Evolución y Dinámica de la Familia
Evolución y Dinámica de la Familia
CONCEPTO DE FAMILIA
b)
c) “y unos vínculos: legales, derechos y obligaciones de tipo económico y religioso. Derechos y
prohibiciones sexuales, y vínculos emocionales : el amor, afecto, respeto etc.”
La ONU señaló en 1987 recomendaciones para discriminar hogar y familia:
-Art. 131: “La familia debe ser definida como nuclear. Comprende las personas que forman un
hogar privado tales como los esposos o un padre o madre con un hijo no casado o en
adopción. Puede estar formado por una pareja casada o no casada con uno o más hijos no
casados o también estar formada por uno de los padres con un hijo no casado”.
La teoría sistémica de Bertalanffy representa el modelo básico de estudios sobre la familia.
Conocer el sistema familiar implica conocer su estructura y sus reglas. Define la familia como
un sistema abierto, propositivo y autorregulado. Todo lo que ocurre en un punto del sistema
afecta a la generalidad del sistema.
Rodrigo y Palacios elaboran la siguiente definición “La familia se define como la unión de
personas que comparten un proyecto vital de existencia en común que se quiere duradero, en
el que se generan fuertes sentimientos de pertenencia a dicho grupo, existe un compromiso
personal entre sus miembros y se establecen intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y
dependencia”.
El concepto de familia es una construcción social, es dinámico y está en constante evolución. A
pesar de sus elementos aparentemente transhistóricos, su significado se funda en culturas
específicas y sus objetivos históricos.
El concepto de familia ha evolucionado con el pasar de los años, en función de los cambios que
se han producido en la sociedad. Se trata de una palabra que designa un grupo social muy
importante en la vida de las personas. Y si bien cada persona interpreta este concepto de una
forma en particular, según su realidad, la importancia de la familia sigue siendo latente. Lo que
sí resulta universal en todas las definiciones es el hecho de que una familia implica la existencia
de un vínculo, sobre todo, afectivo entre dos o varias personas. Dicho vínculo se ve reforzado
por objetivos, valores, creencias, tradiciones, comportamientos, experiencias e,
incluso, actividades compartidas por los miembros.
Una definición más abarcativa a los tiempos actuales podría ser la siguiente “Unidad social
constituida por un grupo de personas unidad por vínculos consanguíneos, afectivos y/o
cohabitacionales que llenan las necesidades diversas en el ser humano para su desarrollo
integral”
Hasta el siglo X en grandes zonas de la Europa Occidental, el matrimonio era un asunto civil
que involucraba a las parejas y a sus familias, ya que era el padre quien pasaba la tutela de su
hija al esposo. Dicho acto se realizaba en un ámbito público con rituales, por ejemplo: un beso,
intercambio de un objeto o palabras de bendición. En algunos casos los contrayentes no
podían tener relaciones sexuales de tres a treinta días después del matrimonio y el matrimonio
podía romperse o sellarse con la misma laxitud.
Etimológicamente, la palabra “familia” proviene del latín “familus” que significa “sirviente que
pertenece a un amo”. La familia está estrechamente unida a un régimen de propiedad y a un
sistema de producción; el esclavista. Dentro de la historia de familia siempre existió una
esclava que era justamente la mujer
La familia europea medieval del siglo XV el tipo de estructura familiar dominante era la que se
llamó “familia de linaje abierta”. Formada por una familia nuclear
era una unidad productiva y reproductiva que transmitía a sus miembros el oficio que ejercían,
lo cual se facilitaba por el hecho de vivir en una casa común como familia extensa, es decir, de
convivencia de la familia nuclear (padres e hijos) y otros parientes. Su horizonte espacial y
social solía estar limitado a esa familia y a la comunidad donde residían. Su vida estaba regida
por el trabajo y la religión. La familia prehispánica, para hablar de la otra fuente de nuestro
origen, solía vivir, igualmente, como familia extensa, también como unidad reproductiva y
productiva en relación con las labores agrícolas o artesanales que ejercían, con la peculiaridad
de una estructura de propiedad comunal de la tierra, ya que la propiedad privada existía
solamente en las clases dominantes. Esta situación antiquísima, que ya era expresión de una
explotación de la clase alta sobre las subalternas, ha facilitado la continuación de ese dominio
hasta la actualidad. También estaba regida por la religión, que se acompañaba de rituales y
fiestas colectivas.
El paso de la visión religiosa a la humanista, científica y tecnológica, fue la novedad aportada
por la modernidad en el período del capitalismo industrial, a partir de los siglos xvii y xviii,
aunque permaneció la utopía del progreso futuro continuo, ahora sustentado en el esfuerzo
humano sobre la realidad social terrena en lugar del paraíso sobrenatural. También implicó
cambios sustantivos en las relaciones humanas a partir del concepto de la sociedad como
conjunto de productores libres y, por ende, de los conceptos de individualidad, subjetividad y
libre albedrío necesarios para este nuevo funcionamiento socioeconómico de tipo contractual.
Cambios en las familias de la modernidad
Muchas de las funciones que antes realizaban las familias pasaron a ser cubiertas por el
Estado, especialmente las de tipo educativo, y a cargo de las familias quedaron
fundamentalmente los cuidados tempranos del niño y su educación sentimental, lo cual
implica la educación de las pulsiones y los afectos, es decir, el aprendizaje de la expresión y
control del amor y la agresión, incluyendo el ajuste del narcisismo o la autoestima. Se generó
lo que Edward Shorter (El nacimiento de la familia moderna) ha denominado una revolución
sentimental con novedades como “la separación física de la pareja (en hogar aparte) del
tronco de la familia extensa y la constitución consecuente de la familia nuclear, de sólo dos
generaciones: padres e hijos como organización familiar dominante. Y, en esas nuevas
condiciones, el establecimiento del amor romántico, la domesticidad, la privacidad y el
predominio de lo emocional sobre lo instrumental en las relaciones maritales y de padres e
hijos”.
Al no descansar ya los vínculos de pareja y de padres e hijos en un orden social firme con lazos
de interés en la familia extensa y la comunidad, sino en la satisfacción emocional de las partes,
esos vínculos tendieron a la inestabilidad y buscaron apuntalarse en apoyos externos
familiares, religiosos o profesionales, así como en una reglamentación legal adecuada para
resolver los nuevos problemas como el divorcio, ya que si la unión marital estaba sustentada
en el amor, si éste desaparecía se podía dar la separación.
Cambios de la familia en la posmodernidad
El cambio del capitalismo industrial al capitalismo financiero neoliberal a mediados del siglo xx
ha acentuado la inestabilidad marital y generacional y ha generado crisis de valores, confusión
e incertidumbre. Como este modelo económico genera también grandes masas de
desempleados, se ha agregado la incertidumbre laboral. Por estas y otras razones la confianza
o fe en el futuro se ha roto en la posmodernidad, aparece el escepticismo sobre el porvenir y
predomina la noción de tiempo presente, lo cual fue y es característico de la cultura de la
pobreza, cuyas limitaciones económicas e inestabilidad de vida excluye un horizonte de futuro.
Pero ahora abarca a todas las capas sociales y económicas que tienen que aprender a vivir en
la incertidumbre y la inestabilidad neoliberal, aunque frecuentemente no tengan conciencia ni
comprensión de lo que determina sus vidas, dada la gran manipulación establecida sobre los
medios de comunicación para que la población no se entere y siga siendo muy dócil.
En la conjunción contemporánea de neoliberalismo y posmodernidad, el estímulo para formar
una pareja y construir una familia está a la baja. El narcisismo de los integrantes de la pareja
hace poco atractivos esos proyectos; tener un hijo tiende a no ser fuente de realizaciones sino
una carga que las dificulta e impide diversiones personales. Los empleos escasos y de baja
remuneración acentúan esta dificultad al crear situaciones económicas desfavorables para los
proyectos de procreación.
A pesar de todo, el grupo familiar persiste como la unidad social más pequeña con capacidad
para cuidar a sus descendientes y orientarlos en un mundo de intensos cambios.
Desde la etapa anterior, la de la modernidad, la educación formal salió del ámbito familiar para
ser llevada a cabo por agencias externas y, en el neoliberalismo, los medios de comunicación
masiva se han vuelto cada vez más importantes como agentes educativos, de socialización, de
propaganda y de dominación política sobre la población. “Estos cambios han generado la
ruptura de muchos de los controles sociales y disciplinarios que los padres podían ejercer
antes sobre sus hijos” (Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnica de
poder), y han acentuado la importancia del control a través de los vínculos afectivos, el diálogo
cercano y la internalización en los hijos de valores que les sirvan de guía en un mundo nuevo y
en constante cambio, desafíos difíciles de alcanzar para muchos padres inmaduros que evaden
estas funciones y tienden a delegar la responsabilidad educativa en las escuelas o, en otros
casos, por las largas jornadas laborales de los padres que limitan su posibilidad de presencia
física en el hogar, así como por la amplia libertad con que hombres y mujeres pueden unirse y
separarse, dando lugar a una mayor inestabilidad del vínculo conyugal y de la consecuente
participación de ambos progenitores en la crianza y educación de los hijos.
Las familias transmiten ideales, valores y prohibiciones propios del gran conjunto social en que
viven para insertar a sus descendientes en la trama familiar y sociocultural de su lugar y época,
que influirán dando rasgos comunes a las diferentes generaciones. Algunas de estas familias
serán capaces de seleccionar preferencias particulares de las influencias colectivas, otras
transmitirán acríticamente las influencias externas dominantes. A cada individuo descendiente
de estas familias le tocará el mismo desafío: asumir acríticamente las influencias sociales y
familiares o diferenciarse tomando posturas y proyectos personales que, por supuesto,
devendrán y contendrán en alguna medida las influencias originales, familiares, sociales y
epocales.
Observadas desde el nivel macro, la estructura de las familias mexicanas sigue siendo muy
conservadora de acuerdo con los datos oficiales del Inegi: nueve de cada diez hogares son de
tipo familiar, lo cual implica que los hogares unipersonales o de conjuntos de no parientes son
una franca minoría. De los hogares familiares siete de cada diez son de tipo nuclear (padres e
hijos) y de familia extensa 2.8 de cada diez. No existe estadística sobre familias
homoparentales. Las familias monoparentales, la mayoría con jefatura materna, son casi el
veinte por ciento del total.
Comparadas con las familias del pasado, las actuales tienen un menor número de hijos y éstos
son concebidos a edades más avanzadas de la mujer. Es más frecuente que en las familias de
clase baja y media ambos cónyuges trabajen. Las separaciones maritales son frecuentes y dan
lugar, junto al sector de madres solteras, a las familias monoparentales.
Vistas desde el nivel micro, sobre todo a través de la consulta psicoterapéutica en consultorios
públicos y privados, las familias contemporáneas están sujetas a enormes presiones
económicas, sociales y culturales en un entorno de grandes cambios a partir de la mitad del
siglo xx. Esto pone a prueba la capacidad de las familias para cumplir sus dos funciones básicas:
la protección psicosocial de sus miembros y el acomodo a una cultura, así como la transmisión
de ella a sus descendientes (Salvador Minuchen).
Esta situación, de por sí difícil, se complica más por la ya mencionada frecuencia con que los
padres (o madre, en el caso de las monoparentales) tienen que cumplir largas jornadas de
trabajo que dificultan el control de los hijos por falta de presencia física, a lo que se agrega, en
muchos casos, el desinterés o confusión respecto a la forma de ejercer la paternidad, sobre
todo en aspectos de autoridad, límites, diálogo y cercanía afectiva. En esta endeble posición,
los jóvenes sufren la invasión de los medios de comunicación masiva que plantean modelos e
ideales diferentes a los de los padres, aunado a una situación social acorde con la prédica
hedonista donde existen posibilidades para incluirse, de forma demasiado temprana, en la
sexualidad, con el riesgo de embarazos adolescentes que pueden interrumpir el desarrollo
escolar y social de las jovencitas afectadas. Además, hay una oferta amplia y accesible de
alcohol y diversos tipos de drogas, sobre todo alucinógenas y estimulantes, cuyo uso es cada
vez más temprano y frecuente.
En las capas sociales menos favorecidas, maestros y orientadores reportan poca cooperación
de los padres con la escuela. Por las tendencias conservadoras de la población en todas las
capas, hay fuerte persistencia del autoritarismo y los valores tradicionales burgueses
desajustados a las realidades actuales. En las capas más abiertas al cambio se aprecia una gran
confusión sobre cómo conducirse con los hijos en función de la incomprensión de los cambios
culturales: del autoritarismo se tiende a pasar al laissez faire y, en vez de un planteamiento
educativo centrado en el desarrollo de responsabilidad en los hijos, se tiende a la no exigencia,
que infantiliza y, en algunos casos, a la expectativa difusa “de educar para que sean felices”,
con resultados fatales de hijos dependientes y poco operativos. Esta situación tiende a
producir lo que se ha llamado en el psicoanálisis “la nueva patología” de corte preedípico,
caracterizada por individuos con caracteres infantiles, dependientes, impulsivos,
inconsistentes y narcisistas.
Dentro de la familia encontramos las funciones que son necesarias para la constitución y
construcción psíquica del sujeto. La función paterna o materna son desempeñadas por uno u
otro progenitor (o quienes ocupen estos lugares), dependiendo del momento por el que esté
atravesando la familia y por la forma en que ésta esté constituida. Es importante aclarar que
estas funciones (materna y paterna) deben ser transmitidas por personas reales y si bien son
funciones del círculo familiar, en ocasiones se extienden a la familia ampliada o incluso pueden
ser llevadas a cabo por otras personas. Los progenitores no solo le brindan sentido a las
experiencias emocionales del niño, sino también se ubican como referentes fundamentales
para el acceso a la cultura y le transmiten de manera explícita e implícita, los valores, ideales y
modelos predominantes que ellos han interiorizado en cuanto a lo prohibido y permitido para
cada vínculo, entendiendo como vínculo a la relación de un sujeto con otro sujeto, ubicando
siempre la mirada en lo que juntos construyen. Para que un vínculo se constituya y se sostenga
es necesaria la presencia del otro, aunque no fuera necesaria ni posible su permanencia
constante, lo esencial es que el otro no puede faltar.
FUNCIÓN MATERNA
El desarrollo del psiquismo incipiente del infans o cachorro humano dependerá de cómo el
otro semejante se ubique en una posición de función. Por función se entiende el lugar que se
le asigna simbólicamente a un otro dentro de la trama vincular. Este lugar supone el habilitar
un espacio estructurado y estructurante que va a ser ocupado por otro. De ahí que, la acción
de maternaje/paternaje sea algo más que la mera producción biológica de un ser vivo, y se
constituya en el soporte vincular a partir del cual se sujeta al individuo humano a una
estructura organizada a partir del lenguaje.
El primer Otro estará representado por la función materna quien a partir del abastecimiento
de la necesidad introducirá algo del orden de lo vincular que será objeto de re-presentación,
pues supone el agregado de algo más que la acción material de proveer cuidado y nutrición.
Ese algo más es del orden de la significación y el sentido con que este Otro ejerza esta acción.
Este Otro nutre, asiste, arrulla, mima, toca, abriga, habla, imagina a su bebe (cría humana)
como sólo un sujeto con una subjetividad constituida puede hacerlo (Karol, M., 1999)
Es importante aclarar que el modo en que se ejerce la función materna depende a su vez de la
propia historia de constitución subjetiva de la madre o cuidadora, con todo lo que ello implica.
La función materna entonces no está dada por el hecho de la procreación, sino por el trabajo
de vincularse a su cría y de encontrar gratificación en el trabajo de asistirlo y cuidarlo. Cuando
la madre no liga su propia subjetividad y no realiza un trabajo de reconfiguración de su
identidad (la conquista de su rol materno), la asistencia y el cuidado obturan la posibilidad de
subjetivación del cachorro humano, ya que la acción de cuidar, nutrir y asistir toman al otro
como objeto de cuidado, pero no lo reconocen como sujeto de necesidad y deseo.
Quien cumple la función materna debe decodificar la reacción que produce alguna necesidad
no satisfecha en el bebé (sueño, hambre, dolor, etc.) atribuyéndole un significado a esa
manifestación según los patrones culturales de su entorno y de acuerdo a la interpretación
que realice de la necesidad que se trata Pero, más allá del modo convencional de proveer al
bebé, el modo particular en que lo hace, el significado que le otorga a la acción, al otro y a sí
misma en la realización de la acción cargan de un significado afectivo-vincular el acto de
cuidado. Por ello, la necesidad sería el "fundamento motivacional de toda experiencia de
contacto, de todo aprendizaje, de todo vínculo" (Quiroga, A., 1990)
FUNCIÓN PATERNA
Sea quien sea el soporte de la función paterna, no será indiferente para el destino psíquico del
sujeto. Desde el psicoanálisis la función paterna impide que el discurso materno pueda
cometer un exceso de interpretación. Esta función constituye la intromisión de un tercero que
rompe la relación simbiótica y fusionante entre la madre (Otro) y su bebé (cachorro
humano/infans). La función paterna será quien garantice que en el discurso materno no se
produzca un exceso de violencia interpretativa que obstaculice el proceso de individuación del
yo y que atente contra sus posibilidades de autonomía. El padre en su función es el
representante de los otros y es quien introduce el discurso del campo social, a través de la
oferta de objetos sustitutivos que acojan al infans en un campo de filiación social más amplio.
El padre es el representante de la ley, en tanto, se constituye en el emisario y en el portavoz
del campo social. De ahí que, el ejercicio de su función opere como organizador y
estructurante del psiquismo. La función paterna representa la ley, en tanto controla y
prescribe los alcances del discurso materno a fin de que éste no abuse del poder que le otorga
ser el Otro primordial. Es decir que la función paterna interpela al discurso materno para que
se ubique en el marco de un discurso social más amplio.
Limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil y el adulto,
poner fronteras. Esta actividad, realizada por los adultos, permite al niño alcanzar la
organización mental de lo temporoespacial, así como ubicarse como sujeto en el mundo
familiar y extrafamiliar, encontrar su lugar de niño y así poder adecuar su conducta. La falta de
límites genera desorden, desorganización y caos a nivel mental.
Los padres que quieren evitar frustraciones de sus hijos y por ese motivo son fuentes
constantes de permisividad sin límites, sin escollos, impiden el desarrollo de la capacidad
humana de sufrir ausencias de encarar situaciones que se presentan como negativas en cuanto
a que son pasajeras y dignas de ser superadas luego a través del amor que liga a causas
favorables. El miedo a los limites, el miedo al conflicto, es el que luego se transada a los hijos y
opera en ellos como debilidad para controlar la envidia y fomentar la gratitud, el amor, la
capacidad de goce. La ausencia de conflicto en el niño, si tal estado hipotético pudiera ser
imaginado, lo privaría del enriquecimiento de su personalidad y de un factor importante en el
fortalecimiento de su yo.
a. Claros o permeables.- Son propios de familias sanas, puesto que facilitan las mutuas
influencias con la sociedad, en caso de necesitarse
b. Difusos.- En donde la familia desconoce quién y cómo actuará ante diversas situaciones,
dificultan la determinación de la identidad familiar, y anulan la autonomía.
Claros Son aquellas reglas que pueden definirse con precisión como para permitir a los
miembros del sistema el desarrollo de sus funciones sin interferencias entre subsistemas, pero
permitiendo el contacto entre los miembros de los diferentes subsistemas.
• Difusos Son aquellos que no se definen con precisión; no queda claro quién debe participar,
cómo y cuándo, habiendo falta de autonomía entre los miembros del sistema, quienes están
aglutinados mostrando invasión entre subsistemas; el estrés de un miembro individual
repercute intensamente en los demás.
• Rígidos En las familias con este tipo de límites, la comunicación entre sus miembros se torna
muy difícil; cada uno funciona en forma autónoma con desproporcionado sentido de
independencia, careciendo de sentimientos de lealtad y pertenencia. Sólo un alto nivel de
estrés afectando a un miembro puede activar los sistemas de apoyo de la familia.
Si la familia establece límites claros podra tener una convivencia homeostática; a su vez, entre
los integrantes de una familia ocurren cambios cuando los límites establecidos son funcionales
o disfuncionales, estos dos factores puede producir aglutinamiento o desligamiento de sus
miembros.
De acuerdo a lo leído se concluye que; los tipos de familia están establecidos de conforme al
vínculo, a los lazos emocionales y la proximidad entre sus miembros, de acuerdo a esto se da la
unión o separación de los mismos
Límites rígidos ___________Familia desligada “La claridad de los límites en el interior de una
familia constituye un parámetro útil para la evaluación de su funcionamiento.
Algunas familias se vuelcan hacia sí mismas para desarrollar su propio microcosmos, con un
incremento consecuente de comunicación y de preocupación entre los miembros de la familia.
La diferenciación del sistema familiar se hace difusa. Otras familias se desarrollan con límites
muy rígidos. La comunicación entre los subsistemas es difícil. Estos dos extremos de
funcionamiento de límites son designados como aglutinamiento y desligamiento” (Minuchin,
1982) Según la teoría la mayoría de las familias está dentro de los parámetros de lo funcional,
pero al momento de La mayor parte de las familias presentan subsistemas aglutinados o
desligados, a continuación se describirá brevemente estos conceptos. Aglutinamiento.- Los
integrantes de una familia aglutinada presenta un exagerado sentido de pertenencia, por lo
tanto sus miembros pierden su autonomía. Se caracteriza por la tensión con que se establecen
sus límites con el mundo que les rodea. Tiene dificultad para para dejar entrar sucesos
externos, y como consecuencia, no puede adaptarse y cuando lo hacen, es de forma
inadecuada, ante acontecimientos nuevos como: cambios de colegio, cambios de residencia,
amigos, entre otros, son incapaces de establecer relaciones Universidad de Cuenca Blanca
Emperatriz Pillcorema Ludizaca 39 significativas con las personas fuera del entorno familiar, ya
que forman un célula familiar donde no permiten interferencias externas. “Los mecanismos de
autorregulación de estas familias manifiestan procedimientos homeostáticos poco flexibles
que dificultan su adaptación al cambio”. (Millán & Serrano , 2002) Los miembros de esta
familia al sufrir la pérdida de su autonomía, la conducta de un miembro de la familia afecta de
inmediato a los otros y el estrés individual repercute intensamente a través de los límites y
produce un rápido eco en otros subsistemas, de esta manera la familia aglutinada presenta
limites difusos y responde a toda variación en relación con lo habitual con una excesiva rapidez
e intensidad. Desligamiento.- Se caracteriza por ser una familia permeable en las funciones del
exterior, por lo que es una familia de carácter inestable cambia de forma excesiva y
rápidamente sus formas de funcionamiento, los miembros de esta familia tienen su propio
espacio de autonomía e independencia, pero en un grado elevado, impidiéndoles ser
conscientes de crisis patentes entre sus miembros y como consecuencia el desarrollo evolutivo
y las diferentes individualidades de los miembros de este tipo de familia se adquieren desde el
mundo exterior de la familia, es decir por las normas que reciben desde el exterior, ya que son
excesivamente vulnerables a las influencias del mundo que los rodea Las funciones sub-
sistémicas de esta familia son pobres ya que las personas que lo componen están
sobrecargadas, desde la propia familia se destaca una tendencia hacia la disolución del grupo
familiar por lo que los miembros que la integran se desprenden fácilmente. Las familias
desligadas se caracterizan por límites internos muy rígidos de forma que prácticamente cada
individuo constituye un subsistema, comparten muy pocas cosas y, por lo tanto, tienen muy
poco en común. “Es posible considerar a todas las familias como pertenecientes a algún punto
situado entre un continuum cuyos polos son los dos extremos de límites difusos, por un lado, y
de limites sumamente rígidos por el otro” (Minuchin, 1982) 3.3 Caracterización de los tipos de
familia considerando los límites Desde la investigación bibliográfica realizada sobre los tipos de
familia, según el modelo de la sistémica estructural, expone que cada tipo de familia se
caracteriza por los límites que presenta, a través del aglutinamiento o desligamiento de sus
integrantes-
uno el falo del otro, es decir, colman su deseo mutuamente. El bebé nace
como una pérdida del amor antes entregado. Esta alternancia entre presencia y
También entra en la dialéctica del ser. Es decir, se identifica como el objeto que
erógenas entonces constituyen órganos privilegiados. Ellos son los orificios del
Hasta este momento, tanto el niño como la niña habían sostenido la premisa
las amenazas verbales. Las mismas que procuran: prohibir sus prácticas
como posible, pues hay personas que no lo tienen. Sólo entonces, surge la
En el caso de la niña, la visión del pene la obliga a admitir que ella no lo posee.
varón ante algo que podría ocurrir. Más bien, alberga el deseo de tener lo que
dimensión simbólica.
designa al Complejo de Edipo como una metáfora. Ésta tiene una función
ésta. Esta crisis que atraviesa el niño es estructurante, pues a partir de ella
asume su falta y sus límites, así como afirma su identidad sexual masculina.
Según Freud, la niña puede adoptar tres salidas distintas y decisivas para su
feminidad.
Edipo y su relación con el padre, a quien desea darle un hijo. Para Freud la
resolución del Complejo de Edipo femenino es ser madre, mientras que Lacan
Estructuras Psíquicas
Psicosis
Para que surja esta estructura, se da una falla en la capacidad de la función
dialéctica del ser, identificado con el falo. Por otra parte, la madre no introduce
psicosis.
Perversión
representa una ley que limite el goce entre la madre y el hijo, sino que aparece
reniega de ella.
Siendo esto así, el individuo perverso tiene su propia ley que se basa en la
certeza del goce, tanto propio como del otro. El mismo ha sido objeto de goce
para otros. De esta forma, ni él ni el otro son sujetos, sino objetos de pulsión y
Neurosis
Es la salida del Edipo expuesta en el tercer momento del mismo, que varía
para la niña y el varón. La madre reconoce la palabra del padre como la única
primaria, se identifica como el que tiene el falo. El psicoanalista Joel Dör los
siente injustamente privado de él. Las histéricas son también descritas por Dör
como “militantes del tener”, puesto que interroga sin descanso la atribución
madre narsisita
J. Manzano
Texto de Presentación realizada en la VI Mesa Redonda “Cuándo y cómo ayudar a los padres”
Psicoterapia del Niño y del Adolescente (S.E.P.Y.P.N.A.) que bajo el título “De la comprensión
1998.
condición maternal1:
Por narcisistas entendemos lo esencial del concepto de Freud (2): amor hacia sí
mismo y búsqueda de la satisfacción de esta pulsión por la admiración. Pero
también relación narcisista, es decir una relación con el otro –o aspectos del otro–
visto como propio como si mismo, con lo que hemos llamado un trastorno
“cognitivo” de la identidad.
Freud no se ocupó prácticamente nunca de las relaciones de los padres con los
niños (siempre de las relaciones de los niños con los padres), con solo una
excepción. Para él existe en los padres una compulsión a atribuir a su hijo todas
las perfecciones (“su majestad el bebé”) y a renovar en el hijo los privilegios que
ellos mismos se imaginan haber tenido como niños y que tuvieron que abandonar
“se ven ellos mismos en el niño como se imaginan haber sido perfectos y
omnipotentes”. Más tarde escribirá que los padres proyectan en el niño su ideal del
yo. El amor de los padres por sus niños sería pues narcisista –amor por ellos
mismos–, “como ellos creen haber sido, como ellos quisieran ser”.
Por otro lado, Freud descubrió en la psicopatología adulta (personalidades
narcisistas), una forma de relación amorosa adulta: el sujeto coloca (proyecta) en
su objeto de amor (personas más jóvenes del mismo sexo) su propia persona
infantil, mientras que el mismo actúa el rol de la madre ideal de su infancia que ha
creído o deseado tener, madre ideal que satisfacería todos sus deseos. En esta
escenificación, el sujeto se desdobla: se ama pues a sí mismo en su pareja, bajo la
forma de esta madre ideal que encarna.
Sin experiencia clínica directa con padres y niños, Freud no relevó jamás los
puntos comunes entre estas relaciones amorosas narcisistas adultas y las
relaciones amorosas entre padres e hijos que descubrió.
Eco se refugió desolada en una cueva, y entonces, la diosa Némesis decidió castigar a
Narciso, haciendo que se enamorara de su propio reflejo. Al verse reflejado en el agua,
Narciso quedó absorto con su imagen, y al sentirse incapaz de alejarse de su reflejo, se
arrojó al agua. Así termina la historia del amor propio y de la imposibilidad de mirar y
escuchar a los demás.
Una persona narcisista es aquella que, como Narciso, está enamorada de su propio
reflejo, atrapada en ella misma y con poca capacidad para empatizar y relacionarse con
los demás. Es probable que conozcamos a alguien con estas características, y que, si
resulta ser alguien cercano a nosotros, no sepamos cómo tratarlo o cómo
relacionarnos con él o ella, en especial si esta persona es nuestra propia madre.
Existen una serie de características propias del narcisismo que nos pueden servir de
guía para poder detectar cuándo una madre es narcisista:
1. La madre narcisista no tiene conciencia de que sus hijos son realmente personas
diferentes con sentimientos propios; es decir, asume que ellos piensan y sienten lo
mismo que ella.
2. Siente que actúa de forma desinteresada y exige que la quieran por su conducta
generosa y, para lograrlo, utiliza técnicas como la manipulación y el chantaje
emocional.
3. Cree que es mejor que los demás. Su sentimiento de grandiosidad le hace creer que
sabe más que los demás, que tiene mejor clase y más belleza y que el mundo no la
merece.
4. Cree tener siempre la razón; sobre todo, ante su pareja y sus hijos.
5. Le falta empatía con sus hijos; es decir, no se preocupa realmente por lo que les
sucede. Le cuesta trabajo establecer un vínculo emocional para poder entender a los
demás.
7. Es poco estable en la manera de comportarse con sus hijos; es decir, por un lado es
capaz de ser muy atenta y halagadora por momentos y mostrarse despreciativa y
desinteresada poco después.
8. ¡Ojo! Muchas veces, cuando se muestra muy interesada es porque, con ello, quiere
conseguir algo. Es muy hábil para salirse con la suya y conseguir siempre lo que quiere,
a pesar de que, para lograrlo, tenga que pasar por encima de los demás.
9. Envía mensajes mixtos a sus hijos: los hace ver como seres especiales y
excepcionales y, al mismo tiempo, deficientes; es decir, por un lado admira y por otro
devalúa.
10. Puede llegar a ser agresiva en sus comentarios, inclusive, en sus acciones.
11. Muchas veces utiliza a sus hijos para conseguir lo que quiere y satisfacer sus
propias necesidades; por ejemplo, obtener dinero de la pareja.
12. Para no quedarse solas, algunas madres narcisistas logran que sus hijos no se
quieran separar de ellas, y los retienen a su lado. Esto representa algo sumamente
egoísta, ya que impide que el niño o niña crezca, se separe y tenga un desarrollo sano.
Muchas veces nos damos cuenta de que detrás de toda esa fachada de arrogancia y
egoísmo hay un ser inseguro, una madre insatisfecha consigo misma, herida, vacía; y
que detrás de toda esa dificultad para amar, existe una historia personal llena de
carencias afectivas y vínculos dañados; es decir, por alguna razón, hubo una falla en su
desarrollo y, tristemente, no aprendió a amar.
Las relaciones con los demás no son satisfactorias, dado que nunca sienten en sí
mismas la grandeza de tener una pareja, de disfrutar momentos con un amigo, de
querer a sus hijos, de amar.
Algunos consejos para poder convivir mejor con una madre narcisista
Ten en cuenta las cosas que no te gustan de ella, para que no se repliquen en ti. Y si
necesitas ayuda, no dudes en buscar apoyo psicológico.
Madre devoradora
La madre devoradora, uno de los muchos aspectos del arquetipo de la madre, es uno de los
arquetipos más fascinantes que acechan en la psique humana que pueden aplicarse a
cualquiera de nosotros - las mujeres o de otra manera.
Habiendo producido a sus hijos, encontrado a su compañero o simplemente haberse dado la
vuelta para aprovecharse de su familia o círculo de amigos existentes, la madre devoradora
es muy similar a un co-dependiente: arriba con la droga de la asistencia ella ahoga a sus
hijos con un exceso de amor, sofocando su propio crecimiento y sofocando a los que la
rodean, incluso recurriendo al abuso de niños para conseguir lo que quiere.
La madre devoradora viene de un lugar dentro de nosotros que tiene miedo de estar solo;
miedo de la soledad disfrazada de soledad... miedo de sí misma.
Después de haber servido a otros durante tanto tiempo ella se vuelve obsesiva,
controlando... incluso violenta en su necesidad de afirmar su dominio sobre el resto de
nosotros.
Al igual que los aspectos más oscuros de la divinidad femenina, tal como la 'femme fatale',
la 'tramposa femenina', ella utiliza su "dominio" como su última identidad y la deja a
alimentar su ego, olvidándose que una madre - así como es guía de sus hijos - también
debe saber cuándo hay que dejarlos encontrar su propio camino y controlar su propio
destino.
La Madre Devoradora puede ser también aquella que se esconde detrás de nuestros
seguidores.
[Link]
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+psicologia&source=bl&ots=do0AtWQuLa&sig=ACfU3U2Q7jPFYHSEIE_
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QKHafwCMc4HhDoATADegQICRAB#v=onepage&q=limites%20en
%20la%20familia%20psicologia&f=false
[Link]
QUIROGA, A., (1990). "Enfoques y perspectivas en Psicología Social". Edic. Cinco. Buenos Aires
SPITZ, R. (1982). "El primer año de vida". Fondo de Cultura Económico. México
Freud, Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. Volumen VII - Tres ensayos de
teoría sexual, y otras obras (1901-1905). Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires &
Madrid: Amorrortu editores