quiero es igual-
dad. Me entrega mis documentos y me reconoce mis
derechos o le explica al resto de los chóferes que los que
estamos en lo correcto somos los pocos pistolas que res-
petamos las normas de tránsito.
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Casado(a) y con novia(o)
Creo que los estados civiles deberían redefinirse,
sólo hay 4: soltero(a), casado(a), viudo(a) y divorciado(a).
Deberían agregar: casado(a) con novia(o). Ud., pensará
que enloquecí, pero no, tengo razón.
Ahora es cada vez más frecuente encontrarse con
caballeros y damas, el asunto es bastante democráti-
co, que están felizmente casados y aún así tienen un
segundo frente con quien también son felices. En este
justo instante muchos dirán que esos son minoría; no
mientan, no se hagan los locos, que quien habla mal
del asunto es quien más lo practica, y seguro tienen 3
y 4 en el harem.
Cada vez es más común que la gente se comple-
mente en un trío, eso de ser pareja está fuera de moda.
Ahora la gente pregunta: ¿Y estás con el(la) mismo(a)?
No estás en na’. Lo IN es tener la capacidad de salir
con 2 o más personas. Y salir de frente, eso de salir
escondido ya no da caché. Si uno va a tener amante
tiene que lanzarse por la calle del medio. Eso de andar
mintiendo y escondiéndose pasó de moda, está OUT.
El asunto es sencillo, Ud., dama o caballero, debe
tener seguridad y conocer algunas líneas imprescindi-
bles para lograr la conquista que le permita ostentar
este estatus civil.
Lo primero, salir de cacería, ir a un lugar de espar-
cimiento con sus mejores galas (nada de andar mama-
rracho), identificar al objetivo, acto seguido de lograr
la presentación, decirle que es casado(a) o que tiene
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novia(o) o pareja, que está comprometido; eso hace
que el asunto del cortejo sea más excitante. El interpe-
lado permanecerá escuchándolo(a) y Ud. debe agregar
que le va horrible, que su pareja es un monstruo odio-
so e insufrible. Recuerde “nadie felizmente casado se
levanta a un segundo frente”. Hable mal del asunto
que eso es lo que el otro está esperando. Si no intenta
consolarle aléjese, esa(e) no caerá.
Una vez que ya se ha levantado al sujeto debe salir,
presentarlo públicamente, debe decirle que es lo mejor
que le ha pasado porque SÍ lo entiende, lo ama y lo de-
sea; en cambio su pareja nooo y por eso sintió la nece-
sidad de buscar a otra(o). Porque con su pareja está por
agradecimiento, cariño, lástima, por los muchachos,
porque se acerca el fin del mundo, por lo que sea, in-
véntese la excusa que más le guste. A su pareja le dirá
que no sabe quién es ese ser. Que escribe por equivo-
cación o porque desea tener algo con Ud., pero Ud.
es incapaz, que está a punto de santificación y debe
agregar: Pero mujer(hombre), estás enfermaaa(ooo).
Cómo crees que te voy a faltar. Ella o él sabrán que es
mentira, pero dirán: ojos que no ven, corazón que no
siente. Y si me hago el ciego seguro que estos cachos
desaparecen.
Debe seguir siendo feliz con ambas personas, nada
de peleas en casa pa salir, eso es como pavoso. Lo bueno
de este nuevo estado civil es que la felicidad es absolu-
ta, completa. Debe enviar mensajes de texto fogosos y
ardientes a ambos frentes, no pierda el tiempo, escriba
el mismo y mándelo en cadena. Dígale el mismo apo-
do y así no se equivocará. Y sea feliz que parece que el
vivir en trío es la manera más segura de serlo. Lo ideal
es estar casado(a) con novia(o) ¿Con quién tendrá que
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hablar uno para que se redefina el asunto? El esposo de
una amiga es juez, seguro que me orienta.
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Cerveza con postre
En estos tiempos posmodernos, el arte de mantener
relaciones duraderas es sumamente difícil, pero algo
aún más difícil es comenzar a salir con alguien para tra-
tar de construir esos lazos verdaderos que permitan esa
futura relación.
Durante esas primeras citas la situación, además de
apasionante, por aquello de la adrenalina, es bastante
tensa. Los hombres intentan, por todos los medios, en-
camar a su pareja o al menos no ser rechazados con un
tajante: ¿Qué es mijito? Salile a otro mapanare. Las da-
mas tratan de esquivar esa cama, al menos hasta lograr
consolidar una relación más o menos estable, sin trope-
zar con un: ah no mija, mejor me busco una menos en-
rollá. El hecho es que el asunto no es para nada sencillo.
Todos intentamos iniciar una relación sin morir en el
intento.
La cuestión es más o menos así. Él, que se cree un
galán, busca a la dama en su casa (debe hacerlo aunque
sea en taxi de lo contrario es un pobre ser que no merece
una segunda salida). Eso si, nada de bajarse a saludar a la
familia. Cero uno. Muy pasao pal gusto de cualquier ser
humano sobre la faz de la tierra. Ella, bellísima, saldrá
disparada apenas toquen la corneta, lo suficiente rápido
para no parecer una diva que se da bomba, pero lo sufi-
cientemente lento para no parecer desesperá. Y él debe
mirarla de arriba abajo y con descaro decir algo así como:
¡qué bella estás! Como para llevarte lejos del mundanal
ruido de la ciudad. Ella debe mirarle y decir (con la su-
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ficiente fuerza como para que quede claro el no, pero no
lo suficiente como para que se crea que esa puerta está to-
talmente cerrada) ¡Tú si tienes cosas! Ahora si pues. Nada
que ver. Y acto seguido, reírse con ganas.
Al llegar al lugar, él será amable, completa y absolu-
tamente amable. De abrir y cerrar puertas, de acercar
sillas y demás. Ella debe aprovechar esa etapa, les juro
que nunca más se repetirá. Ahí, sentados, y después de
pedir dos tragos, él repetirá algo sobre la belleza de su
acompañante, algo como: verdaderamente estás bella,
como para secuestrarte. Ella, consecuente con la máxi-
ma de que quien es muy fácil no logra nada, dirá: gra-
cias, pero no sabía que eras delincuente.
Luego de dos o tres tragos vendrá la hora del baile.
Se baila lo que sea, pero se baila, porque es el primer
acercamiento físico. Él sabe que no debe ser ni muy
osado ni muy tímido. Debe encontrar un punto medio
entre el lobo feroz y una mansa oveja. Ella, bueno, ella
cumple con aquella máxima de hacerse burro muerto
para cazar zamuro vivo. Durante el baile, y sólo si el
acercamiento físico fue exitoso, él dirá algo como: ¿y
entonces, qué vamos a hacer más tarde? ¿Para dónde va-
mos? No importa lo que sienta o quiera, ella dirá algo
como: Ahora si pues ¿Qué pregunta es esa? Yo voy para
mi casa y tú para la tuya. Él comprenderá que no ha lle-
gado su momento.
Algunos bailes y muchos tragos después, él insisti-
rá: Bella, ¿Y estas cervezas no tienen postre? Y la mirará
con tal atención descarada que ella sabrá muy bien a qué
postre se refiere. Pero responderá, con mucha seriedad.
No sé. ¿Aquí venden postre?
Así serán las siguientes horas (si él tiene suerte) o
las siguientes citas (si la que tiene suerte es ella). Como
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ya dije el asunto no es fácil, es más bien complicado,
pero él sabrá que tuvo suerte cuando ella le pregunte: ¿Y
cómo es el asunto del postre?
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Como camión de cochinos
La semana pasada me encontraba compartiendo con
unos amigos cuando se acercó un señor y muy seriamente
me preguntó: ¿Usted es Emilis González Ordoñez? Y yo,
Sí. ¿La que escribe en el Nuevo Día? Y nuevamente, Sí.
Pensé: ¡la gente me conoce! Ya cuando iba a esponjarme
cual pavo real, el señor agregó: vengo a decirle que no me
gustan sus artículos porque Ud. es puro quejarse. Que
los hombres, que las mujeres, que las direcciones, que la
dieta, que el celular, puro quejarse. Y ni una sola solu-
ción. Dio la vuelta y se fue, no le importó mi opinión.
La cosa es que me puse a pensar. ¿Será cierto lo que
dice el Sr.? ¿Si me quejo de algo debo inmediatamente
darle la solución? Caramba, pero si hay cosas que no
sé cómo solucionar porque no soy médico, ingeniero,
banquero, alcalde, gobernador ni nada parecido. ¿Qué
podré hacer? Entonces pensé, pondré mis quejas a un
lado y al otro lado las soluciones más brillantes que se
me puedan ocurrir.
Las calles de la ciudad no sirven. Solución: dotar
a cada familia de un burro y una canoa. El buen ani-
malito para cuando esté seco y soleado y la canoa para
cuando esté el clima lluvioso. Resuelvo·3 problemas:
ingeniería ya no debe preocuparse por asfaltar las calles.
La población hará deporte y no habrá sobrepeso, por-
que remar una canoa no es nada fácil. Y solucionamos
el exceso de burros en la Coro-Punto Fijo.
El servicio eléctrico es pésimo. Sencillo, se hará una
dotación de velas, fósforos, lámparas de querosene y
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abanicos. La solución es superecológica ya no estaría-
mos contaminando el ambiente, el mundo no se acabará
por nuestra culpa, y regresamos a la época en la que nos
sentábamos en el porche a conversar en familia. Claro
existe el peligro de que nos atraquen, pero para eso tam-
bién debo aportar solución, según el señor aquel. Fácil.
Si no hay luz no necesito teléfono, ni computadora, ni
aire acondicionado, ni ningún tipo de electrodoméstico
entonces el señor malhechor no tendrá qué robar.
Pero lo pensé mejor y la verdad es que me gusta que-
jarme. Y definitivamente Ud. sabe cómo es la cosa se-
ñor, que en la constitución se contempla el derecho a
queja. Y no habla nada de dar soluciones. Así que me
seguiré quejando más que un camión de cochinos. He
dicho.
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Como carro de hombre
Mi hermana menor es médica, y como buena parte
de las mujeres de este país además es ama de casa, ma-
dre y esposa. Días atrás tenía el carro dañado así que la
llevé a su trabajo. Íbamos mi pareja, ella y yo. Por enési-
ma vez mi compañero de vida se quejó: Este carro es un
desorden. ¡Parece carro de hombre!
Inmediatamente ella soltó: ¿Cómo? ¿Carro de
Hombre? ¿Tú estás loco? ¿Tú sabes la diferencia entre
un carro de hombre y uno de mujer? ¿Las florecitas en
el vidrio? ¡Noooo! ¿El forro del volante en flores o mu-
ñequitos? ¡Nooo! Lo reconoces porque el carro de mujer
casi siempre está sucio.
¿Tu crees que una, que tiene que llevar los mucha-
chos a la escuela, ir al trabajo, buscar los muchachos a la
escuela, ir a hacer almuerzo, ir al banco a retirar dinero,
pagar la televisión por cable, luz, agua, teléfono, hacer
mercado, llegar a la casa y hacer cena, vigilar las tareas,
llevar los chamos a alguna fiesta y demás, puede darse el
lujo de dejar el carro medio día en un autolavado? ¿Ah?
Noooo. Porque si lo hace deja de hacer la mitad de esas
cosas y será tildada de mala madre y descuidada.
El carro de hombre no. Ellos lo lavan por lo menos
una vez a la semana, le echan pulitura, cera, sueñan con
comprarse un hidrojet. El carro de un hombre siempre es-
tará pulcro, no tendrá restos de nada que pueda hacer sos-
pechar que tiene alguna responsabilidad o compromiso.
La mujer en cambio siempre tendrá uno o dos ju-
guetes, que guarda pa cuando los muchachos se agarren
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a pelear (siempre pelean por cualquier razón) y calmar-
los. Tendrá bolsas de galletas y papas fritas vacías y lle-
nas. Sus hijos siempre comen en el carro y se pelearán
por una galleta (aunque cada uno tenga de la misma
marca, sabor y dimensión) siempre querrán la del otro y
pelearán dejando el asiento lleno de brozas. En el carro
del papá no comen y si lo hacen tienen la delicadeza de
ponerse la bolsa de bozal. Pero en el de la mamá dejarán
una mano pintada de chocolate en el techo de gamuza.
Una mujer tendrá pañales de más por si sucede al-
guna emergencia. Tendrá además unos zapatos cómo-
dos. Porque debe salir impecable y entaconada, pero a
medio día debe pensar en comodidad y confort sin per-
der el glamour porque nuevamente puede ser tildada de
descuidada. El carro de una mujer debe tener manchas
de maquillaje porque generalmente ahí termina su ri-
tual de belleza. ¡Por eso se diferencia un carro de hom-
bre de uno de mujer me oíste!
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Como chivo quiragüero
Soy regionalista, sin llegar al fanatismo, pero lo soy.
Me he preguntado siempre el porqué mi cantaíto y mi
acento es deplorable y en cambio me tengo que calar
el de los barquisimetanos, andinos, maracuchos, orien-
tales y demás. Y eso por sólo mencionar los del patio
porque igual hay argentinos, uruguayos, colombianos,
mejicanos, entre otros, que escucho y acepto sin mayo-
res problemas.
El hecho de que otro me critique el cantaíto, los
modismos y las expresiones me molesta, pero no tan-
to como que uno del patio, un coterráneo, que se cree
Andrés Bello, venga a criticar y a burlarse. Cada vez que
sucede eso, como diría un amigo, se me mete el coriano
con to’ y machete, y no cualquier coriano, uno de esos
que peleó en la guerra Federal.
Antes de que los puristas del lenguaje me ataquen
debo aclarar que comprendo cabalmente que hay algu-
nos vicios lingüísticos que no deben perpetuarse en el
tiempo y deben ser corregidos. Pero también estoy muy
clara que mi “vos” coriano es tan válido como el vos ar-
gentino o el maracucho. Reivindico mi “vení” al igual
que el vení argentino que hasta lo acentúan y lo colocan
por televisión.
¿Por qué ha de avergonzarme el decir: manífica si
hace calorrrrr? Cuando creo que esa expresión debe ve-
nir del magnífica (espléndido, admirable) – magníficat
(alabanza, pero también que sucede a destiempo, que
es inoportuno), del purísimo latín. Los lingüistas debe-
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rían averiguar sobre esas expresiones corianas que nos
representan como cultura, como conglomerado social.
Y como he decidido iniciar una cruzada al respecto,
paso a explicar la expresión que da título a este artículo:
en Quiragua, población del estado Falcón, se dedican
a la cría de Chivos, pero sus terrenos son sumamente
pedregosos y es un peligro criarlos sueltos; así que los
amarran a un lugar y cuando necesitan trasladarlos
simplemente los desamarran y los halan por el mecate.
El pequeño detalle es que los pobres animales se resisten
con fuerza, y presionan con sus patas delanteras para no
ser movidos del lugar, arrastrando a su paso piedras, ho-
jas y todo lo que se encuentran. De ahí viene la expre-
sión que rescato hoy. Cuando un coriano de pura cepa
se refiere a alguien que realiza una acción obligada o sin
ganas se dice que lo hizo como un chivo quiraguero. Si
usted es demasiado fino y no sabe cómo, en su lenguaje
culto y elevado, podría utilizar esta expresión tan coria-
na le doy varios ejemplos:
· José se va a casar, pero lo llevan...
· La llevé a buscar trabajo, pero iba...
· Sí, fue y limpió la casa, pero iba...
· No se fue de la fiesta, se lo llevaron y el pobre
iba...
· Los lingüistas morirán con mi iniciativa, pero
los llevaré...
32
Como gallo sin cresta
El mes pasado, durante la celebración del grado de
mi sobrina Elys, escuché, de parte de Héctor Polanco
(hijo), el siguiente monólogo. Él dirá que fue una con-
versa, pero en verdad no me dio ni oportunidad de res-
ponderle.
¿Tú sabes lo que me da rabia de las mujeres? (inserte
mi mirada entre divertida e intrigada) bueno, son mu-
chas cosas, porque guao, ustedes son una vaina. Uno
cree que las entiende, pero no. Claro, tampoco es que se
pueda.
(Yo) ¿Ajá, pero a qué te refieres?
Lo que nos diferencia chica, lo que me da rabia, pon-
te tú, para comprar. Para comprar ustedes son un peo.
Uno va (y que lo digan todos los hombres presentes)
uno va a comprar una camisa y llega al primer negocio,
vio una que le gustó, le preguntó a la criatura que atien-
de: ¿en qué colores la tienes? Ok. Dame una talla tal.
Paga y se va. Pero ustedes noooooooo. Ustedes miran la
camisa, preguntan tallas, colores, piden que se la mues-
tren, se la prueban. Piden la que estaba al lado, pero en
color magenta ¿qué es jeso? O en un color de esos que
no existen sino en su imaginación; se la prueban pero
en un color parecido a la que querían. Bajan TODO,
de todos los estantes y al final no compran NADA. Yo
trabajando en una tienda, cobrando por comisión, lo
menos que hago sería insultar a alguien así.
Y no vengas a decir que no son así porque así son.
Y van a la tienda de al lado y repiten la misma opera-
33
ción con la sangre más fria del mundo. Y se prueban
todos los zapatos y todavía te dicen: estos zapatos me
combinan con la blusa color magenta de la otra tienda.
¿No te parece? Y uno piensa: qué importa si combinan
o no, no la compraste, ni la vas a comprar porque sé que
no tienes Plata y en mi cartera lo único que hay es pa’l
taxi.
No es fácil ir de tiendas con ustedes. No lo es. Pero
si uno es el novio y no va, es porque uno no la quiere y
qué riñones. Entonces nosotros terminamos de tienda
en tienda, con vergüenza con los vendedores (porque
sabemos que no van a comprar un carajo) y sosteniendo
una bolsita (con la camisa que compramos en la prime-
ra tienda) por todo el centro comercial por espacio de
unas 6 o 7 horas (si tiene suerte) y uno lo hace porque es
la novia y bueno, uno tiene sus intereses. Y si compra es
peor porque termina uno cargando con el bolsero.
Otro detalle es cuando es tu mamá, te la calas por-
que es tu mamá y no queda de otra. Pero en cuanto uno
puede se sacude ese yugo. ¡Ah no mamá! yo voy solo y
compro mi ropa y tu sola compras tus cosas, pero cae
en el otro yugo, en el de la novia (y después preguntan
que por qué es que uno no quiere casarse) y si te casas y
tienes hijas caes en un yugo mayor.
Porque a mi hermano y a mi, mi papá nos lleva a
comprar ropa y (como en un régimen militar) espera
que a la hora estemos listos y pa’trás. Y si no compraste
eso es asunto tuyo. Tas perdió e gafo. Pero a mis herma-
naaaaaasssss. Esas se tardan todo el día, entonces hay
que comprar almuerzo, y si es fuera de la ciudad pagar
hotel. Porque lo que nosotros compramos en una hora a
ellas les lleva dos días y seguro, SEGURO, que igual se
les olvidó algo o no lo encontraron como querian. Pero
34
completas no se van. Y a ellas sí se los perdona. Porque
son las niñas de papá, las princesas. Que luego consi-
guen a un pobre ser y le quieren aplicar la misma: pero
es que no me quieresssss. Conchale son dos tienditas
más. Y calarse la probadera y la preguntadera: ¿Cómo
me queda? ¿No me veo gorda? ¿Este color se ve bien con
el color de mi cabello? ¿Me combina con los zapatos
aquellos que compré hace tres meses en la tiendita hip-
pie en el boulevard de no sé donde diantres?
¿Cómo responde uno a eso? Tas gorda, pero no pen-
sej en eso. A mi me gustas así. Yo la verdad no sé de
qué color es tu cabello y no sé de qué zapatos me estás
hablando. Nooooooooo, porque matan a uno. Pero si
dice: te ves muy bien amor. Gorda JAMÁS, tu combi-
nas con cualquier cosa porque eres muy bella. Entonces
es peor: que si no me quieres y me mientes. Que sé que
toy gorda y no combina. Que olas tienes tú. Uno, uno
camina entre arenas movedisas con ustedes. Es que con
ustedes uno es como un gallo sin cresta.
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Cuidando jardín
Quienes me conocen saben que suelo ser muy tí-
mida y retraída. El trato con el público no es lo mío.
Paradójicamente en los últimos 3 años, me ha tocado
desempeñarme en cargos administrativos en la univer-
sidad en la cual laboro. Yo, tímida, pero odiosa; Calla-
da, pero irónica; en cargos de trato con público. Como
chivo cuidando jardín.
Afortunadamente he trabajado con 3 secretarias
que, cada una con su personalidad, me han servido de
muro de contención para la avalancha de gente. Pero,
ocasionalmente, se han enfermado, he quedado sola. Y
ahí es cuando ha comenzado cristo a padecer. Así, un
día cualquiera:
· Llega una ahí, entra hasta mi oficina como due-
ña y con un gentío y dice: tengo un problema… La miré
fijamente y me mordí la lengua pa no decir: sí mija, lo
tiene; olvidó eso que llaman normas de cortesía. Ni si-
quiera dice: buenos días.
· Otro, parado a su lado, decide intervenir (su-
puse que apoyándola, pero nooo. Él lo que quería era
ser atendido antes) yo vengo a que me resuelva esto… Y
pensé, obligao y regañao no porque lloro.
· Sucede que ninguno de los inconvenientes po-
día solucionarlos. Les explico con la paciencia de un
santo, mientras pienso “¿las secretarias dónde andan?”;
mira eso no es conmigo, es con fulano, en la oficina tal,
lo voy a llamar y le indico que Uds. van para que resuel-
van eso… los seres me miran y me dicen: osea que Ud.
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no puede hacer na. ¿Pa qué está acá pues? Cuento hasta
cien mil pa no responder: ¿Yo? Para soportar que dos
malcriados vengan a decirme que soy inútil porque les
obligaré a caminar diez metros más.
· Llega otro y me dice: vengo a buscar la carta de
culminación porque la necesito YA… Lo miro pensan-
do: ¡no si acá no hacemos nada, estábamos era esperan-
do que tú vinieras pa conseguir oficio! Y digo: Mira, eso
lo hace la secretaria, anótate en esta lista, ella viene ma-
ñana, mañana mismo la hace, la firmo, la sella y listo…
¿Y Ud. ni una carta puede hacer?... (pienso si, es verdad,
ni una constancia de esas sé hacer, pero tampoco pa que
me lo grites. Y lo pienso mientras cuento hasta doscien-
tos mil) respondo: mira criatura, lo que sucede es que
ese modelo está en su computadora, no tengo acceso a
ella, pero tranquilo mañana te la damos… Nooo, yo la
necesito es Ya. HÁGAMELA… Ahí pienso, pero no lo
digo: Bien bueno pues, el niño NECESITA y hay que
parar el mundo tiene que temblar…. Hijo entienda, no
se puede, pero para qué la necesita, a ver si puedo llamar
al que lo presiona y decirle que espere un día más… A
Ud. no le importa, la necesito hoy y punto… No digo
lo que pensé contestarle porque capaz y cierran el perió-
dico por indecente.
Varios días pasé así, escuchando y tratando de no
comerme a la gente. Y decidí que iba a escribir este artí-
culo pa PROHIBIRLE a Lorena Villavicencio, a Nadya
Navarro y ahora a Estermarys Tambo que se enfermen.
No me importa lo que opine sindicato y ministerio del
trabajo. Que me pongan presa; pero se quedan. Y si se
van, si se van … me voy con ellas.
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Encalamucaita
Hace algunos meses decidí incursionar de lleno en
la superautopista de la información para utilizar las
redes sociales. He de confesar que me han atropellado
muchas veces, pero ahí vamos.
En mi última incursión a ese mundo virtual que-
dé encalamucaita. Y cuando uno está encalamucao está
más allá de la perplejidad y la confusión, es como un
estadio superior de la confusión absoluta.
Sucede que yo me metí en esas redes sociales disque
pa’ reencontrarme con algunas amistades y fortalecer
nuestros vínculos, porque son gente de mi generación y
hemos vivido más o menos lo mismo, pero nooo. Parece
que yo vivo en un mundo paralelo. Como ahora tengo,
cortesía de mi hermana Meche, un teléfono inteligente,
(que de tan inteligente a veces hasta me insulta porque
no lo sé usar), me metí, desde él, en la fulana red, me
saluda una amiga:
¡Hola chama, tiempo sin saber de ti!
Y yo, -¡Epaleee! Bien, trabajandito. Pasando calor
porque se quemó el aire en el último “ahorro energético”.
OMG, es horrible. Yo hacia un informe en el traba-
jo, se fue la luz y CSM, lo perdí.
Y yo por dentro, diablo y qué será O M G; ¿orga-
nización mundial de tontos que se dejan cortar la luz?
Como no estaba segura y no quería pasar por ignorante
seguí. Si vale, feo. Pero ¿qué me cuentas?
Yo estoy bien, leyendo uno de tus artículos y te digo
que estoy LOL.
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Ayy papá, LOL, ¿qué significará eso? ¿Será un pi-
ropo? No me atrevo a dar las gracias ni a ofenderme.
Silencio incomodo de mi parte. Pero ella continuó.
Al principio no lo entendía, porque estaba medio
dormida, en GSM, F5 conmigo chica. Y colocó una ca-
rita riendo.
Aún no me acostumbro a intercalar palabras y di-
bujitos, me siento en primer grado, pero lo que pensaba
era en ese F5. ¡Dios de la VIDA! ¿Qué es sesooo?
¿Te gustó? Qué bueno. Yo lo disfrute.
+1. Como te digo al principio estaba ¿WTF?, pero
luego entendí.
¿+1? ¿WTF? Ahí si quería llorar. Necesito un traduc-
tor urgenteee. No me quedó nada más que decirle, bue-
no, te dejo. Voy a escribir otro artículo esperando que
no falle la luz.
Y ella. #NWLD.
Me fui, encalamucaita y sin ganas de chatear con
nadie más.
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Guglealo
He querido estar siempre al tanto de la vida moderna,
de esta que me rodea y que cambia vertiginosamente y sin
avisarme. Y para estar al tanto siempre estoy atenta, muy
atenta. Es así como he descubierto nuevas formas de so-
cializar. Antes, en mi época, que tampoco es que sea tan
lejana, pero no es esta. Decía que antes, cuando a una no le
gustaba un muchacho intentaba rechazarlo sin herirlo, con
delicadeza, disimuladamente, sin maltratarlo ni ofenderlo.
Una pensaba en la pobre criatura, y terminaba re-
cibiendo llamadas y hasta visitas de un ser por el que
no se sentía nada. O bailando dos o tres canciones con
alguien al que una no quería tener ni de prójimo. Pero
ahora las cosas cambiaron. Las muchachas no están con
cuentos. Hablan claro y entendible, sin tanto remilgo o
consideraciones. Y lo he descubierto a través mis últi-
mas observaciones.
Así he descubierto escenas bien interesantes. Acá
dejo algunas, para que se ilustren, y para que, si lo ame-
ritan, utilicen más adelante.
· Él, después de una disertación en la que cree
que se la ‘ta comiendo: mira, ¿me das tu número?, para
mantenernos en contacto. Ella: no, tranquilo. Yo te lla-
mo. Él: pero si no te he dado mi número. Ella: tranqui-
lo, yo lo adivino.
· Él, luego de una conversación que creyó intere-
sante: chica dame tu número. Y ella: ok, anota. Él: pero
a esto le falta un número. Ella: chico, ponle cualquiera,
el que más te guste que ese sirve.
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· Él, después de perseguirla toda la noche en la
fiesta: flaca, dame tu pin. Ella, sin siquiera mirarlo:
pero ¿qué le pasa a este ser? Si es azarao. No chico, yo
no le doy mi pin ni mi número al primer borracho que
conozco.
· Él: mira, me das tu número. Ella: claro, ano-
ta ahí. Él se fue contento. La amiga de ella: ¿Le diste
tu número? Ella: no vale, ese es el número de mi papá.
Será divertido si lo llama.
· Él, después de un asedio terrible: mira, pero
dame tu número de teléfono. Ella, mirándolo de arriba
abajo: guglealo chico, a lo mejor aparece.
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Habemus hipocritam venenosum
El HIPOCRITAM VENENOSUM es una espe-
cie de ave agorera y de rapiña que abunda en nuestro
país disfrazado de ave de paraíso. Es decir que es un
ave camaleónica. Parece buena, bonita e inofensiva,
pero es un animal ponzoñoso. Acoto que el concepto
es posible de encontrar en el diccionario de la real aso-
ciación de poetas sabaneros (ASOPOSA, a los cuales
nuevamente les solicito, públicamente, mi inclusión
en su asociación)
Esta ave existe en tal abundancia que da miedo, a
diferencia de las INPERTIENTIS VENENOSUM,
estas son muy difíciles de identificar, por aquello del ca-
muflaje. Sin embargo, luego de un extenso estudio le
daremos algunos tips a ver si logran desenmascararlos.
Esta ave tropical en su cara le dirá: “¡Pero que
bella(o) y flaca(o) estás! Se ve que la vida te ha trata-
do con cariño!” Usted sabe que su tono no es honesto
porque usted se mira en el espejo y sabe que está flaco
como un perro callejero. Uno es educado y sólo pien-
sa: ¡pero este ser no se envenena con su saliva antes de
venir a burlarse de mí!
Esa misma ave agarrará a cualquier “amigo o co-
nocido” y le dirá “Si estas bello(a), hermoso(a).” Aun-
que con la mirada malévola (como diría mi sobrino)
este diciendo: “este(a) va a reventar de gordo(a). Se ve
que se la pasa comiendo. Ni ejercicio debe hacer.” Pro-
voca responder: yo sé que estoy gordo y la ironía está
de más. ¿Es que yo voy a almorzar todos los días a tu
42
casa? ¿No verdad? Entonces ¿por qué debo permitir
que me maltrates?
Esta ave siempre actúa por la espalda. Nunca da la
cara. Desconfíe siempre, porque puede ser ese ser que
tiene al lado y que en la oficina, universidad, colegio,
club deportivo, equipo de metras o donde sea que us-
ted se encuentre y le mira con cara de tonto, sonrisa
falsa y le diga el piropo más grande (y que usted sabe
que va inversamente proporcional a su apariencia físi-
ca) sea una Hiprocritam Venenosum. Es que ante tan-
to pajarraco venenoso uno sólo atina a pensar: Y tanto
pajarito bueno pal ecosistema y bonito para ver que
está en peligro de extinción y a estos bichos ni gripe
les da.
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Impertinintis venenosum
Según el diccionario de la real asociación de poetas
sabaneros (ASOPOSA, a la cuál no pertenezco, pero
ya llené mi planilla de inclusión) la IMPERTININ-
TIS VENENOSUM es un ave propia de estas regio-
nes tropicales, que ni por equivocación está en peligro
de extinción y de la cual seguramente usted, amigo
lector, conoce alguna o ha padecido en la presencia de
alguna.
La IMPERTINENTIS VENENOSUM existe en
igual cantidad de género, es decir que hay la misma
cantidad de machos que de hembras, y sus caracterís-
ticas físicas son diversas, pero el comportamiento es
similar y por ello son muy fáciles de identificar.
Esta ave tropical se le planta al frente y con el ma-
yor desparpajo del mundo le grita ¡Fulana(o), pero si
estás gorrrrrrrrdaaaaaaa(oooooo)! Y lo hace con cara
de lástima y conmiseración. Usted se contiene, son-
ríe tímidamente y dice: un poquito, pero por dentro
piensa: ¡Yo sé! ¡Yo tengo un espejo en la casa! ¡Yo fui
quien luchó media hora pa ponerse este pantalón!
Paradójicamente la IMPERTINENTIS VENE-
NOSUM no sólo ataca a los pasados de peso, es po-
sible escucharla decir: ¡Si estás flacooooooo(aaaaaa)!
¡Estás acabaito(a)! ¿Estás enfermo(a)? mientras le mira
con lástima y asco, como si usted tuviese una enferme-
dad contagiosa. Nuevamente usted apela a la sonrisa
tímida mientras murmura: ¿Tú crees? Yo me veo bien,
pero mientras tanto piensa: Bueno si estoy flaco(a) es
44
porque estoy enferma(o) y si estoy gorda(o) doy asco.
¿Quién te entiende?
Hay que destacar que esta avecilla no sólo se de-
dica a atacar la apariencia física del supuesto amigo,
vecino o familiar al que saluda, también se dedica a
escudriñar en la vida intima. Acto seguido de des-
trozarle a usted su apariencia física, pasa a gritarle:
¡Supe que fulano(a) te dejó! Ud. enmudece, pero pien-
sa: ¿verdad? Primera noticia. ¡Yo que pensé que aún
estábamos juntos! O puede suceder que le grite: Vi a
fulano(a) con alguien, una/un tipa(o) bellísimaaaaaa(
oooooooooo). Dan ganas de matar al ave, de torcerle
el cuello. Pero Ud. tan educado se contiene y piensa:
¿Aja? ¡Si! Y yo que creí que esto era una corona y no
una cornamenta.
Y si usted no tiene ni tuvo una relación tampoco
se escapa. El ave le lanza un picotazo feroz. Cuando
le espeta mientras le mira con algo menos que asco: ¿Y
no tienes novia(o)? ¡Ay Dios! No te preocupes, seguro
llega. Usted respira profundo y piensa: Pero bueno y
este(a) cree que tengo 80 años y me estoy muriendo. O
será que le estorba mi estado civil.
Al ave nada la detiene. Si usted ya se casó y pien-
sa que está fuera de su alcance. Olvídelo. Ella puede
preguntarle ¿Y no has encargado? ¿No será que tienen
problemas? Digo, por la economía o la salud. Uno
nunca sabe. Dice eso y lo mira malvadamente. Ahí
provoca arrancarle todas las plumas, pero nooooo, no
lo hace, Ud. se contiene por educación mientras pien-
sa: ya va, ¿y de cuando acá estas decisiones no las tomo
con mi pareja sino que tengo que publicarlas? Y si ya
tuvo hijos las preguntas pueden ser diversas, pero de
que las hay, las hay. Y al formularlas le sigue mirando
45
con lástima. ¿Te vas a quedar con uno solo? ¿Y tienes
puras hembras? ¿Y tienes puros varones? ¿No vas a ce-
rrar la fábrica?
Total de que el ave siempre pregunta sea por el fí-
sico, la vida íntima o la profesional. Mientras usted
estudia ¿Y cuando te gradúas? O ¿Aún no te has gra-
duado? Mientras le mira como diciendo: pobre. Nun-
quita saldrá de esa universidad/tecnológico/escuela
técnica/academia o demás. Usted respira, respira pro-
fundo y dice la fecha en la cual prevé que sucederá tan
magno evento, pero piensa, según sea el caso: ¡Si entré
hace un semestre(o hace un año)! Si nos vimos la se-
mana pasada y le dije cuando, de allá para acá cuánto
cree usted que pueda variar el asunto. Y en cuanto se
gradué la pregunta será: ¡Y aún no tienes trabajo!
El ave lanza su picotazo con su veneno. Usted es-
quívelo que ya le di las pautas para reconocer a la IM-
PRETINENTIS VENENOSUM y desee que pronto
entre a la lista de animales en extinción. Y si usted se
reconoció como una de estas pintorescas aves, lo sien-
to mucho por quienes lo rodean y por favor, no trague
saliva, puede ser peligroso.
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La rejalización
Reconozco que no soy una persona muy conversado-
ra, y que tampoco me pongo a hablar con todo el mun-
do. Pero necesito mínimo comunicarme. He percatado
que ahora TODO el mundo es intelectual y SUPERin-
teligente con tres posgrados, cincuenta postdoctorados
y cuando hablan quieren hacerlo desde ese lenguaje es-
pecífico (que no dudo que dominen) pero que sirve para
su profesión, no pa hablar con cualquier mortal como
yo que no sé un carajo.
Por ejemplo, uno va al médico porque se siente mal
y entonces viene ese ser y le dice: Su hipertensión se
debe a un problema multifactorial, (una dieta rica en
carbohidratos, grasas y sodio, más el sedentarismo y
sus antecedentes familiares) todo ello se expresa en un
daño continuo al endotelio vascular, y se expresa en
una alteración de su presión arterial, alteración del me-
tabolismo, del colesterol hdl y ldl, así como el del vldl.
Y por supuesto los gliceroles -pone cara seria, de gente
que habla grandes verdades y agrega: lo que lo pone en
peligro de una lesión al miocardio, sistema renal y por
supuesto de una enfermedad vascular cerebral…. Tan
fácil que es decirle a uno: mire, usted come de to, se la
pasa echaó, toda su familia tiene tensión alta, pa colmo
bebe y fuma. Ya se le está subiendo la tensión, siga así y
se le esguarulan los riñones, eso si no le da un infarto o
una trombosis antes. Así, simple y directo.
Y ustedes dirán, claro, el médico siempre habla así,
enredao, pero noooo, es todo el mundo. Vaya a arreglar
47
el celular o la computadora. Primero, el técnico lo ve
con cara de lástima y luego le dice: el voltaje subió a un
nivel no soportado por la fuente de poder causando un
desequilibrio eléctrico entre las partes del sistema lle-
vándolos a un deterioro Total. Y uno no entiende. ¿Pero
y tiene arreglo? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué se yo lo que es
eso? ¿Qué tiene malo el aparato? No me digan esas co-
sas, me confunden y me hacen sufrir, díganme clarito,
señora hubo tantos bajones de luz que eso se echo a per-
der cómprese otro, vende este al chatarrero y pare de
sufrir.
O va usted a la escuela de su hijo(a) y la maestra le
pide hablar y le sale con que el niño(a) presenta déficit
moderado de atención, con alteración leve en las habili-
dades expresivas orales/escritas de ahí que su desempeño
en el proceso de aprendizaje no sea óptimo, y cuando ya
está a punto de ponerse a llorar porque su hijo(a) tiene
algo terribleeeeee alguien le hace la caridad de explicar-
le. Y sucede que el muchacho sale mal porque se mueve
mucho y habla con todo el mundo y no presta atención
a la clase y por eso lo rasparon. Digan eso, y uno verá
cómo hace pa acomodar la criatura.
TODO el mundo usa su lenguaje técnico pa apabu-
llar, pa dejar a uno viendo lejos, sin entender nada. Yo
he tratado de adaptarme más o menos al asunto, pero
en estos días una amiga me dijo, encantada de la vida,
que había iniciado la rejalización de su casa. Luego de
mucho hablar comprendí que había iniciado el proceso
para colocarle cerca, rejas a su casa. No te digo pues, fin
de mundo.
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Ni loza ni bata
He dicho en artículos anteriores que no soy un ser so-
cial, que soy más bien esquiva y huraña. De modo que no
soy el centro de la parranda sino una ahí que sentada en un
rincón observa todo. Disfruto de la experiencia antropo-
lógica que me rodea, sea esta: bautizo, cumpleaños, boda,
primera comunión, lo que sea. Aunque mi hermana Me-
che dice que eso de las investigaciones antropológicas es
mi manera elegante de reconocer que le averiguo la vida a
los demás.
El asunto de las experiencias antropológicas festivas
me gusta completo, desde las tarjetas de invitación, el con-
dumio mismo, la decoración, las pintas de los invitados,
la música, cómo se sirve la comida y la bebida, todo me
gusta.
Días atrás observé una tarjeta de invitación, normal,
casi hasta común diría yo, pero tenía una coletilla, que se
refería al regalo, bastante interesante. Es muy común eso
de condicionar el presente. Cada persona intenta ser ori-
ginal a la hora de solicitar obsequio. He leído rimas y visto
íconos, pero todos tienen el mismo fin, solicitar dinero.
· “Lo más importante es su presencia, pero si algo
nos quiere dar, en efectivo lo sabremos apreciar.” Traduz-
co: lo más importante es su presencia, pero no venga sin
plata.
· “El mejor regalo es su presencia, pero si algo desea
obsequiar en efectivo lo sabremos apreciar.” Traduzco nue-
vamente: traiga plata, puede incluso quedarse en su casa,
pero mande el efectivo. A veces me pregunto ¿Si el mejor
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regalo soy yo pa que dar más?
· “Bsf. Bsf. € $ € $.” ¡Vamos señores esto no amerita
ni un comentario! No importa la nacionalidad del billete,
lleve plata, punto.
· “¿Qué hacer con el corotero después que la luna
pasa y la miel se torna escasa? No es cuestión de desespe-
ro conservar 10 palilleros, 5 teteras sin asa, un centenar de
abrelatas y pocillos de chichero. ¡No escapa a su criterio
como persona sensata que es preferible dar plata!” Aquiles
Nazoa. No soy quien para hablar nada del maestro Nazoa.
Quienes utilizan el poema son casi originales y persiguen
el mismo fin que los anteriores. PLATAAA.
· Y por último ese de la tarjeta que vi. “Ni loza ni
bata. Yo lo que quiero es plata.” Simple, sencillo, quizá no
muy elegante, pero si directo. Traiga efectivo que no con-
fío ni en su buen gusto, ni en el cariño que me tenga, ni me
interesa saber que tan bien me conoce. Traiga plata que me
regalaré lo que desee.
Impersonal, distante, pero, al parecer, muy moderno.
Por ahora seguiré estando fuera de moda y dejaré que mis
amigos me sigan regalando lo que les apetezca. Sea loza o
sea bata.
50
Nombre, apellido y talla e sostén
Ser celoso(a) es la cosa más inútil del mundo. Es per-
der tiempo, vida y sentimientos. Y lo es porque si a Ud.
lo van a engañar, lo harán aunque cele y cuide como un
guardián. En otras palabras, de esos cachos no se escapa
ni queriendo.
He dicho que es inútil, pero sé que hay gente que se
empeña en cuidar lo suyo. Aunque, sinceramente, ese
ser no es tan suyo o no tendría la necesidad de estarlo(a)
cuidando. En fin que si piensa vigilar a alguien le daré
algunas apreciaciones. Algunas propias (sí, me han
montado cacho, no lo niego. Quien diga que no le ha
sucedido MIENTE y le va a crecer más la cornamen-
ta por negarlo) y otras de mis investigaciones antro-
pológicas. Pero ojo, esto no es un manifiesto llorón de
feministas dejadas. Y no lo es porque es cada vez más
frecuente que quien monte el cuerno sea la dama y el
que desespera por cuidar de la tentación a su pareja sea
el hombre.
De modo que para todos aquellos(as) que decidieron
que vigilarán a su consorte va este artículo:
· Si sospecha que algo está pasando debo decirle
que no debe sospechar. Tenga la certeza. Ud. conoce su
ganado, y si algo le dice que come pasto en otros terre-
nos es porque ese verde que le ve entre los dientes tiene:
nombre, apellido y talla e sostén o nombre, apellido y
usa boxer. (Según sea el caso)
· Desconfíe de toda explicación o justificación
que le sea ofrecida sin pedirla. Si ese ser tiene la necesi-
51
dad de justificar 30min tarde, una salida con amigos o
hasta una llamada telefónica déjeme decirle que le están
montando la cornamenta, pero bellooo. Explicación sin
requerimiento es remordimiento de conciencia por la
cachamentazón que le están poniendo.
· Según mi exalumno Pedro Medina lo primero
que hay que hacer es hablar claro con el segundo fren-
te y aclararle su situación en el triángulo. Acto segui-
do guardar su número con un nombre que no levante
sospecha: “Compa Juan”, “Francisco trabajo”, “Mariela
productos”, “Juana taebo”. De modo que si va a revisar
teléfono hágalo a fondo, pierda media vida en leer todos
los mensajes porque de donde menos piensa salta la lie-
bre. Busque que seguro encuentra. Eso sí, agárrese de
esa brocha que la escalera se la llevaron. Ojo, cuidado y
reclama porque puede terminar pidiendo disculpas por
violar la privacidad de su pareja, sólo para descubrir que
Ud. es cornudo(a).
· Si para contestar el celular su pareja huye déjeme
decirle que su dolor de cabeza se debe a la mamadera de
gallo, porque según ique eso es lo que duele.
52
Pavosaurio Rex
A Luis Torres Oberto “El Junior”.
54
Pero pa no volver
Para la cultura occidental la juventud va desde los
15 a los 25 años, fuera de eso está la niñez y la horrible
vejez, a la que obviamente nadie quiere llegar. He com-
probado que la gente se aferra a la juventud como sea. Y
al aferrarse cometen algunos desatinos. Claro, no saben
que están desatinados, por eso decidí que sería bueno
señalar algunas actitudes.
· ¿Ud. cree que la juventud es un estado de ánimo
y no un número? Este, perdone que se lo diga, pero está
old (quizá en inglés lo ofenda menos).
· Al visitar un lugar de moda, que está en el top
de popularidad se siente incómodo, desubicado y quie-
re que bajen el volumen. Señor(a) vaya a dormir a su
cama. Ud. es de adulto contemporáneo, pero pa’ lante.
· Al escuchar que algo es Vintage no termina de
comprenderlo porque Ud. usó esa moda de primera
mano, disculpe, su edad nos ofende.
· Si para salir siente la necesidad de cuadrar todo
con tiempo, confirmar un día antes y salir puntualmen-
te a las 8pm, señor(a) Ud. está pero viejoo(aa) porque
ahora los chamos salen después de las 11pm y previo
mensaje de texto que diga: Te busco en 20 minutos,
más na’.
· Si tiene la necesidad de tomar whisky, vino o
cerveza de una sola marca sin hacer liga, si detesta com-
prar del licor más económico para que rinda la plata.
Aunque no lo confiese y salga con los chamos; Ud., Ud.
tiene su edad.
55
· Si al hablar de canciones, comic o programas
de televisión todos a su alrededor dicen: ¡Ahhhh! Con
asombro. Eso sólo significa que Ud. es un(a) viejo(a)
verde que sale con chamos, pero desengáñese, su tren
partió hace tieeempoo.
· Si al escuchar una anécdota acerca de la edad de
alguien Ud. es la referencia: más viejo o tan viejo como
tú. Ayyyy papáaaa lloree que su juventud se fue hace
tiempo y pa no volver.
56
Por andar contenta
Mi papá, hombre sabio, decía “hay algunos que an-
dan enamorados sólo por andar contentos. Eso no es así
nada más, la cosa es más compleja”. Y tenía razón.
Días atrás escuché en un pasillo de la casa de estu-
dios donde laboro una conversa entre dos caballeros.
Chamo es que está loquita pa casarse… ¿verdad? Zape
con esa. Lo que quiere es amarrarte. Y clavarte con mil
responsabilidades. Y toitiquitas son así. Parece que tie-
nen como un gen que las obliga a eso. Y rieron con ga-
nas.
Escuché eso y me entró como un espíritu, una cosa,
estuve a punto de intervenir en la conversa; pero mi
parte racional me dio, mija calma que no están hablan-
do con usted. Sin embargo me quedé pensando, Medité
profundamente mientras veía a los dos zarrapastrosos
que decían aquello. Pinta de millonarios no tenían, ga-
lanes guenotes tampoco, hasta medio feones eran. ¿Será
verdad eso que todas las mujeres lo único que aspiramos
en la vida es cazar un pistola pa casarnos?
A veeerrr, una muchacha que duerme hasta las nue-
ve o diez y no hace na cuando se levanta su máxima
aspiración debe ser la de casarse con uno ahí al que ha-
brá que hacerle desayuno, almuerzo, cena y merienda,
lavarle y plancharle la ropa y hasta vigilarlo pa que no le
monte cachos. Eso sin duda es un sueño maravilloso.
Casarse con uno ahí que duerma hasta las 7am
mientras ella se levante a las 5am, haga desayuno, ade-
lante almuerzo, prepare a los muchachos pa la escuela,
57
le sirva desayuno y se cale que él le diga que es una im-
puntual porque a él le toma 5 min arreglarse y ya son
las 8 y ella de vaga no ta lista. ¿Quién no aspira eso chi-
caaa?
Tener la responsabilidad de la casa, de los mucha-
chos, de la vida y el trabajo, y de remate tener que estar
guenisima porque siiiii, mientras él tiene una barriga
incipiente y se pregunta porqué te quejas tanto si él no
está cansado. Claroooo, él duerme completo y hasta
hace siesta.
Casarse y dejar de echarse el sueldo encima pa pasar
a dejar la mitad en las responsabilidades de la casa, es
un sueño (porque con eso de la fulana liberación feme-
nina, que es más esclavitud que liberación, nos tienen
fuñidas). ¿Quién no va a querer agarrar a cualquier ba-
tracio limpio de esos que habitan en este mundo y ca-
sarse? ¿quiénnnnn?
Y concluí que nosotras lo que somos es masoquistas.
Nos enamoramos na más que pa andar contentas, pa
más na.
58
Rehorribilidad
La semana pasada disfruté de la maravillosa expe-
riencia de hacer una cola, en un banco, en Falcón. Dig-
na no de un artículo sino de un libro completo. Largas,
muy laaaarrrrgas horas de tedio, fastidio, desesperanza,
cansancio, dolor de piernas y ganas de asesinar a uno
que otro personaje. Como he dicho en anteriores oca-
siones, ante situaciones de este tipo me dedico a mirar a
mí alrededor con ánimo antropológico. Mirando, escu-
chando y analizando todo.
Cerca de mí, aunque cerca es un decir porque ahí
todos estábamos peligrosamente cerca, estaban dos ni-
ñas muy lindas, muy jóvenes, muy parlanchinas y claro
muy ajenas a cualquier cosa que no fuese su mundo. Las
niñas conversaban acerca de la vida personal de una de
ellas. Decían:
- Si chica, me invitó a salir. ¿Puedes creer? ¿Cómo
se le ocurre? Y es rehorrible.
- Chama, pero, ¿por qué, pues?
- Marica porque es feo y además es gordo. Ah y
odioso, ni siquiera es graciosito.
- Nooooooo. ¿Verdad? ¿Gordo, feo y además an-
tipático? ¡Que rehorribilidad! A la gente así deberían,
mínimo; impedirle que se reprodujeran.
Las niñas rieron con su ocurrencia y continuaron
destruyendo al pobre gordo, pero yo ya no pude seguir
escuchando. Aparte de la jerga juvenil y de cómo se de-
nominan unos a otros, de lo que quizá hablaré en otro
artículo, me llamó la atención el “pequeño detalle” de
59
que los gordos, los feos y mucho menos aquellos que
resumen en su humanidad ambas cosas no pueden ni
siquiera reproducirse en este mundo postmoderno que
cada vez más se adentra en la frivolidad, en la aparien-
cia. Ahora no importa ser sino parecer.
Me pregunté ¿Y que harán? ¿Abrirán spa o gimnasios
y encerrarán allí a media población mundial como si
campos de concentración nazi se trataran? Dudé, pensé
y luego me pregunté: ¿En qué parte de la constitución
dice que aquellos que no son blancos, altos, delgados,
vestidos impecablemente a la moda y correctamente be-
llos como modelos de agencia no son ciudadanos? Será
que en alguna parte de los derechos humanos dice eso y
yo me lo he pasado por alto.
Ahora quiero hacer una declaración pública como
buena ciudadana que no cumple con los estándares de
belleza de la cultura occidental que vende la moda y la
televisión. “A mi me dejan comer y vestirme como quie-
ro y decidir si quiero rebajar o no mis kilos de más. No
me presionen o no funciono. Exijo mi derecho a ser re-
horrible, a ser normal pues. Ya hablé.
60
Renuncio a mi Príncipe Azul
Mis amigas más cercanas pueden dar fe que siempre
he criticado a esas mujeres que pasan la vida esperando
al príncipe azul que vendrá, ya no en un blanco corcel,
sino mínimo en un Mazda 6, a rescatarlas de la odiada
soltería y las entregará al “felices para siempre” de los
cuentos.
Siempre he pensado: ¡Pobres mortales! No saben
que luego del “Fin” de la telenovela, la protagonista ha
de quitarse el vestido blanco y ponerse cómoda para
encargarse de la casa. Parece que con el: “Acepta usted
a fulanito por esposo, para amarlo y respetarlo hasta
que la muerte los separe”. Hay un “y se compromete a
hacerle desayuno, almuerzo y cena, a lavar, planchar,
limpiar, atender los muchachos que pa eso los parió, a
estar bella a pesar de la jornada diaria maratónica, se
compromete a no engordar porque el gordo barrigón
y calvo de su marido puede buscarse a otra con esa ex-
cusa, a no celarlo y otros literales que en este momento
no recuerdo”.
Mi discurso feminista de la izquierda no me ha im-
pedido alegrarme sinceramente por aquella que cree
que encontró al hombre de su vida, que decide casarse
y me invita al jolgorio y la pachanga. Me alegro, voy,
la acompaño y pienso: “ay dios y ahora es que inicia
la transformación verdadera. Porque este príncipe en
cuanto lo besen seguro se transforma en sapo”.
Y mientras tanto yo, que soy muy crítica y medio
intelectualoide me he dedicado a buscar un Sapo, sin
61
grandes aspiraciones de Lord, Marqués mucho menos
de Príncipe. Me he dedicado a buscar un hombre nor-
mal, pero, recientemente, hablando con una amiga so-
bre mis aspiraciones del hombre normalito; ella, más
crítica que yo, me dijo: Mija, pero quien está buscando
un Príncipe eres tú.
Ello me llevó a pensar y reflexionar profundamente
sobre el asunto. Mis amigas, esas que ahora son la se-
ñora de fulano, vieron a su Príncipe (todos somos prín-
cipes y princesas los primeros 4 meses de relación) y lo
besaron y lo besaron hasta que el susodicho se les trans-
formó en Sapo. Y aún así lo siguieron besando y lo qui-
sieron más. Ellas saben que el tipo con el que están no
está bueno, pero aún así les gusta. Ellas saben que él no
tiene moral para decirles gordas, pero aún así lo quieren
y se desviven para estar bellas para su batracio; yo en
cambio espero un ser crítico que se mire en un espejo
antes de siquiera osar pensar señalar mi figura. Ellas sa-
ben que su amado el día que lave un plato espera míni-
mo un aplauso, que le den una condecoración o que lo
lleven al panteón nacional cuando muera, y ellas lavan
sus platos y una vez al siglo cuando él lava el suyo (sólo
el suyo, ni loco va a lavar todos los platos con ollas y de-
más) le dicen muchas gracias mi amor por lavar tu plato
y lo llenan de besos; yo en cambio quiero un hombre
que comparta los quehaceres domésticos porque ambos
trabajamos y llegamos cansados. Ellas cocinan toda la
semana y los fines de semana lo siguen haciendo has-
ta que, por gracia divina, el señor sapo decide comprar
una pizza. Ellas afirman que esa es su forma de decir:
descansa negra, no quiero que cocines hoy. Yo en cam-
bio quiero uno que comparta todo a mitad y mitad, si
cociné ayer, hoy te toca a ti mi amor porque yo no soy
62
esclava. Ellas saben que lo más que le sacarán a sus ma-
ridos será un: porqué no te pones mejor el vestido aquel,
ese te queda bien. Yo aspiro que el tipo me diga: amor
con el vestido aquel te ves bellísima, arrebatadora, pón-
telo, por favor. Y por ahí me deje ir. Y ¿Pueden creer que
he llegado a la conclusión que quien busca un príncipe
soy yo? Ese que busco no existe. No lo voy a encontrar.
Desde ahora lo anuncio: Renuncio a mi príncipe azul
y me declaro en busca del sapo, pero eso sí, del menos
feo.
63
Sacálo por el añadio
Una amiga me decía: quiero hacer un doctorado,
necesito investigar. La paré en seco: para investigar no
hace falta realizar estudios de posgrado. Lo que hay es
que ponerse a eso... Ella me contestó: yo sé chica, dé-
jame hablar, lo que pasa es que últimamente necesito
que me presionen, tengo tantas cosas que hacer que no
hago na… Y yo, Mmm, ok… Y ella, chica que me de-
jes hablar, y se lanzó un monólogo: el problema es que
no conseguí ninguno maravilloso, y no puedo viajar
ni mudarme, no tengo plata, así que pensé en hacer un
doctorado cualquiera.
Asentía y ella seguía: Inicié la búsqueda, conseguí
uno ahí y fui; a mi clase inicial. No conocía a nadie,
pero estaba feliz. Cuando vi entrar a la profe con sus
globos de colores y el foami en forma de nube para co-
locarle nuestros nombres debí sospechar lo que vendría.
Pero nop, y me quedé.
¡Buenas tardeeesss genteee! –espetó la profesora cual
animadora de fiestas infantiles. Me moví incomoda en
la silla, pero dije, calma, no seas odiosa. La tipa es afa-
ble, trata de mantener un ambiente cordial. Puse mi
nombre en mi nube y me la colgué del pecho. Te imagi-
narás como me veía mana, pa tomarme fotos.
Después de las nubes, la presentación: Ahora los in-
vito a que digan su nombre, cuál es su especialidad y
por qué están aquí. Tienen 5 minutos. (dicho en tono
de payasita hiperactiva que comió mucha azúcar). Y se
inició la ronda. Con micrófono y todo:
64
Buenas tardes, mi nombre es Periquito de los pa-
lotes, soy egresado de la magnánima universidad de
trururu, con excelentes calificaciones, soy la pepita
del queso en xxxx y estoy acá porque necesito com-
partir mis conocimientos con la plebe como ustedes…
Buenas tardes, fulanita de tal, tengo 2 licenciaturas, 3
maestrías, 1 doctorado y 3 cursos de corte y costura,
estoy acá para culminar un libro que realizo porque soy
fenomenal… siguiente, buenas, soy el papá de los hela-
dos, tengo 4 libros, miles de publicaciones, hasta Dios
padre celestial avala mis investigaciones, en fin que no
sé qué hago acá porque lo que soy es lo máximo… Fu-
lana de tal también tengo estudios de postgrado, y se
coser, bordar, cocinar, estoy casada, tengo 3 hijos y mi
marido es lo mejor del mundo… y pensaba, pero ¿qué
hago aquí chico? Y por qué causa, razón o circunstancia
debo decirle mi biografía a esta gente. En qué dimen-
sión desconocida entré.
Justo antes de mi turno se levantó una ahí: mi nom-
bre es pripripri, soy lo máximo, jefa en no sé donde,
tengo 2 chamos y ese mamarracho que está ahí es mi
marido y vine fue a cuidarlo de todas las zorras que me
lo quieran quitar. ¿Tú te imaginas eso? Sacálo por el
añadío, si esa era la presentación cómo sería el resto, la
que dejó el pelero fui yo.
65
Entiéndala, usted puede
Uno de mis sobrinos se quejó porque mis artículos
eran muy feministas. Que olvidaba que las mujeres son
realmente difíciles. Reflexioné y le concedo que no so-
mos fáciles de comprender. Sin embargo hay algunas
actitudes fáciles de preveer y si un hombre no lo sabe,
creo que pasará muchísimo trabajo. Reproduzco acá
sólo algunas de esas situaciones, porque no se las voy a
poner tan fácil a ellos, y las actitudes con las cuales pue-
den salir con éxito:
· ¿Papi, tú me quieres? Fácil, la respuesta debe ser
enérgica, pero con un dejo de fastidio, algo como: ¡Cla-
ro! ¿Qué preguntas son esas? Porque si se pone meloso,
a decir tonterías y mandar mensajes de texto atosigantes
tenga la plena seguridad que lo dejarán y se buscarán a
otro menos “pegajoso” al que le puedan preguntar lo
mismo y les conteste de la forma indicada.
· ¿Me veo gorda? Si usted es inteligente no contes-
te esto. No lo haga. Cualquier respuesta desembocará
en el mismo zafarrancho. Si UD. dice: Sí, un poqui-
to. Esto provocará una cólera como la de Aquiles. Ella
dirá: de modo que estoy gorda, fea y vieja. ¿Eso es lo que
piensas de mi? ¡Tú no me quieres! Y por ahí se dejará ir.
Si se le ocurre decir: Nooo, para nada. Será peor, pues
ripostará: ¿Por qué me engañas? No me digas menti-
ras. Yo sé que estoy gorda. Provoca responderle: ¿Pa qué
preguntas si sabes la respuesta? Y la peor de todas las ré-
plicas que puede dar: No te preocupes que yo te quiero
estés como estés. Si Ud. quiere morir, diga esto último.
66
· Los regalos deben ser mínimo 4 al año: día del
cumpleaños, día de los enamorados, navidad y día del
aniversario (si se olvida de esta última fecha dese por
muerto). Esos son los mínimos, Ud. puede dar más.
Nunca menos. Pero eso sí, procure que siempre sea la
misma cantidad porque cualquier varianza en el núme-
ro puede causar suspicacia con su respectivo ataja pe-
rro. Si usted es un pichirre y nunca regala nada, procure
no ponerse dadivoso de repente porque seamos claros,
eso sólo significa que tiene remordimiento por algo que
hizo, hace o hará. Y a nadie le gustan los cachos.
· Si van a algún lugar público y ve a una mujer
despampanante le doy un consejo, mírela con toda
confianza, bucéela con descaro porque aunque lo haga
disimuladamente su compañera lo sabrá. Y si le van a
formar un brollo descomunal que al menos Ud. sea
completamente culpable. Es que los hombres no saben
ser reservados, en cambio jamás saben cuando su com-
pañera se come a alguien con la mirada.
Sé que faltan muchas actitudes más, pero como dije
no lo voy a poner tan fácil… Les di unos tips y si no la
sobrelleva en paz no tengo culpa. Soy inocente.
67
¡Una empanada más!
Días atrás en una conversación con unas amigas
descubrí que no importa la edad (mi círculo amistoso
es amplio y en esa reunión había tanto gente de 70 y
algo como de poco más de veinte) todas tenemos una
preocupación: la comida. Unas alegaban razones de sa-
lud, por aquello del perfil lipídico (si usted no tiene ni
idea de qué es ese fulano perfil, no se preocupe, su des-
conocimiento significa que tiene menos de 30 y aún no
debe inquietarse por el asunto), otras argüían razones
estéticas puesto que los famosos “cauchos” no le deja-
ban lucir sus prendas de vestir, otras aducían presión
social (¿Recuerdan a las IMPERTINENTIS?), algu-
nas, que están, como dirían mis amados alumnos de la
universidad, explotás; afirmaban que de no ir 5 veces a
la semana al gimnasio y de mantener una estricta dieta
jamás lograrían ese estupendo estado físico, por tanto
todas reconocían haberse convertido en nutricionistas
dietistas. Percaté que de un tiempo para acá, las mujeres
cuentan las calorías, suman puntos, distinguen entre
carbohidratos y proteínas, además pesan, miden, sacan
la cuenta entre la edad y la estatura, eso lo dividen entre
el diámetro del agujero de la capa de ozono y el resulta-
do que obtienen, lo dividen entre dos. ¡Y eso es lo que
puede comer! Es decir: NADA o muy poco.
Comer se nos ha convertido en un castigo, en un su-
frimiento, en un verdadero dolor de cabeza. Pensamos:
Si como esto hoy, mañana como sólo de aquello o hago
mil horas en la caminadora y entonces todo estará bien.
68
O nos repetimos mentalmente: Durante toda la semana
cumplí estrictamente el régimen de modo que hoy do-
mingo, puede ser que me permita comprar un Toronto
y compartirlo (eso si logra convencer a otra de las que
vive a dieta, de las que vive en perpetuo sacrificio).
Después de escuchar todas esas conversaciones me
dije: ¡Yo definitivamente quiero ser hombre! Ellos no se
preocupan por estas cosas. Y es que no me quiero con-
formar con una vida así. Yo no quiero correr detrás del
cuerpo adolescente que ya no poseo, de ese que poseía
cuando apenas contaba 15 años. Yo no quiero morir-
me de hambre para entrar en la talla ideal. Yo soy M,
si señor E M E. Lo digo con orgullo y sin absoluta ver-
güenza. Sé que mi talla dista mucho de la talla ideal de
las vallas publicitarias y de los modelos de la televisión,
cine y demás, pero en ella me siento cómoda. Va acorde
a mi edad y a mi estilo de vida que es sedentarísimo.
Desde esa reunión con mis amigas me he pregunta-
do ¿Cuál es la bendita ley que dice que la arepa engorda?
¡Me he revisado la constitución en múltiples ocasiones y
no la he encontrado¡ ¿En qué parte de la Biblia, Nuevo
Testamento, la Torá o el Corán dice que los gordos o los
pasados de peso no van al paraíso? Exijo que me lo ubi-
quen y me lo demuestren con argumentos teológicos. Y
por último, pero no menos importante ¿Quién diantres
fue el que dictaminó que si uno es talla M es gorrrrrr-
dooooo? ¿Quién fue el que dijo que lo bello, “lo IN” era
ser talla XXS? Porque sépalo señor lector, la talla más
pequeña no es S. ¡Es XXS! ¿Cuándo, Dios de la vida,
cuándo voy a lograr yo esa talla? NUNQUITA. Y es
que creo que ni cuando tenía 15 fui XXS.
Quiero seguir siendo M y decirlo con orgullo y no
bajando la cabeza como para que me perdonen la vida.
69
Quiero ir a una tienda y encontrar ropa para mi sin te-
ner que acudir a la tiendas de tallas grandes (que es el
eufemismo más hiriente con el cual la industria de la
moda le dice GOOOORRRDOOOO a todo el plane-
ta). Quiero comer sin angustia, sin pensar que cometo
pecado, sin creer que no soy nadie, que soy fea, gorda
o, algo que en estos tiempos posmodernistas es igual a
la muerte, que estoy “OUT”. Yo quiero comer sin que
nadie me mire con reprobación como diciéndome: ¡Por
eso es que estás así! Luego no te quejes. Quiero que
el comer vuelva a ser un placer, que debe ser mesura-
do como todo placer, pero un placer al fin que indique
goce. Quiero poder pararme los domingos, ir a comprar
todos los periódicos y sentarme a leerlos mientras sabo-
reo un desayuno que no sea aburrido y triste. Quiero
comerme una empanada más en mi vida sin tener que
rendirle cuentas a nadie. Yo trabajo toda la semana y
soy responsable y soy cuidadosa y sé lo que es una dieta
balanceada por que la sigo todos los días. Por lo tanto,
yo tengo más que merecida ¡Una empanada más!
70
… y caí…
Últimamente he comprendido que lo mío es la an-
tropología, aunque sea empírica. En mi último viaje a
Caracas, por asuntos intrascendentes, hube de esperar
que amaneciera, porque salir en la madrugada en esa
ciudad hechicera y hechizada es peligroso. Me refugié
en una panadería y mientras tomaba café observé a mí
alrededor. Una fauna variopinta esperaba conmigo, po-
cos llamaron mí atención como mis vecinos, 2 caballe-
ros cuarentones, vestidos de traje, uno parlanchín y otro
más bien callado. Me llamó la atención su monólogo y
por ello, trataré de reproducirlo, pues trataba de una fi-
losofía profunda.
- Chamo es que si a mi alguien me hubiese dicho
no lo hago; pero nadie habló. Nadie dijo NADAAAAA
¿Qué necesidad tenía de eso?
Yo era completamente feliz. Y fui a casarme. Mírame
ahora, viejo, limpio y amargao. Debí quedarme solo y sa-
lir de vez en cuando con una muchachita... Tienes razón,
me buscará por plata, ponte que salgo 1 o 2 veces a la
semana con ella y gasto, cada vez, 300Bsf, además le doy
la misma cantidad pa que despilfarre. ¿Cuánto crees que
gasto al mes en casa y familia? El cuádruple. Echa lápiz,
es más barato, más divertido y hasta más estético, porque
¿tú has visto últimamente a mi mujer? ¡Pa’ to’ tengo que
pedir permiso, pero ella pa ponerse como un tonel no pi-
dió permiso! No es fácil. Hay cosas de la vida que no lo-
gro entender. ¿Cómo alguien desea a la misma mujer por
más de 5 años? Ese es un pervertido sexual chico, un en-
71
fermo… y la quejadera: tú no me quieres. Ya no es como
cuando éramos novios. Pero si la invito pa un motel dice:
“Ahí filman a la gente”. ¿Con tanto muchacho bello van
a filmar a 2 viejos feos y gordos? ¡Será con una cámara
panorámica! O dice: “Ya no hablamos”. Eso me saca la
piedra. Si estoy de vago ni me mira, pero al sentarme a
ver televisión… ¡ella quiere hablar!
Tú no. Eres soltero, estás en góndola. Cuando quieres
tomas, te vas de viaje, descansas. Yo no. Yo tengo que car-
gar con esos 3 sacos de cemento… ¿cuáles van a ser?, mi
mujer y mis 2 hijos. Eso sí es un castigo. Uno se convierte
en turco porque carga con ese escaparate y además lleno
de ropa pa que pese más. Si son los muchachos mejor no
te cuento. Piden más que barrio en construcción. Y sin
contemplaciones, los zapatos más caros (y claro le duran
3 meses) y los juguetes… sin palabras, todos quieren ce-
lular y del más caro, de última generación… ¿Yo? Yo no
uso bichos de esos. ¿Pa’ que te lo revisen y lo revienten
contra la pared? ¿o pa’ que te manden mensajes o pines
o wazapes diciendo: traes pan. Se acabó la leche. Tengo
dolor de cabeza, pasa por la famacia y traes. De esto y
esto y esto y esto. ¿pa que te digan: dónde ‘tas? Es tarde.
Vente pa la casa. No señor, paso y gano. No uso celular y
punto. Y todos, la madre y los hijos, creen que soy cajero
automático. La verdad te digo, si algo malo hice de solte-
ro ya lo pagué toíto y con intereses.
Y mortificaciones por montón. Ahora resulta que
mi hija tiene novio. Un peluo inútil que me cae mal,
pero no le digo nada pa que no se enamoré más de él. La
gente me dice, pero lo conoces. Va pa la casa. Yo digo:
¿Qué importa si sé quién es o no? Lo importante es que
no le monté una barriga… no chamo, nadie me dijo y
fui yo y caí.
72
Yo no juego carrito
Generalmente me encuentro rodeada de jóvenes,
por diversas razones: tengo varios sobrinos de entre 19
y 24 años; doy clases en una universidad y en ella has-
ta los profesores son unos muchachitos; y además me
metí de frente en las redes sociales más famosas de in-
ternet. Me he dedicado a observarlos detenidamente y
creo que ya entiendo su forma de comunicación. Ojo,
creeeoooo.
Comprendí, por ejemplo, que No puedo hacerme
pasar por uno de ellos porque me sobran: edad, kilos
y vergüenza. No me voy a poner de pavasauria a tirár-
mela de chama (que ya diciendo chamos se me salen los
abriles y se nota más o menos la edad que tengo. Porque
si usted dice “los chamos” tiene su edad, no la niegue.
Los jóvenes de hoy en día en muy escasas ocasiones se
autodenominan así).
En fin, que observándolos he visto que casi todos,
casi, se denominan con un bello adjetivo calificativo. Se
dicen, tiernamente y sin atisbo de ofensa, marico. Y lo
bueno de estos tiempos es que hay igualdad de género.
Se puede escuchar igual: marico que marica, lo utilizan
para saludarse, para iniciar una conversación o como
signo de asombro si lo acompañan con un: pol dioj.
Ejemplo: marica pol dioj es un viejo feooooo. Y viejo es
todo aquel ser que pase de los 27, pa que se comiencen a
ubicar y sean serios.
Sucede que nuestros jóvenes resultaron ser viejofóbi-
cos, a veces los toleran (debería decir nos, pero me nie-
73
go a sentirme taaan vieja), si los brindan o si se pueden
burlar de ellos o si no representan una raya. De modo
que el/la que tal nunca será un adulto-contemporáneo.
Explico, cuando a uno le gusta mucho alguien, se le cae
la empalizá, se le mueve el piso, ese ser es el/la que tal;
es el/la que te mueve los corotos. Y aprendí que puede
ser que uno esté con una pareja y aún así ese(a) no sea
la persona que tal. Así son mis sujetos objeto a estudio,
liberales y postmodernos. Odiosos e irónicos. Suelen
recurrir, constantemente a la ironía como forma de so-
cializar.
Como he dicho son directos y sin tapujos. ¿Qué le
pasa ese? Yo no juego carrito. Para referirse al hecho de
que no son unos niños. Que son serios y están hablan-
do de algo importante. Lo cual me resulta paradójico
porque es la misma generación que cierra algunas con-
versaciones con un no pensés en eso. Ejemplo: hoy no
salgo, mañana tengo examen, tengo que estudiar… no
pensés en eso, vamos a acabar los trapos.
Así que creo que entendí más o menos la forma de
hablar de los jóvenes que me rodean. Y lo hice rápido y
sin aplicar ningún instrumento engorroso, ni importu-
nar al grupo a estudio, y eso es así porque yo no juego
carrito. Yo los manejo. Ahí les dejó esa.
74
Yo soy Miss Venezuela
Hace algún tiempo salí con un tipo que según mu-
cha gente era un muy buen partido. En realidad era
medio bajito, con una calva incipiente y hasta medio
gordito; pero todos decían que era lo máximo y como
decidí abrirme a las oportunidades, acepté la invitación
a cenar del fulano buen partido.
Me buscó, hablamos y descubrí que el fulano no te-
nía grandes temas de conversación, era más bien nor-
malito, hablaba del trabajo, del país, de la economía, de
la política, del deporte y hasta de las telenovelas, pero
todo visto desde las vísceras, nada desde el cerebro, y
sin embargo se lo dejé pasar. Pensé: Einstein ya murió
y estoy casi segura que no debía hablar profundidades
todo el tiempo, seguro contaba chistes malos y hablaba
pistoladas en las salidas. Yo le dejé pasar todo lo malo y
aburrido al buen partido, porque somos humanos, tene-
mos defectos y porque estaba de un muy buen humor.
Decidí disfrutar la salida sin prejuzgar a nadie. Llega-
mos a un lugar simpático, nos tomamos unos tragos y
decidimos ordenar la cena, hasta ahí (salvo los chistes
malos, las estupideces y la conversación sosa) todo bien.
Cuando trajeron la carta conté los puntos, las ca-
lorías consumidas, sopesé el hambre que tenía, que
podría tener después, y (como refuerzo) recordé el pan-
talón que tengo guardado en el closet, porque no me
queda, pero que juré que me pongo el mes próximo y
ordené pollo a la plancha con ensalada verde. Proteína
que sacia, pero que no engorda, pensé.
75
El susodicho buen partido me miró profundamente
y yo pensé que diría algo trascendental, pero no. Él sólo
dijo: ¿Por qué vas a comer eso? Come comida, come
bien. Yo pensé que eras diferente. A mi me gusta salir
con mujeres como tu porque no le para a nada y comen
bien. . . . la retahíla no me gustó, pero me hice la ton-
ta y le pregunte: ¿mujeres como yo cómo? A lo que el
repostó: así, normales, que no están obsesionadas con
la apariencia, que son como tú. Así, gorditas y no muy
arregladas.
El individuo gordito, feito, retaco, medio calvo y
sonso me decía a mí gorda y mal arreglada. Tenía el
valor de obligarme a oír sus estupideces y luego insul-
tarme. Yo respiré profundo, conté hasta mil, mientras
pensaba: ya va, osea que ir a la peluquería todas las se-
manas a secarme el cabello y hacerme un baño de no sé
que me coloca Ricky para que esté el hidratado, pero no
grasoso, sedoso y no reseco, brillante y no con Fritz, no
se nota. De modo que las horas con la muchacha que
me arregla uñas de manos y pies ni se ven. De modo
que el ritual de limpieza para el cutis que hago tres veces
al día (al levantarme, al llegar al medio día para no salir
nuevamente a la calle con la cara horrible en la tarde y
en la noche para que la piel respire y no salgan signos de
envejecimiento) no son perceptibles. De modo que el
dineral que gasto en potes de limpiadoras, exfoliantes,
astringentes, hidratantes, maquillantes, desmaquillan-
tes, y que son diferentes para el cuerpo que para la cara,
es un gasto inútil. Así que la dieta de los puntos, de las
calorías, del cereal, del hambre, del atún, de la piña, de
la sopa y cuanta cosa inventan que hago una detrás de
otra sin pecar mucho no valen de nada. Comprendí que
levantarme temprano para iniciar una rutina que me
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permita hacer desayuno, adelantar el almuerzo y vis-
lumbrar que haré de cena, planchar, contestar los mail,
revisar el Facebook, revisar la agenda para que no se me
olvidé nada, arreglarme para salir impecable y bella al
trabajo, con el tiempo justo para llegar a las ocho en
punto era perder el tiempo. Y ni hablar de los perfumes
costosos y la ropa que elijo cuidadosamente (que va con
mi estilo, con mi personalidad, con mi tipo de cuerpo y
con mi edad, pero que escojo cuidadosamente) nada de
eso vale la pena porque el señor dice que: ¡soy una gorda
mal arreglada!
El señor no se ha visto en un espejo, el señor ve tele-
visión y piensa que todas las mujeres tienen el deber de
estar así: bellas, flacas, de 18 o de 40 pero que parecen
de 18. El señor no sabe que es tonto, que me aburre su
conversación, que él es un gordo no muy bien arregla-
do. El señor no sabe nada.
Pienso todo eso en un segundo mientras le respon-
do al “buen partido”: no, hoy quiero pollo a la plancha
y ensalada verde. Quizá otro día coma más carbohidra-
tos. Y pienso: ya sé porque el buen partido todavía está
disponible. Él es un tonto que no sabe que con mi ruti-
na diaria: Yo soy miss Venezuela.
77
Ay mamaaaaaa
Se acerca el día de las madres, lo recordé porque un
individuo ahí se acercó para hablarme al respecto. Me
dijo: Chica, tú que te la pasas de sin oficio, escribiendo
tonterías sin importancia, deberías escribir cosas serias
como lo que sucede ahora por el día de las madres. Yo
respiré profundo y conté hasta cien mil para no brincar-
le encima al ser que me llamaba sin oficio. Sonreí, puse
cara de tonta y pregunté: ¿Qué sucede con el día de las
madres? Y les juro que me arrepentí inmediatamente
porque el tipo se lanzó un discurso bárbaro, un mono-
logo larguísimo y amargo.
Dijo: “Un desastre. Antes uno regalaba algo. Cual-
quier detalle y la mamá se ponía contentica, pero ahora
noooooo. Las cosas han cambiado y uno teme comprar
y regalar porque todo es muy complicado. Te le apare-
ces con unas ollas bellas, costosas y resistentes e inme-
diatamente te dicen: imagino que trajiste un mercado
con esto y que además te vas a poner a cocinar tú por-
que yo ni loca. Hoy es mi día.
Si le regalas una cocina, de esas modernas, grandes,
carísimas, bellas, inmediatamente te forman un zapero-
co mientras murmuran: ¿ah pero esto fue lo único que
se te ocurrió regalarme? ¿Tú crees que yo soy esclava?
Espero que junto con la cocina venga un manual para
que la uses o un contrato para una cocinera, porque
Monagas abolió la esclavitud mijito.
Dime si uno compra una de esas superlicuadoras.
La respuesta es inmediata, supongo que trajiste frutas,
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azúcar y ganas de ponerte a hacer jugos porque lo que es
esta no hará pero nada, estás bien equivocao.
Y si es una bata o un pijama la cosa se pone color de
hormiga brava. Te la baten en la cara mientras te gritan.
¿Y tú crees que yo soy una abuelita? Machista de por-
quería. ¿Por qué no me diste un vestido de noche, unos
tacones, otra cosa para mi disfrute?
Si uno se pone creativo a comprar bisutería o carte-
ras o zapatos o cosas de esas, seguro, seguro que le di-
cen: ¿Qué es esto? Esto no se parece en nada a mí. Tú
como que no me conoces. Pero dime tú. ¿Cómo se pa-
rece una mujer a unos zarcillos?
La culpa es de la liberación esa del carrizo. Antes las
cosas eran más sencillas. Ahora uno regala algo y ter-
mina siempre mal, todo lo toman a mal, no compren-
den que uno sí se las ingenia para regalar, pero es que
las mujeres ahora son muy inconformes. Uno le rega-
la, pero igual sale regañao y diciendo: ¡Ayyyyyy ma-
máááááááááá!”
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Quién fuera perro
En una profunda disertación filosófica, unas alum-
nas de la universidad decían que caminar, por cualquier
calle de Venezuela, representaba exponerse a un mal rato,
porque cualquiera se sentía en el derecho de agredirlas
con un piropo. Que es una costumbre odiosa que debería
desaparecer. Sinceramente no estoy en contra de esa cos-
tumbre. Y no lo estoy por varias razones: 1) el venezolano
es bastante creativo con los piropos. 2) el asunto ya se está
tornando bastante equitativo porque he visto a jóvenes,
tanto chicos como chicas, agradando a un transeúnte
con una flor. 3) he percatado que la gente, se sienta agre-
dida o halagada procura contestar al piropeador. 4) con-
trario a lo que pueda creerse, el venezolano no sólo mira
a las flacas tipo top model, es bastante democrático en los
gustos (flaca, gorda, vieja, joven, explotá o no, si sale a la
calle recibirá su piropo). Es decir, para todas hay.
Como me gustan las experiencias antropológicas in-
dagué por acá y por allá cuáles habían sido los piropos
más originales y sus respectivas respuestas (que dijeron
o que recibieron mis amigos) y acá les coloco los que, a
mi parecer, son los más curiosos.
Él con cara de galán dice: Mamitaaaa, ¿te ayudo a
cruzar la calle? Ella muy seria responde: prefiero que me
atropellen.
Ella, envalentonada con las amigas que le hacen ba-
rra, dice: ¿De que juguetería saliste? ¡MUÑEECOOOO!
Él, azorado porque no esperaba que le dijeran nada, atina
a decir muy bajito: ¿Por qué, me vas a comprar?
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Él con cara de sobraó dice. Mamitaaa estás como la
Barbie divorciada…. Tienes de todoooo. Ella sólo atina
a reír y decir: Gracias, ya lo sé.
Ella en un verdadero acto de osadía dice: Quién fue-
ra bizca pa verte dos veces. Él totalmente desconcertado
no puede ni responder.
Él, mirándola fijamente, le dice: ¡Mamiiiii, quien
fuera perro pa’ orinarte ese cauchito! Ella, totalmente
escandalizada por tamaña ordinariez responde: ¡Quién
fuera sorda pa’ no haber escuchado nada!
Él, joven, pero valiente dice: Mamiiii, termíname
de criar. Ella mayor y sabia responde: ¡quiero regalar los
zagaletones que tengo en la casa voy a recoger más! Es-
tás equivoca’o.
Pero la palma, el trofeo máximo se lo llevó mi her-
mano Carlos Alberto cuando dijo: ¡Suegra! Le cambio
a su hija por mi papá. Ella, una señora muy inteligente,
voltea y le pregunta. ¿Ajá? ¿Y qué tal está tu papá?
81
Trijelou
No soy experta en lingüística, pero creo que una
lengua puede considerársele viva siempre y cuando exis-
ta un grupo de gente que la utilice y la transmita a sus
descendientes. Estos descendientes la utilizarán y harán
que evolucione y a su vez se la transmitirán a sus des-
cendientes en un interminable juego. Eso es lo que creo,
no sé si es así, y lo aclaro no sea que mañana decidan
crucificarme los más estudiosos de la lengua.
Hace un tiempo un amigo del extranjero, no hispano-
hablante, me señalaba que nuestra lengua era sumamen-
te difícil, pues poseemos 3 o 4 palabras (como mínimo)
para designar a un solo objeto o concepto. Yo intenta-
ba explicarle que esa era, según mi criterio, la riqueza de
nuestra lengua, el poder decir: bello, lindo, hermoso y
decir lo mismo y sin embargo decir algo diferente.
Pero últimamente he percatado que todas las pa-
labras de nuestro idioma no son suficientes para los
hispanohablantes y por tanto deben acudir a vocablos
extranjeros, los cuales, bien dicho sea de paso, no siem-
pre son bien pronunciados.
Esta “moda” es verdaderamente democrática, pues
no tiene distingos sociales, económicos, generaciona-
les ni políticos. La verdad no la entiendo, pero está ex-
tendidísima, es utilizadísima y los mortales que no la
practicamos somos vistos como especímenes raros pro-
venientes de una lejana galaxia.
Y es que no entiendo el porqué si Géminis o perla
son palabras que existen en español debo decir que el te-
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léfono es yemenai (Gemeni) o perl (pearl) imagino que
si no lo digo así el aparato no funciona igual. Si en es-
pañol uno puede decir perdedor, tonto, pobre pistola y
demás por qué se empeñan en decir que “fulano es luser
(looser)”; ¿será que así en gringo mal pronunciado el po-
bre ser se siente más miserable? No sé, me lo pregunto.
Así como me pregunto será que diciendo “jeloooouuu
(Hello)” el buenos días, hola, cómo estás es más agrada-
ble y placentero. ¿Y el fulano “guerever (Whatever)” es
mejor y explica más que un “ok, cómo tú digas”, que se
pueda decir en español? Muchos me dirán, pero es por
economía, tu dices 4 palabras y ellos sólo mal pronun-
cian una, pero y es que el “guacht (What)” es más corto
que el ¿qué? nuestro. Yo he cometido muchos errores en
mi vida, y todos están asociados a mi necesidad de decir
y preguntar. Tuve la osadía de plantarle a algunas per-
sonas todo lo anterior y sólo recibí por respuesta: Mija
tú estás aut. Todo avanza. Trijelou de los guerever al
cubo contigo, oseeeeaaa… Y decidí que No pregunto
más.
83
Me compro un gps
Pedir referencias acerca de una dirección entra-
ña peligro, puesto que uno se expone a ser víctima del
hampa. O ser blanco de algún gracioso que lo envíe en
la dirección contraria de a donde se dirige. O, peor aún,
a que le den indicaciones para llegar. Esto último es, a
mi modo de ver, el verdadero peligro.
La semana pasada, y dicho en buen criollo: me eché
la perdía del siglo. Como todo ser humano, decidí pre-
guntar y ahí comenzó mi odisea. Primero reflexioné: ¿A
quién le pregunto? Porque tiene que ser a alguien que
parezca amable, buena gente y de la localidad. Lo cual
es difícil de precisar con una sola mirada. No puede ser
a un transeúnte porque puede que diga: No sé, no soy
de aquí. En fin, que luego de unos minutos de mirar
bien, decidí preguntar: Sr. ¿Hacia dónde queda la ca-
lle tal con tal? El Sr. que, en short y franelilla, está ba-
rriendo el frente de una casa. Me mira y amablemente
responde: Mija, no soy de aquí. Estoy de visita.- Pienso,
de todos los Sres. de la calle le pregunto precisamente
al que, en un gesto de amabilidad, barre el frente de la
casa que visita. Bendito Dios.
Como necesito dar con la dirección vuelvo a inten-
tar, pero ahora con una Sra. quien me indica: Siga de-
recho 2 cuadras, en la esquina de la segunda hay una
casa con un Porche grande y una señora sentada en una
mecedora. Se llama Chencha. Pregúntele que ella sí
sabe.- Se desvanecieron mis esperanzas, esta Sra. me da
la dirección de otra que sí sabe. Fin de mundo.
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Decido que no visitaré a la Sra. Chencha. Intento
con un buhonero. El muchacho es amable y me indi-
ca: eso es muy fácil. Siga derecho, derecho, luego cruza
pa´rriba. Sigue dos cuadras y luego vuelve a cruzar, pero
pa´bajo. Intento grabarme las indicaciones mientras
pienso: ¡Ay papá! ¿y pa´bajo y pa´rriba serán izquier-
da y derecha o al revés? Ahora le pregunto a un grupo
en una esquina. Conferencian, discuten: no chico eso
queda cerca de esto. No vale es como llegando aquello.
Al final no saben na’.
Sigo perdida, pregunto nuevamente y esta vez me
dicen: Ud. siga 2 cuadras, cruce a la izquierda. Inme-
diatamente verá una casa amarilla con un portón azul,
al lado hay una casa de 2 pisos, bueno ahí no es; siga
más adelante donde se encontrará una casa con un pe-
rro amarra’o a una mata de mamón, ahí cruza a la iz-
quierda y por ahí le pregunta a alguien que le termine
de indicar. Lo único que atino a pensar es: ¿Cómo es
que se llegaba a que la Sra. Chencha? Pedir direcciones
es una desgracia. Mejor me compro un GPS.
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Arroz, pero con todo
Este fin de semana asistí a un matrimonio, como
boté mi celular no me quedó más remedio que hablar
con mis compañeros de mesa, me dediqué a sociali-
zar. La conversación fue la típica: ¡Qué bella la novia!
¡Divina la comida! Maravillosa la música. Qué vestido
taaaan horrible el de esa Señora. ¿Será que no tiene fa-
milia ni espejos en su casa que sale así? Cuando estaba
a punto de salir corriendo alguien mencionó el hecho
de que había algunos “arroceros”. Eso cautivó mi aten-
ción. En Venezuela se dice que la fiesta estuvo mala si
no sirvieron tequeño. Yo creo que una fiesta, para ser
fiesta, debe tener su arrocero.
Ahora bien, ser arrocero es un arte. No cualquie-
ra puede calificarse a sí mismo de arrocero. Primero,
el (la) arrocero(a) es un individuo muy bien vestido,
arrocero que se precie nunca va mal trajeado. Con su
apariencia elegante y con una seriedad absoluta pasará
frente al portero del local, saludará cortésmente y sin
pizca de nervios penetrará en la fiesta como si fuese
el(la) dueño.
Una vez dentro, el (la) arrocero(a) procederá a ubi-
carse en una buena mesa que esté cerca tanto de la mesa
de quesos como del puesto de mesoneros para asegurar-
se estar siempre provistos de todo. Amablemente cederá
algunas sillas a aquellas personas que lleguen tarde. Hay
que hacer la acotación que el (la) arrocero(a) es, por re-
gla general, un ser gregario, es decir que está acompaña-
do por una o dos personas.
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Un buen arrocero es un ser extrovertido, nada tí-
mido, conversa con todo el mundo, cuenta chistes y es
de lo más simpático. Será quien sirva el whisky y es-
tará pendiente que no falte nada en la mesa. Un buen
arrocero bailará con buena parte de los invitados. Si es
hombre le echará los perros (con éxito) a la más bella de
la fiesta y si es mujer bailará con los hombres más sim-
páticos del lugar. Saldrá en todas las fotos abrazado(a)
a: los novios, la quinceañera, el(la) cumpleañero(a), los
padres del niño bautizado o primo-comulgante, según
sea el motivo de la fiesta. Y será inmortalizado(a) en los
álbumes de mucha gente o al menos en el Facebook;
aunque, claro está, ninguno de los organizadores logre
saber, a ciencia cierta, quién era ese personaje tan extro-
vertido y simpático que fue el alma de la fiesta.
El (la) arrocero(a), para preciarse de serlo, bailará,
comerá y se tomará fotos más que cualquier invitado.
Será quien reine y disfrute a plenitud. Demás está decir
que será de los últimos en abandonar la recepción y lo
hará abrazado con los dueños de la fiesta con quienes
irá a terminar la fiesta en otro lugar y luego a comer en
la calle del hambre. Si Ud. no cumple con todos estos
requisitos déjeme decirle que no es un arrocero sino un
pobre coleao. Porque al arroz, como a la vida, hay que
entrarle, pero con todo.
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Entren que caben cien
Viajar en transporte público es una experiencia an-
tropológica inolvidable. Como sé que parte de la pobla-
ción no lo ha hecho, y quizá se sientan sin referencias,
me permito dar unos tips para que puedan disfrutarla a
plenitud. Iniciemos:
· La parada es el lugar donde un grupo de per-
sonas que no respetan el orden de arribo intentan,
empujando y golpeando, montarse de primero en el
transporte. Para ser pasajero Ud. debe perder la educa-
ción. Al subir al transporte no diga: ¡Buenos días! Mu-
cho menos le conteste a quien por desconocimiento lo
haga.
· El clima una vez dentro descubrirá, no sé porque
fenómeno, que la temperatura es apenas 1 grado menos
que en el infierno. No importa el clima afuera, allí Ud.
sudará como un marrano, su maquillaje y perfume se
perderán en 5 segundos.
· Los asientos son un bien costoso. Si logra sentar-
se es afortunado, y no importa si las rodillas le llegan a
las orejas porque no cabe en el poco espacio, ni si uno
de los que está parado le golpea con su bolso o cartera o
le coloca el rabo en la cara o si su vecino(a) tiene 3 días
que no se baña o no sabe lo que es un desodorante. No
se quejeeee, va sentado.
· El chofer siempre está mal encarado. Sospecho
que hizo aquel curso de atención bipolar al cliente. Por-
que si es con la cuasi adolescente (que supongo es su
novia) o con el colector con quien habla todo es bello,
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pero si es con un cliente, que es quien paga el servicio, la
cosa cambia. Dice: ¡Aquí no hay parada! ¡Se espera! Ol-
vida que para recoger pasajeros no respetó las normas.
· El colector está guindado de la puerta, él sabe el
clima que hay adentro. Siempre dice, con un tono que
quiere ser educado: mamita vamos a caminar pa’ tras,
vamos a colaborá’ que todos nos queremos ir. ¡Cami-
nando que quieren entrar! Aunque ya no se pueda ni
respirar de tanta gente. Él es el encargado de cobrar,
pero nunca tiene vuelto, así que siempre cobra de más.
· La música varía dependiendo del gusto del cho-
fer, pero gira entre: vallenato, bachata, reguetón, salsa o
merengue. Lo que no varía es el hecho de que es estri-
dente, retumba en lo oídos y no le permite ni al chofer
ni al colector escuchar cuando Ud. grite con todas sus
fuerzas: ¡Parada!
· La velocidad creo que hay una legislación espe-
cial para ellos porque no respetan semáforos y hablan
por celular mientras corren cual piloto de Formula 1. El
pasajero teme por su vida, pero a decir verdad él impor-
ta poco.
La experiencia es maravillosa, le di unos tips, ahora
disfrute de la calle y sus encantos.
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Tuv adlscencia, pro n cel
Si comprendió fácilmente el título del artículo Ud.
debe tener un máximo de 30 años o, como yo, tiene
adolescentes en su entorno (hijos, sobrinos, ahijados,
alumnos). Y es que este tipo de economía del lenguaje
es utilizada por los chamos para comunicarse a través
de los mensajes de texto.
Los muchachos de hoy en día han desarrollado una
adicción al celular que es visible y molesta. La verdad,
no les critico. Y no lo hago porque, aunque no soy ado-
lescente y no suelo cortar las palabras en los mensajes de
texto, sufro de la misma enfermedad.
Confieso: Lo primero que reviso en la mañana al
despertar y lo último que veo al dormir es el teléfono.
Soy de las personas que camina metida en la pantalla
del celular mientras escribo un mensaje. Mi adicción es
tal que muero si no tengo saldo, siempre debo tener sal-
do para, debo confesarlo con mucha vergüenza, enviar-
les tonterías a mis amigos y alumnos.
Soy de esas personas molestas que están en una reunión
y no hablan con nadie porque se dedican a enviar mensa-
jes de texto. Es decir que la nueva tecnología me comunica
con el que está lejos y me incomunica con el vecino.
Si Ud. alguna vez ha hablado con alguien y deja de
verle la cara para mirar el celular porque este indicó que
tiene mensaje, sepa que, al igual que yo, sufre de la mis-
ma adicción que los adolescentes. Si perdió el hilo de la
conversación por enviar o leer un mensaje, estamos en
el mismo barco.
90
Soy de las personas que pueden salir a la calle y ol-
vidar hasta las llaves de la casa, pero nunca el teléfono.
Sin embargo mi adicción no me ha llevado a gastar in-
mensas sumas de dinero en el aparato en sí. No perte-
nezco a la élite de los BB, pero no sé si he gastado más
en saldo que varias personas de esa élite.
En fin que soy de esas personas que viven en un uni-
verso paralelo en donde sólo importa su teléfono y el
mensaje que están a punto de enviar o recibir. Ya no soy
buena conversando cara a cara. Olvido todo a menos
que no este anotado en la agenda del celular. La carga
de la batería siempre está full, siempre tengo a mano
el cargador. ¿Apagarlo? NUNCA. Debe ser una emer-
gencia muy grande o que no tenga señal (lo cual se me
convierte en una tragedia griega) o que el lugar y la si-
tuación lo amerite, y aún así lo pienso y sufro todo el
tiempo que esté apagado.
Total que he decidido, a petición de mis amigas más
cercanas, confesar públicamente mi adicción; ese, se-
gún ellas, es el primer paso para lograr la cura.
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Índice
Soltar las palabras........................................................... 9
Atención (bipolar) al cliente.......................................... 11
Apio verde tu yuuuuuu..................................................15
Carta abierta al Presidente del Instituto Nacional de
Transporte Terrestre..................................................... 19
Casado(a) y con novia(o)............................................... 21
Cerveza con postre........................................................ 24
Como camión de cochinos............................................ 27
Como carro de hombre................................................. 29
Como chivo quiragüero................................................ 31
Como gallo sin cresta.................................................... 33
Cuidando jardín........................................................... 36
Encalamucaita ............................................................. 38
Guglealo....................................................................... 40
Habemus hipocritam venenosum.................................. 42
Impertinintis venenosum.............................................. 44
La rejalización............................................................... 47
Ni loza ni bata............................................................... 49
Nombre, apellido y talla e sostén...................................51
Pavosaurio Rex............................................................. 53
Pero pa no volver........................................................... 55
Por andar contenta........................................................ 57
Rehorribilidad............................................................... 59
Renuncio a mi Príncipe Azul ....................................... 61
Sacálo por el añadio...................................................... 64
Entiéndala, usted puede................................................ 66
¡Una empanada más!..................................................... 68
… y caí…..................................................................... 71
Yo no juego carrito........................................................ 73
Yo soy Miss Venezuela................................................... 75
Ay mamaaaaaa.............................................................. 78
Quién fuera Perro......................................................... 80
Trijelou......................................................................... 82
Me compro un gps........................................................ 84
Arroz, pero con todo..................................................... 86
Entren que caben cien................................................... 88
Tuv adlscencia, pro n cel............................................... 90