SERMON EXPOSITIVO
Existen varios métodos de predicación, siendo dos los más populares: el sermón temático y el
sermón expositivo. El sermón temático se desarrolla alrededor de un tema particular que el
predicador quiere llevar a la congregación. Su uso es importante cuando el Espíritu de Dios nos ha
mostrado una necesidad específica en la iglesia local que debe ser tratada con prontitud (ej.
relaciones matrimoniales sanas, la doctrina de la salvación, etc.), o cuando estamos predicando de
manera itinerante y solo estaremos ministrando a un grupo de hermanos por un par de días a la vez.
En este caso, buscamos pasajes bíblicos que apoyen y expandan en el tema en particular y
montamos un bosquejo que nos ayude a resaltar los puntos principales que queremos traer. ¡Y es
aquí donde nos podemos meter en problemas! Es de suma importancia que evitemos a toda costa
imponer los puntos que vamos a traer y luego buscar textos o pasajes aislados que “refuercen”
nuestra meta. El dicho “cada hereje tiene su texto” ¡ciertamente sale de esta práctica! Si no somos
cuidadosos en nuestra exegesis y exposición del texto, terminaremos haciendo que la Biblia diga lo
que nosotros queremos decir y no lo que el Espíritu dijo a través de ella. Por ello me inclino más por
la predicación expositiva.
La predicación expositiva tiene como propósito proclamar, exponer, o enseñar el tema central de
cada porción bíblica, dentro de su contexto histórico, gramatical y doctrinal. Para ello nos acercamos
al texto bíblico sin ninguna agenda personal, e intentamos interpretarlo estudiando su contexto
histórico y lingüístico, así como su posición dentro de la historia de la salvación, ello para poder
capturar su mensaje principal a la audiencia original. La idea es preguntarnos: ¿Quién escribió el
texto? ¿A quién iba dirigido? ¿Qué ocurría en ese tiempo? ¿Cuál es la época bíblica-histórica en la
que se escribió? ¿Cuál es el problema que se estaba tratando de resolver? ¿Cómo el Espíritu de Dios
manejó el asunto? Tan pronto descubrimos la intención original del texto, entonces vamos a
contestar una serie de preguntas adicionales: ¿Cómo se relaciona el problema de esta gente con
nuestra actualidad? ¿Estamos confrontando una situación similar en la congregación o la ciudad?
¿Qué le dijo el Espíritu a ellos? Como Dios es el mismo ayer, hoy y por lo siglos, ¿qué me está
diciendo el Espíritu a mí hoy? ¿Cómo aplico el evangelio a mi situación actual? En síntesis, un
bosquejo expositivo puede quedar de la siguiente manera:
1. Tema.
2. Texto.
3. Idea principal o tema específico
4. Titulo
5. Introducción.
Oración por unción de Dios para el mensaje
Lectura del pasaje
Un avance del tema a tratar
6. Oración de transición
7. Interrogante sermonaria
8. Divisiones (Referencia bíblica)
9. Puntos clave del mensaje
10. subdivisiones.
Primera declaración de apoyo
El problema y la solución
Resumen del contexto histórico, cultural, y bíblico
Análisis del problema que está tratando el escritor
La prescripción del Espíritu para la solución del conflicto
La aplicación
Nuestra situación actual comparada
La prescripción bíblica del Espíritu para el día de hoy
Ejemplo o testimonio
Segunda declaración de apoyo
El problema y la solución
Resumen del contexto histórico, cultural, y bíblico
Análisis del problema que está tratando el escritor
La prescripción del Espíritu para la solución del conflicto
La aplicación
Nuestra situación actual comparada
La prescripción bíblica del Espíritu para el día de hoy
Ejemplo o testimonio
11. Conclusión
Texto o pasaje de reflexión final
Resumen de los puntos principales y la solución de Dios
Una invitación a aplicar la solución a nuestras vidas
Oración de intercesión pastoral
Para mí, la parte más emocionante de este proceso es el tiempo de intercesión personal por las
almas que serán impactadas con el mensaje. Es el momento donde nos rendimos a Dios,
reconociendo que somos nada, que ninguna cosa podemos aportar, que nos es imposible tocar el
alma de la gente, y que nos urge Su intervención. Después de todo el esfuerzo, las lecturas, el
pensamiento, y las horas de preparación, nos damos plena cuenta de que solo hemos traído “cinco
panes y dos peces”, los cuales apenas sirven para alimentarnos a nosotros mismos, pero jamás
cubren la necesidad que tendremos de frente cuando nos paremos en el púlpito. Solo Dios puede
tomar nuestra ofrenda sacrificial, bendecirla y multiplicarla para la nutrición de los que nos escuchan
y para Su gloria. Ese día subimos al púlpito en plena certeza de que nada tenemos para suplir la gran
necesidad de la congregación, pero que el que está con nosotros es infinitamente mayor que la
suma de todos los problemas que tenemos sentados en las bancas.
Tiendo a ver el ministerio de la predicación como el trabajo de un mesero de restaurante. Nuestra
función no es preparar el menú ni la comida, sino solo llevar el plato ya servido desde la cocina hasta
la mesa de los comensales. No podemos modificar ni adulterar la comida que transportamos, y
nuestro manejo de la misma tiene que ser con muchísimo cuidado. Asimismo, no estamos
autorizados a integrar nuestras ideas ni propósitos en el menú de Dios en su Palabra, sino que
estamos expresamente llamados a manejar la Palabra de Dios con cuidado y respeto, sirviendo la
sabiduría de Dios desde el texto bíblico al corazón de cada oyente. Dios es quien preparó la Palabra,
y el que produce la salvación en el corazón.
Seamos fieles a nuestro llamado. Como le dijo Pablo a su fiel estudiante Timoteo: “Procura con
diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa
bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).