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ROJAS, R., Canciones

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Rojas, Ricardo
ico Canciones
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Ijesde La Victoria del Hombre mostró el

fondo de su alma optimista y creyente,


en el sentido que debe tener esta palabra
sin referirse a determinada religión. Poseído

de un sentimiento vagamente panteista, he-


liólatra fervoroso que ama la naturaleza y

la vida y confía en ellas, su fe en la hu-


manidad y en la patria comunica a su ritmo

PQ y a su estilo, que en él ''es todo el hom-


bre", el ardimiento entusiasta de convencido

y de apóstol que late en los períodos armo-


R1C3 niosos y rotundos de su prosa. Ya la pene-
tración simpática de Emilio Becher, supo
calificar al espíritu de Rojas, a propósito
del poema citado, de ''netamenre religioso

en la acepción más noble y menos usada


la palabra". Y yo creo ver en él, ante
/Mo y más que todo, a un poeta con algo
demisionario y de místico, en quien la in-
JAN 91970 tud del misterio pone a veces un toque
superstición.

Alvaro Melián Lafinur


.

ROMANZA DE LAS TRES


INTERROGACIONES SENTIMENTALES
I

"
\
I
n^LLA, la que adoro,
^^ La que en rimas canto,
Y al lírico encanto
De mis rimas lloro,
Preguntóme un día
Cómo la quería . .

(Era en la floresta
La estación propicia
Para la respuesta:
Bajo la floresta
Vibraban delicia
Cupidos en fiesta)

Y la dije:— Te amo

Tal como te evoca,


Metonimia loca.
Mi íntimo reclamo:

227
Ricardo Rojas

Lírico resumen,
Playa y atalaya
De la eterna Maya
Para el triste numen,

Lirio de martirio,
Ola, barcarola,
Iris, orla de ola,

Blancura de lirio,

Lumbre de la cumbre,
Lumbre de la estrella.
Lumbre pura y bella
Del que arde en tu lumbre!

Tiene este cariño,


Flor de mi existencia,
La candida esencia
De un amor de niño;

Anima su interna
Virtud de belleza
La íntima pureza
De una unción eterna;

228
.

Canciones

Y en tu ara, mis ritos,


Por influjo oculto,
Restauran el culto
De inefables mitos.

En su luz suprema.
Toda suerte vana
De ambición humana
Sus escoí'ias quema;

Y en la lumbre pura

Que esa luz engendra.


Mi vida se acendra
Mi alma se depura.

(Era en la floresta
La estación propicia;
Vibraban delicia
Cupidos en fiesta . . .)

Y la amada ardiente,
Bella de sonrojos,
Benévolamente
Me miró en los ojos.

229
. ,

Ricardo -Rojas

II

Ella, la que adoro.


La que en rimas canto
Y al lírico encanto
De mis rimas lloro.
Preguntóme un día,
Por qué la quería . .

(Era en la floresta
Propicio el instante
Para la respuesta:
Iba en la floresta,
Mi suntuosa amante
Vestida de fiesta.)

Y la dije:— Tiene
Mi amor peregrino.
Todo lo divino
Que de tí le viene

230
.

Canciones

Y te amo por esa


Razón paradógica
De la clara lógica
Que el amor profesa:

Te amo porque te amo!


Por nada y por todo;
Porque sí De modo
. . .

Que "mía" te llamo,—

Puente de mi abismo,
Nimbo de mi gloria,—
Por ejecutoria
De mi pecho mismo. .

A veces me inquieta.
Si tu boca linda,
Tu labio de guinda.
Tu ojera violeta;

O si tu fragancia
De aromado nardo
Que en el alma guardo;
O si la elegancia

251
. .

Ricardo Rojas

Con que te consagra


Tu chai de etaniina
Fina fugulina
De una ideal Tanagra,—

No serán, en veras,
Mi "por qué"" de amores;
Pero en sus dolores
Saben mis quimeras,

Que mi alma y la tuya,

Concertando grimas,
Casan en sus rimas
Trova de aleluya.

(Era en la floresta
Propicio el instante:
La tarde ... la amante .

El rumor de la fiesta . .
.)

Ella alzó la frente:


Y ardida en sonrojos,
Dolorosamente
Me miró en los ojos . .

232
.

Canciones

III

Ella, la que adoro,


La que en rimas canto
Y al lírico encanto
De mis rimas lloro,
Preguntóme un día
Donde la quería . .

(Era en la floresta

Propicia la hora
Para mi respuesta;
Era en la floresta
La hora sonadora
De la tarde en fiesta)

Y la dije:— Tengo
Para tu alma una
Comarca de luna,
Por noble abolengo.

235
— !

Ricardo Rojas

Prez hereditaria,
Para mis quimeras
Diéronme las eras
Tierra legendaria.

Tengo en ella, bellos

Palacios muzárabes,
Y leyendas árabes
De amores en ellos:

Hacia allá suspira


Mi pecho salvaje,
Fiero abencerraje
Que sangrando expira

Tengo en ella frondas


Llenas de rumores,
Que narran amores
De princesas blondas;

Y en ella te quiere
Mi alma, dolorosa
Selva melodiosa
Donde Isolda muere.

234
. .

Canciones

Tierra en cuya playa,


La probada y viva
Fuerza combativa
Del héroe desmaya,

Quiero coducirte
i
Oh mi amada! adonde
Numen de la sirte—
Loreley se esconde . .

Ven a la comarca
De la azul ribera
Mi lírica barca
Va a partir; te espera.

(Era en la floresta
La hora soñadora,
La propicia hora
De la tarde en fiesta)

Y ante el sol poniente,


Bella de sonrojos,
Deliciosamente
Me miró en los ojos . .

Deliciosamente

255
Ricardo Rojas

LA NOCHE AZUL

A noche, toda azul, era tan pura


Que en su diáfano abismo, las estrellas
Del cielo trópica!, mucho más bellas
Lucieron tras de tanta desventura.

Templo nupcial halló nuestra aventura


Bajo grave excelcitud de aquellas
la
Umbrías que ampararon mis querellas
En silencio infinito y luz de altura.

Tú estabas en mis brazos coronada


Por esa plenitud de luz nocturna,
Ebria en la plenitud de ser amada;

Y
desde esa hora de emoción divina.
Guardaste para mi, como en una urna,
La noche azul en tu alma diamantina.

236
.

Canciones

LEYENDA

scucHA, Musa mía: tu poeta va a hablarte.


Y brotarán ahora, por la magia del arte,
De su largo silencio raudales de armonía.
Cual de la roca mística brotara el aáua un día. .

Sueño infinito, sueño de inefables amores,


Visión nocturna llena de divinos dolores,
Eso fué . Cuando en medio de la noche traidora,
. .

Fué para mi pobre alma la hora reveladora,


Inmóvil yo en la sombra del tortuoso camino,
Mudo yo ante el enigma de mi propio destino.
Entonces, blandamente, me apareció a lo lejos

Una mujer divina y humana . . . Los reflejos


De un astro rutilante bañaban su figura.
Tierno lirio vestido de una nupcial blancura . . •

( y cuando iba a nombrarte como nadie te nombra.

Oh, aparición excelsa, te perdiste en la sombra!)

257
. .

Ricardo Roías

No la igualaran todas las náyades más bellas,


Luciendo al aire diáfano su desnudez de estrellas;
Ni la igualaran todas las reinas más preclaras,
Cubiertas por el boato de sus túnicas raras:
Sobre el ebúrneo cuello de helénico relieve,
La cabeza ritmaba su paso fino, breve;
De sus pupilas húmeda lumbre estelar manaba;
Sus grandes ojos eran de Eros la negra aljaba . .

Y perderse algo fúnebre me señaló su rastro,


al

Cual si se hubiera hundido a lo lejos un astro.

(Ahf cuando iba a nombrarte como nadie te nombra,


Dulce visión humana, te perdiste en la sombra!)

Eran sus pensamientos bellos como las olas


Que se irisan y mueren. Ecos de barcarolas
Tiernísimas poblaban el éter de sus sueños,
Corazón hecho todo de ternura y de ensueños: —
Vaguedades de luna, seda de los plumajes,
Blancura de los cisnes, harpa de los ramajes . .

Por ello nuestras almas armonizaron tanto.


Dos gemelas unidas por un común encanto
De amores. Y su pena consonó con mi pena.
. .

Como en diversos versos la misma rima suena.

{Mas cuando iba a nombrarte como nadie te nombra,


Triste visión humana, te perdiste en la sombra!)

258
.

Canciones

Y se perdió en las sombras ... Y la sombra infinita.

Tornaba los paisajes en comarca maldita,


Donde los viejos árboles alzaban su figura,
Como esqueletos rígidos sobre la tierra obscura;
Oíanse en pavorosos vuelos
el aire los

De pájaros nocturnos; bajo los negros cielos,


Un estupor de vértigo me arrastraba; sentía
Una guerra de voces en la noche sombría:
Seguir!—
clamaban unas;
Volver!—
otras clamaban;
Y entre las dobles voces que las tinieblas daban
Por descifrar la clave de mi propio destino-
Atónito en la sombra del tortuoso camino
Rodé como un cadáver sobre la tierra inerte . .

Y evoqué, desolado, la quietud de la Muerte!

259
.

Ricardo Rojas

NOCTURNO

i [na luna trágica


^^ Sobre el agua riela
Y en su lumbre mágica
Mi añoranza vuela . .

De ópalo y topacios
Sobre el claro mar,
Forja sus palacios
Nuestra hada lunar.

Y la luna finge

Rostro de pavor,
Vagabunda esfinge
De amor y dolor.

240
Canciones

Y en esa oportuna
Litz de eternidad,
Que esparce la luna
Por la inmensidad,

Til te corporizas
Leve como un tul,

Entre las cenizas


De la noche azul.

241
.

Ricardo Rojas

EMOCIÓN VESPERTINA

A beatitud de Dios colma la inmensa


^^ I
Vaguedad de los cielos donde arde,
Sobre el hondo crepúsculo suspensa,
La nostálgica estrella de la tarde.

Bajo lo azul en su ámbito secreto —


~
Las pesadumbres de la tarde ampara
Aquel parque romántico y discreto
Del que en mejores tiempos nuestra ilusión hablara.

Una emoción idílicia a porfía


Sugiere al corazón aquella escena,
Hasta en el astro dulce, y la agonía
De la tarde serena. .

242
: .;

Canciones

Lleva la brisa el cálido suspiro


Que una alma huérfana en la tarde exhala,
Y semeja, al pasar, su raudo giro
La fugitiva suavidad de un ala.

Son las últimas brisas otoñales,


Cuyo genio de páramo deshoja,
Con invisibles manos espectrales,
Vestiduras florales. — Una hoja . .

Lívida, tiembla, se desprende, rueda. .

Otra hoja mustia la acompaña al paso


Y vuelan todas en la brisa leda
Que las lleva al acaso.

Yel fantasma tenaz que me persigue

Reviene al corazón en la hoja inerte


Por el camino que mi cuerpo sigue
Va con ella la imagen de la muerte.

Yo también, por la senda solitaria,


Como el follaje efímero me pierdo,
Allá. donde la mente visionaria
. .

Dialogaba de amor con tu recuerdo.

243
. ; :

Ricardo Rojas

( . . Fué tal vez un camino como éste,


El que holló la pareja verleniana,
Cuyo Coloquio, lírico y celeste,
Se acibaraba de desdicha humana

Pero a nuestra pareja, eterno dueño,


La separan el tiempo y el destino...
Voy solo . . y siento el peso del ensueño
Sobre las desventuras del camino. .) .

i
Por eso tú me angustias, oh, bella tarde pálida — 1

Me parece más torvo cuanto existe


La fronda más escuálida.
El otoño más triste . .

Y dando, en su blancura, sugestiones más hondas


A la veste floral cuando caduca,
Al ya precario abrigo de las frondas,
Un «Invierno» de mármol se acurruca.

244
. ;

Canciones

AGUA MUERTA

I
jETávosE ni¡ bote sobre la^ aguas muertas;
^"'^ remo
Cayó a su flanco el del remador bisoño
Y armonizó laescena con mis horas inciertas,
A la vislumbre pálida de aquel cielo de otoño. .

Los ambiguos celajes, con matices ya viejos


De púrpuras exangües y de apagadas lilas,
Proyectaban un tenue resplandor, a lo lejos,
En la tersura inmóvil de las aguas tranquilas.

Atrás de mí la noche, con invisible paso,


Diluyéndose lene por el agua y la fronda.
Comunicaba un nuevo matiz a aquel ocaso
Tan sereno en la muda beatitud de la onda.

245
;

R [CARDO Rojas

De adversa bajo el fúnebre imperio,


la estación
La de silencio y de calma
tierra aletargábase
Y a la hora de las tardes su hálito de misterio
Infundía en la cosas la tristeza de un alma.

Los fríos prematuros y las rachas crueles,


Dejaron la comarca sin sus mejores galas ;

Tuvieron los follajes crujidos de papeles


Cuando quedó la fronda sin músicas ni alas.

Hacia el confín incierto, las aves fugitivas


Un tibio adiós llevaron ; y del inmóvil sauce,
Con laxitud más honda, las ramas pensativas
Cayeron a la vera del solitario cauce.

Y fueron los crepúsculos tan tristes y tan bellos


Que todo se colmaba de inefables congojas,
Y su paz fué tan pura, que se advertía en ellos
La trémula caída de las marchitas hojas.

De pronto, aquella tarde, la brisa en la ribera.


Soplara en los ramajes de la arboleda mustia.
Despertando los sones de una canción ligera
Modulada en una aria de melódica angustia.

246
. !

Cancioxfs

Sugestionada mi alma por aquel son doliente


Que lloraba en la tarde su añoranza, más triste,

Dormí. . . soñé. en las manos reclinada la frente.


. .

Y tú de lo más hondo de aquel sueño surgiste.

Jamás en mis nostalgias te sentí más remota,


Ni más bellas a mis ansias te apareciste nunca,
Y fué en aquel momento nuestra esperanza rota
Como en la brisa el aria de una música trunca.

Y en mi alma aparecieron comarcas interiores


Más lívidas que todas las tardes otoñales. .

¡Oh, país melancólico de inefables amores,


Envuelto en el crepúsculo de las horas letales

Y al despertar, la sombra, callada, taciturna,


Donde vanas visiones el pensamiento fragua.
Reinaba ya. . , Y en medio de la cuenca nocturna,

Sentí la tenebrosa fascinación del a^ua.

247
Ricardo Rojas

BALADA

ZV veces, desde el fondo de la clara memoria


Donde mi amor te guarda, te alzas propiciatoria

Para velar mis sueños . . . Ante la incierta esfinge


De los futuros días, tu nueva forma finge
La realidad ya ida de los días lejanos,
Y en renovado símbolo de dolores humanos,
Lánguidamente pasas por esa triste senda
De mi ayer, como una figura de leyenda
Sobre un paisaje antiguo ... Es una senda triste

Donde el hado encantado de la ilusión te viste,

Matizando sus velos, a la luz de la hora,


Con la mágica veste que el ámbito decora.

¡ Oh, las nupciales velos del alba en el celeste


Cielo de la Mañana ! . . . ¡ Oh, la amorosa veste

248
!. . . . .

Caxciones

De la Tarde en el fondo de una quieta arboleda !

¡ Oh, el doloroso manto de la Noche que en leda


Veste envuelve tu cuerpo con un manto de seda-
Negro como la sombra . .

Leve como la sombra . .

Blando como la sombra

La Mañana en la dicha del paisaje sonríe.


Una lírica alondra desde la fronda ríe,

Y entrega a los cristales del aire diamantino


Las matinales músicas de su trino divino.
Como de una urna de oro su luz el día vierte,
Y sobre manderecha del paisaje, se advierte
Qus, pascual, un aprisco de corderitos blancos,
Trisca junto al arroyo que baja los barrancos
Del collado florido; mientras cerca las lomas
De la siniestra vera, se arrullan dos palomas . .

Cielos y tierra ostentan, bajo las matinales


Luces, la blanca pompa de las fiestas nupciales.
Tachona el campo verde la flora de los sueños . .

249
! .

Ricardo Rojas

Lirios albos y rosas de pétalos sedeños


Señalan el sendero de esperanza que viene
Desde el fondo del alba. Y aquel paisaje tiene—
Con sus alegorías junto a la clara senda
Donde pasas como una figura de leyenda
Sobre un paisaje antiguo— la candida alegría
Que presta al campo todo tu imagen bella y pía,

Cuando, dichosamente, bajo el efluvio célico,


Te envuelve ese magnífico decoro
De las beatas visiones del Angélico:
Blanca silueta sobre un alba de oro.

/ O/i, mi novia mística:


Por ti se engalana
De luz eiicarística
La aurora lejana
¡Oh, mi novia mística
Que eres en el alba
La espuma del agua,
La flor de la rama . .

II

La Tarde en la belleza del paisaje suspira.


Ronda gaya de céfiros pausadamente gira

260
!

Canciones

Sobre los prados y se detiene a la vera


De la senda en que vienes como una Primavera
«Boticellesca », envuelta, con elegante alarde,
En un velo que copian las tintas de la tarde.
Honda de luz, la bóveda de los cielos azules
Cúrvase en un poniente de amortiguados tules,

Donde pálidas nubes— en lila y rosa tierno—


Flotan a la dulzura de un éxtasis eterno.
Es la hora sagrada del amor. Es la hora
De esa emoción que pasa, muda y arrobadora.
Sobre la tierra absorta y el alma estremecida.
Como el vuelo de un ángel sobre la mar. La vida
Que anega en su misterio mi corazón de hombre,
Sube a mi labio y cifra su misterio en tu nombre
Bienamado. . . Y aquella palabra en sí concreta
La emoción de la tarde y el sueño del poeta.
Que están en tí por una comunión misteriosa.
Cuando envuelta en la Veste de la tarde amorosa,
Morosamente vienes hacia mi alma que sueña,
Más bella eu tu hierática figura.
Que esas nobles visiones del Mantegna,
Sobre ingenuos paisajes de ventura.

/ O/i, mi amada mística.


Por ti se engalana
De pompa eucarística
La tarde lejana

251
. .

Ricardo Rojas

/ Oh, mi amada mística


Que en la tarde pasas
Envuelta en su clara
Veste sonrosada . .

III

La Noche en el misterio del paisaje se añora.


Resignada, sus viejas fatalidades llora
En la lágrima augusta que vierten las estrellas.
Sobre el paisaje, apenas, vénse veladas huellas
Que se hunden, a lo lejos, en la quietud nocturna.
Pasa el Silencio sobre la tierra taciturna,
Mascullando oraciones en su barba de sombras.
Como el antiguo monje del Dios que nunca nombras.
Es la hora dantesca del dolor... Es la hora
De desesperanzas y de la punzadora
las

Duda, que hace más hondas las noches solitarias.


Hora de las visiones . . . Hora de las plegarias . .

Cuando al benigno influjo de tu recuerdo o de una


Misericordia oculta, suele alzarse la luna
Como una hostia en el ara fúnebre de los montes,
Difundiendo su vaga luz por los horizontes

Y por mi ser en dulce consolación ... Su triste


Lino de luz entonces con su mongil te viste,

252
!. . . .

Canciones

Y envuelta en la penumbra de esa veste de cuitas,

Eres la bienhechora de mis noches malditas,


Con tus manos ungidas en un óleo de nardo-
Flores de lis entre lunares tules.
Manos de la Gioconda de Leonardo
Sobre un campo de lúgubres azules. .

/ Oh mi esposa mística;
Por ti se engalana
De luna eucarística
La noche lejana
¡ Oh, mi esposa mística
Que en la luna vaga
Me traes la alada
Caricia del alma .

envío

Así en visión eterna de espíritu perduras.


Electa, Amada, Única,— reencarnas tu figuras
En la arcilla de ensueño de mis locas venturas.

Cuando como una bella deidad propiciatoria.


Te alzas desde el callado fondo de mi memoria,
Nimbada por la vida, nimbada por la gloria . .

255
! .

Ricardo Rojas

Tu Veste blanca es una candida remembranza


De cuando éramos éramos niños, de cuando en lontananza
De la vid se abría risueña la esperanza

Cuántos dolores,— cuántocj


¡ !-~niÍ8 ojos han mirado
Desde aquella lejana mañana del pasado!
¡ Cuántas lágrimas ! cuántas lágrimas han llorado

Los ojos que en la senda de luz y de alegría.


Disipada la sombra de esa melancolía,
Ven, hoy, llegar de nuevo tu imagen bella y pía . .

254
Canciones

VILLANELA DE LA REMEMBRANZA

mismo de aquella
Y <^ soy el

Noche de ensueño y dolor


Yo te vi, pálida y bella,

Gemir en flébil querella


Grimas de amor y de mor,
Y vuelvo como en aquella

Noche que un secreto sella,


A decir en tu loor.
Que te amo pálida y bella —

Pálida cual una estrella


Y bella como una flor.
Igual que en la noche aquella ;

255
.:

Ricardo Rojas

Cuando al dejarte su huella


Mi primer beso de amor
En la faz pálida y bella,

Te pincelara sobre ella,

Rosa efímero el pudor. .

Y pues, en la noche aquella.

Tras la apagada centella


Del pasajero rubor
Livideciste más bella,

Así tu imagen descuella


Sobre mi sombra interior,
Hoy que torno como aquella

Noche de ensueño y dolor


A amarte pálida y bella
Pálida como una estrella

Y bella como una flor.

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