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Reformas y Concilios de Martín V

Martín V sancionó algunas reformas del concilio pero se negó a reconocer la doctrina conciliarista que daba preeminencia a los concilios sobre el papa. Convocó un concilio en 1422 en Siena que tuvo que trasladarse por una plaga y cerró sin grandes avances. También convocó el Concilio de Basilea en 1431 pero murió antes de que comenzara.

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Reformas y Concilios de Martín V

Martín V sancionó algunas reformas del concilio pero se negó a reconocer la doctrina conciliarista que daba preeminencia a los concilios sobre el papa. Convocó un concilio en 1422 en Siena que tuvo que trasladarse por una plaga y cerró sin grandes avances. También convocó el Concilio de Basilea en 1431 pero murió antes de que comenzara.

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Tras su elección, Martín V sancionó varios decretos del concilio sobre la necesaria reforma

de la Iglesia, pero se negó en cambio a reconocer la doctrina conciliarista que había


surgido en el sínodo y que suponía reconocer la preeminencia de las reuniones conciliares
sobre la figura papal. Lo que sí sancionó fue la celebración periódica de concilios,
estableciendo un plazo de cinco años entre uno y otro, lo que suponía que el siguiente
debería abrirse en 1422. Efectivamente en 1422 se convocó el Concilio de Siena, que abrió
sus sesiones en 1423 en la ciudad de Pavía, pero que tuvo que trasladarse al poco tiempo
a Siena por la peste que se había declarado. En este Concilio el papa pudo contar con la
colaboración de algunas naciones que, intencionadamente o no, buscando sus propios
beneficios o la colaboración con el papado, consiguieron impedir que se desarrollase un
programa reformista. El Concilio cerró sus puertas en marzo de 1424 sin grandes avances.
El siguiente Concilio fue convocado por él mismo en 1431 en Basilea (según se había
establecido en Siena), pero inició sus sesiones cuando ya había fallecido.

Después de haber sido elegido, Martín V no regresa inmediatamente a Roma, residiendo


temporalmente en Mantua y Florencia. Hasta septiembre de 1420 no volverá a la Ciudad
Eterna, encontrándose una ciudad arruinada y decaída por el periodo de abandono que
supuso la pérdida de la sede pontificia, por lo que se esforzó en su levantamiento y
restauración, tarea a la que dedicó gran parte de sus energías.

Una vez concluido el Cisma de Occidente, quiso terminar con el Cisma de Oriente, para lo
cual nombró una legación, dirigida por el cardenal español Pedro de Fonseca, que fue
a Constantinopla para tratar con el emperador sobre la posible unión de la Iglesia Griega
con la Iglesia Católica. Tras la muerte del cardenal por accidente, continuó sus esfuerzos
en la convocatoria del Concilio de Basilea. También se le debe la firma de los
primeros concordatos con las naciones europeas. En 1422 promulgó unas nuevas
constituciones para la Universidad de Salamanca, en sustitución de las de Benedicto XIII.
En 1429 nombra Obispo de Valencia a Alfonso de Borja.1

Falleció el 20 de febrero de 1431.

Las profecías de San Malaquías se refieren a este papa como Corona veli aurei (La corona
del velo de oro), cita que hace referencia a que en el escudo de armas de su familia,
los Colonna, figura una corona, y al que fue cardenal diácono de San Jorge del Velo de Oro.

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