Suelo
El suelo, la capa más superficial de la corteza terrestre, constituye uno de los recursos
naturales más importantes con el que contamos al ser el substrato que sustenta la vida en el
planeta. Desde el punto de vista edáfico, un suelo es un cuerpo natural tridimensional
formado por la progresiva alteración física y química de un material original o roca madre a
lo largo del tiempo, bajo unas condiciones climáticas y topográficas determinadas y
sometido a la actividad de organismos vivos.
Importancia del suelo
La importancia del suelo radica en que es un elemento natural dinámico y vivo que
constituye la interfaz entre la atmósfera, la litósfera, la biósfera y la hidrósfera, sistemas
con los que mantiene un continuo intercambio de materia y energía. Esto lo convierte en
una pieza clave del desarrollo de los ciclos biogeoquímicos superficiales y le confiere la
capacidad para desarrollar una serie de funciones esenciales en la naturaleza de carácter
medioambiental, ecológico, económico, social y cultural:
El suelo proporciona los nutrientes, el agua y el soporte físico necesarios para el
crecimiento vegetal y la producción de biomasa en general, desempeñando un papel
fundamental como fuente de alimentación para los seres vivos.
Es una parte básica del ciclo hidrológico, actuando como elemento distribuidor de
las aguas superficiales y contribuyendo al almacenaje y recarga de las aguas
subterráneas.
Es el hábitat natural biológico de muchos organismos de todo tipo y constituye un
elemento de reserva genética.
Sirve como una etapa para la mejora de las actividades humanas como una ayuda
para la estructura socioeconómica y forma parte del paisaje y del patrimonio
cultural.
El suelo es un elemento frágil del medio ambiente, un recurso natural no renovable
puesto que su velocidad de formación y regeneración es muy lenta mientras que los
procesos que contribuyen a su degradación, deterioro y destrucción son mucho más
rápidos.
CONTAMINACION DEL SUELO
Los sucesos de contaminación de suelos se producen por las operaciones propias de la
industria, minería y actividades agrícolas (Darmawan, 2002; Virkutyte y col., 2002;
Saichek y Reddy, 2005). Los procesos industriales incorporan al suelo derivados del
petróleo empleados como combustibles, disolventes orgánicos, mientras que la
contaminación por metales pesados y especies radiactivas está ligada a las zonas con
actividad minera. En entornos rurales donde predominan las prácticas agrícolas a las
industriales, también puede aparecer un problema de contaminación de suelos debido al uso
excesivo de fertilizantes, pesticidas, fungicidas, etc. Así, en las últimas tres décadas se han
desarrollado diversas tecnologías para la remediación de suelos contaminados. La gran
variedad de propuestas de tratamiento se deriva de la gran diversidad de episodios de
contaminación de suelos que pueden estar presentes en el medioambiente, ya que éstos
dependen tanto de la naturaleza y origen del contaminante como de la estructura y
composición del propio suelo.
Los suelos se caracterizan por la variabilidad de sus propiedades físicas y químicas. Entre
las características que determinan la viabilidad de las distintas tecnologías de remediación
de suelos disponibles, tienen gran relevancia la geología del terreno y el flujo en el
subsuelo, ya que son dos factores críticos que influyen directamente en la velocidad y
transporte de los compuestos contaminantes. A continuación, se detallan las principales
características requeridas para la completa caracterización del suelo contaminado:
El tipo de suelo y la distribución de tamaños de partículas determina las
características fluidodinámicas del suelo (Tabla 2.3.). Es un factor importante en
muchas tecnologías de tratamiento de suelos ya que determinan las características
fluidodinámicas del medio contaminado. Por regla general, cuanto más fina sea la
textura del suelo, más baja es la permeabilidad de dicho suelo. La permeabilidad de
un suelo se expresa mediante el coeficiente de permeabilidad (K). En la Figura 2.1.
se muestran valores típicos de permeabilidad en función de la textura del suelo. Este
parámetro es clave en la efectividad de las tecnologías de tratamiento in situ.
Figura 2.1. Valores típicos de permeabilidad en función de la textura del suelo.
La estratificación del suelo. La heterogeneidad del suelo puede influir en cambios
en el recorrido y la velocidad del fluido a través de dicho medio. Es frecuente
encontrar capas de naturaleza distinta en un mismo suelo, como la presencia de
arcillas más o menos expansivas en suelos básicamente arenosos, que pueden alterar
de manera importante las propiedades fluidodinámicas de dicho suelo. Las capas de
baja permeabilidad dificultan el flujo de fluidos dando lugar al estancamiento de los
mismos. Sin embargo, a través de capas arenosas de gran porosidad, el flujo
hidráulico es muy elevado. Este fenómeno determina la aplicación de técnicas de
remediación basadas en el lavado. En la Figura 2.2 se muestra un sencillo esquema
del fenómeno de propagación de un contaminante líquido en un suelo con diferente
estratificación.
Figura 2.2. Propagación de un vertido contaminante en función de la estratificación del
suelo.
Un elevado contenido de humedad en los suelos puede dificultar el flujo del aire a
través del suelo en sistemas de extracción a vacío. Asimismo, la aplicación de
tratamientos térmicos no es viable, debido al elevado requerimiento energético y,
por tanto, de los costes del tratamiento. Sin embargo, estas condiciones de humedad
favorecen los tratamientos biológicos y electroquímicos in situ.
El pH. La precipitación de contaminantes inorgánicos está favorecida por pHs
alcalinos. Por otro lado, pHs extremos influyen negativamente en procesos de
intercambio iónico. La diversidad microbiológica y la actividad en los procesos de
biorremediación también dependen del intervalo de pH empleado.
El contenido húmico, es la fracción orgánica del suelo que se descompone de forma
natural. Altos valores favorecen la disminución de la movilidad de los compuestos
orgánicos (dificultando su paso a las aguas subterráneas). No obstante, en suelos
con elevado contenido húmico se puede inhibir la extracción con vapor y lavado de
suelos, debido a la mayor adsorción del contaminante por el material orgánico.
El contenido en carbón orgánico total (COT), la demanda biológica de oxígeno
(DBO) y la demanda química de oxígeno (DQO). COT es un indicador del
contenido total en materia orgánica presente en la matriz sólida. La relación
DQO/DBO es un indicador de la viabilidad del tratamiento biológico o de
tratamiento de oxidación química.
TECNOLOGÍAS DE REMEDIACIÓN DE SUELOS.
En los últimos años, el tratamiento relacionado con la recuperación de suelos contaminados
ha sido un tema de gran interés, existiendo en la actualidad un gran abanico de tecnologías
aplicables a la descontaminación de los mismos. Las técnicas de tratamiento de suelos
contaminados se han clasificado en función de la ubicación del suelo durante el
tratamiento: técnicas in situ, que se aplican directamente sobre el terreno, y/o técnicas ex
situ., donde es necesaria la excavación del suelo para ser tratado en el mismo lugar (on-site)
o en otro diferente (off-site). La aplicación de técnicas in situ es recomendable ya que,
siempre que sea posible su implantación, presenta la ventaja de que el suelo puede ser
tratado sin necesidad de llevar a cabo excavaciones ni ser transportado al lugar del
tratamiento, lo que se traduce en un importante ahorro económico. Para el caso del
tratamiento de aguas subterráneas y acuíferos contaminados, las técnicas están directamente
relacionadas con las desarrolladas para la descontaminación de suelos debido al contacto
íntimo que existe entre los dos medios.
Las tecnologías de remediación pueden clasificarse de diferentes maneras, en base a los
siguientes principios: (i) estrategia de remediación; (ii) lugar en que se realiza el proceso de
remediación, y (iii) tipo de tratamiento.
Estrategia de remediación. Son tres estrategias básicas que pueden usarse separadas o en
conjunto, para remediar la mayoría de los sitios contaminados:
a. Destrucción o modificación de los contaminantes. Este tipo de tecnologías busca
alterar la estructura química del contaminante.
b. Extracción o separación. Los contaminantes se extraen y/o separan del medio
contaminado, aprovechando sus propiedades físicas o químicas (volatilización, solubilidad,
carga eléctrica).
c. Aislamiento o inmovilización del contaminante. Los contaminantes son
estabilizados, solidificados o contenidos con el uso de métodos físicos o químicos.
Lugar de realización del proceso de remediación. En general, se distinguen dos tipos de
tecnología:
a. In situ. Son las aplicaciones en las que el suelo contaminado es tratado, o bien, los
contaminantes son removidos del suelo contaminado, sin necesidad de excavar el sitio. Es
decir, se realizan en el mismo sito en donde se encuentra la contaminación.
b. Ex situ. La realización de este tipo de tecnologías, requiere de excavación, dragado o
cualquier otro proceso para remover el suelo contaminado antes de su tratamiento que
puede realizarse en el mismo sitio (on site) o fuera de él (off site).
Tipo de tratamiento. Esta clasificación se basa en el principio de la tecnología de
remediación y se divide en tres tipos de tratamiento:
Tabla 2.1. Tratamientos de remediación de suelos en función de la ubicación del proceso y
del tipo de tratamiento
Tecnologías de remediación fisicoquímicas
Como ya se mencionó, los tratamientos fisicoquímicos aprovechan las propiedades físicas
y/o químicas de los contaminantes o del medio contaminado para destruir, separar o
contener la contaminación. Este tipo de tecnologías generalmente son efectivas en cuanto a
costos y pueden concluirse en periodos cortos, en comparación con las tecnologías de
biorremediación. Sin embargo, los costos pueden incrementarse cuando se utilizan técnicas
de separación en las que los contaminantes pueden requerir de tratamiento o disposición
(Van Deuren y col., 1997). Mientras que las tecnologías de biorremediación son
principalmente métodos destructivos, las fisicoquímicas incluyen las tres estrategias básicas
de acción sobre el contaminante (destrucción, separación e inmovilización).
Al igual que el resto de las tecnologías de remediación, las fisicoquímicas pueden realizarse
in situ o ex situ. Sin embargo, la mayoría de estas tecnologías se aplican in situ. Entre las
tecnologías fisicoquímicas para tratamiento in situ, se encuentra la remediación
electrocinética (RE), el lavado de suelos (LS), la extracción por solventes (ES), la
extracción de vapores (EV) y la solidificación/estabilización (S/E).
Remediación electrocinética (RE)
La remediación electrocinética es una tecnología en desarrollo que aprovecha las
propiedades conductivas del suelo, cuyo objetivo es separar y extraer contaminantes
orgánicos e inorgánicos (metales) de suelos, lodos y sedimentos, con el uso de un campo
eléctrico que permite remover las especies cargadas (iones). Implica la aplicación de una
corriente directa de baja intensidad entre un electrodo positivo y uno negativo (Van
Cauwenberghe, 1997; Paillat y col., 2000).
Los iones metálicos, iones amonio y compuestos orgánicos con carga positiva, migran
hacia el cátodo; mientras que los aniones como el cloruro, cianuro, fluoruro, nitratos y
compuestos orgánicos cargados negativamente se mueven hacia el ánodo (EPA, 2001).
Fundamento del proceso de remediación electrocinética de suelos.
La remediación electrocinética de suelos se encuadra dentro de las tecnologías de
tratamiento físico-químico in situ. Esta técnica de remediación engloba a diferentes
procesos que tienen lugar en un suelo cuando se aplica una diferencia de potencial entre un
conjunto de electrodos posicionados en el mismo.
Estos procesos pueden ser de naturaleza física, electroquímica o electrocinética, y los
principales son:
El calentamiento eléctrico, que tiene como consecuencia una elevación de la
temperatura en el suelo, más importante en las proximidades de los electrodos, y
que se produce debido de las caídas óhmicas generadas por las elevadas resistencias
iónicas (baja conductividad iónica) del suelo.
Procesos de electrolisis, que incluye a los procesos reactivos que ocurren sobre la
superficie de los ánodos y cátodos que se han posicionado en el suelo, bien
directamente o bien en el seno de una disolución de electrolito en contacto con
dicho suelo. Los más importantes son la oxidación del agua sobre la superficie
anódica, y la reducción del agua o la electrodeposición de metales sobre la catódica.
La electromigración, que consiste en el movimiento de los iones contenidos en el
suelo, atraídos por los electrodos de signo opuesto, mediante la acción del campo
eléctrico generado entre ánodo/s y cátodo/s.
La electroforesis, que consiste en el movimiento de las partículas cargadas
contenidas en el suelo (o adicionadas para favorecer su tratamiento) por acción del
mismo campo eléctrico.
La electroósmosis, que engloba al movimiento del agua contenida en el suelo. Esta
agua puede ser el agua subterránea, o una disolución acuosa añadida al suelo para
favorecer el movimiento de contaminantes en el interior del suelo. El movimiento
del líquido depende principalmente de la naturaleza del suelo a tratar.
Aunque esta tecnología es muy novedosa, las primeras observaciones de los fenómenos
electrocinéticos se realizaron durante el comienzo del siglo XIX y se atribuyen a Reuss
(1808) y a Napier (1846). Éstas consistieron en la aplicación de una corriente eléctrica
continua a una mezcla de agua y arcillas en el primer caso, y a la diferenciación entre el
proceso de electroósmosis y el de electrolisis en el segundo. Sin embargo, las primeras
teorías llegaron de la mano de Helmholtz (1879), Pellat (1904) y Smoluchowski (1921),
que describieron el origen del flujo electroosmótico (Virkutyte y col., 2002; Saichek y
Reddy, 2005) y modelaron el comportamiento de la velocidad de un fluido afectado por
este proceso. El desarrollo de aplicaciones comenzó en la década de los 60 de la mano de
investigadores soviéticos que emplearon técnicas de electromigración para la prospección
de metales en el suelo. El empleo de las técnicas en aplicaciones medioambientales no
comenzó hasta los años 80 cuando diferentes grupos de investigadores en Europa y en los
Estados Unidos de América centraron su interés en el estudio de la viabilidad del empleo de
estas técnicas en la eliminación de especies químicas tóxicas presentes en el suelo en forma
iónica.
En cuanto a la evolución histórica de esta tecnología, se puede observar una tendencia
progresiva en el estudio de los diferentes procesos electrocinéticos. Los primeros procesos
en ser estudiados para aplicaciones medioambientales fueron los de electromigración en el
tratamiento de suelos contaminados con metales pesados y arsénico. Posteriormente, se
centró la investigación en la electroósmosis, para el lavado electroquímico de suelos. Las
técnicas electroforéticas y las de calentamiento por vía electroquímica de suelos (con la
consiguiente liberación de los compuestos orgánicos volátiles retenidos), tan solo han sido
empezadas a aplicar recientemente.
El hecho de que una única tecnología englobe diferentes procesos de descontaminación,
hace del proceso de remediación electrocinética una técnica de descontaminación muy
atractiva. Además, destaca por sus ventajas únicas sobre sus competidoras:
Flexibilidad para su uso como método de remediación ex situ o in situ.
Aplicable a suelos de baja permeabilidad y heterogéneos.
Aplicable a suelos saturados y no saturados.
Aplicable a suelos contaminados con compuestos inorgánicos iónicos, metales
pesados, radionucleídos y contaminantes orgánicos polares, así como en cualquiera
de sus combinaciones.
Fácil integración con las tecnologías convencionales y tratamientos posteriores de
los efluentes generados.
ELECTROREMEDIACIÓN
La electrorremediación es una tecnología para restaurar suelos contaminados que se basa en
la generación de un campo eléctrico a partir de imponer corriente directa. Para la aplicación
de una diferencia de potencial, o una corriente directa, se requiere el empleo de electrodos
(ánodo y cátodo), los cuales son colocados en pozos excavados en el suelo, usualmente
estos se humectan con un electrolito para mejorar las condiciones de conducción del campo
eléctrico. La acción del electrolito permite transportar el contaminante hacia los pozos en
donde será extraído. Al contrario del arrastre de fluidos, esta técnica permite establecer una
migración dirigida, la cual evita la dispersión del contaminante fuera de la zona de
tratamiento.
MECANISMOS DE REMOCIÓN
Los mecanismos principales por los cuales el campo eléctrico conduce los contaminantes
hacia los electrodos son: electromigración, electroósmosis y electroforesis. Siendo los dos
primeros los que ejercen la mayor influencia en el transporte del contaminante. A
continuación se describe cada uno.
Proceso de electromigración en el tratamiento de suelos.
Es un fenómeno en el cual los iones en solución y los coloides que tienen carga eléctrica se
mueven a través del campo eléctrico con una velocidad que es proporcional al producto de
la fuerza del campo eléctrico y la movilidad del ión o partícula, un esquema se presenta en
la figura 1. La ecuación básica que describe la electromigración de iones a través de un
capilar es:
Figura 2.4. Fundamentos del proceso de electromigración en suelos.
Si el contaminante es un compuesto inorgánico y la fuerza iónica es grande, entonces el
potencial z (ζ es pequeño y por lo tanto los fenómenos de transporte son conducidos
principalmente por electromigración.
Proceso de electroósmosis en el tratamiento de suelos.
La electroósmosis está causada por la suma de dos fenómenos:
• La acumulación de una carga eléctrica neta sobre la superficie de un sólido que
está en contacto con una disolución de electrolito y,
• la acumulación de contraiones en una capa de pequeño espesor de este líquido
que está alrededor de la superficie del sólido.
Es importante destacar que más allá de esta pequeña capa, el fluido electrolítico es
eléctricamente neutro (Figura 2.3.). Sin embargo, esta pequeña capa en contacto con la
superficie del sólido (denominada doble capa eléctrica o capa de Debye) tiene una carga
neta y, como consecuencia, es atraída por cargas de signo contrario y repelida por cargas
del mismo signo. Dentro del campo eléctrico que se genera entre los electrodos de una
celda electroquímica esta porción de fluido puede moverse, siendo atraída hacia el
electrodo de signo contrario. Este movimiento es independiente del generado por posibles
gradientes de presiones (Yeung y col. 1997).
Figura 2.3. Fundamentos del proceso de electroósmosis en suelos.
La magnitud del flujo electroosmótico disminuye con el aumento en la concentración iónica
media en el fluido, es decir a mayor conductividad menor caudal de flujo electroosmótico.
Esto puede ser explicado por una disminución en el espesor de la doble capa eléctrica y, por
tanto, en la cantidad de fluido que puede ser transportado por electroósmosis. También es
importante destacar que el tamaño del poro del suelo no perjudica a este flujo sino todo lo
contrario, en suelos con un bajo tamaño de poro es mayor la cantidad de líquido que está en
contacto con el sólido y, por tanto, es mayor el volumen de líquido que se encuentra en la
capa de Debye. Esto es importante, ya que el flujo hidráulico está desfavorecido por
tamaños de poro pequeños (mayores pérdidas de carga), y justifica que el flujo
electroosmótico pueda ser generado en suelos en los que dado su pequeño tamaño de poro,
no permitan la obtención de caudales apreciables de flujo hidráulico.
Normalmente, la carga de las partículas minerales que conforman un suelo es negativa,
como consecuencia de la liberación de protones, o del intercambio de átomos de aluminio o
silicio contenidos en la estructura de los minerales por cationes monovalentes. Esto quiere
decir que las porciones del agua existentes en las capas de Debye suelen estar cargadas
positivamente. Por este motivo, el sentido normal del flujo electroosmótico en un
tratamiento de electrorremediación es del ánodo al cátodo. La carga negativa puede
compensarse parcialmente si el suelo está contaminado con metales en forma catiónica, y si
el suelo tiene buenas características adsorbentes hacia esos contaminantes. En este
contexto, una variable con mucha influencia en la magnitud del flujo electroosmótico es el
pH: pHs excesivamente ácidos pueden conseguir que la densidad de cargas negativa se
reduzca y que como consecuencia la magnitud del flujo electroosmótico disminuya. Por el
contrario, la densidad de cargas del suelo puede hacerse más negativa si se quimisorben
aniones, lo que implicará un aumento del flujo electroosmótico
Electroforesis.
La electroforesis engloba el transporte de coloides, micelas cargados (o de partículas
sólidas de mayor tamaño) por acción del campo eléctrico generado en el suelo. El sentido
del movimiento dependerá de la carga superficial de estas especies y obviamente se
movilizarán hacia el electrodo de carga opuesta.
En relación al flujo electroforético, es importante destacar que en un suelo las partículas se
comportan de forma distinta en función de su tamaño: partículas de tamaño similar o mayor
al tamaño de poro, que se encuentran inmóviles en el interior del suelo sin posibilidad de
transportarse a través de él, y aquellas que tienen un tamaño inferior y pueden moverse en
el interior del suelo, desplazando consigo a los contaminantes que contengan adsorbidos
(en el caso de ser componentes minerales del propio suelo).
Es importante matizar que estas pequeñas partículas también pueden ser arrastradas por el
flujo electroosmótico, por lo que en la justificación del movimiento global de las mismas
habrá que considerar ambos procesos (al igual que ocurría con el movimiento
electromigratorio).
Este mecanismo se observa cuando hay partículas o coloides con carga eléctrica, de forma
que los contaminantes ligados a este material particulado pueden ser transportados por el
campo eléctrico (Virkutyte et al. 2002).
2.2.3. Proceso de electrolisis en el tratamiento de suelos.
Un proceso electrolítico es un proceso de conversión de energía eléctrica en energía
química, en el que se utiliza una corriente eléctrica para provocar una determinada reacción
química. La extensión de estos procesos es directamente proporcional a la intensidad de
corriente que circula entre ánodos y cátodos en una celda electroquímica, pudiendo
evaluarse la velocidad de oxidación en el ánodo o de reducción en el cátodo, por medio de
la Ecuación 2.3.
En la ecuación anterior, I es la intensidad de corriente que circula entre el ánodo y el
cátodo, n es el número de electrones intercambiados en la reacción electródica, y F es la
constante de Faraday (96500 c/mol).
La principal reacción que tiene lugar en la/s superficie/s anódica/s es la oxidación del agua
para formar oxígeno (Ecuación 2.4.).
Desde el punto de vista del tratamiento del suelo (Popov y col., 1999), esta reacción tiene
como principal consecuencia la formación de un “frente ácido” que, debido a procesos de
convención (arrastre por parte del flujo electroosmótico o hidráulico), difusión y
especialmente a los procesos de electromigración se irá desplazando hacia el cátodo (Figura
2.5.). En este sentido es importante enfatizar que, generalmente, el suelo tiene más afinidad
por protones que por metales pesados y que el frente ácido puede ser utilizado para liberar
estas especies del suelo, y permitir su tratamiento (Lageman y col. 2005). Obviamente la
concentración de protones será mayor en las proximidades de las superficies anódicas e irá
disminuyendo conforme nos alejamos de las mismas.
Por otro lado, en el cátodo la principal reacción que tiene lugar es la reducción del agua
para dar origen a la generación de hidrógeno e iones hidroxilo (Ecuación 2.5.). El
hidrógeno generado es difícil de valorizar, debido a la pequeña cantidad en la que se genera
y a la dificultad para recolectarlo.
Al igual que en el caso de la reacción anódica, la principal consecuencia de la reducción del
agua es la formación de un frente básico (Popov y col., 1999), en el que los iones hidroxilo
se mueven por convección (arrastrados por flujo electroosmótico), por difusión y por
migración, principalmente hacia el ánodo (Figura 2.5.). El frente básico tiene un efecto
contrario al ácido y provoca la fijación de especies contaminantes en el suelo por
precipitación o por intercambio iónico (Matson y col., 2002a; 2002b). Por este motivo,
cuando no interesa favorecer estos procesos hay que añadir al suelo reactivos ácidos, con la
precaución de que la naturaleza del reactivo y su concentración no perjudiquen los
resultados del tratamiento.
Otra de las reacciones que puede ocurrir en el cátodo es la electrodeposición de metales
sobre la superficie catódica (Figura 2.5.). Así, cuando los metales no son fijados por el
frente básico (es decir, cuando se añaden reactivos ácidos que eviten su precipitación o su
fijación por intercambio con los componentes del suelo), algunos de ellos pueden ser
fijados sobre la superficie catódica (Ecuación 2.6.).
Esta reacción es muy interesante, ya que permite recuperar los iones metálicos
contaminantes contenidos en el suelo en su forma más valiosa, es decir como elementos
metálicos.
Figura 2.5. Fundamentos del proceso de electrolisis en remediación electrocinética de
suelos.
Calentamiento electroquímico en el tratamiento de suelos.
Al aplicar una diferencia de potencial a través de un suelo, se genera un paso de corriente
eléctrica entre los electrodos que actúan como ánodos y cátodos. El paso de corriente es
proporcional a las reacciones electroquímicas que ocurren en la superficie de los electrodos
(oxidación/reducción del agua y deposición de metales, fundamentalmente). Sin embargo,
no toda la potencia eléctrica suministrada al sistema da origen al desarrollo de estas
reacciones electroquímicas, siendo una importante fracción disipada en forma de calor. En
este sentido, es importante tener en cuenta que el potencial aplicado a una celda
electroquímica cualquiera, es la suma de diferentes contribuciones, entre las que están:
Potencial y sobrepotencial de semicelda anódico, que de forma simplificada
puede entenderse que el primero es necesario para que se pueda desarrollar la
reacción electródica desde el punto de vista termodinámico y el segundo para
que la velocidad del proceso sea adecuada.
Potencial y sobrepotencial de semicelda catódico, que tienen el mismo
significado, esta vez para el desarrollo del proceso catódico. Obviamente, en una
celda ocurren simultáneamente los procesos anódicos y catódicos. Por este
motivo, para que ocurra un proceso en una celda electroquímica se debe tener en
cuenta la suma de las contribuciones de los procesos anódicos y catódicos.
Potencial necesario para vencer resistencias eléctricas e iónicas. Cuando a través
de un material conductor se hace circular una corriente eléctrica, este material se
calienta (efecto Joule –Thompson). Este calentamiento es proporcional a la
intensidad de corriente que circula externamente al suelo (entre ánodos y
cátodos), y a la resistencia del suelo, y puede ser modelado a través de la Ley de
Ohm. En una celda electroquímica, como la que resulta al disponer electrodos
para tratar un suelo, existen varios tipos de resistencias. Por una parte están las
resistencias asociadas a los electrodos, elementos conductores y suministradores
de corriente. Por otro lado, está la resistencia iónica ofrecida por el suelo, y que
dependerá de su hidratación y de la presencia de especies conductoras en el agua
contenida en el mismo.
En el caso del tratamiento de suelos, esta última contribución es la más importante y como
consecuencia una fracción significativa del potencial de celda se empleará en vencer dicha
resistencia (Saichek y Reddy, 2005). La cantidad de calor liberada puede ser calculada si se
estima la resistencia eléctrica asociada a este proceso, aplicando la definición de potencia
eléctrica y la Ley de Ohm (Ecuación 2.7).
Esta cantidad de calor da lugar a un incremento de la temperatura que de forma global se
podría calcular (Ecuación 2.8) a partir de un balance de energía sencillo, asumiendo una
descripción macroscópica del sistema.
Sin embargo, la distribución de temperaturas es mucho más compleja, siendo mayor la
generación de calor en las proximidades de los electrodos, liberándose cantidades de calor
importantes a los límites del sistema. El incremento en la temperatura tiene efectos
importantes sobre los contaminantes orgánicos. Así, un incremento en la temperatura
genera una disminución en la viscosidad de los fluidos que contienen hidrocarburos y
como consecuencia un aumento del flujo de fluidos (Page y Page, 2002). Por otra parte, las
elevadas temperaturas favorecen la volatilización de contaminantes de bajo peso molecular.
Un último punto en el que puede ser importante el efecto de la temperatura es en el
desarrollo de los procesos biológicos: elevadas temperaturas favorecen el crecimiento de
microorganismos termófilos, que están caracterizados por su gran eficiencia en la
eliminación de contaminantes orgánicos contenidos en el suelo.
Tecnología del proceso de remediación electrocinética de suelos.
Los diferentes procesos involucrados en la eliminación de contaminantes dentro de un
tratamiento de remediación electrocinética de suelos se producen paralelamente. Por este
motivo, la utilización de estos procesos para remediar un suelo contaminado, y la
modificación de variables para potenciar su eficacia, son puntos de interés para conseguir
una solución técnicamente eficiente ante un problema concreto de remediación
electrocinética de suelos. En este contexto, conviene tener en cuenta que la velocidad de
descontaminación de un suelo por técnicas electrocinéticas va a depender,
fundamentalmente, de tres parámetros (Baraud y col., 1997, 1998; Al-Shaharani y Roberts,
2005):
La naturaleza, concentración y uniformidad en la distribución de los contaminantes
en el suelo contaminado.
La velocidad de transporte de contaminantes motivada por los diferentes procesos,
entre los que se incluyen los flujos (hidráulico y electroosmótico) que mueven al
líquido en su totalidad, y a los mecanismos no convectivos de transporte de una
especie química (difusión, migración o electroforesis). Esta velocidad es función de
la interacción entre las especies contaminantes y el suelo, y puede ser mayor o
menor en función de los procesos de adsorción/desorción, complejación,
precipitación, disolución, etc.
Los posibles efectos sinérgicos derivados de la combinación del tratamiento
electrocinético con otros tipos de tratamiento orientados a eliminar en mejores
condiciones un contaminante concreto.
FACTORES QUE INFLUYEN EN EL PROCESO DE ELECTRORREMEDIACIÓN
FACTORES QUE INFLUYEN EN EL PROCESO DE ELECTRORREMEDIACIÓN
De los párrafos anteriores se podría asumir que la electrorremediación es una técnica que
aparenta ser sencilla, sin embargo existen varios factores fisicoquímicos que influyen en el
transporte de los contaminantes, y por ende en una efectiva remediación del suelo
contaminado; los factores de mayor importancia se explican a continuación.
pH. Los cambios de pH promueven reacciones de los metales con otras sustancias que se
encuentran en el suelo de forma natural, este factor regula la movilidad de los
contaminantes en el proceso de electrorremediación (Acar y Alshawabken 1993, Hicks y
Tondorf 1994, Virkutyte et al. 2002). La hidrólisis del agua produce una disociación que
genera iones hidrógeno (H+) en el ánodo e iones hidroxilo (–OH) en el cátodo, liberando
oxígeno e hidrógeno respectivamente (Ec. 1 y 2).
Reacción de hidrólisis que genera iones de hidrógeno en al ánodo
Reacción de hidrólisis que genera iones hidroxilo en el cátodo
E° = diferencia de potencial en el electrodo.
La disociación genera un pH ácido cerca del ánodo y alcalino cerca del cátodo. Debido a la
mayor movilidad del ión H+ sobre el ion OH, el frente ácido viaja con mayor velocidad y
por lo tanto el flujo electroosmótico se dirige preferencialmente hacia el cátodo. En el caso
de existir metales adsorbidos, estos son solubilizados por el frente ácido y trasportados
hacia el cátodo (Acar et al. 1991). Cuando no se aplica lavado en los pozos, el frente
alcalino penetrará a una velocidad menor a la del frente ácido y cuando ambos frentes se
encuentran se genera una zona en donde el pH cambia bruscamente (zona de transición),
dando como resultado una frontera con un marcado cambio de pH (de 2 a 13 en menos de
0.5 cm), en esta zona los contaminantes se acumulan debido a que frecuentemente
precipitan como hidróxidos metálicos (Hamed et al. 1991, Acar et al. 1994, Eykholt y
Daniel 1994, Hicks y Tondorf 1994). Después de un tiempo, se observa que el suelo se
acidifica, excepto en la región cercana al cátodo. Existiendo algunas excepciones cuando:
(i) el suelo es muy alcalino, (ii) cuando existen sustancias amortiguadoras como fosfatos y
carbonatos (Reddy et al. 1997), y (iii) cuando los electrodos están hechos de materiales
reactivos (electrodos de hierro) (Haran et al. 1996). Una remoción exitosa dependerá de
mantener el contaminante inorgánico en solución evitando los cambios súbitos de pH; en el
caso de algunos contaminantes orgánicos (como ácidos y fenoles, entre otros) las
condiciones óptimas de remoción serán aquellas en las que el pH logra desplazar el
equilibrio de disociación de la sustancia hacia la forma disociada (Shapiro y Probstein
1993).
Contenido de agua. El movimiento del electrolito por electroósmosis es función del
contenido de agua; por lo tanto, el grado de saturación del suelo es un factor indispensable
para llevar a cabo el proceso electrocinético. Una distribución irregular de humedad en el
suelo contaminado puede observarse durante la electrorremediación, ya que el electrolito se
mueve hacia uno de los electrodos, incrementando la humedad en este y disminuyéndola en
el electrodo contrario. Esta disminución está asociada con el desarrollo de poros de presión
negativos, variaciones en el pH y por lo tanto en la fuerza del campo eléctrico, lo cual
resulta en tasas de flujo electroosmótico irregulares (Lindgren et al. 1994, Laursen, 1997).
Por tanto es necesario mantener una humedad adecuada agregando electrolito a la misma
tasa electroosmótica a la que es drenado del sistema. Por otro lado, un contenido bajo de
agua puede generar la sequedad del suelo, debido a efectos de calentamiento o al desarrollo
de algunas reacciones químicas exotérmicas (Shapiro y Probstein 1993).
Conductividad eléctrica. La conductividad eléctrica es diferente para cada tipo de suelo,
está definida como la capacidad de un medio o espacio físico de permitir el paso de la
corriente eléctrica. Para conocer la conductividad eléctrica de un suelo, es necesario
ponerlo en suspensión acuosa y medirla con un conductímetro. La medida obtenida
(siemens) es el inverso de la resistencia a la conducción por centímetro de material, la cual
tiene una relación empírica con la concentración de iones capaces de conducir la
electricidad en solución acuosa (1µS/cm ≈ 0.52 a 0.64 ppm de sales, ASTM 1994). En
electrorremediación, los cambios de pH del suelo modifican la conductividad global del
medio por lo que se forman perfiles de voltaje. En algunos experimentos con suelos
industriales contaminados, la conductividad del suelo se incrementa con el tiempo, debido a
la penetración de los frentes ácido y alcalino, así como por la solubilización de las especies
iónicas ya sea como resultado de los cambios de pH (Acar y Alshawabken 1996) o por un
aumento de temperatura (Lageman et al. 1989, Ho etal. 1997).
Potencial zeta (ζ). Es la medida que determina la carga de un coloide (volts), en función de
la superficie cargada y la naturaleza y composición del medio en el que está suspendido; las
sales iónicas que pueden solubilizarse totalmente en medios acuosos no pueden ser
clasificadas como coloides ya que se encuentran en la fase continua y por lo tanto su ζ, es
muy pequeño. En la mayoría de los suelos el potencial ζ es negativo debido a que la
superficie del suelo generalmente tiene carga negativa. Con el incremento de la
acidez ζ disminuye su negatividad y, en algunos casos, pueda alcanzar valores positivos
(Lorenz 1969). Estos cambios afectan la velocidad del flujo electroosmótico, ya que se ha
observado que la tasa de flujo decrece cuando el pH del electrolito se acerca a la
neutralidad o se incrementa la alcalinidad (Shapiro y Probstein 1993, Hamed y Bharda
1997). En trabajos donde se incluye una descripción del efecto del pH sobre el
potencial ζ, se utilizó kaolinita contaminada artificialmente; sin embargo no todas las
arcillas se comportan igual, por ejemplo los suelos ilíticos y bentónicos no muestran efectos
derivados de los cambios en las concentraciones iónicas del fluido saturante (Gray y
Mitchel 1967).
Naturaleza y química del suelo. La electrorremediación se ha probado exitosamente en
ensayos de laboratorio con suelos de granulometría muy fina (limos y arcillas) y baja
permeabilidad. También puede ser aplicada en suelos arenosos, siempre y cuando exista un
horizonte impermeable debajo del suelo contaminado, el cual impedirá que el electrolito
drene a estratos más profundos (Virkutyte et al. 2002). En la cinética de remoción del
contaminante influyen las siguientes características del suelo: la capacidad de adsorción,
intercambio iónico y de amortiguamiento del pH; en el caso de suelos arcillosos y limosos,
estos ofrecen mayor superficie de contacto, por lo que los metales y sustancias iónicas
(sulfato, nitrato, amonio) pueden ser adsorbidos con mayor facilidad en sus superficies, lo
cual dificulta su remoción (Ravera et al. 2006). Por otro lado, la mayoría de las arcillas
exhiben carga superficial negativa y retienen por atracción iónica la mayoría de los
contaminantes metálicos (Sposito 1989). En otros trabajos se ha considerado la cantidad de
materia orgánica (Cox et al. 1996) y la concentración de óxidos de hierro (Reddy et
al. 1997). Un suelo tratado por electrorremediación puede exhibir cambios en su
granulometría, contenido de materia orgánica, cantidad de sales solubles, conductividad
eléctrica. Un suelo electrorremediado generalmente tiende a acidificarse y a disminuir o
perder su contenido de sales inorgánicas como nitrato, fosfato y sulfato, por lo que se
pudiera reducir o nulificar su fertilidad. Por esta razón, y dependiendo del uso de suelo, se
puede recomendar su regeneración ya sea por fertilización o mejoramiento con materia
orgánica o composta.
Naturaleza del contaminante. La especie química de los contaminantes es un factor que
influye fuertemente sobre la eficiencia de la técnica. Los contaminantes pueden existir
como sólidos precipitados, solutos disueltos, adsorbidos a partículas del suelo o sorbidas en
materia orgánica. En la actualidad las especias químicas son evaluadas por extracción
secuencial o lixiviación selectiva y se ha demostrado que las formas intercambiables
migran con mayor rapidez que las absorbidas en la materia orgánica o en la fracción
residual (Suer et al. 2003, Kim y Kim 2001, Reddy et al. 2001, Turer y Genc 2005).
Naturaleza y arreglo de los electrodos. Con la finalidad de evitar introducir contaminantes
en el sistema, para la fabricación de los electrodos generalmente se eligen materiales inertes
como titanio con cubierta electrocatalítica de varios óxidos; sin embargo, también pueden
elegirse materiales reactivos como el hierro o el grafito (Harán et al. 1996, Ho et al. 1999).
La estructura de los electrodos debe ser porosa para establecer un buen contacto con los
electrolitos y para poder liberar los gases producidos por la electrólisis del agua. El tamaño,
forma y arreglo de los electrodos, así como la distancia entre ellos afectan las tasas de
remoción de contaminantes, Alshawabken et al. (1999a, 1999b) han modelado arreglos
monodimensionales (un par de electrodos) y arreglos bidimensionales (varios electrodos);
sin embargo, al ser la electrorremediación un sistema multivariable, no se han encontrado
estrategias universales para aplicarse a gran escala. La principal limitación en la elección
del tipo de electrodos es el costo, seguido de la facilidad de fabricación y su robustez, sin
embargo los estudios previos a la remediación a gran escala son determinantes en la
selección y viabilidad del tipo de material a utilizar.
MEJORAMIENTO DE LA TÉCNICA
Como se mencionó anteriormente las eficiencias alcanzadas en sistemas
monodimensionales, probados con suelos contaminados intencionalmente con un solo
elemento, son cercanas al 100 %. Sin embargo de manera general las pruebas
monodimensionales realizadas con muestras de campo, en las cuales existe una gran
diversidad de elementos, presentan problemas para alcanzar eficiencias superiores al 30 %
(Ravera et al. 2006, Pazos et al. 2006). Con la finalidad de poder controlar y mejorar la
remoción de los contaminantes orgánicos e inorgánicos, se han propuesto algunas variantes
a la técnica:
Inversión periódica de la polaridad de los electrodos. Esta variante incrementa la
uniformidad de condiciones del suelo (pH, conductividad, etc.) y evita que los
contaminantes se acumulen tanto en la periferia de los electrodos, como en la zona de
transición, en donde los metales tienden a precipitarse. Esta variante no incrementa de
manera significativa el tiempo del tratamiento, sin embargo ayuda a mejorar la eficiencia de
remoción hasta porcentaj es superiores al 90 % (Wan y Mitchel 1976, Pazos et al. 2006).
Remoción mejorada. Esta técnica implica mantener soluble el contaminante mediante
aditivos y la selección del agente químico debe considerar el tipo de contaminante y las
condiciones del suelo. Se pueden adicionar ácidos para desorber metales, sin embargo no es
recomendable utilizar ácidos fuertes porque se modificaría la composición original del
suelo (principalmente el contenido de materia orgánica). Para despolarizar la reacción en el
cátodo y evitar el cambio súbito de pH se ha probado con éxito el uso de ácido acético
(Acar y Alshawabken 1993, Puppala et al. 1997). Cuando el suelo presenta carbonatos,
fosfatos, hidróxidos y sulfuros, ya sea en depósitos o en concentraciones elevadas, se
requieren mayores tiempos de remediación o la adición de grandes cantidades de agentes
mejoradores. Algunos estudios han adicionado ácido etilen diaminotetra acético (EDTA) al
compartimiento del cátodo para mejorar la remoción de metales, la eficiencia de remoción
con esta variante es cercana al 100 % (Reed et al. 1995, Wong et al. 1997, Amrate y
Akretche 2005).
Procesos híbridos. Los procesos híbridos combinan la técnica de electrorremediación con
alguna otra variante tecnológica buscando mejorar o complementar la capacidad de
remoción.
i. Tratamiento acústico: se puede aplicar tanto un campo eléctrico de corriente directa,
como un campo acústico de ultra sonido. Esta variante se ha probado para remover zinc y
cadmio de suelos arcillosos (Muralidhara et al. 1990). En este caso el ultrasonido ayuda a
desorber los contaminantes de las partículas del suelo a través de la vibración provocada
por las ondas sonoras,
ii. Biorremediación: a esta técnica se le ha llamado bioelectrocinética. Se combina la
aplicación de la corriente eléctrica directa con alguna de las técnicas de biorremediación. Se
busca estimular la biodegradación de contaminantes orgánicos al introducir nutrientes y
bacterias dentro del suelo, de manera que el campo eléctrico desorbe los contaminantes
incrementando su disponibilidad para que los microorganismos los incorporen a su
metabolismo, o bien sean estabilizados como resultado de reacciones químicas entre el
contaminante y productos metabólicos como el sulfuro y metales divalentes (Maini y
Sharman 1999, Gent y Bricka 2001). Esta modificación ha sido probada con moléculas
orgánicas sintéticas como TNT, BPC y pesticidas, entre algunos otros (Marks et al. 1994) y
metales pesados como cobre (Maini y Sharman 1999). En este grupo se encuentran los
procesos de "lasagna", en los cuales se intercalan estratos de materia orgánica para absorber
los contaminantes que se liberaron del suelo y que migran por acción del campo eléctrico.
Una vez que los contaminantes (generalmente orgánicos) se encuentran en la zona de
materia orgánica, se inicia la biodegradación de los mismos en esta zona.
iii. Electrodiálisis: esta técnica remueve parcialmente contaminantes inorgánicos. Consiste
en utilizar membranas selectivas en los pozos electrolíticos, de forma que los metales no
puedan dispersarse en el suelo nuevamente si existieran interrupciones en la energía que
genera el campo eléctrico. Hansen et al. 1997 utilizaron esta técnica en suelos
contaminados con cobre empleando membranas selectivas de iones en el cátodo para
prevenir la migración del metales recuperados (Cu2+).
Contaminación de suelo con metales pesados
Metales pesados son aquellos cuya densidad es por lo menos cinco veces mayor que
la del agua. Tienen aplicación directa en numerosos procesos de producción de
bienes y servicios. Los más importantes son: Arsénico (As), Cadmio (Cd), Cobalto
(Co), Cromo (Cr), Cobre (Cu), Mercurio(Hg), Níquel (Ni), Plomo (Pb), Estaño (Sn)
y Cinc (Zn).
Los metales tóxicos son aquellos cuya fijación en la naturaleza puede hacer daño al
bienestar de las personas. Los términos metales pesados y metales tóxicos se
utilizan sinónimamente sin embargo sólo algunos de ellos tienen un lugar con
ambos grupos. Algunos metales son indispensables en bajas concentraciones, ya que
forman parte de sistemas enzimáticos, como el cobalto, zinc, molibdeno, o como el
hierro que forma parte de la hemoglobina. Su ausencia causa enfermedades, su
exceso intoxicaciones.
Fuente de metales pesados en el suelo
El desarrollo tecnológico, el consumo masivo e indiscriminado y la producción de desechos
principalmente urbanos, ha provocado la presencia de muchos metales en cantidades
importantes en el ambiente, provocando numerosos efectos sobre la salud y el equilibrio de
los ecosistemas. Se incorporan con los alimentos o como partículas que se respiran y se van
acumulando en el organismo, hasta llegar a límites de toxicidad. Si la incorporación es lenta
se producen intoxicaciones crónicas, que dañan los tejidos u órganos en los que se
acumulan.
Se considera metal pesado a aquel elemento que tiene una densidad igual o superior a 5
gr/cm³ cuando está en forma elemental, o cuyo número atómico es superior a 20
(excluyendo a los metales alcalinos y alcalino-térreos). Su presencia en la corteza terrestre
es inferior al 0.1%. Junto a estos metales pesados hay otros elementos químicos que aunque
son metales ligeros o no metales se suelen englobar con ellos por presentar orígenes y
comportamientos asociados; es este el caso del As, B, Ba y Se.
Plomo
El plomo está disponible en un gran número de minerales, siendo la forma más
ampliamente reconocida el sulfuro de plomo (galena: PbS). El plomo El plomo es un metal
difícilmente movilizable, y bajo condiciones oxidantes la galena da origen a minerales tales
como la cersusita y anglesita:
El particulado fino de plomo (10 a 100) μm puede estar en gran medida peligroso por las
siguientes razones:
Se adhiere con mayor firmeza a la piel.
Es más soluble que las partículas gruesas en el tracto gastrointestinal.
Se ingiere fácilmente a través del sistema respiratorio.
En los adultos que trabajan en situaciones presentadas a la contaminación por
plomo, el metal puede acumularse en los huesos, donde su vida media es más
notable que 20 años. La osteoporosis, el embarazo o las enfermedades interminables
pueden hacer que este plomo se integre más rápido en la sangre.
Los problemas identificados con la sobreexposición de plomo en los adultos incluyen:
Daño a los riñones.
Daño al tracto gastrointestinal.
Daño al sistema reproductor.
Daño en los órganos productores sangre.
Daño neurológico.
Abortos.
Níquel.
El níquel es uno de los componentes más abundantes del planeta, que representa alrededor
del 0,008% de la superficie de la Tierra y el 0,01% de las rocas ígneas. En algunos tipos de
meteoritos hay cantidades apreciables de níquel, y se piensa que existen grandes cantidades
en el núcleo terrestre. Dos minerales importantes son los sulfuros de hierro y níquel,
pentlandita y pirrotita (Ni, Fe) xSy; el mineral garnierita, (Ni, Mg) SiO3.nH2O, el níquel se
presenta en pequeñas cantidades en plantas y animales. Está presente en pequeñas
cantidades en el agua de mar, el petróleo y en la mayor parte del carbón. El níquel también
puede existir en los estados de oxidación 0, 1+ , 3+ , 4+ .
Efectos ambientales del níquel
El níquel es liberado al aire por las plantas de energía y los incineradores de residuos. Esto
se depositará en el suelo o caerá después de reaccionar con gotas de lluvia. Usualmente
lleva un largo periodo de tiempo para que el níquel sea eliminado del aire. El níquel
también puede terminar en la superficie del agua cuando se trata de una parte de las aguas
residuales. La mayor parte de todos los 20 compuestos del níquel que son liberados al
ambiente se absorberán por los sedimentos o partículas del suelo y llegará a inmovilizarse.
En suelos ácidos, el níquel se une para llegar a ser más móvil y a menudo alcanza el agua
subterránea. No hay mucha información disponible sobre los efectos del níquel sobre los
organismos y los humanos. Sabemos que altas concentraciones de níquel en suelos
arenosos puede claramente dañar a las plantas y altas concentraciones de níquel en aguas
superficiales puede disminuir el rango de crecimiento de las algas. Microorganismos
pueden también sufrir una disminución del crecimiento debido a la presencia de níquel,
pero ellos usualmente desarrollan resistencia al níquel. Para los animales el níquel, es un
elemento esencial en pequeñas cantidades. Pero el níquel no es sólo favorable como
elemento esencial; puede ser también peligroso cuando se excede la máxima cantidad
tolerable. Esto puede causar varios tipos de cánceres en diferentes lugares de los cuerpos
de los animales, mayormente en aquellos que viven cerca de refinerías. No es conocido que
el níquel se acumule en plantas o animales. Como resultado el níquel no se biomagnifica en
la cadena alimentaria.
Cadmio
Los minerales de cadmio, no se encuentran en concentraciones y cantidades suficientes
como para justificar una actividad minera específica por el elemento. Entre los minerales de
cadmio, la greenockita (CdS) es el más común. Este mineral se encuentra casi siempre
asociado con la esfalerita (ZnS). De esta manera, el cadmio se recupera principalmente
como un subproducto de la minería, fundición, y refinación del zinc, y en menor grado de
la del plomo y cobre. En promedio se recuperan unos 3 kg de cadmio por tonelada de zinc.
De esta forma, el cadmio se recupera básicamente como un subproducto de la minería,
purificación y refinación del zinc, y en menor grado el plomo y el cobre. En todo caso,
alrededor de 3 kg de cadmio se recuperan por cada tonelada de zinc. Por medio de su
toxicidad, el cadmio se encuentra expuesto a una de las legislaciones más estrictas en
términos ambientales y de salud humana.
En la vida acuática, el cadmio puede integrarse a los peces a través de dos rutas principales:
Ingestión
Introducción en las agallas.
En el caso de las personas, el cadmio se puede obtener de dos maneras: la ingestión e
inhalación. Sus efectos pueden dividirse en dos clasificaciones:
Agudos: fiebre causada por una exposición severa; las manifestaciones son iguales a
las del virus de la gripe; en 24 horas suele crearse un edema aspiratorio agudo, que
alcanza su máximo en 3 días; si no sobreviene la muerte por asfixia, el problema
puede resolverse en una semana
Crónicos: El resultado más serio del envenenamiento por cadmio es el cáncer. Los
efectos crónicos que primero se observan son daño en los riñones. Se piensa que el
cadmio es también el causante de enfisemas pulmonares y enfermedades de los
huesos (osteomalcia y osteoporosis).
CONCLUSIONES
La electrorremediación tiene un gran potencial para descontaminar diversos tipos de suelos
contaminados con compuestos orgánicos e inorgánicos en un amplio rango de
concentraciones. En la presente investigación teórica y de laboratorio se han trabajado con
tres de los factores involucrados (distancia entre electrodos, tiempo de remediación y tipo
de electrolito) obteniéndose buenos resultados, que permiten deducir que la
electrorremediación es una técnica alternativa con gran eficiencia en la recuperación de
suelos.