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Notas La Ética de La Compasión

Este resumen describe el capítulo 2 del libro "La ética de la compasión" de Melich. En él se argumenta que 1) los seres humanos no pueden evitar el dolor de vivir debido a que no tienen un centro definido ni saben su ubicación en el cosmos, 2) la condición humana implica distanciarse de la naturaleza y querer ser algo diferente, y 3) cada persona está dividida entre su naturaleza y condición, siendo esta última algo que se inventa y crea.

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Notas La Ética de La Compasión

Este resumen describe el capítulo 2 del libro "La ética de la compasión" de Melich. En él se argumenta que 1) los seres humanos no pueden evitar el dolor de vivir debido a que no tienen un centro definido ni saben su ubicación en el cosmos, 2) la condición humana implica distanciarse de la naturaleza y querer ser algo diferente, y 3) cada persona está dividida entre su naturaleza y condición, siendo esta última algo que se inventa y crea.

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La ética de la compasión – Melich

Capítulo 2. Pórtico: la zona sombría de la moral.

Pág. 40. Los seres humanos no podemos eludir el dolor de vivir porque somos desertores, porque
somos seres que hemos abandonado (al menos en parte) nuestro centro, no acabamos de saber
cuál es nuestra definitiva ubicación en el cosmos y desconocemos a priori qué decisiones debemos
tomar, hacia dónde tenemos que dirigirnos. Sabemos que el mundo no tiene sentido, aunque cada
cosa, en singular, pueda tenerlo. Pero no el mundo. Éste es fruto del azar, como la propia
existencia. Frente a esta situación errática de extrema contingencia e indeterminación no nos
queda sino aprender a vivir en la precariedad.

Pág. 41. La condición es “humana” si establece distancia, si pone en cuestión lo que ha heredado,
lo que uno “es”. Porque el ser humano posee condición no puede llegar nunca a “ser lo que es” o a
realizar “lo que es” (naturaleza). El ser humano es incapaz de integrarse del todo en “lo que ha
sido previsto”, en su herencia, en su gramática, así como tampoco puede realizar completamente
lo que si se había propuesto, sus proyectos y sus deseos. En otras palabras, el ser humano es un
ser que desea “salir” de su naturaleza, pudiendo llegar incluso a negarla.

Pág. 42. Para ser “humana” la condición no solamente no puede coincidir del todo con la
naturaleza sino también –desde una perspectiva tanto ética como política-, sería muy peligroso
que coincidiera, porque la plena reconciliación entre la naturaleza y la condición supondrían un
“final de trayecto”, un “paraíso encontrado” y éste esconde casi siempre por desgracia un rostro
totalitario, un “infierno en la tierra”. Estas presencias infernales se ocultan a veces bajo las
máscaras del Bien, del Deber y de la Dignidad.

Pág. 42. Cada ser humano está escindido, es un ser en el que su naturaleza no coincide con su
condición, aunque la condición necesite de la naturaleza para poder ser. Somos naturaleza – lo
que nos han dado, lo que nos han hecho, lo que nos hemos encontrado, lo que hemos heredado-,
pero queremos ser lo que no somos, lo que deseamos, queremos ser de otro modo. Esta tensión
entre “lo que hemos heredado” y “lo que deseamos ser”, este hiato entre el “mundo” y la “vida”,
esta imposibilidad de ser plenamente sólidos y coherentes, es lo que caracteriza a la condición
humana corpórea.

Pág. 43. Si no hay puntos de referencia absolutos, modelos que otorguen un sentido trascendente
al espacio y al tiempo, entonces nuestra “vida” –no el “mundo”, tiene que ser inventada. (…) Cada
uno tiene que inventarse en los distintos trayectos y situaciones, en las trampas que le tiende el
mundo. Pero esta invención será siempre provisional. Somos pero no nos poseemos. “nosotros,
los de entonces nunca somos los mismos”. Esto es lo que caracteriza la situación humana de la
existencia vivida. A diferencia de la naturaleza, que entraría dentro del ámbito del poseer (del
“mundo”), la condición no es algo que se posea, algo que se tenga, sino algo que se hace, que se
inventa, que se crea como una obra de arte, que se elabora con uno mismo, con los demás y, claro
está, con y contra el mundo. La condición es la vida, la existencia vivida.

(…) La diferencia entre el “mundo” y la “vida” no es una distinción banal. Al contrario.


Pertenecemos a un mundo, es verdad, pero vivir significa trascender la reverencia entusiasta
respecto al mundo, significa reconocer la pertenencia a un mundo como fruto del azar, no del
destino, significa rebajar el cuidado del mundo propio en beneficio del ajeno, significa aprender
que hay que habitar el propio mundo pero no venerarlo, significa que hay que aceptar (y, hasta
cierto punto, respetar) las tradiciones pero también aprender a ponerles freno y relativizarlas,
significa reírse del propio mundo, tener sentido del humor, significa en definitiva, aprender a
sacrificar el mundo en favor de la vida del rostro del otro.

Pág. 48. Eso es la ética: estar obligado a elegir, a dar respuesta a una interpelación, en medio de
una terrible y dolorosa incertidumbre.

(…) Una ética de la compasión, como la que se esboza en este ensayo, es una ética impura, una
ética corpórea, desde el espacio y el tiempo, desde la historia y la memoria, desde las situaciones
(pasadas, presentes y futuras) y los acontecimientos, desde la trasgresión a las normas a las
biografías singulares, desde la vulnerabilidad y la fragilidad, desde la ambivalencia y la
ambigüedad.

Capítulo 3. El teatro metafísico.

Pág. 52. Toda metafísica se sostiene grosso modo sobre esta hipótesis: el mundo, el paso del
tiempo, el sufrimiento, la muerte… sólo se pueden soportar en la medida en que pueden
considerarse una expresión (superficial) de otra realidad más profunda, auténticamente real, que
les da sentido. (…) La metafísica es una protesta contra la monstruosa frialdad del espacio vacío y
de la materia móvil, es una creencia “en la legibilidad del mundo, en un código secreto que
permite descifrar su sentido” la metafísica ofrece consuelo y seguridad para soportar la
ambivalencia, la ambigüedad y la incertidumbre del mundo del devenir, para hacer frente al
sufrimiento y la muerte, proponiendo un doble inmóvil, trascendente, más allá del espacio y del
tiempo.

Pág. 53. Toda metafísica, sea del signo que sea, ofrece un efecto balsámico, tranquilizador,
asegurando que existe “otra realidad” más allá de nuestro tiempo y de nuestro espacio, que no
cambia, que es absoluta, una especie de punto arquimédico, como advierte Descartes en la
Segunda Meditación, una guía segura para nuestras acciones y decisiones.

Pág. 61. Después de conseguir milagros en la ciencia y en la técnica, “ese dueño y señor” se da
cuenta de pronto de que nada posee y ni es dueño de la naturaleza (poco a poco ésta va
abandonando el universo) ni de la Historia (que se le escapa) ni de sí mismo (puesto que es guiado
por las potencias irracionales de su alma). Pero si Dios no cuenta y el hombre no es ya el dueño,
¿Quién es entonces el dueño? El planeta avanza en el vacío sin dueño alguno. Ahí está la
insoportable del ser.

Pág. 70. El hombre loco es el individuo aventurado, cosmológicamente despierto, de la


Modernidad: el primero que ya no puede hacerse ilusiones de su situación en la tierra. El hombre
loco vive la experiencia de un mundo en el que ya no existen protecciones metafísicas, un mundo
abandonado a la intemperie, el hombre loco siente la caída de la tierra fuera de las cubiertas
imaginarias que le habían cobijado en el interior de una totalidad divina durante una época de
gestación de milenios, siente personalmente el frío de estar afuera, el vacío consuntor y la
sensación de desierto y de extravío irreparable. En una palabra, el hombre loco no es más que el
síntoma histérico de la humanidad instruida: sin cobijo, sin cubiertas, expuesta a la intemperie en
la edad moderna.
Pág. 73. De Cervantes a Kafka, a Musil, a Joyce o a Proust, la novela se despliega como un espíritu
o un pensamiento que nos reta a un aprendizaje, a un recorrido netamente formativo, a un
camino en el que no existen puntos de apoyo trascendentes al espacio y al tiempo, en el que no
hay finalidad o un sentido último que podamos alcanzar.

Pág. 75. ¿Qué sostiene el relativismo perspectivista, a diferencia del relativismo ingenuo? Como he
dicho antes, lo que el primero afirma es que todo lo que pensamos, todo lo que decimos, todo lo
que hacemos, lo pensamos, lo decimos y lo hacemos desde un lenguaje, desde un tiempo y un
espacio, desde una historia. En una palabra: el factor biográfico es ineludible. O bien nos situamos
en un ámbito idealista, y, en tal caso, el sujeto de conocimiento y de acción acaba siendo un sujeto
descarnado, sin cuerpo, un alma pura, o bien aceptamos, como he propuesto en el Pórtico, que da
inicio a este ensayo, que somos corpóreos, que la corporeidad, y en todo lo que ella implica, no
puede “ponerse entre paréntesis”. En tal caso, debemos darle la razón a Nietzche y admitir el
perspectivismo.

Pág. 78. Una ética de la compasión es una ética escéptica respecto a los grande

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