Pbro. Dr. Jorge A.
Palma María y el Plan Salvífico, 1
MARÍA Y EL PLAN SALVÍFICO
(CIC, 484-507)
1. La Vocación de María
La anunciación a María inaugura “la plenitud delos tiempos”1, es decir, el cumplimiento de
las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir a aquel en quien habitará
“corporalmente la plenitud de la divinidad”2. La respuesta divina a su “¿cómo será esto, puesto que
no conozco varón?”3 se dio mediante el poder del Espíritu: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”4.
El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra
divina, él que es “el Señor que da la vida”, haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una
“humanidad tomada de la suya”.
El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen María, es
“Cristo”, es decir, el ungido por el Espíritu Santo, desde el principio de su existencia humana, aunque
su manifestación no tuviera lugar sino progresivamente: a los pastores, a los magos, a Juan Bautista,
a los discípulos. Por tanto, toda la vida de Jesucristo manifestará cómo Dios le ungió con el Espíritu
Santo y con poder.
Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que
enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.
La predestinación de María
Dios envió a su Hijo, y para formarle un cuerpo quiso la libre cooperación de una criatura.
Desde toda la eternidad, escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía de
Nazaret en Galilea, a “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el
nombre de la virgen era María”5: El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la
que estaba predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como una mujer
contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida.
La misión de María fue preparada en la Antigua Alianza por la misión de algunas santas
mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una
descendencia que será vencedora del Maligno y la de ser la Madre de todos los vivientes. En virtud de
esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada. Contra toda expectativa humana,
Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la
madre de Samuel, Débora, Rut, Judit y Ester, y muchas otras mujeres.
1
Ga 4, 4
2
Col 2, 9
3
Lc 1, 34
4
Lc 1, 35
5
Lc 1, 26-27
Teología I 2
2. La Inmaculada Concepción
El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como “llena de gracia”6. Para
poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que estuviese totalmente
poseída por la gracia de Dios.
El dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado 8-XII-1854 por Pío IX confiesa:
“la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado
original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de
Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género
humano”7.
Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que ella fue enriquecida desde el primer
instante de su concepción, le viene toda entera de Cristo: ella es redimida de la manera más sublime
en atención a los méritos de su Hijo. El Padre la ha bendecido con toda clase de bendiciones
espirituales, en los cielos, en Cristo más que a ninguna otra persona creada. El la ha elegido en él,
antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor.
Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios la Toda Santa(Panagia), la
celebran como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una
nueva criatura. Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo
de toda su vida.
María respondió por la obediencia de la fe , segura de que nada hay imposible para Dios: “He
aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra”8. Dando su consentimiento a la palabra
de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de
salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la
obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la
Redención: Ella por su obediencia, fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano.
El nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su
falta de fe lo desató la Virgen María por su fe. Comparándola con Eva, los Padres llaman a María
Madre de los vivientes y afirman: “la muerte vino por Eva, la vida por María”9.
3. La maternidad divina de María
(CIC 495)
El evangelio le llama “la Madre de Jesús”10. María es aclamada como “la madre de mi
Señor” desde antes del nacimiento de su hijo11.
6
Lc 1, 28
7
DS 2803
8
Lc1, 37-38
9
LG 56
10
Jn 2, 1; 19, 25; cf Mt 13, 55
11
cf Lc 1, 43
2
Pbro. Dr. Jorge A. Palma María y el Plan Salvífico, 3
Aquel que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que es verdaderamente
su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima
Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos]12.
4. La virginidad de María
(CIC 496-507)
Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu
Santo. La Iglesia afirma también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido sin elemento
humano, por obra del Espíritu Santo13. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es
verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
“Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la
raza de David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios,
nacido verdaderamente de una virgen. Fue verdaderamente clavado por nosotros en
su carne bajo Poncio Pilato padeció verdaderamente, como también resucitó
verdaderamente14.
Los relatos evangélicos15 presentan la concepción virginal como una obra divina que
sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas: “Lo concebido en ella viene del Espíritu
Santo”, dice el ángel a José a propósito de María, su desposada. La Iglesia ve en ello el cumplimiento
de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un
hijo”16.
A veces ha desconcertado el silencio del Evangelio de S. Marcos y de las cartas del Nuevo
Testamento sobre la concepción virginal de María. También se ha podido plantear si no se trataría en
este caso de leyendas o de construcciones teológicas sin pretensiones históricas. A lo cual hay que
responder: la fe en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva oposición, burlas o
incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y paganos17; no ha tenido su origen en la
mitología pagana ni en una adaptación de las ideas de su tiempo. El sentido de este misterio no es
accesible más que a la fe que lo ve en ese nexo que reúne entre sí los misterios, dentro del conjunto de
los Misterios de Cristo, desde su Encarnación hasta su Pascua.
María, la siempre Virgen
La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la
virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre18. El
nacimiento de Cristo lejos de disminuir consagró la integridad virginal de su madre. La liturgia de la
Iglesia celebra a María como la Aeiparthenos, la siempre-virgen.
12
cf DS 251. Concilio de EFESO (431).
13
Cc. Letrán, año 649: DS 503
14
S. Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): Smyrn. 1-2
15
cf Mt 1, 18-25; Lc 1, 26-38
16
Is 7, 14 según la traducción griega de Mt 1, 23
17
cf S. Justino, Dial 99, 7; Orígenes, Cels. 1, 32, 69
18
cf DS 291; 294; 442; 503; 571
Teología I 4
A esto se objeta a veces que la Escritura menciona unos hermanos y hermanas de Jesús19.
La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a otros hijos de la Virgen María; en
efecto, Santiago y José hermanos de Jesús son los hijos de una María discípula de Cristo que se
designa de manera significativa como la otra María. Se trata de parientes próximos de Jesús. En
Hebreo no existen términos diferentes para designar pariente ,hermano, sobrino...
Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se a todos los
hombres, a los cuales El vino a salvar: Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos
hermanos, es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre.
La maternidad virginal de María en el designio de Dios
La mirada de la fe, unida al conjunto de la Revelación, puede descubrir las razones
misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso que su Hijo naciera de una virgen. Estas
razones se refieren tanto a la persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por
María de esta misión para con los hombres.
La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no
tiene como Padre más que a Dios.
“La naturaleza humana que ha tomado no le ha alejado jamás de su Padre...;
consubstancial con su Padre en la divinidad, consubstancial con su Madre en nuestra
humanidad, pero propiamente Hijo de Dios en sus dos naturalezas”20.
Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque él es el
Nuevo Adán que inaugura la nueva creación: El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el
segundo viene del cielo. La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del Espíritu Santo
porque Dios le da el Espíritu sin medida. De su plenitud ,cabeza de la humanidad redimida, hemos
recibido todos gracia por gracia.
Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos
de adopción en el Espíritu Santo por la fe. La participación en la vida divina no nace de la sangre, ni
de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios. La acogida de esta vida es virginal porque
toda ella es dada al hombre por el Espíritu. El sentido esponsal de la vocación humana con relación a
Dios se lleva a cabo perfectamente en la maternidad virginal de María.
María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe no adulterada por duda alguna y de
su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador:
“Más bienaventurada es María al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su seno
la carne de Cristo”21.
María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la
Iglesia: La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la
19
cf Mc 3,31-55; 6, 3; 1 Co 9, 5; Ga 1, 19
20
Cc. Friaul en el año 796: DS 619
21
S. Agustín, virg. 3
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Pbro. Dr. Jorge A. Palma María y el Plan Salvífico, 5
predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el
Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad
prometida al Esposo22.
22
LG 64