Generación Poética Uruguaya 1980-2005
Generación Poética Uruguaya 1980-2005
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HUÉRFANOS, ICONOCLASTAS, PLURALES
Luis Bravo
Aquí se propone por primera vez la existencia, para la poesía uruguaya, de una Generación
del 80` la cual en dos (acaso tres) oleadas, da culminación al siglo XX.
amordazamiento socio-político bajo el cual naciera durante la dictadura militar (1973-1984). Esa
orfandad - producida en tanto los lazos con los “mayores” están cortados, no son fluidos o son
escasos pues el régimen militar impuso vigilancia, censura, encarcelamiento y exilio- genera un
doble movimiento. Por un lado, cierto distanciamiento con las estéticas previas y, por otro, la
necesidad de gestar formas expresivas propias para una situación particular, en la que el “panóptico
silencio”, que si bien remite al contexto no hace justicia a esta generación que, lejos de acallarse, se
abre camino en las más duras condiciones, las de una despótica “inversión” de la legalidad, con la
que solía ironizarse en la época: “cualquiera es culpable hasta que pruebe lo contrario”. De por sí la
actitud de “resistencia” fue heterogénea: están los que experimentan transgrediendo códigos, los
que hacen del tropo metafórico un bastión discursivo, los que inauguran la ´puesta oral´
creciente movilización popular. Estas y otras variantes, todas confluyentes al menos durante el
prime lustro de los 80´, dan a la generación un signo de saludable pluralidad estilística. Como suele
suceder en situaciones de crisis política, la sociedad uruguaya enfrentada ante el “enemigo común”
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de la dictadura, se hizo particularmente receptiva al discurso poético, generándose a la vez una
estrecha confluencia entre los artistas de distintas disciplinas: poesía, música, artes plásticas y
escénicas.
En cuanto a periodizaciones, este enfoque toma en cuenta la primera publicación en libro y/o
plaquette, así como la obtención de premios en concursos destacables. Se busca así la garantía de
existencia de conjuntos nucleares de textos que posibiliten la dialéctica “obra-recepción”, así como
una calibración de la voz autoral definida en el contexto histórico literario. Cabe acotar, que si bien
en los años 80 se visualizaba la producción literaria en tres áreas: carcelaria, del exilio y del
“inxilio” (el exilio dentro de fronteras), este trabajo se limita a desarrollar particularmente la
incidencia de obras y discursos de quienes publican y actúan dentro de fronteras, sin dejar de
incorporar los nombres de quienes durante el período publican en el exterior. Se propone así una
lectura que posibilita la delineación de períodos que, si bien enmarcados en el contexto, no sean
condicionados por los hechos históricos, permitiendo ver qué rasgos estéticos surgen del conjunto,
así como recalar en los estilos más individualizables que marcan una impronta. La proposición de
una generación que se articula en dos fases promocionales, y la interrogante ante una tercera fase
“bifurcada”, conforma sólo un cañamazo para que la mirada crítica elabore luego lecturas capaces
Toda “historia literaria” se hace de cimas y de simas (nos enseñó Enrique Fierro), y a un
registro exhaustivo de los autores que publican (véanse las notas) sigue la imprescindible selección
trata de dictaminar un “canon” - el lector y el tiempo irán haciendo sus elecciones - sino de
desbrozar los trillos que la poesía abre y transita en este período de intensa producción y de
particular recepción del fenómeno poético en el Uruguay de fines del siglo XX.
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Puentes intergeneracionales
excesiva confianza del coloquialismo sesentista, cuya herencia cabía sacudirse y decantar.
Desasidos del cuerpo socio-cultural, en la diáspora o silenciados por la represión, igual fueron
es mero sucedáneo del sujeto emisor, de allí su interrogarse sobre el locus de la enunciación, y el
con el canto/ No esa ilusión de dignidad excesiva”, dice J.C. Macedo (Durar,1974). Movido por
una idea de continuidad con la heroica tarea editorial de Rolando Faget y Laura Oreggioni en
Ediciones de la Balanza (1975-78), el poeta y crítico Álvaro Miranda funda Ediciones del
Mirador (1980). Así, la Balanza y el Mirador son puentes intergeneracionales en los que se dan
a conocer muchas voces que conforman un primer eslabón referencial para la Generación del
80´. Tanto Miranda como dos valiosos colaboradores de la Revista “Poética” (1983-86), Roberto
Appratto y Marcelo Pareja, habían publicado su primer libro hacia 1978. Por varios motivos
(edades, primera fecha de publicación, y por sus poéticas personales) he optado por considerar a
estos tres, junto a otros que se estrenan entre 1977-79 (Elías Uriarte, Alejandro Michelena,
Tatiana Oroño, Hugo Fontana, Atilio Pérez Da Cunha “Macunaíma”) como pertenecientes a la
“remoción de los 70´”, primera bisagra de “la resistencia”, inmediatamente previa al año 1980.
Otro “puente” es la tarea de Roberto Mascaró, quien había fundado junto a Alejandro
Michelena la revista “Nexo”, en 1973, y una vez emigrado a Suecia (en 1977), funda la revista
exilio rioplatense y la poesía nórdica. Si por lo antedicho no se desarrolla aquí su obra, cabe
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1980- 1985-86 / 1ª promoción: “de la resistencia”
Tomando como punto de partida la “apertura” de 1980, una primera promoción llega hasta
sociopolítico, pero también por sus resonancias expresivas, esta fase amalgama con la lucha
antidictatorial que cuaja en la más amplia y estudiantil “generación 83”. Dos grandes líneas
dado a conocer en los 60’, irrumpe con Apalabrar (1980): “A cierta altura de la realidad/ A
cierta altura del escándalo/ Puede quedar un vértigo/ Pero nunca una crónica.” Su libro, cuya
clave implica una articulación intelectiva, sutil e indirecta de lo contextual, marcará el lenguaje
de muchos jóvenes poetas del primer lustro. El mismo año aparecen los poemas en prosa de
Alicia Migdal (Mascarones,1980), en los que media la distancia reflexiva con lo nombrado:
imágenes desasidas de una ciudad y una corporalidad que se alegoriza desde un epígrafe de
Walter [Link] cita de un autor alcanzado por la persecución nazi, reenviaba en forma
concentración, donde fue objeto de experimentos científicos [...].Uno piensa en ella desde acá.”
Esta intertextualidad elíptica no fue sólo una manera de burlar la burda censura
castrense sino una opción estética que dio sus buenos frutos. Pero no fue, como un sector de la
crítica se apresuró a enjuiciar, la única válida del período. Tras el triunfo del NO (plebiscito
contra la reforma constitucional de 1980) la vía de salida para la primera camada de los más
jóvenes se promovió a partir de varios concursos4. Entre lo que allí surge se aprecia una
contención que introyecta la clausura colectiva. Dice Mabel Moraña [1988], al respecto: “La
experiencia inmediata, fractura, y el acto creativo se afirma como una necesidad de traducir
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el orden precario de lo real. El tema de la función y alcances de la palabra en su uso poético o
cotidiano se filtra en muchas composiciones del período, como un tema común e ineludible”.
medio de un debate intergeneracional en cuya raíz el crítico y poeta Hugo Achugar [1986] señala
como conflicto el intento de una “restauración cultural”: “El país cultural [...] está dividido entre
nostalgia y quieren volver a la Edad de Oro de los sesenta.¿Fue Edad de Oro?¿No estará
sucediendo que a falta de un proyecto cultural para este Uruguay de hoy se vuelve a lo que existió,
bueno o malo, antes de la dictadura? ¿No será que quienes detentan el poder cultural –y que en
este país es compartido por la derecha, dueña del aparato estatal y por la izquierda, hegemónica a
nivel intelectual- pertenecen en su mayoría a los cuadros dominantes de hace un par de décadas?”.
Esta fase ya se perfila en la entrevista al Grupo Uno y a Ediciones del Mirador [“Los poetas
jóvenes”, Brecha, 17.7.86] que registra el término “abuelicidio” en tanto revisión del canon de la
generación del 45´, así como la de la promoción del 60´. La discusión gira en torno al deslinde entre
pero de corte conservacionista a nivel estético. En 1987 proliferan los debates ya personalizados en
un fuego cruzado que involucra tanto a la prensa escrita (Jaque, Brecha, Cuadernos de Marcha,
Graffiti, La República) como a las nuevas revistas “alternativas” (La oreja cortada, Tranvías y
donde escriben por primera vez los “jovencísismos”: GAS, Cable a Tierra, Suicidio colectivo,
Minga, Trantor, Rem. Esa pujante “cultura juvenil” organiza sus propios eventos en un período
los jóvenes, aprobación de la llamada “ley de impunidad” (1986), que plantea que no serán
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juzgados los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas durante el período dictatorial (asesinatos,
punitiva del Estado, prosigue hasta el plebiscito (1989) que la ratifica, echando por tierra las
Desde entonces, esa “contracultura subterránea” agitó el medio (prensa, poesía y punk-rock serán
paradigmas: Glasnot y caída del Socialismo Real, nuevo orden neoliberal, posmodernidad.
Oscar Brando [2004] ha señalado que 1988 marca un hito de agite cultural, pero en rigor el
revulsivo de confrontación que da pie al mismo ya venía operando desde, por lo menos, un par de
años antes. Por eso ubico esta segunda fase desde 1985-86 hasta 1993, bajo el nombre de “movida
libros-objeto, en pleno auge del video adopta la velocidad intermitente del clip, y así hibrida y
transvanguardiza el género. Desde una praxis transgresora se afectan los códigos formales y los
fuerzan diversas aperturas en una sociedad que se siente asfixiante y anquilosada entre las secuelas
alternativas, espacios fijos de recitales y eventos (Cabaret Voltaire, Arte en la lona, El Circo de
Montevideo, Arte de Marte) tuvo a varios poetas “de la resistencia” en primera línea, quienes junto
de apertura a una pluralidad de prácticas culturales que en el siglo XXI ya son de recibo.
En ese período de transiciones varias, ante la simple pregunta de ¿dónde estamos? ¿desde
qué locus se está escribiendo?, arreciaban las interrogantes paradójicas: ¿era “la posmodernidad que
fragmenta y/o minimaliza el macrorelato de la Historia y las utopías? o ¿era la era cibernética - hija
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desplazando las fobias (xeno, etno, homo)? o ¿era lo “políticamente correcto” que amortigua el
modalidades de producción, como decían los tecnócratas?. En las artes estas incertidumbres y sus
despistes operaban de una manera en que se hacía evidente cómo la crisis ante el cambio de
paradigmas estallaba, con revulsiva frontalidad, desde el seno mismo de la peleona, resistente y
1993-94/ 2003-04: fase final y nuevas voces: promoción del doble margen
Hacia 1994 el “destape” a la uruguaya se diluye, y se asiste a una época menos épica. Son
postdictadura , ya desinflaba su flama. No es que algo comenzara como cosa nueva, sino que algo
se diluía entre las señales cada vez más evidentes de lo que sería la era del “vacío neoliberal. Lo
grupos y los fanzines, y con ello se aquieta la aldea. La polémica y la crítica cultural pierden
cultura del libro en un rango de producto suntuario. La poesía carece de viabilidad comercial y se
quedando a un margen del discurso literario, mientras crece la demanda por los libros de autoayuda
por un lado, y se incrementa el interés por el género testimonial por otro, en poco tiempo la cultura
misma parece depreciarse en la dudosa pasarela del mero entretenimiento y del discurso “light”,
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No es posible discernir hoy si entre quienes surgen a partir de entonces, y durante la década
siguiente (1993-2003), se conforma una tercera camada de la generación o si más bien estamos ante
otra promoción. Es una zona ambigua o bifronte, pues por un lado hay varios “reservistas” que se
dan a conocer tardíamente, cuyos vínculos estéticos y vitales con las camadas anteriores son fuertes:
publican en sus Revistas, participan en lecturas y performances colectivas, asisten a sus “talleres”,
obtienen premios en la etapa anterior 7. Me inclino a señalar que hay un sector que abreva en zonas
de apertura estética ya propiciadas por la Generación del 80, a modo de síntesis y prosecución. Y
que, al mismo tiempo, surge otro conjunto más joven en edad, que tiene ya marcas diferenciales en
y W. Biurrum, 1993) recoge de manera significativa esta doble articulación en la que entrecruzan de
manera “jánica”, voces del final de la “movida” con otras nuevas, en ese impreciso límite/pasaje
entre lo que se venía produciendo y lo que desborda hacia otra promoción8. Dicha “muestra” y el 1º
Festival de Poesía Hispanoamericano” (Uno/[Link] Montevideo) que concentró toda esa movida -
120 uruguayos y 36 poetas extranjeros participando durante 10 días en lecturas, debates, video-
poesía, peformance- expusieron el conjunto de los lenguajes que se venían operando, demarcando al
año 1993 como final de esta segunda fase y a la vez como trampolín de esa tercera etapa bifurcada,
Al respecto, Gerardo Ciancio [2005] visualiza que hay un nuevo caudal de poetas a partir de
1990, al que denomina “Generación del margen”. Su mirada coincide en parte con la nuestra al
establecer que sus integrantes “inscriptos en un cierto gesto de marginalidad (estética, ideológica,
institucional, editorial, sea intencional o no) al mismo tiempo conviven, escriben, leen y publican
antes planteada me inclino por denominar a esta tercera fase no como una generación sino como
“promoción del doble margen” o “promoción jánica”; doble margen, no sólo por su integración
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mixta de voces con ecos ochentistas junto a otras nuevas tendencias, sino que, además, por la
Si bien Roberto Appratto [1998] afirma que hay dos ´generaciones`:“la de principios de los
80` y la del principio de los 90`; entre unos y otros la variante sustancial es que de la idea de
Benítez (Matrero, 2004) ilustre, como epítome tardío, la trayectoria que la Generación del 80´
recorrió, al fusionar el referente social a una enunciación que refracta al sujeto, multiplica las voces
del poema y apunta a una autotelia compleja. En ese poema-libro, el jinete en su “escapada”
conlleva una autoexigencia de libertad: la de una kantiana “finalidad sin fin” que abre y cierra el
se le agrega una respuesta actual que supera lo “comprometido” y propone una liberación de su
anclaje circunstancial: “tus voces sin milico, aparecieron, voces guapas,/ sin obligación por el lao
de ajuera”. Así una voz “otra” se abre a lo cimarrón de las crines de la poesía y ya no quiere ser
“nada más que poesía”. En esa oscilación puede leerse la actitud de esta Generación que asumió su
circunstancia histórica pero también se abocó a lo individual reflexivo, resguardando con énfasis el
editorial lanzan varias colecciones incluyendo autores desde el 60´ hasta el presente bajo la
consigna “Poesía oriental for export”, apuntando a desactivar la insularidad crónica de la poesía
uruguaya. Entre ellos hay estilos contrastantes: Martín Fernández (y su heterónimo Miguel Albá) es
performer y poeta visual, Leandro Costas Plá (hijo del exilio en México) en la línea de la elipsis
reconcentrada, Martín Barea conjuga plástica y verbalidad, Isabel de la Fuente (quinceañera en Viva
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que la “movida” de los 80´ reclamaba con dureza y desacato ante una sociedad pacata y
conservadora estos jóvenes ya lo hacen en un contexto “progresista”. A ver cómo prosigue esta
Jorge Castro Vega, Rafael Courtoisie y Elder Silva son los que mejor entroncan con la
tradición de sus mayores. Sobre el primero dice J. Arbeleche: “Su poesía respira reminiscencias
bíblicas que recuerdan las secas voces de los profetas del desierto. Es denunciatoria y
agresiva, pero a la vez hay superación del `aquí y ahora`9.” En salutación al poemario Fe de
remo (1983) de Gladys Castelvecchi, el joven poeta dice: “Un hombre debe tener presente su
lugar/ Su mordaza/ Y su remo.” (Primera Línea, 1982). Desde allí denominó a esta, su
promoción, como la de “la mordaza y el remo.” Luego, desde otros influjos (Eliot, W. Stevens,
Pessoa) multiplica el pliegue intertextual, así en “Carta de Isidore Ducasse desde París,
recibida en Montevideo por el Conde de Lautréamont dice: “Nací en un lugar que ya no existe
Desde la síntesis de sus tres primeros libros, Courtoisie (que asimila a Puig y a Macedo) da
cuenta del saldo oscurantista:“El universo talado de un golpe/ hasta la raíz./ Y sigue en pie.”
(Orden de cosas, 1986). Desde Cambio de estado (1990) cultiva el poema en prosa, mientras
Textura (premio Plural, México, 1994) y Estado Sólido (premio Loewe, España, 1996) le dan
proyección internacional y van a la par de su narrativa. Achugar señala que “sus poemas pueden
funcionar como cuentos, que algunos de sus cuentos se leen como novelas, y que su prosa está
cargada de poesía. 10” Su poética, hecha de capas transparentes de significación, alterna lo húmedo
del inconsciente y lo seco del razonamiento mientras el prestidigitador, entre bambalinas, crea un
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urbe. Desde la ventanilla del ómnibus, la t.v., el lente fotográfico recrea un mundo en cuyo
Beramendi) Así dice: “Flechillales con colores de Benetton/ Caballos sueltos./(Caballos blancos,
galopando como en el cine/ por los cerros de Arapey Chico)//Un poco más acá/ el pobre paisaje
que dibujan unas/ camisas negras secándose al sol.” (Mal de ausencias, 2002).
Otro aire de familia hay entre E. Silva y Aldo Mazzucchelli, a quien W. Benavídes11
presenta desde una “poesía-crítica”: “En su maleta literaria el aporte principal deriva de la poesía
fauna autóctonas - paisajes de paleta baja- , son recogimiento sensible de ecos existenciales. Dice,
en “Cardenal”: “un silbido que roza el aire/ y nos parece/ que el viento en la espesura del monte/
trabaja para derribarte.” En Las ideas fijas (1993) palabra y diseño (de Alejandro Sequeira) se
hibridan en ese carril performativizado que impulsara tempranamente el grupo “Uno”. En “La
lengua muerta” el poeta reduce toda una tradición (¿de la poesía, de la modernidad?) a su grado
En Ocupación del miedo (1987) Sylvia Riestra alude a la escritura nacida en el inxilio:
”Conocí los términos prohibidos y el arte de adulterarlos. Me inicié en los sótanos clandestinos de
las palabras [...] y las ausculté hasta oír el crujido de los muertos y el contenido silencio de los
vivos.” El diálogo con los clásicos (Dante, Esquilo, Homero) ilumina el presente desde el mito:
“tan solo /para que podamos llorarlos, Aquiles/ no los arrojes/ a los perros o a los buitres/ ni a la
cal viva/ en el anonimato de la tierra/ ni a la vastas aguas/ en cunas de cemento.” En Entre dos
mares (2002) no es la guerra de esa Troya-Montevideo sino la fantástica Odisea desde la que extrae
una metapoética: “a veces/ la escritura se hace destino/ se anticipa/ como esa tela sutil/ acaso
engañosa/ que tejía Penélope.” En La casa emplumada (1989) incursiona en el tema del parto, una
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visión de “género” en un contexto en que lo femenino reveló nuevos enfoques, como en el
antológico parteaguas de Viva la Pepa (1989), libro de diez poetas y diez plásticas que, según la
crítica española Tina Escaja [1997]: “destacó como realidad colectiva e interdisciplinaria [...] hizo
sitio al discurso de la mujer en el ´agite culturoso` del momento que lo desatendía casi por
completo [...] expuso una alternativa, un locus de salida a la creación y al talento de autoras
nuevas”.
barriales y sindicales y amalgama con la resistencia antidictadura. Pero aun en su poesía social
utiliza una “puesta oral” polifónica y paródica. Los “unos” carnavalizan en “uruguayo” hacia una
sociedad que ven empobrecida -ya lejos el País Modelo- y aislada culturalmente. Reapropian el
lunfardo y las jergas barriales rioplatenses ( [Link], [Link]), se sirven del pastiche y con retazos
contracultural beatnik y rescatan una línea de delirio, humor y surrealidad en la literatura uruguaya
(Lautréamont, Parra del Riego, A. M. Ferreiro, H. Megget, S. Pérez Gadea). Entre 1986-1994 lo
multimedia (video, cdrom).“La performance deviene en ritual, encuentro con los sentidos,
comuni(cac)ión, narcisismo del cuerpo [...] Artaudianamente el poema se hace acto, no artefacto;
Autogestionarios, tiran hasta 1.000 ejemplares para alimentar a sus “socios” mensuales. El
resultado es un catálogo con setenta poetas y narradores (plaquettes, volantes, fotocopias, cassettes,
libros-objeto en cuya factura intervienen artistas plásticos) donde se estrenan 11 poetas “de la
resistencia” y la mayoría (18 poetas) “de la movida”. Su producción constituyó un fenómeno que
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revitalizó el discurso y la recepción en un período muy necesitado de lazos identitarios, yendo del
diferencia [...] tanto en lo social como en lo estético. Tal vez fue posmoderno ´sin saberlo`,
sabiendo muy bien, lo que le daba cohesión como grupo: la corrosión del “poder” literario para
crear un espacio nuevo, libre, aireado. Si los resultados son dispares, la celebración irreverente de
Tres Unos
belles lettres, consecuente con su consigna: “soy un cable pelado tendido al lector
los históricos 1º Mayo 83/84, puede verse en crudo su anticanónica jerga “proletarizada”, así
desilusionará/ puedo suponer yo/ rota/ su catarsis en la frialdad/ de este poema tan a prepo
textículos y contumacias (1994) mezcla verso, ensayo, pastiche y “plagio” haciendo “gárgaras
de los tipos gráficos y sus creadores con la propia estética. Allí transcodifica la escritura desde la
paronomasia, la aliteración, la rima, y otros usos de la función poética. Incluye el Diario Intimo
de Witold Borcich –alter-ego, migrante polaco- que desemboca en Yaugurú (“país patasparriba/
puro pasto”) ese Uruguay escrito al “vesre” que su poesía, lúdica y existencial expone con
singular visualismo verbal. El músico Fernando Cabrera (su aparcero en varias performances)
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lo retrata en Grafía: “Eslavo perdido entre las razas/ musicando el pulso y la grafía/.../sos la
“Portavoz unánime”, dice Maca de Héctor Bardanca, en virtud de los múltiples géneros
(poesía, ensayo, performance, música) y voces (ortónimas y heterónimas) de una obra diversa en
soportes (libro, cassette, DC, video). Desde 1986, Bardanca actúa sus poemas usando una máscara
de viejo decrépito, mientras dice en “Un poema que se va haciendo viejo” : “Vivo en un país de
viejos./ Donde los viejos no respetan a los jóvenes./ Y todos los viejos que no respetan/ a los
jóvenes se mueren;/ y solo quedan viejos jóvenes y jóvenes viejos.//Tan sólo/ un espectro el país
hombre desnudo”, un manifiesto estético-ideológico del período. En tanto, una misteriosa Ana
Cheveski (Paysandú, 1960, emigrada al Berlín post-soviético) llama la atención con un tono lírico
su conmovedora “Oda al Dios Macho”. Recién ante el DC Portavoz -una tal Ana Cheveski- (2002)
de Bardo Kan & Pollo Píriz, junto al librillo Lapsus calami, es que A. Fressia (Brecha, 14.3.03) da
cuenta de los laberintos autorales del bardo y revela:“Ana Cheveski es Bardanca”, y agrega: “a la
vez no lo es, por su naturaleza de heterónimo”. Hallazgo coherente para una poética que “finge”
(Chatarra/Campos, 1984; Cruz del Sur, 1987) Bardanca reactiva el formato en El Ultimo capítulo
de la historia del mundo (casette; videos suyos junto a Guillermo y Eduardo Casanova,1993).
la “trilzura” de Vallejo que en la exuberancia de Lezama. Su derrape paródico afinca una visión
crítica de la historia “oriental”, mientras trafica oralidad y escritura en sus cinco libros. En La del
Mono (2000) una Revista enteramente escrita por él a todo género y color (poesía, cuento, guión
P(M)atrias (2005) inaugura el formato DVD para la poesía uruguaya, con inclusión de veteranos
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La inventiva (neo)barroca
anteriores (Roberto Echavarren, Eduardo Espina) cuyas obras abonan ese territorio que, junto
al argentino N. Perlongher, ha cultivado tantos adeptos desde mediados de los 80´. Si bien Víctor
Sosa (en México), Javier Barreiro (en Italia), Carlos Pellegrino (Zarpa, 1988), Gabriel Vieira
modalidad, la obra de Álvaro Ojeda se sostiene por entero en lo barroco. Cuando leí Ofrecidos al
mago sueño (1987) me sorprendió que Ojeda no hubiera leído aún a Perlongher, a pesar de un
evidente aire de familia. En prólogo a Ofrecidos al mago sueño (1988) consigné esa contextura
que se dispersa para multiplicarse en un continuum. Sus cuatro libros han confirmado una
escritura complacida y anticomplaciente que urde citas mitológicas y baraja la poesía latina con
idioma”. En “Montevideo” (2003) dice: “una escollera o cíngulo del puerto/ donde un sueño
amaestra el futuro/ en el arte del vaticinio quieto/ cinocéfalo al viento que golpea la
estatuaria”. Su poética es como un sueño hecho de voces que vienen de antes, o de nunca, como
luego integrarán el antológico Viva la Pepa (1989). Andrea Blanqué, principal convocante, había
publicado La cola del cometa (1988), un vuelo rasante de magia y turbulencia que ya atisbaba lo
alucinatorias. Integró esa movida Silvia Guerra quien desde 1987 ha ido perfilando una voz que
transitó de lo decantado (Idea de la aventura, 1990; Replicantes astrales, Premio I.M. Montevideo,
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1993) hacia un macerado barroquismo: "la machacada insolente de verba amotinada". En Nada de
nadie (2001) rasga la tela verbal mientras pesquisa en lo indecible. En su prólogo, E. Espina dice:
"Una deriva informada que mira viniendo desde todos lados: indicios, señales, cinta ilusoria del
sentido que es su consigna de protección y canto." En su palabra alternan el ser oscuro y la luz, el
traslúcida del agua/ la palabra emergía entrecortadamente". Poeta justamente celebrada por la
En “Arte en la lona” una blonda chica de campera de cuero y voz cascada se estrena como
primera performer mujer (“Botellas”), luego será protagonista del video Mamá era punk (1989,
[Link]). Su nomme de guerre es Lalo Barurrubia: irá del rito erótico y ancestral (“La puta
Susuki 400 (1989) con fotos de Marcelo Insaurralde, la ubica como destacada exponente de la
impronta punk-rock por su lenguaje desafiante y eficaz: “todos me pagan copas/ pero/ ¿quién me
paga la muerte?/¿quién me vende la muerte? [...] quisiera cogerme a mi muerte / e irme/ con ella
adonde sea que quiera llevarme/ en una susuki cuatrocientos/ irme tan lejos/ como vos nunca
llegarías con esa cara.” En Tabaco (2000) hay una distancia reflexiva (“Agota su energía de
varón/ pero mantiene viva su violencia intacta”) con un calibre de síntesis en el verso y un final en
prosas (red).
y lo dionisíaco, en tiempos de la moda Bukowski. Así la tríada “sexo, drogas y poética-punk” puede
verse en libros de: Raúl Forlán (Diario del freak, 1988), Guillermo Baltar (Triángulo de la droga,
1988), Gustavo Escanlar (El pene en la boca, Antología Feuu, 1988). Se incorporan fragmentos de
guión de cine, del cómic en Gabriel Peveroni (Poemas religiosos, 1992; El bordado eterno, 1995).
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Ya con el performer Gabriel Richieri (9.80 de común, por favor, 1996) adopta una onda más cool,
cercana a la canción, con una pesantez de crónica sobre ruedas, a lo Sam Sheppard. Entrados los
90´ lo gótico-dark, de corte fantástico-maldito irrumpe desde “La Torre Maladetta” y puede
Pero es principalmente Julio Inverso (1963-1999) quien regó la década desde lo visionario
que espanta con deleite. Su galería circense ya es inquietante en la prosa de Falsas Criaturas
(1992). En Agua Salvaje (1995) los fantasmas "cantan conmigo debajo del tren blanco que pasa
bamboleante por el cielo con una estrella en cada ventana". Desde el efecto parpadeante del
maravilloso ("Julio Inverso inaugura la nueva línea de perfumes Marosa Di Giorgio") se confiesa
apasionado de un ser que: "asumió mis ritmos/ mis drogas mi slang (...) y me incubó como a un
embrión". Allí explicita su papel "maldito”: “ustedes, la sociedad/ yo, el impío". Su poética es “un
traje nuevo para vestir a las tinieblas. Una visión, a través de una puerta lateral, de un cementerio
donde los muertos lucen lo más naturales posible, sin haber sido preparados para la ocasión”. El
testamentario Más lecciones para caminar por Londres (1999) abre con una proclama espectral que
es fiel sinopsis de su universo. Tras su elegida muerte, se lo invoca como a un ángel oscuro cuyos
Recodo
lineamientos donde cabría introducir otras voces destacables de entre los muchos integrantes de
cada una de las fases de la Generación. Es factible que con el tiempo se ajusten estas
apreciaciones, pues su producción aún está en pleno desarrollo. Si bien esta es solo la punta del
iceberg, el propósito es que sirva de guía para que un más amplio lectorado navegue por la
poesía uruguaya actual con conciencia de los múltiples lenguajes que la sustentan.
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* Una primera versión de este ensayo fue publicada en el dossier “La culture uruguayenne entre
deux espoirs (1980-2005)”, coordinado por el Profesor y crítico Raúl Caplán, en la Revista LES
Una segunda versión fue publicada en el Dossier “La Lupa” del Semanario Brecha (24.3.2006),
Una tercera versión acaba de ser publicada por la Revista Fórnix (Perú, abril 2007), incluyendo la
“muestra” de poesía de las voces más señaladas en este ensayo, titulada “zoom 80”.
Está en preparación una nueva publicación del mismo material en la Revista “El Vigía”
de Cuba. Esta versión ha sido específicamente corregida para el Congreso de APLU, 2007.
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BIBLIOGRAFÍA GENERAL CONSULTADA
Achugar, Hugo “Para un debate sobre la cultual nacional”Cuadernos de Marcha nº 11, 1986.
Altesor, Sergio “El grupo Uno: los herejes olvidados”. Montevideo: Semanario Manos, 5.11.1998.
Appratto, Roberto, “El lenguaje de la poesía uruguaya (1980-1997)”, Posdata, Insomnia, 4.9.1998.
Blixen, Carina, “La molienda del ángel” (Poesía joven 1991-1992) Brecha, Lupa, 23.4.1993.
Brando, Oscar, “Hacia una nueva cultura democrática” en Uruguay hoy, paisaje después del 31 de
Ciancio, Gerardo, Prólogo de “El amplio jardín: antología de poesía joven de Colombia y
Escaja Tina, “Genitalidad y deseo virtual en poetas uruguayas de hoy: Silvia Guerra, Melisa
Fressia, Alfredo, “Una mano para la memoria”. El País Cultural Nº 577, 2000.
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Notas
1Entre los más representativos: Enrique Fierro, Clemente Padín, Cristina Carneiro, a fines de los 60`. En la primera
mitad de los 70`: Eduardo Milán, Cristina Peri Rossi, Carlos Pellegrino, Alfredo Fressia, Víctor Cunha, Juan C.
Macedo, Leonardo Garet, Guillermo Chaparro, Eduardo Espina, J. M. García Rey, Sergio Altesor, Cristina Meneghetti,
entre otros.
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Integran esta fase entre 1980-1986: Rafael Courtoisie y Elder Silva (ambos con precoces libros en 1977-78), Alicia
Migdal, Jorge Castro Vega, Silvia Riestra, Aldo Mazzucchelli, Carlos Rosas, Eduardo Labadie, Luis Pereira, Alvaro
Ojeda, Martha Terra, Víctor Guichón, Roberto Genta, Gustavo Ribeiro, Juan Fernández, Delia Musso, Jorge Nández,
Mónica Saldías, Gerardo Bleier, la grafitera “Brigada Tristán Tzará”, y los “reservistas” Juan F. Costa, Joseph Vechtas,
Ricardo Prieto, Aída Gelbtrunk, Rafael Gomensoro.
Entre los integrantes del grupo Uno: Gustavo Wojciechowski ´Maca`, Agamenón Castrillón, Héctor Bardanca, Richard
Piñeyro, Alvaro Ferolla, Luis Damián, Daniel Bello, Magdalena Thompson y quien esto escribe. Con un solo libro hasta
hoy: Ana Chamorro, Ruben Tani, Ricardo Scagliola y, ya fallecido, Daniel de Mello. Con un primer libro en el exterior:
Roberto Mascaró, Hebert Abimorad, Héctor Rosales, Melba Guariglia, Javier Barreiro, Fernando Beramendi, Víctor
Sosa.
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“Mascarones son. Todos ellos con sus caras roídas por la sal de las lágrimas, los ojos mirando desde deshechas órbitas
de madera a lo alto, los brazos –si todavía los tienen –cruzados sobre el pecho en un gesto de conjuro.”
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Feria de Libros y Grabados, Banco de Seguros, Embajada de España-Arca, Casa del Autor Nacional. Cientos de libros
se presentaron, entre los premiados figuran: Víctor Cunha, Jorge Castro Vega, Elder Silva, Carlos Rosas, Rafael
Courtoisie, Sylvia Riestra, Aldo Mazzucchelli, Hugo Fontana, Adolfo Bertoni, Mario C. Maciel (los dos últimos no han
vuelto a publicar) y quien esto escribe.
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Entre quienes aportan a la remoción estética en lo formal / temático, surgen: Raúl Forlán, Lalo Barrubia, Andrea
Blanqué, Ana Cheveski, Silvia Guerra, Julio Inverso, Eduardo Roland, Guillermo Baltar, Walter Biurrum, Hebert
Benítez, Jorge Echenique, Hermes Millán, Thiago Rocca, Ramiro Guzmán, Gabriel Peveroni, Helena Corbellini, Juan
de Marsilio, Jorge Olivera, Carlos Liscano, Zully Riveiro, Gabriel Richieri, Daniel Vidal, Nelson Díaz, la “reservista”
Suleika Ibáñez, Sabela de Tezanos, Marisa Silva, Marianela González, Cecilia Alvarez, Alejandro Bluth, Verónica
D`Auria, Cecilia Martínez, J.J. Quintans, Gustavo Escanlar, Diego Techeira, Martin Jones, María e Isabel de la Fuente,
Richard Garín, Fernando Noriega, Daniel Erosa, Daniel Cristaldo, Fernando Pereyra, Fernández Insúa y el grupo “Torre
Maladetta” (Rodolfo Tizzi, Marcelo Marchese, Rafael Diament, junto a [Link]) quienes ya desde la grafitera
“Brigada T. Tzará” (1985) se dedican a: “escupir la cara de filisteos, periodistas y demás subespecies del ambiente
cultural” (Caracoles nocturnos, abrelabios, 1997). También se estrenan, aunque en un registro más tradicional: Aurelio
Pastori, Julia Galemire, Blanca Emmi, Silvia Prida, Víctor Silveira, Diana Correa, Alvaro Malmierca, Pablo Otero,
William Katser, Guillermo Degiovanángelo, Jorge Palma, Sergio Freccero, Raquel Rivero, Alberto Villanueva, la obra
póstuma de Miryan Pereyra. Con un primer libro en el exterior: Ana [Link]és, Leonardo Rosiello, Juan Piñeyro, José
Da Cruz, Carlos Sahakián.
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Los poetas de esta generación fueron artífices de editoriales propias (Ediciones de Uno, Destabanda, Granaldea,
Vintén Editor, Civiles Iletrados, Crítica, Imaginaria); impulsaron el auge de las Revistas alternativas y subterráneas;
fundaron los primeros espacios fijos para recitales (Cabaret Voltaire, Tabacaria, Cultura de Miércoles, Amarillo).
Fueron críticos y periodistas en radio y prensa escrita y dieron cabida a la polémica pública desde medios propios como
desde las Revistas Cuadernos de Marcha y Graffiti. Como gestores, en aquel tiempo sin esponsoreo, propiciaron
eventos removedores: Arte en la lona, El Circo de Montevideo, Arte de Marte en el Cabildo, el “1º Festival de Poesía
Hispanoamericano” (Uno/[Link] Montevideo).
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Entre ellos:, Jorge Hernández, Melisa Machado, Luis Volonté, Eduardo Curbelo, Gabriel di Leoni, Juan Italiano,
Jaime Clara, y los “reservistas” Mariella Nigro, Teresa Amy, Gustavo Lerena, Horacio Mayer, Elbio Chítaro, Graciela
Migues, Radamés Buffa, entre otros de menor calado (Alvaro Fernández Pagliano, Mario Mele, Eduardo Zuasti). En el
exterior, publicando en Montevideo: Carmen Faccini, Rossina Revello, Irene Bleier.
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Entre ellos: Pablo Galante, Fabio Guerra, Federico Rivero Scarani., Daniel Vázquez, William Johnston, Enrique
Bacci, Mercedes Estramil, René Fuentes Gómez (cubano uruguayizado), Roberto López Belloso, entre otros de aporte,
por ahora, menos significativo: Gabriel Weiss, Alicia Srabonian, Walter Martínez, Raúl Burgués, Raúl Cedrés,
Bernardo Safones, Wilson J. Cardozo, Carolina Pulherio, Eduardo de Souza, Luis M. Pérez, Ana Pérez Ferreira,
Carolina Vanerio, Nora Petit de la Villéon.
9
Castro Vega, J, Poesía de sitio [Prólogo de J. Arbeleche], Montevideo, 1985) .
10
Platero, Soledad, Nuevo diccionario de la literatura uruguaya. Montevideo: E.B.O., 2001.
11
Mazzucchelli, Aldo, El río desconocido (Prólogo de W. Benavídes), Premio compartido con Diana
Correa. Montevideo: Casa de Cultura del Partido Comunista de Uruguay, 1988.
12
“(...)He aquí el proceso: con la lengua muerta murieron los rituales/ y con los rituales murieron los significados/ y con
los significados murieron las discusiones/ y con las discusiones murió la emoción/ el heroísmo, la búsqueda, el salirse/
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de sí mismo. Y al quedarse/ cada uno dentro de sí mismo/ así fue que murió la lengua muerta/ y no lo lamento en
absoluto(...)”
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[...]”lumpenización estratégica, posmodernismo chillón y arrabalero: lumpenpoesía, no por ser producida o
consumida por una gunderfrankiana “lumpenburguesía”, ni por resultar mero epifenómeno del “lumpendesarrollo” sino
por ser una propuesta estético-idelológica que radicaliza –con un guiño posmoderno y un barrunto tanguero- la
excentricidad, la marginalidad de la neomodernidad periférica uruguaya [...] porque expone, redobla y magnifica la
heterogeneidad de nuestra modernidad aprovechándose de los mismos instrumentos descentralizadores lanzados al
supermercado transnacional por la posmodernidad oxidocéntrica” [Trigo, Abril; 1997].
Luis Bravo (Montevideo, 1957). Poeta y performer, ensayista y crítico literario, docente.
Pertenece a la generación del 80´, e integró el Grupo Uno (entre 1983-1994). Ejerce la crítica literaria desde 1986 en el
Semanario Brecha, así como ha colaborado en diversos medios nacionales e internacionales; artículos y antologías de
poesía uruguaya suyos se han publicado en Canadá, Francia, España, Colombia, Perú, Chile, México, Argentina, entre
otros. Actualmente integra el Consejo editor de la Revista Hermes Criollo. Este trabajo forma parte de su libro en
preparación “Historia crítica de la poesía uruguaya: 1950-2000”.
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